¿Qué tenemos que hacer? Lectio Divina del Evangelio del tercer domingo de Adviento – Gaudete

VERDAD – LECTURA

Evangelio (Lc 3,10-18)

Lo primero que llama la atención, al menos a mí, respecto a la lectura del evangelio que hoy nos ofrece la liturgia es la pregunta con la que se inicia el pasaje: ¿Qué tenemos que hacer? Parece que no es una pregunta insignificante; en poquísimos versículos, el autor del evangelio la recoge por tres veces, como preocupación de distintos tipos de personas. Nos encontramos en primer lugar con la gente en general, después con unos recaudadores de impuestos y por último con unos soldados. Todos ellos están preocupados por lo que tienen que hacer para preparar la llegada del Mesías, que Juan ha anunciado versículos atrás (3,3-9).

Este fragmento de evangelio, como podemos apreciar consta de dos partes: la primera en la que se realizan las preguntas que hemos apuntado más arriba y una segunda en la que Juan quiere dejar claro que él no es el Mesías, sino únicamente aquel que le prepara el camino.

Es un evangelio muy rico y con el que nos podríamos extender todo lo que quisiéramos, pero me vais a permitir que, para nuestra oración de este domingo, me detenga únicamente en la primera parte del mismo; considero que será suficiente para poder realizar satisfactoriamente nuestra lectio divina.

¿Qué tenemos que hacer? Juan ha anunciado y practica un bautismo de conversión. La palabra griega que se utiliza en el texto de Lucas para aludir a la conversión es: metanoia. Dicha palabra en realidad lo que significa es cambiar la mentalidad, la forma de pensar y de actuar; en otras palabras, reorientar nuestra vida hacia Dios, dejarnos transformar por el Espíritu Santo para que nuestra forma de pensar y de actuar se parezca cada vez más a la forma de pensar y actuar de Jesús.

Pero, ¿cómo abrirnos a esa transformación? ¿cómo preparar nuestra vida para ese cambio? Juan nos hace descender y tocar tierra. La preparación, la conversión, el cambio en nuestra vida consiste, en la práctica, en mirar a nuestro alrededor, hacernos consciente de las necesidades que tienen las personas que nos rodean y atender a las mismas, empezado por lo más básico: el vestido y la comida.

Adviento es preparación para recibir a Jesús que nace. Un acontecimiento que ocurrió hace más de dos mil años. Pero que la Iglesia nos lo recuerda cada año. Recordar es volver a pasar por el corazón un acontecimiento. Cada año, la Iglesia nos ofrece un tiempo específico para que no nos olvidemos que Jesús está naciendo continuamente en la vida de los seres humanos y pasarlo por nuestro corazón. Como muchas veces lo olvidamos, pues al menos una vez al año, se nos invita a vivir con mayor intensidad esa preparación. Que mejor manera de preparar la venida del Mesías que, atendiendo a las necesidades de nuestros hermanos, de las personas que tenemos a nuestro alrededor.

La primera “obligación” respecto a atender las necesidades de los demás está más o menos clara: compartir. Pero no sólo debemos quedarnos ahí. El verdadero cambio implica también actuar con honestidad en nuestra vida cotidiana, que no exijamos a los otros más de lo que está dentro de sus posibilidades, que no les engañemos, que no les intimidemos, que nos conformemos con lo que tenemos, sin ser ambiciosos o avariciosos. Lo cual no quiere decir que si tenemos la posibilidad de mejorar en la vida no lo hagamos, sino que nuestra mejora no sea a costa de abusar de los demás.

Y todo esto realizado desde la alegría que es la gran invitación que se nos hace desde la liturgia en este domingo gaudete (domingo de la alegría). Porque si esa transformación la vamos a realizar a regañadientes, la vamos a realizar desde la tristeza, pensando que es únicamente una obligación. No será una verdadera reorientación, un verdadero cambio, una verdadera conversión. ¡Alégrate! Porque Dios está en medio de ti, se alegra y goza contigo, te renueva con su amor (cf. Sof 3,14-18). ¡Alégrate, porque el Señor está cerca! (Cf. Fil 4,4).

Al igual que la multitud mantengámonos expectantes; es decir, en una espera activa, para acoger la venida de Dios hecho niño. Y, al igual que Juan el Bautista anunciemos la Buena Noticia, anunciemos que Dios se hace hombre con nuestras palabras, nuestras actitudes y nuestras acciones.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • Delante de Jesús, presente en su Palabra, hazte la misma pregunta que se hacen los distintos personajes de este evangelio: ¿Qué tengo que hacer?
  • ¿Cómo estás viviendo este Adviento? ¿Cómo te estás preparando para la venida del Niño Jesús?
  • A partir de la respuesta que hayas sentido, prográmate alguna obra, tarea, actividad que puedas realizar durante este Adviento y te ayude a vivir más intensamente la Navidad.
  • Proponte, siempre que puedas, mantener la alegría durante este tiempo de Adviento.

VIDA – ORACIÓN

Hoy te invito a concluir nuestra lectio divina rezando el Salmo 95.

Venid, cantemos al Señor con alegría,

aclamemos a la roca que nos salva;

vayamos ante él a darle gracias

y a cantar himnos en su honor.

Porque el Señor es un Dios grande,

el rey grande sobre todos los dioses.

Tiene en sus manos las profundidades de la tierra

y suyas son las cumbres de los montes;

suyo es el mar porque él mismo lo hizo,

y la tierra firme, que formaron sus manos.

Venid a adorarlo, hinquemos las rodillas

Delante del Señor, nuestro creador.

Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo,

las ovejas que él guarda.

¡FELIZ AÑO NUEVO! Lectio Divina del Evangelio del  Domingo I de Adviento

VERDAD – LECTURA

Lc 21,25-28.34-36

¡Feliz año nuevo! Posiblemente a más de una persona os sorprenda este saludo; pero hay que tener en cuenta que hoy comenzamos un nuevo año litúrgico. Un año nuevo en el que continuar profundizando en la Palabra, continuar firmes en nuestro seguimiento de Cristo y continuar haciendo el bien entre todas aquellas personas con las que nos encontramos a diario.

Las lecturas que la liturgia nos ofrece para el día de hoy es probable que nos asombre a algunos por su carácter escatológico. Un género literario éste que no debe ser tomado al pie de la letra.

Más que nada, el texto, en el que se nos refieren los acontecimientos que ocurrirán en la segunda venida de Jesucristo, nos está invitando la vigilancia, a estar atentos a la presencia de Jesús entre nosotros.

Nos invita además a la esperanza en momentos de dificultad o prueba.

Todo ello lo hace por medio de una serie de símbolos, metáforas, visiones dramáticas, comparaciones, etc.; lo cual hay que interpretar de manera adecuada.

El texto comienza diciéndonos que Jesús le refiere a sus discípulos una serie de señales que aparecerán en el cielo, el día de su vuelta gloriosa.

El mensaje del texto es claramente de esperanza, en ningún momento debemos sentirnos abrumados o intranquilos, pues esas señales debe ser signo de alegría pues se acerca nuestra liberación de todas las ataduras que nos esclavizan, aunque en primer término nos parezcan señales catastróficas.

En un futuro, sin especificar, aparecerán una serie de signos cósmicos que nos estarán anunciando el inminente triunfo definitivo del Reino de Dios. Nosotros observaremos dichas señales de la naturaleza, las cuales no nos permiten saber el día, ni la hora. Pues, continuamente, están ocurriendo muchos de estos acontecimientos, por lo cual no podemos hacer cábalas acerca del momento en que la llegada del reinado de Dios se hará presente en nuestras vidas.

Lo importante no es el cuándo, lo verdaderamente importante es: ¿De qué modo estoy esperando yo el Reino de Dios? ¿Cuál es mi actitud diaria con respecto a la venida triunfal de Jesús? ¿Estoy esperando con angustia, agobio, intranquilidad o, por el contrario aguardo con esperanza los acontecimientos? Lo importante, es que el resplandor del Hijo de Dios será la visión más luminosa. El Hijo del hombre vendrá con gran poder y majestad, se manifestará toda su gloria, en una nube, signo de la presencia de Dios en la literatura bíblica.

Ante esta venida, no debemos tener miedo. Hemos de acogerla con esperanza, hemos de alzar nuestra cabeza, no escondernos, porque se acerca nuestra liberación. La persecución, los peligros, los agobios, la muerte, el pecado no tienen la última palabra, la última palabra es la del amor, la comprensión, la misericordia que nos trae Jesús y que serán definitivas en su segunda venida.

Eso sí, hemos de tener en cuenta que nuestra actitud no puede ser pasiva. Hemos de permanecer vigilantes y en oración para que, estos tiempos difíciles, en los que todavía el Reino no está totalmente presente en nuestras vida, se nos haga más fácil de vivir. Hemos de estar continuamente intentando transformar el mundo en el que vivimos; para que en él reine la justicia, el amor, la misericordia, la acogida de nuestros hermanos, la palabra amable, el consuelo… y en el que nosotros, también crezcamos, en autoestima, en valoración de nosotros mismo, en respeto, en ser mejores cada día, transformando lo que sea posible a nuestro alrededor, para que nuestro mundo sea cada vez más habitable.

La fuerza para podernos mantener en esta actitud sólo podemos encontrarla en la oración. De ahí la invitación de Jesús a la vigilancia y a la oración para permanecer de pie ante el Hijo del hombre, cuando venga en todo su honor y majestad.

Dios Padre siempre está a favor del ser humano e intenta que entremos en comunión con Él. Nosotros hemos de poner de nuestra parte y corresponder a este amor de Dios, intentando crear un mundo más humano y más cristiano, en el que la ley principal sea la del amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Eres consciente de la presencia de Jesús en los acontecimientos diarios de tu vida? ¿Intentas estar atento a dichos acontecimientos para descubrir su presencia entre nosotros?
  • ¿Cómo vives los momentos de dificultad, de prueba? ¿Con angustia, con desazón, intranquilidad, pesadumbre? ¿O por el contrario con esperanza, confianza, ilusión, optimismo?
  • ¿Cómo estás esperando la llegada del Reino de Dios? ¿Intentas transformar las estructuras de injusticia que aparecen a tu alrededor? ¿Intentas vivir acogiendo a los otros, intentando llevarles una palabra de aliento, una sonrisa, un gesto amable, consuelo? ¿Intentas, por medio de tus acciones, hacer presente el Reino de Dios en nuestro mundo?
  • Para poder llevar a cabo la transformación de nuestro mundo es necesaria la oración para que ella sea el motor que nos impulse. ¿Dedicas momentos concretos para encontrarte con Jesús en su Palabra, en la Eucaristía?

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale por su entrañable misericordia.
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en los acontecimientos diarios de tu vida.
  • Pide al Espíritu Santo que derrame sus dones sobre todas la personas comunicándoles el don de la esperanza.

“Amarás a Dios y a tu prójimo”. Lectio Divina del domingo XXXI del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 12,28b-34

Jesús se encuentra ya en Jerusalén. En los primeros días de su estancia ya ha tenido alguna que otra controversia con los dirigentes judíos: primero expulsando a los comerciantes y vendedores del Templo; luego, con los fariseos respecto a si es lícito o no pagar impuestos; a continuación, con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos.

En el pasaje con el que hoy oramos, nos encontramos con un escriba, es decir un especialista en la interpretación de la Escritura, alguien que se dedicaba precisamente a enseñar la Ley e interpretar la manera en que ésta debía aplicarse en situaciones concretas. Dicho escriba, después de ver cómo había Jesús respondido a unos y a otros, le pregunta acerca del mandamiento más importante de la Ley.

A nosotros puede parecernos una pregunta sin importancia. Sin embargo, en la época de Jesús no lo es tanto. Los judíos debían cumplir con 613 mandamientos: 365 prohibiciones (una por cada día del año) y 248 normas; es verdad que los rabinos distinguían entre graves y leves, pero exigían el cumplimiento de todos y cada uno de ellos.

Jesús responde con la Ley misma. Primero citando Dt 6,4, el shema, un versículo que los judíos recitaban a diario tres veces al día, por la mañana, a mediodía y por la tarde. Actualmente, todavía se lleva ese texto, junto al de Ex 13,1-10 y Dt 11,13-21, en un estuche atado con cintas de cuero alrededor del brazo izquierdo (el más cercano al corazón) y de la cabeza, es el tefilín, lo que nosotros conocemos como filacteria: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas.” Después cita Lev 19,18: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo.”

Para un cristiano ambos mandamientos van de la mano. Pero, unir estos dos mandamientos no se lo ha sacado Jesús de la manga; los profetas ya se lo habían recordado al Pueblo de Israel en más de una ocasión, de nada sirven los sacrificios y holocaustos, si uno se olvida del prójimo.

Pero, ¿quién es mi prójimo? ¿mi pariente, mi vecino, otro cristiano…? Para Jesús el prójimo es cualquier ser humano, sea de la raza que sea, profese la religión que profese, provenga de donde provenga, todo ser humano es prójimo del seguidor de Jesús, especialmente el más necesitado, el más débil, el más abatido, el más descorazonado, el más desanimado… Y, además, amarlo como a uno mismo. De esta manera no estaremos lejos del reino de Dios como aquel escriba. Pero, amando así ¿soy verdadero discípulo de Jesús? Pues, yo creo que el seguidor de Jesús debe amar al prójimo no sólo como a sí mismo, sino a la manera de Jesús: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado. No hay amor más grande que el de aquel que es capaz de dar la vida por sus amigos” (Jn 15,12s). Y los amigos de Jesús son toda la humanidad, por toda ella dio la vida y a toda ella vino a traer la salvación.

Yo concluiría con las palabras que Jesús pronunció después de la parábola del buen samaritano: “Anda, ve, pues, y haz tu lo mismo” (Lc 10,37b).

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • La cita de Dt 6,4 con la que Jesús responde al escriba comienza: Escucha, Israel. ¿Están tus oídos atentos a la voz de Dios? ¿Escuchas atentamente su palabra? ¿Estás con tu corazón, tu mente, tu alma, tus fuerzas físicas preparado para escuchar la Palabra?
  • ¿Verdaderamente amas a Dios por encima de cualquier otra cosa? ¿Lo amas con todas las consecuencias?
  • ¿Cómo es tu amor hacia el prójimo? ¿Amas a todos tus hermanos sin distinción, especialmente a los más débiles y necesitados? ¿Los amas al estilo de Jesús? ¿Sin esperar nada a cambio y entregándote totalmente a ellos?
  • ¿Existe algo en tu vida que te impide amar a Dios con todo tu ser y al prójimo al estilo de Jesús? ¿Alguna actitud, alguna conducta, alguna postura que debes desterrar de tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • Alaba a Dios por ser Él quien te amó primero.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte como tienes que amar a los demás.
  • Pide perdón por las veces que no has amado a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas… y al prójimo al estilo de Jesús.
  • Abandónate totalmente en el Espíritu Santo para que Él inspire tus actos de amor.

“¡Señor, Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Lectio Divina del domingo XXX del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 10,46-52

En los pasajes evangélicos de los domingos anteriores, hemos podido comprobar, cómo Jesús iba instruyendo a sus discípulos acerca del verdadero significado de su seguimiento. Los apóstoles no comprenden ese estilo de seguimiento, ni el porqué del estilo de mesianismo de Jesús, que nada tiene que ver con el concepto que ellos tenían. Los discípulos todavía están aferrados al poder, a los privilegios, a los primeros puestos, en los que no tiene cabida el servicio, la entrega, el amor incondicional a Dios y a los hermanos (Recordemos el evangelio del domingo pasado).

En este contexto, podemos ver el fragmento con el que hoy oramos, como una llamada al verdadero seguimiento de Jesús. Bartimeo es el modelo de seguimiento y discipulado de Jesús, y por tanto, ejemplo para todos los seguidores de éste.

Bartimeo se encuentra al borde del camino. Es decir fuera del mismo. No se encuentra haciendo camino. Está estático. No está en el camino del seguimiento de Jesús. Es más aparece sentado. Una postura que acentúa aún más, si cabe, su inmovilidad. Se encuentra estancado en su propia vida. Una vida, posiblemente, aferrada a las antiguas tradiciones del pueblo judío y por tanto al concepto que éste tenía del mesianismo, lo cual viene simbolizado por el manto. El manto de la marginación y de la exclusión, pues a pesar de todo, era una persona que se encontraba fuera de la sociedad, precisamente por su ceguera y que estaba a merced de la caridad de otras personas, para quienes pasa, totalmente, desapercibido. Nadie había reparado en él, hasta que se pone a gritar. Un grito desgarrador, que pretende llamar la atención de Jesús, para que le saque de la situación en la que se encuentra, recurriendo, precisamente a la misericordia del Maestro de Nazaret.

Aquellos que rodean a Bartimeo, y que van siguiendo a Jesús, le reprenden e intentan obligarlo a callar. Él , sin embargo, no se da por vencido, y grita aún más fuerte. Aquella voz estaba repleta de fe en el Mesías prometido. Lo cual obligó a éste a detenerse y hacerlo llamar. El ciego rápidamente, de un salto, dejó el manto, símbolo de su seguridad, de sus certezas, de sus convicciones, y la única manera que tenía para poder sacar el sustento diario y se entrega totalmente en las manos de Jesús. La gente le ayuda a acercarse a Jesús.

El diálogo entre ambos es brevísimo: “¿Qué quieres que haga por ti?” “Maestro, que pueda ver”. “Anda tu fe te ha curado”. E, inmediatamente, vio.

Este magnífico relato de Marcos concluye diciéndonos que aquel que antes era ciego, ahora le sigue por el camino. El camino que está llevando a Jesús hacia Jerusalén. El camino que culminará en la pasión, muerte y resurrección del Maestro. El camino que todo aquel que quiera ser discípulo de Jesús ha de seguir y recorrer. El camino de la unión íntima y total con Jesús y con la suerte que este va a correr. El camino que conduce al Reino y a la vida verdadera.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Es muy probable, que no te falte el sentido de la vista, pero ¿eres capaz de descubrir el paso de Dios en tu vida? ¿eres capaz de reconocer la mano de Dios en los acontecimiento diarios? ¿te fías incondicionalmente de Dios y te abandonas a su amor y misericordia?
  • ¿Te encuentras al borde del camino o en el sendero del seguimiento de Jesús?
  • ¿Sigues aferrado, como los discípulos, a tus seguridades, a tus certezas, a tus convicciones? ¿Sigues pensando que el seguimiento de Jesús consiste en ser el primero, en tener poder y privilegios? ¿Qué te impide dejar a un lado tu manto?
  • ¿Eres capaz de gritar desgarradamente, de alzar tu voz por encima de las demás, de hacerte oír aunque existan circunstancias que te lo quieran impedir?
  • ¿Eres capaz de seguir a Jesús por el camino, por su camino, por la senda que lleva a Jerusalén, con lo que ello conlleva y sabiendo que ese camino puede traerte dificultades, obstáculos, problemas inconvenientes? ¿Qué necesitas hacer para ponerte en camino?

VIDA – ORACIÓN

La oración del ciego Bartimeo, algo desconocida para nuestro contexto cristiano occidental, es, sin embargo, muy conocida y apreciada por nuestros hermanos de rito oriental (católicos y ortodoxos): la oración de Jesús u oración del corazón. En la obra El Peregrino ruso podemos descubrir la dulzura, importancia y dimensión de esta oración, con la que muchos de esto hermanos nuestros oran a modo de jaculatoria: “¡Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” La invitación que queremos hoy hacerte es a profundizar en esta oración y en su práctica. Y repitas despacio esta invocación en distintos momentos del día y luego continúes practicándola: “¡Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”

“El que quiera ser el primero, sea esclavo de todos”. Lectio Divina del domingo XXIX del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 10,35-45

¿Qué significa ser discípulo de Jesús? ¿En qué consiste el camino del discipulado? ¿Cómo debemos comportarnos cuando tenemos un puesto relevante?

El evangelio de hoy es claro: tener el primer puesto consiste en servir a los demás; el primer puesto ha de ser entendido como un servicio al otro, incluso hasta dar la propia vida, lo mismo que hizo Jesús.

A pesar de la claridad de Jesús, con respecto a su misión en la tierra: padecer, morir y resucitar al tercer día; los discípulos siguen pensando en el poder, en el primer puesto, en que les sirvan en lugar de servir; aunque no sea aquí en la tierra.

Ante aquella propuesta, de los apóstoles, Jesús les pregunta: “¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con el que yo me voy a bautizar?”. Porque, en eso consiste precisamente el seguimiento de Jesús: beber su mismo cáliz y bautizarse con su mismo bautismo.

Lo harán después de la resurrección de Jesús. Pero, hemos de tener en cuenta que, Dios no hace distinciones, no tiene preferencia; cada uno de nosotros tenemos nuestro puesto, el propio, el nuestro, el que nos está reservado desde toda la eternidad.

Ante la propuesta de los dos hijos de Zebedeo, los otros diez discípulos se enfadan contra los dos hermanos. A pesar de que no tendría por qué, pues también ellos ambicionan los primeros puestos, también ellos quieres el poder, también ellos quieren que les sirvan.

Como verdaderos discípulos de Jesús, hemos de quitarnos esta ambición de nuestra mente y de nuestro corazón, pues quien se convierte en seguidor del Maestro de Nazaret ha de ser siervo, ha de acoger, cuidar y servir a los demás, especialmente a los más pobres, a los más necesitados, a los que nadie acoge y cuida, a los excluidos.

Nuestro primer puesto no puede parecerse a lo que el mundo piensa, ni podemos actuar como actúa el poder terrenal; el que es grande en la Iglesia no puede, en ningún momento, ser opresor, orgulloso o prepotente; ha de ser líder al estilo de Jesús: animando, invitando y sirviendo a todos. Aquel de nosotros que quiera ser el primero, que quiera ser el jefe, que quiera ser el director, debe ser el servidor de todos. Claro, que es actuar contracorriente, claro que es actuar de manera diversa, claro que es ser diferente; pero ese fue y es el camino que Jesús no muestra para todos sus discípulos. Y, tengamos en cuenta que, todos nosotros tenemos nuestro propio ámbito de poder, aunque sea pequeño.

Hemos de poner al servicio de los otros, nuestras capacidades, nuestros talentos, nuestros carismas. Y hacerlo de manera consciente y libre,  entregando incluso, si es necesario, la propia vida; lo cual no significa literalmente tener que morir; si no dar y darse,  entregar y entregarse, donar y donarse.

Jesús nos ha mostrado el camino, Jesús nos ha precedido, Jesús nos ha presentado su modo de vida; ahora, recorrer el camino, vivir la vida de Jesús está en nuestras manos: ¿Podremos beber el cáliz que él bebió y bautizarnos con el bautismo con que él se bautizó?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué pides a Jesús en tu oración? ¿Qué camino le estás pidiendo recorrer? ¿Cuál es tu deseo más profundo?
  • ¿Qué significado tiene para ti ser discípulo de Jesús? ¿Ser cristiano es tener un buen puesto, ser el primero, poder alcanzar el prestigio, poseer un puesto de superioridad? ¿Qué significa para ti tener el primer puesto?
  • ¿Eres capaz de aceptar el primer puesto, sabiendo que éste consiste en estar al servicio de los demás?
  • Ser el primero al estilo de Jesús es acoger, cuidar y servir especialmente a los más pequeños, pobres y oprimidos, ¿eres consciente de ello? ¿Estás dispuesto asumir las consecuencias? ¿Incluso el entregar la vida libremente?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícale porque tiene tu puesto reservado para ti desde toda la eternidad, tu puesto propio y no el de otro.
  • Da gracias a Jesús por haberte mostrado el camino verdadero del poder y el comportamiento que has de seguir si tienes un puesto de superioridad.
  • Pide al Espíritu que te ayude a poner al servicio de los demás tus cualidades, tus capacidades, tus talentos, tus carismas, tu vida.
  • Asume algún compromiso en favor de las personas que te rodean, especialmente las más necesitadas.

“Vende lo que tienes, luego ven y sígueme”. Lectio Divina del Evangelio del domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 10,17-30

Nos volvemos a encontrar a Jesús itinerante, en camino, según el contexto de los capítulos precedentes, hacia Jerusalén, donde Jesús sufrirá la pasión, se enfrentará a la muerte y, al tercer día, resucitará.

Entonces, alguien corre a su encuentro, se arrodilla ante él, reconociendo su dignidad y grandeza, y le pregunta: “¿qué haré para heredar la vida eterna?” Ante esta pregunta, podemos entrever como este hombre cree en la vida eterna; aunque, eso sí, por su propio esfuerzo personal: ¿Qué tengo que hacer?

Además, hay que tener en cuenta, que él cumple los mandamientos. Pero no. Eso no es suficiente. Jesús, mirándolo con amor, lo llama a un seguimiento muy especial y particular: sólo quien es capaz de darlo todo por los demás en el seguimiento de Jesús podrá entrar en el Reino. No quiere decir que entre los seguidores de Jesús no pueda haber personas que tienen riquezas, sino que quien tiene su corazón puesto en esas riquezas no puede ser seguidor de Jesús; las posesiones de cada uno de nosotros tienen que estar al servicio de los otros. Y no pensemos únicamente en la riqueza económica, aunque también; podemos estar apegados a muchos otros bienes: nuestro tiempo, nuestro estatus, nuestro puesto, nuestras relaciones, nuestra belleza, nuestro talento, nuestras habilidades…

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la salvación es puro don, aunque requiera un cierto esfuerzo por nuestra parte. Ese esfuerzo pasa por el amor incondicional a los hermanos, pasa por hacernos pobres de manera voluntaria y entregarlo todo, incluso la vida, si es necesario, por los demás, al estilo de Jesús.

Aquel hombre tenía muchos bienes, y, al parecer éstos era algo imprescindible en su vida y a lo que no quería renunciar, por lo que opta por marcharse. De ahí la afirmación de Jesús: “¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero!” Pues, únicamente, quien pone su confianza plenamente en Dios puede llegar a alcanzar el Reino, sólo aquel que pierde la vida por los hermanos, puede alcanzar el Reino. No obstante, la salvación no depende exclusivamente de nosotros mismos, ni de nuestros méritos. La salvación es un don gratuito de Dios y para él todo es posible.

Después de esto, Pedro en nombre de los demás discípulos, pregunta a Jesús qué va a ocurrir con ellos, que lo han dejado todo por seguirlo. Jesús, llamándoles hijos (término entrañable y cariñoso), les enseña que, a pesar de todas las dificultades, los obstáculos y persecuciones, que puedan encontrar en el camino del seguimiento, la recompensa será aún mayor. En el seguimiento de Jesús, encontrarán aún más riquezas, fruto de todo lo que se comparte, y una nueva familia, la Iglesia, la familia de los seguidores de Jesús. Y en el futuro, la vida eterna del Reino. Aquel que renuncie a todo por amor a Dios y a los hermanos, comenzará a experimentar el Reino aquí en la tierra. La renuncia se convertirá en plenitud. En la unión con Jesús y en el seguimiento del evangelio se experimentará el amor incondicional del Padre y de la comunidad: la Iglesia.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Te encuentras en camino hacia el seguimiento de Jesús y del evangelio?
  • ¿Te has preguntado alguna vez qué tienes que hacer para heredar la vida eterna? ¿Crees que ésta es puro don, aunque requiere también de tu esfuerzo? ¿Estás dispuesto a asumir ese esfuerzo?
  • ¿Cuál es tu reacción y cómo asumes las palabras de Jesús cuando te dice a ti, personalmente: “vende lo que tienes y da tu riqueza a los pobres? (Recordamos que la riqueza puede referirse no únicamente a lo económico)
  • ¿De qué manera comparto mis riquezas con los demás? ¿Estoy dispuesto a renunciar a todo por amor y confiar únicamente en Dios, sabiendo que en esa renuncia encontraré una riqueza aún mayor?
  • ¿Reconozco en la Iglesia a mi familia, la familia de los hijos de Dios?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícale por habernos regalado el Reino.
  • Da gracias a Jesús por regalarnos el don de poder gustar, aunque de un modo imperfecto, aquí en la tierra, los dones y las alegrías del Reino.
  • Pide al Espíritu, que te ayude a entregarlo todo a los hermanos por amor a ellos, a Dios y al seguimiento del Evangelio.
  • Pide perdón a Dios, por las ocasiones en las que tu corazón está apegado a tus riquezas y no eres capaz de compartirlas con los demás.

“De los que son como ellos es el Reino de los cielos”. Lectio Divina del domingo XXVII del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 10,2-16

En el evangelio de hoy, Jesús aborda uno de los aspectos de la vida matrimonial de su tiempo: ¿qué capacidad tiene el ser humano de disolver por cuenta propia el vínculo del matrimonio?

En la época de Jesús, la ruptura del vínculo matrimonial por parte del marido era de lo más normal y solía argumentarse con textos de la propia Escritura. En Dt 24,1 podemos encontrar la siguiente afirmación: “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le escribirá un acta de divorcio, se la pondrá en su mano y la despedirá de su casa.” Este enunciado era interpretado de forma diversa por las distintas escuelas rabínicas de Israel.

Jesús por su parte, distinguirá entre lo que es la voluntad de Dios y la ley de Moisés. Éste permitió el divorcio a causa de la dureza de corazón del Pueblo de Dios. La dureza de corazón se refiere a no querer aceptar lo bueno, a ser egoísta, a no mostrar amor, ni misericordia, a querer salirse siempre con la suya aunque no se lleve razón, a cerrarse sobre uno mismo, es resistirse a acoger el amor de Dios y de los hermanos.

El fundamento y pilar más importante del matrimonio es el amor; y el amor es lo que hace que el hombre y la mujer sean una sola carne; dejan de ser dos para convertirse en uno. El amor entre el hombre y la mujer es expresión del amor de Dios. Y al igual que el amor de Dios es eterno, así debe ser el amor en el matrimonio. Este es la base, la esencia de la cuestión que nos plantea el evangelio de hoy, sin entrar en los problemas de tipo social, convivencial o de relación que puedan surgir y en los que no voy a entrar, pues no me parece el lugar, ni el momento más oportuno. Al igual que Jesús, yo tampoco voy a entrar en la casuística del asunto.

Los discípulos de Jesús, por su parte, quedan sorprendidos de la afirmación de Jesús. Sin embargo, Jesús vuelve a reafirmarse en lo mismo.

A continuación, les acercan a unos niños para que los toque. En el momento en el que están hablado de cosas serias, de asuntos de adultos, de cuestiones importantes, le presentan a Jesús unos niños para que los toque. La reacción de los discípulos, desde la lógica humana, es totalmente normal: se indignan y les regañan. Cuando Jesús se da cuenta de aquello regaña a los discípulos, porque de los que son como niños es el reino de Dios. De los que son bondadosos, inocentes, dependientes, de los que tienen un corazón rebosante de amor, de los que acogen la Palabra, el amor de Dios y de los hermanos, de los que están dispuestos a entregar amor sin esperar nada a cambio, de abandonar sus seguridades, de esos es el reino de los cielos.

Jesús los abraza y los bendice, los acoge, se identifica con ellos, se hace uno con los más pequeños, los más humildes, los más necesitados. Una importante lección para todos nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué significado tiene para ti la palabra amor? ¿Qué entiendes por amor incondicional, gratuito?
  • Sin entrar la cuestión matrimonial, tu vida ¿está fundamentada sobre el amor?
  • ¿Cómo acoges a los demás, especialmente a los débiles y más necesitados?
  • ¿Está tu corazón rebosante de amor o al menos, lo intentas?
  • ¿Está tu corazón abierto a la Palabra y a las personas de tu entorno?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por habernos regalado un corazón de carne, semejante al suyo.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte a amar a los demás sin esperar nada a cambio, sin condiciones.
  • Pide al Espíritu que te ayude a conservar tu corazón inocente, humilde, sencillo, acogedor.
  • Pide perdón a Dios por las veces en que conviertes tu corazón en un corazón de piedra que no es capaz de amar, acoger y comprender al hermano.

“El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Lectio Divina del domingo XXVI del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 9,38-43.45.47-48

En este domingo, la liturgia nos presenta la actitud que deben tener los discípulos hacia otros creyentes en Jesús. Juan comenta cómo le han impedido a alguien que expulsara demonios en nombre de Jesús porque no lo consideraban de los suyos. Para Jesús esto es inaceptable.

El seguimiento de Jesús no puede absolutizarse. Todo aquel que considere que Jesús es el Mesías debe ser considerado como seguidor de éste. Todo aquel que actúe en nombre de Jesús y lleve una vida coherente con su enseñanza debe ser considerado discípulo. Todo aquel que hace el bien, que libera a los demás de sus sufrimientos y opresiones, merece nuestro respeto y hemos de acogerlo sin hacer acepción de personas. El auténtico discípulo no debe impedir hacer el bien. Ni siquiera el menor acto de caridad, como puede ser el dar un vaso de agua, será olvidado.

A reglón seguido, Jesús añade una serie de dichos que van relacionados con el seguimiento y con el Reino.

Todo aquel que impida a los más humildes, a los sencillos, a los débiles el seguimiento y los escandalice encontrará la muerte eterna. Es decir, no disfrutará de la vida del Reino, de la vida en comunión con el Padre. Aquel que impida a otros el seguimiento de Jesús se condena a sí mismo.

A continuación, con la imagen de las distintas partes del cuerpo, Jesús quiere aclararnos que todo aquello que nos impida el seguimiento de Jesús o el poner en práctica la enseñanza del evangelio debe ser extirpado de nuestra vida. Todo aquello que pueda resultar un obstáculo para el seguimiento debe ser apartado de nosotros. La decisión depende de cada uno.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cómo acoges a otras personas que no pertenecen a tu grupo, tu comunidad, tu movimiento, tu parroquia? ¿Estás dispuesto a trabajar con otros en el crecimiento del Reino de Dios?
  • ¿En qué ocasiones impides que otros hagan el bien?
  • ¿Cómo cuidas de los más sencillos, humildes y débiles de la Iglesia?
  • ¿Estás dispuesto, con la ayuda de Dios, a extirpar de tu vida todo aquello que te impida el seguimiento libre de Jesús y el crecimiento del Reino en el mundo?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por haberte dado hermanos que comparten contigo el camino de la vida .
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en tu vida y enseñarte cada día como hacer que el Reino sea una realidad en el mundo
  • Pide al Espíritu que te ayude a ser una persona acogedora, que no haga acepción de ninguna clase y sea capaz de colaborar con otros en la implantación del Reino.

“¿Quién es el más importante?” Lectio Divina del domingo XXV del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 9,30-37

Hoy, en el texto del evangelio, nos encontramos con que Jesús está, nuevamente, en Galilea; sin embargo, no quiere que nadie se entere. Va camino de Jerusalén. Quiere instruir a sus discípulos. Y no quiere que nadie le desvíe de su propósito. Ha de hacer todo lo posible, para que sus discípulos comprendan que Él será entregado. Pero, ¿quién es el sujeto de esta afirmación? Sin duda alguna, el Padre. Será Dios Padre quien entregará su Hijo a los hombres. Por tanto, si es una acción de Dios, resulta que dicha acción va más allá y en ella cabe una esperanza. Es una acción escatológica en la que existe algo más, no sólo la muerte: existe la resurrección. Los discípulos no entienden, prefieren no entender, callan, Jesús no entra en sus esquemas. Es mejor hacer como que no se ha oído nada.

Llegan a Cafarnaún, es la tierra de Pedro. ¿Entran en su casa? Es posible. Allí en la tranquilidad del hogar es donde Jesús les pregunta: ¿De qué discutíais por el camino? Mientras Jesús les hablaba de sufrimiento, de pasión, muerte y resurrección, ellos anda preocupados por el rango que cada uno ostenta, ¿quién es el más grande? Jesús, después de llamarlos, se sienta. Así lo hace el maestro. Y Jesús es el Maestro.

Está dispuesto a enseñarles. El primero debe ser el último y el servidor de todos. Para ser el primero hemos de estar dispuestos a hacer algo por los demás. Hemos de comprometernos con el prójimo.

Para dar más énfasis a lo que está diciendo, Jesús llama a un niño y lo pone en medio. Según dice el texto, lo abraza, signo de donación de amor. El niño, sin embargo, en Israel no contaba para nada. Jesús pone de manifiesto qué postura ha de adoptar la comunidad para con los menos considerados de la sociedad. Jesús se identifica con los «pequeños»: Quien acoge a uno de ellos está acogiendo al mismo Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos o emociones ha despertado en ti? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Cuando Jesús «te habla», ¿Cuál es tu actitud?
  • ¿Cuál es la mayor preocupación tu vida cristiana?
  • ¿Deseas ser el primero, ser reconocido, según la mentalidad del mundo?
  • ¿Estás dispuesto a ponerte al servicio de los demás sin condiciones?
  • ¿Cómo acojo a los demás? ¿a los no importantes de la sociedad? ¿a los diferentes? ¿los acoges como Jesús a ese niño?

VERDAD – VIDA

– Da gracias a Jesús por ser uno de los suyos, por haberte elegido, por ser su discípulo.

– Pide al Padre que te habrá el entendimiento y sobre todo que sepas escuchar su Palabra con todo tu corazón, con todo tu ser.

– Invoca al Espíritu Santo pidiéndole el don de la humildad.

– Pide a Jesús fuerza para dar testimonio de su Palabra, pero sobre todo para ponerte al servicio de los demás.

“Effetá – Ábrete”. Lectio Divina Domingo XXIII del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 7,31-37

Vamos a situarnos geográficamente en este pasaje del evangelio de Marcos, que la liturgia nos ofrece para nuestro alimento espiritual en este domingo.

Nos encontramos con que Jesús da un gran rodeo para llegar a la parte oriental del Lago de Galilea. Y el autor del evangelio nos ofrece el nombre de distintas ciudades que se encontraban situadas cerca de aquel lugar por las que pasa Jesús: Tiro, Sidón y la Decápolis. Por esta situación geográfica, podemos concluir que se encuentra en territorio pagano. Por tanto, el relato que a continuación se nos va a narrar transcurre entre personas gentiles, es decir no judías y por tanto, no pertenecientes al Pueblo de Israel y que no profesaban la religión de éste. Lo que va a acontecer es que la Buena Noticia, de un modo, si queremos, peculiar, se va a proclamar entre los paganos.

En este contexto, le presentan a un sordo, que además tiene dificultades para hablar; y ruegan a Jesús que le imponga las manos. Ante esto, lo primero que hace es apartarlo de la multitud, lo separa del espacio profano, pues el gesto que va a realizar puede ser mal interpretado, probablemente porque no tienen fe, aún no les ha sido proclamado el mensaje del Reino. Los que le traen sí que tienen fe, sino no le hubiesen llevado ante Jesús, confían totalmente en Él y en su poder.

A continuación, Jesús le introduce los dedos en los oídos, precisamente para que este sentido pueda estar preparado para escuchar la Palabra. Luego, con la saliva le toca la lengua. La lengua, en el contexto en el que nos estamos moviendo, simboliza el aliento en el que se concentra la vitalidad de la persona.

Después levanta los ojos al cielo suspirando. Levantar los ojos al cielo expresa la unión e intimidad de Jesús con el Padre. Y le dijo: “Effetá”, en lengua aramea, que Marcos traduce para sus lectores: “Ábrete”. Al instante, se le abrieron los oídos y se le soltó la lengua. A partir de este momento aquel hombre está preparado para escuchar la Palabra y proclamarla.

Jesús ante una posible mal interpretación de este signo ordena guardar silencio. Algo que no se cumple pues cuanto más lo mandaba Jesús con más insistencia proclamaban el hecho.

El relato concluye con la admiración de la gente: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. El evangelio acaba de llegar a los paganos. Esta es una señal de que la Buena Nueva que trae Jesús es universal.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué fragmento, palabra, frase versículo… llama especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Por qué te siente identificado con éste? ¿Qué crees que quiere decirte Dios con él en este momento concreto de tu vida?
  • En muchas ocasiones nosotros somos sordos que no escuchamos la Palabra de Jesús, ¿qué haces personalmente para no caer en esta situación o para salir de ella?
  • ¿Te abres de verdad a la Palabra que cada día se proclama en la liturgia o que puedes leer personalmente?
  • En otras ocasiones son otros los sordos, ¿les acercas a Jesús con fe para que les cure de su sordera?
  • En otros momentos, lo que ocurre es que uno es incapaz de anunciar el Evangelio de Jesús, ¿qué haces entonces o qué deberías hacer?
  • ¿Qué mensaje es el que transmites a los demás acerca de Jesús?

VIDA – ORACIÓN

  • Mantén un amigable e íntimo diálogo con Jesús.
  • Agradece al Padre el don de la fe y a Jesús el que te haya regalado su Palabra.
  • Pide al Espíritu que abra tus oídos para escuchar la Buena Noticia del Evangelio.
  • Comprométete a llevar Jesús a todos con los que te encuentres y anúnciales la Buena Nueva del Reino, especialmente a los que más lo necesitan.