“Tú eres una de las ovejas de Jesús” Lectio Divina Domingo IV del Tiempo de Pascua (Jn 10,27-30)

VERDAD – LECTURA

         En aquel tiempo, dijo Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen; yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; no me las arrebatará nadie de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es más que todos; y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. Yo y el Padre somos uno”.

         La liturgia de este IV domingo de Pascua, nos ofrece una parte del discurso de Jesús, durante la fiesta de la dedicación del Templo de Jerusalén. En esta fiesta, se conmemoraba la consagración del Templo, por parte de Judas el Macabeo, después de la profanación realizada por los sirios, en el año 164 a.c.

         Nos muestra la estrecha relación existente entre Jesús, el Pastor, y sus discípulos, las ovejas.

         Si vamos un poco hacia atrás, en este mismo capítulo 10 (Jn 10,22-26), para situar el texto que nos ocupa, nos encontramos con que los judíos, le han pedido a Jesús que les diga claramente si él es el Mesías o no. La respuesta de Jesús es clara: él ya lo ha dicho, pero ellos no le han creído, ni siquiera por las obras que ha realizado y que claramente lo demuestran. Por eso, ellos no pueden mantener una relación con Jesús, como la que mantiene el pastor con sus ovejas. El cual, las cuida, las acompaña, las defiende, le suministra alimento… El pastor conoce a todas y cada una de sus ovejas, las llama por su nombre, sabe de sus habilidades, su carácter, su esencia, sus problemas, dificultades y defectos. Y las ovejas oyen la voz del pastor y le siguen. Lo mismo hace Jesús con su Iglesia y ella sigue la voz de Jesús. Existe un estrecho vínculo entre el pastor y sus ovejas, entre Jesús y su Iglesia, entre Jesús y cada uno de los cristianos. Vinculo que nadie puede romper.

         Las ovejas de Jesús escuchan atentamente su voz, es decir, escuchan su Palabra, pero no sólo eso; sino que, además, la ponen en práctica, puesto que le siguen.

         Las ovejas son de Jesús, le conocen. Conocer en el lenguaje bíblico significa experimentar vitalmente. Por eso, las ovejas de Jesús comparten con él la vida, tienen con él una relación personal y entrañable, entran en comunión con él. Y ya, aquí y ahora, disfrutan de la vida eterna, aunque esa vida en plenitud llegará en el último día.

         Las ovejas han de estar muy atentas a la voz de Jesús, el Pastor, para no desviarse del camino. Para seguir la senda correcta que conduce a la vida eterna.

         Jesús defiende a sus ovejas, las protege, las cuida. Las ovejas de Jesús no perecerán jamás y nadie puede arrebatárselas, pues es el Padre quien se las ha dado. Sus ovejas pueden sufrir ataques, pueden ser perseguidas, pueden andar entre peligros; pero, nadie podrá arrebatarlas de las manos de Jesús que las defiende. Estando con Jesús las ovejas no deben tener ningún temor. El Pastor es capaz de dar, incluso, la vida por salvar a sus ovejas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Las ovejas de Jesús escuchan su voz, están atentas a lo que él les dice. No es un simple oír, es escuchar de manera activa. Implica acoger la palabra de Jesús, dejarse transformar por ella y ponerla en práctica. ¿Dedicas tiempo en tu vida diaria a escuchar la Palabra de Dios? ¿Te dejas transformar por ella? ¿Intentas ponerla en práctica?
  • ¿Procuras entrar en una relación íntima con Jesús cada día? ¿Te dejas guiar por la voz de Jesús?
  • ¿Intentas cada día seguir las huellas de Jesús o, por el contrario, encaminas tus pasos detrás de otras voces?
  • ¿Te abandonas en las manos de Jesús en los momentos de dificultad, con la seguridad de que Él nunca te deja solo?
  • ¿Cómo experimentas la presencia de Jesús en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

Siente como Jesús te acoge junto a sí en este momento de oración. Está aquí y ahora contigo: te cuida, te protege, te habla… Escúchalo y responde a su Palabra y a su amor con este salmo.

Salmo 23

El Señor es mi pastor; nada me falta.

En verdes praderas me hace reposar,
me conduce hacia las aguas del remanso

y conforta mi alma;
me guiá por los senderos de justicia, por amor a su nombre;

aunque vaya por un valle tenebroso,

no tengo miedo a nada, porque tú estás conmigo,

tu voz y tu cayado me sostienen.

Me preparas una mesa ante mis enemigos,

perfumas con un ungüento mi cabeza

y me llenas la copa a rebosar.


Lealtad y dicha me acompañan

todos los días de mi vida; habitaré en la casa del Señor por siempre jamás.

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¡TODO ESTÁ POR COMENZAR! LECTIO DIVINA DE LA SOLEMNIDAD DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO C

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 3,15-16.21-22)

En aquel tiempo, la gente estaba expectante, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego». En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».

 

– ¿Ya se acabó todo?

– ¿A qué viene esta pregunta?

– Pues en relación a haber comenzado un año civil nuevo, a haber terminado las fiestas navideñas, y a concluir con la solemnidad de hoy, el Bautismo del Señor, el tiempo litúrgico de Navidad.

– Pues no, no ha concluido nada; al contrario, todo está por comenzar. O al menos a eso nos invita la liturgia de hoy. Lo mismo que el pueblo, que la gente de la época de Jesús, también nosotros estamos o deberíamos estar expectante ante la novedad del evangelio.

– Pero, ¿qué significa eso de estar expectantes?

– Estar expectante es mantener la esperanza, es desear, anhelar, aguardar, esperar con intensidad y con una actitud activa.

– Y, ¿qué tenemos que esperar?

– Encbautismo iconoontrarnos con Jesús cada día. Los contemporáneos de Jesús lo deseaban con tanta intensidad que en lo más profundo de su ser se preguntaban, si aquel extraño personaje que había aparecido en el Jordán predicando un cambio de vida, no sería el Mesías esperado, el Salvador del mundo.

Y, es el mismo Juan quien tiene que aclararlo: No, yo no soy el Mesías. Yo estoy preparando su venida. Yo os invito a la conversión, a cambiar vuestro modo de vivir y vuestro modo de ver la vida. Pero, el Mesías es otro.

– Entonces, para esperar a Jesús, hay que convertirse ¿no?

– Pues, no vale únicamente con eso; además, hemos de acoger al Mesías en nuestra vida, al igual que hizo el Bautista y tantas otras personas a lo largo de la historia. Aunque es necesario acogerlo con la misma actitud que Juan: desde la pequeñez, con humildad, con corazón agradecido por el regalo que Dios nos hace.

El Mesías que viene ya no trae un bautismo de conversión, su bautismo es un bautismo de Espíritu Santo y fuego. El bautismo de Jesús símbolo de una vida nueva, nos transformará porque nos dará la fuerza del Espíritu de Dios, sobre nosotros reposará su propia vida. Un bautismo de fuego, del fuego de Dios, que purifica, calienta, nos impulsa, nos anima, nos desarrolla y potencia.

Al ser bautizado Jesús en el Jordán y al descender sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma, aquel es consagrado para llevar a cabo la misión encomendada por el Padre: manifestar a la humanidad y mostrarle la misericordia y el amor de Dios: “Tú eres mi hijo amado, mi predilecto”.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • El pueblo estaba expectante, y tú ¿estás, también deseoso, a la espera, aguardando impaciente la llegada de Jesús a tu vida? ¿Quieres descubrirlo presente en la misma?
  • ¿Cómo te dispones para acoger a Jesús? ¿para descubrir su presencia en los acontecimientos cotidianos? ¿Estás dispuesto a cambiar de vida?
  • Al igual que Juan el Bautista, tú eres enviado por Dios para anunciar su presencia entre los demás, eres enviado para anunciar que Jesús vive entre nosotros. Juan es capaz de dar el primer puesto a Jesús y, con humildad, pasar a un segundo plano. Y tú, ¿estás dispuesto a ello?
  • ¿Quieres acoger el bautismo que Jesús nos trae, un bautismo que va más allá de un simple cambio de actuar, un bautismo que te transforma y te cambia totalmente, un bautismo que te da, además, la fuerza para ser testigo de la salvación de Dios?

 

VIDA – ORACIÓN

Él es Siervo de Dios, el Hijo amado,

Ungido del Espíritu, Mesías;

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ya sepulta en el agua los pecados.

Pero sale del agua transformado,

arco iris de paz y de alegría,

verdor de primavera, teofanía,

y un gran himno pascual recién cantado.

Ruiseñor que armoniza la victoria,

los campos, amapola y azucena,

y el árbol con los frutos de la gloria;

el Viento vivifica y oxigena,

el ungido es el centro de la historia,

y la muerte vencida con su pena.

(R. Priero Ramiro, en Jubileo en la tierra, júbilo en el cielo. Adviento y Navidad 1999, Caritas Española, Madrid 1999, pág. 202).

“No se puede amar a Dios sin amar al prójimo” Lectio divina del domingo XXXI del T.O. – Ciclo B (Mc 12, 28-44)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio Mc 12,28-44

 En aquel tiempo, uno de los escribas, que le había oído y viendo que había respondido muy bien, se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el mandamiento más importante de todos?” Respondió Jesús: “El más importante es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas. El segundo es: Amaras a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos”. El escriba replicó: “Muy bien, Maestro; sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él. Y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

Jesús se encuentra ya en Jerusalén. En los primeros días de su estancia ya ha tenido alguna que otra controversia con los dirigentes judíos: primero expulsando a los comerciantes y vendedores del Templo; luego, con los fariseos respecto a si es lícito o no pagar impuestos; a continuación, con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos.

En el pasaje con el que hoy oramos, nos encontramos con un escriba, es decir un especialista en la interpretación de la Escritura, alguien que se dedicaba precisamente a enseñar la Ley e interpretar la manera en que ésta debía aplicarse en situaciones concretas. Dicho escriba, después de ver cómo había Jesús respondido a unos y a otros, le pregunta acerca del mandamiento más importante de la Ley.

A nosotros puede parecernos una pregunta sin importancia. Sin embargo, en la época de Jesús no lo es tanto. Los judíos debían cumplir con 613 mandamientos: 365 prohibiciones (una por cada día del año) y 248 normas; es verdad que los rabinos distinguían entre graves y leves, pero exigían el cumplimiento de todos y cada uno de ellos.

cross-3254876_640Jesús responde con la Ley misma. Primero citando Dt 6,4, el shema, un versículo que los judíos recitaban a diario tres veces al día, por la mañana, a mediodía y por la tarde. Actualmente, todavía se lleva ese texto, junto al de Ex 13,1-10 y Dt 11,13-21, en un estuve atado con cintas de cuero alrededor del brazo izquierdo (el más cercano al corazón) y de la cabeza, es el tefilín, lo que nosotros conocemos como filacteria: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas.” Después cita Lev 19,18: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo.”

Para un cristiano ambos mandamientos van de la mano. Pero unir estos dos mandamientos no se lo ha sacado Jesús de la manga; los profetas ya se lo habían recordado al Pueblo de Israel en más de una ocasión, de nada sirven los sacrificios y holocaustos, si uno se olvida del prójimo.

Pero, ¿quién es mi prójimo? ¿mi pariente, mi vecino, otro cristiano…? Para Jesús el prójimo es cualquier ser humano, sea de la raza que sea, profese la religión que profese, provenga de donde provenga, todo ser humano es prójimo del seguidor de Jesús, especialmente el más necesitado, el más débil, el más abatido, el más descorazonado, el más desanimado… Y, además, amarlo como a uno mismo. De esta homeless-844213_640manera no estaremos lejos del reino de Dios como aquel escriba. Pero, amando así ¿soy verdadero discípulo de Jesús? Pues, yo creo que el seguidor de Jesús debe amar al prójimo no sólo como a sí mismo, sino a la manera de Jesús: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado. No hay amor más grande que el de aquel que es capaz de dar la vida por sus amigos” (Jn 15,12s). Y los amigos de Jesús son toda la humanidad, por toda ella dio la vida y a toda ella vino a traer la salvación.

Yo concluiría con las palabras que Jesús pronunció después de la parábola del buen samaritano: “Anda, ve, pues, y haz tu lo mismo” (Lc 10,37b).

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • La cita de Dt 6,4 con la que Jesús responde al escriba comienza: Escucha, Israel. ¿Están tus oídos atentos a la voz de Dios? ¿Escuchas atentamente su palabra? ¿Estás con tu corazón, tu mente, tu alma, tus fuerzas físicas preparado para escuchar la Palabra?
  • ¿Verdaderamente amas a Dios por encima de cualquier otra cosa? ¿Lo amas con todas las consecuencias?
  • ¿Cómo es tu amor hacia el prójimo? ¿Amas a todos tus hermanos sin distinción, especialmente a los más débiles y necesitados? ¿Los amas al estilo de Jesús? ¿Sin esperar nada a cambio y entregándote totalmente a ellos?
  • ¿Existe algo en tu vida que te impide amar a Dios con todo tu ser y al prójimo al estilo de Jesús? ¿Alguna actitud, alguna conducta, alguna postura que debes desterrar de tu vida?

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VIDA – ORACIÓN

  • Alaba a Dios por ser Él quien te amó primero.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte como tienes que amar a los demás.
  • Pide perdón por las veces que no has amado a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas… y al prójimo al estilo de Jesús.
  • Abandónate totalmente en el Espíritu Santo para que Él inspire tus actos de amor.

Bartimeo dispuesto a salir de su “zona de comodidad”. Lectio Divina del domingo XXX del T.O. (Mc 10,46-52)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO

Después de esto, llegaron a Jericó. Y cuando Jesús salía de la ciudad seguido de sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego llamado Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino. Al oír que pasaba Jesús, el Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Muchos le reprendían para que se callase, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” Jesús se detuvo y dijo: “Llamadlo”. Llamaron al ciego y le dijeron: “Ánimo, levántate, que te llama”. Él arrojando su manto, dando un salto se acercó a Jesús. Éste le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego contesto: “Rabbuní [Maestro], que vuelva a ver.” Jesús, entonces, le dijo: “Vete, tu fe te ha curado”. Al instante recobró la vista y siguió a Jesús por el camino.

 

En los domingos precedentes, la liturgia nos ha ido presentando, cómo Jesús instruía a sus discípulos acerca de lo que verdaderamente significa seguir al Mesías. Los apóstoles están algo desconcertados, pues continúan aferrados al poder, los privilegios, los primeros puestos, etc. (Cf. Mc 10,35ss) No comprenden la novedad del estilo mesiánico de Jesús: pequeñez, humildad, servicio, entrega, amor incondicional… Teniendo en cuenta esto, y como colofón del capítulo 10, podemos ver este pasaje como una llamada para dar el primer paso en el seguimiento de Jesús. Bartimeo, el ciego, el mendigo, el apartado del camino… se convierte en modelo de seguimiento y discipulado para todos aquellos que quieran seguir al Maestro por el camino.

dolomites-2630274_640Pero analicemos un poco a este personaje. ¿Cuál es el primer paso que tenemos que dar en el seguimiento del Maestro? Bartimeo se encuentra al borde del camino, es decir, junto a él, fuera del mismo. Pero, es más, se encuentra quieto, inmóvil, estático… No es que esté caminando, aunque sea fuera del camino. Está sentado, lo cual acentúa más su inmovilidad. Se encuentra, en lo que hoy llamaríamos su “zona de comodidad”. Esa zona en la que uno se encuentra más o menos cómodo, más o menos seguro, dónde va viendo pasar la vida sin pena ni gloria, donde no se arriesga, donde permanece pasivo ante los diversos acontecimientos… Una zona en la que uno no es que sea feliz; pero de la que cuesta salir, porque requiere esfuerzo, compromiso, responsabilidad. Y muchas veces, preferimos quedarnos como estamos, para evitar “problemas”.

Sin embargo, Bartimeo no estaba dispuesto a permanecer en esa situación. A pesar de todas las dificultades, de la marginación que sufre, de la exclusión que padece, no quiere permanecer allí. Quiere ponerse en marcha, quiere crecer, quiere desarrollarse. Aunque la sociedad quiera obligarle a permanecer allí: ¡Cállate!

Nadie había reparado en él hasta que se pone a gritar. Nadie se había percatado de su presencia hasta entonces; hasta que da el primer paso para salir de su “zona de comodidad”. A la gente, a los mismos discípulos probablemente, les molesta esto: ellos, a su manera y con sus circunstancias particulares, también se encuentran en esta zona. Para la gente y para los discípulos era más fácil seguir creyendo en un mesianismo de poder, de privilegios, de autoridad… Es más fácil que alguien venga a solucionar nuestros problemas: el Mesías. A pesar de que Jesús, continuamente, les está diciendo que aquel que quiera seguirle debe implicarse en la construcción del Reino.zona-de-confort-pez

Bartimeo no está dispuesto a rendirse. Todos quieren hacerlo callar. Él, sin embargo, no se da por vencido y grita aún más fuerte: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Trayéndolo a nuestros días podríamos traducirlo por ¡Jesús, ayúdame! ¡Jesús, quiero salir de esta situación! ¡Jesús, no estoy contento con mi vida! ¡Jesús quiero salir de este atasco en el que me encuentro! Quiero desarrollarme humanamente, espiritualmente, cristianamente… Quiero poder seguirte por el camino. Pero solo no puedo salir de esta situación en la que me encuentro. Necesito ayuda. El ciego del camino ha dado el primer paso: Grita. Busca una posibilidad. A base de gritar, obliga a Jesús a detenerse y a llamarlo; obliga a Jesús a prestarle atención: ¿Qué quieres que haga por ti? Ahora bien, antes ha dado un salto, ha arrojado su manto, símbolo de su seguridad, de sus certezas, de sus convicciones… Ha decidido cambiar de vida.

El diálogo entre ambos es brevísimo: «¿Qué quieres que haga por ti?», «Maestro, que vuelva a ver». «Anda, tu fe te ha curado». Bartimeo depositó toda su confianza en Jesús, se abandonó totalmente a él. E, inmediatamente, recobró la vista. Inmediatamente cambio su perspectiva, inmediatamente cambio su modo de mirar, inmediatamente cambio su modo de ver la vida. A partir de ahora ve los acontecimientos, las situaciones, las circunstancia, la vida… con la mirada de Jesús. Cuando demos el primer paso y comencemos a ver con los ojos de Jesús, a sentir de la manera como sentiría Jesús, a pensar como pesaría Jesús, a amar al modo de Jesús… entonces podemos emprender el camino de seguimiento del Maestro.

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CAMINO – MEDITACIÓN 

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Es muy probable, que no te falte el sentido de la vista, pero ¿eres capaz de descubrir el paso de Dios en tu vida? ¿Eres capaz de reconocer la mano de Dios en los acontecimientos diarios? ¿Te fías incondicionalmente de Dios y te abandonas a su amor y misericordia?
  • ¿Te encuentras al borde del camino o en el sendero del seguimiento de Jesús?
  • ¿Sigues posicionado en tu “zona de comodidad”? ¿Sigues aferrado, como los discípulos, a tus seguridades, a tus certezas, a tus convicciones? ¿Qué te impide dejar a un lado tu manto?
  • ¿Eres capaz de gritar desgarradamente, de alzar tu voz por encima de las demás, de hacerte oír, aunque existan circunstancias que te lo quieran impedir? ¿Eres capaz de dar el primer paso para salir de esa “zona de comodidad” y seguir a Jesús por el camino? ¿Cuál tendría que ser este primer paso?
  • ¿Qué necesitarías cambiar en tu vida para emprender verdaderamente el camino del seguimiento de Jesús?

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VIDA – ORACIÓN

La oración del ciego Bartimeo, algo desconocida para nuestro contexto cristiano occidental, es sin embargo muy conocida y apreciada por nuestros hermanos de rito oriental (católicos y ortodoxos): la oración de Jesús u oración del corazón. En la obra El Peregrino ruso podemos descubrir la dulzura, importancia y dimensión de esta oración, con la que muchos de esto hermanos nuestros oran a modo de jaculatoria: «¡Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!». Mi invitación es que profundices en esta oración y en su práctica. Y repitas despacio esta invocación en distintos momentos del día y luego continúes practicándola.

Pero esa oración, en realidad debe ser un estímulo, una motivación, un incentivo para comenzar a salir de tu “zona de comodidad”, con la ayuda de Jesús, de la misma manera que hizo el ciego Bartimeo.

 

Lectio Divina de la Solemnidad de la Ascensión del Señor – Ciclo B (Mc 16,15-20)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 16, 15-20)

En aquel tiempo se apareció Jesús a los doce y les dijo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios; hablarán lenguas nuevas; agarrarán las serpientes y, aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán».Jesús, el Señor, después de haber hablado con ellos, subió al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban.

En la celebración de la solemnidad de la Ascensión del Señor, la liturgia nos ofrece la narración de este acontecimiento, según la versión recogida en el evangelio de Marcos. En este pasaje evangélico Jesús, no sólo asciende a los cielos, sino que además envía a los once a la misión. Una misión que consiste en dar a conocer la Buena Nueva a toda la creación. Hemos de notar la universalidad de este hecho, expresada en dicho envío: Id al mundo entero y proclamad la Buena Nueva a toda la creación (16,15). La reacción de los destinatarios de esta misión puede ser de acogida o de rechazo. Acoger el evangelio conlleva el dejarse bautizar, conlleva convertirse en discípulo de Jesús y conlleva la salvación. Y a los que crean les acompañarán una serie de signos: a) expulsarán demonios; b) hablarán nuevas lenguas; c) agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará; d) impondrán las manos a los enfermos y sanarán. Veamos cada uno de estos signos.

a) Expulsarán demonios.

A quienes crean, Jesús les da el poder de combatir el mal. Les da poder para expulsar el mal de sus vidas y de las vida de los demás.

b) Hablarán nuevas lenguas.roma-la-ascensión-del-fresco-del-señor-en-anima-del-dell-de-santa-maria-de-la-iglesia-de-francesco-salviati-partir-del-centavo-53001549

Quienes acojan a Jesús, tendrán la capacidad de de comunicarse con los demás de una forma nueva y distinta. Esa nueva forma de comunicarse es el lenguaje del amor. Un lenguaje que todo el mundo es capaz de entender.

c) Agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará.

La serpiente si te pica, te inocua su veneno y puede conducir a la muerte; lo mismo que ocurre cuando alguien bebe un veneno. Y son muchas las actitudes, las actuaciones, los modos de envenenar las relaciones entre las personas, sobre todo cuando lo que no prima es el amor. Pero quien vive en la dinámica de Jesús, quien vive y hace suyo el mandamiento del amor es capaz de pasar por encima de estos venenos.

d) Impondrán las manos a los enfermos y sanarán.

En cualquier lugar en el que Dios está presente, la persona excluida de la sociedad, la persona desdichada, la persona en dificultades, los últimos de la sociedad son acogidos por la comunidad, son amados y son acompañados. Esta es la mejor manera de sanación.

Una vez, que Jesús envía a los suyos a la misión, una vez que nos envía a nosotros, sólo queda salir a predicar la Palabra, la cual será confirmada por los signos. A través de nosotros, Jesús continúa su misión. Nosotros somos sus pies, sus manos, sus ojos, su corazón. Y hemos de ir preferencialmente, no exclusivamente, a sus preferidos: los pobres.

A todas las criaturas, a todos los confines del mundo ha de llegar la alegría y la esperanza del evangelio.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el día de hoy, también te envía Jesús, ¿Cuál es tu repuesta?

• ¿Eres consciente de que si crees a Jesús y asumes su misión te acompañarán los signos descritos en el evangelio? ¿Se verifican de algún modo en tu vida?

• ¿Has asumido que eres los pies, las manos, la mente, el corazón de Jesús presente en el mundo de hoy? ¿Qué implicaciones tiene esto para ti?

• ¿Qué significado tiene para ti el amor preferencial, que no exclusivo, hacia los pobres?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por llamarme a la misión de de llevar el evangelio a todas las criaturas y a todos los confines de la tierra.

• Doy gracias a Jesús por los signos que me acompañan al  dar Jesús a los demás.

• Le ofrezco mi vida a Dios para entregarme a la difusión universal del evangelio, empezando por las personas que están más cercanas a mí.

• Pido a Dios Padre que me ayude a ver el rostro de Jesús en los excluidos de la sociedad.

• Id al mundo entero y proclamad la Buena Noticia a toda la creación.

“Buscando la felicidad” Lectio Divina del II Domingo del T. O. (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Jn 1, 35-42)

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, les dijo: «Este es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos que oyeron sus palabras siguieron a Jesús. Él se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:«¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús.

Después, encontró a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

En cualquier período de la historia, en ambientes diversos, en múltiples circunstancias, hombres y mujeres de cualquier raza, condición social o nacionalidad, han reflexionado acerca de sí mismos y se han preguntado: ¿Quién soy?¿De dónde vengo?¿A dónde voy? Estas son las preguntas, que de alguna manera, dan sentido a nuestra vida. La persona humana en el transcurso de su existencia se encuentra en una continua búsqueda. Pero, ¿qué busca el hombre? ¿que buscas amigo lector? ¿Para qué te levantas cada mañana? El ser humano no busca otra cosa mas que la felicidad.

Ahora bien, creo que es importante que, aunque sea de manera breve, aclaremos que significa felicidad. Porque… la felicidad no significa euforia, gritos, saltos, risas… Como bien dice, mi amigo el P. Rafael Navarrete, sj: “la felicidad no se puede definir. […] La felicidad es una experiencia de plenitud.” (El aprendizaje de la serenidad). Así es, la felicidad es un estado de plenitud, de armonía, de compromiso, de estar a gusto con uno mismo, con los demás, con nuestro entorno. Felicidad es haber encontrado sentido a lo que hago; es actuar coherentemente con lo que pienso y siento. El Creador, precisamente, nos creó para esto: para ser felices; y para encontrar la felicidad junto a Él. Por eso, el hombre está en continua búsqueda de la felicidad y de Dios. Ya lo decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti».JesusEnviaASusDiscipulos

En la época de Jesús, también había hombres y mujeres que buscaban la felicidad. Dos de estos buscadores eran aquellos discípulos de Juan que viven una experiencia de encuentro con la Felicidad (así con mayúsculas). Así es, un día cualquiera de la vida de aquellos primeros discípulos, al día siguiente, nos refiere el evangelista Juan. Ese día, alguien, Juan el Bautista, les indica dónde pueden saciar ese deseo de felicidad que toda persona humana lleva dentro. Jesús pasa junto a ellos, lo mismo que pasa junto a ti y junto a mí. Lo ven y Juan les dice: «Este es el Cordero de Dios». Ahí va quien puede colmaros de felicidad. Y aquellos discípulos le siguen. Ha sido el testimonio de Juan, el que ha impulsado a aquellos dos discípulos a seguir a aquel desconocido, que pasaba por allí.

Me parece interesante que nos detengamos, por un instante, en esta expresión: «le siguieron». Seguir a alguien, implica mucho más que, simplemente caminar a su lado o pasear. Seguir a alguien quiere decir, que uno se involucra con la persona a la que sigue; que, de alguna manera, comparte sus mismos sueños, objetivos, metas; cuando seguimos a alguien, en cierta medida, es el otro el que marca la dirección y el ritmo durante el camino; es abandonarse confiadamente en esa persona e ir tras ella. Así es, Juan y Andrés van detrás de Jesús porque quieren vivir la vida a tope. Pero una actitud que poseían aquellos dos discípulos es que estaban abiertos, atentos, en búsqueda… por eso son capaces de acoger la invitación de Juan para seguir a Jesús.

Al darse cuenta Jesús de que le siguen, se vuelve y les interroga: «¿Qué buscáis?». Es la síntesis de los interrogantes anteriores, que nos hacíamos al principio de esta página. ¿Qué buscas? Una pregunta que nos podemos hacer cada uno de nosotros personalmente, y que podemos hacer a cualquiera de nuestro alrededor; nos daremos cuenta de que todos buscamos lo mismo, aunque le llamemos de distinta manera: la felicidad.

HaMAESTRO DONDE VIVES1n percibido que aquel hombre, Jesús, puede colmar su sed de felicidad, que quieren permanecer con él: ¿Dónde vives? Queremos permanecer contigo, queremos vivir contigo, queremos estar junto a ti, queremos vivir tu modo de vivir.

Jesús accede inmediatamente a su petición, pero no les da una dirección concreta. No. Jesús los invita a experimentar su vida: «Venid y lo veréis». Jesús no es información, no es lectura acerca de su vida y milagros, no es lo que han dicho o dicen otros de él, Jesús es experiencia de vida y si quiero conocerlo, lo más acertado es experimentar su propia vida. No importa la información que tenga, lo que haya oído, lo que me hayan dicho, lo importante es experimentar con Jesús. «Solo te conocía de oídas; pero ahora, en cambio, te han visto mis ojos» (Job 42,5).

«Y se quedaron con él aquel día». Comienzan a hacer comunidad. Jesús, seguramente va dialogando con ellos, les va aclarando cosas, les va dando respuestas, les va contando sus deseos, sus ilusiones, sus sentimientos… ellos le escuchan, le interrogan, le hablan de sus anhelos, sus esperanzas, sus inquietudes, sus sueños… Van compartiendo vida entre ellos. Y aquí es donde está el verdadero quid de la cuestión. Compartir la vida, comunicar la vida, experimentar al vida… en definitiva, hacer comunidad.

Un encuentro de tal calibre, una experiencia como la vivida por los dos discípulos, no puede guardarse para una mismo. Ha de comunicarse, ha de compartirse, no se la puede uno guardar para sí mismo. Por eso, Andrés siente la necesidad de contarle a su hermano Simón lo que había acontecido aquel día, tenía que contar lo que había experimentado, sentido, acogido y entregado junto a Jesús. Hemos de contar gozosos, llenos de dicha desbordante, con una alegría inusual, nuestra experiencia de Jesucristo, nuestro encuentro con el Maestro: «Hemos encontrado al Mesías». Fijaos bien, que el evangelista nos dice «Hemos», no dice «he». Y esto, sencillamente, porque la experiencia de Jesús es siempre comunitaria, aunque uno la viva de manera personal, pero siempre media la comunidad.2tob

Al principio, no somos conscientes de la importancia, ni de la trascendencia de este encuentro. Puede parecernos un encuentro más de los muchos que se producen en nuestra vida. Pero cuando nos damos cuenta del proceso de crecimiento que hemos experimentado en él, no podemos menos que manifestarlo, comunicarlo, testimoniarlo a los demás: «Hemos encontrado al Mesías». No hemos encontrado a una persona cualquiera, no hemos encontrado siquiera a una persona excepcional, no hemos encontrado al número uno en tal o cual materia. Nos hemos encontrado con el Mesías, nos hemos encontrado con el Dios vivo, nos hemos encontrado con Dios hecho hombre. Y Él ha colmado nuestros anhelos de libertad, de felicidad, de amar.

Andrés da testimonio, narra, transmite su propia experiencia, pero lo hace con convicción, lo hace con atractivo, lo hace con ganas de contagiar. El papa Pablo VI (hoy ya santo) decía que «hoy día, más que maestros necesitamos testigos», personas que nos transmitan su experiencia de encuentro con Jesús. Eso es lo que debemos hacer nosotros, debemos seguir el mismo itinerario que siguieron estos primeros discípulos: Estar atentos a los signos del paso de Dios por nuestra vida, ¿qué buscáis?, ¿dónde vives?, venid y lo veréis, fueron, vieron y lo contaron a otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• ¿Estoy atento/a a las señales o a los signos que me indican el camino para encontrarme con el Mesías?

• ¿Soy consciente de la llamada de Dios?¿de todo lo que supone poder encontrarme con Jesús en mi vida cotidiana?¿De la transformación que puede producir en mi mismo, en mi misma dicho encuentro?

• ¿Dónde estás buscando la felicidad? ¿Qué acciones estás emprendiendo en tu vida para encontrar la felicidad? ¿Qué tendrías que cambiar en tu vida para encontrarte con Jesús y de esa manera halla, también, la Felicidad?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser Él, el primero en salir a tu encuentro.

• Dale gracias por las personas que a diario pone en tu camino y te señalan a Jesús como Aquel que puede colmar tu vida de felicidad.

• Ofrécele tu vida para que Él pueda transformarla y convertirte en verdadero testigo de Jesús resucitado que va derrochando por cualquier lugar felicidad.

• Pide que te ayude a ser testigo de las maravillas que continuamente está realizando en la vida de tantas y tantas personas con las que te encuentras a diario.

“Os enviaré otro Defensor” Lectio Divina del VI Domingo de Pascua (Jn 14,15-21)

VERDAD – LECTURA

 15Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Yo le pediré al Padre, que os envíe otro Defensor, para que esté siempre con vosotros, 17 al Espíritu de la Verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis; porque vive con vosotros, y está en vosotros.18 No os dejaré abandonados; volveré a estar con vosotros. 19 Dentro de poco, el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo y vosotros también viviréis. 20 Aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, vosotros en mí, y yo en vosotros. 21 El que conoce mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.

 
El texto que nos ofrece la liturgia de este domingo VI de Pascua, se encuentra situado en el mismo contexto que el domingo pasado: el discurso de despedida de Jesús en la última cena. Jesús acaba de anunciar su partida inminente. Los discípulos se encuentran angustiados, temerosos, triste ante este anuncio, lo hemos visto en los versículos precedentes.

El texto que nos ocupa, está enmarcado por dos versículos, el 15 y el 21 en los que les recuerda a los discípulos la importancia de guardar sus mandamientos; de guardar su alianza, el compromiso que habían adquirido entre ellos. Hemos de tener en cuenta, que el mandamiento principal, el mandamiento nuevo, de Jesús es el amor (Jn 13,34). Únicamente aquel que guarde sus mandamientos, y por tanto el mandamiento principal, estará en disposición de recibir el Espíritu Santo.

Pero, además del mandamiento nuevo, unos versículos más abajo, concretamente en Jn 14,23-24 nos da la clave para poderlo llevar a cabo: “El que me ama guardará mi Palabra… El que no me ama y no guarda mi Palabra…” Aquel que guarda, que hace suya la Palabra de Jesús, ese le ama.

Guardar su Palabra, acogerla, hacerla nuestra, vivirla no es únicamente cumplir una serie de normas establecidas. Vivir la Palabra, y por tanto amar a Jesús es entrar en comunión con él y permanecer en él. Es dejarnos conducir por él, dejarnos transformar por él, asumir las mismas actitudes vitales de Jesús en nuestra vida cotidiana; poner en práctica lo que él vivió; es dejar que Cristo piense, actúe y ame en nosotros y por medio de nosotros. El verdadero amor a Jesús se muestra y se demuestra mediante el seguimiento de su Persona. Únicamente, de esta manera estaremos unidos a él y estaremos preparados para dejarnos transformar por el Espíritu Santo: el Consolador, el Defensor, el Intercesor, el Fortalecedor que continuamente viene en nuestro auxilio.

El Espíritu Santo será quien nos enseñe a vivir el mandamiento del amor, quien venga en nuestra ayuda en los momentos difíciles, quien nos sostenga y levante.

Hasta ahora ha sido Jesús quien ha desempeñado esta misión con sus discípulos, pero ante su inminente marcha, el Padre dará otro consolador, otro apoyo, otro sostén. Ahora, el Espíritu Santo permanecerá junto a nosotros para siempre.

Este Espíritu consolador, es el Espíritu de la verdad, el que continuará dando testimonio de Jesús y nos mantendrá en la fidelidad a la Palabra. Será quien nos mantenga alerta ante los falsos maestros, ante aquellos que profesan la mentira, para mermar la capacidad de amar que tiene el ser humano. El mundo al estar contagiado del espíritu de la mentira no está preparado para recibir al Espíritu Santo. Y con el término mundo no se refiere al planeta Tierra o a los seres humanos, sino más bien a las situaciones o estructuras que merman nuestra capacidad de amar, la capacidad de plenitud del ser humano.

No estemos intranquilos, no permanezcamos inseguros, no vivamos nerviosos, angustiado o turbados. Jesús en ningún momento nos abandona. Su ausencia no es definitiva. Él está presente, él está vivo, porque ha resucitado. El Espíritu Santo nos enseñará y nos hará capaces de experimentar la presencia de Jesucristo en nuestras vidas.

Si obramos según el Espíritu de Jesús, si asumimos su Palabra y la ponemos en práctica,

nos encontraremos en la senda del amor y de la vida en plenitud. Quien asume y pone en práctica su Palabra ama a Jesús. Y quien ama a Jesús es, a su vez, amado por el Padre. Quien viva los valores vividos por Jesús y se comporte de la misma manera como él lo hizo puede decir que ama a Jesús. Y entonces, el Padre y Jesús, que son uno, manifestaran su amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es el mandamiento principal de Jesús? ¿Cómo intento vivirlo?
  • ¿Estoy atento a la palabra de Jesús? ¿a lo que él pueda pedirme u ofrecerme en cada momento?
  • ¿Cuál es la condición indispensable para poder recibir el Espíritu Santo? ¿Intento tenerla presente y practicarla en vida cotidiana?
  • ¿Participo de alguna manera en esas estructuras o situaciones que merman la capacidad de amar de aquellos que me rodean?
  • ¿Cómo muestro y demuestro mi amor por los demás, sobre todo por aquellos a los que nadie ama, por los pobres más pobres de nuestra sociedad y de nuestras comunidades?
  • ¿De qué manera me dispongo para acoger y dejarme hacer por el Espíritu Santo?

 

VIDA – ORACIÓN

  •  Entra en dialogo con el Espíritu Santo, seguramente el gran olvidado de nuestra Iglesia.
  • Cuéntale tus temores, tus dificultades, tus oscuridades, tus contrariedades, los obstáculos que encuentras en el camino de tu vida.
  • Déjate atrapar por él, déjale entrar en tu vida y que sea él quien guíe tus pasos y te modele según el modelo más extraordinario, insuperable y excepcional que es Jesucristo.
Minientrada

el-hijo-prodigo_270x250VERDAD – LECTURA

En aquellos días, los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírlo. Y los fariseos y los maestros de la ley lo criticaban: “Éste acoge a los pecadores y come con ellos”. Entonces les propuso esta parábola:

          “Un hombre tenía dos hijos. Y el menor dijo a su padre: Padre dame la parte de la herencia que me corresponde. Y el padre les repartió la herencia. A los poco días el hijo menor reunió todo lo suyo, se fue a un país lejano y allí gastó toda su fortuna llevando una mala vida. Cuando se lo había gastado todo, sobrevino una gran hambre en aquella comarca y comenzó a padecer necesidad. Se fue a servir a casa de un hombre del país, que le mandó a sus tierras a guardar cerdos. Tenía ganas de llenar su estomago con las algarrobas que comían los cerdos y nadie se las daba. Entonces, reflexionando, dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobre y yo aquí me muero de hambre! Volveré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo: tenme como a uno de tus jornaleros. Se puso en camino y fue a casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio y, conmovido, fue corriendo, se echó al cuello de su hijo y lo cubrió de besos. El hijo comenzó a decir: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad inmediatamente el traje mejor y ponédselo; poned un anillo en su mano y sandalias en sus pies. Traed el ternero cebado, matadlo y celebraremos un banquete, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido encontrado. Y se pusieron todos a festejarlo.

          El hijo mayor estaba en el campo y, al volver y acercarse a la casa, oyó la música y los bailes. Llamó a uno de los criados y le preguntó qué significaba aquello. Y este le contestó: Que ha vuelto tu hermano, y tu padre ha matado el ternero cebado porque lo ha recobrado sano. Él se enfadó y no quiso entrar. Su padre salió y se puso a convencerlo. Él contestó a su padre: Hace tantos años que te sirvo sin desobedecer jamás una orden tuya, y nunca me has dado ni un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos. ¡Ahora llega ese hijo tuyo, que ha gastado toda su fortuna con malas mujeres, y tú le matas el ternero cebado! El padre le respondió: ¡Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo! En cambio, tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado. Convenía celebra una fiesta y alegrarse”.

 

 

 

 

La liturgia de este domingo IV de cuaresma nos regala la lectura del pasaje evangélico conocido como la parábola del hijo pródigo, aunque creo que sería más indicado llamarla la parábola del padre misericordioso. Lo iremos viendo al profundizar en ella.

El motivo por el que Jesús pronunció esta parábola, según nos dice el texto, es a causa de la murmuración de los fariseos y de los maestros de la ley, que le criticaban porque acogía a los pecadores y comía con ellos. Algo, que por otro lado, estaba prohibido por la ley. Aunque esta ley era bastante injusta e inmisericorde. La misericordia es una de las características principales de Dios. Y también a nosotros nos pide que nos acerquemos a los demás con misericordia, sobre todo a los más necesitados de perdón y conversión. Esta imagen de Dios misericordioso no es ajena al Antiguo Testamento: “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad, conserva su fidelidad por mil generaciones y perdona la iniquidad, la infidelidad y el pecado”. (Éx 34,6s). “Yo soy el Señor, lento a la cólera y rico en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebeldía” (Núm 14, 18). “Soy un Dios que muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mi alianza” (Dt 5,10). “El Señor es compasivo y misericordioso, el Señor es paciente y todo amor; no está siempre acusando ni guarda rencor eternamente” (Sal 103,8). Por supuesto, algunos de estos textos tienen una segunda parte en la que se nos dice que no deja nada impune y castiga la maldad de los padres en los hijos en en los nietos; pero porqué quedarnos únicamente con esta última parte. Los fariseos y maestros de la ley lo hacían así porque ellos se consideraban justos ante Dios pues cumplían a rajatabla todos los preceptos de la ley, por pequeños que fueran, llegando incluso a una casuística extrema.

Jesús viene a decirnos que el único justo es Dios. Y este Dios justo trata a las personas con entrañas de misericordia. Por eso, contó esa parábola y hoy nos la presenta a nosotros.

En ella, nos encontramos con tres personajes protagonistas: el hijo menor, el hijo mayor y padre.5da0d8f2262b553cb19f33a20683e82e

El hijo menor comienza reflexionando acerca de la situación en la que se encuentra conviviendo en la casa de su padre, parece que no está contento; por lo que le pide a su padre que le de la parte de la herencia que le corresponde. Quiere ir a experimentar otros mundos, otras situaciones, otro contexto vital. Por lo que, una vez que el padre le entrega su herencia, marcha a un país lejano, allí derrocha toda su fortuna y, a un cierto momento, se encuentra con lo puesto. Decide entonces, trabajar para una persona de aquellas tierras, que lo coloca cuidando cerdos. Una labor, por otro lado, bastante deshonrosa para un judío, pues recordemos que el cerdo es un animal impuro para la cultura y la religión judía (Lev 11,7). Pero, pasa hambre, tiene miedo. Entra dentro de sí y reflexionando, cae en la cuenta de que la vida que llevaba en casa de su padre era más beneficiosa que su situación actual: al menos, allí no pasaba hambre, al menos allí podría llevar una vida más feliz, aunque fuera como jornalero de su padre.. Entonces decide volver a la casa de su padre. No le mueve el amor, no le mueve el arrepentimiento, ni siquiera el hecho de volver al seno de su familia, le mueve el egoísmo y el miedo.

Ahora entra en escena, como protagonista el padre. Al verlo de lejos, se conmovió. En el padre se produce una emoción interna que le hace volverse hacia el hijo y compartir su desgracia, sus problemas, sus inquietudes, sin necesidad, siquiera de que éste pronuncie palabra alguna.

El padre lo abraza, lo cubre de besos, le transmite amor. No le deja, siquiera acabar el discurso que tenía preparado. El amor del padre es un amor incondicional que no espera nada a cambio. Le dice a los criados que le vistan de gala, que van a celebrar una fiesta, porque su hijo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido encontrado. El padre desborda de gozo ante el regreso de su hijo. No le pide cuentas, no le reprocha nada, no le recrimina… Le trata con inmenso amor. Y ese amor desbordante del padre y la felicidad por el encuentro se convierte en fiesta.

Mientras tanto, entra en escena el hijo mayor, que estaba trabajando en el campo. Se sorprende de que en su casa haya una fiesta y él no se haya enterado. Los jornaleros le informan del gran acontecimiento: Que ha vuelto tu hermano, y tu padre ha matado el ternero cebado porque lo ha recobrado sano. ¿Cómo? ¿qué ese ingrato ha vuelto y mi padre ha preparado una fiesta? ¿Cómo es posible? El proceder del padre no entra dentro de su lógica. Como no entra dentro de nuestra lógica el proceder de Dios. Se enfada, se enfurece, se irrita ante el comportamiento de su padre. Es tal el rencor que lleva dentro que es incapaz siquiera de preguntar cómo está su hermano. Su única preocupación es que él ha sido “fiel”, ha cumplido con todo lo que el padre le ha ordenado, y no ha recibido recompensa alguna. Tampoco él ha entendido el significado del amor incondicional, a pesar de estar siempre al lado de su padre. No se ha dado cuenta de que todo lo que tiene el padre es suyo. Que en realidad, el padre no tiene nada propio. Porque incluso el amor es para darlo a los demás. El padre trata de explicarle su actuar, trata de explicarle en qué consiste el amor incondicional. Pero para ello, es necesario que entre en la dinámica de la misericordia y del amor que no espera nada a cambio.

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El relato concluye de una manera abrupta. En realidad, no sabemos el final. Es posible, querido lector que el final debamos construirlo tú y yo. Tal vez, es necesario que tomemos posición y nos pongamos en la piel de cada uno de los personajes, para ver cual es nuestro papel, para descubrir si nosotros hemos entrado en la dinámica del amor incondicional y de la misericordia de Dios nuestro Padre.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

 

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Es para tí motivo de escándalo saber que Jesús compartía su vida con pecadores, indigentes, prostitutas, gente de mal vivir?
  • ¿Con cuál de los personajes de la parábola te sientes más identificado? ¿Con el hijo menor? ¿Con el padre? ¿Con el hijo mayor?
  • Tal vez, has caído en la cuenta de que en muchas ocasiones te alejas de nuestro Padre Dios, ¿Qué sentimientos despierta esto en ti? ¿Has percibido que en esas ocasiones no eres plenamente feliz? ¿Por qué? ¿Qué es lo que te causa esa infelicidad? ¿Tienes miedo y por eso vuelves a la casa del Padre o te mueve el amor?
  • ¿Qué significa para ti entrar en la dinámica del amor incondicional, que no espera nada a cambio, de la misericordia (sentir en el corazón las miserias del otro)?
  • También es posible que seas un cristiano intachable, justo, cumplidor… que no se ha separado nunca de la casa del Padre. ¿Qué te mueve a ello? ¿Siente como tuyas las cosas de Dios? ¿Sientes que haces las cosas que le gustan al Padre por amor y no por cumplimiento? ¿Estas dispuesto a entrar en la fiesta?

 

 

 

 

VIDA – ORACIÓN

 

  • Te invito a volver a leer la parábola, a caer en la cuenta de las actitudes del padre, a que intentes hacerlas tuyas, a contemplar y dejarte contemplar por Dios rico en misericordia, a entrar en su dinámica de amor incondicional. Déjate mirar por Él y miralo. Deja que su amor te inunde.
  • Entonces, sal fuera y desparrama todo ese amor hacia todas aquellas personas con las que te encuentres, especialmente los más necesitados de misericordia: los pobres, los excluidos, los pecadores…

“La misericordia entre nosotros” Lectio Divina Domingo IV de Cuaresma (Lc 15,1-3.11-32)

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Te invitamos a las Jornadas Bíblicas “El Pueblo de Dios camina en la historia”. Se celebrarán el próximo fin de semana (5-7 de febrero) La Parroquia de San Antonio del Retiro en Madrid. En ellas se desarrollarán diversas actividades, todas ellas son de entrada libre y gratuita. ¡Ven a compartir con nosotros la Palabra! En la imagen adjunta tienes todo el programa. ¡Te esperamos!

Jornadas Bíblicas Madrid 2016

Jornadas Bíblicas en Madrid

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”. Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él os diga”.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sacad ahora y llevádselo al mayordomo”. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirviente sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.
El pasaje evangélico que nos ofrece la liturgia para este II Domingo del Tiempo Ordinario viene cargado de abundante simbolismo y de un gran contenido teológico. Sin negar el contenido histórico que pudiera contener el texto, me vas a permitir que intente desentrañar el mensaje que el autor del Cuarto Evangelio quiere transmitirnos para nuestro propio crecimiento como discípulos de Jesús.
Lo primero que hayamos en el relato es el contexto en el que se desarrolla la acción. Nos encontramos en una boda. La boda en el Antiguo Testamento hace referencia a la unión o alianza entre Yahveh y su Pueblo. En este ambiente, se destacan una serie de personajes que están invitados a la boda: la madre de Jesús, el mismo Jesús y los discípulos. Los primeros son los protagonistas o actores principales del relato.
En un momento determinado, falta el vino. Es decir, la alianza de alguna forma podemos decir que está en peligro, escasea un elemento esencial que es el vino. Quien se da cuenta de ello es María, la madre de Jesús. La Antigua Alianza ya no es efectiva, está llegando la Nueva Alianza. No por incumplimiento por parte de Yahveh, sino porque en repetidas ocasiones el Pueblo ha roto dicha Alianza. Ahora, Dios quiere ofrecernos la Alianza definitiva, que ya no podrá ser rota, porque será el mismo Hijo de Dios el garante de la misma. Jesús nos viene a ofrecer la salvación definitiva. María toma la iniciativa. “No tienen vino”. Jesús le hace ver que todavía no ha llegado su hora de consumar la Nueva Alianza, esta se consumará con la muerte y resurrección de Jesús. María no entiende e insiste: “Haced lo que el os diga”.
El agua simboliza a las instituciones judías, recordemos que Juan bautizaba con agua. Es extraño que estas tinajas estuvieran vacías, por lo que al llenarlas, Jesús dota de contenido a la Antigua Alianza. Estas estaban vacías porque las instituciones judías estaban vacías. Las instituciones judías estaban ancladas en el pasado, en estructuras y leyes que lo que hacían era oprimir y esclavizar al pueblo. Habían sido los propios dirigentes judíos los que habían cargado de normas, en muchas ocasiones inverosímiles, al Pueblo de Israel.
Jesús ordena llenar las tinajas de agua, partiendo del Antiguo Testamento nos trae la Nueva Alianza de la Salvación para todos.
Cuando los sirvientes llevan el contenido de las tinajas al mayordomo, éste se sorprende y le dice al novio: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”. Un vino nuevo que no se acaba, porque la Alianza de Jesús perdurara hasta el fin de los tiempos.
Con este signo Jesús manifiesta su gloria, plenamente se mostrará en la resurrección. La fe de los discípulos crece.
Desde el momento de la Encarnación, María ha sido insertada en la historia de la Salvación definitiva, inaugurada por Jesús. María sigue estando presente en esta historia y sigue intercediendo para que nuestro vino bueno, nunca se acabe.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Recuerda el momento en el que te hiciste consciente de la llamada de Jesús, el momento en el que te hiciste consciente de la alianza que Dios había establecido contigo desde el vientre de tu madre.
  • ¿Qué falta actualmente (el agua) en tu relación con Jesús, en esa que tú has corroborado como cristiano?
  • El agua has de ponerla tú, para que Jesús pueda convertila en vino. Tú debes poner tu pequeñez, tu humildad, tus dificultades, tus problemas, tus acciones… en las manos de Jesús para que el las convierta en el vino nuevo de la Nueva Alianza.
  • Jesús te regala el vino nuevo, te invita a las bodas de su amistad. ¿Quieres acoger este vino nuevo y beberlo junto a Jesús? ¿Quieres acoger la invitación que Jesús te hace hoy encaminada a su seguimiento?
  • Fíjate en papel de María en este relato. Es intercesora. Acógela, también, tú en tu vida para que ella interceda ante Jesús para que convierta tu agua en vino. También, tú tienes que convertirte en intercesor y estar atento a las necesidades de los demás para interceder por ellos ante Jesús.
  • Al igual que los discípulos, ante los signos que cada día te muestra, ¿se intensifica tu fe? ¿crece?

VIDA – ORACIÓN

Haznos, Señor, sensibles y atentos como María a las necesidades de los demás. Devuelve a los cristianos envejecidos y cansados de nuestro tiempo la vitalidad y la alegría que irradia tu presencia y tu acción en la boda de Caná. (Evangelio 2016, Camino Verdad y Vida, San Pablo, 2016).

“El vino nuevo” Lectio Divina Domingo II del Tiempo Ordinario (Jn 2,1-11)