“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados” LectioDivina del domingo XIV del tiempo ordinario – Ciclo A

agobiados

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 11,25-30

Enmarcando este texto dentro del capítulo 11, podemos apreciar que Jesús durante su ministerio público es rechazado, criticado, incomprendido por muchos de sus contemporáneos. A éstos, se acaba de dirigir unos versículos más atrás (Mt 11,16-24).

Sin embargo, el rechazo no es generalizado; precisamente, los pequeños, los sencillos, los ignorantes… sí que han acogido su Palabra; aquellos que se encuentran agobiados y cansados por tener que llevar la carga de unas leyes injustas y que los esclavizan, si que han acogido su Palabra. Éstos le escuchan, reciben y aceptan con alegría su enseñanza, se adhieren a él, quiere compartir su vida, se sienten liberados y, al mismo tiempo, acogidos por un Padre misericordioso, a quien el Hijo conoce bien. Ante este hecho, Jesús eleva espontáneamente una plegaria de alabaza y acción de gracias al Padre.

El texto para una mejor comprensión podemos dividirlo del siguiente modo:

  • Plegaria de alabanza y acción del gracias al Padre (Mt 11,25-26).
  • Jesús se presenta como el verdadero conocedor del Padre (Mt 11,27).
  • Invitación para que vengan a Jesús todos los que se encuentran cansados y agobiados (Mt 11,28-30).

El Padre se da a conocer a los sencillos. Como hemos dicho más arriba, Jesús se siente rechazado por los sabios y entendidos, aquellos que se creen en posesión de la verdad y que esclavizan al pueblo con leyes, que ni siquiera ellos mismo pueden cumplir. Una serie de leyes creadas por los hombres, sobre todo en torno a la pureza legal, que se debían cumplir escrupulosamente, y que estaban vacías de contenido; además,mostraban una imagen erronea de Dios; pues, para ellos, Dios era un ser vengativo, exigente en extremo, despreocupado del bien de la humanidad. Esta imagen contrastaba abiertamente con la que Jesús había presentado de su Padre: bondadoso, misericordioso, cercano, amoroso.

Los humildes y sencillos son capaces de comprender qué significado tiene y qué consecuencias tiene creer en un Dios como el que nos presenta Jesús. Los pequeños, los humildes y sencillos no cumplen con los mandamientos de Dios por miedo, por conveniencia, por conseguir algo de Dios. No. Aquel que acoge a Jesús y su Palabra, cumple con los mandamientos, con la alianza con Dios por amor, como agradecimiento por lo mucho que el Padre nos regala cada día, porque Dios ha querido hacerse cercano al hombre; es más, ha querido hacerse ser humano para comprender plenamente al hombre y ofrecerle la salvación por medio de la pasión, muerte y resurrección de su Hijo. Todo esto, únicamente, puede ser acogido por aquel que se siente necesitado de la misericordia divina, por aquel que es consciente de que no lo sabe todo y necesita que alguien le muestre el camino, por aquel que es dócil a la enseñanza de Jesús, por aquel que es capaz de dejarse transformar por el Espíritu.

Y esta acogida por parte de los pequeños y los humildes hace que Jesús estalle en acción de gracias y alabanza al Padre.

agobiados 2Jesús es el único y verdadero conocedor del Padre. El Padre se ha revelado por medio de Jesús. Y Jesús muestra a un Padre que sólo quiere el bien de sus hijos. La enseñanza de Jesús (su yugo y su carga) es dulce y ligera, siempre que seamos capaces de vivirla como hijos que se sienten amados y que aman, siempre que seamos capaces de vivirla desde la bondad y la humildad. Para ello, es indispensable que hagamos experiencia de un Dios que es amor. Un Dios que conoce nuestra “pasta”, que conoce nuestras debilidades, que sabe de nuestras miserias, que nos sostiene en las dificultades y que nos abraza en nuestro sufrimiento y en nuestro dolor, que está siempre a nuestro lado y quiere levantarnos en nuestra caída, que quiere ofrecernos todo su amor. Y lo único que nos pide a nosotros es que actuemos en consecuencia con amor y desde el amor.

Jesús es el único que conoce verdaderamente al Padre, Jesús es quien le conoce en profundidad, el único que le conoce desde el amor pleno. Por eso, Jesús es el único que puede revelarnos al Padre, el único que puede mostrárnoslo tal cual es.

Jesús invita a ir hacia él a todo el que se sienta y reconozca necesitado de la misericordia de Dios. Los contemporáneos de Jesús se encontraban cansados y agobiados por la multitud de exigencias que los maestros de la ley les imponían; leyes, que en muchas ocasiones, carecían de sentido, leyes a las que Jesús quería dar su verdadero sentido. Jesús dará alivio a todos los cansados y agobiados porque el mandamiento, la tarea, la obligación que nace del amor es llevadera y ligera.

Pero no basta, únicamente con acoger la Palabra; Jesús, además, nos invita a vivir y practicar esa Palabra, nos invita a ser bondadosos, mansos, humildes. Jesús invita a adherirse a su mensaje y a hacerlo vida.

Jesús nos está esperando y nos invita a todos los que sufrimos bajo el peso de las dificultades, de los problemas, de las debilidades a acercarnos a Él. Ir hacia Jesús, emprender su seguimiento nos llena de paz, de sosiego, de seguridad, de vida. Dios quiere acogernos en Jesús con ternura, consolándonos, revitalizándonos, haciéndonos vivir de manera más plena.

Jesus alaba al Padre

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué imagen tienes de Dios? ¿La de un Dios vengativo, lejano, que sólo se fija en tus fallos? ¿O la de un Dios bondadoso, misericordioso, Padre que nos ama, que está deseando que des el primer paso para acogerte?
  • Jesús alaba y da gracias al Padre, ¿Qué te motiva a ti, hoy, para dar gracias o alabar al Padre?
  • Conocer a Jesús es conocer al Padre, ¿qué acciones emprendes en tu vida diaria para conocer más a Jesús? ¿Lees, meditas e intentas llevar a la práctica su Palabra? ¿Participas asiduamente de los sacramentos? ¿De qué manera muestras a los demás el amor que Dios te tiene?
  • ¿Cuál es tu yugo pesado, que te es difícil de llevar? ¿Lo entregas a Jesús? ¿Lo pones bajo la mirada amorosa del Padre? ¿Acudes a Jesús para que haga ese yugo llevadero y ligero?
  • ¿Te reconoces como necesitado del amor y de la misericordia divina? ¿Acoges a Dios como Padre y a Jesús como revelador de su verdadero rostro?
  • ¿Acoges y practicas la enseñanza de Jesús desde el amor, desde la libertad, desde la entrega generosa?

VIDA – ORACIÓN

Padre, te adoro y te amo de todo corazón, porque me has creado y hecho hijo tuyo.

Te doy gracias, por todos los dones que cada día me regalas, por invitarme a seguir a Jesús y a hacer vida su Palabra.

Te ofrezco mi vida, todas mis acciones, mis alegrías y dificultades para tu mayor gloria, para mi propia santificación y la salvación de la humanidad.

Líbrame del pecado y de todo mal, dame fortaleza en las dificultades, ánimo ante los obstáculos; ayúdame a acoger el yugo de Jesús que es ligero y llevadero.

Concédeme el don de la humildad, la sencillez de corazón, la pobreza de espíritu. Derrama tu gracia sobre mí y sobre todas las personas que entren en contacto conmigo, para que seamos testigos de la misericordia divina y transmisores de la Buena Nueva de Jesús. Amén.

“Ser testigos del amor de Jesucristo” – Lectio divina del Domingo XIII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 10,37-42

Enmarcamos el texto que hoy nos ofrece la liturgia dentro del llamado Discurso de la Misión (Mt 10,1-42). En el cual se describe la manera en que los discípulos deben anunciar el Reino y las dificultades que dicha misión conlleva. Nuestro texto recoge una serie de recomendaciones que el Maestro les ofrece para iluminar la difícil situación en la que se encuentran sus seguidores en la segunda mitad del siglo I. Dificultades que provienen sobre todo de sus hermanos judíos que no entienden la Buena Nueva. La situación proviene de una fuerte tensión entre la sinagoga y la Iglesia naciente. Jesús quiere animar a sus discípulos, precisamente a no desanimarse, a no caer en el desaliento, a no desmoralizarse, ni desanimarse a pesar de persecución.

El texto podemos dividirlo en dos partes: una primera en la que Jesús parece invitarnos a renunciar a nuestros seres queridos y a nuestra vida y una segunda parte en la que Jesús nos ofrece unas palabras de consuelo, de aliento, de fortaleza para aquellos que anunciamos el Reino de Dios.

En la primera parte en la que hemos dividido el texto nos encontramos con dos afirmaciones de Jesús: “El que quiere al padre o a la madre por encima de mí, no es digno de mí, y el que quiere al hijo o a la hija por encima de mí, no es digno de mí.” Pueden parecernos dura, pueden parecernos que va en contra del mandamiento de honrar al padre y a la madre (Ex 20,12), nos pueden parecer que van en contra de la ley natural. Sin embargo, nada más lejos de la intención de Jesús. La intención de Jesús más bien es la de dar un sentido pleno a ese amor. ¿Cómo amamos a nuestro padre y a nuestra madre? ¿Cómo amamos a nuestros hijos? ¿Lo hacemos de manera egoísta? ¿Lo hacemos atendiendo a nuestros intereses? ¿Los ponemos de parapeto para no cumplir con nuestras obligaciones? ¿Los convertimos en escusas para no seguir a Jesús de manera plena, para no adherirnos totalmente a Él? ¿Los utilizamos para no comprometernos con nuestros prójimos? Si amamos a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestra esposa, a nuestro esposo, a nuestros amigos en Cristo Jesús e invertimos la escala de valores desde el Reino, lograremos vivir en mayor plenitud nuestra entrega, donación, nuestra dedicación a nuestros padres, hijos, familiares y amigos. En el centro de nuestras relaciones hemos de poner a Jesús, de esa manera tendrán el verdadero sentido y la orientación justa. Jesús no nos pide renunciar a amar a nuestros seres queridos, sino a que los amemos con un amor similar al suyo, con un amor que se entrega, que se hace don.

Para llegar a alcanzar un amor de esas características hemos de estar dispuestos a dejarnos transformar por el Espíritu en otros cristos. Hemos de estar dispuesto como lo estuvo Jesús a entrega la vida por el Reino, a perder nuestra vida por los demás (Mt 10,38s). Es la única manera de vivir ésta en plenitud.

En la segunda parte del texto, como dijimos más arriba, nos encontramos con unas palabras de esperanza que Jesús dirige a todos aquellos que hemos escogido la senda de ser testigos de su amor.

Jesús, el Padre, el Espíritu están siempre junto a aquel que anuncia la Buena Nueva. Podemos decir que son uno con él. De tal manera, que cuando son perseguidos, calumniados, señalados, no lo son ellos mismos, sino que los perseguidos, calumniados, señalados son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Además, en realidad, no son perseguidos por ellos mismos, son perseguidos por lo que son, son perseguidos por causa de Jesús, por causa del evangelio, son perseguidos porque aman de manera incondicional y desprendida. De la misma manera quien acoja a uno de ellos por el simple hecho de ser discípulo de Jesús, está acogiendo al mismo Jesús (Mt 10,40ss).

El seguidor de Jesús es profeta porque ayuda a los demás a vivir plenamente el evangelio, incluso denunciando lo que no está bien. El seguidor de Jesús es justo porque intenta vivir cada día la voluntad del Padre. El seguidor de Jesús es pequeño, porque es humilde, es dócil, se deja transformar, acompañar y ayudar.

Y no pensemos únicamente en nosotros mismos cuando nos acojan a nosotros por ser seguidores de Jesús; si no, también, en cómo acogemos nosotros a los demás.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Subraya las recomendaciones dadas por Jesús ¿Qué te dicen acerca de tu vida? Intenta vivirlas cada día.
  • ¿Cuál es mi escala de valores? ¿Qué valor es el que tengo puesto en primer lugar?
  • ¿Estás dispuesto/a a acoger la cruz, es decir la dificultad, el rechazo, la incomprensión por intentar vivir el Evangelio?
  • ¿De qué manera acojo a aquellos que anuncian el evangelio? ¿De qué manera acojo a los demás en mi vida?
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VIDA – ORACIÓN

Acto de petición

Te amo, Jesús, mi vida, mi alegría y fuente de todo bien.

Quiero amarte cada día más, a ti y a todas las personas redimidas con tu sangre.

Tú eres la vid y yo el sarmiento: quiero estar siempre unido a ti para dar fruto abundante.

Tú eres la fuente: dame la gracia cada vez más abundante para mi santificación.

Tú eres la cabeza; yo, uno de tus miembros: comunícame tu Espíritu Santo con todos sus dones.

Venga a nosotros tu Reino por María.

Conforta y salva a las personas que amo.

Acoge en tu Reino a los difuntos.

Multiplica y santifica a los que has llamado al apostolado.

(Del Libro de oraciones de la Familia Paulina).

“No tengáis miedo” Lectio divina del Domingo XII del Tiempo Ordinario – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 10,26-33

Una expresión que me resonaba bastante de la lectura de este evangelio, también porque se repite tres veces en el texto, era: No tengáis miedo. Creo que es un hecho que no podemos pasar por alto. No sólo para el tiempo de Jesús, sino también para nuestro tiempo. Dicha frase no aparece únicamente en este pasaje; ya en Mt 6,25-34, aparecen estas palabra, u otras similares, siete veces.

Y yo me pregunto: ¿si tenemos fe y confianza absoluta en Jesús, a qué podemos temer? ¿Tememos lo que puedan pensar de nosotros cuando proclamamos el evangelio? ¿Miedo a que nos maten por ser seguidores de Jesús? ¿A qué tenemos miedo, si Dios está con nosotros, si Él no permitirá que nos ocurra ningún mal? Nosotros valemos más que los lirios del campo y los pájaros del cielo: somos hijos de Dios. ¿Miedo al sufrimiento, a la dificultad, a los problemas, a nuestras debilidades, a la muerte? Cristo padeció, sufrió, murió y resucitó por nosotros. Estamos salvados. Ahora, bien es verdad, que nosotros podemos rechazar esa salvación desde nuestra libertad.

Si estamos dispuestos a asumir y cumplir la misión que nos ha encomendado Dios, no tenemos motivos para el miedo; pues, si nosotros declaramos nuestra adhesión a Jesucristo ante los hombres, Él declarará nuestra adhesión a nosotros ante el Padre.

El miedo paraliza, nos inmoviliza, nos aísla, distorsiona la realidad. Por tanto, no tengamos miedo. Sí prudencia, sí cautela, sí moderación, sí discernimiento… pero nunca miedo. Nuestra única preocupación debe ser la de testimoniar a Jesús ante todos los hombres.

No tengamos miedo, siquiera de los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitarnos la vida. Siguiendo a Mario Galizzi en su comentario al evangelio de Mateo, hemos traducido vida en lugar de alma. El cuerpo para un judío es el ser humano al completo, el ser que vive su materialidad aquí en la tierra, el ser visible que se relaciona con los demás. Esta realidad visible en su totalidad y en la medida en que manifiesta su relación con Aquel que es la fuente de la vida en hebreo se denomina nefesch, una palabra que en griego se dice psyché y que a nuestra lengua se traduce por alma o vida. Y esa vida que es relación con Dios no puede ser eliminada totalmente ni definitivamente.

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Quien mantiene su relación con Dios, quien mantiene su adhesión a Jesús, quien se deja cada día transformar y configurar a Cristo por el Espíritu Santo, podrá morir materialmente, podrán arrebatarle su existencia, pero nadie podrá quitarle la vida, que es su relación con Dios, nadie podrá romper ese vínculo. Ese vínculo será roto únicamente por aquel que no quiera ser amigo de Dios, por aquel que no quiera relacionarse con Él, por aquel que niegue a Jesús ante los demás.

Dios está siempre cerca de aquellos que lo invocan con sincero corazón, de aquellos que lo buscan, de aquellos que claman y lo llaman. Dios se preocupa por todos y cada uno de nosotros, sabe nuestras necesidades, conoce nuestras inquietudes, entiende nuestras dificultades. Nuestro Padre siempre nos acompaña, siempre nos protege, siempre nos ayuda. Y si de algo hemos de tener miedo, no ha de ser a ser condenados (actitud del esclavo, que diría san Agustín), sino a ofender, a disgustar, a desagradar a nuestro Padre que únicamente nos ofrece amor. Ese es el verdadero temor de Dios. Miedo y temor a perder esa relación vital con Él, que nos amó primero desde toda la eternidad y nos seguirá amando durante toda la eternidad.

Si nosotros hemos reconocido a Jesús ante los demás, Él no reconocerá ante el Padre. Si nosotros hemos dado testimonio de Jesús delante de los hombres, Él dará testimonio de nosotros ante el Padre. Jesús quiere reconocernos como suyos ante el Padre, quiere salvarnos. Dios quiere nuestra salvación, Jesús nos busca para ofrecernos la salvación, el Espíritu Santo nos fortalece para que alcancemos la salvación.

Con esta certeza, en el corazón, en nuestra alma, en nuestro cuerpo incluso, en todo nuestro ser, estamos llamados a vivir nuestra existencia cotidiana; pero, teniendo en cuenta la importancia de ser testigos del amor de Dios, que se hace visible en Jesús, ante todos aquellos que se cruzan en nuestro camino, ante aquellos que conozcan o no a Dios, ante aquellos que acojan nuestras palabras o ante aquellos que las rechacen. Salgamos fuera y transmitamos a todo el mundo la alegría del evangelio.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuáles son tus temores, tus miedos? ¿Qué es aquello que te turba, que te sobresalta, que te paraliza?
  • Reconoce ese temor, afróntalo, ¿Qué es lo peor que te puede pasar ante ese temor? Plántale cara, intenta poner en juego todas tus facultades para vencerlo.
  • ¿Eres capaz de arriesgarte por Jesús? (Él se arriesga por ti). ¿Eres capaz de reconocer a Jesús ante los demás? (Él te reconoce ante el Padre) ¿Eres capaz de dar testimonio de Él? (Él da testimonio de ti).
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VIDA – ORACIÓN

Acto de abandono

Padre, ignoro lo que hoy me va a ocurrir.

Pero sé que nada sucederá sin que tú lo hayas previsto y dispuesto,

desde toda la eternidad, para que redunde en bien mío.

Y esto me basta.

Adoro tus designios eternos e inescrutables;

por tu amor los acepto con todo el corazón;

en comunión con el sacrificio de Jesús, mi Salvador,

te ofrezco todo mi ser.

En su nombre y por sus méritos infinitos,

te pido firmeza en las contrariedades y aceptación sin reservas,

para que todo lo que dispongas o permitas,

sirva para tu mayor gloria y para mi santificación.

(Beato Santiago Alberione).

“Yo soy el Pan Vivo”.Lectio Divina de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 6,51-58

Nos encontramos en este domingo, en el que celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, con un “discurso” pronunciado por  Jesús en la sinagoga de Cafarnaún (Jn 6,59). Anteriormente a esto, el autor del Cuarto Evangelio nos ha narrado como los judíos, refiriéndose claramente a los dirigentes del Pueblo de Israel, murmuraban contra él, por haber afirmado: “Yo soy el pan bajado del cielo” (Jn 6,41). Lo cual había desatado una cierta controversia. Lo primero, porque ellos conocen bien los orígenes Jesús; ¿cómo puede, entonces, decir que ha bajado del cielo? Pero aún hay más, está claramente blasfemando; del cielo solo procede Dios; los judíos pensaría que aquel “insensato” se estaba autoproclamando como Dios. Pero es más quiere darse en alimento, algo totalmente imposible, incluso para nuestra mentalidad. ¿Cómo puede una persona convertirse en alimento para otra? Vayamos por parte.

Si quisiera aclarar, que por muchas explicaciones acerca de este fragmento del evangelio de Juan que yo pueda daros, no voy a desvelar nada nuevo, ni voy a disipar las dudas que podamos tener acerca de la Eucaristía, de la transustanciación, o del misterio eucarístico. Nos encontramos precisamente ante un misterio. Lo cual no tiene nada que ver con algo secreto o algo reservado únicamente a iniciados; tiene más bien que ver con algo que es incomprensible para nuestra mente, algo imposible de entender para nuestra capacidad intelectual por muy superdotado que uno pueda llegar a ser. Todo esto tienen más bien que ver con la experiencia. La eucaristía hemos de experimentarla, hemos de vivirla. Sin hacer la experiencia de ponerse delante del Santísimo, en total apertura, sin prejuicios, con todo nuestro ser, es imposible poder siquiera llegar a vislumbrar un poquito de este misterio. Por eso, invito a toda aquella persona que lea esta entrada del blog a que haga experiencia de la eucaristía, de la adoración eucarística y de estar a solas, como diría Santa Teresa de Jesús, con aquel que sabemos nos ama. Sabiendo que, hacer experiencia, en la mayoría de los casos, requiere además tiempo.

Y dicho esto, ahora sí, vamos a comentar la lectura que hoy nos regala la liturgia. La primera afirmación de Jesús: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo”. Con ello quiere decir a sus contemporáneos y a nosotros que escuchamos hoy la Palabra, que él procede del Padre, el cual es fuente de vida plena y verdadera. Y de la misma manera que lo es el Padre, lo es Jesús. Sí, Jesús es principio, origen, fundamento y desarrollo de una vida que puede llegar a ser plena y verdadera. Para ello será imprescindible entrar en comunión con él, en unión íntima, en relación estrecha; es imprescindible asimilar el Espíritu manifestado en la realidad humana de Jesús. De esta manera el ser humano “vivirá para siempre” (Jn 6,51); es decir, tendrá vida eterna. Una vida muy distinta, posiblemente, a nuestra vida física y actual; pero, al fin y al cabo, vida y vida en plenitud.

Para los judíos, y probablemente para muchos de nosotros, estas palabras de Jesús eran  y son inconcebibles, absurdas, intolerables: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”. Posiblemente, pensarían en alguna cuestión extraña de canibalismo. Sin embargo, Jesús no hablaba en sentido literal o en términos absolutos, que era como lo habían entendido ellos; por eso, no llegan a entender el significado verdadero de comer su carne. Jesús, en realidad está hablando de entrar en comunión plena con él; entrar en unión intima, de apropiarse de las actitudes vitales de Jesús, de sus valores, de su modo de vivir. Es más, los judíos no fueron capaces de acoger que Dios quisiera entrar en relación o en unión plena con el ser humano.

Comer la carne de Jesús y beber su sangre es aceptar a Jesús como nuestro punto de partida y de llegada, como nuestra referencia esencial, indispensable y necesaria para llegar al Padre y alcanzar así la vida eterna. Comer su carne y beber su sangre es hacer propio su amor incondicional y extremo. Un amor que le llevó incluso a entregar la vida por la salvación del género humano. Un amor que le llevo a liberarnos definitivamente de las ataduras de la muerte. Un amor que no espero nada a cambio, que lo hizo entregarse gratuita e incondicionalmente para que todos nosotros tengamos una vida plena y definitiva.

Y el discípulo de Jesús ha de ser capaz de unirse a él, de identificarse con él; ha de ser capaz de dejarse modelar por el Espíritu para llegar a ser otro Jesús en sus actitudes vitales y amar a los demás como él ama.

El pan y el vino que, en cada eucaristía, se nos ofrece como alimento es Jesús mismo. Estas especies nos dan la fuerza necesaria para que las actitudes vitales de Jesús se conviertan en las nuestras y, de este modo lograremos que nuestro modo de vivir cambien radicalmente. La asimilación del estilo de vida de Jesús y de su entrega acontece comiendo su carne y bebiendo su sangre, acontece en cada eucaristía.

Únicamente, entrando en comunión plena y vital con Jesús, comiendo su carne y bebiendo su sangre, podremos hacer propia la vida que Jesús nos propone. Es la única manera de entrar en unión intima, profunda e inseparable  con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo acoges el don de la vida plena, que Jesús te ofrece en cada eucaristía?
  • ¿Cómo vives, en  tu vida cotidiana, la asimilación del cuerpo y la sangre de Jesucristo?
  • ¿Al asimilar el cuerpo y la sangre de Jesucristo, eres consciente de que poco a poco se tiene que producir en tu vida un cambio radical?
  • En la celebración eucarística, te alimentas de la doble mesa de la Palabra y la Eucaristía, ¿eres consciente de ello? ¿son ambas importantes para ti?¿cómo vives esos momentos?
  • ¿Eres consciente, que comer la carne de Jesús y beber su sangre, te deben llevar a un compromiso mayor en favor de tus hermanos, especialmente los más necesitados? ¿Eres consciente, que estas siendo llamado a ser también transmisor de vida?

VIDA – ORACIÓN

Te doy gracias, Maestro, Vida verdadera y plena,

por haberme hecho el gran regalo de quedarte junto a mí en la Eucaristía,

y salir a mi encuentro, a pesar de mi inconstancia, mi fragilidad y mi debilidad.

En unión con María te ofrezco al Padre:

contigo, por ti y en ti,

sea por siempre la alabanza, la acción de gracias y la súplica

por la paz de los hombres.

Ilumina mi mente,

hazme discípulo fiel de la Iglesia;

que viva de fe; que comprenda tu palabra;

que sea un auténtico apóstol, propagador de tu amor.

Ayúdanos, Maestro Bueno, a todos los cristianos,

para que la Buena Nueva, que proclama la misericordia y el amor de Dios Padre,

llegue hasta los últimos confines del mundo.

“Si me amáis, guardaréis mi palabra”. Lectio Divina del Domingo VI de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Juan 14,15-21

Seguimos en el mismo contexto que el domingo pasado: La última cena, el discurso de despedida de Jesús. Los discípulos se encuentran turbados ante el anuncio de la inminente partida de Jesús.

Creo, que en el texto, que la liturgia nos ofrece este domingo, habría que destacar dos de sus versículos: el 15 y el 21. En ellos, se les recuerda a los discípulos la importancia de guardar los mandamientos de Jesús; y recordemos, cuál es el mandamiento principal. Únicamente aquel, que guarde sus mandamientos, estará en disposición de recibir el Espíritu Santo.

Pero, ¿cuáles son esos mandamientos? La clave la encontramos unos versículos más abajo, que no aparecen en el evangelio de este domingo. Concretamente nos estamos refiriendo a los versículos 23 y 24: Aquel que guarda, y por tanto, cumple, la palabra de Jesús es quien verdaderamente le ama. Guardar los mandamientos de Jesús no es precisamente cumplir una serie de normas morales, sino entrar en comunión con él y permanecer en su espacio vital: asumir y vivir las mismas actitudes vitales de Cristo. Amar a Jesús está estrechamente ligado a la vivencia de su palabra, de sus actitudes vitales en nuestra vida cotidiana; es preciso dejarnos conducir por él,  poner en práctica lo que él predicó y vivió. Sólo de esta  manera estaremos unidos a él y conservaremos sus amor; sólo de este modo estaremos preparados para recibir el Espíritu Santo. Recibiremos al Paráclito, el Espíritu consolador, el Espíritu Santo que continuamente viene en nuestra ayuda.

El Espíritu Santo será quien nos enseñe a vivir el mandamiento del amor, quien venga en nuestra ayuda en los momentos difíciles, quien nos sostenga y levante.

Hasta ahora, ha sido Jesús quien ha desempeñado esta misión con sus discípulos, pero ante su inminente marcha, el Padre dará otro consolador, otro apoyo, otro sostén. Ahora el Espíritu Santo permanecerá junto a nosotros para siempre.

Este Espíritu consolador, es el Espíritu de la verdad, el que continuará dando testimonio de Jesús y nos mantendrá en la fidelidad a la Palabra. Será quien nos mantenga alerta ante los falsos maestros, ante aquellos que profesan la mentira, para mermar la capacidad de amar que tiene el ser humano. El mundo al estar contagiado del espíritu de la mentira no está preparado para recibir al Espíritu Santo. Y con el término mundo no se refiere al planeta Tierra o a los seres humanos, sino más bien a las situaciones o estructuras que merman la capacidad de amar de las personas, la capacidad de plenitud del ser humano.

No estemos intranquilos, no permanezcamos inseguros, no vivamos nerviosos y turbados. Jesús en ningún momento nos abandona. Su ausencia no es definitiva. Él está presente, pues ha resucitado.

El Espíritu Santo nos capacitará para experimentar la presencia de Jesucristo en nuestras vidas. El día de su resurrección Jesús comunicó a sus discípulos la vida en el Espíritu, la vida de total identificación con el Padre y el Hijo, la vida de comunión con Dios.

Si obramos según el Espíritu de Jesús, si asumimos sus enseñanzas y las ponemos en práctica, nos encontraremos en la senda del amor a Jesús, ese es quien verdaderamente ama a Jesús. Y quien ama a Jesús es, a su vez, amado por el Padre. Quien viva los valores vividos por Jesús y se comporte de la misma manera como él lo hizo puede decir que ama a Jesús. El Padre y Jesús que son uno le manifestaran su amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es el mandamiento principal de Jesús? ¿Cómo intentas vivirlo?
  • ¿Estas atento a la palabra de Jesús? ¿A lo que Él pueda pedirte u ofrecerte en cada momento?
  • ¿Cuál es la condición indispensable para poder recibir el Espíritu Santo? ¿Intentas tener presente dicha condición y practicarla en tu vida cotidiana?
  • ¿Participas de alguna manera en esas estructuras o situaciones que merman la capacidad de amar de aquellos que te rodean?
  • ¿Como muestras y demuestras tu amor por los demás, sobre todo por aquellos a los que nadie ama, por los pobres más pobres de nuestra sociedad y de nuestras comunidades?
  • ¿De qué manera te dispones para acoger y dejarte hacer por el Espíritu Santo?

VIDA – ORACIÓN

  • Entra en dialogo con el Espíritu Santo, seguramente el gran olvidado.
  • Cuéntale tus temores, tus dificultades, tus oscuridades, tus contrariedades, los obstáculos que encuentras en el camino de tu vida.
  • Dale, también, gracias por todas las luces que pone en tu camino, por la ayuda que te presta, por la fortaleza que te infunde…
  • Déjate atrapar por él, déjale entrar en tu vida y que sea él quien guíe tus pasos y te modele. según el modelo más extraordinario, insuperable y excepcional que es Jesucristo.

Verdad, Camino y Vida: Lectura orante con la Palabra de Dios

Aunque no suelo publicar más de una entrada a la semana con la Lectio Divina del evangelio del domingo, algunas personas, me habéis pedido que escribiera alguna cosa acerca del método que se expone en este blog para realizar la Lectio Divina; y que utilizamos cada semana para orar con el evangelio del domingo. Eso me ha movido a colgar esta semana una entrada más tratando este tema.

Dicho método tiene su origen en el pensamiento y la obra del Beato Santiago Alberione, Fundador de la Familia Paulina, aunque hunde sus raíces en la tradición de la Iglesia. No voy aquí a exponer la intensa historia de la Lectio Divina, podríamos dedicar en el futuro una entrada a ello. Pero sí que me vas a permitir, querido internauta, que te explique como comenzó este método de Lectura orante con la Palabra de Dios

En la noche que dividía el siglo XIX del XX, el P. Alberione tuvo la intuición, siendo joven seminarista, de hacer algo por los hombres y mujeres del siglo XX. Se había empapado totalmente de la doctrina del Papa León XIII, que impulsaba a la lectura y al estudio de la Biblia. Conocía perfectamente la preocupación de Pío X acerca de la falta de una base firme entre los creyentes católicos, pues les faltaba el alimento primordial de la eucaristía y la Biblia. Todo esto le llevó a fundar en 1914, la Familia Paulina, que tiene en el centro de su misión la Biblia. Pero no quedó ahí la cosa, en 1924, funda la Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN), con el anhelo y el deseo de que en cada familia hubiese un texto de la Sagrada Escritura.

Aunque su amor por la Biblia no se limitó a su edición y difusión; a sus hijos e hijas nos quiso dejar un gran regalo, enraizado en una honda espiritualidad bíblica, la hora diaria de adoración ante el Santísimo Sacramento, conocida comúnmente en la Familia Paulina como la Visita Eucarística, la cual está articulada en tres partes: lectura bíblica, revisión de vida y dialogo oracional. Al fin y al cabo un método de Lectura orante de la Palabra de Dios.

Hoy desde el Centro Bíblico San Pablo, presente en varios países del mundo, queremos continuar con ese legado que nos dejo el P. Alberione de difundir la Palabra de Dios y acercarla a todas la humanidad, y para ello realizamos diversas actividades, cursos y encuentros a lo largo y ancho de la geografía española.

El método verdad, camino y vida

Después de este mini repaso histórico y de concretar de dónde proviene el método de Lectio Divina que proponemos, habitualmente, en nuestro blog, permíteme que intente explicarte en qué consiste el mismo.

Como ya sabes el método consta de tres partes, que se corresponden a su vez con las tres partes tradicionales de la Lectio Divina: lectura, meditación y oración.

Pero antes de comenzar a orar con la Palabra, me parece que, son necesarios algunos  preparativos.

Preliminares

Busca un lugar tranquilo, donde nadie te moleste. Es importante hacer silencio. También es importante el ambiente. Puedes disponer una Biblia abierta, adornada con flores, acompañada por la luz de una vela, un icono…

Es decir, preparar el lugar de tal modo que te invite y ayude a orar. Tómate tu tiempo, te aconsejo que dediques a la lectura orante una hora, pero si te resulta demasiado, puedes utilizar media hora.

Desde un punto de vista pedagógico y, sobre todo al principio, vamos a dividir cada momento de la Lectura Orante en períodos de tiempo de veinte minutos cada uno, si es que le dedicamos una hora, si no pues la mitad.

El paso de un momento a otro, sobre todo en la Lectura orante comunitaria, lo podemos señalar con un canto, una oración, una invocación…

Nos podemos ayudar de una música de fondo, una canción, una imagen… si lo vemos conveniente.

Comienza por invocar al Espíritu Santo. Que sea Él quien guíe tu itinerario. Recuerda que la Sagrada Escritura es escritura inspirada. El Espíritu Santo es quien abre nuestro oídos, nuestro entendimiento y nuestro corazón a la Palabra, que hoy se cumple ante nosotros. Él es el único que nos puede ayudar a entender mejor el texto sagrado.

a.- Invocación al Espíritu Santo.

Esto puede hacerse de diversas maneras: un canto, una oración, un momento de silencio. Lo importante es hacerse consciente de su presencia y invocarlo, para que Él te ayude a comprender el pasaje que vas a leer y sepas actualizarlo al hoy que estas viviendo, a tus necesidades concretas, a tu vivir cotidiano.

b.- Verdad. Lectura. ¿Qué dice el texto?

La pregunta que has de tener presente, en este primer momento es: ¿qué dice el texto?

Para ello es necesaria la lectura atenta, pausada, sin prisa de la Palabra. Puedes leer el texto en voz alta, de modo que participen más sentidos.

Es el momento de «masticar» lentamente la Palabra, de trillarla, de desmenuzarla.

Una vez que hemos leído el texto tal como hemos indicado anteriormente, lo primero que haremos será enmarcar el texto dentro de su contexto. Para ello, puede resultar muy útil leer la introducción al libro que contiene la lectura con la que estamos orando. La mayoría de las biblias tienen esplendidas introducciones que nos pueden ayudar en este momento. Al leer fíjate, sobre todo, en el ambiente socio cultural en el que se desarrolla: tiempo y lugar en que fue escrito el libro, a qué necesidad concreta del Pueblo de Israel o de la Iglesia hace frente.

Lee, también, las notas a pie de página, te ayudaran a entender mejor el texto, por último lee los texto paralelos. Todo ello, te dará una visión global del pasaje.

Vamos a continuar desmenuzando el texto, sin ninguna otra ayuda, mas que la de nuestra Biblia.

Yo aconsejo a partir de ahora contar con un lápiz, si es posible bicolor para ir señalando o subrayando algunas palabras o frases del pasaje. Aquello, que por lo que sea capta tu atención.

Puedes continuar intentando responder a alguna de estas preguntas:

  • ¿Es posible estructurar o dividir el texto en partes? Inténtalo.
  • Si conoces algo acerca de lo géneros literarios, ¿dentro de que género podemos enmarcarlo?¿De qué modo debemos leerlo? ¿Cómo debemos entenderlo?
  • ¿Hay palabras o expresiones que se repitan? ¿Cuáles?
  • Es posible que no haya palabras que se repitan, pero, ¿encontramos algún sinónimo?
  • Si es que aparecen, ¿qué personajes intervienen? ¿qué hacen? ¿hablan? ¿permanecen callados? ¿son destinatarios de una acción? ¿quién o quiénes son los protagonistas?
  • Intenta relacionar el pasaje con el resto del libro al que pertenece o con el resto de la Sagrada Escritura.
  • Por último, pregúntate ¿cuál es la palabra o palabras fundamentales del texto? Subráyala, acógela, tómala contigo.

c.- Camino. Meditación. ¿Qué me dice el texto?

Pasamos a la segunda parte de nuestro itinerario. Ahora, la pregunta a responder sería: ¿Qué me dice el texto?

En este momento concreto de tu vida, en las circunstancias propias que estás viviendo, en tu propio contexto particular, ¿qué quiere decirte Dios?

Ha llegado la hora de «saborear» la Palabra. Tal vez, alguna de estas preguntas te puedan ayudar en el desarrollo de esta segunda parte.

  • ¿Qué te dice el texto acerca de tu situación actual? ¿Tiene algo que ver con tu vida?
  • ¿Qué quiere decirte Dios con este pasaje?
  • ¿Qué te dice el texto acerca del comportamiento de Jesús?
  • ¿Qué tienes que cambiar en tu vida para que ésta se asemeje más a la de Jesús?
  • ¿Qué te exige, en concreto, esta Palabra? ¿Qué te pide hoy?

Y luego para que la Palabra te acompañe durante todo el día puedes utilizar la llamada «rumia». Es decir, toma esa palabra o frase fundamental del texto que tocó tu corazón, en la primera parte de nuestro itinerario, y ve repitiéndola durante tu jornada: mientras esperas el autobús, cuando vas caminando por la calle, en un atasco, al hacer la fila del pan…

d.- Vida. Oración. ¿Qué le digo a Dios a partir del texto?

Ya hemos llegado a la tercera y última parte de nuestro itinerario. De la escucha y la meditación de la Palabra es muy posible que surja de forma espontánea la oración de petición, súplica, alabanza, acción de gracias, ofrecimiento, adoración… Esa es tu respuesta a Dios desde la experiencia vivida en este momento de oración.

Pero la respuesta a Dios no puede quedarse ahí únicamente, la oración ha de llevarnos al compromiso. Por ello, es necesario que asumas una acción concreta en tu vida a favor de los hermanos y para que el Reino de Dios y su justicia sea cada vez más una realidad en nuestro mundo.

Conclusión

Pues ya hemos llegado al final de nuestro itinerario. Espero que esta entrada del blog Biblia y Comunicación te haya resultado interesante y te ayude a profundizar en tu oración con la Palabra de Dios. Si necesitas más información te invito a dirigirte a: centrobiblico@sanpablo.es Te invito también a visitar la página de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es En ella te ofrecemos un acercamiento diario a la Palabra de Dios. Y la página web de la Revista Biblia Viva en la que te ofrecemos, entre otras cosas, artículos y materiales interesantes para acercarte a la Palabra de Dios: https://www.bibliaviva.sanpablo.es/

Como siempre muchas gracias por seguir nuestro blog y por compartir con otras personas nuestras entradas. Dios te bendiga.

“YO SOY EL BUEN PASTOR” Lectio Divina Domingo IV de Pascua – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 10,1-10

Carmine Gallo, en su libro Hable como en TED, nos presenta las características que debe tener una buena presentación para ser estimulante: emocionante, original y memorable. Es decir, las historias que contamos deben tocar el corazón de nuestro interlocutor, deben enseñarle algo nuevo y el público debe ser capaz de recordar dicha historia. No voy aquí a realizar un estudio acerca de los relatos, de las historias o de los procesos comunicativos. Si es el lugar, pero no creo que sea el momento. La causa por la que he traído a colación estas características es porque, desde mi punto de vista, el relato que hoy nos presenta el evangelio de Juan, de adecua perfectamente a las cualidades enunciadas por Carmine Gallo.

La imagen que nos presenta Jesús en este fragmento del evangelio de Juan, posiblemente, a nosotros pueda quedarnos un poco lejos; pero no así con sus contemporáneos, qué seguramente entendían perfectamente las metáforas, comparaciones o paradojas utilizadas en su discurso.

Os invito acercarnos al texto como si fuera la primera vez que lo escuchamos, con la curiosidad del principiante, y con la apertura que solemos adoptar ante la novedad. Os pido que intentemos acercarnos al texto evangélico esforzándonos por comprender la metáfora o la personificación que Jesús utiliza en el relato.

¿A quién se está refiriendo cuando nos habla del Pastor? ¿Quiénes son las ovejas? ¿Quién es el ladrón? ¿Qué significado puede tener la puerta?

Las ovejas, para el autor del cuarto evangelio, representan al pueblo de Israel dominado por sus propios dirigentes, a los cuales dirige este discurso y que, anteriormente, han vivido el episodio del ciego de nacimiento; es decir, está dirigiendo su discurso a los fariseos.

Jesús, por medio de una comparación, va mostrando a sus interlocutores que él es la única alternativa para la salvación. No salva el cumplimiento de unas normas absolutizadas por los fariseos, ni la institución, ni la pertenencia. Salva la persona de Jesús.

El aprisco es la representación de la institución judía, dentro de ella algunos individuos se han arrogado puestos para los que no tenían ningún derecho, por lo que en realidad son ladrones y bandidos que utilizan todas las «armas» a su alcance para someter al pueblo y seguir sumiéndolo en la miseria.

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Sólo existe una manera legítima para acercarse a las ovejas: entrando por la puerta. Todo aquel que no haya entrado por la puerta, se acerca a las ovejas de manera ilegítima, y según Jesús con la clara intención de explotarlas.

A los que no entran por la puerta, ladrones y bandidos, sino que entran en el aprisco saltando la valla, se oponen al pastor, el cual es reconocido por el guarda y las ovejas.

El pastor es Jesús. El personaje del pastor aparece ya como figura mesiánica sobre todo en los Profetas del Antiguo Testamento (p.e. Ez 34,23s). El pastor entra en el aprisco para cuidar de sus ovejas no para explotarlas o sacar algún beneficio de ellas. Por eso ellas reconocen su voz.

Pero, además, el pastor llama a cada una por su nombre, las conoce a todas y a cada una de ellas de forma personal e individual. Jesús llamando a cada una de las ovejas por su nombre, les ofrece la alternativa de salir de la institución judía para entrar en el camino de la libertad y de la vida, aunque este no esté exento de dificultades y obstáculos. Jesús llama a cada una de las ovejas a su seguimiento.

Una vez que las ovejas han reconocido la voz del pastor, es imposible que escuchen la voz de un extraño, lo más lógico es que huyan de él; porque es el pastor quien conduce a su rebaño a verdes pastos y no al matadero.

Ante la cerrazón de los dirigentes judíos, Jesús continúa con otra comparación: la puerta. El único lugar por el que se puede acceder a la salvación es por la puerta que es Jesús. Aquel que se adhiera a Jesús y le siga, aquel que atraviese la puerta, encontrará la salvación. Podrá entrar y salir libremente y encontrará pastos verdes, encontrará la vida.

Los ladrones únicamente vienen a robar y a quitar la vida a las ovejas. Jesús, sin embargo ha venido para dar vida plena y a darla en abundancia.

Espero, querid@ herman@, que, después de este acercamiento, que he intentado hacerte al relato, también para ti, esta narración resulte emocionante, original y memorable.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿En qué momentos de mi situación actual, reconozco la voz del Pastor?
  • ¿Escucho la voz del Pastor, me dejo conducir por ella y le sigo?
  • ¿Facilito a los demás que puedan conocer la voz del Pastor?
  • ¿Soy yo, como Jesús, puerta por la que los demás pueden entrar y salir para encontrar verdes pastos o por el contrario soy muro que nadie puede atravesar?

VIDA – ORACIÓN

Oramos juntos con el Salmo 23:

El Señor es mi pastor;

nada me falta.

En verdes praderas me hace descansar,

a las aguas tranquilas me conduce,

me da nuevas fuerzas

y me lleva por caminos rectos,

haciendo honor a su nombre.

Aunque pase por el más oscuro de los valles,

no temeré peligro alguno,

porque tú, Señor, estás conmigo;

tu vara y tu bastón me inspiran confianza.

Me has preparado un banquete

ante los ojos de mis enemigos;

has vertido perfume en mi cabeza,

y has llenado mi copa a rebosar.

Tu bondad y tu amor me acompañan

a lo largo de mis días,

y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré.

No está aquí. ¡Ha resucitado! Lectio Divina del Domingo de Pascua – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio Jn 20,1-9

  • ¿Dónde está?
  • No está aquí. Se lo han llevado. No sabemos dónde lo han puesto.

Resulta que el sepulcro está vacío.  ¡No puede ser! Pero, así es. En el sepulcro no hay nadie. ¿Dónde está el cuerpo de Jesús? Todos han visto cómo le crucificarán. Algunos de sus discípulos han sido quienes lo han metido en aquel sepulcro. Varios pudieron ver el llanto desgarrador de su madre, rota de dolor, por la muerte de su hijo.

El sepulcro está vacío. Es el primer día de la semana. Sí, tal día como hoy, muy temprano. Entre luces y tinieblas. No ha amanecido totalmente. Y, sin embargo, se va abriendo paso la Luz, la Vida. Aunque nosotros no seamos capaces de percibirla; tal y como le ocurría a María Magdalena.

¿A qué iba María al sepulcro? A qué otra cosa podría ir; a llorar por la muerte del Maestro, a encontrarse con la tristeza, la resignación, con el dolor por la pérdida del Esposo.

También nosotros buscamos como Iglesia, como comunidad, como creyentes al Esposo, a Jesús, al Salvador, a aquel que puede traernos la felicidad plena.

Pero, ¿Dónde? ¿Cuándo le buscamos? ¿En las tinieblas? ¿Simplemente para llorar el sufrimiento, el dolor, la culpa? ¿Seguimos creyendo que la muerte ha triunfado?

Pues, sabed que el sepulcro está vacío, que la losa está quitada (20,1). Que la piedra que cerraba las puertas de la vida ha sido desplazada. Ante ese corrimiento de la piedra, de nuestras propias piedras, ¿Cuál es nuestra reacción? La de María Magdalena está clara: ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Han profanado la tumba de Jesús! ¡Se han llevado su cadáver! Ya ha hecho su propia interpretación del acontecimiento. Sigue pensando en parámetros de muerte. El caso es que, sólo sabemos, por ahora, que la piedra está movida.

¿Qué dice esta loca? ¿Qué han movido la piedra del sepulcro? Hay que ir allí y cerciorarse. Jesús está muerto. Bastante revuelo ha suscitado en vida, como para que ahora, encima, después de muerto, sigamos dándonos problemas.

Pedro y el discípulo al que Jesús tanto amaba, corren hacia el huerto en el que estaba excavado el sepulcro. El huerto (el jardín) es lugar de vida y de encuentro con Dios. Allí es donde se encuentra la tumba de Jesús. Pero nadie ha caído en la cuenta. Corren para ver si pueden averiguar quién se ha movido la piedra.

El discípulo incluso se adelanta a Pedro. Y se encuentra, efectivamente, con que la losa está quitada. Se asoma y ve como los lienzos no cubren a Jesús. Están colocados. Como cuando el amado espera a su amada en el lecho nupcial. Sin embargo, no cae en la cuenta. Ha visto las señales de la vida, de la resurrección, pero no lo ha llegado a comprender.

Cede el paso a Pedro. Éste entra y ve también los lienzos de la misma manera, pero además, el símbolo de la muerte que es el sudario está colocado a parte. La muerte ha sido vencida. La muerte está echada a un lado, la muerte ha sido desplazada por la Vida. Pero, Pedro se mantiene dentro de sus parámetro. Ve las señales, pero no es capaz de ir más allá. El discípulo, sin embargo, vio y creyó. El amor ante el menor signo, ya cree, confía, espera.

Ante un mismo hecho dos actitudes totalmente distintas. Pero así es el ser humano. La verdad es que aquel acontecimiento les debió dejar impactados. Cada uno vuelve a su casa. Lo que ocurre que no vuelven de la misma manera. Pedro vuelve igual que antes; impactado, sí; sorprendido, sí; lleno de interrogantes. Sin embargo, el discípulo al que Jesús amaba y es de suponer que él amaba a Jesús, ese vuelve transformado, vuelve cambiado, vuelve diferente: CREYÓ.

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Buscas a Jesús en tu vida? ¿Quieres salir a su encuentro? ¿Deseas ardientemente encontrarte con él?
  • Jesús  te va ofreciendo signos, señales, itinerarios para poder ir a su encuentro; al percibirlos ¿qué haces?
  • En ocasiones, las señales son evidentemente claras, inequívocas ¿Cuál es, entonces, tu actitud? ¿Te marchas con cara de vinagre, pensando que el Dios de Jesús es muy complicado y “vete a saber lo que es aquello”? ¿Acoges esas señales y continuas tu búsqueda con esperanza, con fe, con amor?
  • ¿Qué significa para ti que Jesús ha resucitado?
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VIDA – ORACIÓN

  • Te invito a meterte en la escena, como si fueras un personaje más. Conviértete en María Magdalena, reproduce la narración metiéndote en la piel de este personaje, revive el acontecimiento desde el punto de vista de ella ¿Qué sientes? ¿Qué emociones, qué actitudes se despiertan en ti? Haz lo mismo con el personaje de Pedro y del discípulo al que Jesús ama… Alaba a Dios por permitirte recordar, conmemorar, revivir este acontecimiento.
  • Da gracias a Dios por el regalo de la Resurrección de su Hijo, por el don de tu propia resurrección, por ser un Dios de vivos y no de muertos.
  • Ofrécete para ser testigo de la Resurrección de Jesús, para propagar a los cuatro vientos que Jesús está vivo.
  • Pide que el Espíritu Santo ilumine tu camino, te conduzca por senda llana y te muestre los signos de la Vida, para poder anunciar la Vida a todos los que salen a tu encuentro.

¡¡¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN !!!

“Yo soy la resurrección y la vida” Lectio Divina del V domingo de Cuaresma (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO Jn 11,1-45

1.- Fíjate en los personajes que aparecen en este relato:

  • Lázaro: abreviatura de Eleazar, que significa “Dios ayuda”. Nombre frecuente en la época del NT. Eleazar aparece en el AT como tercer hijo de Aarón, hermano de Moisés (Núm 3,2); al que éste instituyó sacerdote (Lev 8).
  • Marta y María: hermanas de Lázaro, que aparecen también en la tradición sinóptica (Lc 10,38-42).
  • Los judíos: en diversos pasajes del evangelio de Juan aparecen como los adversarios de Jesús. Aunque aquí no parece que tengan una acepción peyorativa. Es más al final del pasaje se nos dice que muchos de ellos creyeron en Jesús.
  • Jesús: el Maestro, el Mesías, la resurrección y la vida.

2.-  Un breve apunte para distinguir resurrección de revivificación. Revivificar significa devolverle a alguien la vida, pero teniendo en cuenta que esa persona vuelve al mimo estadio previo a su muerte y que volverá a morir. Resucitar, por su parte, es volver a la vida para siempre. Jesús es el primer resucitado y todos nosotros resucitaremos con él.

3.- Entrando, un poco en el comentario del relato, con lo primero que nos encontramos es con la frase: “Aquel a quien tú amas está enfermo” (v. 3). Lázaro es una persona con la que Jesús tiene una fuerte amistad, un amigo entrañable. También los amigos de Jesús enferman. En Lázaro podemos personificar a todos los enfermos. La frase, no es una petición en sí, sino más bien una información.

Jesús se da por enterado. Sin embargo, la enfermedad no tiene porqué concluir con la muerte, puesto que la verdadera muerte es el cese de la vida que produce el pecado, aquel que cada día, se dejan transformar para configurarse con Jesús tienen vida y la tienen en abundancia (cf. Jn 10,10).

Marta, María y Lázaro, una comunidad de creyentes.

Dos días más permanece Jesús con sus discípulos allí donde se encontraba. Al tercer día regresó a Judea. Alusión clara a la resurrección de Jesús. Este signo es un preanuncio de la misma.

Al llegar a Betania, aldea cercana a Jerusalén, constata que Lázaro lleva cuatro días muerto. El número cuatro en la cultura judía significaba totalidad; por lo que el evangelista nos está diciendo que estaba bien muerto.

Marta al enterarse de que Jesús está allí, sale corriendo a su encuentro. Si Jesús hubiese estado allí, podría haber curado a su hermano. Pero, ha de ser consciente de que la muerte de su hermano no es definitiva. Sí, Marta, ya lo sabe; su hermano resucitará en el último día. Jesús le dice una frase, algo desconcertante: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?” (vv. 25ss.). Jesús no es un milagrero, Jesús no viene a prolongar la vida de manera indefinida, no viene a suprimir las leyes de la naturaleza, viene a darnos plenitud, viene a darnos y regalarnos su propia vida, una vida que es su presencia, su permanencia entre nosotros. La resurrección, la vida eterna, no es algo lejano; aquel que es la vida está presente aquí y ahora, por lo que podemos pregustar la vida eterna. Pero para ello, hemos de adherirnos a él, de la misma manera que una cinta de velcro se adhiere a una prenda de vestir. La muerte no existe es un paso hacia la vida eterna. Marta lo ha entendido por eso hace profesión de fe: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el hijo de Dios que tenía que venir al mundo” (v. 27). Jesús es la presencia del Padre entre nosotros.

Jesús se conmueve ante el dolor de sus amigos, Jesús se conmueve ante el dolor del género humano. Pero, no quiere permanecer ahí, no puede; Jesús ante el dolor pasa a la acción: “¿Dónde le habéis puesto?” “Ven a verlo” (v. 34).

Jesús, a pesar de todo, siente la ausencia del amigo. El dolor, el recuerdo, la nostalgia son inevitables. Pero, en la vida del cristiano, la esperanza ha de estar siempre presente. Jesús va al sepulcro, no a hacer duelo, sino precisamente a manifestar la gloria de Dios, la presencia y el amor que Dios siente por el ser humano.

Quitad la losa y despojaos de la falsa creencia de que la muerte es definitiva. Nuestra percepción de la realidad, sobre todo en momentos de dificultad, dolor, sufrimiento, puede ser errónea. Quedarnos mirando al árbol, puede impedirnos ver el bosque.

Jesús, entonces, ora al Padre. Pero no pide, da gracias. No necesita pedir, el Padre sabe lo que nos hace falta.

“Lázaro, sal fuera”. El creyente, aunque muera, sigue vivo. Sigue vivo a pesar de las vendas y el sudario. Hemos de despojarnos de la cultura de muerte, de todo lo que nos impide vivir la vida en plenitud. Jesús viene a darnos nueva vida.

Ante la magnitud del signo, ante el misterio de la vida plena, sólo nos queda creer y adorar. Sí, la muerte biológica está presente en nuestra existencia, la debilidad humana se constata a cada paso. Pero la muerte no tiene la última palabra. La última palabra la tiene la vida.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Con que personaje te identificas: Marta, María, Lázaro, los judíos…? ¿Por qué?
  • Seguramente, en algún periodo de tu vida has pasado por momentos de dificultad, de desesperación, de muerte… ¿Cuál ha sido tu actitud? ¿Qué ha sostenido tu fe?
  • ¿Qué creencias y actitudes has de eliminar de tu existencia para abrirte a la vida en plenitud?
  • ¿Qué acciones puede realizar para llevar la cultura de la vida a la gente que te rodea?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios, como lo hace Jesús, por todos los beneficios que cada día te regala y sobre todo, por habernos dado vida y vida en abundancia.
  • Pide al Padre que te conceda las fuerzas necesarias para hacer frente a los momentos de dificultad, de dolor, de desesperación, de muerte.
  • Comprométete a ser anunciador y portados de esperanza y de vida entre las personas de tu entorno.

¡ESCUCHADLO! DOMINGO II DE CUARESMA – CICLO A

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VERDAD LECTURA

Evangelio: Mt 17,1-9

El acontecimiento que el evangelio de Mateo nos narra para orar este domingo está recogido por los otros dos sinópticos (Mc 9,2-13; Lc 9,28-36) y, además, por la 2Pe 1,16-18. Tengamos en cuenta que Pedro, según se nos relata en el evangelio, es uno de los testigos oculares de este hecho.

Aunque no lo leemos en la liturgia, la cual comienza con las palabras, en aquel tiempo, en realidad en el evangelio de Mateo, este pasaje comienza: “seis día después”; refiriéndose a lo que conocemos como la profesión de fe de Pedro en Cesarea de Filipo. Aunque también podemos encontrar resonancias con el día séptimo, lo cual nos remite al Génesis y a la creación; además, también aquí el protagonista es Dios, quien actúa es Dios.

Testigos privilegiados del acontecimiento: Pedro, Santiago y Juan, los cuales también estarán presentes en Getsemaní. Testigos, por tanto, de su gloria y de su dolor. Mateo nos está anticipando al Cristo glorioso. No hay miedo, más bien, gozo, alegría desbordante; el rostro de Jesús resplandece, se anuncia la gloria de Dios. Gloria que será patente en la Pascua. Junto a esta gloria de Dios anticipada, aparecen Moisés y Elías. ¡Qué bien se está aquí! No me extraña.

Pero a un cierto momento, si que les invade el miedo, cómo ocurrió en el Sinaí, cuando la nube «cubrió la montaña durante seis días» (Ex 24,16s). A la luz de este texto del Antiguo Testamento podríamos también leer nuestro evangelio de hoy. Al igual que Moisés, ellos también caen rostro en tierra y escuchan la voz del Padre: «Este es mi hijo amado, a quien he elegido». A lo que sigue, un imperativo: «Escuchadlo». Por tanto, para cumplir la voluntad del Padre, hemos de escuchar a su Hijo, también en el sufrimiento, en la pasión y en la muerte. Aunque sabemos que todo ello se transformará en gloria después de la Resurrección.

El imperativo, «escuchadlo», es una llamada a todos los discípulos del Maestro. Con Jesús, el tiempo de la Ley y los Profetas ha llegado a su fin, todo se centra en Jesús de Nazaret.

Los discípulos están demasiado asustados. Jesús se acerca, los toca y les dice: «¡Levantaos!». No se atrevían a levantar la vista, sabían que estaban en la presencia de Dios. Jesús lo retorna a la realidad, a la normalidad, a lo cotidiano. Ya no hay nadie, Jesús vuelve a estar solo, tan solo como en el momento de su pasión y muerte.

Los discípulos deben callar lo que han visto para evitar toda confusión político-mesiánica. La cruz clarificará y destruirá toda tentación de poder mesiánico.

Después de esta experiencia tan especial, han de volver a la vida cotidiana. Sólo ha sido un anticipo, para reafirmar a los discípulos, de la gloria venidera después de la Resurrección.

CAMINO – MEDITACIÓN

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  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • La vida de todo cristiano tiene sus altibajos. Es una experiencia de dolor, sufrimiento y pasión, pero a la vez lo es de gloria y transfiguración. Lo importante es vivir los momentos de sufrimiento y dolor desde la óptica de la transfiguración y con la mirada puesta en el Resucitado. ¿Cómo vives cada acontecimiento de tu vida?
  • Siempre estamos tentados a hacer tres tiendas, pero Jesús te sigue invitando a luchar, ¿estamos dispuestos con la ayuda de Dios?
  • Cada uno de nosotros, somos hijos en el Hijo, ¿cómo sientes esta filiación?
  • El imperativo de Dios Padre es claro: «¡Escuchadlo!». ¿Estoy atento a la voz de Dios en su Palabra y en los hermanos?
  • ¿Como vivo la presencia de Dios en mi propia historia cotidiana? ¿Cómo la testimonio?

VIDA – ORACIÓN

  • Preséntale a Dios tus dificultades, tus sufrimientos, deja que Él los transfigure.
  • Da gracias a Dios por los momentos en que le percibimos cerca de nosotros.