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Te invitamos a las Jornadas Bíblicas “El Pueblo de Dios camina en la historia”. Se celebrarán el próximo fin de semana (5-7 de febrero) La Parroquia de San Antonio del Retiro en Madrid. En ellas se desarrollarán diversas actividades, todas ellas son de entrada libre y gratuita. ¡Ven a compartir con nosotros la Palabra! En la imagen adjunta tienes todo el programa. ¡Te esperamos!

Jornadas Bíblicas Madrid 2016

Jornadas Bíblicas en Madrid

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir e la sinagoga: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: “¿No es este el hijo de José?”. Y Jesús les dijo: “Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún”. Y añadió: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio”. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
El texto que nos ofrece hoy la liturgia es continuación del pasaje evangélico del domingo pasado. En él hemos dejado a Jesús en la Sinagoga, después de anunciar un año de gracia del Señor.

Al concluir la lectura del Profeta Isaías, se sentó, devolvió el rollo al encargado de la sinagoga y se sentó para comentar la lectura. Es aquí donde arranca el relato con el que hoy oramos: “Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír”. ¿De qué manera pronunciaría Jesús estas palabras? El evangelista nos dice que todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. ¿Cómo era posible, que el hijo de José hablara así? ¿Cómo es posible que alguien tan humilde, que conocemos de toda la vida, al que hemos visto crecer… hable de esa forma?
Sus paisanos comienzan a dudar. Ante aquello, Jesús sale al paso, citando un refrán, posiblemente conocido por todos ellos: “Médico cúrate a ti mismo”. A lo cual añade otro acerca del profetismo que no es acogido en su propia tierra, comentándolo y fundamentándolo con dos pasajes de los libros de los Reyes comparando Israel con otros pueblos; la historia del Profeta Elías (1Re 17-18) y la historia del Profeta Eliseo (2Re 5,1-14).
En la primera de estas historias se sitúa en el reinado del rey Ajab, el cual no era del agrado de Yahveh, durante su reinado hubo tres años de sequía y el pueblo de Israel sufrió hambre. Todo ello debido a la infidelidad del pueblo y al rechazo del Profeta. Esa era la causa por la que el Profeta no es enviado a ninguna persona de Israel, sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sión.
La segunda de estas historias narra el acontecimiento de la curación de Naamán, el sirio de su lepra. El cual cumplió lo que el Profeta Eliseo le ordenaba.
Jesús le estaba diciendo, en su propia cara, que allí no podrá realizar ningún milagro, debido precisamente a la dureza de sus corazones, a su falta de fe, a su predisposición a no cumplir con la voluntad de Dios, a su incapacidad voluntaria para cambiar… En lugar de abrir sus mentes y sus corazones ante ese mensaje de gracia de Jesús, lo que hacen es permanecer en sus prejuicios, convencionalismos y cerrazón. No tenían intención de cambiar. Por lo cual, el rechazo a todo aquello que estaba diciendo Jesús era lógico. Para evitar el cambio, era mejor considerar a Jesús un falso profeta. No puede estar diciendo la verdad. Es mejor, incluso, matarlo. Pero, la hora de Jesús aún no había llegado.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Jesús es rechazado por el mensaje que ha proclamado en el evangelio del domingo pasado. Sus paisanos, a pesar de la admiración, no son capaces de acoger y poner en práctica las palabras de Jesús. ¿Y tú estás dispuesto a acoger la palabra de Jesús y ponerla por obra?
  • ¿Estás atento/a a todo aquello que Jesús quiere decirte y transmitirte en tu vida diaria? ¿Dedicas algún tiempo del día para escuchar su Palabra? ¿Abres tu mente y tu corazón para que Jesús pueda transformar tu vida?
  • ¿Estás abierto/a a la novedad del Evangelio o por el contrario continúas anclado/a en tus propias creencias, convicciones, convencionalismos…?
  • ¿Estás dispuesto/a a realizar cambios en tu vida, aunque estos supongan dificultades, obstáculos, inconvenientes, compromisos…?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por habernos enviado a tu Hijo, Jesucristo, para acercarnos más a tí y ofrecernos un vida plena.
  • Gracias, Jesús, por presentarnos la novedad del Evangelio que nos transforma y nos conduce a la felicidad.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a apropiarnos de las actitudes vitales de Jesús y hacerlas nuestras, para que de esta manera nuestra vida se transforme en vida plena.

“¿Qué significa esto?” Lectio Divina Domingo IV del Tiempo Ordinario (Lc 4,21-30)

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VERDAD – LECTURA

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Ilustre Teófilo: Puesto que muchos han intentado componer la narración de las cosas realizadas entre nosotros, según nos lo han enseñado los mismos que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, que he investigado cuidadosamente todo desde los orígenes, hacerte una narración ordenada, para que conozcas el fundamento de las enseñanzas que has recibido de palabra.

Jesús, impulsado por el Espíritu, regresó a Galilea, y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alaban.
Llegó a Nazaret, donde se había criado. El sábado entró, según su costumbre, en la sinagoga y se levantó a leer. Le entregaron el libro del profeta Isaías, desenrolló el volumen y encontró el pasaje en el que está escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres, a anunciar la libertad a los presos, a dar la vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor. Enrolló el libro, se lo dio al ayudante de la sinagoga y se sentó; todos tenían sus ojos clavados en él; y él comenzó a decirles: “Hoy se cumple ante vosotros esta Escritura”.
El texto con el que vamos a orar en este III domingo del tiempo ordinario, está dividido en dos partes: Por un lado, el llamado prólogo de Lucas; y, por otro, la visita de Jesús a la sinagoga de Nazaret.
En la primera parte del texto nos encontramos con que Lucas presenta las fuentes de las que ha “bebido” para elaborar su evangelio, las propias investigaciones llevadas a cabo por el autor y la finalidad de la obra.
Otros muchos antes de Lucas han intentado componer una narración acerca de la vida de Jesús, basada en lo que han enseñado los testigos oculares y ministros de la palabra. Además, el autor del evangelio ha realizado sus propias investigaciones y he decidido poner por orden dicha narración. Y, por último, con una finalidad concreta: que Teófilo conozca el fundamento de las enseñanzas que éste ha recibido de palabra.
Desconocemos quien es este personaje ilustre al que se dirige la obra. Etimológicamete, significa “amado por Dios”. La preocupación de Lucas es la de fundamentar su fe. Pero la intención del autor no es sólo escribir para Teófilo, sino para todo aquel que quiera conocer de “primera mano” la vida y obra de Jesús. Desde este punto de vista ese “amado por Dios”, querido lector podemos ser tú y yo que queremos conocer el fundamento de las enseñanzas que hemos recibido, o cualquier persona que quiera conocer a Jesús.
La segunda parte del texto nos ofrece el relato de la visita de Jesús a la sinagoga de Nazaret. Con ella, Lucas quiere ofrecernos una síntesis del ministerio de Jesús y de los grandes temas que caracterizan dicho evangelio.
Jesús impulsado por el Espíritu. Todo el ministerio de Jesús estará caracterizado por este hecho. Jesús en todo momento de su vida actúa impulsado por el Espíritu. Recorre la comarca de Galilea, enseñando en las sinagogas. Su fama se extiende por toda la comarca y todos los que escuchan sus enseñanzas las alaban.
Dentro de este contexto, un sábado llegó a Nazaret, el pueblo en el que se había criado, por lo que la gente lo conoce perfectamente. Según su costumbre entra en la sinagoga. Por lo que, Jesús acostumbraba a celebrar el sábado en la sinagoga.
Jesús se levanta a leer, concretamente, un pasaje del profeta Isaías (Is 61,1-2). Lucas omite el pasaje final amenazador acerca de la venganza de Dios. El autor quiere, sobre todo, subrayar que Jesús ha venido a salvar y a ofrecer la salvación del Padre.
A continuación Jesús se sienta para comentar el texto. Pero antes vamos a analizar, aunque sea brevemente el pasaje de Isaías leído por Jesús. El se atribuye a sí mismo aquellas palabras. Jesús es el ungido por Dios, está plenificado por el Espíritu, lleno de él. Y ha sido enviado por el Padre para “llevar la buena nueva a los pobres, a anunciar la libertad a los presos, a dar la vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor”. Es el programa de la actividad, la vida y la obra de Jesús.
Jesús se sienta. La postura típica de aquel que enseña. Los ojos de todos están fijos en Jesús; están expectantes. Pero Jesús, lejos de hacer un comentario acerca del pasaje, lo que hace es actualizarlo: hoy se cumplen estas palabras.
Y en nuestro hoy estas palabras son de una aplastante actualidad. Hoy nosotros debemos hacer realidad estas palabras de Jesús. Hoy nosotros somos llamados “a llevar la buena nueva a los pobres, a anunciar la libertad a los presos, a dar la vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor”.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Al igual que Lucas, ¿tratas, también, de fundamentar tu fe, de investigar, de formarte… para crecer en tu vida como cristiano?
  • Jesús es impulsado en su acción por el Espíritu Santo, ¿cómo es tu relación con él? ¿le invocas frecuentemente para que él te ilumine, te guíe, te acompañe en tu vida cotidiana?
  • Jesús cumple con sus obligaciones como buen judío, lejos de lo que puede ser el cumplimiento, ¿intentas en tu vida ser coherente con tu condición de seguidor de Jesús?
  • Tú, también, eres enviado por Jesús para anunciar la buena nueva, para iluminar a otros, para curar las enfermedades de nuestro tiempo, para liberar a nuestros contemporáneos de sus opresiones, a proclamar la misericordia de Dios. ¿Eres consciente de ello? ¿Cómo lo vivencias en tu día a día?
  • “Hoy se cumple ante vosotros esta Escritura”. ¿Cómo acoges y actualizas la Palabra en tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Señor, por regalarnos tu Palabra. Una Palabra llena de amor y misericordia.
  • Gracias, Jesús, por llamarnos a llevar la buena nueva a los pobres, a anunciar la libertad a los presos, a dar la vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor.
  • Desciende, Espíritu Santo, sobre todos nosotros para que seamos capaces de actualizar el mensaje de Jesús y ponerlo por obra.

“Enviado para…” Lectio Divina Domingo III del Tiempo Ordinario (Lc 1,1-4;4,14-21)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”. Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él os diga”.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sacad ahora y llevádselo al mayordomo”. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirviente sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.
El pasaje evangélico que nos ofrece la liturgia para este II Domingo del Tiempo Ordinario viene cargado de abundante simbolismo y de un gran contenido teológico. Sin negar el contenido histórico que pudiera contener el texto, me vas a permitir que intente desentrañar el mensaje que el autor del Cuarto Evangelio quiere transmitirnos para nuestro propio crecimiento como discípulos de Jesús.
Lo primero que hayamos en el relato es el contexto en el que se desarrolla la acción. Nos encontramos en una boda. La boda en el Antiguo Testamento hace referencia a la unión o alianza entre Yahveh y su Pueblo. En este ambiente, se destacan una serie de personajes que están invitados a la boda: la madre de Jesús, el mismo Jesús y los discípulos. Los primeros son los protagonistas o actores principales del relato.
En un momento determinado, falta el vino. Es decir, la alianza de alguna forma podemos decir que está en peligro, escasea un elemento esencial que es el vino. Quien se da cuenta de ello es María, la madre de Jesús. La Antigua Alianza ya no es efectiva, está llegando la Nueva Alianza. No por incumplimiento por parte de Yahveh, sino porque en repetidas ocasiones el Pueblo ha roto dicha Alianza. Ahora, Dios quiere ofrecernos la Alianza definitiva, que ya no podrá ser rota, porque será el mismo Hijo de Dios el garante de la misma. Jesús nos viene a ofrecer la salvación definitiva. María toma la iniciativa. “No tienen vino”. Jesús le hace ver que todavía no ha llegado su hora de consumar la Nueva Alianza, esta se consumará con la muerte y resurrección de Jesús. María no entiende e insiste: “Haced lo que el os diga”.
El agua simboliza a las instituciones judías, recordemos que Juan bautizaba con agua. Es extraño que estas tinajas estuvieran vacías, por lo que al llenarlas, Jesús dota de contenido a la Antigua Alianza. Estas estaban vacías porque las instituciones judías estaban vacías. Las instituciones judías estaban ancladas en el pasado, en estructuras y leyes que lo que hacían era oprimir y esclavizar al pueblo. Habían sido los propios dirigentes judíos los que habían cargado de normas, en muchas ocasiones inverosímiles, al Pueblo de Israel.
Jesús ordena llenar las tinajas de agua, partiendo del Antiguo Testamento nos trae la Nueva Alianza de la Salvación para todos.
Cuando los sirvientes llevan el contenido de las tinajas al mayordomo, éste se sorprende y le dice al novio: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”. Un vino nuevo que no se acaba, porque la Alianza de Jesús perdurara hasta el fin de los tiempos.
Con este signo Jesús manifiesta su gloria, plenamente se mostrará en la resurrección. La fe de los discípulos crece.
Desde el momento de la Encarnación, María ha sido insertada en la historia de la Salvación definitiva, inaugurada por Jesús. María sigue estando presente en esta historia y sigue intercediendo para que nuestro vino bueno, nunca se acabe.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Recuerda el momento en el que te hiciste consciente de la llamada de Jesús, el momento en el que te hiciste consciente de la alianza que Dios había establecido contigo desde el vientre de tu madre.
  • ¿Qué falta actualmente (el agua) en tu relación con Jesús, en esa que tú has corroborado como cristiano?
  • El agua has de ponerla tú, para que Jesús pueda convertila en vino. Tú debes poner tu pequeñez, tu humildad, tus dificultades, tus problemas, tus acciones… en las manos de Jesús para que el las convierta en el vino nuevo de la Nueva Alianza.
  • Jesús te regala el vino nuevo, te invita a las bodas de su amistad. ¿Quieres acoger este vino nuevo y beberlo junto a Jesús? ¿Quieres acoger la invitación que Jesús te hace hoy encaminada a su seguimiento?
  • Fíjate en papel de María en este relato. Es intercesora. Acógela, también, tú en tu vida para que ella interceda ante Jesús para que convierta tu agua en vino. También, tú tienes que convertirte en intercesor y estar atento a las necesidades de los demás para interceder por ellos ante Jesús.
  • Al igual que los discípulos, ante los signos que cada día te muestra, ¿se intensifica tu fe? ¿crece?

VIDA – ORACIÓN

Haznos, Señor, sensibles y atentos como María a las necesidades de los demás. Devuelve a los cristianos envejecidos y cansados de nuestro tiempo la vitalidad y la alegría que irradia tu presencia y tu acción en la boda de Caná. (Evangelio 2016, Camino Verdad y Vida, San Pablo, 2016).

“El vino nuevo” Lectio Divina Domingo II del Tiempo Ordinario (Jn 2,1-11)

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VERDAD – LECTURA

15Como la gente estaba expectante y se preguntaban, en sus corazones, si no sería Juan el mesías, 16él declaró públicamente: “Yo os bautizo con agua, pero ya viene el que es más fuerte que yo, y a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.
21 Aconteció que cuando Juan estaba bautizando al pueblo, también Jesús fue bautizado; y mientras éste estaba orando, se abrió el cielo, 22descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como una paloma, y se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi hijo amado, mi preferido”.
Este domingo la liturgia nos invita a orar con el relato del bautismo de Jesús contado por el evangelista Lucas. En primer lugar, éste nos pone en situación y nos enmarca el relato. El pueblo de Dios estaba expectante, es decir estaba deseoso, con esperanza, esperando la venida del Mesías, del Salvador. Tal era el profundo anhelo que el pueblo tenía, que en lo más íntimo de su ser, en su corazón, se preguntaban, si aquel extraño personaje que invitaba a un cambio de vida a orillas del Jordán, no sería el Mesías esperado, el Salvador, el Esperado de las naciones.
Pero, Juan no es el Mesías, él es la voz que grita en el desierto, el es el último profeta del Antiguo Testamento, el es quien prepara la venida de Jesús.
En el texto, podemos apreciar como existen dos declaraciones, la primera de Juan. La segunda proviene del cielo. Conviene que nos detengamos precisamente, en estas palabras.
Dentro del contexto apuntado más arriba, Juan declara públicamente: “Yo os bautizo con agua, pero ya viene el que es más fuerte que yo, y a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.
“Yo os bautizo con agua”. Es decir, mi bautismo es un bautismo que invita a la conversión, al cambio de vida, ante la inmediata aparición de otro “que es más fuerte que yo”. Ese otro anunciado por los profetas del Antiguo Testamento. Juan está afirmando que él no es el Mesías. El Mesías está por venir y su llegada es inminente. Por eso es necesaria la conversión.
La fuerza, a la que se refiere el Bautista, es, precisamente, uno de los atributos de Yahveh y de su Mesías: “el Dios fuerte”. Ya Isaías lo anunció: “El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz […] Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; sobre sus hombros el imperio, y su nombre será: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz” (Is 9,1.5). La fuerza que Dios emplea en favor de la humanidad, precisamente para ofrecerles la paz, la prosperidad, la salvación.
Tal es la fuerza y el poder del Mesías, que Juan no es digno siquiera de desatarle la correa de sus sandalias. Desatar las correas de las sandalias era acción propia de los esclavos. Ante aquel, el Bautista se siente tan pequeño, tan humilde, tan indigno, que es incapaz incluso de realizar un gesto que únicamente realizan los esclavos. Con esta actitud hemos de acoger al Salvador. No como esclavos, pero si con disposición humilde y sabiéndonos indignos de tal regalo por parte de Dios.
El Mesías que viene, ya no trae un bautismo de conversión, su bautismo es un bautismo de Espíritu Santo y fuego. El bautismo de Jesús símbolo de una vida nueva, nos transformará porque nos dará la fuerza del Espíritu de Dios, sobre nosotros reposará su propia vida. Un bautismo de fuego, del fuego de Dios, que purifica, calienta, nos impulsa, nos anima, nos desarrolla y potencia.
Ahora detengámonos en las palabras procedentes del cielo: “Tú eres mi hijo amado, mi preferido”. Veamos un poco el entorno en el que se desarrolla la escena. Juan estaba bautizando al pueblo y Jesús, también, es bautizado. En aquel momento, mientras Jesús está orando, el cielo se abrió y “descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como una paloma”. La paloma es el símbolo del Espíritu de Dios y así nos lo apunta el texto, sobre él descendió, en forma corporal, como una paloma. El Espíritu desciende en plenitud sobre Jesús, tal y como había predicho Isaías (11,2). Jesús es consagrado para llevar a cabo la misión encomendada por el Padre: revelar a los hombres la misericordia de Dios.
“Tú eres mi hijo amado, mi preferido”. Estas palabras nos traen los ecos del Antiguo Testamento. El primer eco es del salmo 2: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” (Sal 2,7). El Mesías es Hijo del Padre, el mismo lo ha engendrado. Pero no es únicamente su hijo, es su hijo amado, su predilecto. Todo nosotros somo hijos de Dios en el Hijo. Jesús es su Hijo unigénito, su hijo único. Los demás somos hijos de Dios porque él nos ha creado y porque Jesús nos ha hecho hijos de Dios en plenitud, gracias a que nos ha dado la salvación. El segundo eco del Antiguo Testamento, evocado por estas palabras provienen del profeta Isaías: “Aquí está mi siervo, a quien protejo, mi elegido, en quien mi alma se complace. He puesto sobre él mi espíritu”. Sobre Jesús, el Padre ha puesto su Espíritu, es el elegido por él para la salvación definitiva, es su hijo amado, su preferido. Aquel por el que Dios se ha hecho visible para todos lo hombres, aquel que se ha hecho presente en la vida de la humanidad, para que la humanidad pueda acercarse a Dios y acoger la salvación.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • El pueblo estaba expectante, y tú ¿estás, también deseoso, a la espera, aguardando impaciente la llegada de Jesús a tu vida? ¿Quieres descubrirlo presente en la misma?
  • ¿Cómo te dispones para acoger a Jesús? ¿para descubrir su presencia en los acontecimientos cotidianos? ¿Estás dispuesto a cambiar de vida?
  • Al igual que Juan el Bautista, tú eres enviado por Dios para anunciar su presencia entre los demás, eres enviado para anunciar que Jesús vive entre nosotros. Juan es capaz de dar el primer puesto a Jesús y, con humildad, pasar a un segundo plano. Y tú, ¿estás dispuesto a ello?
  • ¿Quieres acoger el bautismo que Jesús nos trae? ¿Un bautismo que va más allá de un simple cambio de actuar? ¿Un bautismo que te transforma y te cambia totalmente? ¿Un bautismo que te da, además, la fuerza para ser testigo de la salvación de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Él es Siervo de Dios, el Hijo amado,
Ungido del Espíritu, Mesías;
su bautismo, de muerte profecía,
ya sepulta en el agua los pecados.

Pero sale del agua transformado,
arco iris de paz y de alegría,
verdor de primavera, teofanía,
y un gran himno pascual recién cantado.

Ruiseñor que armoniza la victoria,
los campos, amapola y azucena,
y el árbol con los frutos de la gloria;

el Viento vivifica y oxigena,
el ungido es el centro de la historia,
y la muerte vencida con su pena.

(R. Priero Ramiro, en Jubileo en la tierra, júbilo en el cielo. Adviento y Navidad 1999, Caritas Española, Madrid 1999, pág. 202).

“Mi hijo amado, mi preferido”. Lectio Divina Bautismo del Señor (Lc 3,15-16.21-22)

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VERDAD – LECTURA

jesus-luz-del-mundo

En el principio existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todo fue hecho por él y con él nada se hizo. Cuanto ha sido hecho en él es vida, y la vida es la luz de los hombres; la luz luce en las tinieblas y las tinieblas no la sofocaron. Hubo un hombre enviado por Dios, de nombre Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran e él. No era la luz, sino testigo de la luz. Existía la luz verdadera, que con su venida a este mundo ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo; el mundo fue hecho por él, y el mundo no le conoció. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. A todos los que lo reciben, a los que creen en su nombre, les da el ser hijos de Dios; él que no nació ni de sangre ni de carne, ni por des de hombre sino de Dios. Y aquel que es la Palabra se hizo carne y habitó ente nosotros, y nosotros vimos su gloria, gloria cual de unigénito venido del Padre, lleno de gracia y verdad. Juan daba testimonio de él y proclamaba: “Este es del que yo dije: El que viene detrás de mi ha sido antepuesto a mí, porque era antes que yo”. De su plenitud, en efecto, todos nosotros hemos recibido, y gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la fidelidad vinieron por Cristo Jesús. A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que está en el Padre, nos lo ha dado a conocer.
Hoy la liturgia nos ofrece para nuestra consideración, el pasaje conocido como el prólogo del evangelio de Juan. Un pasaje muy rico en valor y profundidad teológica y, a la vez, de una gran riqueza literaria. Es el resumen o sumario de todo el evangelio de Juan. Con un exquisito lenguaje poético, el autor del cuarto evangelio nos transporta al mismo corazón de Dios y a la esencia de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. El cual, a pesar de ser Dios quiso hacerse uno de nosotros, en todo excepto en el pecado.
El evangelio de Juan comienza de la misma manera que el Antiguo Testamento: “En el principio”. En el principio Dios creo todo lo que existe, pero antes, incluso, en el principio existía la Palabra, estaba junto a Dios y es Dios. Todo lo creado fue hecho por él y todo lo que existe, es gracias a él.
Él es vida y es luz. Luz que alumbra en las tinieblas a todas las criaturas. Aquel que es la Luz esta presente en todos los acontecimientos de nuestra vida, en todos lo momentos, en todas las circunstancia. Él está con nosotros, viven entre nosotros, nos acompaña siempre. El ser humano ya nunca más caminará en tinieblas; porque aquel que es la Vida, es luz para los hombres. Y esa luz alumbra en las tinieblas, en las dificultades, en las oscuridades, en los obstáculos, en las contrariedades… Para ello hay que estar atentos para descubrir la luz, puesto que las tinieblas, la oscuridad, la noche, nunca podrá sofocarla.
Precisamente, Juan será enviado por Dios para ayudar a los seres humanos a descubrir la luz, a encontrarse con ella en los acontecimientos cotidianos de nuestra vida. Él no era luz, sino el medio para vislumbrar la luz y testimoniarla. Era el testigo de la Luz. Una luz que vino para salvación de todos.
Pero el hombre no fue capaz de reconocer y acoger la luz, de descubrirla y recibirla. El ser humano no fue capaz de descubrir la luz que se manifestaba en su propia vida, en su propia historia, en su día a día. No hemos sido capaces de abrirnos y vaciarnos totalmente para acoger y llenarnos de la Luz. El mundo no lo reconoció.
Pero quienes lo reciben, quienes lo acogen, quienes creen en Él y se dejan transformar por Él son hijos de Dios. Pero no por sus méritos, no por sus muchos esfuerzos, sino por pura gratuidad de Dios, por pura gracia de Dios, por su infinita bondad y misericordia. Dios es quien verdaderamente acoge y nos transforma.
Y aquel que es la Palabra, aquel que es la Luz, aquel que existía desde el principio se hizo carne y habita entre nosotros. El Dios cristiano no es un Dios lejano, ausente, despreocupado. Dios se ha hecho uno de nosotros. Dios se hizo ser humano. Gracias a lo cual hemos visto su gloria, hemos visto quién es, hemos visto su esencia. Hemos descubierto el corazón y la misericordia de Dios. Y todo ello por pura gracia, por puro don, gratuitamente.
Ahí es donde reside la diferencia esencial con la Ley de Moisés. La salvación es pura gracia, puro don, es gratuita, es un regalo de Dios. La plenitud de la Ley es Jesucristo. La salvación nos viene precisamente por la fe en Jesús. Y esa fe es la que nos impulsa y nos lleva a actuar según la Ley de Dios y a llevar el amor y la misericordia de Dios todos los demás, nos lleva a comprometernos a dar a conocer la Luz y a llevar su alegría a todas las criaturas

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De qué manera eres capaz de descubrir la Luz en tu vida cotidiana? ¿Cuándo aparece? ¿Cuáles son los signos de que está presente?
  • ¿De qué forma descubres la luz en las tinieblas de tu vida, en las dificultades, en tus obscuridades?
  • ¿Eres consciente de que las tinieblas nunca podrá apagar la Luz?
  • Juan era testigo de la Luz, ¿Y tú, además de intentar descubrir la Luz en tu vida, llevas la Luz a los demás, les ayudas a descubrirla?

VIDA – ORACIÓN

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré: guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio, enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro, pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes, siempre y cabalmente.

La Luz está entre nosotros.Lectio Divina Domingo II de Navidad (Jn 1,1-18)

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jperdido4VERDAD – LECTURA

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén a celebrar la fiesta de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las repuesta que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Él les contestó: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.
En la fiesta de hoy, la liturgia nos ofrece uno de los relatos de la infancia de Jesús. La Sagrada Familia se dirige a Jerusalén para celebrar la Pascua. El recuerdo de la liberación del Pueblo judío de la esclavitud de Egipto.
El relato se enmarca en el Templo de Jerusalén, el lugar en el que el se entra en relación con Dios. La familia de Jesús quiere cumplir con los preceptos de la Ley. Después de la diáspora, al menos una vez en la vida los judíos piadosos soñaban con viajar a Jerusalén. Posiblemente, la Sagrada Familia realizarían este viaje una vez al año, pues aunque estaban lejos de Jerusalén, en Nazaret, no se encontraban a tanta distancia como para no poder realizarlo. Habitualmente, dicho viaje se realizaba en grupo.
Cuando regresaban después de la de la celebración, los padres de Jesús se percatan que éste no se encuentra en la caravana. Sus padres se encuentran abrumados, apesadumbrados, angustiados, Jesús se ha perdido. Le buscan entre sus familiares y amigos sin éxito. Al tercer día lo encuentran nuevamente en el Templo, sentado entre los doctores y maestros de la Ley. Él estaba escuchándolos y haciéndoles preguntas. Los que allí se encontraban están admirados por las palabras de sabiduría que salen de su boca.
Sus padres le encuentran. Y María le reprocha su actitud: “¿Por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. La primeras palabras pronunciadas por Jesús en el evangelio no deja de sorprendernos: “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Él debe cumplir la voluntad del Padre, él debe llevar la Buena Nueva a la humanidad, él debe proclamar la misericordia de Dios a todos.
José y María no comprenden sus palabras. No es fácil entender la vida y el mensaje de Jesús, y, mucho menos vivirlo; pero él nos ayuda y muestra el camino para ello. María, también, nos muestra cuál debe ser conducta: Ella conservaba todo esto en su corazón. Lo mismo nos toca hacer a nosotros ante el misterio: mirar, pensar, reflexionar, meditar, adorar, orar…
Después de todo aquello, Jesús vuelve con sus padres a Nazaret. Vuelven a su vida cotidiana, vuelven a sus quehaceres de todos los días, a su ambiente. Y allí, Jesús va creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. Jesús como cualquier otro ser humano crece y se desarrolla nos sólo ha nivel espiritual, también en su cuerpo y en su inteligencia; es decir en todas sus dimensiones como ser humano y como Dios encarnado.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cómo vives tus obligaciones cotidianas? ¿tus obligaciones familiares, como ciudadano, como como cristiano?
  • Y tú, ¿te encuentras perdido en alguna ocasión? ¿Qué ocurre entonces? ¿Cómo afrontas? ¿Sientes, en algún momento, que se te ha perdido o que te has perdido de la presencia de Jesús? ¿Qué haces entonces? ¿Buscas a Jesús, angustiado, con intensidad, con pasión, con brío, vitalmente?
  • Cuando encuentras a Jesús, ¿qué le dices? ¿qué haces? ¿cómo actúas?
  • ¿Cuál es tu actitud ante el misterio? ¿lo rechazas? ¿lo meditas, lo adoras, lo acoges? ¿lo conservas en tu corazón?
  • ¿Intentas día a día crecer, no sólo humanamente, sino también como cristiano?

VIDA – ORACIÓN

Señor, ayúdanos a comprender que el mirarnos profundamente a los ojos no es solo un mirarnos, sino buscar el punto de nuestro encuentro para construir vida, establecer valores y saborear alegrías. (Evangelio 2015, San Pablo)

En la casa de mi Padre. Lectio Divina solemnidad de la Sagrada Familia (Lc 2,41-52)

María se puso en camino.Lectio Divina Domingo IV de Adviento (Lc 1,39-45)

 

VERDAD – LECTURA

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.
El evangelio que hoy nos regala la liturgia nos narra el encuentro entre la Virgen María y su prima Isabel. En el se nos habla de escucha, de atención y de acogida. María e Isabel, dos mujeres que saben estar atentas a la voz de Dios, dos mujeres que escuchan la Palabra y la acogen en su corazón para ponerla en práctica. Un encuentro entre dos mujeres que se felicitan, mutuamente, por el gran regalo que han recibido de Dios. La primera el don de engendrar al Salvador del mundo, la segunda la de engendrar al Precursor. Dos mujeres que han sabido acoger el don de Dios en sus vidas. Dos mujeres que han sabido cobijar el amor de Dios y entregarlo de manera gratuita a los demás. Dos mujeres que han sabido interpretar las señales que Dios les va mostrando en su camino. Dos mujeres que desbordan felicidad ante el gran amor y ante la misericordia infinita de Dios.
Lucas acentúa la prontitud con la que María acoge y responde a la llamada de Dios, a su Palabra, al mandato amoroso de Dios. Ante el anuncio del Ángel, en el momento de la Encarnación, de que su pariente Isabel está en cinta, se pone en camino y va aprisa a la montaña. María sale al encuentro de las necesidades de Isabel. María, que lleva en su seno al Autor de la Vida, se pone en camino para ofrecer y donar su propia vida. Entra en casa de Zacaría y saluda a Isabel. Se pone en sintonía con ella. Entra en su mundo y en su vida; la acoge lo mismo que ha acogido al Salvador; se pone a su disposición.
Isabel, por su parte, también acoge a la Madre del Salvador; acoge la Buena Noticia, acoge el don gratuito de Dios. Y tal es la alegría y el gozo de ese encuentro que el pequeño Juan salta en su vientre. Isabel ha sabido acoger y descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos de la vida: en un encuentro, en una visita, en una casa, en un abrazo, en la sencillez, en el diálogo, en la ayuda mutua. Isabel ha sabido acoger el don de Dios, el don del Espíritu Santo, y llena de él a voz en grito exclama: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!”.
“Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. La Palabra de Dios siempre actual, siempre presente, siempre vigente, siempre performativa, es decir que al enunciarse realiza la acción, a la vez que se expresa la acción se lleva a cabo, ocurre, es un hecho constatable y vigente. La Palabra de Dios viva y eficaz se hace acto, acción, creación nueva. El Antiguo Testamento da paso al Nuevo. Las promesas de Dios se cumplen.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De que manera vivo atento/a a la Palabra para acogerla y ponerla por obra?¿En que medida estoy atento/a a los dones que Dios me regala cada día? ¿En que medida acojo esos dones de Dios?
  • ¿Con qué prontitud acojo y respondo a la llamada de Dios? ¿Salgo el encuentro de las necesidades de los demás? ¿Se ponerme a su disposición?
  • Al descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos y acoger los dones que él me regala a diario, ¿desbordo de gozo? ¿salto de alegría?
  • ¿Considero la Palabra como actual, presente, capaz de transformar mi vida y la de los otros? ¿La Palabra de Dios, para mí, está viva, es eficaz, se hace acción?

VIDA – ORACIÓN

Señor, que nosotros nos pongamos en camino, como María, para experimentar la alegría de crecer; que acudamos a María para aprender a unirnos más a Ti, en la entrega amorosa de la propia vida. (Evangelio 2015, San Pablo)

Preparar el camino al Señor. Lectio Divina del Domingo II de Adviento(Lc 3,1-6)

VERDAD – LECTURA

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios”.
Lo primero con lo que nos encontramos en el pasaje evangélico de hoy es el enmarcado dentro del contexto histórico de la época. El autor del tercer evangelio nos sitúa en un momento concreto de la historia, dentro de un espacio y un tiempo preciso. Con lo cual, el evangelista Lucas pretende que caigamos en la cuenta de que la salvación de Dios acontece dentro de nuestra propia historia y de nuestro contexto social. Dios nos acompaña y nos ofrece la salvación en todos los momentos de nuestra vida. La historia de la salvación está dentro de nuestra propia historia.
Lucas introduce la actividad de Juan a la manera de los antiguos profetas. En aquel tiempo, vino la Palabra de Dios sobre Juan, del mismo modo que vino sobre Amós (Am 1,1), Jeremías (Jer 1,1-3), Isaías (Is 1,1), Oseas (Os 1,1,). Por lo que nos muestra a Juan, el Bautista como un auténtico profeta.
Los lugares en los que Juan ejerce su ministerio son el desierto y la comarca del Jordán. El Jordán, el río que hay que vadear para llegar a la tierra prometida, el lugar de purificación de Naamán, sumergiéndose siete veces y curándose de la lepra (2Re 5,1-15). Y el desierto, lugar en el que Dios se hace el encontradizo, donde Dios habla al corazón (Os 2,14).
La misión de Juan es predicar un bautismo de conversión. Es decir, nos está invitando a un cambio radical de vida, a cambiar nuestra mentalidad, nuestro modo de ver y percibir la vida, tal y como está escrito en el profeta Isaías. El texto del profeta al que se refiere Lucas (Is 40,3-5) nos sitúa en la vuelta de los israelitas del exilio de Babilonia, vivido por ellos como un nuevo éxodo. Con lo cual, Juan nos está indicando es que con Jesús viene un nuevo éxodo y Juan está preparando este acontecimiento. Jesús viene a traer la salvación y nos la trae para todos los seres humanos, judíos o paganos, ricos o pobres, justos o pecadores. Jesús a venido para acoger y salvar a todos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • También sobre ti viene la Palabra de Dios y te llama a una misión concreta: ¿Eres consciente de ello? ¿Estás dispuesto/a a acoger y asumir esa misión a la que Dios te llama?
  • ¿De qué forma te preparas para acoger y hacer tuya, cada día, la Palabra de Dios?
  • Juan está invitando a la conversión, a un cambio radical de vida, ¿qué acciones tienes que emprender para ello?
    Jesús viene a traer la salvación a todos ¿Estás dispuesto/a a ser instrumento de salvación en sus manos?
  • ¿Qué acciones concretas te propones realizar durante este adviento para cambiar en tu vida todo aquello que te impide acoger a Dios y a los hermanos y poner en práctica el evangelio?

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale por hacerse el encontradizo en nuestra vida y en nuestra historia personal.
  • Da gracias a Jesús por regalarnos su Palabra, la cual nos ilumina y nos muestra el camino de la santidad.
  • Pide al Espíritu Santo que te ilumine y te de fuerzas para asumir y seguir los compromisos que tomamos para hacer visible el Reino en el mundo que nos rodea.
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VERDAD – LECTURA

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto levantaos, alzad vuestra cabeza, se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día, porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre”.
Comenzamos un nuevo año litúrgico, en el que las lecturas del evangelio dominical van a ser tomadas del evangelio de Lucas. Concretamente hoy, se nos ofrece para nuestra oración, un fragmento del llamado discurso escatológico. En el cual se nos refieren los acontecimientos que ocurrirán en la segunda venida de Jesucristo. Son acontecimientos narrados en un género literario llamado apocalíptico y que no deben ser tomados al pie de la letra. Son texto que sobre todo nos invitan a la vigilancia, a estar atentos porque Jesús está presente en medio de nosotros y, en más de una ocasión, no somos conscientes de su presencia. El objetivo de este tipo de escritos sobre todo es el de comunicar esperanza a los seguidores de Jesús en momentos duros, de dificultad, persecución, pruebas… Para ello se sirve de una serie de símbolos, metáforas, visiones dramáticas, comparaciones, etc. cuyo significado, en la mayoría de las ocasiones, hay que interpretar adecuadamente. Vamos a tratar de explicar el pasaje evangélico que hoy nos ofrece la liturgia, sobre todo, para que sea fructífero a todos nosotros y nos sirva para comprometernos en la construcción del Reino a nuestro alrededor y en nuestra vida.
Comienza, Jesús, relatando una serie de señales que aparecerán en el cielo, el día de su vuelta gloriosa. Muchos de los contemporáneos de Lucas se encuentran angustiados a la espera de la segunda venida de Jesús, la cual creen que será inminente. El mensaje es claramente de esperanza, en ningún momento debemos angustiarnos, esas señales debe ser signo de alegría porque se acerca nuestra liberación de todas las ataduras que nos esclavizan, aunque en primer término nos parezcan señales catastróficas.
En un futuro, sin especificar, si cercano o lejano, próximo o remoto, inmediato o distante, aparecerán una serie de signos cósmicos que nos estarán anunciando el inminente triunfo definitivo del Reino de Dios. Nosotros observaremos dichas señales de la naturaleza, las cuales no nos permiten saber el día, ni la hora. Pues, continuamente, está ocurriendo, muchos de estos acontecimientos, por lo cual no podemos hacer cábalas acerca del momento en que la llegada del reinado de Dios se hará presente en nuestras vidas. Pero lo importante no es esto, lo verdaderamente importante es: ¿De qué modo estoy esperando yo el Reino de Dios? ¿Cuál es mi actitud diaria con respecto a la venida triunfal de Jesús? ¿Estoy esperando con angustia, agobio, intranquilidad? ¿o, por el contrario aguardo con esperanza los acontecimientos? Lo importante, es que el resplandor del Hijo de Dios será la visión más luminosa. El Hijo del hombre vendrá con gran poder y majestad, se manifestará toda su gloria, en una nube, signo de la presencia de Dios en la literatura bíblica.
Ante esta venida, no debemos tener miedo. Hemos de acogerla con esperanza, hemos de alzar nuestra cabeza, no escondernos, porque se acerca nuestra liberación. La persecución, los peligros, los agobios, la muerte, el pecado no tienen la última palabra, la última palabra es la del amor, la comprensión, la misericordia que nos trae Jesús y que serán definitivas en su segunda venida.
Como sabemos todo esto, nuestra actitud no puede ser pasiva. Hemos de permanecer vigilantes y en oración para que estos tiempos difíciles, en los que todavía el Reino no está totalmente presente en nuestras vida, se nos haga más fácil de vivir. Como ya sabemos que Dios nos ofrece y regala la salvación, y que en un momento u otro, el Reino se hará presente en totalidad, pues disfrutemos de la buena vida, incluso a costa de nosotros mismos y de los demás. No hagamos nada por cambiar nuestro mundo, ni por ser mejores personas, para qué, si tarde o temprano llega el Reino. Esa no es la actitud, nosotros hemos de estar continuamente intentando transformar el mundo en el que vivimos. Un mundo en el que reine la justicia, el amor, la misericordia, la acogida de nuestros hermanos, la palabra amable, el consuelo… y en el que nosotros, también crezcamos, en autoestima, en valoración de nosotros mismo, en respeto, en ser mejores cada día y en servir para que nuestro mundo sea cada vez más habitable. La fuerza para podernos mantener en esta actitud sólo podemos encontrarla en la oración. De ahí la invitación de Jesús a la vigilancia y a la oración para permanecer de pie ante el Hijo del hombre, cuando venga en todo su honor y majestad. Permaneciendo de pie, como actitud y posición de hombre libre y sin miedo, de quien se siente que está delante de su Padre y no delante de un juez inmisericorde que lo único que busca es tu condena. Dios Padre siempre tratará de estar a favor del ser humano e intentando por todos los medios entrar en comunión con él. Pero, también nosotros hemos de poner de nuestra parte y corresponder a este amor de Dios, intentando crear un mundo más humano y más cristiano, en el que la ley principal sea la del amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Eres consciente de la presencia de Jesús en los acontecimientos diarios de tu vida? ¿Intentas estar atento a dichos acontecimientos para descubrir su presencia entre nosotros?
  • ¿Cómo vives los momentos de dificultad, de prueba? ¿Con angustia, con desazón, intranquilidad, pesadumbre? ¿O por el contrario con esperanza, confianza, ilusión, optimismo?
  • ¿Cómo estás esperando la llegada del Reino de Dios? ¿Intentas transformar las estructuras de injusticia que aparecen a mi alrededor? ¿Intentas vivir acogiendo a los otros, intentándoles llevar una palabra de aliento, una sonrisa, un gesto amable, consuelo? ¿Intentas, por medio de tus acciones, hacer presente el Reino de Dios en nuestro mundo?
  • Para poder llevar a cabo la transformación de nuestro mundo es necesaria la oración para que ella sea el motor que nos impulse. ¿Dedicas momentos concretos para encontrarte con Jesús en su Palabra, en la Eucaristía?

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale por su entrañable misericordia.
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en los acontecimientos diarios de nuestra vida.
  • Pide al Espíritu Santo que derrame sus dones sobre todas la personas comunicándoles el don de la esperanza.

Con esperanza. Lectio Divina I Domingo de Adeviento (Lc 21,25-28.34-36)