Convertíos y creed. Lectio Divina del I Domingo de Cuaresma – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,12-15

Si por algo se caracteriza la Cuaresma, es por la oración, el ayuno y la limosna. Pero no podemos olvidar que es el tiempo que nos llevará a la Pascua. Prepararnos a participar del misterio de la pasión, muerte y Resurrección de Jesús, conlleva reconocer que no sólo se trata de vestirnos de gala para celebrar la Vigilia Pascual, sino también sacar de nuestro interior aquello que no nos favorece vivir como cristianos, como Cristo vivió.

Desde el inicio de nuestra existencia, desde el mismo instante de la creación, quisimos “ser como dioses”. ¿Por qué nos cuesta tanto “ser como Dios”? Generalmente, solemos decir que es duro actuar como Cristo actuó. Y es duro, ciertamente, vivir «siendo tentando por Satanás» durante cuarenta días y no sucumbir. Sin embargo, si Él ha podido, también nosotros podemos.

Pero, ¿cómo fue capaz de resistir Jesús en el desierto? Porque fue empujado por «el Espíritu». Porque Él sabe que es el mismo Espíritu quien le guía, que lo que está haciendo es lo que Dios quiere que haga y antepone la voluntad de Dios a su antojo; Él tiene la fuerza de voluntad que a nosotros nos falta. De ahí que tengamos que pedir perdón porque no tenemos la suficiente fe para creernos que la voluntad de Dios, por difícil que nos parezca, siempre es lo más acertado. De ahí que Jesús nos llame la atención en este evangelio y nos diga: «Convertíos y creed en el Evangelio».

Pero Jesús tampoco entiende de orgullo y de soberbia, Él no llega “pisoteando”. Espera a que su precursor, Juan, el Bautista, haya sido entregado, para marcharse «a Galilea a proclamar el Evangelio».

Se hace necesario, si nos comparamos con Jesús, que pidamos perdón porque no somos como Él, porque nos falta fe, y vamos sobrados de orgullo y soberbia. Así podemos entender que la Iglesia nos recomiende, de forma especial, en este tiempo de Cuaresma, que nos acerquemos a celebrar el sacramento de la reconciliación. Y así, una vez “limpios” y bien dispuestos, por fuera y por dentro, podamos también, nosotros, proclamar a los demás que «se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué es para mí la Cuarema?
  • ¿Cómo la vivo?
  • ¿Busco ser el protagonista de mi vida o dejo que el Espíritu me guíe?
  • ¿Creo, como Jesús quiere que crea?
  • ¿De qué me tengo que convertir?
  • ¿Cuál es mi mayor tentación?
  • ¿Desde cuándo no me ha acercado al sacramento de la reconciliación?
  • ¿Sólo he de acercarme a la reconciliación en Cuaresma?
  • ¿Qué pasaría si esta Cuaresma recibiera este sacramento?

VIDA – ORACIÓN

Señor Jesús. Tú que no entiendes de orgullos y vanidades, Tú que sólo dedicaste tu vida a hacer la voluntad del Padre, ayúdame a fortalecer mi voluntad. Sabes que meto la pata cada dos por tres, que me dejo llevar de la comodidad, el orgullo, la soberbia,… Convierte mi corazón para que crea, de verdad, en tu Evangelio. Qué nunca aparte mi mirada de la voluntad del Padre. Qué esta Cuaresma sea un tiempo especial para mí, pues siendo así, lo será también para mis hermanos, aquellos que tengo más cerca. Así sea.

“YO ESTABLEZCO MI PACTO CON VOSOTROS” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO I DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Gén 9,8-15

8 Dios dijo a Noé y a sus hijos: 9 “Yo establezco mi pacto con vosotros, con vuestros descendientes después de vosotros 10 y con todos los seres vivientes que hay entre vosotros: aves, ganados, bestias del campo, todos los animales que salieron con vosotros del arca. 11 Éste es mi pacto con vosotros: Ningún ser viviente volverá a ser exterminado por las aguas del diluvio, ni volverá a haber diluvio que arrase la tierra”.

 12 Y añadió: “Ésta será la señal del pacto que pongo entre mí y vosotros y todos los seres vivientes que hay entre vosotros, por todas las generaciones futuras. 13 Yo pongo mi arco iris en las nubes, y él será la señal de la alianza entre mí y la tierra.14 Cuando cubra de nubes la tierra, aparecerá el arco iris, 15 me acordaré de mi alianza con vosotros y con todos los vivientes de la tierra, y las aguas no volverán a ser un diluvio que arrase la tierra”.

Nos encontramos hoy en nuestra Lectio con este pasaje del libro del Génesis en el que después del diluvio universal, Dios se dirige a Noé y sus hijos para establecer con  ellos una nueva alianza, a pesar de la infidelidad de los seres humanos: “Ningún ser vivo volverá a ser exterminado”.

Eso sí, hay que hacer notar que esta alianza se extiende a la humanidad de todos los tiempos y a todos los seres vivientes

Una alianza o pacto en el que Dios da el primer paso. La iniciativa parte de Yahveh.

En este pacto Dios se compromete a derramar su bendición sobre todos los seres vivientes y muestra al ser humano su rostro misericordioso. Tal es así, que no pide nada a los seres vivientes al establecer dicha alianza. Es Él quien asume todo el compromiso.

Una alianza en favor de la vida, la paz y la felicidad de toda la creación.

El arcoíris será el signo visible de esta alianza eterna y recuerdo de la fidelidad de Dios a este pacto.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios, también, quiere establecer contigo su propio pacto, ¿de qué manera lo acoges? ¿Estás dispuesto a asumir dicho pacto?
  • En silencio, medita acerca de ese pacto, ¿a qué crees que se está comprometiendo Dios contigo?
  • Y tú, ¿estás dispuesto a comprometerte con Dios?
  • ¿Qué acciones vas a emprender esta cuaresma para ser fiel a ese pacto con Dios?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 91

1 Tú que vives bajo la protección del Dios altísimo y moras a la sombra del Dios omnipotente,

2 di al Señor: “Eres mi fortaleza y mi refugio, eres mi Dios, en quien confío”.

3 Pues él te librará de la red del cazador, de la peste mortal;

4 te cobijará bajo sus alas y tú te refugiarás bajo sus plumas; su lealtad será para ti escudo y armadura.

5 No temerás el terror de la noche ni la flecha que vuela por el día,

6 ni la peste que avanza en las tinieblas ni el azote que asola al mediodía.

7 Aunque a tu lado caigan mil, y diez mil a tu diestra, a ti no te alcanzarán.

8 Te bastará abrir los ojos, y verás que los malvados reciben su merecido,

9 ya que has puesto tu refugio en el Señor y tu cobijo en el altísimo.

10 A ti no te alcanzará la desgracia ni la plaga llegará a tu tienda,

11 pues él ordenó a sus santos ángeles que te guardaran en todos tus caminos;

12 te llevarán en sus brazos para que tu pie no tropiece en piedra alguna;

13 andarás sobre el león y la serpiente, pisarás al tigre y al dragón.

14 Porque él se ha unido a mí, yo lo liberaré; lo protegeré, pues conoce mi nombre;

15 si me llama, yo le responderé, estaré con él en la desgracia, lo libraré y lo llenaré de honores;

16 le daré una larga vida, le haré gozar de mi salvación.

“SEÑOR, LÍMPIAME” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mc 1, 40-45)

El evangelio de hoy nos habla de inclusión, de cercanía, de acogida… Esa es la actitud de Jesús ante las necesidades del ser humano. Una actitud que en muchas ocasiones es incomprensible porque no entraba, ni entra dentro de lo que nosotros llamamos lo «políticamente correcto»; no entraba, ni entra dentro de los parámetros en los que debe moverse una persona de bien, una persona decente; no entraba, ni entra dentro de lo que cabría esperar de un hombre religioso y mucho menos de aquel que se autoproclamaba Hijo de Dios. Así era en aquel tiempo y así es ahora.

Ciñéndonos a la época de Jesús, y más en concreto al Evangelio con el que hoy vamos a orar, nos encontramos con que Marcos nos relata la curación de un leproso; por cierto, relato único en este Evangelio.

Jesús ha ido recorriendo toda Galilea, tal y como se nos ha dicho anteriormente (Mc 1,39), probablemente ha llegado al desierto. Allí, moraban una serie de personas que debían vivir al margen de la sociedad, porque no eran considerados «dignos» de vivir con los demás; entre otros, los leprosos.

Antes que nada, hay que aclarar que el concepto de lepra en la época de Jesús era sinónimo de infinidad de enfermedades de la piel, y no específicamente lo que hoy conocemos como enfermedad de Hansen, o lepra.

En aquel entonces, según la Ley, los leprosos debían vivir apartados de las demás personas, al margen total de la sociedad, no tenían ningún derecho y no debían acercarse a nadie; es más, cuando estuvieran cerca de una persona debían gritar: «¡Impuro, impuro!» para advertir de su presencia (Lev 13,45-46); no debían contaminar a los demás (Núm 5,2-3). Pero, el leproso no sólo era rechazado por la sociedad, se creía que, además, era una persona rechazada por Dios, puesto que desde el punto de vista cultual era impura. Para poder retomar su relación con Dios, y por tanto poder asistir a las celebraciones del Templo o la sinagoga, no bastaba con que dicha persona quedara curada de su enfermedad, sino que el sacerdote debía certificar que había sido purificado.

Jesús rompe con todas las reglas habidas y por haber, porque aunque quien se acerca a él es el leproso y le suplica ser curado, Jesús extendió su mano y le tocó, con este acercamiento se convertía también en un impuro (Núm 19,22; Lev 22,6).

Todo eso a Jesús no le importaba, lo verdaderamente importante para él era la persona: «Sí, quiero. Queda limpio» (Mc 1,41). No le importa haber incumplido la Ley, porque él ha venido para sanarnos de todas nuestras enfermedades, de todas nuestras limitaciones, de todos nuestros traumas y todas nuestras heridas y nuestras miserias. Jesús se compadece de la persona humana, sobre todo de aquel que más necesitado está de la misericordia de Dios y del amor del Padre. Jesús quiere que sepamos y sintamos que nadie en la sociedad puede ser un marginado, sino que toda persona, por el solo hecho de serlo, es digna de la bondad, del amor y de la cercanía de los demás seres humanos y, por supuesto, es merecedora del amor, de la misericordia y de la cercanía de Dios.

A continuación, le impone silencio: «No se lo digas a nadie» (Mc 1,44). Y aunque lo envía al sacerdote, no es para que le cuente quién le ha curado o cómo se ha producido el hecho, si no para que conste como testimonio, para que pueda volver a reinsertarse oficialmente en el entramado social y cultual de su pueblo. Lo cual no sirvió de nada, pues el leproso en lugar de dirigirse al templo, se retiró y se puso a anunciar con entusiasmo y a divulgar a voces la noticia (Mc 1,45). Se convirtió en predicador y anunciador de la Buena Nueva, del Evangelio. Lo cual provocó que Jesús ya no podía entrar libremente en ninguna ciudad, se queda en lugares solitarios, en el desierto, y hasta allí acudían a él de todas partes. Para Jesús los lugares de marginación y de exclusión no existen.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Quiénes son para ti los leprosos de hoy (excluidos de la sociedad, pobres, parados, personas sin hogar…)?
  • ¿Cómo te comportas tú con los leprosos contemporáneos, los acoges como Jesús o por el contrario los rechazas y excluyes de la sociedad y de tu vida?
  • ¿Te atreves, incluso, a transgredir las leyes injustas de pureza «de tu grupo», «de tu comunidad», «tu asociación»… para acercarte a los leprosos con los que te encuentras en tu vida diaria?
  • ¿Qué acciones emprendes o podrías emprender para reintegrar a los leprosos contemporáneos en la sociedad, en la Iglesia, en tu comunidad?

VIDA – ORACIÓN

Querido, Padre nuestro:

Seguramente, ninguno de los que estamos participando de esta oración,

somos «leprosos excluidos» de nuestra sociedad;

es por ello que queremos encomendártelos a tu corazón misericordioso.

¡Ayúdales en el camino de la vida!

“CURA, SEÑOR, MI LEPRA” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Lev 13,1-2.44-46

1 El Señor dijo a Moisés y a Aarón: 2 “Cuando alguno tenga sobre la piel una inflamación, una pústula o una mancha reluciente, síntoma de lepra, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos sacerdotes. 44 Ese hombre es un leproso e impuro. El sacerdote lo declarará impuro, pues lleva la llaga de la lepra en su cabeza. 45 El leproso andará harapiento, despeinado, la cara medio tapada y gritando: ¡Impuro, impuro! 46 Mientras le dure la lepra, será impuro y, siendo impuro, vivirá aislado, fuera del campamento”.

Hoy oramos con un fragmento del libro del Levítico. Dicho libro pertenece al llamado Pentateuco, es decir a los primeros 5 libros de la Biblia. En él se recogen las normas que deben regir el culto y que deben guardar las personas que se consagran al mismo.

Los versículos que hoy nos ofrece la liturgia, nos hablan precisamente acerca del ritual que deben seguir aquellas personas que se contagian de lepra.

Para los judío toda persona que contraía esta enfermedad debía ser apartada de la comunidad, pues dicho mal era sinónimo de impureza religiosa y de un castigo por parte de Dios. Al considerarse al leproso como un pecador era separado a fin de preservar la pureza del Pueblo.

En el hipotético caso de que el leproso se curara debía de realizar un sacrificio de expiación para volver a ser admitido a la comunidad.

El sufrimiento del leproso, por así decir era doble, no únicamente desde el punto de vista físico, si no también desde el punto de vista espiritual pues, en cierto modo, desde el punto de vista de la sociedad judía le alejaba de Dios.

Haciéndonos eco del evangelio y poniéndolo en paralelo con este fragmento, nos damos cuenta como Jesús viene a liberarnos de todo mal, tanto físico como espiritual. Acudamos a Él en nuestras necesidades para que nos libere total e integralmente.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuáles son las “lepras” que nos acechan ya sea en nuestro cuerpo o en nuestro espíritu?
  • ¿Cómo afrontamos dicha problemática?
  • ¿Solemos apartar a otra personas a causa de sus propias lepras?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 23

1 El Señor es mi pastor, nada me falta:

2 en verdes praderas me hace reposar, me conduce hacia las aguas del remanso

3 y conforta mi alma; me guía por los senderos de justicia, por amor a su nombre;

4 aunque vaya por un valle tenebroso, no tengo miedo a nada, porque tú estás conmigo, tu voz y tu cayado me sostienen.

5 Me preparas una mesa ante mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar.

6 Lealtad y dicha me acompañan todos los días de mi vida; habitaré en la casa del Señor por siempre jamás.

Unas costumbres, una religión, una familia, una misión. Lectio Divina del evangelio del V Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,29-39

Muchas veces, cuando pensamos en los discípulos, nos los imaginamos como unos “santos” inaccesibles para nosotros. Sin embargo, nada más equivocado. Los discípulos son gente sencilla, elegida por Dios en medio de su pueblo para cumplir una tarea, una misión. ¿O es que pensamos que, hoy, las vocaciones religiosas y sacerdotales son todos santos? Pues lo mismo pasaba con aquella gente, los discípulos. Eran gente que tenían una vida, un trabajo, una familia. Y así nos los presenta el evangelio de este domingo.

Como buenos judíos, los sábados iban a orar a la sinagoga. Era su día sagrado. Y Jesús sale de ella con dos hermanos: Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo. Y se dirigen a casa de Simón y Andrés, otros dos hermanos, que con los anteriores, fueron los cuatro primeros llamados por Jesús. «Venid y os haré pescadores de hombres» (cf. Mc 1,14-20). Una religión: la judía. Un trabajo: eran pescadores.

Pero además, tenían una familia: eran hermanos. Y Pedro estaba casado. Tenía a su suegra enferman, «en cama con fiebre». La familia es importante «e inmediatamente le hablaron de ella». Para Jesús su familia es importante, pero también la familia de sus discípulos, de sus amigos. Porque Él también es hombre y tiene “Corazón”. Por eso, «se acercó, la cogió de la mano y la levantó». A la suegra de Pedro «se le pasó la fiebre y se puso a servirles».

Simplemente, tocándole con su mano, hizo el milagro y la mujer quedo sana. Por eso, al enterarse los vecinos, «le llevaron todos los enfermos y endemoniados». Era el «anochecer, cuando se puso el sol» y «la población entera se agolpaba a la puerta». Jesús «curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar».

Dice el evangelista que Jesús «se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar». Esta es una actitud que Jesús tiene de modo habitual. Siempre ora antes y después de hacer cosas importantes porque sabe que no es su voluntad la que ha venido a hacer, sino la voluntad del Padre.

Cuando «Simón y sus compañeros» se levantaron, «fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca»”. Pero el plan de Dios ahora era otro y por eso les dice: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido». Y «así recorrió toda Galilea».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • Los primeros discípulos de Jesús eran judíos y cumplían con sus costumbres. ¿Qué costumbres debo cumplir yo, como católico?
  • ¿Las cumplo?
  • Ellos tenían una familia y se preocupaban de ella. ¿Me preocupo de mi familia?
  • ¿Le cuento a Jesús cómo se encuentran cada uno de los miembros de mi familia?
  • ¿O sólo recurro a Él cuando hay algún enfermo que necesita un milagro?
  • ¿Oro, como hacía Jesús, antes y después de las cosas importantes de cada día?
  • ¿Oro con frecuencia, aunque no tenga cosas importantes ni problemas?
  • ¿Busco a Jesús, como lo buscaron sus amigos?
  • Jesús tenía que irse a las aldeas cercanas porque para eso había salido. ¿Para qué “he salido” yo? ¿Cuál es mi misión?
  • ¿Está dentro de mis tareas importantes diarias la predicación?
  • ¿En qué debo mejorar?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, porque te preocupas de los nuestros, de nuestra familia, de nuestros amigos y conocidos, de “nuestra gente”. Gracias porque no haces nada a tu antojo, sino que siempre cumples la voluntad de Aquel que te ha enviado. Perdóname porque soy perezoso y me cuesta hacer lo que debo. Ayúdame, Señor, a ser generoso también con todas las personas que me necesitan, sin pensar en mi descanso, como Tú lo hacías. Así sea.

“¡ESCÚCHAME, SEÑOR!” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Job 7,1-4.6-7

Job habló diciendo: 1 ¿No es un servicio la vida del hombre en la tierra? ¿No son sus días, días de jornalero?

 2 Como el esclavo suspira por la sombra, como obrero que espera su salario, 3 así meses de aflicción me han caído en herencia, me han tocado noches de dolor.

 4 Al acostarme, digo: “¿Cuándo llegará el día?”. Y al levantarme: “¿Cuándo será de noche?”. Y, presa de zozobras, doy vueltas hasta el crepúsculo.

6 Mis días huyen más raudos que la lanzadera; se esfuman sin ninguna esperanza.

 7 Recuerda que mi vida es un soplo, que mis huesos no volverán a ver la dicha.

La liturgia de este domingo nos ofrece en la primera lectura un fragmento del libro de Job. Un libro que trata de explicarnos el sufrimiento no merecido. Y en el que su protagonista a pesar de todos los acontecimientos y circunstancias que vive tan adversas, no deja en ningún momento de confiar en Dios. Dios saldrá a su encuentro en el momento oportuno y consolará su aflicción.

Nos encontramos hoy como Job, en una especie de conversación consigo mismo, se dirige a Dios para hacerle ver cómo se siente a causa de la situación de angustia y adversidad que está viviendo.

En esa conversación Job revela de aluna forma el gran sufrimiento que está sintiendo, incluso a nivel físico. Y como, en algún momento, le flaquean las fuerza para continuar la batalla de la vida. Tal es su desesperación que piensa que la dicha no volverá a su existencia.

En estas circunstancias tan adversas es cuando invoca a Dios para que Él venga en su ayuda. Los versículos que hoy estamos meditando dejan la cuestión abierta. Pero sabemos, que al final del libro, las súplicas de Job son escuchadas, y es entonces cuando hace una verdadera experiencia de la misericordia de Dios.

Cuando acudimos a Él, siempre responde a nuestras plegarias, aunque es posible que no lo haga en el momento que nosotros queremos, sino en el momento oportuno.

Así que acudamos a Dios en nuestras necesidades, en nuestras dificultades, en nuestras tristezas. El vendrá en nuestra ayuda.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo afrontas tus momentos de dificultad, de sufrimiento, de incertidumbre, ?
  • ¿En dichos momentos pones tu confianza en Dios?
  • Recuerda los momentos en los que Dios a salido a tu encuentro precisamente para ayudarte en tus dificultades.

VIDA – ORACIÓN

Salmo 86

1 Escúchame, Señor, atiéndeme, pues soy pobre y desdichado;

2 guarda mi vida, pues soy tu amigo; tú eres mi Dios, salva a este siervo tuyo que en ti espera;

3 ten piedad de mí, Señor, pues te estoy llamando a todas horas;

4 alegra el corazón de este siervo tuyo, pues hacia ti, Señor, levanto mi alma.

5 Señor, tú que eres bueno y que perdonas, lleno de piedad para los que te invocan,

6 escucha mi plegaria, Señor, atiende a la voz de mi súplica;

7 en el día de mi angustia yo te llamo porque tú siempre me escuchas.

[…]

15 Tú, Señor, misericordioso y compasivo, paciente y lleno de amor y de lealtad,

16 ven conmigo, ten compasión de mí; da tu fuerza a este tu siervo, salva al hijo de tu sierva,

17 dame una prueba de tu amor, para que mis enemigos lo vean y se avergüencen, pues tú, Señor, me ayudas y consuelas.

¿QUÉ ES ESTO? LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,21b-28

Este domingo, la liturgia nos ofrece orar con la primera actuación milagrosa de Jesús en el evangelio de Marcos, en la que, él es el principal protagonista, pues aunque le acompañan los discípulos, estos permanecen como meros espectadores.

Geográficamente, nos situamos en Cafarnaum, la ciudad más importante de Galilea; era la ciudad natal de Pedro, además de haberse convertido en lo que podríamos llamar el “centro de operaciones” de Jesús y sus discípulos. Allí se dirigieron. A partir de este momento, los discípulos se convertirán en espectadores y Jesús será el auténtico protagonista de la escena, tal como comentábamos más arriba. Es él, quien entra en la sinagoga, el lugar en el que se exponía la Palabra y se daba a conocer la Ley. Todo judío piadoso, en el día de sábado se acercaba a la sinagoga para escuchar sobre todo la Torá (el Pentateuco) o los profetas y orar. En un determinado momento, un maestro de la ley explicaba y actualizaba el mensaje de aquel pasaje. Existía la costumbre de invitar a realizar esa explicación a alguien que estuviera de paso y fuese considerado capaz de hacerlo. Posiblemente, en ese día es invitado Jesús.

Nadie se ha percatado. Pero, en la sinagoga, se encuentra un hombre que está poseído por un espíritu impuro. Si prestamos atención a la narración, dicho espíritu habla primeramente en plural y posteriormente en singular. Ese plural hace referencia a los que están allí presentes en la sinagoga por lo que es como decir, que la misma sinagoga era la que estaba poseída por dicho espíritu impuro. Por tanto, la acción de Jesús se va a encaminar a purificar la sinagoga en primer lugar. Las enseñanzas promovidas por los maestros de la ley y los escribas en muchas ocasiones eclipsaban la frescura del texto bíblico y había llegado incluso a tergiversar el verdadero significado del mismo. Los maestro de la ley y los escribas eran los encargados de hacer entender al pueblo el verdadero significado de la Escritura, mensaje que había llegado a corromper. Jesús no ha venido a transformar o cambiar dicho mensaje, pero sí a darle su pleno cumplimiento y significado.

Expresada esta premisa, con respecto al diálogo en plural y teniéndola en cuenta, nos vamos a detener, en el diálogo entre el endemoniado y Jesús. Al llamarlo Nazareno, lo identifica con el Mesías, y por tanto con el cumplimiento de la expectación que el pueblo judío tenía con respecto a él, que no era otra sino la de la persona poderosa que sometería a todos las naciones a Israel. Una visión totalmente mundana y equivocada de la verdadera misión de Jesús. Relacionar al Mesías con la pasión y muerte en cruz era totalmente incompatible con dicha visión.

No sabemos qué predica Jesús. El autor del evangelio únicamente nos dice que la gente queda estupefacta, asombrada, impresionada. Pero en ningún momento se nos comunica que aquellos que se encontraban en la sinagoga se convirtieran. Es más, el propio endemoniado interroga a Jesús con una pregunta, por lo menos sorprendente: “¿Has venido a destruirnos?” . Jesús no contesta. Jesús se muestra como Señor, en sentido pascual (cf. Flp 2,6-11), por su enseñanza, por el miedo que infunde en el espíritu impuro y por la autoridad con la que habla: “Cállate y sal de él”. El verbo callar es utilizado en la Biblia Griega cuando Yahveh habla y vence, por ejemplo, la furia del mar (2Sam 22,14) o cuando hace callar a los soberbios (Sal 119,21) o cuando increpa al propio Satanás (Zac 3,2). Al igual que Yahveh, Jesús, que es Dios, que es el Mesías esperado, no necesita recurrir a exorcismos complicados, es suficiente su palabra y el demonio escapa inmediatamente.

El Reino se ha hecho presente en la sinagoga, el Reino se ha hecho presente en el Pueblo de Israel con la venida de Jesús de Nazaret. Sin embargo, esto no es percibido por los presentes, todo se queda en el asombro y en el temor ante la acción y las palabras pronunciadas por Jesús con autoridad. Aunque aquellos no se convirtieran, la fama de Jesús se extendió por la región entera de Galilea.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Jesús se hace presente en tu vida y también realiza acciones extraordinarias. ¿Cómo reaccionas ante estos hechos? ¿con asombro y admiración como los presentes en la sinagoga o, por el contrario, estás dispuesto a adherirte a la propuesta del Reino y convertirte?
  • ¿Eres capaz de reconocer a Jesús cuando se hace presente en tu vida? ¿Estás atento a su Palabra? ¿Estás dispuesto a reconocerle como Mesías, como “el Señor de tu vida?
  • Todos, en cierto modo, también nos encontramos impuros ¿estás dispuesto a dejarte purificar por Jesús?
  • Su fama se extendió por toda la región de Galilea. ¿Qué crees que has de hacer para que la persona de Jesús sea conocida al menos entre aquellos que te rodean?

VIDA – ORACIÓN

Enséñame tu camino, Señor,

y andaré en tu luz,

dame un corazón entregado a ti para honrarte, oh Dios.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

Enséñame tu camino, Señor,

y andaré en tu luz,

dame un corazón entregado a ti para honrarte, oh Dios.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

Es tu amor el que yo deseo en mi vida Señor Jesús.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir, mi Dios,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

(Autor: Marcos Witt)

“SUSCITARÉ UN PROFETA” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Deuteronomio 18,15-20

Moisés habló al pueblo diciendo 15 “El Señor, tu Dios, suscitará de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, al que debéis obedecer. 16 Es precisamente lo que tú pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: “No queremos oír más la voz del Señor, ni ver ese gran fuego para no morir”, 17 y el Señor me dijo: “Dicen bien. 18 Yo les suscitaré de en medio de sus hermanos un profeta como tú; pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande. 19 Al que no escuche las palabras que él dirá en mi nombre, yo mismo le pediré cuentas. 20 Pero el profeta que tenga la osadía de anunciar en mi nombre lo que yo no le haya ordenado decir o hable en nombre de otros dioses, ese profeta morirá””.

Nos encontramos hoy, en la primera lectura, que la liturgia nos ofrece, un fragmento del libro del Deuteronomio.

Dicho libro está dentro del llamado Pentateuco, la colección de los cinco primeros libros de la Biblia.

En el Deuteronomio se nos presenta a un Dios que está presente en la vida de su pueblo y que se preocupa por él. Un pueblo elegido por Yahveh para establecer con él una alianza y crear un lazo de amor entre ambos. De esta manera Israel alcanzará una vida plena, su única obligación es la fidelidad a la alianza y a Dios.

El fragmento con el que hoy oramos comienza con una promesa de Yahveh al pueblo de Israel realizada por medio de Moisés.

La promesa es  que Dios va a suscitar en medio de su pueblo un profeta como Moisés.

El texto nos remite al Horeb cuando el pueblo le dijo a Moisés que no quería más volver a escuchar la voz de Dios de una manera directa.

Dios para comunicarse con su pueblo, suscitará en medio de él un mediador. Dichos profetas hablarán en nombre de Dios dando a conocer su voluntad. El profeta será verdadero y auténtico gracias a la fidelidad que mantendrá a la palabra de Dios.

Israel vio en este fragmento una clara alusión a un profeta excepcional, único, un segundo Moisés, por llamarlo de algún modo, que en algún momento se identificaba con el Mesías.

Nosotros como cristianos, no podemos menos que identificar a este profeta con Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, el cual será quien nos comunique la palabra plena y definitiva del Padre su amor y su misericordia.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo podemos reconocer a los profetas en nuestro tiempo? ¿Estamos atentos a la voz de los mediadores que Dios pone en nuestra vida?
  • Dios establece contigo una alianza de amor y plenitud, ¿Cómo respondes a ella? ¿Eres fiel a ella?
  • ¿Es Jesús para ti el Profeta del Padre y el guía de tu vida?
  • ¿Eres profeta del amor y la misericordia de Dios para los demás?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 78

1Atiende a mi enseñanza, pueblo mío, escucha las palabras de mi boca;

2 hablaré por medio de sentencias y evocaré los misterios del pasado.

3 Lo que hemos oído y aprendido, lo que nuestros padres nos contaron,

4 no se lo ocultaremos a sus hijos; contaremos a la generación futura los títulos de gloria del Señor, su poder y las maravillas que él ha hecho.

5 Él estableció un precepto en Jacob y promulgó una ley en Israel: ordenó a nuestros padres que enseñaran las cosas a sus hijos

6 para que la generación siguiente lo supiera, los hijos que habían de nacer, y que éstos, a su vez, se lo contaran a sus hijos

7 para que pongan en Dios su confianza, no olviden los prodigios del Señor y guarden sus mandatos;

8 no lleguen a ser como sus padres, una generación indócil y rebelde, generación cuyo corazón no fue constante, y cuyo espíritu fue desleal para con Dios.

[…]

70 Eligió a David, su siervo, lo sacó de los apriscos del rebaño,

71 lo llamó de detrás de las ovejas y lo hizo el pastor de Jacob, su pueblo, y de Israel, su heredad.

72 Los apacentó con un corazón irreprochable, los guio con sus expertas manos.

Se ha cumplido el tiempo / convertíos y creed / Venid / Se marcharon. Lectio Divina del III Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,14-20

«Después de que Juan fue entregado», decapitado, por el odio de la mujer de Herodes, Jesús se marcha a su región, Galilea, «a proclamar el Evangelio de Dios». La palabra “evangelio” significa “buena noticia”. Jesús vuelve a su tierra a proclamar la Buena Noticia de Dios, que es, ni más ni menos, que «se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios».

Ya en el momento del nacimiento de Juan, podemos leer: «A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo» (Lc 1,57). Parece ser una expresión usada en la época de Jesús. También, Pablo, en su carta a los Gálatas la emplea: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Gal 4,4-6). Cumplirse el tiempo indica que ha llegado otro momento importante para la historia del pueblo judío. Primero fuero fueron los Patriarcas, después los Reyes y Jueces, los Profetas, Juan –el Bautista- y ahora es Jesús quien anuncia la llegada del nuevo tiempo, la proximidad del reino de Dios. Si queremos ser parte de ese Reino, Jesús nos da un mensaje claro: «Convertíos y creed en el Evangelio».

Esta es la misión que tiene Jesús, la que le ha encomendado su Padre. Por eso, no puede poner su morada en una ciudad concreta, porque su misión es el mundo entero. De ahí que pase de un lugar a otro, que lo veamos por distintas ciudades y pueblos. Y hoy, san Marcos dice que estaba «junto al mar de Galilea».

Todos conocemos lo que se hace en el mar, la vida del mar es dura, y la gente del mar lo sabe muy bien. Muchos han perdido su vida. En el mar de Galilea estaban los pescadores haciendo sus faenas. Marcos nos habla de Simón y su hermano Andrés que estaban «echando las redes en el mar» y una vez echadas, tenían que esperar que la red se llenara para recoger la pesca. Jesús los ve y les dice: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». ¿Qué cara se les quedaría a los dos hermanos cuando oyeran que Jesús los quería hacer «pescadores de hombres»? En el mar, los únicos hombres que “se pescan” son aquellos que naufragan, los que andan a la deriva por las tempestades, etc. ¿Qué querría decirles Jesús? Sin embargo, ellos, «inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron».

Más adelante, acompañado de Simón y Andrés, encuentra Jesús a Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo. Ellos estaban repasando las redes, en la barca, con su padre y los jornaleros. A ellos también les llama y ellos «se marcharon en pos de él». El evangelista no nos cuenta que Jesús les dijera nada. Sólo que los llamó. ¿Qué poder de convicción era el que tenía Jesús que los cuatro le siguen?

Ahora ya son cuatro, los cuatro primeros, el primer grupo, la primera comunidad cristiana que se conoce. Son los que acompañarán a Jesús hasta el final, los primeros que con el Maestro, proclaman el Evangelio de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué entiendo yo por el Evangelio de Dios?
  • ¿Qué tiempo vivo yo?
  • Jesús llama a la conversión. ¿De qué me tengo que convertir?
  • ¿Creo en el Evangelio?
  • ¿He intentado, en alguna ocasión, proclamar el Evangelio de Dios?
  • ¿A quién? ¿A gente que conozco o a gente que desconozco?
  • Si es que sí… ¿Alguien ha seguido el Evangelio?
  • Si es que no… ¿Cuándo voy a intentarlo?
  • ¿Evangelizo solo o lo hago con mi comunidad?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, por la generosidad de estos cuatro primeros discípulos. Pero más aún, por habernos anunciado el Evangelio de Dios. Danos los dones que necesitamos para poder hacer nosotros, también, lo que hiciste tú.

“DIOS TIENE COMPASIÓN” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Jonás 3,1-5.10

1 De nuevo el Señor dijo a Jonás: 2 “Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, a predicar lo que yo te diga”.

 3 Jonás se puso en marcha y se dirigió a Nínive, conforme a la orden del Señor. Nínive era una ciudad extraordinariamente grande; para recorrerla hacían falta tres días.

 4 Jonás entró en la ciudad, caminando durante una jornada y predicando así: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”.

 5 Los ninivitas creyeron a Dios y ordenaron un ayuno; se vistieron de saco chicos y grandes.

10 Al ver Dios lo que hacían y cómo se habían convertido de su mala conducta, tuvo compasión de ellos y no llevó a cabo el mal con el que los había amenazado.

Nos encontramos hoy, en la primera lectura, que la liturgia nos ofrece, con un fragmento del libro del Profeta Jonás. Un libro que nos presenta la universalidad del amor y de la providencia de Dios.

Concretamente, hoy oramos con el pasaje de lo que podríamos llamar la segunda llamada a Jonás para cumplir una misión.

Anteriormente, Yahveh ha llamado a nuestro protagonista a una misión algo desconcertante para la mentalidad judía de la época, pues ellos pensaban que eran los únicos destinatarios o los únicos que tenían derecho a gozar de la bondad y la misericordia de Dios.

En este contexto, Yahveh envía a Jonás a la ciudad de Nínive, la capital del Imperio Asirio. Una gran ciudad, que necesitaba de tres día para poder recorrerse. Él, sin embargo, y debido a la mentalidad que existía, como hemos dicho anteriormente, huye. Se niega a cumplir con la misión encomendada por Dios y huye en dirección opuesta hacia Tarsís. Y es capaz incluso de poner en riesgo su vida por tal de no cumplir la misión a la que Dios le llama.

En el fragmento, con el que estamos orado, nos encontramos con esa segunda llamada a la misión, después de la huida de Jonas: “Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, a predicar lo que yo te diga”.

La predicación consiste en anunciar la bondad y misericordia de Dios e invitar a los habitantes de la gran ciudad a la conversión, al arrepentimiento y a cambiar de vida.

Sorprendentemente, gracias a la predicación de Jonás los Ninivitas, inmediatamente, se convierten a Dios, en contraste con la infidelidad mostrada en muchas ocasiones por Israel.

Dios cuando uno se acerca a Él, queriendo entrar en comunión con Él, siempre acoge, perdona, se muestra misericordioso y ama. ¡No lo olvidemos nunca!

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo actuarías si Dios te llamara a la misión de anunciar su misericordia a alguien que tú consideras que no es merecedor de ella?
  • ¿De qué manera anuncias la misericordia y la bondad de Dios a los que te rodean?
  • ¿Estás atento a la voz de Dios para vivir en continua conversión en tu día a día?
  • Siente y se consciente de la bondad y la misericordia de Dios hacia tu persona y hacia toda la humanidad.

VIDA – ORACIÓN

Salmo 136

1 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor;

2 dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor;

3 dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.

4 Sólo él ha hecho grandes maravillas, porque es eterno su amor.

5 Él hizo los cielos con sabiduría, porque es eterno su amor.

6 Él afirmó la tierra sobre las aguas, porque es eterno su amor.

7 Él hizo las lumbreras grandes, porque es eterno su amor:

8 el sol para presidir el día, porque es eterno su amor;

9 la luna y las estrellas para presidir la noche, porque es eterno su amor.

[…]

25 Él da de comer a todas las criaturas, porque es eterno su amor.

26 Dad gracias al Dios del cielo, porque es eterno su amor.