LECTIO DIVINA DOMINGO DE PENTECOSTÉS (Jn 20,19-23) – Ciclo B

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VERDAD – LECTURA

19 En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se pu

so en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”.

20 Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

21 Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”.

22 Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíri

tu Santo.

23 A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.

 

Celebramos hoy, la solemnidad de Pentecostés.

¿Pentecostés? Así es. Pentecostés significa quincuagésimo o cincuentena. Para los cristianos es el día en el que se celebra la donación del E

spíritu Santo a la Iglesia, cincuenta días después de la Pascua.

Sin embargo, el origen de esta fiesta hemos de buscarla en la espiritualidad judía. Cincuenta días después de la Pascua, la pesaj, fiesta en la que se celebraba la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto; cincuenta después de la pascua, como decía, el pueblo judío celebraba la fiesta de Pentecostés (shavuot), en ella se hacía memoria del momento de la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés en el Sinaí. Pero es, además, un día de acción de gracias por los primeros frutos de la tierra cosechados. En es día, Jerusalén se llenaba de peregrinos llegados de diferentes lugares.

En este día los cristianos, como indicábamos más arriba, celebramos la venida, la donación, el regalo del Espíritu Santo a la Iglesia. Y precisamente, la narración de este hecho es el que nos ofrece hoy la liturgia, tanto en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2,1-11), como en el Evangelio (Jn 20,19-23). Vamos a centrarnos precisamente en este último.

Los textos que anteceden a este fragmento del evangelio de

Juan son la narración del sepulcro vacío (Jn 20,1-10) y la manifestación a María Magdalena (20,11-18). Posteriormente, se nos relata la reacción de Tomás (20, 24-29 y la manifestación de Jesús en el lago Tiberiades (Jn 21).

Nos encontramos al atardecer del primer día de la semana,. El domingo, el día más importante para los discípulos puesto que es el día en el que tuvo lugar la resurrección, es el día de la nueva creación. Todos los acontecimientos narrados en el capítulo 20 del evangelio de Juan ocurren el domingo. Para Juan el hecho de la venida del Espíritu Santo no tiene lugar cincuenta días después de la Pascua, sino el mismo día de la resurrección; está interesado en mostrarnos la estrecha vinculación existente entre la resurrección de Jesús y la dona

ción del Espíritu Santo.

Al atardecer de aquel domingo, los discípulos se encuentran encerrados con las puertas bien cerradas porque tiene miedo a los judíos; tiene miedo de aquellos que han matado al Maestro. A pesar de que, Pedro y el otro discípulo han visto la tumba vacía; a pesar de que, María Magdalena ha experimentado que Jesús vive y se lo ha comunicado a los discípulos, todavía están atemorizados.

Jesús ahora se hace presente en medio de la comunidad de los discípulos reunidos. Jesús está en el centro de la misma. ¡Jesús está vivo! ¡Jesús está en medio de nosotros! Por dos veces les dice: ¡La paz esté con vosotros! (Shalom). La tercera vez que les de la paz, signo de plenitud, será

cuando Tomás se encuentre también con ellos.

Les muestra lasJesus apostoles señales de la pasión, les enseña las manos y el costado.

Puesto que, la resurrección no ha borrado esas señales. La pasión, muerte y resurrección siempre van unidas. No podemos quedarnos anclados únicamente en la pasión y muerte de Jesús: ¡Él está vivo en medio de nosotros! Les muestras las manos que representan la fuerza de Jesús, manos libres que son signos de su victoria; el costado que es signo de su amor sin límites (Mateos – Barreto).

Al verlo, los discípulos se llenan de alegría. Y les envía a la misión. Volviéndoles a desear la paz. En hebrero Shalom cuyo significado no es únicamente ausencia de guerra. Shalom es armonía, es caridad, es misericordia, es igualdad, que es felicidad, es unidad.

Pero, para poder llevar a cabo la misión les comunica el Espíritu Santo, nos comunica, también, a todos nosotros el Espíritu Santo. Úni

camente con Él y junto a Él, con su fuerza podemos emprender la misión y llevarla a término.

Pero, ¿a qué envía Jesús a sus discípulos? ¿Cuál es su misión principal? La misión que encomienda Jesús a todos sus discípulos, de todos los tiempos, es la de reconciliar al mundo con Dios, llevar a todas las criaturas la misericordia de Dios, perdonar a todos aquellos que queramos acercarnos a Dios, a pesar de nuestras debilidades, de nuestras fragilidades, de nuestras flaquezas, de nuestro pecado. Porque, “habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15,7). Aunque habrá quienes acojan esa reconciliación y quienes la rech

acen. Pero los discípulos nunca se deben de cansar de ofrecer el perdón y la reconciliación con Dios.

Jesús está vivo, Jesús nos envía, Jesús nos envía el Espíritu Santo para que sea nuestra fortaleza, nuestro acompañante en el camino, nuestro consuelo, nuestra energía, nuestra vitalidad. Abrámonos a su presencia y dejémonos conformar y configurar por Él.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

  • Al igual que los discípulos, es posible, que también tú permanezcas encerrado por miedo. ¿Cuáles son esos miedos? ¿Qué perturba tu vida? ¿Pones esos miedos en las manos de Jesús? ¿Te dejas invadir por el Espíritu? ¿Lo acoges en tu vida?

  • ¿Intento vivir mi vida cotidiana llevando la paz de Jesús a los demás?

  • ¿Reconoces la presencia de Jesús y del E

    spíritu en tu vida?

  • ¿Te dejas iluminar, guiar, acompañar por el Espíritu para ser capaz de interpretar los acontecimientos de la historia desde una perspectiva cristiana?

  • ¿Estas atento/a a las diversas manifestaciones del Espíritu Santo en los acontecimientos que se producen a tu alrededor?

  • ¿Manifiestas y muestras a los demás el amor incondicional y gratuito del Padre? ¿De qué forma? ¿Infundes y ofreces paz y perdón?

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VIDA – ORACIÓN

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndidos. Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas, y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre si tu le faltas por dentro;

mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,

doma al Espíritu indómito, guía el que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

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Lectio Divina de la Solemnidad de la Ascensión del Señor – Ciclo B (Mc 16,15-20)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 16, 15-20)

En aquel tiempo se apareció Jesús a los doce y les dijo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios; hablarán lenguas nuevas; agarrarán las serpientes y, aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán».Jesús, el Señor, después de haber hablado con ellos, subió al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban.

En la celebración de la solemnidad de la Ascensión del Señor, la liturgia nos ofrece la narración de este acontecimiento, según la versión recogida en el evangelio de Marcos. En este pasaje evangélico Jesús, no sólo asciende a los cielos, sino que además envía a los once a la misión. Una misión que consiste en dar a conocer la Buena Nueva a toda la creación. Hemos de notar la universalidad de este hecho, expresada en dicho envío: Id al mundo entero y proclamad la Buena Nueva a toda la creación (16,15). La reacción de los destinatarios de esta misión puede ser de acogida o de rechazo. Acoger el evangelio conlleva el dejarse bautizar, conlleva convertirse en discípulo de Jesús y conlleva la salvación. Y a los que crean les acompañarán una serie de signos: a) expulsarán demonios; b) hablarán nuevas lenguas; c) agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará; d) impondrán las manos a los enfermos y sanarán. Veamos cada uno de estos signos.

a) Expulsarán demonios.

A quienes crean, Jesús les da el poder de combatir el mal. Les da poder para expulsar el mal de sus vidas y de las vida de los demás.

b) Hablarán nuevas lenguas.roma-la-ascensión-del-fresco-del-señor-en-anima-del-dell-de-santa-maria-de-la-iglesia-de-francesco-salviati-partir-del-centavo-53001549

Quienes acojan a Jesús, tendrán la capacidad de de comunicarse con los demás de una forma nueva y distinta. Esa nueva forma de comunicarse es el lenguaje del amor. Un lenguaje que todo el mundo es capaz de entender.

c) Agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará.

La serpiente si te pica, te inocua su veneno y puede conducir a la muerte; lo mismo que ocurre cuando alguien bebe un veneno. Y son muchas las actitudes, las actuaciones, los modos de envenenar las relaciones entre las personas, sobre todo cuando lo que no prima es el amor. Pero quien vive en la dinámica de Jesús, quien vive y hace suyo el mandamiento del amor es capaz de pasar por encima de estos venenos.

d) Impondrán las manos a los enfermos y sanarán.

En cualquier lugar en el que Dios está presente, la persona excluida de la sociedad, la persona desdichada, la persona en dificultades, los últimos de la sociedad son acogidos por la comunidad, son amados y son acompañados. Esta es la mejor manera de sanación.

Una vez, que Jesús envía a los suyos a la misión, una vez que nos envía a nosotros, sólo queda salir a predicar la Palabra, la cual será confirmada por los signos. A través de nosotros, Jesús continúa su misión. Nosotros somos sus pies, sus manos, sus ojos, su corazón. Y hemos de ir preferencialmente, no exclusivamente, a sus preferidos: los pobres.

A todas las criaturas, a todos los confines del mundo ha de llegar la alegría y la esperanza del evangelio.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el día de hoy, también te envía Jesús, ¿Cuál es tu repuesta?

• ¿Eres consciente de que si crees a Jesús y asumes su misión te acompañarán los signos descritos en el evangelio? ¿Se verifican de algún modo en tu vida?

• ¿Has asumido que eres los pies, las manos, la mente, el corazón de Jesús presente en el mundo de hoy? ¿Qué implicaciones tiene esto para ti?

• ¿Qué significado tiene para ti el amor preferencial, que no exclusivo, hacia los pobres?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por llamarme a la misión de de llevar el evangelio a todas las criaturas y a todos los confines de la tierra.

• Doy gracias a Jesús por los signos que me acompañan al  dar Jesús a los demás.

• Le ofrezco mi vida a Dios para entregarme a la difusión universal del evangelio, empezando por las personas que están más cercanas a mí.

• Pido a Dios Padre que me ayude a ver el rostro de Jesús en los excluidos de la sociedad.

• Id al mundo entero y proclamad la Buena Noticia a toda la creación.

“Este es mi Hijo amado, escuchadlo” Lectio Divina II Domingo de Cuaresma – Ciclo B (Mc 9,2-10)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 9, 2-10)

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

En este segundo domingo de Cuaresma, la liturgia nos invita a contemplar la experiencia que tienen algunos de los discípulos de Jesús, concretamente Pedro, Santiago y Juan, en el acontecimiento de la Transfiguración. Vamos a intentar comprender mejor este hecho.

«Seis días después». Esta expresión, sin duda, hay que entenderla en sentido cronológico, pero desde la perspectiva de la Pascua. Marcos relee este suceso a la luz de la resurrección. Seis después de la entrada triunfal en Jerusalén, consumada la pasión y muerte de Jesús, tiene lugar la resurrección. Desde aquí hemos de leer este relato, pues no deja de ser un anticipo de la consumación de la gloria de Jesús. En aquel momento, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Hemos de tener en cuenta que estos discípulos son, de alguna manera, los que abiertamente no han comprendido el significado de la pasión y muerte de Jesús. En el capítulo anterior, hemos podido comprobar cómo Pedro se ha enfrentado con Jesús, queriéndole disuadir del cumplimiento de su misión (8,33); en el capítulo posterior, veremos cómo Santiago y Juan pedirán a Jesús el puesto a su derecha y el puesto a su izquierda, es decir, los lugares de máximo honor y poder (10,35-40). Tampoco ellos comprenden verdaderamente el significado de la pasión y muerte de Jesús.

Los lleva a un monte alto. El monte es el lugar de encuentro con la divinidad, recordemos el encuentro de Moisés con Yahveh (Éx 24,15-16) o el de Elías en la misma montaña (1Re 19,8-9). En la montaña Dios entra en relación con el hombre. En aquel monte alto, Jesús se transfigura delante de ellos. El evangelista nos está mostrando el aspecto glorioso que adquiere la persona de Jesús, el cual les acaba de presentar el hecho ineludible de la cruz. Sus vestiduras se volvieron de un blanco resplandeciente. Tan blanco que ningún tintorero del mundo sería capaz de blanquear, con lo cual Marcos nos está indicando un resplandor indescriptible, un color que apunta hacia las realidades celestiales, hacia la luz de Dios.

Se aparecen Elías y Moisés y comienzan a hablar con Jesús, los dos entran en diálogo con él, el cual hace las veces de Yahveh; el primero representa a la profecía, es quien debía de aparecer en el tiempo escatológico para anunciar la llegada inminente del Mesías; el segundo representa a la Ley, es a quien Yahveh le entregó las Tablas de la Ley. Los Profetas y la Ley dan testimonio de Jesús. Ambos encuentran su cumplimiento y su plenitud en Cristo.

Los discípulos presentes en el lugar no saben cómo reaccionar, estaban atemorizados, de alguna forma lo antiguo está dando testimonio de lo nuevo y ceden, de alguna manera, su «puesto» a Jesús; aunque, eso sí, allí se debía estar bien, de tal manera que Pedro quiere parar el tiempo, quiere permanecer en un lugar que no le traiga problemas, no quiere que aquel instante de gloria concluya.

De repente, se ven envueltos en una nube (Éx 24,16). Se hace presente la persona del Espíritu Santo y se oye la voz del Padre: «Este es mi Hijo amado». El Padre se complace en Jesús, el Padre afirma la filiación de Jesús, lo presenta como su Hijo único. El término «amado» acentúa más si cabe la relación afectuosa, amorosa, filial de Jesús con el Padre.

Por último, la voz del Padre les impone escuchar a Jesús; el cual es el único interprete del Padre, el único que nos puede presentar el verdadero rostro de Padre, nuestro único Maestro. Jesús es la voz del Padre.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Cómo vives tu séptimo día, momento de la manifestación de la gloria de Jesús, sobre todo en este tiempo de Cuaresma, que es preparación para el gran acontecimiento pascual?

• Imagínate, que Jesús te toma consigo, te lleva a un monte alto y te muestra de alguna manera su gloria… ¿Qué sientes en este momento? ¿Cuál es tu diálogo con Jesús? ¿Qué conclusión sacas de ello?

• ¿Qué significado puede tener para ti la presencia de Elías y Moisés? ¿Cuáles son tus profetas y tus leyes, que debe acercarte a Jesús para que Él les de su pleno cumplimiento, les de su plenitud? ¿Qué debes ir cambiando en tu vida en este tiempo de Cuaresma?

• ¿Cómo reaccionas ante el imperativo del Padre de escuchar a Jesús? ¿Verdaderamente, te acercas a la Palabra con actitud de escucha?

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VIDA – ORACIÓN

• Adora al Padre y glorifícalo por el misterio de la Santísima Trinidad y por hacerte experimentar su grandeza y plenitud y a la vez su cercanía.

• Da gracias a Jesús por hacerse presente en tu vida y mostrarse como la presencia amorosa del Padre.

• Pide la luz y la sabiduría del Espíritu Santo para poder escuchar la Palabra de Jesús, comprenderla y llevarla a la práctica en tu vida cotidiana.

• Tómate como compromiso de esta Cuaresma esforzarte por acercarte a la Palabra con actitud de escucha y acogida.

Adéntrate en tu propio desierto. Lectio Divina Domingo I de Cuaresma (Mc 1,12-15)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mc 1, 12-15)

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

Hoy la liturgia nos ofrece, para orar, un breve pero sustancioso texto. En él se nos relata el comienzo del ministerio público de Jesús. Dicho comienzo es una síntesis de lo que sería su misión evangelizadora.

Para una mejor comprensión del texto, vamos a dividirlo en dos partes.

1.- Jesús llevado por el Espíritu al desierto (12-13)

Marcos sitúa este pasaje a continuación del bautismo de Jesús. Después de este hecho el Espíritu conduce a Jesús hacia el desierto; de la misma manera, que condujo a su pueblo o a parte de su pueblo en la tradición veterotestamentaria.

El desierto, podemos decir, que no es únicamente, un lugar físico; El desierto está dentro de cada uno de nosotros. Es lugar de soledad, tentación, prueba… pero también es lugar de encuentro con el Dios protector que camina junto a su pueblo. Recordemos algunos de estos casos: Agar e Ismael, a ellos les envía a una misión nueva (Gén 16,7; 21,14), la experiencia del éxodo (Éx 15,22-ss.), Elías se encuentra con Dios (1Re 19). Por tanto, Marcos nos está advirtiendo acerca de las dificultades que Jesús tendrá en su misión, pero también de cómo el Padre nunca le abandonará: vivía entre las fieras, los ángeles le servían (Mc 1,13).

2.- La predicación de Jesús

Después de que Juan sea entregado, Jesús comienza su nuevo ministerio, su misión: el tiempo se ha cumplido (Mc 1,15). El inicio de su misión tendrá lugar en Galilea, un lugar un poco extraño, allí conviven judío y paganos. A ambos se dirigirá Jesús, ya no habrá distinciones. Y lo que les anunciará será la Buena Noticia de Dios, la buena noticia de la bondad de Dios, la buena noticia del amor de Dios.

El Reino de Dios ya se ha hecho presente entre nosotros, Dios ya ha comenzado a reinar. Nosotros hemos de acoger este Reino y adherirnos al mensaje que Jesús nos trae. Pero para ello es indispensable que nos convirtamos. Este proceso de conversión, de cambio de mentalidad y de corazón, es un camino que hemos de recorrer a medida que vamos conociendo e identificándonos más con Jesús.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase o palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el desierto no tienes que hacer nada, simplemente estar, simplemente acompañar a Jesús; esto significa encontrarte con la soledad, encontrarte con tu propio yo y con tus miserias, con tu debilidad, con tus carencias y con todo aquello que no te gusta, con tu no saber qué hacer… Es encontrarte con todo aquello que quieres cambiar en tu vida y que tanto te cuesta; es salir de tu «zona de confort». Hazte consciente de ello, presentáselo a Dios y comienza a trabajar para cambiar todo aquello que en tu vida es un obstáculo para cumplir la voluntad de Dios.

• En un momento dado de la travesía del desierto te darás cuenta que los ángeles te sirven, te darás cuenta que la luz se hace presente, te darás cuenta del camino nuevo que debes emprender… Acoge este nuevo camino y ponte en marcha.

• Todo comenzó en Galilea. Seguramente, tienes tu propia galilea, esos lugares en los que de alguna u otra manera cada te has encontrado con Jesús, has hecho experiencia de Él. Nombra esos lugares. Saca las consecuencias necesarias de estas experiencias para integrarlas dentro de ese nuevo camino que quieres emprender.

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VIDA – ORACIÓN

• Adora a Dios en el desierto de tu propia vida por haberte conducido allí, para purificarte y encaminarte a cambiar tu estilo de vida.

• Da gracias porque en el desierto de tu vida, Dios envía a sus «ángeles» para que te acompañen y te sirvan.

• Ofrécele tu propio desierto y tu galilea para que Él transforme tu manera de estar en el mundo y te ayude a integrar las experiencias vividas.

• Pídele al Espíritu Santo que te ayude a conocer mejor a Jesús y adherirte a su manera de ver la vida desde el punto de vista del Evangelio.

“Conviérte y sígueme”. Lectio Divina Domingo III del T.O. Ciclo B (Mc 1,14-20)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 1, 14-20)

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertios y creed en el Evangelio». Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Nos encontramos hoy, con el relato que nos narra el inicio de la misión de Jesús; ésta comienza a a desarrollarse en Galilea. La mayoría de los habitantes de esta región son paganos, de formación helenística, y una minoría campesina de origen judío que hablaba arameo. Desde el punto de vista temporal, nos situamos después del arresto de Juan, el Bautista. Es entonces, cuando Jesús comienza a predicar la Buena Nueva de la llegada del Reino.

Se ha cumplido el tiempo. El tiempo de la plenitud se ha hecho presente. ¿En quién? En Jesús. En él están integradas todas las promesas y las profecías, con él todas ellas se han cumplido. La historia ha llegado a su culmen. El momento de la salvación está ya presente. El Reino de Dios ya está aquí. ¿El Reino de Dios? Sí. Un Reino que no es de este mundo y que debemos acoger abriéndonos totalmente a Dios. Dios ya está presente en este mundo y podemos vivirlo en la medida en que nos vayamos dejando hacer por el Espíritu para conformarnos a Jesús. Es decir, para que tengamos los mismos pensamientos de Jesús, actuemos como actúo Jesús y amemos como amaba Jesús. Allí donde se encuentren personas dispuestas a dejarse transformar por la acción del Espíritu en otros cristos, allí está presente el Reino de los Cielos, que comenzó con la predicación de Jesús en Galilea.

1102003033_univ_sqr_xlAhora bien, para que podamos acoger y vivir el Reino de Dios, y para podernos dejar configurar con Cristo, es necesario que nos convirtamos, es necesario que cambiemos nuestro punto de vista, nuestra mentalidad, nuestro modo de ver y de vivir. Es necesario que nos preguntemos, ¿qué debo cambiar en mi vida para poder acoger y vivir el Reino de Dios? Hemos de volvernos hacia Dios con todo nuestro ser, con toda nuestra existencia, a partir de ahora él debe ser quien oriente nuestra vida. “¿Qué haría Jesús si estuviese en mi lugar?” (El Papa Francisco a los jóvenes en el Santuario de Maipú – Chile, parafraseando a san Alberto Hurtado).

Pero además, hemos de creer en el Evangelio. El evangelio, que es el mismo Jesús, que es Dios mismo; que es revelación del Padre, el cual nos ama incondicionalmente y sin esperar nada a cambio; Jesús es quien nos conduce hacia el Padre.

Todo esto, en el relato que nos ocupa, se hace más explícito en la llamada a los primeros discípulos. Dicha llamada, tiene lugar en el mar de Galilea. Allí se encuentra con dos pescadores que están lanzando las redes al mar. Se dirige a ellos y les ordena: «¡Venid conmigo!». La iniciativa parte de Jesús, al contrario de lo que ocurre con el resto de los maestros, que son elegidos por sus discípulos. A partir de ese momento los discípulos comenzarán a ir detrás del maestro y comenzarán a aprender de Jesús sobre todo con su forma de vivir, no solo con su enseñanza. El Maestro será quien marque el itinerario a seguir, el ritmo, la meta.

El objetivo que Jesús tiene con sus discípulos es hacerlos pescadores de hombres. Continuarán con su profesión, con lo que saben hacer; sin embargo, los destinatarios de su pesca serán otro tipo de peces, serán otros seres humanos. Le llama a ser salvadores, por medio de Él, de todas aquellas personas que escuchen y acojan el mensaje del evangelio.

Aquellos primeros discípulos aceptan de inmediato. Al instante abandonan su vida anterior y se disponen a seguir al Maestro. La ruptura con su pasado es radical, no se llevan nada, van con lo puesto, ni siquiera se paran a despedirse de su familia. Desde este momento, ya no se separarán de Jesús, estarán siempre con él.

Comienza el camino de seguimiento y aprendizaje de los discípulos. Comienzan a vivir una nueva vida y un nuevo estilo de vivir, cuyo mandamiento principal es el amor.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• El Reino de Dios continúa estando presente en nuestro mundo y en nuestras vida, ¿estas dispuesto/a a acogerlo?¿De qué manera lo acoges?

• ¿Qué significa para ti convertirte?¿Qué debes cambiar en tu vida para conseguirlo?

• Hoy, Jesús sigue llamando. ¿Estás atento/a a su llamada?¿Estás dispuesto/a a aceptarla?

• Jesús llama a sus discípulos en Galilea. ¿Dónde has recibido tú la llamada?¿Dónde la sigues recibiendo cada día?

• Ellos, inmediatamente, lo dejaron todo y le siguieron. ¿Qué debes dejar tú para seguirle por el camino?¿Cómo puedes contribuir a tu configuración diaria con Cristo?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por el don de la Encarnación de Jesús.

• Da gracias a Jesús por haberte llamado a su seguimiento y a hacerte pescador de hombres.

• Ofrécele tu vida para que el Espíritu Santo pueda transformarla y configurarla con la de Cristo.

• Pídele fuerzas para seguir a Jesús, cada día, por el camino del discipulado y convertirte en pescador de hombres.

“Buscando la felicidad” Lectio Divina del II Domingo del T. O. (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Jn 1, 35-42)

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, les dijo: «Este es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos que oyeron sus palabras siguieron a Jesús. Él se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:«¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús.

Después, encontró a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

En cualquier período de la historia, en ambientes diversos, en múltiples circunstancias, hombres y mujeres de cualquier raza, condición social o nacionalidad, han reflexionado acerca de sí mismos y se han preguntado: ¿Quién soy?¿De dónde vengo?¿A dónde voy? Estas son las preguntas, que de alguna manera, dan sentido a nuestra vida. La persona humana en el transcurso de su existencia se encuentra en una continua búsqueda. Pero, ¿qué busca el hombre? ¿que buscas amigo lector? ¿Para qué te levantas cada mañana? El ser humano no busca otra cosa mas que la felicidad.

Ahora bien, creo que es importante que, aunque sea de manera breve, aclaremos que significa felicidad. Porque… la felicidad no significa euforia, gritos, saltos, risas… Como bien dice, mi amigo el P. Rafael Navarrete, sj: “la felicidad no se puede definir. […] La felicidad es una experiencia de plenitud.” (El aprendizaje de la serenidad). Así es, la felicidad es un estado de plenitud, de armonía, de compromiso, de estar a gusto con uno mismo, con los demás, con nuestro entorno. Felicidad es haber encontrado sentido a lo que hago; es actuar coherentemente con lo que pienso y siento. El Creador, precisamente, nos creó para esto: para ser felices; y para encontrar la felicidad junto a Él. Por eso, el hombre está en continua búsqueda de la felicidad y de Dios. Ya lo decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti».JesusEnviaASusDiscipulos

En la época de Jesús, también había hombres y mujeres que buscaban la felicidad. Dos de estos buscadores eran aquellos discípulos de Juan que viven una experiencia de encuentro con la Felicidad (así con mayúsculas). Así es, un día cualquiera de la vida de aquellos primeros discípulos, al día siguiente, nos refiere el evangelista Juan. Ese día, alguien, Juan el Bautista, les indica dónde pueden saciar ese deseo de felicidad que toda persona humana lleva dentro. Jesús pasa junto a ellos, lo mismo que pasa junto a ti y junto a mí. Lo ven y Juan les dice: «Este es el Cordero de Dios». Ahí va quien puede colmaros de felicidad. Y aquellos discípulos le siguen. Ha sido el testimonio de Juan, el que ha impulsado a aquellos dos discípulos a seguir a aquel desconocido, que pasaba por allí.

Me parece interesante que nos detengamos, por un instante, en esta expresión: «le siguieron». Seguir a alguien, implica mucho más que, simplemente caminar a su lado o pasear. Seguir a alguien quiere decir, que uno se involucra con la persona a la que sigue; que, de alguna manera, comparte sus mismos sueños, objetivos, metas; cuando seguimos a alguien, en cierta medida, es el otro el que marca la dirección y el ritmo durante el camino; es abandonarse confiadamente en esa persona e ir tras ella. Así es, Juan y Andrés van detrás de Jesús porque quieren vivir la vida a tope. Pero una actitud que poseían aquellos dos discípulos es que estaban abiertos, atentos, en búsqueda… por eso son capaces de acoger la invitación de Juan para seguir a Jesús.

Al darse cuenta Jesús de que le siguen, se vuelve y les interroga: «¿Qué buscáis?». Es la síntesis de los interrogantes anteriores, que nos hacíamos al principio de esta página. ¿Qué buscas? Una pregunta que nos podemos hacer cada uno de nosotros personalmente, y que podemos hacer a cualquiera de nuestro alrededor; nos daremos cuenta de que todos buscamos lo mismo, aunque le llamemos de distinta manera: la felicidad.

HaMAESTRO DONDE VIVES1n percibido que aquel hombre, Jesús, puede colmar su sed de felicidad, que quieren permanecer con él: ¿Dónde vives? Queremos permanecer contigo, queremos vivir contigo, queremos estar junto a ti, queremos vivir tu modo de vivir.

Jesús accede inmediatamente a su petición, pero no les da una dirección concreta. No. Jesús los invita a experimentar su vida: «Venid y lo veréis». Jesús no es información, no es lectura acerca de su vida y milagros, no es lo que han dicho o dicen otros de él, Jesús es experiencia de vida y si quiero conocerlo, lo más acertado es experimentar su propia vida. No importa la información que tenga, lo que haya oído, lo que me hayan dicho, lo importante es experimentar con Jesús. «Solo te conocía de oídas; pero ahora, en cambio, te han visto mis ojos» (Job 42,5).

«Y se quedaron con él aquel día». Comienzan a hacer comunidad. Jesús, seguramente va dialogando con ellos, les va aclarando cosas, les va dando respuestas, les va contando sus deseos, sus ilusiones, sus sentimientos… ellos le escuchan, le interrogan, le hablan de sus anhelos, sus esperanzas, sus inquietudes, sus sueños… Van compartiendo vida entre ellos. Y aquí es donde está el verdadero quid de la cuestión. Compartir la vida, comunicar la vida, experimentar al vida… en definitiva, hacer comunidad.

Un encuentro de tal calibre, una experiencia como la vivida por los dos discípulos, no puede guardarse para una mismo. Ha de comunicarse, ha de compartirse, no se la puede uno guardar para sí mismo. Por eso, Andrés siente la necesidad de contarle a su hermano Simón lo que había acontecido aquel día, tenía que contar lo que había experimentado, sentido, acogido y entregado junto a Jesús. Hemos de contar gozosos, llenos de dicha desbordante, con una alegría inusual, nuestra experiencia de Jesucristo, nuestro encuentro con el Maestro: «Hemos encontrado al Mesías». Fijaos bien, que el evangelista nos dice «Hemos», no dice «he». Y esto, sencillamente, porque la experiencia de Jesús es siempre comunitaria, aunque uno la viva de manera personal, pero siempre media la comunidad.2tob

Al principio, no somos conscientes de la importancia, ni de la trascendencia de este encuentro. Puede parecernos un encuentro más de los muchos que se producen en nuestra vida. Pero cuando nos damos cuenta del proceso de crecimiento que hemos experimentado en él, no podemos menos que manifestarlo, comunicarlo, testimoniarlo a los demás: «Hemos encontrado al Mesías». No hemos encontrado a una persona cualquiera, no hemos encontrado siquiera a una persona excepcional, no hemos encontrado al número uno en tal o cual materia. Nos hemos encontrado con el Mesías, nos hemos encontrado con el Dios vivo, nos hemos encontrado con Dios hecho hombre. Y Él ha colmado nuestros anhelos de libertad, de felicidad, de amar.

Andrés da testimonio, narra, transmite su propia experiencia, pero lo hace con convicción, lo hace con atractivo, lo hace con ganas de contagiar. El papa Pablo VI (hoy ya santo) decía que «hoy día, más que maestros necesitamos testigos», personas que nos transmitan su experiencia de encuentro con Jesús. Eso es lo que debemos hacer nosotros, debemos seguir el mismo itinerario que siguieron estos primeros discípulos: Estar atentos a los signos del paso de Dios por nuestra vida, ¿qué buscáis?, ¿dónde vives?, venid y lo veréis, fueron, vieron y lo contaron a otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• ¿Estoy atento/a a las señales o a los signos que me indican el camino para encontrarme con el Mesías?

• ¿Soy consciente de la llamada de Dios?¿de todo lo que supone poder encontrarme con Jesús en mi vida cotidiana?¿De la transformación que puede producir en mi mismo, en mi misma dicho encuentro?

• ¿Dónde estás buscando la felicidad? ¿Qué acciones estás emprendiendo en tu vida para encontrar la felicidad? ¿Qué tendrías que cambiar en tu vida para encontrarte con Jesús y de esa manera halla, también, la Felicidad?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser Él, el primero en salir a tu encuentro.

• Dale gracias por las personas que a diario pone en tu camino y te señalan a Jesús como Aquel que puede colmar tu vida de felicidad.

• Ofrécele tu vida para que Él pueda transformarla y convertirte en verdadero testigo de Jesús resucitado que va derrochando por cualquier lugar felicidad.

• Pide que te ayude a ser testigo de las maravillas que continuamente está realizando en la vida de tantas y tantas personas con las que te encuentras a diario.

LECTIO DIVINA DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 2, 22-40)

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.

Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Ya ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

El relato evangélico con el que hoy oramos nos narra el viaje de la Sagrada Familia a Jerusalén con motivo de la presentación del Niño Jesús en el Templo y la purificación de María después de dar a luz. Ambos acontecimientos fueron llevados a cabo por los padres de Jesús para cumplir la Ley de Moisés. El libro del Levítico ordenaba que a los cuarenta días del alumbramiento, si la criatura era niño, debía de realizarse el rito de purificación de la mujer en el templo, el mismo rito se debía cumplir a los ochenta días si era niña (Lev 12,1-8). Para dicho rito había que ofrecer un cordero, pero a los pobres les estaba permitido ofrecer dos tórtolas o dos pichones; uno de ellos era ofrecido como holocausto y el otro como sacrificio por el pecado. Pero además, el libro del Éxodo ordenaba que todo primogénito del pueblo de Israel debía ser consagrado a Dios (13,2.11-16; 34,20), aunque podía ser rescatado pagando cinco ciclos de plata (Núm 18,15; 1Sam 1,24-28).B5rdoNNIgAAnFic

El evangelista Lucas, con la narración de estos dos hechos quiere destacar la fidelidad de los padres de Jesús a la Ley. Dichos acontecimientos tendrán lugar en Jerusalén, en el Templo de Dios. La ciudad santa es el lugar central del plan divino de salvación, aunque haya muchos que quieran impedirlo. En Jerusalén murió Jesús, allí resucitó, de allí partió la proclamación del evangelio a todos los confines del mundo.

El relato continúa con el testimonio de Simeón. A él se refiere el evangelista como un hombre justo, piadoso, que esperaba al Mesías y que el Espíritu Santo estaba con él. Justo y piadoso, en el lenguaje bíblico, significa que era una persona íntegra sobre todo en el campo religioso. La expresión «que esperaba al Mesías» significa que era un hombre de fe que esperaba la salvación prometida por Dios a Israel mediante los profetas. Y que el Espíritu Santo estaba con él quiere decir, que según la tradición bíblica, era profeta (cf. Is 11,2).

Simeón había recibido la revelación de Dios de que no moriría sin haber visto al Salvador; por lo que, impulsado por el Espíritu, va al Templo y allí toma al niño en sus brazos y bendice a Dios por haberle dado este regalo. Los padres de Jesús están admirados por las palabras de Simeón. A ellos les refiere que Jesús será signo de contradicción, unos le acogerán y otros lo rechazarán; y a María una espada le atravesará el alma. María participará de la pasión, muerte y resurrección de Jesús por lo que se convertirá en corredentora de la humanidad.

Por otro lado, a continuación, nos encontramos con el testimonio de Ana; el cual sirve para completar la imagen de los profetas, hombres y mujeres que han sido enviados por Dios para ser testigos de la venida del Mesías. Ana estaba totalmente consagrada a Dios, por lo que no se apartaba en ningún momento del Templo, dedicándose al ayuno y la oración. De ella, se nos ofrecen dos notas características: estuvo casada siete años, número que indica la perfección, y al quedar viuda, hasta los ochenta y cuatro años no se apartaba del Templo, que es siete veces doce. También ella esperaba la venida del Mesías.

Después de esto, la familia de Jesús regresa a Nazaret, en la región de Galilea. Allí, «Jesús crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él» (Lc 2,40), con lo cual se iba desarrollando como ser humano; la sabiduría de la que está lleno no es la sabiduría de los hombres, sino la sabiduría de Dios, pues la gracia, el amor de Dios estaba con él.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimiento, emociones, inquietudes… despierta en ti?

• ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Cómo acoges en tu vida a aquellos que dan testimonio del evangelio?

• También tú has sido llamado/a para ser testigo de la presencia de Jesús en el mundo, ¿estás dispuesto/a a serlo, al igual que Simeón y Ana?

• ¿Qué sientes al saber que Jesús creció al igual que tú en una familia? ¿Qué características destacarías de la familia de Nazaret? ¿Qué pasos te está invitando Dios a dar para consolidar tu vida familiar, haciendo que se parezca cada vez más a la Sagrada Familia?

• ¿De qué manera estás preparando y aguardando la presencia del Salvador en tu vida?

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VIDA – ORACIÓN

Consagración a la Sagrada Familia

Señor Jesucristo, quien con María y José consagraste la vida doméstica con tus inefables virtudes, concede que nosotros, con la asistencia de los dos, podamos aprender con el ejemplo de la Sagrada Familia y podamos atender a su eterna fraternidad. Por quien vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

“Preparad el camino al Señor” Lectio Divina Domingo III de Adviento (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Jn 1, 6-8.19-28)

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «Tú quién eres?». El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías». Le preguntaron: «¿Entonces, qué, eres tú Elías?». El dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No». Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, Como dijo el profeta Isaías». Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando».

Hoy, tercer domingo de Adviento, la liturgia nos presenta un texto evangélico en dos partes: el primero, la confirmación por parte de Juan de que él no era la luz (6-8); el segundo, la misión de éste (19-28).

Pero, antes de nada, creo que puede ser valioso referirnos, aunque sea brevemente al contexto del evangelio de Juan . Éste fue escrito a finales del siglo primero. Anteriormente, muchos judíos y también cristianos habían tenido contacto con Juan el Bautista o, probablemente, habían sido bautizados por él. A simple vista el movimiento de Juan y el de Jesús eran bastantes similares. Ambos anunciaban la llegada inminente del Reino y ambos exigían la conversión de los pecadores. Sin embargo, hay que dejar claro quién es Juan.

En los versículos 6-8, el autor del cuarto evangelio quiere dejarnos claro que el Bautista no es la luz, él únicamente es testigo de la luz. La luz verdadera es Jesús. Juan es el último de los profetas del Antiguo Testamento que abre paso al Nuevo Testamento, a la Buena Noticia.

El tes819320272timonio que Juan estaba dando era tan fuerte que algunos pensaban que él era el mesías. Pero, Juan no es el mesías, él es el enviado del Padre llamado a dar testimonio de la Luz. Él debe orientar a todos los hombres hacia la Luz. Algo que, el Bautista tiene claro; sin embargo, parece que no ocurre así con sus contemporáneos.

Los representantes de la institución judías se acercan a Juan para preguntarle: «¿Quién eres tú?» (1,19). Parece que éste contaba con una gran fama, por lo que la pregunta es obvia. Su respuesta es clara: «Soy la voz» (1,23). Una voz que únicamente prepara la venida de Jesucristo, por lo que abiertamente declara que él no es el Mesías. Juan es aquel que prepara el tiempo nuevo de Jesús. Juan quiere dejar claro que él no es ni Elías, ni el profeta. Los judíos pensaban que, para la inauguración de los tiempos mesiánicos, Elías debería regresar para restaurar la convivencia humana; y, el profeta estaba equiparado al Mesías. Estos títulos son rechazados por Juan.

El bautismo de Juan era precisamente signo de esa preparación. Él bautiza con agua, pero detrás viene Aquel que bautiza con Espíritu Santo. Juan proclama que con Jesús llegan los tiempos nuevos. Dicho bautismo representa el paso a través del agua, del mismo modo que en tiempos antiguos el pueblo pasó a través del mar Rojo y del Jordán para alcanzar la tierra prometida. Este bautismo pretende inaugurar un tiempo nuevo, el tiempo nuevo de Jesús. Por eso, el bautismo de Juan no es definitivo. No basta con bautizarse con agua, el verdadero bautismo es el de Jesús, Salvador de la humanidad.

Él ya está presente y Juan no puede usurparle el puesto: «No soy quien para desatarle la correa de las sandalias» (1,27). Esta imagen hace alusión a una costumbre matrimonial judía, la ley del levirato (Dt 25,5-10).

Todo esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, es decir fuera del territorio de Israel, lugar de encuentro de la nueva comunidad de Jesús, que rompe con todo lo que significan las instituciones judías.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• Nosotros, de alguna manera, somos Juan el Bautista, ¿qué significa para ti ser testigo de la luz?

• Antes de testimoniar a Aquel que es la Luz, debo acogerla en nosotros mismos ¿qué estás dispuesto a hacer durante este adviento para ello?

• ¿De qué manera preparas la venida de Jesús? ¿Cómo te preparas durante este tiempo litúrgico para ser testigo de la Luz?

• ¿Qué testimonio crees que debes dar a los que te rodean para acercarles a la Luz verdadera que es Jesús?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por las gracias que continuamente derrama sobre ti y regalarte el don de la fe.

• Dale gracias por hacer posible tu encuentro con Aquel que es la Luz verdadera y puede iluminar toda tu vida.

• Ofrécele tu vida para que te convierta en un testigo de Jesucristo, Luz del mundo.

• Pídele que te ayude a ser testigo de la Luz entre todos aquellos que te rodean.

“Con misericordia…” Lectio divina del domingo XXIII del tiempo ordinario (Mt 18,15-20)

Jesus discípulos

VERDAD – LECTURA

15 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Si tu hermano ha pecado, ve y convéncelo de su error a solas; si te escucha, habrás ganado a tu hermano; 16 pero si no te escucha, toma todavía contigo a uno o dos, para que toda causa sea decidida por la palabra de dos o tres testigos. 17 Si no quiere escucharles, dilo a la asamblea; y si tampoco quiere escuchar a la asamblea, considéralo como pagano y publicano. 18 Os aseguro que todo lo que atéis en la quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

19 También os aseguro que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre la tierra, cualquier cosa que pidan les será concedida por mi Padre celestial. 20 Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

 

 

El texto que hoy nos ofrece la liturgia podemos dividirlo en dos partes. En la primera de ella nos encontramos con el tema de la corrección fraterna (18,15-18); en la segunda con el tema de la oración (18,19s).

¿Cómo reaccionamos ante el error, el fallo, el desacierto, el pecado de nuestros hermanos? ¿Los condenamos sin piedad ninguna o intentamos que se haga consciente de su error? ¿Cómo hemos de comportarnos ante el pecado, que incluso ha dañado a la comunidad? Tengamos en cuenta que todo pecado tiene su repercusión en los otros.

La primera pauta de comportamiento, que nos da Jesús, es que no difundamos a bombo y platillo el error del hermano, que no vayamos acusando sin ton ni son a los demás; el mal nunca debe ser publicado a diestro y siniestro, al menos en un primer momento.

Hemos de intentar recuperar al hermano, ponerle frente a su pecado, hacerle consciente de su error, pero desde la misericordia, desde la caridad, desde el amor. Este recuperar al hermano no consiste en echarle en cara su pecado, sino en ayudarlo a darse cuenta de lo que ha hecho, a entender el sinsentido de su acción y, que a partir de ahí, sienta la necesidad de emprender un camino de conversión. ¡Cuántas veces, cuando intentamos corregir al hermano, le decimos es que eres un tal y un cual! ¿Creemos que esto puede servir para que el hermano pueda reconocer su pecado? ¿No sería más satisfactorio ponerle delante la acción errónea que ha llevado a cabo antes que etiquetarlo? ¿No sería más satisfactorio decirle cómo nos hemos sentido ante esa acción? ¿No sería más satisfactorio hacerle caer en la cuenta de las consecuencias que ha tenido la acción que ha realizado? Lo importante no es hundir al hermano en la miseria porque ha cometido un pecado, lo más importante es que recupere su relación con Dios y con la comunidad.

Únicamente cuando falle este intendisciplesto personal y privado por recuperar al hermano es lícito el que llamemos a dos o tres testigos para que nos ayuden a esta recuperación. Pero, ¿a qué testigos? Testigos sensatos, testigos comedidos, testigos juiciosos, discretos, prudentes. Porque el objetivo, como apuntábamos más arriba no es hundir al hermano en la miseria de su pecado, sino ayudarle a que sea consciente de él y que comience un camino de conversión.

Sólo en el caso de que estos dos intentos fracasen hemos de acudir a la comunidad. Y será la comunidad la que intente, no condenar, sino recuperar al hermano. Y esto siempre desde la oración, el discernimiento y la misericordia.

Es posible que el hermano que peca, tampoco escuche a la comunidad, entonces es cuando se le debe considerar que está fuera de la Iglesia, pero no porque nosotros o la Iglesia lo condene o excluya, es él mismo quien se excluye, puesto que no quiere escuchar a la comunidad, puesto que él no quiere restaurar su relación con Dios y con la Iglesia.

La Iglesia en unión y comunión con Dios, en la caridad, en la misericordia y con dolor y sufrimiento lo que hace es ratificar que aquel hermano no quiere continuar su relación con Dios y con la Iglesia. Aunque siempre tendrá sus brazos de madre abiertos, por si alguna vez aquel hermano quiere volver.

Y, todavía, podemos seguir haciendo algo por este hermano: orar. Puede estar separado de la comunidad; pero, en cualquier momento, Dios puede tocar su corazón, y esa persona acoger ese toque de Dios. Es importante que sigamos acompañando a esta persona con la oración, con la certeza de que vamos a ser escuchados.

En muchas de nuestras actividades pastorales (yo diría que en todas) no basta únicamente con nuestro esfuerzo, con nuestro hacer, con nuestro empeño. Nosotros somos los continuadores del actuar de Jesús, y hemos de continuar su obra con él y desde él. Por eso es importante que estemos en sintonía con Dios, con la convicción de que Dios siempre está con nosotros, siempre está presente en la comunidad.

 

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Puedes recuperar los interrogantes que apuntábamos al principio: ¿Cuál es tu comportamiento ante el pecado del hermano? ¿Te dedicas a difundirlo sin ton ni son o tratas de recuperar a ese hermano? hug-2585455_640
  • ¿Desde dónde te sitúas para corregir al hermano? ¿Desde ti mismo/a? ¿Desde tus parámetros, desde tus prejuicios, desde tu manera de percibir la cosas? ¿O tratas, por el contrario, de intentar comprender al hermano y conocer las causas que le han llevado a pecar, poniéndote en su piel?
  • ¿Cuál es el objetivo que persigues cuando corriges a tu hermano: hundirlo en la miseria, o ayudarlo a que se haga consciente de su pecado y acompañarlo en su proceso de conversión?
  • ¿Qué haces por intentar que un hermano recupere su relación con Dios y con la comunidad? ¿Oras por él, por ella, le acompañas, le sostienes, le potencias?
  • ¿Cómo es tu sintonía con Dios? ¿Intentas preservar la comunión con él, mediante la escucha de su Palabra, mediante tu participación en los sacramentos, mediante la oración? ¿Lo haces de manera consciente?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Hoy te invito a que oremos por aquellos hermanos y hermanas nuestros, que por cualquier causa o circunstancia se han autoexcluido de la Iglesia. Oremos para que Dios toque sus corazones y ellos permanezcan abiertos a la acción del Espíritu.
  • Ora también por ti mismo/a para que Dios te conceda un corazón misericordioso a la hora de corregir de manera fraterna al hermano.
  • Dialoga un ratito con nuestra Madre, la Virgen María, presenta a su corazón de madre a tantas y tantas personas necesitadas de la misericordia de Dios. Pídele que te ayude a ser un/a cristiano/a que acoge, que acompaña, que sostiene y fortalece al hermano caído.
  • Guarda silencio y permanece a la escucha de aquello que Dios, en su infinita misericordia, quiere comunicarte hoy.

“El Reino de Dios es semejante…” Lectio divina del Domingo XVI del Tiempo Ordinario (Mt 13,24-43)

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VERDAD – LECTURA

24 En aquel tiempo, Jesús les propuso otra parábola:

“El reino de Dios es semejante a un hombre que sembró buena semilla en un campo. 25 Mientras sus hombres dormían, vino su enemigo, esparció cizaña en medio del trigo y se fue. 26 Pero cuando creció la hierba y produjo fruto, apareció también la cizaña. 27 Los criados fueron a decir a su amo: ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? 28 Él les dijo: Un hombre enemigo hizo esto. Los criados dijeron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? 29 Les contestó: ¡No!, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis con ella el trigo. 30 Dejad crecer juntas las dos cosas hasta la siega; en el tiempo de la siega diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en haces para quemarla, pero el trigo recogedlo en mi granero”.

31 Les propuso otra parábola:

“El reino de Dios es como un grano de mostaza que toma un hombre y lo siembra en su campo. 32 Es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece es la mayor de las hortalizas y se hace árbol, de tal suerte que las aves vienen y anidan en sus ramas”.

33 Les dijo otra parábola:

“El reino de Dios es semejante a la levadura que una mujer toma y la mete en tres medidas de harina hasta que fermenta toda la masa”.

 34 Jesús decía a la gente todas estas cosas en parábolas, y no les decía nada sin parábolas, 35 para que se cumpliera lo que había anunciado el profeta: Abriré mi boca para decir parábolas y publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

36 Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña del campo”. 37 Él respondió: “El que siembra la buena semilla es el hijo del hombre. 38 El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno. 39 El enemigo que la siembra es el diablo. La siega es el fin del mundo, y los segadores los ángeles. 40 Como se recoge la cizaña y se quema en el fuego, así también será al fin del mundo. 41 El hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su reino a todos los que son causa de pecado y a todos los agentes de injusticias 42 y los echarán al horno ardiente: allí será el llanto y el crujir de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. ¡El que tenga oídos que oiga!”

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Continuamos este domingo con el llamado discurso parabólico. Después de hablarnos acerca del impacto que tiene el anuncio del Reino en aquellos que escuchan la Palabra, hoy nos acercamos a la descripción de ese Reino, mediante otras tres parábolas: la cizaña y el trigo, el grano de mostaza y la levadura; a continuación nos encontramos con un intermedio y la explicación de la primera parábola.

La parábola de la cizaña y el trigo. Jesús ha sembrado la palabra del Reino, que es la semilla buena de trigo; aunque no crece sola, junto a ella crece la cizaña, que es la mala semilla sembrada por el enemigo. La primera reacción de los siervos es la reacción lógica de cualquiera de nosotros, arrancar esa mala semilla de cuajo, pero eso puede ser peligroso porque junto a ella se puede arrancar también la buena semilla de trigo. Esta misma reacción es la que podemos tener con respecto al Reino de Dios, con respecto a su instauración en el mundo, al establecimiento del mismo en nuestra sociedad; para ello es necesario acabar con todo aquello que lo impida de manera inmediata, e incluso de forma violenta, si fuera necesario; el mundo ha de ser depurado, pensamos, e incluso, en más de una ocasión, actuamos para que así ocurra. La dinámica de Jesús y del Reino es diversa. Nos invita a la paciencia y a esperar al desarrollo de los acontecimientos, porque una eliminación precipitada de la cizaña puede ser contraproducente para la semilla de trigo, para la instauración del Reino. En este mundo nos encontraremos con el bien y con el mal, es inevitable. El mal no viene de Dios, viene del enemigo; es él quien lo deposita en el mundo; pero no debemos de precipitarnos en querer arrancar el mal de cuajo, no debemos precipitarnos en señalar o eliminar a los pecadores. Cosechar es obra de Dios, no obra nuestra; y, a su debido tiempo, será el Señor quien separe el trigo de la cizaña, uno para depositarlo en el granero y la otra para quemarla. Nuestra misión es la de ser fieles a la Palabra y testigos de la misma.

La segunda parábola sobre la descripción del Reino de los cielos es la del grano de mostaza. La semilla de mostaza es la más pequeña, apenas puede percibirse, tan pequeña como la cabeza de un alfiler, pero cuando se desarrolla se convierte en un gran arbusto capaz de albergar entre sus ramas a los pájaros. Lo mismo el Reino, comienza desde lo pequeño, desde lo humilde, desde lo pobre, pero toda la vitalidad que lleva en su interior hará que se transforme en grande, abarcando y acogiendo a todas las personas, a pesar de la oposición que hay podido encontrar.

En la tercera parábola, Jesús compara el Reino con la levadura. No importa la poca que sea la cantidad de la misma. Una mínima cantidad es capaz de fermentar toda la masa. Una palabra, un gesto, una mirada una sonrisa… es capaz de transformar el mundo a nuestro alrededor. A pesar de nuestra pobreza, de nuestras miserias, de nuestras limitaciones con la gracia de Dios es posible que la semilla del Reino, que la pizca de mostaza transforme nuestro mundo.

wheat-field-640960_640Jesús contaba a la gente que se acercaba a él parábolas. Era la mejor forma de explicar las características del Reino. El cual, no podemos llegar a entender en su totalidad, pero al que podemos acercarnos por medio de imágenes, lo que ayuda a todo aquel que escucha la Palabra a profundizar en la realidad del Reino. Hablándonos así Jesús nos revela los misterios del Reino de los Cielos. Pero nosotros hemos de acoger su Palabra e intentar llevarla a la práctica.

El texto concluye con la explicación de la parábola de la cizaña a los discípulos: quien siembra la buena semilla es Jesús (el Hijo del hombre), el campo es el mundo, la buena semilla son los hijos del Reino y la mala los hijos del maligno, el enemigo es el diablo, la siega la consumación de los tiempos, los segadores son los ángeles. El trigo aún inmaduro es débil, quebradizo, frágil por eso, es necesario esperar a que madure, para que pueda ser arrancado junto a la cizaña; mientras debemos continuar transformando el mundo, hasta que el Reino sea una realidad al final de los tiempos. Jesús para ello se sirve de personas sencillas, vulnerables, que cada día se esfuerzan por ser imagen de Jesucristo en medio del mundo, que se esfuerzan por ser luz, por ser sal, por ser levadura que fermenta la masa. Miremos el futuro con esperanza, porque al final de los tiempos la luz resplandecerá en la oscuridad, el bien triunfará sobre el mal, la vida vencerá a la muerte, pero mientras nosotros tenemos que trabajar para que el Reino sea una realidad, esa es nuestra tarea y nuestra misión.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es tu reacción ante el mal en el mundo la de los siervos o la del amo?
  • En tu vida diaria puedes encontrarte con infinidad de imágenes, indicios, huellas del Reino de Dios en el mundo, ¿eres consciente de ello?
  • En ti existe el trigo y la cizaña, pero ¿qué haces para que en tu vida exista más trigo que cizaña? ¿Escuchas la Palabra de Jesús e intentas ponerla en práctica? ¿Frecuentas los sacramentos? ¿Te comprometes en hacer realidad el Reino entre aquellos que te rodean?
  • ¿Eres capaz de esperar el tiempo de Dios para separar la cizaña del trigo, sin juzgar a tu prójimo, pues el único juez es Él e intentas ayudarle a crecer en el amor a Dios y a los demás?
  • ¿Crees que la semilla del Reino, aunque sea pequeña y humilde puede transformar el mundo? ¿Qué haces para que el Reino sea una realidad en nuestro mundo?

 

VIDA – ORACIÓN

Como oración os dejo la letra de una canción titulada: Testigos del Reino

Como semilla pequeña

en manos de los pobres,

como el trigo que germina

en las sombras de la noche.

 

Tu reino en nuestras manos

agita nuestro espíritu,

y nos lleva por caminos

de luchas y esperanzas. (bis)

 

Tu voz es nuestro canto,eat-2096295_640

tu grito es la palabra que palpita,

en el corazón ardiente de tu pueblo

creadores de la historia,

testigos de tu Reino.

 

Danos tus manos duras

y seremos una fuerza,

danos tu voz valiente

y seremos grito viviente.

 

Danos tus pasos firmes

para abrir nuevos caminos,

danos tu amor sincero

para crear un mundo nuevo. (bis)

 

Ven junto a tu pueblo

«Señor con nosotros»,

llevamos tu regalo

en vasos de barro.

 

Porque nada tenemos

estamos esperando

que tus manos nos agarren

para seguir andando.

Osa dejo el enlace para que podáis escuchar la canción: https://www.youtube.com/watch?v=enhlMWlAY2I