“¿Quién es el más importante?” Lectio Divina del domingo XXV del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 9,30-37

Hoy, en el texto del evangelio, nos encontramos con que Jesús está, nuevamente, en Galilea; sin embargo, no quiere que nadie se entere. Va camino de Jerusalén. Quiere instruir a sus discípulos. Y no quiere que nadie le desvíe de su propósito. Ha de hacer todo lo posible, para que sus discípulos comprendan que Él será entregado. Pero, ¿quién es el sujeto de esta afirmación? Sin duda alguna, el Padre. Será Dios Padre quien entregará su Hijo a los hombres. Por tanto, si es una acción de Dios, resulta que dicha acción va más allá y en ella cabe una esperanza. Es una acción escatológica en la que existe algo más, no sólo la muerte: existe la resurrección. Los discípulos no entienden, prefieren no entender, callan, Jesús no entra en sus esquemas. Es mejor hacer como que no se ha oído nada.

Llegan a Cafarnaún, es la tierra de Pedro. ¿Entran en su casa? Es posible. Allí en la tranquilidad del hogar es donde Jesús les pregunta: ¿De qué discutíais por el camino? Mientras Jesús les hablaba de sufrimiento, de pasión, muerte y resurrección, ellos anda preocupados por el rango que cada uno ostenta, ¿quién es el más grande? Jesús, después de llamarlos, se sienta. Así lo hace el maestro. Y Jesús es el Maestro.

Está dispuesto a enseñarles. El primero debe ser el último y el servidor de todos. Para ser el primero hemos de estar dispuestos a hacer algo por los demás. Hemos de comprometernos con el prójimo.

Para dar más énfasis a lo que está diciendo, Jesús llama a un niño y lo pone en medio. Según dice el texto, lo abraza, signo de donación de amor. El niño, sin embargo, en Israel no contaba para nada. Jesús pone de manifiesto qué postura ha de adoptar la comunidad para con los menos considerados de la sociedad. Jesús se identifica con los «pequeños»: Quien acoge a uno de ellos está acogiendo al mismo Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos o emociones ha despertado en ti? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Cuando Jesús «te habla», ¿Cuál es tu actitud?
  • ¿Cuál es la mayor preocupación tu vida cristiana?
  • ¿Deseas ser el primero, ser reconocido, según la mentalidad del mundo?
  • ¿Estás dispuesto a ponerte al servicio de los demás sin condiciones?
  • ¿Cómo acojo a los demás? ¿a los no importantes de la sociedad? ¿a los diferentes? ¿los acoges como Jesús a ese niño?

VERDAD – VIDA

– Da gracias a Jesús por ser uno de los suyos, por haberte elegido, por ser su discípulo.

– Pide al Padre que te habrá el entendimiento y sobre todo que sepas escuchar su Palabra con todo tu corazón, con todo tu ser.

– Invoca al Espíritu Santo pidiéndole el don de la humildad.

– Pide a Jesús fuerza para dar testimonio de su Palabra, pero sobre todo para ponerte al servicio de los demás.

«DIOS NOS SALVARÁ» LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Sabiduría 2,12.17-20

Se decían los impíos:  12Acechemos al justo, pues nos fastidia; se opone a nuestras obras, nos echa en cara las infracciones de la ley y nos acusa de traicionar nuestra educación. 17Veamos la verdad de sus palabras y probemos cuál será su fin. 18Porque si el justo realmente es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus adversarios. 19Probémoslo con ultrajes y tormentos, veamos su dulzura y pongamos a prueba su paciencia. 20Condenémoslo a una muerte infame, pues, según dice, habrá quien vele por él”.

Hoy vamos a orar con un fragmento del libro de la Sabiduría, el cual se incluye dentro de la llamada literatura sapiencial. Dicho “movimiento literario” tiene como objetivo, sobre todo ofrecer una guía práctica de hábitos para la persona pueda desarrollarse satisfactoriamente en su día a día.

Concretamente el libro llamado de la Sabiduría, escrito a comienzos del S. I a.C., que quiere salir al paso del conflicto que existía entre la fe tradicional de Israel y la influencia que ejercía la pujante cultura helenista. En él se nos describe cómo la verdadera sabiduría es un don de Dios que Él mismo comunica. Y quiere dar una serie de consejos práctico que ayuden a las personas a llevar una vida plena.

El pasaje que nos ocupa está dentro del capítulo dos. En él los impíos, es decir, aquellos que de alguna manera no tienen presente a Dios y su vida se circunscribe únicamente a lo terrenal, se enfrentan al justo, o sea, a aquel que es fiel a Yahveh y a su Alianza. Por lo que, el concepto, que este tiene de enfrentar la vida, dista mucho del de los impíos. Siendo así, encuentran que el justo los pone en evidencia, pues su comportamiento no es el correcto.

Ante esto, reaccionan acechándolo, atacándolo y poniéndolo a prueba, para de esta manera verificar su fe. Llegando, incluso, a planear su muerte.

No podemos dejar de hacer referencia a Jesucristo, el Justo de los justos, y a la pasión y muerte que tuvo que padecer. Sin embargo, la muerte no tuvo la última palabra, la última palabra la tuvo la Vida con la resurrección de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Te dejas influenciar por el ambiente reinante a tu alrededor y que, muchas veces, es incompatible con tu fe cristiana?
  • ¿Tienes presente a Dios en tu vida cotidiana y tratas de ser fiel a su Alianza?
  • ¿Te siente en algún momento perseguido? ¿Cómo afrontas esta situación?
  • ¿Crees en lo más profundo de tu ser que el mal y la muerte no tienen la última palabra? ¿Qué acciones realizas en tu vida para anunciar la bondad de Dios a los que te rodean?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 1

1Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los injustos, ni anda por el camino de los extraviados, ni se sienta en el banco de los cínicos;

2sino que en la ley del Señor pone su amor y en ella medita noche y día.

3Es como un árbol a orillas del arroyo, que da el fruto a su tiempo, cuyas hojas no se marchitan nunca; en todo lo que hace sale bien.

4No así los injustos, no; son como paja que dispersa el viento.

5Los injustos no podrán resistir en el juicio ni los descarriados en la asamblea de los justos.

6Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el de los injustos lleva a la ruina.

«EL SEÑOR VIENE EN MI AYUDA» LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Isaías 50,5-9a

5El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no he resistido, no me he echado atrás. 6He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a quienes me mesaban la barba; no he hurtado mi rostro a la afrenta y a los salivazos. 7El Señor Dios viene en mi ayuda; por eso soporto la ignominia, por eso he hecho mi rostro como pedernal y sé que no quedaré defraudado. 8Próximo está el que me hace justicia, ¿quién puede litigar conmigo? ¡Comparezcamos juntos! ¿Quién es mi demandante? ¡Preséntese ante mí! 9Si el Señor Dios me ayuda, ¿quién puede condenarme?  

La liturgia de hoy nos ofrece un fragmento del llamado “tercer cantico del Siervo de Yaveh”. No sabemos exactamente a quien se refiere el profeta Isaías al presentarnos a este personaje, de lo que si estamos seguros es de que se trata del modelo o ejemplo del discípulo fiel a Dios; el cual le ha capacitado para escuchar su palabra y para transmitirla a los hombres de su tiempo que se encuentran desanimados a causa del destierro en Babilonia. Yahveh quiere que el Profeta dirija palabras de esperanza a su Pueblo.

Sin embargo, el siervo fiel no tiene una tarea fácil, ya que precisamente tiene que sufrir el rechazo de aquellos a los que ha sido enviado: golpes, ultrajes, insultos y salivazos. Aunque el siervo se siente fortalecido por el pleno convencimiento de que Dios está con él.

El siervo fiel no se sentirá defraudado, ya que Yahveh está con él. Y hará frente a todas las dificultades. Dios es garantía de las palabras y acciones de su siervo, nada ni nadie podrá acallar su voz.

El bien, la misericordia y el amor de Dios vencerán toda adversidad, todo desastre y toda infelicidad.

Así ocurrirá también con Jesús. En él la muerte no tendrá la última palabra, pues de ella saldrá vencedor ya que el Padre lo resucitará al tercer día. Y todo aquel que le siga, aunque tenga que pasar por un itinerario de peligro, dificultades y aparente muerte alcanzará la vida eterna.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Tú también has sido capacitado y preparado para escuchar la Palabra de Dios, ¿está dispuesto? ¿la acoges cada día en tu vida? ¿Intentas ponerla en práctica?
  • Además Dios te llama a transmitir su Palabra, ¿de qué manera lo haces en tu vida ordinaria?
  • ¿Eres portador de palabras de esperanza, de ilusión, de confianza, sabiendo que Dios está contigo y que Jesús vino a salvar a la humanidad?
  • ¿Cómo afrontas las dificultades que te encuentras al propagar la Palabra de Dios? ¿Te desanimas o mantienes tu confianza en aquel que te ha llamado? ¿Quién podrá hacerte daño si Dios está contigo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 35

1El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?

2Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

3Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.

4Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.

5Él me dará cobijo el día de la desgracia, me esconderá en lo oculto de su tienda, me subirá a lo alto de la roca;

6así mi cabeza dominará a los enemigos que me cercan, en su tienda podré ofrecer sacrificios entre aclamaciones, cantando y ensalzando al Señor.

7Escucha, Señor, mi grito suplicante, ten compasión de mí, respóndeme.

8De ti mi corazón me ha dicho: “Busca su rostro”; es tu rostro, Señor, lo que yo busco;

9no me ocultes tu rostro, no rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio, no me abandones, no me dejes, oh Dios, salvador mío.

10Mi padre y mi madre me han abandonado, y el Señor me ha recogido.

11Enséñame, Señor, tus sendas y guíame por el camino recto, pues me están acechando;

12no me entregues al capricho de mis perseguidores, pues se han alzado contra mí testigos falsos que respiran violencia.

13Yo estoy seguro que he de ver los bienes del Señor en el mundo de los vivos.

14Espera en el Señor, ten ánimo, sé fuerte, espera en el Señor.

“Effetá – Ábrete”. Lectio Divina Domingo XXIII del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 7,31-37

Vamos a situarnos geográficamente en este pasaje del evangelio de Marcos, que la liturgia nos ofrece para nuestro alimento espiritual en este domingo.

Nos encontramos con que Jesús da un gran rodeo para llegar a la parte oriental del Lago de Galilea. Y el autor del evangelio nos ofrece el nombre de distintas ciudades que se encontraban situadas cerca de aquel lugar por las que pasa Jesús: Tiro, Sidón y la Decápolis. Por esta situación geográfica, podemos concluir que se encuentra en territorio pagano. Por tanto, el relato que a continuación se nos va a narrar transcurre entre personas gentiles, es decir no judías y por tanto, no pertenecientes al Pueblo de Israel y que no profesaban la religión de éste. Lo que va a acontecer es que la Buena Noticia, de un modo, si queremos, peculiar, se va a proclamar entre los paganos.

En este contexto, le presentan a un sordo, que además tiene dificultades para hablar; y ruegan a Jesús que le imponga las manos. Ante esto, lo primero que hace es apartarlo de la multitud, lo separa del espacio profano, pues el gesto que va a realizar puede ser mal interpretado, probablemente porque no tienen fe, aún no les ha sido proclamado el mensaje del Reino. Los que le traen sí que tienen fe, sino no le hubiesen llevado ante Jesús, confían totalmente en Él y en su poder.

A continuación, Jesús le introduce los dedos en los oídos, precisamente para que este sentido pueda estar preparado para escuchar la Palabra. Luego, con la saliva le toca la lengua. La lengua, en el contexto en el que nos estamos moviendo, simboliza el aliento en el que se concentra la vitalidad de la persona.

Después levanta los ojos al cielo suspirando. Levantar los ojos al cielo expresa la unión e intimidad de Jesús con el Padre. Y le dijo: “Effetá”, en lengua aramea, que Marcos traduce para sus lectores: “Ábrete”. Al instante, se le abrieron los oídos y se le soltó la lengua. A partir de este momento aquel hombre está preparado para escuchar la Palabra y proclamarla.

Jesús ante una posible mal interpretación de este signo ordena guardar silencio. Algo que no se cumple pues cuanto más lo mandaba Jesús con más insistencia proclamaban el hecho.

El relato concluye con la admiración de la gente: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. El evangelio acaba de llegar a los paganos. Esta es una señal de que la Buena Nueva que trae Jesús es universal.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué fragmento, palabra, frase versículo… llama especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Por qué te siente identificado con éste? ¿Qué crees que quiere decirte Dios con él en este momento concreto de tu vida?
  • En muchas ocasiones nosotros somos sordos que no escuchamos la Palabra de Jesús, ¿qué haces personalmente para no caer en esta situación o para salir de ella?
  • ¿Te abres de verdad a la Palabra que cada día se proclama en la liturgia o que puedes leer personalmente?
  • En otras ocasiones son otros los sordos, ¿les acercas a Jesús con fe para que les cure de su sordera?
  • En otros momentos, lo que ocurre es que uno es incapaz de anunciar el Evangelio de Jesús, ¿qué haces entonces o qué deberías hacer?
  • ¿Qué mensaje es el que transmites a los demás acerca de Jesús?

VIDA – ORACIÓN

  • Mantén un amigable e íntimo diálogo con Jesús.
  • Agradece al Padre el don de la fe y a Jesús el que te haya regalado su Palabra.
  • Pide al Espíritu que abra tus oídos para escuchar la Buena Noticia del Evangelio.
  • Comprométete a llevar Jesús a todos con los que te encuentres y anúnciales la Buena Nueva del Reino, especialmente a los que más lo necesitan.

«ÁNIMO, NO TEMÁIS» LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Isaías 35,4-7a

4Decid a los pusilánimes: ¡Ánimo, no temáis! Mirad, es vuestro Dios; ya viene la venganza, la revancha de Dios; viene él mismo a salvaros.5Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se abrirán. 6Saltará el cojo como un ciervo, la lengua del mudo gritará de júbilo, porque en el desierto brotarán corrientes de agua, y torrentes en la estepa; 7la tierra ardiente se trocará en estanque, el suelo sediento en hontanar de aguas.

Las palabras que nos ofrece hoy el profeta Isaías en la primera lectura son sobre todo de ánimo, consuelo y esperanza ante la opresión de Babilonia. Los desterrados volverán a sus hogares a través del desierto, donde el pueblo de Israel será purificado. Pero, por fin, Yahveh ha puesto fin a su opresión.

Dios viene a salvar a su Pueblo. Una salvación que viene descrita por el Profeta de una manera bastante gráfica: los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan y los mudos gritan de júbilo. También la naturaleza se hace eco de esta liberación: en el desierto y en la estepa brotan torrentes de agua.

Pero esta salvación adquiere un carácter universal, pues todas las naciones podrán contemplar como Dios ha actuado en favor de su Pueblo, manifestando así su gloria. Dios está comprometido con su Pueblo, pues aunque este no haya sido fiel a la Alianza, Dios se mantiene fiel cuidando de él.

El Pueblo de Israel podrán volver a ver la cercanía de Dios y escuchar su palabra. E Israel deberá ser quien fortalezca a los débiles y anime a los abatidos, siendo conscientes de la presencia de Dios en medio de ellos. Dios es capaz de transformar cualquier situación de dificultad, de opresión, de sufrimiento, en alegría, en libertad, en crecimiento.

Podemos intuir en estas palabras del profeta Isaías un anticipo de la gran liberación que nos traerá Jesucristo a toda la humanidad. Pues él inaugurará un tiempo nuevo en el que todo sufrimiento será destruido y hasta la muerte será vencida.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo afrontas las dificultades cotidianas de tu día a día? ¿Te desesperas, te impacientas, adoptas una actitud pesimista? O por el contrario mantienes la esperanza, la ilusión, el optimismo?
  • ¿En quién, quienes o qué tienes depositada tu confianza? ¿Confías totalmente en Dios o confías más en tus propias fuerzas?
  • ¿Te mantienes atento a los signos y señales de esperanza que Dios va mostrándote en tu vida diaria? ¿Eres conscientes de todas las acciones que Dios realiza en favor tuyo y de la humanidad?
  • ¿Percibes la llamada de Dios que nos impulsa a transformar el mundo?
  • ¿Vas contagiando esperanza a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 35

1El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?

2Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

3Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.

4Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.

5Él me dará cobijo el día de la desgracia, me esconderá en lo oculto de su tienda, me subirá a lo alto de la roca; 6así mi cabeza dominará a los enemigos que me cercan, en su tienda podré ofrecer sacrificios entre aclamaciones, cantando y ensalzando al Señor.

7Escucha, Señor, mi grito suplicante, ten compasión de mí, respóndeme.

8De ti mi corazón me ha dicho: “Busca su rostro”; es tu rostro, Señor, lo que yo busco; 9no me ocultes tu rostro, no rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio, no me abandones, no me dejes, oh Dios, salvador mío.

10Mi padre y mi madre me han abandonado, y el Señor me ha recogido.

11Enséñame, Señor, tus sendas y guíame por el camino recto, pues me están acechando; 12no me entregues al capricho de mis perseguidores, pues se han alzado contra mí testigos falsos que respiran violencia.

13Yo estoy seguro que he de ver los bienes del Señor en el mundo de los vivos.

14Espera en el Señor, ten ánimo, sé fuerte, espera en el Señor.

“Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”. Lectio Divina del evangelio del domingo XXII del tiempo ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 7,1-8.14-15.21-23

Jesús se encuentra en territorio judío, en el cual las tradiciones se viven de manera intensa.

Algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén abordan a Jesús para criticar a sus discípulos y que les explique el motivo por el cual éstos no sigue las tradiciones, concretamente el lavarse las manos antes de comer.

Marcos hace un inciso para explicar a sus lectores en qué consiste dicha tradición. Y Jesús va a poner el punto sobre las íes. La purificación no sirve de nada si no va acompañada de la actitud del corazón. Además es muy posible que esta tradición tuviera sus orígenes en medidas higiénicas que no tenían nada que con la Ley de Dios, lo que no quiere decir que no debamos llevarla a cabo. El problema está cuando, en cierto modo, lo que hacemos es “divinizar” dicha práctica.

Por eso, Jesús les responde con un texto del profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos” (Is 29,13). Yahveh ya se quejaba del pueblo de Israel que le daba culto únicamente con los labios, pero su corazón estaba lejos de Dios. Nuestros pensamientos, nuestras actitudes han de estar en consonancia con nuestras acciones, si no nuestros actos estarán vacíos.

Jesús llama de nuevo a la gente, para poner en entredicho la estrechez de la Ley y reconducir las cosas a su verdadero significado. Es lo que sale del corazón, nuestras actitudes, los motivos por los que hacemos las cosas, eso es lo que mancha al hombre. Y nos enumera doce acciones que tienen su origen en el corazón y que se oponen a la voluntad de Dios; y más tarde o más temprano, le hacen infeliz. No son los alimentos, ni las prácticas externas lo que aleja al hombre de Dios, si no nuestra disposición, el por qué hacemos las cosas. Como nos advertirá Pablo en la 1ª Carta a los Corintios: Si no tengo amor no soy nada (1Cor 13,2b).

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado, especialmente, tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Te aferras a tradiciones o costumbres de las que desconoces su verdadero sentido y ni siquiera lo tienen para ti?
  • ¿Te aferras verdaderamente y con la misma intensidad hacia las tradiciones y disposiciones del magisterio de la Iglesia?
  • ¿Acoges e intentas poner en práctica el evangelio y lo que Dios te va pidiendo en cada momento de tu vida?
  • ¿Tratas de que tu vida sea acorde con lo que siente tu corazón y tus acciones brotan de actitudes convencidas?
  • ¿Tratas de conocer en profundidad cual es la voluntad de Dios respecto a ti?

VIDA – ORACIÓN

  • Te adoro Dios mío y te amo de todo corazón por haber puesto en él el deseo por conocerte.
  • Te doy gracias por tu Ley, que es una ley de libertad y se fundamenta en el amor.
  • Te ofrezco todas mis acciones, que todas ellas estén acordes con tu voluntad y cimentadas sobre el amor a Ti y a mi prójimo.
  • Te pido que me ayudes a saber discernir tu voluntad y me des fuerzas para cumplirla desde el amor.

«ESCUCHA, ISRAEL» LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Deuteronomio 4,1-2.6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo:  1«Y ahora, Israel, escucha las leyes y prescripciones que te voy a enseñar y ponlas en práctica, para que tengáis vida y entréis a tomar posesión de la tierra que os da el Señor, el Dios de vuestros padres. 2No añadiréis ni suprimiréis nada de las prescripciones que os doy, sino que guardaréis los mandamientos del Señor, vuestro Dios, tal como yo os los prescribo hoy. 6Guardadlos y ponedlos por obra, pues ello os hará sabios y sensatos ante los pueblos. Cuando éstos tengan conocimiento de todas estas leyes exclamarán: “No hay más que un pueblo sabio y sensato, que es esta gran nación”. 7En efecto, ¿qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos a ella como lo está de nosotros el Señor, nuestro Dios, siempre que le invocamos? 8¿Qué nación hay tan grande que tenga leyes y mandamientos tan justos como esta ley que yo os propongo hoy?»

La primera lectura de hoy está tomada del libro del Deuteronomio. Un libro, cuyos autores, según algunos estudiosos, se encuentran dentro de los llamados círculos levíticos; es decir eran miembros de la tribu de Leví, aquellos que están consagrados para el servicio del Tabernáculo y posteriormente del Templo. El mismo Moisés, pertenecía a esta tribu. Podríamos decir que ellos, de alguna manera debían custodiar, también, la fidelidad a la Alianza por parte del pueblo.

En la actualidad, el libro del Deuteronomio está estructurado en tres grande discursos que Moisés dirige al Pueblo de Israel. El pasaje con el que hoy oramos, se encuentra dentro del primer discurso. Y en él, Moisés anima al pueblo para que sea fiel a la alianza establecida con Yahveh, siendo fiel a la observancia de la ley.

Escucha, Israel, las primeras palabras del Shemá. La plegaria más importante de la piedad judía (Dt 6,4ss), que cada mañana y cada tarde el judío piadoso recita en su oración. Desde los comienzos, el pueblo de Israel es invitado por Dios a escuchar su palabra, a estar atento a ella y a ponerla en práctica. Esta llamada está también presente en la lectura de hoy.

Si Israel se mantiene fiel a la Alianza y la pone en práctica, se convertirá en un pueblo sabio y sensato, de tal manera que será admirado por las demás naciones.

Dios que siempre se mantiene fiel a la Alianza y cercano a su pueblo, estará siempre presente y próximo, pues Él en  ningún momento se aleja. Quien se aleja es Israel cuando incumple la Alianza y se marcha lejos de Dios detrás de otros dioses y siendo injusto con los habitantes de su propia nación.

Moisés, por tanto invitaba a Israel, y nos invita también a nosotros, a ser fieles a la Alianza, a permanecer cerca de Dios y a ser solidarios y caritativos con nuestros hermanos. Y todo ello, desde lo más profundo de nuestro corazón. No únicamente, de manera externa, o por cumplimiento, sino porque estamos firmemente convencidos de que siendo fieles al mandamiento principal, en el que está contenida toda la Ley y la Alianza, estamos siendo fieles a Dios. Y recordemos que el mandamiento principal es: «Amará al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerza (Dt 6,5); y amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv 19,18)».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios en él día de hoy te invita a ser fiel a su Alianza, ¿cómo acoges esta invitación? ¿Qué acciones llevas a cabo para ello?
  • Dios, también te invita a escuchar su Palabra. ¿Dedicas un tiempo cada día a este cometido?
  • Lo importante, no es únicamente, escuchar la Palabra, sino también ponerla en práctica. ¿Cómo vives esto? ¿Intentas cada día llevarlo a cabo?
  • ¿Cómo intentas vivir cada día, en lo cotidiano, el mandamiento principal: amar a Dios y amar al prójimo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 35

6Tu amor, Señor, llega hasta el cielo, y tu lealtad hasta las nubes,

7tu justicia es cual los montes más altos, tus juicios como el inmenso abismo. Tú, Señor, salvas a los hombres y a las bestias;

8oh Dios, ¡qué precioso es tu amor! Los hombres se cobijan a la sombra de tus alas,

9se sacian de los ricos manjares de tu casa, en el torrente de tus delicias los abrevas.

10Pues en ti está la fuente de la vida y en tu luz vemos la luz.

11Guarda tu amor a los que te reconocen y haz justicia a los hombres honrados.

12No dejes que me pisotee el pie del arrogante, ni que la mano del criminal me alcance.

“¿A quién vamos a ir?” Lectio Divina del evangelio del Domingo XXI del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Jn 6,60-69

Versículos antes, Jesús nos ha hablado acerca de la entrega, de la donación, de dar la vida. Lo cual, para los discípulos y para nosotros mismos, resulta de algún modo demasiado pesado, impensable, difícil de llevar a la práctica. Una cosa es creer, compartir, hacer cosas, pero… entregarse a uno mismo, darse, eso es muy difícil, por no decir, casi imposible.

Sus discípulos esperaban otra cosa del seguimiento de Jesús, nosotros esperamos otra cosa, la sociedad nos demanda otra cosa. Estamos inmersos en la vorágine del triunfalismo, del ganador, del que más vale. Y viene Jesús a decirnos que, no sólo hemos de renunciar a todo esto, sino que además tenemos que estar dispuestos a dar nuestra vida por los demás… “Este modo de hablar es insoportable, ¿quién puede hacerle caso?”

Sus discípulos no se dieron cuenta, nosotros aún no nos damos cuenta, entregar la vida por los demás no es el fin, no es la conclusión, no es la último término. La entrega de Jesús y nuestra propia entrega es expresión del amor, de la Vida, de la Resurrección, no sólo de Jesús, sino de la nuestra. Por eso, Jesús volverá a subir a donde estaba antes y nosotros tendremos vida eterna en él.

Llevar a cabo esta entrega, esta donación es imposible con nuestras propias fuerzas, necesitamos la fuerza del Espíritu, la fuerza del Amor. Es el Espíritu quien da vida. El hombre es débil, frágil, quebradizo. El que es vida comunica la vida y nos ayuda asimilarnos, impregnarnos, incorporarnos vitalmente a Jesucristo.

Al no ser conscientes de todo esto, los discípulos entran en crisis, nosotros entramos en crisis, se nos revuelve todo por dentro y “se nos caen los palos del sombrajo”. Aunque Jesús, ya contaba con esto. Estamos demasiado apegados a nuestra libertad que al fin y la postre no deja de ser un modo de esclavitud. Darse, entregarse, donarse, porque uno quiere, nos otorga la mayor libertad que podamos imaginar, nos libera de todas nuestras ataduras, de todo lo que nos esclaviza, de todo lo que no nos deja ser nosotros mismos. Esta donación es un regalo de Dios, por eso debemos pedir continuamente al Padre que nos conceda poder seguir verdaderamente a Jesús, que nos conceda asimilarnos a Jesús, que nos conceda vivir la vida de Jesús. Muchos abandonan a Jesús porque vivir esta vida es difícil, nos parece imposible, porque nos cuesta horrores salir de nuestra “zona de confort”, de nuestra comodidad, queremos evitar los riesgos, lo desconocido, la novedad.

Jesús entonces se dirige a los más cercanos, a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?” Será Simón Pedro quien responda en nombre del grupo: ¡No! No queremos marcharnos, a dónde vamos a ir lejos de Jesús, quién nos colmará esa inquietud, esa desazón, ese desasosiego que nos consume por dentro. Jesús es el consagrado del Padre, Jesús es el ungido por el Espíritu, Jesús es la Vida, y la vida eterna. Y sólo unidos a él alcanzaremos esa plenitud de la vida que el Padre nos regala.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado, especialmente, tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Qué sentimientos se despiertan en ti ante la petición de Jesús de darse a uno mismo, de entregar la vida? También para ti, ¿son escandalosas las palabras de Jesús?
  • ¿Qué te impide dejar que el Espíritu te transforme para asimilarte vitalmente con Jesús?
  • ¿Cuál es tu reacción ante la crisis? Crisis significa cambio, ¿qué es lo que te impide salir de tu “zona de confort”?
  • ¿Eres consciente de que el único que puede colmar tu inquietud, tus ansias de libertad, de emancipación, de trascendencia, de eternidad… es Jesucristo?
  • ¿Qué puedes hacer tú para asimilarte cada vez más vitalmente a Jesús? ¡Ponte manos a la obra!

VIDA – ORACIÓN

  • Te invitamos a mantener un dialogo con Jesús, háblale con tranquilidad, escucha lo que él tiene que decirte.
  • Dile que quieres entregar tu vida, pero que no eres capaz de hacerlo solo, que necesita de él, que necesitas la fuerza del Espíritu.
  • Métete en la escena y escucha como, también a ti, Jesús te dice: “¿También tú quieres marcharte?” Respóndele desde el corazón, desde ese lugar recóndito y profundo al que únicamente el Padre tiene acceso.
  • Déjate modelar por el Espíritu, entrégate sin condiciones.
  • Comprométete a salir de tu “zona de confort”, a soltar lastre, a dejar atrás todo lo que te impide darte a ti mismo, entregarte y donarte por los demás.

“TAMBIÉN NOSOTROS SERVIREMOS AL SEÑOR” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Josué 24,1-2a.15-17.18b

En aquellos días, 1Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos, jefes, jueces y escribas, y en presencia del Señor

 2 dijo a todo el pueblo: 15 Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir, si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río o a los dioses de los amorreos, cuya tierra ocupáis; yo y mi casa serviremos al Señor”.

 16 El pueblo respondió: “Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses,

 17 porque el Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la casa de la esclavitud; ha realizado ante nuestros ojos estos grandes prodigios y nos ha protegido durante todo el camino que hemos recorrido y en todos los pueblos por los que hemos pasado. 18También nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios”.

El libro de Josué narra la conquista y distribución de la tierra prometida. Una conquista en la que Dios mismo se compromete a estar al lado de su pueblo. Y una distribución en la que todo el pueblo debe participar, pues la tierra representa un don de Dios. En las páginas de este libro se refleja la fe de Israel en un Dios que desea estar cerca de su pueblo y establecer su reinado en medio de él.

La figura central de este libro es Josué, elegido por Dios como sucesor de Moisés, el cual será quien introduzca al pueblo en la tierra prometida. El nombre de Josué significa “el Señor salva”. Los judíos de lengua griega transformaron este nombre en Jesús, “el Salvador”. Aquel que verdaderamente nos salva a nosotros y a toda la humanidad.

En el pasaje con el que hoy oramos, nos encontramos con que el pueblo de Israel ya ha recibido la tierra. Dios se ha mostrado fiel a la promesa y a la alianza establecida con los israelitas.

Josué antes de morir reúne a todas la tribus de Israel en Siquén para despedirse.

Ahora es el mismo Israel quien tiene que tomar la iniciativa y decidir si continúa o no siendo fiel a la alianza con Dios. El pueblo decide ser fiel a la Alianza, pues Dios se ha mostrado cercano y benefactor de su pueblo, Por eso, el pueblo decide permanecer en esa fidelidad y no adorar a los dioses de los amorreos. Por supuesto, que Josué y su casa escogen seguir siendo fieles a la alianza con Yahveh.

Los que en aquel día, que Josué expresa como hoy, se adhirieron a la alianza, no son los mismos que atravesaron el desierto y fueron testigos directos de la acción de Dios en favor de su pueblo; son sus descendientes. Pero gracias a la experiencia de sus padre y a la transmisión, que les han hecho los mismos, de la misericordia y bondad de Dios, ellos pueden hacer la misma experiencia, basta que confíen en Yahveh y continúen fieles a la Alianza. También entre ellos y a favor de ellos Dios realizará grandes prodigios.

También nosotros hoy, si nos mantenemos fieles a la nueva alianza establecida en y por Jesucristo, si confiamos en él, si nos unimos a él para intentar vivir en medio de nuestra sociedad las actitudes vitales de Jesús, podremos experimentar la misericordia y el amor del Padre y transmitir esa misericordia y ese amor a todos los que nos rodean. En nuestras manos está, sabiendo que ¿a quién sino iríamos? Sólo las palabras de Jesús dan vida eterna. Y nosotros creemos y sabemos que él es el Santo de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios ha realizado grandes prodigios en tu vida, te invitamos a hacer un repaso por todos esos acontecimientos en los que has sentido que Dios ha estado presente. ¿Cuándo se produjeron? ¿En qué circunstancias? ¿Cómo percibiste esa presencia de Dios? ¿Qué sentiste en aquellos momentos? ¿Cómo se transformó tu vida?
  • Al igual que el pueblo de Israel, tu tienes que afirmar también tu adhesión a Dios y estar firmemente convencido de la Alianza que Él establece contigo, con su Iglesia, con la humanidad. ¿Estás dispuesto a ello?
  • Eres consciente de que únicamente la Palabra de Jesús es Palabra de Vida. ¿Dedicas tiempo para escuchar y asimilar su Palabra de tal manera que te ayude a ir transformándote en mejor persona, en mejor cristiano?
  • Ser fiel a la Alianza con Dios y dejarnos transformar por la persona de Jesús implica el que tengamos que salir de nuestra “zona de confort”. ¿Cómo vives esto?
  • Nosotros como cristianos estamos llamados a anunciar a otros los grandes prodigios que Dios ha realizado en nuestro favor a lo largo de la vida, ¿de qué manera lo llevas a cabo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 105

1Dad gracias al Señor, invocad su nombre, publicad entre los pueblos sus proezas;

2cantad, entonad himnos en su honor, decid a las gentes sus milagros;

3estad orgullosos de su santo nombre, alegraos los que buscáis al Señor.

4Recurrid al Señor y a su poder, buscad siempre su rostro.

5Recordad los milagros que hizo, sus prodigios y las leyes que salieron de su boca,

6raza de Abrahán, su siervo, hijos de Jacob, su elegido.

7El Señor es nuestro Dios, sus leyes rigen en el mundo entero.

8Él se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones;

9 del pacto que firmó con Abrahán, del juramento que hizo a Isaac,

10y que erigió en ley para Jacob, y en pacto eterno para Israel

11cuando dijo: “Te daré la tierra de Canaán como la parte de tu herencia”.

12Mientras ellos eran muy pocos, un puñado tan sólo de emigrantes,

13mientras iban y venían de nación en nación, de un reino a un pueblo diferente,

14no permitió a nadie que los oprimiera, y por ellos castigó a los reyes:

15”Guardaos de tocar a mis ungidos, no hagáis mal alguno a mis profetas”.

LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, SOLEMNIDAD

VERDAD – LECTURA

Lucas 1, 39-56

El evangelio que hoy nos regala la liturgia, nos narra el encuentro entre la Virgen María y su prima Isabel. En él se nos habla de escucha, de atención y de acogida. María e Isabel, dos mujeres que saben estar atentas a la voz de Dios, dos mujeres que escuchan la Palabra y la acogen en su corazón para ponerla en práctica. Un encuentro entre dos mujeres que se felicitan, mutuamente, por el gran regalo que han recibido de Dios. La primera el don de engendrar al Salvador del mundo, la segunda la de engendrar al Precursor. Dos mujeres que han sabido acoger el don de Dios en sus vidas. Dos mujeres que han sabido cobijar el amor de Dios y entregarlo de manera gratuita a los demás. Dos mujeres que han sabido interpretar las señales que Dios les va mostrando en su camino. Dos mujeres que desbordan felicidad ante el gran amor y ante la misericordia infinita de Dios.

Lucas acentúa la prontitud con la que María acoge y responde a la llamada de Dios, a su Palabra, al mandato amoroso de Dios. Ante el anuncio del ángel, en el momento de la encarnación, de que su pariente Isabel está encinta, se pone en camino y va aprisa a la montaña. María sale al encuentro de las necesidades de Isabel. María, que lleva en su seno al Autor de la vida, se pone en camino para ofrecer y donar su propia vida. Entra en casa de Zacarías y saluda a Isabel. Se pone en sintonía con ella. Entra en su mundo y en su vida; la acoge lo mismo que ha acogido al Salvador; se pone a su disposición.

Isabel, por su parte, también acoge a la Madre del Salvador; acoge la Buena Noticia, acoge el don gratuito de Dios. Y tal es la alegría y el gozo de ese encuentro que el pequeño Juan salta en su vientre. Isabel ha sabido acoger y descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos de la vida: en un encuentro, en una visita, en una casa, en un abrazo, en la sencillez, en el diálogo, en la ayuda mutua. Isabel ha sabido acoger el don de Dios, el don del Espíritu Santo, y llena de él a voz en grito exclama: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!».

«Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». La Palabra de Dios siempre actual, siempre presente, siempre vigente, siempre performativa, es decir que al enunciarse realiza la acción, a la vez que se expresa la acción ocurre, es un hecho constatable y vigente. La Palabra de Dios viva y eficaz se hace acto, acción, creación nueva. El Antiguo Testamento da paso al Nuevo. Las promesas de Dios se cumplen.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De qué manera vivo atento/a a la Palabra para acogerla y ponerla por obra? ¿En qué medida estoy atento/a a los dones que Dios me regala cada día? ¿En qué medida acojo esos dones de Dios?
  • ¿Con qué prontitud acojo y respondo a la llamada de Dios? ¿Salgo el encuentro de las necesidades de los demás? ¿Se ponerme a su disposición?
  • Al descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos y acoger los dones que él me regala a diario. ¿Desbordo de gozo? ¿Salto de alegría?
  • ¿Considero la Palabra como actual, presente, capaz de transformar mi vida y la de los otros? ¿La Palabra de Dios, para mí, está viva, es eficaz, se hace acción?

VIDA – ORACIÓN

Querido Padre Dios, que sales a nuestro encuentro cada día, para mostrarnos y regalarnos tu misericordia, derrama tu Espíritu sobre nosotros, para que cada uno de nuestros encuentros nos conduzcan a la fe y seamos mensajeros del evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.