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Jesús los acogió a todos y se puso a hablarles del Reino de Dios y a curar a los que lo necesitaban. Al caer el día se le acercaron los Doce y le dijeron:

– «Despídelos para que vayan a las aldeas y caseríos del contorno a buscar alojamiento y comida, pues aquí estamos en descampado».

Pero Jesús les dijo:

– «Dadles vosotros de comer».

Ellos le dijeron:

– «No tenemos más que cinco panes y dos peces. A no ser que vayamos a comprar alimentos para toda esta gente».

Pues eran unos cinco mil hombres.

Jesús dijo a sus discípulos:

– «Decidles que se sienten en grupos de cincuenta».

Así lo hicieron, y dijeron que se sentaran todos.

Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, los bendijo y los partió en trozos. Y se los dio a los discípulos para que se los distribuyeran a la gente. Y todos comieron hasta hartarse. Y se recogieron doce canastos llenos de las sobras.

 

VERDAD – LECTURA       

            El texto que hoy nos ofrece la liturgia se encuentra enmarcado dentro del contexto en el que Jesús comienza a extender su predicación por distintas aldeas de Galilea y es un preludio de la eucaristía.

Acaba de enviar a sus discípulos a predicar. Al regresar de su misión, Jesús les invita a acompañarlo a un lugar solitario para estar con él y compartir las vivencias que les han acaecido durante la predicación de la Buena Noticia. Allí les comienza a hablar del Reino de Dios; y, al acercarse la multitud, curó a muchos enfermos.

Cuando el día ya declina, al atardecer, los doce, preocupados por la gente, se acercan a Jesús y le dicen que despida a la gente para que puedan ir a buscar alojamiento y comida, pues se encontraban en descampado.

La respuesta de Jesús les desconcierta: “Dadles vosotros de comer”. ¿Cómo van a hacer esto, si sólo tienen cinco panes y dos peces? ¿Cómo van a recaudar el dinero suficiente para dar de comer a tanta gente? Y en el caso que lo consiguieran, ¿dónde van a comprar tanto alimento? ¿No se ha dado cuenta Jesús de que son más de cinco mil personas?

Jesús pide a los discípulos, que digan a la gente que se recuesten en grupos de cincuenta. Jesús va a solucionar el problema. Jesús será quien les de alimento, al igual que en otro tiempo hizo Moisés con el pueblo de Israel en el desierto (Num 1 – 4), al igual que hizo el profeta Eliseo (2Re 4,42-44). Jesús es el nuevo Moisés, el nuevo libertador de su Pueblo; Jesús es el nuevo profeta; aquel que ha venido a dar el verdadero sentido a la Ley y a los Profetas.

Jesús toma los cinco panes y los peces, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los dio a sus discípulos para que los distribuyeran. Es el preludio de la eucaristía. El mismo gesto que compartían las comunidades lucanas en la celebración eucarística, el mismo gesto que repite el sacerdote en cada eucaristía celebrada y vivida en todas y cada una de nuestras comunidades de fe. Eucaristía, acción de gracias, eucaristía, celebración, eucaristía fiesta; pero eucaristía, también compromiso, acogida y compartir; eucaristía preocupación por las necesidades del otro, eucaristía interés por los problemas del prójimo, eucaristía compartida de la vida de cada uno de los cristianos y de las necesidades del mundo.

Jesús no es un milagrero, Jesús no es un tapagujeros, Jesús no es un mago que por arte de magia hace desaparecer las dificultades, los problemas, los miedos. Jesús necesita de aquellos que han querido compartir su vida y su misión para llevar la felicidad a la humanidad. Jesús necesita de todos nosotros para llevar la Buena Nueva a todos, Jesús necesita que seamos sus manos, sus ojos, sus pies y su corazón para poder seguir acariciando, mirando con ternura, acompañando en el camino, amando sin distinción y gratuitamente. Únicamente de este modo, todos quedaremos saciados y tendremos de sobra: compartiendo nuestros bienes, nuestra persona y nuestra vida. De este modo recogeremos los cestos llenos de los trozos sobrantes.

No negamos el milagro. Para Dios no hay nada imposible. Jesús es quien multiplica nuestras acciones. Jesús es quien toma nuestros viene, quien bendice y da gracias al Padre quien parte, pero nosotros somos quienes debemos de distribuir eso bienes que Dios nos regala cada día, nosotros somos quienes debemos distribuir nuestra pequeñez y la de nuestros hermanos, nosotros somos quienes tenemos que acercar la eucaristía a todos aquellos que están alejados. ¡Claro que hay milagro! Con sólo cinco panes y dos peces, se sació toda una multitud.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Al igual que los apóstoles, ¿estás atento/a a las necesidades de aquellos hermanos que pasan a tu lado, que están a tu alrededor, de aquellos con los que compartes tu vida?
  • ¿Acercas a todo aquel que pueda estar necesitado a Jesús? ¿pides a Jesús ayuda para poder compartir los problemas, las dificultades, las necesidades de los demás? ¿Estás atento/a a la Palabra de Jesús para poder hacer frente a los momentos difíciles en los que se haya la humanidad?
  • ¿Qué entregas a Jesús para que pueda tomarlo, bendecirlo y partirlo? ¿Estás dispuesto/a a compartir y distribuir entre la gente los dones que el Padre en su infinita bondad te regalado?
  • ¿Cómo vives el misterio de la eucaristía? ¿Cómo la celebras? Además de encuentro con Jesús resucitado, ¿es para ti encuentro con los hermanos?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por el gran regalo de la Eucaristía.
  • Gracias, Jesús, por haber querido quedarte entre nosotros en un trozo de pan y un poco de vino, en el sagrario.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a vivir la eucaristía no sólo como celebración y encuentro individual con Jesús, sino como celebración de la comunidad y encuentro entre los hermanos. Y que cuando acabemos de celebrar la eucaristía, glorifiquemos a Dios con nuestra vida, y acerquemos la Buena Noticia a todos cuantos nos rodean.

“Dales vosotros de comer” Lectio Divina de la Solemnidad del Santímo Cuerpo y Sangre de Cristo (Lc 9,11b-17)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Muchas cosas tengo que deciros todavía, pero ahora no estáis capacitados para entenderlas. Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará para que podáis entender la verdad completa. Pues no os hablará por su cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído y os anunciará las cosas que han de suceder. Él me honrará a mí, porque todo lo que os dé a conocer lo recibirá de mí. Todo lo que el Padre tiene es también mío; por eso os he dicho que recibe de lo mío y os lo anunciará.

Hemos retomado con nuevas fuerzas el tiempo ordinario, y la primera solemnidad que nos ofrece la liturgia para celebrar es la de la Santísima Trinidad. No vamos a esbozar aquí una teología acerca del la misma, vamos acercarnos al evangelio de hoy e intentar aplicarlo a nuestra vida.

Ante que nada, es importante poner el texto que nos ocupa dentro de su contexto en el llamado discurso de despedida de Jesús. En el cual, Jesús promete la venida del Espíritu Santo, el cual será quien nos haga comprender la verdadera profundidad del evangelio y de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Éste envía a sus discípulos a la misión de proclamar y encarnar la Buena Noticia en el mundo; tarea difícil, pero en la que encontramos con la inestimable ayuda de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Dicha misión debe estar fundamentada en el amor.

Jesús ya ha comunicado a los discípulos la grandeza del evangelio, la cual no podrá ser entendida, ni vivida en profundidad, sin la asistencia del Espíritu Santo. Además, la pasión, muerte y resurrección de Jesús es incomprensible para aquellos, llegarán a entenderla en su plenitud con la llegada del Espíritu Santo. El Espíritu no revelará nada nuevo. Aquello que éste comunicará y hará comprender y vivir, es la misma palabra de Jesús. Él dirá únicamente lo que ha escuchado. Y dará las claves necesarias para entender en su verdadera dimensión el mensaje de Jesús y el por qué de su pasión, muerte y resurrección. Por eso es muy importante que los discípulos estén atentos, no sólo a los “signos de los tiempos”, sino también a la voz del Espíritu. Ya que éste es el verdadero interprete de la historia.

El Padre, el Hijo y el Espíritu lo poseen todo en común. El Padre, el Hijo y el Espíritu son uno. Y entre ellos se da una profunda intercomunicación que redunda en la vida de los discípulos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • ¿Cómo es tu vivencia del Espíritu Santo? ¿Eres consciente de su presencia en tu vida?

  • ¿Te dejas guiar en tu vida cotidiana por el Espíritu Santo?

  • El Dios cristiano no es un dios abstracto o que lejano de la vida de los seres humanos, el Padre se nos hace presente en el día a día en la persona de Jesús, ¿intentas reconocerlo? ¿intentas acogerlo? ¿intentas vivienciarlo?

  • ¿Estás antento/a a la voz del Dios, a aquello que el Padre, el Hijo y el Espíritu quieren comunicarte? ¿Te tomas tiempo para escuchar la Palabra? Y después de escuchar la Palabra, ¿intentas ponerla por obra?

  • ¿Eres consciente, a pesar del misterio, de que el Padre, el Hijo y el Espíritu son uno?

  • La comunidad de creyentes, al igual que la Trinidad, también, deben ser uno. ¿Cómo vives esta dimensión en tu grupo, equipo, comunidad?

VIDA – ORACIÓN

Dios escondido en el misterio,

como luz que apaga estrellas;

Dios que te ocultas a los sabios,

y a los pequeños te revelas.

No es soledad, es compañía,

es un hogar tu vida eterna,

es el amor que se desborda

de un mar inmenso de riberas.

Padre de todos, siempre joven,

al Hijo amado eterno engendras,

y al Santo Espíritu procede

como el Amor que a los dos sella.

Al Padre, al Hijo y al Espíritu,

acorde melodía eterna,

honor y gloria por los siglos,

canten los cielos y la tierra.

(Del himno de Laudes, solemnidad de la Santísima Trinidad).

Lectio Divina Domingo de la Santísima Trinidad (Jn 16,12-15)

“Ama y guarda mi palabra” Lectio Divina Domingo VI del Tiempo de Pascua (Jn 14,23-29)

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VERDAD – LECTURA

Jesús le contestó: “El que me ama guardará mi palabra, mi Padre lo amará y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él. El que no me ama no guarda mi palabra; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No estéis angustiados ni tengáis miedo. Ya sabéis lo que os he dicho: Me voy, pero volveré a estar con vosotros. Si me amáis, os alegraréis de que me vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Jesús habita entre nosotros, Jesús vive en nuestra vida, está presente en nuestro día a día. El Dios cristiano, no es un Dios lejano, apartado de la vida de los seres humanos. Está presente por amor y en el amor que nos profesamos los unos a los otros.

Dios siempre da el primer paso. Dios nos amó primero y nos ama incondicionalmente. Nosotros tenemos que vivir y mostrar el amor de Dios hacia nosotros, en nuestro amor a los hermanos. Amar al estilo de Jesús es acoger y poner en práctica su Palabra. Amar al estilo de Jesús es acoger al hermano y compartir con él todas sus vicisitudes: alegrías y sufrimientos, fracasos y logros, muerte y vida. Es estar dispuesto a acompañarlo en todos los acontecimientos diarios, ponerse a su servicio, entregarse a él incondicionalmente.

Nos consiste únicamente en seguir una serie de normas y doctrinas, es necesario que en nuestra vida esté presente el amor. Desde el amor se es fiel a la palabra. Quien no ama a Jesús en el hermano, puede cumplir a la perfección una serie de normas y preceptos, pero no está guardando la palabra de Jesús, no le ama verdaderamente. Y la palabra de Jesús, no es suya, es la palabra del Padre, aquel que continuamente, está amando y donándose al hombre.

El Espíritu Santo, nos da consuelo, fortaleza, ánimo, comprensión, nos impulsa a amar. Nos hace recordar la palabra de Jesús y llevarla a la práctica, nos modela según el modelo Jesús de Nazaret, nosotros únicamente debemos acoger y dejarnos hacer, para poder estar al servicio del hermano. Él nos ayudará a vivir en paz y a entregar paz. Una paz que nos es tranquilidad, ausencia de problema, falta de dificultades, enfermedades o tropiezos, es armonía, sosiego, esperanza, calma, confianza. Es serenidad de corazón y valentía.

Jesús vuelve al Padre, a su lugar original, al lugar en el que estaba desde antes de la creación del mundo, el lugar de su plenitud y de su gloria. Por eso tenemos que alegrarnos, porque a pesar de que ya no le veamos de manera física, el continúa y continuará estando entre nosotros. El no verlo puede producir en nosotros, tristeza, pero su presencia está entre nosotros. Él sigue vivo, el está presente en nuestra vida y nos acompaña; sale cada día nuestro encuentro, no estamos solos. Hemos de sentir su presencia, de una manera distinta a si estuviera presente físicamente, pero no por ello menos vital. Es importante, tener esto presente, sobre todo en los momentos de dificultad, de problemas, de tropiezos, para que nuestra fe no decaiga. Que no se turbe nuestro corazón. Jesús no se ha ido para siempre. Para siempre, esta presente entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Dios está siempre presente en nuestras vida. ¿Sientes su presencia? ¿De qué manera? ¿C´mo experimentas la presencia de Jesús en tu día a día?

  • Para guardar la palabra de Jesús, primeramente, es necesario escucharla y después ponerla por obra amando a los hermanos. ¿Existen espacios en tu vida cotidiana para escuchar la Palabra de Dios? ¿De qué manera, con qué acciones concretas tratas de llevar a la práctica la Palabra de Jesús?

  • Guardar y cumplir la palabra de Jesús es amar al hermano. ¿Cómo resuena esto en tu corazón? ¿Cómo muestras tu amor hacia los demás? Trata de ser lo más concreto posible.

  • ¿Intentas vivir la paz que Jesús te regala cada día? ¿De qué manera? ¿Qué significado tiene en tu vida la palabra paz en el sentido que hemos expuesto en nuestra lectura?

  • El Espíritu Santo nos lo enseña todo y nos recuerda todo. ¿Cómo es la presencia del Espíritu en tu vida? ¿Lo invocas con frecuencia? ¿Lo tienes presente?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 36,23s-24.34.

El Señor asegura los pasos del hombre

cuyo camino es de su agrado;

aunque tropiece, no caerá por tierra,

pues el Señor le lleva de la mano.

Confía en el Señor y sigue su camino;

el te ensalzará y te hará heredar la tierra.

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VERDAD – LECTURA

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a lo judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros”. Después soló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”

Tomás, uno de los doce, a quien llamaban “el Mellizo”, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “Hemos visto al Señor”. Él les dijo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo”.

Ocho días después, estaban nuevamente allí dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no sea incrédulo, sino creyente”. Tomás contestó: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “Has creído porque has visto. Dichosos los que creen si haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el hijo de Dios, y para que tengáis vida en su nombre.

Nos encontramos ante el acontecimiento más importante de la historia: La resurrección del Señor. Hoy el evangelio nos narra una de las manifestaciones gloriosas de Jesús. Nos situamos en el atardecer del primer día de la semana, es decir, del domingo, del día del Señor. El día más importante para cualquier cristiano, la conmemoración del día de su resurrección; el día en el que la comunidad cristiana en pleno se encuentra para celebrar la eucaristía.

También, aquel día, los discípulos se encontraban juntos. Sin embargo, tenían las puertas cerradas y estaban aterrados de miedo. En esta situación, se presenta Jesús en medio de ellos, deseándoles la paz. Que no se turbe vuestro corazón, no tengáis miedo, yo estoy con vosotros y os traigo paz; Jesús resucitado ha vencido a la muerte y al pecado.

Les muestra las manos y el costado. Ante su temor y su estupor, Jesús quiere mostrarles la prueba tangible de su pasión y muerte. Pasión y muerte que ha traído la paz y la salvación al mundo entero. Y “prueba” de que aquel que murió en la cruz, ha resucitado, está vivo entre nosotros. Ante tal acontecimiento y descubrimiento no cabe más que la alegría desbordante.

Y, Jesús resucitado envía a sus discípulos. Le envía a la misión que ya les había encomendado anteriormente: Id y predicad la alegría del evangelio. Pero, ahora, ya están preparados. Sopla sobre ellos El Espíritu Santo. Él les dará el valor, el coraje y la fuerza necesaria para llevar a cabo la misión. Y les concede el poder perdonar lo pecados. A partir de entonces, serán también representantes y transmisores de la misericordia del Padre, el único que puede perdonar los pecados.

Tomás no se encontraba allí en aquel momento. Y le relatan el feliz acontecimiento. Él no les cree. Aquello que le están contando no es verosímil; es imposible según la razón humana. Necesita pruebas. Y nuevamente, Jesús resucitado se hace presente. Ahora, si está Tomas. Aquí están las pruebas. Jesús no le reprocha nada, simplemente se muestra a él. Y posteriormente le invita a creer incluso en lo imposible, cuando esto viene de Dios. Tomás no puede más que realizar su profesión de fe: ¡Señor mío y Dios mío!

Lo importe no es creer porque uno ha experimentado la manifestación de Dios, porque haya visto pruebas tangible, porque las dudas se hayan disipado. Dichoso aquel que crea sin haber visto.

Otros signos realizó Jesús que no está escritos en los evangelios. Otros signos sigue realizando hoy en nuestro mundo, en tu vida y en mi vida, en nuestro acontecer cotidiano. ¿Seremos capaces de reconocer esos signos?

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Cada domingo, incluso cada día, Jesús se hace presente, se manifiesta en la comunidad, en el hermano, en la escucha de la Palabra y, sobre todo en la eucaristía. ¿Eres consciente de ello? ¿Cómo vives estos acontecimientos? ¿Reconoces a Jesús en estos espacios, ámbitos y lugares?

  • Jesús viene a traerte la paz, ¿cómo vives tu día a día, ante las distintas situaciones, circunstancias, acontecimientos…? ¿Vives con angustia, con pesadumbre, con miedo?

  • También sobre ti ha descendido el Espíritu Santo para que seas testigo de la misericordia y el amor de Dios entre todos aquellos que entran en contacto contigo. ¿Verdaderamente eres testigo del evangelio? ¿Qué actitudes, conductas, gestos has de cambiar en tu vida?

  • ¿Será Tomás mellizo contigo? ¿Eres incrédulo o creyente? ¿Necesitas pruebas fehacientes?¿Necesitas ver y tocar para creer? ¿Has tomado el pulso a tu fe?

  • Escucha en lo más profundo de tu persona como Jesús te dice: ¡Dichoso porque crees sin haber visto! Quédate ahí algunos instante al menos y dialoga con Jesús.

 

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale el regalo de la Resurrección; la de Jesús y la nuestra.

  • Da gracias a Jesús por enviarte a ser testigo del evangelio y por el diálogo que has mantenido con él hace un momento.

  • Pide al Espíritu Santo que te otorgue la fuerza necesaria, el vigor y la valentía para anunciar a Cristo Resucitado.

¡La paz esté con vosotros! Lectio Divina Domingo II de Pascua (Jn 20,19-31)

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adulteraVERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, Jesús se fue la monte de los Olivos. Pero, por la mañana estaba de nuevo en el templo. Todo el pueblo acudía a él; y él sentado, les enseñaba. Los maestros de la ley y los fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, la pusieron en medio y le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. En la ley, Moisés mandó apedrear a estas mujeres. ¿Tú que dices?” Decían esto para probarlo y tener de qué acusarlo. Pero Jesús, agachándose, se puso a escribir con el dedo en el suelo. Como insistían en la pregunta, se alzó y les dijo: “El que de vosotros no tenga pecado que tire la primera piedra”. Y, agachándose otra vez, continuó escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, se fueron uno tras otro, comenzando por los más ancianos, y se quedó Jesús sólo, con la mujer allí en medio. Entonces Jesús se alzó y le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?” Y ella contestó: “Ninguno, Señor”. Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete, y no peques más”.

Hoy en nuestra lectura del evangelio nos encontramos con una escena de lo que podríamos llamar la vida corriente de Jesús.

Acaba de estar en el monte de los Olivos, un lugar al que Jesús se retiraba frecuentemente a orar. Al amanecer, lo encontramos, de nuevo, enseñando. La gente esta a su alrededor escuchando su enseñanza. Ignoramos el contenido de dicha enseñanza. El caso es que la gente parece ser que le escuchaba con gusto, pues ya de mañana iban, precisamente al templo para escucharlo.

En esto, se acercan los maestros de la ley y los fariseos llevando con ellos a una mujer, que al parecer, ha sido sorprendida en flagrante adulterio, a la cual ponen en medio, entre Jesús y la gente del pueblo para que todos puedan verla bien. E interpelan a Jesús: según la ley debe ser apedreada (Lev 20,10; Dt 22,22.24: Aunque según estos textos de la ley deben ser ajusticiados ambos, hombre y mujer, puesto que los dos cometen adulterio). Ellos hicieron esto para probar a Jesús y tener de qué acusarlo, dijera lo que dijera, querían coger a Jesús en un renuncio. Jesús no dice ni que se aplique, ni que no se aplique la ley.

Jesús, con suma tranquilidad, se agacha y se pone a escribir en el suelo. Dicho gesto ha recibido innumerables interpretaciones, acerca de las cuales los expertos no se ponen de acuerdo. Algunos interpretan que lo que escribió Jesús fue la respuesta a su interrogante; otros aluden a un pasaje de la profecía de Jeremías, donde dice que los nombres de aquellos que se separan de Yahveh serán escritos en la tierra, con lo cual el viento o la lluvia lo harán desaparecer (cf. Jer 17,13). Según Secundino Castro, en su obra Evangelio de Juan, podría interpretarse como que al igual que la ley entregada a Moisé fue escrita por el dedo de Dios en la piedra, ahora Jesús escribe la suya en la tierra; es una ley que tiene en cuenta la debilidad de la persona; y se le da la oportunidad de borrar su pecado; es una ley para el hombre, que es terreno, frágil. Jesús no ha venido a condenar, sino a salvar (págs. 188s).MujerAdultera_-IsaakAsknaziyDominioPublico_Wikipedia_200315

Ante la insistencia de los acusadores, Jesús se levanta y les dice: “El que de vosotros no tenga pecado que tire la primera piedra”. Ante lo cual, aquellos, comienzan a marcharse, “comenzando por los más ancianos. Es decir, los primeros en marcharse son los que más autoridad tienen, los más respetados, los que se pensaban que eran mejores. Ellos querían utilizar la ley para condenar al hermano. Pero, hay que tener en cuenta, que todos somos pecadores, y, por lo tanto, ninguno estamos en condiciones de condenar a nadie. Nadie ha condenado a la mujer.

Pero, este hecho no quiere decir que Jesús sea un permisivo; el ser humano tiene que hacer un esfuerzo para no pecar, para no quebrantar la ley, cuyo primer mandamiento es el amor a Dios y al prójimo: “Vete, y no peques más”. La ley de Jesús, la ley de Dios, tiene en cuenta la debilidad del ser humano y se basa en el principio de misericordia. Y nosotros tenemos que cumplir la ley, no por cumplimiento, sino por amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Trata de hacerte una idea clara de la escena, imagínatela con todos los detalles posibles. Toma conciencia de cada uno de los personajes, ponte en el lugar de cada uno de ellos, identifícate con los acusadores y con la mujer pecadora, ¿qué sentimientos afloran en ti?

  • ¿En qué momentos de tu vida, te conviertes en acusador/a? ¿De qué manera lo haces? ¿Qué te mueve a hacerlo? ¿el cumplimiento estricto de la ley? ¿ayudar al hermano a cambiar? ¿la misericordia?

  • ¿Acoges a todas las personas, especialmente a los excluidos de nuestra sociedad, sin etiquetarlas, sin juzgarla, tratando de ayudarlas a crecer? ¿Y en tu comunidad, grupo, equipo…?

  • ¿Qué cambios hemos de realizar en tu vida para acoger a los excluidos de nuestra sociedad, de nuestra comunidad?

  • Acoger, no quiere decir, ser permisivos, hemos de mostrar y ofrecer la ley de Jesús lo cual implica esfuerzo, pero desde el amor. ¿Lo tienes en cuenta en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por haber escrito tu ley en nuestro corazón y ofrecernos tu amor y misericordia.
  • Gracias, Jesús, por interpretarnos la ley desde el amor y habernos entregado el mandamiento principal: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a saber perdonar al hermano y a no convertirnos en acusadores intransigentes, que busquemos siempre el bien de la otra persona, presentándole la vida y la vivencia de Jesús de Nazaret, sin algodones, pero con amor y misericordia, poniendo siempre a la persona en el centro.

“Tampoco yo te condeno. Vete, y no peques más” Lectio Divina Domingo V del Tiempo de Cuaresma (Jn 8,1-11)

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el-hijo-prodigo_270x250VERDAD – LECTURA

En aquellos días, los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírlo. Y los fariseos y los maestros de la ley lo criticaban: “Éste acoge a los pecadores y come con ellos”. Entonces les propuso esta parábola:

          “Un hombre tenía dos hijos. Y el menor dijo a su padre: Padre dame la parte de la herencia que me corresponde. Y el padre les repartió la herencia. A los poco días el hijo menor reunió todo lo suyo, se fue a un país lejano y allí gastó toda su fortuna llevando una mala vida. Cuando se lo había gastado todo, sobrevino una gran hambre en aquella comarca y comenzó a padecer necesidad. Se fue a servir a casa de un hombre del país, que le mandó a sus tierras a guardar cerdos. Tenía ganas de llenar su estomago con las algarrobas que comían los cerdos y nadie se las daba. Entonces, reflexionando, dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobre y yo aquí me muero de hambre! Volveré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo: tenme como a uno de tus jornaleros. Se puso en camino y fue a casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio y, conmovido, fue corriendo, se echó al cuello de su hijo y lo cubrió de besos. El hijo comenzó a decir: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad inmediatamente el traje mejor y ponédselo; poned un anillo en su mano y sandalias en sus pies. Traed el ternero cebado, matadlo y celebraremos un banquete, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido encontrado. Y se pusieron todos a festejarlo.

          El hijo mayor estaba en el campo y, al volver y acercarse a la casa, oyó la música y los bailes. Llamó a uno de los criados y le preguntó qué significaba aquello. Y este le contestó: Que ha vuelto tu hermano, y tu padre ha matado el ternero cebado porque lo ha recobrado sano. Él se enfadó y no quiso entrar. Su padre salió y se puso a convencerlo. Él contestó a su padre: Hace tantos años que te sirvo sin desobedecer jamás una orden tuya, y nunca me has dado ni un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos. ¡Ahora llega ese hijo tuyo, que ha gastado toda su fortuna con malas mujeres, y tú le matas el ternero cebado! El padre le respondió: ¡Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo! En cambio, tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado. Convenía celebra una fiesta y alegrarse”.

 

 

 

 

La liturgia de este domingo IV de cuaresma nos regala la lectura del pasaje evangélico conocido como la parábola del hijo pródigo, aunque creo que sería más indicado llamarla la parábola del padre misericordioso. Lo iremos viendo al profundizar en ella.

El motivo por el que Jesús pronunció esta parábola, según nos dice el texto, es a causa de la murmuración de los fariseos y de los maestros de la ley, que le criticaban porque acogía a los pecadores y comía con ellos. Algo, que por otro lado, estaba prohibido por la ley. Aunque esta ley era bastante injusta e inmisericorde. La misericordia es una de las características principales de Dios. Y también a nosotros nos pide que nos acerquemos a los demás con misericordia, sobre todo a los más necesitados de perdón y conversión. Esta imagen de Dios misericordioso no es ajena al Antiguo Testamento: “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad, conserva su fidelidad por mil generaciones y perdona la iniquidad, la infidelidad y el pecado”. (Éx 34,6s). “Yo soy el Señor, lento a la cólera y rico en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebeldía” (Núm 14, 18). “Soy un Dios que muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mi alianza” (Dt 5,10). “El Señor es compasivo y misericordioso, el Señor es paciente y todo amor; no está siempre acusando ni guarda rencor eternamente” (Sal 103,8). Por supuesto, algunos de estos textos tienen una segunda parte en la que se nos dice que no deja nada impune y castiga la maldad de los padres en los hijos en en los nietos; pero porqué quedarnos únicamente con esta última parte. Los fariseos y maestros de la ley lo hacían así porque ellos se consideraban justos ante Dios pues cumplían a rajatabla todos los preceptos de la ley, por pequeños que fueran, llegando incluso a una casuística extrema.

Jesús viene a decirnos que el único justo es Dios. Y este Dios justo trata a las personas con entrañas de misericordia. Por eso, contó esa parábola y hoy nos la presenta a nosotros.

En ella, nos encontramos con tres personajes protagonistas: el hijo menor, el hijo mayor y padre.5da0d8f2262b553cb19f33a20683e82e

El hijo menor comienza reflexionando acerca de la situación en la que se encuentra conviviendo en la casa de su padre, parece que no está contento; por lo que le pide a su padre que le de la parte de la herencia que le corresponde. Quiere ir a experimentar otros mundos, otras situaciones, otro contexto vital. Por lo que, una vez que el padre le entrega su herencia, marcha a un país lejano, allí derrocha toda su fortuna y, a un cierto momento, se encuentra con lo puesto. Decide entonces, trabajar para una persona de aquellas tierras, que lo coloca cuidando cerdos. Una labor, por otro lado, bastante deshonrosa para un judío, pues recordemos que el cerdo es un animal impuro para la cultura y la religión judía (Lev 11,7). Pero, pasa hambre, tiene miedo. Entra dentro de sí y reflexionando, cae en la cuenta de que la vida que llevaba en casa de su padre era más beneficiosa que su situación actual: al menos, allí no pasaba hambre, al menos allí podría llevar una vida más feliz, aunque fuera como jornalero de su padre.. Entonces decide volver a la casa de su padre. No le mueve el amor, no le mueve el arrepentimiento, ni siquiera el hecho de volver al seno de su familia, le mueve el egoísmo y el miedo.

Ahora entra en escena, como protagonista el padre. Al verlo de lejos, se conmovió. En el padre se produce una emoción interna que le hace volverse hacia el hijo y compartir su desgracia, sus problemas, sus inquietudes, sin necesidad, siquiera de que éste pronuncie palabra alguna.

El padre lo abraza, lo cubre de besos, le transmite amor. No le deja, siquiera acabar el discurso que tenía preparado. El amor del padre es un amor incondicional que no espera nada a cambio. Le dice a los criados que le vistan de gala, que van a celebrar una fiesta, porque su hijo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido encontrado. El padre desborda de gozo ante el regreso de su hijo. No le pide cuentas, no le reprocha nada, no le recrimina… Le trata con inmenso amor. Y ese amor desbordante del padre y la felicidad por el encuentro se convierte en fiesta.

Mientras tanto, entra en escena el hijo mayor, que estaba trabajando en el campo. Se sorprende de que en su casa haya una fiesta y él no se haya enterado. Los jornaleros le informan del gran acontecimiento: Que ha vuelto tu hermano, y tu padre ha matado el ternero cebado porque lo ha recobrado sano. ¿Cómo? ¿qué ese ingrato ha vuelto y mi padre ha preparado una fiesta? ¿Cómo es posible? El proceder del padre no entra dentro de su lógica. Como no entra dentro de nuestra lógica el proceder de Dios. Se enfada, se enfurece, se irrita ante el comportamiento de su padre. Es tal el rencor que lleva dentro que es incapaz siquiera de preguntar cómo está su hermano. Su única preocupación es que él ha sido “fiel”, ha cumplido con todo lo que el padre le ha ordenado, y no ha recibido recompensa alguna. Tampoco él ha entendido el significado del amor incondicional, a pesar de estar siempre al lado de su padre. No se ha dado cuenta de que todo lo que tiene el padre es suyo. Que en realidad, el padre no tiene nada propio. Porque incluso el amor es para darlo a los demás. El padre trata de explicarle su actuar, trata de explicarle en qué consiste el amor incondicional. Pero para ello, es necesario que entre en la dinámica de la misericordia y del amor que no espera nada a cambio.

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El relato concluye de una manera abrupta. En realidad, no sabemos el final. Es posible, querido lector que el final debamos construirlo tú y yo. Tal vez, es necesario que tomemos posición y nos pongamos en la piel de cada uno de los personajes, para ver cual es nuestro papel, para descubrir si nosotros hemos entrado en la dinámica del amor incondicional y de la misericordia de Dios nuestro Padre.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

 

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Es para tí motivo de escándalo saber que Jesús compartía su vida con pecadores, indigentes, prostitutas, gente de mal vivir?
  • ¿Con cuál de los personajes de la parábola te sientes más identificado? ¿Con el hijo menor? ¿Con el padre? ¿Con el hijo mayor?
  • Tal vez, has caído en la cuenta de que en muchas ocasiones te alejas de nuestro Padre Dios, ¿Qué sentimientos despierta esto en ti? ¿Has percibido que en esas ocasiones no eres plenamente feliz? ¿Por qué? ¿Qué es lo que te causa esa infelicidad? ¿Tienes miedo y por eso vuelves a la casa del Padre o te mueve el amor?
  • ¿Qué significa para ti entrar en la dinámica del amor incondicional, que no espera nada a cambio, de la misericordia (sentir en el corazón las miserias del otro)?
  • También es posible que seas un cristiano intachable, justo, cumplidor… que no se ha separado nunca de la casa del Padre. ¿Qué te mueve a ello? ¿Siente como tuyas las cosas de Dios? ¿Sientes que haces las cosas que le gustan al Padre por amor y no por cumplimiento? ¿Estas dispuesto a entrar en la fiesta?

 

 

 

 

VIDA – ORACIÓN

 

  • Te invito a volver a leer la parábola, a caer en la cuenta de las actitudes del padre, a que intentes hacerlas tuyas, a contemplar y dejarte contemplar por Dios rico en misericordia, a entrar en su dinámica de amor incondicional. Déjate mirar por Él y miralo. Deja que su amor te inunde.
  • Entonces, sal fuera y desparrama todo ese amor hacia todas aquellas personas con las que te encuentres, especialmente los más necesitados de misericordia: los pobres, los excluidos, los pecadores…

“La misericordia entre nosotros” Lectio Divina Domingo IV de Cuaresma (Lc 15,1-3.11-32)

“Convertirse y dar fruto” Lectio Divina Domingo III de Cuaresma (Lc 13,1-9)

VERDAD – LECTURAvhg7yg

En aquel momento, llegaron algunos anunciándole a Jesús que Pilato había matado a unos galileos, mezclando su sangre con la de las víctimas que ofrecían en sacrificio. Jesús les dijo: “¿Pensáis que esos galileos eran los más pecadores de todos los galileos porque sufrieron eso? Os digo que no y, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. ¿Creéis que aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató eran los únicos culpables entre todos los vecinos de Jerusalén? Os digo que no. Todos pereceréis igualmente si no os arrepentís”.
Les contó esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña; fue a buscar higos en ella, y no los encontró. Dijo al viñador: Hace ya tres años que vengo a buscar higos en ella no los encuentro. Córtala. ¿Por qué va a ocupar un terreno inútilmente? El viñador dijo: Señor, déjala también este año; yo cabaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da higos; si no los da, la cortas”.

 

El evangelio que nos ofrece la liturgia en este tercer domingo de cuaresma, podemos dividirlo en dos partes. En la primera parte, Jesús comenta dos acontecimiento de la vida cotidiana y aprovecha para invitar a sus contemporáneos, también a nosotros, a la conversión; dichos acontecimientos son la masacre que protagonizado Pilato y el accidente acaecido en la torre de Siloé. La segunda parte es la parábola de la higuera estéril.
Para situarnos adecuadamente en el contexto de este pasaje, hemos de decir que nos encontramos camino de Jerusalén. Algunas personas se acercan a Jesús para contarle el acontecimiento acerca de la masacre perpetuada por Pilato en contra de algunos galileos y como éste mezclo la sangre derramada por aquellos con la sangre de los sacrificios, lo cual aprovecha Jesús para comentar el hecho. Para la mentalidad judía de la época, la ausencia de catástrofes, males o incidentes desagradables era señal de la aceptación, aprobación o beneplácito de Dios. Jesús quiere dejar claro que Dios no es un Dios tapa-agujeros, guardián del orden público o adversario del hombre, el Dios cristiano es un Padre misericordioso que ama al ser humano, que quiere lo mejor para él y le otorga libertad para actuar, pensar y ser. Ni aquellos hombres, ni Dios son responsables de la catástrofe acontecida. Ahora bien, como cualquier ser humano puede alejarse de Dios, hecho que no lleva implícito en ningún momento el castigo, pero si lleva implícita la conversión. De ahí, la pregunta de Jesús: “¿Pensáis que esos galileos eran los más pecadores de todos los galileos porque sufrieron eso?” y su respuesta: “ Os digo que no”. E invita a los que lo escuchan a la conversión.
Reforzando esta idea, Jesús cuenta una parábola: la parábola de la higuera estéril. En ella, el dueño de la viña simboliza a Dios, la higuera es el Pueblo de Israel y el viñador es Jesús. Dios “se ha cansado” de las infidelidades del Pueblo; el viñador pide al dueño que le de un poco más de tiempo y cuidará más y mejor a la viña. Jesús siempre querrá darnos una segunda oportunidad y nuestro Padre Dios siempre nos está esperando. Nuestra conversión, cambio de vida, nos llevará también a dar testimonio.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es la imagen que tienes de Dios? ¿Un dios lejano, el dios relojero del universo que interviene en todo momento, el dios policía, el dios tapa-agujeros? ¿El Dios de Jesús y del Evangelio?
  • Jesús invita a tus contemporáneos a leer los signos de los tiempos. Y tú, ¿cómo sigues esta invitación?
  • Jesús nos llama continuamente a la conversión, a cambiar nuestra vida, a cambiar nuestra perspectiva. ¿Cómo acoges esa llamada? ¿Qué acciones pones en práctica?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por mostrarte siempre paciente con nosotros y por regalarnos cada día tu misericordia.
  • Gracias, Jesús, por invitarme cada día a la conversión.
  • Gracias Espíritu Santo por ayudarme a interpretar los signos de los tiempos.
  • Ayúdame, Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo a purificar mi imagen de Dios, a iniciar mi camino de conversión y a ser testigo de tu misericordia.
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VERDAD – LECTURA

Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando estos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía lo que decía. Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y los cubrió. Al entrar en la nube, los discípulos se asustaron. Y una voz desde la nube dijo: “Este es mi hijo, el elegido, escuchadle”. Tan pronto como cesó la voz, Jesús quedó solo. Los discípulos quedaron en silencio, y a nadie contaron por entonces lo que habían visto.

 

En este segundo domingo de cuaresma, la liturgia nos ofrece, para nuestra meditación y oración, en los tres ciclos, el texto conocido como la transfiguración de Jesús. En el ciclo C, nos encontramos con el relato de dicho hecho según el evangelio de Lucas.

Estamos encima de una montaña. En una situación temporal imprecisa. Aunque aquí no lo hemos recogido, y tampoco lo recoge la liturgia de la palabra, el texto comienza diciéndonos: “Unos ocho días después…” Y, al menos a mí, inmediatamente, me asalta una pregunta: ¿Ocho días después de qué? ¿Del regreso de los discípulos después de que Jesús les enviara a predicar el Reino? ¿Ocho días después de la profesión de fe de Pedro? ¿Ocho días después del primer anuncio de su pasión? Pues probablemente, después de estos dos últimos acontecimientos. Según, lo que conocemos por los otros sinópticos, los discípulos, especialmente Pedro, no han entendido nada de aquel anuncio… ¿Cómo es posible que el Mesías vaya a padecer todo eso y muera? ¿Y qué es eso de que después va a resucitar? De alguna forma, Jesús quiere manifestarse a ellos y confirmarles en la fe. Es un intento de que sus discípulos cambien la concepción que tienen acerca del Mesías. La transfiguración es una confirmación de que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías esperado. Es un anticipo de la resurrección. Pero vayamos por partes.

Decíamos más arriba que nos encontramos en una montaña. Este lugar es privilegiado para el encuentro con Dios. Basta recordar los encuentros de Moisés con Dios en el monte Sinaí (Éx 19,20; 24,12-15; 34,2-4) o de Elías en el monte Horeb (1Re 19,8). Jesús se encuentra allí orando, encontrándose con él Padre, y en aquel momento cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente.

Inesperadamente, aparecen dos hombres que se ponen a hablar con Jesús. ¿Quienes son? Moisés y Elías. Pero, ¿quiénes son estos personajes y por qué se aparecen? Moisés representa la Ley, él la había recibido en el Sinaí; y Elías representa a los profetas, éste había sido arrebatado al cielo por un carro de fuego (2Re 2,11) y según la profecía de Malaquías, tiene que volver a preparar el camino al Mesías (Mal 3,23). Por tanto, la ley y los profetas, el Antiguo Testamento, viene a dar testimonio de Jesús como Hijo de Dios.

Y, ¿acerca de qué dialogan Moisés, Elías y Jesús? Precisamente, acerca de la duda que tenían los discípulos: de la muerte de Jesús que iba a tener lugar en Jerusalén. El Mesías esperado no es un Mesías poderoso, guerrero y aniquilador de enemigos. El verdadero Mesías tendrá que padecer y morir… pero al tercer día será resucitado por el Padre. De este modo Jesús nos liberará de todas nuestras ataduras y de la más importante, de las ataduras de la muerte, puesto que si él resucitó, nosotros también resucitaremos, a pesar de todos nuestros problemas, de nuestras dificultades, de nuestras miserias.

Aunque los discípulos estaban cargados de sueño, se mantuvieron despiertos y pudieron ver la gloria de Jesús y a los dos personajes que se encontraban junto a él. Y su reacción fue lógica. En aquel instante no se dan cuenta de la importancia del acontecimiento que están viviendo. Sus mentes están en otra parte, no perciben la realidad de una manera clara, están aturdidos. Y reaccionan, sobre todo Pedro con aquellas palabras: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a quedarnos.” Eso de tener que pasar por una pasión, por la muerte… Todo eso no tiene sentido, vamos a quedarnos, quítate de problemas. Según, el texto, Pedro no sabe lo que dice.

Mientras está hablando, una nube del cielo los cubrió. La nube, recordemos que, es símbolo de la presencia de Dios (Éx 40,34-38; Núm 10,11s.). Entonces, se oye la voz del Padre que dice: “Este es mi Hijo, el elegido, escuchadle”. De este modo, el Padre confirma que Jesús es el Hijo de Dios, y que nosotros lo que debemos hacer es escuchar su Palabra.

Los discípulos guardan silencio y no contaron a nadie lo ocurrido. Tendrán que vivir la experiencia de la Pascua para entender verdaderamente este acontecimiento.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Hoy, también a ti, Jesús te invita a subir con él a la montaña para orar. ¿Cuál es tu montaña? ¿Qué sientes? ¿Aceptas la invitación? ¿Cuál es tu experiencia en esta montaña?
  • ¿Qué significado tiene en tu vida que Moisés y Elías, la ley y los profetas, vengan a confirmar que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Qué significa para tí que Jesús sea el Hijo de Dios?¿Qué significado adquiere todo esto para tu vida diaria?
  • Jesús cada día se manifiesta en tu vida. ¿De qué manera? ¿Cómo lo percibes? ¿Cómo es ese encuentro? ¿Sirve para cambiar tu percepción y tu modo de vivir el día a día?
    ¿Escuchas la Palabra de Jesús? ¿Cambia en algo tu vida?
  • No puedes quedarte en la montaña, has de bajar a la vida cotidiana y, desde tu experiencia pascual, contar lo que has visto y oído a todos aquellos que salen a tu encuentro.

 

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por revelarnos que Jesús es tu Hijo amado, que puede transformar desde lo más hondo nuestras vidas.
  • Gracias, Jesús, porque cada día te muestras y te revelas en los acontecimientos cotidianos de nuestra vida.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a configurarnos cada día más con Jesús y a llevar su Palabra a todos nuestros hermanos.

“Este es mi hijo, escuchadle” Lectio Divina Domingo II de Cuaresma (Lc 9,28b-36)

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Te invitamos a las Jornadas Bíblicas “El Pueblo de Dios camina en la historia”. Se celebrarán el próximo fin de semana (5-7 de febrero) La Parroquia de San Antonio del Retiro en Madrid. En ellas se desarrollarán diversas actividades, todas ellas son de entrada libre y gratuita. ¡Ven a compartir con nosotros la Palabra! En la imagen adjunta tienes todo el programa. ¡Te esperamos!

Jornadas Bíblicas Madrid 2016

Jornadas Bíblicas en Madrid

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir e la sinagoga: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: “¿No es este el hijo de José?”. Y Jesús les dijo: “Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún”. Y añadió: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio”. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
El texto que nos ofrece hoy la liturgia es continuación del pasaje evangélico del domingo pasado. En él hemos dejado a Jesús en la Sinagoga, después de anunciar un año de gracia del Señor.

Al concluir la lectura del Profeta Isaías, se sentó, devolvió el rollo al encargado de la sinagoga y se sentó para comentar la lectura. Es aquí donde arranca el relato con el que hoy oramos: “Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír”. ¿De qué manera pronunciaría Jesús estas palabras? El evangelista nos dice que todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. ¿Cómo era posible, que el hijo de José hablara así? ¿Cómo es posible que alguien tan humilde, que conocemos de toda la vida, al que hemos visto crecer… hable de esa forma?
Sus paisanos comienzan a dudar. Ante aquello, Jesús sale al paso, citando un refrán, posiblemente conocido por todos ellos: “Médico cúrate a ti mismo”. A lo cual añade otro acerca del profetismo que no es acogido en su propia tierra, comentándolo y fundamentándolo con dos pasajes de los libros de los Reyes comparando Israel con otros pueblos; la historia del Profeta Elías (1Re 17-18) y la historia del Profeta Eliseo (2Re 5,1-14).
En la primera de estas historias se sitúa en el reinado del rey Ajab, el cual no era del agrado de Yahveh, durante su reinado hubo tres años de sequía y el pueblo de Israel sufrió hambre. Todo ello debido a la infidelidad del pueblo y al rechazo del Profeta. Esa era la causa por la que el Profeta no es enviado a ninguna persona de Israel, sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sión.
La segunda de estas historias narra el acontecimiento de la curación de Naamán, el sirio de su lepra. El cual cumplió lo que el Profeta Eliseo le ordenaba.
Jesús le estaba diciendo, en su propia cara, que allí no podrá realizar ningún milagro, debido precisamente a la dureza de sus corazones, a su falta de fe, a su predisposición a no cumplir con la voluntad de Dios, a su incapacidad voluntaria para cambiar… En lugar de abrir sus mentes y sus corazones ante ese mensaje de gracia de Jesús, lo que hacen es permanecer en sus prejuicios, convencionalismos y cerrazón. No tenían intención de cambiar. Por lo cual, el rechazo a todo aquello que estaba diciendo Jesús era lógico. Para evitar el cambio, era mejor considerar a Jesús un falso profeta. No puede estar diciendo la verdad. Es mejor, incluso, matarlo. Pero, la hora de Jesús aún no había llegado.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Jesús es rechazado por el mensaje que ha proclamado en el evangelio del domingo pasado. Sus paisanos, a pesar de la admiración, no son capaces de acoger y poner en práctica las palabras de Jesús. ¿Y tú estás dispuesto a acoger la palabra de Jesús y ponerla por obra?
  • ¿Estás atento/a a todo aquello que Jesús quiere decirte y transmitirte en tu vida diaria? ¿Dedicas algún tiempo del día para escuchar su Palabra? ¿Abres tu mente y tu corazón para que Jesús pueda transformar tu vida?
  • ¿Estás abierto/a a la novedad del Evangelio o por el contrario continúas anclado/a en tus propias creencias, convicciones, convencionalismos…?
  • ¿Estás dispuesto/a a realizar cambios en tu vida, aunque estos supongan dificultades, obstáculos, inconvenientes, compromisos…?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por habernos enviado a tu Hijo, Jesucristo, para acercarnos más a tí y ofrecernos un vida plena.
  • Gracias, Jesús, por presentarnos la novedad del Evangelio que nos transforma y nos conduce a la felicidad.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a apropiarnos de las actitudes vitales de Jesús y hacerlas nuestras, para que de esta manera nuestra vida se transforme en vida plena.

“¿Qué significa esto?” Lectio Divina Domingo IV del Tiempo Ordinario (Lc 4,21-30)