Seguir a Jesús: Pararse, analizar, priorizar y actuar. Lectio Divina Domingo XXIII del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 14,25-33

En aquel tiempo, nos dice la liturgia del día de hoy, mucha gente acompañaba a Jesús. También hoy muchos acompañamos a Jesús, o nos decimos seguidores suyos. Pero, ¿verdaderamente estamos en el camino del seguimiento de Jesús? ¿Verdaderamente hemos entendido el significado de ser discípulo de Jesús? No quiero agobiarte ahora con preguntas. Eso será más tarde, en la segunda parte de nuestra lectio, pero me gustaría que tomaras conciencia del significado que puede tener seguir a Jesús y las consecuencias para tu vida.

No creo, como en muchas ocasiones se ha expresado, que Jesús en este fragmento del evangelio nos está invitando a odiar, despreciar o menospreciar a nuestros padres o a nuestra familia. Eso sería inconcebible. Jesús no nos está pidiendo eso, Dios no nos pide eso. ¿Cómo podría un Padre Misericordioso pedirnos eso? Ahora bien, lo que Jesús sí quiere decirnos es que caigamos en la cuenta de cuál es nuestro orden de prioridades, cuáles son nuestros intereses, cuál es nuestra escala de valores y, sobre todo, ¿qué escusas nos ponemos para no ser fieles en el seguimiento de Jesús?

El seguimiento de Jesús conlleva renuncias, dificultades, obstáculos, esfuerzo… como cualquier otra elección que hagamos en la vida. Decidirnos en este momento a practicar algún deporte, por ejemplo, entrañará para nosotros disciplina, compromiso, esfuerzo, priorizar actividades, etc. Pues lo mismo ocurre con nuestro camino de seguimiento.

Es más cuando uno va a comenzar alguna actividad, algún proyecto, alguna tarea, lo primero que hace es sentarse tranquilamente a planificar, estudiar sus posibilidades, ver las dificultades con las que puede encontrarse, etc. En desarrollo personal, diríamos, que es el momento realizar un análisis FARO (herramienta desarrollada por María Francisca Utard): clarificar nuestras Fortalezas, verificar nuestras Áreas de mejora, analizar los Retos que se nos avecinan y percatarnos las Oportunidades que se nos pueden presentar. Para más información te remito a:

https://www.estrategiaynegocios.net/empresasymanagement/1256633-330/cambiar-el-foda-por-el-faro-le-ayuda-a-orientar-mejor-las

Jesús nos invita, en este preciso instante, a que nos paremos por un momento, y clarifiquemos qué queremos en nuestra vida de cristianos. Es muy posible que la meta la tengamos clara: el seguimiento de Jesús. Muy bien. La cuestión ahora está en si te has parado por un momento y te has dado cuenta del significado que eso tiene. ¿Qué estás dispuesto a hacer? ¿Sabes que tendrás que priorizar algunas cosas y renunciar a otra? (como en cualquier elección que hagamos en la vida) ¿Has medido tus fuerzas? ¿Cómo harás frente a los retos que tienes por delante?

Jesús nos invita a que analicemos todo esto; y una vez que, hemos decidido que sí, que vamos a seguirle con todas las consecuencias, ponernos manos a la obra, pasar a la acción y colocar en el centro de nuestra vida a Jesús, nuestro Maestro, dejándonos transformar por el Espíritu: asumiendo, acogiendo y haciendo nuestras las actitudes de Jesús. Siendo un reflejo del amor de Dios para todos aquellos que se crucen en nuestro camino. Es sobre todo un camino de plenitud, un camino de satisfacción personal, de crecimiento y desarrollo pleno.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Qué significa para ti seguir a Jesús? ¿Cómo contrasta este significado con las palabras del evangelio?

• ¿Cuál es el orden de tus prioridades? ¿A qué estás dispuesto a renunciar por seguir a Jesús? Vuelve a las preguntas con las que nos encontrábamos más arriba y respóndelas delante de Jesús.

• Realiza un análisis FARO de tu vida cristiana cuando vayas a la oración.

VIDA – ORACIÓN

Da gracias al Padre por haberte llamado al camino del seguimiento de Jesús, por haberte llamado a una vida más plena.

Pide a Jesús que te ayude en este camino de transformación y al Espíritu Santo que te ilumine para saber apreciar los recursos que Dios va poniendo en tu camino de seguimiento.

Comprométete a priorizar los valores del evangelio y ponerlos en práctica en tu vida, aprovechando precisamente esos recursos que Dios pone a tu alcance.

«HE VENIDO A TRAER FUEGO» – LECTIO DIVINA DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 12,49-53

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:  49«He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo ya que arda! 50Tengo que recibir un bautismo de dolores, y estoy angustiado hasta que se realice. 51¿Creéis que he venido a traer la paz al mundo? Os digo que no, sino división. 52Pues en adelante estarán divididos cinco en una casa, tres contra dos y dos contra tres. 53Estará dividido el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.».

Un evangelio duro y, en cierta medida, incomprensible, el que hoy nos ofrece la liturgia de este domingo. Este pasaje hay que enmarcarlo, como los fragmentos de domingos precedentes, dentro de ese gran discurso, o más bien de esa extensa enseñanza que Jesús está ofreciendo a sus discípulos camino de Jerusalén. Él se está encaminando voluntariamente hacia su pasión y muerte, sabiendo bien, que ese no será el final; sino que el final será la resurrección. Durante ese largo recorrido, subiendo a Jerusalén, Jesús va ofreciendo a sus discípulos diversas instrucciones: cómo tienen que comportase  con los demás, cómo tienen que orar, el testimonio que han de dar acerca de él y del Reino, la confianza que han de tener en la providencia, la fidelidad, etc.

En estos pocos versículos, con los que estamos orando hoy, Jesús es consciente, y quiere que nosotros también lo seamos, de que su mensaje puede traer conflictos y divisiones entre aquellos que lo acogen y sobre todo, puede generar rechazo por parte de aquellos que no lo entiende o no quieran acogerlo.

Por medio de dos comparaciones, Jesús nos presenta su misión: el fuego y el bautismo. Ambas son bien conocidas por la mentalidad judía de la época, pues se utilizaban con frecuencia para referirse a las adversidades que tendría que sufrir el mundo con la última venida de Dios. Está utilizando pues, un lenguaje escatológico; o sea, un lenguaje figurado para referirse al final de los tiempo y que por lo tanto no debe tomarse al pie de la letra.

Jesús ha venido a encender fuego en la tierra. Es decir pasión, entusiasmo, fervor, ganas de que el amor y la misericordia de Dios sea conocida por toda la humanidad y todos seamos capaces de acoger la buena noticia del evangelio. Ahora bien, ese fuego no dejará a nadie indiferente. Puede ser acogido o rechazado.

De la imagen del fuego pasamos a la del bautismo, comparando éste con su muerte. Los que reciben el bautismo son sumergidos en agua para renacer a una vida nueva. También para Jesús su pasión y muerte será un renacer a una nueva vida: la de la resurrección; y con todo ello ofrecernos a nosotros también una vida nueva, la vida nueva del Reino. Esto, desde un punto de vista humano, a Jesús le produce angustia; aunque, cuando llegue el momento culminante, cuando tenga que enfrentarse a esa muerte que genera vida, lo hará con coherencia y sin dudarlo.

Y a continuación, como decíamos con anterioridad, Jesús quiere que caigamos en la cuenta de que su mensaje traerá contradicción, división, incluso enfrentamiento entre aquellos que lo acojan con fidelidad y aquellos que lo rechacen.

En infinidad de ocasiones, el mensaje del evangelio choca con el mensaje del mundo, la escala de valores que tenemos los cristianos no tiene nada que ver con aquella que defiende el mundo. Y muchas veces esos conflictos se dan incluso entre nuestros propios familiares, entre nuestros amigo, entre las personas con las que nos relacionamos a diario, sobre todo si ejercemos nuestra misión de anuncio desde el profetismo, es decir denunciando la injusticia, los abusos, los atropellos o la arbitrariedad.

Por lo tanto, hemos de estar atentos y ser conscientes de las consecuencias que, nuestra pasión por el anuncio del evangelio, pueden producir en nuestras vidas. Pero, además, creo  que no debemos olvidar, tal como hacía en el evangelio del domingo pasado, que Jesús nos llama siempre a la fidelidad, a la valentía, a la coherencia y a la perseverancia en la extensión del Reino.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Tómale el pulso a tu pasión por el anuncio del evangelio, por la extensión del Reino de Dios, ¿es fuego en tus entrañas? ¿es impulso hacia el bien? ¿es denuncia de la injusticia?

• Tus dificultades diarias, tus problemas, los inconvenientes pueden convertirse en oportunidades de crecimiento, pueden ser generadores de vida, ¿eres consciente de ello? ¿cómo acoges y afrontas estas contrariedades?

• ¿Eres consciente de que tu fidelidad, tu coherencia, tu lealtad a los valores evangélicos pueden traerte conflictos y enfrentamientos, incluso con las personas más allegadas a ti?

• Puedes llevar al mundo palabras de salvación, de amor y de misericordia, puedes llevar al mundo la cercanía de Dios y todo ello puede ser motivo de conversión de cambio de mentalidad, de acogida por parte de los demás ¿te mantendrás perseverante y constante en el anuncio del Evangelio?

VIDA – ORACIÓN

Oh Padre, infunde tu amor en nuestros corazones, para que amándote en todo y sobre todas las cosas seamos fieles y coherentes a los valores evangélicos, anunciando la llegada del Reino, la misericordia y el amor de Dios hacia toda la humanidad. Te lo pedimos por Jesucristo, Nuestro Señor. Amen.

“VUESTRO PADRE HA DECIDIDO DAROS EL REINO” -LECTIO DIVINA DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 12,32-48

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:  32«No tengáis miedo, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino. 33Vended lo que tengáis y dad limosna con ello. Haceos bolsas que no se gasten y riquezas inagotables en el cielo, donde no entra ningún ladrón, ni roe la polilla; 34porque donde esté vuestra riqueza, allí estará vuestro corazón. 35«Estad preparados y tened encendidas vuestras lámparas. 36Sed como los criados que esperan a su amo de retorno de las bodas para abrirle tan pronto como llegue y llame. 37¡Dichosos los criados a quienes el amo encuentra en vela a su llegada! Os aseguro que los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos él mismo. 38Si llega a medianoche o de madrugada y los encuentra así, ¡dichosos ellos! 39Tened en cuenta que si el amo de casa supiera a qué hora iba a venir el ladrón, estaría en guardia y no dejaría que asaltaran su casa. 40Estad preparados también vosotros, porque a la hora que menos penséis vendrá el hijo del hombre.»

41Entonces Pedro le dijo: «Señor, esta parábola, ¿la dices por nosotros o por todos?»

42El Señor contestó: «¿Quién es, entonces, el administrador fiel y prudente, para que dé a la servidumbre la comida a su hora? 43¡Dichoso ese criado si, al llegar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber! 44Os aseguro que le pondrá al frente de todos sus bienes. 45Pero si ese criado, pensando que su amo va a tardar en venir, se pone a maltratar a los demás criados y criadas y a comer y a beber hasta emborracharse, 46su amo vendrá el día y la hora que él menos lo espere, lo castigará severamente y lo pondrá en la calle, donde se pone a los que no son fieles. 47El criado que sabe lo que su amo quiere y no lo hace será severamente castigado. 48Pero el que no lo sabe, si hace algo que merece castigo, será castigado con menos severidad. Al que mucho se le da, mucho se le reclamará; y al que mucho se le confía, más se le pedirá.»

Jesús nos está invitando en este domingo a no dejarnos atrapar por la acumulación de bienes que son perecederos y que muchas veces carecen de importancia. Ojo que nos está llamado la atención acerca de la acumulación o la excesiva preocupación por el tener o por las cosas superfluas de la vida. Es cierto que lo hace con un lenguaje radical. Pero sobre todo es una llamada al compartir.

Aunque, Jesús comienza esta exhortación con palabras de cariño: «No tengáis miedo, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino.» Dios nos ha regalado el bien más preciado y más importante: el Reino de los cielos, su amor, su cercanía, su misericordia, su apoyo incondicional; estar siempre, si queremos disfrutando de su presencia, aunque no sea de una manera plena.

Es por esto, que nuestro Maestro nos animando a desprendernos de las riquezas, pero no únicamente por el hecho de desprenderse de las mismas, sino sobre todo para que no pongamos en ellas nuestro corazón y podamos compartirlas con los demás.

Para poder ser desprendidos y compartir con los demás hemos de estar atentos y vigilante y, precisamente a esto nos invita Jesús por medio de las dos parábolas que se narran en los primeros versículos del fragmento del evangelio de hoy: tened ceñida la cintura y tened las lámparas encendidas.

Y además, lo más importante, no podemos estar esperando la llegada del Reino y andar preocupado por las cosas materiales. Hemos de estar atentos y disponibles para esa llegada, sin dar una excesiva importancia a lo que no la tiene, que son los bienes materiales, que pueden ayudar, pero nunca podrán darnos la felicidad, si no hay algo más.

Pedro, haciéndose portavoz de los otros discípulos, pregunta a Jesús si esa invitación a la vigilancia lo dice sólo por ello o por todos sus seguidores. Y Jesucristo le responde con otra parábola: la del administrador fiel y la del imprudente. Con lo cual le está diciendo que lo más importante es la fidelidad hacia Jesús que deposita en nosotros su confianza en la extensión del Reino. Y por ello, nos pedirá cuentas, pues cada uno de nosotros somos responsables de nuestros actos, sabiendo que es mejor servir por amor (fidelidad) que no por obligación (infiel).

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Cómo te relacionas con los bienes materiales? ¿Te preocupas en exceso por ellos? ¿Tienes tu corazón puesto en ellos?

• ¿Cómo administras esos bienes? ¿Intentas compartirlos con los demás?

• ¿Qué importancia das al Reino y a su presencia en el mundo que te rodea?

• ¿Estás atento y disponible para la llegada del Reinado de Dios y para comunicarlo a los demás?

• ¿Cómo te relacionas con Dios? ¿Desde la fidelidad, desde el amor, desde la responsabilidad? ¿O por el contrario lo haces desde el miedo, desde la imprudencia o desde la dejadez?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 119.

1Dichosos aquellos cuya conducta es intachable, los que caminan en la ley del Señor;

2 dichosos los que guardan sus decretos, los que lo buscan de todo corazón;

3 los que no cometen ningún crimen, los que siguen sus caminos.

4 Tú has promulgado tus preceptos para que sean estrictamente cumplidos;

5 ojalá sea firme mi conducta en guardar tus decretos;

6 entonces no tendré vergüenza alguna en mirar a todos tus mandamientos.

7 Te daré gracias con un corazón recto, instruido por tus sentencias justas.

8 Yo voy a guardar tus mandamientos, no me abandones tú del todo.

TU HERENCIA MÁS PRECIOSA PONLA AL SEVICIO DE LOS DEMÁS – Lectio Divina Domingo XVIII del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 12,13-21

Nos encontramos hoy para orar con un texto que pertenece a un discurso más largo de Jesús acerca de la confianza en Dios y del abandono en su Providencia (Lc 12). Aproximadamente, en el centro de este discurso, el Maestro de Nazaret se ve interrumpido por uno de los oyentes; el cual, está preocupado por un tema de herencia. Sin embargo, aunque nos sorprenda, Jesús no quiere emitir juicio alguno acerca del tema; es más, ni siquiera quiere opinar acerca de quien lleva o no la razón en tal circunstancia. La cuestión económica para Jesús es superflua, no quiero decir con esto que no le preocupe. La enseñanza que Jesús quiere proponerle a su interlocutor, y que quiere también proponernos a nosotros, es más profunda: ¿Cuál es nuestra escala de valores? ¿Qué es lo que ocupa el primer puesto en esta escala?

La preocupación desmedida por la economía no es propia del cristiano. Fíjate bien, querido lector, que he dicho preocupación desmedida. Y esta preocupación resulta ser así, cuando nuestra conducta se ve condicionada por la adquisición de bienes materiales para agrandar nuestro patrimonio con el único fin de agrandarlo; esta preocupación es desmedida, cuando nuestra vida gira en torno a tener más y más, sin preocuparnos de otras cosas que también son importantes; esta preocupación es desmedida, cuando pensamos que todo depende de aquello que podamos poseer o no.

La vida de la persona no depende de sus bienes. Cuando lo que poseemos lo usamos de forma egoísta, para satisfacer nuestra ambición, nuestra avaricia, nuestra codicia, nos estamos apartando del proyecto de Dios, nos estamos alejando del hermano, nos estamos encerrando en nosotros mismo y en nuestro pequeño mundo; y entonces le estamos dando la espalda a las necesidades que puedan aparecer a nuestro alrededor. ¿De qué nos servirá todo eso al dejar este mundo?

Todo esto, Jesús quiere mostrarlo a los que lo escuchan con una parábola. Y la conclusión de la misma es clara: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?” (Lc 12,20).

Jesús no nos está diciendo que la riqueza sea mala o buena. Jesús quiere llamarnos la atención acerca de nuestra actitud ante los bienes materiales, y acerca del modo en que los usamos. Nuestros bienes materiales ¿están abiertos, también, a las necesidades de nuestros hermanos? ¿nuestros bienes materiales están destinados a hacer el bien, a ayudar a los demás? Y por bienes materiales no entendamos únicamente la cuestión económica, que también. Muchos de nosotros, posiblemente no tenemos una gran fortuna económica, pero guardamos en nuestros graneros: nuestro tiempo, nuestras capacidades, nuestros saberes, nuestras competencias, nuestras habilidades… Nuestra herencia más preciada, más que nuestro dinero. Y la cuestión no está en tenerla o no, sino en que nos guardemos de toda codicia con respecto a ella. De esta manera, seremos ricos ante Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Volvemos a las preguntas del principio: ¿Cuál es tu escala de valores? ¿Qué es lo que ocupa el primer lugar en ella?

• ¿Tienes una preocupación desmedida hacia los bienes materiales? ¿Cómo podrías remediarlo?

• ¿Piensas excesivamente en ti y tus comodidades?

• ¿Compartes tu tiempo, tus habilidades, tus conocimientos, etc con los demás?

• ¿Qué puedes hacer en tu vida cotidiana para salir al frente de las necesidades de nuestros hermanos más desfavorecidos?

VIDA – ORACIÓN

Te invito a orar con el salmo 130.

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

PIDE, BUSCA, LLAMA – Lectio Divina Domingo XVII del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 11,1-13

De una manera, en cierto modo abrupta, Lucas nos introduce en un largo texto en el que se nos invita a los discípulos de Jesús a la oración. Aparentemente, nada tiene que ver con lo tratado en los textos precedentes. Sin embargo, ¿cómo nos vamos a ocupar de hacer el bien a nuestro prójimo como cristianos si no nos relacionamos con Dios? ¿Cómo vamos a estar atentos a las necesidades de los demás sin estar unidos a Jesús? La oración siempre es necesaria. No podemos olvidarnos de ella; y Jesús nos da ejemplo (Lc 11,1).

El texto con el que vamos a orar en este domingo podemos dividirlo del siguiente modo:

  • 1-4: Jesús nos enseña cómo debemos orar: el Padre nuestro.
  • 5-8: La parábola del amigo inoportuno.
  • 9-13: La eficacia de la oración.

La oración del Padre nuestro nos revela la relación que Jesús mantenía con el Padre. Una relación de cercanía, sencillez y confianza. La misma actitud, que deberíamos mantener nosotros con Él.

Me vais a permitir, que no me detenga tanto en la oración del Padre nuestro, de la cual podemos encontrar abundantes comentarios, cuanto en la segunda y tercera parte del texto con el que la liturgia nos invita a orar hoy.

La parábola del amigo inoportuno, nos sugiere precisamente que seamos insistentes, incansables, atrevidos en nuestra oración.

Llega a la casa de nuestro protagonista un viajero. La idea de la hospitalidad presente en el mundo oriental, de alguna manera, obligaba a acoger al viajero y ofrecerle alimento, después de una segura dura jornada de camino. Sin embargo, aquel no tiene con qué obsequiar a su huésped; por no tener, no tiene siquiera pan.

No queda otra que ir y pedir a algún vecino ayuda. Que al menos le preste tres panes para poder saciar un poco el hambre que el viajero pudiera traer. Pero, ojo, es de noche. Me imaginó que aquel hombre sopesaría la cuestión: No tengo qué ofrecer al viajero, es de noche y tengo que salir a pedirle a alguien que me ayude. No pensemos en tiendas ni cosa parecida. No existían en la época. El pan se amasaba en casa y, además, una vez a la semana. Por lo que podría ser, que si nos encontrábamos al final de la semana y el dueño de la casa no lo había previsto, se hubiese quedado sin pan. ¿Qué hago?, se preguntaría aquel hombre. No queda otra que ir a pedir a algún vecino que me preste algo de pan para poder ofrecer al menos eso al viajero. La “obligación” de la hospitalidad está por encima de la vergüenza, de lo embarazoso de la situación, de lo mal que pueda caerle al vecino o del que dirán. Hay que armarse de valor e ir a llamar a su puerta, a pesar de todo.

Imaginémonos esa situación. Es lógico, muy probablemente, si el vecino se levanta despertará a su familia, molestará a su mujer y/o a sus hijos, tendrá que buscar el pan… No deja de ser una situación, por lo menos embarazosa. Es normal que el vecino se niegue.

Sin embargo, Jesús nos pone de relieve, que este hombre no se rinde ante la dificultad y aunque el vecino se niegue insiste en su petición.

Al final, el vecino no le dará el pan por generosidad o por ayudar al vecino. Lo hará para evitar el escándalo. Si este hombre sigue llamando a mi puerta, se va a enterar el vecindario entero, imagino que pensaría. A la mañana siguiente podría estar en boca de todos no solo el amigo, por inoportuno, si no el mismo, por no atender a su petición de ayuda.

Gracias a la insistencia, al atrevimiento, a la audacia (el término griego utilizado por Lc, anaideian, puede incluso significar desvergüenza), de nuestro protagonista el amigo acaba socorriéndolo y, por tanto, él también podrá socorrer a su huésped.

Intentando actualizar un poco la parábola, me pregunto: ¿qué pasaría si nosotros actuáramos así en nuestra oración, ante una verdadera necesidad? Sobre todo, cuando estamos pidiendo no para nosotros, si no para otros. Tengamos en cuenta que nuestro Padre Dios es mucho más generoso que el vecino y sabe anticiparse a nuestras necesidades.

Por tanto, no nos importe ser inoportunos, atrevido, audaces, insistentes… en nuestra relación con Dios. No tengamos pudor alguno en pedir lo que necesitamos a Dios nuestro Padre.

E, incluso, no nos de ninguna vergüenza pedir ayuda a nuestro prójimo, cuando lo necesitemos. Tengamos la suficiente humildad, para ser consciente de nuestras debilidades y pidamos ayuda a la persona que pensamos que puede socorrernos.

A reglón seguido, Jesús nos invita a pedir. Pero no solo a eso, también a que nosotros nos pongamos manos a la obra: buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá (11,9). No os quedéis pasivamente en el sillón de vuestra casa, sin hacer nada: “Ya le he pedido a Dios.” No, salid, buscad, llamad, poneos en camino e intentar hallar una solución, como el protagonista de la parábola. Salid de vuestra zona de confort. No os quedéis despreocupados, indiferentes, inoperantes. Además de pedir a Dios, intentad buscar una solución.

Si nos ponemos en camino, además de orar a Dios y con la confianza puesta en él, encontraremos lo que buscamos. Si llamamos insistentemente a la puerta, ésta se nos abrirá.

Y, luego, mucha confianza en la bondad de Dios como Padre. Si nosotros que somos débiles, que tenemos muchas miserias, que no nos comportamos como es debido, somos capaces de remover cielo y tierra para poder dar cosas buenas a nuestros hijos, cuánto más nuestro Padre.

¡Cómo no va Él a otorgar el Espíritu Santo a quien se lo pida!

Al final, ese es el don que tenemos que pedir insistentemente y que tenemos que buscar sin descanso: el Espíritu Santo, que será quien vaya transformándonos día a día en seguidores más auténticos de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• La parábola nos invita a ser insistentes, atrevidos, audaces en nuestra oración al Padre, ¿qué piensas al respecto?

• ¿Qué crees que pasaría, si nosotros actuáramos de la misma manera que el protagonista de la parábola ante nuestras necesidades o las necesidades de los demás?

• ¿Cómo resuenan en ti las palabras de Jesús: pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá? ¿Qué repercusiones tienen para tu vida personal y comunitaria?

• Jesús, además nos invita, no sólo a orar, sino también a pasar a la acción, como diría san Agustín: “Ora como si todo dependiera de Dios, trabaja como si todo dependiera de ti”. ¿Qué te parece esta frase? ¿Qué conclusión puedes sacar para tu vida?

• Jesús nos anima a pedir con insistencia el Espíritu Santo. ¿Qué sueles pedir en tu oración diaria? ¿Oras frecuentemente para que Dios Padre te conceda el don del Espíritu Santo?

VIDA – ORACIÓN

Te invito a orar con la secuencia de Pentecostés.

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndido, luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

“NO PASES SIN DETENERTE CONMIGO”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Génesis 18,1-10a

1El Señor se apareció a Abrahán junto al encinar de Mambré, cuando estaba sentado ante su tienda en pleno calor del día. 2Alzó los ojos y vio a tres hombres de pie delante de él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, 3se postró en tierra y dijo: «Mi Señor, por favor; si he hallado gracia a tus ojos, no pases sin detenerte con tu siervo. 4Os traeremos agua, os lavaréis los pies y reposaréis a la sombra de este árbol. 5Yo voy a buscar un bocado de pan, y así os repondréis antes de pasar adelante, ya que habéis pasado cerca de vuestro siervo». Ellos respondieron: «Haz como has dicho».

6Abrahán fue deprisa a la tienda de Sara, y le dijo: «Toma en seguida tres medidas de harina, amásala y haz panecillos». 7Entretanto él corrió al establo, tomó un becerro tierno y cebado y se lo dio a su siervo, que a toda prisa se puso a prepararlo. 8Tomó después manteca y leche y el becerro ya aderezado, y se lo presentó a ellos. Él se quedó de pie junto a ellos, bajo el árbol, mientras comían. 9Ellos le preguntaron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?». Él respondió: «Está en la tienda». 10Uno de ellos prosiguió: «Dentro de un año volveré. Para entonces, tu mujer, Sara, habrá tenido un hijo».

Nos encontramos hoy, en esta primera lectura, con un claro ejemplo de lo que es la hospitalidad del próximo oriente. Rápidamente, Abrahán sale al encuentro de tres peregrinos que van de camino. Es la hora de más calor. Les invita a sentarse a la sombra, les agasaja, les convida a su mesa. Hace que le traigan agua para lavarse los pies después de una dura jornada, le trae pan y le va a matar un ternero para que coman. Abrahán considera un privilegio acoger a aquellos viajeros que pasan junto a su tienda. Implica a toda su familia y a sus sirvientes, a todos los de su casa. Está disponible para sus huéspedes.

Eso sí, le misterio envuelve toda la escena. ¿Quiénes son aquellos personajes? ¿De dónde vienen? ¿A dónde van? Prácticamente no articulan palabra alguna sino al final del relato. Son tres, pero hablan como uno solo. Son tres, pero Abrahán se dirige a ellos en singular. No queremos forzar el texto con una alusión a la Santísima Trinidad; para nosotros como cristianos, sin duda es una prefiguración de la misma; sin embargo, para los lectores del Antiguo Testamento de aquella época y para los judíos es, prácticamente, imposible esta interpretación. De lo que no tenemos la menor duda es que representan, son signos de la presencia de Dios entre nosotros. Yahveh se hace presente en la vida de Abrahán de la misma manera que se hace presente en la nuestra.

Antes de partir, aquellos huéspedes, que son tres, pero parecen uno, hacen una promesa a Abrahán: Dentro de un año volveré. Para entonces, tu mujer, Sara, habrá tenido un hijo. Dios siempre es fiel a su alianza, a su compromiso con el ser humano, es siempre fiel a su promesa. Y aquella promesa que le hizo al patriarca antes de que saliera de su tierra se convertirá en realidad con el nacimiento de Isaac. Abrahán nunca había perdido la esperanza porque Dios siempre cumple, Dios siempre es fiel. Dios nunca defrauda, por muy mal que vayan las cosas y por muy mal que se nos presenten las situaciones de nuestra vida. El milagro siempre es posible, aunque tarde tiempo en realizarse.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo acoges la presencia de Dios en tu vida? ¿Eres consciente de que puede manifestarse de muy diversas maneras? ¿Estás dispuesto a acogerlo?
  • Dios también se manifiesta en el hermano, especialmente en el más pequeño y pobre, ¿cómo acoges a estos?
  • En muchas ocasiones, las cosas no acontecen como tú esperas o, es posible, que tarde más de lo que tú quisieras, ¿qué piensas en esas circunstancias? ¿cómo te comportas? ¿tiras la toalla? ¿te resignas? O, por el contrario, ¿asumes la situación? ¿mantienes la esperanza en Dios? ¿intentas que dicha situación cambie de alguna manera?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 130

1Desde lo más profundo clamo a ti, Señor;

2Señor, escucha mi clamor, estén tus oídos atentos al grito de mi súplica.

3Si tienes en cuenta nuestros delitos, ¿quién podrá resistir, Señor?

4Pero en ti encontramos el perdón, por eso eres temido.

5Yo espero con toda el alma en el Señor, confío en su palabra;

6estoy pendiente del Señor más que los centinelas de la aurora.

7Israel está pendiente del Señor más que los centinelas de la aurora; porque en el Señor está el amor y la liberación total:

8él redimirá a Israel de todos sus delitos.

“Lo necesario y lo importante” – LECTIO DIVINA DEL DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 10,38-42

Nos encontramos en el texto evangélico, que nos ofrece la liturgia de este domingo, con que Jesús se encuentra de visita en casa de Marta, la cual tenía una hermana que se llamaba María.

Seguimos en el contexto del largo viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén

Pues bien, nos encontramos ya en la casa. Jesús está sentado conversando con algunos de los presentes, entre los que se encuentra María. Marta se afana por atender como corresponde a los invitados. Las dos tareas son importantes, el servicio de la preparación de la comida y la conversación reposada. ¿Pero son ambas necesarias?

Dentro del contexto que nos ocupa, podemos percibir cómo Jesús quiere hacerle ver a Marta esta distinción. ¡Claro que es importante el servicio que ella está prestando! ¡Faltaría más! Pero, posiblemente, ella se está preocupando en exceso. El texto evangélico nos dice que andaba muy afanada con los muchos servicios. Es más, se siente sola acometiendo las diversas tareas. Marta se agita y preocupa por muchas cosas. Seguramente, por ofrecer gran cantidad de viandas y bien preparadas a los invitados que tiene en su casa.

Jesús le hace ver que pocas cosas en esta vida son necesarias. No es necesario que prepare tantas cosas o que estén perfectamente preparadas. Pero si es necesario que, le dediquemos tiempo a las personas, y más si cabe a la persona de Jesús.

¿Cuántas veces nos afanamos por hacer, hacer y hacer y nos olvidamos que lo que más necesitan los otros es que estemos? Sí, que estemos presentes, que le escuchemos, que les sonriamos, que los abracemos, que permanezcamos junto a ellos que los apoyemos…. A veces, sin hacer nada; simplemente estando al lado con todo nuestro ser, como compañeros de camino.

Hacer cosas por los demás es importante, pero escucharlos es necesario. Realizar actividades por Jesús y por el Reino es importante, pero escuchar su Palabra es necesario. Curar enfermos, dar de comer a los pobres, visitar a los presos, predicar la Buena Noticia, todas ellas son acciones importantes; pero escuchar a Jesús es totalmente necesario. ¡Cómo vamos a curar enfermos al estilo de Jesús, cómo vamos a dar de comer a los hambrientos con espíritu evangélico, cómo vamos a acoger a los otros como los acogía el Maestro, si no nos alimentamos de Él, si no nos dejamos enseñar por Él, si no nos dejamos configurar por el Espíritu según Él!

Partiendo desde la escucha de Jesús, todas nuestras actividades apostólicas serán realizadas de una manera más satisfactoria y darán abundantes frutos.

No dejes de pasar un solo día sin estar un rato largo a los pies del Maestro escuchando su Palabra.

Oración y acción ambas deben ir de la mano. Contemplativos en la acción. Realizar siempre nuestras actividades con la mirada puesta en Jesús y bajo la mirada del Maestro.

Del Beato Santiago Alberione dijo el Papa San Pablo VI en una audiencia en 1969, algo que nos puede ayudar a profundizar y a asimilar todo esto que estamos comentado: «Miradlo: humilde, silencioso, incansable, siempre alerta, siempre ensimismado en sus pensamientos, que van de la oración a la acción (según la fórmula tradicional: “ora et labora”), siempre atento a escrutar los “signos de los tiempos”, es decir, las formas más geniales de llegar a las almas, nuestro padre Alberione ha dado a la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para vigorizar y ampliar su apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez y de la posibilidad de su misión en el mundo moderno y con los medios modernos.»

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Eres capaz en tu día a día descubrir lo que verdaderamente es necesario?

• ¿Qué significado tiene para ti o como resuena en tu interior la invitación de ir de la oración a la acción

¿Parte tu acción siempre de la oración, de la escucha atenta de la Palabra de Dios?

• ¿Dedicas algún tiempo de tu día a día, no sólo a hacer cosas por los demás, si no a estar con ellos?

VIDA – ORACIÓN

• Bendice y alaba al Padre por el gran regalo de tener su presencia y visitarnos cada día.

• Da gracias a Jesús por ofrecernos a cada día su Palabra e invitarnos a escucharla.

• Pide al Espíritu Santo que te ayude a descubrir lo que es verdaderamente necesario en tu vida cotidiana.

“¿Qué puedo hacer para alcanzar la felicidad?” LECTIO DIVINA DEL DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 10,25-37

Jesús se encuentra en camino hacia Jerusalén. Así nos lo ha hecho saber Lucas en el capítulo anterior (cf. Lc 9,51). Para el autor del Tercer Evangelio, la Ciudad Santa es muy importante, allí comienza su relato y allí concluirá.

Acaba de enviar a los setenta y dos a la misión de prepararle el camino. Estos han regresado. Él está conversando con ellos; seguramente había más gente, pues de entre ella, se levanta un maestro de la Ley para hacerle una pregunta. Sin embargo, Lucas ya nos advierte: “Le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba” (cf. Lc 10,25).

Como ocurre en muchas ocasiones, Jesús no responde directamente, ni entra al trapo para hacer frente a la actitud hostil de su interlocutor. El Maestro quiere hacerlo reflexionar, quiere que entre dentro de sí mismo, quiere que desde su propio conocimiento responda a la pregunta; por eso, lo que hace es cuestionar al maestro de la Ley: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”

Para un maestro de Israel tendría que ser relativamente fácil responder a la cuestión planteada.

Sin embargo, permíteme que me detenga por un momento en la pregunta que se le plantea a Jesús, porque creo que esta tiene miga, creo que es de suma importancia; es más, creo que cualquiera de nosotros nos la hemos hecho en alguna ocasión: “¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” Me voy a tomar la libertad de transformarla un poquito: ¿Qué tengo que hacer para alcanzar la verdadera y plena felicidad? Si, porque la vida eterna no es únicamente algo futuro, la vida eterna hemos de comenzar a construirla aquí. Y la vida eterna no es otra cosa que la felicidad plena y verdadera de poder vivir en la presencia de Dios por toda la eternidad.

Yo siempre diferencio entre felicidad y alegría. Uno puede no estar alegre y ser feliz. Es imposible estar las 24 horas del día dando saltos de alegría. Pero si es posible alcanzar la felicidad y permanecer en ella. La felicidad consiste en una realización plena del ser; y es un proceso y una decisión consciente. Así es, uno elige ser feliz, elige no desmoronarse ante los acontecimientos, uno elige superarse ante las adversidades, uno elige aceptar frente a la resignación, uno elige dar y darse frente a la actitud egoísta del todo para mí. Como cristianos cuanto más nos dejemos transformar por el Espíritu, dejándolo que nos modele según el modelo de Jesús, más cerca estaremos de la felicidad.

Sí, a nivel mental lo tenemos claro, como lo tenía el maestro de la Ley. Para alcanzar la vida eterna únicamente tenemos que amar a Dios y al prójimo. Pero desde el corazón y desde nuestros actos no lo tenemos tan claro: ¿Quién es mi prójimo? Porque es imposible amar a Dios si no amamos a nuestro prójimo (Cf Sant 2,18).

Lejos de perderse en teorías, como haríamos muchos de nosotros, Jesús nos ofrece un relato, para dejarnos claro quién es nuestro prójimo y cómo tenemos que comportarnos con él.

Solo quiero detenerme por un instante en algunas cuestiones de la parábola, no voy a comentarla, creo que existen muy buenos comentarios sobre ella y allí te remito.

Pero quiero que caigas en la cuenta de que, el sacerdote y el levita no hacen otra cosa mas que cumplir con la Ley establecida para Israel en el libro del Levítico (Lv 21,1). Ellos no querían caer en impureza que les impidiera poder acercarse a celebrar la “liturgia” en el Templo. Jesús va más allá de la Ley; está dispuesto a quebrantarla si lo que está en juego es al amor al prójimo.

Y dos cuestiones más acerca de la parábola.

El samaritano se compadece. No quiere decir que sienta pena, que es el sentido que muchas veces damos a dicha palabra. El verbo compadecerse es un verbo de actividad. Lo que hace el samaritano es hacerse cargo de la situación en la que se encuentra el asaltado, compartirla y actuar en consecuencia.

¿Quién ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos? El que practico la misericordia. Otra palabra que muchas veces la utilizamos de manera poco adecuada. Misericordia: sentir en mi corazón las miserias del otro. Cuando yo verdaderamente siento en mi corazón las miserias de mi hermano, entonces no puedo hacer otra cosa, si no intentar que salga de esa situación.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Pregúntate a ti mismo y responde en la presencia de Jesús a esta cuestión: ¿Qué puedo hacer para alcanzar la felicidad?

• ¿Dejas actuar al Espíritu Santo en ti para que poco a poco vaya transformándote en un mejor ser humano, en un mejor cristiano?

• Alcanzar la felicidad pasa por amar, amar a Dios y amar al prójimo. ¿Qué acciones vas a comenzar a poner en marcha para acrecentar ese amor?

VIDA – ORACIÓN

• Bendice y alaba al Padre por el gran regalo de su amor y por estar constantemente ofreciéndonos la felicidad.

• Da gracias a Jesús por poner a nuestro alcance los medios necesarios para lograr la felicidad.

• Pide al Espíritu Santo que te ayude a hacerte consciente de la situación de necesidad de las personas que te rodean, compartir su miseria y actuar en consecuencia.

“YO OS ENVÍO” – LECTIO DIVINA DEL DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 10,1-12.17-20

1Después de esto, el Señor designó otros setenta y dos, y los envió delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde él pensaba ir. 2Y les dijo: «La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. 3 ¡Andad!; mirad que yo os envío como corderos en medio de lobos. 4No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; no saludéis a nadie por el camino. 5Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa. 6Si allí vive gente de paz, vuestra paz reposará sobre ellos; si no, se volverá a vosotros. 7Quedaos en esa casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero tiene derecho a su salario. No andéis de casa en casa. 8Si llegáis a un pueblo y os reciben bien, comed lo que os sirvan; 9curad a los enfermos que haya y decidles: El reino de Dios está cerca de vosotros.10Pero si llegáis a un pueblo y no os reciben, id por las calles diciendo. 11Hasta el polvo de vuestro pueblo que se nos pegó a los pies nos lo sacudimos. 12Yo os digo que en el día del juicio habrá más tolerancia para Sodoma que para ese pueblo».

17Los setenta y dos volvieron llenos de alegría, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». 18Y Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás cayendo del cielo como un rayo. 19Ved que os he dado poder de pisar serpientes y escorpiones, y sobre todas las fuerzas del enemigo, sin que nada os dañe. 20Pero no os alegréis de que los espíritus os estén sometidos; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo».

Jesús se encuentra en camino hacia Jerusalén; Lucas nos lo ha narrado en el capítulo anterior (cf. 9,51). Y es durante este itinerario que decide enviar a un grupo de discípulos delante de él para visitar los lugares a los que pensaba ir. Les da instrucciones claras de cómo deben de actuar para llevar a cabo la misión que les encomienda, que no es otra sino la de preparar a las personas con las que se encuentren para acoger la Buena Noticia.

Si que hemos de destacar el simbolismo del número setenta y dos. Con él, el evangelista alude a la apertura y universalidad de la misión; dicha cifra era la cantidad de naciones que los judío pensaban que había sobre la tierra según el libro del Génesis (cf. Gén 10). La tarea de evangelización no puede limitarse a los judíos, a partir de ahora, como decíamos más arriba es universal, por lo tanto, tampoco los apóstoles son suficientes para llevarla a cabo. Todos los que de una u otra manera estamos en el camino del seguimiento de Jesús estamos llamado a preparar la acogida del evangelio, la acogida a Jesús por parte de la humanidad.

La tarea es grande y las personas a las que evangelizar son muchas, de ahí que Jesús pida a sus discípulos para que oren al Padre que envíe obreros  sus mies.

Eso sí, en ningún momento, Jesús les presenta la misión de color de rosas. En algún momento serán rechazados, no serán acogidos. Cuando eso ocurra, les dirá más adelante en este mismo pasaje con el que estamos orando, no deben recurrir a la violencia o al enfrentamiento, al contrario deben de actuar de manera pacífica, eso sí deben manifestar de alguna manera que son conscientes de ese rechazo y han de advertirles que eso les aleja del amor de Dios.

Cuando alguien es enviado a evangelizar ha de desprenderse de todo lo innecesaria o de todo aquello que pueda impedir la trasmisión del mensaje cristiano; por eso no es necesario cargar con pesadas alforjas o calzado superfluo. Eso sí, han de trasmitir a todos aquellos con los que se encuentren la paz. Esa paz que trae Jesús a la humanidad, que no significa únicamente ausencia de conflictos, sino tranquilidad, armonía, calma, concordia…

A su vuelta, los discípulos llenos de alegría le comunican a Jesús el éxito de su misión. El mensaje del evangelio es acogido e incluso han realizado signos extraordinarios en nombre de Jesús. Sin embargo, la alegría no debe ser por haber tenido éxito personal o por haber realizado signos prodigiosos; la alegría debe ser porque han participado en la extensión del Reino, en la edificación de un mundo mejor y en el acercamiento del amor y la misericordia del Padre a todos aquellos con los que se han encontrado.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Jesús también te envía a ti, para prepararle el camino, para ayudar a la gente a acoger la persona de Jesús ¿Qué sientes ante esto? ¿Estás dispuesto a acoger esta llamada?

• Jesús te envía a una misión universal, abarcando a todas las personas sin distinción; y tú ¿haces acepción de personas por su origen, raza o estado social?

• ¿Al transmitir la Palabra de Dios, intentas hacerlo con paz, con alegría, con serenidad, con humildad? ¿Intentas trasmitir sobre todo el amor y la misericordia de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 96

1Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra;

2cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su salvación;

3publicad su gloria entre las gentes, sus portentos entre todos los pueblos.

4Grande es el Señor y digno de alabanza, más temible que todos los dioses.

5Pues los dioses de los otros pueblos no son nada, mientras que el Señor hizo los cielos;

6su presencia está llena de esplendor y majestad, y su santuario, de potencia y hermosura.

7Familias de los pueblos, rendid ante el Señor, rendid ante el Señor la gloria y el poder,

8rendid ante el Señor la gloria de su nombre, presentad vuestra ofrenda y entrad en sus atrios;

9adorad al Señor con ornamentos santos, temblad delante de él, oh tierra toda.

10Decid por las naciones: «El Señor es rey, él afirmó el mundo, y no se moverá; él juzga a los pueblos con justicia».

11Que se alegre el cielo y goce la tierra, que retumbe el mar y todo lo que encierra,

12que sonrían los campos con sus frutos, que griten de alegría los árboles del bosque

13delante del Señor, porque ya viene, porque viene para gobernar la tierra, para implantar en el mundo la justicia, y entre todos los pueblos la lealtad.

“TÚ SIGUEME” – LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL  DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 9,51-62

51Al llegar el tiempo de su partida de este mundo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén, 52y envió mensajeros por delante. Éstos entraron en una aldea de samaritanos para prepararle alojamiento. 53Pero los samaritanos no lo recibieron porque iba camino de Jerusalén. 54Al ver esto, los discípulos Santiago y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». 55Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió.

56Y se fueron a otra aldea.

57Mientras iban de camino, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». 58Jesús le dijo: «Las raposas tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». 59Dijo a otro: «Sígueme». Y él respondió: «Señor, déjame antes ir a enterrar a mi padre». 60Y le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ven a anunciar el reino de Dios». 61Un tercero dijo a Jesús: «Yo te seguiré, Señor, pero permíteme que me despida antes de mi familia». 62Y Jesús le dijo: «El que pone la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios».

El pasaje con el que hoy vamos a orar se encuentra enmarcado dentro del llamado último viaje a Jerusalén. Al cual Lucas da bastante importancia, al menos en extensión pues ocupa casi nueve capítulos. Aunque más que un recorrido geográfico, lo que el evangelista quiere mostrarnos es un itinerario espiritual y de crecimiento para los discípulos de Jesús, para que estos lleguen a comprender mejor la enseñanza y el seguimiento del Maestro.

Este evangelio podemos dividirlo en dos partes: en la primera, se nos narra el comienzo del citado viaje, con el rechazo por parte de los samaritanos, y la corrección que Jesús hace a los discípulos; en la segunda parte se nos relatan las exigencias para seguir a Jesús.

Ha llegado el momento de acoger la pasión, muerte y resurrección por parte de Jesús, lo cual hace consiente y libremente; e inicia su viaje. Envía por delante a sus discípulos, para que vayan allanando el camino, anunciando el Reino de Dios.

La ruta que siguen, no deja de ser un poco extraña, pues los judío que, desde Galilea, se desplazaban a la Ciudad Santa, lo hacían dando un gran rodeo, para evitar precisamente la región de Samaría. Y esto sucedía así porque entre los judíos y los samaritanos existía un fuerte enfrentamiento, ya que unos a otros se consideraban herejes e intentaban, por todos los medios, no entrar en contacto entre ellos. Debido a esto, podemos entender también el rechazo que sufrieron los discípulos, por parte de los samaritanos, al darse cuenta de que eran judío y se dirigían a Jerusalén. En parte, también es entendible la reacción de los discípulos, Santiago y Juan, los cuales quieren incitar a Jesús para que envíe sobre ellos el castigo divino. Nada más lejos del pensamiento del Maestro de Nazaret, que lo que ha venido es a reconciliar a todos los pueblos y a perdonar a todas las personas. Aquel que quiera seguir a Jesús tiene que enarbolar la bandera del amor y la misericordia.

Y ahora comienza ese itinerario hacia Jerusalén en el que Jesús quiere preparar a sus discípulos para que sean testigos de su vida, pasión, muerte y resurrección.

En el camino, se encuentran con tres personas que quieren ser seguidores del Maestro. En la respuesta que da a cada uno de ellos nos mostrará las exigencias que tienen que asumir aquel que quiera emprender el seguimiento de Jesús.

El primero, se ofrece para seguirle incondicionalmente: «Te seguiré a donde quiera que vayas». Jesús lo que le presenta a él, y a todo aquel que quiera seguirle es un estilo de vida sin seguridad alguna, de pobreza, de desprendimiento: «Las raposas tiene madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»

El segundo, es llamado por Jesús, el cual le pone la condición de poder enterrar a su padre, es decir de poderlo cuidar hasta la muerte y después le seguirá. Sin embargo, el seguimiento de Jesús no permite ninguna demora, retraso o procrastinación; el seguimiento de Jesús de Jesús ha de ser inmediato.

El tercero, también, se ofrece él mismo para el seguimiento, aunque, al mismo tiempo, pone su condición: «permíteme que me despida antes de mi familia». Sin embargo el seguimiento de Jesús reclama una disponibilidad total y la ruptura, incluso con el pasado: «El que pone la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios».

Sin duda que, son exigencias drásticas. Pero, lo que nos está diciendo Jesús, no es que abandonemos a los nuestros o que no cuidemos de nuestros mayores; lo que nos está diciendo es que nada debe anteponerse a nuestro objetivo principal: el anuncio del reino; que nada debe apartarnos de nuestra meta. Comenzar a seguir a Jesús exige un compromiso serio y responsable, en el cual no caben las excusas.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Jesús también te envía a ti para preparar el camino de la acogida de su Palabra, te envía a anunciar el Reino, ¿cómo acoges esta invitación?

• En el itinerario de anuncio del Reino encontrarás en más de una ocasión oposición y rechazo, ¿cómo crees que reaccionarias ante ello?

• Puedes tomar en el día de hoy, el pulso a tu seguimiento cristiano, ¿qué estás dispuesto a hacer para anunciar la Palabra de Dios? ¿a qué estás dispuesto a renunciar? ¿cuáles son tus prioridades?

• ¿Qué acciones estás dispuesto a poner en marcha para ir construyendo y anunciando el Reino de Dios en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 40

2 En el Señor he puesto toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi grito;

3 me sacó de la fosa mortal, del fango cenagoso; puso mis pies sobre la roca, aseguró mis pasos;

4 puso en mi boca un cantar nuevo, una alabanza para nuestro Dios. Muchos, al verlo, temerán y confiarán en el Señor.

5 Dichoso el hombre que en el Señor ha puesto su esperanza y no se ha ido con los arrogantes ni con los que se pierden en engaños.

6 ¡Qué grandes son, Señor, Dios mío, los proyectos y los milagros que hiciste por nosotros!: eres incomparable. Yo quisiera decirlos, proclamarlos; pero son tantos, que no pueden contarse.

7 Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, no pides holocaustos ni sacrificios por el pecado; en cambio, me has abierto el oído,

8 por lo que entonces dije: «Aquí estoy, en el libro está escrito de mí:

9 Dios mío, yo quiero hacer tu voluntad, tu ley está en el fondo de mi alma».