Lectio Divina Domingo XVII del T.O. (Jn 6,1-15)

Queridos cibernautas:

Hemos llegado a la entrada número 150. E·s una gozada hacerlo de la mano del evangelio de Juan. Gracias a todos los que seguís el blog y a todos los que difundís su contenido, tanto del ámbito de la Biblia como del ámbito de la comunicación, el coaching, la inteligencia emocional y el liderazgo. Os animo a que comentéis y a que me escribais, me gustaría tener fedd back de vosotros acerca de los contenidos del blog. No os canso más y adelante con el post de hoy. Muchas gracias.

 

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, Jesús marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberiades). Lo seguía mucha gete, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: “¿Con qué compraremos panes para que coman estos?”. Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: “Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo”. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?” Jesús dijo: “Decid a la gente que se siente en el suelo”. Había mucha hierba en ese sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil, Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron de pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: “Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie”. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: “Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo”: Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiro otra vez a la montaña él solo.

Del capítulo 5 al 6 del evangelio de Juan nos encontramos un cambio brusco de situación geográfica. En el primero, se encontraba en Jerusalén; ahora lo encontramos en la orilla oriental del lago de Galilea. Jesús abandona la tierra de los judíos, tierra en la que el pueblo está siendo oprimido por la Ley interpretada por los escribas y fariseos; y marca a la otra orilla y sube al monte. El monte que es el lugar de la manifestación de Dios.
El doble nombre que recibe en este evangelio el lago, se refiere por un lado al nombre judío, mar de Galilea, y por otro, al nombre pagano Tiberiades, lo cual nos indica que en aquella región existía una mezcla de judíos y paganos; ambos convivían juntos. Y el mensaje de Jesús está abierto a todos.
Con esta acción de pasar de una orilla a otra, nos encontramos con un nuevo éxodo, que liberará al pueblo y le llevara a la nueva tierra prometida. Sin embargo, en este nuevo éxodo, Jesús no va delante de la multitud guiándola por el camino. El marcho solo, posiblemente con sus discípulos, después la multitud la sigue. Pero, tiene precisamente que dar ese paso del seguimiento. No le siguen como “borregos” es una decisión libre. Aunque debe ser una decisión libre, la verdadera causa por la que la multitud sigue a Jesús es porque ha realizado signos, ven en él a un liberador.
Jesús sube al monte, que como decíamos más arriba es el lugar de la manifestación de Dios. Siguiendo con la similitud del éxodo, también Moisés subió aun monte para que tuviera lugar dicha manifestación o teofanía (Éx 24,1-2.9.12). Jesús representa la gloria de Dios, su amor incondicional. Jesús se sienta en el lugar donde reside la gloria de Dios y sus discípulos se sientan con él. La esfera divina está abierta a los hombres; el Dios cristiano no es un Dios alejado de la humanidad, sino que permite que las personas compartan su ámbito de existencia, la morada de Dios está abierta a todos.
La Pascua de la que nos habla el evangelista hace referencia a la fiesta de los judíos, o más bien de sus dirigentes, que la han adulterado, ya no es una fiesta de liberación, sino en realidad de opresión y de mantenimiento del estatus de los escribas y doctores de la ley. Para celebrar dicha fiesta, los judíos suben a Jerusalén, ahora siguen a Jesús, suben al monte de la manifestación de Dios.
Felipe, el discípulo que fue a buscar a Jesús (Jn 1,43) y que sigue estando aferrado a las tradiciones judías (Jn 1,45) es quien se da cuenta de la necesidad del pueblo. Jesús no quiere poner la cosa fácil, todo requiere un esfuerzo, quiere ver como reacciona Felipe, quiere tantearlo. Felipe, por su parte, va a lo práctico, a lo tangible, a lo inmediato: sin dinero nada se puede hacer; es más, haría falta mucho dinero. Los recursos son insuficientes, por lo que aquel “seguimiento” es un fracaso.
Andrés, el hermano de Simón Pedro, es quien entra ahora en escena. Se han mencionado a los representantes de los tres grupos que siguieron a Jesús desde el principio del cuarto evangelio: Felipe, representante de los judíos y sus tradiciones a quien Jesús llamó; Andrés, discípulo del Bautista y que ante las palabras de éste, sigue a Jesús con entusiasmo; y Pedro, que prácticamente se mantuvo sin entusiasmo alguno al encontrarse con el Maestro.
Andrés no es que haya encontrado una solución, sino que lo que hace es constatar los medios de los que disponen. Un muchacho cuenta con cinco panes y dos peces. Cinco, alusión clara a los cinco primeros libros de la Biblia, el Pentateuco; la precisión de panes de cebada alude al acontecimiento de Eliseo cuando con veinte panes sació a cien personas (2Re 4,42-44). El dos, para completar hasta llegar al número siete, que significa totalidad, plenitud. Andrés quiere poner a disposición de todos, al menos lo que tienen, aunque cae en la cuenta de que es muy posible que no baste. También aquí, aunque se dispone de medios, estos no son suficientes, nuevo aparente “fracaso”.
Jesús ordena que se recuesten en la hierba. Antes se ha referido a ellos como multitud, ahora se refiere a ellos como hombres, es decir, personas; para Jesús no somos una multitud anónima, somos personas concretas, con nuestras propias necesidades, nuestros gozos y tristezas. Se recuestan para comer, tal y como hacían los hombres libres. Lo primero que nos trae Jesús es libertad. En la Pascua de jesús no se ha de comer de pie y aprisa, como ocurría cuando eran esclavos en Egipto, no hay que recorrer un largo camino para llegar a la Tierra Prometida, ella ha venido hasta ellos, Jesús se encuentra en medio de ellos. La mucha hierba simboliza ala abundancia de pastos y la fecundidad del tiempo mesiánico.
Eran cinco mil, dicho número es múltiplo de cinco, que como hemos visto arriba, es el número de panes y el de los libros del Pentateuco; múltiplo también de cincuenta que es la cantidad de los miembros de la comunidad profética en tiempo de Abdías (1Re 18,4) o del Profeta Elías (2Re 2,7). La Ley ha sido sustituida por la nueve Ley del amor que ha venido a traer Jesús.
Jesús pronuncia la acción de gracias, reconociendo que todo nos viene del Padre, que todo es don y regalo de Dios. Los bienes tienen que ser eso un regalo, no podemos acapararlos, el don de Dios ha de ser compartido, cuando compartimos todo se multiplica, sobre todo cuando se ofrece todo sin guardarse nada, aparece la abundancia. Cuando dejamos de poner nuestra confianza en lo material, en el tener, en el poseer egoísta y ponemos nuestros bienes y nuestras personas al servicio de los demás compartiendo todo lo que tenemos, entonces llega a sobrar. El pan y los peces han de ser distribuidos, se requiere el esfuerzo personal, requiere la implicación de los discípulos, requiere su donación gratuita, requiere darse, gastarse y desgastarse por los demás. Hemos de manifestar el amor, la preocupación y la generosidad de Dios Padre hacia las personas, compartiendo lo que de él hemos recibido.
Esa es la única manera de que todos queden saciados y sobren dones, sobren regalos, sobre el legado de Dios. Dios no se cansa de regalarnos dones todos ellos son necesarios por eso hay que guardarlos para utilizarlos y donarlos en el momento preciso.
Las doce cestas hacen alusión a las doce tribus de Israel. La abundancia es la abundancia de estar junto a Jesús, de permanecer a su lado, de no alejarnos de él.
Ante aquel signo, los presentes caen en la cuenta de que quien a realizado dicho prodigio es el Profeta que ha de venir, un enviado de Dios. Pero además, ante aquel signo y los anteriores realizados por Jesús, la multitud lo reconoce como Mesías, pero un Mesías rey, guerrero poderoso, caudillo del pueblo. Continúan en la mentalidad judía. No se han dado cuenta de que Jesús es un Mesías diferente, que se ha puesto a servir, que se ha abajado para ponerse al servicio de los hombres. Jesús que quería darles libertad, que quería por parte de ellos generosidad y amor, ve fracasado su propósito ante su actitud, ellos quieren un rey al que servir, al que rendir pleitesía y al que prestar obediencia; quieren continuar siendo súbditos, que no tienen que asumir la responsabilidad de elegir.
A Jesús, no le queda otra que alejarse y retirarse solo al monte. A encontrarse el solo con el Padre. A reflexionar, meditar y afrontar la situación que se ha presentado de la manera más satisfactoria posible.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Asumes totalmente y con todas las consecuencias que el mensaje de Jesús está abierto a todas las personas?
• ¿Qué pasos vas dando en tu vida para encontrarte con Jesús, para como cristiano continuar en su seguimiento?
• Todos y cada uno de nosotros hemos recibido una llamada de Jesús para seguirle, intenta recordar aquel instante ¿cómo fue? ¿cómo lo acogiste? Y lo más importante, en este momento, ¿cómo es tu seguimiento? ¿lo has depurado? ¿has crecido? ¿se ha incrementado?
• Ante situaciones difíciles, ¿cuál es tu actitud? ¿te limitas a constatar el hecho? ¿te limitas a caer en la cuenta de los recursos que existen y que se pueden utilizar para mitigar dicha situación? O por el contrario, ¿buscas soluciones y las pones en práctica?
• ¿Cuentas con Jesús para afrontar dichas situaciones? ¿Pones a disposición de los demás los dones de Dios y tu propia persona? ¿Te implicas? ¿Eres capaz de compartir, los dones y los bienes que Dios te ha regalado, con tu esfuerzo, por supuesto? ¿Eres capaz de darte tu mismo, de partirte y repartirte?
• ¿Soy consciente de que la multitud está hambrienta no solo de alimento material, de cosas o de bienes materiales, sino sobre todo del amor de Dios? ¿Qué hago para saciar a esta multitud?
• ¿Quién es Jesús para ti? ¿Un Mesías rey, que te soluciona la vida a cambio de la sumisión? ¿Un Mesías Caudillo, al que seguir sin tener que preocuparte por tomar tus propias decisiones? ¿Un Mesías guerrero, que te saca de cualquier atolladero, a cambio de tu admiración y sometimiento total? ¿El Mesías servidor de todos los hombres, que es capaz de abajarse a su miseria, que acoge a todos sin distinción, que les toma de la mano para sacarlos del pozo en el que se hayan, y que en muchas ocasiones nosotros mismos hemos arrojado?

ORACIÓN – VIDA

• Te adoro Dios mío y te amo de todo corazón por haberme creado y llamado a continuar tu tarea creadora en el mundo
• Padre, te doy gracias por los dones, beneficios y bienes que cada día me regalas.
• Me ofrezco a ti, Jesús, para seguirte y donarme para saciar a la multitud hambrienta, no solo de pan material, sino de tu Palabra y del amor de Dios.
• Ayúdame, Jesús, a ser tu discípulo fiel y a llevar la Buena Noticia y la abundancia que ella trae a todos los que me rodean y con todos los que me encuentro a diario.

Lectio Divina del XVI domingo del T. O. (Mc 6,30-34)

VERDAD – LECTURA El-lugar-tranquilo

30En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 31Él les dijo: “Venid vosotros solos a un lugar tranquilo a descansar un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. 32Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. 33Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. 34Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
La semana pasada hemos dejado a los apóstoles siendo enviados a la misión. Trabajo duro y, a veces, poco apreciado. En esta ocasión han vuelto de dicha misión y están relatando al Maestro las vicisitudes que les han acaecido durante el desarrollo de la misma. Es entonces, cuando Jesús les invita a ir a un lugar tranquilo para descansar.
Pero, ¿por qué? Pues, parece ser que como ocurre también nuestros días, la actividad de los apóstoles debía ser vertiginosa, les absorbía de tal manera, que no tenían tiempo, siquiera para comer. Posiblemente, habían tenido éxito en la misión y eso les había engrandecido de tal manera, que no sabían cuando era el momento de parar. Cierto, que Jesús les envía a la misión, cierto que les llama para que difundan la Buena Noticia a los cuatro vientos, pero no menos cierto es que les llamó, también, para que estuvieran con él (Mc 3,14). Y parece que esto lo habían olvidado.
Toda persona que quiera dar de lo que lleva dentro, debe de alguna forma alimentarse adecuadamente. El apóstol no puede dejar su predicación a la improvisación, el apóstol no debe predicar doctrina vacía o una serie de conceptos aprendidos de memoria. El apóstol de dar testimonio de lo que ha visto y oído. El verdadero apóstol ha de ser testigo de las maravillas que Jesús y su Padre Dios, en su infinita misericordia va realizando en el día a día de la humanidad. El verdadero apóstol ha de hablar de su experiencia de Dios; y para ello es necesario precisamente eso, hacer experiencia. La experiencia sólo es posible realizarla con el contacto; si el apóstol no se alimenta de la vida y la misión de Jesús, podrá predicar bonitos discursos; pero ¿acerca de quién o qué está predicando? Para poder anunciar la Buena Noticia es necesario que primero vivamos la experiencia vital de Jesús, que nos relacionemos con él, que él sea nuestro guía, nuestro compañero de camino, nuestro apoyo y nuestro alimento. Si no podremos estar pronunciando bonitos discursos, pero estarán vacíos. Por eso,
Jesús invita a sus discípulos a ir al desierto para descansar y poder reflexionar junto a ellos.
No obstante, la gente no estaba dispuesta a dejarles tranquilos. La gente estaba ávida de aquella nueva doctrina, porque llegaba al corazón, porque les hablaba de la vida cotidiana, porque les traía la misericordia de Dios.
Cuando Jesús contempla la muchedumbre siente compasión de ellos, porque parecen como ovejas sin pastor. Y, entonces se puso a enseñarles con tranquilidad, con calma, sin prisa todas las cosas del Reino.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• Jesús, después de una dura jornada, te invita a acompañarlo a un lugar solitario y descansar un poco, ¿Cómo acoges esa invitación?
• ¿Llevas una vida tan sumamente ajetreada que no te queda tiempo ni para comer? ¿Qué sientes cuando tomas conciencia de ello?
• ¿Qué significa para ti acompañar a Jesús a un lugar tranquilo y descansar junto a él? ¿Crees necesario llenarte, plenificarte, colmarte de Jesús antes de predicar la Buena Noticia? ¿Dedicas tiempo a ello?
• Tómale el pulso a tu relación con Jesús, tanto en la calidad como en la cantidad, pues aunque no nos lo parezca, ambas van de la mano, pues si no dedico tiempo a relacionarme con Jesús, es poco probable que mi relación pueda ser de calidad.
• ¿Eres parte de esa muchedumbre ávida de hacer experiencia de Jesús?
• Ante la situación de infelicidad de muchos de nuestros contemporáneos ¿tienes una actitud de misericordia y compasión? ¿estás dispuesto, después de haberte llenado de Jesús, a gastarte y desgastarte por acercar la gente a Jesús?

 

ORACIÓN – VIDA

• Adora a Dios, por haberte creado con la inquietud de conocerle y amarle.
• Da gracias a Jesús por invitarte a ir con él a un lugar tranquilo.
• Ofrécete a Jesús para llevar la Buena Noticia todas las criaturas que están inquietas y ávidas por conocer tu experiencia de Jesús.
• Pide al Espíritu Santo que te ilumine y te configure poco a poco con Jesús para llevar la Buena Noticia a todos los confines del mundo.

Lectio Divina Domingo XIV del T. O. (Mc 6,7-13)

En aquel tumblr_m7dbw90PPS1qesa9otiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias. Pero no una túnica de repuesto. Y añadió: “Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa”.
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

VERDAD – LECTURA

En este pasaje del evangelio, nos encontramos con el envío a la misión de los Doce. La misión es vocación, llamada, es Jesús quien envía, Jesús es quien llama, la iniciativa no es de los discípulos. No les envía solos, los envía de dos en dos, lo cual hace referencia a la comunidad y a la ayuda mutua que pueden prestarse entre sí.
La misión ha de realizarse en la más absoluta pobreza. Han de llevar lo imprescindible para el camino, un bastón y unas sandalias. Han de ir ligeros de equipaje, confiándose en la providencia y en la hospitalidad de la gente con la que se encuentren. Debían permanecer en la primera casa en la que les acogieran sin tener en cuenta si son judíos o no.
Los Doce han de predicar la conversión y han de sanar a los enfermos con aceite. Le envía a invitar a la gente a que cambien de vida y a aliviar su sufrimiento.
El evangelio ha de ser proclamado a todas las personas, pero no todas están preparadas para acogerlo, es algo que no ha de preocupar al misionero; y ha de saber cuando debe marcharse sin hacerse problema de que el mensaje sea acogido o no.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Jesús, también hoy, te envía a la misión, ¿cómo acoges la llamada de Jesús? ¿Estas dispuesto a asumir dicha misión con todas sus consecuencias? ¿Qué te frena a llevar a cabo el envío de Jesús?
  • La misión has de llevarla a cabo en tu vida cotidiana, ¿Qué cargas innecesarias llevas contigo durante la misión? ¿Qué deberías dejar de lado? Y no pienses, únicamente en cosas materiales, también en actitudes, disposiciones, conductas… ¿De qué tengo que desprenderme?
  • La predicación ha de hacerse no sólo de viva voz, sino con el testimonio, ¿Eres consciente de ello? ¿Qué tendría que cambiar en tu vida? ¿Cómo es tu testimonio de vida cristiana?
  • Jesús te envía, también, a curar las dolencias y aliviar el sufrimiento de las personas, ¿Cuáles son las dolencias y los sufrimientos de las personas que me rodean?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Adoro y alabo al Padre, por la autoridad que nos da para combatir el mal de este mundo.
  • Doy gracias a Jesús, por llamarme de manera personal y particular a la misión.
  • Ofrezco mi vida para llevar a cabo la misión de predicar la conversión y aliviar las dolencias y sufrimientos de nuestros contemporáneos.
  • Pido la asistencia del Espíritu Santo para ser testigo del evangelio de Jesús y configurarme con él.

Lectio divina del domingo XIV del T. O. (Mc 6,1-6)

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: “¿De dónde saca todo esos? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judás y Smón? Y sus hermanas, ¿no viven con nosotros aquí?” Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

VERDAD – LECTURA

Nos encontramos hoy con un pasaje del evangelio del Marcos en el que Jesús va ha ser rechazado en su propia tierra. En la sinagoga de su pueblo. ¿Qué pueblo? ¿Nazaret? Marcos no lo especifica. ¿El pueblo judío? Bien podría ser. No será únicamente los dirigentes, los maestros de la ley, los escribas, sino todo el pueblo reunido en la sinagoga. En ella, como en otras ocasiones, Jesús toma la iniciativa y comienza a enseñar. Bien conocen sus paisanos la actividad de Jesús. Al tomar la palabra, sus paisanos se asombran. La enseñanza de Jesús es novedosa; habla incluso con sabiduría. Pero se extrañan, también, de los milagros obrados por sus manos. ¿De dónde le viene todo eso? Las ideas preconcebidas, que tienen acerca de Jesús, le impide abrirse a su mensaje y a la gracia de Dios.
La enseñanza de Jesús y los milagros obrados por él son una auténtica novedad. Contrastan totalmente con sus orígenes humildes. ¿De dónde le viene todo eso, si nosotros le conocemos bien? Es el interrogante que surge entre sus paisanos.
Y para nosotros surgen otros interrogantes ¿por qué se le denomina hijo de María? ¿por qué no se nombra a José? La multitud, sin saberlo, no hace sino hacerse eco de la concepción virginal de María. Eso, al menos, a mi parecer, es lo que quiere afirmar Marcos. Pero el mayor escándalo para ellos es que esas palabras y esos milagros sean dichas y hechos por el carpintero, alguien que no tiene cultura alguna, alguien que pertenece a una familia corriente… No pueden creer en él.
No voy a entrar en la polémica acerca de los hermanos de Jesús y las dificultades que este texto entraña, creo que no es el momento y el lugar, pues para nosotros lo más importante es orar con este texto, no hacer exégesis. No obstante, todos nosotros sabemos lo que afirma la Tradición católica: María no tuvo más hijos.
Ante su incredulidad, Jesús les cita un refrán, al parecer conocido por todos: únicamente en su tierra es despreciado un profeta. Su falta de fe sera lo que impida que Jesús pueda realizar allí algún milagro. Una falta de fe tan grande, que hasta Jesús se extraña de ella.
A Jesús no le queda otra, que abandonar la sinagoga y marchar a enseñar a las aldeas de alrededor. Posiblemente, a aquellos que no están en la sinagoga y que no pertenecen al pueblo de Israel.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

 

  • ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Jesús va al encuentro de los suyos, toma la iniciativa de enseñarles las cosas del Reino. Hoy también se hace presente entre nosotros en la Eucaristía y en la escucha de la Palabra. ¿Cuál es tu actitud ante este hecho? ¿Acoges a Jesús en tu corazón, en tu vida? O por el contrario, ¿su palabras y sus actos te producen rechazo? ¿Por qué?
  • ¿Te dejas llevar por ideas preconcebidas acerca de la vida y la actuación de Jesús? No sólo de los momentos de su vida terrena, ¿sino de cómo Jesús sigue estando presente y actuando en su Iglesia?
  • Toma el pulso a tu fe, ¿es consistente, vigorosa, o, por el contrario, débil y dubitativa?

 

VIDA – ORACIÓN

 

  • Adora y alaba al Padre, por habernos revelado su amor incondicional, por medio de su Hijo Jesucristo.
  • Da gracias a Jesús, por tomar la iniciativa al revelarnos las cosas del Reino y la bondad de Dios Padre.
  • Ofrécele tu vida y tu persona para que las transforme en un reflejo de su vida y su persona. Déjate modelar, hasta que puedas afirmar con san Pablo: “No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi” (Gál 2,20).
  • Pide a la Santísima Trinidad, que por medio del Espíritu Santo aumente tu fe para que puedas anunciar y entregar el evangelio, sin miedo alguno, a todas las personas que se cruzan en tu camino.

Lectio Divina del domngo XIII del Tiempo Ordinario (Mc 5,21-43)

VERDAD – LECTURA

Talita kum

21Cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se le reunió mucha gente; él permaneció en la orilla.22Llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, al verle, se echó a sus pies, 23suplicándole con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven a poner tus manos sobre ella, para que sane y viva.» 24 Se fue con él. Mucha gente le seguía y se apretujaba a su alrededor.
25Entre la multitud había una mujer que, desde hacía doce años, padecía flujo de sangre 26Había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin que le hubiese servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor. 27Esta mujer habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás, entre la gente, y tocó el borde de su manto. 28Pensando: «Tan solo con tocar el borde de su manto, sanaré.» 29Inmediatamente se secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que estaba sanada de su enfermedad. 30Jesús, dándose cuenta de la fuerza sanadora que había salido de él, se volvió hacia la gente y preguntó: «¿Quién me ha tocado?» 31Sus discípulos le contestaron: «Ves que la gente te oprime por todas partes y preguntas: `«¿Quién me ha tocado?’» 32Pero él continuaba mirando a su alrededor para descubrir quien le había tocado.33Entonces, la mujer temblando de miedo, viendo lo que le había sucedido, se acercó, se postró ante él y le contó toda la verdad. 34Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda libre de tu enfermedad.»
35Todavía estaba hablando, cuando llegaron de la casa del jefe de la sinagoga a decirle: «Tu hija ha muerto; ¿para qué molestar más al Maestro?» 36Pero Jesús, que oyó lo que habían dicho, sin hacerles caso, le dijo al jefe de la sinagoga: «No tengas miedo; solamente ten fe.» 37 Y sin permitir que nadie le acompañara, aparte de Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago se dirigió hacia la casa del jefe de la sinagoga. 38Al llegar y ver el alboroto, y la gente que lloraban y gritaban. 39Entró y les dijo: «¿Por qué alborotáis y lloráis de esa manera? La niña no ha muerto; está dormida.» 40La gente se burlaba de él. Pero él, después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los que le acompañaban, entró donde estaba la niña. 41Tomándola de la mano, le dice: «Talitá kum», que significa: «Muchacha, a ti te digo, levántate.» 42Al momento, la muchacha se levantó y se puso a andar, pues tenía doce años. La gente quedó impresionada y llena de estupor. 43Jesús insistió severamente que no se lo contaran a nadie; y mandó que dieran de comer a la muchacha.

El evangelio con el que hoy oramos comienza con la llegada de Jesús desde la otra orilla, la gente se une a él. Entonces aparece en escena Jairo, el jefe de la sinagoga que pide ayuda a Jesús, pues su hija se está muriendo. Jesús va con él y una multitud de gente lo acompaña agolpándose junto a él. Este es el marco en el que se van a desarrollar dos signos de Jesús. La gente se une a Jesús que ha llegado de la otra orilla. Jairo, jefe de la sinagoga, pide ayuda para su hija que se está muriendo. Jesús va con él y la gente lo acompaña, empujándolo por todas partes porque todos quieren estar cerca de Jesús cuando vaya a realizar el milagro. Y éste es el punto de partida de los dos episodios que siguen; la curación de la mujer que padece hace ya doce años a causa de una hemorragia y la resurrección de la niña de doce años.
Marcos mediante la técnica de la intercalación nos presenta estas dos curaciones, que vamos a intentar comentar profundizando en dichos acontecimientos e intentando encontrar un sentido. Con esta explicación en ningún momento estoy negando el poder de curación que pudiera tener Jesús. Pero intentemos profundizar en el texto, desde otro punto de vista.

Jesús acaba de desembarcar desde la otra orilla. Es decir, desde el lugar en el que ha estado encontrándose con los paganos y predicándoles la Buena Noticia. Por tanto, ha vuelto a la orilla en la que se encuentran los judíos. Allí se encuentra con un gran gentío, la gente está hambrienta de la palabra y la persona de Jesús. Se acerca el jefe de la sinagoga, institución, por su parte, enferma, a punto de morir; la ley, los sacrificios, el culto debido a Dios están vacíos. Jesús ha venido a comenzar algo nuevo; el Reino está presente en la persona de Jesús, pero los judíos representados por la sinagoga no han creído en él.

Mientras acompaña a Jairo, una mujer de entre el gentío, una mujer impura según la Ley, pues quien sufría hemorragias era considerado impuro (Lev 15,25-27), se acerca a Jesús y le toca por detrás con la fe puesta en él y con la esperanza de curarse. Esta mujer representa al pueblo fiel, ese pueblo que durante años ha seguido las instrucciones que le han ido dando los maestros de la ley, los fariseos y los escribas, ese pueblo que ha gastado toda su fortuna e incluso su vida intentado cumplir lo establecido por una ley que no es fiel a la ley dada por Yahveh a Moisés. Pero un pueblo que tiene su confianza y su esperanza puesta en el Dios de la promesa. La fe en Jesús es lo que salva al Pueblo y no la práctica sin sentido. Una fe que después repercute en acciones hacia el hermano.

Llegan a casa de Jairo no a la sinagoga, la institución como tal está muerta, pero es desde la ley, desde las tradiciones de Israel, desde sus costumbres, desde donde Jesús salva. No ha venido a abolir la ley, si no a darle su verdadero sentido. Por eso será, desde la casa, lugar donde se reúne la comunidad cristiana, desde donde Jesús salvará, levantará, hará revivir a la institución judía.

Con claras alusiones al Cantar de los Cantares y al banquete de bodas, Marcos nos relata esta resurrección de la hija de Jairo. La muchedumbre está llorando y gritando de dolor. Cómo llorar cuando el Novio está presente, cuando el Novio ha ido a buscar a la novia a su casa. Ese Novio que en el Antiguo Testamento era Dios y esa novia que era el Pueblo de Israel que será desposada. En la nueva y eterna alianza el Novio se hace presente, con los amigos del novio, y al llegar a la casa pide a la madre y al padre que le acompañen para encontrarse con la novia. A partir de este momento, Marcos no se refiere a la hija de Jairo con el término niña, sino muchacha. Es decir, la que ya está en edad casadera, más adelante nos dirá que tenía doce años, la cifra de la mayoría de edad marcada por la ley. La toma de la mano y le dice en arameo talita kumi, que literalmente significa: muchacha, ven a mí. Jesús está invitando a Israel, personificada en esta muchacha, a adherirse a él, a creer en él, a unirse íntimamente a él. Al final, el pueblo creyente en Jesús, celebra el banquete de bodas, dadle de comer.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• Al igual que en su tiempo, hoy Jesús atraviesa a la otra orilla para encontrarse contigo, piensa en ese encuentro con Jesús ¿qué sientes? ¿qué dialogas con él? ¿qué te dice? ¿qué le dices?
• Es posible que tu fe esté enferma como la hemorroisa o esté dormida como la hija de Jairo, ¿te acercas a Jesús para que él te cure y te resucite?
• En muchas ocasiones, ¿dónde buscas la solución a tus problemas, dónde buscas la curación? ¿En jesús o en otros lugares?
• Escucho como Jesús hoy a mi me dice: “no tengas miedo, tú solamente ten fe”. ¿qué significado tienen para mí hoy esas palabras?
• Jesús me invita al banquete de bodas, ¿estoy dispuesto/a a celebrarlo con Él?

ORACIÓN – VIDA

• Te adoro Dios mío, porque siempre sales a mi encuentro, tomas la iniciativa y me buscas.
• Padre, te doy gracias porque me invitas diariamente a celebrar junto a tu Hijo, Jesucristo, “mi” banquete de bodas.
• Me ofrezco a ti, Jesús, para ser portador de tu evangelio y para transmitir el mensaje de la vida a todos cuantos me rodean.
• Ayúdame y aumenta mi fe, que sobre mí desciendan los dones del Espíritu Santo, para que crea que tú eres el único y verdadero Salvador del mundo y así pueda dar testimonio de ti a todos mis hermanos, especialmente a los más pobres y marginados de la sociedad.

Lectio Divina VI Domingo de Pascua (Jn 15,9-17)

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VERDAD – LECTURA

Los versículos con los que hoy vamos a orar se encuentran dentro del contexto de la última cena. Concretamente, en el largo discurso que Jesús pronuncia después de haber lavado los pies a sus discípulos (Jn 13,1-15).
Lo mismo que el Padre ha demostrado su amor a Jesús desde toda la eternidad, Jesús demuestra su amor hacia los discípulos, y para ello les ha comunicado su Espíritu. Los discípulos ahora deben vivir en el ámbito de ese mismo amor. La misma relación que mantiene Jesús con el Padre es la que deben vivir los discípulos con Jesús. El criterio por el que se verifica esta comunión es el amor, que debe trascender el espacio individual, ha de mostrarse en la obras. El gozo de Jesús, fruto del amor entre el Padre y el Hijo, será experimentado por los discípulos en la medida en que ellos se encuentren unidos a Jesús.
Jesús les ofrece un nuevo mandamiento, el mandamiento del amor. Este mandamiento será el que identifique a los discípulos y es el fundamento de la misión a la que serán enviados. El culmen de este amor entre Jesús y sus discípulos, y entre ellos mismos, es ser capaz de dar la vida por los demás. La relación de amistad es aquella que no espera nada a cambio de lo que entrega. Muy distinta de la relación entre el amo y el esclavo. El esclavo realiza acciones a favor de su amo porque espera algo a cambio. Y la relación entre el amo y el esclavo es desde la superioridad. No existe una relación de igualdad y de reciprocidad. La relación que se establece entre Jesús y sus discípulos es una relación de amor. Una relación en la que no existen secretos. La relación que se establece entre Jesús y sus seguidores, ya no es siquiera la del Maestro con sus discípulos, es una relación de amistad.
Jesús eligió a sus discípulos, y ahora nos elige a nosotros, para ponernos en camino. Camino de amor y cuya expresión plena es dicho amor. Un camino que es de entrega a los demás que producirá muchos frutos. Esos frutos son los cambios sociales que los cristianos han de propiciar por eso es un fruto duradero, hasta que el Reino sea una realidad en nuestro mundo.
Concluye, Jesús este pasaje, enunciando nuevamente su mandamiento: que os améis los unos a los otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Soy consciente del amor que Jesús me profesa sin esperar nada a cambio? ¿Soy consciente de que es el mismo amor que el Padre tiene hacia Jesús?
• Permanecer en el amor de Cristo es amar a los hermanos como Jesús nos ama a nosotros; lo cual implica, si fuera necesario, dar la vida por los demás. ¿Qué implica para mí amar de esa manera?
• Jesús nos llama a cada uno de sus seguidores amigos. ¿Verdaderamente siento que soy amigo de Jesús? ¿Cultivo dicha amistad? ¿De qué manera?
• Jesús nos ha elegido a cada uno para una misión. Reflexiona acerca de esta elección y sobre la misión que Jesús te ha encomendado.

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por el amor incondicional que me tiene desde toda la eternidad. Por amarme tal y como soy.
• Doy gracias a Jesús por llamarme amigo y por lo que eso significa para mi vida.
• Ofrezco mi vida a Jesús para cumplir la misión para la que me tiene elegido, aunque ello implique el dar mi vida por los demás en mi día a día.
• Pido a Dios padre que envíe su espíritu Santo sobre mi para que descubra el verdadero significado del amor que Jesús me tiene y sepa transmitirlo a los demás.
• Asumo el compromiso de intentar amar al estilo de Jesús.

Lectio Divina del V Domingo de Pascua (Jn 15,1-8)

VERDAD – LECTURA vid_sarmientos

El V Domingo de Pascua, la liturgia nos ofrece para orar la parábola de la vid y los sarmientos.
En la tradición de Israel, la vid o la viña es el símbolo del Pueblo de Dios. Jesús viene a decir que el verdadero Pueblo de Dios es aquel que está unido a él. Y el Padre es quien ha plantado y cuida de la misma. La vid verdadera es Jesús y los sarmientos son todos aquellos que permanecen unidos a Él. En la medida en que los sarmientos estén unidos a él darán fruto, podrán llevar a cabo su misión, que no es otra que la extensión del Reino. Cuando el sarmiento se seca, el Padre lo corta porque no pertenece ya a la vid. Cuando cualquiera de nosotros nos separamos de Jesús, nos secamos y somos incapaces de dar fruto. No somos capaces de transmitir el amor de Dios.
Al haber respondido a la llamada de Jesús estamos limpios. Conforme vamos profundizando y acogiendo el mensaje de Jesús más nos purificamos. En la medida en que permanezcamos fieles a Jesús, el amor de Dios se nos manifestará y nosotros lo manifestaremos a los demás. Y aunque nosotros nos separemos de Dios, Él continuará siendo fiel, pero nosotros nos volveremos estériles.
Pocos versículos después, Jesús repite la afirmación del principio. Pero en esta ocasión refiriéndose a sí mismo y a los discípulos, no al Padre. Es Jesús quien transmite la vida a todos sus discípulos, pero para ello es indispensable permanecer unidos a Él y de esa manera daremos mucho fruto. Pero si no estamos unidos a él nos secaremos, es decir no tendremos vida.
La gloria del Padre se manifiesta precisamente en la extensión del Reino por parte de los discípulos, pero para ello es indispensable estar unidos íntimamente a Jesús, asumir sus actitudes vitales y llevarlas a la práctica.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Te sientes unido a Jesús? ¿De qué manera?
• ¿En qué ocasiones de mi vida cotidiana soy incapaz de dar fruto porque no estoy unido a Jesús?
• ¿De qué manera puedo incrementar mi unión con Jesús?
• ¿Cómo puedo extender el Reino entre todos aquellos que me rodean, que entran en contacto con nosotros?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser el viñador que cuida de todos nosotros.
• Da gracias a Jesús porque nos alimenta cada día con su savia.
• Ofrece tu vida para ser insertado como el sarmiento en la vid.
• Pide a Dios Padre que envíe su Espíritu sobre todos los llamados a extender su Reino en el mundo.
• Comprométete a acoger la vida que Jesús nos ofrece y a entregarla a los demás.

¿Una biblioteca antigua y de difícil manejo?

Biblia manoLa Biblia, ¿es un solo libro o varios? ¿Cuántos libros están contenidos en la Biblia? ¿En cuántas partes está dividida? ¿Cómo se maneja la Biblia? ¿Cómo puedo encontrar un pasaje?

Estas y otras muchas preguntas similares, seguramente nos las hemos hecho alguna vez, al acercarnos al texto de la Sagrada Escritura. Es posible que incluso nos hayamos alejado de su lectura por falta de información. En el siguiente post queremos responder a estas preguntas y algunas más. Puedes descargarte el PDF pinchado aquí: Una_biblioteca_antigua_y_de_dif_cil_manejo_

En nuestra sección Cursos Bíblicos puedes encontrar más artículos igual de interesantes que este y descargarlo para su estudio. Si quieres puedes escribirme con tus impresiones, dudas, sugerencias, comentando en el blog. Gracias por difundir junto a mí la Palabra de Dios.

Lectio Divina III domingo de Pascua (Lc 24,35-48)

VERDAD – MEDITACIÓN

El fragmento del evangelio, que hoy nos ocupa, comienza con el final del relato de los Discípulos de Emaús, en el que se nos cuenta lo que les había ocurrido por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Ellos tienen necesidad de compartir su experiencia de cómo habían reconocido a Jesús resucitado, precisamente durante una liturgia eucarística. El lugar en el que cada domingo, Jesús se hace presente a la comunidad cristiana en forma de pan y vino.
A continuación, Lucas nos narra el recuerdo de una de las diversas manifestaciones de Jesús, después de su resurrección. La estructura del relato es muy parecida a otros pasajes similares: aparición repentina de Jesús resucitado, los discípulos son incapaces de reconocerlo, la recriminación de Jesús, la alegría y el asombro al reconocerlo.
Los discípulos se encuentran reunidos, posiblemente comentado lo acontecido a los caminantes de Emaús, a las mujeres y a Pedro. Cuando Jesús se coloca en medio de ellos y los saluda el saludo de paz, según la costumbre judía, pero que para Lc tiene connotaciones mesiánicas. Y, además, es precisamente lo que Jesucristo viene a traernos: Paz.
A pesar de haber escuchado los relatos anteriores de las mujeres, de los dos discípulos de Emaús, de Pedro y del discípulo amado, ellos dudan, se sobresaltan, se sorprenden, dudan… creen ver un espíritu. Estamos ante una teofanía, ante una manifestación de Dios. Ya en el AT nos encontramos con que las manifestaciones de Yahveh producen esos síntomas: sorpresa y duda.
Para ayudarles a superar su turbación, les muestra las señales de la crucifixión… Soy yo… No es fruto de su imaginación. Es alguien real con carne y huesos, aunque glorificados.
No acaban de creérselo. Es imposible. La pregunta y la duda es lógica: ¿Cómo es posible que estemos viendo al mismo que murió en una cruz? Necesitan más pruebas.
Aunque, el autor del evangelio, trata de suavizar la situación sustituyendo la duda y el miedo por la alegría. Entonces, Jesús les pide algo de comer. Le ofrecen un pescado y comió delante de ellos. Lucas quiere reafirmar la realidad física del Resucitado. Es el mismo Jesús con el que habían convivido por los caminos polvorientos de Galilea, el mismo Jesús que había celebrado con ellos la última cena, el mismo Jesús que habían visto morir en una cruz. El mismo Jesús, sólo que glorificado por Dios Padre. El mismo Jesús resucitado.
Concluye el relato, haciéndoles comprender a los discípulos lo que de él estaba escrito en las Sagradas Escrituras. Era necesario llevarlas a su pleno cumplimiento. El Antiguo Testamento sólo es posible comprenderlo y asimilarlo a la luz de la vida y la obra de Jesús. El plan que Dios que Dios tenía desde toda la eternidad se ha cumplido en Jesús de Nazaret. Un plan de Dios cuya finalidad era la salvación de todos los hombres. Pero además, es la misión de los discípulos. Anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva para que al convertirse en personas nuevas obtengan el perdón de los pecados. Ellos ahora tiene que ser testigos de lo que han visto y oído. Tienen que ser testigos de su vida, de su pasión, de su muerte, pero sobre todo de su resurrección. A partir de ahora y hasta el fin de los tiempos tienen que ser testigos de Jesús. Nosotros, aquí y ahora, debemos ser testigos del amor de Dios. Del amor de Jesús. Testigos de que él vive entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Sé reconocer la presencia de Jesús cuando éste se manifiesta en mi vida?
• Cada domingo podemos ver y tocar a Jesús en la celebración de la eucaristía ¿Soy consciente de ello?
• Ante la manifestación real de Jesús, ¿Cuál es mi reacción? ¿Ocurre como con los discípulos, no acabo de creérmelo, por la duda, por el miedo, por la alegría?
• Jesús nos envía a todos los que creemos en Él a ser testigos de su vida, de su obra y de su resurrección ¿Me siento verdaderamente enviado? ¿Estoy dispuesto a asumir la misión que Jesús nos ha encomendado?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por el gran amor que me tiene y por el regalo de manifestación de Jesús en mi vida
• Doy gracias a Jesús por ayudarme e iluminarme en mis dudas, mis miedos y mis dificultades.
• Le ofrezco mi vida para ser testigo de la vida, la obra y la resurrección de Jesús.
• Le pido que me ayude a llevar a cabo la misión de ser testigo de la obra, la vida y la resurrección de Jesús.
• Asumo el compromiso de ser testigo de Jesús Resucitado.

Lectio Divina II Domingo de Pascua (Jn 20,19-31)

VERDAD – LECTURA

 

Oramos hoy con un fragmento del llamado “libro de la resurrección”, en el cual se van narrando los sucesos ocurridos después de la resurrección de Jesús y las diversas manifestaciones de éste resucitado. Los acontecimientos narrados en la primera parte del texto cronológicamente se cuentan en la secuencia temporal del primer día de la semana, es decir, en el día después del sábado o en el domingo, el día del Señor. La segunda parte del relato está situada ocho días después. Nos encontraremos con dos manifestaciones de Jesús, primero a los discípulos reunidos, luego a Tomas, y además está el envío de sus discípulos a la misión. Vayamos por partes.

Podríamos dividir el texto en tres partes diferentes: La primera, Jesús se hace presente a sus discípulos y los envía a la misión (Jn 20,19-23); a continuación, se manifiesta a Tomás que no estaba presente en el momento anterior (20,24-29); por último, un epílogo acerca la vida de Jesús (20,30s).

El primer día de la semana, ya anochecido, estando las puertas atrancadas, por miedo, Jesús se hace presente entre sus discípulos. La situación que se nos muestra, no deja de ser dramática. El día primero, el día del Señor, el día más importante para la tradición cristiana; los discípulos, no se refiere únicamente a los doce sino a todos aquellos que siguen a Jesús, se encuentran con las puertas cerradas, atrapados por el miedo. Un miedo que les paraliza, le amedrenta, les intimida. Aún no han tenido la experiencia de Jesús resucitado. Jesús está vivo, pero ellos no han experimentado esta nueva vida de Jesús. La institución judía les está persiguiendo, les busca porque son seguidores de un hombre que se ha autoproclamado Mesías.
En este momento se manifiesta Jesús, tal y como lo había prometido (Jn 16,18ss), en medio de sus discípulos, en medio de la comunidad cristiana. El miedo le atenazaba, y ante este miedo Jesús les trae la paz. Les muestra las manos y el costado. Les muestra que aquel que había muerto en la cruz, ahora está vivo. Ante una situación de muerte, Jesús, les comunica la vida. Jesús ha vencido a la muerte. Aunque las señales de la crucifixión, que son signos del amor de Dios, permanecen. Él ha vencido a la muerte. La victoria es de la vida.
Nuevamente, les repite el saludo de paz, como queriendo hacerles ver a sus discípulos que la paz permanecerá con ellos. Y con esa paz, les envía a la misión. A partir de este momento, ellos deben dar testimonio de lo que han visto y oído, también de la resurrección. Desde ahora ellos deben realizar las mismas obras que ha realizado Jesús y se producirán los mismos frutos que se produjeron cuando era Jesús quien actuaba. Además no estarán solos. Sopló sobre ellos y les dijo: “recibid el Espíritu Santo” (20,22). El Espíritu les capacita para llevar a cabo la misión. Son enviados a dejar libre a los demás del pecado, a dejar libre a toda persona de aquello que les impide la realización plena, a liberarlos de las injusticias que rodean a todo ser humano. Habrá quienes rechacen esta liberación, los que la acepten quedarán agregados a la nueva comunidad de Jesús, los que rechacen esta liberación quedarán fuera de ella. Cada uno de nosotros somos libres para aceptar o rechazar el amor de Dios. Por eso, la Iglesia tiene la potestad de poder liberar o atar. Si no queremos aceptar el amor de Dios dentro de la comunidad que él ha instituido, ha formado y ha instruido, ¿cómo queremos recibir la libertad de los hijos de Dios? ¿cómo queremos recibir la liberación que nos trae la Iglesia por medio de sus sacramentos? La comunidad cristiana, con Jesús en medio de ella, es quien tiene el poder de liberar.

En un segundo momento, nos encontramos con que Tomás no estaba presente, no se encontraba en la comunidad, cuando Jesús se manifestó. Tomás es uno de los Doce, pero por la circunstancia que fuera, se había alejado de la comunidad. Para Tomás todo había concluido en la cruz. No se ha encontrado con Jesús después de la resurrección. No ha recibido el Espíritu Santo, ni ha recibido, tampoco, la misión. Continúa viviendo en una cultura de muerte y un contexto pasado, continúa viviendo en el antiguo judaísmo. Los discípulos, con gran alegría, le comunican la experiencia que han tenido de Jesús resucitado. Pero, Tomás no acepta el testimonio de la comunidad, de sus propios hermanos, de aquellos que junto a él han vivido con el Maestro. Sin embargo, no se queda en esto. No sólo duda, sino que además pide una señal extraordinaria y personal.
Ahora, Tomás se encuentra en la comunidad y, nuevamente, Jesús se hace presente en medio de ella. Les vuelve a saludar con el saludo de paz. Tomando la iniciativa, Jesús en un acto de amor total, le muestra las señales de la pasión y le permite, incluso tocarle. La reacción de Tomás no se hace esperar y es tan radical como su incredulidad: “Señor mío y Dios mío” (20,28). Tomás acoge el amor de Jesús y le da su total adhesión. Pero, dichosos serán los que crean sin haber tenido la experiencia de la manifestación gloriosa de Jesús.

El texto concluye dirigiéndose a los lectores del mismo. Muchas otras acciones llevó a cabo Jesús, otras muchas señales, realizó Jesús y no están escritas en el texto evangélico. Lo experimentado por los discípulos, lo vivido junto a Jesús, la experiencia, al lado del Maestro, es mucho más amplia que lo relatado en el evangelio. Lo que el autor ha escrito es para fomentar la fe en Jesús que es el Mesías, para que se adhiera a la comunidad cristiana, comience a vivir las actitudes vitales de Jesús y tenga vida. Creyendo en Jesús poseeremos la vida eterna.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Qué significado tiene para ti la resurrección de Jesús? ¿Qué importancia tiene en tu vida?
• Tú también has recibido el Espíritu Santo y has sido enviado a la misión ¿eres consciente de ello? ¿cómo la está llevando a cabo?
• ¿Es posible que existan cristianos que no creen en la resurrección de Jesús? ¿El cristiano puede vivir como tal simplemente asumiendo la enseñanza de Jesús y dando testimonio de su vida terrena?
• Creer en Jesús y en su Resurrección, haber recibido el Espíritu Santo, asumir la misión que él nos ha encomendado, no nos libra de la duda, ¿cuáles son mis dudas de fe, mis dudas acerca de Jesús, mis dudas acerca de la Iglesia? ¿Cómo las afronto? ¿Trato de resolverlas? ¿De qué modo?
• ¿Cómo acojo el testimonio de la Escritura? ¿Me acerco con frecuencia a escuchar la Palabra? ¿Intento hacerla vida y transmitirla a otros?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por el gran amor que me tiene y por el regalo de la resurrección de Jesús.
• Doy gracias a Jesús por enviarme a la misión, acoger mis dudas y mostrarme el camino de la vida y de la libertad.
• Le ofrezco mi vida para ser testigo del evangelio de la vida.
• Le pido ser consciente de la comunicación del Espíritu Santo que me es quien me capacita para llevar a cabo la misión de anunciar el evangelio.
• Me recreo por unos instantes y voy recordando, no sólo con la mente, sino también con el corazón, aquellos momentos en los que Jesús, de alguna manera, se ha manifestado en mi vida. Doy gracias por ello.
• Me comprometo a ser testigo de la Resurrección de Jesús y del evangelio de la vida.