“Atento: Está naciendo un mundo nuevo” Lectio Divina del XXXIII Domingo del T.O. (Mc 13,24-32)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no alumbrará, las estrellas caerán del cielo y los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y gloria. Él enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y empiezan a brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Pues cuando veáis que esto sucede, sabed que el Hijo del Hombre está cerca, a la puerta. Os aseguro, que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.

 

Querido amigo, es muy probable que, al leer el fragmento del evangelio, que hoy nos ofrece la liturgia, te ocurra un poco como a mí, te sientas asustado, abrumado, angustiado. Pero he de decirte que, éste es uno de esos textos de la Escritura que no hay que leer al pie de la letra. Está escrito en un género literario llamado apocalíptico.

El estilo del mismo, recoge un conjunto de expresiones literarias, símbolos, metáforas, etc., que no tienen nada que ver con el miedo, el temor o el terror; el objetivo de este tipo de texto no es el de asustarnos, si no el de hacernos caer en la cuenta de que el universo, lo que nos rodea, nuestra propia existencia, no son eternos.shot-by-cerqueira-737354-unsplash

El texto nos invita es a mantenernos vigilantes, a estar preparados, a vivir el presente sin olvidar nuestro futuro, que no es otro que el de disfrutar de la presencia de Dios por toda la eternidad. Para ello, nuestro estilo de vida tiene que estar armonía, en relación con el estilo de vida de Jesús. Un estilo de vida, que no es otro, como hemos podido ver en los evangelios proclamados en anteriores domingos, que el de vivenciar el mandamiento principal: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

Pues bien, para explicar esta irrupción del reinado de Dios, el autor evangélico se sirve de todos esos recursos literarios. Y viene a decirnos que Dios vendrá a salvar a la humanidad; que un día el Hijo del Hombre, Jesús, vendrá con gran poder y gloria a llevarnos con él, para compartir con todos nosotros la alegría, el gozo, la felicidad de estar en la presencia de Dios.

Todo ese caos, esa ruina, esa destrucción, no es el final; es el comienzo, el principio, el nacimiento del nuevo mundo de Dios, de su presencia permanente entre nosotros.

Vivir la vida eterna en la presencia de Dios, es un regalo suyo; pero es también, el resultado del anuncio del evangelio y de nuestra conversión, de nuestra transformación en verdaderos seguidores de Jesús que se han dejado dar forma por el Espíritu Santo para asemejarse cada vez más a Jesucristo.

priscilla-du-preez-201731-unsplashPero, ¿Cuándo ocurrirá esto? Nadie lo sabe. Pero, ¿tan necesario es saberlo? Déjame que te haga una pregunta: ¿Cuándo te amarán de manera plena tus padres, tu esposa, tus hijos, tu familia tus amigos…? ¡Qué importa! Lo más importante es ir viviendo y disfrutando de ese amor día a día, instante a instante, momento a momento.

Lo más importante de todo esto es, que es seguro que ocurrirá: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. No se el día, ni la hora, pero es seguro que vendrá y disfrutaremos con Él para siempre de la presencia de Dios.

Y ya, aquí y ahora, podemos percibir señales de su amor, podemos notar, intuir la presencia de Dios y que su Reino está en medio de nosotros: en la sonrisa de un niño, en el beso de una madre, en la mirada de un anciano, en la fortaleza de un joven… En la vida de todo aquel que quiere hacer presente a Jesús en la vida de los otros, prestando su oído y su voz a lo que no tienen voz, tendiendo su mano amiga a aquellos que han caído, mirando amorosamente a aquellos que no sienten el amor de nadie. Estemos atentos a esas señales, porque esa es la verdadera revolución, el verdadero caos, la verdadera tribulación: dejarse amar por Dios y ofrecer ese amor a todos los que nos rodean.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Ante momentos de dificultad, de caos, de obstáculos ¿eres capaz de apreciar la presencia de Dios en tu vida y vivirlos con esperanza?
  • ¿De qué manera crees que Dios se hace presente en tu vida? ¿Eres consciente de esto?
  • ¿Crees verdaderamente que Dios es el protagonista de la historia y que te va acompañando con su amor misericordioso?
  • ¿Te preocupas por el cuándo ocurrirán estos acontecimientos? ¿Te das cuenta de que eso es lo menos importante? Lo más importante es vivir todos los acontecimientos de nuestra vida con esperanza y sabiendo que Jesús está presente en nuestras vidas.

 

VIDA – ORACIÓN

Te adoro Dios mío, por el regalo de ese mundo nuevo que nos haces y que quieres que disfrutemos junto a todos los hombres y mujeres que vivimos en este mundo.

Te doy gracias por tu Hijo, Jesucristo, que con su Palabra nos invita y ayuda a construir y visibilizar el Reino de Dios entre nosotros.

Danos la fuerza de tu Espíritu para que sepamos estar atentos a esas señales revolucionarias de amor que la vida nos ofrece y para que nosotros seamos portadores de tu amor para todos aquellos que salen a nuestro encuentro, construyendo el Reino de Dios a nuestro alrededor.

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Bartimeo dispuesto a salir de su “zona de comodidad”. Lectio Divina del domingo XXX del T.O. (Mc 10,46-52)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO

Después de esto, llegaron a Jericó. Y cuando Jesús salía de la ciudad seguido de sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego llamado Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino. Al oír que pasaba Jesús, el Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Muchos le reprendían para que se callase, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” Jesús se detuvo y dijo: “Llamadlo”. Llamaron al ciego y le dijeron: “Ánimo, levántate, que te llama”. Él arrojando su manto, dando un salto se acercó a Jesús. Éste le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego contesto: “Rabbuní [Maestro], que vuelva a ver.” Jesús, entonces, le dijo: “Vete, tu fe te ha curado”. Al instante recobró la vista y siguió a Jesús por el camino.

 

En los domingos precedentes, la liturgia nos ha ido presentando, cómo Jesús instruía a sus discípulos acerca de lo que verdaderamente significa seguir al Mesías. Los apóstoles están algo desconcertados, pues continúan aferrados al poder, los privilegios, los primeros puestos, etc. (Cf. Mc 10,35ss) No comprenden la novedad del estilo mesiánico de Jesús: pequeñez, humildad, servicio, entrega, amor incondicional… Teniendo en cuenta esto, y como colofón del capítulo 10, podemos ver este pasaje como una llamada para dar el primer paso en el seguimiento de Jesús. Bartimeo, el ciego, el mendigo, el apartado del camino… se convierte en modelo de seguimiento y discipulado para todos aquellos que quieran seguir al Maestro por el camino.

dolomites-2630274_640Pero analicemos un poco a este personaje. ¿Cuál es el primer paso que tenemos que dar en el seguimiento del Maestro? Bartimeo se encuentra al borde del camino, es decir, junto a él, fuera del mismo. Pero, es más, se encuentra quieto, inmóvil, estático… No es que esté caminando, aunque sea fuera del camino. Está sentado, lo cual acentúa más su inmovilidad. Se encuentra, en lo que hoy llamaríamos su “zona de comodidad”. Esa zona en la que uno se encuentra más o menos cómodo, más o menos seguro, dónde va viendo pasar la vida sin pena ni gloria, donde no se arriesga, donde permanece pasivo ante los diversos acontecimientos… Una zona en la que uno no es que sea feliz; pero de la que cuesta salir, porque requiere esfuerzo, compromiso, responsabilidad. Y muchas veces, preferimos quedarnos como estamos, para evitar “problemas”.

Sin embargo, Bartimeo no estaba dispuesto a permanecer en esa situación. A pesar de todas las dificultades, de la marginación que sufre, de la exclusión que padece, no quiere permanecer allí. Quiere ponerse en marcha, quiere crecer, quiere desarrollarse. Aunque la sociedad quiera obligarle a permanecer allí: ¡Cállate!

Nadie había reparado en él hasta que se pone a gritar. Nadie se había percatado de su presencia hasta entonces; hasta que da el primer paso para salir de su “zona de comodidad”. A la gente, a los mismos discípulos probablemente, les molesta esto: ellos, a su manera y con sus circunstancias particulares, también se encuentran en esta zona. Para la gente y para los discípulos era más fácil seguir creyendo en un mesianismo de poder, de privilegios, de autoridad… Es más fácil que alguien venga a solucionar nuestros problemas: el Mesías. A pesar de que Jesús, continuamente, les está diciendo que aquel que quiera seguirle debe implicarse en la construcción del Reino.zona-de-confort-pez

Bartimeo no está dispuesto a rendirse. Todos quieren hacerlo callar. Él, sin embargo, no se da por vencido y grita aún más fuerte: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Trayéndolo a nuestros días podríamos traducirlo por ¡Jesús, ayúdame! ¡Jesús, quiero salir de esta situación! ¡Jesús, no estoy contento con mi vida! ¡Jesús quiero salir de este atasco en el que me encuentro! Quiero desarrollarme humanamente, espiritualmente, cristianamente… Quiero poder seguirte por el camino. Pero solo no puedo salir de esta situación en la que me encuentro. Necesito ayuda. El ciego del camino ha dado el primer paso: Grita. Busca una posibilidad. A base de gritar, obliga a Jesús a detenerse y a llamarlo; obliga a Jesús a prestarle atención: ¿Qué quieres que haga por ti? Ahora bien, antes ha dado un salto, ha arrojado su manto, símbolo de su seguridad, de sus certezas, de sus convicciones… Ha decidido cambiar de vida.

El diálogo entre ambos es brevísimo: «¿Qué quieres que haga por ti?», «Maestro, que vuelva a ver». «Anda, tu fe te ha curado». Bartimeo depositó toda su confianza en Jesús, se abandonó totalmente a él. E, inmediatamente, recobró la vista. Inmediatamente cambio su perspectiva, inmediatamente cambio su modo de mirar, inmediatamente cambio su modo de ver la vida. A partir de ahora ve los acontecimientos, las situaciones, las circunstancia, la vida… con la mirada de Jesús. Cuando demos el primer paso y comencemos a ver con los ojos de Jesús, a sentir de la manera como sentiría Jesús, a pensar como pesaría Jesús, a amar al modo de Jesús… entonces podemos emprender el camino de seguimiento del Maestro.

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CAMINO – MEDITACIÓN 

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Es muy probable, que no te falte el sentido de la vista, pero ¿eres capaz de descubrir el paso de Dios en tu vida? ¿Eres capaz de reconocer la mano de Dios en los acontecimientos diarios? ¿Te fías incondicionalmente de Dios y te abandonas a su amor y misericordia?
  • ¿Te encuentras al borde del camino o en el sendero del seguimiento de Jesús?
  • ¿Sigues posicionado en tu “zona de comodidad”? ¿Sigues aferrado, como los discípulos, a tus seguridades, a tus certezas, a tus convicciones? ¿Qué te impide dejar a un lado tu manto?
  • ¿Eres capaz de gritar desgarradamente, de alzar tu voz por encima de las demás, de hacerte oír, aunque existan circunstancias que te lo quieran impedir? ¿Eres capaz de dar el primer paso para salir de esa “zona de comodidad” y seguir a Jesús por el camino? ¿Cuál tendría que ser este primer paso?
  • ¿Qué necesitarías cambiar en tu vida para emprender verdaderamente el camino del seguimiento de Jesús?

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VIDA – ORACIÓN

La oración del ciego Bartimeo, algo desconocida para nuestro contexto cristiano occidental, es sin embargo muy conocida y apreciada por nuestros hermanos de rito oriental (católicos y ortodoxos): la oración de Jesús u oración del corazón. En la obra El Peregrino ruso podemos descubrir la dulzura, importancia y dimensión de esta oración, con la que muchos de esto hermanos nuestros oran a modo de jaculatoria: «¡Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!». Mi invitación es que profundices en esta oración y en su práctica. Y repitas despacio esta invocación en distintos momentos del día y luego continúes practicándola.

Pero esa oración, en realidad debe ser un estímulo, una motivación, un incentivo para comenzar a salir de tu “zona de comodidad”, con la ayuda de Jesús, de la misma manera que hizo el ciego Bartimeo.

 

“¿Qué tengo que hacer para alcanzar la felicidad?” Lectio Divina del domingo XXVIII del T. O.

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 10,17-30)

En aquel tiempo, al salir Jesús de camino, un hombre corrió a preguntarle, arrodillándose ante él: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? El único bueno es Dios. Ya conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». Él dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús lo miró con amor y le dijo: «Te queda una cosa que hacer: Anda, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». Al oír esto, el joven se fue muy triste, porque tenía muchos bienes. Jesús miró alrededor y dijo a sus discípulos: «¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!». Los discípulos se quedaron asombrados ante estas palabras. Pero Jesús les repitió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios». Ellos, más asombrados todavía, se decían: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús los miró y les dijo: «Para los hombres esto es imposible; pero no para Dios, pues para Dios todo es posible». Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Os aseguro que nadie deja casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras por mí o por el evangelio, que no reciba el ciento por uno ya en este mundo, en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, con persecuciones, y en el siglo venidero, la vida eterna.

 

Nos volvemos a encontrar a Jesús itinerante, en camino, según el contexto de los capítulos precedentes, hacia Jerusalén, donde Jesús sufrirá la pasión, se enfrentará a la muerte y, al tercer día, resucitará. Entonces, alguien corre a su encuentro, se arrodilla ante él, y le pregunta: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». Podríamos traducir esta pregunta también por: ¿Qué debo hacer para vivir la vida en plenitud, para desarrollarme totalmente como persona? ¿Qué tengo que hacer para alcanzar la felicidad?

Basta con cumplir simplemente una serie de preceptos, de normas… Basta con parecer que somos buenas personas, cumplidoras de nuestros deberes. Basta únicamente, con cumplir. O además de todo esto, hemos de ser proactivos. Y utilizo este término en el sentido de pasar a la acción, de no esperar pasivamente a que las cosas vayan aconteciendo. Jesús nos pide que no nos centremos únicamente en nosotros mismos; si no que ampliemos nuestra mirada y pongamos los ojos, también en los demás. Jesús nos pide que nos pongamos en marcha. Que nos pongamos en camino, que salgamos al encuentro del otro y desarrollemos todas las potencialidades que tenemos dentro de nosotros en favor de las personas que nos rodean. Jesús nos pide que compartamos nuestras riquezas: “Anda, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo.” Nos mira con amor y nos invita, nos llama a un seguimiento muy especial y particular: Anda, desapégate de todas tus riquezas, de todas tus capacidades, de tus talentos, de tus habilidades, de tus cualidades… No te las guardes únicamente para ti, ponlas al servicio de los demás. Regala a los que te rodean tu tiempo, tu sabiduría, tu experiencia, tus gestos, tu cariño… A veces, tu sola presencia, en la que se manifiesta la presencia de Dios y el amor que nos tiene como Padre. Entrégalo todo en las manos de Jesús y ponlo al servicio de las demás personas.

Pon tu confianza en Dios y en ti mismo, como seguidor de Jesús, no en las “cosas” que posees como aquel hombre que se marchó triste porque era muy rico.

mormon-jesus-christ-6Ante todo esto, Pedro en nombre de los demás discípulos, pregunta a Jesús qué va a ocurrir con ellos, que lo han dejado todo por seguirlo. Jesús, creo que mirando también a los discípulos con amor, les enseña que, a pesar de todas las dificultades, los obstáculos y persecuciones, que puedan encontrar en el camino del seguimiento, la recompensa será aún mayor. En el seguimiento de Jesús encontrarán aún más riquezas, fruto de todo lo que se comparte, y una nueva familia: la Iglesia, la familia de los seguidores de Jesús. Y en el futuro, la vida eterna del Reino. Aquel que renuncie a todo por amor a Dios y a los hermanos comenzará a experimentar el Reino aquí en la tierra. La renuncia se convertirá en plenitud. En la unión con Jesús y en el seguimiento del evangelio se experimentará el amor incondicional del Padre y de la comunidad, la Iglesia.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Te encuentras en camino hacia el seguimiento de Jesús y del evangelio?
  • ¿Te has preguntado alguna vez qué tienes que hacer para heredar la vida eterna, para vivir tu vida de una manera plena? Márcate algunas acciones a realizar para ello.
  • ¿Cuál es tu reacción y cómo asumes las palabras de Jesús cuando te dice a ti personalmente: «Vende lo que tienes y da tu riqueza a los pobres?» (Recordamos que la riqueza no se refiere únicamente a lo económico).
  • ¿De qué manera comparto mis riquezas con los demás? ¿Estoy dispuesto/a a renunciar a todo por amor y confiar únicamente en Dios, sabiendo que en esa renuncia encontraré una riqueza aún mayor?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícale por habernos regalado el Reino y poder comenzar al vivirlo, aunque de manera imperfecta en nuestra vida cotidiana.
  • Da gracias a Jesús por regalarnos el don de poder disfrutar los dones y las alegrías del Reino.
  • Pide al Espíritu que te ayude a entregarlo todo a los hermanos por amor a ellos, a Dios y al seguimiento del Evangelio.
  • Pide perdón a Dios por las ocasiones en las que tu corazón está apegado a tus riquezas y no eres capaz de compartirlas con los demás.
  • Asume algún compromiso en favor de las personas que te rodean.

“Yo soy el pan que ha bajado del Cielo” LECTIO DIVINA DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B (Jn 6,41-51)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Jn 6, 41-51)

En aquel tiempo los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?». Jesús les dijo: «Dejad de criticar. Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no lo trae, y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y acepta su enseñanza viene a mí. Esto no quiere decir que alguien haya visto al Padre. Sólo ha visto al Padre el que procede de Dios. Os aseguro que el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Éste es el pan que baja del cielo; el que come de él no muere». «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».

El pasaje con el que hoy vamos a orar corresponde al capítulo seis del evangelio de Juan. El cual gira entorno al Discurso del Pan de vida, como hemos ido apreciando en domingo anteriores. Los capítulos cinco y seis desarrollan el segundo viaje de Jesús a Jerusalén y su ministerio en Galilea. La gota que colma el vaso para que los judíos se enfrenten a Jesús es precisamente, su autorevelación como Pan de Vida bajado del cielo. Por eso, los judíos critican a Jesús.

Juan se refiere a estos incrédulos, como judíos, aunque en realidad son galileos. En el evangelio de Juan no hay que tomar al pie de la letra dicho término como gentilicio, pues Juan lo utiliza para referirse a todo aquel que no es capaz de abrir su corazón, cambiar su punto de vista y creer en Jesús.

Los judíos están en una clave muy distinta de la de Jesús. Ellos han percibido únicamente su parte humana. Para los judío es imposible que un hombre pueda tener la condición divina. Para ellos, el misterio de la encarnación es una imposibilidad. No es posible que Dios se encarne.

Pero es más, ellos le conocen muy bien, conocen a su padre, conocen a su familia, saben de su procedencia… Está usurpando el puesto de Dios, se está poniendo en su lugar. Es imposible que Dios se acerque de esa manera al hombre. Jesús está atentando contra el primer y segundo mandamientos de la ley de Dios.jesus pan de vida

Ante tal cerrazón es inútil discutir acerca del tema. Sobre todo, porque de quien más alejados están los judíos es precisamente de ese Dios en el cual dicen que creen. No han descubierto a Dios como Padre, no se han dejado alcanzar por la bondad de Dios, no se han abierto al amor de Dios, encarnado en Jesús de Nazaret. Están encerrados en sus propias normas y leyes que lo único que provocan es esclavitud y obligaciones.

Con respecto al tema de la resurrección, hemos de decir que estaba admitida por la corriente farisea del judaísmo, como un premio por la observancia de la ley. Jesús, claramente, advertirá que lo que salva no es la observancia de la ley, la resurrección no es premio de un mayor o menor cumplimiento de las normas o la leyes. La resurrección es fruto de nuestra adhesión a la persona de Jesús, únicamente dejándonos transformar por el Espíritu Santo y acogiendo la vida y la enseñanza de Jesús alcanzaremos la resurrección. Una resurrección que será comunicada por Jesús en el “ultimo día”, en el día de la entrega libre de su vida.

Jesús universaliza la salvación: “todos serán discípulos de Dios”, todo el que escucha al Padre y aprende acerca de Jesús alcanzará la resurrección. Y no porque nadie haya visto al Padre. A Dios es imposible que lo veamos, pero no es imposible experimentar su amor. El amor de Dios lo experimentamos en el amor que entregamos a otras personas y que acogemos de ellas, especialmente de los más pobres y necesitados de nuestra sociedad. Aquel que sea capaz de dar y recibir amor, aquel que sea sensible a las necesidades de los demás y se deje ayudar por los demás, aquel que entregue su vida por los demás será “merecedor” de la resurrección. Al Padre sólo podemos acceder por medio de Jesús y de nuestra transformación, en la medida de lo posible, en otros Cristos.

Quien crea en Jesús, quien viva la vida de Jesús, quien asuma y ponga en práctica las actitudes vitales de Jesús ese posee la vida eterna.

El pan de vida es Jesús, nuestro alimento es Jesús, nuestra savia vital es Jesús. Ningún otro maná será capaz de saciarnos.

Al igual que el maná no llevó al Pueblo a la Tierra prometida, la Ley tampoco es capaz de nutrir y alimentar el apetito que la humanidad tenia de Dios. Es Jesús quien sacia nuestro hambre y nuestra sed de Dios. Comiendo el alimento verdadero que es Jesús tendremos vida eterna.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• Para nosotros en muchas ocasiones también es escandaloso y difícil creer que Jesús sea nuestro alimento en su presencia eucarística ¿cómo vives estos momentos?

• Jesús nos hizo el gran regalo de su presencia real en la eucaristía, ¿cómo acoges y vives este regalo?

• ¿Intentas poco a poco adherirte, acoger y vivir las actitudes vitales de Jesús?

• ¿Te dejas transformar por el Espíritu Santo en verdadero discípulo de Jesús?

• Para ser verdadero discípulo de Jesús y para conocerlo es imprescindible que tengamos momentos de encuentro con Él ¿dedicas algo de tu tiempo para estar con Jesús, sobre todo visitándolo en el sagrario?

• ¿Cómo vives la experiencia del amor de Dios manifestado en tu entrega a los hermanos y en la acogida de ese amor, especialmente de los más pobres y necesitados de nuestra sociedad?

• ¿Qué significa para ti, concretamente en tu día, entregar la vida por los demás?

 

ORACIÓN – VIDA

• Adora a Dios Padre, por el gran Misterio de la Encarnación de su Hijo. Dale gracias por el amor que tiene a todos y cada uno de nosotros, de manera particular.

• Da gracias a Jesús por el gran don de la eucaristía, por ser presencia real entre nosotros.

• Ofrece tu amor a Jesús para que él transforme tu vida y puedas llegar a ser verdadero discípulo que entrega y da su vida por los hermanos, especialmente por los más pobres y necesitados.

• Pide al Espíritu Santo que te ayude a ser un discípulo fiel de Jesús y te transforme en “otro Cristo”.

“SEÑOR, DANOS SIEMPRE DE ESE PAN” LECTIO DIVINA DOMINGO XVIII DEL T. O. – CICLO B (Jn 6,24-35)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Jn 6, 2435)

24. Cuando la gente vio que no estaban allí ni Jesús ni sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25. Lo encontraron al otro lado del lago, y le dijeron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”. 26. Jesús les contestó: “Os aseguro que no me buscáis porque habéis visto milagros, sino porque habéis comido pan hasta hartaros. 27. Procuraos no el alimento que pasa, sino el que dura para la vida eterna; el que os da el hijo del hombre, a quien Dios Padre acreditó con su sello”. 28. Le preguntaron: “¿Qué tenemos que hacer para trabajar como Dios quiere?”. 29. Jesús les respondió: “Lo que Dios quiere que hagáis es que creáis en el que él ha enviado”. 30. Le replicaron: “¿Qué milagros haces tú para que los veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? 31. Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”. 32. Jesús les dijo: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo; mi Padre es el que os da el ver

dadero pan del cielo. 33. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo”. 34. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. 35. Jesús les dijo: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”.

 

El domingo pasado hemos dejado a Jesús y a sus discípulos alimentando a la multitud que le había seguido. El texto con el que vamos a or

ar hoy es el comienzo del pasaje conocido como “el discurso del pan de vida” (Jn 6,26-59). Aunque más que un discurso es un diálogo entre la gente y Jesús. El tema central del mismo es el pan, a juzgar por las veces que se repite esta palabra en el texto (seis veces). Mediante este diálogo, Jesús quiere explicar el verdadero significado de la multiplicación de los panes a la luz del Éxodo, cuestionado por la gente que se acerca a él, pero visto desde la perspectiva del misterio de la Eucaristía.

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Adentrarnos dentro del misterio eucarístico, nos invita no tanto pensar, como a contemplar. Nos invita a cambiar nuestro modo de ver la realidad, desde aquello que “es invisible a los ojos”, como diría el Principito. Es por eso, que te invito, a leerlo despacio, a releerlo unas cuantas veces, si fuera necesario; no intentes entenderlo, intenta más bien saborearlo; déjate atrapar por el texto y por las palabras de Jesús; deja que el texto te interrogue acerca de tu vida.

La gente va a Cafarnaún a buscar a Jesús. Acaban de ver y experimentar uno de los signos realizados por el Maestro: la multiplicación de los panes. Buscan a Jesús, no por el signo en sí, si no por que les ha alimentado. El signo es una señal, una representación, de que el Reino de Dios está entre nosotros. Los contemporáneos de Jesús, en lugar de darse cuenta y apreciar el signo, lo que aprecian es que Jesús les ha dado de comer.

Comprender verdaderamente el signo de la multiplicación de los panes, nos conduce a realizar en nuestras vida la obra de Dios; ser fieles, como Jesús, a la voluntad del Padre, “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, rezamos habitualmente en el Padrenuestro; para ello es necesaria nuestra colaboración.

Pero, lo mismo que a sus contemporáneos, es posible que a nosotros nos surja la misma pregunta: “¿Qué tenemos que hacer para trabajar como Dios quiere?”, ¿Qué tenemos que hacer para llevar a cabo en nuestra vida la obra de Dios? ¿Qué significado tiene el deseo de que se cumpla la voluntad de Dios? La respuesta la da el mismo Jesús: “Creer en el que Él ha enviado”, creer en Jesús. Pero, ¿qué significa eso de creer en Jesús? Creer en Jesús, no es unicamente una cuestión intelectual o mental; no es estar convencido de una creencia, de un hecho, de una opinión, de una idea o de una doctrina. Creer en Jesús significa adherirse al plan de Dios, significa incorporarse al proyecto vital de Jesús, significa intentar hacer visible el Reino de Dios en nuestra vida cotidiana, significa hacer realidad el mandamiento del amor: “amaos unos a otros como yo os he amado” (Jn 15,12).

Porque creer en Jesús va mas allá de lo meramente intelectual. Por eso, nos resulta tan difícil creer en él. Si sólo fuera aceptar una doctrina o una idea, podría llegar a ser fácil. Aún así, posiblemente nos surge la misma pregunta que a aquellos judíos que se encontraron con Jesús en Cafarnaún: ¿por qué tenemos que creer en ti? ¿Por qué tenemos que fiarnos de ti? ¿Demuéstranos de alguna manera que podemos fiarnos de ti? ¿Qué haces tú para que creamos? Para ellos, la multiplicación de los panes ha sido simplemente un milagrito, un hecho extraordinario, sí; o si me apuráis un hecho incomprensible. Pero, otros también realizan ese tipo de actos. En la historia de Israel, el mismo Moisés realizo una obra similar; según ellos, alimentó al pueblo con el maná, con el llamado pan del cielo (Sab 16,20), es decir con el pan de Dios. Para que crean en Jesús, éste ha de realizar un hecho todavía más grandioso que el de Moisés.

JESUS PAN Y VINOSin embargo, en realidad, no fue Moisés quien alimentó al pueblo de Israel. Fue Dios quien alimentó en aquel entonces al Pueblo de Israel, no fue Moisés quien elaboró el maná, fue Yahveh quien lo hizo realidad. El verdadero alimento nos lo da Dios. Aunque aquel alimento, el maná, no era capaz de proporcionar la vida eterna. El único capaz de regalarnos, proporcionarnos, facilitarnos la vida eterna es Jesús. El único que ha vencido al pecado y a la muerte con su pasión, muerte y resurrección es Jesucristo. El único que nos da vida es Jesús. Y una vida que dura y perdura para siempre.

La muchedumbre quiere de ese pan, y así se lo pide a Jesús: “Danos siempre de ese pan”. Nosotros también queremos alimentarnos de ese pan. Ese pan que da sentido a nuestra existencia. Ese pan que nos fortalece en nuestras dificultades. Ese pan que nos levanta cuando hemos caído. Ese pan que da la vida eterna. El pan de la Palabra y de la Eucaristía que es Jesús mismo. “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Qué significa para ti creer en Jesús? ¿Cambia en algo tu modo de percibir y vivir la fe después de leer y meditar este pasaje? ¿Qué lugar ocupa en tu vida cotidiana tu fe en Jesús?

• ¿Qué buscas en tu vida diaria, el milagro fácil, los hechos portentosos y extraordinarios o el signo de que el Reino de Dios está presente en medio de los acontecimientos cotidianos?

• ¿Es la lectura de la Palabra de Dios y la celebración de la Eucaristía tu pan cotidiano?

• Hazte a ti mismo la misma pregunta que le hacen sus contemporáneos a Jesús: “¿Qué tengo que hacer para realizar la obra de Dios? ¿Qué he de cambiar en mi vida o que tengo que fortaleces para actuar como Dios quiere?

• ¿Qué he de hacer para que le pan de la Palabra y de la Eucaristía llegue a otros?

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ORACIÓN – VIDA

• Hoy te invito a recordar (pasar por el corazón) tu experiencia de cómo Jesús, Pan de Vida, sacia tu hambre y tu sed de eternidad, de infinitud, de Dios.

• Alaba a Dios desde esa experiencia que te regala, en tantos y tantos momentos de tu vida cotidiana.

• Da gracias a Jesús por ser el alimento que te da la vida eterna.

• Pide al Espíritu Santo que te fortalezca para ser signo del Reino de Dios entre las personas que te rodean y te ayude a acercar el pan de la Palabra y de la Eucaristía a los demás.

“DIO GRACIAS Y LOS DISTRIBUYÓ” LECTIO DIVINA DOMINGO XVII DEL T. O. – CICLO B (Jn 6,1-15)

Murillo - Multiplicación de los panes y los peces - Hospital de la Caridad - SEVILLA (Restaurado por IAPH en 2018)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Jn 6, 1-15)

Después Jesús pasó al otro lado del lago de Galilea (o Tiberíades). La gente lo seguía, porque veían los prodigios que hacía con los enfermos. Jesús subió al monte y allí se sentó con sus discípulos. Estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. Jesús alzó los ojos y, al ver tanta gente, dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos panes para que coman todos ellos?». Decía esto para probarlo, pues él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «El sueldo de un año no bastaría para que cada uno de ellos comiera un poco». Entonces, uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Pero, ¿qué es esto para tantos?». Jesús dijo: «Decidles que se sienten». Había mucha hierba en aquel sitio. Eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó entre todos; y lo mismo hizo con los peces. Les dio todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que no se pierda nada». Los recogieron, y llenaron doce canastos de las sobras de los cinco panes de cebada. La gente, al ver el milagro que había hecho Jesús, decía: «Éste es el profeta que tenía que venir al mundo». Y Jesús, dándose cuenta que querían llevárselo para hacerle rey, se retiró otra vez al monte él solo.
Del capítulo 5 al 6 del evangelio de Juan nos encontramos un cambio brusco de situación geográfica. En el primero, se encontraba en Jerusalén; ahora lo encontramos en la orilla oriental del lago de Galilea. Jesús abandona la tierra de los judíos, tierra en la que el pueblo está siendo oprimido por la Ley, interpretada por los escribas y fariseos; y marcha a la otra orilla, sube al monte. El monte que es el lugar de la manifestación de Dios.

El doble nombre que recibe en este evangelio el lago, se refiere por un lado al nombre judío, mar de Galilea, y por otro, al nombre pagano Tiberiades, lo cual nos indica que en aquella región existía una mezcla de judíos y paganos; ambos convivían juntos. Y el mensaje de Jesús está abierto a todos.

Con esta acción de pasar de una orilla a otra, nos encontramos con un nuevo éxodo, que liberará al pueblo y le llevara a la nueva tierra prometida. Sin embargo, en este nuevo éxodo, Jesús no va delante de la multitud guiándola por el camino. El marchó solo, posiblemente con sus discípulos, después la multitud la sigue. Pero, tiene precisamente que dar ese paso del seguimiento. No le siguen como “borregos” es una decisión libre. Aunque debe ser una decisión libre, la verdadera causa por la que laloaves-and-fishes multitud sigue a Jesús es porque ha realizado signos, ven en él a un liberador.

Jesús sube al monte, que como decíamos más arriba es el lugar de la manifestación de Dios. Siguiendo con la similitud del éxodo, también Moisés subió aun monte para que tuviera lugar dicha manifestación o teofanía (Éx 24,1-2.9.12). Jesús representa la gloria de Dios, su amor incondicional. Jesús se sienta en el lugar donde reside la gloria de Dios y sus discípulos se sientan con él. La esfera divina está abierta a los hombres; el Dios cristiano no es un Dios alejado de la humanidad, sino que permite que las personas compartan su ámbito de existencia, la morada de Dios está abierta a todos.

La Pascua de la que nos habla el evangelista hace referencia a la fiesta de los judíos, o más bien de sus dirigentes, que la han adulterado, ya no es una fiesta de liberación, sino en realidad de opresión y de mantenimiento del estatus de los escribas y doctores de la ley. Para celebrar dicha fiesta, los judíos suben a Jerusalén. Ahora siguen a Jesús, suben al monte de la manifestación de Dios.

Felipe, el discípulo que fue a buscar a Jesús (Jn 1,43) y que sigue estando aferrado a las tradiciones judías (Jn 1,45) es quien se da cuenta de la necesidad del pueblo. Jesús no quiere poner la cosa fácil, todo requiere un esfuerzo, quiere ver como reacciona Felipe, quiere tantearlo. Felipe, por su parte, va a lo práctico, a lo tangible, a lo inmediato: sin dinero nada se puede hacer; es más, haría falta mucho dinero. Los recursos son insuficientes, por lo que aquel “seguimiento” es un fracaso.

Andrés, el hermano de Simón Pedro, es quien entra ahora en escena. Se han mencionado a los representantes de los tres grupos que siguieron a Jesús desde el principio del cuarto evangelio: Felipe, representante de los judíos y sus tradiciones a quien Jesús llamó; Andrés, discípulo del Bautista y que ante las palabras de éste, sigue a Jesús con entusiasmo; y Pedro, que prácticamente se mantuvo sin entusiasmo alguno al encontrarse con el Maestro.

Andrés no es que haya encontrado una solución, sino que lo que hace es constatar los medios de los que disponen. Un muchacho cuenta con cinco panes y dos peces. Cinco, alusión clara a los cinco primeros libros de la Biblia, el Pentateuco; la precisión de panes de cebada alude al acontecimiento de Eliseo cuando con veinte panes sació a cien personas (2Re 4,42-44). El dos, para completar hasta llegar al número siete, que significa totalidad, plenitud. Andrés quiere poner a disposición de todos, al menos lo que tienen, aunque cae en la cuenta de que es muy posible que no baste. También aquí, aunque se dispone de medios, estos no son suficientes, nuevo aparente “fracaso”.

panes pecesJesús ordena que se recuesten en la hierba. Antes se ha referido a ellos como multitud, ahora se refiere a ellos como hombres, es decir, personas; para Jesús no somos una multitud anónima, somos personas concretas, con nuestras propias necesidades, nuestros gozos y tristezas. Se recuestan para comer, tal y como hacían los hombres libres. Lo primero que nos trae Jesús es libertad. En la Pascua de Jesús no se ha de comer de pie y aprisa, como ocurría cuando eran esclavos en Egipto, no hay que recorrer un largo camino para llegar a la Tierra Prometida, ella ha venido hasta ellos, Jesús se encuentra en medio de ellos. La mucha hierba simboliza la abundancia de pastos y la fecundidad del tiempo mesiánico.

Eran cinco mil, dicho número es múltiplo de cinco, que como hemos visto arriba, es el número de panes y el de los libros del Pentateuco; múltiplo también de cincuenta que es la cantidad de los miembros de la comunidad profética en tiempo de Abdías (1Re 18,4) o del Profeta Elías (2Re 2,7). La Ley ha sido sustituida por la nueve Ley del amor que ha venido a traer Jesús.

Jesús pronuncia la acción de gracias, reconociendo que todo nos viene del Padre, que todo es don y regalo de Dios. Los bienes tienen que ser eso un regalo, no podemos acapararlos; el don de Dios ha de ser compartido, cuando compartimos todo se multiplica, sobre todo cuando se ofrece todo sin guardarse nada, aparece la abundancia. Cuando dejamos de poner nuestra confianza en lo material, en el tener, en el poseer egoísta y ponemos nuestros bienes y nuestras personas al servicio de los demás compartiendo todo lo que tenemos, entonces llega a sobrar. El pan y los peces han de ser distribuidos, se requiere el esfuerzo personal, requiere la implicación de los discípulos, requiere su donación gratuita, requiere darse, gastarse y desgastarse por los demás. Hemos de manifestar el amor, la preocupación y la generosidad de Dios Padre hacia las personas, compartiendo lo que de él hemos recibido.multiplicacion

Esa es la única manera de que todos queden saciados y sobren dones, sobren regalos, sobre el legado de Dios. Dios no se cansa de regalarnos dones todos ellos son necesarios por eso hay que guardarlos para utilizarlos y donarlos en el momento preciso.

Las doce cestas hacen alusión a las doce tribus de Israel. La abundancia es la abundancia de estar junto a Jesús, de permanecer a su lado, de no alejarnos de él.

Ante aquel signo, los presentes caen en la cuenta de que quien a realizado dicho prodigio es el Profeta que ha de venir, un enviado de Dios. Pero además, ante aquel signo y los anteriores realizados por Jesús, la multitud lo reconoce como Mesías, pero un Mesías rey, guerrero poderoso, caudillo del pueblo. Continúan en la mentalidad judía. No se han dado cuenta de que Jesús es un Mesías diferente, que se ha puesto a servir, que se ha abajado para ponerse al servicio de los hombres. Jesús que quería darles libertad, que quería por parte de ellos generosidad y amor, ve fracasado su propósito ante su actitud, ellos quieren un rey al que servir, al que rendir pleitesía y al que prestar obediencia; quieren continuar siendo súbditos que no tienen que asumir la responsabilidad de elegir.

A Jesús, no le queda otra que alejarse y retirarse solo al monte. A encontrarse a solas con el Padre. A reflexionar, meditar y afrontar la situación que se ha presentado de la manera más satisfactoria posible.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Asumes totalmente y con todas las consecuencias que el mensaje de Jesús está abierto a todas las personas?

• ¿Qué pasos vas dando en tu vida para encontrarte con Jesús, para como cristiano continuar en su seguimiento?

• Todos y cada uno de nosotros hemos recibido una llamada de Jesús para seguirle, intenta recordar aquel instante ¿cómo fue? ¿cómo lo acogiste? Y lo más importante, en este momento, ¿cómo es tu seguimiento? ¿lo has depurado? ¿has crecido? ¿se ha incrementado?

• Ante situaciones difíciles, ¿cuál es tu actitud? ¿te limitas a constatar el hecho? ¿te limitas a caer en la cuenta de los recursos que existen y que se pueden utilizar para mitigar dicha situación? O por el contrario, ¿buscas soluciones y las pones en práctica?

• ¿Cuentas con Jesús para afrontar dichas situaciones? ¿Pones a disposición de los demás los dones de Dios y tu propia persona? ¿Te implicas? ¿Eres capaz de compartir, los dones y los bienes que Dios te ha regalado, con tu esfuerzo, por supuesto? ¿Eres capaz de darte tu mismo, de partirte y repartirte?

• ¿Eres consciente de que la multitud está hambrienta no solo de alimento, de cosas o de bienes materiales, sino sobre todo del amor de Dios? ¿Qué hago para saciar a esta multitud?

• ¿Quién es Jesús para ti? ¿Un Mesías rey, que te soluciona la vida a cambio de la sumisión? ¿Un Mesías Caudillo, al que seguir sin tener que preocuparte por tomar tus propias decisiones? ¿Un Mesías guerrero, que te saca de cualquier atolladero, a cambio de tu admiración y sometimiento total? ¿El Mesías servidor de todos los hombres, que es capaz de abajarse a su miseria, que acoge a todos sin distinción, que les toma de la mano para sacarlos del pozo en el que se hayan, y que en muchas ocasiones nosotros mismos hemos arrojado?

ORACIÓN – VIDA

• Te adoro Dios mío y te amo de todo corazón por haberme creado y llamado a continuar tu tarea creadora en el mundo

• Padre, te doy gracias por los dones, beneficios y bienes que cada día me regalas.

• Me ofrezco a ti, Jesús, para seguirte y donarme para saciar a la multitud hambrienta, no solo de pan material, sino de tu Palabra y del amor de Dios.

• Ayúdame, Jesús, a ser tu discípulo fiel y a llevar la Buena Noticia y la abundancia que ella trae a todos los que me rodean y con todos los que me encuentro a diario.

Lectio Divina Domingo XVI del T. O. (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 6,30-34)

En aquel tiempo, se reunieron de nuevo los apóstoles con Jesús y le contaron lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid conmigo a un lugar retirado y tranquilo y descansad un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no tenían tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca a un lugar tranquilo ellos solos. Al ver que se iban, muchos se dieron cuenta, y de todos los poblados corrieron allá a pie y se les adelantaron. Jesús, al desembarcar y ver tanta gente, se compadeció de ellos porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Estamos en la era de la ansiedad, el nerviosismo, las prisas, la inmediatez, el estrés… muchas veces, provocado todo ello, por causas muy nobles. Nuestra excesiva preocupación, dedicación, esmero, puede jugarnos, muchas veces, una mala pasada. Fíjate bien que, con esto no quiero decir que no nos preocupemos, no nos esmeremos o no mostremos interés por las cosas; he utilizado el calificativo excesivo. Porque, precisamente, la equivocación está en el exceso.

Es posible, que también los apóstoles se viesen atrapados por la vertiginosa actividad. Es posible que, su excesiva dedicación a la “misión”, o a la simple actividad, porque la misión es mucho más que la actividad que realizamos, les absorbiera de tal manera, que, según nos dice el texto no tenían tiempo ni para comer.

La misión consiste en difundir la Buena Nueva por todos los lugares a los que vayamos, consiste en hacernos portadores del amor del Padre y entregarlo a todas las personas con las que nos encontremos, consiste en ser reflejo de Jesús para todos los que nos rodean; pero para ésto es necesario que pasemos muchas horas junto a Jesús. No lo olvidemos nunca.imagen2

Sólo podemos testimoniar aquello que hemos visto y oído. El verdadero apóstol, el verdadero enviado, únicamente puede hablar de su experiencia de Dios. Y la experiencia sólo es posible a partir del contacto directo con Jesús. Si el enviado no se alimenta de la misma vida y misión de Cristo, podrá proclamar bonitos discursos, podrá pronunciar bonitas palabras, podrá realizar, incluso, hechos portentosos… Pero, ¿estará anunciando la misericordia de Dios?, ¿estará llevando Jesús a todas aquellas personas con las que se encuentra?

Jesús invita a sus discípulos a ir al desierto para descansar y poder reflexionar junto a ellos. Hoy, a cada uno de nosotros, nos está invitando a lo mismo.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• Jesús, después de una dura jornada, te invita a acompañarlo a un lugar solitario y descansar un poco, ¿Cómo acoges esa invitación?

• ¿Llevas una vida tan sumamente ajetreada que no te queda tiempo ni para comer? ¿Qué sientes cuando tomas conciencia de ello?

• ¿Qué significa para ti acompañar a Jesús a un lugar tranquilo y descansar junto a él? ¿Crees necesario llenarte, colmarte de Jesús antes de predicar la Buena Noticia? ¿Dedicas tiempo a ello?

• Tómale el pulso a tu relación con Jesús, tanto en la calidad como en la cantidad, pues aunque no nos lo parezca, ambas van de la mano, pues si no dedico tiempo a relacionarme con Jesús, es poco probable que mi relación pueda ser de calidad.

• Ante la situación de infelicidad de muchos de nuestros contemporáneos ¿tienes una actitud de misericordia y compasión? ¿estás dispuesto, después de haberte llenado de Jesús, a gastarte y desgastarte por acercar la gente a Jesús?

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ORACIÓN – VIDA

• Adora a Dios, por haberte creado con la inquietud de conocerle y amarle.

• Da gracias a Jesús por invitarte a ir con él a un lugar tranquilo.

• Ofrécete a Jesús para llevar la Buena Noticia todas las criaturas que están inquietas y ávidas por conocer tu experiencia de Jesús.

• Pide al Espíritu Santo que te ilumine y te configure poco a poco con Jesús para llevar la Buena Noticia a todos los confines del mundo.

“Tu fe te ha curado” Lectio Divina Domingo XIII del T. O. – Ciclo B (Mc 5,21-43)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 5,21-43)

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en barca a la otra orilla, se reunió con él mucha gente, y se quedó junto al lago.

Llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y, al ver a Jesús, se echó a sus pies rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a poner tus manos sobre ella para que se cure y viva».

Jesús fue con él. Lo seguía mucha gente, que lo apretujaba. Y una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años, que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado toda su fortuna sin obtener ninguna mejoría, e incluso había empeorado, al oír hablar de Jesús, se acercó a él por detrás entre la gente y le tocó el manto, pues se decía: «Con sólo tocar sus vestidos, me curo». Inmediatamente, la fuente de las hemorragias se secó y sintió que su cuerpo estaba curado de la enfermedad. Jesús, al sentir que había salido de él aquella fuerza, se volvió a la gente y dijo: «¿Quién me ha tocado?». Sus discípulos le contestaron: «Ves que la multitud te apretuja, ¿y dices que quién te ha tocado?». Él seguía mirando alrededor para ver a la que lo había hecho. Entonces l mujer, que sabía lo que había ocurrido en ella, se acercó asustada y temblorosa, se postró ante Jesús y le dijo toda la verdad. Él dijo a la mujer: «Hija, tu fe te ha curado; vete en paz, libre ya de tu enfermedad»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron algunos de casa del jefe de la sinagoga diciendo: «Tu hija ha muerto. No molestes ya al maestro». Pero Jesús, sin hacer caso de ellos, dijo al jefe de la sinagoga: «No tengas miedo; tú ten fe, y basta». Y no dejó que le acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, Jesús vio el alboroto y a la gente que no dejaba de llorar y gritar. Entró y dijo: «¿Por qué lloráis y alborotáis así? La niña no está muerta, está dormida». Y se reían de él. Jesús echó a todos fuera; se quedó sólo con los padres de la niña y los que habían ido con él, y entró donde estaba la niña. La agarró de la mano y le dijo: «Talitha kumi», que significa: «Muchacha, yo te digo: ¡Levántate!». Inmediatamente la niña se levantó y echó a andar, pues tenía doce años. La gente se quedó asombrada. Y Jesús les recomendó vivamente que nadie se enterara. Luego mandó que diesen de comer a la niña.

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Marcos nos ofrece este domingo el relato de dos milagros. Muchos de nosotros cuando pensamos en milagros, vienen a nuestra mente hechos portentosos, fantásticos, espectaculares. Confundimos, en más de una ocasión, el milagro con la “magia”.

En realidad, los milagros, en el contexto de los evangelios, son signos o señales de que el Reino de Dios está entre nosotros y el mal ha sido vencido para siempre, gracias a la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Con esto no estamos negando en ningún momento la veracidad de los milagros, si no de explicar el verdadero sentido de los mismos.

El evangelista mediante la técnica literaria del “bocadillo” o intercalación nos presenta dos curaciones.

La primera, a favor de una mujer considerada impura a causa de una hemorragia que le duraba desde hacía doce años (Lev 15,25-27).

La segunda curación, a favor de una niña de doce años, que acaba de morir; esta niña también considerada impura puesto que era ya cadáver (Núm 19,11).

Tocar a cualquiera de estas personas era, según la mentalidad de la época, contraer impureza, excluirse de la participación en la comunidad.

Jesús acaba de desembarcar desde la otra orilla. Es decir, desde el lugar en el que ha estado encontrándose con los paganos y predicándoles la Buena Noticia.

Por tanto, ha vuelto a la orilla en la que se encuentran los judíos. En este lugar, se encuentra con un gran gentío; la gente está hambrienta de la palabra y la persona de Jesús.

Se acerca el jefe de la sinagoga, institución, por su parte, enferma, a punto de morir; la ley, los sacrificios, el culto debido a Dios están vacíos. Jesús ha venido a comenzar algo nuevo; el Reino está presente en la persona de Jesús, pero los judíos representados por la sinagoga no han creído en él.Hemorroisa

Mientras acompaña a Jairo, una mujer de entre el gentío, se acerca a Jesús y le toca la orla del manto por detrás, con la fe puesta en él y con la esperanza de curarse. Tocar el manto quiere decir adherirse a la persona de Jesús; pues, precisamente el manto es símbolo de la persona misma (cf Lc 19,36; Mc 10,50; Jn 13,12).

Esta mujer, que toca el manto de Jesús, representa al pueblo fiel, ese pueblo que durante años ha seguido las instrucciones que le han ido dando los maestros de la ley, los fariseos y los escribas, ese pueblo que ha gastado toda su fortuna e incluso su vida, intentado cumplir lo establecido por una ley que no es fiel a la Alianza con Yahveh. Pero, a la vez, un pueblo que tiene su confianza y su esperanza puesta en el Dios de la promesa. La fe en Jesús es lo que salva al Pueblo y no la práctica sin sentido. Una fe que después repercute en acciones hacia el hermano. Unicamente desde la fe pueden interpretarse los milagros.

Llegan a casa de Jairo, no a la sinagoga, esta institución como tal está muerta; pero es desde la ley, desde las tradiciones de Israel, desde sus costumbres… desde donde Jesús salva. No ha venido a abolir la ley, si no a darle su verdadero sentido. Por eso será, desde la casa, lugar donde se reúne la comunidad cristiana, desde donde Jesús salvará, levantará y hará revivir a la institución judía.

Jairo y JesusCon claras alusiones al Cantar de los Cantares y al banquete de bodas, Marcos nos relata esta resurrección de la hija de Jairo. La muchedumbre está llorando y gritando de dolor. Pero, ¿cómo llorar cuando el Novio está presente, cuando el Novio ha ido a buscar a la novia a su casa? Ese Novio que en el Antiguo Testamento era Dios y esa novia que era el Pueblo de Israel.

En la nueva y eterna alianza el Novio se hace presente, con los amigos del novio, y al llegar a la casa pide a la madre y al padre que le acompañen para encontrarse con la novia. A partir de este momento, Marcos no se refiere a la hija de Jairo con el término niña, sino muchacha. Es decir, la que ya está en edad casadera. Más adelante nos dirá que tenía doce años, la cifra de la mayoría de edad marcada por la ley.

Jesús la toma de la mano y le dice en arameo talita kumi, que literalmente significa: muchacha, ven a mí. Jesús está invitando a Israel, personificado en esta muchacha, a adherirse a él, a creer en él, a unirse íntimamente a él.

Al final, el pueblo creyente en Jesús, celebra el banquete de bodas, dadle de comer.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• Al igual que en su tiempo, hoy Jesús atraviesa a la otra orilla para encontrarse contigo, piensa en ese encuentro con Jesús ¿qué sientes? ¿Qué dialogas con él? ¿Qué te dice? ¿Qué le dices?

• Es posible que tu fe esté enferma como la hemorroisa o esté dormida como la hija de Jairo, ¿te acercas a Jesús para que él te cure y te resucite?

• En muchas ocasiones, ¿dónde buscas la solución a tus problemas, dónde buscas la curación? ¿En jesús o en otros lugares?

• Escucho como Jesús hoy a mi me dice: «<No tengas miedo, tú solamente ten fe». ¿Qué significado tienen para mí hoy esas palabras?

• Jesús me invita al banquete de bodas, ¿estoy dispuesto/a a celebrarlo con Él?

ORACIÓN – VIDA

• Te adoro Dios mío, porque siempre sales a mi encuentro, tomas la iniciativa y me buscas.

• Padre, te doy gracias porque me invitas diariamente a celebrar junto a tu Hijo, Jesucristo, “mi” banquete de bodas.

• Me ofrezco a ti, Jesús, para ser portador de tu evangelio y para transmitir el mensaje de la vida a todos cuantos me rodean.

• Ayúdame y aumenta mi fe, que sobre mí desciendan los dones del Espíritu Santo, para que crea que tú eres el único y verdadero Salvador del mundo y así pueda dar testimonio de ti a todos mis hermanos, especialmente a los más pobres y marginados de la sociedad.

Os dejo a continuación el enlce de un video del grupo Ain Karem por si os ayuda en la oración:

Talita Kum – Ain Karem

LECTIO DIVINA DOMINGO DE PENTECOSTÉS (Jn 20,19-23) – Ciclo B

¡Ven-Espíritu-Santo-a-nuestro-corazón-21

VERDAD – LECTURA

19 En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se pu

so en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”.

20 Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

21 Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”.

22 Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíri

tu Santo.

23 A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.

 

Celebramos hoy, la solemnidad de Pentecostés.

¿Pentecostés? Así es. Pentecostés significa quincuagésimo o cincuentena. Para los cristianos es el día en el que se celebra la donación del E

spíritu Santo a la Iglesia, cincuenta días después de la Pascua.

Sin embargo, el origen de esta fiesta hemos de buscarla en la espiritualidad judía. Cincuenta días después de la Pascua, la pesaj, fiesta en la que se celebraba la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto; cincuenta después de la pascua, como decía, el pueblo judío celebraba la fiesta de Pentecostés (shavuot), en ella se hacía memoria del momento de la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés en el Sinaí. Pero es, además, un día de acción de gracias por los primeros frutos de la tierra cosechados. En es día, Jerusalén se llenaba de peregrinos llegados de diferentes lugares.

En este día los cristianos, como indicábamos más arriba, celebramos la venida, la donación, el regalo del Espíritu Santo a la Iglesia. Y precisamente, la narración de este hecho es el que nos ofrece hoy la liturgia, tanto en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2,1-11), como en el Evangelio (Jn 20,19-23). Vamos a centrarnos precisamente en este último.

Los textos que anteceden a este fragmento del evangelio de

Juan son la narración del sepulcro vacío (Jn 20,1-10) y la manifestación a María Magdalena (20,11-18). Posteriormente, se nos relata la reacción de Tomás (20, 24-29 y la manifestación de Jesús en el lago Tiberiades (Jn 21).

Nos encontramos al atardecer del primer día de la semana,. El domingo, el día más importante para los discípulos puesto que es el día en el que tuvo lugar la resurrección, es el día de la nueva creación. Todos los acontecimientos narrados en el capítulo 20 del evangelio de Juan ocurren el domingo. Para Juan el hecho de la venida del Espíritu Santo no tiene lugar cincuenta días después de la Pascua, sino el mismo día de la resurrección; está interesado en mostrarnos la estrecha vinculación existente entre la resurrección de Jesús y la dona

ción del Espíritu Santo.

Al atardecer de aquel domingo, los discípulos se encuentran encerrados con las puertas bien cerradas porque tiene miedo a los judíos; tiene miedo de aquellos que han matado al Maestro. A pesar de que, Pedro y el otro discípulo han visto la tumba vacía; a pesar de que, María Magdalena ha experimentado que Jesús vive y se lo ha comunicado a los discípulos, todavía están atemorizados.

Jesús ahora se hace presente en medio de la comunidad de los discípulos reunidos. Jesús está en el centro de la misma. ¡Jesús está vivo! ¡Jesús está en medio de nosotros! Por dos veces les dice: ¡La paz esté con vosotros! (Shalom). La tercera vez que les de la paz, signo de plenitud, será

cuando Tomás se encuentre también con ellos.

Les muestra lasJesus apostoles señales de la pasión, les enseña las manos y el costado.

Puesto que, la resurrección no ha borrado esas señales. La pasión, muerte y resurrección siempre van unidas. No podemos quedarnos anclados únicamente en la pasión y muerte de Jesús: ¡Él está vivo en medio de nosotros! Les muestras las manos que representan la fuerza de Jesús, manos libres que son signos de su victoria; el costado que es signo de su amor sin límites (Mateos – Barreto).

Al verlo, los discípulos se llenan de alegría. Y les envía a la misión. Volviéndoles a desear la paz. En hebrero Shalom cuyo significado no es únicamente ausencia de guerra. Shalom es armonía, es caridad, es misericordia, es igualdad, que es felicidad, es unidad.

Pero, para poder llevar a cabo la misión les comunica el Espíritu Santo, nos comunica, también, a todos nosotros el Espíritu Santo. Úni

camente con Él y junto a Él, con su fuerza podemos emprender la misión y llevarla a término.

Pero, ¿a qué envía Jesús a sus discípulos? ¿Cuál es su misión principal? La misión que encomienda Jesús a todos sus discípulos, de todos los tiempos, es la de reconciliar al mundo con Dios, llevar a todas las criaturas la misericordia de Dios, perdonar a todos aquellos que queramos acercarnos a Dios, a pesar de nuestras debilidades, de nuestras fragilidades, de nuestras flaquezas, de nuestro pecado. Porque, “habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15,7). Aunque habrá quienes acojan esa reconciliación y quienes la rech

acen. Pero los discípulos nunca se deben de cansar de ofrecer el perdón y la reconciliación con Dios.

Jesús está vivo, Jesús nos envía, Jesús nos envía el Espíritu Santo para que sea nuestra fortaleza, nuestro acompañante en el camino, nuestro consuelo, nuestra energía, nuestra vitalidad. Abrámonos a su presencia y dejémonos conformar y configurar por Él.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

  • Al igual que los discípulos, es posible, que también tú permanezcas encerrado por miedo. ¿Cuáles son esos miedos? ¿Qué perturba tu vida? ¿Pones esos miedos en las manos de Jesús? ¿Te dejas invadir por el Espíritu? ¿Lo acoges en tu vida?

  • ¿Intento vivir mi vida cotidiana llevando la paz de Jesús a los demás?

  • ¿Reconoces la presencia de Jesús y del E

    spíritu en tu vida?

  • ¿Te dejas iluminar, guiar, acompañar por el Espíritu para ser capaz de interpretar los acontecimientos de la historia desde una perspectiva cristiana?

  • ¿Estas atento/a a las diversas manifestaciones del Espíritu Santo en los acontecimientos que se producen a tu alrededor?

  • ¿Manifiestas y muestras a los demás el amor incondicional y gratuito del Padre? ¿De qué forma? ¿Infundes y ofreces paz y perdón?

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VIDA – ORACIÓN

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndidos. Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas, y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre si tu le faltas por dentro;

mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,

doma al Espíritu indómito, guía el que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

Lectio Divina de la Solemnidad de la Ascensión del Señor – Ciclo B (Mc 16,15-20)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 16, 15-20)

En aquel tiempo se apareció Jesús a los doce y les dijo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios; hablarán lenguas nuevas; agarrarán las serpientes y, aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán».Jesús, el Señor, después de haber hablado con ellos, subió al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban.

En la celebración de la solemnidad de la Ascensión del Señor, la liturgia nos ofrece la narración de este acontecimiento, según la versión recogida en el evangelio de Marcos. En este pasaje evangélico Jesús, no sólo asciende a los cielos, sino que además envía a los once a la misión. Una misión que consiste en dar a conocer la Buena Nueva a toda la creación. Hemos de notar la universalidad de este hecho, expresada en dicho envío: Id al mundo entero y proclamad la Buena Nueva a toda la creación (16,15). La reacción de los destinatarios de esta misión puede ser de acogida o de rechazo. Acoger el evangelio conlleva el dejarse bautizar, conlleva convertirse en discípulo de Jesús y conlleva la salvación. Y a los que crean les acompañarán una serie de signos: a) expulsarán demonios; b) hablarán nuevas lenguas; c) agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará; d) impondrán las manos a los enfermos y sanarán. Veamos cada uno de estos signos.

a) Expulsarán demonios.

A quienes crean, Jesús les da el poder de combatir el mal. Les da poder para expulsar el mal de sus vidas y de las vida de los demás.

b) Hablarán nuevas lenguas.roma-la-ascensión-del-fresco-del-señor-en-anima-del-dell-de-santa-maria-de-la-iglesia-de-francesco-salviati-partir-del-centavo-53001549

Quienes acojan a Jesús, tendrán la capacidad de de comunicarse con los demás de una forma nueva y distinta. Esa nueva forma de comunicarse es el lenguaje del amor. Un lenguaje que todo el mundo es capaz de entender.

c) Agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará.

La serpiente si te pica, te inocua su veneno y puede conducir a la muerte; lo mismo que ocurre cuando alguien bebe un veneno. Y son muchas las actitudes, las actuaciones, los modos de envenenar las relaciones entre las personas, sobre todo cuando lo que no prima es el amor. Pero quien vive en la dinámica de Jesús, quien vive y hace suyo el mandamiento del amor es capaz de pasar por encima de estos venenos.

d) Impondrán las manos a los enfermos y sanarán.

En cualquier lugar en el que Dios está presente, la persona excluida de la sociedad, la persona desdichada, la persona en dificultades, los últimos de la sociedad son acogidos por la comunidad, son amados y son acompañados. Esta es la mejor manera de sanación.

Una vez, que Jesús envía a los suyos a la misión, una vez que nos envía a nosotros, sólo queda salir a predicar la Palabra, la cual será confirmada por los signos. A través de nosotros, Jesús continúa su misión. Nosotros somos sus pies, sus manos, sus ojos, su corazón. Y hemos de ir preferencialmente, no exclusivamente, a sus preferidos: los pobres.

A todas las criaturas, a todos los confines del mundo ha de llegar la alegría y la esperanza del evangelio.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el día de hoy, también te envía Jesús, ¿Cuál es tu repuesta?

• ¿Eres consciente de que si crees a Jesús y asumes su misión te acompañarán los signos descritos en el evangelio? ¿Se verifican de algún modo en tu vida?

• ¿Has asumido que eres los pies, las manos, la mente, el corazón de Jesús presente en el mundo de hoy? ¿Qué implicaciones tiene esto para ti?

• ¿Qué significado tiene para ti el amor preferencial, que no exclusivo, hacia los pobres?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por llamarme a la misión de de llevar el evangelio a todas las criaturas y a todos los confines de la tierra.

• Doy gracias a Jesús por los signos que me acompañan al  dar Jesús a los demás.

• Le ofrezco mi vida a Dios para entregarme a la difusión universal del evangelio, empezando por las personas que están más cercanas a mí.

• Pido a Dios Padre que me ayude a ver el rostro de Jesús en los excluidos de la sociedad.

• Id al mundo entero y proclamad la Buena Noticia a toda la creación.