“Yo soy la resurrección y la vida” Lectio Divina del V domingo de Cuaresma (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO Jn 11,1-45

1.- Fíjate en los personajes que aparecen en este relato:

  • Lázaro: abreviatura de Eleazar, que significa “Dios ayuda”. Nombre frecuente en la época del NT. Eleazar aparece en el AT como tercer hijo de Aarón, hermano de Moisés (Núm 3,2); al que éste instituyó sacerdote (Lev 8).
  • Marta y María: hermanas de Lázaro, que aparecen también en la tradición sinóptica (Lc 10,38-42).
  • Los judíos: en diversos pasajes del evangelio de Juan aparecen como los adversarios de Jesús. Aunque aquí no parece que tengan una acepción peyorativa. Es más al final del pasaje se nos dice que muchos de ellos creyeron en Jesús.
  • Jesús: el Maestro, el Mesías, la resurrección y la vida.

2.-  Un breve apunte para distinguir resurrección de revivificación. Revivificar significa devolverle a alguien la vida, pero teniendo en cuenta que esa persona vuelve al mimo estadio previo a su muerte y que volverá a morir. Resucitar, por su parte, es volver a la vida para siempre. Jesús es el primer resucitado y todos nosotros resucitaremos con él.

3.- Entrando, un poco en el comentario del relato, con lo primero que nos encontramos es con la frase: “Aquel a quien tú amas está enfermo” (v. 3). Lázaro es una persona con la que Jesús tiene una fuerte amistad, un amigo entrañable. También los amigos de Jesús enferman. En Lázaro podemos personificar a todos los enfermos. La frase, no es una petición en sí, sino más bien una información.

Jesús se da por enterado. Sin embargo, la enfermedad no tiene porqué concluir con la muerte, puesto que la verdadera muerte es el cese de la vida que produce el pecado, aquel que cada día, se dejan transformar para configurarse con Jesús tienen vida y la tienen en abundancia (cf. Jn 10,10).

Marta, María y Lázaro, una comunidad de creyentes.

Dos días más permanece Jesús con sus discípulos allí donde se encontraba. Al tercer día regresó a Judea. Alusión clara a la resurrección de Jesús. Este signo es un preanuncio de la misma.

Al llegar a Betania, aldea cercana a Jerusalén, constata que Lázaro lleva cuatro días muerto. El número cuatro en la cultura judía significaba totalidad; por lo que el evangelista nos está diciendo que estaba bien muerto.

Marta al enterarse de que Jesús está allí, sale corriendo a su encuentro. Si Jesús hubiese estado allí, podría haber curado a su hermano. Pero, ha de ser consciente de que la muerte de su hermano no es definitiva. Sí, Marta, ya lo sabe; su hermano resucitará en el último día. Jesús le dice una frase, algo desconcertante: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?” (vv. 25ss.). Jesús no es un milagrero, Jesús no viene a prolongar la vida de manera indefinida, no viene a suprimir las leyes de la naturaleza, viene a darnos plenitud, viene a darnos y regalarnos su propia vida, una vida que es su presencia, su permanencia entre nosotros. La resurrección, la vida eterna, no es algo lejano; aquel que es la vida está presente aquí y ahora, por lo que podemos pregustar la vida eterna. Pero para ello, hemos de adherirnos a él, de la misma manera que una cinta de velcro se adhiere a una prenda de vestir. La muerte no existe es un paso hacia la vida eterna. Marta lo ha entendido por eso hace profesión de fe: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el hijo de Dios que tenía que venir al mundo” (v. 27). Jesús es la presencia del Padre entre nosotros.

Jesús se conmueve ante el dolor de sus amigos, Jesús se conmueve ante el dolor del género humano. Pero, no quiere permanecer ahí, no puede; Jesús ante el dolor pasa a la acción: “¿Dónde le habéis puesto?” “Ven a verlo” (v. 34).

Jesús, a pesar de todo, siente la ausencia del amigo. El dolor, el recuerdo, la nostalgia son inevitables. Pero, en la vida del cristiano, la esperanza ha de estar siempre presente. Jesús va al sepulcro, no a hacer duelo, sino precisamente a manifestar la gloria de Dios, la presencia y el amor que Dios siente por el ser humano.

Quitad la losa y despojaos de la falsa creencia de que la muerte es definitiva. Nuestra percepción de la realidad, sobre todo en momentos de dificultad, dolor, sufrimiento, puede ser errónea. Quedarnos mirando al árbol, puede impedirnos ver el bosque.

Jesús, entonces, ora al Padre. Pero no pide, da gracias. No necesita pedir, el Padre sabe lo que nos hace falta.

“Lázaro, sal fuera”. El creyente, aunque muera, sigue vivo. Sigue vivo a pesar de las vendas y el sudario. Hemos de despojarnos de la cultura de muerte, de todo lo que nos impide vivir la vida en plenitud. Jesús viene a darnos nueva vida.

Ante la magnitud del signo, ante el misterio de la vida plena, sólo nos queda creer y adorar. Sí, la muerte biológica está presente en nuestra existencia, la debilidad humana se constata a cada paso. Pero la muerte no tiene la última palabra. La última palabra la tiene la vida.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Con que personaje te identificas: Marta, María, Lázaro, los judíos…? ¿Por qué?
  • Seguramente, en algún periodo de tu vida has pasado por momentos de dificultad, de desesperación, de muerte… ¿Cuál ha sido tu actitud? ¿Qué ha sostenido tu fe?
  • ¿Qué creencias y actitudes has de eliminar de tu existencia para abrirte a la vida en plenitud?
  • ¿Qué acciones puede realizar para llevar la cultura de la vida a la gente que te rodea?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios, como lo hace Jesús, por todos los beneficios que cada día te regala y sobre todo, por habernos dado vida y vida en abundancia.
  • Pide al Padre que te conceda las fuerzas necesarias para hacer frente a los momentos de dificultad, de dolor, de desesperación, de muerte.
  • Comprométete a ser anunciador y portados de esperanza y de vida entre las personas de tu entorno.

Recuperar la visión Lectio Divina del IV domingo de Cuaresma (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO Jn 9,1-41

Nos encontramos hoy con un relato de curación. El que lo llamemos relato no quiere decir que, Jesús durante su vida terrena no realizara curaciones de determinadas enfermedades. Pero, sí que nos permite afirmar que este pasaje evangélico probablemente hace más referencia a la ceguera espiritual que a la corporal.

La curación de este ciego, por cierto que es el único que aparece en el evangelio de Juan, se nos propone, más bien, como un itinerario de crecimiento en la fe, como el camino que recorre la persona que confía totalmente en Jesús, que aprende poco a poco a vivir del él y con él, a amarle incondicionalmente. El ciego de nuestro relato va pasando progresivamente desde la increencia o, si preferimos, desde la creencia en el judaísmo a la adhesión plena a Jesús. Vayamos por partes.

El ciego se encuentra en Jerusalén, cerca del Templo. Es decir, es una persona muy cercana al judaísmo y a las prácticas judías. Jesús va caminando y lo ve. Ve la incapacidad de aquel hombre ve la precariedad radical en la que se encuentra, ve su fragilidad, su debilidad, sus miedos… al igual que Yahveh vio la aflicción de su Pueblo (Éx 3,7). En una situación similar han dejado los dirigentes de Israel a sus propios hermanos. Un Pueblo incapaz de valerse por sí mismo, incapaz de caminar con libertad, incapaz, siquiera, de ser personas.

La creencia popular relacionaba las enfermedades congénitas con el pecado personal o familiar. Pero el evangelista está pensando en algo más profundo, está pensando en una enfermedad existencial que padece el pueblo fiel.

Para realizar la curación, Jesús elabora con su propia saliva, junto con tierra, barro. Tenemos aquí una clara alusión a la creación del hombre (Gén 2,7). Con ese barro, Jesús unge los ojos del ciego. Pero no es suficiente, éste ha de ir a lavarse al piscina de Siloé (Enviado). Piscina de la que se tomaba el agua en la fiesta de los Tabernáculos, como símbolo de la dinastía davídica. No pretende una ruptura radical con la tradición del Antiguo Testamento, sino una adhesión progresiva a la persona de Jesús, el Enviado del Padre. Una vez realizado el gesto, vuelve viendo, vuelve abierto a la Luz, abierto a la revelación de Jesús.

La gente del pueblo al ver el signo de Jesús dudan incluso de que se tratase de la misma persona. Y es que, aquel que había sido ciego desde su nacimiento es ahora una persona nueva; es una persona nacida del Espíritu; es el mismo, pero transformado en un seguidor de Jesús.

Lo llevan ante los fariseos. Y a éstos, lo único que les preocupa, esque para la realización de esta curación se ha incumplido la ley, las normas prescritas para el descanso sabático. No les importa la persona, les importan las reglas. Si Jesús ha violado la ley del sábado no puede ser un hombre de Dios. Sin embargo, para nuestro protagonista, el ciego de nacimiento, Jesús es un profeta, un enviado de Dios.

No es posible. Lo más probable es que se trate de otra persona que se le parece y estamos ante un impostor; ese es el pensamiento de las autoridades judías. Por eso llaman a sus padres; los cuales afirman que efectivamente se trata de su hijo, pero temerosos de ser expulsados de la religión judía, se desentiende de todo.

Vuelven a llamar al ciego. Quieren que él mismo acuse a Jesús de haber quebrantado la ley del sábado. Pero él no está dispuesto. Le piden nuevamente que explique lo sucedido. Responde irónicamente: «¿Es que queréis también vosotros haceros discípulos suyos?» (Jn 9,27b). La reacción no se hace esperar, le menosprecian. Pero para el ciego, nadie es capaz de realizar el prodigio obrado en él, sin tener a Dios de su parte. Para los fariseos está todo claro, es un hombre todo empecatado, lleno de pecado; está fuera del judaísmo.

Entre el ciego y Jesús se produce un nuevo encuentro. Aquel que ha sido capaz de dar testimonio de Jesús, no está solo. Jesús le sale al camino. Y entre los dos se entabla un diálogo: «¿Crees en el Hijo del hombre?» (Jn,9,35b). ¿Crees en aquel que es la persona plena? ¿Crees en aquel que es el Hombre? ¿Crees en aquel que expresa la plenitud del ser humano?

¿Quién es ese? El que estás viendo, el que se te está revelando. Creo. Pero, el ciego no sólo cree. Ante el misterio, adora, se postra. Proclama su fe en Jesús. Aquel ciego de nacimiento ya no se encuentra en tinieblas, ha llegado a la luz. Se ha abierto a la persona de Jesús y se ha dejado transformar por él. Este hombre ha tenido la experiencia del amor gratuito de Dios, de una relación personal con Jesús que le ha comunicado una nueva vida.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Dónde y cuándo te has encontrado con Jesús? Haz un repaso de tu vida.
  • ¿Estás dispuesto/a a abrirte a la Luz del Resucitado?
  • ¿Has iniciado un camino de conversión para adherirte más a la figura de Jesús?
  • ¿Estás dispuesto/a a acoger la Luz que Jesús quiere traer a tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • Pide a Jesús que te ayude a abrirte a la Luz del Espíritu.
  • Acoge en lo más profundo de tu ser la Luz del Resucitado.
  • Da gracias a Dios por haberte revelado su amor y su misericordia.
  • Anuncia a todos los que te rodean el gran regalo que Jesús te ha hecho de convertirte en una persona nueva, en una persona plena.

Encontrarse con el verdadero amor. Lectio Divina del III domingo de Cuaresma (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO Jn 4,5-42

La liturgia de hoy domingo nos ofrece el relato de un encuentro. La vida de Jesús, fue una vida de encuentros: con su Madre y su Padre, con Juan, el Bautista, con sus discípulos, con Nicodemo, con la Samaritana, con los enfermos, con los pobres, con los necesitados…

Uno de esos necesitados, todos lo somos de alguna manera, es la samaritana. En un primer momento nos puede parecer un relato idílico, poético, bucólico… La samaritana, una mujer que vivía en Samaría. Sin embargo para entender bien este texto creo que es necesario que expliquemos quiénes eran los samaritanos.

Ayá por el año 722 antes de Cristo, los asirios invaden las regiones del norte de Israel. Muchos de sus habitantes son deportados a Babilonia. Posteriormente, los habitantes del Reino del Sur, en el 586, también será deportados. Pero nos interesan los primeros, porque la región de Samaría se encontraba en el Reino del Norte (Israel). Como decíamos muchos judíos son deportados a Babilonia. Sin embargo, algunos de estos samaritanos, que permanecieron en su tierra, se fueron mezclando con asirios (habitantes de Babilonia) que empezaban a llegar a su territorio. Y aquellos comenzaron a adoptar costumbres y prácticas de los nuevos habitantes que iban claramente en contra, sobre todo de las creencias, practicas y costumbres de Israel. Por lo cual, comenzaron a considerarse por los judíos como personas impuras; es decir, personas que no podían participar de manera plena en el culto, celebraciones, conmemoraciones y practicas religiosas de Israel. Es decir, no podían relacionarse con Dios. Recordemos la gran importancia que tenía para el pueblo judío todas las cuestiones relacionadas con el culto a Yahveh. Los samaritanos eran considerados como personas que se encontraban en permanente pecado.

Dicho esto, vemos como Jesús, no solo no evita el dirigirse a Samaría, si no que envía a sus discípulos a comprar alimentos (en un lugar impuro, con lo cual esos alimentos también lo serían), y además, se pone a hablar a solas con una mujer, hecho que estaba muy mal visto por parte de los judíos.

Voy a seguir a Secundino Castro en su comentario al evangelio de Juan, para que podamos adentrarnos poco a poco en este pasaje; el cual está plagado de simbología y en la que el autor a conseguido una composición soberbia.

Sin, poner en entredicho, en ningún momento, la veracidad del encuentro de Jesús con una mujer samaritana. Si que voy a tener en cuenta como poco a poco la mujer se irá convirtiendo en figura simbólica del pueblo samaritano, de la misma manera que Nicodemo es figura simbólica del pueblo judío.

Juan nos presenta a Jesús cansado del camino, se sienta junto a brocal de un pozo. No es un pozo cualquiera, pues éste se encuentra en la ciudad de Sicar, que únicamente aparece aquí, y que algunos la identifican con Siquem, lugar en el que habría sido sepultado José, al traer sus restos de Egipto, en un campo que Jacob había comprado.

Nos encontramos alrededor de la hora sexta, el medio día, aquí encontramos una clara alusión al Cantar de los Cantares (1,7), cuando el esposo lleva su rebaño a abrevar. Cristo el esposo, es quien sacia la sed de la samaritana, del pueblo samaritano, de los judíos y de cada uno de nosotros. Esto si que es importante, porque Jesús es la fuente inagotable de agua viva.

Jesús se dirige a la mujer: “Dame de beber”. ¿Tan inútil era Jesús que no es capaz de sacar el agua por si mismo?  ¿O tenía sed de la persona humana? ¿Quiere Jesús servirse de nosotros incluso para saciar su propia sed? Lo curioso, es lo rápido que tanto Jesús como la Samaritana se olvidan de beber. Porque en ningún momento, aquel agua será saciante de anhelo, del deseo profundo, de felicidad y plenitud que tiene el ser humano. Esa sed sólo podrá saciarla la persona de Jesús.

En seguida, nos encontramos, como sale a relucir el problema religioso, que estaba muy presente en la vida cotidiana de los judíos y de los samaritanos. Que será superado en la persona de Jesús, el cual ha venido para dar el verdadero sentido a la Ley, tanto a la judía como a la samaritana, teniendo en cuenta que la norma máxima y más importante de la ley es el amor. Únicamente desde ahí será posible la transformación del mundo. Y es precisamente ese amor incondicional de Jesús por la humanidad es que hace brotar y producir en cada uno de nosotros la vida eterna.

Dejando a parte la cuestión del adulterio, que a mi parecer no tiene cabida, vamos a abordar los versículos 16-19 desde un punto de vista religioso. La mujer no tiene marido, según manifiesta en primer lugar; sin embargo Jesús le revela su verdadera historia de amor: ha tenido cinco maridos y el de ahora no es suyo. El pueblo samaritano rendía culto a cinco dioses, al mismo tiempo que también adoraban a Yahveh (Cf 2Re 17,24-41). Aunque el culto a Yahveh no lo realizaban tal y como debía ser, puesto que el Dios de Israel es un Dios único y estaban incumpliendo precisamente el primer mandamiento de la Ley, por eso no es su verdadero marido, aunque convivan con él. Al encontrarse con Jesús, al hacer experiencia de Él, al confesarle como único Dios, al adherirse a él y dejarse transformar por Él, habrá encontrado al verdadero marido, al verdadero, Señor. Aunque por ahora en nuestro relato, la samaritana, únicamente a descubierto a Jesús como profeta. Poco a poco lo irá reconociendo, al igual que lo reconocerá posteriormente el pueblo samaritano, como Mesías, como Salvador.

La conversación continúa deteniéndose, ahora, en las cuestiones del culto. Y Jesús va a ofrecer a esta mujer una nueva forma de relacionarse con Dios. A partir de ahora, el culto verdadero no será el que hasta ahora le ofrecen los judíos “en Jerusalén”, ni el que le ofrecen los samaritanos, “en este monte”. Jesús le descubre a Yahveh como el autentico Padre de su único pueblo, que es la humanidad. El verdadero culto está en reconocer a Dios como Padre y comportarse con él como tal. Ese el verdadero culto, considerar a Dios como verdadero Padre, lo cual no es posible sin la revelación completa que nos ofrece Jesús. Después de todo esto, la mujer samaritana es capaz de reconocer en la persona de Jesús al verdadero Mesías, al verdadero Salvador del mundo. A partir de ahora, la Samaritana se convertirá también en discípula y en testigo del Dios de la vida, del Dios misericordioso, del Dios amor, en la persona de Jesús de Nazaret. Gracias a las palabras de esta mujer los samaritanos descubrirán también que Jesús es el verdadero Salvador del mundo.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Jesús sale a tu encuentro, ¿cómo te dispones para encontrarte con Jesús en las distintas circunstancias y situaciones de tu vida?

• ¿Eres capaz de reconocer al Jesús como verdadero Dios, como el Salvador del mundo, como el Salvador de tu propia persona?

• ¿Verdaderamente adoras a Dios en espíritu y verdad? ¿Acoges la Palabra de Dios en tu vida y dejas que ella te transforme?

VIDA – ORACIÓN

• Estamos viviendo en estos días una crisis mundial a causa del famoso Covid-19, tengamos muy presente a todos los afectados, oremos, en espíritu y verdad, por ellos, por sus familias, por sus seres queridos, por todo el personal sanitario. Y adoptemos todo nosotros las medidas necesarias para evitar el contagio, evitando encuentros innecesarios, aunque la Lectio Divina de este domingo esté precisamente dedicada al encuentro de Jesús con la Samaritana.

¡ESCUCHADLO! DOMINGO II DE CUARESMA – CICLO A

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VERDAD LECTURA

Evangelio: Mt 17,1-9

El acontecimiento que el evangelio de Mateo nos narra para orar este domingo está recogido por los otros dos sinópticos (Mc 9,2-13; Lc 9,28-36) y, además, por la 2Pe 1,16-18. Tengamos en cuenta que Pedro, según se nos relata en el evangelio, es uno de los testigos oculares de este hecho.

Aunque no lo leemos en la liturgia, la cual comienza con las palabras, en aquel tiempo, en realidad en el evangelio de Mateo, este pasaje comienza: “seis día después”; refiriéndose a lo que conocemos como la profesión de fe de Pedro en Cesarea de Filipo. Aunque también podemos encontrar resonancias con el día séptimo, lo cual nos remite al Génesis y a la creación; además, también aquí el protagonista es Dios, quien actúa es Dios.

Testigos privilegiados del acontecimiento: Pedro, Santiago y Juan, los cuales también estarán presentes en Getsemaní. Testigos, por tanto, de su gloria y de su dolor. Mateo nos está anticipando al Cristo glorioso. No hay miedo, más bien, gozo, alegría desbordante; el rostro de Jesús resplandece, se anuncia la gloria de Dios. Gloria que será patente en la Pascua. Junto a esta gloria de Dios anticipada, aparecen Moisés y Elías. ¡Qué bien se está aquí! No me extraña.

Pero a un cierto momento, si que les invade el miedo, cómo ocurrió en el Sinaí, cuando la nube «cubrió la montaña durante seis días» (Ex 24,16s). A la luz de este texto del Antiguo Testamento podríamos también leer nuestro evangelio de hoy. Al igual que Moisés, ellos también caen rostro en tierra y escuchan la voz del Padre: «Este es mi hijo amado, a quien he elegido». A lo que sigue, un imperativo: «Escuchadlo». Por tanto, para cumplir la voluntad del Padre, hemos de escuchar a su Hijo, también en el sufrimiento, en la pasión y en la muerte. Aunque sabemos que todo ello se transformará en gloria después de la Resurrección.

El imperativo, «escuchadlo», es una llamada a todos los discípulos del Maestro. Con Jesús, el tiempo de la Ley y los Profetas ha llegado a su fin, todo se centra en Jesús de Nazaret.

Los discípulos están demasiado asustados. Jesús se acerca, los toca y les dice: «¡Levantaos!». No se atrevían a levantar la vista, sabían que estaban en la presencia de Dios. Jesús lo retorna a la realidad, a la normalidad, a lo cotidiano. Ya no hay nadie, Jesús vuelve a estar solo, tan solo como en el momento de su pasión y muerte.

Los discípulos deben callar lo que han visto para evitar toda confusión político-mesiánica. La cruz clarificará y destruirá toda tentación de poder mesiánico.

Después de esta experiencia tan especial, han de volver a la vida cotidiana. Sólo ha sido un anticipo, para reafirmar a los discípulos, de la gloria venidera después de la Resurrección.

CAMINO – MEDITACIÓN

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  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • La vida de todo cristiano tiene sus altibajos. Es una experiencia de dolor, sufrimiento y pasión, pero a la vez lo es de gloria y transfiguración. Lo importante es vivir los momentos de sufrimiento y dolor desde la óptica de la transfiguración y con la mirada puesta en el Resucitado. ¿Cómo vives cada acontecimiento de tu vida?
  • Siempre estamos tentados a hacer tres tiendas, pero Jesús te sigue invitando a luchar, ¿estamos dispuestos con la ayuda de Dios?
  • Cada uno de nosotros, somos hijos en el Hijo, ¿cómo sientes esta filiación?
  • El imperativo de Dios Padre es claro: «¡Escuchadlo!». ¿Estoy atento a la voz de Dios en su Palabra y en los hermanos?
  • ¿Como vivo la presencia de Dios en mi propia historia cotidiana? ¿Cómo la testimonio?

VIDA – ORACIÓN

  • Preséntale a Dios tus dificultades, tus sufrimientos, deja que Él los transfigure.
  • Da gracias a Dios por los momentos en que le percibimos cerca de nosotros.

VENCIENDO LA TENTACIÓN DOMINGO I DE CUARESMA – CICLO A

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VERDAD LECTURA

Evangelio: Mt 4, 1-11

El relato que hoy nos regala la liturgia dominical podemos encontrarlo, con sus matices particulares, en los tres sinópticos. Dichas narraciones tienen algunas características semejantes que podemos enumerar: según Mt y Mc, es el Espíritu el que empuja a Jesús al desierto, en éste pasa cuarenta días siendo tentado por Satanás y servido por los ángeles. Por otro lado, tanto, Mt como Lc se remontan a la experiencia de Israel en el desierto.
El acontecimiento que se nos narra hoy en el evangelio de Mateo, está contado justo después del relato del bautismo. Momento en el que, Jesús toma su opción fundamental: cumplir la voluntad del Padre; y el Padre, también la ha hecho: «Este es mi hijo amado, a quien he elegido» (Mt 3,17).

Es el Espíritu, el que lleva a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. Hemos de tener en cuenta, una cosa, y es que en el evangelio la tentación no viene de Dios, sino del diablo. Tentación a la que todos nos vemos avocados, en algún momento de nuestra vida y hacia la que hemos de estar preparados.

Jesús se prepara a resistir la tentación ayunando. Pero, ¿qué significado tiene este ayuno como preparación a la tentación? El ayuno en el pueblo de Israel, siempre significaba entrar en relación con Dios, hallarse en búsqueda.

Jesús se mantienen en una unión intima con el Padre, dispuesto, en todo momento, a cumplir su voluntad. En esta situación es en la que el tentador se acerca a Jesús. Sobre todo, en un momento de extrema debilidad: «tenía hambre».

Vamos a revivir en las tres tentaciones, las tentaciones del pueblo de Israel en el desierto, pero en esta ocasión, Jesús saldrá vencedor.

La primera tentación es la del hambre. En el desierto, cuando el pueblo de Israel sintió hambre, «murmuró contra Moisés y Aarón», que en realidad era, como murmurar contra Dios (Éx 16,2,7-8). No cayeron en la cuenta de que Dios estaba probando su fidelidad (Éx 16,4). Jesús ante esta tención, que lo que busca es remover la fidelidad de Jesús, haciéndole dudar de su filiación divina, no sucumbe. Para Jesús, ser Hijo no tiene nada que ver con demostrar su poder. Ser Hijo es fiarse de Dios y de su Palabra incondicionalmente, saberse amado y en buenas manos. Y responde con la Palabra de la Escritura: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Dt 8,10).

El diablo vuelve a la carga. En esta segunda tentación, se evoca lo sucedido en Masá en el desierto, cuando al pueblo de Israel le faltó el agua y protestaron contra Dios; incluso, se atrevieron a dudar de la presencia de Dios entre ellos. Nuevamente, el tentador invita a Jesús a probar que es el Hijo de Dios. Jesús expresa su confianza radical hacia el Padre. Y vuelve a responderle con la Palabra de la Escritura: «No tentarás al Señor, tu Dios» (Dt 6,16).

Y el diablo no ceja en su empeño, e intenta buscarle las vueltas a Jesús. Lo lleva a un «monte muy alto». Le muestra toda la gloria y el poder mundanos; le pide que renuncie a Dios y le adore a él. ¡Cuántas veces ha caído Israel en esta tentación! Jesús vuelve a vencer la tentación con la Palabra: «al Señor tu Dios adorarás y sólo a él servirás» (Dt 6,13).
El episodio descansa en un desenlace apacible: el diablo se da por vencido y Jesús es confortado por los ángeles, como confortado y alentado fue Elías en el desierto hasta llegar al Horeb.
Jesús ha vencido al diablo en el desierto y le seguirá venciendo durante toda su vida terrena. Y la mayor victoria sobre el mal y sobre el diablo ha sido la Resurrección. Nada, ni nadie tiene poder sobre Jesús. Porque, incluso, ha vencido a la muerte.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • En alguna ocasión hemos de ir al desierto para encontrarnos con Dios y para fortalecer nuestra fe y nuestra filiación divina. ¿Eres consciente de ello? ¿Estás dispuesto a ir? ¿Vas a dejarte guiar en el desierto por el Espíritu?
  • En las ocasiones en que siento la tentación del diablo, ¿Qué haces? ¿Cómo respondes? ¿Vives la tentación en Dios y en su Espíritu o abandonado a tus fuerzas?
  • Ante las tentaciones y tribulaciones de la vida, ¿dudas de Dios?, ¿dudas de su amor incondicional y eterno?
  • Teniendo en cuenta cómo Jesús vence las tentaciones, ¿Qué alimenta tu vida y te hace crecer más como persona y como creyente? ¿Escuchas asiduamente la Palabra de Dios?

VIDA – ORACIÓN

  • Dale gracias a Jesús por compartir con nosotros nuestra condición humana, nuestras debilidades y tentaciones, por comprendernos. “Él modeló cada corazón y conoce todas sus acciones” (Sal 33,15)
  • Pídele la gracia, en todo momento, pero especialmente en la prueba, de poner tu mirada en el Rostro del Padre y a confiar en Él con absoluto abandono.

Perdonando desde el amor. Lectio Divina del VII Domingo del T.O. – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,38-48

Continuamos reflexionando, meditando y orando con el llamado sermón del monte, que Mateo nos ofrece en su capítulo 5. Hoy, la liturgia nos regala un estupendo fragmento, en el que se nos habla del perdón; y que, concluye con las palabras que comentábamos en nuestro anterior post: “Vosotros sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (5,48).

En este momento, sin embargo, me gustaría que para orar con nuestra lectio divina semanal nos centráramos en el tema del perdón, visto desde la perspectiva del amor.

Nadie podrá negar que perdonar es complicado, necesita de un proceso, a veces, largo y difícil.

En muchas ocasiones, ni siquiera sabemos muy bien en qué consiste: “perdono, pero no olvido”; “yo le perdono, pero ojalá…” Es más, nos puede parecer un imposible. Y hay momentos en los que podemos, incluso, llegar a pensar que Jesús nos está pidiendo realizar ese imposible: “no hagas frente a quien te agravia; a quien te pide dale; ama a tu enemigo y reza por quien te persigue”. Aunque, también es muy posible, que Jesús nos esté desafiando a cambiar el mundo. ¿Qué actitud debo tomar ante una ofensa? ¿ante un insulto? ¿ante un menosprecio? ¿Qué hacer cuando alguien me hace daño?

La ley del talión, que era la que estaba vigente para los judíos en tiempos de Jesús, era clara: Si alguien hace daño, lo pagara “vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.” (cf. Ex 21,23ss). Esta ley ya era un adelanto con respecto a otras, para evitar la venganza extrema o desorbitada.

Jesús, sin embargo, está invitando a sus discípulos a ejercer la no violencia; o si preferimos, una cierta resistencia pasiva: no hacer frente a los ataques, no devolver mal por mal. La violencia, dice el dicho, engendra violencia. Pues, precisamente, Jesús quiere que sus discípulos no reaccionemos de manera instintiva, según lo “que nos pide el cuerpo”.

Tampoco es que Jesús esté aconsejando a sus discípulos permanecer impasibles o pasivos. No, al contrario, él nos invita a pasar a la acción, nos invita a ser proactivos, pero de manera distinta: buscando el diálogo; buscando el hacer caer en la cuenta al otro de su error; haciéndole ver su responsabilidad, su incoherencia, su equivocación. De esa manera, es posible que cambie. De la otra, devolviendo mal por mal, es muy posible que entremos en el bucle de la violencia, de la venganza, de la revancha y del ajuste de cuentas.

Para esto es necesario, como veíamos en nuestro anterior post, mucho amor.

Un amor que debe alcanzar, incluso, a quienes consideramos nuestros enemigos. Nuestro prójimo es todo ser humano, sin importar raza, lengua, pueblo, nación, condición social, o actos que haya realizado. Por supuesto, como decíamos más arriba ayudándole a que sea consciente de su error; pero sin juzgarlo, sin condenarlo, sin darlo por perdido.

Devolver amor ante la injusticia, haciéndole frente, denunciándola, pero sin hostilidad, incluso rezando por aquel que nos hizo daño, es la mejor manera enfrentarnos al mal.

El ideal es que nosotros seamos como nuestro Padre celestial que hace salir el sol sobre justos e injustos (Mt 5,45), que seamos santos como nuestro Padre que es santo (cf Lev 19,2).

A nivel práctico, el no perdonar, es adoptar un papel de víctima: “pobre de mí, que fulano me ha hecho esto o aquello”, “yo no me merecía esto” “con todo lo que yo he hecho por él”. Perdonando, adoptamos una actitud proactiva. A partir de este hecho, de esta circunstancia, de la injuria recibida… ¿Qué puedo hacer yo para acercarme a esa persona? ¿Qué puedo hacer yo para que esa persona caiga en la cuenta de su error? ¿qué puedo hacer yo para cambiar la situación?

Imprescindible para todo esto saber gestionar nuestro enfado y nuestra ira y entrar en diálogo con nuestro prójimo. Y, sobre todo, no dar nunca un caso por perdido. Lo que es imposible para el hombre es posible para Dios.

Y en todo caso, si la situación, la circunstancia, el momento o la persona para nosotros está resultando “tóxica”. Es mejor una retirada a tiempo (alejarse) que una venganza desproporcionada.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • Toma el pulso a tu actitud ante una ofensa. ¿Eres de los que perdonas o eres de los que reaccionas de manera impulsiva?
  • Ante una ofensa, ¿eres capaz de entrar en diálogo con la otra persona para que sea consciente de haberte hecho daño? ¿o, por el contrario, buscas cierta “venganza”?
  • Ante una situación o un acto ofensivo, ¿adoptas el papel de víctima o intentas ser proactivo y sacar un aprendizaje de ello?

VIDA – ORACIÓN

Hoy te invito a que oremos con el Padrenuestro, haciendo especial hincapié en las palabras: perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

Pero, yo os digo… Desde el amor. Lectio Divina del VI Domingo del T.O. – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,17-37

¿Para qué vino Jesús a la tierra? ¿Para qué sale Jesús al encuentro del ser humano? Por supuesto, que vino para salvarnos. De eso no nos cabe la menor duda. Pero, yo creo que vino a algo más. Algo más que, por supuesto, está relacionado con nuestra salvación. Y la clave práctica de ese algo más, me parece que, puede dárnosla la lectura del evangelio que hoy nos regala la liturgia: “No penséis que he venido a… He venido a…”

Sin embargo, aunque no lo leemos en la lectura de hoy, lo esencial de todo este extenso discurso contenido en el sermón del monte, lo encontramos al final del mismo en Mt 5,48, según mi parecer: “Vosotros sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

Pero, ¿qué significa ser perfecto? La palabra griega utilizada por Mateo es teleios. Un término bastante raro y que aparece únicamente dos veces en los evangelios. Según podemos encontrar en el Nuevo comentario bíblico san Jerónimo, dicha palabra en el pensamiento griego significaría que la persona es conforme al ideal divino. Y, ¿cuál es el ideal divino en el que se concentran la ley y los profetas? Amar a Dios con todo el corazón con toda el alma y con toda la mente. Y al prójimo como a uno mismo (Cf Mt 22,34-40). Así es, cuando seamos capaces de amar sin condiciones, entonces alcanzaremos la perfección; entonces seremos felices, entonces habremos llegado a la plenitud.

Por eso, Jesús no vino a abolir la ley, si no a darle su verdadero sentido. El verdadero sentido de ser feliz, de ser bienaventurado, de ser dichoso.

Cuando lo que nos mueve a actuar es el amor, vamos más allá de los preceptos, de las normas, de la letra de la ley. Porque el cristiano no puede conformarse con una ley de mínimos: yo no robo, yo no mato, yo no traiciono a mi mujer o a mi marido, yo no blasfemo… Por tanto, estoy cumpliendo la ley, no tengo pecados graves; tengo mis defectillos, pero nada gordo. Jesús no está diciendo: ¡No! Esa es la ley de mínimos.

Aquel que emprende el camino del seguimiento de Jesús debe aspirar a algo más. Debe aspirar al amor incondicional, que no espera nada a cambio y que se entrega sin límites; incluso, dando la propia vida, por amor, en favor del prójimo. Y para dar la vida, como digo muchas veces, no es necesario morir físicamente. Hay muchas formas y maneras de entregar la vida. Ahora bien, dicha entrega se realiza de distinto modo desde el amor.

Contemplemos hoy este pasaje del evangelio desde el amor y encontraremos el verdadero sentido que tienen las palabras de Jesús cuando nos dice: “Pero, yo os digo…”

Emprender el camino de la felicidad, de la plenitud, de la santidad, de la perfección… significa comenzar a vivir desde una dimensión nueva, desde la profundidad del corazón, desde nuestras convicciones profundas, desde nuestra verdadera escala de valores… Toda nuestra vida se redimensiona cuando empezamos a vivirla desde el amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • ¿Qué es lo que está moviendo tu actuar en el mundo?
  • ¿Te conformas con una “ley de mínimos” o tratas de vivir la vida desde el amor?
  • ¿En qué o en quién está fundamentada tu escala de valores? ¿Cuál es tu escala de valores?
  • Desde una nueva visión y desde las convicciones profundas de tu corazón, ¿qué acciones puedes emprender para vivir tu vida desde el amor?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias y alaba a Dios Padre porque Él te amo primero.
  • Pide a Jesús que te ayude a vivir la vida desde el amor y no desde la “ley de mínimos”.
  • Ofrécete, con la fuerza del Espíritu Santo para repartir el amor de Dios a todos los que te rodean.

Eres sal de la tierra y luz del mundo – Lectio Divina del V Domingo del T.O. – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,13-16

Eres sal de la tierra, luz del mundo, ciudad en lo alto, lámpara que alumbra. ¿Quién yo? Sí, tú. Tú, yo y todo cristiano.

Jesús en el evangelio de hoy nos presenta cuatro características del verdadero discípulo, cuatro cualidades que tenemos que fomentar en cada uno de nosotros, cuatro aptitudes que debemos desarrollar.

Aquel que emprende el camino del seguimiento de Cristo ha de potenciar en si mismo y a su alrededor todas sus capacidades, habilidades, destrezas… Hoy diríamos todas sus competencias.

Y, ¿cuáles son precisamente las cualidades, características, capacidades que Jesús nos pide que desarrollemos?

  • Ser sal.
  • Ser luz.
  • Ser ciudad visible.
  • Ser lámpara que alumbra.

Quisiera que cayéramos en la cuenta de lo siguiente, a mi parecer interesante. Jesús no nos pide tener, nos pide ser. No nos ha dicho que debemos tener esto o lo otro, o hacer aquello o lo de más allá para ser discípulos suyos. Nos pide ser.

Creo que la diferencia es notable. El Maestro no nos pide que tengamos tales cualidades o aquellas otras, no nos pide que poseamos cosas, que nos aferremos a propiedades para poder desarrollarnos satisfactoriamente como discípulos. No nos pide que hagamos esto o aquello, que vayamos de un lado para otro sin ton ni son para realizar esta o aquella actividad.

Jesús nos está pidiendo que aprendamos a vivir. No desde lo que tenemos o poseemos, ni desde las muchas actividades que hacemos. Sino que aprendamos a vivir desde lo que nos identifica, desde nuestra esencia, desde la coherencia entre nuestros valores y nuestros actos, desde nuestras aspiraciones más profundas, desde nuestros propósitos. Jesús nos pide que vivíamos desde el evangelio, dejándonos transformar, modelar, dar forma por el Espíritu Santo. Y esto desde la docilidad, la apertura y el abandono. Sin resistencia. Intentando vivir y hacer nuestros los valores que nos fue mostrando Jesús en su vida terrena.

Imagen de David Mark en Pixabay

Cuando empecemos a dejarnos configurar por el Espíritu, al igual que un programador configura un ordenador, comenzaremos a ser sal que da sabor a todo lo que nos rodea y preservar de la corrupción a los que se encuentran a nuestro alrededor. Para ello, la sal se olvida de sí misma y se diluye, pero sin perder su esencia. Cuando pierde su esencia no sirve mas que para ser pisoteada.

Cuando nos dejemos modelar por el Espíritu seremos luz, tampoco la luz existe para sí misma, sino para alumbrar a todos los que se acercan a ella, para iluminar, para clarificar, para dar vida.

Seremos ciudad que se sitúa en lo alto del monte. Empezaremos a no ocultarnos, a no escondernos, a no encerrarnos, sino a ser testigos con nuestros gestos, con nuestra conducta, con nuestro comportamiento.

De esta manera, viviendo desde los valores del evangelio, estaremos encendiendo nuestra lámpara y colocándola sobre el candelero, sobre la repisa, encima y no debajo. Todo aquel que se acerque a nosotros nos verá; es más, seguramente, desde lo lejos otros se percatarán de nuestra presencia.

Y cuando los demás vean nuestras obras, cuando los demás vean nuestro testimonio, cuando los otros vean como se manifiesta la bondad, la misericordia y el amor de Dios en nuestra vida, darán gloria a Dios Padre de quien provine lo que somos, lo que tenemos, lo que hacemos, lo que poseemos y todo cuanto existe.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • ¿Desde dónde estás viviendo tu vida? ¿Desde el tener? ¿Desde el hacer? ¿Desde el ser?
  • ¿Cuáles son los valores que fundamenta tu vida?
  • ¿De qué manera estás dejando que el Espíritu transforme tu vida?
  • ¿Qué actitudes, disposiciones, conductas debes potenciar en tu vida para ser sal, luz, ciudad en lo alto, lámpara?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias y alaba a Dios por todas las acciones que Él, como Padre amoroso, va desarrollando en tu vida, para tu propio crecimiento y el de los que te rodean.
  • Pide a Jesús que te ayude a dejarte transformar por el Espíritu en sal, luz, ciudad, lámpara…

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Lc 2,22-40

El relato evangélico con el que hoy oramos, nos lo ofrece la liturgia también en la Fiesta de la Sagrada Familia; en él se nos narra el viaje de ésta a Jerusalén con motivo de la presentación del Niño Jesús en el Templo, fiesta que precisamente hoy celebramos, a este hecho hay que unir la purificación de la Virgen María.

Ambos acontecimientos fueron llevados a cabo por los padres de Jesús para cumplir la Ley de Moisés.

Por una parte, el libro del Levítico ordenaba que, a los cuarenta días del alumbramiento, si la criatura era niño, debía realizarse el rito de purificación de la mujer en el templo; el mismo rito debía cumplirse a los ochenta días si era niña (Lev 12,1-8). Para la realización de dicha ceremonia, los padres de la criatura debían ofrecer un cordero, aunque a las familias pobres les estaba permitido ofrecer dos tórtolas o dos pichones; uno de ellos era ofrecido como holocausto y el otro como sacrificio por el pecado.

Pero, además, el libro del Éxodo ordenaba que todo primogénito del pueblo de Israel debía ser consagrado a Dios (13,2.11-16; 34,20), aunque podía ser rescatado pagando cinco ciclos de plata (Núm 18,15; 1Sam 1,24-28).

El evangelista Lucas, con la narración de estos dos hechos quiere destacar la fidelidad de los padres de Jesús a la Ley. Dichos acontecimientos tendrán lugar en Jerusalén, en el Templo de Dios. La ciudad santa es el lugar central del plan divino de salvación, aunque haya muchos que quieran impedirlo. En Jerusalén murió Jesús, allí resucitó, de allí partió la proclamación del evangelio a todos los confines del mundo.

El relato que nos ocupa continúa con el testimonio de Simeón. A él se refiere el evangelista como un hombre justo, piadoso, que esperaba al Mesías y que el Espíritu Santo estaba con él. Justo y piadoso, en el lenguaje bíblico, significa que era una persona íntegra sobre todo en el campo religioso. La expresión «que esperaba al Mesías» significa que era un hombre de fe que esperaba la salvación prometida por Dios a Israel mediante los profetas. Y que el Espíritu Santo estaba con él quiere decir que, según la tradición bíblica, era profeta (cf. Is 11,2).

Simeón había recibido una revelación por parte de Dios en la que se le prometía que no moriría sin haber visto al Salvador; es por ello que, impulsado por el Espíritu, va al Templo, allí toma al niño en sus brazos y bendice a Dios por haberle dado este regalo. Los padres de Jesús están admirados por las palabras de Simeón. A ellos les refiere que Jesús será signo de contradicción, unos le acogerán y otros lo rechazarán; y a María una espada le atravesará el alma. María participará de la pasión, muerte y resurrección de Jesús por lo que se convertirá en corredentora de la humanidad.

Por otro lado, a continuación, nos encontramos con el testimonio de Ana; el cual sirve para completar la imagen de los profetas, hombres y mujeres que han sido enviados por Dios para ser testigos de la venida del Mesías. Ana estaba totalmente consagrada a Dios, por lo que no se apartaba en ningún momento del Templo, dedicándose al ayuno y la oración. De ella, se nos ofrecen dos notas características: estuvo casada siete años, número que indica la perfección, y al quedar viuda, hasta los ochenta y cuatro años no se apartaba del Templo, que es siete veces doce. También ella esperaba la venida del Mesías.

Después de esto, la familia de Jesús regresa a Nazaret, en la región de Galilea. Allí, «Jesús crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él» (Lc 2,40), con lo cual se iba desarrollando como ser humano; la sabiduría de la que está lleno no es la sabiduría de los hombres, sino la sabiduría de Dios, pues la gracia y el amor de Dios estaba con él.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimiento, emociones, inquietudes… despierta en ti?

• ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Cómo acoges en tu vida a aquellos que dan testimonio del evangelio?

• También tú has sido llamado/a para ser testigo de la presencia de Jesús en el mundo, ¿estás dispuesto/a a serlo, al igual que Simeón y Ana?

• ¿De qué manera estás preparando y aguardando la presencia del Salvador en tu vida?

VIDA – ORACIÓN

Iglesia santa, esposa bella, sal al encuentro del Señor, adorna y limpia tu morada y recibe a tu Salvador.

Abre tus brazos a María, Virgen Madre del Redentor, puerta del cielo siempre abierta por la que vino al mundo Dios.

¿A quién sostienes en tus manos, dinos anciano Simeón, por que te sientes tan alegre? “Porque ya he visto al Salvador.

Este niño será bandera y signo de contradicción, con su muerte, traerá la vida, por la cruz, la resurrección.

Jesús el, hijo de María, es el Hijo eterno de Dios, la luz que alimbra a las naciones los caminos de salvación.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

(Cf. Himno de Laudes, Fiesta de la Presentación del Señor).

Lectio Divina Domingo II del Teiempo Ordinario – Ciclo A (Jn 1, 29-34)

VERDAD – LECTURA

En el Evangelio de Juan historia y símbolo se mezclan. En el texto de hoy, el simbolismo consiste sobre todo en evocaciones de texto conocidos del Antiguo Testamento que revelan algo respecto de la identidad de Jesús. En estos pocos versos (Jn 1,29-34) hay las siguientes expresiones con densidad simbólica: a) Cordero de Dios; b) Quitar el pecado del mundo; c) Existía antes que yo; d) El descenso del Espíritu como paloma; e) Hijo de Dios.

Cordero de Dios. Este título evocaba la memoria del éxodo. En la noche de la primera Pascua, la sangre del Cordero Pascual, con el que se señalaban las puertas de las casas, constituía para la gente señal de liberación (Es 12,13-14). Para los primeros cristianos Jesús es el nuevo Cordero Pascual que libera a su pueblo (1Cor 5,7; 1P 1,19; Ap 5,6.9).

Quitar el pecado del mundo. Evoca la frase tan bonita de la profecía de Jeremías: “Ya no tendrán que enseñarse mutuamente diciéndose el uno al otro: Conozcan a Yavé. Pues me conocerán todos, del más grande al más humilde. Porque yo habré perdonado su culpa y no me acordaré más de su pecado” (Jer 31,34).

Existía antes que yo. Evoca varios textos de los libros sapienciales, en los que se habla de la Sabiduría de Dios que existía antes de todas las demás criaturas y que estaba junto a Dios como maestro de obras en la creación del universo y que, por fin, fue a morar en medio del pueblo de Dios (Prov 8,22-31; Ec 24,1-11).

El descenso del Espíritu como paloma. Evoca la acción creadora en la que se dice que “el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas “ (Gén 1,2). El texto de Génesis 1,2 sugiere la imagen de un pájaro que vuela sobre un nido. Imagen de la nueva creación en movimiento bajo la acción de Dios.

Hijo de Dios: es el título que resume todos los demás. El mejor comentario de este título es la explicación del mismo Jesús: “Las autoridades de los judíos respondieron: No te apedreamos por algún bien que hayas hecho, sino porque siendo hombre, insultas a Dios, haciéndote pasar por Dios.” Jesús dijo:”¿No está escrito en la Ley de ustedes: Yo lo digo: ustedes son dioses? Se llama, pues, dioses a los que reciben la palabra de Dios; y no se puede dudar de la Escritura. Entonces, si el Padre me ha consagrado y enviado al mundo, ¿no puedo decir que soy Hijo de Dios sin insultar a Dios? Si yo no cumplo las obras del Padre, no me crean. Pero si las cumplo, aunque no me crean por mí, crean por las obras que hago y sepan de una vez que el Padre está en mí y yo estoy en el Padre.” (Jn 10,33-39).

CAMINO – MEDITACIÓN

  • Jesús es el único que puede quitar el pecado del mundo, ¿soy consciente del gran regalo del sacramento de la reconciliación?
  • ¿Estoy en un proceso de continua conversión?
  • ¿De qué manera doy yo testimonio de Jesús en mi vida?
  • ¿Me siento animado en todo momento por el Espíritu Santo? ¿De qué modo?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por sentirme amado por él y por el sacramento de la reconciliación.
  • Pido perdón a Dios por las veces en que no me comporto como un verdadero hijo suyo.
  • Pido fuerzas a Dios para dar testimonio de Jesús en todas las circunstancias de mi vida.
  • Invoco al Espíritu Santo para hacerme consciente de su presencia.

Primera parte de la Lectio, Verdad – Lectura, preparada por: Carlos Mester, O.Carm. Más información en: http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-juan-129-34