“¿Podréis beber el cáliz que yo he de beber?” Lectio Divina del evangelio de la Solemnidad de Santiago, Apóstol – Ciclo B

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VERDAD – LECTURA  

Evangelio: Mt 20,20-38

Nos encontramos con Jesús y sus discípulos viajando de Galilea a Jerusalén. Esta peregrinación es excusa para que Jesús vaya instruyendo a sus discípulos acerca del significado del seguimiento.

Es durante este viaje cuando la madre de los hijos de Zebedeo se acerca al Maestro, se postra y le hace una petición. La cual resulta un poco extraña, ya que la encontramos inmediatamente después del tercer anuncio, por parte de Jesús, de la pasión. Es decir, se están encaminando a Jerusalén para que Él sea ajusticiado, condenado a muerte y crucificado, aunque al tercer día resucitará.

Los discípulos, por lo que nos da a entender el evangelista no han entendido nada de todo esto. Ellos siguen pensando en un Mesías guerrero y rey, que cuando llegue al trono les dará un puesto importante a cada uno de ellos. Y es dentro de este ambiente, cuando la madre de los hijos de Zebedeo, se acerca a Jesús para pedirle que sus hijos ocupen los dos primeros puestos en su Reino.

Jesús no responde directamente a la madre, sino más bien a los hijos, puesto que son ellos los que han escuchado de la boca del Maestro lo que va a acontecer en Jerusalén: “No sabéis lo que pedís. ¿Podréis beber el cáliz que yo he de beber?” Ambos responden: “Podemos”. Creo que no sabían a qué se exponían. Pues bien, la respuesta por parte de Jesús es contundente: “Beberéis, ciertamente, mi cáliz; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo; es para quienes ha sido reservado por mi Padre”. Les aclara y creo, que también nosotros podemos sacar una buena conclusión, que quien decide el sentarse a la derecha o a la izquierda es el Padre y que el resto no tenemos nada que opinar y ni siquiera arrogarnos ese poder, pues el ser discípulos o el entregar la vida voluntariamente por el evangelio, no nos da derecho a nada.

La reacción del resto de los discípulos no se hace esperar, al contrario. Parece ser que todos tenían las mismas pretensiones. Jesús, por su parte, quiere explicarles las verdaderas aspiraciones que deben tener sus discípulos. Entre ellos no deben existir las mismas aspiraciones de grandeza que imperan en la sociedad. El que quiera ser grande en el Reino, debe hacerse servidor de todos. Es más, ha de estar dispuesto a dar la vida voluntariamente para la liberación de los hombres. Así lo hizo Jesús, así lo hizo el apóstol Santiago del cual celebramos hoy su fiesta, así lo han hecho infinidad de discípulos a lo largo de la historia. Hoy también a nosotros, nos pide Jesús que nos pongamos al servicio de los demás y que, si es preciso, entreguemos la vida por ellos. Y entregarla no sólo mediante un martirio cruento, sino en el día a día, en nuestro ambiente y entre las personas más cercanas a nosotros: “¿Seremos capaces de beber el cáliz que Él bebió?”

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Has entendido verdaderamente en qué consiste el seguimiento de Jesús? ¿Lo asumes?

• ¿Buscas tú también en tu vida cotidiana los primeros puestos?

• ¿Estás dispuesto a ponerte al servicio de los demás en tu vida cotidiana como algo esencial de la vocación que has recibido para ser seguidor de Jesús?

• ¿Estás dispuesto, si fuese necesario, a entregar tu vida por la liberación de los demás? ¿Intentas darte y entregarte a los demás en tu día a día?

VIDA – ORACIÓN

  • Te adoro Dios mío y te amo de todo corazón por haberme creado y llamado a construir el Reino a mi alrededor.
  • Padre, te doy gracias la llamada al seguimiento de Jesús.
  • Me ofrezco a ti, Jesús, para seguirte y darme, intentando cada día beber tu cáliz, a favor de mis hermanos más necesitados.
  • Infúndeme tu fuerza, oh Espíritu Santo, para poder entregarme cada día al servicio del Reino y de mis hermanos.

LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DE LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO B

VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mt 28, 16-20)

En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Hoy, celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, y la liturgia nos ofrece para nuestra consideración el final del evangelio de Mateo. En el cual, Jesucristo envía a sus discípulos a la misión, prometiéndoles que estará con ellos para siempre.

En un primer momento, vemos como los discípulos se dirigen a Galilea, según el mandato dado por Jesús Resucitado a las mujeres (Mt 28,10). El encuentro de Jesús con el nuevo Pueblo nacido de la Pascua, con la Iglesia, no es en Jerusalén, la ciudad santa, sino en la Galilea de los gentiles (Mt 4,15), tierra de paganos. La Iglesia ya no puede circunscribirse únicamente a una nación; la Iglesia ha de ser universal, católica, ha de abrirse a todos los pueblos.

Al verlo lo adoran, pero algunos de ellos dudan, es difícil para la mente humana aceptar la Resurrección. Lo cual implica aceptar la realidad de una vida nueva; una vida que les puede llevar a que sus propios hermanos de raza, los judíos, les rechacen; una nueva realidad en la que tienen que abrirse a la universalidad a todos los pueblos. A partir de este momento su misión no queda encerrada únicamente en el anuncio al Pueblo de Israel, su misión es llevar la Buena Noticia todos los pueblos de la tierra.

Jesús ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18). Un poder que viene caracterizado, no por el mesianismo político, poderoso, opresor y glorioso, sino por el servicio, la donación gratuita de su amor y la cercanía a todos los seres humanos. La Resurrección ha estrechado estos vínculos de unión con la humanidad y Jesús estará presente para siempre.

Él les confía el anuncio de la Buena Noticia, el anuncio de la Salvación plena para todos los pueblos, dándoles el poder de enseñar lo que él mismo ha enseñado en su paso por la tierra. Pero además, les manda bautizar a todos con la fórmula trinitaria: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nos encontramos aquí, como desde los primeros tiempos de la Iglesia ya existía esta aceptación y esta fe en la Santísima Trinidad. La conversión y la adhesión a Jesucristo, el pórtico de entrada en la Iglesia como nueva criatura, es sellada con el bautismo.

Para cumplir esta misión es imprescindible conocer la enseñanza de Jesús y además ponerla por obra. Ese será el signo distintivo de los discípulos, no sólo enseñan una doctrina, sino que viven las mismas actitudes vitales que su Maestro, dentro de una comunidad abierta a todos los pueblos y encarnada en la realidad social de su entorno.

Ahora bien, la misión no sólo debe limitarse a enseñar y a vivir las enseñanzas del Maestro; la misión tiene un objetivo claro: haced discípulos míos a todos los pueblos (Mt 28,19). Los discípulos han de conquistar a otras personas y esto únicamente es posible con el testimonio de vida. Y aquellos que acojan ese testimonio no deben limitarse únicamente a escuchar la Buena Noticia y seguir ha Jesús; han de implicarse con el modo de vida de Jesús, pobre, obediente, abierto siempre a los demás y dispuesto a llevar a cabo la voluntad del Padre; han de implicarse en su obra y misión, en entrar en una relación estrecha con el Padre, el Hijo y el Espíritu; han de implicarse en la realización del Reino. Misión siempre nueva y actual que se extiende en el espacio y en el tiempo, hasta que el Reino de Dios sea una realidad presente en todo el mundo, con la confianza de que Jesús no nos abandona, sino que está con nosotros siempre y para siempre.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Buscas poder encontrarte con Jesús que sale a tu encuentro a cada instante? ¿Cuál es tu Galilea, tu lugar de encuentro con Jesús Resucitado? ¿Acudes con frecuencia a este lugar?

• ¿Estás abierto a salir al encuentro de todas las personas, sin importarte su condición social, económica, raza, nacionalidad… para llevarles la Buena Noticia del Reino?

• ¿Aceptas el poder de Jesucristo como servicio, donación de uno mismo y amor incondicional por toda la humanidad?

• ¿Cómo es tu relación con la Santísima Trinidad? Jesús no nos pide entender este Misterio, sino acogerlo ¿qué significado tiene esto para ti?

• ¿Te preocupas por conocer a la persona de Jesús y poner en práctica sus enseñanzas y, sobre todo, su actitudes vitales, su modo de vida?

• ¿De qué manera llevas a cabo, en tu vida cotidiana, la misión que Jesús te ha encomendado de hacer discípulos suyos a todos los pueblos?

VIDA – ORACIÓN

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y un sólo Dios, os adoro en el Misterio de la Santísima Trinidad.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo os alabo por haberme revelado este Misterio incomprensible para mi entendimiento, pero vislumbrado por mi corazón.

• Padre gracias por el gran Amor que nos profesas a todos los hombre y mujeres sin distinción de razas, credo, nación o estamento social. Señor, Jesucristo, gracias, por tus enseñanzas y por tu modo de vivir que me abre a todos mis hermanos. Espíritu Santo, gracias por tus dones que me ayudan a ser testigo de la Trinidad y a sentir que estáis presentes en mi vida diaria.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, ayudadme a llevar a cabo la misión de hacer discípulos de Jesús a todos los pueblos.

No tengáis miedo. Lectio Divina del Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario (Cristo Rey)– Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 25,31-46

La preocupación de Jesús en estos últimos domingos del tiempo ordinario, es recordarnos que el final está cerca, avisadnos de cómo será el momento «cuando venga en su gloria el Hijo del hombre», porque sabe que ante lo desconocido, sentimos temor.

Tal vez, los primeros versículos del evangelio de este domingo, nos recuerden una escena apocalíptica. El Hijo del hombre llegará «y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones». Una escena digna de cualquier película. Pero la siguiente escena, aún nos produce más pavor, pues «separará a unos de otros».

A lo largo del Evangelio, hay distintos pasajes en los que se nos habla de la izquierda y la derecha como dos lugares contrarios (la madre de los Zebedeo, los ladrones a ambos lados de la cruz, en este texto de hoy,..) y es que, por mucho que queramos intentarlo, no podemos estar al mismo tiempo a la derecha y a la izquierda de un objeto, o una persona, que tomamos como referencia. En la Escritura, la derecha se asocia al lugar de los buenos. También podría haber dicho bien de la izquierda. Sin embargo, el lugar físico no importa. Lo que nos importa son los motivos que llevan al Hijo del hombre a separar a unos de otros, pues si los conocemos, podemos optar a estar en el lugar de los “buenos”, de los «benditos de mi Padre» que heredarán «el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo».

Los motivos los cita Jesús y son muy claros: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme». A fin de cuentas, aquellos que han practicado con Él la caridad. De ahí que podamos preguntarnos lo mismo que le preguntaron «los justos»: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?».

En la respuesta está la clave: «cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis». Éste es el camino para la vida eterna: hacer a los demás, a los más pequeños, aquello que haríamos a Jesús, porque Jesús lo reconoce como hecho a Él mismo. Este es el camino para «la vida eterna».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has pensado alguna vez en ese momento de la venida del Hijo del hombre?
  • ¿Cómo la has imaginado?
  • ¿Te dejas guiar al imaginarla por las películas de ficción que has visto o la imaginabas de este modo?
  • ¿Eres consciente de que lo que haces en tu vida es lo que va a decidir tu puesto a la derecha o a la izquierda?
  • ¿Habías pensado, alguna vez, que el Hijo del hombre “sólo nos examina” del amor a nuestros hermanos?
  • ¿Has sido consciente en algún momento, cuando has ayudado a otra persona, que es a Dios mismo a quien ayudas?
  • ¿Te atreves a pensarlo durante esta semana?
  • ¿Crees que tu forma de actuar con los demás cambiaría, en algo, si pensaras que es a Dios mismo a quien se lo haces?

VIDA – ORACIÓN

Abre mis ojos, Señor, para verte en cada uno de mis hermanos. Es muy fácil pensar que Tú estás en aquellos que queremos, que nos caen bien,.. Pero, ¡qué difícil, Señor, reconocerte en aquellos a los que no soporto, en aquellos que me hacen daño, que me desprecian, que se portan mal conmigo. Dame un corazón generoso, capaz de perdonar a quien me ofende y capaz de amar, incluso a mis enemigos. Gracias, Señor, porque Tú no haces acepciones de personas y también estás en ellos. 

¿Cuáles son tus talentos? Lectio Divina domingo XXXIII del T.O. (Ciclo A)

Verdad – Lectio

Evangelio: Mt 25,14-30

Oramos hoy con la llamada parábola de los talentos. Estos eran una medida de peso utilizada en la antigüedad. Esta parábola podemos encontrarla junto a otras llamadas de la espera (p.e. la parábola de las vírgenes prudentes) de la venida del Señor. Una venida que no es inminente, tal y como se manifiesta en la frase “después de mucho tiempo” (25,19). El dueño de la hacienda a su vuelta, pide cuenta de los talentos que a cada uno les había entregado “según sus capacidades” (25,15). Algo sumamente importante, pues indica que Dios tiene en cuenta nuestras propias capacidades y no nos va a exigir más allá de nuestras propias fuerza. El trato será el mismo para todos seamos siervos fieles o infieles; es más si queremos, hasta prodiga un trato más que generoso. En ningún momento, pide que se le devuelva lo que había entregado, ni siquiera pide las ganancias, al contrario recompensa a sus siervos, incluso más allá de lo esperado.

            Dicho esto, estamos en condiciones de entender mejor la actuación del último de los siervos y que me parece que es la clave de lectura de toda la parábola. Este último, aún teniendo sus propias capacidades, no se ha preocupado por incrementar su talento, su única preocupación ha sido conservar intacto lo recibido. Es más, incluso intenta justificar por todos los medios su actuación, atacando directamente al dueño de la hacienda, diciéndole prácticamente que es un hombre extremadamente duro y sin escrúpulos. Sin embargo, nosotros que hemos leído el comportamiento que ha tenido con los anteriores siervos, eso nos suena a excusa. Lo acusa de “cosechar donde no ha sembrado y recoger donde no ha esparcido” (25,24). Y a pesar de todo, su actuación ha sido precisamente la contraria, a los primeros no sólo le ha dado lo que han ganado sino que les ha invitado a participar de su propio gozo.

            En el colmo de su desfachatez y encontrándose atrapado, finalmente se justifica diciendo que ha actuado movido por el miedo. En ningún momento, esta persona ha conocido realmente al dueño de la hacienda. La imagen que tiene de él es la de un amo, que trata a sus empleados como esclavos. Es la imagen que tenemos muchos cristianos de Dios, el supremo juez, no vemos a Dios como amor (1Jn 4,8). Ante esta imagen de Dios, a quien así vive, solo le cabe la esperanza de vivir fuera del gozo de su Señor.

            La vida cristiana es estar en camino, es estar en continuo crecimiento, es vivir dejándonos hacer poco a poco por el Espíritu Santo, y Dios nos está continuamente regalando sus dones y su gracia para que podamos ir creciendo en nuestro camino de santidad, pero en nuestras manos está aceptar o no esta gracia y estos dones. El premio de la vida eterna contemplando el rostro de Dios es gratuito e igual para todo el mundo, pero nosotros podemos rechazar ese premio. Todos nosotros vamos a escuchar: “entra en el gozo de tu Señor” (25,21); pero, también podemos decir que no y darnos la vuelta. La respuesta a la invitación de nuestro Padre Dios, Amor y Amante está en nuestras manos.

Camino – Meditación

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál es la imagen que tengo de Dios? ¿La imagen del Juez o la imagen de Dios amor?
  • Dios nos ha regalado a cada uno, según nuestras capacidades, una serie de dones ¿que hago yo para poner estos dones al servicio de mis hermanos, al servicio de la humanidad para la extensión del Reino? ¿pongo a “producir” estos dones o por el contrario los entierro?
  • ¿Cuáles son las excusas que me digo a mi mismo, y por tanto también a Dios, para no asumir mi responsabilidad de extender el Reino?
  • Me detengo por un instante a meditar (pasar por mi corazón) las palabras pronunciadas por el dueño de la hacienda y que Dios me las dirige a mi hoy: “entra a disfrutar del gozo de tu Señor”. Entra a disfrutar de la vida junto a mí ¿Qué sentimientos se despiertan en mi?

Vida – Oración

  • Alabo al Padre porque quiere hacerme entrar en su propio gozo, porque me invita a compartir su propia vida.
  • Pido perdón a Dios y a mis hermanos por las veces que no soy constructor del Reino a mi alrededor y sobre todo, por intentar justificarme con excusas sin sentido.
  • Doy gracias a Dios porque no cesa de agasajarme y de llenar mi vida regalándome sus dones.

¡Estad preparados! Lectio Divina Domingo XXXII del T.O. (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 25,1-3

Nos encontramos dentro del llamado discurso apocalíptico de Mateo, quinto y último de su evangelio, que comprende los capítulos 24 y 25.

Dentro del contexto del “primer evangelio”, los primeros cristianos creían que el fin del mundo era inminente. Aunque, pasaba el tiempo y la parusía (segunda venida de Cristo glorioso al final de los tiempos) no llegaba; con lo que, la comunidad cristiana, tal y como bien apunta José Luis Sicre, tuvo que reinterpretar la idea de la misma, a pesar de las persecuciones que estaban sufriendo.

Sin embargo, el autor del evangelio no se deja llevar por el catastrofismo, la angustia o la tribulación; pues, en realidad “en cuanto al día y la hora, no los conoce nadie, ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solo los conoce el Padre”. Luego, el cristiano lo que tiene que hacer es mantenerse en una actitud de vigilancia, pues la llegada del Reinado de Dios ocurrirá de manera inesperada.

Este es, podríamos decir, el contexto histórico del momento en el que se escribe la parábola, que la liturgia de hoy nos ofrece en la celebración de la eucaristía. Pero profundicemos un poco más en la misma para poder entenderla de una manera más satisfactoria.

Antes de celebrarse la ceremonia de la boda, un grupo de muchachas solía acompañar al novio para recoger a la novia en su casa y llevarla al lugar donde iba a celebrarse la misma. Este hecho da pie a Jesús para anunciar la Buena Nueva por medio de una parábola.

Se encuentran 10 muchachas (vírgenes) esperando la llegada del novio para acompañarle. Pero, éste se retrasa, va anocheciendo y a ellas les entra sueño, el aceite con el que se mantienen encendidas las lámparas se va consumiendo, hasta tal punto que ante la inminente llegada del novio, cinco de estas muchachas que no habían previsto dicha tardanza, deben ir a comprar más aceite.

Lo que se dice velar o vigilar, la verdad es que ninguna de ellas lo ha hecho. Por lo que más que a la vigilancia, Jesús nos esta invitando a ser previsores; lo importante es estar preparados, sin dejarlo todo para el último momento; Jesús nos está invitando a permanecer atentos con respecto al aceite de nuestras lámparas y no permitir que se acabe.

Está claro que el novio es Jesús y las diez vírgenes somo cada uno de nosotros. Pero, ¿qué es el aceite? Mateo nos lo aclarará precisamente a lo largo del capítulo veinticinco de su evangelio con la parábola de los talentos y con el relato sobre el juicio final. Ese aceite son la cualidades, recursos, capacidades, aptitudes, competencias, valores… que Dios nos ha regalado y que nosotros hemos de poner al servicio de los demás por medio de nuestras obras: dar de comer al hambriento, de beber al sediento; acoger al migrante, vestir al desnudo… En una palabra, hacer el bien a nuestro alrededor: al pobre, al pequeño, al más necesitado. Y, teniendo en cuenta que, esas cualidades, capacidades, recursos, esos talentos son individuales, son los que Dios ha dado a cada uno de nosotros, y todo eso no podemos dárselo al otro, pues él tiene los suyos propios, únicamente podemos ponerlos al servicio de los demás.

Por tanto, sigamos la invitación de Jesús a estar atentos para que el aceite de nuestra lámpara no se acabe, a estar preparados ante el retraso del esposo, pues no sabemos ni el día, ni la hora.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • El esposo, Jesús, nos está invitando al banquete de bodas, que es el Reinado de Dios, ¿estás preparado para ello?
  • ¿De qué manera te estás preparando para la venida de Jesucristo? ¿Estás poniendo toda la carne en el asador?
  • ¿Estás atento a las necesidades de las personas que están a tu alrededor?
  • ¿Estás poniendo al servicio de los demás los dones que Dios te ha regalado?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por todos los dones que te regala cada día.
  • Alaba a Jesucristo por invitarte a estar atento a su próxima venida y por acompañarte durante la espera.
  • Pide al Espíritu Santo que te ayude a poner todas tus cualidades, capacidades, facultades al servicio de los demás, especialmente de los más necesitados.
  • Intercede para que la Santísima Trinidad ayude a todos los seres humanos a mantener encendidas sus lámparas.

Dichosos – Bienaventurados. Lectio Divina del Domingo de Todos los Santos – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,1-42

Aunque en nuestra vida hay cosas que nos hacen sentirnos gozosos, contentos, no hay mayor alegría para un cristiano que gozar de la constante presencia del Señor; por eso, sus discípulos iban tras Él y mucha gente le seguía.

Hoy celebramos la fiesta de “Todos los Santos”, aquellos que siendo como nosotros, hoy están con Él, viéndolo cara a cara, los que forman parte del Reino de los Cielos, los que podemos llamar “bienaventurados” porque en su vida obraron bien, hablaron bien, dijeron bien para los otros, los afortunados, los dichosos. Esos que como la muchedumbre y los discípulos, siguieron a Jesús y se acercaron a Él para aprender de su vida y de sus palabras. Y Jesús, «tomando la Palabra, les enseñaba», lo que de verdad, debe dar alegría a un cristiano.

Una vez más, el evangelio de este domingo, nos viene a decir que nuestras aspiraciones y planes, no son los de Dios. Su plan es que los cristianos nos caractericemos por ser: mansos, hambrientos y sedientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, trabajadores incansables por la paz; aunque ello nos haga objeto de persecuciones e injurias. Sólo viviendo así, podremos alcanzar el Reino de los Cielos, ese lugar del que no sabemos su ubicación física, aunque lo solemos colocar en el cielo. Si bien, más que un lugar es un estado eterno, porque cuando tenemos a Dios delante, el tiempo ni importa ni existe. Sólo Dios es lo importante.

Hoy es la fiesta de todos aquellos que han tomado posesión de la tierra prometida, los que ya disfrutan de la herencia del Señor, porque como hijos del mismo Padre, tenemos cada uno nuestra parte a su lado; donde el llanto, la preocupación, los problemas ya no existen, porque todo es nada ante Dios, su consuelo. Ya no existen el egoísmo, las discordias, las disputas, sólo la paz y la justicia, la misericordia de un Padre que nos espera a todos con los brazos abiertos y nos perdona nuestros fallos cuando hemos querido ver con los ojos de Dios, con un corazón limpio, como el suyo. Esta es nuestra «recompensa», aunque durante nuestra vida terrena hayamos sido injuriados y perseguidos.

Es el día hoy de estar alegres y contentos por todos aquellos, anteriores a nosotros, que disfrutan de la dicha de los hijos de Dios y un día para la esperanza, porque sabemos que si actuamos como Jesús nos dice, tendremos, también, un lugar para nosotros en el Reino.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Sientes devoción especial por algún santo?
  • ¿Has conocido algún santo en tu vida?
  • ¿Sólo son santos los que aparecen en el calendario o hay algún santo más?
  • ¿Sabes qué significa ser santo?
  • ¿Sabes quiénes son los santos canonizados?
  • ¿Cómo definirías tú ser santo a una persona que te preguntara?
  • ¿Podrías decir de ti mismo que eres bienaventurado?
  • ¿Qué bienaventuranza te llama más la atención?
  • ¿Crees que es fácil ser bienaventurado cuando nos injurian y nos persiguen?
  • ¿Qué crees que deberías pedirle al Señor hoy para ser contado entre los bienaventurados?

VIDA – ORACIÓN

Muchos son los santos que hay en nuestros altares, en nuestras estampas; pero muchos más los santos que te han seguido y que no aparecen en el calendario. A todos nos gusta figurar, ocupar los primeros puestos, estar económicamente bien situados, gozar de prestigio.

Te pedimos, por intercesión de aquellos que compartieron su vida con nosotros, y que hoy están contigo en el Reino de los Cielos, que nos concedas la fuerza de voluntad que necesitamos para hacer vida tu evangelio, para poner nuestra mirada en lo que de verdad es importante, en Ti. Así sea.

¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley? Lectio Divina Domingo XXX del T.O. (Ciclo A)

ATENCIÓN: Puedes oir el audio de esta Lectio Divina, el próximo domingo, en el muro de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 22,34-40

Volvemos, este domingo, a encontrarnos con un nuevo debate entre Jesús y los fariseos. Después de la polémica tenida con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos.

Los fariseos vuelven a reunirse para deliberar y deciden ponerle una trampa a Jesús. En esta ocasión, por medio de uno de ellos, experto en la Ley; el cual, le interpela acerca de ¿cuál es el primer mandamiento de la Ley. Un tema frecuentemente discutido entre los entendidos en la Ley, los cuales intentaban averiguar si existía algún mandamiento que englobase a los demás, es decir, que observándolo se observara toda la Ley. Respuesta harto complicada, si tenemos en cuenta que los escribas habían contabilizado 613 normas que debían cumplirse para ser un buen judío: 248 normas positivas, es decir de que cosas que se debían hacer y 365 negativas, es decir de cosas que no se podían hacer. Ante tanta regla, era comprensible que se preocuparán por determinar cuáles tenían más importancia y cuáles menos.

Jesús ante la pregunta responde claramente con una cita plenamente conocida por semita se trata del Shemá, que todo judío piadoso debía recitar por la mañana y por la tarde: «Amará al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Dt 6,5).

Pero qué significa amar a Dios. No es un simple sentimiento, no es una simple emoción, no es un simple quedar extasiado o embobado con Dios. Es acto, es acción, es movimiento… Las tres facultades del hombre «corazón, alma y mente», es decir su capacidad afectiva, su capacidad de relación con lo trascendente y su capacidad intelectual deben ponerse en juego. En otras palabras, la persona entera es la que debe amar a Dios. Amar a Dios significa dedicar toda nuestra vida a él. Toda la Ley puede resumirse en este mandamiento.

Sin embargo, aunque no ha sido preguntado, Jesús da un paso más y les dice: «Y el segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo». También aquí encontramos una cita de la Ley, concretamente Lv 19,18. Cita contenida dentro de una serie de preceptos que regulan mi relación con los demás.

Pero, ¿quién es, en realidad, mi prójimo? Para los judíos el prójimo eran únicamente los israelitas. Aunque en otros ambientes, como el judaísmo de origen griego, se da a este término un significado universal, será Jesús de Nazaret quien verdaderamente defenderá y fundamentará su doctrina en esto; ama al prójimo como te amas a ti mismo. Primero has de amarte tú y después derramar ese amor hacia el prójimo. He de lograr compaginar armoniosamente mis derechos con los derechos de los demás, aunque no me caigan bien o me estén fastidiando. Esto si queréis yendo a la letra, pero si vamos al espíritu de este pasaje y de lo que entendía Jesús por amor al prójimo nos damos cuenta, que en algunas ocasiones, amar al prójimo significa incluso renunciar a mis derechos en favor del otro, aunque este sea mi «enemigo», aunque el cristiano debería desechar esa palabra de su vocabulario, pues todos somos hermanos, también el que me está hostigando. Nadie ha dicho que el cristianismo fuera fácil, es más fácil cumplir una serie de normas que regulen nuestra manera de comportarnos con los demás respetando sus derechos. Pero llegar a renunciar a la propia vida, incluso por quien me incomoda o me hace daño, eso sólo puede hacerlo un cristiano.

La combinación de estos dos mandamiento no se encuentran en ninguna otra fuente que no sea el Nuevo Testamento, por eso podemos concluir que, ésta es una enseñanza propia de Jesús de Nazaret, de Jesucristo, de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, por tanto de Dios, que no ha dejado a los cristianos como legado, para que cumplamos y mostremos con ella en qué consiste el Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Respondo sinceramente, y sabiendo que estoy en la presencia de Dios ¿Cuál es para mí el mandamiento principal de la ley? ¿Es verdaderamente el amor a Dios y a los hermanos?
  • Para amar al prójimo es indispensable que me ame a mí mismo, ¿cómo anda mi autoestima?
  • ¿A quién o a quiénes considero, de verdad, mi prójimo?
  • ¿Cómo acojo en mi vida el mandamiento del amor? ¿Amo sinceramente a quien incluso me fastidia, me molesta, me hace daño?

VIDA – ORACIÓN

Señor, hazme un reflejo de tu bondad. Que en cada prójimo vea a un hermano. Que su dolor sea el mío. Dame el don para suavizar sus penas y compartir su espíritu.

Que yo pueda infundirle valor y esperanza llevándole un mensaje de amor por la confianza en Ti.

Haz que todas sus tareas las emprenda con decisión, abnegación y perseverancia.

Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

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Dad a Dios lo que es de Dios. Lectio Divina del Domingo XXIX del Tiempo Ordinario. Jornada Mundial del DOMUND– Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 22,15-21

Durante este año, estamos leyendo el evangelio según san Mateo. Este domingo nos centramos en el capítulo veintidós. Nos quedan seis capítulos para terminar su lectura y es que ya se acerca el final del año litúrgico. Por eso, la lectura de hoy nos acerca al final de la vida de Jesús.

Los fariseos, fieles cumplidores de la Ley, buscaban el modo de terminar con Jesús y se reunieron para llegar «a un acuerdo» y «comprometer a Jesús con una pregunta» que no estaba exenta de “veneno”. Pero no van ellos directamente, sino que mandan a «unos discípulos, con unos partidarios de Herodes», que era el tetrarca de Galilea y tenía poder para condenar a Jesús.

Los enviados, intentan adornar la pregunta para hacer que Jesús caiga en su trampa y le dicen: «Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».

Con tanto preámbulo, Jesús comprendió «su mala voluntad» y les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?». Su falsedad ha quedado al descubierto. En el fondo, lo que los fariseos querían saber es si Jesús estaba de acuerdo con ellos en eludir los impuestos y tributos que había que pagar al César. Si Jesús se mostraba de acuerdo con ellos, podía ser condenado por el César y además, daba pie a que sus discípulos participaran de las revueltas contra los impuestos del César. De ahí, que manden a los partidarios de Herodes, que estaban a favor del imperio romano, para que si caía en la trampa, fuera apresado inmediatamente.

Jesús les remite a mirar la moneda. Le enseñan un denario y les pregunta de quién es la cara y la inscripción. «Ellos respondieron: “del César”». Y Jesús, sin dudarlo, les contesta: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Jesús no elude sus deberes ante el gobierno civil, que es un gobierno temporal. Él apunta a un gobierno, a un Reino que está más allá de las fronteras del espacio y del tiempo: el Reino de Dios. Jesús, les ha recordado su obligación de cumplir con el César, pagar los tributos, y de separar el poder civil del religioso. No pueden, ni deben, negarse a cumplir con sus obligaciones de ciudadanos. Pero tampoco pueden olvidarse de sus obligaciones para con Dios.  

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Cuántas veces has intentado engañar a otro con frases aduladoras?
  • ¿Has hecho eso, alguna vez con Dios?
  • ¿Has intentado manipular la Palabra de Dios o a Dios mismo para que te diga lo que tú quieres oír?
  • ¿Cumples con tus obligaciones como ciudadano?
  • ¿Eres consciente de que después de este mundo nos espera un Reino eterno?
  • ¿Cómo te preparas para su llegada?
  • ¿Cómo colaboras desde tu situación con la evangelización de todos los pueblos?

VIDA – ORACIÓN

Señor, me da miedo lo desconocido,

me veo insignificante y débil,

pero me fío de Ti, que me amas

y has querido contar conmigo

para llegar al corazón de otros. 

Aquí estoy, envíame.

Tú me muestras la Iglesia entera,

mucho más allá de lo que alcanzo a ver.

Señor, quiero ayudar a que tu Evangelio

siga sanando la dignidad herida

de tantas personas en el mundo.

Aquí estoy, envíame.

Tú puedes hacer de mí

un cristal transparente

ante quienes no te conocen,

ante quienes sufren la injusticia,

el dolor, la enfermedad, la pobreza,

el hambre de pan, el hambre de vida.

Aquí estoy, envíame.

VEN AL BANQUETE DE BODAS – LECTIO DIVINA DEL DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 22,1-14

El mensaje de la parábola es, aparentemente, bastante claro. Un rey envía a sus criados a llamar a los invitados a la boda de su hijo. Pero estos no quieren asistir a la misma.

Por segunda vez, vuelve a enviar a otros criados a insistir en la invitación. Y, nuevamente, no sólo no les hacen caso, sino que además algunos de ellos marchan a «sus asuntos» y otros maltratan y matan a los criados. El rey se irrita y envía a sus tropas a destruir la ciudad de estos «malvados».

A renglón seguido, viendo que esos invitados no eran dignos; pero, el banquete está preparado, vuelve a enviar a sus criados a buscar comensales. Los cuales salen a los caminos e invitan a todos los que encuentran. La sala del banquete se llena de invitados.

Sin embargo, al entrar el rey a saludarlos se fija que hay una persona que no llevaba el traje adecuado para la boda. Lo recrimina pero él no responde. Por lo cual, es expulsado del banquete.

Hasta aquí, si queremos, una lectura superficial o si queremos literal del relato. Pero, me gustaría profundizar algo más en el mismo; primeramente, desde una lectura del contexto en el que escribe Mateo y luego desde una lectura eclesial.

Recordemos, que Mateo escribe para una comunidad que, eminentemente, procede del judaísmo. Muchos de los lectores o «escuchadores» de esta parábola en la comunidad de Mateo conocen perfectamente la historia del Pueblo de Israel. Toda la historia de Israel ha sido una clara invitación al banquete de bodas mesiánica. Pero, ¿qué ocurre? Que los criados enviados para invitar a dicha boda han sido rechazados, es más han sido maltratados e, incluso, asesinados. No podemos menos, que ver aquí, una clara alusión a los profetas; es más, en tiempos de Jesús, incluso a Juan, el bautista.

¿Qué hace entonces el rey? Envía destruir la ciudad de los invitados, posible alusión a la destrucción de Jerusalén del año 70, y envía a más criados a que salgan a los caminos a invitar a todos los que encuentren, buenos y malos, porque el banquete está preparado. Me detengo un instante, en esta expresión buenos y malos. Traigamos a nuestra memoria la parábola del trigo y la cizaña; ambos crecen juntos hasta la siega. Todos están invitados al banquete, y ninguno de nosotros tiene porqué excluir a nadie; esta función le compete al dueño del campo, en este caso al rey. El cual, percibe como uno de los invitados no lleva puesto el traje adecuado, no lleva traje de boda. En las bodas, en época de Jesús, en ningún sitio estaba prescrito que uno debía vestir un traje especial; bastaba un vestido limpio, luego volveremos sobre ello. Este personaje es expulsado del banquete. Hasta aquí, si queremos, la lectura desde el contexto en el que escribe Mateo.

Profundicemos un poco más, desde una lectura eclesial o si preferimos desde una lectura cristiana actual del texto. Dios ha ido revelándose a la humanidad durante siglos y siglos. Ha ido invitando, en distintos momentos de la historia, al banquete de bodas de su hijo, el novio.

La Iglesia es a su vez, la novia y la invitada a la boda. Al igual que los invitados de la parábola podemos aceptar o rechazar la invitación, es más podemos, incluso, maltratar y matar a los enviados, a los criados, a aquellos que anuncian la Buena Nueva. Es cosa nuestra y nos atendremos a las consecuencias, no porque el rey así lo haya querido, sino porque nosotros lo hemos querido y provocado. Somos nosotros los que no queremos saber nada del rey, su banquete y su hijo, y nos vamos a nuestros asuntos; es más, cómo en muchos momentos de nuestra vida, la mayoría, estos criados-enviados son bastante pesados y nos molestan, optamos por quitarlos de en medio. Así es nuestra actuación en más de una ocasión. Y tenemos que asumir las consecuencias. No tiene porqué extrañarnos que el rey (Dios) envíe a sus mensajeros a invitar a otros que encuentre por los caminos (¿pecadores y prostitutas?).

Es posible, también, que cualquiera de nosotros seamos de los que hemos entrado en el banquete; a ello estamos llamados y además de una manera reiterada. Cuando estamos disfrutando de él o a punto de comenzar el mismo, entrará el rey (el Padre), saludará a cada uno de los comensales y reparará en uno que no lleva puesto el traje adecuado. Es decir, uno que no se ha convertido totalmente y con todo su ser al mensaje del Reino, uno que no ha querido cambiar de estilo de vida, uno que no ha querido asumir la actitudes vitales de Jesús y que además lo ha hecho de manera consciente e intencionada. Sí, quiere beneficiarse del banquete, pero sin arriesgar nada, sin poner nada de su parte; quiere banquetear en el Reino pero seguir llevando la misma vida que hasta ahora; quiere que Dios cumpla su parte del pacto pero él poderla incumplir siempre que le convenga; quiere ser beneficiario de los dones de Dios pero sin amar a Dios.

Desde este punto de vista, hemos de ver además y entender, la última frase de este pasaje: «son muchos los llamados, pero pocos los escogidos». Mas que en sentido cuantitativo, creo que esta expresión habría que leerla en sentido cualitativo, y me explico. Las llamadas por parte de Dios son infinitas, siempre está llamando a entrar en el banquete, y nos está llamando a toda la humanidad, sin distinción alguna, lo hace reiteradamente, en todo momento y cada lugar. Sin embargo, la elección está en nuestra manos, nosotros podemos voluntariamente participar o no en el banquete de bodas. Eso sí, debemos llevar el traje adecuado, debemos vivir como invitados a la boda, no podemos «nadar y guardar la ropa». Hemos de vivir en continua conversión, teniendo presente las actitudes vitales de Jesús y dejando que el Espíritu nos modele según el modelo que es el Hijo. Así seremos uno de esos comensales a los que el rey saludará, se sentará con él, comerán y conversarán como amigos durante el banquete. No es Dios el que escoge, Dios llama, la elección es cosa nuestra.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios te está invitando continuamente a entrar en el banquete del Reino. ¿Cuál es tu repuesta ante esta invitación? ¿También tú tienes otros negocios que atender o incluso, de alguna manera matas a los criados que él te envía?
  • ¿Qué siente al ser invitado a la boda? ¿Está dispuesto a asistir al banquete?
  • Si estás dispuesto, tienes que llevar puesto el traje adecuado, ¿qué debes hacer para despojarte de tus viejos vestidos y vestir el traje nuevo? ¿De qué prendas debes despojarte y qué prendas debes adquirir? ¿A qué tienes que renunciar para entrar en el banquete?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por estar llamándote continuamente a participar en el banquete del Reino junto a todos nuestros hermanos.
  • Pide al Señor que te ayude a despojarte de tus viejos vestido y a vestirte con el traje nuevo de la boda del Reino.
  • Alaba a Dios por todos los beneficios que a diario te regala, todo proviene de Dios.

IMPORTANTE: Esta Lectio Divina puedes encontrarla, también, en audio, el próximo domingo en el muro del perfil de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es

Lo matamos y nos quedamos con la herencia. Lectio Divina del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 21,33-43

Cada uno de nosotros conoce perfectamente las cosas que hay en su casa. Por eso, cuando recibimos la visita de alguien de fuera, lo primero que hacemos es decirle dónde están las distintas estancias, por si necesitan algo. O, cuando dejamos nuestra casa para que vivan otros, les explicamos dónde están las cosas.

En el evangelio de hoy, Jesús presenta una parábola a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, a los “presbíteros”. Ellos son quienes ofrecían los sacrificios a Dios. En la parábola, Jesús les habla del propietario de un terreno que planta una viña, la rodea con una cerca, cava en ella un lagar, construye la casa del guarda, la arrenda a unos labradores y se va de viaje. Pero cuando llega el tiempo de la vendimia, manda a sus sirvientes a recoger la parte del fruto que le correspondía. La respuesta de los labradores fue, por dos veces seguidas, maltratarlos y matarlos para no darle al dueño lo que era suyo.

El dueño de la viña no desiste y le manda a su hijo, creyendo que así le respetarían. Sin embargo, los labradores, hacen con el hijo lo mismo que hicieron con los criados, creyendo que así, al matar al descendiente, se quedarían con la herencia del señor.

A continuación, Jesús pregunta a los ancianos y sumos sacerdotes: «cuando vuelva el dueño de la viña, qué hará con aquellos labradores?». Ellos responden con la “ley del Talión”. Les hará lo mismo. Los matará y entregará su viña a otros labradores «que le entreguen los frutos a su tiempo».

Ahora llega el momento en que Jesús les explica la parábola que no han entendido: «se os quitará el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos»; porque el Reino de Dios es para todos pero ellos lo han rechazado, no han dado los frutos que el Señor desea. Por eso lo compara con «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has dejado alguna vez tu casa para que vivan otros?
  • ¿Cómo la has encontrado a tu vuelta?
  • ¿Con qué personaje del evangelio te identificas más? ¿Los labradores, el dueño de la viña, el hijo, los sumos sacerdotes, los ancianos?
  • ¿Quién es para ti ese dueño de la viña?
  • ¿Quién es para ti el hijo?
  • ¿Quienes son los criados de la primera y la segunda vez?
  • ¿Has rechazado a alguien o a algo pensado que no tenía valor y te has equivocado?
  • ¿Cómo acoges el Reino de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Cuántas veces Señor, desde el origen, los hombres hemos querido ser dioses. Nos enviaste a los patriarcas, a los profetas, a tu Hijo y aún así, nos resistimos. ¿Hasta cuándo, Señor, seguiremos siendo tercos y duros de corazón? Aumenta nuestra fe, danos entrañas de misericordia, un corazón capaz de amar y acoger a Ti, a tu Palabra y a aquellos que Tú nos envías. Así sea.