Hoy el dueño de la viña sería denunciado. Lectio Divina del Domingo XXV del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 20,1-16

Según nuestra lógica, el que más trabaja, debe cobrar más y el que menos trabaja, menos; porque entendemos que al trabajador se le debe pagar según las horas trabajadas y su rendimiento. No entendemos que sea justo que todos cobren lo mismo al final de la jornada, cuando unos trabajan más tiempo que otros. Además, recurrimos a los sindicatos con facilidad si en nuestros puestos de trabajo vemos cualquier cuestión que nos parece anómala para asesorarnos y llevar, incluso, a pleito a aquel que nos contrata.

Sin embargo, el evangelio de esta semana, nos desmonta nuestra manera de entender las cosas. El propietario de la viña, no es injusto pagando lo mismo a todos sus trabajadores sin mirar el tiempo que cada uno de ellos ha trabajado o el rendimiento que ha producido. Él paga a cada uno lo que ha acordado con ellos, porque ha establecido un contrato de palabra y la palabra tiene validez legal. Los trabajadores no van a buscar el trabajo, es el propietario quien los busca.

Esta parábola del dueño de la viña, se la cuenta Jesús a sus discípulos para que ellos también entiendan que es Dios quien elige el momento, porque a cada uno lo llama en su momento. Unos «al amanecer», otros «a media mañana», «a medio día», «a media tarde» y «al caer la tarde». Pero al anochecer, llama primero a los últimos y les paga uno a uno hasta llegar a los primeros, que con orgullo pensaban recibir más que aquellos que habían cobrado sin trabajar el mismo tiempo que ellos.

Ahí está el error de los jornaleros, quieren manipular la voluntad del propietario. Por eso, el dueño de la viña les dice: «¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?».

Ahora es cuando el evangelista nos dice cuál es la lógica de Dios: «los últimos serán los primeros y los primeros serán últimos».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Cómo habría reaccionado yo si el propietario me llama a primera hora y me paga igual que al resto?
  • ¿Qué le hubiera dicho?
  • ¿Descubro en mi lugar de trabajo “injusticias” de este tipo?
  • ¿Cómo reacciono?
  • ¿Soy de los que le gusta salir al encuentro o me gusta que me busquen?
  • ¿Cómo ando de orgullo?
  • ¿Me gusta que los demás me reconozcan los méritos de todo cuanto hago?
  • ¿Cómo me sienta cuando los demás me dejan “el último”?

VIDA – ORACIÓN

Dame Señor un corazón humilde para saber colocarme en el último lugar, capaz de doblegar mi orgullo y mi soberbia. Sabes que me cuesta mucho que no me reconozcan mis méritos, disfruto con los halagos y agasajos. Dame un corazón pobre, sencillo, humilde. Un corazón que antes de juzgar, pensando en sí mismo, piense: “¿cuál es la voluntad de Dios?”. Perdóname por las veces que quiero hacer tu voluntad a mi antojo y apetencia. Dame, Señor, un corazón con las dimensiones de tu corazón. Así sea.

“¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Lectio divina del domingo XXIV del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 18,21-35

Como muchos de vosotros sabéis, Mateo estructura su evangelio en cinco grandes discursos, a modo de un “nuevo Pentateuco”. Nos encontramos en la conclusión del cuarto discurso que ha ocupado el capítulo 18.

El texto con el que oramos hoy, viene inmediatamente después de que Jesús haya hablado a sus discípulos acerca de la corrección fraterna y cómo debe ser ejercida la misma. A renglón seguido, Pedro le plantea el caso concreto en el que una persona peca “contra mí”: “Si mi hermano me ofende” (Mt 18,21). Pedro ya le ofrece una solución aparentemente generosa desde el punto de vista numérico: “¿Hasta siete veces?” (Mt 18,21). Sin embargo, Jesús va mucho más allá: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.” Es decir: siempre. Para ilustrar este “mandamiento”, Jesús les cuenta una parábola: la parábola de los dos deudores.

Vamos a intentar profundizar en la parábola para que lleguemos a comprenderla de manera más satisfactoria.

Nos encontramos con un rey, al que uno de sus siervos le debe una cantidad enorme de dinero. Y lo de enorme no es una exageración, diez mil talentos, lo cual equivaldría, siguiendo a José Luis Sicre, a 60 millones de jornales. Es decir, ni trabajando toda la vida podría ese individuo saldar su deuda. Siendo así, el rey decide recuperar de alguna manera, al menos una parte de dicha deuda, vendiéndolo a él junto con su familia y sus posesiones. La reacción del siervo no se deja esperar, se echa a sus pies y le suplica que tenga paciencia con él y que le pagará la deuda. El rey, por su parte, se compadeció de él y le perdonó toda la deuda.

Sigamos con la parábola. A continuación, el siervo se encuentra con un compañero suyo, el cual, también le debe dinero; aunque resulta una cantidad ridícula, comparada con la que él debía al rey, y que éste le perdono: 100 denarios. El siervo perdonado agarra violentamente a su compañero por el cuello, gritándole que le pague la deuda que le debe. Y ocurre lo mismo que con el rey; su compañero le pide que tenga paciencia con él, que le pagará la deuda. Sin embargo, lejos de comportarse de la misma manera que el monarca, lo que él hace es meter a su compañero en la cárcel.

Los compañeros de los dos deudores, que han presenciado la escena, se lo cuentan al rey; el cual indignado, toma cartas en el asunto. Y aquí es donde está la clave de la parábola y el versículo que de alguna manera ilumina toda la escena: “¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” (Mt 18,33).

Os decía que la clave está en este versículo, porque por mucho que nos cueste personar una ofensa, cuando ésta la ponemos en la presencia de Dios, y caemos en la cuenta de los mucho que Dios nos perdona cada día, no cabe otra, que perdonar de corazón a quien nos ofende y hacerlo siempre, porque Dios Padre Misericordioso, a nosotros nos perdona siempre. ¿Acaso no somos discípulos de Jesús? Pues apliquémonos el cuento. Perdonar siempre y de corazón es parte del discipulado de Jesucristo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Repasa la parábola y cada una de las acciones de los personajes que intervienen. ¿Con cuál de ellos te sientes más identificado? ¿Cuál es la causa de ello?
  • Cuando perdonas, ¿de verdad lo haces de todo corazón?
  • ¿Cómo puedes comenzar a crear un clima de reconciliación, perdón y misericordia a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

Te invitamos a que ores de manera muy pausada el Padrenuestro. Degústalo. Detente, sobre todo, en el momento en el que se dice: perdónanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

Proponte realizar alguna acción de reconciliación o perdón con aquel hermano que sientas que te ha ofendido.

Corregir al hermano no es orgullo, es caridad. Lectio Divina del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 18,15-20

El evangelio de esta semana, nos habla del pecado. Jesús le dice a los discípulos: «si tu hermano peca, repréndelo a solas». Cuando Jesús dice “peca”, se refiere a un pecado que nosotros consideramos grave: robar, matar, cometer adulterio, etc. Eso que muchas veces, intentamos ocultar para que nadie vea ni sepa.

Pues, Jesús pide a sus discípulos que si alguien sabe que su hermano ha pecado que lo reprenda a solas. No es que se crea el discípulo mejor que su hermano. No es orgullo, es caridad. Es ayudar a que el hermano que ha pecado se reconcilie consigo, con los demás y con Dios, porque cada pecado afecta a todos y cada uno de ellos.

Precisamente, el orgullo nos impide reconocer nuestras faltas e incluso negarlas. Jesús lo sabe. Por eso le dice a los discípulos que si el hermano que ha pecado no hace caso, que llame «a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos». No se trata de sacarle los colores al hermano, sino de intentar corregirlo en su actitud, de darle una nueva oportunidad para convertirse. Mas si aún así tampoco hace caso, dice Jesús: «díselo a la comunidad».

En español, tenemos un refrán que dice: “No hay dos sin tres”. Y es que Jesús, no se cansa de darnos oportunidades. Primero a solas, después con dos o tres hermanos. Y a continuación ante la comunidad. Es la tercera oportunidad que Jesús le invita a los discípulos que le den al pecador. Pero como todo depende de la libertad del hombre, si él no quiere convertirse… «consideralo como un gentil o un publicano».

A los discípulos, como a Simón Pedro, Jesús les ha dado el poder para atar y desatar en la tierra y en el cielo. Además, Jesús les recuerda a los suyos, que si dos o más se reúnen en su nombre, allí está Él con ellos. Por tanto, todo lo que pidan, se lo concederá el Padre del cielo. También la oración por los pecadores en eficaz.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Me fijo más en los pecados de los demás que en los propios?
  • ¿Soy capaz de decirle a un hermano que se corrija de su pecado?
  • ¿Me he encontrado alguna vez en esa situación?
  • ¿Cómo debo corregir a mi hermano?
  • ¿Recurro yo al sacramento de la reconciliación cuando he pecado?
  • ¿Pido perdón a Dios, a la persona a que he herido con mi pecado y a la comunidad por mi pecado cometido?
  • ¿Con qué frecuencia pido perdón?
  • ¿Me cuesta pedir perdón por mis pecados cometidos?
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VIDA – ORACIÓN

Te pido, Señor, que me concedas una conciencia recta, capaz de reconocer cada una de mis culpas, capaz de distinguir el bien del mal. Qué ame a todos, sin excepción y me preocupe por todos y cada uno de ellos.

Tú que cada día me das una nueva oportunidad de estar cerca de ti, aléjame de las situaciones de pecado y, si alguna vez cayera, lléname de humildad para saber pedir perdón a todos y cada uno. Lléname de caridad para que, cuando vea que un hermano peca, sepa invitarle a la conversión.

Sé que no nos fallas. Y ya que nos has dicho que todo lo que pidamos en tu nombre al Padre nos será concedido… te lo pedimos, Señor.

Verdadero seguimiento de Jesús – Lectio divina del domingo XXII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 16,21-27

Nos encontramos en Cesarea de Filipo, inmediatamente después de la llamada profesión de fe de Pedro, en la cual éste ha reconocido y proclamado a Jesús como Hijo de Dios. Justamente, a continuación, el evangelista nos relata la narración con la que hoy vamos a orar. Para facilitar la acogida, asimilación y puesta en práctica del texto, me parece interesante que lo dividamos en dos partes:

             a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

             b) La exigencia del seguimiento de Jesús.

a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Jesús comienza, poniendo de relieve la obligación que tiene de ir a Jerusalén. Una obligación que debe cumplir, pues esa y no otra es la voluntad del Padre. En su plan de salvación entra, precisamente, el que su Hijo vaya a Jerusalén, sufra la pasión, muera y al tercer día resucite de entre los muertos. Plan salvador, obligación o deber ,que Jesús acepta voluntariamente. Jesús se abandona totalmente en las manos y en la total confianza al Padre, sin oponer resistencia alguna.

Jesús, como ser humano, poco a poco, se había ido haciendo consciente de la situación en la que se encontraba: era totalmente rechazado por las autoridades y por los que se consideraban depositarios de las verdades religiosas y, por tanto, salvíficas para el pueblo. Él sabía que era necesario pasar por una situación de muerte, para después ser glorificado por el Padre. Además por lo que podemos deducir por el contexto del evangelio, este acontecimiento era inminente: Juan había sido ejecutado, Jesús se había enemistado con los dirigentes religiosos de su pueblo, había quebrantado la Ley… Sin embargo, a pesar de todo esto, decide continuar con sus misión. Está firmemente convencido y seguro de la misma. Tal es así, que decide hacer partícipes a sus discípulos de la misión que el Padre le ha encomendado.

Sin embargo, sus discípulos están demasiado lejos de su perspectiva como para aceptar aquello, sin poner pega alguna. Es Pedro quien toma la iniciativa y, en este momento es «piedra de tropiezo» para Jesús en su camino. Es un obstáculo. Pero no sólo eso, se atreve incluso a increparle, a reprocharle por su actitud ante la misión que el Padre le ha confiado.

Jesús reacciona con fuerza: ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Esta fuerte expresión dicha a Pedro tiene por objeto hacerle volver al lugar que le corresponde como discípulo. La finalidad, no es otra, sino la de restablecer la relación entre el Maestro y el discípulo, poniendo a Pedro en su sitio, manteniéndolo en su lugar. Sólo desde la posición de discípulo, de seguidor de Jesús, será Pedro capaz de comprender, aunque sea mínimamente, lo que el Padre está pidiendo a Jesús.

Y mantenerse en el lugar del discípulo tendrá sus consecuencias y sus exigencias. Veámoslas a continuación.

b) Las exigencias del seguimiento de Jesús

La primera consecuencia del seguimiento de Jesús, del discipulado, es que, al igual que Jesús, los discípulos también deben cumplir con su misión. Ellos han sido llamados al seguimiento y deben asumir todas las implicaciones que ello conlleva. No basta con haber recibido la llamada; el discípulo, además, ha de responder a ella, acoger el compromiso que eso supone y ponerla en práctica.

El discípulo tiene que negarse a sí mismo. Lo cual significa, dejar de pensar de manera egoísta, dejar de ser el centro; aunque esto no quiere decir, que uno tiene que dejar de ser como es, o de dejar de ser lo que es o tener una baja autoestima. Jesús lo que está pidiéndonos a todos, los discípulos de entonces y los de ahora, es, simplemente, cambiar el orden de nuestras prioridades; Jesús nos pide que nos mantengamos abiertos a la voluntad de Dios y al servicio de los demás. El verdadero discípulo ha de aprender a vivir entregando la vida, para volver a reencontrarse con ella, ha de aprender a caminar con esperanza, sabiendo que en el servicio y en la entrega a nuestros hermanos más necesitados está la plena felicidad. Ayudar a otros, ponerte al servicio de los demás, defender la justicia, reducir el sufrimiento de los que te rodean… ahí está la verdadera felicidad y el verdadero desarrollo personal.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase te ha tocado el corazón en este momento? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en las circunstancias concretas que actualmente estás viviendo?
  • ¿Qué actitud adoptas ante la misión que Dios te tiene encomendada?
  • ¿Estás dispuesto a llevar a cabo esa misión asumiendo todas las consecuencias?
  • ¿Qué significado y qué consecuencias tiene para ti el negarte a ti mismo desde la perspectiva que hemos visto más arriba?
  • ¿Asumes que la verdadera felicidad se encuentra en hacer la voluntad de Dios y ponerte al servicio de tus hermanos?

VIDA – ORACIÓN

Padre mío

Me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco.

Estoy dispuesto a todo,

Lo acepto todo,

Con tal que tu voluntad se haga en mí

Y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en tus manos.

Te la doy, Dios mío,

Con todo el amor de mi corazón.

Porque te amo

Y porque para mí amarte es darme, 

Entregarme en tus manos sin medida,

Con una infinita confianza, 

Porque tú eres mi Padre.

(Inspirado en Carlos de Foucauld)

El poder del infierno no la derrotará. Lectio Divina del Domingo XXI del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 16,13-21

El evangelio de esta semana, nos centra en Cesarea de Filipo, ciudad de la Transjordania, situada a los pies del monte Hermón, sobre el mar de Galeliea. Allí estaban Jesús y sus discípulos.

Jesús les pregunta: «¿Quién dice la gente que es el Hijo de hombre?». Para el Antiguo Testamento, ser “hijo del hombre”, era ser hijo de Adán. En Dan 7,13, será quien derribe las fuerzas del mal. Y el que es capaz de vencer las fuerzas del mal, es Cristo. Por eso, para el Nuevo Testamento, será Jesucristo “el Hijo del hombre”.

Los judíos veían “algo” en Jesús que lo hacía distinto de los demás, por eso, cuando hablaban de Jesús, pensaban que sería Juan el Bautista, Elías, Jeremías o uno de los profetas. La gente dudaba, no tenía claro quién era. Pero a Jesús, no le importaba lo que los demás dijeran. Quería saber qué decían “los suyos”, los discípulos. Y les pregunta: «¿Quién decís que soy yo?».

Simón Pedro le dice: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Con esta respuesta, Simón, afirma que Jesús, además de ser hombre, es Dios.

Jesús le responde: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». La fe no es producto de la imaginación humana, sino un don de Dios.

Y añade Jesús: «Tú eres Pedro. Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». La fe edifica la Iglesia. Dios la fundamenta «y el poder del infierno no la derrotará». Pedro es el vicario de Cristo. Y en él, este poder, se hace extenso para todos los que vienen detrás de él.

Los discípulos ahora saben, por la fe, que Jesús es el Mesías. Pero Jesús les manda que no se lo digan a nadie, porque la fe es un don, pero es experiencia. Es el contacto con Jesús, la relación que tenemos con Él, la que nos hace reconocerlo; y eso es algo personal, único. Cada uno, hemos de vivir esa experiencia. 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué dice la gente sobre Jesús?
  • ¿Qué dicen de Jesús aquellos que tenemos más cercanos?
  • ¿Te has preguntado alguna vez quién es Jesús para ti?
  • ¿Crees que la Iglesia tendrá final?
  • ¿Has pensado alguna vez que todo esto de la fe, de la Iglesia, de Pedro, es una invención humana?
  • ¿Cómo vives el vicariato de Pedro?
  • ¿Crees que Pedro y sus seguidores tienen el poder de atar y desatar?
  • ¿Cómo vives el sacramento de la reconciliación?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, por el don de la fe. Gracias porque siendo hombre, como nosotros, eres Dios. Y gracias, porque siendo Dios, te preocupas del hombre.

Perdóname porque muchas veces me paro a criticar a la Iglesia sin fundamento, sin conocerla, porque sólo voy a misa los domingos y me creo que, con eso, ya soy el mejor de los católicos.

Ayúdame, Señor, a saborear tu amor en cada Eucaristía, a gustar de Ti, que te haces presente en cada sacramento. Quiero conocerte, pasar un rato a tu lado cada día, mirarte y hablarte, como se le habla a un amigo.

Creo, Señor, pero aumenta mi fe. Así sea. 

“Mujer, grande es tu fe”. Lectio Divina del Domingo XX del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 15,21-28

La liturgia de este domingo continúa con la misma temática del pasado: la fe. Aunque tratando este tema desde una perspectiva diversa.

El relato comienza haciéndonos notar que Jesús, después del enfrentamiento con los fariseos, se retira a las regiones de Tiro y Sidón. Jesús no abandona la misión, simplemente cambia el lugar en el que continuar su obra. Ahora se encuentra en zona pagana. Allí, una mujer cananea sale a su encuentro; es una madre sumida en el sufrimiento debido a la enfermedad de su hija. Y le pide que la cure.

La mujer cananea representa a las poderosas ciudades paganas de Tiro y Sidón; ciudades ricas y poderosas. La mujer quiere y de hecho rompe con su pasado, dirigiéndose a Jesús, un judío. Pero, también, Jesús tiene que romper con sus propias tradiciones judaicas, movido por la fe de esa mujer. Ella, le proclama como Hijo de David, le considera Mesías, le reconoce como Señor. Tiene fe en Jesús.

Jesús, sin embargo, no le presta la más mínima atención. Sus discípulos intervienen a su favor, pero únicamente, porque está molestando; lo que desean, al fin y a la postre es quitársela de encima.  A pesar de todo, Jesús no da su brazo a torcer y explica la razón de ello a sus discípulos: «He sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

La mujer no se achanta, al contrario, persevera en su fe, ante el aparente rechazo de Jesús: «¡Ayúdame!» Tiene la certeza total de que Jesús es capaz de salvar a su hija. Jesús aparentemente, vuelve a rechazarla. Lo lógico hubiese sido que aquella mujer abandonara el lugar, no sólo entristecida, sino llena de rabia. No obstante, persevera en su fe. Su amor de madre está por encima de cualquier dificultad o rechazo. Tal vez, ha presentido una posible cercanía de Jesús, al referirse a ella como perrillo, y no como perro, que era la manera en la que llamaban los judíos a los paganos. La mujer es capaz de abajarse, de humillarse. Jesús ante este hecho no puede quedar indiferente. La fe sencilla, autentica, sincera de aquella madre ha triunfado. Ha sabido perseverar en su fe, sin perder la esperanza. Es más, puede sentirse discípula, pues lo es. Ella forma parte del nuevo pueblo de Dios. Es suficiente la fe en Jesús, adherirse a su persona para pertenecer al círculo los amigos de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN 

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo te comportas con aquellos que no pertenecen a tu “círculo creyente”? ¿Los acoges o por el contrario los rechazas, aunque sea de forma sutil?
  • ¿Cómo es tu confianza y tu fe en Jesús? ¿Ante las dificultades: abandonas, o perseveras al igual que la mujer cananea?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios porque siempre está a tu lado y te salva.
  • Pide por las dificultades de todas aquellas personas que conoces, con las que te encuentras en tu vida cotidiana.
  • Pide a Dios que te conceda la gracia de la oración perseverante, sobre todo en los momentos de mayor dificultad.

No tengáis miedo. Lectio Divina del Domingo XIX del Tiempo Ordinario – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 14,22-33

Después del milagro de la multiplicación de los cinco panes y los dos peces, Jesús invita a sus discípulos a subir a la barca para ir a la otra orilla del lago de Genesaret. Los envía “solos” mientras Él despedía a la gente. Cuando la gente se marchó, Jesús sube al monte para orar, después de haber curado a la gente y darles de comer. Seguro que su oración fue de acción de gracias al Padre. Jesús, siempre que tiene tiene que hacer algo importante, se retira a orar.

Los discípulos, seguían su camino al otro lado del lago. Jesús divisaba la barca desde lo alto. La noche había llegado y con ella el mal tiempo, la barca se vio sacudida por las olas y el viento era contrario. Seguro que los discípulos estarían atemorizados.

Jesús, que ve desde el monte la situación de peligro, se les acerca, en la madrugada, andando sobre las aguas. Cuando lo vieron los discípulos gritaron de miedo, se asustaron, porque pensaron que era un fantasma. Él les dice: «Soy yo, no tengáis miedo».

Pedro, el apóstol, tan impulsivo como siempre, desconfía y le dice: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia a ti andando sobre el agua» y Jesús le dice: «ven». Pero Pedro se asusta, le entra miedo y comienza a hundirse, le falta fe. Por eso tiene que gritarle a Jesús: «Señor, sálvame».

El Maestro, le extiende su mano, lo agarra y le echa en cara la poca fe: «¿Por qué has dudado?». Cuando Jesús sube con ellos a la barca, el viento amainó y se postraron ante Él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has tenido la experiencia de que vas “solo” a alguna misión?
  • ¿Has vivido alguna tormenta en tu vida?
  • ¿Has sentido miedo?
  • ¿Has notado que Jesús te agarra de la mano en medio de tu temor?
  • ¿Te fías de Jesús o sólo a medias?

VIDA – ORACIÓN

Perdóname, Señor, por las veces que dudo de ti. Es cierto que siempre estás conmigo, que no me abandonas, aunque yo crea que sí. A veces, sabes que no entiendo lo que me pides y temo, dudo, siento miedo. Ayúdame. Aumenta mi fe. Gracias, Señor, porque nunca me dejas solo.

“Dadles vosotros de comer? Lectio Divina del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 14,13-21

 En el relato de Mateo, nos encontramos con este pasaje después de la muerte de Juan el Bautista.

Jesús se retira a un lugar tranquilo y solitario: va al desierto. Este es, también, el lugar en el que Juan convocaba a la gente para oír la Palabra.

Al llegar a aquel lugar, se encuentra con mucha gente; y se compadece de ella. Con esta compasión, Jesús muestra la misericordia de Dios. Pero hemos de matizar que el sentido de compadecerse en griego y en  hebreo es mucho más fuerte que nuestro vocablo castellano. Dicho término se refiere a un sentimiento tan fuerte que llega a afectar a las vísceras. Con este término, Mateo nos está diciendo que Jesús, de alguna manera está sintiendo lo mismo que siente aquella gente y ese sentimiento es tan profundo que le impulsa y le mueve a la acción.

Pero, ¿por qué se despiertan en Jesús estos sentimientos?  Sencillo, porque el pueblo se encuentra como ovejas sin pastor. El pueblo se encuentra desorientado, perdido, extraviado. Viven errantes, están dispersos, vagan sin rumbo. La multitud está cansada y decaída; su dirigentes no se preocupan por ellos. Jesús, sin embargo, los reúne, los acoge y los cura.

Este pasaje, junto con otros paralelos o que refieren un relato similar, es conocido como la «multiplicación de los panes». Sin embargo, al menos en el relato que nos ocupa, no encontramos ninguna referencia a este hecho; más bien, la idea principal es la de compartir. Y no es que queramos, en ningún momento negar el hecho milagroso de la multiplicación de los panes y los peces. Pero vayamos por partes.

Toda aquella multitud ha estado escuchando gustosa a Jesús, han estado compartindo con Él, sus preocupaciones, sus anhelos, sus sueños, ha estado escuchando su palabra. Se acerca la hora de comer. Pero, ¿cómo abastecer a tanta gente? Los discípulos se acercan a Jesús para decirle que ya es tarde y que lo más conveniente es que despida a la multitud para que puedan ir a las  aldeas cercanas a comprar algunos alimentos. Sin embargo, Jesús, por su parte, les ordena: «No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer.»

Con lo poco que tienen, los discípulos se ponen manos a la obra, manifestando la generosidad y la gratuidad.

Jesús manda a la multitud que se recueste sobre la hierba como ocurría en los grandes banquetes. Jesús invita a todos a su mesa. Una mesa en la que vamos a celebrar un banquete: el banquete eucarístico. Jesús preside la celebración: toma los panes y los peces, alza los ojos al cielo y los bendice, parte los panes y los da a los discípulos para que los den a la gente. Dios les ha regalado el don de la comunión, del hacer comunidad.

Con este pasaje comienza a cumplirse la idea de saciedad que lograremos en la venida definitiva del Reino. Se cumple una de las bienaventuranzas del sermón de la montaña: «Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (Mt 5,6).

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Estás dispuesto a ir al «desierto» para escuchar la Palabra?
  • ¿Se te conmueven las entrañas, como a Jesús, ante las necesidades de las personas que te rodean?
  • ¿Qué sientes al escuchar a Jesús decirte: «dale tú de comer»?
  • ¿Eres consciente que el compartir y la comunión, el dar de comer, se refiere no sólo al pan o al alimento material?
  • ¿Cómo vives el gran regalo de la eucaristía?

VIDA – ORACIÓN

Jesús Maestro, tú me dices: «Yo soy la vida»,

«el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna».

En los sacramentos del bautismo y la reconciliación,

me comunicas la vida y en la eucaristía la alimentas

haciéndote mi alimento.

Toma mi corazón, libéralo de las vanidades del mundo.

Ayúdame a ver las necesidades de mis hermanos

y compartir con ellos mis bienes.

Gracias, Señor, por hacerte mi alimentos

y despertar en mí la inquietud de compartirte

“El Reino de los cielos se parece…” Lectio Divina Domingo XVII del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD-LECTURA

Evangelio: Mt 13,44-52

Continuamos leyendo el evangelio del domingo pasado, las “parábolas del Reino”, comparaciones que hacen accesible el misterio. Hoy, el evangelio nos presenta tres:

  1. El tesoro escondido en el campo (Mt 13,44).
  2. A un comerciante de perlas finas (Mt 13,45-46).
  3. La red que echan en el mar (Mt 13,47-48).

Las dos primeras, presentan el Reino como “algo” que tiene un incalculable valor. La tercera, nos hace entender que en el Reino, no entraremos todos, sino que habrá una criba que «sucederá al fin del mundo» (Mt 13,49), cuando los ángeles separarán a los malos de los justos, «para arrojarlos en el horno ardiente» (Mt 13,50), como «un dueño de saca del arca lo nuevo y lo viejo» (Mt 13,52).

La imagen del arca, nos recuerda a Noé, al arca de la Alianza, porque Dios ha querido establecer una historia de amor entre Él y su pueblo. Pero esa arca también hace alusión a su Iglesia. Es un arca donde cabemos todos (lo nuevo y lo viejo); pero no todos acogemos la novedad de Cristo, del Evangelio.

El Reino de los cielos, es un tesoro al que todos somos llamados y cada uno hemos de responder desde la libertad, porque Dios se ofrece, no se impone.

CAMINO-MEDITACIÓN

  • ¿Qué palabra o frase te llama más la atención?
  • ¿Con qué parábola sientes más identificado el Reino?
  • ¿Cómo acoges el Evangelio en tu vida?
  • ¿Te sientes libre para responder a la Palabra de Dios?

 VIDA – ORACIÓN

Señor, derrama tus dones sobre mí para que pueda acoger tu Palabra. Gracias por querer estar con nosotros siempre, hasta el final, en el Reino que tu Padre ha preparado para nosotros. Qué, en el último día, pueda ser contado entre los justos; qué nunca me canse de predicar a todos tu mensaje de fe, amor y esperanza. Así sea.

“El Reino de Dios es semejante a…”Lectio Divina Domingo XVI del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 13,24-43

Un nuevo y extenso texto, en el que se nos narran diversas parábolas: la llamada parábola de la cizaña, la del grano de mostaza y la de la levadura. Todas ellas, correspondientes a las llamadas parábolas del Reino. Ante la extensión del texto, lo vamos a ir comentado por partes.

            1.- La parábola de la cizaña (13,24-30).

            2.- La parábola del grano de mostaza (13,31-32).

            3.- La parábola de la levadura (13,33).

            4.- Conclusión – bisagra (13,34-36).

            5.- Explicación de la parábola de la cizaña (13,37-43).

1.- La parábola de la cizaña (13,24-30).

            En esta parábola, vemos comola buena semilla sembrada por el agricultor se convertirá en trigo, sin embargo el enemigo del dueño del campo quiere arruinarle la cosecha y junto a aquella buena semilla, dicho enemigo ha sembrado cizaña.

Esta mala hierba puede distinguirse perfectamente del trigo una vez que se han formado las espigas, pero no antes. Incluso, si se intentará arrancar antes, parte del trigo podría perderse.

La buena semilla es la palabra del Reino, la cual va creciendo junto a la cizaña, que son las palabras vacías, dañinas, nocivas, perjudiciales, con las que se busca hacer daño.

Lo mismo ocurre con la Palabra sembrada en nuestro corazón, el enemigo también siembra cizaña. Para que no nos perdamos ninguno de los llamados por Jesús a su seguimiento y a configurarnos con él, la eliminación de la cizaña, Jesús la aplaza hasta el final de los tiempos, pues para nosotros puede ser difícil distinguir una de otra.

2.- La parábola del grano de mostaza (13,31-32).

            Jesús continúa narrándoles otra parábola: el grano de mostaza. Es increíble como de una semilla microscópica pueda nacer una planta casi tan grande como un árbol.

Lo mismo ocurre con la Palabra de Dios. Existe una fuerza extraordinaria en esa pequeñísima semilla, lo mismo que existe en la palabra de Dios. La Palabra es capaz de extenderse a todos los confines de la tierra, aunque quien la siembra es insignificante; es decir, nosotros que somos quienes difundimos la Palabra. Pero el Espíritu Santo será capaz de fecundarla y convertirla en un frondoso árbol.

3.- La parábola de la levadura (13,33).

            A continuación Jesús, les cuenta la parábola de la levadura. Cualquiera que haya visto amasar pan, tendrá clara esta parábola.

            Tres pequeñas pizcas de levadura pueden realizar una gran acción. Lo mismo que ella actúa prácticamente sin hacerse notar, la Palabra lo hace de la misma manera y así fermenta todo lo que se encuentra a su alrededor, siendo capaz de fermentarlo todo. Al final de los tiempos, todo estará empapado del Reino.

4.- Conclusión – bisagra  (13,34-36).

            Concluye esta sección de parábolas con la frase: «les contó muchas parábolas». Pero además nos explica que le hablaba en parábolas y que no les decía nada sin parábolas. Es decir, Jesús explica los misterios del Reino por medio de parábolas. Los misterios, en muchas ocasiones, incomprensible para nuestro entendimiento, pueden llegar a comprenderse por medio de imágenes, comparaciones o similitudes.

            A reglón seguido, Jesús vuelve a la casa y será allí, en la intimidad dónde les explique a los discípulos la parábola de la cizaña.

5.- Explicación de la parábola de parábola de la cizaña (13,37-43).

            El sembrador de la buena semilla es el mismo Jesús; el campo es el mundo; la buena semilla son los discípulos y la palabra que ellos predican; la cizaña, por su parte, son los hijos del maligno y las palabras que ellos difunden.

            Cuando llegue el final de los tiempos se recogerá el trigo y la cizaña y, esta última será quemada en el fuego. Sin embargo hasta que esto llegue, trigo y cizaña han de convivir juntos. Los hijos del Reino tienen que convivir con los hijos del maligno, configurándose cada vez más a Jesús, y transformando este mundo en nuestro día a día.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cómo acoges la Palabra cada día y de qué manera intentas llevarla a la práctica?
  • En tu vida, ¿Qué prevalece? ¿el trigo o la cizaña?
  • ¿Cómo difundes la Palabra entre las personas que te rodean?

VIDA – ORACIÓN

Salmo de la Palabra (Salmo 118)

105Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
106lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
107¡estoy tan afligido! Señor, dame vida según tu promesa.

108Acepta, Señor, los votos que pronuncio, enséñame tus mandatos;
109mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
110los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

111Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
112inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.