Lectio Divina Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 1, 26-38

Corría el siglo I, eran los tiempos del Rey Herodes, cuando Cirino gobernaba Siria y el emperador Cesar Augusto dominaba el orbe conocido. También Israel estaba sometido al dominio del Imperio Romano. Israel, un pequeño país al oeste del Mediterráneo, en el que se desarrolla nuestra historia. Esa historia que la liturgia hoy nos ofrece para nuestra consideración y oración.

Había muchos en Israel que esperaban su liberación, que esperaban la actuación de Dios para librarlos de la opresión del Imperio Romano. Un resto del pueblo judío esperaba que Dios actuaría en su favor en el tiempo oportuno, para liberarlos de la esclavitud, como hizo en otro momento de su historia, cuando los sacó de Egipto.

Por eso muchos esperaban un Mesías guerrero, poderoso, fuerte. Sin embargo, los planes de Dios no son nuestros planes, y para Él era más importante una liberación integral que parcial. De qué sirve que nos libere de una esclavitud, si después nos sometemos a otra. Nuestro Padre Dios quería liberarnos de todo lo que nos oprime, incluso de la muerte eterna.

Y entre aquellos, que mantenían su esperanza puesta en la actuación bondadosa y liberadora de Yahveh, estaba María, una joven de Nazaret, que un día recibió una visita inesperada. Dios no revela su proyecto en Jerusalén, ni lo hace en el templo, ni tampoco se dirige al sumo sacerdote. Se revela en un pequeño pueblo, dentro de una casa, a una joven virgen, que estaba prometida con un hombre llamado José.

Dios revela su plan de acción a aquellos que son capaces de acogerlo con apertura, con corazón limpio, con confianza, con esperanza. Dios esta presente en medio de su pueblo, continúa acompañándolo y caminando a su lado.

Y uno de aquellos días, María recibe una llamada, una vocación: ser la madre del Salvador. Aquel día, María encontró gracia ante Dios; aquel día el ángel Gabriel le anuncia un acontecimiento inexplicable, inimaginable, incomprensible para cualquier ser humano. No me preguntéis cómo fue; no lo sé. Sólo sé que aquel día, aquella, a la que el Ángel llamó llena de gracia, aquella con la que estaba el Señor, concibió en su seno a Jesús, al Hijo de Dios, al Salvador del mundo, al Rey de Reyes, cuyo reinado no tendrá fin.

No busco entender este misterio, no busco dar una explicación lógica, no busco razones racionales. Para Dios no hay nada imposible. Por eso, sólo me queda actuar de dos maneras: o darme la vuelta e ignorar el hecho; o, por el contrario, guardar silencio, admirar el acontecimiento, alabar, dar gracias y adorar.

Sólo me queda, responder como María y con María, aún si entender nada: ¡Hágase! Sólo me queda, aceptar sin condiciones el amor de Dios, entregarme sin restricciones a Él, como un niño se entrega en los brazos de su madre y permanecer disponible a su voz y a su llamada.

Hoy miramos con ojos nuevos, con ojos de admiración, con ojos de niño a María, la llena de gracia, la que acogió el don gratuito de Dios, la que concibió a Jesús por obra del Espíritu Santo. A ella, le pedimos que nos conceda su misma disponibilidad, su misma apertura y su mismo compromiso en la construcción del Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Existe hoy en nuestro mundo personas que esperan la “liberación” por parte de Dios? ¿Qué tipo de “liberación” crees que esperan? ¿Y tú eres de los que mantienen su esperanza puesta en Dios? ¿Qué “liberación esperas por parte de Dios?

• El tiempo de Adviento es un tiempo de esperanza, en el cual nos preparamos para acoger el gran acontecimiento de la historia de la humanidad: el nacimiento de Jesús. ¿Cómo mantienes esa esperanza? ¿Qué acciones estás emprendiendo para acoger dicho acontecimiento?

• ¿Qué característica o actitudes de María encuentras en la lectura del evangelio de hoy que puedan ayudarte a prepárate mejor a la venida de Jesús?

• ¿Qué piensas de la afirmación del Ángel Gabriel: “Para Dios nada hay imposible? ¿Estás convencido de ella?

• ¿Te mantienes disponible, en apertura, atento a la voz, a la llamada y a la acción de Dios en los acontecimientos cotidianos de tu vida? ¿De qué manera podrías incrementar estas actitudes?

VIDA – ORACIÓN

Hoy te invito a orar con el Ave María, recitándola lentamente, siendo consciente de cada palabra, acogiendo cada una de ellas y saboreándolas con todo tu ser.

Estad, siempre, preparados – Lectio Divina Domingo I Domingo de Adviento – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio Mt 24, 37-44

Hoy comienza el nuevo año litúrgico y el tiempo de Adviento. Y nos encontramos, en el fragmento del evangelio que la liturgia nos ofrece, con una parte del llamado discurso escatológico de Jesús.

Pero, en este discurso, no debemos quedarnos únicamente con la idea de destrucción, de catástrofe, de desastre, que es lo primero que se nos viene a nuestra imaginación. El estilo literario apocalíptico no tiene nada que ver con eso, aunque se sirva de todos esos elementos (imágenes aterradoras, fantásticas, cósmicas), para acercarnos a una realidad diversa. El género apocalíptico, más bien, quiere mostrarnos como Dios está presente en la historia de los seres humanos indicándonos un camino de esperanza, un camino de cumplimiento de las promesas realizadas a Israel y a la Iglesia, un camino de alianza, en el que él siempre estará presente, a pesar de nuestras infidelidades. Por eso, se nos invita a mirar hacia adelante, porque el mal no triunfará sobre el bien, a pesar de que los acontecimientos que están ocurriendo nos indiquen lo contrario.

De ahí la invitación de Jesús, a estar atentos, a estar preparados, a esperar. Y esa invitación se hace hoy extensiva a nuestro tiempo de adviento, que es preparación para el nacimiento de Jesús. Nacimiento que aconteció hace más de 2000 años, pero que nosotros, los cristianos, recordamos cada Navidad. Es decir, que cada año, nosotros volvemos a pasar por nuestro corazón, ese lugar íntimo, interior, profundo, en el que nos relacionamos con Dios y con los demás desde nuestra autenticidad y sin caretas. No es únicamente un acordarse; es volver a revivir ese acontecimiento en nuestra propia vida. Y para eso debemos prepararnos, para eso hemos de preparar nuestro corazón y nuestra vida, desde la esperanza, desde la acogida, desde la apertura.

Para preparar mejor esta venida, Jesús nos pide que estemos atentos a todos los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor y que de una u otra manera nos están anunciando su presencia. Que seamos conscientes de su presencia, incluso, en medio del caos, de la incertidumbre, de los problemas de la vida cotidiana.

No nos pide que seamos pájaros de mal agüero; que, en todos los acontecimientos o circunstancias de la vida, lo único que vemos es negrura, calamidades, catástrofes. Nos pide que seamos portadores de esperanza, porque el mal no tendrá la última palabra.

Y, atención, porque tampoco, nos corresponde a nosotros decir cuando será la venida definitiva de Jesucristo, pues eso no lo sabemos; el día y la hora en que menos nos pensemos, vendrá. Eso también, podemos aplicarlo a nuestra propia vida de creyentes; cuando menos lo esperamos, Jesús se hace presente en nuestra vida, sale a nuestro encuentro, nos muestra su bondad, su misericordia y su gran amor. ¿Somos conscientes de ello?

Acojamos pues, en este inicio del adviento, la invitación de Jesús a estar preparados para su venida.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De qué manera vas a prepararte durante este adviento para celebrar el nacimiento de Jesús?
  • ¿Cómo es tu percepción de la historia, de la vida cotidiana? ¿Cómo vives tu día a día? ¿Desde las calamidades, desde las catástrofes, desde el pesimismo? ¿o lo vives desde la esperanza, desde la apertura, desde la acogida? ¿Desde la novedad de los cielos nuevos y la tierra nueva?
  • ¿Vives atento a los indicios, a las manifestaciones, a las señales de la misericordia el amor de Dios que van apareciendo en tu vida?
  • ¿Ayudas a los demás a ser conscientes de esa presencia de Jesús en sus vidas?

VIDA – ORACIÓN

  • Alaba a Dios Padre Todopoderoso, misericordioso y amoroso, por cuidarte como verdadero hijo suyo, por ser siempre fiel a la su alianza a pesar de tus infidelidades, por estar presente en tu historia, en la historia de la Iglesia y de la humanidad.
  • Agradece a Jesús su presencia en tu vida, el ser tu compañero de camino, el querer involucrarse en tus asuntos, para acompañarte, sostenerte y apoyarte.
  • Pide al Espíritu Santo que te ayude a saber ver, percibir y apreciar la presencia de Jesús en tu camino diario. Y a verlo desde la esperanza, desde la confianza, desde la ilusión y el optimismo.

Jesucristo, Rey del Universo Lectio Divina Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario – Ciclo C

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VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 23, 35-43

Todo tiene su principio y su final. Y aquí estamos, al final del año litúrgico. Así es, hoy celebramos la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Una fiesta que, en principio, puede chocarnos, pero que entendida en su contexto concreto tiene mucho sentido.

El texto que nos ofrece la liturgia, sin duda nos sorprende; para una fiesta como la de hoy esperaríamos un relato, lleno de fastuosidad, de pompa, de lujo; sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Nos encontramos con parte del relato de la pasión. El pueblo mirando indiferente; los magistrados, haciendo muecas y burlándose de Jesús; los soldados igualmente. Posiblemente, muchos de los presentes decepcionados, desesperanzados. Habían puesto sus ilusiones, sus esperanzas, sus sueños, en aquel rabino de Nazaret. Y ahora está clavado en una cruz. Esperaban un Mesías poderoso, guerrero, combativo, que les librará del yugo de los romanos.

Para los magistrados, se lo tiene merecido, ha ido en contra de la ley, no cumplía los mandamientos, ha querido poner patas arriba sus tradiciones.

Los soldados, por su parte, nada tienen que ver con aquello, un reo más. Algo habrá hecho cuando ha sido condenado. Las autoridades así lo han prescrito. Alguien que, parece ser se ha autoproclamado rey de los judíos, así consta en la sentencia.

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Incluso uno de los ajusticiados que se encuentran con él, le insulta y le increpa, de manera egoísta, para que haga un milagro y lo salve.

El otro ajusticiado, por el contrario, se da cuenta de la situación y reconoce a Jesús como un inocente. Está allí, digamos, por equivocación, no se lo merece. Es más, le reconoce como el Salvador. Y sí, hoy alcanzará la salvación.

 Pero todo no está acabado, esto es sólo el principio del fin. El sufrimiento, el dolor, la cruz no tienen la última palabra. Sí Jesús morirá en una cruz. Pero dentro de muy poco mostrará toda su gloria, su esplendor, su señorío con la resurrección.

Sí, a pesar de todos esos acontecimientos, Jesús está vivo. Jesús ha resucitado. Jesús está presente en nuestras vidas. Pero, no quiere que le reconozcamos como un rey poderoso, como un rey lleno de esplendor, como un rey opresor, que cambia las tornas para que unos se sigan beneficiando de las desgracias de otros.

El reinado de Dios es de otro estilo, el Reino del que nos habla Jesús es muy diferente a cualquier reino que podamos imaginar. Su reinado es un reinado de paz, de armonía, de amor, de servicio, de verdad, de justicia… Y eso es lo que quiere simbolizarnos el trono de la cruz.

Y ese es el reinado que nosotros hemos de vivir y trasmitir. Hemos de comenzar a vivir al estilo de Jesús, desde el servicio, desde la presencia, desde la escucha, desde la acogida, desde el amor. De esta manera nuestra vida podrá llegar a su plenitud. Viviendo de este modo podremos extender el reinado de Dios para que todos puedan gozar de la vida plena de Jesús.

La cruz no es el final. Pero la cruz nos enseña como vivir: desde la entrega, desde el compromiso, desde el desprendimiento, desde el amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismo.

Feliz día de Cristo Rey.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Qué imagen tienes de Jesús y de su reinado? ¿Tiene que ver con lo que aquí hemos reflexionado?

• ¿Cuál tu actitud ante la cruz de Jesús? ¿La de los magistrados, la del pueblo, la del ladrón que lo increpa, la del ladrón que reconoce su inocencia?

• ¿Qué reino testimonias en tu día a día?

• ¿Vives desde la cruz como final, o desde la resurrección?

• ¿Tendrías que cambiar algo en tu vida para ser un verdadero discípulo de Jesús Resucitado?

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VIDA – ORACIÓN

Para orar hoy os propongo hacerlo con una canción de Cesáreo Gabaraín: La muerte no es el final.

Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.

Persevera hasta el final Lectio Divina Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 21, 5-19

Nos encontramos junto a Jesús, unos días antes de su pasión, muerte y resurrección, en el atrio del Templo de Jerusalén. Aquel que reconstruyó Zorobabel en el 515 a. C., a su vez reconstruido y ampliado por Herodes.

Jesús se dirige a algunos que admiraban su majestuosidad y belleza, con un lenguaje un poco extraño, con un género literario llamado apocalíptico.

Este género era especialmente popular en los inicios del cristianismo. En el cual, se nos presenta el final de los tiempos de una manera particular: eventos catastróficos, acontecimientos destructivos, peligros que acechan, caos, etc.

Como cualquier otro pasaje de la Sagrada Escritura no hemos de tomarlo al pie de la letra, ni hacer una lectura fundamentalista del mismo (recuerda lo que dice acerca de esto el interesante documento de la Pontifica Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia).

Lo más importante, es descubrir el mensaje que Jesús quería transmitir a sus contemporáneos y el mensaje que nosotros debemos acoger para caminar por la vida como verdaderos discípulos suyos.

Jesús quiere llamar la atención de los que lo escuchan, acerca de la caducidad de las cosas materiales; es por esto, que no hemos de poner en ellas nuestras esperanzas, nuestros anhelos, nuestros sueños. En una época como la nuestra, más si cabe, en la que todo tiene fecha de caducidad, no podemos poner nuestra seguridad en ninguna de estas cosas.

A continuación, Jesús refiere una serie de signos que acompañarán la llegada del fin de los tiempos. Su pretensión no es la de ofrecer, como si fuera un adivino, las señales concretas e inequívocas que se harán presente dicho final; más bien, lo que Él pretende es invitarnos a la vigilancia, a la perseverancia, a estar alerta; y prepararnos para cuando lleguen los momentos difíciles, que vendrán. En esos momentos, no hemos de tener miedo. Lo más importante, es que estemos preparados siempre para dar testimonio del Reino de Dios, de la misericordia del Padre, del amor del Hijo y del consuelo del Espíritu Santo.

Y, la gran pregunta, que se hicieron los contemporáneos de Jesús y que seguramente nos hacemos muchos de nosotros. ¿Cuándo va a ser eso? La verdad, es que no debería importarnos. Lo más importante, no es el cuándo, sino el cómo. ¿Cómo afrontamos nosotros esa situación? Ante todo, viviendo el presente, viviendo el hoy, nuestro día a día; y ahí perseverar, permanecer fieles y mantenernos firmes en nuestra escala de valores, que no es otra que la del evangelio; lo cual, nos hará inmensamente felices, porque seremos coherentes con lo que pensamos y vivimos. Y, además, nos conducirá a la salvación.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Cuál es tu actitud ante las cosas materiales? ¿Dónde tienes puesto el corazón? ¿Por qué cosas te dejas llevar?

• ¿Qué puesto ocupa Jesús y los valores del evangelio en tu vida? ¿Cómo se transparente eso en tu día a día?

• ¿Cómo afrontas los momentos de dificultad que la vida te depara?

• ¿Cómo acoges la invitación de Jesús a la perseverancia, a la vigilancia, a ser fiel al evangelio?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendice y alaba al Padre por su infinita misericordia y por la inmensa bondad de todas sus acciones.
  • Da gracias a Jesús por mostrarte el camino de la verdadera felicidad.
  • Pide al Espíritu Santo la fuerza, la perseverancia y la atención necesarias para afrontar las situaciones de dificultad desde las actitudes propias de un discípulo de Jesús.

¿Quieres encontrarte con Jesús? Lectio Divina Domingo XXX del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 19, 1-10

Nos adentramos hoy en el capítulo 19 del evangelio de Lucas. Anteriormente, este autor nos ha ido exponiendo las actitudes básicas que debería tener alguien que quiere seguir a Jesús. Dichas actitudes: humildad, pequeñez, asombro, gratuidad, agradecimiento, etc., las recoge ahora Zaqueo, para poder encontrarse con Jesús de Nazaret a pesar de ser un pecador público. (Él es publicano, recordemos lo que es un publicano, para ellos podemos recurrir a la Lectio Divina del domingo anterior).

La intención, el objetivo, la finalidad de Zaqueo no es otra que la de encontrarse con Jesús: quiere verlo, quiere saber quién es, quiere conocerlo.

A pesar de tener una posición de prestigio, a pesar de poseer innumerables bienes, a pesar de tener su vida resuelta, hay algo que le inquieta, algo le remueve por dentro: Zaqueo no es plenamente feliz.

Para alcanzar esa plenitud, es capaz de hacer cualquier cosa. No le importa el qué dirán, no le importa superar obstáculos, no le importa hacer frente a dificultades: quiere ver al Maestro.

Para ello, pone en marcha todos los medios a su alcance. Era pequeño de estatura. El gentío no le deja ver a Jesús. ¡Qué más da! Corre, se sube a un árbol, y allí es donde le sorprende Jesús.

Zaqueo ha hecho un gran esfuerzo por conseguir su objetivo, no se ha amedrentado. Y esa valentía por su parte, se ve recompensada: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me hospede en tu casa». Rápidamente bajó del árbol y recibió a Jesús en su casa muy contento.

¿Qué diálogo mantuvo Jesús con Zaqueo? No lo sabemos. Pero la palabra de Jesús le tocó el corazón, le impulsó al cambio, le llevó a la conversión, no ocurrió así con los que murmuraban. No importa lo que Zaqueo hubiera hecho hasta ahora. Acogió la palabra de Jesús y comenzó para él una vida nueva. Era el momento de poner en práctica las palabras escuchadas al Maestro. Ya no le importan los bienes, ni la riqueza, ni la abundancia material; ha encontrado la plenitud. Por eso, se convierte en una persona generosa, desprendida, agradecida. Repartirá sus bienes con quienes más lo necesitan y al que haya defraudado le restituirá cuatro veces más.

Zaqueo ha encontrado la salvación. El encuentro con Jesús le colmará de felicidad, llenará su vida para siempre, pero antes ha tenido que desprenderse de la carga que llevaba.

Jesús nos busca, Jesús te busca, busca a todos y cada uno de nosotros; nos está esperando en el camino. Pero, no podemos quedarnos inmóviles, estáticos, paralizados; hemos de salir al encuentro de Jesús, y para ello es posible que debamos desprendernos de alguna carga; hemos de vencer los obstáculos que aparezcan en nuestro recorrido; hemos de apropiarnos de las actitudes que harán que nuestro encuentro con el Maestro sea más satisfactorio. Y, sobre todo, hemos de mantener nuestro foco fijo en el objetivo que nos hemos marcado: encontrarnos con Jesús, para que él colme nuestra vida con la felicidad plena.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Tienes un deseo fuerte de encontrarte con Jesús? ¿Cultivas las actitudes necesarias para ello?

• ¿Qué estás dispuesto a hacer para salir a encontrarte con Jesús?

• ¿Estás dispuesto a “poner toda la carne en el asador” para que ese encuentro sea fructífero?

• ¿Estás dispuesto a convertirte, y a dejarte modelar por el Espíritu Santo, para alcanzar la felicidad plena? ¿Qué acciones estás dipuesto a emprender?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas Padre por visitar cada día mi casa.
  • Gracias, Jesús, por salir a mi encuentro en el camino de la vida.
  • Dame fuerzas Espíritu Santo para ponerme en camino, sin importarme los obstáculos.

“¿Quién bajó a su casa perdonado?” Lectio Divina Domingo XXX del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 18,1-8

Nada más comenzar a leer el evangelio de este domingo para preparar esta Lectio, me asaltaba una pregunta, que podríamos recuperar después para nuestra meditación: ¿Me considero yo tan justo como para ser capaz de despreciar a los demás? Porque, si así es, esta parábola está totalmente dedicada a mí. Aunque sin ser tan drásticos, creo que todos podemos sacar algún tipo de aprendizaje de la misma.

Nos encontramos en la parábola con dos personajes. Pero, ¿quiénes son en realidad? Porque es muy posible que, en nuestro contexto actual, decir que un publicano y un fariseo suben al templo a orar, no nos sorprenda, es muy posible, incluso que no nos diga nada o no nos afecte significativamente. Por ello, creo necesario que describamos un poco a los dos personajes para una comprensión mayor del texto.

Primer personaje: el fariseo.

¿Quiénes eran los fariseos en tiempos de Jesús? Los fariseos eran un grupo o movimiento dentro de la religión judía que, en tiempos de Jesús, se caracterizaba por ser bastante piadosos y escrupulosos observantes de las normas de pureza ritual incluso fuera del templo; con lo cual, de alguna manera, todas las actividades de la vida cotidiana quedaban sacralizadas.

Segundo personaje: el publicano.

El publicano era la persona encargada de recaudar los impuestos para el Imperio Romano. Era considerado, impuro desde el punto de vista religioso, por ejercer una profesión con la cual colaboraban con los romanos, y de alguna manera los reconocían como una autoridad, la cual, en ningún momento, según el pensamiento judío, había sido otorgada por Yahveh. Y desde el punto de vista social, eran considerados traidores y explotadores hacia sus propios conciudadanos, a los que en más de una ocasión explotaba con más impuestos de la cuenta, pues de ese plus es de donde conseguían sus beneficios.

Después de habernos acercado a estos dos personajes, creo que es más fácil entender la parábola. Veamos ahora la manera de orar que tienen cada uno de ellos.

El fariseo ora de pie, erguido, dando gracias a Dios por no ser como las demás personas; que, según él, son ladrones, injustos, adúlteros… Ni tampoco es como el publicano, que está detrás de él, persona impura y traidora. Continúa dando gracias por las cosas que hace en su vida para agradar a Dios: ayunar y pagar el diezmo.

El publicano, sin embargo, se queda al final del templo. No se atreve siquiera a alzar la mirada, se golpea el pecho en señal de dolor, de arrepentimiento, de aflicción, de abatimiento; no logra decir mas que: «¡Oh Dios! Ten misericordia de este pecador.»

En este punto de la parábola, posiblemente la gran mayoría de nosotros, y también de los contemporáneos de Jesús, pensásemos que quien bajó justificado a su casa fue el fariseo. Sin embargo, no fue así, Jesús nos dice que quien bajó a su casa justificado, disculpado, excusado, en definitiva, perdonado fue el publicano.

Y a renglón seguido, Jesús da la razón de ello. El fariseo no baja personado a su casa por comportarse de manera prepotente, despótica, despreciativa con los otros, creyéndose mejor que nadie. Y además pretendiendo que Dios, lo premie, de alguna manera por los sacrificios, esfuerzos y privaciones que hace por Él. Y es que ante Dios nada de eso tiene importancia, nada de eso vale, si no se hace de manera gratuita, generosa, desprendida. El publicano, por su parte, lo único que sabe hacer y pedir es misericordia, compasión, perdón. No se siente digno de la bondad de Dios. Es consciente de sus muchas miserias, debilidades, flaquezas. Cayendo en la cuenta de que todo lo que recibe de Dios es desde la gratuidad de este y desde el amor que le tiene a la humanidad.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Recuperemos la pregunta con la que iniciábamos esta Lectio: ¿Te consideras tan justo, hasta el punto de despreciar a los demás?
  • Tomando el pulso a mi vida de oración, primeramente: ¿Dedico tiempo suficiente a la oración? ¿La hago de manera consciente, pausada, sin prisa, sabiendo que me encuentro en la presencia de Dios?
  • ¿Cómo es el estilo de mi oración? ¿Por qué cosas le doy gracias, lo alabo?
  • ¿Se incluye entre mis “modos” de oración el ser consciente de mis debilidades, flaquezas, falta de caridad hacia el otro? ¿Me arrepiento? ¿Pido perdón por ello?
  • ¿Soy consciente de la bondad de Dios y le doy gracias por ello?

VIDA – ORACIÓN

Hoy en este momento de oración te propongo que te hagas consciente de la “calidad” de la misma. Pidas perdón a Dios por las veces que no eres fiel a su mandato de amor y des gracias por todos los “regalos” que te hace cada día.

“No te canses nunca” Lectio Divina Domingo XXIX del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 18,1-8

En el relato evangélico que la liturgia de este domingo nos ofrece, Jesús nos presenta una parábola en la que quiere enseñarnos que es necesario orar siempre, sin desfallecer.

El tema de la oración constante aparece en varias ocasiones en la Nuevo Testamento, sobre todo en las cartas de Pablo (véase por ej.: Ef 6,8). Por lo que podemos decir que, muy posiblemente, era una de las preocupaciones de las primeras comunidades cristianas.

Para ilustrar este tema, Jesús cuenta a sus discípulos una parábola, en la que nos encontramos con dos personajes: un juez que ni temía a Dios ni le importaban las personas y una viuda, que en ningún momento desiste en defender sus derechos delante de aquel.

Gracias a la insistencia de la viuda y para evitar que lo continuara molestando, el juez accedió a su petición. Jesús aplica esta narración a nuestra vida cotidiana y más concretamente a nuestra vida de oración. La vida de oración que no es otra cosa sino la manera en la que nosotros entramos en relación directa con Dios, la forma en la que nos comunicamos con Dios. Y de ahí la insistencia de orar siempre, de estar en continua comunicación con Dios. Ahora bien, para entender bien esto, es necesario que tengamos en cuenta que la oración no es únicamente la repetición de fórmulas preestablecidas o la realización de una serie de ritos, que también. De la misma manera que no es necesario que estemos presentes físicamente o hablamos directamente para entrar en comunicación con nuestros seres queridos, de la misma manera no es necesario estar constantemente hablando con Dios para entrar en comunicación con Él. Muchas veces, basta un gesto, una mirada, un pensamiento, un recuerdo.

Pues a eso nos invita Jesús en esta parábola. A estar en continua comunicación con Dios, a estar en continua relación con El Padre, a estar continuamente vinculados a Él.

Pero a demás a que no desesperemos o nos desanimemos, cuando creamos que Dios no nos hace caso. No pensemos que Dios no nos escucha, el nos escucha siempre. En el tiempo de Jesús, como en el nuestro, el ser humano había desarrollado una característica, que si cabe hoy día está más agudizada, la impaciencia, la inmediatez, la urgencia. Hoy día todo lo podemos conseguir a un golpe de “click” e inmediatamente. Y la manera de actuar de Dios no se rige por la inmediatez; y no soy yo quien para enmendarle la plana. La manera de actuar de Dios se basa en lo necesario, en lo indispensable, en lo verdaderamente importante; y muchas veces nada de esto tiene que ver con lo inmediato. En más de una ocasión, de todo esto nos damos cuenta a posteriori.

De ahí la invitación de Jesús para no cansarnos de estar en continua comunicación, en continua relación con el Padre. Porque desde ahí encontraremos la respuesta a nuestras inquietudes, aspiraciones, a nuestros sueños. Porque ora no es sólo pedir, orar es confiar, es esperar, es fiarse, es abandonarse, es ilusionarse, es dar gracias. Orar es ir buscando el plan de Dios en mi vida, el proyecto de felicidad que Él tiene preparado para mí, el propósito que yo tengo en la vida acorde y coherente con mi vida de creyente.

No desistas, no te desanimes, no arrojes la toalla, cuando las cosas no salen como tú quieres, mantente en continua comunicación, relación, en continua unión con Dios y te digo que Él te “hará justicia sin tardar”. Él nos escucha siempre.

Ahora bien, la pregunta, continúa en el aire: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?, ¿encontrará personas que confíen y se fíen totalmente de Dios?, ¿encontrará personas que vivan su vida con esperanza? La respuesta esta en nuestras manos, en nuestro corazón.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Tómale el pulso a tu vida de oración. ¿Qué significa para ti orar? ¿dedicas tiempo en tu vida diaria para entrar en comunicación con Dios, para relacionarte con Él?, ¿de qué manera lo haces?, ¿oras con confianza, con fe, con esperanza?

• ¿Te desesperas, te desanimas, cuando crees que Dios no te escucha? ¿Cómo vives tu relación con Dios? ¿Desde la inmediatez, desde la impaciencia o desde la confianza y la esperanza?

• ¿Busco en mi vida lo verdaderamente importante (Buscad, primero el Reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura)?

• ¿Qué acciones puedo emprender para estar en continua comunicación, en continua relación con Dios?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendice al Padre por todos los regalos que cada día te ofrece.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte el verdadero sentido de la oración y la manera en la que tenemos que relacionarnos con el Padre.
  • Pide al Espíritu Santo el don de la paciencia, el arte del estar, del esperar, de confiar.

“Es de bien nacidos el ser agradecidos” Lectio Divina Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 17,11-19

Continuamos acompañando a Jesús y sus discípulos en su camino hacia Jerusalén. Nos encontramos en el camino que pasa entre Samaría y Galilea. Samaría nación de origen judío pero cuyos habitantes, durante la invasión y posterior exilio a Asiria se casaron con extranjeros, y fruto de esta mezcla resultó que conservaron muchas de sus costumbres extranjeras, por todo ello no eran bien vistos por los judíos. Y Galilea, región compuesta sobre todo por población de origen helenístico (griego) y que no compartían la religión judía, por eso eran considerados como paganos, no creyentes en el Dios de Isael.

Pues bien, en una aldea sin nombre, en ese camino entre Samaría y Galilea, nos sitúa el relato con el que hoy vamos a orar. Allí le salen al encuentro a Jesús diez leprosos. El leproso una persona que, a causa de su enfermedad es considerado impuro; es decir, excluido de la sociedad, de la relación con los demás y de la participación en el culto de su pueblo; una persona marginada, abandonada, apartada. Para hacernos una idea de ello, veamos que es lo que nos dice el libro del Levítico: “Aquel que se vea afectado por la lepra llevará los vestidos rasgados, se cubrirá hasta la nariz e irá despeinado gritando: ¡Impuro! ¡Impuro! Todo el tiempo que dure la llaga, quedará impuro. Es impuro y habitará solo; fuera del campamento tendrá su morada” (Lev 13,45s).

Por eso, los leprosos salen al encuentro de Jesús, pero no se acercan a él, desde lejos le gritan: “Jesús Maestro, ten compasión de nosotros”. Llaman a Jesús por su nombre, ya le han acogido en su corazón por medio de la fe, ya le han reconocido en lo más profundo de su ser como el Mesías, el Salvador del mundo, el Hijo de Dios, que todo lo puede. Y le han acogido y reconocido, desde la humildad, desde la pequeñez, desde la indigencia, como Dios bondadoso, misericordioso, cercano, que quiere entrar en relación con el ser humano y se interesa por los problemas, las dificultades y las miserias de éste. Pero no solo eso, si no que además quiere ayudarlos a superar todo eso.

Los leprosos quieren ser curados para poder volver a comunicarse con los demás, para poder reinsertase en la sociedad, para poder relacionarse nuevamente con Dios, aunque este no se haya apartado en ningún momento de sus vidas.

A igual que ellos, tampoco Jesús se acerca. Desde lejos, les ordena que se presenten al sacerdote. Lo cual, les va a reintegrar a la vida social de su pueblo y a la vida de su comunidad religiosa (Lv 14, 1-32). Ellos tienen fe en la curación. Y, he aquí que cuando van de camino, son curados.

Sin embargo, en el relato se nos llama la atención acerca de que lo más importante no es cumplir ni con el rito, ni con lo prescrito, ni con la norma. Lo más importante es dar gracias por el regalo de la curación. Sí, porque es un regalo, ellos no han hecho nada para merecerla. Sin embargo, ninguno se vuelve para dar gracias a Jesús, aunque le hubieran reconocido en un principio como Mesías. Solamente, un samaritano, un excluido, no sólo por la lepra, sino por su condición étnica, por sus creencias religiosas, es quien se vuelve alabando a Dios y dando gracias a Jesús.

Jesús no tenía ninguna obligación de curarlos; Dios no tiene ninguna obligación de hacernos los regalos que a diario nos hace. ¡Cuántas y cuántas veces Dios sale a nuestro encuentro! ¡Cuántas y cuántas veces Dios responde a nuestras peticiones! ¡Cuántas y cuantas veces Dios nos apoya, nos sostiene, nos ayuda! Y todo sin esperar nada a cambio.

Dice el refranero español que es de bien nacidos el ser agradecidos. ¿Lo somos con Dios?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Seguramente no tienes lepra, pero sí que tienes alguna enfermedad, alguna dificultad, algún problema, algún aprieto. Ponle hoy, en la oración, en las manos de Jesús, con la misma familiaridad y confianza como lo hicieron aquellos diez leprosos; grítale a Jesús si es necesario, si sientes la necesidad, pero hazlo con esperanza, con fe. Recuerda que Dios es misericordioso, bondadoso y Padre.
  • Para que Jesús cure tu “lepra” es imprescindible que sepas reconocerla, que la asumas y que quieras hacerle frente, ¿estas dispuesto a abandonarte en las manos de Jesús, a levantarte y a emprender el camino que te conduce a la salvación?
  • No sólo tienes que ser consciente de tus “lepras”, si no que tienes que estar atento a las dificultades, obstáculos, debilidades, problemas de los demás, sobre todo para no excluirlos, pero también para tenderles una mano amiga. ¿Estás dispuesto?
  • ¿Eres agradecido con Dios, con tu familia, con tus amigos, con los demás?

VIDA – ORACIÓN

Hoy, te invito simplemente, a que te hagas consciente de tus debilidades, de tus dificultades, de todo aquello que te pide avanzar para ser discípulo de Jesús. Preséntaselo y pídele que te ayude a superarlo. Y no te olvides de dar gracias a Dios por todos los regalos que a diario te hace, si que hagas nada por merecerlo.

“Que no se me acostumbre, Señor, el corazón” Lectio Divina Domingo XXVI del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 16, 19-31

La liturgia de este domingo nos ofrece para nuestra oración un conocido pasaje del evangelio de Lucas: La parábola del pobre Lázaro. Un fiel reflejo de la sociedad del tiempo de Jesús y también de nuestra sociedad actual. Es muy interesante hacernos eco del diálogo que se produce entre el rico y Abrahán.

Pero vayamos por parte. La parábola está dirigida a los fariseos, los cuales se consideraban a sí mismos “perfectos” por su escrupuloso cumplimiento de las normas de la Ley. Jesús quiere hacerles ver que para alcanzar la santidad no basta con cumplir la Ley, es necesario también saber ver las necesidades de nuestros hermanos, abrir nuestro corazón y actuar en consecuencia como verdaderos seguidores de Jesús ante la injusticia social.

En la parábola aparecen tres personajes. El rico, el cual no tiene nombre y es quien más habla en ella. El segundo personaje que aparece es un pobre que si tiene nombre: Lázaro; pero no habla y el tercer personaje es Abrahán, Padre de los otros dos personajes.

Nos encontramos con el pobre a la puerta del rico. El primero cubierto de llagas, con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico y que la única compañía que tiene es la de los perros que le lamen las llegas. El segundo vestido de purpura y lino que banqueteaba cada día. Lo único que separa al uno del otro es la puerta del rico; por supuesto cerrada.

El pobre murió antes que el rico. Y a mí, me viene a la cabeza ese dicho que dice: “En vida hermano, en vida”. Porque una vez que el pobre se encuentra en el seno de Abrahán es imposible que podamos de alguna manera rectificar nuestra conducta con él. Nos da a entender que el rico, en ningún momento mostro misericordia, ni caridad hacia él. Pero cuando muere, eso sí, quiere que el pobre se compadezca de él. Sin embargo, ya es demasiado tarde. Un gran abismo se encuentra entre ellos. El abismo del egoísmo, de la ingratitud, de la despreocupación por el otro.

Ambos son hijos de Abrahán, ambos son amados por Dios, ambos pueden alcanzar la salvación. No es Dios quien cierra la puerta. Quien tiene la puerta cerrada es el rico. Para salvarse basta que abra la puerta de su casa y entre en contacto con la realidad de la pobreza. Querido lector basta que abramos la puerta de nuestro corazón para dejar entrar al hermano necesitado, seguramente algo podremos ofrecerle, aunque sea únicamente nuestra compañía, nuestro cariño, nuestra comprensión. Y al hablar de ricos o de riquezas no pensemos únicamente en la cuestión económica, que también. Hay muchas maneras de ayudar a nuestros hermanos más necesitados. A veces, basta únicamente con estar, darle la mano, acompañarlo y respetarlo, pero intentando por todos los medios que salga de su situación de desamparo. Esa es la única manera de salvar el gran abismo que puede separarnos de nuestro hermano necesitado.

En el segundo diálogo del rico con Abrahán (Lc 16,27-29), sigue sin preocuparse de los pobres, únicamente se preocupa de los suyos. Pero los suyos son también lo pobres, los nuestros son también los pobres. Solo hemos de abrirnos a ellos y desde ellos leer el evangelio. Seguramente, eso nos dará también la clave para cambiar nuestro modo de ver la vida y actuar en consecuencia.

En el tercer diálogo (Lc 16, 30-31), el rico pide un milagro. Pero, qué mayor milagro que amor desinteresado de Dios por cada una de sus criaturas y de Jesús al entregar su vida por nosotros. Y el relato de ese milagro lo encontramos en la Biblia. Aunque, tal vez, tenemos que cambiar nuestra mirada, nuestro pensamiento, nuestro corazón y nuestros actos, para hacer de la Escritura nuestro modo de vida y darnos cuenta que la clave para leerla y vivirla es desde la perspectiva del pobre Lázaro que está sentado a nuestra puerta.

Que no se nos acostumbre nunca nuestro corazón a pasar al lado del hermano ignorándole, juzgándole o reprochándole. Que no nos acostumbremos nunca a tener nuestra puerta cerrada al hermano necesitado. Que sepamos leer el evangelio con los pobres y desde los pobres. Y no pensemos únicamente, como siempre digo, en el pobre económico; en nuestra sociedad hay muchas clases de pobreza.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Qué ideas, sentimientos, acciones te separan de la vida de los pobres? ¿Qué puertas has de abrirles?

• ¿Desde qué clave de lectura te acercas a la Escritura? ¿Desde la despreocupación, desde la creencia de ser buen cristiano por cumplir escrupulosamente las normas? ¿O desde la clave de la apertura al otro, de la preocupación por el hermano, del amor al prójimo?

• ¿Cómo utilizas tus bienes, no solamente económicos? ¿Tu tiempo, tus conocimientos, tus capacidades?

• ¿Pides a Dios “milagros” para que se acabe la pobreza en el mundo o te comprometes para que desde tu situación y circunstancias particulares ésta pueda disminuir?

VIDA – ORACIÓN

Que no se me acostumbre, Señor, el corazón, al ver hombres y mujeres sufriendo en situación injusta. Que no me acostumbre a un mundo como el que hemos construido, en el que unos tenemos de todo y a otros le falta todo.

Por ternura, Señor, en mi mirada y caricia en mi mano que saluda. Pon misericordia en mi mente que hace juicios. Pon escucha en mis oídos al recibirlos y sabiduría en mi hablar. Que no se me acostumbre el corazón, Señor, al dolor del hermano, que sepa comprender con ternura su historia y su situación.

Que el encuentro con él sea el encuentro de dos hijos tuyos. Amén.

SOMOS ADMINISTRADORES DE NUESTRA VIDA. Lectio Divina Domingo XXV del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 16, 1-13

La liturgia nos ofrece un pasaje que se encuentra dentro del llamado viaje de Jesús a Jerusalén, que abarca desde Lc 9, 51 a Lc 19, 27. Un viaje que está dividido en el evangelio de Lucas en tres etapas. Nos encontramos en la segunda etapa de este viaje. Y aquí en un descanso del camino, Jesús se dirige a sus discípulos, para explicarles la manera en la que se tienen que relacionar con los bienes, con los recursos o con los medios que podemos poseer y cómo debemos administrarlos como verdaderos discípulos de Jesús. Quiere explicarnos cómo debemos administrar nuestra vida. Para ello, se sirve de la parábola del administrador astuto.

Esta parábola en principio nos puede resultar un poco extraña. Pero intentemos profundizar en ella.

Este administrador se encuentra, en un momento concreto de su vida, en un callejón sin salida. Ha estado muy preocupado por conseguir a toda costa enriquecerse económicamente, y para ello ha utilizado todos los medios a su alcance, su vida ha girado alrededor de la riqueza. Desde el punto de vista cristiano, nosotros deberíamos también poner todos los recursos que tenemos a nuestro alcance para alcanzar el bien más preciado: la felicidad. Y la felicidad no es otra que la de estar en plena armonía y comunión con Dios. La felicidad no es otra que la de estar en plena comunión con el mundo que me rodea, con las personas con las que me relaciono, con el entorno en el que vivo.

Jesús quiere hacer comprender a sus discípulos que los bienes, los recursos, los medios, las riquezas, no son ni buenas ni malas. Las riquezas utilizadas para el bien son un don de Dios, son un regalo que él nos hace. Por lo cual, el quid de la cuestión está en cómo usamos esos recursos; y no pensemos únicamente en los económicos, pensemos también en nuestro tiempo, en nuestro conocimiento, en nuestras capacidades, en nuestras competencias. Dichos recursos que son nuestro poco hemos de saberlos administrar adecuadamente; y si somos fieles en este poco, también seremos fieles en lo mucho.

Porque al final no podemos vivir en la dualidad o somos fieles o somos infieles, o usamos nuestros recursos para el bien o los usamos para el mal, o servimos a Dios o servimos a nuestros propios intereses.

Servir a nuestros intereses, es pensar únicamente en nosotros mismos, es someter nuestra escala de valores a nuestro propio egoísmo, sin pensar en los demás. Lo cual no quiere decir que no pensemos en nosotros mismos; pero recordemos que el ser humano es un ser social.

Recordemos, por último, que nosotros somos administradores de los bienes, de los recursos, de los medios que tenemos a nuestro alcance. No somos dueños de los dones, de las gracias, de los recursos que Dios pone en nuestras manos, somos administradores de los mismos, también para que los otros puedan beneficiarse de ellos.

Al fin y a la postre somos los administradores de nuestra vida en las diferentes dimensiones que la componen y que nosotros debemos unificar, bajo una perspectiva, bajo un criterio, bajo un punto de vista: el amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Eres consciente de los bienes, los recursos, los medios, las capacidades que Dios ha puesto a tu alcance?

• ¿Qué rige tu vida? ¿Cuál es tu escala de valores? ¿Cuál es el objetivo que te has propuesto en la vida? ¿En todo esto están presentes los demás?

• ¿Cómo utilizas dichos bienes? ¿Para tu propio enriquecimiento y beneficio o para ayudar al crecimiento de los otros?

• ¿Sientes que eres administrador y no dueño de los recursos que Dios ha puesto a tu alcance?

• ¿A quién estás sirviendo, a quien te estas dedicando a Dios o al dinero? Y recuerda que dedicarse a Dios es también dedicarse a los hermanos.

VIDA – ORACIÓN

  • Alaba y da gracias a Dios Padre por los beneficios, los logros, las riquezas, los recursos, los medios que cada día te regala.
  • Tus debilidades, dificultades, fracasos, derrotas también son dones de los que puedes aprender para tu desarrollo y para ayudar a crecer a otros, ofréceselos a Jesús para que él lo transforme en aprendizaje para tu crecimiento y el de los demás.
  • Pide al Espíritu Santo que te ayude a saber administrar los bienes que Dios pone a tu alcance.