“Id y haced discípulos a todos los pueblos”. Lectio Divina del Domingo VII de Pascua – Ciclo A. Solemnidad de la Ascensión del Señor.

Esta semana, os ofrecemos la Lectio Divina preparada por nuestra colaboradora, Yolanda Muñoz Estepa, de Valencia. Le damos las gracias por su generosidad.

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mateo 28,16-20

Ha llegado la hora en la que el Hijo del Hombre vuelve de nuevo al Padre, como nos viene anunciando en estos últimos días. Estamos celebrando el día de la Ascensión. Y como estamos en el ciclo A, leemos el final del evangelio según san Mateo. El contexto se repite un domingo más: Jesús se despide de los once. Esta despedida tiene lugar en el monte que Jesús había indicado.

Pero si la semana pasada los discípulos aparecían turbados, hoy, los discípulos se postran. Es la actitud que adquieren porque saben que aquel que tienen delante de ellos no es un cualquiera, sino que es Dios y ante Dios, sólo cabe la adoración y la reverencia, aunque sigue diciendo el versículo 17 que «algunos dudaron» y es que no todos comprendían lo que Jesús les quería decir.

Jesús «acercándose a ellos» les dice: «Se me ha dado poder en el cielo y en la tierra» (v.18). ¡Qué grande es la pedagogía del Maestro! Es Jesús quien se acerca a ellos. Y porque ya ha resucitado, se muestra glorioso, con poder en el cielo y en la tierra.

A continuación vienen dos verbos en imperativo: «id y haced» que nos indican mandato. Un mandato que ya había cumplido Jesús, porque Él vino a hacer la voluntad del Padre y que ahora tienen que continuar los once. Se trata de hacer «discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», porque el bautismo nos vincula no sólo con Cristo, sino con toda la obra de la salvación que surge en el seno de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu. Esta es la tarea que tiene la primitiva comunidad. Una tarea universal, porque les envía «a todos los pueblos», a quienes tienen que enseñarles a guardar lo que Jesús les ha mandado.

Una tarea misionera en la que los discípulos no están solos porque Jesús les hace una promesa:«sabed que yo estoy con vosotros todos los días». Y como donde está el Hijo están también el Padre y el Espíritu Santo, tenemos la certeza de que a pesar de su vuelta al Padre, los once no quedaron solos. Estaban habitados por el Espíritu que ilumina y fortalece, que impulsa, que guía, que orienta, que defiende y transforma, y acompaña a los once «hasta el final de los tiempos».

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CAMINO-MEDITACIÓN

  • ¿Qué te ha llamado más la atención del texto? ¿Una palabra, una frase? ¿Por qué esa y no otra?
  • Jesús no les priva a los once de la duda. ¿Has dudado alguna vez de    Jesús?
  • Aunque la duda te embargue en alguna ocasión, ¿te has acercado a Él para contárselo?
  • ¿Has sentido alguna vez que Jesús es quien se acerca a ti? ¿Cuándo y  cómo lo has notado?
  • ¿Has intentado alguna vez hacer discípulos de Jesús? ¿Cómo ha sido tu  experiencia? ¿Te has sentido solo?
  • ¿Eres consciente que el Espíritu Santo te acompaña hasta el último día? ¿Cómo te preparas para acogerlo?

VIDA-ORACIÓN

  • Acércate al Señor, como Él se acercó a los once. Cuéntale todas tus     dudas, tus miedos, las cosas que no entiendes, las que te preocupan.
  •  Dale las gracias porque Él se acerca a ti, porque te ama, porque se ocupa de tus cosas.
  • Escucha cómo te pide que vayas a hacer discípulos a todo el mundo, comenzando siempre por los más cercanos.
  • Ponte en sus manos y pídele al Espíritu Santo que inunde tu corazón y lo transforme.

Yolanda Muñoz Estepa

Verdad, Camino y Vida: Lectura orante con la Palabra de Dios

Aunque no suelo publicar más de una entrada a la semana con la Lectio Divina del evangelio del domingo, algunas personas, me habéis pedido que escribiera alguna cosa acerca del método que se expone en este blog para realizar la Lectio Divina; y que utilizamos cada semana para orar con el evangelio del domingo. Eso me ha movido a colgar esta semana una entrada más tratando este tema.

Dicho método tiene su origen en el pensamiento y la obra del Beato Santiago Alberione, Fundador de la Familia Paulina, aunque hunde sus raíces en la tradición de la Iglesia. No voy aquí a exponer la intensa historia de la Lectio Divina, podríamos dedicar en el futuro una entrada a ello. Pero sí que me vas a permitir, querido internauta, que te explique como comenzó este método de Lectura orante con la Palabra de Dios

En la noche que dividía el siglo XIX del XX, el P. Alberione tuvo la intuición, siendo joven seminarista, de hacer algo por los hombres y mujeres del siglo XX. Se había empapado totalmente de la doctrina del Papa León XIII, que impulsaba a la lectura y al estudio de la Biblia. Conocía perfectamente la preocupación de Pío X acerca de la falta de una base firme entre los creyentes católicos, pues les faltaba el alimento primordial de la eucaristía y la Biblia. Todo esto le llevó a fundar en 1914, la Familia Paulina, que tiene en el centro de su misión la Biblia. Pero no quedó ahí la cosa, en 1924, funda la Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN), con el anhelo y el deseo de que en cada familia hubiese un texto de la Sagrada Escritura.

Aunque su amor por la Biblia no se limitó a su edición y difusión; a sus hijos e hijas nos quiso dejar un gran regalo, enraizado en una honda espiritualidad bíblica, la hora diaria de adoración ante el Santísimo Sacramento, conocida comúnmente en la Familia Paulina como la Visita Eucarística, la cual está articulada en tres partes: lectura bíblica, revisión de vida y dialogo oracional. Al fin y al cabo un método de Lectura orante de la Palabra de Dios.

Hoy desde el Centro Bíblico San Pablo, presente en varios países del mundo, queremos continuar con ese legado que nos dejo el P. Alberione de difundir la Palabra de Dios y acercarla a todas la humanidad, y para ello realizamos diversas actividades, cursos y encuentros a lo largo y ancho de la geografía española.

El método verdad, camino y vida

Después de este mini repaso histórico y de concretar de dónde proviene el método de Lectio Divina que proponemos, habitualmente, en nuestro blog, permíteme que intente explicarte en qué consiste el mismo.

Como ya sabes el método consta de tres partes, que se corresponden a su vez con las tres partes tradicionales de la Lectio Divina: lectura, meditación y oración.

Pero antes de comenzar a orar con la Palabra, me parece que, son necesarios algunos  preparativos.

Preliminares

Busca un lugar tranquilo, donde nadie te moleste. Es importante hacer silencio. También es importante el ambiente. Puedes disponer una Biblia abierta, adornada con flores, acompañada por la luz de una vela, un icono…

Es decir, preparar el lugar de tal modo que te invite y ayude a orar. Tómate tu tiempo, te aconsejo que dediques a la lectura orante una hora, pero si te resulta demasiado, puedes utilizar media hora.

Desde un punto de vista pedagógico y, sobre todo al principio, vamos a dividir cada momento de la Lectura Orante en períodos de tiempo de veinte minutos cada uno, si es que le dedicamos una hora, si no pues la mitad.

El paso de un momento a otro, sobre todo en la Lectura orante comunitaria, lo podemos señalar con un canto, una oración, una invocación…

Nos podemos ayudar de una música de fondo, una canción, una imagen… si lo vemos conveniente.

Comienza por invocar al Espíritu Santo. Que sea Él quien guíe tu itinerario. Recuerda que la Sagrada Escritura es escritura inspirada. El Espíritu Santo es quien abre nuestro oídos, nuestro entendimiento y nuestro corazón a la Palabra, que hoy se cumple ante nosotros. Él es el único que nos puede ayudar a entender mejor el texto sagrado.

a.- Invocación al Espíritu Santo.

Esto puede hacerse de diversas maneras: un canto, una oración, un momento de silencio. Lo importante es hacerse consciente de su presencia y invocarlo, para que Él te ayude a comprender el pasaje que vas a leer y sepas actualizarlo al hoy que estas viviendo, a tus necesidades concretas, a tu vivir cotidiano.

b.- Verdad. Lectura. ¿Qué dice el texto?

La pregunta que has de tener presente, en este primer momento es: ¿qué dice el texto?

Para ello es necesaria la lectura atenta, pausada, sin prisa de la Palabra. Puedes leer el texto en voz alta, de modo que participen más sentidos.

Es el momento de «masticar» lentamente la Palabra, de trillarla, de desmenuzarla.

Una vez que hemos leído el texto tal como hemos indicado anteriormente, lo primero que haremos será enmarcar el texto dentro de su contexto. Para ello, puede resultar muy útil leer la introducción al libro que contiene la lectura con la que estamos orando. La mayoría de las biblias tienen esplendidas introducciones que nos pueden ayudar en este momento. Al leer fíjate, sobre todo, en el ambiente socio cultural en el que se desarrolla: tiempo y lugar en que fue escrito el libro, a qué necesidad concreta del Pueblo de Israel o de la Iglesia hace frente.

Lee, también, las notas a pie de página, te ayudaran a entender mejor el texto, por último lee los texto paralelos. Todo ello, te dará una visión global del pasaje.

Vamos a continuar desmenuzando el texto, sin ninguna otra ayuda, mas que la de nuestra Biblia.

Yo aconsejo a partir de ahora contar con un lápiz, si es posible bicolor para ir señalando o subrayando algunas palabras o frases del pasaje. Aquello, que por lo que sea capta tu atención.

Puedes continuar intentando responder a alguna de estas preguntas:

  • ¿Es posible estructurar o dividir el texto en partes? Inténtalo.
  • Si conoces algo acerca de lo géneros literarios, ¿dentro de que género podemos enmarcarlo?¿De qué modo debemos leerlo? ¿Cómo debemos entenderlo?
  • ¿Hay palabras o expresiones que se repitan? ¿Cuáles?
  • Es posible que no haya palabras que se repitan, pero, ¿encontramos algún sinónimo?
  • Si es que aparecen, ¿qué personajes intervienen? ¿qué hacen? ¿hablan? ¿permanecen callados? ¿son destinatarios de una acción? ¿quién o quiénes son los protagonistas?
  • Intenta relacionar el pasaje con el resto del libro al que pertenece o con el resto de la Sagrada Escritura.
  • Por último, pregúntate ¿cuál es la palabra o palabras fundamentales del texto? Subráyala, acógela, tómala contigo.

c.- Camino. Meditación. ¿Qué me dice el texto?

Pasamos a la segunda parte de nuestro itinerario. Ahora, la pregunta a responder sería: ¿Qué me dice el texto?

En este momento concreto de tu vida, en las circunstancias propias que estás viviendo, en tu propio contexto particular, ¿qué quiere decirte Dios?

Ha llegado la hora de «saborear» la Palabra. Tal vez, alguna de estas preguntas te puedan ayudar en el desarrollo de esta segunda parte.

  • ¿Qué te dice el texto acerca de tu situación actual? ¿Tiene algo que ver con tu vida?
  • ¿Qué quiere decirte Dios con este pasaje?
  • ¿Qué te dice el texto acerca del comportamiento de Jesús?
  • ¿Qué tienes que cambiar en tu vida para que ésta se asemeje más a la de Jesús?
  • ¿Qué te exige, en concreto, esta Palabra? ¿Qué te pide hoy?

Y luego para que la Palabra te acompañe durante todo el día puedes utilizar la llamada «rumia». Es decir, toma esa palabra o frase fundamental del texto que tocó tu corazón, en la primera parte de nuestro itinerario, y ve repitiéndola durante tu jornada: mientras esperas el autobús, cuando vas caminando por la calle, en un atasco, al hacer la fila del pan…

d.- Vida. Oración. ¿Qué le digo a Dios a partir del texto?

Ya hemos llegado a la tercera y última parte de nuestro itinerario. De la escucha y la meditación de la Palabra es muy posible que surja de forma espontánea la oración de petición, súplica, alabanza, acción de gracias, ofrecimiento, adoración… Esa es tu respuesta a Dios desde la experiencia vivida en este momento de oración.

Pero la respuesta a Dios no puede quedarse ahí únicamente, la oración ha de llevarnos al compromiso. Por ello, es necesario que asumas una acción concreta en tu vida a favor de los hermanos y para que el Reino de Dios y su justicia sea cada vez más una realidad en nuestro mundo.

Conclusión

Pues ya hemos llegado al final de nuestro itinerario. Espero que esta entrada del blog Biblia y Comunicación te haya resultado interesante y te ayude a profundizar en tu oración con la Palabra de Dios. Si necesitas más información te invito a dirigirte a: centrobiblico@sanpablo.es Te invito también a visitar la página de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es En ella te ofrecemos un acercamiento diario a la Palabra de Dios. Y la página web de la Revista Biblia Viva en la que te ofrecemos, entre otras cosas, artículos y materiales interesantes para acercarte a la Palabra de Dios: https://www.bibliaviva.sanpablo.es/

Como siempre muchas gracias por seguir nuestro blog y por compartir con otras personas nuestras entradas. Dios te bendiga.

“YO SOY EL BUEN PASTOR” Lectio Divina Domingo IV de Pascua – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 10,1-10

Carmine Gallo, en su libro Hable como en TED, nos presenta las características que debe tener una buena presentación para ser estimulante: emocionante, original y memorable. Es decir, las historias que contamos deben tocar el corazón de nuestro interlocutor, deben enseñarle algo nuevo y el público debe ser capaz de recordar dicha historia. No voy aquí a realizar un estudio acerca de los relatos, de las historias o de los procesos comunicativos. Si es el lugar, pero no creo que sea el momento. La causa por la que he traído a colación estas características es porque, desde mi punto de vista, el relato que hoy nos presenta el evangelio de Juan, de adecua perfectamente a las cualidades enunciadas por Carmine Gallo.

La imagen que nos presenta Jesús en este fragmento del evangelio de Juan, posiblemente, a nosotros pueda quedarnos un poco lejos; pero no así con sus contemporáneos, qué seguramente entendían perfectamente las metáforas, comparaciones o paradojas utilizadas en su discurso.

Os invito acercarnos al texto como si fuera la primera vez que lo escuchamos, con la curiosidad del principiante, y con la apertura que solemos adoptar ante la novedad. Os pido que intentemos acercarnos al texto evangélico esforzándonos por comprender la metáfora o la personificación que Jesús utiliza en el relato.

¿A quién se está refiriendo cuando nos habla del Pastor? ¿Quiénes son las ovejas? ¿Quién es el ladrón? ¿Qué significado puede tener la puerta?

Las ovejas, para el autor del cuarto evangelio, representan al pueblo de Israel dominado por sus propios dirigentes, a los cuales dirige este discurso y que, anteriormente, han vivido el episodio del ciego de nacimiento; es decir, está dirigiendo su discurso a los fariseos.

Jesús, por medio de una comparación, va mostrando a sus interlocutores que él es la única alternativa para la salvación. No salva el cumplimiento de unas normas absolutizadas por los fariseos, ni la institución, ni la pertenencia. Salva la persona de Jesús.

El aprisco es la representación de la institución judía, dentro de ella algunos individuos se han arrogado puestos para los que no tenían ningún derecho, por lo que en realidad son ladrones y bandidos que utilizan todas las «armas» a su alcance para someter al pueblo y seguir sumiéndolo en la miseria.

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Sólo existe una manera legítima para acercarse a las ovejas: entrando por la puerta. Todo aquel que no haya entrado por la puerta, se acerca a las ovejas de manera ilegítima, y según Jesús con la clara intención de explotarlas.

A los que no entran por la puerta, ladrones y bandidos, sino que entran en el aprisco saltando la valla, se oponen al pastor, el cual es reconocido por el guarda y las ovejas.

El pastor es Jesús. El personaje del pastor aparece ya como figura mesiánica sobre todo en los Profetas del Antiguo Testamento (p.e. Ez 34,23s). El pastor entra en el aprisco para cuidar de sus ovejas no para explotarlas o sacar algún beneficio de ellas. Por eso ellas reconocen su voz.

Pero, además, el pastor llama a cada una por su nombre, las conoce a todas y a cada una de ellas de forma personal e individual. Jesús llamando a cada una de las ovejas por su nombre, les ofrece la alternativa de salir de la institución judía para entrar en el camino de la libertad y de la vida, aunque este no esté exento de dificultades y obstáculos. Jesús llama a cada una de las ovejas a su seguimiento.

Una vez que las ovejas han reconocido la voz del pastor, es imposible que escuchen la voz de un extraño, lo más lógico es que huyan de él; porque es el pastor quien conduce a su rebaño a verdes pastos y no al matadero.

Ante la cerrazón de los dirigentes judíos, Jesús continúa con otra comparación: la puerta. El único lugar por el que se puede acceder a la salvación es por la puerta que es Jesús. Aquel que se adhiera a Jesús y le siga, aquel que atraviese la puerta, encontrará la salvación. Podrá entrar y salir libremente y encontrará pastos verdes, encontrará la vida.

Los ladrones únicamente vienen a robar y a quitar la vida a las ovejas. Jesús, sin embargo ha venido para dar vida plena y a darla en abundancia.

Espero, querid@ herman@, que, después de este acercamiento, que he intentado hacerte al relato, también para ti, esta narración resulte emocionante, original y memorable.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿En qué momentos de mi situación actual, reconozco la voz del Pastor?
  • ¿Escucho la voz del Pastor, me dejo conducir por ella y le sigo?
  • ¿Facilito a los demás que puedan conocer la voz del Pastor?
  • ¿Soy yo, como Jesús, puerta por la que los demás pueden entrar y salir para encontrar verdes pastos o por el contrario soy muro que nadie puede atravesar?

VIDA – ORACIÓN

Oramos juntos con el Salmo 23:

El Señor es mi pastor;

nada me falta.

En verdes praderas me hace descansar,

a las aguas tranquilas me conduce,

me da nuevas fuerzas

y me lleva por caminos rectos,

haciendo honor a su nombre.

Aunque pase por el más oscuro de los valles,

no temeré peligro alguno,

porque tú, Señor, estás conmigo;

tu vara y tu bastón me inspiran confianza.

Me has preparado un banquete

ante los ojos de mis enemigos;

has vertido perfume en mi cabeza,

y has llenado mi copa a rebosar.

Tu bondad y tu amor me acompañan

a lo largo de mis días,

y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré.

“Encontrarse con Jesús” Lectio Divina III domingo de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Lc 24,13-25

Al orar con este texto del evangelio de Lucas, me asaltó a la mente una pregunta: «¿Cómo ver y reconocer a Jesús resucitado en mi vida? Y, caí en la cuenta de que era necesario experimentar el mismo proceso de fe que vivieron las primeras comunidades cristianas, permitiendo que Jesús se manifieste en la comunidad, para llegar así a la adhesión personal.

Aquel mismo día, es decir, el domingo de la resurrección de Jesús. Dos de los discípulos van de camino. El evangelista nos los presenta totalmente derrumbados después de la muerte del Maestro. Tal es su decepción, que abandonan Jerusalén, dejando allí a sus hermanos reunidos: a la comunidad. Van camino a una aldea, llamada Emaús, de localización incierta; únicamente sabemos que distaba de Jerusalén unos 11 kilómetros. Van desilusionados, sin esperanza ninguna, totalmente decepcionados, encerrados en sus propios pensamientos y su propia idea de cómo tenía que ser el Mesías de Israel. Para ellos todo a concluido. Aquel profeta poderoso en obras y palabras ha muerto. Todo se ha acabado.

Mientras van de camino, Jesús se les aparece como un caminante más. Ellos no le reconocen. Están cerrados por el pesimismo.  Están tristes por los acontecimientos ocurridos en Jerusalén, totalmente desconocidos, al parecer, para este nuevo caminante que ha entrado en escena. Los dos discípulos callan. El caminante toma la iniciativa y les ofrece una relectura de todo el proyecto de Dios a través de la historia del Pueblo Elegido.

El cenit del relato llega cuando le reconocen al partir el pan. Invitan al caminante desconocido a quedarse con ellos, a compartir la mesa, Desean vivamente que se quede con ellos. Será al compartir el pan, cuando se caiga el velo de sus ojos y reconozcan a aquel personaje misterioso. Es en la eucaristía donde se manifiesta Jesús resucitado. Es en la escucha comunitaria de la Palabra y en la fracción del pan donde Cristo resucitado se hace presente.

Al hacer experiencia de Jesús Resucitado retornan a la comunidad para dar testimonio de lo que han visto y oído, de lo que han experimentado. La experiencia de Jesús resucitado sólo puede hacerse en comunidad nunca en solitario, en la celebración como Iglesia reunida. El resto de la comunidad, también, comparte de qué forma han experimentado al Maestro Resucitado. Cristo está vivo en medio de ellos. Cristo está vivo en medio de nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿En algún momento te has sentido decepcionado por Jesús? ¿Por la Iglesia? ¿Cuál ha sido tu reacción?
  • ¿Cuál es tu comportamiento ante los signos que Jesús nos pone delante para que le reconozcamos como Cristo Resucitado?
  • ¿Eres consciente de que la comunidad es lugar imprescindible para hacer experiencia de Jesús Resucitado?
  • Toma el pulso a tu testimonio de Jesús Resucitado.

ORACIÓN – VIDA

  • Pide perdón a Dios, por las veces que has tirado la toalla en los momentos de decepción, de incertidumbre, de aparente oscuridad; por las veces que no estas atento, ni te abres a los signos que te muestra.
  • Da gracias a Dios por estar siempre presente en tu vida y por hacerte experimentar que Jesús está vivo.

¡Que el miedo no te paralice! ¡Jesús ha resucitado! Lectio Divina II Domingo de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 20,19-31

Ufff. Que dicen por ahí, que está vivo. Que algunos comentan que le han visto y les ha hablado. Que otros han sentido no se qué cosas… Y todo esto, con la que está cayendo.

Todos nosotros sabemos cómo murió; algunos incluso lo vieron pendiendo de una cruz; todos estábamos presentes cuando lo apresaron. Y ahora esto.

Seguramente, es una estratagema de los seguidores de Herodes para prendernos a nosotros también, o de los fariseos… O vete tú a saber, igual están involucrados hasta los romanos. No. Lo mejor es permanecer aquí juntos, sin salir, cerremos bien las puertas y asegurémonos bien quién es antes de abrir la puerta a nadie.

En esta situación se encontraban los discípulos de Jesús. Ellos sabían verdaderamente la suerte que había corrido el Maestro. Alguno incluso lo había presenciado. Y, era lógico que pensaran: ¡Y ahora viene María de Magdala a decirnos que está vivo! Si, si… Pedro y algún otro discípulo han ido al sepulcro y allí no había nadie. Dos que iban camino de Emaús, dicen que lo han visto… Pero es tan difícil de creer todo esto.

Ante una comunidad insegura, vacilante, titubeante, paralizada por el miedo, Jesús se hace presente. Posiblemente, una situación, sino similar o parecida, cercana a la que podemos estar viviendo en estos días. Sí, queridos hermanos. Estamos encerrados en nuestras casas. Todos vamos a recordar esta primavera del 2020. Y en diversos momentos, incluso, nos invade el miedo. El miedo, que, en principio, no es ni bueno ni malo. Sirve para defendernos ante los peligros, los ataques, las amenazas. Sin embargo, todo va a depender de cómo gestionamos ese miedo. O nos quedamos inmóviles, quietos, pasivos, sin hacer nada; o, por el contrario, intentamos superar la situación y nos preguntamos: ¿qué puedo yo hacer frente a estas circunstancias que estoy viviendo en este momento?

Porque, precisamente, Jesús es lo que viene a traer a los apóstoles. Viene a zarandearlos, a moverlos de la situación en la que se encuentran y que los tiene inmovilizados. Y lo primero que les trae es la paz. La paz que no quiere decir ausencia de conflictos, ausencia de dificultades, ausencia obstáculos. La paz que trae Jesús es calma, equilibrio, estabilidad; es pararse y observar, es acoger, es ver posibilidades con serenidad. Y todo ello desde el amor. Un amor que se muestra en los signos de la pasión que Jesús lleva en su cuerpo y que muestra a los apóstoles. Signos que, a su vez, son las señales de su victoria, ante lo que más teme el ser humano: la muerte. Así es, Jesús ha vencido al enemigo más peligroso, al mas temido: la muerte. Jesús ha sido el primero en resucitar de entre los muertos y gracias a él, a la misericordia del Padre y a la fuerza del Espíritu Santo todos resucitaremos con Él y en Él. La manera y el momento, sólo el Padre lo sabe.

Ahora sí, ahora la comunidad ha hecho experiencia del Resucitado. Y entonces, cuando la comunidad está preparada, es cuando puede dar testimonio de Jesucristo. Ahora es el momento, después de realizar la experiencia del Resucitado cuando podemos, con la paz que el nos trae, y con la fuerza del Espíritu, preguntarnos: ¿qué voy yo a hacer para dar testimonio de esta experiencia? ¿qué acción voy a emprender, para no quedarme paralizado por el miedo? ¿Qué voy a hacer para que otros puedan tener la misma experiencia? ¿De qué manera puedo salir de esta situación reforzado, fortalecido, con más vitalidad y resistencia?

Posiblemente, ocurra que haya personas como Tomás. Probablemente, incluso, nosotros podamos comportarnos como Tomás. Claro que sí. Es totalmente comprensible. Jesús no reprocha nada a Tomás, al contrario, lo lleva y lo atrae hacia Él para que haga la experiencia. Para que experimente lo mismo que experimentaron los demás discípulos. ¡Ven y haz tu propia experiencia personal! Eso es lo que Jesús le dice con su presencia, con sus actos, con sus gestos.

Y eso, precisamente, es lo que tenemos que hacer cada uno de nosotros, experimentar a Jesús Resucitado en nuestra vida y ayudar a otros a tener esa misma experiencia con sus circunstancias propias, con sus situaciones, con su ambiente propio.

La invitación de Jesús hoy es a no quedarnos paralizados por el miedo; al contrario, que pongamos en marcha todas nuestras capacidades para experimentarle a Él como Resucitado y desde ahí ser testigos de su misericordia y de su amor, emprendiendo acciones en favor de los demás, que puedan acercarles a ellos a realizar esa misma experiencia del Resucitado.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es tu respuesta ante situaciones de dificultad, de inseguridad, de incertidumbre?
  • ¿Ante ciertos acontecimientos que se escapan a tu entendimiento pides a Dios una señal?
  • ¿Estás dispuesto a experimentar la presencia de Jesús Resucitado en tu vida? ¿Qué acciones vas a emprender para ello? ¿De qué manera le experimentas en tu día a día?
  • ¿Vives dicha experiencia en comunidad?
  • ¿Dejas a Jesús que tome la iniciativa en tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • Pide perdón a Dios por las veces que te niegas conscientemente a ver los signos que Él te va mostrando y le pides pruebas personales.
  • Guarda silencio, repasa este fragmento del evangelio, adora.
  • Repite durante la jornada la jaculatoria pronunciada por Tomás, reconociendo que Jesús resucitado es tu único Señor: «Señor mío y Dios mío».

No está aquí. ¡Ha resucitado! Lectio Divina del Domingo de Pascua – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio Jn 20,1-9

  • ¿Dónde está?
  • No está aquí. Se lo han llevado. No sabemos dónde lo han puesto.

Resulta que el sepulcro está vacío.  ¡No puede ser! Pero, así es. En el sepulcro no hay nadie. ¿Dónde está el cuerpo de Jesús? Todos han visto cómo le crucificarán. Algunos de sus discípulos han sido quienes lo han metido en aquel sepulcro. Varios pudieron ver el llanto desgarrador de su madre, rota de dolor, por la muerte de su hijo.

El sepulcro está vacío. Es el primer día de la semana. Sí, tal día como hoy, muy temprano. Entre luces y tinieblas. No ha amanecido totalmente. Y, sin embargo, se va abriendo paso la Luz, la Vida. Aunque nosotros no seamos capaces de percibirla; tal y como le ocurría a María Magdalena.

¿A qué iba María al sepulcro? A qué otra cosa podría ir; a llorar por la muerte del Maestro, a encontrarse con la tristeza, la resignación, con el dolor por la pérdida del Esposo.

También nosotros buscamos como Iglesia, como comunidad, como creyentes al Esposo, a Jesús, al Salvador, a aquel que puede traernos la felicidad plena.

Pero, ¿Dónde? ¿Cuándo le buscamos? ¿En las tinieblas? ¿Simplemente para llorar el sufrimiento, el dolor, la culpa? ¿Seguimos creyendo que la muerte ha triunfado?

Pues, sabed que el sepulcro está vacío, que la losa está quitada (20,1). Que la piedra que cerraba las puertas de la vida ha sido desplazada. Ante ese corrimiento de la piedra, de nuestras propias piedras, ¿Cuál es nuestra reacción? La de María Magdalena está clara: ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Han profanado la tumba de Jesús! ¡Se han llevado su cadáver! Ya ha hecho su propia interpretación del acontecimiento. Sigue pensando en parámetros de muerte. El caso es que, sólo sabemos, por ahora, que la piedra está movida.

¿Qué dice esta loca? ¿Qué han movido la piedra del sepulcro? Hay que ir allí y cerciorarse. Jesús está muerto. Bastante revuelo ha suscitado en vida, como para que ahora, encima, después de muerto, sigamos dándonos problemas.

Pedro y el discípulo al que Jesús tanto amaba, corren hacia el huerto en el que estaba excavado el sepulcro. El huerto (el jardín) es lugar de vida y de encuentro con Dios. Allí es donde se encuentra la tumba de Jesús. Pero nadie ha caído en la cuenta. Corren para ver si pueden averiguar quién se ha movido la piedra.

El discípulo incluso se adelanta a Pedro. Y se encuentra, efectivamente, con que la losa está quitada. Se asoma y ve como los lienzos no cubren a Jesús. Están colocados. Como cuando el amado espera a su amada en el lecho nupcial. Sin embargo, no cae en la cuenta. Ha visto las señales de la vida, de la resurrección, pero no lo ha llegado a comprender.

Cede el paso a Pedro. Éste entra y ve también los lienzos de la misma manera, pero además, el símbolo de la muerte que es el sudario está colocado a parte. La muerte ha sido vencida. La muerte está echada a un lado, la muerte ha sido desplazada por la Vida. Pero, Pedro se mantiene dentro de sus parámetro. Ve las señales, pero no es capaz de ir más allá. El discípulo, sin embargo, vio y creyó. El amor ante el menor signo, ya cree, confía, espera.

Ante un mismo hecho dos actitudes totalmente distintas. Pero así es el ser humano. La verdad es que aquel acontecimiento les debió dejar impactados. Cada uno vuelve a su casa. Lo que ocurre que no vuelven de la misma manera. Pedro vuelve igual que antes; impactado, sí; sorprendido, sí; lleno de interrogantes. Sin embargo, el discípulo al que Jesús amaba y es de suponer que él amaba a Jesús, ese vuelve transformado, vuelve cambiado, vuelve diferente: CREYÓ.

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Buscas a Jesús en tu vida? ¿Quieres salir a su encuentro? ¿Deseas ardientemente encontrarte con él?
  • Jesús  te va ofreciendo signos, señales, itinerarios para poder ir a su encuentro; al percibirlos ¿qué haces?
  • En ocasiones, las señales son evidentemente claras, inequívocas ¿Cuál es, entonces, tu actitud? ¿Te marchas con cara de vinagre, pensando que el Dios de Jesús es muy complicado y “vete a saber lo que es aquello”? ¿Acoges esas señales y continuas tu búsqueda con esperanza, con fe, con amor?
  • ¿Qué significa para ti que Jesús ha resucitado?
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VIDA – ORACIÓN

  • Te invito a meterte en la escena, como si fueras un personaje más. Conviértete en María Magdalena, reproduce la narración metiéndote en la piel de este personaje, revive el acontecimiento desde el punto de vista de ella ¿Qué sientes? ¿Qué emociones, qué actitudes se despiertan en ti? Haz lo mismo con el personaje de Pedro y del discípulo al que Jesús ama… Alaba a Dios por permitirte recordar, conmemorar, revivir este acontecimiento.
  • Da gracias a Dios por el regalo de la Resurrección de su Hijo, por el don de tu propia resurrección, por ser un Dios de vivos y no de muertos.
  • Ofrécete para ser testigo de la Resurrección de Jesús, para propagar a los cuatro vientos que Jesús está vivo.
  • Pide que el Espíritu Santo ilumine tu camino, te conduzca por senda llana y te muestre los signos de la Vida, para poder anunciar la Vida a todos los que salen a tu encuentro.

¡¡¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN !!!

“Amaos como yo os he amado” Lectio Divina del Jueves Santo en la Cena del Señor (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO Jn 13,1-15

Ya estamos, con Jesús, en Jerusalén. Será la última vez que Jesús se reúna con Jesús antes de su pasión, muerte y resurrección. Allí, en el cenáculo, no sólo compartirá con ellos el Seder, la Cena de Pascua, e instituirá la eucaristía, si no que, además, se pondrá al servicio de sus discípulos y les entregará el mandamiento del amor (Jn 15,34).

Este jueves santo, lo vivimos muy al “estilo” del éxodo: las puertas cerradas, los lomos ceñidos, calzados los pies, báculo en mano. Y comeremos el cordero pascual de prisa (Cf Éx 12,11). Pero, al mismo tiempo, lo viviremos con mucha esperanza porque es el paso del Señor. Sí, queridos hermanos y hermanas. Este jueves santo, a pesar de las circunstancias tan particulares que estamos viviendo, Jesús pasará por tu vida y por la mía. Puede cambiarla, trastocarla, transformarla. Todo va a depender de nuestra acogida y apertura. No nos va a obligar a nada. Pero nos hace una invitación muy especial y, si cabe, mas necesaria que nunca: “O he dado ejemplo, para que hagáis vosotros lo mismo que yo” (Jn 13,15).

Celebramos el día del amor fraterno. La celebración de un amor que nos hace cercanos, iguales, hermanos. Un amor que nos dispone para estar atentos a las necesidades de los demás y a ponernos a su servicio; sin servilismo, sin sumisión, pero desde la generosidad, el desinterés y el desprendimiento. Poniendo todas nuestras posibilidades, capacidades, talentos y aptitudes al servicio de los otros. Al estilo de Jesús que fue capaz de lavar los pies a sus discípulos y entregar su vida por amor para la salvación de toda la humanidad.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Está abierto para ser consciente del paso de Jesús por tu vida? ¿De qué manera te estás preparando para la celebración de la Pascua?
  • ¿Qué resonancias tiene en tu vida el mandamiento del amor?
  • ¿Qué significado tiene para ti el acto de lavar los pies realizado por Jesús?
  • ¿De qué manera puedo servir más y mejor a mis hermanos?

VIDA – ORACIÓN

Aquí estoy, Jesús Maestro,

consciente de mi necesidad de misericordia por tu parte,

por no ser fiel al mandamiento del amor.

Te adoro porque has amado a todos los seres humanos

hasta el extremo de entregar tu vida por ellos.

Creo en el amor infinito que nos tienes.

Te doy gracias por tos los regalos que cada día nos haces, especialmente el

evangelio, la eucaristía, la Iglesia, el sacerdocio, la vida consagrada, las

personas entregadas al servicio de los demás, a María como Madre, y

tu propia vida. Amén.

“Silencio, contemplación, esperanza, victoria y paz” Lectio Divina del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO Mt 26,14-27; 27,1-66

Comenzamos la semana más especial e importante del año. En ella, vamos a volver a pasar por nuestra mente y nuestro corazón la Pasión, muerte y resurrección. Lo hacemos en unas circunstancias muy especiales. El Covid-19 está asolando el mundo. No es momento de desesperar, de abandonar, de tirar la toalla… Pero tal vez es tiempo de silencio, de reflexionar, de meditar, de contemplar para retomar, si cabe con mayor intensidad y fuerza nuestra vida ordinaria.

Por eso, mi invitación este Domingo de Ramos es que nos pongamos en la presencia de Dios, en silencio. Pero en un silencio profundo y activo, al mismo tiempo. Un silencio atento, de escucha, de enmudecimiento, e, incluso, de adoración. Pero un silencio también de resistencia, de resiliencia, de conversión y de cambio.

No voy a comentar pormenorizadamente toda la Pasión narrada por Mateo. Me voy a limitar, únicamente a realizar algún comentario, que nos ayude a profundizar, y aproximándonos al texto, poder responder a la pregunta: ¿qué dice el texto?

La pasión narrada por Mateo es la pasión del Hijo de Dios, del Mesías esperado por los siglos, de Aquél de quienes hablaron los profetas. Narración cargada de dramatismo y rica en detalles. Donde, los protagonistas de la narración son: Dios Padre y Jesús; el resto son personajes secundarios, aunque no menos importantes.

Toda esta narración hay que leerla a la luz de las antiguas profecías, que Mateo nos irá presentando, pues para este evangelista, Jesús «lleva a perfecto cumplimiento lo que han dicho la Ley y los Profetas» (Mt 5,17).

La llamada Última Cena nos describe la vida de la comunidad cristiana a lo largo de los siglos. Nos describe La celebración comunitaria de la eucaristía. Y el evangelio nos llama a vivir la misma experiencia que vivieron los discípulos en cada una de nuestras celebraciones de la eucaristía.

Es sumamente importante, caer en la cuenta de la soledad de Jesús. Él tendrá que vivir solo el Calvario. Él nunca ha buscado acabar muriendo en una cruz; pero los acontecimientos se precipitan, se imponen. Él que siempre ha deseado estar en comunión con sus discípulos, se encuentra solo en el momento más dramático de su vida. Leer el relato de Getsemaní, significa precisamente eso, leer la infructuosa relación entre Jesús y sus discípulos; porque estos últimos no son capaces de acoger el modo de vivir de Jesús, al menos por ahora; un modo de vivir que desembocará en la entrega generosa y sin condiciones de la vida para dar vida.

El juicio religioso busca en todo momento condenar a Jesús por las obras que había hecho: curaciones en sábado, blasfemias, incumplimiento de la Ley… En un segundo plano, ocurre la negación de Pedro. Ante todos, Jesús da testimonio de sí mismo.

El juicio político es un verdadero contraste entre los que están a favor de Jesús y los que están en contra, que al fin y al cabo son únicamente los miembros del Sanedrín y que han instigado al pueblo para obligar a Pilato a crucificar a Jesús.

La culminación de la obra de Jesús es la crucifixión. Pero no es el final. El Padre lo resucitará al tercer día. Una vida que se entrega por la salvación de todos y que culmina en la victoria de la Resurrección. Como os decía al principio, en ningún momento nos debe invadir la desesperanza.

Para quien tiene fe, ilusión, confianza, esperanza y acoge el mensaje del evangelio e intenta ponerlo en práctica, se abre una nueva perspectiva, un nuevo panorama: la muerte no tiene la última palabra, la muerte no es el destino final del ser humano, la muerte ha sido vencida.

Por eso queridos hermanos, poner el foco, la visión, vuestro punto de vista, no en lo trágico de la vida, si no en el rayito de esperanza que está surgiendo desde el horizonte. Esa luz es Jesús de Nazaret que viene a traernos vida y vida en abundancia. Y en la Victoria de Jesús sobre la Cruz, la Paz para el mundo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Os invito a observar detenidamente cada uno de los personajes que aparecen en el relato de la Pasión. ¿Con cuál de ellos me siento identificado? ¿Por qué?
  • ¿Quién es para mí el Jesús de la Pasión de Mateo? ¿Qué significado tiene para mi vida?
  • ¿Cómo vivo la celebración eucarística?
  • ¿Cómo vivo mis momentos de soledad, mis momentos de dificultad, las contrariedades?
  • ¿Cómo doy testimonio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús?

 VIDA – ORACIÓN

  • Pido al Espíritu Santo que me ayude a contemplar en silencio el relato evangélico y doy gracias a Dios Padre por el gran regalo de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús.

“Yo soy la resurrección y la vida” Lectio Divina del V domingo de Cuaresma (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO Jn 11,1-45

1.- Fíjate en los personajes que aparecen en este relato:

  • Lázaro: abreviatura de Eleazar, que significa “Dios ayuda”. Nombre frecuente en la época del NT. Eleazar aparece en el AT como tercer hijo de Aarón, hermano de Moisés (Núm 3,2); al que éste instituyó sacerdote (Lev 8).
  • Marta y María: hermanas de Lázaro, que aparecen también en la tradición sinóptica (Lc 10,38-42).
  • Los judíos: en diversos pasajes del evangelio de Juan aparecen como los adversarios de Jesús. Aunque aquí no parece que tengan una acepción peyorativa. Es más al final del pasaje se nos dice que muchos de ellos creyeron en Jesús.
  • Jesús: el Maestro, el Mesías, la resurrección y la vida.

2.-  Un breve apunte para distinguir resurrección de revivificación. Revivificar significa devolverle a alguien la vida, pero teniendo en cuenta que esa persona vuelve al mimo estadio previo a su muerte y que volverá a morir. Resucitar, por su parte, es volver a la vida para siempre. Jesús es el primer resucitado y todos nosotros resucitaremos con él.

3.- Entrando, un poco en el comentario del relato, con lo primero que nos encontramos es con la frase: “Aquel a quien tú amas está enfermo” (v. 3). Lázaro es una persona con la que Jesús tiene una fuerte amistad, un amigo entrañable. También los amigos de Jesús enferman. En Lázaro podemos personificar a todos los enfermos. La frase, no es una petición en sí, sino más bien una información.

Jesús se da por enterado. Sin embargo, la enfermedad no tiene porqué concluir con la muerte, puesto que la verdadera muerte es el cese de la vida que produce el pecado, aquel que cada día, se dejan transformar para configurarse con Jesús tienen vida y la tienen en abundancia (cf. Jn 10,10).

Marta, María y Lázaro, una comunidad de creyentes.

Dos días más permanece Jesús con sus discípulos allí donde se encontraba. Al tercer día regresó a Judea. Alusión clara a la resurrección de Jesús. Este signo es un preanuncio de la misma.

Al llegar a Betania, aldea cercana a Jerusalén, constata que Lázaro lleva cuatro días muerto. El número cuatro en la cultura judía significaba totalidad; por lo que el evangelista nos está diciendo que estaba bien muerto.

Marta al enterarse de que Jesús está allí, sale corriendo a su encuentro. Si Jesús hubiese estado allí, podría haber curado a su hermano. Pero, ha de ser consciente de que la muerte de su hermano no es definitiva. Sí, Marta, ya lo sabe; su hermano resucitará en el último día. Jesús le dice una frase, algo desconcertante: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?” (vv. 25ss.). Jesús no es un milagrero, Jesús no viene a prolongar la vida de manera indefinida, no viene a suprimir las leyes de la naturaleza, viene a darnos plenitud, viene a darnos y regalarnos su propia vida, una vida que es su presencia, su permanencia entre nosotros. La resurrección, la vida eterna, no es algo lejano; aquel que es la vida está presente aquí y ahora, por lo que podemos pregustar la vida eterna. Pero para ello, hemos de adherirnos a él, de la misma manera que una cinta de velcro se adhiere a una prenda de vestir. La muerte no existe es un paso hacia la vida eterna. Marta lo ha entendido por eso hace profesión de fe: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el hijo de Dios que tenía que venir al mundo” (v. 27). Jesús es la presencia del Padre entre nosotros.

Jesús se conmueve ante el dolor de sus amigos, Jesús se conmueve ante el dolor del género humano. Pero, no quiere permanecer ahí, no puede; Jesús ante el dolor pasa a la acción: “¿Dónde le habéis puesto?” “Ven a verlo” (v. 34).

Jesús, a pesar de todo, siente la ausencia del amigo. El dolor, el recuerdo, la nostalgia son inevitables. Pero, en la vida del cristiano, la esperanza ha de estar siempre presente. Jesús va al sepulcro, no a hacer duelo, sino precisamente a manifestar la gloria de Dios, la presencia y el amor que Dios siente por el ser humano.

Quitad la losa y despojaos de la falsa creencia de que la muerte es definitiva. Nuestra percepción de la realidad, sobre todo en momentos de dificultad, dolor, sufrimiento, puede ser errónea. Quedarnos mirando al árbol, puede impedirnos ver el bosque.

Jesús, entonces, ora al Padre. Pero no pide, da gracias. No necesita pedir, el Padre sabe lo que nos hace falta.

“Lázaro, sal fuera”. El creyente, aunque muera, sigue vivo. Sigue vivo a pesar de las vendas y el sudario. Hemos de despojarnos de la cultura de muerte, de todo lo que nos impide vivir la vida en plenitud. Jesús viene a darnos nueva vida.

Ante la magnitud del signo, ante el misterio de la vida plena, sólo nos queda creer y adorar. Sí, la muerte biológica está presente en nuestra existencia, la debilidad humana se constata a cada paso. Pero la muerte no tiene la última palabra. La última palabra la tiene la vida.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Con que personaje te identificas: Marta, María, Lázaro, los judíos…? ¿Por qué?
  • Seguramente, en algún periodo de tu vida has pasado por momentos de dificultad, de desesperación, de muerte… ¿Cuál ha sido tu actitud? ¿Qué ha sostenido tu fe?
  • ¿Qué creencias y actitudes has de eliminar de tu existencia para abrirte a la vida en plenitud?
  • ¿Qué acciones puede realizar para llevar la cultura de la vida a la gente que te rodea?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios, como lo hace Jesús, por todos los beneficios que cada día te regala y sobre todo, por habernos dado vida y vida en abundancia.
  • Pide al Padre que te conceda las fuerzas necesarias para hacer frente a los momentos de dificultad, de dolor, de desesperación, de muerte.
  • Comprométete a ser anunciador y portados de esperanza y de vida entre las personas de tu entorno.

Recuperar la visión Lectio Divina del IV domingo de Cuaresma (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO Jn 9,1-41

Nos encontramos hoy con un relato de curación. El que lo llamemos relato no quiere decir que, Jesús durante su vida terrena no realizara curaciones de determinadas enfermedades. Pero, sí que nos permite afirmar que este pasaje evangélico probablemente hace más referencia a la ceguera espiritual que a la corporal.

La curación de este ciego, por cierto que es el único que aparece en el evangelio de Juan, se nos propone, más bien, como un itinerario de crecimiento en la fe, como el camino que recorre la persona que confía totalmente en Jesús, que aprende poco a poco a vivir del él y con él, a amarle incondicionalmente. El ciego de nuestro relato va pasando progresivamente desde la increencia o, si preferimos, desde la creencia en el judaísmo a la adhesión plena a Jesús. Vayamos por partes.

El ciego se encuentra en Jerusalén, cerca del Templo. Es decir, es una persona muy cercana al judaísmo y a las prácticas judías. Jesús va caminando y lo ve. Ve la incapacidad de aquel hombre ve la precariedad radical en la que se encuentra, ve su fragilidad, su debilidad, sus miedos… al igual que Yahveh vio la aflicción de su Pueblo (Éx 3,7). En una situación similar han dejado los dirigentes de Israel a sus propios hermanos. Un Pueblo incapaz de valerse por sí mismo, incapaz de caminar con libertad, incapaz, siquiera, de ser personas.

La creencia popular relacionaba las enfermedades congénitas con el pecado personal o familiar. Pero el evangelista está pensando en algo más profundo, está pensando en una enfermedad existencial que padece el pueblo fiel.

Para realizar la curación, Jesús elabora con su propia saliva, junto con tierra, barro. Tenemos aquí una clara alusión a la creación del hombre (Gén 2,7). Con ese barro, Jesús unge los ojos del ciego. Pero no es suficiente, éste ha de ir a lavarse al piscina de Siloé (Enviado). Piscina de la que se tomaba el agua en la fiesta de los Tabernáculos, como símbolo de la dinastía davídica. No pretende una ruptura radical con la tradición del Antiguo Testamento, sino una adhesión progresiva a la persona de Jesús, el Enviado del Padre. Una vez realizado el gesto, vuelve viendo, vuelve abierto a la Luz, abierto a la revelación de Jesús.

La gente del pueblo al ver el signo de Jesús dudan incluso de que se tratase de la misma persona. Y es que, aquel que había sido ciego desde su nacimiento es ahora una persona nueva; es una persona nacida del Espíritu; es el mismo, pero transformado en un seguidor de Jesús.

Lo llevan ante los fariseos. Y a éstos, lo único que les preocupa, esque para la realización de esta curación se ha incumplido la ley, las normas prescritas para el descanso sabático. No les importa la persona, les importan las reglas. Si Jesús ha violado la ley del sábado no puede ser un hombre de Dios. Sin embargo, para nuestro protagonista, el ciego de nacimiento, Jesús es un profeta, un enviado de Dios.

No es posible. Lo más probable es que se trate de otra persona que se le parece y estamos ante un impostor; ese es el pensamiento de las autoridades judías. Por eso llaman a sus padres; los cuales afirman que efectivamente se trata de su hijo, pero temerosos de ser expulsados de la religión judía, se desentiende de todo.

Vuelven a llamar al ciego. Quieren que él mismo acuse a Jesús de haber quebrantado la ley del sábado. Pero él no está dispuesto. Le piden nuevamente que explique lo sucedido. Responde irónicamente: «¿Es que queréis también vosotros haceros discípulos suyos?» (Jn 9,27b). La reacción no se hace esperar, le menosprecian. Pero para el ciego, nadie es capaz de realizar el prodigio obrado en él, sin tener a Dios de su parte. Para los fariseos está todo claro, es un hombre todo empecatado, lleno de pecado; está fuera del judaísmo.

Entre el ciego y Jesús se produce un nuevo encuentro. Aquel que ha sido capaz de dar testimonio de Jesús, no está solo. Jesús le sale al camino. Y entre los dos se entabla un diálogo: «¿Crees en el Hijo del hombre?» (Jn,9,35b). ¿Crees en aquel que es la persona plena? ¿Crees en aquel que es el Hombre? ¿Crees en aquel que expresa la plenitud del ser humano?

¿Quién es ese? El que estás viendo, el que se te está revelando. Creo. Pero, el ciego no sólo cree. Ante el misterio, adora, se postra. Proclama su fe en Jesús. Aquel ciego de nacimiento ya no se encuentra en tinieblas, ha llegado a la luz. Se ha abierto a la persona de Jesús y se ha dejado transformar por él. Este hombre ha tenido la experiencia del amor gratuito de Dios, de una relación personal con Jesús que le ha comunicado una nueva vida.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Dónde y cuándo te has encontrado con Jesús? Haz un repaso de tu vida.
  • ¿Estás dispuesto/a a abrirte a la Luz del Resucitado?
  • ¿Has iniciado un camino de conversión para adherirte más a la figura de Jesús?
  • ¿Estás dispuesto/a a acoger la Luz que Jesús quiere traer a tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • Pide a Jesús que te ayude a abrirte a la Luz del Espíritu.
  • Acoge en lo más profundo de tu ser la Luz del Resucitado.
  • Da gracias a Dios por haberte revelado su amor y su misericordia.
  • Anuncia a todos los que te rodean el gran regalo que Jesús te ha hecho de convertirte en una persona nueva, en una persona plena.