“Señor mío y Dios mío” Lectio Divina del II Domingo de Pascua (Jn 20,19-31)

tomas-1

VERDAD – LECTURA

19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros”. 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21 Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”. 22 Dicho esto, sopló y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan personados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. 25 Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

26 Ocho días después estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: “La paz con vosotros”. 27 Luego dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente”. 28 Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío”. 29 Jesús le dijo: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que crean sin haber visto.”

30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos signos que no están escritos en este libro. 31 Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

 

 

Hemos sentido desconcierto, decepción, temor… Hace poco más de una semana, todas nuestras expectativas cayeron por los suelos. Jesús ha padecido horriblemente y ha muerto. Todo se ha acabado. Lo peor de todo: es posible que también nos busquen a nosotros, a los que estuvimos con él, a los que le acompañamos, a sus discípulos.

Estamos en el atardecer del primer día de la semana, del domingo, del llamado Día del Señor. Debería ser el día más importante para cualquier cristiano. Pero eso será después de ser capaces de experimentar que Jesús está vivo, que Cristo vive, que está en medio de nosotros, que está junto a nosotros. Si tener la experiencia de resurrección, aunque estemos juntos, seguiremos aterrados, casi paralizados por el miedo, porque Jesús ya no está. En esta situación, al igual que hace más de 2000 años, Jesús se presenta delante de nosotros y nos repite: “La paz con vosotros”. Jesús nos dice: que no se turbe vuestro corazón, no tengáis miedo, yo estoy con vosotros y os traigo paz. Sí, Jesús resucitado ha vencido a la muerte y al pecado.resucitado4

También hoy nos muestra las manos y el costado. Ante nuestro temor y estupor, Jesús quiere mostramos la prueba de su pasión y su muerte, pero no para que nos quedemos en ellas. Quiere mostrarnos que está vivo.

Jesús quiere enviarnos a llevar la Buena Nueva del Evangelio a la humanidad. Nos envía a la misión. Pero, ¿cómo? Si el miedo nos paraliza. Sopla sobre nosotros el Espíritu Santo. Acogiendo su Espíritu, éste nos dará valor, fuerza, coraje para poder llevar a cabo esa misión. Concede a la Iglesia el poder de perdonar; perdonar a quien nos hace daño; a quien no se porta bien con nosotros; a quien nos ofende.

Es posible que al igual que Tomás, no te encuentre en la comunidad. Es posible que alguien te cuente su propia experiencia con Jesús Resucitado. Y eso, que nos están contado es inverosímil, es imposible según nuestra razón. No, no es posible, que esté vivo. Hemos visto su pasión, le hemos visto muerto. No, si no lo veo, no lo creo. Necesitamos verlo. Necesitamos hacer la experiencia. Pero esa experiencia hemos de hacerla dentro de la comunidad.

Nuevamente, Jesús se hace presente. No nos reprocha nada, simplemente se nos muestra. Jesús quiere que nosotros experimentemos que está vivo. Y se nos manifiesta en infinidad de acontecimientos de nuestra vida. Sólo hemos de estar unidos a Él, solo tenemos que adherirnos a Él, sólo tenemos que dejarnos encontrar por Él y dejarnos transformar.

No tengo ni idea de cómo será la experiencia de cada uno de Jesús Resucitado, cada uno ha de experimentarlo en sí mismo, en su propia carne, en su propia vida. Pero, lo que sí sé es que ante la experiencia de la Resurrección solo nos queda admirarnos, guardar silencio y adorar. ¿Seremos capaces de reconocer los signos de la Resurrección en nuestra vida?

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Cada domingo, incluso cada día, Jesús se hace presente, se manifiesta en la comunidad, en el hermano, en la escucha de la Palabra y sobre todo en la eucaristía. ¿Eres consciente de ello? ¿Cómo vives estos acontecimientos? ¿Reconoces a Jesús en estos espacios, ámbitos y lugares?
  • Jesús viene a traerte la paz, ¿cómo vives tu día a día, ante las distintas situaciones, circunstancias, acontecimientos…? ¿Vives con angustia, con pesadumbre, con miedo?
  • También sobre ti ha descendido el 290Espíritu Santo para que seas testigo de la misericordia y el amor de Dios entre todos aquellos que entran en contacto contigo. ¿Verdaderamente eres testigo del evangelio? ¿Qué actitudes, conductas, gestos has de cambiar en tu vida?
  • ¿Será Tomás tu mellizo, tu gemelo? ¿Eres incrédulo o creyente? ¿Necesitas pruebas fehacientes? ¿Necesitas ver y tocar para creer? ¿Has tomado el pulso a tu fe?
  • Escucha en lo más profundo de tu persona como Jesús te dice: «¡Dichoso porque crees sin haber visto!». Quédate ahí algunos instantes y dialoga con Jesús.

 

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale el regalo de la resurrección, la de Jesús y la nuestra.
  • Da gracias a Jesús por enviarte a ser testigo del evangelio y por el diálogo que has mantenido con él hace un momento.
  • Pide al Espíritu Santo que te otorgue la fuerza necesaria, el vigor y la valentía para anunciar a Cristo Resucitado.

“Verdaderamente este era Hijo de Dios”

Lectura orante de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (Mt 27,11-54)

 

VERDAD – LECTURA

Pasión de según San Mateo

Jesús compareció ante el gobernador, quien le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices». Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Pilato le dijo: «¿No oyes todo lo que dicen contra ti?». Pero él no le respondió nada, hasta el punto de que el gobernador se quedó muy extrañado. Por la fiesta el gobernador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó a todos los que estaban allí: «¿A quién queréis que os deje en libertad? ¿A Barrabás o a Jesús, a quien llaman el mesías?». Pues sabía que lo habían entregado por envidia. Estando en el tribunal, su mujer mandó a decirle: «No resuelvas nada contra ese justo, porque he sufrido mucho hoy en sueños por causa de él». Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Y al decirles el gobernador: «¿A quién de los dos queréis que os suelte?», ellos respondieron: «A Barrabás». Pilato les dijo: «¿Qué haré entonces con Jesús, a quien llaman el mesías?». Todos dijeron: «¡Que lo crucifiquen!». Él replicó: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más fuerte: «¡Que lo crucifiquen!». Viendo Pilato que nada conseguía, sino que aumentaba el alboroto, mandó que le trajeran agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Vosotros veréis!». Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos». Entonces puso en libertad a Barrabás, y les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado.

Luego los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno de él a toda la tropa. Lo desnudaron, le vistieron una túnica de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y una caña en su mano derecha; y, arrodillándose delante, se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!». Le escupían y le pegaban con la caña en la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron la túnica, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.

Cuando salían, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota (que significa la Calavera) dieron de beber a Jesús vino mezclado con hiel; pero él lo probó y no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suertes. 36 Y se sentaron allí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron la causa de su condena: «Éste es Jesús, el rey de los judíos». Con él crucificaron a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban por allí le insultaban moviendo la cabeza y diciendo: «¡Tú que destruías el templo y lo reedificabas en tres días, sálvate a ti mismo si eres hijo de Dios, y baja de la cruz!». Del mismo modo los sumos sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos se burlaban de él y decían: «Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. ¡Es rey de Israel! ¡Que baje de la cruz y creeremos en él! Confiaba en Dios. Que lo libre ahora, si es que lo ama, puesto que ha dicho: Soy hijo de Dios». Los ladrones crucificados con él también lo insultaban.

Desde el mediodía se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. Hacia las tres de la tarde Jesús gritó con fuerte voz: «Elí, Elí, lemá sabactani?» (que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «¡Éste llama a Elías!». En aquel momento uno de ellos fue corriendo a buscar una esponja, la empapó en vinagre, la puso en una caña y le dio de beber. Los otros decían: «¡Deja! A ver si viene Elías a salvarlo». Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron; se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos que estaban muertos resucitaron y, saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión, por su parte, y los que con él estaban custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, tuvieron mucho miedo y decían: «Verdaderamente éste era hijo de Dios».

 

imagen.asp

Estamos al comienzo de la semana más importante del año: la Semana Santa: la semana en la que recordamos (pasamos por el corazón) la pasión, muerte y resurrección de nuestro Salvador.

Silencio, recogimiento, contemplación. Ante el gran misterio de la pasión y muerte de Jesús, sólo caben estas actitudes. Te invito a que, durante esta Semana Santa, ellas estén presentes en tu oración. Acoge la Palabra en lo más profundo de tu ser, pregúntate qué quiere decirte Dios Padre Misericordioso en este momento concreto de tu vida: ¿Qué quiere de ti? ¿A qué te está llamando? Lee y relee el texto, rúmialo, hazlo vida.

La Pasión según san Mateo es un texto en el que se nos presenta a Jesús, como el Hijo amado de Dios, como el Mesías esperado por los siglos, en el que se cumplen las profecías.

Toda la narración hay que leerla a la luz de las antiguas profecías, que Mateo nos irá presentando, pues para este evangelista, Jesús «lleva a perfecto cumplimiento lo que han dicho la Ley y los Profetas» (Mt 5,17).

Jesús, en la cruz, se siente solo, desamparado, abandonado…

El juicio religioso busca en todo momento condenar a Jesús por las obras que había hecho: curaciones en sábado, blasfemias, incumplimiento de la Ley, según el criterio de los fariseos…

El juicio político es un verdadero contraste entre los que están a favor de Jesús y los que están en contra, que al fin y al cabo son únicamente los miembros del Sanedrín y que han instigado al pueblo para obligar a Pilato a crucificar a Jesús.

La culminación de la obra de Jesús es la crucifixión. Pero no es el final. El Padre lo resucitará al tercer día. Una vida que se entrega por la salvación de todos y que culmina en la Resurrección. En ningún momento nos debe invadir la desesperanza.

Para quien tiene fe y acoge el mensaje final, que es el de la Resurrección, comienza una vida nueva.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Te invito a observar detenidamente cada uno de los personajes que aparecen en el relato de la Pasión. ¿Con cuál de ellos te sientes identificado? ¿Por qué?
  • ¿Quién es para tí el Jesús de la Pasión de Mateo? ¿Qué significado tiene para tu vida?
  • ¿Cómo vives tus momentos de soledad, tus momentos de dificultad, las contrariedades?
  • ¿Cómo das testimonio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Ponte en la presencia del Espíritu Santo y pídele que te ayude a contemplar en silencio este relato.
  • Ora junto a Jesús crucificado el salmo 22.
  • Da gracias a Dios Padre por el gran regalo de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús.

“Yo soy la resurrección y la vida”

Lectio Divina para el domingo V de cuaresma

(Jn 11,3-7.17.20-27.33b-45)

hqdefault

VERDAD – LECTURA

3En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron decir al Señor: “Aquel a quien tú amas está enfermo”.

4Jesús al enterarse, dijo: “Esta enfermedad no es de muerte, sino para que resplandezca la gloria de Dios y la gloria del hijo de Dios”.

5Jesús era muy amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro. 6Y aunque supo que estaba enfermo, se entretuvo aún dos días donde estaba. 7Sólo entonces dijo a sus discípulos: “Vamos a Judea”.

17A su llegada. Jesús se encontró con que hacía cuatro días que Lázaro estaba muerto.

20En cuanto Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras que María se quedó en casa. 21Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero yo sé que Dios te concederá todo lo que le pidas”. 23Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. 24Marta le respondió: “Sé que resucitará cuando la resurrección, el último día”. 25Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. 26El que cree en mí no morirá para siempre. 27¿Crees esto?” Le contesto: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el hijo de Dios que tenía que venir al mundo”.

33Jesús se conmovió por dentro, se estremeció y, profundamente emocionado, 34preguntó: “¿Dónde lo habéis puesto?” Le contestaron: “Ven a verlo, Señor”. 35Jesús se echó a llorar, 36por lo que los judío decían: “Mirad cuánto lo quería”. 37Pero algunos dijeron: “Este, que abrió los ojos al ciego, ¿no pudo impedir que Lázaro muriese?”

38Jesús volvió a estremecerse profundamente al llegar al sepulcro, que era una cueva con una gran piedra puesta en la entrada. 39Jesús dijo: “Quitad la piedra”. Marta, la hermana del difunto, le dijo: “Señor, ya huele, pues lleva cuatro días”. 40Jesús le respondió: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?” 41Entonces quitaron la piedra. Jesús levantó lo ojos al cielo y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado; 42yo sé que tú me escuchas siempre, pero lo dio por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. 43 Y dicho esto: gritó muy fuerte: “¡Lázaro, sal fuera!”. 44Y el muerto salió atado de pies y manos con vendas, y envuelta la cara en un sudario: Jesús les dijo: “Desatadlo y dejadlo andar”.

45Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

103311165-00

1.- Fíjate en los personajes que aparecen en este relato:

  • Lázaro: abreviatura de Eleazar, que significa “Dios ayuda”. Nombre frecuente en la época del NT. Eleazar aparece en el AT como tercer hijo de Aarón, hermano de Moisés (Núm 3,2); al que éste instituyó sacerdote (Lev 8).
  • Marta y María: hermanas de Lázaro, que aparecen también en la tradición sinóptica (Lc 10,38-42).
  • Los judíos: en diversos pasajes del evangelio de Juan aparecen como los adversarios de Jesús. Aunque aquí no parece que tengan una acepción peyorativa. Es más al final del pasaje se nos dice que muchos de ellos creyeron en Jesús.
  • Jesús: el Maestro, el Mesías, la resurrección y la vida.

2.-  Un breve apunte para distinguir resurrección de revivificación. Revivificar significa devolverle a alguien la vida, pero teniendo en cuenta que esa persona vuelve al mimo estadio previo a su muerte y que volverá a morir. Resucitar, por su parte, es volver a la vida para siempre. Jesús es el primer resucitado y todos nosotros resucitaremos con él.

3.- Entrando, un poco en el comentario del relato, con lo primero que nos encontramos es con la frase: “Aquel a quien tú amas está enfermo” (v. 3). Lázaro es una persona con la que Jesús tiene una fuerte amistad, un amigo entrañable. También los amigos de Jesús enferman. En Lázaro podemos personificar a todos los enfermos. La frase, no es una petición en sí, sino más bien una información.

Jesús se da por enterado. Sin embargo, la enfermedad no tiene porqué concluir con la muerte, puesto que la verdadera muerte es el cese de la vida que produce el pecado, aquel que cada día, se dejan transformar para configurarse con Jesús tienen vida y la tienen en abundancia (cf. Jn 10,10).

Marta, María y Lázaro, una comunidad de creyentes.

Dos días más permanece Jesús con sus discípulos allí donde se encontraba. Al tercer día regresó a Judea. Alusión clara a la resurrección de Jesús. Este signo es un preanuncio de la misma.

Al llegar a Betania, aldea cercana a Jerusalén, constata que Lázaro lleva cuatro días muerto. El número cuatro en la cultura judía significaba totalidad; por lo que el evangelista nos está diciendo que estaba bien muerto.lazaro01

Marta al enterarse de que Jesús está allí, sale corriendo a su encuentro. Si Jesús hubiese estado allí, podría haber curado a su hermano. Pero, ha de ser consciente de que la muerte de su hermano no es definitiva. Sí, Marta, ya lo sabe; su hermano resucitará en el último día. Jesús le dice una frase, algo desconcertante: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?” (vv. 25ss.). Jesús no es un milagrero, Jesús no viene a prolongar la vida de manera indefinida, no viene a suprimir las leyes de la naturaleza, viene a darnos plenitud, viene a darnos y regalarnos su propia vida, una vida que es su presencia, su permanencia entre nosotros. La resurrección, la vida eterna, no es algo lejano; aquel que es la vida está presente aquí y ahora, por lo que podemos pregustar la vida eterna. Pero para ello, hemos de adherirnos a él, de la misma manera que una cinta de velcro se adhiere a una prenda de vestir. La muerte no existe es un paso hacia la vida eterna. Marta lo ha entendido por eso hace profesión de fe: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el hijo de Dios que tenía que venir al mundo” (v. 27). Jesús es la presencia del Padre entre nosotros.

Jesús se conmueve ante el dolor de sus amigos, Jesús se conmueve ante el dolor del género humano. Pero, no quiere permanecer ahí, no puede; Jesús ante el dolor pasa a la acción: “¿Dónde le habéis puesto?” “Ven a verlo” (v. 34).

Jesús, a pesar de todo, siente la ausencia del amigo. El dolor, el recuerdo, la nostalgia son inevitables. Pero, en la vida del cristiano, la esperanza ha de estar siempre presente. Jesús va al sepulcro, no a hacer duelo, sino precisamente a manifestar la gloria de Dios, la presencia y el amor que Dios siente por el ser humano.

Quitad la losa y despojaos de la falsa creencia de que la muerte es definitiva. Nuestra percepción de la realidad, sobre todo en momentos de dificultad, dolor, sufrimiento, puede ser errónea. Quedarnos mirando al árbol, puede impedirnos ver el bosque.

Jesús, entonces, ora al Padre. Pero no pide, da gracias. No necesita pedir, el Padre sabe lo que nos hace falta.

“Lázaro, sal fuera”. El creyente, aunque muera, sigue vivo. Sigue vivo a pesar de las vendas y el sudario. Hemos de despojarnos de la cultura de muerte, de todo lo que nos impide vivir la vida en plenitud. Jesús viene a darnos nueva vida.

Ante la magnitud del signo, ante el misterio de la vida plena, sólo nos queda creer y adorar. Sí, la muerte biológica está presente en nuestra existencia, la debilidad humana se constata a cada paso. Pero la muerte no tiene la última palabra. La última palabra la tiene la vida.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Con que personaje te identificas: Marta, María, Lázaro, los judíos…? ¿Por qué?
  • Seguramente, en algún periodo de tu vida has pasado por momentos de dificultad, de desesperación, de muerte… ¿Cuál ha sido tu actitud? ¿Qué ha sostenido tu fe?
  • ¿Qué creencias y actitudes has de eliminar de tu existencia para abrirte a la vida en plenitud?
  • ¿Qué acciones puede realizar para llevar la cultura de la vida a la gente que te rodea?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios, como lo hace Jesús, por todos los beneficios que cada día te regala y sobre todo, por habernos dado vida y vida en abundancia.
  • Pide al Padre que te conceda las fuerzas necesarias para hacer frente a los momentos de dificultad, de dolor, de desesperación, de muerte.
  • Comprométete a ser anunciador y portados de esperanza y de vida entre las personas de tu entorno.

“Muchacho, levántate” Lectio Divina Domingo X del Tiempo Ordinario (Lc 7,11-17)

o-filho-da-viúva-de-naim

 

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, Jesús, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, se dirigió a un pueblo llamado Naín. Cerca de la entrada de la ciudad, se encontró con una comitiva que llevaba a enterrar al hijo único de una mujer viuda. El Señor al verla se sintió profundamente conmovido y le dijo: “No llores”. A continuación, se acercó, tocó el féretro; los que lo llevaban se detuvieron y Jesús exclamó: “Muchacho, yo te lo ordeno, levántate”. El muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre. Todos los presentes se llenaron de temor y alababan a Dios diciendo: “Un gran profeta ha salido de entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”. La noticia de lo que acababa de hace Jesús, se difundió por toda Judea y las regiones de alrededor.

 

El evangelio con el que nos invita a orar la liturgia de este domingo, quiere revelarnos la llegada del Reino de Dios. Un Reino que es acogida, que da la vida, que es manifestación de la bondad, la ternura y la misericordia de Dios.

Jesús acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, se encuentra con una comitiva a las puertas del pueblo de Naín. La persona de Jesús es siempre lugar de encuentro, lugar de encuentro que salva, que acoge, que dignifica, que da vida.

Jesús al ver aquella comitiva, se siente profundamente conmovido. Compasión, sentir en mi corazón la pasión, los padecimientos, las dificultades del otro. Jesús es maestro de la compasión. El Dios de Jesús es un Dios compasivo y misericordioso. Un Dios capaz de sentir y compartir las miserias del ser humano. Pero la compasión no es sólo un sentimiento o una actitud. Compasión es acción, es salir de uno mismo y ponerse en el lugar del otro, es salir de uno mismo y tender una mano amiga, mirar con ternura, escuchar con amor… Compasión es ayudar al otro a salir de su situación adversa, salir de su situación de dolor, salir del pozo profundo en el que se encuentra. Es acercar Jesús a los demás para que les infunda la vida y una vida nueva. No basta con sentir, he de acercar a Jesús a mis hermanos para que él pueda resucitarlos, para que pueda regalarles una nueva vida, para que pueda decirles: “Levántate”.

Jesús no deja nunca de sorprendernos. Jesús no deja nunca de suscitar en nosotros admiración. Jesús no deja nunca de sobrecogernos. Y ante ese estupor, esa sorpresa, esa admiración, sólo nos queda la alabanza, el dar gracias y la adoración. Porque hay signos que nunca podremos entender con nuestra mente, pero que en lo más profundo de nuestro corazón sabemos guardar y meditar, lo mismo que hacia María. Admírate, da gracias, alaba y adora a Dios, nuestro Señor, por los milagros que cada día hace en tu vida y en la vida de todos aquellos que te rodean.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  •  ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Jesús es lugar de encuentro, ¿Y tú, propicias que los que están a tu alrededor puedan encontrarse con Él?
  • Jesús siente compasión, muestra misericordia ante el acontecimiento de la muerte del hijo de la viuda de Naín. ¿Te comportas con los demás con misericordia? ¿Eres compasivo?
  • ¿Intentas comprender y acoger las dificultades, los problemas, el dolor de los que te rodean?
  • ¿Te quedas únicamente en el sentimiento o tratas de pasar a la acción?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Párate por unos instantes. Guarda silencio. Contempla la escena. Identifícate con ella y métete en la piel de los personajes.
  • Alaba, da gracias, adora y pide a Dios que te ayude a ser compasivo y misericordioso con los demás, y a tender tu mano para sacarlos de su situación de pobreza, dificultad y opresión.
Minientrada

Jesús los acogió a todos y se puso a hablarles del Reino de Dios y a curar a los que lo necesitaban. Al caer el día se le acercaron los Doce y le dijeron:

– «Despídelos para que vayan a las aldeas y caseríos del contorno a buscar alojamiento y comida, pues aquí estamos en descampado».

Pero Jesús les dijo:

– «Dadles vosotros de comer».

Ellos le dijeron:

– «No tenemos más que cinco panes y dos peces. A no ser que vayamos a comprar alimentos para toda esta gente».

Pues eran unos cinco mil hombres.

Jesús dijo a sus discípulos:

– «Decidles que se sienten en grupos de cincuenta».

Así lo hicieron, y dijeron que se sentaran todos.

Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, los bendijo y los partió en trozos. Y se los dio a los discípulos para que se los distribuyeran a la gente. Y todos comieron hasta hartarse. Y se recogieron doce canastos llenos de las sobras.

 

VERDAD – LECTURA       

            El texto que hoy nos ofrece la liturgia se encuentra enmarcado dentro del contexto en el que Jesús comienza a extender su predicación por distintas aldeas de Galilea y es un preludio de la eucaristía.

Acaba de enviar a sus discípulos a predicar. Al regresar de su misión, Jesús les invita a acompañarlo a un lugar solitario para estar con él y compartir las vivencias que les han acaecido durante la predicación de la Buena Noticia. Allí les comienza a hablar del Reino de Dios; y, al acercarse la multitud, curó a muchos enfermos.

Cuando el día ya declina, al atardecer, los doce, preocupados por la gente, se acercan a Jesús y le dicen que despida a la gente para que puedan ir a buscar alojamiento y comida, pues se encontraban en descampado.

La respuesta de Jesús les desconcierta: “Dadles vosotros de comer”. ¿Cómo van a hacer esto, si sólo tienen cinco panes y dos peces? ¿Cómo van a recaudar el dinero suficiente para dar de comer a tanta gente? Y en el caso que lo consiguieran, ¿dónde van a comprar tanto alimento? ¿No se ha dado cuenta Jesús de que son más de cinco mil personas?

Jesús pide a los discípulos, que digan a la gente que se recuesten en grupos de cincuenta. Jesús va a solucionar el problema. Jesús será quien les de alimento, al igual que en otro tiempo hizo Moisés con el pueblo de Israel en el desierto (Num 1 – 4), al igual que hizo el profeta Eliseo (2Re 4,42-44). Jesús es el nuevo Moisés, el nuevo libertador de su Pueblo; Jesús es el nuevo profeta; aquel que ha venido a dar el verdadero sentido a la Ley y a los Profetas.

Jesús toma los cinco panes y los peces, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los dio a sus discípulos para que los distribuyeran. Es el preludio de la eucaristía. El mismo gesto que compartían las comunidades lucanas en la celebración eucarística, el mismo gesto que repite el sacerdote en cada eucaristía celebrada y vivida en todas y cada una de nuestras comunidades de fe. Eucaristía, acción de gracias, eucaristía, celebración, eucaristía fiesta; pero eucaristía, también compromiso, acogida y compartir; eucaristía preocupación por las necesidades del otro, eucaristía interés por los problemas del prójimo, eucaristía compartida de la vida de cada uno de los cristianos y de las necesidades del mundo.

Jesús no es un milagrero, Jesús no es un tapagujeros, Jesús no es un mago que por arte de magia hace desaparecer las dificultades, los problemas, los miedos. Jesús necesita de aquellos que han querido compartir su vida y su misión para llevar la felicidad a la humanidad. Jesús necesita de todos nosotros para llevar la Buena Nueva a todos, Jesús necesita que seamos sus manos, sus ojos, sus pies y su corazón para poder seguir acariciando, mirando con ternura, acompañando en el camino, amando sin distinción y gratuitamente. Únicamente de este modo, todos quedaremos saciados y tendremos de sobra: compartiendo nuestros bienes, nuestra persona y nuestra vida. De este modo recogeremos los cestos llenos de los trozos sobrantes.

No negamos el milagro. Para Dios no hay nada imposible. Jesús es quien multiplica nuestras acciones. Jesús es quien toma nuestros viene, quien bendice y da gracias al Padre quien parte, pero nosotros somos quienes debemos de distribuir eso bienes que Dios nos regala cada día, nosotros somos quienes debemos distribuir nuestra pequeñez y la de nuestros hermanos, nosotros somos quienes tenemos que acercar la eucaristía a todos aquellos que están alejados. ¡Claro que hay milagro! Con sólo cinco panes y dos peces, se sació toda una multitud.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Al igual que los apóstoles, ¿estás atento/a a las necesidades de aquellos hermanos que pasan a tu lado, que están a tu alrededor, de aquellos con los que compartes tu vida?
  • ¿Acercas a todo aquel que pueda estar necesitado a Jesús? ¿pides a Jesús ayuda para poder compartir los problemas, las dificultades, las necesidades de los demás? ¿Estás atento/a a la Palabra de Jesús para poder hacer frente a los momentos difíciles en los que se haya la humanidad?
  • ¿Qué entregas a Jesús para que pueda tomarlo, bendecirlo y partirlo? ¿Estás dispuesto/a a compartir y distribuir entre la gente los dones que el Padre en su infinita bondad te regalado?
  • ¿Cómo vives el misterio de la eucaristía? ¿Cómo la celebras? Además de encuentro con Jesús resucitado, ¿es para ti encuentro con los hermanos?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por el gran regalo de la Eucaristía.
  • Gracias, Jesús, por haber querido quedarte entre nosotros en un trozo de pan y un poco de vino, en el sagrario.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a vivir la eucaristía no sólo como celebración y encuentro individual con Jesús, sino como celebración de la comunidad y encuentro entre los hermanos. Y que cuando acabemos de celebrar la eucaristía, glorifiquemos a Dios con nuestra vida, y acerquemos la Buena Noticia a todos cuantos nos rodean.

“Dales vosotros de comer” Lectio Divina de la Solemnidad del Santímo Cuerpo y Sangre de Cristo (Lc 9,11b-17)

Minientrada

trinidadrublevgrande

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Muchas cosas tengo que deciros todavía, pero ahora no estáis capacitados para entenderlas. Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará para que podáis entender la verdad completa. Pues no os hablará por su cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído y os anunciará las cosas que han de suceder. Él me honrará a mí, porque todo lo que os dé a conocer lo recibirá de mí. Todo lo que el Padre tiene es también mío; por eso os he dicho que recibe de lo mío y os lo anunciará.

Hemos retomado con nuevas fuerzas el tiempo ordinario, y la primera solemnidad que nos ofrece la liturgia para celebrar es la de la Santísima Trinidad. No vamos a esbozar aquí una teología acerca del la misma, vamos acercarnos al evangelio de hoy e intentar aplicarlo a nuestra vida.

Ante que nada, es importante poner el texto que nos ocupa dentro de su contexto en el llamado discurso de despedida de Jesús. En el cual, Jesús promete la venida del Espíritu Santo, el cual será quien nos haga comprender la verdadera profundidad del evangelio y de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Éste envía a sus discípulos a la misión de proclamar y encarnar la Buena Noticia en el mundo; tarea difícil, pero en la que encontramos con la inestimable ayuda de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Dicha misión debe estar fundamentada en el amor.

Jesús ya ha comunicado a los discípulos la grandeza del evangelio, la cual no podrá ser entendida, ni vivida en profundidad, sin la asistencia del Espíritu Santo. Además, la pasión, muerte y resurrección de Jesús es incomprensible para aquellos, llegarán a entenderla en su plenitud con la llegada del Espíritu Santo. El Espíritu no revelará nada nuevo. Aquello que éste comunicará y hará comprender y vivir, es la misma palabra de Jesús. Él dirá únicamente lo que ha escuchado. Y dará las claves necesarias para entender en su verdadera dimensión el mensaje de Jesús y el por qué de su pasión, muerte y resurrección. Por eso es muy importante que los discípulos estén atentos, no sólo a los “signos de los tiempos”, sino también a la voz del Espíritu. Ya que éste es el verdadero interprete de la historia.

El Padre, el Hijo y el Espíritu lo poseen todo en común. El Padre, el Hijo y el Espíritu son uno. Y entre ellos se da una profunda intercomunicación que redunda en la vida de los discípulos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • ¿Cómo es tu vivencia del Espíritu Santo? ¿Eres consciente de su presencia en tu vida?

  • ¿Te dejas guiar en tu vida cotidiana por el Espíritu Santo?

  • El Dios cristiano no es un dios abstracto o que lejano de la vida de los seres humanos, el Padre se nos hace presente en el día a día en la persona de Jesús, ¿intentas reconocerlo? ¿intentas acogerlo? ¿intentas vivienciarlo?

  • ¿Estás antento/a a la voz del Dios, a aquello que el Padre, el Hijo y el Espíritu quieren comunicarte? ¿Te tomas tiempo para escuchar la Palabra? Y después de escuchar la Palabra, ¿intentas ponerla por obra?

  • ¿Eres consciente, a pesar del misterio, de que el Padre, el Hijo y el Espíritu son uno?

  • La comunidad de creyentes, al igual que la Trinidad, también, deben ser uno. ¿Cómo vives esta dimensión en tu grupo, equipo, comunidad?

VIDA – ORACIÓN

Dios escondido en el misterio,

como luz que apaga estrellas;

Dios que te ocultas a los sabios,

y a los pequeños te revelas.

No es soledad, es compañía,

es un hogar tu vida eterna,

es el amor que se desborda

de un mar inmenso de riberas.

Padre de todos, siempre joven,

al Hijo amado eterno engendras,

y al Santo Espíritu procede

como el Amor que a los dos sella.

Al Padre, al Hijo y al Espíritu,

acorde melodía eterna,

honor y gloria por los siglos,

canten los cielos y la tierra.

(Del himno de Laudes, solemnidad de la Santísima Trinidad).

Lectio Divina Domingo de la Santísima Trinidad (Jn 16,12-15)

“Ama y guarda mi palabra” Lectio Divina Domingo VI del Tiempo de Pascua (Jn 14,23-29)

via lucis 11

VERDAD – LECTURA

Jesús le contestó: “El que me ama guardará mi palabra, mi Padre lo amará y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él. El que no me ama no guarda mi palabra; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No estéis angustiados ni tengáis miedo. Ya sabéis lo que os he dicho: Me voy, pero volveré a estar con vosotros. Si me amáis, os alegraréis de que me vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Jesús habita entre nosotros, Jesús vive en nuestra vida, está presente en nuestro día a día. El Dios cristiano, no es un Dios lejano, apartado de la vida de los seres humanos. Está presente por amor y en el amor que nos profesamos los unos a los otros.

Dios siempre da el primer paso. Dios nos amó primero y nos ama incondicionalmente. Nosotros tenemos que vivir y mostrar el amor de Dios hacia nosotros, en nuestro amor a los hermanos. Amar al estilo de Jesús es acoger y poner en práctica su Palabra. Amar al estilo de Jesús es acoger al hermano y compartir con él todas sus vicisitudes: alegrías y sufrimientos, fracasos y logros, muerte y vida. Es estar dispuesto a acompañarlo en todos los acontecimientos diarios, ponerse a su servicio, entregarse a él incondicionalmente.

Nos consiste únicamente en seguir una serie de normas y doctrinas, es necesario que en nuestra vida esté presente el amor. Desde el amor se es fiel a la palabra. Quien no ama a Jesús en el hermano, puede cumplir a la perfección una serie de normas y preceptos, pero no está guardando la palabra de Jesús, no le ama verdaderamente. Y la palabra de Jesús, no es suya, es la palabra del Padre, aquel que continuamente, está amando y donándose al hombre.

El Espíritu Santo, nos da consuelo, fortaleza, ánimo, comprensión, nos impulsa a amar. Nos hace recordar la palabra de Jesús y llevarla a la práctica, nos modela según el modelo Jesús de Nazaret, nosotros únicamente debemos acoger y dejarnos hacer, para poder estar al servicio del hermano. Él nos ayudará a vivir en paz y a entregar paz. Una paz que nos es tranquilidad, ausencia de problema, falta de dificultades, enfermedades o tropiezos, es armonía, sosiego, esperanza, calma, confianza. Es serenidad de corazón y valentía.

Jesús vuelve al Padre, a su lugar original, al lugar en el que estaba desde antes de la creación del mundo, el lugar de su plenitud y de su gloria. Por eso tenemos que alegrarnos, porque a pesar de que ya no le veamos de manera física, el continúa y continuará estando entre nosotros. El no verlo puede producir en nosotros, tristeza, pero su presencia está entre nosotros. Él sigue vivo, el está presente en nuestra vida y nos acompaña; sale cada día nuestro encuentro, no estamos solos. Hemos de sentir su presencia, de una manera distinta a si estuviera presente físicamente, pero no por ello menos vital. Es importante, tener esto presente, sobre todo en los momentos de dificultad, de problemas, de tropiezos, para que nuestra fe no decaiga. Que no se turbe nuestro corazón. Jesús no se ha ido para siempre. Para siempre, esta presente entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Dios está siempre presente en nuestras vida. ¿Sientes su presencia? ¿De qué manera? ¿C´mo experimentas la presencia de Jesús en tu día a día?

  • Para guardar la palabra de Jesús, primeramente, es necesario escucharla y después ponerla por obra amando a los hermanos. ¿Existen espacios en tu vida cotidiana para escuchar la Palabra de Dios? ¿De qué manera, con qué acciones concretas tratas de llevar a la práctica la Palabra de Jesús?

  • Guardar y cumplir la palabra de Jesús es amar al hermano. ¿Cómo resuena esto en tu corazón? ¿Cómo muestras tu amor hacia los demás? Trata de ser lo más concreto posible.

  • ¿Intentas vivir la paz que Jesús te regala cada día? ¿De qué manera? ¿Qué significado tiene en tu vida la palabra paz en el sentido que hemos expuesto en nuestra lectura?

  • El Espíritu Santo nos lo enseña todo y nos recuerda todo. ¿Cómo es la presencia del Espíritu en tu vida? ¿Lo invocas con frecuencia? ¿Lo tienes presente?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 36,23s-24.34.

El Señor asegura los pasos del hombre

cuyo camino es de su agrado;

aunque tropiece, no caerá por tierra,

pues el Señor le lleva de la mano.

Confía en el Señor y sigue su camino;

el te ensalzará y te hará heredar la tierra.

“Amaos unos a otros como yo os he amado” Lectio Divina Domingo V del Tiempo de Pascua (Jn 13,31-35)

27

VERDAD – LECTURA

Tan pronto como Judas salió, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el hijo del hombre y Dios en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios lo glorificará a él y lo glorificará enseguida. Hijos mío, voy a estar ya muy poco con vosotros. Me buscaréis, pero os digo lo mismo que dije a los judíos: Adonde yo voy no podéis ir vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. Que os améis como yo os he amado, así también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros”.

Hoy os encontramos con las palabras de despedida dirigidas por Jesús a sus discípulos, antes de su pasión, muerte y resurrección. Nos situamos, después de la salida de Judás, de noche. El sentido de la noche en el evangelio de Juan tiene dos significados, por un lado es el momento de cumbre de la relación esponsal; por otro es el momento de mayor oscuridad, donde nos invade el miedo, el peligro, la confusión…; es además, el momento más adecuado para tramar cualquier tipo de acción no lícita, sin ser visto o descubierto. Este momento, también, es en el que Jesús sufrirá su pasión y su muerte, será el momento en el que Jesús se separa de nosotros, o más bien, nosotros nos separamos de Jesús, el momento en el que no contamos con su presencia y con su luz; pues aunque todo sea oscuro, si estamos unidos a Jesús las tinieblas no significan nada, no tienen ningún poder, a pesar de la oscuridad nosotros podemos ver perfectamente.

El discurso que estamos considerando comienza con las palabras: “Ahora ha sido glorificado el hijo del hombre y Dios en él.” Ese ahora no se refiere al instante preciso en el que Jesús está hablando. Ese momento es el de su muerte en la cruz. En ese instante Jesús será glorificado, porque en ese momento se manifiesta la gran bondad, el amor y la misericordia de Dios. En ese momento se manifestará la gloria del Padre y, por tanto, la gloria de Jesús. Una gloria que consiste en amar al ser humano, hasta entregar por él la vida, para salvarlo del pecado y de la muerte.

“Adonde yo voy no podéis ir vosotros”. La cruz no podemos asumirla nosotros, al menos no sin Jesús. Es Jesús quien asume todas nuestras miserias, nuestros problemas, nuestras dificultades… Para transformarla en salvación. Lo cual no implica que nosotros no hagamos nada. La clave nos la da Jesús en los siguientes versículos: “Amaos como yo os he amado”.

Jesús comienza a dirigirse a sus discípulos con ternura, con cariño, les dice “Hijos míos”. Y en principio, le pone delante la cruda realidad que vivirá con su pasión y muerte: “Voy a estar ya muy poco con vosotros. Me buscaréis pero adonde yo voy no podéis venir vosotros.”

Y les deja como testamento, nos deja como legado el mandamiento nuevo, el que tiene que ser nuestro nuevo estilo de vida. Puesto que yo os he amado, también vosotros tenéis que amaros. Es el único mandamiento que Jesús nos ha dejado amarnos unos a otros, sin distinción, sin hacer acepción de personas, sin juzgar, sin condiciones. Saber ponernos en la piel de nuestros hermanos no sólo para comprenderlo, sino para acogerlo, acompañarlo y amarlo. En eso conocerán que somos discípulos de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • ¿Qué significa para ti que Jesús es la luz de tu vida?

  • Nosotros no podemos asumir la cruz de Jesús, pero sí podemos amar a los otros como él nos amó. ¿Qué significa esto para ti?

  • ¿Sabes reconocer a Jesús en la persona del hermano?

  • El amar a los hermanos es consecuencia del amor de Jesús hacia nosotros, ¿eres consciente de ello? ¿Cómo intentas vivir esto en tu día a día?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Padre, por la entrega de tu Hijo para nuestra salvación. Ayúdame a ofrecer mi vida para acoger, acompañar y amar a mis hermanos, sobre todo en lo momentos de mayor dificultad. Dame un corazón de carne, que sepa conmoverse ante el dolor del hermano, que sepa compartir sus penas y alegrías. Que muestre a mis hermanos la grandeza de tu cercanía y tu amor. Amén.

Minientrada

hqdefault

VERDAD – LECTURA

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a lo judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros”. Después soló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”

Tomás, uno de los doce, a quien llamaban “el Mellizo”, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “Hemos visto al Señor”. Él les dijo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo”.

Ocho días después, estaban nuevamente allí dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no sea incrédulo, sino creyente”. Tomás contestó: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “Has creído porque has visto. Dichosos los que creen si haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el hijo de Dios, y para que tengáis vida en su nombre.

Nos encontramos ante el acontecimiento más importante de la historia: La resurrección del Señor. Hoy el evangelio nos narra una de las manifestaciones gloriosas de Jesús. Nos situamos en el atardecer del primer día de la semana, es decir, del domingo, del día del Señor. El día más importante para cualquier cristiano, la conmemoración del día de su resurrección; el día en el que la comunidad cristiana en pleno se encuentra para celebrar la eucaristía.

También, aquel día, los discípulos se encontraban juntos. Sin embargo, tenían las puertas cerradas y estaban aterrados de miedo. En esta situación, se presenta Jesús en medio de ellos, deseándoles la paz. Que no se turbe vuestro corazón, no tengáis miedo, yo estoy con vosotros y os traigo paz; Jesús resucitado ha vencido a la muerte y al pecado.

Les muestra las manos y el costado. Ante su temor y su estupor, Jesús quiere mostrarles la prueba tangible de su pasión y muerte. Pasión y muerte que ha traído la paz y la salvación al mundo entero. Y “prueba” de que aquel que murió en la cruz, ha resucitado, está vivo entre nosotros. Ante tal acontecimiento y descubrimiento no cabe más que la alegría desbordante.

Y, Jesús resucitado envía a sus discípulos. Le envía a la misión que ya les había encomendado anteriormente: Id y predicad la alegría del evangelio. Pero, ahora, ya están preparados. Sopla sobre ellos El Espíritu Santo. Él les dará el valor, el coraje y la fuerza necesaria para llevar a cabo la misión. Y les concede el poder perdonar lo pecados. A partir de entonces, serán también representantes y transmisores de la misericordia del Padre, el único que puede perdonar los pecados.

Tomás no se encontraba allí en aquel momento. Y le relatan el feliz acontecimiento. Él no les cree. Aquello que le están contando no es verosímil; es imposible según la razón humana. Necesita pruebas. Y nuevamente, Jesús resucitado se hace presente. Ahora, si está Tomas. Aquí están las pruebas. Jesús no le reprocha nada, simplemente se muestra a él. Y posteriormente le invita a creer incluso en lo imposible, cuando esto viene de Dios. Tomás no puede más que realizar su profesión de fe: ¡Señor mío y Dios mío!

Lo importe no es creer porque uno ha experimentado la manifestación de Dios, porque haya visto pruebas tangible, porque las dudas se hayan disipado. Dichoso aquel que crea sin haber visto.

Otros signos realizó Jesús que no está escritos en los evangelios. Otros signos sigue realizando hoy en nuestro mundo, en tu vida y en mi vida, en nuestro acontecer cotidiano. ¿Seremos capaces de reconocer esos signos?

resucitado4

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Cada domingo, incluso cada día, Jesús se hace presente, se manifiesta en la comunidad, en el hermano, en la escucha de la Palabra y, sobre todo en la eucaristía. ¿Eres consciente de ello? ¿Cómo vives estos acontecimientos? ¿Reconoces a Jesús en estos espacios, ámbitos y lugares?

  • Jesús viene a traerte la paz, ¿cómo vives tu día a día, ante las distintas situaciones, circunstancias, acontecimientos…? ¿Vives con angustia, con pesadumbre, con miedo?

  • También sobre ti ha descendido el Espíritu Santo para que seas testigo de la misericordia y el amor de Dios entre todos aquellos que entran en contacto contigo. ¿Verdaderamente eres testigo del evangelio? ¿Qué actitudes, conductas, gestos has de cambiar en tu vida?

  • ¿Será Tomás mellizo contigo? ¿Eres incrédulo o creyente? ¿Necesitas pruebas fehacientes?¿Necesitas ver y tocar para creer? ¿Has tomado el pulso a tu fe?

  • Escucha en lo más profundo de tu persona como Jesús te dice: ¡Dichoso porque crees sin haber visto! Quédate ahí algunos instante al menos y dialoga con Jesús.

 

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale el regalo de la Resurrección; la de Jesús y la nuestra.

  • Da gracias a Jesús por enviarte a ser testigo del evangelio y por el diálogo que has mantenido con él hace un momento.

  • Pide al Espíritu Santo que te otorgue la fuerza necesaria, el vigor y la valentía para anunciar a Cristo Resucitado.

¡La paz esté con vosotros! Lectio Divina Domingo II de Pascua (Jn 20,19-31)

Minientrada

adulteraVERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, Jesús se fue la monte de los Olivos. Pero, por la mañana estaba de nuevo en el templo. Todo el pueblo acudía a él; y él sentado, les enseñaba. Los maestros de la ley y los fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, la pusieron en medio y le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. En la ley, Moisés mandó apedrear a estas mujeres. ¿Tú que dices?” Decían esto para probarlo y tener de qué acusarlo. Pero Jesús, agachándose, se puso a escribir con el dedo en el suelo. Como insistían en la pregunta, se alzó y les dijo: “El que de vosotros no tenga pecado que tire la primera piedra”. Y, agachándose otra vez, continuó escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, se fueron uno tras otro, comenzando por los más ancianos, y se quedó Jesús sólo, con la mujer allí en medio. Entonces Jesús se alzó y le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?” Y ella contestó: “Ninguno, Señor”. Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete, y no peques más”.

Hoy en nuestra lectura del evangelio nos encontramos con una escena de lo que podríamos llamar la vida corriente de Jesús.

Acaba de estar en el monte de los Olivos, un lugar al que Jesús se retiraba frecuentemente a orar. Al amanecer, lo encontramos, de nuevo, enseñando. La gente esta a su alrededor escuchando su enseñanza. Ignoramos el contenido de dicha enseñanza. El caso es que la gente parece ser que le escuchaba con gusto, pues ya de mañana iban, precisamente al templo para escucharlo.

En esto, se acercan los maestros de la ley y los fariseos llevando con ellos a una mujer, que al parecer, ha sido sorprendida en flagrante adulterio, a la cual ponen en medio, entre Jesús y la gente del pueblo para que todos puedan verla bien. E interpelan a Jesús: según la ley debe ser apedreada (Lev 20,10; Dt 22,22.24: Aunque según estos textos de la ley deben ser ajusticiados ambos, hombre y mujer, puesto que los dos cometen adulterio). Ellos hicieron esto para probar a Jesús y tener de qué acusarlo, dijera lo que dijera, querían coger a Jesús en un renuncio. Jesús no dice ni que se aplique, ni que no se aplique la ley.

Jesús, con suma tranquilidad, se agacha y se pone a escribir en el suelo. Dicho gesto ha recibido innumerables interpretaciones, acerca de las cuales los expertos no se ponen de acuerdo. Algunos interpretan que lo que escribió Jesús fue la respuesta a su interrogante; otros aluden a un pasaje de la profecía de Jeremías, donde dice que los nombres de aquellos que se separan de Yahveh serán escritos en la tierra, con lo cual el viento o la lluvia lo harán desaparecer (cf. Jer 17,13). Según Secundino Castro, en su obra Evangelio de Juan, podría interpretarse como que al igual que la ley entregada a Moisé fue escrita por el dedo de Dios en la piedra, ahora Jesús escribe la suya en la tierra; es una ley que tiene en cuenta la debilidad de la persona; y se le da la oportunidad de borrar su pecado; es una ley para el hombre, que es terreno, frágil. Jesús no ha venido a condenar, sino a salvar (págs. 188s).MujerAdultera_-IsaakAsknaziyDominioPublico_Wikipedia_200315

Ante la insistencia de los acusadores, Jesús se levanta y les dice: “El que de vosotros no tenga pecado que tire la primera piedra”. Ante lo cual, aquellos, comienzan a marcharse, “comenzando por los más ancianos. Es decir, los primeros en marcharse son los que más autoridad tienen, los más respetados, los que se pensaban que eran mejores. Ellos querían utilizar la ley para condenar al hermano. Pero, hay que tener en cuenta, que todos somos pecadores, y, por lo tanto, ninguno estamos en condiciones de condenar a nadie. Nadie ha condenado a la mujer.

Pero, este hecho no quiere decir que Jesús sea un permisivo; el ser humano tiene que hacer un esfuerzo para no pecar, para no quebrantar la ley, cuyo primer mandamiento es el amor a Dios y al prójimo: “Vete, y no peques más”. La ley de Jesús, la ley de Dios, tiene en cuenta la debilidad del ser humano y se basa en el principio de misericordia. Y nosotros tenemos que cumplir la ley, no por cumplimiento, sino por amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Trata de hacerte una idea clara de la escena, imagínatela con todos los detalles posibles. Toma conciencia de cada uno de los personajes, ponte en el lugar de cada uno de ellos, identifícate con los acusadores y con la mujer pecadora, ¿qué sentimientos afloran en ti?

  • ¿En qué momentos de tu vida, te conviertes en acusador/a? ¿De qué manera lo haces? ¿Qué te mueve a hacerlo? ¿el cumplimiento estricto de la ley? ¿ayudar al hermano a cambiar? ¿la misericordia?

  • ¿Acoges a todas las personas, especialmente a los excluidos de nuestra sociedad, sin etiquetarlas, sin juzgarla, tratando de ayudarlas a crecer? ¿Y en tu comunidad, grupo, equipo…?

  • ¿Qué cambios hemos de realizar en tu vida para acoger a los excluidos de nuestra sociedad, de nuestra comunidad?

  • Acoger, no quiere decir, ser permisivos, hemos de mostrar y ofrecer la ley de Jesús lo cual implica esfuerzo, pero desde el amor. ¿Lo tienes en cuenta en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por haber escrito tu ley en nuestro corazón y ofrecernos tu amor y misericordia.
  • Gracias, Jesús, por interpretarnos la ley desde el amor y habernos entregado el mandamiento principal: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a saber perdonar al hermano y a no convertirnos en acusadores intransigentes, que busquemos siempre el bien de la otra persona, presentándole la vida y la vivencia de Jesús de Nazaret, sin algodones, pero con amor y misericordia, poniendo siempre a la persona en el centro.

“Tampoco yo te condeno. Vete, y no peques más” Lectio Divina Domingo V del Tiempo de Cuaresma (Jn 8,1-11)