Perdonando desde el amor. Lectio Divina del VII Domingo del T.O. – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,38-48

Continuamos reflexionando, meditando y orando con el llamado sermón del monte, que Mateo nos ofrece en su capítulo 5. Hoy, la liturgia nos regala un estupendo fragmento, en el que se nos habla del perdón; y que, concluye con las palabras que comentábamos en nuestro anterior post: “Vosotros sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (5,48).

En este momento, sin embargo, me gustaría que para orar con nuestra lectio divina semanal nos centráramos en el tema del perdón, visto desde la perspectiva del amor.

Nadie podrá negar que perdonar es complicado, necesita de un proceso, a veces, largo y difícil.

En muchas ocasiones, ni siquiera sabemos muy bien en qué consiste: “perdono, pero no olvido”; “yo le perdono, pero ojalá…” Es más, nos puede parecer un imposible. Y hay momentos en los que podemos, incluso, llegar a pensar que Jesús nos está pidiendo realizar ese imposible: “no hagas frente a quien te agravia; a quien te pide dale; ama a tu enemigo y reza por quien te persigue”. Aunque, también es muy posible, que Jesús nos esté desafiando a cambiar el mundo. ¿Qué actitud debo tomar ante una ofensa? ¿ante un insulto? ¿ante un menosprecio? ¿Qué hacer cuando alguien me hace daño?

La ley del talión, que era la que estaba vigente para los judíos en tiempos de Jesús, era clara: Si alguien hace daño, lo pagara “vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.” (cf. Ex 21,23ss). Esta ley ya era un adelanto con respecto a otras, para evitar la venganza extrema o desorbitada.

Jesús, sin embargo, está invitando a sus discípulos a ejercer la no violencia; o si preferimos, una cierta resistencia pasiva: no hacer frente a los ataques, no devolver mal por mal. La violencia, dice el dicho, engendra violencia. Pues, precisamente, Jesús quiere que sus discípulos no reaccionemos de manera instintiva, según lo “que nos pide el cuerpo”.

Tampoco es que Jesús esté aconsejando a sus discípulos permanecer impasibles o pasivos. No, al contrario, él nos invita a pasar a la acción, nos invita a ser proactivos, pero de manera distinta: buscando el diálogo; buscando el hacer caer en la cuenta al otro de su error; haciéndole ver su responsabilidad, su incoherencia, su equivocación. De esa manera, es posible que cambie. De la otra, devolviendo mal por mal, es muy posible que entremos en el bucle de la violencia, de la venganza, de la revancha y del ajuste de cuentas.

Para esto es necesario, como veíamos en nuestro anterior post, mucho amor.

Un amor que debe alcanzar, incluso, a quienes consideramos nuestros enemigos. Nuestro prójimo es todo ser humano, sin importar raza, lengua, pueblo, nación, condición social, o actos que haya realizado. Por supuesto, como decíamos más arriba ayudándole a que sea consciente de su error; pero sin juzgarlo, sin condenarlo, sin darlo por perdido.

Devolver amor ante la injusticia, haciéndole frente, denunciándola, pero sin hostilidad, incluso rezando por aquel que nos hizo daño, es la mejor manera enfrentarnos al mal.

El ideal es que nosotros seamos como nuestro Padre celestial que hace salir el sol sobre justos e injustos (Mt 5,45), que seamos santos como nuestro Padre que es santo (cf Lev 19,2).

A nivel práctico, el no perdonar, es adoptar un papel de víctima: “pobre de mí, que fulano me ha hecho esto o aquello”, “yo no me merecía esto” “con todo lo que yo he hecho por él”. Perdonando, adoptamos una actitud proactiva. A partir de este hecho, de esta circunstancia, de la injuria recibida… ¿Qué puedo hacer yo para acercarme a esa persona? ¿Qué puedo hacer yo para que esa persona caiga en la cuenta de su error? ¿qué puedo hacer yo para cambiar la situación?

Imprescindible para todo esto saber gestionar nuestro enfado y nuestra ira y entrar en diálogo con nuestro prójimo. Y, sobre todo, no dar nunca un caso por perdido. Lo que es imposible para el hombre es posible para Dios.

Y en todo caso, si la situación, la circunstancia, el momento o la persona para nosotros está resultando “tóxica”. Es mejor una retirada a tiempo (alejarse) que una venganza desproporcionada.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • Toma el pulso a tu actitud ante una ofensa. ¿Eres de los que perdonas o eres de los que reaccionas de manera impulsiva?
  • Ante una ofensa, ¿eres capaz de entrar en diálogo con la otra persona para que sea consciente de haberte hecho daño? ¿o, por el contrario, buscas cierta “venganza”?
  • Ante una situación o un acto ofensivo, ¿adoptas el papel de víctima o intentas ser proactivo y sacar un aprendizaje de ello?

VIDA – ORACIÓN

Hoy te invito a que oremos con el Padrenuestro, haciendo especial hincapié en las palabras: perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

Pero, yo os digo… Desde el amor. Lectio Divina del VI Domingo del T.O. – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,17-37

¿Para qué vino Jesús a la tierra? ¿Para qué sale Jesús al encuentro del ser humano? Por supuesto, que vino para salvarnos. De eso no nos cabe la menor duda. Pero, yo creo que vino a algo más. Algo más que, por supuesto, está relacionado con nuestra salvación. Y la clave práctica de ese algo más, me parece que, puede dárnosla la lectura del evangelio que hoy nos regala la liturgia: “No penséis que he venido a… He venido a…”

Sin embargo, aunque no lo leemos en la lectura de hoy, lo esencial de todo este extenso discurso contenido en el sermón del monte, lo encontramos al final del mismo en Mt 5,48, según mi parecer: “Vosotros sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

Pero, ¿qué significa ser perfecto? La palabra griega utilizada por Mateo es teleios. Un término bastante raro y que aparece únicamente dos veces en los evangelios. Según podemos encontrar en el Nuevo comentario bíblico san Jerónimo, dicha palabra en el pensamiento griego significaría que la persona es conforme al ideal divino. Y, ¿cuál es el ideal divino en el que se concentran la ley y los profetas? Amar a Dios con todo el corazón con toda el alma y con toda la mente. Y al prójimo como a uno mismo (Cf Mt 22,34-40). Así es, cuando seamos capaces de amar sin condiciones, entonces alcanzaremos la perfección; entonces seremos felices, entonces habremos llegado a la plenitud.

Por eso, Jesús no vino a abolir la ley, si no a darle su verdadero sentido. El verdadero sentido de ser feliz, de ser bienaventurado, de ser dichoso.

Cuando lo que nos mueve a actuar es el amor, vamos más allá de los preceptos, de las normas, de la letra de la ley. Porque el cristiano no puede conformarse con una ley de mínimos: yo no robo, yo no mato, yo no traiciono a mi mujer o a mi marido, yo no blasfemo… Por tanto, estoy cumpliendo la ley, no tengo pecados graves; tengo mis defectillos, pero nada gordo. Jesús no está diciendo: ¡No! Esa es la ley de mínimos.

Aquel que emprende el camino del seguimiento de Jesús debe aspirar a algo más. Debe aspirar al amor incondicional, que no espera nada a cambio y que se entrega sin límites; incluso, dando la propia vida, por amor, en favor del prójimo. Y para dar la vida, como digo muchas veces, no es necesario morir físicamente. Hay muchas formas y maneras de entregar la vida. Ahora bien, dicha entrega se realiza de distinto modo desde el amor.

Contemplemos hoy este pasaje del evangelio desde el amor y encontraremos el verdadero sentido que tienen las palabras de Jesús cuando nos dice: “Pero, yo os digo…”

Emprender el camino de la felicidad, de la plenitud, de la santidad, de la perfección… significa comenzar a vivir desde una dimensión nueva, desde la profundidad del corazón, desde nuestras convicciones profundas, desde nuestra verdadera escala de valores… Toda nuestra vida se redimensiona cuando empezamos a vivirla desde el amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • ¿Qué es lo que está moviendo tu actuar en el mundo?
  • ¿Te conformas con una “ley de mínimos” o tratas de vivir la vida desde el amor?
  • ¿En qué o en quién está fundamentada tu escala de valores? ¿Cuál es tu escala de valores?
  • Desde una nueva visión y desde las convicciones profundas de tu corazón, ¿qué acciones puedes emprender para vivir tu vida desde el amor?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias y alaba a Dios Padre porque Él te amo primero.
  • Pide a Jesús que te ayude a vivir la vida desde el amor y no desde la “ley de mínimos”.
  • Ofrécete, con la fuerza del Espíritu Santo para repartir el amor de Dios a todos los que te rodean.

Eres sal de la tierra y luz del mundo – Lectio Divina del V Domingo del T.O. – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,13-16

Eres sal de la tierra, luz del mundo, ciudad en lo alto, lámpara que alumbra. ¿Quién yo? Sí, tú. Tú, yo y todo cristiano.

Jesús en el evangelio de hoy nos presenta cuatro características del verdadero discípulo, cuatro cualidades que tenemos que fomentar en cada uno de nosotros, cuatro aptitudes que debemos desarrollar.

Aquel que emprende el camino del seguimiento de Cristo ha de potenciar en si mismo y a su alrededor todas sus capacidades, habilidades, destrezas… Hoy diríamos todas sus competencias.

Y, ¿cuáles son precisamente las cualidades, características, capacidades que Jesús nos pide que desarrollemos?

  • Ser sal.
  • Ser luz.
  • Ser ciudad visible.
  • Ser lámpara que alumbra.

Quisiera que cayéramos en la cuenta de lo siguiente, a mi parecer interesante. Jesús no nos pide tener, nos pide ser. No nos ha dicho que debemos tener esto o lo otro, o hacer aquello o lo de más allá para ser discípulos suyos. Nos pide ser.

Creo que la diferencia es notable. El Maestro no nos pide que tengamos tales cualidades o aquellas otras, no nos pide que poseamos cosas, que nos aferremos a propiedades para poder desarrollarnos satisfactoriamente como discípulos. No nos pide que hagamos esto o aquello, que vayamos de un lado para otro sin ton ni son para realizar esta o aquella actividad.

Jesús nos está pidiendo que aprendamos a vivir. No desde lo que tenemos o poseemos, ni desde las muchas actividades que hacemos. Sino que aprendamos a vivir desde lo que nos identifica, desde nuestra esencia, desde la coherencia entre nuestros valores y nuestros actos, desde nuestras aspiraciones más profundas, desde nuestros propósitos. Jesús nos pide que vivíamos desde el evangelio, dejándonos transformar, modelar, dar forma por el Espíritu Santo. Y esto desde la docilidad, la apertura y el abandono. Sin resistencia. Intentando vivir y hacer nuestros los valores que nos fue mostrando Jesús en su vida terrena.

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Cuando empecemos a dejarnos configurar por el Espíritu, al igual que un programador configura un ordenador, comenzaremos a ser sal que da sabor a todo lo que nos rodea y preservar de la corrupción a los que se encuentran a nuestro alrededor. Para ello, la sal se olvida de sí misma y se diluye, pero sin perder su esencia. Cuando pierde su esencia no sirve mas que para ser pisoteada.

Cuando nos dejemos modelar por el Espíritu seremos luz, tampoco la luz existe para sí misma, sino para alumbrar a todos los que se acercan a ella, para iluminar, para clarificar, para dar vida.

Seremos ciudad que se sitúa en lo alto del monte. Empezaremos a no ocultarnos, a no escondernos, a no encerrarnos, sino a ser testigos con nuestros gestos, con nuestra conducta, con nuestro comportamiento.

De esta manera, viviendo desde los valores del evangelio, estaremos encendiendo nuestra lámpara y colocándola sobre el candelero, sobre la repisa, encima y no debajo. Todo aquel que se acerque a nosotros nos verá; es más, seguramente, desde lo lejos otros se percatarán de nuestra presencia.

Y cuando los demás vean nuestras obras, cuando los demás vean nuestro testimonio, cuando los otros vean como se manifiesta la bondad, la misericordia y el amor de Dios en nuestra vida, darán gloria a Dios Padre de quien provine lo que somos, lo que tenemos, lo que hacemos, lo que poseemos y todo cuanto existe.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • ¿Desde dónde estás viviendo tu vida? ¿Desde el tener? ¿Desde el hacer? ¿Desde el ser?
  • ¿Cuáles son los valores que fundamenta tu vida?
  • ¿De qué manera estás dejando que el Espíritu transforme tu vida?
  • ¿Qué actitudes, disposiciones, conductas debes potenciar en tu vida para ser sal, luz, ciudad en lo alto, lámpara?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias y alaba a Dios por todas las acciones que Él, como Padre amoroso, va desarrollando en tu vida, para tu propio crecimiento y el de los que te rodean.
  • Pide a Jesús que te ayude a dejarte transformar por el Espíritu en sal, luz, ciudad, lámpara…

Lectio Divina Domingo del Bautismo del Señor (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio Mt 3, 13-17

Fíjate en un detalle interesante: las palabras de Jesús del v. 15 son las primeras que pronuncia en el evangelio de Mateo. Por otra parte resultan absolutamente novedosas con respecto a los textos paralelos de Marcos y Lucas.

En esa frase de Jesús destacan dos términos: “cumplir” y “justicia”.
“Cumplir” (pleroô) es un término que Mateo suele reservar para Jesús (para los discípulos emplea otros, como “hacer [la voluntad]”, “observar”, etc.). Tiene el sentido de realizar perfectamente, consumar. Naturalmente, apunta a la famosa sentencia mateana puesta en labios de Jesús: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir”, 5,17).

“Justicia” (dikaiosynê) es un término fundamental y característico de Mateo (aparece siete veces en su evangelio). En general, la palabra se refiere a una acción humana, a una conducta que hay que seguir. Pero el contenido de eso que hay que seguir o cumplir desborda lo puramente normativo o legal: es la voluntad de Dios. La expresión “toda justicia” refuerza este sentido: no se trata sólo del bautismo de Juan, sino que el bautismo de Juan está inscrito en una voluntad de Dios más general (el diálogo trata de justificar lo embarazoso que supuso para los primeros cristianos el hecho de que Jesús se hiciera bautizar por Juan).

Observa que la voz celeste del v. 17 ha pasado de la segunda persona en el relato de Marcos (y de Lucas): “Tú eres mi Hijo amado…”, a la tercera: “Éste es mi Hijo amado…” De esta manera, es todo el pueblo –también nosotros– el que se convierte en testigo de la obediencia del Hijo a la voluntad del Padre.

Fíjate en algunas posibles alusiones al Antiguo Testamento:
En el v. 16 podríamos encontrar una amalgama de referencias veterotestamentarias:

1) “subir [o salir] del agua” podría aludir al paso de Israel por el mar de las Cañas, tras su salida de Egipto (“De Egipto llamé a mi hijo”, Mt 2,15 [cita de Os 11,1]);
2) la apertura de los cielos quizá sea una alusión al texto de Is 63,19: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases; los montes se derretirían ante ti” (aunque se apreciaría más claramente en Marcos, que emplea el verbo “rasgar”): en Jesús, el Hijo, se hace presente entre los hombres el Espíritu de Dios;
3) el Espíritu de Dios descendiendo como una paloma podría tener relación con el Espíritu divino que aleteaba sobre las aguas primordiales (Gn 1,2): el bautismo de Jesús y la consiguiente revelación de su filiación divina inaugura un mundo nuevo, una nueva creación.

En el v. 17 probablemente hay una referencia a Is 42,1: “Éste es mi siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien me complazco” (en griego, la palabra pais significa tanto “hijo” como “siervo”; en la traducción de los LXX, pais traduce el ‘ebed hebreo, “siervo”).

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CAMINO – MEDITACIÓN

Reflexiona sobre lo que propone Mateo: si el Hijo de Dios lo es porque ha obedecido cumplida y perfectamente la voluntad del Padre (“toda justicia”), así nosotros también debemos obedecer y hacer su voluntad si queremos ser hijos perfectos (“Vosotros, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (5,48); aunque no debemos olvidar que no hablamos de perfección moral, de no cometer pecados, sino de amar…). Es una de las peticiones del Padrenuestro: “Hágase tu voluntad…” Significa que nuestra tarea es permitir con nuestra vida que se haga la voluntad de Dios.

Detente en la estructura trinitaria que se aprecia en el pasaje: “Voz del Padre, reposo del Espíritu y título de Hijo” (Luis Alonso Schökel), y piensa en la importancia que debemos conceder a la invocación trinitaria que va aneja a la señal de la cruz (¿cuándo la hacemos?, ¿por qué la hacemos?, ¿somos conscientes de lo que estamos haciendo cuando la hacemos?).

Recuerda el simbolismo del agua y medita sobre él: “El icono del bautismo de Jesús muestra el agua como un sepulcro líquido que tiene la forma de una cueva oscura, que es a su vez la representación iconográfica del Hades, el inframundo, el infierno. El descenso de Jesús a este sepulcro líquido, a este infierno que le envuelve por completo, es la representación del descenso al infierno: ‘Sumergido en el agua, ha vencido al poderoso” (cf. Lc 11,22), dice Cirilo de Jerusalén. Juan Crisóstomo escribe: ‘La entrada y la salida del agua son representación del descenso al infierno y de la resurrección’” (Joseph Ratzinger-Benedicto XVI).

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VIDA – ORACIÓN

Siéntete confiado y llámale a Dios Abbá, porque por el bautismo hemos sido hechos hijos en el Hijo: “La prueba de que sois hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Abbá, es decir, ‘Padre’. De suerte que ya no eres siervo, sino hijo, y, como hijo, también heredero por gracia de Dios” (Gál 4,6-7).

Pídele a Dios que te dé la gracia para poder obedecerle y cumplir su voluntad. (“Obedecer” procede del latín ob-audire, y se refiere a “escuchar con atención” la Palabra de Dios para poder cumplirla y ponerla en práctica.)

Alaba a la Trinidad santa: al Padre, que engendra al Hijo y se complace en él; al Hijo, que escucha al Padre y le obedece “hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Flp 2,8); y al Espíritu, que descendiendo del Padre y descansando en el Hijo, proporciona una vida plena y abundante. (De igual manera puedes dar gracias al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo.)

Preparado por el Equipo de Lectio Divina del Departamento de Pastoral de la Universidad Pontifica Comillas de Madrid.

Lectio Divina del IV Domingo de Adviento (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

san jose y angel

Mt 1, 18-24

Mateo y Lucas nos relatan de manera breve la infancia de Jesús. Un texto que añaden al resto de su evangelio tomado fundamentalmente de Marcos. Mantienen algunas diferencias: en el relato de Lucas la protagonista es María, en el de Mateo es José quien desempeña el papel principal. Lucas parece dar a entender que la familia de Jesús proviene de Nazareth. Mateo presupone que la familia de Jesús venía de Belén, ciudad de David.

Lo decisivo: las motivaciones teológicas. Mateo pretende mostrar en profundidad la identidad de aquel que él y su comunidad reconocían como Mesías y Señor de sus vidas: Jesús, como hijo de José -padre legal de Jesús- pertenece a la estirpe de David; nace en Belén, la ciudad de David; Mateo relaciona los acontecimientos de los primeros años de la vida de Jesús con profecías del Antiguo Testamento, cuyos libros tenían una autoridad decisiva para los judíos. 

“En la Comunidad de Mateo hay algunos miembros que proceden del judaísmo. Son aquellos que han descubierto en Jesús al Mesías enviado por Dios. La actitud de este grupo está representada en la figura de José, que escucha obedientemente las indicaciones de Dios, acoge a Jesús y lo custodia de todos los peligros. Sin embargo, la mayor parte de la comunidad está compuesta por cristianos que antes no eran judíos. Este grupo está representado por los magos de oriente que buscan incansablemente a Jesús. En su camino hacia él han tenido que pasar a través de los judíos, depositarios de las Escrituras, pero al final su perseverancia y su fe los ha conducido hasta Jesús, a quien adoran de todo corazón.” (cfr. Salvador Guijarro: “La infancia de Jesús según Mateo” Reseña Bíblica 2 (1994) 14-21) 

En los relatos de la infancia de personajes importantes, tanto en la literatura helenística como en la judía se encuentran con frecuencia intervenciones divinas extraordinarias: presencia de ángeles, sueños, anuncio del nombre… Así la infancia de Moisés (Exodo 1-2). Los sueños son revelaciones, visiones que el ser humanos acoge pasivamente. Escucha y pone en práctica.

Mateo muestra que Jesús además de estirpe de David es Dios-con-nosotros por obra del Espíritu Santo. La maternidad de María no es obra de José. Se han celebrado los esponsales, no la boda. Mateo lo confirma con las citas de cumplimiento “todo esto sucedió para…”: Mateo se apoya en la promesa/profecía de Is. 7, 14 y traduce el hebreo ‘Imh’ (significa “muchacha, joven, núbil”) como lo habían ya traducido los judíos de lengua griega: ‘virgen’ (cfr. Luis A. Schökel: La Biblia del PeregrinoNT. Mensajero-Verbo Divino, pg. 43). Es un texto propio de Mateo. La aceptación por parte de José significa reconocimiento legal, Jesús es hijo de José.

El nombre del niño “Jesús” es la helenización del hebreo “Yesua” (Yahvé ayuda). El nombre anuncia un destino: Jesús nace para salvar al ser humano del pecado. Salvación teológica, no política.

La pregunta ¿Quién es Jesús? era muy debatida en el ambiente que rodeaba a la comunidad de Mateo. Los judíos se preguntaban y preguntaban a los cristianos si realmente Jesús era el Mesías esperado. La respuesta de Mateo: contar una historia. En ella son importantes los nombres de persona en Mt 1, y los nombres de lugar en Mt 2. Mateo 1 responde a: ¿Quiénes son los antepasados de Jesús? Conocerlos, es conocer a la persona en profundidad. Y en Mateo 2 aparecerá el lugar de origen de una persona fundamental entonces para conocer a una persona. Mateo insiste: Jesús ha nacido en Belén, patria de David y lugar de residencia de la familia de su padre. Es cierto que su infancia la pasó en Nazaret y por eso era conocido como el Nazareno, pero esto se debió a la persecución de Herodes.

CAMINO – MEDITACIÓN

¿Quién es Jesús? La ‘normalidad’ del Nacimiento de Jesús el Mesías: Los padres de Jesús y hermanos de Jesús ¿No es éste el hijo del carpintero? (Mt 13, 53-33). Atravesar la realidad para contemplar la hondura de este Jesús, Salvador. Adorar el Misterio.

La figura de José. Mateo señala el origen judío de José, su aceptación de la misteriosa comunicación que Dios le hace a través de sueños y del ángel. José es fiel a la ley y acoge a María y a Jesús. Detenerse en las formas cómo Dios nos habla al corazón. Necesidad de escucha y silencio para acoger –como José- la sorprendente voluntad de Dios..

Mateo desea animar la fe de su comunidad (y la nuestra) Jesús es también desde su nacimiento “Dios-con-nosotros. Presente en nuestras vidas. Experiencia pascual.

VIDA – ORACIÓN

Pedir la gracia de ver en Jesús al Dios-con-nosotros (“conocimiento interno del Señor –dirá San Ignacio EE 104-, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga”). Para sentir y expresar la alabanza y el agradecimiento.

El amor del Padre tiene un nombre………………. Jesús, Hijo de David, Salvador

El amor de la Madre tiene un nombre……………. Jesús, Hijo de David, Salvador

El niño que nos nace tiene un nombre……………. Jesús, Hijo de David, Salvador

El objeto de tu fe tiene un nombre ……..……….. Jesús, Hijo de David, Salvador

Saber que somos reconciliados, perdonados es.. … Jesús, Hijo de David, Salvador

Hacer de la vida un servicio gratuito es …………. Jesús, Hijo de David, Salvador

Hacer nacer la ilusión en tu entorno es ………….. Jesús, Hijo de David, Salvador

Sonreír desde el corazón es ……………………… Jesús, Hijo de David, Salvador

Desearte felicidad y gozo ………………………… Jesús, Hijo de David, Salvador

Lectio Divina elaborada por el Equipo de Lectio Divina del Departamento de Pastoral de la Universidad Pontificia Comillas – Madrid

Estad, siempre, preparados – Lectio Divina Domingo I Domingo de Adviento – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio Mt 24, 37-44

Hoy comienza el nuevo año litúrgico y el tiempo de Adviento. Y nos encontramos, en el fragmento del evangelio que la liturgia nos ofrece, con una parte del llamado discurso escatológico de Jesús.

Pero, en este discurso, no debemos quedarnos únicamente con la idea de destrucción, de catástrofe, de desastre, que es lo primero que se nos viene a nuestra imaginación. El estilo literario apocalíptico no tiene nada que ver con eso, aunque se sirva de todos esos elementos (imágenes aterradoras, fantásticas, cósmicas), para acercarnos a una realidad diversa. El género apocalíptico, más bien, quiere mostrarnos como Dios está presente en la historia de los seres humanos indicándonos un camino de esperanza, un camino de cumplimiento de las promesas realizadas a Israel y a la Iglesia, un camino de alianza, en el que él siempre estará presente, a pesar de nuestras infidelidades. Por eso, se nos invita a mirar hacia adelante, porque el mal no triunfará sobre el bien, a pesar de que los acontecimientos que están ocurriendo nos indiquen lo contrario.

De ahí la invitación de Jesús, a estar atentos, a estar preparados, a esperar. Y esa invitación se hace hoy extensiva a nuestro tiempo de adviento, que es preparación para el nacimiento de Jesús. Nacimiento que aconteció hace más de 2000 años, pero que nosotros, los cristianos, recordamos cada Navidad. Es decir, que cada año, nosotros volvemos a pasar por nuestro corazón, ese lugar íntimo, interior, profundo, en el que nos relacionamos con Dios y con los demás desde nuestra autenticidad y sin caretas. No es únicamente un acordarse; es volver a revivir ese acontecimiento en nuestra propia vida. Y para eso debemos prepararnos, para eso hemos de preparar nuestro corazón y nuestra vida, desde la esperanza, desde la acogida, desde la apertura.

Para preparar mejor esta venida, Jesús nos pide que estemos atentos a todos los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor y que de una u otra manera nos están anunciando su presencia. Que seamos conscientes de su presencia, incluso, en medio del caos, de la incertidumbre, de los problemas de la vida cotidiana.

No nos pide que seamos pájaros de mal agüero; que, en todos los acontecimientos o circunstancias de la vida, lo único que vemos es negrura, calamidades, catástrofes. Nos pide que seamos portadores de esperanza, porque el mal no tendrá la última palabra.

Y, atención, porque tampoco, nos corresponde a nosotros decir cuando será la venida definitiva de Jesucristo, pues eso no lo sabemos; el día y la hora en que menos nos pensemos, vendrá. Eso también, podemos aplicarlo a nuestra propia vida de creyentes; cuando menos lo esperamos, Jesús se hace presente en nuestra vida, sale a nuestro encuentro, nos muestra su bondad, su misericordia y su gran amor. ¿Somos conscientes de ello?

Acojamos pues, en este inicio del adviento, la invitación de Jesús a estar preparados para su venida.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De qué manera vas a prepararte durante este adviento para celebrar el nacimiento de Jesús?
  • ¿Cómo es tu percepción de la historia, de la vida cotidiana? ¿Cómo vives tu día a día? ¿Desde las calamidades, desde las catástrofes, desde el pesimismo? ¿o lo vives desde la esperanza, desde la apertura, desde la acogida? ¿Desde la novedad de los cielos nuevos y la tierra nueva?
  • ¿Vives atento a los indicios, a las manifestaciones, a las señales de la misericordia el amor de Dios que van apareciendo en tu vida?
  • ¿Ayudas a los demás a ser conscientes de esa presencia de Jesús en sus vidas?

VIDA – ORACIÓN

  • Alaba a Dios Padre Todopoderoso, misericordioso y amoroso, por cuidarte como verdadero hijo suyo, por ser siempre fiel a la su alianza a pesar de tus infidelidades, por estar presente en tu historia, en la historia de la Iglesia y de la humanidad.
  • Agradece a Jesús su presencia en tu vida, el ser tu compañero de camino, el querer involucrarse en tus asuntos, para acompañarte, sostenerte y apoyarte.
  • Pide al Espíritu Santo que te ayude a saber ver, percibir y apreciar la presencia de Jesús en tu camino diario. Y a verlo desde la esperanza, desde la confianza, desde la ilusión y el optimismo.
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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mt 28, 16-20)

En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad y la liturgia nos ofrece para nuestra consideración el final del evangelio de Mateo. En el cual Jesucristo envía a sus discípulos a la misión, prometiéndoles que estará con ellos para siempre.

En un primer momento, vemos como los discípulos se dirigen a Galilea, según el mandato dado por Jesús Resucitado a las mujeres (Mt 28,10). El encuentro de Jesús con el nuevo Pueblo nacido de la Pascua, con la Iglesia, no es en Jerusalén, la ciudad santa, sino la Galilea de los gentiles (Mt 4,15), tierra de paganos. La Iglesia ya no puede circunscribirse únicamente a una nación; la Iglesia ha de ser universal, católica, ha de abrirse a todos los pueblos.

Al verlo lo adoran, pero algunos de ellos dudan, es difícil para la mente humana aceptar la Resurrección. Lo cual implica aceptar la realidad de una vida nueva, una vida que les puede llevar a que sus propios hermanos de raza, los judíos, les rechacen; una nueva realidad en la que tienen que abrirse a la universalidad a todos los pueblos. A partir de este momento su misión no queda encerrada únicamente en el anuncio al Pueblo de Israel, su misión es llevar la Buena Noticia todos los pueblos de la tierra.

Jesús ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18). Un poder que viene caracterizado, no por el mesianismo político, poderoso, opresor y glorioso, sino por el servicio, la donación gratuita de su amor y la cercanía a todos los seres humanos. La Resurrección ha estrechado estos vínculos de unión con la humanidad y Jesús estará presente para siempre.

Él les confía el anuncio de la Buena Noticia, el anuncio de la Salvación plena para todos los pueblos, dándoles el poder de enseñar lo que él mismo ha enseñado en su paso por la tierra. Pero además, les manda bautizar a todos con la fórmula trinitaria: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nos encontramos aquí, como desde los primeros tiempos de la Iglesia ya existía esta aceptación y esta fe en la Santísima Trinidad. La conversión y la adhesión a Jesucristo, el pórtico de entrada en la Iglesia como nueva criatura, es sellada con el bautismo.

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Para cumplir esta misión es imprescindible conocer la enseñanza de Jesús y además ponerla por obra. Ese será el signo distintivo de los discípulos, no sólo enseñan una doctrina, sino que viven las mismas actitudes vitales que su Maestro, dentro de una comunidad abierta a todos los pueblos y encarnada en la realidad social de su entorno.

Ahora bien, la misión no sólo debe limitarse a enseñar y a vivir las enseñanzas del Maestro; la misión tiene un objetivo claro: haced discípulos míos a todos los pueblos (Mt 28,19). Los discípulos han de conquistar a otras personas y esto únicamente es posible con el testimonio de vida. Y aquellos que acojan ese testimonio no deben limitarse únicamente a escuchar la Buena Noticia y seguir ha Jesús; han de implicarse con el modo de vida de Jesús, pobre, obediente, abierto siempre a los demás y dispuesto a llevar a cabo la voluntad del Padre; han de implicarse en su obra y misión, en entrar en una relación estrecha con el Padre, el Hijo y el Espíritu; han de implicarse en la realización del Reino. Misión siempre nueva y actual que se extiende en el espacio y en el tiempo, hasta que el Reino de Dios sea una realidad presente en todo el mundo, con la confianza de que Jesús no nos abandona, sino que está con nosotros siempre y para siempre.

CAMINO – MEDITACIÓN

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• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Busco poder encontrarme con Jesús que sale a mi encuentro a cada instante? ¿Cuál es mi Galilea, mi lugar de encuentro con Jesús Resucitado? ¿Acudo con frecuencia a este lugar?

• ¿Estoy abierto/a a salir al encuentro de todas las personas, sin importarme su condición social, económica, raza, nacionalidad… para llevarle la Buena Noticia del Reino?

• ¿Acepto el poder de Jesucristo como servicio, donación de mi mismo/a y amor incondicional por toda la humanidad?

• ¿Cómo es mi relación con la Santísima Trinidad? Jesús no me pide entender este Misterio, sino acogerlo ¿qué significado tiene esto para mí?

• ¿Me preocupo por conocer a la persona de Jesús y poner en práctica sus enseñanzas y, sobre todo, su actitudes vitales, su modo de vida?

• ¿De qué manera llevo a cabo, en mi vida cotidiana, la misión que Jesús me ha encomendado de hacer discípulos suyos a todos los pueblos?

VIDA – ORACIÓN

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y un sólo Dios, os adoro en el Misterio de la Santísima Trinidad.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo os alabo por haberme revelado este Misterio incomprensible para mi entendimiento, pero vislumbrado por mi corazón.

• Padre gracias por el gran Amor que nos profesas a todos los hombre y mujeres sin distinción de razas, credo, nación o estamento social. Señor, Jesucristo, gracias, por tus enseñanzas y por tu modo de vivir que me abre a todos mis hermanos. Espíritu Santo, gracias por tus dones que me ayudan a ser testigo de la Trinidad y a sentir que estáis presentes en mi vida diaria.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, ayudadme a llevar a cabo la misión de hacer discípulos de Jesús a todos los pueblos.

LECTIO DIVINA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (CICLO B)

“Conviérte y sígueme”. Lectio Divina Domingo III del T.O. Ciclo B (Mc 1,14-20)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 1, 14-20)

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertios y creed en el Evangelio». Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Nos encontramos hoy, con el relato que nos narra el inicio de la misión de Jesús; ésta comienza a a desarrollarse en Galilea. La mayoría de los habitantes de esta región son paganos, de formación helenística, y una minoría campesina de origen judío que hablaba arameo. Desde el punto de vista temporal, nos situamos después del arresto de Juan, el Bautista. Es entonces, cuando Jesús comienza a predicar la Buena Nueva de la llegada del Reino.

Se ha cumplido el tiempo. El tiempo de la plenitud se ha hecho presente. ¿En quién? En Jesús. En él están integradas todas las promesas y las profecías, con él todas ellas se han cumplido. La historia ha llegado a su culmen. El momento de la salvación está ya presente. El Reino de Dios ya está aquí. ¿El Reino de Dios? Sí. Un Reino que no es de este mundo y que debemos acoger abriéndonos totalmente a Dios. Dios ya está presente en este mundo y podemos vivirlo en la medida en que nos vayamos dejando hacer por el Espíritu para conformarnos a Jesús. Es decir, para que tengamos los mismos pensamientos de Jesús, actuemos como actúo Jesús y amemos como amaba Jesús. Allí donde se encuentren personas dispuestas a dejarse transformar por la acción del Espíritu en otros cristos, allí está presente el Reino de los Cielos, que comenzó con la predicación de Jesús en Galilea.

1102003033_univ_sqr_xlAhora bien, para que podamos acoger y vivir el Reino de Dios, y para podernos dejar configurar con Cristo, es necesario que nos convirtamos, es necesario que cambiemos nuestro punto de vista, nuestra mentalidad, nuestro modo de ver y de vivir. Es necesario que nos preguntemos, ¿qué debo cambiar en mi vida para poder acoger y vivir el Reino de Dios? Hemos de volvernos hacia Dios con todo nuestro ser, con toda nuestra existencia, a partir de ahora él debe ser quien oriente nuestra vida. “¿Qué haría Jesús si estuviese en mi lugar?” (El Papa Francisco a los jóvenes en el Santuario de Maipú – Chile, parafraseando a san Alberto Hurtado).

Pero además, hemos de creer en el Evangelio. El evangelio, que es el mismo Jesús, que es Dios mismo; que es revelación del Padre, el cual nos ama incondicionalmente y sin esperar nada a cambio; Jesús es quien nos conduce hacia el Padre.

Todo esto, en el relato que nos ocupa, se hace más explícito en la llamada a los primeros discípulos. Dicha llamada, tiene lugar en el mar de Galilea. Allí se encuentra con dos pescadores que están lanzando las redes al mar. Se dirige a ellos y les ordena: «¡Venid conmigo!». La iniciativa parte de Jesús, al contrario de lo que ocurre con el resto de los maestros, que son elegidos por sus discípulos. A partir de ese momento los discípulos comenzarán a ir detrás del maestro y comenzarán a aprender de Jesús sobre todo con su forma de vivir, no solo con su enseñanza. El Maestro será quien marque el itinerario a seguir, el ritmo, la meta.

El objetivo que Jesús tiene con sus discípulos es hacerlos pescadores de hombres. Continuarán con su profesión, con lo que saben hacer; sin embargo, los destinatarios de su pesca serán otro tipo de peces, serán otros seres humanos. Le llama a ser salvadores, por medio de Él, de todas aquellas personas que escuchen y acojan el mensaje del evangelio.

Aquellos primeros discípulos aceptan de inmediato. Al instante abandonan su vida anterior y se disponen a seguir al Maestro. La ruptura con su pasado es radical, no se llevan nada, van con lo puesto, ni siquiera se paran a despedirse de su familia. Desde este momento, ya no se separarán de Jesús, estarán siempre con él.

Comienza el camino de seguimiento y aprendizaje de los discípulos. Comienzan a vivir una nueva vida y un nuevo estilo de vivir, cuyo mandamiento principal es el amor.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• El Reino de Dios continúa estando presente en nuestro mundo y en nuestras vida, ¿estas dispuesto/a a acogerlo?¿De qué manera lo acoges?

• ¿Qué significa para ti convertirte?¿Qué debes cambiar en tu vida para conseguirlo?

• Hoy, Jesús sigue llamando. ¿Estás atento/a a su llamada?¿Estás dispuesto/a a aceptarla?

• Jesús llama a sus discípulos en Galilea. ¿Dónde has recibido tú la llamada?¿Dónde la sigues recibiendo cada día?

• Ellos, inmediatamente, lo dejaron todo y le siguieron. ¿Qué debes dejar tú para seguirle por el camino?¿Cómo puedes contribuir a tu configuración diaria con Cristo?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por el don de la Encarnación de Jesús.

• Da gracias a Jesús por haberte llamado a su seguimiento y a hacerte pescador de hombres.

• Ofrécele tu vida para que el Espíritu Santo pueda transformarla y configurarla con la de Cristo.

• Pídele fuerzas para seguir a Jesús, cada día, por el camino del discipulado y convertirte en pescador de hombres.

“Amarás a tu prójimo…” Lectio divina del Domingo XXX del Tiempo Ordinario (Mt 22,34-40)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo cuando los fariseos oyeron que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron, y uno de ellos, doctor en la ley, le preguntó para tentarlo: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el principal y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se resume toda la ley y los profetas».

 

Volvemos a encontrarnos con un nuevo debate entre Jesús y los fariseos. Después de la polémica tenida con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos. Los fariseos, de nuevo, se reúnen para deliberar y deciden ponerle una trampa a Jesús. En esta ocasión, por medio de uno de ellos, experto en la Ley, el cual le interpela acerca de cuál es el primer mandamiento de la Ley; un tema frecuentemente discutido entre los entendido en ella, los cuales intentaban averiguar si existía algún mandamiento que englobase a los demás, es decir, que observándolo se observara toda la Ley. Respuesta harto complicada, si tenemos en cuenta que, los escribas habían contabilizado 613 normas que debían cumplirse para ser un buen judío: 248 normas positivas, es decir, qué cosas se debían hacer, y 365 negativas, cosas que no se podían hacer. Ante tanta regla, era comprensible que se preocuparán por determinar cuáles tenían más importancia y cuáles menos.

Jesús ante dicha pregunta responde claramente con una cita totalmente conocida por cualquier judío piadoso, se trata del Shemá, que se recitaba por la mañana y por la tarde: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Dt 6,5).

Pero, ¿qué significa amar a Dios? No es un simple sentimiento, no es una simple emoción, no es un simple quedar extasiado o embobado con Dios. Es un acto, es acción, es movimiento… Las tres facultades del hombre, «corazón, alma y mente», es decir su capacidad afectiva, su capacidad de relación con Dios y su capacidad intelectual deben ponerse en juego. En otras palabras, la persona entera es la que debe amar a Dios. Amar a Dios, significa dedicar toda nuestra vida a Él. Toda la Ley puede resumirse en este mandamiento.

Ahora bien, aunque no ha sido preguntado, Jesús da un paso más y les dice: «Y el jesus-1429689_640segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo». También aquí encontramos una cita de la Ley, concretamente Lev 19,18. Cita contenida dentro de una serie de preceptos que regula la relación con los demás. Pero, ¿quién es, en realidad, mi prójimo? Para los judíos, mi prójimo es únicamente el israelita. Aunque en otros ambientes, como el del judaísmo de origen griego, se da a este término un sentido más universal, será Jesús de Nazaret quien verdaderamente defenderá y fundamentará el ser cristiano en esto; ama a tu prójimo como te amas a ti mismo. Primero has de amarte a ti, y después derramar ese amor hacia tu prójimo. Hemos de lograr compaginar armoniosamente nuestros propios derechos con los derechos de los demás, aunque ese otro no nos caiga bien, o nos esté fastidiando. Esto sería yendo a la letra del mandamiento, si vamos al espíritu nos damos cuenta que amar al prójimo para el discípulo de Jesús significa incluso renunciar a mis derechos en favor del otro, aunque este sea mi «enemigo»; aunque el cristiano debería desechar esta palabra de su vocabularios, pues para nosotros todos los hombres son nuestros hermanos, también el que me hostiga, me mira mal o incluso me hace daño.

Nadie ha dicho que ser cristiano fuera fácil, lo más fácil es cumplir una serie de normas que regulen nuestra convivencia en la que se respeten los derechos de unos y de otros. Pero ser cristiano es algo más, es llegar a renunciar a la propia vida, incluso a favor de quien me incomoda o me hace daño. Eso solo sabe hacerlo, plenamente, un discípulo de Jesús de Nazaret. Aunque en este punto, la mayoría de las veces, también nosotros fallemos.

La combinación de estos dos mandamientos no se encuentra en ninguna otra fuente de la antigüedad que no sea el Nuevo Testamento, por eso podemos concluir que esta enseñanza propia de Jesús de Nazaret, de Jesucristo, de la segunda Persona de la Santísima Trinidad, por tanto de Dios, que nos ha dejado a los cristianos como legado, para que lo acojamos, lo realicemos y mostremos con ella en qué consiste el Reino de Dios.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Respondo sinceramente, y sabiendo que estoy en la presencia de Dios, ¿cuál es para mí el mandamiento principal de la Ley? ¿Es verdaderamente el amor de Dios y a los hermanos?
  • ¿A quién o quienes, de verdad, considero mi prójimo?
  • ¿Cómo acojo en mi vida el mandamiento del amor? ¿Amo sinceramente a quien incluso me fastidia, me molesta, me hace daño?

 

VIDA – ORACIÓN

Señor, hazme un reflejo de tu bondad. Que en cada prójimo vea a un hermano.

Que su dolor sea el mío. Dame el don para suavizar sus penas y compartir su espíritu.

Que yo pueda infundirle valor y esperanza, llevándole un mensaje de amor y confianza en Ti.

Haz que todas mis tareas las emprenda con decisión, abnegación y perseverancia.

Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

 

“Dar a Dios lo que es de Dios” Lectio Divina del domingo XXIX del Tiempo Ordinario (Mt 22,15-22)

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VERDAD – LECTURA

15Los fariseos se fueron a estudiar la manera de acusar a Jesús por algo que dijera. 16Así que le enviaron algunos de sus propios seguidores, junto con otros que pertenecían al partido de Herodes para que le dijeran: «Maestro, sabemos que eres sincero, que enseñas de verdad el camino de Dios y que no te importa nada el qué dirán, porque no tienes respetos humanos. 17Dinos tu parecer: «¿Es lícito pagar el impuesto al césar o no?». 18Jesús, conociendo su malicia, dijo: 19«Enseñadme la moneda del tributo». Ellos le presentaron un denario. 20Jesús les dijo: «¿De quién es la efigie y esta inscripción?». 21Respondieron: «Del césar». Él les dijo: «Pues dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios». 22Al oírlo se asombraron, lo dejaron y se fueron.

 

Han sido reiterados los enfrentamientos, que Jesús ha tenido con los fariseos en el transcurso del evangelio. A pesar de ello, cada vez tiene más seguidores, que van creyendo en su palabra y, que al menos, le consideran un profeta. Por supuesto, los fariseos y maestros de la ley no creen esto; es más, para ellos resulta ser una persona molesta, pues pone en evidencia la hipocresía con la que actúan muchos de los integrantes de estos grupos. Es necesario deshacerse de él. ¿Pero cómo? ¿De qué acusarlo? Para que sea juzgado y encontrado culpable es necesario tener algún motivo, pillarlo en un delito flagrante. Por eso, deben estudiar bien su plan de acción. Es necesario quitarlo de en medio. En esta ocasión, ponen toda la carne en el asador, se alían incluso con los herodianos, que nos es que fueran, por así decir, «santos de su devoción», ya que estos son los partidarios de Herodes Antipas, el cual era un verdadero colaboracionista con el poder romano.

Los fariseos no van ellos mismos a enfrentarse con Jesús; envían a sus discípulos (¿tanto miedo le tenían a Jesús?). Se acercan al Maestro, así lo reconocen ellos mismos, pero no con buenas intenciones. Su intención es hacerle caer en una trampa mediante una pregunta, no buscan dialogar, sino encontrar un motivo para acusarlo: «¿Es lícito pagar el impuesto al césar o no?»

La pregunta tiene su miga, pues todas las provincias del Imperio están obligadas a pagar el impuesto al emperador. Ahora bien, aceptar esto era reconocer la soberanía extranjera sobre la nación judía. Además incitar a no pagar el impuesto puede acarrearle a Jesús muchos problemas, pues le pueden acusar de sedicioso. Recordemos que, desde la revuelta de Judás el Galileo en el año 6 d.C., negarse a pagar el tributo o inducir a ello es un delito considerado grave. Por tanto, Jesús está entre la espada y la pared.denario__tiberio1

Sin embargo, Jesús no se arredra. Les devuelve la pelota. La respuesta la tienen ellos. Les dice: «Enseñadme la moneda del tributo». Dicha moneda era un denario romano. El hecho de que ellos tuvieran esa moneda en su poder es signo inequívoco de que pagan dicho tributo. ¿A qué viene, entonces, la pregunta si ellos tienen clara la respuesta? Pero, Jesús da un paso más, porque la cuestión no está en pagar o no el tributo. Jesús, jamás se opondrá a que cumplamos con nuestros deberes sociales, aunque a veces tengamos que hacer frente a leyes injustas, pero ese es otro capítulo, que aquí no nos ocupa. Hemos de ir más allá, del simple pagar el tributo o no. Jesús, les pregunta acerca de la esfinge y la leyenda de la moneda. El denario de Tiberio en aquella época, en la parte de la cara tenía representada la imagen del emperador y en el reverso podía leerse la inscripción: Tiberio César Augusto Hijo del Divino Augusto. La respuesta es clara: del césar. Pues si esa moneda lleva la esfinge del césar, lleva su nombre, está acuñada por él… devolvédsela al césar. Además si ya pagan el impuesto correspondiente, ¿a qué viene preguntarle a Jesús?

Lo verdaderamente importante del pasaje viene a continuación: «Dad a Dios lo que es de Dios». Dad a Dios lo que le pertenece. Pero… ¡si nadie ha preguntado a este respecto! Nadie, pero esto es lo verdaderamente importante. Dad a Dios lo que es suyo. Y a Dios pertenece todo el orbe y sus habitantes (Sal 24). La obediencia a Dios está por encima de cualquier otra ley. Hemos de ser fieles a la Alianza, hemos de hacer su voluntad, hemos de amarle con todo nuestro ser y hemos de acoger a su enviado Jesucristo.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Los mismos fariseos y herodianos reconocen a Jesús como maestro, ¿Y yo le considero como el único Maestro de mi vida?
  • ¿Qué significa para mí hacer la voluntad de Dios? ¿Qué «deberes» conlleva? ¿Amo a Dios con todo mi ser y acojo a Jesús en mi persona y en mi vida?

 

VIDA – ORACIÓN

Oramos con el Beato Santiago Alberione:

Te amo, Jesús, mi vida,

mi alegría y fuente de todo bien.

Quiero amarte cada día más,

a ti y a los hombres redimidos con tu sangre.

 

Tú eres la vid y yo el sarmiento:

quiero estar siempre unido a ti

para dar fruto abundante.

 

Tú eres la fuente:

dame gracia cada vez más abundante

para mi santificación.

 

Tú eres la cabeza; yo uno de tus miembros:

comunícame tu Espíritu Santo

con todos sus dones.

 

Venga a nosotros tu reino por María.

Conforta y salva a mis hermanos los hombres.

Acoge en tu reino a los difuntos.

Multiplica y santifica

a los que has llamado a difundir la Buena Noticia.