“Atento: Está naciendo un mundo nuevo” Lectio Divina del XXXIII Domingo del T.O. (Mc 13,24-32)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no alumbrará, las estrellas caerán del cielo y los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y gloria. Él enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y empiezan a brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Pues cuando veáis que esto sucede, sabed que el Hijo del Hombre está cerca, a la puerta. Os aseguro, que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.

 

Querido amigo, es muy probable que, al leer el fragmento del evangelio, que hoy nos ofrece la liturgia, te ocurra un poco como a mí, te sientas asustado, abrumado, angustiado. Pero he de decirte que, éste es uno de esos textos de la Escritura que no hay que leer al pie de la letra. Está escrito en un género literario llamado apocalíptico.

El estilo del mismo, recoge un conjunto de expresiones literarias, símbolos, metáforas, etc., que no tienen nada que ver con el miedo, el temor o el terror; el objetivo de este tipo de texto no es el de asustarnos, si no el de hacernos caer en la cuenta de que el universo, lo que nos rodea, nuestra propia existencia, no son eternos.shot-by-cerqueira-737354-unsplash

El texto nos invita es a mantenernos vigilantes, a estar preparados, a vivir el presente sin olvidar nuestro futuro, que no es otro que el de disfrutar de la presencia de Dios por toda la eternidad. Para ello, nuestro estilo de vida tiene que estar armonía, en relación con el estilo de vida de Jesús. Un estilo de vida, que no es otro, como hemos podido ver en los evangelios proclamados en anteriores domingos, que el de vivenciar el mandamiento principal: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

Pues bien, para explicar esta irrupción del reinado de Dios, el autor evangélico se sirve de todos esos recursos literarios. Y viene a decirnos que Dios vendrá a salvar a la humanidad; que un día el Hijo del Hombre, Jesús, vendrá con gran poder y gloria a llevarnos con él, para compartir con todos nosotros la alegría, el gozo, la felicidad de estar en la presencia de Dios.

Todo ese caos, esa ruina, esa destrucción, no es el final; es el comienzo, el principio, el nacimiento del nuevo mundo de Dios, de su presencia permanente entre nosotros.

Vivir la vida eterna en la presencia de Dios, es un regalo suyo; pero es también, el resultado del anuncio del evangelio y de nuestra conversión, de nuestra transformación en verdaderos seguidores de Jesús que se han dejado dar forma por el Espíritu Santo para asemejarse cada vez más a Jesucristo.

priscilla-du-preez-201731-unsplashPero, ¿Cuándo ocurrirá esto? Nadie lo sabe. Pero, ¿tan necesario es saberlo? Déjame que te haga una pregunta: ¿Cuándo te amarán de manera plena tus padres, tu esposa, tus hijos, tu familia tus amigos…? ¡Qué importa! Lo más importante es ir viviendo y disfrutando de ese amor día a día, instante a instante, momento a momento.

Lo más importante de todo esto es, que es seguro que ocurrirá: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. No se el día, ni la hora, pero es seguro que vendrá y disfrutaremos con Él para siempre de la presencia de Dios.

Y ya, aquí y ahora, podemos percibir señales de su amor, podemos notar, intuir la presencia de Dios y que su Reino está en medio de nosotros: en la sonrisa de un niño, en el beso de una madre, en la mirada de un anciano, en la fortaleza de un joven… En la vida de todo aquel que quiere hacer presente a Jesús en la vida de los otros, prestando su oído y su voz a lo que no tienen voz, tendiendo su mano amiga a aquellos que han caído, mirando amorosamente a aquellos que no sienten el amor de nadie. Estemos atentos a esas señales, porque esa es la verdadera revolución, el verdadero caos, la verdadera tribulación: dejarse amar por Dios y ofrecer ese amor a todos los que nos rodean.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Ante momentos de dificultad, de caos, de obstáculos ¿eres capaz de apreciar la presencia de Dios en tu vida y vivirlos con esperanza?
  • ¿De qué manera crees que Dios se hace presente en tu vida? ¿Eres consciente de esto?
  • ¿Crees verdaderamente que Dios es el protagonista de la historia y que te va acompañando con su amor misericordioso?
  • ¿Te preocupas por el cuándo ocurrirán estos acontecimientos? ¿Te das cuenta de que eso es lo menos importante? Lo más importante es vivir todos los acontecimientos de nuestra vida con esperanza y sabiendo que Jesús está presente en nuestras vidas.

 

VIDA – ORACIÓN

Te adoro Dios mío, por el regalo de ese mundo nuevo que nos haces y que quieres que disfrutemos junto a todos los hombres y mujeres que vivimos en este mundo.

Te doy gracias por tu Hijo, Jesucristo, que con su Palabra nos invita y ayuda a construir y visibilizar el Reino de Dios entre nosotros.

Danos la fuerza de tu Espíritu para que sepamos estar atentos a esas señales revolucionarias de amor que la vida nos ofrece y para que nosotros seamos portadores de tu amor para todos aquellos que salen a nuestro encuentro, construyendo el Reino de Dios a nuestro alrededor.

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¿Qué estás dispuesto a compartir? Lectio Divina Domingo XXXII del T.O. (Mc 12,38-44)- Ciclo B

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, Jesús enseñaba diciendo: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con vestidos ostentosos, y que les saluden de manera respetuosa en las plazas; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; devoran los bienes de las viudas, con la excusa de hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa”.

Jesús sentado frente al tesoro del Templo, observaba a la gente que iba echando dinero en las arcas de las ofrendas. Muchos ricos echaban mucho. Pero se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas de escaso valor. Llamando a sus discípulos, les dijo: “Os aseguro, que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra; pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

 

         Jesús se encontraba enseñando en el Templo, mientras la multitud le escuchaba con sumo gusto (cf. Mc 12,35ss). Y entre sus enseñanzas nos encontramos las dos lecciones que la liturgia nos ofrece en el día de hoy: la advertencia acerca de los escribas (12,38-40) y la generosidad de la pobre viuda (12,41-44). El tema de fondo que nos ocupa es la generosidad, el desprendimiento, la entrega: ¿Qué estoy dispuesto a compartir con los demás?

A favor de los escribas, hay que decir que no todos eran así, recordemos que unos versículos antes, acaba de decirle a uno de ellos que no está lejos del reino de Dios (12,34).

¿Qué ocurre, entonces, con algunos escribas? ¿Por qué Jesús nos previene respecto a ellos? Precisamente, porque no viven el mandamiento principal, o más bien los dos mandamientos más importantes de la Ley: Amar a Dios y al prójimo (12,29-31).oct 19 2017, La hipocresía de los escribas y fariseos

Un escriba, en la sociedad israelita del tiempo de Jesús, era una persona importante. No cualquiera podía llegar a tal. Se necesitaban largos años de estudio de la Escritura y una cierta madurez. Eran personas que gozaban de gran autoridad y prestigio ante el pueblo, pues eran quienes estudiaban la Escritura y la interpretaban. Eran miembros del Sanedrín (asamblea, consejo o corte suprema encargada de interpretar la Ley y aplicarla). La mayoría de los escribas pertenecía al movimiento fariseo.

Al parecer, en tiempos de Jesús, a algunos de ellos, les gustaba aparentar y distinguirse de las demás personas; pero desde una posición de poder, de dominio y avaricia.

En contraposición con los escribas, encontramos a la viuda. Jesús sentado, ante la pared externa que daba al atrio de las mujeres, frente al tesoro del Templo, en el que había trece arcas, con forma de trompeta invertida, observa cómo la gente iba depositando sus ofrendas.

Los ricos iban echando grandes cantidades de dinero.

En un momento dado, llegó una viuda. Recordemos que, las viudas en la época de Jesús estaban totalmente desamparadas, no recibían ningún tipo de ayuda económica o protección social, y nadie se ocupaba de ellas, podríamos decir que prácticamente tenían que vivir de la caridad. Pues bien, esta viuda también deposita su ofrenda, una insignificancia, dos monedillas de escaso valor, hemos traducido en el texto (Marcos nos dice que era dos leptones, las monedas de menor valor que existían en aquella época).

diocesismalaga_20091108Jesús se ha percatado de la acción de esta viuda. Posiblemente, ella no ha hecho ostentación alguna de su acto, como los ricos; con toda probabilidad, ella sienta incluso algo de vergüenza; es demasiado poco, pero es lo que tiene para vivir.

En ese momento, Jesús llama a sus discípulos para enseñarles cómo deben actuar ellos, para educarles acerca de la generosidad: los ricos han dado de lo que les sobraba, ella ha dado todo lo que tenía para vivir. La viuda compartió con los demás todo lo que tenía. Esta viuda ya no tiene otra posibilidad mas que confiarse a la misericordia de Dios, a su providencia. Ella había entendido totalmente en qué consiste el mandamiento principal. Ella hace experiencia del significado que tiene amar a Dios y amar al prójimo.

Una magnífica conclusión del capítulo doce y una sensacional introducción a lo que será la pasión, muerte y resurrección de Jesús que se nos presentará en el capítulo 13.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  •  ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es la crítica que hace Jesús a los escribas? ¿Crees que Jesús tiene a ti algo que reprocharte? ¿Qué sería ese algo?
  • ¿Por qué crees que Jesús elogia a la viuda? ¿Tiene Jesús algo que elogiarte?
  • ¿Qué puede significar para ti, abandonarte a la misericordia y providencia de Dios?
  • ¿Qué estás dispuesto a compartir para experimentar en tu vida el significado de amar a Dios y al prójimo? ¿Qué acciones has de emprender para ello?

 

VIDA – ORACIÓN

Hoy para orar permíteme que te ofrezca la letra de una canción del grupo Kairoi titulada Oración del pobre.

 

Vengo ante Ti, mi Señor,
reconociendo mi culpa.
Con la fe puesta en tu amor,
que Tú me das como a un hijo.
Te abro mi corazón
y te ofrezco mi miseria,
despojado de mis cosas
quiero llenarme de ti.

Que tu Espíritu, Señor,
abrase todo mi ser.
Hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera,
hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera.

Puesto en tus manos, Señor,
siento que soy pobre y débil,
mas Tú me quieres así,
yo te bendigo y te alabo.
Padre, en mi debilidad
Tú me das la fortaleza.
Amas al hombre sencillo,
le das tu Paz y Perdón.

Si quieres escucharla puedes clicar en el siguiente enlace: Oración del pobre.

Y déjate transformar por el Espíritu de Dios. Feliz domingo.

“No se puede amar a Dios sin amar al prójimo” Lectio divina del domingo XXXI del T.O. – Ciclo B (Mc 12, 28-44)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio Mc 12,28-44

 En aquel tiempo, uno de los escribas, que le había oído y viendo que había respondido muy bien, se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el mandamiento más importante de todos?” Respondió Jesús: “El más importante es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas. El segundo es: Amaras a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos”. El escriba replicó: “Muy bien, Maestro; sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él. Y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

Jesús se encuentra ya en Jerusalén. En los primeros días de su estancia ya ha tenido alguna que otra controversia con los dirigentes judíos: primero expulsando a los comerciantes y vendedores del Templo; luego, con los fariseos respecto a si es lícito o no pagar impuestos; a continuación, con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos.

En el pasaje con el que hoy oramos, nos encontramos con un escriba, es decir un especialista en la interpretación de la Escritura, alguien que se dedicaba precisamente a enseñar la Ley e interpretar la manera en que ésta debía aplicarse en situaciones concretas. Dicho escriba, después de ver cómo había Jesús respondido a unos y a otros, le pregunta acerca del mandamiento más importante de la Ley.

A nosotros puede parecernos una pregunta sin importancia. Sin embargo, en la época de Jesús no lo es tanto. Los judíos debían cumplir con 613 mandamientos: 365 prohibiciones (una por cada día del año) y 248 normas; es verdad que los rabinos distinguían entre graves y leves, pero exigían el cumplimiento de todos y cada uno de ellos.

cross-3254876_640Jesús responde con la Ley misma. Primero citando Dt 6,4, el shema, un versículo que los judíos recitaban a diario tres veces al día, por la mañana, a mediodía y por la tarde. Actualmente, todavía se lleva ese texto, junto al de Ex 13,1-10 y Dt 11,13-21, en un estuve atado con cintas de cuero alrededor del brazo izquierdo (el más cercano al corazón) y de la cabeza, es el tefilín, lo que nosotros conocemos como filacteria: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas.” Después cita Lev 19,18: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo.”

Para un cristiano ambos mandamientos van de la mano. Pero unir estos dos mandamientos no se lo ha sacado Jesús de la manga; los profetas ya se lo habían recordado al Pueblo de Israel en más de una ocasión, de nada sirven los sacrificios y holocaustos, si uno se olvida del prójimo.

Pero, ¿quién es mi prójimo? ¿mi pariente, mi vecino, otro cristiano…? Para Jesús el prójimo es cualquier ser humano, sea de la raza que sea, profese la religión que profese, provenga de donde provenga, todo ser humano es prójimo del seguidor de Jesús, especialmente el más necesitado, el más débil, el más abatido, el más descorazonado, el más desanimado… Y, además, amarlo como a uno mismo. De esta homeless-844213_640manera no estaremos lejos del reino de Dios como aquel escriba. Pero, amando así ¿soy verdadero discípulo de Jesús? Pues, yo creo que el seguidor de Jesús debe amar al prójimo no sólo como a sí mismo, sino a la manera de Jesús: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado. No hay amor más grande que el de aquel que es capaz de dar la vida por sus amigos” (Jn 15,12s). Y los amigos de Jesús son toda la humanidad, por toda ella dio la vida y a toda ella vino a traer la salvación.

Yo concluiría con las palabras que Jesús pronunció después de la parábola del buen samaritano: “Anda, ve, pues, y haz tu lo mismo” (Lc 10,37b).

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • La cita de Dt 6,4 con la que Jesús responde al escriba comienza: Escucha, Israel. ¿Están tus oídos atentos a la voz de Dios? ¿Escuchas atentamente su palabra? ¿Estás con tu corazón, tu mente, tu alma, tus fuerzas físicas preparado para escuchar la Palabra?
  • ¿Verdaderamente amas a Dios por encima de cualquier otra cosa? ¿Lo amas con todas las consecuencias?
  • ¿Cómo es tu amor hacia el prójimo? ¿Amas a todos tus hermanos sin distinción, especialmente a los más débiles y necesitados? ¿Los amas al estilo de Jesús? ¿Sin esperar nada a cambio y entregándote totalmente a ellos?
  • ¿Existe algo en tu vida que te impide amar a Dios con todo tu ser y al prójimo al estilo de Jesús? ¿Alguna actitud, alguna conducta, alguna postura que debes desterrar de tu vida?

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VIDA – ORACIÓN

  • Alaba a Dios por ser Él quien te amó primero.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte como tienes que amar a los demás.
  • Pide perdón por las veces que no has amado a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas… y al prójimo al estilo de Jesús.
  • Abandónate totalmente en el Espíritu Santo para que Él inspire tus actos de amor.

Bartimeo dispuesto a salir de su “zona de comodidad”. Lectio Divina del domingo XXX del T.O. (Mc 10,46-52)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO

Después de esto, llegaron a Jericó. Y cuando Jesús salía de la ciudad seguido de sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego llamado Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino. Al oír que pasaba Jesús, el Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Muchos le reprendían para que se callase, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” Jesús se detuvo y dijo: “Llamadlo”. Llamaron al ciego y le dijeron: “Ánimo, levántate, que te llama”. Él arrojando su manto, dando un salto se acercó a Jesús. Éste le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego contesto: “Rabbuní [Maestro], que vuelva a ver.” Jesús, entonces, le dijo: “Vete, tu fe te ha curado”. Al instante recobró la vista y siguió a Jesús por el camino.

 

En los domingos precedentes, la liturgia nos ha ido presentando, cómo Jesús instruía a sus discípulos acerca de lo que verdaderamente significa seguir al Mesías. Los apóstoles están algo desconcertados, pues continúan aferrados al poder, los privilegios, los primeros puestos, etc. (Cf. Mc 10,35ss) No comprenden la novedad del estilo mesiánico de Jesús: pequeñez, humildad, servicio, entrega, amor incondicional… Teniendo en cuenta esto, y como colofón del capítulo 10, podemos ver este pasaje como una llamada para dar el primer paso en el seguimiento de Jesús. Bartimeo, el ciego, el mendigo, el apartado del camino… se convierte en modelo de seguimiento y discipulado para todos aquellos que quieran seguir al Maestro por el camino.

dolomites-2630274_640Pero analicemos un poco a este personaje. ¿Cuál es el primer paso que tenemos que dar en el seguimiento del Maestro? Bartimeo se encuentra al borde del camino, es decir, junto a él, fuera del mismo. Pero, es más, se encuentra quieto, inmóvil, estático… No es que esté caminando, aunque sea fuera del camino. Está sentado, lo cual acentúa más su inmovilidad. Se encuentra, en lo que hoy llamaríamos su “zona de comodidad”. Esa zona en la que uno se encuentra más o menos cómodo, más o menos seguro, dónde va viendo pasar la vida sin pena ni gloria, donde no se arriesga, donde permanece pasivo ante los diversos acontecimientos… Una zona en la que uno no es que sea feliz; pero de la que cuesta salir, porque requiere esfuerzo, compromiso, responsabilidad. Y muchas veces, preferimos quedarnos como estamos, para evitar “problemas”.

Sin embargo, Bartimeo no estaba dispuesto a permanecer en esa situación. A pesar de todas las dificultades, de la marginación que sufre, de la exclusión que padece, no quiere permanecer allí. Quiere ponerse en marcha, quiere crecer, quiere desarrollarse. Aunque la sociedad quiera obligarle a permanecer allí: ¡Cállate!

Nadie había reparado en él hasta que se pone a gritar. Nadie se había percatado de su presencia hasta entonces; hasta que da el primer paso para salir de su “zona de comodidad”. A la gente, a los mismos discípulos probablemente, les molesta esto: ellos, a su manera y con sus circunstancias particulares, también se encuentran en esta zona. Para la gente y para los discípulos era más fácil seguir creyendo en un mesianismo de poder, de privilegios, de autoridad… Es más fácil que alguien venga a solucionar nuestros problemas: el Mesías. A pesar de que Jesús, continuamente, les está diciendo que aquel que quiera seguirle debe implicarse en la construcción del Reino.zona-de-confort-pez

Bartimeo no está dispuesto a rendirse. Todos quieren hacerlo callar. Él, sin embargo, no se da por vencido y grita aún más fuerte: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Trayéndolo a nuestros días podríamos traducirlo por ¡Jesús, ayúdame! ¡Jesús, quiero salir de esta situación! ¡Jesús, no estoy contento con mi vida! ¡Jesús quiero salir de este atasco en el que me encuentro! Quiero desarrollarme humanamente, espiritualmente, cristianamente… Quiero poder seguirte por el camino. Pero solo no puedo salir de esta situación en la que me encuentro. Necesito ayuda. El ciego del camino ha dado el primer paso: Grita. Busca una posibilidad. A base de gritar, obliga a Jesús a detenerse y a llamarlo; obliga a Jesús a prestarle atención: ¿Qué quieres que haga por ti? Ahora bien, antes ha dado un salto, ha arrojado su manto, símbolo de su seguridad, de sus certezas, de sus convicciones… Ha decidido cambiar de vida.

El diálogo entre ambos es brevísimo: «¿Qué quieres que haga por ti?», «Maestro, que vuelva a ver». «Anda, tu fe te ha curado». Bartimeo depositó toda su confianza en Jesús, se abandonó totalmente a él. E, inmediatamente, recobró la vista. Inmediatamente cambio su perspectiva, inmediatamente cambio su modo de mirar, inmediatamente cambio su modo de ver la vida. A partir de ahora ve los acontecimientos, las situaciones, las circunstancia, la vida… con la mirada de Jesús. Cuando demos el primer paso y comencemos a ver con los ojos de Jesús, a sentir de la manera como sentiría Jesús, a pensar como pesaría Jesús, a amar al modo de Jesús… entonces podemos emprender el camino de seguimiento del Maestro.

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CAMINO – MEDITACIÓN 

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Es muy probable, que no te falte el sentido de la vista, pero ¿eres capaz de descubrir el paso de Dios en tu vida? ¿Eres capaz de reconocer la mano de Dios en los acontecimientos diarios? ¿Te fías incondicionalmente de Dios y te abandonas a su amor y misericordia?
  • ¿Te encuentras al borde del camino o en el sendero del seguimiento de Jesús?
  • ¿Sigues posicionado en tu “zona de comodidad”? ¿Sigues aferrado, como los discípulos, a tus seguridades, a tus certezas, a tus convicciones? ¿Qué te impide dejar a un lado tu manto?
  • ¿Eres capaz de gritar desgarradamente, de alzar tu voz por encima de las demás, de hacerte oír, aunque existan circunstancias que te lo quieran impedir? ¿Eres capaz de dar el primer paso para salir de esa “zona de comodidad” y seguir a Jesús por el camino? ¿Cuál tendría que ser este primer paso?
  • ¿Qué necesitarías cambiar en tu vida para emprender verdaderamente el camino del seguimiento de Jesús?

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VIDA – ORACIÓN

La oración del ciego Bartimeo, algo desconocida para nuestro contexto cristiano occidental, es sin embargo muy conocida y apreciada por nuestros hermanos de rito oriental (católicos y ortodoxos): la oración de Jesús u oración del corazón. En la obra El Peregrino ruso podemos descubrir la dulzura, importancia y dimensión de esta oración, con la que muchos de esto hermanos nuestros oran a modo de jaculatoria: «¡Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!». Mi invitación es que profundices en esta oración y en su práctica. Y repitas despacio esta invocación en distintos momentos del día y luego continúes practicándola.

Pero esa oración, en realidad debe ser un estímulo, una motivación, un incentivo para comenzar a salir de tu “zona de comodidad”, con la ayuda de Jesús, de la misma manera que hizo el ciego Bartimeo.

 

“¿Qué tengo que hacer para alcanzar la felicidad?” Lectio Divina del domingo XXVIII del T. O.

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 10,17-30)

En aquel tiempo, al salir Jesús de camino, un hombre corrió a preguntarle, arrodillándose ante él: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? El único bueno es Dios. Ya conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». Él dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús lo miró con amor y le dijo: «Te queda una cosa que hacer: Anda, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». Al oír esto, el joven se fue muy triste, porque tenía muchos bienes. Jesús miró alrededor y dijo a sus discípulos: «¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!». Los discípulos se quedaron asombrados ante estas palabras. Pero Jesús les repitió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios». Ellos, más asombrados todavía, se decían: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús los miró y les dijo: «Para los hombres esto es imposible; pero no para Dios, pues para Dios todo es posible». Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Os aseguro que nadie deja casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras por mí o por el evangelio, que no reciba el ciento por uno ya en este mundo, en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, con persecuciones, y en el siglo venidero, la vida eterna.

 

Nos volvemos a encontrar a Jesús itinerante, en camino, según el contexto de los capítulos precedentes, hacia Jerusalén, donde Jesús sufrirá la pasión, se enfrentará a la muerte y, al tercer día, resucitará. Entonces, alguien corre a su encuentro, se arrodilla ante él, y le pregunta: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». Podríamos traducir esta pregunta también por: ¿Qué debo hacer para vivir la vida en plenitud, para desarrollarme totalmente como persona? ¿Qué tengo que hacer para alcanzar la felicidad?

Basta con cumplir simplemente una serie de preceptos, de normas… Basta con parecer que somos buenas personas, cumplidoras de nuestros deberes. Basta únicamente, con cumplir. O además de todo esto, hemos de ser proactivos. Y utilizo este término en el sentido de pasar a la acción, de no esperar pasivamente a que las cosas vayan aconteciendo. Jesús nos pide que no nos centremos únicamente en nosotros mismos; si no que ampliemos nuestra mirada y pongamos los ojos, también en los demás. Jesús nos pide que nos pongamos en marcha. Que nos pongamos en camino, que salgamos al encuentro del otro y desarrollemos todas las potencialidades que tenemos dentro de nosotros en favor de las personas que nos rodean. Jesús nos pide que compartamos nuestras riquezas: “Anda, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo.” Nos mira con amor y nos invita, nos llama a un seguimiento muy especial y particular: Anda, desapégate de todas tus riquezas, de todas tus capacidades, de tus talentos, de tus habilidades, de tus cualidades… No te las guardes únicamente para ti, ponlas al servicio de los demás. Regala a los que te rodean tu tiempo, tu sabiduría, tu experiencia, tus gestos, tu cariño… A veces, tu sola presencia, en la que se manifiesta la presencia de Dios y el amor que nos tiene como Padre. Entrégalo todo en las manos de Jesús y ponlo al servicio de las demás personas.

Pon tu confianza en Dios y en ti mismo, como seguidor de Jesús, no en las “cosas” que posees como aquel hombre que se marchó triste porque era muy rico.

mormon-jesus-christ-6Ante todo esto, Pedro en nombre de los demás discípulos, pregunta a Jesús qué va a ocurrir con ellos, que lo han dejado todo por seguirlo. Jesús, creo que mirando también a los discípulos con amor, les enseña que, a pesar de todas las dificultades, los obstáculos y persecuciones, que puedan encontrar en el camino del seguimiento, la recompensa será aún mayor. En el seguimiento de Jesús encontrarán aún más riquezas, fruto de todo lo que se comparte, y una nueva familia: la Iglesia, la familia de los seguidores de Jesús. Y en el futuro, la vida eterna del Reino. Aquel que renuncie a todo por amor a Dios y a los hermanos comenzará a experimentar el Reino aquí en la tierra. La renuncia se convertirá en plenitud. En la unión con Jesús y en el seguimiento del evangelio se experimentará el amor incondicional del Padre y de la comunidad, la Iglesia.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Te encuentras en camino hacia el seguimiento de Jesús y del evangelio?
  • ¿Te has preguntado alguna vez qué tienes que hacer para heredar la vida eterna, para vivir tu vida de una manera plena? Márcate algunas acciones a realizar para ello.
  • ¿Cuál es tu reacción y cómo asumes las palabras de Jesús cuando te dice a ti personalmente: «Vende lo que tienes y da tu riqueza a los pobres?» (Recordamos que la riqueza no se refiere únicamente a lo económico).
  • ¿De qué manera comparto mis riquezas con los demás? ¿Estoy dispuesto/a a renunciar a todo por amor y confiar únicamente en Dios, sabiendo que en esa renuncia encontraré una riqueza aún mayor?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícale por habernos regalado el Reino y poder comenzar al vivirlo, aunque de manera imperfecta en nuestra vida cotidiana.
  • Da gracias a Jesús por regalarnos el don de poder disfrutar los dones y las alegrías del Reino.
  • Pide al Espíritu que te ayude a entregarlo todo a los hermanos por amor a ellos, a Dios y al seguimiento del Evangelio.
  • Pide perdón a Dios por las ocasiones en las que tu corazón está apegado a tus riquezas y no eres capaz de compartirlas con los demás.
  • Asume algún compromiso en favor de las personas que te rodean.

“TODO CON AMOR Y POR AMOR” LECTIO DIVINA DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO – Ciclo B (Mc 10,2-16)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 10,2-16)

En aquel tiempo se le acercaron unos fariseos y le preguntaron con intención de tentarlo: «¿Le está permitido al hombre separarse de su mujer?». Jesús les respondió: «¿Qué os mandó Moisés?». Ellos dijeron: «Moisés mandó escribir un acta de divorcio y despedirla». Jesús les dijo: «Moisés escribió este precepto por la dureza de vuestros corazones. Pero al principio de la creación Dios los hizo macho y hembra. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

Ya en casa, de nuevo los discípulos le preguntaron acerca de esto; Jesús les dijo: «El que se separe de su mujer y se case con otra comete adulterio contra la primera; y si la mujer se separa de su marido y se casa con otro comete adulterio».

Le presentaron unos niños para que les impusiera las manos. Los discípulos los regañaban. Pero Jesús, al verlo, se indignó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí; no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño no entrará en él». Los tenía en brazos y los bendecía imponiéndoles las manos.

 

En el evangelio de hoy, Jesús se ve abocado, a causa de los fariseos, a abordar un aspecto particular de la vida matrimonial de su época.

Recordemos, para situarnos en el texto, que dentro de la comunidad judía existían distintos grupos, con visiones diversas acerca de su religión. Uno de estos grupos eran los fariseos. Una característica fundamental de este grupo era el cumplimiento escrupuloso de la Ley de Moisés, con los 613 preceptos que desarrollaban la misma.

En esta ocasión, como hemos apuntado más arriba, los fariseos, con una cierta mala intención, según nos hace notar el evangelista, interrogan a Jesús sobre la capacidad del ser humano para disolver, por su propia cuenta, el vínculo matrimonial.

No extrapolemos el texto, y queramos trasladarlo sin más a nuestros días. Jesus y DiscipulosDetengámonos, aunque sea brevemente, en intentar encontrar el significado que podría tener el texto en su época. Tengamos en cuenta, que en aquel momento, la ruptura del vínculo matrimonial, por parte del marido, era de lo más normal; incluso, se solía argumentar y justificar con textos de la propia Escritura. En Dt 24,1, por ejemplo, podemos encontrar la siguiente afirmación: «Si un hombre se casa con una mujer y luego no le gusta por haber encontrado en ella algo indecente, le dará por escrito un certificado de divorcio y la echará de casa». Cuidado, porque este enunciado era interpretado de manera muy diversas por los distintos grupos y por las distintas escuelas rabínicas de Israel.

Aquí es donde nos situamos con respecto al texto. Jesús es interrogado por parte de los fariseos sobre la interpretación que él hace acerca de la potestad que tiene el hombre de rechazar a su esposa y enviarla de vuelta a su casa; que como hemos visto, era un derecho del marido según la Ley de Moisés. Jesús por su parte, la interpreta, distinguiendo entre lo que es la voluntad de Dios, o el proyecto originario del Padre, y dicha Ley: Moisés permitió la separación del hombre y de la mujer a causa de la dureza de corazón del Pueblo de Dios.

La dureza de corazón se refiere a no querer aceptar la bondad y acogerla, a ser egoísta, a no mostrar amor, ni misericordia, a querer salirnos siempre con la nuestra aunque no llevemos razón, a cerrarse sobre nosotros mismo; dureza de corazón es resistirse a recibir el amor de Dios y de los hermanos.

El fundamento y pilar más importante del matrimonio, y yo diría que de la vida cristiana, es el amor; y el amor es lo que hace que el hombre y la mujer sean una sola carne; dejan de ser dos para convertirse en uno. El amor entre el hombre y la mujer es expresión del amor de Dios. Y al igual que el amor de Dios es eterno, así debe ser el amor en el matrimonio. Esta es la base, la esencia de la cuestión, que nos plantea el evangelio de hoy trasladándolo a nuestros días, sin entrar en casuística, como hacían los fariseos; ni en problemas de tipo social, en convencionalismos temporales o modelos culturales, pues no me parece el lugar, ni el momento más oportuno. Al igual que Jesús, yo tampoco voy a entrar en las particularidades del asunto.

Ya en casa, los discípulos, por su parte, vuelven a preguntarle. Y Jesús se reafirma en la respuesta dada a los fariseos.

jesus y los niñosA continuación, alguien le acerca a unos niños para que los toque. Precisamente, en el momento en el que se está hablando de cosas serias, de asuntos de adultos, de cuestiones importantes. La reacción de los discípulos, desde la lógica humana, es totalmente normal: se indignan y les regañan. ¡Mira que venir a molestar justamente ahora! Cuando Jesús se da cuenta de aquello riñe a los discípulos, porque de los que son como niños es el Reino de Dios. El Reino es de los bondadosos, los inocentes, de los que se sienten dependientes de los demás; de los que tienen un corazón rebosante de amor, de los que acogen la Palabra, el amor de Dios y de los hermanos; de los que están dispuestos a entregar amor sin esperar nada a cambio, de aquellos que son capaces de abandonar sus seguridades. De éstos es el Reino de los cielos.

Jesús los abraza y los bendice, los acoge, se identifica con ellos, se hace uno con los más pequeños, los más humildes, los más necesitados. Una importante lección para todos nosotros y una actitud y comportamiento que debemos adoptar con los demás, también en nuestra relación de pareja, así haremos posible el proyecto originario de Dios nuestro Padre.

 

 CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué significado tiene para ti la palabra «amor»? ¿Qué entiendes por amor incondicional, gratuito?
  • Sin entrar en la cuestión matrimonial. Tu vida ¿está fundamentada sobre el amor?
  • ¿Cómo acoges a los demás, especialmente a los débiles y más necesitados?
  • ¿Está tu corazón rebosante de amor o al menos, lo intentas?
  • ¿Está tu corazón abierto a la Palabra y a las personas de tu entorno?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por habernos regalado un corazón de carne, semejante al suyo.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte a amar a los demás sin esperar nada a cambio, sin condiciones.
  • Pide al Espíritu que te ayude a conservar tu corazón inocente, humilde, sencillo, acogedor.
  • Pide perdón a Dios por las veces en que conviertes tu corazón en un corazón de piedra, que no es capaz de amar, acoger y comprender al hermano.

 

“Yo soy el pan que ha bajado del Cielo” LECTIO DIVINA DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B (Jn 6,41-51)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Jn 6, 41-51)

En aquel tiempo los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?». Jesús les dijo: «Dejad de criticar. Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no lo trae, y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y acepta su enseñanza viene a mí. Esto no quiere decir que alguien haya visto al Padre. Sólo ha visto al Padre el que procede de Dios. Os aseguro que el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Éste es el pan que baja del cielo; el que come de él no muere». «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».

El pasaje con el que hoy vamos a orar corresponde al capítulo seis del evangelio de Juan. El cual gira entorno al Discurso del Pan de vida, como hemos ido apreciando en domingo anteriores. Los capítulos cinco y seis desarrollan el segundo viaje de Jesús a Jerusalén y su ministerio en Galilea. La gota que colma el vaso para que los judíos se enfrenten a Jesús es precisamente, su autorevelación como Pan de Vida bajado del cielo. Por eso, los judíos critican a Jesús.

Juan se refiere a estos incrédulos, como judíos, aunque en realidad son galileos. En el evangelio de Juan no hay que tomar al pie de la letra dicho término como gentilicio, pues Juan lo utiliza para referirse a todo aquel que no es capaz de abrir su corazón, cambiar su punto de vista y creer en Jesús.

Los judíos están en una clave muy distinta de la de Jesús. Ellos han percibido únicamente su parte humana. Para los judío es imposible que un hombre pueda tener la condición divina. Para ellos, el misterio de la encarnación es una imposibilidad. No es posible que Dios se encarne.

Pero es más, ellos le conocen muy bien, conocen a su padre, conocen a su familia, saben de su procedencia… Está usurpando el puesto de Dios, se está poniendo en su lugar. Es imposible que Dios se acerque de esa manera al hombre. Jesús está atentando contra el primer y segundo mandamientos de la ley de Dios.jesus pan de vida

Ante tal cerrazón es inútil discutir acerca del tema. Sobre todo, porque de quien más alejados están los judíos es precisamente de ese Dios en el cual dicen que creen. No han descubierto a Dios como Padre, no se han dejado alcanzar por la bondad de Dios, no se han abierto al amor de Dios, encarnado en Jesús de Nazaret. Están encerrados en sus propias normas y leyes que lo único que provocan es esclavitud y obligaciones.

Con respecto al tema de la resurrección, hemos de decir que estaba admitida por la corriente farisea del judaísmo, como un premio por la observancia de la ley. Jesús, claramente, advertirá que lo que salva no es la observancia de la ley, la resurrección no es premio de un mayor o menor cumplimiento de las normas o la leyes. La resurrección es fruto de nuestra adhesión a la persona de Jesús, únicamente dejándonos transformar por el Espíritu Santo y acogiendo la vida y la enseñanza de Jesús alcanzaremos la resurrección. Una resurrección que será comunicada por Jesús en el “ultimo día”, en el día de la entrega libre de su vida.

Jesús universaliza la salvación: “todos serán discípulos de Dios”, todo el que escucha al Padre y aprende acerca de Jesús alcanzará la resurrección. Y no porque nadie haya visto al Padre. A Dios es imposible que lo veamos, pero no es imposible experimentar su amor. El amor de Dios lo experimentamos en el amor que entregamos a otras personas y que acogemos de ellas, especialmente de los más pobres y necesitados de nuestra sociedad. Aquel que sea capaz de dar y recibir amor, aquel que sea sensible a las necesidades de los demás y se deje ayudar por los demás, aquel que entregue su vida por los demás será “merecedor” de la resurrección. Al Padre sólo podemos acceder por medio de Jesús y de nuestra transformación, en la medida de lo posible, en otros Cristos.

Quien crea en Jesús, quien viva la vida de Jesús, quien asuma y ponga en práctica las actitudes vitales de Jesús ese posee la vida eterna.

El pan de vida es Jesús, nuestro alimento es Jesús, nuestra savia vital es Jesús. Ningún otro maná será capaz de saciarnos.

Al igual que el maná no llevó al Pueblo a la Tierra prometida, la Ley tampoco es capaz de nutrir y alimentar el apetito que la humanidad tenia de Dios. Es Jesús quien sacia nuestro hambre y nuestra sed de Dios. Comiendo el alimento verdadero que es Jesús tendremos vida eterna.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• Para nosotros en muchas ocasiones también es escandaloso y difícil creer que Jesús sea nuestro alimento en su presencia eucarística ¿cómo vives estos momentos?

• Jesús nos hizo el gran regalo de su presencia real en la eucaristía, ¿cómo acoges y vives este regalo?

• ¿Intentas poco a poco adherirte, acoger y vivir las actitudes vitales de Jesús?

• ¿Te dejas transformar por el Espíritu Santo en verdadero discípulo de Jesús?

• Para ser verdadero discípulo de Jesús y para conocerlo es imprescindible que tengamos momentos de encuentro con Él ¿dedicas algo de tu tiempo para estar con Jesús, sobre todo visitándolo en el sagrario?

• ¿Cómo vives la experiencia del amor de Dios manifestado en tu entrega a los hermanos y en la acogida de ese amor, especialmente de los más pobres y necesitados de nuestra sociedad?

• ¿Qué significa para ti, concretamente en tu día, entregar la vida por los demás?

 

ORACIÓN – VIDA

• Adora a Dios Padre, por el gran Misterio de la Encarnación de su Hijo. Dale gracias por el amor que tiene a todos y cada uno de nosotros, de manera particular.

• Da gracias a Jesús por el gran don de la eucaristía, por ser presencia real entre nosotros.

• Ofrece tu amor a Jesús para que él transforme tu vida y puedas llegar a ser verdadero discípulo que entrega y da su vida por los hermanos, especialmente por los más pobres y necesitados.

• Pide al Espíritu Santo que te ayude a ser un discípulo fiel de Jesús y te transforme en “otro Cristo”.

“SEÑOR, DANOS SIEMPRE DE ESE PAN” LECTIO DIVINA DOMINGO XVIII DEL T. O. – CICLO B (Jn 6,24-35)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Jn 6, 2435)

24. Cuando la gente vio que no estaban allí ni Jesús ni sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25. Lo encontraron al otro lado del lago, y le dijeron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”. 26. Jesús les contestó: “Os aseguro que no me buscáis porque habéis visto milagros, sino porque habéis comido pan hasta hartaros. 27. Procuraos no el alimento que pasa, sino el que dura para la vida eterna; el que os da el hijo del hombre, a quien Dios Padre acreditó con su sello”. 28. Le preguntaron: “¿Qué tenemos que hacer para trabajar como Dios quiere?”. 29. Jesús les respondió: “Lo que Dios quiere que hagáis es que creáis en el que él ha enviado”. 30. Le replicaron: “¿Qué milagros haces tú para que los veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? 31. Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”. 32. Jesús les dijo: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo; mi Padre es el que os da el ver

dadero pan del cielo. 33. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo”. 34. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. 35. Jesús les dijo: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”.

 

El domingo pasado hemos dejado a Jesús y a sus discípulos alimentando a la multitud que le había seguido. El texto con el que vamos a or

ar hoy es el comienzo del pasaje conocido como “el discurso del pan de vida” (Jn 6,26-59). Aunque más que un discurso es un diálogo entre la gente y Jesús. El tema central del mismo es el pan, a juzgar por las veces que se repite esta palabra en el texto (seis veces). Mediante este diálogo, Jesús quiere explicar el verdadero significado de la multiplicación de los panes a la luz del Éxodo, cuestionado por la gente que se acerca a él, pero visto desde la perspectiva del misterio de la Eucaristía.

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Adentrarnos dentro del misterio eucarístico, nos invita no tanto pensar, como a contemplar. Nos invita a cambiar nuestro modo de ver la realidad, desde aquello que “es invisible a los ojos”, como diría el Principito. Es por eso, que te invito, a leerlo despacio, a releerlo unas cuantas veces, si fuera necesario; no intentes entenderlo, intenta más bien saborearlo; déjate atrapar por el texto y por las palabras de Jesús; deja que el texto te interrogue acerca de tu vida.

La gente va a Cafarnaún a buscar a Jesús. Acaban de ver y experimentar uno de los signos realizados por el Maestro: la multiplicación de los panes. Buscan a Jesús, no por el signo en sí, si no por que les ha alimentado. El signo es una señal, una representación, de que el Reino de Dios está entre nosotros. Los contemporáneos de Jesús, en lugar de darse cuenta y apreciar el signo, lo que aprecian es que Jesús les ha dado de comer.

Comprender verdaderamente el signo de la multiplicación de los panes, nos conduce a realizar en nuestras vida la obra de Dios; ser fieles, como Jesús, a la voluntad del Padre, “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, rezamos habitualmente en el Padrenuestro; para ello es necesaria nuestra colaboración.

Pero, lo mismo que a sus contemporáneos, es posible que a nosotros nos surja la misma pregunta: “¿Qué tenemos que hacer para trabajar como Dios quiere?”, ¿Qué tenemos que hacer para llevar a cabo en nuestra vida la obra de Dios? ¿Qué significado tiene el deseo de que se cumpla la voluntad de Dios? La respuesta la da el mismo Jesús: “Creer en el que Él ha enviado”, creer en Jesús. Pero, ¿qué significa eso de creer en Jesús? Creer en Jesús, no es unicamente una cuestión intelectual o mental; no es estar convencido de una creencia, de un hecho, de una opinión, de una idea o de una doctrina. Creer en Jesús significa adherirse al plan de Dios, significa incorporarse al proyecto vital de Jesús, significa intentar hacer visible el Reino de Dios en nuestra vida cotidiana, significa hacer realidad el mandamiento del amor: “amaos unos a otros como yo os he amado” (Jn 15,12).

Porque creer en Jesús va mas allá de lo meramente intelectual. Por eso, nos resulta tan difícil creer en él. Si sólo fuera aceptar una doctrina o una idea, podría llegar a ser fácil. Aún así, posiblemente nos surge la misma pregunta que a aquellos judíos que se encontraron con Jesús en Cafarnaún: ¿por qué tenemos que creer en ti? ¿Por qué tenemos que fiarnos de ti? ¿Demuéstranos de alguna manera que podemos fiarnos de ti? ¿Qué haces tú para que creamos? Para ellos, la multiplicación de los panes ha sido simplemente un milagrito, un hecho extraordinario, sí; o si me apuráis un hecho incomprensible. Pero, otros también realizan ese tipo de actos. En la historia de Israel, el mismo Moisés realizo una obra similar; según ellos, alimentó al pueblo con el maná, con el llamado pan del cielo (Sab 16,20), es decir con el pan de Dios. Para que crean en Jesús, éste ha de realizar un hecho todavía más grandioso que el de Moisés.

JESUS PAN Y VINOSin embargo, en realidad, no fue Moisés quien alimentó al pueblo de Israel. Fue Dios quien alimentó en aquel entonces al Pueblo de Israel, no fue Moisés quien elaboró el maná, fue Yahveh quien lo hizo realidad. El verdadero alimento nos lo da Dios. Aunque aquel alimento, el maná, no era capaz de proporcionar la vida eterna. El único capaz de regalarnos, proporcionarnos, facilitarnos la vida eterna es Jesús. El único que ha vencido al pecado y a la muerte con su pasión, muerte y resurrección es Jesucristo. El único que nos da vida es Jesús. Y una vida que dura y perdura para siempre.

La muchedumbre quiere de ese pan, y así se lo pide a Jesús: “Danos siempre de ese pan”. Nosotros también queremos alimentarnos de ese pan. Ese pan que da sentido a nuestra existencia. Ese pan que nos fortalece en nuestras dificultades. Ese pan que nos levanta cuando hemos caído. Ese pan que da la vida eterna. El pan de la Palabra y de la Eucaristía que es Jesús mismo. “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Qué significa para ti creer en Jesús? ¿Cambia en algo tu modo de percibir y vivir la fe después de leer y meditar este pasaje? ¿Qué lugar ocupa en tu vida cotidiana tu fe en Jesús?

• ¿Qué buscas en tu vida diaria, el milagro fácil, los hechos portentosos y extraordinarios o el signo de que el Reino de Dios está presente en medio de los acontecimientos cotidianos?

• ¿Es la lectura de la Palabra de Dios y la celebración de la Eucaristía tu pan cotidiano?

• Hazte a ti mismo la misma pregunta que le hacen sus contemporáneos a Jesús: “¿Qué tengo que hacer para realizar la obra de Dios? ¿Qué he de cambiar en mi vida o que tengo que fortaleces para actuar como Dios quiere?

• ¿Qué he de hacer para que le pan de la Palabra y de la Eucaristía llegue a otros?

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ORACIÓN – VIDA

• Hoy te invito a recordar (pasar por el corazón) tu experiencia de cómo Jesús, Pan de Vida, sacia tu hambre y tu sed de eternidad, de infinitud, de Dios.

• Alaba a Dios desde esa experiencia que te regala, en tantos y tantos momentos de tu vida cotidiana.

• Da gracias a Jesús por ser el alimento que te da la vida eterna.

• Pide al Espíritu Santo que te fortalezca para ser signo del Reino de Dios entre las personas que te rodean y te ayude a acercar el pan de la Palabra y de la Eucaristía a los demás.

“DIO GRACIAS Y LOS DISTRIBUYÓ” LECTIO DIVINA DOMINGO XVII DEL T. O. – CICLO B (Jn 6,1-15)

Murillo - Multiplicación de los panes y los peces - Hospital de la Caridad - SEVILLA (Restaurado por IAPH en 2018)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Jn 6, 1-15)

Después Jesús pasó al otro lado del lago de Galilea (o Tiberíades). La gente lo seguía, porque veían los prodigios que hacía con los enfermos. Jesús subió al monte y allí se sentó con sus discípulos. Estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. Jesús alzó los ojos y, al ver tanta gente, dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos panes para que coman todos ellos?». Decía esto para probarlo, pues él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «El sueldo de un año no bastaría para que cada uno de ellos comiera un poco». Entonces, uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Pero, ¿qué es esto para tantos?». Jesús dijo: «Decidles que se sienten». Había mucha hierba en aquel sitio. Eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó entre todos; y lo mismo hizo con los peces. Les dio todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que no se pierda nada». Los recogieron, y llenaron doce canastos de las sobras de los cinco panes de cebada. La gente, al ver el milagro que había hecho Jesús, decía: «Éste es el profeta que tenía que venir al mundo». Y Jesús, dándose cuenta que querían llevárselo para hacerle rey, se retiró otra vez al monte él solo.
Del capítulo 5 al 6 del evangelio de Juan nos encontramos un cambio brusco de situación geográfica. En el primero, se encontraba en Jerusalén; ahora lo encontramos en la orilla oriental del lago de Galilea. Jesús abandona la tierra de los judíos, tierra en la que el pueblo está siendo oprimido por la Ley, interpretada por los escribas y fariseos; y marcha a la otra orilla, sube al monte. El monte que es el lugar de la manifestación de Dios.

El doble nombre que recibe en este evangelio el lago, se refiere por un lado al nombre judío, mar de Galilea, y por otro, al nombre pagano Tiberiades, lo cual nos indica que en aquella región existía una mezcla de judíos y paganos; ambos convivían juntos. Y el mensaje de Jesús está abierto a todos.

Con esta acción de pasar de una orilla a otra, nos encontramos con un nuevo éxodo, que liberará al pueblo y le llevara a la nueva tierra prometida. Sin embargo, en este nuevo éxodo, Jesús no va delante de la multitud guiándola por el camino. El marchó solo, posiblemente con sus discípulos, después la multitud la sigue. Pero, tiene precisamente que dar ese paso del seguimiento. No le siguen como “borregos” es una decisión libre. Aunque debe ser una decisión libre, la verdadera causa por la que laloaves-and-fishes multitud sigue a Jesús es porque ha realizado signos, ven en él a un liberador.

Jesús sube al monte, que como decíamos más arriba es el lugar de la manifestación de Dios. Siguiendo con la similitud del éxodo, también Moisés subió aun monte para que tuviera lugar dicha manifestación o teofanía (Éx 24,1-2.9.12). Jesús representa la gloria de Dios, su amor incondicional. Jesús se sienta en el lugar donde reside la gloria de Dios y sus discípulos se sientan con él. La esfera divina está abierta a los hombres; el Dios cristiano no es un Dios alejado de la humanidad, sino que permite que las personas compartan su ámbito de existencia, la morada de Dios está abierta a todos.

La Pascua de la que nos habla el evangelista hace referencia a la fiesta de los judíos, o más bien de sus dirigentes, que la han adulterado, ya no es una fiesta de liberación, sino en realidad de opresión y de mantenimiento del estatus de los escribas y doctores de la ley. Para celebrar dicha fiesta, los judíos suben a Jerusalén. Ahora siguen a Jesús, suben al monte de la manifestación de Dios.

Felipe, el discípulo que fue a buscar a Jesús (Jn 1,43) y que sigue estando aferrado a las tradiciones judías (Jn 1,45) es quien se da cuenta de la necesidad del pueblo. Jesús no quiere poner la cosa fácil, todo requiere un esfuerzo, quiere ver como reacciona Felipe, quiere tantearlo. Felipe, por su parte, va a lo práctico, a lo tangible, a lo inmediato: sin dinero nada se puede hacer; es más, haría falta mucho dinero. Los recursos son insuficientes, por lo que aquel “seguimiento” es un fracaso.

Andrés, el hermano de Simón Pedro, es quien entra ahora en escena. Se han mencionado a los representantes de los tres grupos que siguieron a Jesús desde el principio del cuarto evangelio: Felipe, representante de los judíos y sus tradiciones a quien Jesús llamó; Andrés, discípulo del Bautista y que ante las palabras de éste, sigue a Jesús con entusiasmo; y Pedro, que prácticamente se mantuvo sin entusiasmo alguno al encontrarse con el Maestro.

Andrés no es que haya encontrado una solución, sino que lo que hace es constatar los medios de los que disponen. Un muchacho cuenta con cinco panes y dos peces. Cinco, alusión clara a los cinco primeros libros de la Biblia, el Pentateuco; la precisión de panes de cebada alude al acontecimiento de Eliseo cuando con veinte panes sació a cien personas (2Re 4,42-44). El dos, para completar hasta llegar al número siete, que significa totalidad, plenitud. Andrés quiere poner a disposición de todos, al menos lo que tienen, aunque cae en la cuenta de que es muy posible que no baste. También aquí, aunque se dispone de medios, estos no son suficientes, nuevo aparente “fracaso”.

panes pecesJesús ordena que se recuesten en la hierba. Antes se ha referido a ellos como multitud, ahora se refiere a ellos como hombres, es decir, personas; para Jesús no somos una multitud anónima, somos personas concretas, con nuestras propias necesidades, nuestros gozos y tristezas. Se recuestan para comer, tal y como hacían los hombres libres. Lo primero que nos trae Jesús es libertad. En la Pascua de Jesús no se ha de comer de pie y aprisa, como ocurría cuando eran esclavos en Egipto, no hay que recorrer un largo camino para llegar a la Tierra Prometida, ella ha venido hasta ellos, Jesús se encuentra en medio de ellos. La mucha hierba simboliza la abundancia de pastos y la fecundidad del tiempo mesiánico.

Eran cinco mil, dicho número es múltiplo de cinco, que como hemos visto arriba, es el número de panes y el de los libros del Pentateuco; múltiplo también de cincuenta que es la cantidad de los miembros de la comunidad profética en tiempo de Abdías (1Re 18,4) o del Profeta Elías (2Re 2,7). La Ley ha sido sustituida por la nueve Ley del amor que ha venido a traer Jesús.

Jesús pronuncia la acción de gracias, reconociendo que todo nos viene del Padre, que todo es don y regalo de Dios. Los bienes tienen que ser eso un regalo, no podemos acapararlos; el don de Dios ha de ser compartido, cuando compartimos todo se multiplica, sobre todo cuando se ofrece todo sin guardarse nada, aparece la abundancia. Cuando dejamos de poner nuestra confianza en lo material, en el tener, en el poseer egoísta y ponemos nuestros bienes y nuestras personas al servicio de los demás compartiendo todo lo que tenemos, entonces llega a sobrar. El pan y los peces han de ser distribuidos, se requiere el esfuerzo personal, requiere la implicación de los discípulos, requiere su donación gratuita, requiere darse, gastarse y desgastarse por los demás. Hemos de manifestar el amor, la preocupación y la generosidad de Dios Padre hacia las personas, compartiendo lo que de él hemos recibido.multiplicacion

Esa es la única manera de que todos queden saciados y sobren dones, sobren regalos, sobre el legado de Dios. Dios no se cansa de regalarnos dones todos ellos son necesarios por eso hay que guardarlos para utilizarlos y donarlos en el momento preciso.

Las doce cestas hacen alusión a las doce tribus de Israel. La abundancia es la abundancia de estar junto a Jesús, de permanecer a su lado, de no alejarnos de él.

Ante aquel signo, los presentes caen en la cuenta de que quien a realizado dicho prodigio es el Profeta que ha de venir, un enviado de Dios. Pero además, ante aquel signo y los anteriores realizados por Jesús, la multitud lo reconoce como Mesías, pero un Mesías rey, guerrero poderoso, caudillo del pueblo. Continúan en la mentalidad judía. No se han dado cuenta de que Jesús es un Mesías diferente, que se ha puesto a servir, que se ha abajado para ponerse al servicio de los hombres. Jesús que quería darles libertad, que quería por parte de ellos generosidad y amor, ve fracasado su propósito ante su actitud, ellos quieren un rey al que servir, al que rendir pleitesía y al que prestar obediencia; quieren continuar siendo súbditos que no tienen que asumir la responsabilidad de elegir.

A Jesús, no le queda otra que alejarse y retirarse solo al monte. A encontrarse a solas con el Padre. A reflexionar, meditar y afrontar la situación que se ha presentado de la manera más satisfactoria posible.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Asumes totalmente y con todas las consecuencias que el mensaje de Jesús está abierto a todas las personas?

• ¿Qué pasos vas dando en tu vida para encontrarte con Jesús, para como cristiano continuar en su seguimiento?

• Todos y cada uno de nosotros hemos recibido una llamada de Jesús para seguirle, intenta recordar aquel instante ¿cómo fue? ¿cómo lo acogiste? Y lo más importante, en este momento, ¿cómo es tu seguimiento? ¿lo has depurado? ¿has crecido? ¿se ha incrementado?

• Ante situaciones difíciles, ¿cuál es tu actitud? ¿te limitas a constatar el hecho? ¿te limitas a caer en la cuenta de los recursos que existen y que se pueden utilizar para mitigar dicha situación? O por el contrario, ¿buscas soluciones y las pones en práctica?

• ¿Cuentas con Jesús para afrontar dichas situaciones? ¿Pones a disposición de los demás los dones de Dios y tu propia persona? ¿Te implicas? ¿Eres capaz de compartir, los dones y los bienes que Dios te ha regalado, con tu esfuerzo, por supuesto? ¿Eres capaz de darte tu mismo, de partirte y repartirte?

• ¿Eres consciente de que la multitud está hambrienta no solo de alimento, de cosas o de bienes materiales, sino sobre todo del amor de Dios? ¿Qué hago para saciar a esta multitud?

• ¿Quién es Jesús para ti? ¿Un Mesías rey, que te soluciona la vida a cambio de la sumisión? ¿Un Mesías Caudillo, al que seguir sin tener que preocuparte por tomar tus propias decisiones? ¿Un Mesías guerrero, que te saca de cualquier atolladero, a cambio de tu admiración y sometimiento total? ¿El Mesías servidor de todos los hombres, que es capaz de abajarse a su miseria, que acoge a todos sin distinción, que les toma de la mano para sacarlos del pozo en el que se hayan, y que en muchas ocasiones nosotros mismos hemos arrojado?

ORACIÓN – VIDA

• Te adoro Dios mío y te amo de todo corazón por haberme creado y llamado a continuar tu tarea creadora en el mundo

• Padre, te doy gracias por los dones, beneficios y bienes que cada día me regalas.

• Me ofrezco a ti, Jesús, para seguirte y donarme para saciar a la multitud hambrienta, no solo de pan material, sino de tu Palabra y del amor de Dios.

• Ayúdame, Jesús, a ser tu discípulo fiel y a llevar la Buena Noticia y la abundancia que ella trae a todos los que me rodean y con todos los que me encuentro a diario.

Lectio Divina Domingo XVI del T. O. (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 6,30-34)

En aquel tiempo, se reunieron de nuevo los apóstoles con Jesús y le contaron lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid conmigo a un lugar retirado y tranquilo y descansad un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no tenían tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca a un lugar tranquilo ellos solos. Al ver que se iban, muchos se dieron cuenta, y de todos los poblados corrieron allá a pie y se les adelantaron. Jesús, al desembarcar y ver tanta gente, se compadeció de ellos porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Estamos en la era de la ansiedad, el nerviosismo, las prisas, la inmediatez, el estrés… muchas veces, provocado todo ello, por causas muy nobles. Nuestra excesiva preocupación, dedicación, esmero, puede jugarnos, muchas veces, una mala pasada. Fíjate bien que, con esto no quiero decir que no nos preocupemos, no nos esmeremos o no mostremos interés por las cosas; he utilizado el calificativo excesivo. Porque, precisamente, la equivocación está en el exceso.

Es posible, que también los apóstoles se viesen atrapados por la vertiginosa actividad. Es posible que, su excesiva dedicación a la “misión”, o a la simple actividad, porque la misión es mucho más que la actividad que realizamos, les absorbiera de tal manera, que, según nos dice el texto no tenían tiempo ni para comer.

La misión consiste en difundir la Buena Nueva por todos los lugares a los que vayamos, consiste en hacernos portadores del amor del Padre y entregarlo a todas las personas con las que nos encontremos, consiste en ser reflejo de Jesús para todos los que nos rodean; pero para ésto es necesario que pasemos muchas horas junto a Jesús. No lo olvidemos nunca.imagen2

Sólo podemos testimoniar aquello que hemos visto y oído. El verdadero apóstol, el verdadero enviado, únicamente puede hablar de su experiencia de Dios. Y la experiencia sólo es posible a partir del contacto directo con Jesús. Si el enviado no se alimenta de la misma vida y misión de Cristo, podrá proclamar bonitos discursos, podrá pronunciar bonitas palabras, podrá realizar, incluso, hechos portentosos… Pero, ¿estará anunciando la misericordia de Dios?, ¿estará llevando Jesús a todas aquellas personas con las que se encuentra?

Jesús invita a sus discípulos a ir al desierto para descansar y poder reflexionar junto a ellos. Hoy, a cada uno de nosotros, nos está invitando a lo mismo.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• Jesús, después de una dura jornada, te invita a acompañarlo a un lugar solitario y descansar un poco, ¿Cómo acoges esa invitación?

• ¿Llevas una vida tan sumamente ajetreada que no te queda tiempo ni para comer? ¿Qué sientes cuando tomas conciencia de ello?

• ¿Qué significa para ti acompañar a Jesús a un lugar tranquilo y descansar junto a él? ¿Crees necesario llenarte, colmarte de Jesús antes de predicar la Buena Noticia? ¿Dedicas tiempo a ello?

• Tómale el pulso a tu relación con Jesús, tanto en la calidad como en la cantidad, pues aunque no nos lo parezca, ambas van de la mano, pues si no dedico tiempo a relacionarme con Jesús, es poco probable que mi relación pueda ser de calidad.

• Ante la situación de infelicidad de muchos de nuestros contemporáneos ¿tienes una actitud de misericordia y compasión? ¿estás dispuesto, después de haberte llenado de Jesús, a gastarte y desgastarte por acercar la gente a Jesús?

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ORACIÓN – VIDA

• Adora a Dios, por haberte creado con la inquietud de conocerle y amarle.

• Da gracias a Jesús por invitarte a ir con él a un lugar tranquilo.

• Ofrécete a Jesús para llevar la Buena Noticia todas las criaturas que están inquietas y ávidas por conocer tu experiencia de Jesús.

• Pide al Espíritu Santo que te ilumine y te configure poco a poco con Jesús para llevar la Buena Noticia a todos los confines del mundo.