“Yo soy el Pan Vivo”.Lectio Divina de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 6,51-58

Nos encontramos en este domingo, en el que celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, con un “discurso” pronunciado por  Jesús en la sinagoga de Cafarnaún (Jn 6,59). Anteriormente a esto, el autor del Cuarto Evangelio nos ha narrado como los judíos, refiriéndose claramente a los dirigentes del Pueblo de Israel, murmuraban contra él, por haber afirmado: “Yo soy el pan bajado del cielo” (Jn 6,41). Lo cual había desatado una cierta controversia. Lo primero, porque ellos conocen bien los orígenes Jesús; ¿cómo puede, entonces, decir que ha bajado del cielo? Pero aún hay más, está claramente blasfemando; del cielo solo procede Dios; los judíos pensaría que aquel “insensato” se estaba autoproclamando como Dios. Pero es más quiere darse en alimento, algo totalmente imposible, incluso para nuestra mentalidad. ¿Cómo puede una persona convertirse en alimento para otra? Vayamos por parte.

Si quisiera aclarar, que por muchas explicaciones acerca de este fragmento del evangelio de Juan que yo pueda daros, no voy a desvelar nada nuevo, ni voy a disipar las dudas que podamos tener acerca de la Eucaristía, de la transustanciación, o del misterio eucarístico. Nos encontramos precisamente ante un misterio. Lo cual no tiene nada que ver con algo secreto o algo reservado únicamente a iniciados; tiene más bien que ver con algo que es incomprensible para nuestra mente, algo imposible de entender para nuestra capacidad intelectual por muy superdotado que uno pueda llegar a ser. Todo esto tienen más bien que ver con la experiencia. La eucaristía hemos de experimentarla, hemos de vivirla. Sin hacer la experiencia de ponerse delante del Santísimo, en total apertura, sin prejuicios, con todo nuestro ser, es imposible poder siquiera llegar a vislumbrar un poquito de este misterio. Por eso, invito a toda aquella persona que lea esta entrada del blog a que haga experiencia de la eucaristía, de la adoración eucarística y de estar a solas, como diría Santa Teresa de Jesús, con aquel que sabemos nos ama. Sabiendo que, hacer experiencia, en la mayoría de los casos, requiere además tiempo.

Y dicho esto, ahora sí, vamos a comentar la lectura que hoy nos regala la liturgia. La primera afirmación de Jesús: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo”. Con ello quiere decir a sus contemporáneos y a nosotros que escuchamos hoy la Palabra, que él procede del Padre, el cual es fuente de vida plena y verdadera. Y de la misma manera que lo es el Padre, lo es Jesús. Sí, Jesús es principio, origen, fundamento y desarrollo de una vida que puede llegar a ser plena y verdadera. Para ello será imprescindible entrar en comunión con él, en unión íntima, en relación estrecha; es imprescindible asimilar el Espíritu manifestado en la realidad humana de Jesús. De esta manera el ser humano “vivirá para siempre” (Jn 6,51); es decir, tendrá vida eterna. Una vida muy distinta, posiblemente, a nuestra vida física y actual; pero, al fin y al cabo, vida y vida en plenitud.

Para los judíos, y probablemente para muchos de nosotros, estas palabras de Jesús eran  y son inconcebibles, absurdas, intolerables: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”. Posiblemente, pensarían en alguna cuestión extraña de canibalismo. Sin embargo, Jesús no hablaba en sentido literal o en términos absolutos, que era como lo habían entendido ellos; por eso, no llegan a entender el significado verdadero de comer su carne. Jesús, en realidad está hablando de entrar en comunión plena con él; entrar en unión intima, de apropiarse de las actitudes vitales de Jesús, de sus valores, de su modo de vivir. Es más, los judíos no fueron capaces de acoger que Dios quisiera entrar en relación o en unión plena con el ser humano.

Comer la carne de Jesús y beber su sangre es aceptar a Jesús como nuestro punto de partida y de llegada, como nuestra referencia esencial, indispensable y necesaria para llegar al Padre y alcanzar así la vida eterna. Comer su carne y beber su sangre es hacer propio su amor incondicional y extremo. Un amor que le llevó incluso a entregar la vida por la salvación del género humano. Un amor que le llevo a liberarnos definitivamente de las ataduras de la muerte. Un amor que no espero nada a cambio, que lo hizo entregarse gratuita e incondicionalmente para que todos nosotros tengamos una vida plena y definitiva.

Y el discípulo de Jesús ha de ser capaz de unirse a él, de identificarse con él; ha de ser capaz de dejarse modelar por el Espíritu para llegar a ser otro Jesús en sus actitudes vitales y amar a los demás como él ama.

El pan y el vino que, en cada eucaristía, se nos ofrece como alimento es Jesús mismo. Estas especies nos dan la fuerza necesaria para que las actitudes vitales de Jesús se conviertan en las nuestras y, de este modo lograremos que nuestro modo de vivir cambien radicalmente. La asimilación del estilo de vida de Jesús y de su entrega acontece comiendo su carne y bebiendo su sangre, acontece en cada eucaristía.

Únicamente, entrando en comunión plena y vital con Jesús, comiendo su carne y bebiendo su sangre, podremos hacer propia la vida que Jesús nos propone. Es la única manera de entrar en unión intima, profunda e inseparable  con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo acoges el don de la vida plena, que Jesús te ofrece en cada eucaristía?
  • ¿Cómo vives, en  tu vida cotidiana, la asimilación del cuerpo y la sangre de Jesucristo?
  • ¿Al asimilar el cuerpo y la sangre de Jesucristo, eres consciente de que poco a poco se tiene que producir en tu vida un cambio radical?
  • En la celebración eucarística, te alimentas de la doble mesa de la Palabra y la Eucaristía, ¿eres consciente de ello? ¿son ambas importantes para ti?¿cómo vives esos momentos?
  • ¿Eres consciente, que comer la carne de Jesús y beber su sangre, te deben llevar a un compromiso mayor en favor de tus hermanos, especialmente los más necesitados? ¿Eres consciente, que estas siendo llamado a ser también transmisor de vida?

VIDA – ORACIÓN

Te doy gracias, Maestro, Vida verdadera y plena,

por haberme hecho el gran regalo de quedarte junto a mí en la Eucaristía,

y salir a mi encuentro, a pesar de mi inconstancia, mi fragilidad y mi debilidad.

En unión con María te ofrezco al Padre:

contigo, por ti y en ti,

sea por siempre la alabanza, la acción de gracias y la súplica

por la paz de los hombres.

Ilumina mi mente,

hazme discípulo fiel de la Iglesia;

que viva de fe; que comprenda tu palabra;

que sea un auténtico apóstol, propagador de tu amor.

Ayúdanos, Maestro Bueno, a todos los cristianos,

para que la Buena Nueva, que proclama la misericordia y el amor de Dios Padre,

llegue hasta los últimos confines del mundo.

“Tanto amó Dios” Lectio Divina de la Solemnidad de la Santísima Trinidad – Ciclo A

La Lectio Divina correspondiente a este domingo ha sido elaborada por nuestra colaboradora Yolanda Muñoz Estepa, de Valencia.

VERDAD-LECTURA

Evangelio: Jn 3,16-18

Si algo caracteriza a Dios es su amor. Y así empieza el evangelio de hoy. El evangelista sabe que Dios es amor, así lo ha experimentado y así quiere que lo sepamos todos.

Ese amor, Dios nos lo demuestra mandando «a su Hijo único para que no  perezca ninguno de los que creen en Él». Porque, a pesar del pecado original, Dios quiere que todos nos salvemos.

Ese amor de Dios, es un amor tan grande, que no se queda en una relación tú a tú, sino que es una relación de tres, porque Dios es uno y trino. Y ese amor entre el Padre y el Hijo es el Amor, con mayúsculas, que es el Espíritu.

A nosotros, sólo nos queda responder desde la libertad, porque no es Dios el que nos juzga, somos nosotros quienes nos juzgamos. Por la fe en Cristo Jesús, estamos salvados. Si lo negamos, si no creemos en Él, somos nosotros mismos los que estamos diciendo que no a su Amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase o palabra llega más a tu corazón?
  • ¿Crees que Dios tiene un mensaje para ti en este Evangelio?
  • ¿Te sientes amado por Dios?
  • ¿Qué significa para ti esa frase del evangelio que dice «para que el mundo se salve por Él»?
  • ¿Cómo experimentas el Amor de Dios en tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • En primer lugar, doy gracias a Dios porque me ama.
  • Gracias, Padre, por entregarnos a tu Hijo único.
  • Pido al Señor que su Amor llene mi corazón, para que mi vida sea testimonio, en medio del mundo, del amor que existe entre el Padre y el Hijo.

“Recibid el Espíritu Santo” Lectio Divina de la Solemnidad de Pentecostés – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 20,19-23

             El primer día de la semana, el día de la nueva creación para el autor del evangelio de Juan, el día de la nueva pascua, el día en el que se conmemora la resurrección de Jesús. Ese día, el Maestro resucitado se presenta ante los discípulos; encontrándose éstos en un lugar con las puertas cerradas a cal y canto, debido al miedo que le tenían a las autoridades judías; hasta ahora no han hecho experiencia de Cristo Resucitado, aún no siente su presencia en medio de la comunidad, no perciben su fuerza, se siente decepcionados y abandonados, están aterrorizados.

             Jesús se hace presente en medio de la comunidad; por dos veces, les saluda: paz a vosotros. Una tercera vez les saludará de esta manera cuando vuelva a encontrarse con sus discípulos en presencia de Tomás. Al final, con la comunidad al completo, permanecerá con ellos la paz plena y total.

             En este encuentro con sus discípulos, Jesús les muestra las manos y el costado. La resurrección no ha borrado las señales de la pasión. Pasión, muerte y  resurrección no pueden separarse.

             Al ver a Jesús, los discípulos desbordan de alegría. Y en esta nueva situación, Jesús los envía a la misión. Sin embargo, todavía no están preparados para enfrentarse a ella. Necesitan la fuerza del Espíritu. Jesús, lo mismo que Dios  en la creación de la persona humana le insuflo el hálito de vida para que fuera un ser viviente, les infunde el Espíritu Santo. Ahora están preparados para la misión: anunciar la Buena Nueva en todos los confines de la tierra y todas las personas.

             Los discípulos, además, ahora tienen potestad para perdonar o no los pecados. El pecado es todo aquel mal que nos impide la relación plena con Dios. Estar en plena comunión con Dios, en la mayoría de las ocasiones pasa por estar en plena comunión con el hermano. Al entrar en plena comunión con el hermano el pecado se acaba. La comunidad tiene el poder de reconciliar y superar las barreras que nos impiden entrar en plena comunión con Dios y con el hermano. La comunidad de los discípulos tiene el poder de dar vida divina.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál es mi experiencia de Jesús resucitado?
  • Les insufló el Espíritu Santo. ¿Qué sentimientos despierta es ti? ¿Cómo es tu relación con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad? ¿Dejas que él trabaje en tu vida?
  • ¿Qué significado tiene para ti la expresión, paz a vosotros?
  • ¿De qué forma puedo incrementar la paz a mi alrededor?
  • Jesús, me envía a la misión. ¿Estoy dispuesto/a a emprenderla y dejarme modelar por el Espíritu para llevarla a cabo?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por el don del Espíritu Santo.
  • Pido a Jesús que insufle en mí el Espíritu Santo.

“Si me amáis, guardaréis mi palabra”. Lectio Divina del Domingo VI de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Juan 14,15-21

Seguimos en el mismo contexto que el domingo pasado: La última cena, el discurso de despedida de Jesús. Los discípulos se encuentran turbados ante el anuncio de la inminente partida de Jesús.

Creo, que en el texto, que la liturgia nos ofrece este domingo, habría que destacar dos de sus versículos: el 15 y el 21. En ellos, se les recuerda a los discípulos la importancia de guardar los mandamientos de Jesús; y recordemos, cuál es el mandamiento principal. Únicamente aquel, que guarde sus mandamientos, estará en disposición de recibir el Espíritu Santo.

Pero, ¿cuáles son esos mandamientos? La clave la encontramos unos versículos más abajo, que no aparecen en el evangelio de este domingo. Concretamente nos estamos refiriendo a los versículos 23 y 24: Aquel que guarda, y por tanto, cumple, la palabra de Jesús es quien verdaderamente le ama. Guardar los mandamientos de Jesús no es precisamente cumplir una serie de normas morales, sino entrar en comunión con él y permanecer en su espacio vital: asumir y vivir las mismas actitudes vitales de Cristo. Amar a Jesús está estrechamente ligado a la vivencia de su palabra, de sus actitudes vitales en nuestra vida cotidiana; es preciso dejarnos conducir por él,  poner en práctica lo que él predicó y vivió. Sólo de esta  manera estaremos unidos a él y conservaremos sus amor; sólo de este modo estaremos preparados para recibir el Espíritu Santo. Recibiremos al Paráclito, el Espíritu consolador, el Espíritu Santo que continuamente viene en nuestra ayuda.

El Espíritu Santo será quien nos enseñe a vivir el mandamiento del amor, quien venga en nuestra ayuda en los momentos difíciles, quien nos sostenga y levante.

Hasta ahora, ha sido Jesús quien ha desempeñado esta misión con sus discípulos, pero ante su inminente marcha, el Padre dará otro consolador, otro apoyo, otro sostén. Ahora el Espíritu Santo permanecerá junto a nosotros para siempre.

Este Espíritu consolador, es el Espíritu de la verdad, el que continuará dando testimonio de Jesús y nos mantendrá en la fidelidad a la Palabra. Será quien nos mantenga alerta ante los falsos maestros, ante aquellos que profesan la mentira, para mermar la capacidad de amar que tiene el ser humano. El mundo al estar contagiado del espíritu de la mentira no está preparado para recibir al Espíritu Santo. Y con el término mundo no se refiere al planeta Tierra o a los seres humanos, sino más bien a las situaciones o estructuras que merman la capacidad de amar de las personas, la capacidad de plenitud del ser humano.

No estemos intranquilos, no permanezcamos inseguros, no vivamos nerviosos y turbados. Jesús en ningún momento nos abandona. Su ausencia no es definitiva. Él está presente, pues ha resucitado.

El Espíritu Santo nos capacitará para experimentar la presencia de Jesucristo en nuestras vidas. El día de su resurrección Jesús comunicó a sus discípulos la vida en el Espíritu, la vida de total identificación con el Padre y el Hijo, la vida de comunión con Dios.

Si obramos según el Espíritu de Jesús, si asumimos sus enseñanzas y las ponemos en práctica, nos encontraremos en la senda del amor a Jesús, ese es quien verdaderamente ama a Jesús. Y quien ama a Jesús es, a su vez, amado por el Padre. Quien viva los valores vividos por Jesús y se comporte de la misma manera como él lo hizo puede decir que ama a Jesús. El Padre y Jesús que son uno le manifestaran su amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es el mandamiento principal de Jesús? ¿Cómo intentas vivirlo?
  • ¿Estas atento a la palabra de Jesús? ¿A lo que Él pueda pedirte u ofrecerte en cada momento?
  • ¿Cuál es la condición indispensable para poder recibir el Espíritu Santo? ¿Intentas tener presente dicha condición y practicarla en tu vida cotidiana?
  • ¿Participas de alguna manera en esas estructuras o situaciones que merman la capacidad de amar de aquellos que te rodean?
  • ¿Como muestras y demuestras tu amor por los demás, sobre todo por aquellos a los que nadie ama, por los pobres más pobres de nuestra sociedad y de nuestras comunidades?
  • ¿De qué manera te dispones para acoger y dejarte hacer por el Espíritu Santo?

VIDA – ORACIÓN

  • Entra en dialogo con el Espíritu Santo, seguramente el gran olvidado.
  • Cuéntale tus temores, tus dificultades, tus oscuridades, tus contrariedades, los obstáculos que encuentras en el camino de tu vida.
  • Dale, también, gracias por todas las luces que pone en tu camino, por la ayuda que te presta, por la fortaleza que te infunde…
  • Déjate atrapar por él, déjale entrar en tu vida y que sea él quien guíe tus pasos y te modele. según el modelo más extraordinario, insuperable y excepcional que es Jesucristo.

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” Lectio Divina del Domingo V de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 14,1-12

Nos encontramos en el contexto de la Última Cena. Los discípulos de Jesús se encuentran inquietos y desconcertados ante la brusca salida de Judás, la predicción de las negaciones de Pedro y el anuncio de la marcha inesperada y misteriosa de Jesús.

Jesús trata de tranquilizar a los discípulos y los invita a tener confianza. Les invita a la superación de la angustia y la inquietud; a permanecer tranquilos y en plena adhesión al Padre y a Jesús, que son uno.

Jesús les descubre el sentido de su partida, que no es otro que el retorno al Padre, la vuelta a la casa del Padre, después de la resurrección. Retorno a la casa del Padre, en la que hay muchas moradas, en la que hay sitio para muchos. La casa del Padre es la comunidad de vida, el lugar de la familia de Dios, la Iglesia; pero es también la persona misma de Jesús y el lugar de comunión entre el Padre y el Hijo.

Los discípulos han de realizar la experiencia de ir a la casa del Padre recorriendo el camino del amor. Cuando sean capaces de donarse a sí mismos por amor alcanzarán la plena comunión con el Padre y el Hijo. Han de entregarse totalmente amando a sus hermanos los hombres. Deberán recorrer el mismo camino que Jesús.

Pero, ¿cómo recorrer este camino? Y, ¿cuál es el verdadero final? ¿La muerte? ¿Hacia dónde deben caminar? Jesús les responde: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Camino que es itinerario que ha de recorrerse para alcanzar la meta. Y esa meta es el Padre. Entrar en su casa, entrar en comunión con él. Jesús ha recorrido su camino y nos lo ha mostrado a los hombres, los cuales seremos capaces de recorrerlo, en la medida en que prestemos nuestra adhesión a Jesús, en la medida en que nos asimilemos a él. Entonces, podremos alcanzar la meta que entrar en comunión con el Padre y el Hijo.

Verdad que es contenido, expresión, palabra. Jesús es la expresión del Padre, su palabra definitiva. Palabra que no afecta únicamente al intelecto humano, sino a todo su ser. Toda la vida de Jesús: sus gestos, sus enseñanzas, sus actitudes, son verdad de Dios. En la medida en que nosotros asumamos y pongamos en práctica las actitudes vitales de Jesús, sus gestos y sus enseñanzas, manifestadas en el amor, estaremos acercándonos a la plena comunión del Padre y el Hijo.

Vida que es existencia, ser, estar, dinamismo y crecimiento. Jesús es la vida porque es el único que la posee en plenitud y puede comunicarla. El discípulo debe experimentar esta plenitud a la luz de la resurrección, para de este modo sentirse plenificado y encontrarse más cerca del Padre y del Hijo.

Para que todo esto se realice en nosotros, debemos prestar nuestra total adhesión a Jesús y dejarnos transformar por el Espíritu en otros Cristos, pues nadie va al Padre sino por él.

Sin embago, tenemos necesidad de ver, o al menos, de sentirnos seguros de lo que hemos visto y experimentado. Es lo que expresa la inquietud de Felipe: «Muéstranos al Padre y nos basta».

No nos damos cuenta que para conocer, para ver, para experimentar al Padre, es suficiente hacer experiencia de Jesús y con Jesús. Cuanto más nos relacionemos con él, cuanto más nos acerquemos a él, cuanta más familiaridad alcancemos con él, mayor será, también, nuestra experiencia del Padre.

Jesús es la presencia de Dios en el mundo. Debería bastarnos nuestra experiencia de Jesús para dejar realizar al Padre su obra en nosotros y en el mundo.

Ahora bien, hemos de estar firmemente persuadidos, no sólo a nivel intelectual, sino vital y existencialmente de la perfecta sintonía entre el Padre y el Hijo, de que el Padre y el Hijo están totalmente identificados el uno con el otro. Todo lo que Jesús ha obrado, ha realizado lo demuestra. La actividad creadora del Padre, se ha manifestado en Jesús. Y la mayor de estas obras es el amor.

Si los discípulos de Jesús (y discípulos somos todos) mantienen su adhesión a él, realizarán sus mismas obras y aún mayores. Porque Jesús está con ellos. Es necesario mantener la comunión con él. El Espíritu Santo iluminará, dará fuerza, sostendrá, inspirará y los asimilará poco a poco a Jesús para alcanzar la meta de ser uno con el Padre y el Hijo; para ello deben recorrer, como comunidad, el camino que recorrió Jesús, el camino del amor, siendo capaces incluso de dar la vida por los demás; teniendo presente que esta entrega es únicamente la puerta para entrar en la vida eterna, porque también el Padre los resucitará.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Qué podemos entrever en este pasaje evangélico acerca de la relación entre el Padre y el Hijo?
  • ¿Cómo debe ser nuestra relación con el Padre y con el Hijo?
  • ¿Qué significado tiene para ti la afirmación de Jesús: Yo soy el camino, la verdad y la vida?
  • ¿Quieres experimentar en tu vida que el Padre y el Hijo son uno? ¿Pones los medios necesarios?
  • En algunos momentos, al igual que Felipe, ¿necesitas signos más extraordinarios que lo que vas experimentando en tu vida al lado de Jesús?
  • Tómale el pulso a tu grado de adhesión a Jesús y cómo te dejas transformar por el Espíritu Santo.

VIDA – ORACIÓN

Jesús Maestro, santifica mi mente y acrecienta mi fe.

Jesús, Maestro en la Iglesia, atrae a todos a tu escuela.

Jesús Maestro, líbrame del error, de los pensamientos vanos y de las tinieblas eternas.

Jesús, camino entre el Padre y nosotros, lo ofrezco todo y todo lo espero de ti.

Jesús, camino de santidad, hazme fiel discípulo tuyo.

Jesús camino, hazme santo como el Padre que está en el cielo.

Jesús vida, vive en mí para que yo viva en ti.

Jesús vida, no permitas que me separe de ti.

Jesús vida, concédeme vivir eternamente el gozo de tu amor.

Jesús verdad, que yo sea luz del mundo.

Jesús camino, que sea ejemplo y modelo para los hombres.

Jesús vida, que mi presencia lleve a todas partes gracia, alegría y paz.

Del Libro de Oraciones de la Familia Paulina.

Verdad, Camino y Vida: Lectura orante con la Palabra de Dios

Aunque no suelo publicar más de una entrada a la semana con la Lectio Divina del evangelio del domingo, algunas personas, me habéis pedido que escribiera alguna cosa acerca del método que se expone en este blog para realizar la Lectio Divina; y que utilizamos cada semana para orar con el evangelio del domingo. Eso me ha movido a colgar esta semana una entrada más tratando este tema.

Dicho método tiene su origen en el pensamiento y la obra del Beato Santiago Alberione, Fundador de la Familia Paulina, aunque hunde sus raíces en la tradición de la Iglesia. No voy aquí a exponer la intensa historia de la Lectio Divina, podríamos dedicar en el futuro una entrada a ello. Pero sí que me vas a permitir, querido internauta, que te explique como comenzó este método de Lectura orante con la Palabra de Dios

En la noche que dividía el siglo XIX del XX, el P. Alberione tuvo la intuición, siendo joven seminarista, de hacer algo por los hombres y mujeres del siglo XX. Se había empapado totalmente de la doctrina del Papa León XIII, que impulsaba a la lectura y al estudio de la Biblia. Conocía perfectamente la preocupación de Pío X acerca de la falta de una base firme entre los creyentes católicos, pues les faltaba el alimento primordial de la eucaristía y la Biblia. Todo esto le llevó a fundar en 1914, la Familia Paulina, que tiene en el centro de su misión la Biblia. Pero no quedó ahí la cosa, en 1924, funda la Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN), con el anhelo y el deseo de que en cada familia hubiese un texto de la Sagrada Escritura.

Aunque su amor por la Biblia no se limitó a su edición y difusión; a sus hijos e hijas nos quiso dejar un gran regalo, enraizado en una honda espiritualidad bíblica, la hora diaria de adoración ante el Santísimo Sacramento, conocida comúnmente en la Familia Paulina como la Visita Eucarística, la cual está articulada en tres partes: lectura bíblica, revisión de vida y dialogo oracional. Al fin y al cabo un método de Lectura orante de la Palabra de Dios.

Hoy desde el Centro Bíblico San Pablo, presente en varios países del mundo, queremos continuar con ese legado que nos dejo el P. Alberione de difundir la Palabra de Dios y acercarla a todas la humanidad, y para ello realizamos diversas actividades, cursos y encuentros a lo largo y ancho de la geografía española.

El método verdad, camino y vida

Después de este mini repaso histórico y de concretar de dónde proviene el método de Lectio Divina que proponemos, habitualmente, en nuestro blog, permíteme que intente explicarte en qué consiste el mismo.

Como ya sabes el método consta de tres partes, que se corresponden a su vez con las tres partes tradicionales de la Lectio Divina: lectura, meditación y oración.

Pero antes de comenzar a orar con la Palabra, me parece que, son necesarios algunos  preparativos.

Preliminares

Busca un lugar tranquilo, donde nadie te moleste. Es importante hacer silencio. También es importante el ambiente. Puedes disponer una Biblia abierta, adornada con flores, acompañada por la luz de una vela, un icono…

Es decir, preparar el lugar de tal modo que te invite y ayude a orar. Tómate tu tiempo, te aconsejo que dediques a la lectura orante una hora, pero si te resulta demasiado, puedes utilizar media hora.

Desde un punto de vista pedagógico y, sobre todo al principio, vamos a dividir cada momento de la Lectura Orante en períodos de tiempo de veinte minutos cada uno, si es que le dedicamos una hora, si no pues la mitad.

El paso de un momento a otro, sobre todo en la Lectura orante comunitaria, lo podemos señalar con un canto, una oración, una invocación…

Nos podemos ayudar de una música de fondo, una canción, una imagen… si lo vemos conveniente.

Comienza por invocar al Espíritu Santo. Que sea Él quien guíe tu itinerario. Recuerda que la Sagrada Escritura es escritura inspirada. El Espíritu Santo es quien abre nuestro oídos, nuestro entendimiento y nuestro corazón a la Palabra, que hoy se cumple ante nosotros. Él es el único que nos puede ayudar a entender mejor el texto sagrado.

a.- Invocación al Espíritu Santo.

Esto puede hacerse de diversas maneras: un canto, una oración, un momento de silencio. Lo importante es hacerse consciente de su presencia y invocarlo, para que Él te ayude a comprender el pasaje que vas a leer y sepas actualizarlo al hoy que estas viviendo, a tus necesidades concretas, a tu vivir cotidiano.

b.- Verdad. Lectura. ¿Qué dice el texto?

La pregunta que has de tener presente, en este primer momento es: ¿qué dice el texto?

Para ello es necesaria la lectura atenta, pausada, sin prisa de la Palabra. Puedes leer el texto en voz alta, de modo que participen más sentidos.

Es el momento de «masticar» lentamente la Palabra, de trillarla, de desmenuzarla.

Una vez que hemos leído el texto tal como hemos indicado anteriormente, lo primero que haremos será enmarcar el texto dentro de su contexto. Para ello, puede resultar muy útil leer la introducción al libro que contiene la lectura con la que estamos orando. La mayoría de las biblias tienen esplendidas introducciones que nos pueden ayudar en este momento. Al leer fíjate, sobre todo, en el ambiente socio cultural en el que se desarrolla: tiempo y lugar en que fue escrito el libro, a qué necesidad concreta del Pueblo de Israel o de la Iglesia hace frente.

Lee, también, las notas a pie de página, te ayudaran a entender mejor el texto, por último lee los texto paralelos. Todo ello, te dará una visión global del pasaje.

Vamos a continuar desmenuzando el texto, sin ninguna otra ayuda, mas que la de nuestra Biblia.

Yo aconsejo a partir de ahora contar con un lápiz, si es posible bicolor para ir señalando o subrayando algunas palabras o frases del pasaje. Aquello, que por lo que sea capta tu atención.

Puedes continuar intentando responder a alguna de estas preguntas:

  • ¿Es posible estructurar o dividir el texto en partes? Inténtalo.
  • Si conoces algo acerca de lo géneros literarios, ¿dentro de que género podemos enmarcarlo?¿De qué modo debemos leerlo? ¿Cómo debemos entenderlo?
  • ¿Hay palabras o expresiones que se repitan? ¿Cuáles?
  • Es posible que no haya palabras que se repitan, pero, ¿encontramos algún sinónimo?
  • Si es que aparecen, ¿qué personajes intervienen? ¿qué hacen? ¿hablan? ¿permanecen callados? ¿son destinatarios de una acción? ¿quién o quiénes son los protagonistas?
  • Intenta relacionar el pasaje con el resto del libro al que pertenece o con el resto de la Sagrada Escritura.
  • Por último, pregúntate ¿cuál es la palabra o palabras fundamentales del texto? Subráyala, acógela, tómala contigo.

c.- Camino. Meditación. ¿Qué me dice el texto?

Pasamos a la segunda parte de nuestro itinerario. Ahora, la pregunta a responder sería: ¿Qué me dice el texto?

En este momento concreto de tu vida, en las circunstancias propias que estás viviendo, en tu propio contexto particular, ¿qué quiere decirte Dios?

Ha llegado la hora de «saborear» la Palabra. Tal vez, alguna de estas preguntas te puedan ayudar en el desarrollo de esta segunda parte.

  • ¿Qué te dice el texto acerca de tu situación actual? ¿Tiene algo que ver con tu vida?
  • ¿Qué quiere decirte Dios con este pasaje?
  • ¿Qué te dice el texto acerca del comportamiento de Jesús?
  • ¿Qué tienes que cambiar en tu vida para que ésta se asemeje más a la de Jesús?
  • ¿Qué te exige, en concreto, esta Palabra? ¿Qué te pide hoy?

Y luego para que la Palabra te acompañe durante todo el día puedes utilizar la llamada «rumia». Es decir, toma esa palabra o frase fundamental del texto que tocó tu corazón, en la primera parte de nuestro itinerario, y ve repitiéndola durante tu jornada: mientras esperas el autobús, cuando vas caminando por la calle, en un atasco, al hacer la fila del pan…

d.- Vida. Oración. ¿Qué le digo a Dios a partir del texto?

Ya hemos llegado a la tercera y última parte de nuestro itinerario. De la escucha y la meditación de la Palabra es muy posible que surja de forma espontánea la oración de petición, súplica, alabanza, acción de gracias, ofrecimiento, adoración… Esa es tu respuesta a Dios desde la experiencia vivida en este momento de oración.

Pero la respuesta a Dios no puede quedarse ahí únicamente, la oración ha de llevarnos al compromiso. Por ello, es necesario que asumas una acción concreta en tu vida a favor de los hermanos y para que el Reino de Dios y su justicia sea cada vez más una realidad en nuestro mundo.

Conclusión

Pues ya hemos llegado al final de nuestro itinerario. Espero que esta entrada del blog Biblia y Comunicación te haya resultado interesante y te ayude a profundizar en tu oración con la Palabra de Dios. Si necesitas más información te invito a dirigirte a: centrobiblico@sanpablo.es Te invito también a visitar la página de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es En ella te ofrecemos un acercamiento diario a la Palabra de Dios. Y la página web de la Revista Biblia Viva en la que te ofrecemos, entre otras cosas, artículos y materiales interesantes para acercarte a la Palabra de Dios: https://www.bibliaviva.sanpablo.es/

Como siempre muchas gracias por seguir nuestro blog y por compartir con otras personas nuestras entradas. Dios te bendiga.

“YO SOY EL BUEN PASTOR” Lectio Divina Domingo IV de Pascua – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 10,1-10

Carmine Gallo, en su libro Hable como en TED, nos presenta las características que debe tener una buena presentación para ser estimulante: emocionante, original y memorable. Es decir, las historias que contamos deben tocar el corazón de nuestro interlocutor, deben enseñarle algo nuevo y el público debe ser capaz de recordar dicha historia. No voy aquí a realizar un estudio acerca de los relatos, de las historias o de los procesos comunicativos. Si es el lugar, pero no creo que sea el momento. La causa por la que he traído a colación estas características es porque, desde mi punto de vista, el relato que hoy nos presenta el evangelio de Juan, de adecua perfectamente a las cualidades enunciadas por Carmine Gallo.

La imagen que nos presenta Jesús en este fragmento del evangelio de Juan, posiblemente, a nosotros pueda quedarnos un poco lejos; pero no así con sus contemporáneos, qué seguramente entendían perfectamente las metáforas, comparaciones o paradojas utilizadas en su discurso.

Os invito acercarnos al texto como si fuera la primera vez que lo escuchamos, con la curiosidad del principiante, y con la apertura que solemos adoptar ante la novedad. Os pido que intentemos acercarnos al texto evangélico esforzándonos por comprender la metáfora o la personificación que Jesús utiliza en el relato.

¿A quién se está refiriendo cuando nos habla del Pastor? ¿Quiénes son las ovejas? ¿Quién es el ladrón? ¿Qué significado puede tener la puerta?

Las ovejas, para el autor del cuarto evangelio, representan al pueblo de Israel dominado por sus propios dirigentes, a los cuales dirige este discurso y que, anteriormente, han vivido el episodio del ciego de nacimiento; es decir, está dirigiendo su discurso a los fariseos.

Jesús, por medio de una comparación, va mostrando a sus interlocutores que él es la única alternativa para la salvación. No salva el cumplimiento de unas normas absolutizadas por los fariseos, ni la institución, ni la pertenencia. Salva la persona de Jesús.

El aprisco es la representación de la institución judía, dentro de ella algunos individuos se han arrogado puestos para los que no tenían ningún derecho, por lo que en realidad son ladrones y bandidos que utilizan todas las «armas» a su alcance para someter al pueblo y seguir sumiéndolo en la miseria.

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Sólo existe una manera legítima para acercarse a las ovejas: entrando por la puerta. Todo aquel que no haya entrado por la puerta, se acerca a las ovejas de manera ilegítima, y según Jesús con la clara intención de explotarlas.

A los que no entran por la puerta, ladrones y bandidos, sino que entran en el aprisco saltando la valla, se oponen al pastor, el cual es reconocido por el guarda y las ovejas.

El pastor es Jesús. El personaje del pastor aparece ya como figura mesiánica sobre todo en los Profetas del Antiguo Testamento (p.e. Ez 34,23s). El pastor entra en el aprisco para cuidar de sus ovejas no para explotarlas o sacar algún beneficio de ellas. Por eso ellas reconocen su voz.

Pero, además, el pastor llama a cada una por su nombre, las conoce a todas y a cada una de ellas de forma personal e individual. Jesús llamando a cada una de las ovejas por su nombre, les ofrece la alternativa de salir de la institución judía para entrar en el camino de la libertad y de la vida, aunque este no esté exento de dificultades y obstáculos. Jesús llama a cada una de las ovejas a su seguimiento.

Una vez que las ovejas han reconocido la voz del pastor, es imposible que escuchen la voz de un extraño, lo más lógico es que huyan de él; porque es el pastor quien conduce a su rebaño a verdes pastos y no al matadero.

Ante la cerrazón de los dirigentes judíos, Jesús continúa con otra comparación: la puerta. El único lugar por el que se puede acceder a la salvación es por la puerta que es Jesús. Aquel que se adhiera a Jesús y le siga, aquel que atraviese la puerta, encontrará la salvación. Podrá entrar y salir libremente y encontrará pastos verdes, encontrará la vida.

Los ladrones únicamente vienen a robar y a quitar la vida a las ovejas. Jesús, sin embargo ha venido para dar vida plena y a darla en abundancia.

Espero, querid@ herman@, que, después de este acercamiento, que he intentado hacerte al relato, también para ti, esta narración resulte emocionante, original y memorable.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿En qué momentos de mi situación actual, reconozco la voz del Pastor?
  • ¿Escucho la voz del Pastor, me dejo conducir por ella y le sigo?
  • ¿Facilito a los demás que puedan conocer la voz del Pastor?
  • ¿Soy yo, como Jesús, puerta por la que los demás pueden entrar y salir para encontrar verdes pastos o por el contrario soy muro que nadie puede atravesar?

VIDA – ORACIÓN

Oramos juntos con el Salmo 23:

El Señor es mi pastor;

nada me falta.

En verdes praderas me hace descansar,

a las aguas tranquilas me conduce,

me da nuevas fuerzas

y me lleva por caminos rectos,

haciendo honor a su nombre.

Aunque pase por el más oscuro de los valles,

no temeré peligro alguno,

porque tú, Señor, estás conmigo;

tu vara y tu bastón me inspiran confianza.

Me has preparado un banquete

ante los ojos de mis enemigos;

has vertido perfume en mi cabeza,

y has llenado mi copa a rebosar.

Tu bondad y tu amor me acompañan

a lo largo de mis días,

y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré.

¡Que el miedo no te paralice! ¡Jesús ha resucitado! Lectio Divina II Domingo de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 20,19-31

Ufff. Que dicen por ahí, que está vivo. Que algunos comentan que le han visto y les ha hablado. Que otros han sentido no se qué cosas… Y todo esto, con la que está cayendo.

Todos nosotros sabemos cómo murió; algunos incluso lo vieron pendiendo de una cruz; todos estábamos presentes cuando lo apresaron. Y ahora esto.

Seguramente, es una estratagema de los seguidores de Herodes para prendernos a nosotros también, o de los fariseos… O vete tú a saber, igual están involucrados hasta los romanos. No. Lo mejor es permanecer aquí juntos, sin salir, cerremos bien las puertas y asegurémonos bien quién es antes de abrir la puerta a nadie.

En esta situación se encontraban los discípulos de Jesús. Ellos sabían verdaderamente la suerte que había corrido el Maestro. Alguno incluso lo había presenciado. Y, era lógico que pensaran: ¡Y ahora viene María de Magdala a decirnos que está vivo! Si, si… Pedro y algún otro discípulo han ido al sepulcro y allí no había nadie. Dos que iban camino de Emaús, dicen que lo han visto… Pero es tan difícil de creer todo esto.

Ante una comunidad insegura, vacilante, titubeante, paralizada por el miedo, Jesús se hace presente. Posiblemente, una situación, sino similar o parecida, cercana a la que podemos estar viviendo en estos días. Sí, queridos hermanos. Estamos encerrados en nuestras casas. Todos vamos a recordar esta primavera del 2020. Y en diversos momentos, incluso, nos invade el miedo. El miedo, que, en principio, no es ni bueno ni malo. Sirve para defendernos ante los peligros, los ataques, las amenazas. Sin embargo, todo va a depender de cómo gestionamos ese miedo. O nos quedamos inmóviles, quietos, pasivos, sin hacer nada; o, por el contrario, intentamos superar la situación y nos preguntamos: ¿qué puedo yo hacer frente a estas circunstancias que estoy viviendo en este momento?

Porque, precisamente, Jesús es lo que viene a traer a los apóstoles. Viene a zarandearlos, a moverlos de la situación en la que se encuentran y que los tiene inmovilizados. Y lo primero que les trae es la paz. La paz que no quiere decir ausencia de conflictos, ausencia de dificultades, ausencia obstáculos. La paz que trae Jesús es calma, equilibrio, estabilidad; es pararse y observar, es acoger, es ver posibilidades con serenidad. Y todo ello desde el amor. Un amor que se muestra en los signos de la pasión que Jesús lleva en su cuerpo y que muestra a los apóstoles. Signos que, a su vez, son las señales de su victoria, ante lo que más teme el ser humano: la muerte. Así es, Jesús ha vencido al enemigo más peligroso, al mas temido: la muerte. Jesús ha sido el primero en resucitar de entre los muertos y gracias a él, a la misericordia del Padre y a la fuerza del Espíritu Santo todos resucitaremos con Él y en Él. La manera y el momento, sólo el Padre lo sabe.

Ahora sí, ahora la comunidad ha hecho experiencia del Resucitado. Y entonces, cuando la comunidad está preparada, es cuando puede dar testimonio de Jesucristo. Ahora es el momento, después de realizar la experiencia del Resucitado cuando podemos, con la paz que el nos trae, y con la fuerza del Espíritu, preguntarnos: ¿qué voy yo a hacer para dar testimonio de esta experiencia? ¿qué acción voy a emprender, para no quedarme paralizado por el miedo? ¿Qué voy a hacer para que otros puedan tener la misma experiencia? ¿De qué manera puedo salir de esta situación reforzado, fortalecido, con más vitalidad y resistencia?

Posiblemente, ocurra que haya personas como Tomás. Probablemente, incluso, nosotros podamos comportarnos como Tomás. Claro que sí. Es totalmente comprensible. Jesús no reprocha nada a Tomás, al contrario, lo lleva y lo atrae hacia Él para que haga la experiencia. Para que experimente lo mismo que experimentaron los demás discípulos. ¡Ven y haz tu propia experiencia personal! Eso es lo que Jesús le dice con su presencia, con sus actos, con sus gestos.

Y eso, precisamente, es lo que tenemos que hacer cada uno de nosotros, experimentar a Jesús Resucitado en nuestra vida y ayudar a otros a tener esa misma experiencia con sus circunstancias propias, con sus situaciones, con su ambiente propio.

La invitación de Jesús hoy es a no quedarnos paralizados por el miedo; al contrario, que pongamos en marcha todas nuestras capacidades para experimentarle a Él como Resucitado y desde ahí ser testigos de su misericordia y de su amor, emprendiendo acciones en favor de los demás, que puedan acercarles a ellos a realizar esa misma experiencia del Resucitado.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es tu respuesta ante situaciones de dificultad, de inseguridad, de incertidumbre?
  • ¿Ante ciertos acontecimientos que se escapan a tu entendimiento pides a Dios una señal?
  • ¿Estás dispuesto a experimentar la presencia de Jesús Resucitado en tu vida? ¿Qué acciones vas a emprender para ello? ¿De qué manera le experimentas en tu día a día?
  • ¿Vives dicha experiencia en comunidad?
  • ¿Dejas a Jesús que tome la iniciativa en tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • Pide perdón a Dios por las veces que te niegas conscientemente a ver los signos que Él te va mostrando y le pides pruebas personales.
  • Guarda silencio, repasa este fragmento del evangelio, adora.
  • Repite durante la jornada la jaculatoria pronunciada por Tomás, reconociendo que Jesús resucitado es tu único Señor: «Señor mío y Dios mío».

No está aquí. ¡Ha resucitado! Lectio Divina del Domingo de Pascua – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio Jn 20,1-9

  • ¿Dónde está?
  • No está aquí. Se lo han llevado. No sabemos dónde lo han puesto.

Resulta que el sepulcro está vacío.  ¡No puede ser! Pero, así es. En el sepulcro no hay nadie. ¿Dónde está el cuerpo de Jesús? Todos han visto cómo le crucificarán. Algunos de sus discípulos han sido quienes lo han metido en aquel sepulcro. Varios pudieron ver el llanto desgarrador de su madre, rota de dolor, por la muerte de su hijo.

El sepulcro está vacío. Es el primer día de la semana. Sí, tal día como hoy, muy temprano. Entre luces y tinieblas. No ha amanecido totalmente. Y, sin embargo, se va abriendo paso la Luz, la Vida. Aunque nosotros no seamos capaces de percibirla; tal y como le ocurría a María Magdalena.

¿A qué iba María al sepulcro? A qué otra cosa podría ir; a llorar por la muerte del Maestro, a encontrarse con la tristeza, la resignación, con el dolor por la pérdida del Esposo.

También nosotros buscamos como Iglesia, como comunidad, como creyentes al Esposo, a Jesús, al Salvador, a aquel que puede traernos la felicidad plena.

Pero, ¿Dónde? ¿Cuándo le buscamos? ¿En las tinieblas? ¿Simplemente para llorar el sufrimiento, el dolor, la culpa? ¿Seguimos creyendo que la muerte ha triunfado?

Pues, sabed que el sepulcro está vacío, que la losa está quitada (20,1). Que la piedra que cerraba las puertas de la vida ha sido desplazada. Ante ese corrimiento de la piedra, de nuestras propias piedras, ¿Cuál es nuestra reacción? La de María Magdalena está clara: ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Han profanado la tumba de Jesús! ¡Se han llevado su cadáver! Ya ha hecho su propia interpretación del acontecimiento. Sigue pensando en parámetros de muerte. El caso es que, sólo sabemos, por ahora, que la piedra está movida.

¿Qué dice esta loca? ¿Qué han movido la piedra del sepulcro? Hay que ir allí y cerciorarse. Jesús está muerto. Bastante revuelo ha suscitado en vida, como para que ahora, encima, después de muerto, sigamos dándonos problemas.

Pedro y el discípulo al que Jesús tanto amaba, corren hacia el huerto en el que estaba excavado el sepulcro. El huerto (el jardín) es lugar de vida y de encuentro con Dios. Allí es donde se encuentra la tumba de Jesús. Pero nadie ha caído en la cuenta. Corren para ver si pueden averiguar quién se ha movido la piedra.

El discípulo incluso se adelanta a Pedro. Y se encuentra, efectivamente, con que la losa está quitada. Se asoma y ve como los lienzos no cubren a Jesús. Están colocados. Como cuando el amado espera a su amada en el lecho nupcial. Sin embargo, no cae en la cuenta. Ha visto las señales de la vida, de la resurrección, pero no lo ha llegado a comprender.

Cede el paso a Pedro. Éste entra y ve también los lienzos de la misma manera, pero además, el símbolo de la muerte que es el sudario está colocado a parte. La muerte ha sido vencida. La muerte está echada a un lado, la muerte ha sido desplazada por la Vida. Pero, Pedro se mantiene dentro de sus parámetro. Ve las señales, pero no es capaz de ir más allá. El discípulo, sin embargo, vio y creyó. El amor ante el menor signo, ya cree, confía, espera.

Ante un mismo hecho dos actitudes totalmente distintas. Pero así es el ser humano. La verdad es que aquel acontecimiento les debió dejar impactados. Cada uno vuelve a su casa. Lo que ocurre que no vuelven de la misma manera. Pedro vuelve igual que antes; impactado, sí; sorprendido, sí; lleno de interrogantes. Sin embargo, el discípulo al que Jesús amaba y es de suponer que él amaba a Jesús, ese vuelve transformado, vuelve cambiado, vuelve diferente: CREYÓ.

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Buscas a Jesús en tu vida? ¿Quieres salir a su encuentro? ¿Deseas ardientemente encontrarte con él?
  • Jesús  te va ofreciendo signos, señales, itinerarios para poder ir a su encuentro; al percibirlos ¿qué haces?
  • En ocasiones, las señales son evidentemente claras, inequívocas ¿Cuál es, entonces, tu actitud? ¿Te marchas con cara de vinagre, pensando que el Dios de Jesús es muy complicado y “vete a saber lo que es aquello”? ¿Acoges esas señales y continuas tu búsqueda con esperanza, con fe, con amor?
  • ¿Qué significa para ti que Jesús ha resucitado?
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VIDA – ORACIÓN

  • Te invito a meterte en la escena, como si fueras un personaje más. Conviértete en María Magdalena, reproduce la narración metiéndote en la piel de este personaje, revive el acontecimiento desde el punto de vista de ella ¿Qué sientes? ¿Qué emociones, qué actitudes se despiertan en ti? Haz lo mismo con el personaje de Pedro y del discípulo al que Jesús ama… Alaba a Dios por permitirte recordar, conmemorar, revivir este acontecimiento.
  • Da gracias a Dios por el regalo de la Resurrección de su Hijo, por el don de tu propia resurrección, por ser un Dios de vivos y no de muertos.
  • Ofrécete para ser testigo de la Resurrección de Jesús, para propagar a los cuatro vientos que Jesús está vivo.
  • Pide que el Espíritu Santo ilumine tu camino, te conduzca por senda llana y te muestre los signos de la Vida, para poder anunciar la Vida a todos los que salen a tu encuentro.

¡¡¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN !!!

“Amaos como yo os he amado” Lectio Divina del Jueves Santo en la Cena del Señor (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO Jn 13,1-15

Ya estamos, con Jesús, en Jerusalén. Será la última vez que Jesús se reúna con Jesús antes de su pasión, muerte y resurrección. Allí, en el cenáculo, no sólo compartirá con ellos el Seder, la Cena de Pascua, e instituirá la eucaristía, si no que, además, se pondrá al servicio de sus discípulos y les entregará el mandamiento del amor (Jn 15,34).

Este jueves santo, lo vivimos muy al “estilo” del éxodo: las puertas cerradas, los lomos ceñidos, calzados los pies, báculo en mano. Y comeremos el cordero pascual de prisa (Cf Éx 12,11). Pero, al mismo tiempo, lo viviremos con mucha esperanza porque es el paso del Señor. Sí, queridos hermanos y hermanas. Este jueves santo, a pesar de las circunstancias tan particulares que estamos viviendo, Jesús pasará por tu vida y por la mía. Puede cambiarla, trastocarla, transformarla. Todo va a depender de nuestra acogida y apertura. No nos va a obligar a nada. Pero nos hace una invitación muy especial y, si cabe, mas necesaria que nunca: “O he dado ejemplo, para que hagáis vosotros lo mismo que yo” (Jn 13,15).

Celebramos el día del amor fraterno. La celebración de un amor que nos hace cercanos, iguales, hermanos. Un amor que nos dispone para estar atentos a las necesidades de los demás y a ponernos a su servicio; sin servilismo, sin sumisión, pero desde la generosidad, el desinterés y el desprendimiento. Poniendo todas nuestras posibilidades, capacidades, talentos y aptitudes al servicio de los otros. Al estilo de Jesús que fue capaz de lavar los pies a sus discípulos y entregar su vida por amor para la salvación de toda la humanidad.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Está abierto para ser consciente del paso de Jesús por tu vida? ¿De qué manera te estás preparando para la celebración de la Pascua?
  • ¿Qué resonancias tiene en tu vida el mandamiento del amor?
  • ¿Qué significado tiene para ti el acto de lavar los pies realizado por Jesús?
  • ¿De qué manera puedo servir más y mejor a mis hermanos?

VIDA – ORACIÓN

Aquí estoy, Jesús Maestro,

consciente de mi necesidad de misericordia por tu parte,

por no ser fiel al mandamiento del amor.

Te adoro porque has amado a todos los seres humanos

hasta el extremo de entregar tu vida por ellos.

Creo en el amor infinito que nos tienes.

Te doy gracias por tos los regalos que cada día nos haces, especialmente el

evangelio, la eucaristía, la Iglesia, el sacerdocio, la vida consagrada, las

personas entregadas al servicio de los demás, a María como Madre, y

tu propia vida. Amén.