“HÁGASE…” LECTIO DIVINA DOMINGO IV DE ADVIENTO (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 1, 26-38)

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracias, el Señor esta contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: No temas, María,porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Y María dijo al ángel: Cómo será eso, pues no conozco a varón? El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible. María contestó: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel».

María es, sin duda, junto a Juan el Bautista, Isaías y otros, la gran protagonista del Adviento. Ella es la mujer de la espera, la Virgen de la Esperanza; la mujer de la escucha, la Madre del Hágase; la mujer que supo dejar a Dios actuar en su vida, Madre, Maestra y Reina de los Apóstoles y de todos aquellos que estemos dispuestos a acoger a Jesús en nosotros y ser testigos de su amor.

El texto que con el que hoy rezaremos nos narra el anuncio a María del nacimiento de Jesucristo. Para ponernos en contexto, podemos decir que en la época de Jesús, en el siglo I, muchas personas pertenecientes al pueblo de Israel, especialmente los pobres, esperaannonciationban anhelantes la venida del Mesías. También María, José, Isabel, Zacarías… esperaban esta venida.

Nuestro relato comienza haciendo referencia al relato anterior: «Al sexto mes» (1,26). Se está refiriendo al sexto mes después del anuncio del nacimiento de Juan a Zacarías (Lc 1,5-25). Se trata de un día concreto en la vida de María; un día concreto y a la vez cualquiera. A ella, Dios le envía al ángel Gabriel, a una ciudad determinada de Galilea, llamada Nazaret.

María estaba desposada con José, un hombre de la casa de David, es decir, estaba prometida. Los desposorios era un acto mediante el cual el padre y los hermanos de la esposa por un lado, y el padre del esposo por otro, delante de testigos, se comprometían, mediante contrato, no sólo a la celebración del matrimonio, sino respecto a todo lo relativo a los regalos que se habían de hacer a los hermanos de la esposa y la cantidad que se tenía que pagar al padre de la esposa, la dote. Habitualmente, este acto se celebraba una año antes de la boda. La pareja comprometida se consideraban ya marido y mujer y se esperaba que fueran mutuamente fieles. Ese compromiso sólo podía romperse mediante un divorcio formal.

El ángel Gabriel se hace presente en la vida de María, entra donde ella estaba, entra en ella. María siente la presencia de Gabriel, se encuentra con él y en su interior escucha el mensaje de gracia que él le trae. Ante aquel misterio, ante aquellas palabras, María queda desconcertada y se pregunta qué podría significar aquel saludo (1,29). ¿Qué significa esa atracción que siente hacia lo divino?¿aquella cercanía de Dios?¿aquel regalo de Dios? El Ángel le responde tranquilizándola: has hallado gracia delante de Dios (1,30); Dios se ha fijado en ti, para llevar a cabo su proyecto salvador, encarnándose en tu seno. Ella ha sido la elegida para ser la madre del Salvador, del esperado de los siglos, sobre todo por los pobres, los humildes, los pequeños.

Dios le revela su proyecto: concebir, dar a luz y ponerle a la criatura el nombre de Jesús. Un Jesús que es el Hijo del Altísimo, que reinará sobre la casa de David y cuyo Reino no tendrá fin (1,32s).

María no duda, pero no puede menos que preguntarse: ¿Cómo será posible eso?¿Cómo sucederá? Para Dios no hay nada imposible. María tendrá que acoger la obra de Dios en su ser y en su vida.

María responde no solo afirmativamente, sino que se abandona totalmente en las manos de Dios. Ella será instrumento en las manos de Dios para el cumplimiento de la promesa hecha a Israel y a toda la humanidad. Dios nunca abandona al ser humano; al contrario, quiere hacerse uno como nosotros, excepto en el pecado, para regalarnos la salvación.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, frase, versículo o palabra… te toca especialmente el corazón?¿Qué quiere decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Cómo recibes los «mensajes» que Dios te envía cada día?¿Estás atento/a a su Palabra? ¿Cómo la acoges en tu corazón y en tu vida? ¿Estas dispuesto como María a dejar que la Palabra transforme tu vida?

• ¿Qué temores te embargan cuando Dios te pide alguna misión?

• ¿Sabes acoger en tu vida los regalos que Dios te hace cada día o pides explicaciones?

• ¿Acoges en tí la obra que el Espíritu Santo quiere realizar en tu vida?

• ¿Qué acciones deberías emprender en tu vida para vivir de una manera más radical este adviento y permitir que Jesús “nazca” en ti?

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VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios Padre por todos los regalos y dones que cada día nos entrega.

• Da gracias porque ha querido que Jesús y su Palabra estén presentes en tu vida.

• Ofrece tu vida para que el Espíritu Santo te inunde con sus dones y encarnes a Jesús en tu vida.

• Pide a Dios fortaleza para poder convertirte en su humilde siervo/a.

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“Preparad el camino al Señor” Lectio Divina Domingo III de Adviento (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Jn 1, 6-8.19-28)

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «Tú quién eres?». El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías». Le preguntaron: «¿Entonces, qué, eres tú Elías?». El dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No». Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, Como dijo el profeta Isaías». Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando».

Hoy, tercer domingo de Adviento, la liturgia nos presenta un texto evangélico en dos partes: el primero, la confirmación por parte de Juan de que él no era la luz (6-8); el segundo, la misión de éste (19-28).

Pero, antes de nada, creo que puede ser valioso referirnos, aunque sea brevemente al contexto del evangelio de Juan . Éste fue escrito a finales del siglo primero. Anteriormente, muchos judíos y también cristianos habían tenido contacto con Juan el Bautista o, probablemente, habían sido bautizados por él. A simple vista el movimiento de Juan y el de Jesús eran bastantes similares. Ambos anunciaban la llegada inminente del Reino y ambos exigían la conversión de los pecadores. Sin embargo, hay que dejar claro quién es Juan.

En los versículos 6-8, el autor del cuarto evangelio quiere dejarnos claro que el Bautista no es la luz, él únicamente es testigo de la luz. La luz verdadera es Jesús. Juan es el último de los profetas del Antiguo Testamento que abre paso al Nuevo Testamento, a la Buena Noticia.

El tes819320272timonio que Juan estaba dando era tan fuerte que algunos pensaban que él era el mesías. Pero, Juan no es el mesías, él es el enviado del Padre llamado a dar testimonio de la Luz. Él debe orientar a todos los hombres hacia la Luz. Algo que, el Bautista tiene claro; sin embargo, parece que no ocurre así con sus contemporáneos.

Los representantes de la institución judías se acercan a Juan para preguntarle: «¿Quién eres tú?» (1,19). Parece que éste contaba con una gran fama, por lo que la pregunta es obvia. Su respuesta es clara: «Soy la voz» (1,23). Una voz que únicamente prepara la venida de Jesucristo, por lo que abiertamente declara que él no es el Mesías. Juan es aquel que prepara el tiempo nuevo de Jesús. Juan quiere dejar claro que él no es ni Elías, ni el profeta. Los judíos pensaban que, para la inauguración de los tiempos mesiánicos, Elías debería regresar para restaurar la convivencia humana; y, el profeta estaba equiparado al Mesías. Estos títulos son rechazados por Juan.

El bautismo de Juan era precisamente signo de esa preparación. Él bautiza con agua, pero detrás viene Aquel que bautiza con Espíritu Santo. Juan proclama que con Jesús llegan los tiempos nuevos. Dicho bautismo representa el paso a través del agua, del mismo modo que en tiempos antiguos el pueblo pasó a través del mar Rojo y del Jordán para alcanzar la tierra prometida. Este bautismo pretende inaugurar un tiempo nuevo, el tiempo nuevo de Jesús. Por eso, el bautismo de Juan no es definitivo. No basta con bautizarse con agua, el verdadero bautismo es el de Jesús, Salvador de la humanidad.

Él ya está presente y Juan no puede usurparle el puesto: «No soy quien para desatarle la correa de las sandalias» (1,27). Esta imagen hace alusión a una costumbre matrimonial judía, la ley del levirato (Dt 25,5-10).

Todo esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, es decir fuera del territorio de Israel, lugar de encuentro de la nueva comunidad de Jesús, que rompe con todo lo que significan las instituciones judías.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• Nosotros, de alguna manera, somos Juan el Bautista, ¿qué significa para ti ser testigo de la luz?

• Antes de testimoniar a Aquel que es la Luz, debo acogerla en nosotros mismos ¿qué estás dispuesto a hacer durante este adviento para ello?

• ¿De qué manera preparas la venida de Jesús? ¿Cómo te preparas durante este tiempo litúrgico para ser testigo de la Luz?

• ¿Qué testimonio crees que debes dar a los que te rodean para acercarles a la Luz verdadera que es Jesús?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por las gracias que continuamente derrama sobre ti y regalarte el don de la fe.

• Dale gracias por hacer posible tu encuentro con Aquel que es la Luz verdadera y puede iluminar toda tu vida.

• Ofrécele tu vida para que te convierta en un testigo de Jesucristo, Luz del mundo.

• Pídele que te ayude a ser testigo de la Luz entre todos aquellos que te rodean.

María se puso en camino.Lectio Divina Domingo IV de Adviento (Lc 1,39-45)

 

VERDAD – LECTURA

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.
El evangelio que hoy nos regala la liturgia nos narra el encuentro entre la Virgen María y su prima Isabel. En el se nos habla de escucha, de atención y de acogida. María e Isabel, dos mujeres que saben estar atentas a la voz de Dios, dos mujeres que escuchan la Palabra y la acogen en su corazón para ponerla en práctica. Un encuentro entre dos mujeres que se felicitan, mutuamente, por el gran regalo que han recibido de Dios. La primera el don de engendrar al Salvador del mundo, la segunda la de engendrar al Precursor. Dos mujeres que han sabido acoger el don de Dios en sus vidas. Dos mujeres que han sabido cobijar el amor de Dios y entregarlo de manera gratuita a los demás. Dos mujeres que han sabido interpretar las señales que Dios les va mostrando en su camino. Dos mujeres que desbordan felicidad ante el gran amor y ante la misericordia infinita de Dios.
Lucas acentúa la prontitud con la que María acoge y responde a la llamada de Dios, a su Palabra, al mandato amoroso de Dios. Ante el anuncio del Ángel, en el momento de la Encarnación, de que su pariente Isabel está en cinta, se pone en camino y va aprisa a la montaña. María sale al encuentro de las necesidades de Isabel. María, que lleva en su seno al Autor de la Vida, se pone en camino para ofrecer y donar su propia vida. Entra en casa de Zacaría y saluda a Isabel. Se pone en sintonía con ella. Entra en su mundo y en su vida; la acoge lo mismo que ha acogido al Salvador; se pone a su disposición.
Isabel, por su parte, también acoge a la Madre del Salvador; acoge la Buena Noticia, acoge el don gratuito de Dios. Y tal es la alegría y el gozo de ese encuentro que el pequeño Juan salta en su vientre. Isabel ha sabido acoger y descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos de la vida: en un encuentro, en una visita, en una casa, en un abrazo, en la sencillez, en el diálogo, en la ayuda mutua. Isabel ha sabido acoger el don de Dios, el don del Espíritu Santo, y llena de él a voz en grito exclama: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!”.
“Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. La Palabra de Dios siempre actual, siempre presente, siempre vigente, siempre performativa, es decir que al enunciarse realiza la acción, a la vez que se expresa la acción se lleva a cabo, ocurre, es un hecho constatable y vigente. La Palabra de Dios viva y eficaz se hace acto, acción, creación nueva. El Antiguo Testamento da paso al Nuevo. Las promesas de Dios se cumplen.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De que manera vivo atento/a a la Palabra para acogerla y ponerla por obra?¿En que medida estoy atento/a a los dones que Dios me regala cada día? ¿En que medida acojo esos dones de Dios?
  • ¿Con qué prontitud acojo y respondo a la llamada de Dios? ¿Salgo el encuentro de las necesidades de los demás? ¿Se ponerme a su disposición?
  • Al descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos y acoger los dones que él me regala a diario, ¿desbordo de gozo? ¿salto de alegría?
  • ¿Considero la Palabra como actual, presente, capaz de transformar mi vida y la de los otros? ¿La Palabra de Dios, para mí, está viva, es eficaz, se hace acción?

VIDA – ORACIÓN

Señor, que nosotros nos pongamos en camino, como María, para experimentar la alegría de crecer; que acudamos a María para aprender a unirnos más a Ti, en la entrega amorosa de la propia vida. (Evangelio 2015, San Pablo)

Preparar el camino al Señor. Lectio Divina del Domingo II de Adviento(Lc 3,1-6)

VERDAD – LECTURA

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios”.
Lo primero con lo que nos encontramos en el pasaje evangélico de hoy es el enmarcado dentro del contexto histórico de la época. El autor del tercer evangelio nos sitúa en un momento concreto de la historia, dentro de un espacio y un tiempo preciso. Con lo cual, el evangelista Lucas pretende que caigamos en la cuenta de que la salvación de Dios acontece dentro de nuestra propia historia y de nuestro contexto social. Dios nos acompaña y nos ofrece la salvación en todos los momentos de nuestra vida. La historia de la salvación está dentro de nuestra propia historia.
Lucas introduce la actividad de Juan a la manera de los antiguos profetas. En aquel tiempo, vino la Palabra de Dios sobre Juan, del mismo modo que vino sobre Amós (Am 1,1), Jeremías (Jer 1,1-3), Isaías (Is 1,1), Oseas (Os 1,1,). Por lo que nos muestra a Juan, el Bautista como un auténtico profeta.
Los lugares en los que Juan ejerce su ministerio son el desierto y la comarca del Jordán. El Jordán, el río que hay que vadear para llegar a la tierra prometida, el lugar de purificación de Naamán, sumergiéndose siete veces y curándose de la lepra (2Re 5,1-15). Y el desierto, lugar en el que Dios se hace el encontradizo, donde Dios habla al corazón (Os 2,14).
La misión de Juan es predicar un bautismo de conversión. Es decir, nos está invitando a un cambio radical de vida, a cambiar nuestra mentalidad, nuestro modo de ver y percibir la vida, tal y como está escrito en el profeta Isaías. El texto del profeta al que se refiere Lucas (Is 40,3-5) nos sitúa en la vuelta de los israelitas del exilio de Babilonia, vivido por ellos como un nuevo éxodo. Con lo cual, Juan nos está indicando es que con Jesús viene un nuevo éxodo y Juan está preparando este acontecimiento. Jesús viene a traer la salvación y nos la trae para todos los seres humanos, judíos o paganos, ricos o pobres, justos o pecadores. Jesús a venido para acoger y salvar a todos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • También sobre ti viene la Palabra de Dios y te llama a una misión concreta: ¿Eres consciente de ello? ¿Estás dispuesto/a a acoger y asumir esa misión a la que Dios te llama?
  • ¿De qué forma te preparas para acoger y hacer tuya, cada día, la Palabra de Dios?
  • Juan está invitando a la conversión, a un cambio radical de vida, ¿qué acciones tienes que emprender para ello?
    Jesús viene a traer la salvación a todos ¿Estás dispuesto/a a ser instrumento de salvación en sus manos?
  • ¿Qué acciones concretas te propones realizar durante este adviento para cambiar en tu vida todo aquello que te impide acoger a Dios y a los hermanos y poner en práctica el evangelio?

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale por hacerse el encontradizo en nuestra vida y en nuestra historia personal.
  • Da gracias a Jesús por regalarnos su Palabra, la cual nos ilumina y nos muestra el camino de la santidad.
  • Pide al Espíritu Santo que te ilumine y te de fuerzas para asumir y seguir los compromisos que tomamos para hacer visible el Reino en el mundo que nos rodea.
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VERDAD – LECTURA

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto levantaos, alzad vuestra cabeza, se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día, porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre”.
Comenzamos un nuevo año litúrgico, en el que las lecturas del evangelio dominical van a ser tomadas del evangelio de Lucas. Concretamente hoy, se nos ofrece para nuestra oración, un fragmento del llamado discurso escatológico. En el cual se nos refieren los acontecimientos que ocurrirán en la segunda venida de Jesucristo. Son acontecimientos narrados en un género literario llamado apocalíptico y que no deben ser tomados al pie de la letra. Son texto que sobre todo nos invitan a la vigilancia, a estar atentos porque Jesús está presente en medio de nosotros y, en más de una ocasión, no somos conscientes de su presencia. El objetivo de este tipo de escritos sobre todo es el de comunicar esperanza a los seguidores de Jesús en momentos duros, de dificultad, persecución, pruebas… Para ello se sirve de una serie de símbolos, metáforas, visiones dramáticas, comparaciones, etc. cuyo significado, en la mayoría de las ocasiones, hay que interpretar adecuadamente. Vamos a tratar de explicar el pasaje evangélico que hoy nos ofrece la liturgia, sobre todo, para que sea fructífero a todos nosotros y nos sirva para comprometernos en la construcción del Reino a nuestro alrededor y en nuestra vida.
Comienza, Jesús, relatando una serie de señales que aparecerán en el cielo, el día de su vuelta gloriosa. Muchos de los contemporáneos de Lucas se encuentran angustiados a la espera de la segunda venida de Jesús, la cual creen que será inminente. El mensaje es claramente de esperanza, en ningún momento debemos angustiarnos, esas señales debe ser signo de alegría porque se acerca nuestra liberación de todas las ataduras que nos esclavizan, aunque en primer término nos parezcan señales catastróficas.
En un futuro, sin especificar, si cercano o lejano, próximo o remoto, inmediato o distante, aparecerán una serie de signos cósmicos que nos estarán anunciando el inminente triunfo definitivo del Reino de Dios. Nosotros observaremos dichas señales de la naturaleza, las cuales no nos permiten saber el día, ni la hora. Pues, continuamente, está ocurriendo, muchos de estos acontecimientos, por lo cual no podemos hacer cábalas acerca del momento en que la llegada del reinado de Dios se hará presente en nuestras vidas. Pero lo importante no es esto, lo verdaderamente importante es: ¿De qué modo estoy esperando yo el Reino de Dios? ¿Cuál es mi actitud diaria con respecto a la venida triunfal de Jesús? ¿Estoy esperando con angustia, agobio, intranquilidad? ¿o, por el contrario aguardo con esperanza los acontecimientos? Lo importante, es que el resplandor del Hijo de Dios será la visión más luminosa. El Hijo del hombre vendrá con gran poder y majestad, se manifestará toda su gloria, en una nube, signo de la presencia de Dios en la literatura bíblica.
Ante esta venida, no debemos tener miedo. Hemos de acogerla con esperanza, hemos de alzar nuestra cabeza, no escondernos, porque se acerca nuestra liberación. La persecución, los peligros, los agobios, la muerte, el pecado no tienen la última palabra, la última palabra es la del amor, la comprensión, la misericordia que nos trae Jesús y que serán definitivas en su segunda venida.
Como sabemos todo esto, nuestra actitud no puede ser pasiva. Hemos de permanecer vigilantes y en oración para que estos tiempos difíciles, en los que todavía el Reino no está totalmente presente en nuestras vida, se nos haga más fácil de vivir. Como ya sabemos que Dios nos ofrece y regala la salvación, y que en un momento u otro, el Reino se hará presente en totalidad, pues disfrutemos de la buena vida, incluso a costa de nosotros mismos y de los demás. No hagamos nada por cambiar nuestro mundo, ni por ser mejores personas, para qué, si tarde o temprano llega el Reino. Esa no es la actitud, nosotros hemos de estar continuamente intentando transformar el mundo en el que vivimos. Un mundo en el que reine la justicia, el amor, la misericordia, la acogida de nuestros hermanos, la palabra amable, el consuelo… y en el que nosotros, también crezcamos, en autoestima, en valoración de nosotros mismo, en respeto, en ser mejores cada día y en servir para que nuestro mundo sea cada vez más habitable. La fuerza para podernos mantener en esta actitud sólo podemos encontrarla en la oración. De ahí la invitación de Jesús a la vigilancia y a la oración para permanecer de pie ante el Hijo del hombre, cuando venga en todo su honor y majestad. Permaneciendo de pie, como actitud y posición de hombre libre y sin miedo, de quien se siente que está delante de su Padre y no delante de un juez inmisericorde que lo único que busca es tu condena. Dios Padre siempre tratará de estar a favor del ser humano e intentando por todos los medios entrar en comunión con él. Pero, también nosotros hemos de poner de nuestra parte y corresponder a este amor de Dios, intentando crear un mundo más humano y más cristiano, en el que la ley principal sea la del amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Eres consciente de la presencia de Jesús en los acontecimientos diarios de tu vida? ¿Intentas estar atento a dichos acontecimientos para descubrir su presencia entre nosotros?
  • ¿Cómo vives los momentos de dificultad, de prueba? ¿Con angustia, con desazón, intranquilidad, pesadumbre? ¿O por el contrario con esperanza, confianza, ilusión, optimismo?
  • ¿Cómo estás esperando la llegada del Reino de Dios? ¿Intentas transformar las estructuras de injusticia que aparecen a mi alrededor? ¿Intentas vivir acogiendo a los otros, intentándoles llevar una palabra de aliento, una sonrisa, un gesto amable, consuelo? ¿Intentas, por medio de tus acciones, hacer presente el Reino de Dios en nuestro mundo?
  • Para poder llevar a cabo la transformación de nuestro mundo es necesaria la oración para que ella sea el motor que nos impulse. ¿Dedicas momentos concretos para encontrarte con Jesús en su Palabra, en la Eucaristía?

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale por su entrañable misericordia.
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en los acontecimientos diarios de nuestra vida.
  • Pide al Espíritu Santo que derrame sus dones sobre todas la personas comunicándoles el don de la esperanza.

Con esperanza. Lectio Divina I Domingo de Adeviento (Lc 21,25-28.34-36)

El ángel del Señor anunció a María – Lectio Divina del IV domingo de Adviento (Lc 1,26-38)

 Verdad – Lectura06

El texto que con el que hoy rezaremos nos narra el anuncio a María del nacimiento de Jesucristo. Para ponernos en contexto, podemos decir, que en la época de Jesús, en el siglo I, muchas personas pertenecientes al Pueblo de Israel, especialmente los pobres, esperaban anhelantes la venida del Mesías. También María, José, Isabel, Zacarías… esperaban esta venida.

Nuestro relato comienza haciendo referencia a una fecha concreta: “Al sexto mes” (1,26). Se está refiriendo al sexto mes después del anuncio del nacimiento de Juan a Zacarías. Se trata de un día concreto en la vida de María; un día concreto y a la vez cualquiera.

A ella, Dios le envía al ángel Gabriel, a una ciudad determinada de Galilea, llamada Nazaret; María estaba desposada con José un hombre de la casa de David. Como podemos apreciar, Dios se hace presente en la vida de los seres humanos, en su contexto histórico concreto, en un momento determinado de sus vidas. Gabriel entra donde ella estaba, entra en ella. María siente la presencia de Gabriel, se encuentra con él y en su interior escucha el mensaje de gracia que él le trae. Ante aquel misterio, ante aquellas palabras, María se turba y se pregunta qué podría significar aquel saludo (1,29). ¿Qué significa esa atracción que siente hacia lo divino? ¿Aquella cercanía de Dios? ¿Aquel regalo de Dios? El Ángel le responde tranquilizándola: has hallado gracia delante de Dios (1,30). Dios se ha fijado en ella, para llevar a cabo su proyecto de encarnarse en su seno; ella ha sido la elegida para ser la madre del Salvador, del esperado de los siglos, sobre todo por los pobres, los humildes, los pequeños. Dios le revela su proyecto: concebir, dar a luz y ponerle a la criatura el nombre de Jesús. Un Jesús que es el Hijo del Altísimo, que reinará sobre la casa de David y cuyo Reino no tendrá fin (1,32s).

 María no duda, pero si se pregunta: ¿Cómo aquello será posible? ¿Cómo sucederá aquello? Para Dios no hay nada imposible. María tendrá que acoger la obra de Dios en su ser y en su vida. Lo mismo que, aunque de distinta manera, Isabel ha acogido la obra de Dios en la suya.  María responde no sólo afirmativamente, sino abandonándose totalmente en las manos de Dios. Ella será un instrumento en las manos de Dios para el cumplimiento de la promesa hecha a Israel y a toda la humanidad.

Dios nunca abandona al ser humano; al contrario, quiere hacerse uno como nosotros, excepto en el pecado, para regalarnos la salvación.

 Camino – Meditación

 

  • ¿Qué pasaje, frase, versículo o palabra… te toca especialmente el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cómo recibo yo los “mensajes” que Dios me envía cada día? ¿Estoy atento/a a su Palabra? ¿Cómo la acojo en mi corazón y en mi vida?
  • ¿Qué temores me embargan cuando Dios me pide alguna misión? ¿Sé acoger en mi vida los regalos que Dios me hace cada día? ¿O pido explicaciones?
  • ¿Acojo en mi la obra que el Espíritu Santo quiere realizar en mi vida?

Vida – Oración

  • Alaba a Dios Padre por todos los regalos y dones que cada día nos entrega.
  • Da gracias porque ha querido que Jesús y su Palabra estén presentes en tu vida.
  • Ofrece tu vida para que el Espíritu Santo te inunde con sus dones y encarnes a Jesús en tu vida.
  • Pide a Dios fortaleza para poder convertirte en su humilde siervo/a.

Testigo de la Luz – Lectio Divina III Domingo de Adviento (Jn 1,6-8.19-28)

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Hoy III Domingo de Adviento la liturgia nos presenta un texto evangélico en dos partes: el primero, la constatación de que Juan, el Bautista no era la luz (6-8); el segundo, la misión de Juan (19-28).

Pero, antes de adentrarnos en el comentario de este evangelio, pongámoslo en contexto. El Evangelio de Juan fue escrito al final del siglo primero. En aquel tiempo, muchos judíos y también los cristianos habían tenido contacto con Juan el Bautista o, probablemente, habían sido bautizados por él. A simple vista el movimiento de Juan y el de Jesús eran bastantes similares. Ambos anunciaban la llegada inminente del Reino y ambos exigían la conversión de los pecadores. Por eso era importante aclarar las cosas.

En 6-8, el autor del cuarto evangelio quiere dejarnos claro que el Bautista no es la luz. Él únicamente es testigo de la luz. La luz verdadera es Jesús. Juan es el último de los profetas del Antiguo Testamento que abre paso al Nuevo Testamento, a la Buena Noticia.

El testimonio que Juan estaba dando era tan fuerte que algunos pensaban que él era el Cristo. Sin embargo, Juan es un enviado de Dios, que surge en un momento determinado de la historia con la misión de dar testimonio de la Luz. Él debe orientar a todos los hombres hacia la Luz.

Algo que el Bautista tiene claro, parece ser que no lo tenían claro sus contemporáneos. Los representantes de la institución judías se acercan a Juan para preguntarle: “¿Quién eres tú? (1,19). Parece que éste contaba con una gran fama, por lo que la pregunta es obvia. Su respuesta es clara: “soy la voz” (1,23). Una voz que únicamente prepara la venida de Jesucristo. Por lo que, abiertamente declara que no es el Mesías. Juan es quien prepara el tiempo nuevo de Jesús. Juan quiere dejar claro que él no es ni Elías, ni el Profeta. Los judío pensaban que para la inauguración de los tiempos mesiánicos, Elías debería regresar para restaurar la convivencia humana; el profeta estaba equiparado al Mesías. Estos títulos son rechazados por Juan.

El bautismo de Juan era precisamente signo de esa preparación. Él bautiza con agua, pero detrás viene quien bautiza con Espíritu Santo. Aquel proclama que con Jesús llegan los tiempos nuevos. Quien viene detrás, ya está aquí, entre nosotros, y en realidad se ha colocado delante.

Dicho bautismo representa el paso a través del agua, del mismo modo que en tiempos antiguos el pueblo pasó a través del Mar Rojo y del Jordán para alcanzar la tierra prometida. Este bautismo pretende inaugurar un tiempo nuevo. El tiempo nuevo de Jesús. Por eso, el bautismo de Juan no es definitivo. No basta con bautizarse con agua, el verdadero bautismo es el de Jesús, Salvador de la humanidad.

Él ya está presente y Juan no puede usurparle el puesto: “no soy quien para desatarle la correa de las sandalias” (1,27). Esta imagen hace alusión a una costumbre matrimonial judía, la ley del levirato (Dt 25,5-10).

Todo esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, es decir fuera del territorio de Israel. Lugar de encuentro de la nueva comunidad de Jesús, que rompe con todo lo que significan las instituciones judías.

Camino – Meditación

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • Nosotros, de alguna manera, somos Juan, el Bautista, ¿qué significa para mí ser testigo de la luz?

  • Antes de testimoniar a Aquel que es la Luz, debo acogerla en mí ¿qué estoy dispuesto a hacer durante este adviento para ello?

  • ¿De qué manera preparo yo la venida de Jesús? ¿Cómo me preparo durante este tiempo litúrgico para ser testigo de la Luz?

  • ¿Qué testimonio debo dar a los que me rodean para acercarles a la Luz verdadera que es Jesús?

Vida – Oración

  • Alabo a Dios por las gracias que continuamente derrama sobre mí y regalarme el don de la fe.

  • Le doy gracias por hacer posible mi encuentro Aquel que es la Luz verdadera y puede iluminar toda mi vida.

  • Le ofrezco mi vida para que me convierta en un testigo de Jesucristo, Luz del mundo.

  • Le pido que me ayude a ser testigo de la Luz entre todos aquellos que me rodean.

Preparad el camino del Señor

Lectio Divina II domingo de adviento (Mc 1,1-8)

Verdad – Lectura john_baptist

En el segundo domingo de Adviento la liturgia nos invita a orar con el comienzo del evangelio de Marcos.
Este evangelio escrito en torno al año 70, apenas cuarenta años después de la resurrección, se caracteriza por la sencillez, la claridad, lo escueto de su mensaje, transmitiendo lo esencial.
El primer versículo de este texto: “Comienzo del evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios”. Podríamos decir que es como el título de la obra, un resumen de todo lo que se nos va a contar a partir de ahora.
El comienzo no es otro que Jesús de Nazaret, el anuncio de la Buena noticia hecha por Jesús. Desde este inicio se proclama a Jesús como Hijo de Dios. Y en este evangelio se nos irá revelando progresivamente a Jesús como Mesías.
Evangelio, en sus orígenes, significaba el premio que se le concedía a aquel que portaba una buena noticia, después de comprobar que ésta era verdadera. Con el tiempo pasó a denominar a los acontecimientos que anunciaba. Evangelio, era por tanto buena noticia. Y para los cristianos y para Marcos, la buena noticia, en realidad es una persona: Jesús de Nazaret. Al que el autor del primer evangelio llama: el Cristo y el Hijo de Dios. Cristo que significa el Ungido por Dios, el Mesías, el Enviado por Dios, el Salvador. Pero, dicho mesianismo no es el que entendían sus contemporáneos, el mesianismo de Jesús es un mesianismo sufriente, que culminará en la pasión, muerte y resurrección de Jesús. El evangelio de Marcos es un camino progresivo precisamente hacia esa meta.
Desde el comienzo del evangelio se percibe la importancia que el autor da en la relación de Jesús con las antiguas tradiciones judías. Es precisamente a Jesús a quien el Padre dice: “Envío delante de ti a mi mensajero, para que te prepare el camino”. La primera frase procede del libro del Éxodo (Éx 23,20) en la que el ti se refería al Pueblo de Israel, ahora se refiere a Jesús de Nazaret, el cual da comienzo a un nuevo Éxodo. La segunda frase proviene del Profeta Malaquías (Mal 3,1) en el que se cita al mensajero que precede a Dios que viene a juzgar al pueblo, ahora en el evangelio de Marcos, ese mensajero es Juan, el Bautista.
Sin embargo, los verdaderos protagonistas son Dios y Jesús, Juan simplemente es “la voz que clama en el desierto”. Juan es el último de los profetas, y como tal se presenta, por su forma de vestir (Zac 13,14), pero además como el profeta esperado, Elías, el cual según el libro de los Reyes era un hombre cubierto de pelo con una correa de cuero que le ceñía la cintura (2Re 1,8). Por otro lado, el modo en que Juan se alimenta representa al hombre austero, absorbido únicamente por la misión de prepararle el camino a Jesús, a quien Juan no es digno siquiera de desatarle la correa de sus sandalias. Las misiones de cada uno, también son diversas: Juan bautiza con agua, Jesús bautizará con Espíritu Santo. Lo cual indica que la vinculación de Jesús con Dios es más estrecha que la de Juan, el posee su Espíritu (2Re 2). el bautismo es la actividad que enlaza el ministerio de Juan de Jesús. Es un signo de cambio, de comienzo de algo nuevo y de inclusión en la comunidad. Para nosotros se ha convertido en signo de pertenencia a la comunidad de Jesús. Jesús, al fin y al cabo, será quien renovará todas las cosas.

Camino – Meditación

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
    ¿Qué significado tiene para ti y cómo resuena en ti el versículo: Comienzo del Evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios?
  • ¿Quién es para tí Jesús? ¿Cómo vives a Jesús en tu vida diaria?
  • El Pueblo de Israel vivía la venida del Mesías con esperanza, Jesús cada día viene a tu vida ¿cómo vives tú esa venida del Mesías?
  • El Mesías esperado por Israel era un rey poderoso, guerrero, que le libraría de la dominación extranjera, Jesús por el contrario es un Mesías humilde, débil, manso que trae otro tipo de salvación: librarnos del pecado y de la muerte. ¿Quién es para ti el Mesías? ¿Qué Mesías estás tú esperando?

 

Vida – Oración

Dios Padre, que eres amor,
¡pon tus manos sobre cada uno de nosotros
para que seamos capaces de allanar los caminos
y prepararnos para recibirte en la persona de Jesucristo!
Son los caminos que necesitamos abrir a la esperanza,
en este mundo nuestro tantas veces marcado por las noticias negativas
o los hchos tristes que conocemos por los medios de comunicación.
Señor, ¡ven a encontrarnos! ¡Perdona nuestras faltas!
¡Gracias por la fe que hemos recibido! ¡Auméntala!
Te pedimos hoy que tengas presentes
a todas aquellas personas desorientadas
porque no ven en la vida ninguna ruta que lleve hacia ti
o que ayude a poner amor allí donde haya odio
y paz allí donde haya conflicto y enfrentamiento.
Queremos escucharte en todas nuestra actividades,
en todos los momentos de cada día.
¡Hazte presente, Padre del cielo, cuando tenemos la posibilidad
de ayudar a alguien, de hacer presente tu mensaje de amor
y de consolar a quienes están decepcionados
o no tienen esperanza!
Señor, ¡muéstranos los caminos de esperanza que sólo tú conoces!
¡Márcanos el itinerario de la caridad, con una fe sólida!
¡Gracias por haber abierto nuestros corazones
en este tiempo de adviento
y por habernos dado la alegría para recibir a tu Hijo Jesús!
¡Gracias por la compañía de los que nos ayudan a estar alegres!
AMEN

(Oración tomada de: Ignasi Miranda, Oraciones de tú a tú)

Lectio Divina I Domingo de Adviento (Mc 13,33-37)

VERDAD – LECTURA PRIMERA SEMANA ADVIENTO

Este primer domingo de Adviento, la liturgia nos ofrece orar con un pasaje en el que el tema principal es la vigilancia.

Algo que los cristianos debemos tener presente es que, un día u otro, en cualquier momento o a cualquier hora el Señor vendrá (13,35); el momento concreto sólo lo conoce el Padre. Lo más importante es estar atento (13,33); no dejarnos engañar (13,5), no tener miedo (13,7).

En el relato parabólico que hoy presentamos, el dueño de la casa se marcha y distribuye todos sus bienes y labores a sus criados, resuena un único imperativo: velad (13,33); estad en vela (13,35.37); que cuando llegue no nos encuentre dormidos (13,36). Lo cual, se hace extensivo a todos nosotros y a los cristianos de todos los tiempos: “¡Estad en vela!” (13,37). Jesús está viniendo continuamente.

Pero, ¿qué significa permanecer vigilantes? ¿qué significa estar en vela? Vigilar y estar en vela es dar testimonio de Jesús para que el evangelio llegue a todos los confines de la tierra; vigilar y estar en vela es hacer posible el mensaje de las bienaventuranzas en nuestro mundo, es llevar la alegría de la Palabra a toda raza, pueblo o nación. Nuestro objetivo está bien claro: “predicar el evangelio a toda criatura” (16,15); hacer posible el Reino en la Tierra. Mientras llega en plenitud sólo nos queda estar vigilantes e invocar diciendo: ¡Ven, Señor, Jesús!

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Cómo resuena en tí la invitación a la vigilancia?

  • ¿En qué ocasiones, crees tú que te encuentras dormido?

  • ¿Cómo vives a la espera del Señor que viene?

  • ¿Qué acciones concretas llevas a cabo para hacer posible el Reino a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

  • Alabamos a Dios Padre por habernos dado a Jesús y su Palabra.

  • Invocamos al Espíritu para derrame sobre nosotros su gracia y su fuerza para que podamos permanecer en vigilancia.

  • Damos gracias a Jesucristo por estar viniendo continuamente a nuestras vidas.

Lectio Divina del IV Domingo de Adviento

VERDAD – LECTURAsan jose y angel

Mateo y Lucas nos relatan de manera breve la infancia de Jesús. Un texto que añaden al resto de su evangelio tomado fundamentalmente de Marcos. Mantienen algunas diferencias: en el relato de Lucas la protagonista es María, en el de Mateo es José quien desempeña el papel principal. Lucas parece dar a entender que la familia de Jesús proviene de Nazareth. Mateo presupone que la familia de Jesús venía de Belén, ciudad de David.

Lo decisivo: las motivaciones teológicas. Mateo pretende mostrar en profundidad la identidad de aquel que él y su comunidad reconocían como Mesías y Señor de sus vidas: Jesús, como hijo de José -padre legal de Jesús- pertenece a la estirpe de David; nace en Belén, la ciudad de David; Mateo relaciona los acontecimientos de los primeros años de la vida de Jesús con profecías del Antiguo Testamento, cuyos libros tenían una autoridad decisiva para los judíos. 

“En la Comunidad de Mateo hay algunos miembros que proceden del judaísmo. Son aquellos que han descubierto en Jesús al Mesías enviado por Dios. La actitud de este grupo está representada en la figura de José, que escucha obedientemente las indicaciones de Dios, acoge a Jesús y lo custodia de todos los peligros. Sin embargo, la mayor parte de la comunidad está compuesta por cristianos que antes no eran judíos. Este grupo está representado por los magos de oriente que buscan incansablemente a Jesús. En su camino hacia él han tenido que pasar a través de los judíos, depositarios de las Escrituras, pero al final su perseverancia y su fe los ha conducido hasta Jesús, a quien adoran de todo corazón.” (cfr. Salvador Guijarro: “La infancia de Jesús según Mateo” Reseña Bíblica 2 (1994) 14-21) 

En los relatos de la infancia de personajes importantes, tanto en la literatura helenística como en la judía se encuentran con frecuencia intervenciones divinas extraordinarias: presencia de ángeles, sueños, anuncio del nombre… Así la infancia de Moisés (Exodo 1-2). Los sueños son revelaciones, visiones que el ser humanos acoge pasivamente. Escucha y pone en práctica.

Mateo muestra que Jesús además de estirpe de David es Dios-con-nosotros por obra del Espíritu Santo. La maternidad de María no es obra de José. Se han celebrado los esponsales, no la boda. Mateo lo confirma con las citas de cumplimiento “todo esto sucedió para…”: Mateo se apoya en la promesa/profecía de Is. 7, 14 y traduce el hebreo ‘Imh’ (significa “muchacha, joven, núbil”) como lo habían ya traducido los judíos de lengua griega: ‘virgen’ (cfr. Luis A. Schökel: La Biblia del PeregrinoNT. Mensajero-Verbo Divino, pg. 43). Es un texto propio de Mateo. La aceptación por parte de José significa reconocimiento legal, Jesús es hijo de José.

El nombre del niño “Jesús” es la helenización del hebreo “Yesua” (Yahvé ayuda). El nombre anuncia un destino: Jesús nace para salvar al ser humano del pecado. Salvación teológica, no política.

La pregunta ¿Quién es Jesús? era muy debatida en el ambiente que rodeaba a la comunidad de Mateo. Los judíos se preguntaban y preguntaban a los cristianos si realmente Jesús era el Mesías esperado. La respuesta de Mateo: contar una historia. En ella son importantes los nombres de persona en Mt 1, y los nombres de lugar en Mt 2. Mateo 1 responde a: ¿Quiénes son los antepasados de Jesús? Conocerlos, es conocer a la persona en profundidad. Y en Mateo 2 aparecerá el lugar de origen de una persona fundamental entonces para conocer a una persona. Mateo insiste: Jesús ha nacido en Belén, patria de David y lugar de residencia de la familia de su padre. Es cierto que su infancia la pasó en Nazaret y por eso era conocido como el Nazareno, pero esto se debió a la persecución de Herodes.

CAMINO – MEDITACIÓN

¿Quién es Jesús? La ‘normalidad’ del Nacimiento de Jesús el Mesías: Los padres de Jesús y hermanos de Jesús ¿No es éste el hijo del carpintero? (Mt 13, 53-33). Atravesar la realidad para contemplar la hondura de este Jesús, Salvador. Adorar el Misterio.

La figura de José. Mateo señala el origen judío de José, su aceptación de la misteriosa comunicación que Dios le hace a través de sueños y del ángel. José es fiel a la ley y acoge a María y a Jesús. Detenerse en las formas cómo Dios nos habla al corazón. Necesidad de escucha y silencio para acoger –como José- la sorprendente voluntad de Dios..

Mateo desea animar la fe de su comunidad (y la nuestra) Jesús es también desde su nacimiento “Dios-con-nosotros. Presente en nuestras vidas. Experiencia pascual.

VIDA – ORACIÓN

Pedir la gracia de ver en Jesús al Dios-con-nosotros (“conocimiento interno del Señor –dirá San Ignacio EE 104-, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga”). Para sentir y expresar la alabanza y el agradecimiento.

El amor del Padre tiene un nombre………………. Jesús, Hijo de David, Salvador

El amor de la Madre tiene un nombre……………. Jesús, Hijo de David, Salvador

El niño que nos nace tiene un nombre……………. Jesús, Hijo de David, Salvador

El objeto de tu fe tiene un nombre ……..……….. Jesús, Hijo de David, Salvador

Saber que somos reconciliados, perdonados es.. … Jesús, Hijo de David, Salvador

Hacer de la vida un servicio gratuito es …………. Jesús, Hijo de David, Salvador

Hacer nacer la ilusión en tu entorno es ………….. Jesús, Hijo de David, Salvador

Sonreír desde el corazón es ……………………… Jesús, Hijo de David, Salvador

Desearte felicidad y gozo ………………………… Jesús, Hijo de David, Salvador

Elaborada por el Equipo de Lectio Divina del Departamento de Pastoral de la Universidad Pontificia Comillas – Madrid