Lectio Divina del Domingo de Ramos (Mc 14,1 – 15,47)

VERDAD – LECTURA

 

Comenzamos hoy, Domingo de Ramos, la Semana Santa, la semana más importante del año para cualquier cristiano. Por primero que se preguntó la comunidad cristiana, lo primero que recordó, lo primero que predicó fue precisamente la pasión, muerte y resurrección. Fue el primer kerigma (anuncio) de aquellos que conocieron, vivieron y experimentaron los que estuvieron cercanos a Jesús de Nazaret.
Nos encontramos con un largo relato en el que se nos cuentan los hechos ocurridos los últimos días de vida de Jesús. Faltaban dos días para la celebración de la Pascua. Es el momento del paso de Dios por la vida del Pueblo en un momento concreto de la historia, la liberación de la esclavitud de Egipto. Pero no sólo. Yahveh ha dado suficientes muestras de caminar junto a su pueblo. La Pascua es la celebración de Dios que salva. Lo mismo ocurre con la fiesta de los ázimos. Durante esos días los sumos sacerdotes y los maestros de la ley andan buscando la forma de poder acusar a Jesús, aunque sea utilizando el artificio del engaño. Su objetivo último era “quitarlo de en medio” (Mc 14,1). Todo esto hemos de ponerlo en conexión para darnos cuenta del verdadero significado del relato que nos ocupa. Se nos está anunciando la salvación de Dios por medio de Cristo, Yahveh sigue actuando en la historia del Pueblo de Israel y en la historia de la humanidad con su infinita misericordia para salvarnos a todos.
Después de la pequeña introducción, comentada más arriba, Mc nos narra el episodio de la unción en Betania. Nos encontramos en el contexto de una cena entre amigos, en ella una mujer irrumpe en el lugar en el que se encuentran los comensales, rompe el frasco de perfume y lo derrama sobre la cabeza de Jesús. Un auténtico derroche, si consideramos lo que podría valer, según nos dice el texto, más de trescientos denarios (14,5). sin embargo, no lo es. Ha llegado el momento de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, ha llegado el momento en el que el Maestro no se encontrará ya físicamente entre nosotros, ha llegado el momento en el que tendrán que llevar perfumes para su sepultura. Anticipándose a todo esto, Jesús ve en este gesto un gesto de generosidad, es un gesto de amor. Esta mujer, también, se ha anticipado al momento de ungir a Jesús después de su muerte, porque cuando las mujeres vayan a hacerlo, él habrá resucitado.
Judás Iscariote, por su parte, va a prepararlo todo para entregar Jesús a los sumos sacerdotes.
Y el primer día de los ácimos, cuando el cordero pascual era inmolado (14,12) van a preparar la Cena Pascual. Estando a la mesa con ellos, descubre a sus discípulos, cómo uno de ellos le va ha entregar. La reacción no se hace esperar, se entristecen: ¿seré yo, Maestro? (cf. 14,19). Jesús no responde directamente, no acusa directamente al traidor. Pero es uno de los que estaban en comunión con él, uno que comía en su misma mesa y de su mismo plato. ¿Existe mayor intimidad? Todo lo que va a suceder es el cumplimiento de las antiguas profecías.
En el transcurso de aquella cena, Jesús toma el pan, lo bendice, lo parte, y se lo da a sus discípulos: “Tomad, esto es mi cuerpo”. Y a continuación, tomo el cáliz, dio gracias, se lo paso a ellos y bebieron todos. Nos está regalando la eucaristía. El regalo más importante y costoso de toda la historia. El recuerdo de su pasión, muerte y resurrección.
Ha de prepararse para afrontar lo que se le viene encima. Juntos van al Huerto de los Olivos. Pero no será el final, al tercer día resucitará. La vida vence al muerte. La situación en el Huerto es bastante desconcertante para Jesús. Los discípulos no son capaces de acompañarle en la oración. Y, más tarde, huyen despavoridos, muertos de miedo, ante el prendimiento del Maestro. No sin engaño. Engaño del beso de Judás, engaño de la sentencia, engaño de las circunstancias y de los hechos.
El poder religioso dispuesto, por todos los medio, ha acabar con Jesús, sencillamente por la doctrina que predicaban. ¿Es posible condenar a un hombre por las ideas que tiene, que expresa y que defiende? Claro que sí, el caso de Jesús no fue, ni será el único. Pero Jesús no vive estos acontecimientos de forma trágica, está cumpliendo la voluntad del Padre, se encuentra en comunión con él, en aquellos trágicos momentos el mundo está siendo salvado.
Todo el proceso a Jesús está basado en el engaño. Los testigos comenten perjurio, sus testimonios no coinciden, las pruebas no son concluyentes. Jesús guarda silencio. Únicamente responde para decir. “Yo soy”, el nombre que Yahveh reveló a Moisés. Ha blasfemado, ha atentado contra el segundo mandamiento de la Ley de Dios. Ha tomado el nombre de Dios en vano. Además es una persona molesta que va enseñando al pueblo una extraña doctrina en la que el mandamiento principal es el amor. Amar a Dios sobre todas las cosas y amar a las demás personas sin acepción de raza, lengua, color, estatus social o nacionalidad.
En el transcurso, Pedro se encuentra en el patio de la casa del sumo sacerdote. Es reconocido por una de las criadas, y quieren relacionarlo con el acusado. Aquel niega tener ningún tipo de relación con él. Tiene miedo. No le conoce, nunca le ha visto, en ningún momento ha tenido nada que ver con él. Al caer en la cuenta de su forma de actuar, rompe a llorar.
Los miembros del Sanedrín, consejo de ancianos judío, como no podían aplicar la pena de muerte, lo remiten a Pilatos. Este sí que puede condenarlo a muerte y a una muerte incruenta. Pero, nuevamente es necesario el engaño. El acusado, Jesús de Nazaret, es enemigo del Cesar; se ha autoproclamado rey de los judíos. Es inaudito, el único gobernante legítimo de Israel, en aquel momento, es el Cesar. Las mismas autoridades judías se someten, se inclinan, se agachan ante el poder del Imperio Romano. Son capaces de renunciar a sus raíces, a su ser Pueblo Elegido, a la Alianza establecida con Yahveh, con tal de ver muerto a Jesús de Nazaret.
Pilatos dicta sentencia, asumiendo el engaño y temeroso de que los judíos le denuncien ante el Cesar por dejar que una persona se autoproclamarme rey de Israel. Jesús es encontrado culpable de sedición, de rebeldía, de sublevarse contra el máximo dignatario del Imperio. Este delito es castigado con la muerte: Jesús, Nazareno, rey de los judío.
Jesús dando tumbos, cayéndose, débil, sin fuerzas es llevado al Gólgota donde será crucificado. Lo insultan, se mofan, se ríen de él, de su sufrimiento… Jesús lo sume todo con valentía y gallardía. Con una valentía y una gallardía llevada hasta el extremo. Posiblemente, ninguno de nosotros podría haber afrontado dicho sufrimiento de la manera que lo hizo Jesús. Pero, tenía claro su objetivo, tenía clara su misión: cumplir la voluntad del Padre y librar a la humanidad de todas sus deficiencias, de todos sus fallos, de todas sus angustias, imperfecciones e incapacidades. Y vencerá, vencerá el bien sobre el mal. Vencerá todas las tribulaciones, las catástrofes, los sufrimientos de la humanidad. Vencerá incluso a la muerte.
Ante todos aquellos acontecimientos, ante aquella horrible injusticia, ante aquella horrorosa visión, un pagano, un centurión romano afirma: “verdaderamente era Hijo de Dios” (15,39).
Ahora solo nos queda el silencio y la espera. No todo ha concluido. No todo está acabado. No todo ha sucumbido. Al tercer día, el Padre, por la fuerza del Espíritu Santo, resucitará a Jesús. Aquel que es la Vida, volverá a la vida y reinará entre nosotros para siempre y su Reino no tendrá fin.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Cómo me estoy disponiendo para acoger, vivir y experimentar los acontecimientos que vamos a recordar durante la Semana Santa?
• ¿Soy capaz de derrochar lo que haga falta por Jesús?
• Hay una constante en el relato, sobre todo en el juicio a Jesús: el engaño. ¿Qué significado puede tener esto para mí? ¿me perturba? ¿lo aparto de mi vida? ¿lo rechazo como actitud que lleva a realizar el mal?
• Cada día yo puedo entrar en comunión con Jesús, en intimidad con él, en la celebración de la Eucaristía ¿Cómo vivo este momento? ¿Soy consciente de la importancia de este hecho?
• Ante la contemplación del acontecimiento de la muerte de Jesús en la cruz, ¿Qué sentimientos afloran dentro de mí? ¿Qué actitud tomo? ¿Qué compromisos debo asumir?
• Ante la desilusión, la desesperación, lo incomprensible que puede resultar el misterio de la cruz, ¿mantengo la esperanza en la resurrección? ¿tengo fe en ella? ¿vivo mi existencia en clave de resurrección y vida?

VIDA – ORACIÓN

Hoy te invito a que simplemente, de manera relajada y consciente, medites, contemples y recuerdes (pases por el corazón) el acontecimiento narrado por Marcos en su evangelio.

Escuchad la Palabra – Lectio Divina del domingo II de Cuaresma (Mc 9,2-10)

VERDAD – LECTURA transfiguracion-icono-21

En este segundo domingo de Cuaresma, la liturgia nos invita a contemplar la experiencia que tienen algunos de los discípulos de Jesús, concretamente Pedro, Santiago y Juan, en el acontecimiento de la Transfiguración. Vamos a intentar comprender mejor este hecho.
Seis días después. Esta expresión, sin duda, hay que entenderla en sentido cronológico, pero desde la perspectiva de la Pascua. Macos relee este suceso a la luz de la resurrección. Seis después de la entrada triunfal en Jerusalén, consumada la pasión y muerte de Jesús, tiene lugar la Resurrección. Desde aquí hemos de leer este relato, pues no deja de ser un anticipo de la consumación de la gloria de Jesús.
En aquel momento, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Hemos de tener en cuenta que estos discípulos son, de alguna manera, los que abiertamente no han comprendido el significado de la pasión y muerte de Jesús. En el capítulo anterior, hemos podido comprobar como Pedro se ha enfrentado con Jesús, queriéndole disuadir del cumplimiento de su misión (8,33); en el capítulo posterior, veremos como Santiago y Juan pedirán a Jesús el puesto a su derecha y el puesto a su izquierda, es decir, los lugares de máximo honor y poder (10,35-40). Tampoco ellos comprenden verdaderamente el significado de la pasión y muerte de Jesús.
Los lleva a un monte alto. El monte es el lugar de encuentro con la divinidad, recordemos el encuentro de Moisés con Yahveh (Éx 24,15-16) o el de Elías en la misma montaña (1Re 19,8-9). En la montaña Dios entra en relación con el hombre.
En aquel monte alto, Jesús se transfigura delante de ellos. El evangelista nos está mostrando el aspecto glorioso que adquiere la persona de Jesús. El cual, les acaba de presentar el hecho ineludible de la cruz. Sus vestiduras se volvieron de un blanco resplandeciente. Tan blanco que ningún tintorero del mundo sería capaz de blanquear. Con lo cual, Marcos nos está indicando un resplandor indescriptible, un color que apunta hacia las realidades celestiales, hacia la luz de Dios.
Se aparecen Elías y Moisés y comienzan a hablar con Jesús, los dos entran en diálogo con él, el cual hace las veces de Yahveh. El primero representa a la profecía, es quien debía de aparecer en el tiempo escatológico para anunciar la llegada inminente del Mesías. El segundo representa a la Ley, es a quien Yahveh le entregó las Tablas de la Ley. Los Profetas y la Ley dan testimonio de Jesús. Ambos encuentran su cumplimiento y su plenitud en Cristo.
Los discípulos presentes en el lugar no saben cómo reaccionar, estaban atemorizados, de alguna forma lo antiguo está dando testimonio de lo nuevo y ceden, de alguna manera, su “puesto” a Jesús. Aunque, eso sí, allí se debía estar bien, de tal manera que Pedro, quiere parar el tiempo, quiere permanecer en un lugar que no le traiga problemas, no quiere que aquel instante de gloria concluya.
De repente, se ven envueltos en una nube (Éx 24,16). Se hace presente la persona del Espíritu Santo y se oye la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado”. El Padre se complace en Jesús, el Padre afirma la filiación de Jesús, lo presenta como su Hijo único. El término amado acentúa más si cabe la relación afectuosa, amorosa, filial de Jesús con el Padre.
Por último, la voz del Padre les impone escuchar a Jesús. El cual, es el único interprete del Padre, el único que nos puede presentar el verdadero rostro de Padre, nuestro único Maestro. Jesús es la voz del Padre.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cómo vivo yo mi séptimo día, momento de la manifestación de la gloria de Jesús, sobre todo en este tiempo de Cuaresma que es preparación para el gran acontecimiento pascual?
  • Imagínate, que Jesús te toma consigo, te lleva a un monte alto y te muestra de alguna manera su gloria… ¿Qué sientes en este momento? ¿Cuál es tu diálogo con Jesús? ¿Qué conclusión sacas de ello?
  • ¿Qué significado puede tener para ti la presencia de Elías y Moisés? ¿Cuáles son tus profetas y tus leyes, que debe acercar a Jesús para que Él les de su pleno cumplimiento, les de su plenitud? ¿Qué debes ir cambiando en tu vida en este tiempo de Cuaresma?
  • ¿Cómo reaccionas ante el imperativo del Padre de escuchar a Jesús? ¿Verdaderamente, te acercas a la Palabra con actitud de escucha?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por el misterio de la Santísima Trinidad y por hacerte experimentar su grandeza y plenitud y a la vez su cercanía.
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en tu vida y mostrarse como la presencia amorosa del Padre.
  • Pide la luz y la sabiduría del Espíritu Santo para poder escuchar la Palabra de Jesús, comprenderla y llevarla a la práctica en tu vida cotidiana.
  • Tómate como compromiso de esta Cuaresma de esforzarte por acercarte a la Palabra con actitud de escucha y acogida.

Lectio Divina del IV domingo del T.O. (Mc 1,21-28)

VERDAD – LECTURA

Este domingo, la liturgia nos ofrece orar con al primera actuación milagrosa de Jesús en el evangelio de Marcos, en la que, aquel es el principal protagonista, pues aunque le acompañan los discípulos, estos permanecen como meros espectadores.

Geográficamente, nos situamos en Cafarnaum, la ciudad más importante de Galilea; era la ciudad natal de Pedro, además de haberse convertido en lo que podríamos llamar el “centro de operaciones” de Jesús y sus discípulos. Allí se dirigieron. A partir de este momento, los discípulos se convertirán en espectadores y Jesús será el auténtico protagonista de la escena, tal como comentábamos más arriba. Es él, quien entra en la sinagoga, el lugar en el que se exponía la Palabra y se daba a conocer la Ley. Todo judío piadoso, en ese día se acercaba a la sinagoga para escuchar sobre todo la Torá (el Pentateuco) o los profetas y orar. En un determinado momento, un maestro de la ley explicaba y actualizaba el mensaje de aquel pasaje. Existía la costumbre de invitar a realizar esa explicación a alguien que estuviera de paso y fuese considerado capaz de hacerlo. Posiblemente, en ese día es invitado Jesús.

Nadie se ha percatado. Pero, en la sinagoga, se encuentra un hombre que está poseído por un espíritu impuro. Si prestamos atención a la narración, dicho espíritu habla primeramente en plural y posteriormente en singular. Ese plural hace referencia a los que están allí presentes en la sinagoga por lo que es como decir, que la misma sinagoga era la que estaba poseída por dicho espíritu impuro. Por tanto, la acción de Jesús se va a encaminar a purificar la sinagoga en primer lugar. Las enseñanzas promovidas por los maestros de la ley y los escribas en muchas ocasiones eclipsaban la frescura del texto bíblico y había llegado incluso a tergiversar el verdadero significado del mismo. Los maestro de la ley y los escribas eran los encargados de hacer entender al pueblo el verdadero significado de la Escritura, mensaje que había llegado a corromper. Jesús no ha venido a transformar o cambiar dicho mensaje, pero sí a darle su pleno cumplimiento y significado.

Expresada esta premisa, con respecto al diálogo en plural y teniéndola en cuenta, nos vamos a detener, en el diálogo entre el endemoniado y Jesús. Al llamarlo Nazareno, lo identifica con el Mesías, y por tanto con el cumplimiento de la expectación que el pueblo judío tenía con respecto a él, que no era otra sino la de la persona poderosa que sometería a todos las naciones a Israel. Una visión totalmente mundana y equivocada de la verdadera misión de Jesús. Relacionar al Mesías con la pasión y muerte en cruz era totalmente incompatible con dicha visión.

No sabemos qué predica Jesús. El autor del evangelio únicamente nos dice que la gente queda estupefacta, asombrada, impresionada. Pero en ningún momento se nos comunica que aquellos que se encontraban en la sinagoga se convirtieran. Es más, el propio endemoniado interroga a Jesús con una pregunta, por lo menos sorprendente: “¿Has venido a destruirnos?” . Jesús no contesta. Jesús se muestra como Señor, en sentido pascual (cf. Flp 2,6-11), por su enseñanza, por el miedo que infunde en el espíritu impuro y por la autoridad con la que habla: “Cállate y sal de él”. El verbo callar es utilizado en en la Biblia Griega cuando Yahveh habla y vence, por ejemplo, la furia del mar (2Sam 22,14) o cuando hace callar a los soberbios (Sal 119,21) o cuando increpa al propio Satanás (Zac 3,2). Al igual que Yahveh, Jesús, que es Dios, que es el Mesías esperado, no necesita recurrir a exorcismos complicados, es suficiente su palabra y el demonio escapa inmediatamente.

El Reino se ha hecho presente en la sinagoga, el Reino se ha hecho presente en el Pueblo de Israel con la venida de Jesús de Nazaret. Sin embargo, esto no es percibido por los presentes, todo se queda en el asombro y en el temor ante la acción y las palabras pronunciadas por Jesús con autoridad. Aunque aquellos no se convirtieran, la fama de Jesús se extendió por la región entera de Galilea.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

  • Jesús se hace presente en mi vida y también realiza acciones extraordinarias. ¿Cómo reacciono yo ante estos hechos? ¿con asombro y admiración como los presentes en la sinagoga o, por el contrario, estoy dispuesto a adherirme a la propuesta del Reino y convertirme?

  • ¿Soy capaz de reconocer a Jesús cuando se hace presente en mi vida? ¿Estoy atento a su Palabra? ¿Estoy dispuesto a reconocerle como Mesías, como “el Señor de mi vida?

  • Yo, en cierto modo, también me encuentro impuro ¿estoy dispuesto/a a dejarme purificar por Jesús?

  • Su fama se extendió por toda la región de Galilea. ¿Qué he de hacer yo para que la la persona de Jesús sea conocida al menos entre aquellos que me rodean?

 

VIDA – ORACIÓN

Enséñame tu camino, Señor,

y andaré en tu luz,

dame un corazón entregado a ti para honrarte, oh Dios.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

Enséñame tu camino, Señor,

y andaré en tu luz,

dame un corazón entregado a ti para honrarte, oh Dios.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

Es tu amor el que yo deseo en mi vida Señor Jesús.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir, mi Dios,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

(Autor: Marcos Witt)

Lectio Divina del III Domingo del Tiempo Ordinario (Mc 1,14-20)

VERDAD – LECTURA

Nos encontramos al inicio de la misión de Jesús. La cual comienza a desarrollarse en Galilea. La mayoría de los habitantes de esta región son paganos, de formación helenística y una minoría campesina de origen judío y que hablaba arameo. Esta será la situación geográfica en la que se circunscriba la acción predicadora de Jesús.
Temporalmente, nos situamos después de que Juan el Bautista sea arrestado. Y entonces comienza a predicar la Buena Nueva, la Buena Noticia de Dios.
El tiempo ha llegado. El tiempo de la plenitud se ha hecho presente. ¿En quién? En Jesús. En él están integradas todas las promesas y las profecías, con él todas ellas se han cumplido. La historia ha llegado a su cenit. El momento de la salvación está ya presente. El Reino de Dios ya está aquí. ¿El Reino de Dios? Sí. Un Reino que no es de este mundo y que debemos acoger abriéndonos totalmente a Dios. Dios ya está presente en este mundo y podemos vivirlo en la medida en que nos vayamos dejando hacer por el Espíritu para conformarnos a Jesús. Es decir, para que tengamos los mismos pensamientos de Jesús, actuemos como actúo Jesús y amemos como amaba Jesús. Allí donde se encuentren personas dispuestas a dejarse transformar por la acción del Espíritu en otros Cristos, allí está presente el Reino de los Cielos que comenzó con la predicación de Jesús en Galilea. El Reino de Dios es un acontecimiento de Salvación.
Ahora bien, para que podamos acoger y vivir el Reino de Dios, y para podernos dejar configurar en Cristo, es necesario que nos convirtamos, es necesario que cambiemos nuestro punto de vista, nuestra mentalidad, nuestro modo de ver y de vivir. Es necesario que nos preguntemos, ¿qué debo cambiar en mi vida para poder acoger y vivir el Reino de Dios? Hemos de volvernos hacia Dios con todo nuestro ser, con toda nuestra existencia, a partir de ahora él debe ser quien oriente nuestra vida.
Pero además, hemos de creer en el Evangelio. Que es el mismo Jesús, que es Dios mismo. Es revelación del Padre, que nos ama incondicionalmente y sin esperar nada a cambio. Es Jesús quien nos nos conduce hacia el Padre.
Este mandato que Jesús dirige a todos, se hace más explícito en la llamada a los primeros discípulos. Dicha llamada, tiene lugar en el Mar de Galilea. Allí se encuentra con dos pescadores que están lanzando las redes al mar. Se dirige a ellos y les ordena: “¡Venid conmigo!”. La iniciativa parte de Jesús, al contrario de lo que ocurre con el resto de los maestro que son elegidos por sus discípulos. A partir de ese momento los discípulos comenzarán a ir detrás del maestro y comenzarán a aprender de Jesús sobre todo con su forma de vivir, no sólo con su enseñanza. El Maestro será quien marque el itinerario a seguir, el ritmo, la meta.
El objetivo que Jesús tiene con sus discípulos es hacerlos pescadores de hombres. Continuarán con su profesión, con lo que saben hacer; sin embargo, los destinatarios de su pesca serán otro tipo de peces, serán otros seres humanos. Le llama a ser salvadores, por medio de Él, de todas aquellas personas que escuchen y acojan el mensaje del evangelio.
Aquellos primeros discípulos aceptan de inmediato. Al instante abandonan su vida anterior y se disponen a seguir al Maestro. La ruptura con su pasado es radical, no se llevan nada, van con lo puesto, ni siquiera se paran a despedirse de su familia. Desde este momento, ya no se separarán de Jesús, estarán siempre con él.
Comienza el camino de seguimiento y aprendizaje de los discípulos. Comienzan a vivir una nueva vida y un nuevo estilo de vivir, cuyo mandamiento principal es el amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
El Reino de Dios continúa estando presente en nuestro mundo y en nuestras vida, ¿estoy dispuesto/a a acogerlo? ¿de qué manera lo acojo?
¿Qué significa para mí convertirse? ¿Qué debo cambiar en mi vida para conseguirlo?
Hoy, Jesús sigue llamando. ¿Estoy atento/a a su llamada? ¿Estoy dispuesto/a a aceptarla?
Jesús llama a sus discípulos en Galilea. ¿Dónde he recibido yo mi llamada? ¿Dónde la sigo recibiendo cada día?
Ellos, inmediatamente, lo dejaron todo y le siguieron. ¿Qué debo dejar yo para seguirle por el camino? ¿Cómo puedo yo contribuir a mi configuración diaria con Cristo?

VIDA – ORACIÓN

Alabo a Dios por el don de la Encarnación de Jesús.
Doy gracias a Jesús por haberme llamado a su seguimiento y a hacerme pescador de hombres.
Le ofrezco mi vida para que el Espíritu Santo pueda transformarla y configurarla con la de Cristo.
Le pido fuerzas para seguir a Jesús, cada día, por el camino del discipulado y convertirme en pescador de hombres.

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2015

Queridos seguidores de nuestro Blog:SemanaOracionUnidad

Aunque sé que os es posible encontrarlos en otros lugares de la red, os dejo los enlaces correspondientes a los materiales que ha la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales para la celebración del Octavario de oración por la unidad de los cristianos. Todos ellos están en PDF para que podáis descargarlos con facilidad. Espero que os puedan ser de utilidad. Y ya sabéis podéis compartirlos con todo aquel que pueda necesitarlos. Muchas gracias.

Cartel de la Semana de oración por la unidad de los cristianos

Materiales para la celebración de la Semana de oración por la unidad de los cristianos

Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales

Lectio Divina del II Domingo del T. O. (Jn 1,35-42)

Verdad – Lectura

En cualquier período de la historia, en ambientes diversos, hombres de todas las razas y nacionalidades se han planteado a sí mismos las siguientes preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Son las preguntas que, de alguna manera, dan sentido a nuestra vida. Una vida que está en continua búsqueda. La búsqueda de la felicidad, de la trascendencia, de lo infinito, la búsqueda, en definitiva de Dios. Ya lo decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti».

En un contexto muy parecido a este, tiene lugar, la experiencia de encuentro con el Maestro de los primeros discípulos y que tan bellamente nos narra Juan en estos poco versículos. Así es; un día cualquiera de la vida de aquellos primeros discípulos, al día siguiente; ese día, alguien, Juan el Bautista, les indica dónde pueden colmar ese anhelo de felicidad que toda persona humana lleva dentro. Jesús pasa junto a ellos, lo mismo que pasa junto a ti y junto a mí. Lo ven y Juan les dice: «Este es el Cordero de Dios». Ahí va quien puede colmaros de felicidad. Y aquellos discípulos le siguen.

Ha sido el testimonio de Juan, el que ha impulsado a los dos discípulos a seguir a aquel desconocido. Es interesante detenernos por un instante en esta expresión: le siguieron. Es mucho más que caminar junto a alguien o pasear. Seguir quiere decir que uno se involucra con la persona seguida, de alguna manera comparte sus mismos sueños, objetivos, metas; es el otro el que marca la dirección y el ritmo durante el camino; de alguna manera, nos abandonamos a esa persona y vamos tras ella. Así es, Juan y Andrés van detrás de Jesús porque quieren vivir la vida a tope. Ahora bien, aquellos dos discípulos estaban abiertos, atentos, en búsqueda… por eso son capaces de acoger la invitación de Juan para seguir a Jesús.

Al darse cuenta Jesús de que le siguen, se vuelve y les interroga: «¿Qué buscáis?» Es la síntesis de los interrogantes anteriores que nos hacíamos al principio de esta página. ¿Qué buscas? Una pregunta que nos podemos hacer cada uno de nosotros personalmente y que podemos hacer al cualquiera de nuestro alrededor, y nos daremos cuenta de que todos buscamos lo mismo, aunque le llamemos de distinta manera: la felicidad.

Han percibido que aquel Hombre: Jesús, puede colmar su sed de felicidad que quieren permanecer con él: ¿Dónde vives? Queremos permanecer contigo, queremos vivir contigo, queremos estar junto a ti, queremos vivir tu modo de vivir.

Jesús accede inmediatamente a su petición, pero no les da una dirección concreta. No, les invita a experimentar su vida: «Venid y lo veréis». Jesús no es información, no es lectura acerca de su vida y milagros, no es lo que han dicho o me dicen de él, Jesús es experiencia de vida y si quiero conocerlo, lo más acertado es experimentar su propia vida. No importa la información que tenga, lo que haya oído, lo que me hayan dicho, loo importante es experimentar con Jesús. «Solo te conocía de oídas; pero ahora, en cambio, te han visto mis ojos» (Job 42,5).

«Y se quedaron con él aquel día». Comienzan a hacer comunidad. Jesús, seguramente va dialogando con ellos, les va aclarando cosas, les va dando respuestas, les va contando sus deseos, sus ilusiones, sus sentimientos… ellos le escuchan, le interrogan, le hablan de sus anhelos, sus esperanzas, sus inquietudes, sus sueños… Van compartiendo vida entre ellos. Y aquí es donde está el verdadero «quid» de la cuestión. Compartir la vida, comunicar la vida, experimentar al vida… en definitiva, hacer comunidad.

Un encuentro de tal calibre, una experiencia como la vivida por los dos discípulos, no puede guardarse para una mismo. Ha de comunicarse, ha de compartirse, no se la puede uno guardar para sí mismo. Por eso, Andrés, siente la necesidad de contarle a su hermano Simón lo que había acontecido aquel día, tenía que contar lo que había experimentado, sentido, acogido y entregado junto a Jesús. Hemos de contar gozosos, llenos de dicha desbordante, con una alegría inusual, nuestra experiencia de Jesucristo, nuestro encuentro con el Maestro: «Hemos encontrado al Mesías». Fijaos bien, que el evangelista nos dice: «Hemos»; no dice, «he». Y esto, sencillamente, porque la experiencia de Jesús es siempre comunitaria, aunque uno la viva de manera personal, pero siempre media la comunidad.

Al principio, no somos conscientes de la importancia, ni de la trascendencia de este encuentro. Puede parecernos un encuentro más de los muchos que se producen en nuestra vida. Pero cuando nos damos cuenta del proceso de crecimiento que hemos experimentado en él, no podemos menos que manifestarlo,comunicarlo, testimoniarlo a los demás: «Hemos encontrado al Mesías». No hemos encontrado a una persona cualquiera, no hemos encontrado si quiera a una persona excepcional, no hemos encontrado al número uno en tal o cual materia… No hemos encontrado con el Mesías, nos hemos encontrado con el Dios Vivo, nos hemos encontrado con Dios hecho hombre. Y Él ha colmado nuestros anhelos de libertad, de felicidad, de amar.

Andrés da testimonio, narra, transmite su propia experiencia, pero lo hace con convicción, lo hace con atractivo, lo hace con ganas de contagiar. El Papa Pablo VI (hoy ya santo) decía que «hoy día, más que maestros necesitamos testigos», personas que nos transmitan su experiencia de encuentro con Jesús. Eso es lo que debemos hacer nosotros, debemos seguir el mismo itinerario que siguieron estos primeros discípulos: Estar atentos a los signos del paso de Dios por nuestra vida, ¿qué buscáis?, ¿dónde vives?, venid y lo veréis, fueron, vieron y lo contaron a otros.

Camino – Meditación

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Estoy atento/a a las señales o a los signos que me indican el camino para encontrarme con el Mesías?

  • ¿Soy consciente de la llamada de Dios? ¿de todo lo que supone poder encontrarme con Jesús en mi vida cotidiana? ¿De la transformación que puede producir en mi mismo, en mi misma dicho encuentro?

  • ¿Estoy dispuesto/a a permanecer con Él largo tiempo para escuchar su Palabra, acogerla, dejarla penetrar en mí y que transforme mi vida?

  • ¿Deseo y quiero, verdaderamente, ser testigo de Jesús? ¿Qué tendría que cambiar en mi vida para ello?

Vida – Oración

  • Alabo a Dios por ser Él el primero en salir a mi encuentro.

  • Le doy gracias por las personas que a diario pone en mi camino y me lo señalan como Aquel que puede colmar mi vida..

  • Le ofrezco mi vida para que Él pueda transformarla y convertirme en verdadero testigo de Jesús Resucitado.

  • Le pido que me ayude a ser testigo de las maravillas que continuamente está realizando en la vida de tantas y tantas personas con las que me encuentro a diario

Lectio Divina Solemnidad del Bautismo del Señor (Mc 1,7-11)

VERDAD – LECTURA

Celebramos hoy la solemnidad del Bautismo de Jesús. Y en el evangelio, que hoy proclamaremos en la liturgia y con el que nosotros vamos a orar, se nos narra precisamente este acontecimiento, en el que Jesús se nos manifiesta como verdadero Dios.
En el relato nos encontramos con dos personajes principales: Juan, el Bautista y Jesús de Nazaret. En los cuales podemos encontrar más de una diferencia. Por un lado, Juan, el cual se presenta como aquel que debe preparar el camino del Mesías, del Salvador de la humanidad, y por otro, ese Salvador que no es, sino Jesús de Nazaret.
Juan aparece como un profeta que anuncia la Salvación de Dios, personificada en Jesús. Aquel se asemeja al profeta Elías, quien según la creencia de los judíos de la época debía preceder al Mesías. Iba “vestido de pelo de camello con un cinturón de cuero a la cintura”, asemejándose al profeta (cf. 2Rey 1,8), y representa al hombre austero, pobre y sencillo cuya única preocupación es estar abierto a la voluntad de Dios y a su llamada, teniendo totalmente clara cual es su misión: preparar la venida del Mesías. Por eso, bautiza con agua, signo de la preparación al tiempo del Espíritu; quien bautice con él será Jesús de Nazaret. El Espíritu Santo será quien lo purifique todo y lo renueve todo.
El hecho que nos incumbe, el bautismo de Jesús es narrado por Marcos de una forma austera y sencilla: “Por aquellos días, Jesús vino desde Nazaret de Galilea y se hizo bautizar por Juan en el Jordán. El verdadero protagonista de esta acción es Jesús; es él quien viene desde Nazaret de Galilea, es él quien se hace bautizar. Y no es que Jesús necesitara del bautismo de Juan, necesitara preparar la venida del Mesías: él es el Mesías. Sin embargo, se abaja y se hace solidario con las miserias humanas, se hace uno de nosotros, que queremos cambiar de vida, que queremos convertirnos y acercarnos más a Dios, que queremos ser amigos de Dios. Jesús se hace uno de nosotros para acercarnos a Dios.
Aunque el bautismo de Juan no da el Espíritu, sobre Jesús desciende el Espíritu Santo, se hace presente en la persona de Jesús de Nazaret. El Espíritu descendiendo sobre Jesús responde a la humillación de este al abajarse y sumergirse en las aguas del Jordán. Es el momento en el que Dios Padre consagra a Jesús y nos lo muestra como a su Hijo amado, como su predilecto, al que ha enviado para proclamar la Buena Nueva del Reino. Jesús es el verdadero Hijo del Padre, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Todo el pueblo acudía a Juan para ser bautizado y que se le perdonaran sus pecados, para ser purificados y curados de sus heridas. Será en Jesús de Nazaret en quien se cumplan estas acciones. El será, mediante su pasión, muerte y resurrección, que nos regala a toda la humanidad la plena Salvación y la Vida eterna.
CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • Muchos acudían al Jordán para dejarse bautizar por Juan con el propósito de cambiar de vida. ¿Qué necesito yo cambiar en mi vida para que esta sea plena? ¿para sentirme a gustos en mi propia piel? ¿para asemejarme más a Jesús?
  • El Espíritu y la voz que se oye al abrirse en el cielo revela la verdadera identidad de Jesús. ¿Conozco yo cual es mi verdadera identidad? ¿Me conozco verdaderamente? ¿En todas mis dimensiones? ¿Qué puedo hacer para profundizar en mi conocimiento personal? ¿En mi ser como cristiano?
  • Dios me ha regalado el bautismo. ¿Soy consciente del significado de este regalo? ¿Estoy dispuesto/a a asumir el compromiso que conlleva el ser hijo de Dios? ¿Verdaderamente me siento hijo de Dios?

VIDA – ORACIÓN

  • Alabo y adoro a Dios en el misterio de la Santísima Trinidad.
  • Le doy gracias por todos los dones que a diario me regala, especialmente por el don del bautismo.
  • Le pido las gracias necesarias para poder asumir el compromiso anunciar el Reino al estilo de Jesús.

Lectio Divina del 2º domingo después de Navidad (Jn 1,1-18)

VERDAD – LECTURA evangelio-san-juan

Nos encontramos para orar hoy, con el prólogo del evangelio de San Juan que es una síntesis del mismo realizada por la comunidad joanea a partir de su propia experiencia.

Describe de manera poética, el origen de la Palabra en la misma eternidad de Dios y la acción de la Palabra como creadora del plan de salvación de Dios y como creadora de todo lo que existe. En ella está la plenitud de la vida, opuesta a la existencia mediocre del género humano, atrapada por el pecado. Esa vida es Luz que ilumina las tinieblas y orienta al hombre hacia esa existencia plena. La tiniebla se opone a esa vida en plenitud, y hunde al hombre en la oscuridad. Ahora bien, mientras la Luz es eterna, la tiniebla fue causada por el hombre y le ciega, impidiéndole conocer la voluntad de Dios y su proyecto creador que es expresión de su amor. Aunque, a pesar del esfuerzo de las tinieblas por confundir al hombre y extinguir la luz, nunca prevalecerá sobre ella,, porque lo que existía desde el principio es la Luz.

En medio de esta lucha entre la luz y la tiniebla aparece Juan Bautista, mensajero de Dios que debe dar testimonio acerca de la Luz, de la Vida plena, denunciando las tinieblas y sus acciones. El bautismo de Juan es, precisamente, signo de ruptura con el mundo de las tinieblas.

El hombre no es capaz de ver la Luz que le llega, no es capaz de reconocer el plan de Dios; es más, ha rechazado la Luz, negándose a acoger el ideal de vida que Dios nos regala. La antigua alianza ha fracasado, las tinieblas se ha cruzado en su camino junto al hombre. Pero no todos han rechazado a la Luz de la Vida, ha habido quienes la han acogido y se han convertido en hijos de Dios, potenciando su ser como hombre. Acoger la Luz de la Vida significa acoger el proyecto de vida de Jesús. Adherirse a la vida de Jesús supone un nuevo nacimiento.

La nueva comunidad de Jesús, en la que se haya la comunidad de Juan, es la que ha acogido el proyecto de vida de Jesús y va intentando configurarse a él.

Al encarnarse Jesús ha mostrado la gloria de Dios y su presencia en la vida de la humanidad ofreciéndole y entregándole su amor incondicional.

La comunidad narra el testimonio de Juan con respecto a Jesús, el cual ha venido al mundo para salvar a toda la humanidad, haciendo visible el amor incondicional del Padre.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti la lectura del Prólogo de Juan? ¿Qué imagen del Prologo te llama la atención?

  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida con esa frase, ese sentimiento, esa imagen?

  • ¿Qué significado tiene para ti la lucha entre las tinieblas y la Luz? ¿En que frente te posicionas?

  • ¿Cómo acojo la Luz en mi vida?

  • ¿Qué significa para ti ser llamado a ser testigo de la Luz?

VIDA – ORACIÓN

Señor Jesús, ven a la vida de la Humanidad. Habita en ella en toda tu plenitud. Ilumina las tinieblas con tu Luz. Manifiesta tu Gloria, que es el Amor, en la vida de toda la Humanidad. Gracias por llamarme a ser testigo de tu Luz. Ayúdame a transmitir tu Luz a mi alrededor. Amén.

El ángel del Señor anunció a María – Lectio Divina del IV domingo de Adviento (Lc 1,26-38)

 Verdad – Lectura06

El texto que con el que hoy rezaremos nos narra el anuncio a María del nacimiento de Jesucristo. Para ponernos en contexto, podemos decir, que en la época de Jesús, en el siglo I, muchas personas pertenecientes al Pueblo de Israel, especialmente los pobres, esperaban anhelantes la venida del Mesías. También María, José, Isabel, Zacarías… esperaban esta venida.

Nuestro relato comienza haciendo referencia a una fecha concreta: “Al sexto mes” (1,26). Se está refiriendo al sexto mes después del anuncio del nacimiento de Juan a Zacarías. Se trata de un día concreto en la vida de María; un día concreto y a la vez cualquiera.

A ella, Dios le envía al ángel Gabriel, a una ciudad determinada de Galilea, llamada Nazaret; María estaba desposada con José un hombre de la casa de David. Como podemos apreciar, Dios se hace presente en la vida de los seres humanos, en su contexto histórico concreto, en un momento determinado de sus vidas. Gabriel entra donde ella estaba, entra en ella. María siente la presencia de Gabriel, se encuentra con él y en su interior escucha el mensaje de gracia que él le trae. Ante aquel misterio, ante aquellas palabras, María se turba y se pregunta qué podría significar aquel saludo (1,29). ¿Qué significa esa atracción que siente hacia lo divino? ¿Aquella cercanía de Dios? ¿Aquel regalo de Dios? El Ángel le responde tranquilizándola: has hallado gracia delante de Dios (1,30). Dios se ha fijado en ella, para llevar a cabo su proyecto de encarnarse en su seno; ella ha sido la elegida para ser la madre del Salvador, del esperado de los siglos, sobre todo por los pobres, los humildes, los pequeños. Dios le revela su proyecto: concebir, dar a luz y ponerle a la criatura el nombre de Jesús. Un Jesús que es el Hijo del Altísimo, que reinará sobre la casa de David y cuyo Reino no tendrá fin (1,32s).

 María no duda, pero si se pregunta: ¿Cómo aquello será posible? ¿Cómo sucederá aquello? Para Dios no hay nada imposible. María tendrá que acoger la obra de Dios en su ser y en su vida. Lo mismo que, aunque de distinta manera, Isabel ha acogido la obra de Dios en la suya.  María responde no sólo afirmativamente, sino abandonándose totalmente en las manos de Dios. Ella será un instrumento en las manos de Dios para el cumplimiento de la promesa hecha a Israel y a toda la humanidad.

Dios nunca abandona al ser humano; al contrario, quiere hacerse uno como nosotros, excepto en el pecado, para regalarnos la salvación.

 Camino – Meditación

 

  • ¿Qué pasaje, frase, versículo o palabra… te toca especialmente el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cómo recibo yo los “mensajes” que Dios me envía cada día? ¿Estoy atento/a a su Palabra? ¿Cómo la acojo en mi corazón y en mi vida?
  • ¿Qué temores me embargan cuando Dios me pide alguna misión? ¿Sé acoger en mi vida los regalos que Dios me hace cada día? ¿O pido explicaciones?
  • ¿Acojo en mi la obra que el Espíritu Santo quiere realizar en mi vida?

Vida – Oración

  • Alaba a Dios Padre por todos los regalos y dones que cada día nos entrega.
  • Da gracias porque ha querido que Jesús y su Palabra estén presentes en tu vida.
  • Ofrece tu vida para que el Espíritu Santo te inunde con sus dones y encarnes a Jesús en tu vida.
  • Pide a Dios fortaleza para poder convertirte en su humilde siervo/a.

Testigo de la Luz – Lectio Divina III Domingo de Adviento (Jn 1,6-8.19-28)

Verdad – Lectura hombre+en+el+desierto[1]

Hoy III Domingo de Adviento la liturgia nos presenta un texto evangélico en dos partes: el primero, la constatación de que Juan, el Bautista no era la luz (6-8); el segundo, la misión de Juan (19-28).

Pero, antes de adentrarnos en el comentario de este evangelio, pongámoslo en contexto. El Evangelio de Juan fue escrito al final del siglo primero. En aquel tiempo, muchos judíos y también los cristianos habían tenido contacto con Juan el Bautista o, probablemente, habían sido bautizados por él. A simple vista el movimiento de Juan y el de Jesús eran bastantes similares. Ambos anunciaban la llegada inminente del Reino y ambos exigían la conversión de los pecadores. Por eso era importante aclarar las cosas.

En 6-8, el autor del cuarto evangelio quiere dejarnos claro que el Bautista no es la luz. Él únicamente es testigo de la luz. La luz verdadera es Jesús. Juan es el último de los profetas del Antiguo Testamento que abre paso al Nuevo Testamento, a la Buena Noticia.

El testimonio que Juan estaba dando era tan fuerte que algunos pensaban que él era el Cristo. Sin embargo, Juan es un enviado de Dios, que surge en un momento determinado de la historia con la misión de dar testimonio de la Luz. Él debe orientar a todos los hombres hacia la Luz.

Algo que el Bautista tiene claro, parece ser que no lo tenían claro sus contemporáneos. Los representantes de la institución judías se acercan a Juan para preguntarle: “¿Quién eres tú? (1,19). Parece que éste contaba con una gran fama, por lo que la pregunta es obvia. Su respuesta es clara: “soy la voz” (1,23). Una voz que únicamente prepara la venida de Jesucristo. Por lo que, abiertamente declara que no es el Mesías. Juan es quien prepara el tiempo nuevo de Jesús. Juan quiere dejar claro que él no es ni Elías, ni el Profeta. Los judío pensaban que para la inauguración de los tiempos mesiánicos, Elías debería regresar para restaurar la convivencia humana; el profeta estaba equiparado al Mesías. Estos títulos son rechazados por Juan.

El bautismo de Juan era precisamente signo de esa preparación. Él bautiza con agua, pero detrás viene quien bautiza con Espíritu Santo. Aquel proclama que con Jesús llegan los tiempos nuevos. Quien viene detrás, ya está aquí, entre nosotros, y en realidad se ha colocado delante.

Dicho bautismo representa el paso a través del agua, del mismo modo que en tiempos antiguos el pueblo pasó a través del Mar Rojo y del Jordán para alcanzar la tierra prometida. Este bautismo pretende inaugurar un tiempo nuevo. El tiempo nuevo de Jesús. Por eso, el bautismo de Juan no es definitivo. No basta con bautizarse con agua, el verdadero bautismo es el de Jesús, Salvador de la humanidad.

Él ya está presente y Juan no puede usurparle el puesto: “no soy quien para desatarle la correa de las sandalias” (1,27). Esta imagen hace alusión a una costumbre matrimonial judía, la ley del levirato (Dt 25,5-10).

Todo esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, es decir fuera del territorio de Israel. Lugar de encuentro de la nueva comunidad de Jesús, que rompe con todo lo que significan las instituciones judías.

Camino – Meditación

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • Nosotros, de alguna manera, somos Juan, el Bautista, ¿qué significa para mí ser testigo de la luz?

  • Antes de testimoniar a Aquel que es la Luz, debo acogerla en mí ¿qué estoy dispuesto a hacer durante este adviento para ello?

  • ¿De qué manera preparo yo la venida de Jesús? ¿Cómo me preparo durante este tiempo litúrgico para ser testigo de la Luz?

  • ¿Qué testimonio debo dar a los que me rodean para acercarles a la Luz verdadera que es Jesús?

Vida – Oración

  • Alabo a Dios por las gracias que continuamente derrama sobre mí y regalarme el don de la fe.

  • Le doy gracias por hacer posible mi encuentro Aquel que es la Luz verdadera y puede iluminar toda mi vida.

  • Le ofrezco mi vida para que me convierta en un testigo de Jesucristo, Luz del mundo.

  • Le pido que me ayude a ser testigo de la Luz entre todos aquellos que me rodean.