Lectio Divina VI Domingo de Pascua (Jn 15,9-17)

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VERDAD – LECTURA

Los versículos con los que hoy vamos a orar se encuentran dentro del contexto de la última cena. Concretamente, en el largo discurso que Jesús pronuncia después de haber lavado los pies a sus discípulos (Jn 13,1-15).
Lo mismo que el Padre ha demostrado su amor a Jesús desde toda la eternidad, Jesús demuestra su amor hacia los discípulos, y para ello les ha comunicado su Espíritu. Los discípulos ahora deben vivir en el ámbito de ese mismo amor. La misma relación que mantiene Jesús con el Padre es la que deben vivir los discípulos con Jesús. El criterio por el que se verifica esta comunión es el amor, que debe trascender el espacio individual, ha de mostrarse en la obras. El gozo de Jesús, fruto del amor entre el Padre y el Hijo, será experimentado por los discípulos en la medida en que ellos se encuentren unidos a Jesús.
Jesús les ofrece un nuevo mandamiento, el mandamiento del amor. Este mandamiento será el que identifique a los discípulos y es el fundamento de la misión a la que serán enviados. El culmen de este amor entre Jesús y sus discípulos, y entre ellos mismos, es ser capaz de dar la vida por los demás. La relación de amistad es aquella que no espera nada a cambio de lo que entrega. Muy distinta de la relación entre el amo y el esclavo. El esclavo realiza acciones a favor de su amo porque espera algo a cambio. Y la relación entre el amo y el esclavo es desde la superioridad. No existe una relación de igualdad y de reciprocidad. La relación que se establece entre Jesús y sus discípulos es una relación de amor. Una relación en la que no existen secretos. La relación que se establece entre Jesús y sus seguidores, ya no es siquiera la del Maestro con sus discípulos, es una relación de amistad.
Jesús eligió a sus discípulos, y ahora nos elige a nosotros, para ponernos en camino. Camino de amor y cuya expresión plena es dicho amor. Un camino que es de entrega a los demás que producirá muchos frutos. Esos frutos son los cambios sociales que los cristianos han de propiciar por eso es un fruto duradero, hasta que el Reino sea una realidad en nuestro mundo.
Concluye, Jesús este pasaje, enunciando nuevamente su mandamiento: que os améis los unos a los otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Soy consciente del amor que Jesús me profesa sin esperar nada a cambio? ¿Soy consciente de que es el mismo amor que el Padre tiene hacia Jesús?
• Permanecer en el amor de Cristo es amar a los hermanos como Jesús nos ama a nosotros; lo cual implica, si fuera necesario, dar la vida por los demás. ¿Qué implica para mí amar de esa manera?
• Jesús nos llama a cada uno de sus seguidores amigos. ¿Verdaderamente siento que soy amigo de Jesús? ¿Cultivo dicha amistad? ¿De qué manera?
• Jesús nos ha elegido a cada uno para una misión. Reflexiona acerca de esta elección y sobre la misión que Jesús te ha encomendado.

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por el amor incondicional que me tiene desde toda la eternidad. Por amarme tal y como soy.
• Doy gracias a Jesús por llamarme amigo y por lo que eso significa para mi vida.
• Ofrezco mi vida a Jesús para cumplir la misión para la que me tiene elegido, aunque ello implique el dar mi vida por los demás en mi día a día.
• Pido a Dios padre que envíe su espíritu Santo sobre mi para que descubra el verdadero significado del amor que Jesús me tiene y sepa transmitirlo a los demás.
• Asumo el compromiso de intentar amar al estilo de Jesús.

Lectio Divina del V Domingo de Pascua (Jn 15,1-8)

VERDAD – LECTURA vid_sarmientos

El V Domingo de Pascua, la liturgia nos ofrece para orar la parábola de la vid y los sarmientos.
En la tradición de Israel, la vid o la viña es el símbolo del Pueblo de Dios. Jesús viene a decir que el verdadero Pueblo de Dios es aquel que está unido a él. Y el Padre es quien ha plantado y cuida de la misma. La vid verdadera es Jesús y los sarmientos son todos aquellos que permanecen unidos a Él. En la medida en que los sarmientos estén unidos a él darán fruto, podrán llevar a cabo su misión, que no es otra que la extensión del Reino. Cuando el sarmiento se seca, el Padre lo corta porque no pertenece ya a la vid. Cuando cualquiera de nosotros nos separamos de Jesús, nos secamos y somos incapaces de dar fruto. No somos capaces de transmitir el amor de Dios.
Al haber respondido a la llamada de Jesús estamos limpios. Conforme vamos profundizando y acogiendo el mensaje de Jesús más nos purificamos. En la medida en que permanezcamos fieles a Jesús, el amor de Dios se nos manifestará y nosotros lo manifestaremos a los demás. Y aunque nosotros nos separemos de Dios, Él continuará siendo fiel, pero nosotros nos volveremos estériles.
Pocos versículos después, Jesús repite la afirmación del principio. Pero en esta ocasión refiriéndose a sí mismo y a los discípulos, no al Padre. Es Jesús quien transmite la vida a todos sus discípulos, pero para ello es indispensable permanecer unidos a Él y de esa manera daremos mucho fruto. Pero si no estamos unidos a él nos secaremos, es decir no tendremos vida.
La gloria del Padre se manifiesta precisamente en la extensión del Reino por parte de los discípulos, pero para ello es indispensable estar unidos íntimamente a Jesús, asumir sus actitudes vitales y llevarlas a la práctica.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Te sientes unido a Jesús? ¿De qué manera?
• ¿En qué ocasiones de mi vida cotidiana soy incapaz de dar fruto porque no estoy unido a Jesús?
• ¿De qué manera puedo incrementar mi unión con Jesús?
• ¿Cómo puedo extender el Reino entre todos aquellos que me rodean, que entran en contacto con nosotros?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser el viñador que cuida de todos nosotros.
• Da gracias a Jesús porque nos alimenta cada día con su savia.
• Ofrece tu vida para ser insertado como el sarmiento en la vid.
• Pide a Dios Padre que envíe su Espíritu sobre todos los llamados a extender su Reino en el mundo.
• Comprométete a acoger la vida que Jesús nos ofrece y a entregarla a los demás.

¿Una biblioteca antigua y de difícil manejo?

Biblia manoLa Biblia, ¿es un solo libro o varios? ¿Cuántos libros están contenidos en la Biblia? ¿En cuántas partes está dividida? ¿Cómo se maneja la Biblia? ¿Cómo puedo encontrar un pasaje?

Estas y otras muchas preguntas similares, seguramente nos las hemos hecho alguna vez, al acercarnos al texto de la Sagrada Escritura. Es posible que incluso nos hayamos alejado de su lectura por falta de información. En el siguiente post queremos responder a estas preguntas y algunas más. Puedes descargarte el PDF pinchado aquí: Una_biblioteca_antigua_y_de_dif_cil_manejo_

En nuestra sección Cursos Bíblicos puedes encontrar más artículos igual de interesantes que este y descargarlo para su estudio. Si quieres puedes escribirme con tus impresiones, dudas, sugerencias, comentando en el blog. Gracias por difundir junto a mí la Palabra de Dios.

Lectio Divina III domingo de Pascua (Lc 24,35-48)

VERDAD – MEDITACIÓN

El fragmento del evangelio, que hoy nos ocupa, comienza con el final del relato de los Discípulos de Emaús, en el que se nos cuenta lo que les había ocurrido por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Ellos tienen necesidad de compartir su experiencia de cómo habían reconocido a Jesús resucitado, precisamente durante una liturgia eucarística. El lugar en el que cada domingo, Jesús se hace presente a la comunidad cristiana en forma de pan y vino.
A continuación, Lucas nos narra el recuerdo de una de las diversas manifestaciones de Jesús, después de su resurrección. La estructura del relato es muy parecida a otros pasajes similares: aparición repentina de Jesús resucitado, los discípulos son incapaces de reconocerlo, la recriminación de Jesús, la alegría y el asombro al reconocerlo.
Los discípulos se encuentran reunidos, posiblemente comentado lo acontecido a los caminantes de Emaús, a las mujeres y a Pedro. Cuando Jesús se coloca en medio de ellos y los saluda el saludo de paz, según la costumbre judía, pero que para Lc tiene connotaciones mesiánicas. Y, además, es precisamente lo que Jesucristo viene a traernos: Paz.
A pesar de haber escuchado los relatos anteriores de las mujeres, de los dos discípulos de Emaús, de Pedro y del discípulo amado, ellos dudan, se sobresaltan, se sorprenden, dudan… creen ver un espíritu. Estamos ante una teofanía, ante una manifestación de Dios. Ya en el AT nos encontramos con que las manifestaciones de Yahveh producen esos síntomas: sorpresa y duda.
Para ayudarles a superar su turbación, les muestra las señales de la crucifixión… Soy yo… No es fruto de su imaginación. Es alguien real con carne y huesos, aunque glorificados.
No acaban de creérselo. Es imposible. La pregunta y la duda es lógica: ¿Cómo es posible que estemos viendo al mismo que murió en una cruz? Necesitan más pruebas.
Aunque, el autor del evangelio, trata de suavizar la situación sustituyendo la duda y el miedo por la alegría. Entonces, Jesús les pide algo de comer. Le ofrecen un pescado y comió delante de ellos. Lucas quiere reafirmar la realidad física del Resucitado. Es el mismo Jesús con el que habían convivido por los caminos polvorientos de Galilea, el mismo Jesús que había celebrado con ellos la última cena, el mismo Jesús que habían visto morir en una cruz. El mismo Jesús, sólo que glorificado por Dios Padre. El mismo Jesús resucitado.
Concluye el relato, haciéndoles comprender a los discípulos lo que de él estaba escrito en las Sagradas Escrituras. Era necesario llevarlas a su pleno cumplimiento. El Antiguo Testamento sólo es posible comprenderlo y asimilarlo a la luz de la vida y la obra de Jesús. El plan que Dios que Dios tenía desde toda la eternidad se ha cumplido en Jesús de Nazaret. Un plan de Dios cuya finalidad era la salvación de todos los hombres. Pero además, es la misión de los discípulos. Anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva para que al convertirse en personas nuevas obtengan el perdón de los pecados. Ellos ahora tiene que ser testigos de lo que han visto y oído. Tienen que ser testigos de su vida, de su pasión, de su muerte, pero sobre todo de su resurrección. A partir de ahora y hasta el fin de los tiempos tienen que ser testigos de Jesús. Nosotros, aquí y ahora, debemos ser testigos del amor de Dios. Del amor de Jesús. Testigos de que él vive entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Sé reconocer la presencia de Jesús cuando éste se manifiesta en mi vida?
• Cada domingo podemos ver y tocar a Jesús en la celebración de la eucaristía ¿Soy consciente de ello?
• Ante la manifestación real de Jesús, ¿Cuál es mi reacción? ¿Ocurre como con los discípulos, no acabo de creérmelo, por la duda, por el miedo, por la alegría?
• Jesús nos envía a todos los que creemos en Él a ser testigos de su vida, de su obra y de su resurrección ¿Me siento verdaderamente enviado? ¿Estoy dispuesto a asumir la misión que Jesús nos ha encomendado?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por el gran amor que me tiene y por el regalo de manifestación de Jesús en mi vida
• Doy gracias a Jesús por ayudarme e iluminarme en mis dudas, mis miedos y mis dificultades.
• Le ofrezco mi vida para ser testigo de la vida, la obra y la resurrección de Jesús.
• Le pido que me ayude a llevar a cabo la misión de ser testigo de la obra, la vida y la resurrección de Jesús.
• Asumo el compromiso de ser testigo de Jesús Resucitado.

Lectio Divina II Domingo de Pascua (Jn 20,19-31)

VERDAD – LECTURA

 

Oramos hoy con un fragmento del llamado “libro de la resurrección”, en el cual se van narrando los sucesos ocurridos después de la resurrección de Jesús y las diversas manifestaciones de éste resucitado. Los acontecimientos narrados en la primera parte del texto cronológicamente se cuentan en la secuencia temporal del primer día de la semana, es decir, en el día después del sábado o en el domingo, el día del Señor. La segunda parte del relato está situada ocho días después. Nos encontraremos con dos manifestaciones de Jesús, primero a los discípulos reunidos, luego a Tomas, y además está el envío de sus discípulos a la misión. Vayamos por partes.

Podríamos dividir el texto en tres partes diferentes: La primera, Jesús se hace presente a sus discípulos y los envía a la misión (Jn 20,19-23); a continuación, se manifiesta a Tomás que no estaba presente en el momento anterior (20,24-29); por último, un epílogo acerca la vida de Jesús (20,30s).

El primer día de la semana, ya anochecido, estando las puertas atrancadas, por miedo, Jesús se hace presente entre sus discípulos. La situación que se nos muestra, no deja de ser dramática. El día primero, el día del Señor, el día más importante para la tradición cristiana; los discípulos, no se refiere únicamente a los doce sino a todos aquellos que siguen a Jesús, se encuentran con las puertas cerradas, atrapados por el miedo. Un miedo que les paraliza, le amedrenta, les intimida. Aún no han tenido la experiencia de Jesús resucitado. Jesús está vivo, pero ellos no han experimentado esta nueva vida de Jesús. La institución judía les está persiguiendo, les busca porque son seguidores de un hombre que se ha autoproclamado Mesías.
En este momento se manifiesta Jesús, tal y como lo había prometido (Jn 16,18ss), en medio de sus discípulos, en medio de la comunidad cristiana. El miedo le atenazaba, y ante este miedo Jesús les trae la paz. Les muestra las manos y el costado. Les muestra que aquel que había muerto en la cruz, ahora está vivo. Ante una situación de muerte, Jesús, les comunica la vida. Jesús ha vencido a la muerte. Aunque las señales de la crucifixión, que son signos del amor de Dios, permanecen. Él ha vencido a la muerte. La victoria es de la vida.
Nuevamente, les repite el saludo de paz, como queriendo hacerles ver a sus discípulos que la paz permanecerá con ellos. Y con esa paz, les envía a la misión. A partir de este momento, ellos deben dar testimonio de lo que han visto y oído, también de la resurrección. Desde ahora ellos deben realizar las mismas obras que ha realizado Jesús y se producirán los mismos frutos que se produjeron cuando era Jesús quien actuaba. Además no estarán solos. Sopló sobre ellos y les dijo: “recibid el Espíritu Santo” (20,22). El Espíritu les capacita para llevar a cabo la misión. Son enviados a dejar libre a los demás del pecado, a dejar libre a toda persona de aquello que les impide la realización plena, a liberarlos de las injusticias que rodean a todo ser humano. Habrá quienes rechacen esta liberación, los que la acepten quedarán agregados a la nueva comunidad de Jesús, los que rechacen esta liberación quedarán fuera de ella. Cada uno de nosotros somos libres para aceptar o rechazar el amor de Dios. Por eso, la Iglesia tiene la potestad de poder liberar o atar. Si no queremos aceptar el amor de Dios dentro de la comunidad que él ha instituido, ha formado y ha instruido, ¿cómo queremos recibir la libertad de los hijos de Dios? ¿cómo queremos recibir la liberación que nos trae la Iglesia por medio de sus sacramentos? La comunidad cristiana, con Jesús en medio de ella, es quien tiene el poder de liberar.

En un segundo momento, nos encontramos con que Tomás no estaba presente, no se encontraba en la comunidad, cuando Jesús se manifestó. Tomás es uno de los Doce, pero por la circunstancia que fuera, se había alejado de la comunidad. Para Tomás todo había concluido en la cruz. No se ha encontrado con Jesús después de la resurrección. No ha recibido el Espíritu Santo, ni ha recibido, tampoco, la misión. Continúa viviendo en una cultura de muerte y un contexto pasado, continúa viviendo en el antiguo judaísmo. Los discípulos, con gran alegría, le comunican la experiencia que han tenido de Jesús resucitado. Pero, Tomás no acepta el testimonio de la comunidad, de sus propios hermanos, de aquellos que junto a él han vivido con el Maestro. Sin embargo, no se queda en esto. No sólo duda, sino que además pide una señal extraordinaria y personal.
Ahora, Tomás se encuentra en la comunidad y, nuevamente, Jesús se hace presente en medio de ella. Les vuelve a saludar con el saludo de paz. Tomando la iniciativa, Jesús en un acto de amor total, le muestra las señales de la pasión y le permite, incluso tocarle. La reacción de Tomás no se hace esperar y es tan radical como su incredulidad: “Señor mío y Dios mío” (20,28). Tomás acoge el amor de Jesús y le da su total adhesión. Pero, dichosos serán los que crean sin haber tenido la experiencia de la manifestación gloriosa de Jesús.

El texto concluye dirigiéndose a los lectores del mismo. Muchas otras acciones llevó a cabo Jesús, otras muchas señales, realizó Jesús y no están escritas en el texto evangélico. Lo experimentado por los discípulos, lo vivido junto a Jesús, la experiencia, al lado del Maestro, es mucho más amplia que lo relatado en el evangelio. Lo que el autor ha escrito es para fomentar la fe en Jesús que es el Mesías, para que se adhiera a la comunidad cristiana, comience a vivir las actitudes vitales de Jesús y tenga vida. Creyendo en Jesús poseeremos la vida eterna.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Qué significado tiene para ti la resurrección de Jesús? ¿Qué importancia tiene en tu vida?
• Tú también has recibido el Espíritu Santo y has sido enviado a la misión ¿eres consciente de ello? ¿cómo la está llevando a cabo?
• ¿Es posible que existan cristianos que no creen en la resurrección de Jesús? ¿El cristiano puede vivir como tal simplemente asumiendo la enseñanza de Jesús y dando testimonio de su vida terrena?
• Creer en Jesús y en su Resurrección, haber recibido el Espíritu Santo, asumir la misión que él nos ha encomendado, no nos libra de la duda, ¿cuáles son mis dudas de fe, mis dudas acerca de Jesús, mis dudas acerca de la Iglesia? ¿Cómo las afronto? ¿Trato de resolverlas? ¿De qué modo?
• ¿Cómo acojo el testimonio de la Escritura? ¿Me acerco con frecuencia a escuchar la Palabra? ¿Intento hacerla vida y transmitirla a otros?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por el gran amor que me tiene y por el regalo de la resurrección de Jesús.
• Doy gracias a Jesús por enviarme a la misión, acoger mis dudas y mostrarme el camino de la vida y de la libertad.
• Le ofrezco mi vida para ser testigo del evangelio de la vida.
• Le pido ser consciente de la comunicación del Espíritu Santo que me es quien me capacita para llevar a cabo la misión de anunciar el evangelio.
• Me recreo por unos instantes y voy recordando, no sólo con la mente, sino también con el corazón, aquellos momentos en los que Jesús, de alguna manera, se ha manifestado en mi vida. Doy gracias por ello.
• Me comprometo a ser testigo de la Resurrección de Jesús y del evangelio de la vida.

Lectio Divina del Domingo de Ramos (Mc 14,1 – 15,47)

VERDAD – LECTURA

 

Comenzamos hoy, Domingo de Ramos, la Semana Santa, la semana más importante del año para cualquier cristiano. Por primero que se preguntó la comunidad cristiana, lo primero que recordó, lo primero que predicó fue precisamente la pasión, muerte y resurrección. Fue el primer kerigma (anuncio) de aquellos que conocieron, vivieron y experimentaron los que estuvieron cercanos a Jesús de Nazaret.
Nos encontramos con un largo relato en el que se nos cuentan los hechos ocurridos los últimos días de vida de Jesús. Faltaban dos días para la celebración de la Pascua. Es el momento del paso de Dios por la vida del Pueblo en un momento concreto de la historia, la liberación de la esclavitud de Egipto. Pero no sólo. Yahveh ha dado suficientes muestras de caminar junto a su pueblo. La Pascua es la celebración de Dios que salva. Lo mismo ocurre con la fiesta de los ázimos. Durante esos días los sumos sacerdotes y los maestros de la ley andan buscando la forma de poder acusar a Jesús, aunque sea utilizando el artificio del engaño. Su objetivo último era “quitarlo de en medio” (Mc 14,1). Todo esto hemos de ponerlo en conexión para darnos cuenta del verdadero significado del relato que nos ocupa. Se nos está anunciando la salvación de Dios por medio de Cristo, Yahveh sigue actuando en la historia del Pueblo de Israel y en la historia de la humanidad con su infinita misericordia para salvarnos a todos.
Después de la pequeña introducción, comentada más arriba, Mc nos narra el episodio de la unción en Betania. Nos encontramos en el contexto de una cena entre amigos, en ella una mujer irrumpe en el lugar en el que se encuentran los comensales, rompe el frasco de perfume y lo derrama sobre la cabeza de Jesús. Un auténtico derroche, si consideramos lo que podría valer, según nos dice el texto, más de trescientos denarios (14,5). sin embargo, no lo es. Ha llegado el momento de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, ha llegado el momento en el que el Maestro no se encontrará ya físicamente entre nosotros, ha llegado el momento en el que tendrán que llevar perfumes para su sepultura. Anticipándose a todo esto, Jesús ve en este gesto un gesto de generosidad, es un gesto de amor. Esta mujer, también, se ha anticipado al momento de ungir a Jesús después de su muerte, porque cuando las mujeres vayan a hacerlo, él habrá resucitado.
Judás Iscariote, por su parte, va a prepararlo todo para entregar Jesús a los sumos sacerdotes.
Y el primer día de los ácimos, cuando el cordero pascual era inmolado (14,12) van a preparar la Cena Pascual. Estando a la mesa con ellos, descubre a sus discípulos, cómo uno de ellos le va ha entregar. La reacción no se hace esperar, se entristecen: ¿seré yo, Maestro? (cf. 14,19). Jesús no responde directamente, no acusa directamente al traidor. Pero es uno de los que estaban en comunión con él, uno que comía en su misma mesa y de su mismo plato. ¿Existe mayor intimidad? Todo lo que va a suceder es el cumplimiento de las antiguas profecías.
En el transcurso de aquella cena, Jesús toma el pan, lo bendice, lo parte, y se lo da a sus discípulos: “Tomad, esto es mi cuerpo”. Y a continuación, tomo el cáliz, dio gracias, se lo paso a ellos y bebieron todos. Nos está regalando la eucaristía. El regalo más importante y costoso de toda la historia. El recuerdo de su pasión, muerte y resurrección.
Ha de prepararse para afrontar lo que se le viene encima. Juntos van al Huerto de los Olivos. Pero no será el final, al tercer día resucitará. La vida vence al muerte. La situación en el Huerto es bastante desconcertante para Jesús. Los discípulos no son capaces de acompañarle en la oración. Y, más tarde, huyen despavoridos, muertos de miedo, ante el prendimiento del Maestro. No sin engaño. Engaño del beso de Judás, engaño de la sentencia, engaño de las circunstancias y de los hechos.
El poder religioso dispuesto, por todos los medio, ha acabar con Jesús, sencillamente por la doctrina que predicaban. ¿Es posible condenar a un hombre por las ideas que tiene, que expresa y que defiende? Claro que sí, el caso de Jesús no fue, ni será el único. Pero Jesús no vive estos acontecimientos de forma trágica, está cumpliendo la voluntad del Padre, se encuentra en comunión con él, en aquellos trágicos momentos el mundo está siendo salvado.
Todo el proceso a Jesús está basado en el engaño. Los testigos comenten perjurio, sus testimonios no coinciden, las pruebas no son concluyentes. Jesús guarda silencio. Únicamente responde para decir. “Yo soy”, el nombre que Yahveh reveló a Moisés. Ha blasfemado, ha atentado contra el segundo mandamiento de la Ley de Dios. Ha tomado el nombre de Dios en vano. Además es una persona molesta que va enseñando al pueblo una extraña doctrina en la que el mandamiento principal es el amor. Amar a Dios sobre todas las cosas y amar a las demás personas sin acepción de raza, lengua, color, estatus social o nacionalidad.
En el transcurso, Pedro se encuentra en el patio de la casa del sumo sacerdote. Es reconocido por una de las criadas, y quieren relacionarlo con el acusado. Aquel niega tener ningún tipo de relación con él. Tiene miedo. No le conoce, nunca le ha visto, en ningún momento ha tenido nada que ver con él. Al caer en la cuenta de su forma de actuar, rompe a llorar.
Los miembros del Sanedrín, consejo de ancianos judío, como no podían aplicar la pena de muerte, lo remiten a Pilatos. Este sí que puede condenarlo a muerte y a una muerte incruenta. Pero, nuevamente es necesario el engaño. El acusado, Jesús de Nazaret, es enemigo del Cesar; se ha autoproclamado rey de los judíos. Es inaudito, el único gobernante legítimo de Israel, en aquel momento, es el Cesar. Las mismas autoridades judías se someten, se inclinan, se agachan ante el poder del Imperio Romano. Son capaces de renunciar a sus raíces, a su ser Pueblo Elegido, a la Alianza establecida con Yahveh, con tal de ver muerto a Jesús de Nazaret.
Pilatos dicta sentencia, asumiendo el engaño y temeroso de que los judíos le denuncien ante el Cesar por dejar que una persona se autoproclamarme rey de Israel. Jesús es encontrado culpable de sedición, de rebeldía, de sublevarse contra el máximo dignatario del Imperio. Este delito es castigado con la muerte: Jesús, Nazareno, rey de los judío.
Jesús dando tumbos, cayéndose, débil, sin fuerzas es llevado al Gólgota donde será crucificado. Lo insultan, se mofan, se ríen de él, de su sufrimiento… Jesús lo sume todo con valentía y gallardía. Con una valentía y una gallardía llevada hasta el extremo. Posiblemente, ninguno de nosotros podría haber afrontado dicho sufrimiento de la manera que lo hizo Jesús. Pero, tenía claro su objetivo, tenía clara su misión: cumplir la voluntad del Padre y librar a la humanidad de todas sus deficiencias, de todos sus fallos, de todas sus angustias, imperfecciones e incapacidades. Y vencerá, vencerá el bien sobre el mal. Vencerá todas las tribulaciones, las catástrofes, los sufrimientos de la humanidad. Vencerá incluso a la muerte.
Ante todos aquellos acontecimientos, ante aquella horrible injusticia, ante aquella horrorosa visión, un pagano, un centurión romano afirma: “verdaderamente era Hijo de Dios” (15,39).
Ahora solo nos queda el silencio y la espera. No todo ha concluido. No todo está acabado. No todo ha sucumbido. Al tercer día, el Padre, por la fuerza del Espíritu Santo, resucitará a Jesús. Aquel que es la Vida, volverá a la vida y reinará entre nosotros para siempre y su Reino no tendrá fin.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Cómo me estoy disponiendo para acoger, vivir y experimentar los acontecimientos que vamos a recordar durante la Semana Santa?
• ¿Soy capaz de derrochar lo que haga falta por Jesús?
• Hay una constante en el relato, sobre todo en el juicio a Jesús: el engaño. ¿Qué significado puede tener esto para mí? ¿me perturba? ¿lo aparto de mi vida? ¿lo rechazo como actitud que lleva a realizar el mal?
• Cada día yo puedo entrar en comunión con Jesús, en intimidad con él, en la celebración de la Eucaristía ¿Cómo vivo este momento? ¿Soy consciente de la importancia de este hecho?
• Ante la contemplación del acontecimiento de la muerte de Jesús en la cruz, ¿Qué sentimientos afloran dentro de mí? ¿Qué actitud tomo? ¿Qué compromisos debo asumir?
• Ante la desilusión, la desesperación, lo incomprensible que puede resultar el misterio de la cruz, ¿mantengo la esperanza en la resurrección? ¿tengo fe en ella? ¿vivo mi existencia en clave de resurrección y vida?

VIDA – ORACIÓN

Hoy te invito a que simplemente, de manera relajada y consciente, medites, contemples y recuerdes (pases por el corazón) el acontecimiento narrado por Marcos en su evangelio.

Escuchad la Palabra – Lectio Divina del domingo II de Cuaresma (Mc 9,2-10)

VERDAD – LECTURA transfiguracion-icono-21

En este segundo domingo de Cuaresma, la liturgia nos invita a contemplar la experiencia que tienen algunos de los discípulos de Jesús, concretamente Pedro, Santiago y Juan, en el acontecimiento de la Transfiguración. Vamos a intentar comprender mejor este hecho.
Seis días después. Esta expresión, sin duda, hay que entenderla en sentido cronológico, pero desde la perspectiva de la Pascua. Macos relee este suceso a la luz de la resurrección. Seis después de la entrada triunfal en Jerusalén, consumada la pasión y muerte de Jesús, tiene lugar la Resurrección. Desde aquí hemos de leer este relato, pues no deja de ser un anticipo de la consumación de la gloria de Jesús.
En aquel momento, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Hemos de tener en cuenta que estos discípulos son, de alguna manera, los que abiertamente no han comprendido el significado de la pasión y muerte de Jesús. En el capítulo anterior, hemos podido comprobar como Pedro se ha enfrentado con Jesús, queriéndole disuadir del cumplimiento de su misión (8,33); en el capítulo posterior, veremos como Santiago y Juan pedirán a Jesús el puesto a su derecha y el puesto a su izquierda, es decir, los lugares de máximo honor y poder (10,35-40). Tampoco ellos comprenden verdaderamente el significado de la pasión y muerte de Jesús.
Los lleva a un monte alto. El monte es el lugar de encuentro con la divinidad, recordemos el encuentro de Moisés con Yahveh (Éx 24,15-16) o el de Elías en la misma montaña (1Re 19,8-9). En la montaña Dios entra en relación con el hombre.
En aquel monte alto, Jesús se transfigura delante de ellos. El evangelista nos está mostrando el aspecto glorioso que adquiere la persona de Jesús. El cual, les acaba de presentar el hecho ineludible de la cruz. Sus vestiduras se volvieron de un blanco resplandeciente. Tan blanco que ningún tintorero del mundo sería capaz de blanquear. Con lo cual, Marcos nos está indicando un resplandor indescriptible, un color que apunta hacia las realidades celestiales, hacia la luz de Dios.
Se aparecen Elías y Moisés y comienzan a hablar con Jesús, los dos entran en diálogo con él, el cual hace las veces de Yahveh. El primero representa a la profecía, es quien debía de aparecer en el tiempo escatológico para anunciar la llegada inminente del Mesías. El segundo representa a la Ley, es a quien Yahveh le entregó las Tablas de la Ley. Los Profetas y la Ley dan testimonio de Jesús. Ambos encuentran su cumplimiento y su plenitud en Cristo.
Los discípulos presentes en el lugar no saben cómo reaccionar, estaban atemorizados, de alguna forma lo antiguo está dando testimonio de lo nuevo y ceden, de alguna manera, su “puesto” a Jesús. Aunque, eso sí, allí se debía estar bien, de tal manera que Pedro, quiere parar el tiempo, quiere permanecer en un lugar que no le traiga problemas, no quiere que aquel instante de gloria concluya.
De repente, se ven envueltos en una nube (Éx 24,16). Se hace presente la persona del Espíritu Santo y se oye la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado”. El Padre se complace en Jesús, el Padre afirma la filiación de Jesús, lo presenta como su Hijo único. El término amado acentúa más si cabe la relación afectuosa, amorosa, filial de Jesús con el Padre.
Por último, la voz del Padre les impone escuchar a Jesús. El cual, es el único interprete del Padre, el único que nos puede presentar el verdadero rostro de Padre, nuestro único Maestro. Jesús es la voz del Padre.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cómo vivo yo mi séptimo día, momento de la manifestación de la gloria de Jesús, sobre todo en este tiempo de Cuaresma que es preparación para el gran acontecimiento pascual?
  • Imagínate, que Jesús te toma consigo, te lleva a un monte alto y te muestra de alguna manera su gloria… ¿Qué sientes en este momento? ¿Cuál es tu diálogo con Jesús? ¿Qué conclusión sacas de ello?
  • ¿Qué significado puede tener para ti la presencia de Elías y Moisés? ¿Cuáles son tus profetas y tus leyes, que debe acercar a Jesús para que Él les de su pleno cumplimiento, les de su plenitud? ¿Qué debes ir cambiando en tu vida en este tiempo de Cuaresma?
  • ¿Cómo reaccionas ante el imperativo del Padre de escuchar a Jesús? ¿Verdaderamente, te acercas a la Palabra con actitud de escucha?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por el misterio de la Santísima Trinidad y por hacerte experimentar su grandeza y plenitud y a la vez su cercanía.
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en tu vida y mostrarse como la presencia amorosa del Padre.
  • Pide la luz y la sabiduría del Espíritu Santo para poder escuchar la Palabra de Jesús, comprenderla y llevarla a la práctica en tu vida cotidiana.
  • Tómate como compromiso de esta Cuaresma de esforzarte por acercarte a la Palabra con actitud de escucha y acogida.

Lectio Divina del IV domingo del T.O. (Mc 1,21-28)

VERDAD – LECTURA

Este domingo, la liturgia nos ofrece orar con al primera actuación milagrosa de Jesús en el evangelio de Marcos, en la que, aquel es el principal protagonista, pues aunque le acompañan los discípulos, estos permanecen como meros espectadores.

Geográficamente, nos situamos en Cafarnaum, la ciudad más importante de Galilea; era la ciudad natal de Pedro, además de haberse convertido en lo que podríamos llamar el “centro de operaciones” de Jesús y sus discípulos. Allí se dirigieron. A partir de este momento, los discípulos se convertirán en espectadores y Jesús será el auténtico protagonista de la escena, tal como comentábamos más arriba. Es él, quien entra en la sinagoga, el lugar en el que se exponía la Palabra y se daba a conocer la Ley. Todo judío piadoso, en ese día se acercaba a la sinagoga para escuchar sobre todo la Torá (el Pentateuco) o los profetas y orar. En un determinado momento, un maestro de la ley explicaba y actualizaba el mensaje de aquel pasaje. Existía la costumbre de invitar a realizar esa explicación a alguien que estuviera de paso y fuese considerado capaz de hacerlo. Posiblemente, en ese día es invitado Jesús.

Nadie se ha percatado. Pero, en la sinagoga, se encuentra un hombre que está poseído por un espíritu impuro. Si prestamos atención a la narración, dicho espíritu habla primeramente en plural y posteriormente en singular. Ese plural hace referencia a los que están allí presentes en la sinagoga por lo que es como decir, que la misma sinagoga era la que estaba poseída por dicho espíritu impuro. Por tanto, la acción de Jesús se va a encaminar a purificar la sinagoga en primer lugar. Las enseñanzas promovidas por los maestros de la ley y los escribas en muchas ocasiones eclipsaban la frescura del texto bíblico y había llegado incluso a tergiversar el verdadero significado del mismo. Los maestro de la ley y los escribas eran los encargados de hacer entender al pueblo el verdadero significado de la Escritura, mensaje que había llegado a corromper. Jesús no ha venido a transformar o cambiar dicho mensaje, pero sí a darle su pleno cumplimiento y significado.

Expresada esta premisa, con respecto al diálogo en plural y teniéndola en cuenta, nos vamos a detener, en el diálogo entre el endemoniado y Jesús. Al llamarlo Nazareno, lo identifica con el Mesías, y por tanto con el cumplimiento de la expectación que el pueblo judío tenía con respecto a él, que no era otra sino la de la persona poderosa que sometería a todos las naciones a Israel. Una visión totalmente mundana y equivocada de la verdadera misión de Jesús. Relacionar al Mesías con la pasión y muerte en cruz era totalmente incompatible con dicha visión.

No sabemos qué predica Jesús. El autor del evangelio únicamente nos dice que la gente queda estupefacta, asombrada, impresionada. Pero en ningún momento se nos comunica que aquellos que se encontraban en la sinagoga se convirtieran. Es más, el propio endemoniado interroga a Jesús con una pregunta, por lo menos sorprendente: “¿Has venido a destruirnos?” . Jesús no contesta. Jesús se muestra como Señor, en sentido pascual (cf. Flp 2,6-11), por su enseñanza, por el miedo que infunde en el espíritu impuro y por la autoridad con la que habla: “Cállate y sal de él”. El verbo callar es utilizado en en la Biblia Griega cuando Yahveh habla y vence, por ejemplo, la furia del mar (2Sam 22,14) o cuando hace callar a los soberbios (Sal 119,21) o cuando increpa al propio Satanás (Zac 3,2). Al igual que Yahveh, Jesús, que es Dios, que es el Mesías esperado, no necesita recurrir a exorcismos complicados, es suficiente su palabra y el demonio escapa inmediatamente.

El Reino se ha hecho presente en la sinagoga, el Reino se ha hecho presente en el Pueblo de Israel con la venida de Jesús de Nazaret. Sin embargo, esto no es percibido por los presentes, todo se queda en el asombro y en el temor ante la acción y las palabras pronunciadas por Jesús con autoridad. Aunque aquellos no se convirtieran, la fama de Jesús se extendió por la región entera de Galilea.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

  • Jesús se hace presente en mi vida y también realiza acciones extraordinarias. ¿Cómo reacciono yo ante estos hechos? ¿con asombro y admiración como los presentes en la sinagoga o, por el contrario, estoy dispuesto a adherirme a la propuesta del Reino y convertirme?

  • ¿Soy capaz de reconocer a Jesús cuando se hace presente en mi vida? ¿Estoy atento a su Palabra? ¿Estoy dispuesto a reconocerle como Mesías, como “el Señor de mi vida?

  • Yo, en cierto modo, también me encuentro impuro ¿estoy dispuesto/a a dejarme purificar por Jesús?

  • Su fama se extendió por toda la región de Galilea. ¿Qué he de hacer yo para que la la persona de Jesús sea conocida al menos entre aquellos que me rodean?

 

VIDA – ORACIÓN

Enséñame tu camino, Señor,

y andaré en tu luz,

dame un corazón entregado a ti para honrarte, oh Dios.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

Enséñame tu camino, Señor,

y andaré en tu luz,

dame un corazón entregado a ti para honrarte, oh Dios.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

Es tu amor el que yo deseo en mi vida Señor Jesús.

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir, mi Dios,

Purifícame, límpiame, Señor,

y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

(Autor: Marcos Witt)

Lectio Divina del III Domingo del Tiempo Ordinario (Mc 1,14-20)

VERDAD – LECTURA

Nos encontramos al inicio de la misión de Jesús. La cual comienza a desarrollarse en Galilea. La mayoría de los habitantes de esta región son paganos, de formación helenística y una minoría campesina de origen judío y que hablaba arameo. Esta será la situación geográfica en la que se circunscriba la acción predicadora de Jesús.
Temporalmente, nos situamos después de que Juan el Bautista sea arrestado. Y entonces comienza a predicar la Buena Nueva, la Buena Noticia de Dios.
El tiempo ha llegado. El tiempo de la plenitud se ha hecho presente. ¿En quién? En Jesús. En él están integradas todas las promesas y las profecías, con él todas ellas se han cumplido. La historia ha llegado a su cenit. El momento de la salvación está ya presente. El Reino de Dios ya está aquí. ¿El Reino de Dios? Sí. Un Reino que no es de este mundo y que debemos acoger abriéndonos totalmente a Dios. Dios ya está presente en este mundo y podemos vivirlo en la medida en que nos vayamos dejando hacer por el Espíritu para conformarnos a Jesús. Es decir, para que tengamos los mismos pensamientos de Jesús, actuemos como actúo Jesús y amemos como amaba Jesús. Allí donde se encuentren personas dispuestas a dejarse transformar por la acción del Espíritu en otros Cristos, allí está presente el Reino de los Cielos que comenzó con la predicación de Jesús en Galilea. El Reino de Dios es un acontecimiento de Salvación.
Ahora bien, para que podamos acoger y vivir el Reino de Dios, y para podernos dejar configurar en Cristo, es necesario que nos convirtamos, es necesario que cambiemos nuestro punto de vista, nuestra mentalidad, nuestro modo de ver y de vivir. Es necesario que nos preguntemos, ¿qué debo cambiar en mi vida para poder acoger y vivir el Reino de Dios? Hemos de volvernos hacia Dios con todo nuestro ser, con toda nuestra existencia, a partir de ahora él debe ser quien oriente nuestra vida.
Pero además, hemos de creer en el Evangelio. Que es el mismo Jesús, que es Dios mismo. Es revelación del Padre, que nos ama incondicionalmente y sin esperar nada a cambio. Es Jesús quien nos nos conduce hacia el Padre.
Este mandato que Jesús dirige a todos, se hace más explícito en la llamada a los primeros discípulos. Dicha llamada, tiene lugar en el Mar de Galilea. Allí se encuentra con dos pescadores que están lanzando las redes al mar. Se dirige a ellos y les ordena: “¡Venid conmigo!”. La iniciativa parte de Jesús, al contrario de lo que ocurre con el resto de los maestro que son elegidos por sus discípulos. A partir de ese momento los discípulos comenzarán a ir detrás del maestro y comenzarán a aprender de Jesús sobre todo con su forma de vivir, no sólo con su enseñanza. El Maestro será quien marque el itinerario a seguir, el ritmo, la meta.
El objetivo que Jesús tiene con sus discípulos es hacerlos pescadores de hombres. Continuarán con su profesión, con lo que saben hacer; sin embargo, los destinatarios de su pesca serán otro tipo de peces, serán otros seres humanos. Le llama a ser salvadores, por medio de Él, de todas aquellas personas que escuchen y acojan el mensaje del evangelio.
Aquellos primeros discípulos aceptan de inmediato. Al instante abandonan su vida anterior y se disponen a seguir al Maestro. La ruptura con su pasado es radical, no se llevan nada, van con lo puesto, ni siquiera se paran a despedirse de su familia. Desde este momento, ya no se separarán de Jesús, estarán siempre con él.
Comienza el camino de seguimiento y aprendizaje de los discípulos. Comienzan a vivir una nueva vida y un nuevo estilo de vivir, cuyo mandamiento principal es el amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
El Reino de Dios continúa estando presente en nuestro mundo y en nuestras vida, ¿estoy dispuesto/a a acogerlo? ¿de qué manera lo acojo?
¿Qué significa para mí convertirse? ¿Qué debo cambiar en mi vida para conseguirlo?
Hoy, Jesús sigue llamando. ¿Estoy atento/a a su llamada? ¿Estoy dispuesto/a a aceptarla?
Jesús llama a sus discípulos en Galilea. ¿Dónde he recibido yo mi llamada? ¿Dónde la sigo recibiendo cada día?
Ellos, inmediatamente, lo dejaron todo y le siguieron. ¿Qué debo dejar yo para seguirle por el camino? ¿Cómo puedo yo contribuir a mi configuración diaria con Cristo?

VIDA – ORACIÓN

Alabo a Dios por el don de la Encarnación de Jesús.
Doy gracias a Jesús por haberme llamado a su seguimiento y a hacerme pescador de hombres.
Le ofrezco mi vida para que el Espíritu Santo pueda transformarla y configurarla con la de Cristo.
Le pido fuerzas para seguir a Jesús, cada día, por el camino del discipulado y convertirme en pescador de hombres.

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2015

Queridos seguidores de nuestro Blog:SemanaOracionUnidad

Aunque sé que os es posible encontrarlos en otros lugares de la red, os dejo los enlaces correspondientes a los materiales que ha la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales para la celebración del Octavario de oración por la unidad de los cristianos. Todos ellos están en PDF para que podáis descargarlos con facilidad. Espero que os puedan ser de utilidad. Y ya sabéis podéis compartirlos con todo aquel que pueda necesitarlos. Muchas gracias.

Cartel de la Semana de oración por la unidad de los cristianos

Materiales para la celebración de la Semana de oración por la unidad de los cristianos

Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales