“EL REINO DE DIOS ES COMO…” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio Mc 4,26-34

Nos encontramos hoy para orar con dos parábolas, que nos intentan ilustrar acerca del Reino de Dios. Las parábolas son narraciones acerca de hechos cotidianos, pero que de alguna manera, pretenden darnos a conocer un misterio. Porque, no cabe duda que, la cuestión del Reino de Dios es un misterio para todos nosotros. Jesús, al contarnos estas y otras parábolas quería de alguna forma revelarnos en que consiste el Reino. En el caso concreto de las dos parábolas de hoy, Jesús quiere que entendamos cómo funciona el desarrollo del Reino de Dios y cómo se extiende.

El crecimiento o desarrollo del Reino de Dios no depende explícitamente de nosotros o de nuestro trabajo; en muchas ocasiones no sabemos siquiera como en este o aquel lugar se ha desarrollado el cristianismo, todo depende de la acogida que se de al anuncio del amor de Dios. Nuestra misión es la de sembrar, el hacer germinar y crecer es cosa de Dios. Si traemos a la memoria la parábola del sembrador, podemos caer en la cuenta de que el crecimiento en realidad depende de la fertilidad de la tierra. En este caso ocurre lo mismo. Sin saber uno cómo, ni por qué, el grano da su fruto y fruto abundante. Por tanto, no nos preocupemos de como hacer germinar o crecer el Reino de Dios, nosotros vayamos sembrando el amor y la misericordia de Dios, la fertilidad de quien nos escucha y la gracia de Dios harán todo lo demás.

Pero además, no hace falta que sembremos grandes obras o estructuras, o desarrollemos grandes proyectos; la semilla de mostaza es minúscula, casi como la cabeza de un alfiler. Y sin embargo, una vez sembrada en la tierra crece y se hace tan alta que hasta los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra.

No es cuestión de eficacia, medios colosales o abultados programas. La cuestión está en escuchar la Palabra de Dios y dejarse transformar por ella. Es estar dispuestos a que este pequeña semilla crezca dentro de nosotros y nos vaya modelando según el pensamiento, los sentimientos y las acciones de Jesús.

Y lo mismo cabría decir con respecto a nuestro testimonio acerca del Reino. Nuestra preocupación principal debe ser precisamente esa: dar testimonio del evangelio en nuestro día a día, aunque sea de manera humilde, con nuestras debilidades, pero intentando ser coherentes. El resto le corresponde a Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo escuchas, acoges y te dejas transformar por la Palabra de Dios?
  • ¿Confías en exceso en tus cualidades, medios o recursos al intentar extender el Reino de Dios entre los que te rodean?
  • ¿De alguna forma quieres estar presente y controlando en todo momento la manera y la forma de crecer del Reino de Dios?
  • ¿Eres consciente de que el crecimiento y la extensión del Reino no depende únicamente de ti, que tú misión es sólo sembrar?
  • ¿Estás dispuesto a mantenerte disponible y crear las condiciones favorables para que la Palabra de Dios sea sembrada y dé abundantes frutos?

VIDA – ORACIÓN

Oración tomada de Oraciones de tú a tú, de Ignasi Miranda

Señor, ¡Ayúdanos a ser conscientes de tu inmenso amor por nosotros!

Tú eres todopoderoso, puedes recortar los árboles altos y hacer crecer los pequeños.

Haces germinar la semilla sin que el hombre sepa cómo.

¡Alabado seas, Señor! ¡Bendito sea tu nombre, Todopoderoso!

¡Nada sucede sin que tú lo hagas posible, Señor!

Eres tú, Señor, quien hacer crecer en nosotros la fe y la confianza.

Queremos ser dóciles y humildes como el grano de mostaza.

Nos ponemos en tus manos, Padre amoroso, para dejarte entrar,

para dejarte que hagas lo que quieras,

para facilitar que nos ames,

para permitir que la semilla crezca y forme un árbol de ramas gruesas.

Gracias a tu poder, una insignificante semilla

puede convertirse en un magnífico árbol.

Queremos sentir el coraje de San Pablo para creer sin verte,

para no tener más ambición que complacerte

y esperar el momento en el que abandonaremos este cuerpo

y no presentaremos ante ti.

Mientras nos encontramos en esta vida,

queremos aportar nuestra humilde colaboración a la construcción de tu Reino.

Esperamos confiados el día en el que te veremos

y nos quedaremos a vivir contigo. Amen.

Del cordero al Cordero. Lectio Divina del Domingo del Corpus Christi – Ciclo B

VERDAD – LECTURA  

Evangelio: Mc 14,12-16.22-26

El pueblo judío, tras su experiencia en Egipto, siente muy de cerca la mano de Dios que le acompaña y libera, gracias a la intervención de Moisés que actúa como mediador entre Yahveh y su pueblo. Por eso el pueblo de Israel, se compromete a cumplir «todas las palabras que ha dicho el Señor» y que Moisés ha escrito. El mismo Moisés será quien selle esa alianza inmolando «novillos como sacrificios de comunión» y rociando su sangre (Ex 24, 3-8). Por eso, el pueblo proclama: «¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?» (Sal 115,12-13.15.16bc.17-18). Desde aquel momento, el pueblo inmola novillos, machos cabríos, becerros, cada vez que le ofrece algo al Señor, a través de sus sacerdotes.

Esa alianza fue sellada en medio de la celebración de la pascua judía, el primer día de los Ácimos, cuando el pueblo ofrecía los panes sin levadura, los panes ázimos, los “massot”, que era «cuando se sacrificaba el cordero pascual». Era la fiesta en la que se reunían las familias y Jesús, también, se reúne con los suyos, sus discípulos que le preguntan: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?». El Maestro los manda la ciudad a la casa donde se dirige «un hombre que lleva un cántaro de agua» a preguntarle al dueño: «¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?». Y allí, en la «sala grande en el piso de arriba», los suyos «prepararon la Pascua».

Ese es el día que Jesús firmará la Nueva Alianza tras pronunciar la bendición y la acción de gracias después de haber tomado el pan y el cáliz. «Esto es mi cuerpo». «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos». A partir de ese momento, ya no volverá «a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios» y «salieron para el monte de los Olivos» (Mc 14,12-16. 22-26).

Jesús ha dado el paso definitivo. Ya no hemos de comer el cordero pascual de la antigua alianza. Ahora, Él es el Cordero Pascual que sella la Nueva Alianza y que permanece con nosotros para siempre.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has participado alguna vez de la Eucaristía?
  • ¿Has oído estas palabras que pronuncia Jesús en algún momento de la Eucaristía?
  • ¿Te habías parado a pensar, alguna vez que Cristo da plenitud a la antigua alianza?
  • ¿Qué es para ti la Nueva Alianza?
  • ¿Qué significa para el católico esta Nueva Alianza?
  • ¿Qué necesitas cambiar para hacer vida esta Nueva Alianza?

VIDA – ORACIÓN

Te adoro presente en mí, Palabra encarnada, Hijo Unigénito e imagen del Padre, nacido de María. Te doy gracias, Maestro y Verdad, por haberte dignado venir a mí, ignorante y pecador. En unión con María te ofrezco al Padre: contigo, por ti y en ti, sea por siempre la alabanza, la acción de gracias y la súplica por la paz de los hombres. Ilumina mi mente, hazme discípulo fiel de la Iglesia; que viva de fe; que comprenda tu Palabra; que sea un auténtico apóstol. Haz, Maestro Divino, que la  luz de tu Evangelio llegue hasta los últimos confines del mundo (Santiago Alberione).  

LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DE LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO B

VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mt 28, 16-20)

En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Hoy, celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, y la liturgia nos ofrece para nuestra consideración el final del evangelio de Mateo. En el cual, Jesucristo envía a sus discípulos a la misión, prometiéndoles que estará con ellos para siempre.

En un primer momento, vemos como los discípulos se dirigen a Galilea, según el mandato dado por Jesús Resucitado a las mujeres (Mt 28,10). El encuentro de Jesús con el nuevo Pueblo nacido de la Pascua, con la Iglesia, no es en Jerusalén, la ciudad santa, sino en la Galilea de los gentiles (Mt 4,15), tierra de paganos. La Iglesia ya no puede circunscribirse únicamente a una nación; la Iglesia ha de ser universal, católica, ha de abrirse a todos los pueblos.

Al verlo lo adoran, pero algunos de ellos dudan, es difícil para la mente humana aceptar la Resurrección. Lo cual implica aceptar la realidad de una vida nueva; una vida que les puede llevar a que sus propios hermanos de raza, los judíos, les rechacen; una nueva realidad en la que tienen que abrirse a la universalidad a todos los pueblos. A partir de este momento su misión no queda encerrada únicamente en el anuncio al Pueblo de Israel, su misión es llevar la Buena Noticia todos los pueblos de la tierra.

Jesús ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18). Un poder que viene caracterizado, no por el mesianismo político, poderoso, opresor y glorioso, sino por el servicio, la donación gratuita de su amor y la cercanía a todos los seres humanos. La Resurrección ha estrechado estos vínculos de unión con la humanidad y Jesús estará presente para siempre.

Él les confía el anuncio de la Buena Noticia, el anuncio de la Salvación plena para todos los pueblos, dándoles el poder de enseñar lo que él mismo ha enseñado en su paso por la tierra. Pero además, les manda bautizar a todos con la fórmula trinitaria: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nos encontramos aquí, como desde los primeros tiempos de la Iglesia ya existía esta aceptación y esta fe en la Santísima Trinidad. La conversión y la adhesión a Jesucristo, el pórtico de entrada en la Iglesia como nueva criatura, es sellada con el bautismo.

Para cumplir esta misión es imprescindible conocer la enseñanza de Jesús y además ponerla por obra. Ese será el signo distintivo de los discípulos, no sólo enseñan una doctrina, sino que viven las mismas actitudes vitales que su Maestro, dentro de una comunidad abierta a todos los pueblos y encarnada en la realidad social de su entorno.

Ahora bien, la misión no sólo debe limitarse a enseñar y a vivir las enseñanzas del Maestro; la misión tiene un objetivo claro: haced discípulos míos a todos los pueblos (Mt 28,19). Los discípulos han de conquistar a otras personas y esto únicamente es posible con el testimonio de vida. Y aquellos que acojan ese testimonio no deben limitarse únicamente a escuchar la Buena Noticia y seguir ha Jesús; han de implicarse con el modo de vida de Jesús, pobre, obediente, abierto siempre a los demás y dispuesto a llevar a cabo la voluntad del Padre; han de implicarse en su obra y misión, en entrar en una relación estrecha con el Padre, el Hijo y el Espíritu; han de implicarse en la realización del Reino. Misión siempre nueva y actual que se extiende en el espacio y en el tiempo, hasta que el Reino de Dios sea una realidad presente en todo el mundo, con la confianza de que Jesús no nos abandona, sino que está con nosotros siempre y para siempre.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Buscas poder encontrarte con Jesús que sale a tu encuentro a cada instante? ¿Cuál es tu Galilea, tu lugar de encuentro con Jesús Resucitado? ¿Acudes con frecuencia a este lugar?

• ¿Estás abierto a salir al encuentro de todas las personas, sin importarte su condición social, económica, raza, nacionalidad… para llevarles la Buena Noticia del Reino?

• ¿Aceptas el poder de Jesucristo como servicio, donación de uno mismo y amor incondicional por toda la humanidad?

• ¿Cómo es tu relación con la Santísima Trinidad? Jesús no nos pide entender este Misterio, sino acogerlo ¿qué significado tiene esto para ti?

• ¿Te preocupas por conocer a la persona de Jesús y poner en práctica sus enseñanzas y, sobre todo, su actitudes vitales, su modo de vida?

• ¿De qué manera llevas a cabo, en tu vida cotidiana, la misión que Jesús te ha encomendado de hacer discípulos suyos a todos los pueblos?

VIDA – ORACIÓN

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y un sólo Dios, os adoro en el Misterio de la Santísima Trinidad.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo os alabo por haberme revelado este Misterio incomprensible para mi entendimiento, pero vislumbrado por mi corazón.

• Padre gracias por el gran Amor que nos profesas a todos los hombre y mujeres sin distinción de razas, credo, nación o estamento social. Señor, Jesucristo, gracias, por tus enseñanzas y por tu modo de vivir que me abre a todos mis hermanos. Espíritu Santo, gracias por tus dones que me ayudan a ser testigo de la Trinidad y a sentir que estáis presentes en mi vida diaria.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, ayudadme a llevar a cabo la misión de hacer discípulos de Jesús a todos los pueblos.

El Espíritu Santo, nuestro geolocalizador. Lectio Divina del Domingo de Pentecostés – Ciclo B

VERDAD – LECTURA  

Evangelio: Jn 20,19-23

“Miedo, tengo miedo, miedo de perderte”. Así decía la letra de aquella canción que,  compuso Rafael de León y, cantaba el dolor de un amante de perder a su amado.

Es la misma experiencia de los discípulos en el «anochecer de aquel día, el primero de la semana». Se encierran «en una casa», «por miedo a los judíos» Pero Jesús se pone en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros», porque la Buena Nueva del Reino, no es un mensaje de miedo, es un mensaje de paz, la paz que da saber que Jesús no ha muerto, sino que ha resucitado, venciendo así al mundo, por eso, para que los discípulos lo entiendan, y creyeran, «les enseñó las manos y el costado», cambiando su miedo en «alegría».

Esa alegría que como dice la canción de Leoni Torres: “Deja la tristeza, busca tu alegría y olvida las penas, que se te va la vida”. Y es que, el que vive en el miedo, se paraliza, no deja de vivir. Sin embargo, la alegría que les da Cristo Resucitado les hace responder a esa misión que les encomienda: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y «exhaló su aliento sobre ellos» diciéndoles: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Siempre entendemos lo íntimo, lo personal, como aquello que está dentro de nosotros y a lo que nadie puede tener acceso. El aliento es íntimo, por lo que Jesús les entrega a sus discípulos su mismo ser. Ese aliento que también exhaló en la Cruz y que ahora toma nombre: Espíritu Santo.

Esta experiencia que cuenta Juan, es la misma que nos relata el libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11), «el día de Pentecostés», cuando «se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente». Y ante tal ruido, «acudió la multitud y quedaron desconcertados porque cada uno los oía hablar en su propio idioma».

 El Espíritu Santo, les ha descolocado a todos. Los discípulos temerosos y escondidos, han salido a las calles. La multitud, «partos, medos y elamitas y habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tantos judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes», han acudido a donde estaban ellos y les oían «hablar de las grandezas de Dios» en su lengua. Todos estaban congregados en un punto, geolocalizados en torno al lugar donde se había producido el estruendo.

Ahora, con el Espíritu, todos podían decir que, Aquel a quien habían conocido, con quien habían compartido vida, de quien habían oído hablar, «Jesús es el Señor» y que es «un mismo Dios que obra todo en todos» y se les manifiesta «para el bien común».

Una invitación la que nos hace la liturgia de la Palabra de hoy, a acudir al mismo lugar, al Espíritu, para beber de Él y «formar un solo cuerpo» (1Cor 12,3b-7.12-13).

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has experimentado alguna vez el miedo?
  • ¿Qué es lo más íntimo para ti?
  • ¿Has percibido alguna vez “el estruendo”?
  • ¿Has acudido al lugar?
  • ¿Quién es el Espíritu Santo?
  • ¿Quién es para ti?
  • ¿Sientes que es el Espíritu Santo quien nos mueve y convoca?
  • ¿Qué necesitas cambiar en tu vida para que el Espíritu sea el centro?

VIDA – ORACIÓN

Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres!. Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas. Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu espíritu, y los creas, y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras; que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103,1ab.24ac.29bc.30.31.34).

“ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO” – LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DE LA SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 16,15-20

En la celebración de la solemnidad de la Ascensión del Señor, la liturgia nos ofrece la narración de este acontecimiento, según la versión recogida en el evangelio de Marcos.
En este pasaje evangélico, Jesús, no sólo asciende a los cielos, sino que además envía a los once a la misión. Una misión que consiste en dar a conocer la Buena Nueva a toda la creación. Hemos de notar la universalidad de este hecho, expresada en dicho envío: Id al mundo entero y proclamad la Buena Nueva a toda la creación (16,15). La reacción de los destinatarios de esta misión puede ser de acogida o de rechazo. Acoger el evangelio conlleva el dejarse bautizar, conlleva convertirse en discípulo de Jesús y conlleva la salvación. Y a los que crean les acompañarán una serie de signos: a) expulsarán demonios; b) hablarán nuevas lenguas; c) agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará; d) impondrán las manos a los enfermos y sanarán. Veamos cada uno de estos signos.

a) Expulsarán demonios. A quienes crean, Jesús les da el poder de combatir el mal. Les da poder para expulsar el mal de sus vidas y de las vida de los demás.

b) Hablarán nuevas lenguas. Quienes acojan a Jesús, tendrán la capacidad de comunicarse con los demás de una forma nueva y distinta. Esa nueva forma de comunicarse es el lenguaje del amor. Un lenguaje que todo el mundo es capaz de entender.

c) Agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará. La serpiente si te pica, te inocua su veneno y puede conducir a la muerte; lo mismo que ocurre cuando alguien bebe un veneno. Y son muchas las actitudes, las actuaciones, los modos de envenenar las relaciones entre las personas, sobre todo cuando lo que no prima es el amor. Pero quien vive en la dinámica de Jesús, quien vive y hace suyo el mandamiento del amor es capaz de pasar por encima de estos venenos.

d) Impondrán las manos a los enfermos y sanarán. En cualquier lugar en el que Dios está presente, la persona excluida de la sociedad, la persona desdichada, la persona en dificultades, los últimos de la sociedad son acogidos por la comunidad, son amados y son acompañados. Esta es la mejor manera de sanación.

Una vez, que Jesús envía a los suyos a la misión, una vez que nos envía a nosotros, sólo queda salir a predicar la Palabra, la cual será confirmada por los signos. A través de nosotros, Jesús continúa su misión. Nosotros somos sus pies, sus manos, sus ojos, su corazón. Y hemos de ir preferencialmente, no exclusivamente, a sus preferidos: los pobres.

A todas las criaturas, a todos los confines del mundo ha de llegar la alegría y la esperanza del evangelio.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el día de hoy, también te envía Jesús, ¿Cuál es tu repuesta?

• ¿Eres consciente de que si crees a Jesús y asumes su misión te acompañarán los signos descritos en el evangelio? ¿Se verifican de algún modo en tu vida?

• ¿Has asumido que eres los pies, las manos, la mente, el corazón de Jesús presente en el mundo de hoy? ¿Qué implicaciones tiene esto para ti?

• ¿Qué significado tiene para ti el amor preferencial, que no exclusivo, hacia los pobres?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por llamarme a la misión de de llevar el evangelio a todas las criaturas y a todos los confines de la tierra.

• Doy gracias a Jesús por los signos que me acompañan al dar Jesús a los demás.

• Le ofrezco mi vida a Dios para entregarme a la difusión universal del evangelio, empezando por las personas que están más cercanas a mí.

• Pido a Dios Padre que me ayude a ver el rostro de Jesús en los excluidos de la sociedad.

• Id al mundo entero y proclamad la Buena Noticia a toda la creación.

«Dios no hace acepción de personas», nosotros sí. Lectio Divina del VI Domingo de Pascua – Ciclo B

VERDAD – LECTURA  

Evangelio: Jn 15,9-17

Es habitual entre las personas, que establezcamos relaciones en nuestro trato diario con aquellos que nos rodean. Unas veces, por motivos laborales, otras por vecindario, por parentesco, amistad, etc. Y nadie se sorprende cuando los lazos de afinidad se estrechan más con unas personas que con otras, porque es “lo normal” elegir a quiénes queremos tener por amigos o por pareja. Sin embargo, a la familia y a los compañeros de trabajo no los elegimos. Nos son dados.

Supone una experiencia, también común a todos, que el paso del tiempo nos hace cribar a quién sí y a quién no quiero seguir teniendo a mi lado. Y así, “vamos perdiendo amigos por el camino”; tal vez, nunca lo fueron. El problema es que no llegamos a emplear bien nuestro lenguaje y no distinguimos entre “amigos” y “conocidos”, entre “apreciar”, “querer”, “amar”, etc.

Jesús en el evangelio de este domingo, nos cuenta qué es amar. En primer lugar, podríamos afirmar que es lo que Jesús nos mandó, y así termina el evangelio de este domingo: «Esto os mando: que os améis unos a otros». Por tanto, parece que Jesús, no da lugar a hacer acepción de personas, sino que nos pide que permanezcamos en el amor, para que su alegría esté en nosotros, porque el que ama y se siente amado es feliz y sólo entiende de amor. «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo». Y es que «Dios es amor» (cf. IJn 4,8). Esta es la razón por la que el cristiano ha de permanecer en el amor del Hijo, guardando sus mandamientos. Que realmente sólo es uno: «que os améis unos a otros como yo os he amado».

Jesús nos enseña cómo se ama: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» y nos muestra quiénes son sus amigos: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando», «porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer». Y hay una gran diferencia entre ser amigo de nuestros amigos y ser amigo de Jesús. A “nuestros amigos” los elegimos. En el caso de Jesús, es Él quien nos ha elegido y destinado a una misión: «para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca». Esa tarea, que en ocasiones nos resulta difícil, no es tal si seguimos el consejo de Jesús: «que pidáis al Padre en mi nombre» y el Padre nos lo dará.

Esto es el amor, no se trata de hacer acepción de personas. Se trata de dar la vida por los demás, ese es el fruto que Jesús espera de nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • Piensa qué diferencia hay entre amigo y conocido.
  • ¿Qué diferencia hay entre amar y querer?
  • ¿Tienes amigos o conocidos?
  • ¿A quién amas?
  • ¿A quién quieres?
  • ¿Serías capaz de dar tu vida por esas personas?
  • ¿Eres capaz de dar tu vida por ti mismo?
  • ¿Eres capaz de dar tu vida por Cristo?
  • ¿Qué te lo impide?

VIDA – ORACIÓN

Señor que nos has amado hasta el extremo, enséñanos a querernos más a nosotros mismos y a sentir tu amor, porque sólo se puede dar lo que se tiene. Danos un corazón grande, generoso, capaz de amar a todos. Qué todos quepan en nuestro corazón, que nadie dejemos fuera, como Tú hiciste, que diste tu vida por todos. Haz que, alimentados con tu Palabra, seamos portadores de amor y felicidad para los que nos rodean y en tu nombre, vivamos siempre unidos. Así sea.

“PERMANECED UNIDOS A MÍ” – LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO V DE PASCUA (CICLO B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 15,1-8

El V Domingo de Pascua, la liturgia nos ofrece para orar la parábola de la vid y los sarmientos.

Para aquellos de nosotros que no estemos familiarizados con el mundo campestre, es posible, que esta parábola no nos diga nada. Si embargo, hemos de saber que, para que el sarmiento pueda vivir es imprescindible que esté unido a la vid. El alimento, del cual se nutre el sarmiento, proviene de la vid. Y sin estar unido a ella, es imposible que produzca uvas.

Me llamó especialmente la atención las veces que se repite en tampoco versículos la expresión “permaneced unidos a mí” o similar. Creo que es la frase que nos debe dar la clave para comprender todo el pasaje.

Hemos de tener en cuenta, comentado este fragmento que, en la tradición de Israel, la vid o la viña es el símbolo del Pueblo de Dios. Un pueblo que ha sido cuidado con mimo por parte de Yahveh, de la misma manera que el viñador cuida de su viña. Sin embargo, Israel no ha sido fiel a la Alianza; es decir, no se ha dejado cuidar y, por lo tanto, no ha dado fruto.

Los discípulos de Jesús y también nosotros, al haber respondido a su llamada estamos limpios, gracias a la Palabra que ha pronunciado para cada uno de nosotros. Conforme vamos profundizando y acogiendo el mensaje de Jesús más nos purificamos. En la medida en que permanezcamos fieles a Jesús, el amor de Dios se nos manifestará y nosotros lo manifestaremos a los demás. Y aunque nosotros nos separemos de Dios, Él continuará siendo fiel, pero nosotros nos volveremos estériles.

Pocos versículos después, Jesús vuelve a repetir la afirmación del principio. Pero, en esta ocasión, refiriéndose a sí mismo y a los discípulos, no al Padre: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Es Jesús quien transmite la vida a todos sus discípulos, pero para ello es indispensable permanecer unidos a Él y de esa manera daremos mucho fruto. Pero, si no estamos unidos a él nos secaremos, es decir no tendremos vida.

Jesús se nos presenta como la “vid verdadera”. Aquel, en el que, Yahveh ha restablecido la Alianza. Y los sarmientos son el nuevo pueblo de Dios. El Padre es quien ha plantado la viña y los sarmientos. Jesús viene a decir que el verdadero Pueblo de Dios es aquel que está unido a él. Y, en la medida en que los sarmientos estén unidos a él darán fruto, podrán llevar a cabo su misión, que no es otra que la extensión del Reino.

Estar unidos a Jesús es dejarnos alimentar por él, es estar atentos a su voz, es escuchar su palabra, es intentar llevarla a cabo en nuestro día a día. Es vivir para él y con él, para poder vivir para y con los hermanos.

Cuando el sarmiento se seca, el Padre lo corta porque no pertenece ya a la vid. Cuando cualquiera de nosotros nos separamos de Jesús, nos secamos y somos incapaces de dar fruto. No somos capaces de transmitir el amor de Dios.

La gloria del Padre se manifiesta precisamente en la extensión del Reino por parte de los discípulos, pero para ello es indispensable estar unidos íntimamente a Jesús, asumir sus actitudes vitales y llevarlas a la práctica.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Sientes que permaneces unido a Jesús? ¿De qué manera?

• ¿De qué forma crees que puedes incrementar ese permanecer unido a Jesús?

• ¿En qué ocasiones de tu vida cotidiana, ere incapaz de dar fruto porque no permaneces unido a Jesús?

• ¿Cómo puedes extender el Reino entre todos aquellos que te rodean, que entran en contacto contigo en tu día a día?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser el viñador que cuida de todos nosotros.

• Da gracias a Jesús porque nos alimenta cada día con su savia.

• Ofrece tu vida para ser insertado como el sarmiento en la vid y permanecer unido a Jesús.

• Pide a Dios Padre que envíe su Espíritu sobre todos los llamados a extender su Reino en el mundo.

• Comprométete a acoger la vida que Jesús nos ofrece y a entregarla a los demás.

El Buen Pastor. Lectio Divina del IV Domingo de Pascua – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 10,11-18

Todos conocemos el refrán español que dice: “Divide y vencerás”. Y es tan cierto, que en cualquier grupo social podemos demostrar que es así. Sólo hace falta generar discordias en el seno del grupo para que éste desaparezca. Y este era el temor de los judíos. Muchos seguían a Jesús y los Sumos Sacerdotes y los ancianos del Pueblo de Israel temían por la integridad de su pueblo. Ellos no habían entendido nada, aún después de la Resurrección y por eso intentan averiguar quién les da el poder a los discípulos para hacer las obras que hacen: «Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos» (cf. Hch 4,8-12).

Entre nosotros es común seleccionar objetos, hacer acepciones de personas,… Eso mismo hicieron los judíos. Desecharon a Jesús, porque les estorbaba. Sin embargo, «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular». Esto nos enseña, que es mejor «refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes» (Sal 117), porque el amor de Dios está por encima de todo y de todos; «seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es (cf. IJn 3,1-2).

Y es que Jesús es como el pastor que apacienta a sus ovejas. En más de una ocasión, los evangelios nos hablan de esta comparación. Esta semana, nos lo relata el evangelista san Juan. Jesús se define así: «Yo soy el buen Pastor», el que «da su vida por las ovejas». Y lo contrasta con el pastor asalariado que ante la dificultad, «abandona a las ovejas y huye», porque su interés no son las ovejas, sino el salario que percibe por cuidarlas.

Jesús no es asalariado, es el dueño del rebaño, el que les ha puesto nombre, el que las “ha comprado” con el precio de su Sangre. Por eso dice: «Yo doy mi vida por las ovejas». Porque para Él nada hay más importante. Pero las ovejas están divididas. San Juan nos cuenta que Jesús habla de «otras ovejas que no son de este redil» a las que también tiene que traer y escucharán su voz, para que así haya «un solo rebaño, un solo Pastor».

¿Quiénes son las ovejas de uno y otro redil? Las de «este redil», son aquellos que habían elegido seguir a Jesús, estar a su lado. Los del “otro redil” son el grupo de judíos, probablemente, hacía alusión a los fariseos, que no habían aceptado a Jesús, sino que le habían buscado hasta condenarlo, hasta entregar su vida. «Por esto me ama el Padre», dice Jesús, «porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente». Y es que Cristo tiene vida en sí mismo, nadie se la puede arrebatar, porque Él es Dios; el Padre y Él son uno, de ahí que pueda afirmar: «este mandato he recibido de mi Padre».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Te has planteado alguna vez cómo puede ser posible todo lo que narran los evangelios sobre Jesús de Nazaret?
  • ¿Has sentido, en tu interior, dudas sobre si creer o no en Él?
  • ¿Hay alguna persona o personas que en este momento te gustaría “hacer desaparecer de tu vista”?
  • ¿Quiénes son?
  • ¿Por qué?
  • ¿Crees que Jesús hizo acepción de personas?
  • Si todos hemos sido creados por Él, ¿por qué hay dos rediles en el Evangelio?
  • ¿A qué redil perteneces?
  • ¿Serías capaz de entregar tu vida, como Jesús lo hizo por aquellos que te han sido encomendados?
  • ¿Qué es lo que te obstaculiza?

VIDA – ORACIÓN

Dios Todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

“SOY YO EN PERSONA” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO III DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – MEDITACIÓN

Evangelio: Lc 24,35-48

El fragmento del evangelio, que hoy nos ocupa, comienza con el final del relato de los Discípulos de Emaús, en el que se nos cuenta lo que les había ocurrido por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Ellos tienen necesidad de compartir su experiencia, de cómo habían reconocido al Resucitado, precisamente durante una liturgia eucarística. El lugar en el que cada domingo, Jesús se hace presente a la comunidad cristiana en forma de pan y vino.

A continuación, Lucas nos narra el recuerdo de una de las diversas manifestaciones de Jesús, después de su resurrección. La estructura del relato es muy parecida a otros pasajes similares: aparición repentina de Jesús resucitado, los discípulos son incapaces de reconocerlo, la recriminación de Jesús, la alegría y el asombro al reconocerlo.

Los discípulos se encuentran reunidos, posiblemente comentado lo acontecido a los caminantes de Emaús, a las mujeres y a Pedro; entonces, Jesús se coloca en medio de ellos y los saluda el saludo de paz, según la costumbre judía, pero que para Lucas tiene connotaciones mesiánicas. Y, además, es precisamente lo que Jesucristo viene a traernos: Paz.

A pesar de haber escuchado los relatos anteriores de las mujeres, de los dos discípulos de Emaús, de Pedro y del discípulo amado, ellos dudan, se sobresaltan, se sorprenden… creen ver un espíritu. Estamos ante una teofanía, ante una manifestación de Dios. Ya en el AT nos encontramos con que, las manifestaciones de Yahveh producen esos síntomas: sorpresa y duda.

Para ayudarles a superar su turbación, les muestra las señales de la crucifixión… Soy yo… No es fruto de su imaginación. Es alguien real con carne y huesos, aunque glorificados.

No acaban de creérselo. Es imposible. La pregunta y la duda es lógica: ¿Cómo es posible que estemos viendo al mismo que murió en una cruz? Necesitan más pruebas.
Entonces, Jesús les pide algo de comer. Le ofrecen un pescado y comió delante de ellos. Lucas quiere reafirmar la realidad física del Resucitado. Es el mismo Jesús con el que habían convivido por los caminos polvorientos de Galilea, el mismo Jesús que había celebrado con ellos la última cena, el mismo Jesús que habían visto morir en una cruz. El mismo Jesús, sólo que glorificado por Dios Padre.

Concluye el relato, haciéndoles comprender a los discípulos lo que de él estaba escrito en las Sagradas Escrituras. Era necesario llevarlas a su pleno cumplimiento. El Antiguo Testamento sólo es posible comprenderlo y asimilarlo a la luz de la vida y la obra de Jesús. El plan que Dios tenía desde toda la eternidad se ha cumplido en Jesús de Nazaret. Un plan de Dios cuya finalidad era la salvación de todos los hombres.

Concluye el relato con el envío de los discípulos a la misión: anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva para que, al convertirse en personas nuevas obtengan el perdón de los pecados. Ellos ahora tiene que ser testigos de lo que han visto y oído. Tienen que ser testigos de su vida, de su pasión, de su muerte, pero sobre todo de su resurrección. A partir de ahora y hasta el fin de los tiempos tienen que ser testigos de Jesús. Nosotros, aquí y ahora, debemos ser testigos del amor de Dios, del amor de Jesús. Testigos de que él vive entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Sabes reconocer la presencia de Jesús cuando éste se manifiesta en tu vida?

• Cada domingo podemos ver y tocar a Jesús en la celebración de la eucaristía ¿Eres consciente de ello?

• Ante la manifestación real de Jesús, ¿Cuál es tu reacción? ¿Ocurre como con los discípulos, no acabas de creértelo, por la duda, por el miedo, por la alegría?

• Jesús nos envía a todos los que creemos en Él a ser testigos de su vida, de su obra y de su resurrección ¿Te sientes verdaderamente enviado? ¿Estás dispuesto a asumir la misión que Jesús te ha encomendado?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por el gran amor que te tiene y por el regalo de manifestación de Jesús en tu vida

• Da gracias a Jesús por ayudarte e iluminarte en tus dudas, tus miedos y tus dificultades.

• Ofrécele tu vida para ser testigo de la vida, la obra y la resurrección de Jesús.

• Pídele que te ayude a llevar a cabo la misión de ser testigo de la obra, la vida y la resurrección de Jesús.

• Asume el compromiso de ser testigo de Jesús Resucitado.

El Espíritu Santo es nuestra alegría y nuestro gozo para contar las hazañas del Señor. Lectio Divina del II Domingo de Pascua – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 20,19-31

Los judíos celebraban el día de Yahveh el sábado. Para ellos, el domingo daba inicio a la semana. Y de ese día, «el primero de la semana» nos habla el evangelista san Juan. Nos cuenta qué hacían los discípulos ese día: estar «en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos». Su Maestro acababa de morir, estaban asustados, por dos motivos: 1-El cuerpo de su Señor había desaparecido del sepulcro. Pensaban que lo habían robado; sin embargo, algunos decían que lo habían visto. 2-Por si los judíos les hacían correr la misma suerte que a su Señor. Ellos estaban en el ojo de mira del pueblo judío y, como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, los creyentes, «tenían un solo corazón y una sola alma», «pues lo poseían todo en común» (cf. Hch 4,32-35). El temor les paraliza, les hace perder la paz. De ahí que Jesús se ponga en medio de ellos y los salude así: «Paz a vosotros». Para serenarlos y que crean que es Él, «les enseñó las manos y el costado».

«Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor», pero Jesús no se conforma con verlos alegres y encerrados en una casa. Por eso les sigue diciendo: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». ¿Cómo quitarles a los discípulos el miedo para ser enviados? Enviados… ¿a dónde y para qué? «Sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”».

No estaban todos. Faltaba uno de los Doce cuando se apareció Jesús, Tomás, «llamado el Mellizo». Él no lo podía creer si no veía «la señal de los clavos» y metía «el dedo en el agujero de los clavos» y «la mano en su costado». Es el reflejo de cada uno de nosotros cuando no nos fiamos de aquello que se nos dice. Pedimos señales. De ahí que, «a los ocho días», Jesús se aparezca de nuevo en medio de ellos y les salude del mismo modo: «Paz a vosotros» y dirigiéndose a Tomás, le pida su mano para meterla en el costado. En ese momento, Tomás torna su incredulidad en fe y contesta: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿He sentido miedo alguna vez por creer en Jesús?
  • ¿Cuál es mi reacción ante el miedo?
  • ¿Pido “señales” al Señor?
  • ¿A qué me envía el Señor?, ¿cuál es mi misión en este mundo?
  • ¿Soy capaz de reconocer que es el Espíritu Santo quien me empuja e impulsa?
  • ¿Qué miedo he de abandonar de mi vida y que aún no he sido capaz?
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VIDA – ORACIÓN

Qué tu Espíritu Señor descienda sobre mí y aparte mis temores, que impulse a hacer aquello que Tú quieres que haga. Qué sea capaz de contar a todo el mundo que mi Señor ha muerto, pero ha resucitado y por eso estamos alegres. Así sea.