“¿QUÉ HACÉIS AHÍ PLANTADOS MIRANDO AL CIELO?”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (CICLO B)

Imagen de falco en Pixabay

VERDAD – LECTURA

Hechos 1,1-11

1Querido Teófilo: En mi primer libro traté de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio 2hasta el día en que subió al cielo después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había elegido bajo la acción del Espíritu Santo.

3Después de su pasión se presentó a ellos, dándoles muchas pruebas evidentes de que estaba vivo: se apareció durante cuarenta días y les habló de las cosas del reino de Dios.

4Una vez que estaba comiendo con ellos les mandó que no saliesen de Jerusalén, sino que aguardasen la promesa del Padre, de la que os hablé; 5porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días. 6Los que estaban con él le preguntaron: “Señor, ¿vas a restablecer ya el reino de Israel?”. 7Les respondió: “No os toca a vosotros saber los tiempos y las circunstancias que el Padre ha fijado con su autoridad; 8pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros para que seáis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra”.

9Dicho esto, lo vieron subir, hasta que una nube lo ocultó a su vista.

10Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se iba, cuando se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, 11que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este Jesús que acaba de subir al cielo volverá tal como lo habéis visto irse al cielo”.

Hoy oramos con los primeros versículos del prólogo del Libro de los Hechos de los Apóstoles; los cuales hacen, también, de nexo de unión entre éste y el Tercer Evangelio. Aquí se nos ofrece una síntesis del ministerio público de Jesús, además de algunas indicaciones dedicadas a sus discípulos.

Lucas nos relata como Jesús se ha ido apareciendo a sus discípulos para darle pruebas de que estaba vivo. De alguna manera, Jesús quería que sus discípulos hicieran experiencia de su resurrección y que tuvieran la esperanza de que recibirían el Espíritu Santo, el cual les capacitará para anunciar el Reino en todos los confines de la Tierra.

Ahora bien, el Reinado de Dios no tiene nada que ver con el concepto que ellos tenían del reino de Israel. El Reinado de Dios no se fundamenta en el poder, la violencia, la fuerza; éste se fundamenta en el amor, la clemencia, la caridad, la misericordia. Y esto es lo que tendrán que anunciar los discípulos.

Ellos reciben la misión, pero será el Espíritu Santo quien les guiará en la misma. ¿Hacia dónde? Hasta los confines del mundo. Tampoco serán ellos quienes marquen los tiempos o las circunstancias, eso corresponde al Padre. Los discípulos lo que tienen que hacer, a pesar de las dificultades y persecuciones, es proclamar que el Reinado de Dios está presente entre nosotros.

Es muy importante hacernos consciente de las últimas palabras de los dos hombres vestidos de blanco: “¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” Porque es importante que no nos quedemos asombrados y paralizados, ni siquiera ante hechos asombrosos. Con la fuerza del Espíritu Santo hemos de ponernos en marcha para anunciar que Jesús está vivo y quiere regalarnos el amor incondicional del Padre. Eso sí, la fuerza del Espíritu Santo hemos de tomarla de la oración y de la contemplación de Jesús; pero es muy importante que no nos quedemos embobados; la espera cristiana no es una espera pasiva, si no activa.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál es tu experiencia de Jesús Resucitado? ¿Cómo le experimentas en tu día a día?
  • ¿Qué concepto del Reino de Dios tienes? ¿Es el Reino del amor, la misericordia y la cercanía de Dios?
  • Tú también has recibido la misión de difundir el Reino de Dios por todos los confines de la tierra, ¿cómo estás llevando a cabo dicha misión?
  • ¿Cómo afrontas los peligros, dificultades y persecuciones a causa del Reino?
  • ¿Cómo mantienes la esperanza en la próxima venida de Jesús? ¿Tú espera es pasiva o activa?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 96

1Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra;

2cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su salvación;

3publicad su gloria entre las gentes, sus portentos entre todos los pueblos.

4Grande es el Señor y digno de alabanza, más temible que todos los dioses.

5Pues los dioses de los otros pueblos no son nada, mientras que el Señor hizo los cielos;

6su presencia está llena de esplendor y majestad, y su santuario, de potencia y hermosura.

7Familias de los pueblos, rendid ante el Señor, rendid ante el Señor la gloria y el poder,

8rendid ante el Señor la gloria de su nombre, presentad vuestra ofrenda y entrad en sus atrios;

9adorad al Señor con ornamentos santos, temblad delante de él, oh tierra toda.

10Decid por las naciones: “El Señor es rey, él afirmó el mundo, y no se moverá; él juzga  los pueblos con justicia”.

11Que se alegre el cielo y goce la tierra, que retumbe el mar y todo lo que encierra,

12que sonrían los campos con sus frutos, que griten de alegría los árboles del bosque

13delante del Señor, porque ya viene, porque viene para gobernar la tierra, para implantar en el mundo la justicia, y entre todos los pueblos la lealtad.

“BERNABÉ LO PRESENTO A LOS APÓSTOLES”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO V DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Hechos 9,26-31

26En aquellos días, cuando Pablo llegó a Jerusalén, trató de unirse a los demás discípulos; pero todos lo temían, no creyendo que fuera de verdad discípulo. 27Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les refirió cómo en el camino Saulo había visto al Señor, que le había hablado, y cómo en Damasco había predicado públicamente en el nombre de Jesús. 28Desde entonces se movía libremente en Jerusalén, hablando con libertad en el nombre del Señor. 29Hablaba y discutía con los helenistas, los cuales intentaron matarle. 30Los hermanos, al enterarse, lo llevaron escoltado a Cesarea y le hicieron partir para Tarso. 31La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría; se consolidaba y progresaba en la fidelidad al Señor, y se extendía alentada por el Espíritu Santo.

En el pasaje de los Hechos de los Apóstoles, que hoy la liturgia nos ofrece, en la primera lectura, se nos narra como Pablo es acogido por la comunidad cristiana, después de que Bernabé intercediera a su favor. A continuación puede predicar libremente el evangelio.

Muchos no conoce el acontecimiento ocurrido camino de Damasco y que ha supuesto una total transformación en la vida del apóstol Pablo. Ha sido perseguidor de los cristianos y éstos le tienen miedo, pues no creen que pueda ser un verdadero discípulo de Jesús. Será Bernabé quien le introduzca en la comunidad, será su garantía ante los discípulos.

Es la comunidad quien inserta, es la comunidad quien acoge, es la comunidad quien aprueba y confirma. Es unido a la comunidad como Pablo predica el evangelio.

Pablo anuncia a los judíos que Jesús, el Hijo de Dios, es el Mesías esperado por el Pueblo de Israel, el Mesías esperado por todos y cada uno de nosotros que viene a traernos el amor de Dios y la salvación plena.

Pablo no sólo predica a los judíos israelitas, también a los judíos de origen griego. Y, tal debía ser su ardor y su capacidad de convencimiento, que deciden acabar con su vida. Los hermanos, la comunidad, por su parte, lo protege y lo llevan a Cesarea para enviarlo hacia Tarso.

Para que el apóstol Pablo predicara con ese ardor y convencimiento debía haber tenido una experiencia fuerte de Jesús Resucitado; una experiencia tal, que le mantiene unido a la vid, que es Jesucristo y de esa manera llega a dar mucho fruto.

Permanezcamos, también nosotros, tal y como nos recordará el evangelio de hoy, unidos a la vid. Alimentémonos de la savia que nos ofrece Jesús, acojamos su palabra y pongámosla en práctica, lo mismo que el Apóstol Pablo, de esta manera seremos capaces de anunciar el Reino de Dios y dar mucho fruto.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Crees verdaderamente que la experiencia de Jesús Resucitado puede transformar la vida de una persona?
  • ¿De qué manera acoges a alguien que llega por primera vez a tu comunidad, tu grupo de fe, tu asociación?
  • ¿Sirves de puente entre las personas que se acercan a la Iglesia por primera vez o después de un tiempo sin frecuentarla?
  • ¿Acoges, apoyas y ayudas a aquellos que predican el evangelio aunque no sean del pequeño circulo de tu comunidad, grupo o asociación?
  • ¿De qué manera te unes y ayudas a la Iglesia perseguida?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 23

1El Señor es mi pastor, nada me falta:

2en verdes praderas me hace reposar, me conduce hacia las aguas del remanso

3y conforta mi alma; me guía por los senderos de justicia, por amor a su nombre;

4aunque vaya por un valle tenebroso, no tengo miedo a nada, porque tú estás conmigo, tu voz y tu cayado me sostienen.

5Me preparas una mesa ante mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar.

6Lealtad y dicha me acompañan todos los días de mi vida; habitaré en la casa del Señor por siempre jamás.

“TENÍAN UN SOLO CORAZÓN Y UNA SOLA ALMA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO II DE PASCUAO DE LA DIVINA MISERICORDIA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Hechos 4,32-35

32Todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma, y nadie llamaba propia cosa alguna de cuantas poseían, sino que tenían en común todas las cosas. 33Los apóstoles daban testimonio con toda firmeza de la resurrección de Jesús, el Señor. Y todos gozaban de gran simpatía. 34No había entre ellos indigentes, porque todos los que poseían haciendas o casas las vendían, llevaban el precio de lo vendido, 35lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según sus necesidades

Durante el tiempo pascual, vamos a orar con el libro de los Hechos de los Apóstoles en la primera lectura. Así que vamos a hablar un instante sobre él antes de adentrarnos en la lectura que la liturgia nos ofrece.

Como muchos de vosotros sabéis, este libro, junto con el tercer evangelio ha sido atribuido por la tradición a Lucas. Fue escrito en el último tercio del siglo I y es, por así decir, la segunda parte del evangelio antes citado. En él, se nos narra el día a día de las primeras comunidades cristianas. Su autor fue recopilando datos y fuentes diversas que él luego elabora según su estilo y los destinatarios de la obra. Los grandes protagonistas del libro, no cabe duda que, son el Espíritu Santo y la Iglesia naciente.

En el pasaje que hoy nos ofrece la primera lectura, se nos presenta lo que podríamos llamar un resumen de la vida de los inicios de la Iglesia.

Puede llamarnos la atención esa afirmación de que “todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma”; lo cual significa, que tenían un mismo objetivo, un mismo proyecto, el mismo ideal, los mismos sentimientos, los mismos deseos; es caminar juntos para alcanzar la meta. Para ello , es imprescindible conocer y acoger al hermano que tengo en frente; ahora bien, todo ello es imposible sin comprensión, respeto y confianza.

Creo que esto era posible precisamente, porque nadie sentía que lo que poseía era únicamente suyo; todas las posesiones se ponían al servicio de los demás. Y quisiera pensar que no sólo las posesiones materiales; también las propias capacidades, habilidades, aptitudes, los talentos de cada uno. Nadie se guardaba nada para sí mismo. Esta manera de vivir ya era de por si un testimonio, además de lo que pudieran predicar los testigos de Cristo resucitado. Eso era lo que anunciaban a todos aquellos que le escuchaban: Jesús de Nazaret ha resucitado.

A todo ello, hay que añadir que estaban atentos unos de otros para descubrir las necesidades que pudiera tener el hermano, por eso no había indigentes entre ellos: la comunidad salía al frente de las necesidades de cada uno.

Que gran enseñanza y testimonio sería que todos y cada uno de nosotros estuviéramos atentos a las necesidades de las personas que comparten con nosotros la vida (familia, amigos, compañeros de trabajo, de estudios) e intentáramos cubrir dichas necesidades.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo influye en tu vida cotidiana la vivencia comunitaria que vives en el seno de la Iglesia? ¿Cómo son tus relaciones con otros miembros de la misma? ¿Con esos con los que celebras la eucaristía?
  • ¿Intentas tener un solo corazón y una sola alma con los otros miembros de la comunidad eclesial? ¿Pones al servicio de los demás tus propias “riquezas”? (Y recuerda no tiene porqué ser únicamente materiales)
  • ¿De qué manera das testimonio de Cristo Resucitado?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 133

1Ved qué hermosura y qué felicidad el que los hermanos vivan siempre unidos.

2Es como un perfume fino en la cabeza, que baja por la barba, por la barba de Aarón, y llega hasta la orla de su manto.

3Es como el rocío del Hermón que baja por las montañas de Sión. Allí manda el Señor la bendición, la vida para siempre.

“CONSOLAD, CONSOLAD A MI PUEBLO” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA DEL SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO – CICLO B

VERDAD – LECTURA

Is 40,1-5.9-11

“Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-, hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados”. Una voz grita: “En el desierto, preparadle el camino al Señor; allanad en la estepa la calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos -ha hablado la boca del Señor-“. Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: “Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, su brazo lo somete todo. Mirad, viene con él su salario y su recompensa lo precede. Como un pastor apacienta su rebaño, en su brazo recoge a los corderos y los lleva en su regazo; él mismo cuida a las ovejas que crían”.

Nos adentramos con este pasaje, en la segunda parte del libro del profeta Isaías (40—55), llamado segundo Isaías, porque se considera que el autor de esta parte es distinto del de la primera, y conocido además como el libro de la consolación.

La actividad del segundo Isaías se desarrolla durante el destierro de Babilonia (s. VI a. C.).

La liturgia hoy nos ofrece un emotivo y apasionado poema de consolación y esperanza, en el que se anuncia la liberación de Israel por parte de un Dios, que le cuida de la misma forma en que el pastor cuida de su rebaño y de sus ovejas más débiles.

Me parecen muy importante las primeras palabras de esta primera lectura: Consolad, consolad a mi pueblo. Es decir, ofrecedle alivio, descanso de la pena, de la fatiga, del dolor, de la aflicción que le embarga. Animadlo, reconfortadlo, ofrecedle estímulo, sostenedlo. Porque todo ese dolor que ahora siente a causa del destierro no es permanente, no dura para siempre.

Hablad al corazón de mi pueblo y decidle que Dios ha perdonado su pecado. Que Dios lo ha mirado con entrañas de misericordia, que Dios quiere facilitarle la vida, que Dios quiere devolverles la felicidad, de la que él mismo se había apartado al alejarse de la bondad de Dios.

Yahveh liberará a su pueblo del dominio de Babilonia y le hará regresar a la Tierra Prometida. Aunque ese camino de regreso ha de prepararlo Israel. Puede ser un camino duro y escabroso, pero Dios estará al lado de su pueblo, le acompañará, caminará junto a él.

En el desierto, el pueblo de Israel volverá a encontrarse con Yahveh, lo mismo que ocurrió durante el Éxodo. Allí, de alguna manera, el pueblo ha de depurar su actitud, su manera de proceder, de comportarse; ha de volverse a Dios y mirar desde su mirada, desde la perspectiva de Dios, desde el amor de Dios.

Ese reencuentro con Yahveh y ese regreso a Jerusalén, no es para vanagloria del pueblo, si no para que se manifieste la gloria de Dios, la cual será visible a toda criatura.

Anuncia ese consuelo, esa esperanza, esa ilusión a mi pueblo. Esa es la misión que Dios le encomienda al profeta. Anuncia buenas noticias a mi pueblo. Ya bastantes malas noticias se le han anunciado, ya hay muchos pájaros de mal agüero que únicamente ven lo negativo que ocurre a su alrededor.

En medio de tanta oscuridad como muchas veces nos envuelve, existe un poco de luz, posiblemente tenue, débil, pero luz. Una luz que es la presencia de Dios en nuestras vidas. La presencia activa de Dios, que nos recoge, nos alimenta, nos abraza, nos lleva en su regazo y nos hace descansar y sentirnos protegidos y a salvo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Eres capaz de percibir las luces, las señales de esperanza, la positividad que existe a tu alrededor? ¿Cuáles son esas señales?
  • ¿Qué actitudes deberías depurar en tu vida para darte cuenta de esas señales? ¿Dónde deberías poner tu “foco”?
  • ¿Eres anunciador de malas o de buenas noticias? Y sobre todo, ¿eres anunciador de la bondad de Dios?
  • ¿De qué manera puedes vivir este adviento con una mayor esperanza? ¿Cómo transmitir esa esperanza a las personas que están a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

Os invitamos a orar con el Salmo 92.

Salmo 92

Es bueno dar gracias al Señor

y cantar a tu nombre, oh Dios altísimo;

proclamar tu amor por la mañanay tu fidelidad a lo largo de la noche.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

¡Estad preparados! Lectio Divina Domingo XXXII del T.O. (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 25,1-3

Nos encontramos dentro del llamado discurso apocalíptico de Mateo, quinto y último de su evangelio, que comprende los capítulos 24 y 25.

Dentro del contexto del “primer evangelio”, los primeros cristianos creían que el fin del mundo era inminente. Aunque, pasaba el tiempo y la parusía (segunda venida de Cristo glorioso al final de los tiempos) no llegaba; con lo que, la comunidad cristiana, tal y como bien apunta José Luis Sicre, tuvo que reinterpretar la idea de la misma, a pesar de las persecuciones que estaban sufriendo.

Sin embargo, el autor del evangelio no se deja llevar por el catastrofismo, la angustia o la tribulación; pues, en realidad “en cuanto al día y la hora, no los conoce nadie, ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solo los conoce el Padre”. Luego, el cristiano lo que tiene que hacer es mantenerse en una actitud de vigilancia, pues la llegada del Reinado de Dios ocurrirá de manera inesperada.

Este es, podríamos decir, el contexto histórico del momento en el que se escribe la parábola, que la liturgia de hoy nos ofrece en la celebración de la eucaristía. Pero profundicemos un poco más en la misma para poder entenderla de una manera más satisfactoria.

Antes de celebrarse la ceremonia de la boda, un grupo de muchachas solía acompañar al novio para recoger a la novia en su casa y llevarla al lugar donde iba a celebrarse la misma. Este hecho da pie a Jesús para anunciar la Buena Nueva por medio de una parábola.

Se encuentran 10 muchachas (vírgenes) esperando la llegada del novio para acompañarle. Pero, éste se retrasa, va anocheciendo y a ellas les entra sueño, el aceite con el que se mantienen encendidas las lámparas se va consumiendo, hasta tal punto que ante la inminente llegada del novio, cinco de estas muchachas que no habían previsto dicha tardanza, deben ir a comprar más aceite.

Lo que se dice velar o vigilar, la verdad es que ninguna de ellas lo ha hecho. Por lo que más que a la vigilancia, Jesús nos esta invitando a ser previsores; lo importante es estar preparados, sin dejarlo todo para el último momento; Jesús nos está invitando a permanecer atentos con respecto al aceite de nuestras lámparas y no permitir que se acabe.

Está claro que el novio es Jesús y las diez vírgenes somo cada uno de nosotros. Pero, ¿qué es el aceite? Mateo nos lo aclarará precisamente a lo largo del capítulo veinticinco de su evangelio con la parábola de los talentos y con el relato sobre el juicio final. Ese aceite son la cualidades, recursos, capacidades, aptitudes, competencias, valores… que Dios nos ha regalado y que nosotros hemos de poner al servicio de los demás por medio de nuestras obras: dar de comer al hambriento, de beber al sediento; acoger al migrante, vestir al desnudo… En una palabra, hacer el bien a nuestro alrededor: al pobre, al pequeño, al más necesitado. Y, teniendo en cuenta que, esas cualidades, capacidades, recursos, esos talentos son individuales, son los que Dios ha dado a cada uno de nosotros, y todo eso no podemos dárselo al otro, pues él tiene los suyos propios, únicamente podemos ponerlos al servicio de los demás.

Por tanto, sigamos la invitación de Jesús a estar atentos para que el aceite de nuestra lámpara no se acabe, a estar preparados ante el retraso del esposo, pues no sabemos ni el día, ni la hora.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • El esposo, Jesús, nos está invitando al banquete de bodas, que es el Reinado de Dios, ¿estás preparado para ello?
  • ¿De qué manera te estás preparando para la venida de Jesucristo? ¿Estás poniendo toda la carne en el asador?
  • ¿Estás atento a las necesidades de las personas que están a tu alrededor?
  • ¿Estás poniendo al servicio de los demás los dones que Dios te ha regalado?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por todos los dones que te regala cada día.
  • Alaba a Jesucristo por invitarte a estar atento a su próxima venida y por acompañarte durante la espera.
  • Pide al Espíritu Santo que te ayude a poner todas tus cualidades, capacidades, facultades al servicio de los demás, especialmente de los más necesitados.
  • Intercede para que la Santísima Trinidad ayude a todos los seres humanos a mantener encendidas sus lámparas.

“Mujer, grande es tu fe”. Lectio Divina del Domingo XX del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 15,21-28

La liturgia de este domingo continúa con la misma temática del pasado: la fe. Aunque tratando este tema desde una perspectiva diversa.

El relato comienza haciéndonos notar que Jesús, después del enfrentamiento con los fariseos, se retira a las regiones de Tiro y Sidón. Jesús no abandona la misión, simplemente cambia el lugar en el que continuar su obra. Ahora se encuentra en zona pagana. Allí, una mujer cananea sale a su encuentro; es una madre sumida en el sufrimiento debido a la enfermedad de su hija. Y le pide que la cure.

La mujer cananea representa a las poderosas ciudades paganas de Tiro y Sidón; ciudades ricas y poderosas. La mujer quiere y de hecho rompe con su pasado, dirigiéndose a Jesús, un judío. Pero, también, Jesús tiene que romper con sus propias tradiciones judaicas, movido por la fe de esa mujer. Ella, le proclama como Hijo de David, le considera Mesías, le reconoce como Señor. Tiene fe en Jesús.

Jesús, sin embargo, no le presta la más mínima atención. Sus discípulos intervienen a su favor, pero únicamente, porque está molestando; lo que desean, al fin y a la postre es quitársela de encima.  A pesar de todo, Jesús no da su brazo a torcer y explica la razón de ello a sus discípulos: «He sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

La mujer no se achanta, al contrario, persevera en su fe, ante el aparente rechazo de Jesús: «¡Ayúdame!» Tiene la certeza total de que Jesús es capaz de salvar a su hija. Jesús aparentemente, vuelve a rechazarla. Lo lógico hubiese sido que aquella mujer abandonara el lugar, no sólo entristecida, sino llena de rabia. No obstante, persevera en su fe. Su amor de madre está por encima de cualquier dificultad o rechazo. Tal vez, ha presentido una posible cercanía de Jesús, al referirse a ella como perrillo, y no como perro, que era la manera en la que llamaban los judíos a los paganos. La mujer es capaz de abajarse, de humillarse. Jesús ante este hecho no puede quedar indiferente. La fe sencilla, autentica, sincera de aquella madre ha triunfado. Ha sabido perseverar en su fe, sin perder la esperanza. Es más, puede sentirse discípula, pues lo es. Ella forma parte del nuevo pueblo de Dios. Es suficiente la fe en Jesús, adherirse a su persona para pertenecer al círculo los amigos de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN 

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo te comportas con aquellos que no pertenecen a tu “círculo creyente”? ¿Los acoges o por el contrario los rechazas, aunque sea de forma sutil?
  • ¿Cómo es tu confianza y tu fe en Jesús? ¿Ante las dificultades: abandonas, o perseveras al igual que la mujer cananea?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios porque siempre está a tu lado y te salva.
  • Pide por las dificultades de todas aquellas personas que conoces, con las que te encuentras en tu vida cotidiana.
  • Pide a Dios que te conceda la gracia de la oración perseverante, sobre todo en los momentos de mayor dificultad.

“El Reino de Dios es semejante a…”Lectio Divina Domingo XVI del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 13,24-43

Un nuevo y extenso texto, en el que se nos narran diversas parábolas: la llamada parábola de la cizaña, la del grano de mostaza y la de la levadura. Todas ellas, correspondientes a las llamadas parábolas del Reino. Ante la extensión del texto, lo vamos a ir comentado por partes.

            1.- La parábola de la cizaña (13,24-30).

            2.- La parábola del grano de mostaza (13,31-32).

            3.- La parábola de la levadura (13,33).

            4.- Conclusión – bisagra (13,34-36).

            5.- Explicación de la parábola de la cizaña (13,37-43).

1.- La parábola de la cizaña (13,24-30).

            En esta parábola, vemos comola buena semilla sembrada por el agricultor se convertirá en trigo, sin embargo el enemigo del dueño del campo quiere arruinarle la cosecha y junto a aquella buena semilla, dicho enemigo ha sembrado cizaña.

Esta mala hierba puede distinguirse perfectamente del trigo una vez que se han formado las espigas, pero no antes. Incluso, si se intentará arrancar antes, parte del trigo podría perderse.

La buena semilla es la palabra del Reino, la cual va creciendo junto a la cizaña, que son las palabras vacías, dañinas, nocivas, perjudiciales, con las que se busca hacer daño.

Lo mismo ocurre con la Palabra sembrada en nuestro corazón, el enemigo también siembra cizaña. Para que no nos perdamos ninguno de los llamados por Jesús a su seguimiento y a configurarnos con él, la eliminación de la cizaña, Jesús la aplaza hasta el final de los tiempos, pues para nosotros puede ser difícil distinguir una de otra.

2.- La parábola del grano de mostaza (13,31-32).

            Jesús continúa narrándoles otra parábola: el grano de mostaza. Es increíble como de una semilla microscópica pueda nacer una planta casi tan grande como un árbol.

Lo mismo ocurre con la Palabra de Dios. Existe una fuerza extraordinaria en esa pequeñísima semilla, lo mismo que existe en la palabra de Dios. La Palabra es capaz de extenderse a todos los confines de la tierra, aunque quien la siembra es insignificante; es decir, nosotros que somos quienes difundimos la Palabra. Pero el Espíritu Santo será capaz de fecundarla y convertirla en un frondoso árbol.

3.- La parábola de la levadura (13,33).

            A continuación Jesús, les cuenta la parábola de la levadura. Cualquiera que haya visto amasar pan, tendrá clara esta parábola.

            Tres pequeñas pizcas de levadura pueden realizar una gran acción. Lo mismo que ella actúa prácticamente sin hacerse notar, la Palabra lo hace de la misma manera y así fermenta todo lo que se encuentra a su alrededor, siendo capaz de fermentarlo todo. Al final de los tiempos, todo estará empapado del Reino.

4.- Conclusión – bisagra  (13,34-36).

            Concluye esta sección de parábolas con la frase: «les contó muchas parábolas». Pero además nos explica que le hablaba en parábolas y que no les decía nada sin parábolas. Es decir, Jesús explica los misterios del Reino por medio de parábolas. Los misterios, en muchas ocasiones, incomprensible para nuestro entendimiento, pueden llegar a comprenderse por medio de imágenes, comparaciones o similitudes.

            A reglón seguido, Jesús vuelve a la casa y será allí, en la intimidad dónde les explique a los discípulos la parábola de la cizaña.

5.- Explicación de la parábola de parábola de la cizaña (13,37-43).

            El sembrador de la buena semilla es el mismo Jesús; el campo es el mundo; la buena semilla son los discípulos y la palabra que ellos predican; la cizaña, por su parte, son los hijos del maligno y las palabras que ellos difunden.

            Cuando llegue el final de los tiempos se recogerá el trigo y la cizaña y, esta última será quemada en el fuego. Sin embargo hasta que esto llegue, trigo y cizaña han de convivir juntos. Los hijos del Reino tienen que convivir con los hijos del maligno, configurándose cada vez más a Jesús, y transformando este mundo en nuestro día a día.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cómo acoges la Palabra cada día y de qué manera intentas llevarla a la práctica?
  • En tu vida, ¿Qué prevalece? ¿el trigo o la cizaña?
  • ¿Cómo difundes la Palabra entre las personas que te rodean?

VIDA – ORACIÓN

Salmo de la Palabra (Salmo 118)

105Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
106lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
107¡estoy tan afligido! Señor, dame vida según tu promesa.

108Acepta, Señor, los votos que pronuncio, enséñame tus mandatos;
109mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
110los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

111Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
112inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

“El que tenga oídos que oiga” Lectio Divina del domingo XV del tiempo ordinario-Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 13,1-23

En esta época del año, nos encontramos con este evangelio donde Jesús, hace lo mismo que haríamos cualquiera de nosotros, salir de casa y sentarnos junto al mar. Pero donde Jesús iba, siempre acudía gente. No hacía falta tener un móvil para que las noticias corrieran, iban de boca en boca y tanta gente acudió, que se tuvo que subir a una barca para que todos le vieran y escucharan desde la orilla.

Si algo tiene Jesús, es que sabe llegar a todos los públicos, por eso habla con ejemplos del día a día, con parábolas, porque así todos le entendemos. Sus parábolas hacen alusión a las cosas propias de la sociedad judía de su época: el campo, la ganadería, las tradiciones, etc.

En este evangelio, la parábola se refiere a la agricultura: un sembrador que sale a sembrar. Todos tenemos en mente esta imagen, que hemos visto en más de una ocasión, en nuestros campos. Al echar la semilla, muchas veces, el aire la arrastra a otros lados; por eso dice Jesús que una parte cayó al borde del camino; otra, en terreno pedregoso; otra, entre abrojos y otra, en tierra buena.

Los discípulos dudan y le preguntan: «Por qué les hablas en parábolas?». Jesús contesta con un juego de palabras: «Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”».

Pero… ¿qué significa la parábola del sembrador? «Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Con qué frase del Evangelio me quedo?
  • ¿Quién es el sembrador en mi vida?
  • ¿Cómo siembro yo la Palabra de Dios?
  • ¿Me preocupo de hacer llegar la Palabra de Dios a los demás, con un lenguaje sencillo, asequible a sus circunstancias, para que puedan entenderla?

VIDA – ORACIÓN

Gracias Señor, Sembrador, que con tu vida nos has hecho entendible el Reino de Dios, que con tu Palabra has sembrado nuestro corazón y nos invitas a extender la Buena Nueva del Evangelio.

Dame un corazón sencillo, que se ponga al nivel de los humildes, de los pequeños, para que sepa hacerles llegar el mensaje de tu Evangelio, como Tú lo hiciste. Qué nunca me canse de sembrar tu Palabra y que nunca me canse de leerla y meditarla, porque nadie puede dar aquello que no tiene. Así sea.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados” LectioDivina del domingo XIV del tiempo ordinario – Ciclo A

agobiados

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 11,25-30

Enmarcando este texto dentro del capítulo 11, podemos apreciar que Jesús durante su ministerio público es rechazado, criticado, incomprendido por muchos de sus contemporáneos. A éstos, se acaba de dirigir unos versículos más atrás (Mt 11,16-24).

Sin embargo, el rechazo no es generalizado; precisamente, los pequeños, los sencillos, los ignorantes… sí que han acogido su Palabra; aquellos que se encuentran agobiados y cansados por tener que llevar la carga de unas leyes injustas y que los esclavizan, si que han acogido su Palabra. Éstos le escuchan, reciben y aceptan con alegría su enseñanza, se adhieren a él, quiere compartir su vida, se sienten liberados y, al mismo tiempo, acogidos por un Padre misericordioso, a quien el Hijo conoce bien. Ante este hecho, Jesús eleva espontáneamente una plegaria de alabaza y acción de gracias al Padre.

El texto para una mejor comprensión podemos dividirlo del siguiente modo:

  • Plegaria de alabanza y acción del gracias al Padre (Mt 11,25-26).
  • Jesús se presenta como el verdadero conocedor del Padre (Mt 11,27).
  • Invitación para que vengan a Jesús todos los que se encuentran cansados y agobiados (Mt 11,28-30).

El Padre se da a conocer a los sencillos. Como hemos dicho más arriba, Jesús se siente rechazado por los sabios y entendidos, aquellos que se creen en posesión de la verdad y que esclavizan al pueblo con leyes, que ni siquiera ellos mismo pueden cumplir. Una serie de leyes creadas por los hombres, sobre todo en torno a la pureza legal, que se debían cumplir escrupulosamente, y que estaban vacías de contenido; además,mostraban una imagen erronea de Dios; pues, para ellos, Dios era un ser vengativo, exigente en extremo, despreocupado del bien de la humanidad. Esta imagen contrastaba abiertamente con la que Jesús había presentado de su Padre: bondadoso, misericordioso, cercano, amoroso.

Los humildes y sencillos son capaces de comprender qué significado tiene y qué consecuencias tiene creer en un Dios como el que nos presenta Jesús. Los pequeños, los humildes y sencillos no cumplen con los mandamientos de Dios por miedo, por conveniencia, por conseguir algo de Dios. No. Aquel que acoge a Jesús y su Palabra, cumple con los mandamientos, con la alianza con Dios por amor, como agradecimiento por lo mucho que el Padre nos regala cada día, porque Dios ha querido hacerse cercano al hombre; es más, ha querido hacerse ser humano para comprender plenamente al hombre y ofrecerle la salvación por medio de la pasión, muerte y resurrección de su Hijo. Todo esto, únicamente, puede ser acogido por aquel que se siente necesitado de la misericordia divina, por aquel que es consciente de que no lo sabe todo y necesita que alguien le muestre el camino, por aquel que es dócil a la enseñanza de Jesús, por aquel que es capaz de dejarse transformar por el Espíritu.

Y esta acogida por parte de los pequeños y los humildes hace que Jesús estalle en acción de gracias y alabanza al Padre.

agobiados 2Jesús es el único y verdadero conocedor del Padre. El Padre se ha revelado por medio de Jesús. Y Jesús muestra a un Padre que sólo quiere el bien de sus hijos. La enseñanza de Jesús (su yugo y su carga) es dulce y ligera, siempre que seamos capaces de vivirla como hijos que se sienten amados y que aman, siempre que seamos capaces de vivirla desde la bondad y la humildad. Para ello, es indispensable que hagamos experiencia de un Dios que es amor. Un Dios que conoce nuestra “pasta”, que conoce nuestras debilidades, que sabe de nuestras miserias, que nos sostiene en las dificultades y que nos abraza en nuestro sufrimiento y en nuestro dolor, que está siempre a nuestro lado y quiere levantarnos en nuestra caída, que quiere ofrecernos todo su amor. Y lo único que nos pide a nosotros es que actuemos en consecuencia con amor y desde el amor.

Jesús es el único que conoce verdaderamente al Padre, Jesús es quien le conoce en profundidad, el único que le conoce desde el amor pleno. Por eso, Jesús es el único que puede revelarnos al Padre, el único que puede mostrárnoslo tal cual es.

Jesús invita a ir hacia él a todo el que se sienta y reconozca necesitado de la misericordia de Dios. Los contemporáneos de Jesús se encontraban cansados y agobiados por la multitud de exigencias que los maestros de la ley les imponían; leyes, que en muchas ocasiones, carecían de sentido, leyes a las que Jesús quería dar su verdadero sentido. Jesús dará alivio a todos los cansados y agobiados porque el mandamiento, la tarea, la obligación que nace del amor es llevadera y ligera.

Pero no basta, únicamente con acoger la Palabra; Jesús, además, nos invita a vivir y practicar esa Palabra, nos invita a ser bondadosos, mansos, humildes. Jesús invita a adherirse a su mensaje y a hacerlo vida.

Jesús nos está esperando y nos invita a todos los que sufrimos bajo el peso de las dificultades, de los problemas, de las debilidades a acercarnos a Él. Ir hacia Jesús, emprender su seguimiento nos llena de paz, de sosiego, de seguridad, de vida. Dios quiere acogernos en Jesús con ternura, consolándonos, revitalizándonos, haciéndonos vivir de manera más plena.

Jesus alaba al Padre

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué imagen tienes de Dios? ¿La de un Dios vengativo, lejano, que sólo se fija en tus fallos? ¿O la de un Dios bondadoso, misericordioso, Padre que nos ama, que está deseando que des el primer paso para acogerte?
  • Jesús alaba y da gracias al Padre, ¿Qué te motiva a ti, hoy, para dar gracias o alabar al Padre?
  • Conocer a Jesús es conocer al Padre, ¿qué acciones emprendes en tu vida diaria para conocer más a Jesús? ¿Lees, meditas e intentas llevar a la práctica su Palabra? ¿Participas asiduamente de los sacramentos? ¿De qué manera muestras a los demás el amor que Dios te tiene?
  • ¿Cuál es tu yugo pesado, que te es difícil de llevar? ¿Lo entregas a Jesús? ¿Lo pones bajo la mirada amorosa del Padre? ¿Acudes a Jesús para que haga ese yugo llevadero y ligero?
  • ¿Te reconoces como necesitado del amor y de la misericordia divina? ¿Acoges a Dios como Padre y a Jesús como revelador de su verdadero rostro?
  • ¿Acoges y practicas la enseñanza de Jesús desde el amor, desde la libertad, desde la entrega generosa?

VIDA – ORACIÓN

Padre, te adoro y te amo de todo corazón, porque me has creado y hecho hijo tuyo.

Te doy gracias, por todos los dones que cada día me regalas, por invitarme a seguir a Jesús y a hacer vida su Palabra.

Te ofrezco mi vida, todas mis acciones, mis alegrías y dificultades para tu mayor gloria, para mi propia santificación y la salvación de la humanidad.

Líbrame del pecado y de todo mal, dame fortaleza en las dificultades, ánimo ante los obstáculos; ayúdame a acoger el yugo de Jesús que es ligero y llevadero.

Concédeme el don de la humildad, la sencillez de corazón, la pobreza de espíritu. Derrama tu gracia sobre mí y sobre todas las personas que entren en contacto conmigo, para que seamos testigos de la misericordia divina y transmisores de la Buena Nueva de Jesús. Amén.

“Ser testigos del amor de Jesucristo” – Lectio divina del Domingo XIII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Foto de Emre Can en Pexels

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 10,37-42

Enmarcamos el texto que hoy nos ofrece la liturgia dentro del llamado Discurso de la Misión (Mt 10,1-42). En el cual se describe la manera en que los discípulos deben anunciar el Reino y las dificultades que dicha misión conlleva. Nuestro texto recoge una serie de recomendaciones que el Maestro les ofrece para iluminar la difícil situación en la que se encuentran sus seguidores en la segunda mitad del siglo I. Dificultades que provienen sobre todo de sus hermanos judíos que no entienden la Buena Nueva. La situación proviene de una fuerte tensión entre la sinagoga y la Iglesia naciente. Jesús quiere animar a sus discípulos, precisamente a no desanimarse, a no caer en el desaliento, a no desmoralizarse, ni desanimarse a pesar de persecución.

El texto podemos dividirlo en dos partes: una primera en la que Jesús parece invitarnos a renunciar a nuestros seres queridos y a nuestra vida y una segunda parte en la que Jesús nos ofrece unas palabras de consuelo, de aliento, de fortaleza para aquellos que anunciamos el Reino de Dios.

En la primera parte en la que hemos dividido el texto nos encontramos con dos afirmaciones de Jesús: “El que quiere al padre o a la madre por encima de mí, no es digno de mí, y el que quiere al hijo o a la hija por encima de mí, no es digno de mí.” Pueden parecernos dura, pueden parecernos que va en contra del mandamiento de honrar al padre y a la madre (Ex 20,12), nos pueden parecer que van en contra de la ley natural. Sin embargo, nada más lejos de la intención de Jesús. La intención de Jesús más bien es la de dar un sentido pleno a ese amor. ¿Cómo amamos a nuestro padre y a nuestra madre? ¿Cómo amamos a nuestros hijos? ¿Lo hacemos de manera egoísta? ¿Lo hacemos atendiendo a nuestros intereses? ¿Los ponemos de parapeto para no cumplir con nuestras obligaciones? ¿Los convertimos en escusas para no seguir a Jesús de manera plena, para no adherirnos totalmente a Él? ¿Los utilizamos para no comprometernos con nuestros prójimos? Si amamos a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestra esposa, a nuestro esposo, a nuestros amigos en Cristo Jesús e invertimos la escala de valores desde el Reino, lograremos vivir en mayor plenitud nuestra entrega, donación, nuestra dedicación a nuestros padres, hijos, familiares y amigos. En el centro de nuestras relaciones hemos de poner a Jesús, de esa manera tendrán el verdadero sentido y la orientación justa. Jesús no nos pide renunciar a amar a nuestros seres queridos, sino a que los amemos con un amor similar al suyo, con un amor que se entrega, que se hace don.

Para llegar a alcanzar un amor de esas características hemos de estar dispuestos a dejarnos transformar por el Espíritu en otros cristos. Hemos de estar dispuesto como lo estuvo Jesús a entrega la vida por el Reino, a perder nuestra vida por los demás (Mt 10,38s). Es la única manera de vivir ésta en plenitud.

En la segunda parte del texto, como dijimos más arriba, nos encontramos con unas palabras de esperanza que Jesús dirige a todos aquellos que hemos escogido la senda de ser testigos de su amor.

Jesús, el Padre, el Espíritu están siempre junto a aquel que anuncia la Buena Nueva. Podemos decir que son uno con él. De tal manera, que cuando son perseguidos, calumniados, señalados, no lo son ellos mismos, sino que los perseguidos, calumniados, señalados son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Además, en realidad, no son perseguidos por ellos mismos, son perseguidos por lo que son, son perseguidos por causa de Jesús, por causa del evangelio, son perseguidos porque aman de manera incondicional y desprendida. De la misma manera quien acoja a uno de ellos por el simple hecho de ser discípulo de Jesús, está acogiendo al mismo Jesús (Mt 10,40ss).

El seguidor de Jesús es profeta porque ayuda a los demás a vivir plenamente el evangelio, incluso denunciando lo que no está bien. El seguidor de Jesús es justo porque intenta vivir cada día la voluntad del Padre. El seguidor de Jesús es pequeño, porque es humilde, es dócil, se deja transformar, acompañar y ayudar.

Y no pensemos únicamente en nosotros mismos cuando nos acojan a nosotros por ser seguidores de Jesús; si no, también, en cómo acogemos nosotros a los demás.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Subraya las recomendaciones dadas por Jesús ¿Qué te dicen acerca de tu vida? Intenta vivirlas cada día.
  • ¿Cuál es mi escala de valores? ¿Qué valor es el que tengo puesto en primer lugar?
  • ¿Estás dispuesto/a a acoger la cruz, es decir la dificultad, el rechazo, la incomprensión por intentar vivir el Evangelio?
  • ¿De qué manera acojo a aquellos que anuncian el evangelio? ¿De qué manera acojo a los demás en mi vida?
Foto de John-Mark Smith en Pexels

VIDA – ORACIÓN

Acto de petición

Te amo, Jesús, mi vida, mi alegría y fuente de todo bien.

Quiero amarte cada día más, a ti y a todas las personas redimidas con tu sangre.

Tú eres la vid y yo el sarmiento: quiero estar siempre unido a ti para dar fruto abundante.

Tú eres la fuente: dame la gracia cada vez más abundante para mi santificación.

Tú eres la cabeza; yo, uno de tus miembros: comunícame tu Espíritu Santo con todos sus dones.

Venga a nosotros tu Reino por María.

Conforta y salva a las personas que amo.

Acoge en tu Reino a los difuntos.

Multiplica y santifica a los que has llamado al apostolado.

(Del Libro de oraciones de la Familia Paulina).