«Dios no hace acepción de personas», nosotros sí. Lectio Divina del VI Domingo de Pascua – Ciclo B

VERDAD – LECTURA  

Evangelio: Jn 15,9-17

Es habitual entre las personas, que establezcamos relaciones en nuestro trato diario con aquellos que nos rodean. Unas veces, por motivos laborales, otras por vecindario, por parentesco, amistad, etc. Y nadie se sorprende cuando los lazos de afinidad se estrechan más con unas personas que con otras, porque es “lo normal” elegir a quiénes queremos tener por amigos o por pareja. Sin embargo, a la familia y a los compañeros de trabajo no los elegimos. Nos son dados.

Supone una experiencia, también común a todos, que el paso del tiempo nos hace cribar a quién sí y a quién no quiero seguir teniendo a mi lado. Y así, “vamos perdiendo amigos por el camino”; tal vez, nunca lo fueron. El problema es que no llegamos a emplear bien nuestro lenguaje y no distinguimos entre “amigos” y “conocidos”, entre “apreciar”, “querer”, “amar”, etc.

Jesús en el evangelio de este domingo, nos cuenta qué es amar. En primer lugar, podríamos afirmar que es lo que Jesús nos mandó, y así termina el evangelio de este domingo: «Esto os mando: que os améis unos a otros». Por tanto, parece que Jesús, no da lugar a hacer acepción de personas, sino que nos pide que permanezcamos en el amor, para que su alegría esté en nosotros, porque el que ama y se siente amado es feliz y sólo entiende de amor. «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo». Y es que «Dios es amor» (cf. IJn 4,8). Esta es la razón por la que el cristiano ha de permanecer en el amor del Hijo, guardando sus mandamientos. Que realmente sólo es uno: «que os améis unos a otros como yo os he amado».

Jesús nos enseña cómo se ama: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» y nos muestra quiénes son sus amigos: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando», «porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer». Y hay una gran diferencia entre ser amigo de nuestros amigos y ser amigo de Jesús. A “nuestros amigos” los elegimos. En el caso de Jesús, es Él quien nos ha elegido y destinado a una misión: «para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca». Esa tarea, que en ocasiones nos resulta difícil, no es tal si seguimos el consejo de Jesús: «que pidáis al Padre en mi nombre» y el Padre nos lo dará.

Esto es el amor, no se trata de hacer acepción de personas. Se trata de dar la vida por los demás, ese es el fruto que Jesús espera de nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • Piensa qué diferencia hay entre amigo y conocido.
  • ¿Qué diferencia hay entre amar y querer?
  • ¿Tienes amigos o conocidos?
  • ¿A quién amas?
  • ¿A quién quieres?
  • ¿Serías capaz de dar tu vida por esas personas?
  • ¿Eres capaz de dar tu vida por ti mismo?
  • ¿Eres capaz de dar tu vida por Cristo?
  • ¿Qué te lo impide?

VIDA – ORACIÓN

Señor que nos has amado hasta el extremo, enséñanos a querernos más a nosotros mismos y a sentir tu amor, porque sólo se puede dar lo que se tiene. Danos un corazón grande, generoso, capaz de amar a todos. Qué todos quepan en nuestro corazón, que nadie dejemos fuera, como Tú hiciste, que diste tu vida por todos. Haz que, alimentados con tu Palabra, seamos portadores de amor y felicidad para los que nos rodean y en tu nombre, vivamos siempre unidos. Así sea.

“DIOS NO HACE DISTINCIÓN DE PERSONAS”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Hechos 10,2-26.34-35.44-48

25Tan pronto como entró Pedro, Cornelio le salió al encuentro, cayó a sus pies y le adoró. 26Pedro lo levantó diciendo: “Levántate, que yo también soy hombre”. 34Pedro tomó la palabra y dijo: “Compruebo que Dios no hace distinción de personas, 35que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de la nación que sea. 44Todavía estaba hablando Pedro, cuando descendió el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras. 4Todos los fieles circuncisos que habían venido con Pedro se extrañaban de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los paganos 46pues los oían hablar lenguas extrañas y glorificar a Dios. 47Pedro dijo entonces: “¿Se puede negar el agua del bautismo a éstos, que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?”. 48Y ordenó que fuesen bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le suplicaron que se quedara con ellos algunos días.

La primera lectura, que hoy la liturgia nos ofrece, de alguna manera pone patas arriba nuestras creencias acerca de los prejuicios que solemos tener hacia las personas, acerca de nuestras ideas estereotipadas o los prototipos que se han instalado en nuestra cabeza. Nos invita a tener amplitud de miras, apertura de mente y mirada misericordiosa. Y todo esto vivido desde el amor incondicional y gratuito, que es el que nos tiene Jesús a cada uno de nosotros y que nos exhorta a tener nosotros hacia el prójimo, tal y como nos enseña el pasaje del evangelio de hoy.

Cornelio es un pagano, es decir un no creyente judío, y por descontado tampoco creyente cristiano. Unos versículos antes (10,1-8), se nos ha narrado como éste, hombre piadoso y temeroso de Dios ha tenido una visión en la que se le invitaba llamar a Pedro, lo cual hace. Pedro por su parte ha tenido una visión similar, en la que se le urgía a ir al encuentro de Cornelio.

Cuando se produce dicho encuentro, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que se encontraban en la casa de Cornelio.

Pedro, en cierta forma se ve obligado a abrirse a la universalidad de la salvación, a no quedarse anclado en las cuatro paredes de la religión judía. Jesús ha venido para salvar a toda la humanidad y no únicamente al pueblo judío. Tal y como Pedro pudo comprobar, Dios no hace distinción entre las personas. Dios acoge a todos, aunque no lo conozcan todavía.

Cornelio, sin haber tenido experiencia de Jesús Resucitado, vive el amor incondicional a Dios y al prójimo. Lo cual hace que esté en disposición, que esté abierto a acoger la salvación que vino a traernos Jesucristo.

Las lecturas que nos ofrece la liturgia de hoy, nos están invitado a amar sin condiciones y a abrirnos a todas las personas sin distinciones. ¿Seremos capaces de llevarlo a cabo?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuáles son tus creencias, tus prejuicios, tus ideas preconcebidas hacia las personas?
  • ¿Qué puedes hacer para que dichas creencias vayan transformándose en amplitud de miras, en apertura y en acogida con respecto a cualquier persona sin tener en cuenta su origen, raza, condición social, lengua o creencia?
  • ¿Estas atento y, por tanto abierto, a que Dios ponga tu vida patas arriba con respecto a la manera en que acoges a las personas que no son de tu propio círculo?
  • ¿Eres consciente que Jesús ha venido a salvar a toda la humanidad? ¿De qué manera anuncias dicha salvación, anuncias la Buena Nueva del Evangelio y el amor incondicional de Dios?
  • ¿De qué forma puedes ir creciendo en el amor incondicional y gratuito al que nos invitan las lecturas de la liturgia de este domingo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 136

1Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor;

2dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor;

3dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.

4Sólo él ha hecho grandes maravillas, porque es eterno su amor.

5Él hizo los cielos con sabiduría, porque es eterno su amor.

6Él afirmó la tierra sobre las aguas, porque es eterno su amor.

7Él hizo las lumbreras grandes, porque es eterno su amor:

8el sol para presidir el día, porque es eterno su amor;

9la luna y las estrellas para presidir la noche, porque es eterno su amor.

[…]

23Él se acordó de nosotros en nuestra humillación, porque es eterno su amor;

24y nos libró de nuestros enemigos, porque es eterno su amor.

25Él da de comer a todas las criaturas, porque es eterno su amor.

26Dad gracias al Dios del cielo, porque es eterno su amor.

“PERMANECED UNIDOS A MÍ” – LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO V DE PASCUA (CICLO B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 15,1-8

El V Domingo de Pascua, la liturgia nos ofrece para orar la parábola de la vid y los sarmientos.

Para aquellos de nosotros que no estemos familiarizados con el mundo campestre, es posible, que esta parábola no nos diga nada. Si embargo, hemos de saber que, para que el sarmiento pueda vivir es imprescindible que esté unido a la vid. El alimento, del cual se nutre el sarmiento, proviene de la vid. Y sin estar unido a ella, es imposible que produzca uvas.

Me llamó especialmente la atención las veces que se repite en tampoco versículos la expresión “permaneced unidos a mí” o similar. Creo que es la frase que nos debe dar la clave para comprender todo el pasaje.

Hemos de tener en cuenta, comentado este fragmento que, en la tradición de Israel, la vid o la viña es el símbolo del Pueblo de Dios. Un pueblo que ha sido cuidado con mimo por parte de Yahveh, de la misma manera que el viñador cuida de su viña. Sin embargo, Israel no ha sido fiel a la Alianza; es decir, no se ha dejado cuidar y, por lo tanto, no ha dado fruto.

Los discípulos de Jesús y también nosotros, al haber respondido a su llamada estamos limpios, gracias a la Palabra que ha pronunciado para cada uno de nosotros. Conforme vamos profundizando y acogiendo el mensaje de Jesús más nos purificamos. En la medida en que permanezcamos fieles a Jesús, el amor de Dios se nos manifestará y nosotros lo manifestaremos a los demás. Y aunque nosotros nos separemos de Dios, Él continuará siendo fiel, pero nosotros nos volveremos estériles.

Pocos versículos después, Jesús vuelve a repetir la afirmación del principio. Pero, en esta ocasión, refiriéndose a sí mismo y a los discípulos, no al Padre: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Es Jesús quien transmite la vida a todos sus discípulos, pero para ello es indispensable permanecer unidos a Él y de esa manera daremos mucho fruto. Pero, si no estamos unidos a él nos secaremos, es decir no tendremos vida.

Jesús se nos presenta como la “vid verdadera”. Aquel, en el que, Yahveh ha restablecido la Alianza. Y los sarmientos son el nuevo pueblo de Dios. El Padre es quien ha plantado la viña y los sarmientos. Jesús viene a decir que el verdadero Pueblo de Dios es aquel que está unido a él. Y, en la medida en que los sarmientos estén unidos a él darán fruto, podrán llevar a cabo su misión, que no es otra que la extensión del Reino.

Estar unidos a Jesús es dejarnos alimentar por él, es estar atentos a su voz, es escuchar su palabra, es intentar llevarla a cabo en nuestro día a día. Es vivir para él y con él, para poder vivir para y con los hermanos.

Cuando el sarmiento se seca, el Padre lo corta porque no pertenece ya a la vid. Cuando cualquiera de nosotros nos separamos de Jesús, nos secamos y somos incapaces de dar fruto. No somos capaces de transmitir el amor de Dios.

La gloria del Padre se manifiesta precisamente en la extensión del Reino por parte de los discípulos, pero para ello es indispensable estar unidos íntimamente a Jesús, asumir sus actitudes vitales y llevarlas a la práctica.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Sientes que permaneces unido a Jesús? ¿De qué manera?

• ¿De qué forma crees que puedes incrementar ese permanecer unido a Jesús?

• ¿En qué ocasiones de tu vida cotidiana, ere incapaz de dar fruto porque no permaneces unido a Jesús?

• ¿Cómo puedes extender el Reino entre todos aquellos que te rodean, que entran en contacto contigo en tu día a día?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser el viñador que cuida de todos nosotros.

• Da gracias a Jesús porque nos alimenta cada día con su savia.

• Ofrece tu vida para ser insertado como el sarmiento en la vid y permanecer unido a Jesús.

• Pide a Dios Padre que envíe su Espíritu sobre todos los llamados a extender su Reino en el mundo.

• Comprométete a acoger la vida que Jesús nos ofrece y a entregarla a los demás.

“BERNABÉ LO PRESENTO A LOS APÓSTOLES”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO V DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Hechos 9,26-31

26En aquellos días, cuando Pablo llegó a Jerusalén, trató de unirse a los demás discípulos; pero todos lo temían, no creyendo que fuera de verdad discípulo. 27Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les refirió cómo en el camino Saulo había visto al Señor, que le había hablado, y cómo en Damasco había predicado públicamente en el nombre de Jesús. 28Desde entonces se movía libremente en Jerusalén, hablando con libertad en el nombre del Señor. 29Hablaba y discutía con los helenistas, los cuales intentaron matarle. 30Los hermanos, al enterarse, lo llevaron escoltado a Cesarea y le hicieron partir para Tarso. 31La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría; se consolidaba y progresaba en la fidelidad al Señor, y se extendía alentada por el Espíritu Santo.

En el pasaje de los Hechos de los Apóstoles, que hoy la liturgia nos ofrece, en la primera lectura, se nos narra como Pablo es acogido por la comunidad cristiana, después de que Bernabé intercediera a su favor. A continuación puede predicar libremente el evangelio.

Muchos no conoce el acontecimiento ocurrido camino de Damasco y que ha supuesto una total transformación en la vida del apóstol Pablo. Ha sido perseguidor de los cristianos y éstos le tienen miedo, pues no creen que pueda ser un verdadero discípulo de Jesús. Será Bernabé quien le introduzca en la comunidad, será su garantía ante los discípulos.

Es la comunidad quien inserta, es la comunidad quien acoge, es la comunidad quien aprueba y confirma. Es unido a la comunidad como Pablo predica el evangelio.

Pablo anuncia a los judíos que Jesús, el Hijo de Dios, es el Mesías esperado por el Pueblo de Israel, el Mesías esperado por todos y cada uno de nosotros que viene a traernos el amor de Dios y la salvación plena.

Pablo no sólo predica a los judíos israelitas, también a los judíos de origen griego. Y, tal debía ser su ardor y su capacidad de convencimiento, que deciden acabar con su vida. Los hermanos, la comunidad, por su parte, lo protege y lo llevan a Cesarea para enviarlo hacia Tarso.

Para que el apóstol Pablo predicara con ese ardor y convencimiento debía haber tenido una experiencia fuerte de Jesús Resucitado; una experiencia tal, que le mantiene unido a la vid, que es Jesucristo y de esa manera llega a dar mucho fruto.

Permanezcamos, también nosotros, tal y como nos recordará el evangelio de hoy, unidos a la vid. Alimentémonos de la savia que nos ofrece Jesús, acojamos su palabra y pongámosla en práctica, lo mismo que el Apóstol Pablo, de esta manera seremos capaces de anunciar el Reino de Dios y dar mucho fruto.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Crees verdaderamente que la experiencia de Jesús Resucitado puede transformar la vida de una persona?
  • ¿De qué manera acoges a alguien que llega por primera vez a tu comunidad, tu grupo de fe, tu asociación?
  • ¿Sirves de puente entre las personas que se acercan a la Iglesia por primera vez o después de un tiempo sin frecuentarla?
  • ¿Acoges, apoyas y ayudas a aquellos que predican el evangelio aunque no sean del pequeño circulo de tu comunidad, grupo o asociación?
  • ¿De qué manera te unes y ayudas a la Iglesia perseguida?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 23

1El Señor es mi pastor, nada me falta:

2en verdes praderas me hace reposar, me conduce hacia las aguas del remanso

3y conforta mi alma; me guía por los senderos de justicia, por amor a su nombre;

4aunque vaya por un valle tenebroso, no tengo miedo a nada, porque tú estás conmigo, tu voz y tu cayado me sostienen.

5Me preparas una mesa ante mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar.

6Lealtad y dicha me acompañan todos los días de mi vida; habitaré en la casa del Señor por siempre jamás.

El Buen Pastor. Lectio Divina del IV Domingo de Pascua – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 10,11-18

Todos conocemos el refrán español que dice: “Divide y vencerás”. Y es tan cierto, que en cualquier grupo social podemos demostrar que es así. Sólo hace falta generar discordias en el seno del grupo para que éste desaparezca. Y este era el temor de los judíos. Muchos seguían a Jesús y los Sumos Sacerdotes y los ancianos del Pueblo de Israel temían por la integridad de su pueblo. Ellos no habían entendido nada, aún después de la Resurrección y por eso intentan averiguar quién les da el poder a los discípulos para hacer las obras que hacen: «Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos» (cf. Hch 4,8-12).

Entre nosotros es común seleccionar objetos, hacer acepciones de personas,… Eso mismo hicieron los judíos. Desecharon a Jesús, porque les estorbaba. Sin embargo, «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular». Esto nos enseña, que es mejor «refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes» (Sal 117), porque el amor de Dios está por encima de todo y de todos; «seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es (cf. IJn 3,1-2).

Y es que Jesús es como el pastor que apacienta a sus ovejas. En más de una ocasión, los evangelios nos hablan de esta comparación. Esta semana, nos lo relata el evangelista san Juan. Jesús se define así: «Yo soy el buen Pastor», el que «da su vida por las ovejas». Y lo contrasta con el pastor asalariado que ante la dificultad, «abandona a las ovejas y huye», porque su interés no son las ovejas, sino el salario que percibe por cuidarlas.

Jesús no es asalariado, es el dueño del rebaño, el que les ha puesto nombre, el que las “ha comprado” con el precio de su Sangre. Por eso dice: «Yo doy mi vida por las ovejas». Porque para Él nada hay más importante. Pero las ovejas están divididas. San Juan nos cuenta que Jesús habla de «otras ovejas que no son de este redil» a las que también tiene que traer y escucharán su voz, para que así haya «un solo rebaño, un solo Pastor».

¿Quiénes son las ovejas de uno y otro redil? Las de «este redil», son aquellos que habían elegido seguir a Jesús, estar a su lado. Los del “otro redil” son el grupo de judíos, probablemente, hacía alusión a los fariseos, que no habían aceptado a Jesús, sino que le habían buscado hasta condenarlo, hasta entregar su vida. «Por esto me ama el Padre», dice Jesús, «porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente». Y es que Cristo tiene vida en sí mismo, nadie se la puede arrebatar, porque Él es Dios; el Padre y Él son uno, de ahí que pueda afirmar: «este mandato he recibido de mi Padre».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Te has planteado alguna vez cómo puede ser posible todo lo que narran los evangelios sobre Jesús de Nazaret?
  • ¿Has sentido, en tu interior, dudas sobre si creer o no en Él?
  • ¿Hay alguna persona o personas que en este momento te gustaría “hacer desaparecer de tu vista”?
  • ¿Quiénes son?
  • ¿Por qué?
  • ¿Crees que Jesús hizo acepción de personas?
  • Si todos hemos sido creados por Él, ¿por qué hay dos rediles en el Evangelio?
  • ¿A qué redil perteneces?
  • ¿Serías capaz de entregar tu vida, como Jesús lo hizo por aquellos que te han sido encomendados?
  • ¿Qué es lo que te obstaculiza?

VIDA – ORACIÓN

Dios Todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

“En nombre de Jesucristo, Nazareno”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO IV DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Hechos 4,8-12

8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: “Jefes del pueblo y ancianos de Israel, 9ya que se nos pide cuentas por el bien que hemos hecho a un hombre enfermo y se nos pregunta de qué modo ha sido curado, 10sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que éste se encuentra sano ante vosotros en virtud del nombre de Jesucristo, el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y Dios resucitó de entre los muertos. 11Él es la piedra que vosotros, los constructores, habéis desechado, y que ha venido a ser la piedra angular. 12Y no hay salvación en ningún otro, pues no se nos ha dado a los hombres ningún otro nombre debajo del cielo para salvarnos”.

Continuamos orando en este cuarto domingo de Pascua con el libro de los Hechos de los Apóstoles. Concretamente con el discurso que Pedro realiza para defenderse ante los ancianos y maestros de la ley reunidos en Jerusalén. Pedro y Juan habían sido arrestados a causa de la curación del cojo de nacimiento y después de haber anunciado a Cristo resucitado ante el pueblo, fragmento con el que pudimos orar el domingo pasado.

El presente discurso ante el Sanedrín, es una ocasión propicia para anunciarles también a ellos a Cristo Resucitado. Comienza Pedro afirmando en nombre de quien han realizado el milagro. Éste ha sido llevado a cabo gracias y en virtud del nombre de Jesucristo Nazareno. Pero, hay que tener en cuenta que dicho acontecimiento ha sido posible porque Jesús, que fue ejecutado por instigación de los jefes de los judíos, ha resucitado de entre los muertos. Dios Padre, Yahveh para los judíos, lo ha resucitado.

Jesús está vivo. Jesús continúa salvando. Jesús continúa estando presente en la vida y los acontecimientos de cada día de la humanidad. Y, además, es el único Salvador, tal y como viene atestiguado y testimoniado por la Escritura. Tanto por el libro de los salmos: Él es la piedra que vosotros, los constructores, habéis desechado (Sal 118,22); como por el profeta Isaías: ha venido a ser la piedra angular (Is 8,14; 28,16).

Y la salvación únicamente puede venir de Jesús, ya que él es el enviado del Padre, que con su pasión, muerte y resurrección nos ha regalado la salvación a toda la humanidad, la felicidad plena y la victoria sobre la muerte.

Acojamos nosotros hoy a la piedra angular que es Jesucristo, anunciando a todos que vive y que quiere encaminar a toda la humanidad hacia la salvación.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Está presente Jesucristo resucitado en las diferentes situaciones o en los acontecimientos cotidianos de tu vida?
  • ¿Crees verdaderamente y desde lo más profundo de tu ser que Jesucristo ha resucitado de entre los muertos y que es capaz de obrar prodigios en la vida de las personas?
  • ¿En nombre de quién te acercas a los demás para llevarles la felicidad? ¿En tu propio nombre o en el nombre de Jesús? ¿Te apoyas en él en los momentos de incertidumbre, de dificultad, de vacilación de peligro?

VIDA – ORACIÓN

Acoge hoy en tu vida a Cristo Resucitado y ora junto a todos aquellos que compartimos la lectio divina el salmo 91

1Tú que vives bajo la protección del Dios altísimo y moras a la sombra del Dios omnipotente, 2di al Señor: “Eres mi fortaleza y mi refugio, eres mi Dios, en quien confío”. 3Pues él te librará de la red del cazador, de la peste mortal; 4te cobijará bajo sus alas y tú te refugiarás bajo sus plumas; su lealtad será para ti escudo y armadura.

5No temerás el terror de la noche ni la flecha que vuela por el día, 6ni la peste que avanza en las tinieblas ni el azote que asola al mediodía. 7Aunque a tu lado caigan mil, y diez mil a tu diestra, a ti no te alcanzarán. 8Te bastará abrir los ojos, y verás que los malvados reciben su merecido, 9ya que has puesto tu refugio en el Señor y tu cobijo en el altísimo.

10A ti no te alcanzará la desgracia ni la plaga llegará a tu tienda, 11pues él ordenó a sus santos ángeles que te guardaran en todos tus caminos; 12te llevarán en sus brazos para que tu pie no tropiece en piedra alguna; 13andarás sobre el león y la serpiente, pisarás al tigre y al dragón. 14Porque él se ha unido a mí, yo lo liberaré; lo protegeré, pues conoce mi nombre; 15si me llama, yo le responderé, estaré con él en la desgracia, lo libraré y lo llenaré de honores; 16le daré una larga vida, le haré gozar de mi salvación.

“SOY YO EN PERSONA” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO III DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – MEDITACIÓN

Evangelio: Lc 24,35-48

El fragmento del evangelio, que hoy nos ocupa, comienza con el final del relato de los Discípulos de Emaús, en el que se nos cuenta lo que les había ocurrido por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Ellos tienen necesidad de compartir su experiencia, de cómo habían reconocido al Resucitado, precisamente durante una liturgia eucarística. El lugar en el que cada domingo, Jesús se hace presente a la comunidad cristiana en forma de pan y vino.

A continuación, Lucas nos narra el recuerdo de una de las diversas manifestaciones de Jesús, después de su resurrección. La estructura del relato es muy parecida a otros pasajes similares: aparición repentina de Jesús resucitado, los discípulos son incapaces de reconocerlo, la recriminación de Jesús, la alegría y el asombro al reconocerlo.

Los discípulos se encuentran reunidos, posiblemente comentado lo acontecido a los caminantes de Emaús, a las mujeres y a Pedro; entonces, Jesús se coloca en medio de ellos y los saluda el saludo de paz, según la costumbre judía, pero que para Lucas tiene connotaciones mesiánicas. Y, además, es precisamente lo que Jesucristo viene a traernos: Paz.

A pesar de haber escuchado los relatos anteriores de las mujeres, de los dos discípulos de Emaús, de Pedro y del discípulo amado, ellos dudan, se sobresaltan, se sorprenden… creen ver un espíritu. Estamos ante una teofanía, ante una manifestación de Dios. Ya en el AT nos encontramos con que, las manifestaciones de Yahveh producen esos síntomas: sorpresa y duda.

Para ayudarles a superar su turbación, les muestra las señales de la crucifixión… Soy yo… No es fruto de su imaginación. Es alguien real con carne y huesos, aunque glorificados.

No acaban de creérselo. Es imposible. La pregunta y la duda es lógica: ¿Cómo es posible que estemos viendo al mismo que murió en una cruz? Necesitan más pruebas.
Entonces, Jesús les pide algo de comer. Le ofrecen un pescado y comió delante de ellos. Lucas quiere reafirmar la realidad física del Resucitado. Es el mismo Jesús con el que habían convivido por los caminos polvorientos de Galilea, el mismo Jesús que había celebrado con ellos la última cena, el mismo Jesús que habían visto morir en una cruz. El mismo Jesús, sólo que glorificado por Dios Padre.

Concluye el relato, haciéndoles comprender a los discípulos lo que de él estaba escrito en las Sagradas Escrituras. Era necesario llevarlas a su pleno cumplimiento. El Antiguo Testamento sólo es posible comprenderlo y asimilarlo a la luz de la vida y la obra de Jesús. El plan que Dios tenía desde toda la eternidad se ha cumplido en Jesús de Nazaret. Un plan de Dios cuya finalidad era la salvación de todos los hombres.

Concluye el relato con el envío de los discípulos a la misión: anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva para que, al convertirse en personas nuevas obtengan el perdón de los pecados. Ellos ahora tiene que ser testigos de lo que han visto y oído. Tienen que ser testigos de su vida, de su pasión, de su muerte, pero sobre todo de su resurrección. A partir de ahora y hasta el fin de los tiempos tienen que ser testigos de Jesús. Nosotros, aquí y ahora, debemos ser testigos del amor de Dios, del amor de Jesús. Testigos de que él vive entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Sabes reconocer la presencia de Jesús cuando éste se manifiesta en tu vida?

• Cada domingo podemos ver y tocar a Jesús en la celebración de la eucaristía ¿Eres consciente de ello?

• Ante la manifestación real de Jesús, ¿Cuál es tu reacción? ¿Ocurre como con los discípulos, no acabas de creértelo, por la duda, por el miedo, por la alegría?

• Jesús nos envía a todos los que creemos en Él a ser testigos de su vida, de su obra y de su resurrección ¿Te sientes verdaderamente enviado? ¿Estás dispuesto a asumir la misión que Jesús te ha encomendado?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por el gran amor que te tiene y por el regalo de manifestación de Jesús en tu vida

• Da gracias a Jesús por ayudarte e iluminarte en tus dudas, tus miedos y tus dificultades.

• Ofrécele tu vida para ser testigo de la vida, la obra y la resurrección de Jesús.

• Pídele que te ayude a llevar a cabo la misión de ser testigo de la obra, la vida y la resurrección de Jesús.

• Asume el compromiso de ser testigo de Jesús Resucitado.

“DIOS LO HA RESUCITADO”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO III DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Hechos 3,13-15.17-19

En aquellos días, dijo Pedro al pueblo: 13El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su Hijo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, el cual decidió ponerlo en libertad; 14pero vosotros rechazasteis al santo y justo, y pedisteis la libertad de un asesino; 15matasteis al autor de la vida, a quien Dios resucitó de entre los muertos; de lo cual nosotros somos testigos. 17Hermanos, sé que obrasteis por ignorancia, igual que vuestros jefes. 18Pero Dios cumplió así lo que anunció de antemano por boca de todos los profetas: que su mesías tenía que padecer. 19Por tanto, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados.

La liturgia nos sigue ofreciendo el testimonio de los apóstoles acerca de la resurrección de Jesús, recogido en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En esta ocasión, vamos a orar con el testimonio de Pedro ante el pueblo. Él y Juan acaban de curar, por el Nombre de Jesús, a un hombre cojo desde el seno de su madre, que se ponía todos los días a pedir limosna junto a la puerta Hermosa del templo (3,2). A causa de esto, habían sido expulsados del templo. Ahora se encuentran en el pórtico llamado de Salomón. Y es allí, donde Pedro pronuncia el citado discurso como testimonio de la resurrección de Jesús.

Comienza éste haciendo alusión a la Escritura, concretamente a las antiguas profecías, y haciéndoles caer en la cuenta que quien ha resucitado a Jesús de Nazaret es el Dios de su padres: el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob.

Pedro está intentando hacer ver a los allí congregados, que aquel que fue rechazado y condenado a muerte es el Mesías esperado. Y que ellos tuvieron parte activa en aquella condena.

Sin embargo, la muerte no tiene la última palabra. Dios en su infinita misericordia y con su infinito poder ha resucitado a Jesús de entre los muerto; le ha devuelto a la vida y éste ya vive para siempre.

Los apóstoles son testigos de este asombroso hecho y ahora dan testimonio del mismo, invitado a todos los presentes al arrepentimiento y al cambio de vida. Un cambio de vida que les llevará a dejarse transformar, gracias a la fe en la resurrección y a la acción de Espíritu, en personas nuevas; en personas resucitadas, que serán a su vez enviados a anunciar el amor de Dios por todas sus criaturas y a anunciar que todos estamos llamados a vivir para siempre participando de la vida divina.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Reconoces a Jesús Resucitado como parte esencial de tu vida? ¿Cómo tu Salvador?
  • ¿Crees, verdaderamente, que la muerte no tiene la última palabra? ¿Qué estás llamado a vivir eternamente en la presencia de Dios, gracias a la pasión, muerte y resurrección de Jesús?
  • También cada uno de nosotros somos llamados a ser testigos de la inmensa misericordia de Dios Padre y de la Resurrección de Jesús, ¿qué acciones emprendes en tu día a día para llevar a cabo esta misión?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 27

1El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?

2Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

3Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.

4Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.

El Espíritu Santo es nuestra alegría y nuestro gozo para contar las hazañas del Señor. Lectio Divina del II Domingo de Pascua – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 20,19-31

Los judíos celebraban el día de Yahveh el sábado. Para ellos, el domingo daba inicio a la semana. Y de ese día, «el primero de la semana» nos habla el evangelista san Juan. Nos cuenta qué hacían los discípulos ese día: estar «en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos». Su Maestro acababa de morir, estaban asustados, por dos motivos: 1-El cuerpo de su Señor había desaparecido del sepulcro. Pensaban que lo habían robado; sin embargo, algunos decían que lo habían visto. 2-Por si los judíos les hacían correr la misma suerte que a su Señor. Ellos estaban en el ojo de mira del pueblo judío y, como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, los creyentes, «tenían un solo corazón y una sola alma», «pues lo poseían todo en común» (cf. Hch 4,32-35). El temor les paraliza, les hace perder la paz. De ahí que Jesús se ponga en medio de ellos y los salude así: «Paz a vosotros». Para serenarlos y que crean que es Él, «les enseñó las manos y el costado».

«Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor», pero Jesús no se conforma con verlos alegres y encerrados en una casa. Por eso les sigue diciendo: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». ¿Cómo quitarles a los discípulos el miedo para ser enviados? Enviados… ¿a dónde y para qué? «Sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”».

No estaban todos. Faltaba uno de los Doce cuando se apareció Jesús, Tomás, «llamado el Mellizo». Él no lo podía creer si no veía «la señal de los clavos» y metía «el dedo en el agujero de los clavos» y «la mano en su costado». Es el reflejo de cada uno de nosotros cuando no nos fiamos de aquello que se nos dice. Pedimos señales. De ahí que, «a los ocho días», Jesús se aparezca de nuevo en medio de ellos y les salude del mismo modo: «Paz a vosotros» y dirigiéndose a Tomás, le pida su mano para meterla en el costado. En ese momento, Tomás torna su incredulidad en fe y contesta: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿He sentido miedo alguna vez por creer en Jesús?
  • ¿Cuál es mi reacción ante el miedo?
  • ¿Pido “señales” al Señor?
  • ¿A qué me envía el Señor?, ¿cuál es mi misión en este mundo?
  • ¿Soy capaz de reconocer que es el Espíritu Santo quien me empuja e impulsa?
  • ¿Qué miedo he de abandonar de mi vida y que aún no he sido capaz?
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VIDA – ORACIÓN

Qué tu Espíritu Señor descienda sobre mí y aparte mis temores, que impulse a hacer aquello que Tú quieres que haga. Qué sea capaz de contar a todo el mundo que mi Señor ha muerto, pero ha resucitado y por eso estamos alegres. Así sea.

“TENÍAN UN SOLO CORAZÓN Y UNA SOLA ALMA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO II DE PASCUAO DE LA DIVINA MISERICORDIA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Hechos 4,32-35

32Todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma, y nadie llamaba propia cosa alguna de cuantas poseían, sino que tenían en común todas las cosas. 33Los apóstoles daban testimonio con toda firmeza de la resurrección de Jesús, el Señor. Y todos gozaban de gran simpatía. 34No había entre ellos indigentes, porque todos los que poseían haciendas o casas las vendían, llevaban el precio de lo vendido, 35lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según sus necesidades

Durante el tiempo pascual, vamos a orar con el libro de los Hechos de los Apóstoles en la primera lectura. Así que vamos a hablar un instante sobre él antes de adentrarnos en la lectura que la liturgia nos ofrece.

Como muchos de vosotros sabéis, este libro, junto con el tercer evangelio ha sido atribuido por la tradición a Lucas. Fue escrito en el último tercio del siglo I y es, por así decir, la segunda parte del evangelio antes citado. En él, se nos narra el día a día de las primeras comunidades cristianas. Su autor fue recopilando datos y fuentes diversas que él luego elabora según su estilo y los destinatarios de la obra. Los grandes protagonistas del libro, no cabe duda que, son el Espíritu Santo y la Iglesia naciente.

En el pasaje que hoy nos ofrece la primera lectura, se nos presenta lo que podríamos llamar un resumen de la vida de los inicios de la Iglesia.

Puede llamarnos la atención esa afirmación de que “todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma”; lo cual significa, que tenían un mismo objetivo, un mismo proyecto, el mismo ideal, los mismos sentimientos, los mismos deseos; es caminar juntos para alcanzar la meta. Para ello , es imprescindible conocer y acoger al hermano que tengo en frente; ahora bien, todo ello es imposible sin comprensión, respeto y confianza.

Creo que esto era posible precisamente, porque nadie sentía que lo que poseía era únicamente suyo; todas las posesiones se ponían al servicio de los demás. Y quisiera pensar que no sólo las posesiones materiales; también las propias capacidades, habilidades, aptitudes, los talentos de cada uno. Nadie se guardaba nada para sí mismo. Esta manera de vivir ya era de por si un testimonio, además de lo que pudieran predicar los testigos de Cristo resucitado. Eso era lo que anunciaban a todos aquellos que le escuchaban: Jesús de Nazaret ha resucitado.

A todo ello, hay que añadir que estaban atentos unos de otros para descubrir las necesidades que pudiera tener el hermano, por eso no había indigentes entre ellos: la comunidad salía al frente de las necesidades de cada uno.

Que gran enseñanza y testimonio sería que todos y cada uno de nosotros estuviéramos atentos a las necesidades de las personas que comparten con nosotros la vida (familia, amigos, compañeros de trabajo, de estudios) e intentáramos cubrir dichas necesidades.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo influye en tu vida cotidiana la vivencia comunitaria que vives en el seno de la Iglesia? ¿Cómo son tus relaciones con otros miembros de la misma? ¿Con esos con los que celebras la eucaristía?
  • ¿Intentas tener un solo corazón y una sola alma con los otros miembros de la comunidad eclesial? ¿Pones al servicio de los demás tus propias “riquezas”? (Y recuerda no tiene porqué ser únicamente materiales)
  • ¿De qué manera das testimonio de Cristo Resucitado?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 133

1Ved qué hermosura y qué felicidad el que los hermanos vivan siempre unidos.

2Es como un perfume fino en la cabeza, que baja por la barba, por la barba de Aarón, y llega hasta la orla de su manto.

3Es como el rocío del Hermón que baja por las montañas de Sión. Allí manda el Señor la bendición, la vida para siempre.