“Ser testigos del amor de Jesucristo” – Lectio divina del Domingo XIII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 10,37-42

Enmarcamos el texto que hoy nos ofrece la liturgia dentro del llamado Discurso de la Misión (Mt 10,1-42). En el cual se describe la manera en que los discípulos deben anunciar el Reino y las dificultades que dicha misión conlleva. Nuestro texto recoge una serie de recomendaciones que el Maestro les ofrece para iluminar la difícil situación en la que se encuentran sus seguidores en la segunda mitad del siglo I. Dificultades que provienen sobre todo de sus hermanos judíos que no entienden la Buena Nueva. La situación proviene de una fuerte tensión entre la sinagoga y la Iglesia naciente. Jesús quiere animar a sus discípulos, precisamente a no desanimarse, a no caer en el desaliento, a no desmoralizarse, ni desanimarse a pesar de persecución.

El texto podemos dividirlo en dos partes: una primera en la que Jesús parece invitarnos a renunciar a nuestros seres queridos y a nuestra vida y una segunda parte en la que Jesús nos ofrece unas palabras de consuelo, de aliento, de fortaleza para aquellos que anunciamos el Reino de Dios.

En la primera parte en la que hemos dividido el texto nos encontramos con dos afirmaciones de Jesús: “El que quiere al padre o a la madre por encima de mí, no es digno de mí, y el que quiere al hijo o a la hija por encima de mí, no es digno de mí.” Pueden parecernos dura, pueden parecernos que va en contra del mandamiento de honrar al padre y a la madre (Ex 20,12), nos pueden parecer que van en contra de la ley natural. Sin embargo, nada más lejos de la intención de Jesús. La intención de Jesús más bien es la de dar un sentido pleno a ese amor. ¿Cómo amamos a nuestro padre y a nuestra madre? ¿Cómo amamos a nuestros hijos? ¿Lo hacemos de manera egoísta? ¿Lo hacemos atendiendo a nuestros intereses? ¿Los ponemos de parapeto para no cumplir con nuestras obligaciones? ¿Los convertimos en escusas para no seguir a Jesús de manera plena, para no adherirnos totalmente a Él? ¿Los utilizamos para no comprometernos con nuestros prójimos? Si amamos a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestra esposa, a nuestro esposo, a nuestros amigos en Cristo Jesús e invertimos la escala de valores desde el Reino, lograremos vivir en mayor plenitud nuestra entrega, donación, nuestra dedicación a nuestros padres, hijos, familiares y amigos. En el centro de nuestras relaciones hemos de poner a Jesús, de esa manera tendrán el verdadero sentido y la orientación justa. Jesús no nos pide renunciar a amar a nuestros seres queridos, sino a que los amemos con un amor similar al suyo, con un amor que se entrega, que se hace don.

Para llegar a alcanzar un amor de esas características hemos de estar dispuestos a dejarnos transformar por el Espíritu en otros cristos. Hemos de estar dispuesto como lo estuvo Jesús a entrega la vida por el Reino, a perder nuestra vida por los demás (Mt 10,38s). Es la única manera de vivir ésta en plenitud.

En la segunda parte del texto, como dijimos más arriba, nos encontramos con unas palabras de esperanza que Jesús dirige a todos aquellos que hemos escogido la senda de ser testigos de su amor.

Jesús, el Padre, el Espíritu están siempre junto a aquel que anuncia la Buena Nueva. Podemos decir que son uno con él. De tal manera, que cuando son perseguidos, calumniados, señalados, no lo son ellos mismos, sino que los perseguidos, calumniados, señalados son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Además, en realidad, no son perseguidos por ellos mismos, son perseguidos por lo que son, son perseguidos por causa de Jesús, por causa del evangelio, son perseguidos porque aman de manera incondicional y desprendida. De la misma manera quien acoja a uno de ellos por el simple hecho de ser discípulo de Jesús, está acogiendo al mismo Jesús (Mt 10,40ss).

El seguidor de Jesús es profeta porque ayuda a los demás a vivir plenamente el evangelio, incluso denunciando lo que no está bien. El seguidor de Jesús es justo porque intenta vivir cada día la voluntad del Padre. El seguidor de Jesús es pequeño, porque es humilde, es dócil, se deja transformar, acompañar y ayudar.

Y no pensemos únicamente en nosotros mismos cuando nos acojan a nosotros por ser seguidores de Jesús; si no, también, en cómo acogemos nosotros a los demás.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Subraya las recomendaciones dadas por Jesús ¿Qué te dicen acerca de tu vida? Intenta vivirlas cada día.
  • ¿Cuál es mi escala de valores? ¿Qué valor es el que tengo puesto en primer lugar?
  • ¿Estás dispuesto/a a acoger la cruz, es decir la dificultad, el rechazo, la incomprensión por intentar vivir el Evangelio?
  • ¿De qué manera acojo a aquellos que anuncian el evangelio? ¿De qué manera acojo a los demás en mi vida?
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VIDA – ORACIÓN

Acto de petición

Te amo, Jesús, mi vida, mi alegría y fuente de todo bien.

Quiero amarte cada día más, a ti y a todas las personas redimidas con tu sangre.

Tú eres la vid y yo el sarmiento: quiero estar siempre unido a ti para dar fruto abundante.

Tú eres la fuente: dame la gracia cada vez más abundante para mi santificación.

Tú eres la cabeza; yo, uno de tus miembros: comunícame tu Espíritu Santo con todos sus dones.

Venga a nosotros tu Reino por María.

Conforta y salva a las personas que amo.

Acoge en tu Reino a los difuntos.

Multiplica y santifica a los que has llamado al apostolado.

(Del Libro de oraciones de la Familia Paulina).

“No tengáis miedo” Lectio divina del Domingo XII del Tiempo Ordinario – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 10,26-33

Una expresión que me resonaba bastante de la lectura de este evangelio, también porque se repite tres veces en el texto, era: No tengáis miedo. Creo que es un hecho que no podemos pasar por alto. No sólo para el tiempo de Jesús, sino también para nuestro tiempo. Dicha frase no aparece únicamente en este pasaje; ya en Mt 6,25-34, aparecen estas palabra, u otras similares, siete veces.

Y yo me pregunto: ¿si tenemos fe y confianza absoluta en Jesús, a qué podemos temer? ¿Tememos lo que puedan pensar de nosotros cuando proclamamos el evangelio? ¿Miedo a que nos maten por ser seguidores de Jesús? ¿A qué tenemos miedo, si Dios está con nosotros, si Él no permitirá que nos ocurra ningún mal? Nosotros valemos más que los lirios del campo y los pájaros del cielo: somos hijos de Dios. ¿Miedo al sufrimiento, a la dificultad, a los problemas, a nuestras debilidades, a la muerte? Cristo padeció, sufrió, murió y resucitó por nosotros. Estamos salvados. Ahora, bien es verdad, que nosotros podemos rechazar esa salvación desde nuestra libertad.

Si estamos dispuestos a asumir y cumplir la misión que nos ha encomendado Dios, no tenemos motivos para el miedo; pues, si nosotros declaramos nuestra adhesión a Jesucristo ante los hombres, Él declarará nuestra adhesión a nosotros ante el Padre.

El miedo paraliza, nos inmoviliza, nos aísla, distorsiona la realidad. Por tanto, no tengamos miedo. Sí prudencia, sí cautela, sí moderación, sí discernimiento… pero nunca miedo. Nuestra única preocupación debe ser la de testimoniar a Jesús ante todos los hombres.

No tengamos miedo, siquiera de los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitarnos la vida. Siguiendo a Mario Galizzi en su comentario al evangelio de Mateo, hemos traducido vida en lugar de alma. El cuerpo para un judío es el ser humano al completo, el ser que vive su materialidad aquí en la tierra, el ser visible que se relaciona con los demás. Esta realidad visible en su totalidad y en la medida en que manifiesta su relación con Aquel que es la fuente de la vida en hebreo se denomina nefesch, una palabra que en griego se dice psyché y que a nuestra lengua se traduce por alma o vida. Y esa vida que es relación con Dios no puede ser eliminada totalmente ni definitivamente.

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Quien mantiene su relación con Dios, quien mantiene su adhesión a Jesús, quien se deja cada día transformar y configurar a Cristo por el Espíritu Santo, podrá morir materialmente, podrán arrebatarle su existencia, pero nadie podrá quitarle la vida, que es su relación con Dios, nadie podrá romper ese vínculo. Ese vínculo será roto únicamente por aquel que no quiera ser amigo de Dios, por aquel que no quiera relacionarse con Él, por aquel que niegue a Jesús ante los demás.

Dios está siempre cerca de aquellos que lo invocan con sincero corazón, de aquellos que lo buscan, de aquellos que claman y lo llaman. Dios se preocupa por todos y cada uno de nosotros, sabe nuestras necesidades, conoce nuestras inquietudes, entiende nuestras dificultades. Nuestro Padre siempre nos acompaña, siempre nos protege, siempre nos ayuda. Y si de algo hemos de tener miedo, no ha de ser a ser condenados (actitud del esclavo, que diría san Agustín), sino a ofender, a disgustar, a desagradar a nuestro Padre que únicamente nos ofrece amor. Ese es el verdadero temor de Dios. Miedo y temor a perder esa relación vital con Él, que nos amó primero desde toda la eternidad y nos seguirá amando durante toda la eternidad.

Si nosotros hemos reconocido a Jesús ante los demás, Él no reconocerá ante el Padre. Si nosotros hemos dado testimonio de Jesús delante de los hombres, Él dará testimonio de nosotros ante el Padre. Jesús quiere reconocernos como suyos ante el Padre, quiere salvarnos. Dios quiere nuestra salvación, Jesús nos busca para ofrecernos la salvación, el Espíritu Santo nos fortalece para que alcancemos la salvación.

Con esta certeza, en el corazón, en nuestra alma, en nuestro cuerpo incluso, en todo nuestro ser, estamos llamados a vivir nuestra existencia cotidiana; pero, teniendo en cuenta la importancia de ser testigos del amor de Dios, que se hace visible en Jesús, ante todos aquellos que se cruzan en nuestro camino, ante aquellos que conozcan o no a Dios, ante aquellos que acojan nuestras palabras o ante aquellos que las rechacen. Salgamos fuera y transmitamos a todo el mundo la alegría del evangelio.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuáles son tus temores, tus miedos? ¿Qué es aquello que te turba, que te sobresalta, que te paraliza?
  • Reconoce ese temor, afróntalo, ¿Qué es lo peor que te puede pasar ante ese temor? Plántale cara, intenta poner en juego todas tus facultades para vencerlo.
  • ¿Eres capaz de arriesgarte por Jesús? (Él se arriesga por ti). ¿Eres capaz de reconocer a Jesús ante los demás? (Él te reconoce ante el Padre) ¿Eres capaz de dar testimonio de Él? (Él da testimonio de ti).
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VIDA – ORACIÓN

Acto de abandono

Padre, ignoro lo que hoy me va a ocurrir.

Pero sé que nada sucederá sin que tú lo hayas previsto y dispuesto,

desde toda la eternidad, para que redunde en bien mío.

Y esto me basta.

Adoro tus designios eternos e inescrutables;

por tu amor los acepto con todo el corazón;

en comunión con el sacrificio de Jesús, mi Salvador,

te ofrezco todo mi ser.

En su nombre y por sus méritos infinitos,

te pido firmeza en las contrariedades y aceptación sin reservas,

para que todo lo que dispongas o permitas,

sirva para tu mayor gloria y para mi santificación.

(Beato Santiago Alberione).

“Yo soy el Pan Vivo”.Lectio Divina de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 6,51-58

Nos encontramos en este domingo, en el que celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, con un “discurso” pronunciado por  Jesús en la sinagoga de Cafarnaún (Jn 6,59). Anteriormente a esto, el autor del Cuarto Evangelio nos ha narrado como los judíos, refiriéndose claramente a los dirigentes del Pueblo de Israel, murmuraban contra él, por haber afirmado: “Yo soy el pan bajado del cielo” (Jn 6,41). Lo cual había desatado una cierta controversia. Lo primero, porque ellos conocen bien los orígenes Jesús; ¿cómo puede, entonces, decir que ha bajado del cielo? Pero aún hay más, está claramente blasfemando; del cielo solo procede Dios; los judíos pensaría que aquel “insensato” se estaba autoproclamando como Dios. Pero es más quiere darse en alimento, algo totalmente imposible, incluso para nuestra mentalidad. ¿Cómo puede una persona convertirse en alimento para otra? Vayamos por parte.

Si quisiera aclarar, que por muchas explicaciones acerca de este fragmento del evangelio de Juan que yo pueda daros, no voy a desvelar nada nuevo, ni voy a disipar las dudas que podamos tener acerca de la Eucaristía, de la transustanciación, o del misterio eucarístico. Nos encontramos precisamente ante un misterio. Lo cual no tiene nada que ver con algo secreto o algo reservado únicamente a iniciados; tiene más bien que ver con algo que es incomprensible para nuestra mente, algo imposible de entender para nuestra capacidad intelectual por muy superdotado que uno pueda llegar a ser. Todo esto tienen más bien que ver con la experiencia. La eucaristía hemos de experimentarla, hemos de vivirla. Sin hacer la experiencia de ponerse delante del Santísimo, en total apertura, sin prejuicios, con todo nuestro ser, es imposible poder siquiera llegar a vislumbrar un poquito de este misterio. Por eso, invito a toda aquella persona que lea esta entrada del blog a que haga experiencia de la eucaristía, de la adoración eucarística y de estar a solas, como diría Santa Teresa de Jesús, con aquel que sabemos nos ama. Sabiendo que, hacer experiencia, en la mayoría de los casos, requiere además tiempo.

Y dicho esto, ahora sí, vamos a comentar la lectura que hoy nos regala la liturgia. La primera afirmación de Jesús: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo”. Con ello quiere decir a sus contemporáneos y a nosotros que escuchamos hoy la Palabra, que él procede del Padre, el cual es fuente de vida plena y verdadera. Y de la misma manera que lo es el Padre, lo es Jesús. Sí, Jesús es principio, origen, fundamento y desarrollo de una vida que puede llegar a ser plena y verdadera. Para ello será imprescindible entrar en comunión con él, en unión íntima, en relación estrecha; es imprescindible asimilar el Espíritu manifestado en la realidad humana de Jesús. De esta manera el ser humano “vivirá para siempre” (Jn 6,51); es decir, tendrá vida eterna. Una vida muy distinta, posiblemente, a nuestra vida física y actual; pero, al fin y al cabo, vida y vida en plenitud.

Para los judíos, y probablemente para muchos de nosotros, estas palabras de Jesús eran  y son inconcebibles, absurdas, intolerables: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”. Posiblemente, pensarían en alguna cuestión extraña de canibalismo. Sin embargo, Jesús no hablaba en sentido literal o en términos absolutos, que era como lo habían entendido ellos; por eso, no llegan a entender el significado verdadero de comer su carne. Jesús, en realidad está hablando de entrar en comunión plena con él; entrar en unión intima, de apropiarse de las actitudes vitales de Jesús, de sus valores, de su modo de vivir. Es más, los judíos no fueron capaces de acoger que Dios quisiera entrar en relación o en unión plena con el ser humano.

Comer la carne de Jesús y beber su sangre es aceptar a Jesús como nuestro punto de partida y de llegada, como nuestra referencia esencial, indispensable y necesaria para llegar al Padre y alcanzar así la vida eterna. Comer su carne y beber su sangre es hacer propio su amor incondicional y extremo. Un amor que le llevó incluso a entregar la vida por la salvación del género humano. Un amor que le llevo a liberarnos definitivamente de las ataduras de la muerte. Un amor que no espero nada a cambio, que lo hizo entregarse gratuita e incondicionalmente para que todos nosotros tengamos una vida plena y definitiva.

Y el discípulo de Jesús ha de ser capaz de unirse a él, de identificarse con él; ha de ser capaz de dejarse modelar por el Espíritu para llegar a ser otro Jesús en sus actitudes vitales y amar a los demás como él ama.

El pan y el vino que, en cada eucaristía, se nos ofrece como alimento es Jesús mismo. Estas especies nos dan la fuerza necesaria para que las actitudes vitales de Jesús se conviertan en las nuestras y, de este modo lograremos que nuestro modo de vivir cambien radicalmente. La asimilación del estilo de vida de Jesús y de su entrega acontece comiendo su carne y bebiendo su sangre, acontece en cada eucaristía.

Únicamente, entrando en comunión plena y vital con Jesús, comiendo su carne y bebiendo su sangre, podremos hacer propia la vida que Jesús nos propone. Es la única manera de entrar en unión intima, profunda e inseparable  con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo acoges el don de la vida plena, que Jesús te ofrece en cada eucaristía?
  • ¿Cómo vives, en  tu vida cotidiana, la asimilación del cuerpo y la sangre de Jesucristo?
  • ¿Al asimilar el cuerpo y la sangre de Jesucristo, eres consciente de que poco a poco se tiene que producir en tu vida un cambio radical?
  • En la celebración eucarística, te alimentas de la doble mesa de la Palabra y la Eucaristía, ¿eres consciente de ello? ¿son ambas importantes para ti?¿cómo vives esos momentos?
  • ¿Eres consciente, que comer la carne de Jesús y beber su sangre, te deben llevar a un compromiso mayor en favor de tus hermanos, especialmente los más necesitados? ¿Eres consciente, que estas siendo llamado a ser también transmisor de vida?

VIDA – ORACIÓN

Te doy gracias, Maestro, Vida verdadera y plena,

por haberme hecho el gran regalo de quedarte junto a mí en la Eucaristía,

y salir a mi encuentro, a pesar de mi inconstancia, mi fragilidad y mi debilidad.

En unión con María te ofrezco al Padre:

contigo, por ti y en ti,

sea por siempre la alabanza, la acción de gracias y la súplica

por la paz de los hombres.

Ilumina mi mente,

hazme discípulo fiel de la Iglesia;

que viva de fe; que comprenda tu palabra;

que sea un auténtico apóstol, propagador de tu amor.

Ayúdanos, Maestro Bueno, a todos los cristianos,

para que la Buena Nueva, que proclama la misericordia y el amor de Dios Padre,

llegue hasta los últimos confines del mundo.

“Tanto amó Dios” Lectio Divina de la Solemnidad de la Santísima Trinidad – Ciclo A

La Lectio Divina correspondiente a este domingo ha sido elaborada por nuestra colaboradora Yolanda Muñoz Estepa, de Valencia.

VERDAD-LECTURA

Evangelio: Jn 3,16-18

Si algo caracteriza a Dios es su amor. Y así empieza el evangelio de hoy. El evangelista sabe que Dios es amor, así lo ha experimentado y así quiere que lo sepamos todos.

Ese amor, Dios nos lo demuestra mandando «a su Hijo único para que no  perezca ninguno de los que creen en Él». Porque, a pesar del pecado original, Dios quiere que todos nos salvemos.

Ese amor de Dios, es un amor tan grande, que no se queda en una relación tú a tú, sino que es una relación de tres, porque Dios es uno y trino. Y ese amor entre el Padre y el Hijo es el Amor, con mayúsculas, que es el Espíritu.

A nosotros, sólo nos queda responder desde la libertad, porque no es Dios el que nos juzga, somos nosotros quienes nos juzgamos. Por la fe en Cristo Jesús, estamos salvados. Si lo negamos, si no creemos en Él, somos nosotros mismos los que estamos diciendo que no a su Amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase o palabra llega más a tu corazón?
  • ¿Crees que Dios tiene un mensaje para ti en este Evangelio?
  • ¿Te sientes amado por Dios?
  • ¿Qué significa para ti esa frase del evangelio que dice «para que el mundo se salve por Él»?
  • ¿Cómo experimentas el Amor de Dios en tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • En primer lugar, doy gracias a Dios porque me ama.
  • Gracias, Padre, por entregarnos a tu Hijo único.
  • Pido al Señor que su Amor llene mi corazón, para que mi vida sea testimonio, en medio del mundo, del amor que existe entre el Padre y el Hijo.

“Recibid el Espíritu Santo” Lectio Divina de la Solemnidad de Pentecostés – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 20,19-23

             El primer día de la semana, el día de la nueva creación para el autor del evangelio de Juan, el día de la nueva pascua, el día en el que se conmemora la resurrección de Jesús. Ese día, el Maestro resucitado se presenta ante los discípulos; encontrándose éstos en un lugar con las puertas cerradas a cal y canto, debido al miedo que le tenían a las autoridades judías; hasta ahora no han hecho experiencia de Cristo Resucitado, aún no siente su presencia en medio de la comunidad, no perciben su fuerza, se siente decepcionados y abandonados, están aterrorizados.

             Jesús se hace presente en medio de la comunidad; por dos veces, les saluda: paz a vosotros. Una tercera vez les saludará de esta manera cuando vuelva a encontrarse con sus discípulos en presencia de Tomás. Al final, con la comunidad al completo, permanecerá con ellos la paz plena y total.

             En este encuentro con sus discípulos, Jesús les muestra las manos y el costado. La resurrección no ha borrado las señales de la pasión. Pasión, muerte y  resurrección no pueden separarse.

             Al ver a Jesús, los discípulos desbordan de alegría. Y en esta nueva situación, Jesús los envía a la misión. Sin embargo, todavía no están preparados para enfrentarse a ella. Necesitan la fuerza del Espíritu. Jesús, lo mismo que Dios  en la creación de la persona humana le insuflo el hálito de vida para que fuera un ser viviente, les infunde el Espíritu Santo. Ahora están preparados para la misión: anunciar la Buena Nueva en todos los confines de la tierra y todas las personas.

             Los discípulos, además, ahora tienen potestad para perdonar o no los pecados. El pecado es todo aquel mal que nos impide la relación plena con Dios. Estar en plena comunión con Dios, en la mayoría de las ocasiones pasa por estar en plena comunión con el hermano. Al entrar en plena comunión con el hermano el pecado se acaba. La comunidad tiene el poder de reconciliar y superar las barreras que nos impiden entrar en plena comunión con Dios y con el hermano. La comunidad de los discípulos tiene el poder de dar vida divina.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál es mi experiencia de Jesús resucitado?
  • Les insufló el Espíritu Santo. ¿Qué sentimientos despierta es ti? ¿Cómo es tu relación con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad? ¿Dejas que él trabaje en tu vida?
  • ¿Qué significado tiene para ti la expresión, paz a vosotros?
  • ¿De qué forma puedo incrementar la paz a mi alrededor?
  • Jesús, me envía a la misión. ¿Estoy dispuesto/a a emprenderla y dejarme modelar por el Espíritu para llevarla a cabo?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por el don del Espíritu Santo.
  • Pido a Jesús que insufle en mí el Espíritu Santo.

“Id y haced discípulos a todos los pueblos”. Lectio Divina del Domingo VII de Pascua – Ciclo A. Solemnidad de la Ascensión del Señor.

Esta semana, os ofrecemos la Lectio Divina preparada por nuestra colaboradora, Yolanda Muñoz Estepa, de Valencia. Le damos las gracias por su generosidad.

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mateo 28,16-20

Ha llegado la hora en la que el Hijo del Hombre vuelve de nuevo al Padre, como nos viene anunciando en estos últimos días. Estamos celebrando el día de la Ascensión. Y como estamos en el ciclo A, leemos el final del evangelio según san Mateo. El contexto se repite un domingo más: Jesús se despide de los once. Esta despedida tiene lugar en el monte que Jesús había indicado.

Pero si la semana pasada los discípulos aparecían turbados, hoy, los discípulos se postran. Es la actitud que adquieren porque saben que aquel que tienen delante de ellos no es un cualquiera, sino que es Dios y ante Dios, sólo cabe la adoración y la reverencia, aunque sigue diciendo el versículo 17 que «algunos dudaron» y es que no todos comprendían lo que Jesús les quería decir.

Jesús «acercándose a ellos» les dice: «Se me ha dado poder en el cielo y en la tierra» (v.18). ¡Qué grande es la pedagogía del Maestro! Es Jesús quien se acerca a ellos. Y porque ya ha resucitado, se muestra glorioso, con poder en el cielo y en la tierra.

A continuación vienen dos verbos en imperativo: «id y haced» que nos indican mandato. Un mandato que ya había cumplido Jesús, porque Él vino a hacer la voluntad del Padre y que ahora tienen que continuar los once. Se trata de hacer «discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», porque el bautismo nos vincula no sólo con Cristo, sino con toda la obra de la salvación que surge en el seno de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu. Esta es la tarea que tiene la primitiva comunidad. Una tarea universal, porque les envía «a todos los pueblos», a quienes tienen que enseñarles a guardar lo que Jesús les ha mandado.

Una tarea misionera en la que los discípulos no están solos porque Jesús les hace una promesa:«sabed que yo estoy con vosotros todos los días». Y como donde está el Hijo están también el Padre y el Espíritu Santo, tenemos la certeza de que a pesar de su vuelta al Padre, los once no quedaron solos. Estaban habitados por el Espíritu que ilumina y fortalece, que impulsa, que guía, que orienta, que defiende y transforma, y acompaña a los once «hasta el final de los tiempos».

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CAMINO-MEDITACIÓN

  • ¿Qué te ha llamado más la atención del texto? ¿Una palabra, una frase? ¿Por qué esa y no otra?
  • Jesús no les priva a los once de la duda. ¿Has dudado alguna vez de    Jesús?
  • Aunque la duda te embargue en alguna ocasión, ¿te has acercado a Él para contárselo?
  • ¿Has sentido alguna vez que Jesús es quien se acerca a ti? ¿Cuándo y  cómo lo has notado?
  • ¿Has intentado alguna vez hacer discípulos de Jesús? ¿Cómo ha sido tu  experiencia? ¿Te has sentido solo?
  • ¿Eres consciente que el Espíritu Santo te acompaña hasta el último día? ¿Cómo te preparas para acogerlo?

VIDA-ORACIÓN

  • Acércate al Señor, como Él se acercó a los once. Cuéntale todas tus     dudas, tus miedos, las cosas que no entiendes, las que te preocupan.
  •  Dale las gracias porque Él se acerca a ti, porque te ama, porque se ocupa de tus cosas.
  • Escucha cómo te pide que vayas a hacer discípulos a todo el mundo, comenzando siempre por los más cercanos.
  • Ponte en sus manos y pídele al Espíritu Santo que inunde tu corazón y lo transforme.

Yolanda Muñoz Estepa

“Si me amáis, guardaréis mi palabra”. Lectio Divina del Domingo VI de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Juan 14,15-21

Seguimos en el mismo contexto que el domingo pasado: La última cena, el discurso de despedida de Jesús. Los discípulos se encuentran turbados ante el anuncio de la inminente partida de Jesús.

Creo, que en el texto, que la liturgia nos ofrece este domingo, habría que destacar dos de sus versículos: el 15 y el 21. En ellos, se les recuerda a los discípulos la importancia de guardar los mandamientos de Jesús; y recordemos, cuál es el mandamiento principal. Únicamente aquel, que guarde sus mandamientos, estará en disposición de recibir el Espíritu Santo.

Pero, ¿cuáles son esos mandamientos? La clave la encontramos unos versículos más abajo, que no aparecen en el evangelio de este domingo. Concretamente nos estamos refiriendo a los versículos 23 y 24: Aquel que guarda, y por tanto, cumple, la palabra de Jesús es quien verdaderamente le ama. Guardar los mandamientos de Jesús no es precisamente cumplir una serie de normas morales, sino entrar en comunión con él y permanecer en su espacio vital: asumir y vivir las mismas actitudes vitales de Cristo. Amar a Jesús está estrechamente ligado a la vivencia de su palabra, de sus actitudes vitales en nuestra vida cotidiana; es preciso dejarnos conducir por él,  poner en práctica lo que él predicó y vivió. Sólo de esta  manera estaremos unidos a él y conservaremos sus amor; sólo de este modo estaremos preparados para recibir el Espíritu Santo. Recibiremos al Paráclito, el Espíritu consolador, el Espíritu Santo que continuamente viene en nuestra ayuda.

El Espíritu Santo será quien nos enseñe a vivir el mandamiento del amor, quien venga en nuestra ayuda en los momentos difíciles, quien nos sostenga y levante.

Hasta ahora, ha sido Jesús quien ha desempeñado esta misión con sus discípulos, pero ante su inminente marcha, el Padre dará otro consolador, otro apoyo, otro sostén. Ahora el Espíritu Santo permanecerá junto a nosotros para siempre.

Este Espíritu consolador, es el Espíritu de la verdad, el que continuará dando testimonio de Jesús y nos mantendrá en la fidelidad a la Palabra. Será quien nos mantenga alerta ante los falsos maestros, ante aquellos que profesan la mentira, para mermar la capacidad de amar que tiene el ser humano. El mundo al estar contagiado del espíritu de la mentira no está preparado para recibir al Espíritu Santo. Y con el término mundo no se refiere al planeta Tierra o a los seres humanos, sino más bien a las situaciones o estructuras que merman la capacidad de amar de las personas, la capacidad de plenitud del ser humano.

No estemos intranquilos, no permanezcamos inseguros, no vivamos nerviosos y turbados. Jesús en ningún momento nos abandona. Su ausencia no es definitiva. Él está presente, pues ha resucitado.

El Espíritu Santo nos capacitará para experimentar la presencia de Jesucristo en nuestras vidas. El día de su resurrección Jesús comunicó a sus discípulos la vida en el Espíritu, la vida de total identificación con el Padre y el Hijo, la vida de comunión con Dios.

Si obramos según el Espíritu de Jesús, si asumimos sus enseñanzas y las ponemos en práctica, nos encontraremos en la senda del amor a Jesús, ese es quien verdaderamente ama a Jesús. Y quien ama a Jesús es, a su vez, amado por el Padre. Quien viva los valores vividos por Jesús y se comporte de la misma manera como él lo hizo puede decir que ama a Jesús. El Padre y Jesús que son uno le manifestaran su amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es el mandamiento principal de Jesús? ¿Cómo intentas vivirlo?
  • ¿Estas atento a la palabra de Jesús? ¿A lo que Él pueda pedirte u ofrecerte en cada momento?
  • ¿Cuál es la condición indispensable para poder recibir el Espíritu Santo? ¿Intentas tener presente dicha condición y practicarla en tu vida cotidiana?
  • ¿Participas de alguna manera en esas estructuras o situaciones que merman la capacidad de amar de aquellos que te rodean?
  • ¿Como muestras y demuestras tu amor por los demás, sobre todo por aquellos a los que nadie ama, por los pobres más pobres de nuestra sociedad y de nuestras comunidades?
  • ¿De qué manera te dispones para acoger y dejarte hacer por el Espíritu Santo?

VIDA – ORACIÓN

  • Entra en dialogo con el Espíritu Santo, seguramente el gran olvidado.
  • Cuéntale tus temores, tus dificultades, tus oscuridades, tus contrariedades, los obstáculos que encuentras en el camino de tu vida.
  • Dale, también, gracias por todas las luces que pone en tu camino, por la ayuda que te presta, por la fortaleza que te infunde…
  • Déjate atrapar por él, déjale entrar en tu vida y que sea él quien guíe tus pasos y te modele. según el modelo más extraordinario, insuperable y excepcional que es Jesucristo.

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” Lectio Divina del Domingo V de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 14,1-12

Nos encontramos en el contexto de la Última Cena. Los discípulos de Jesús se encuentran inquietos y desconcertados ante la brusca salida de Judás, la predicción de las negaciones de Pedro y el anuncio de la marcha inesperada y misteriosa de Jesús.

Jesús trata de tranquilizar a los discípulos y los invita a tener confianza. Les invita a la superación de la angustia y la inquietud; a permanecer tranquilos y en plena adhesión al Padre y a Jesús, que son uno.

Jesús les descubre el sentido de su partida, que no es otro que el retorno al Padre, la vuelta a la casa del Padre, después de la resurrección. Retorno a la casa del Padre, en la que hay muchas moradas, en la que hay sitio para muchos. La casa del Padre es la comunidad de vida, el lugar de la familia de Dios, la Iglesia; pero es también la persona misma de Jesús y el lugar de comunión entre el Padre y el Hijo.

Los discípulos han de realizar la experiencia de ir a la casa del Padre recorriendo el camino del amor. Cuando sean capaces de donarse a sí mismos por amor alcanzarán la plena comunión con el Padre y el Hijo. Han de entregarse totalmente amando a sus hermanos los hombres. Deberán recorrer el mismo camino que Jesús.

Pero, ¿cómo recorrer este camino? Y, ¿cuál es el verdadero final? ¿La muerte? ¿Hacia dónde deben caminar? Jesús les responde: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Camino que es itinerario que ha de recorrerse para alcanzar la meta. Y esa meta es el Padre. Entrar en su casa, entrar en comunión con él. Jesús ha recorrido su camino y nos lo ha mostrado a los hombres, los cuales seremos capaces de recorrerlo, en la medida en que prestemos nuestra adhesión a Jesús, en la medida en que nos asimilemos a él. Entonces, podremos alcanzar la meta que entrar en comunión con el Padre y el Hijo.

Verdad que es contenido, expresión, palabra. Jesús es la expresión del Padre, su palabra definitiva. Palabra que no afecta únicamente al intelecto humano, sino a todo su ser. Toda la vida de Jesús: sus gestos, sus enseñanzas, sus actitudes, son verdad de Dios. En la medida en que nosotros asumamos y pongamos en práctica las actitudes vitales de Jesús, sus gestos y sus enseñanzas, manifestadas en el amor, estaremos acercándonos a la plena comunión del Padre y el Hijo.

Vida que es existencia, ser, estar, dinamismo y crecimiento. Jesús es la vida porque es el único que la posee en plenitud y puede comunicarla. El discípulo debe experimentar esta plenitud a la luz de la resurrección, para de este modo sentirse plenificado y encontrarse más cerca del Padre y del Hijo.

Para que todo esto se realice en nosotros, debemos prestar nuestra total adhesión a Jesús y dejarnos transformar por el Espíritu en otros Cristos, pues nadie va al Padre sino por él.

Sin embago, tenemos necesidad de ver, o al menos, de sentirnos seguros de lo que hemos visto y experimentado. Es lo que expresa la inquietud de Felipe: «Muéstranos al Padre y nos basta».

No nos damos cuenta que para conocer, para ver, para experimentar al Padre, es suficiente hacer experiencia de Jesús y con Jesús. Cuanto más nos relacionemos con él, cuanto más nos acerquemos a él, cuanta más familiaridad alcancemos con él, mayor será, también, nuestra experiencia del Padre.

Jesús es la presencia de Dios en el mundo. Debería bastarnos nuestra experiencia de Jesús para dejar realizar al Padre su obra en nosotros y en el mundo.

Ahora bien, hemos de estar firmemente persuadidos, no sólo a nivel intelectual, sino vital y existencialmente de la perfecta sintonía entre el Padre y el Hijo, de que el Padre y el Hijo están totalmente identificados el uno con el otro. Todo lo que Jesús ha obrado, ha realizado lo demuestra. La actividad creadora del Padre, se ha manifestado en Jesús. Y la mayor de estas obras es el amor.

Si los discípulos de Jesús (y discípulos somos todos) mantienen su adhesión a él, realizarán sus mismas obras y aún mayores. Porque Jesús está con ellos. Es necesario mantener la comunión con él. El Espíritu Santo iluminará, dará fuerza, sostendrá, inspirará y los asimilará poco a poco a Jesús para alcanzar la meta de ser uno con el Padre y el Hijo; para ello deben recorrer, como comunidad, el camino que recorrió Jesús, el camino del amor, siendo capaces incluso de dar la vida por los demás; teniendo presente que esta entrega es únicamente la puerta para entrar en la vida eterna, porque también el Padre los resucitará.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Qué podemos entrever en este pasaje evangélico acerca de la relación entre el Padre y el Hijo?
  • ¿Cómo debe ser nuestra relación con el Padre y con el Hijo?
  • ¿Qué significado tiene para ti la afirmación de Jesús: Yo soy el camino, la verdad y la vida?
  • ¿Quieres experimentar en tu vida que el Padre y el Hijo son uno? ¿Pones los medios necesarios?
  • En algunos momentos, al igual que Felipe, ¿necesitas signos más extraordinarios que lo que vas experimentando en tu vida al lado de Jesús?
  • Tómale el pulso a tu grado de adhesión a Jesús y cómo te dejas transformar por el Espíritu Santo.

VIDA – ORACIÓN

Jesús Maestro, santifica mi mente y acrecienta mi fe.

Jesús, Maestro en la Iglesia, atrae a todos a tu escuela.

Jesús Maestro, líbrame del error, de los pensamientos vanos y de las tinieblas eternas.

Jesús, camino entre el Padre y nosotros, lo ofrezco todo y todo lo espero de ti.

Jesús, camino de santidad, hazme fiel discípulo tuyo.

Jesús camino, hazme santo como el Padre que está en el cielo.

Jesús vida, vive en mí para que yo viva en ti.

Jesús vida, no permitas que me separe de ti.

Jesús vida, concédeme vivir eternamente el gozo de tu amor.

Jesús verdad, que yo sea luz del mundo.

Jesús camino, que sea ejemplo y modelo para los hombres.

Jesús vida, que mi presencia lleve a todas partes gracia, alegría y paz.

Del Libro de Oraciones de la Familia Paulina.

Verdad, Camino y Vida: Lectura orante con la Palabra de Dios

Aunque no suelo publicar más de una entrada a la semana con la Lectio Divina del evangelio del domingo, algunas personas, me habéis pedido que escribiera alguna cosa acerca del método que se expone en este blog para realizar la Lectio Divina; y que utilizamos cada semana para orar con el evangelio del domingo. Eso me ha movido a colgar esta semana una entrada más tratando este tema.

Dicho método tiene su origen en el pensamiento y la obra del Beato Santiago Alberione, Fundador de la Familia Paulina, aunque hunde sus raíces en la tradición de la Iglesia. No voy aquí a exponer la intensa historia de la Lectio Divina, podríamos dedicar en el futuro una entrada a ello. Pero sí que me vas a permitir, querido internauta, que te explique como comenzó este método de Lectura orante con la Palabra de Dios

En la noche que dividía el siglo XIX del XX, el P. Alberione tuvo la intuición, siendo joven seminarista, de hacer algo por los hombres y mujeres del siglo XX. Se había empapado totalmente de la doctrina del Papa León XIII, que impulsaba a la lectura y al estudio de la Biblia. Conocía perfectamente la preocupación de Pío X acerca de la falta de una base firme entre los creyentes católicos, pues les faltaba el alimento primordial de la eucaristía y la Biblia. Todo esto le llevó a fundar en 1914, la Familia Paulina, que tiene en el centro de su misión la Biblia. Pero no quedó ahí la cosa, en 1924, funda la Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN), con el anhelo y el deseo de que en cada familia hubiese un texto de la Sagrada Escritura.

Aunque su amor por la Biblia no se limitó a su edición y difusión; a sus hijos e hijas nos quiso dejar un gran regalo, enraizado en una honda espiritualidad bíblica, la hora diaria de adoración ante el Santísimo Sacramento, conocida comúnmente en la Familia Paulina como la Visita Eucarística, la cual está articulada en tres partes: lectura bíblica, revisión de vida y dialogo oracional. Al fin y al cabo un método de Lectura orante de la Palabra de Dios.

Hoy desde el Centro Bíblico San Pablo, presente en varios países del mundo, queremos continuar con ese legado que nos dejo el P. Alberione de difundir la Palabra de Dios y acercarla a todas la humanidad, y para ello realizamos diversas actividades, cursos y encuentros a lo largo y ancho de la geografía española.

El método verdad, camino y vida

Después de este mini repaso histórico y de concretar de dónde proviene el método de Lectio Divina que proponemos, habitualmente, en nuestro blog, permíteme que intente explicarte en qué consiste el mismo.

Como ya sabes el método consta de tres partes, que se corresponden a su vez con las tres partes tradicionales de la Lectio Divina: lectura, meditación y oración.

Pero antes de comenzar a orar con la Palabra, me parece que, son necesarios algunos  preparativos.

Preliminares

Busca un lugar tranquilo, donde nadie te moleste. Es importante hacer silencio. También es importante el ambiente. Puedes disponer una Biblia abierta, adornada con flores, acompañada por la luz de una vela, un icono…

Es decir, preparar el lugar de tal modo que te invite y ayude a orar. Tómate tu tiempo, te aconsejo que dediques a la lectura orante una hora, pero si te resulta demasiado, puedes utilizar media hora.

Desde un punto de vista pedagógico y, sobre todo al principio, vamos a dividir cada momento de la Lectura Orante en períodos de tiempo de veinte minutos cada uno, si es que le dedicamos una hora, si no pues la mitad.

El paso de un momento a otro, sobre todo en la Lectura orante comunitaria, lo podemos señalar con un canto, una oración, una invocación…

Nos podemos ayudar de una música de fondo, una canción, una imagen… si lo vemos conveniente.

Comienza por invocar al Espíritu Santo. Que sea Él quien guíe tu itinerario. Recuerda que la Sagrada Escritura es escritura inspirada. El Espíritu Santo es quien abre nuestro oídos, nuestro entendimiento y nuestro corazón a la Palabra, que hoy se cumple ante nosotros. Él es el único que nos puede ayudar a entender mejor el texto sagrado.

a.- Invocación al Espíritu Santo.

Esto puede hacerse de diversas maneras: un canto, una oración, un momento de silencio. Lo importante es hacerse consciente de su presencia y invocarlo, para que Él te ayude a comprender el pasaje que vas a leer y sepas actualizarlo al hoy que estas viviendo, a tus necesidades concretas, a tu vivir cotidiano.

b.- Verdad. Lectura. ¿Qué dice el texto?

La pregunta que has de tener presente, en este primer momento es: ¿qué dice el texto?

Para ello es necesaria la lectura atenta, pausada, sin prisa de la Palabra. Puedes leer el texto en voz alta, de modo que participen más sentidos.

Es el momento de «masticar» lentamente la Palabra, de trillarla, de desmenuzarla.

Una vez que hemos leído el texto tal como hemos indicado anteriormente, lo primero que haremos será enmarcar el texto dentro de su contexto. Para ello, puede resultar muy útil leer la introducción al libro que contiene la lectura con la que estamos orando. La mayoría de las biblias tienen esplendidas introducciones que nos pueden ayudar en este momento. Al leer fíjate, sobre todo, en el ambiente socio cultural en el que se desarrolla: tiempo y lugar en que fue escrito el libro, a qué necesidad concreta del Pueblo de Israel o de la Iglesia hace frente.

Lee, también, las notas a pie de página, te ayudaran a entender mejor el texto, por último lee los texto paralelos. Todo ello, te dará una visión global del pasaje.

Vamos a continuar desmenuzando el texto, sin ninguna otra ayuda, mas que la de nuestra Biblia.

Yo aconsejo a partir de ahora contar con un lápiz, si es posible bicolor para ir señalando o subrayando algunas palabras o frases del pasaje. Aquello, que por lo que sea capta tu atención.

Puedes continuar intentando responder a alguna de estas preguntas:

  • ¿Es posible estructurar o dividir el texto en partes? Inténtalo.
  • Si conoces algo acerca de lo géneros literarios, ¿dentro de que género podemos enmarcarlo?¿De qué modo debemos leerlo? ¿Cómo debemos entenderlo?
  • ¿Hay palabras o expresiones que se repitan? ¿Cuáles?
  • Es posible que no haya palabras que se repitan, pero, ¿encontramos algún sinónimo?
  • Si es que aparecen, ¿qué personajes intervienen? ¿qué hacen? ¿hablan? ¿permanecen callados? ¿son destinatarios de una acción? ¿quién o quiénes son los protagonistas?
  • Intenta relacionar el pasaje con el resto del libro al que pertenece o con el resto de la Sagrada Escritura.
  • Por último, pregúntate ¿cuál es la palabra o palabras fundamentales del texto? Subráyala, acógela, tómala contigo.

c.- Camino. Meditación. ¿Qué me dice el texto?

Pasamos a la segunda parte de nuestro itinerario. Ahora, la pregunta a responder sería: ¿Qué me dice el texto?

En este momento concreto de tu vida, en las circunstancias propias que estás viviendo, en tu propio contexto particular, ¿qué quiere decirte Dios?

Ha llegado la hora de «saborear» la Palabra. Tal vez, alguna de estas preguntas te puedan ayudar en el desarrollo de esta segunda parte.

  • ¿Qué te dice el texto acerca de tu situación actual? ¿Tiene algo que ver con tu vida?
  • ¿Qué quiere decirte Dios con este pasaje?
  • ¿Qué te dice el texto acerca del comportamiento de Jesús?
  • ¿Qué tienes que cambiar en tu vida para que ésta se asemeje más a la de Jesús?
  • ¿Qué te exige, en concreto, esta Palabra? ¿Qué te pide hoy?

Y luego para que la Palabra te acompañe durante todo el día puedes utilizar la llamada «rumia». Es decir, toma esa palabra o frase fundamental del texto que tocó tu corazón, en la primera parte de nuestro itinerario, y ve repitiéndola durante tu jornada: mientras esperas el autobús, cuando vas caminando por la calle, en un atasco, al hacer la fila del pan…

d.- Vida. Oración. ¿Qué le digo a Dios a partir del texto?

Ya hemos llegado a la tercera y última parte de nuestro itinerario. De la escucha y la meditación de la Palabra es muy posible que surja de forma espontánea la oración de petición, súplica, alabanza, acción de gracias, ofrecimiento, adoración… Esa es tu respuesta a Dios desde la experiencia vivida en este momento de oración.

Pero la respuesta a Dios no puede quedarse ahí únicamente, la oración ha de llevarnos al compromiso. Por ello, es necesario que asumas una acción concreta en tu vida a favor de los hermanos y para que el Reino de Dios y su justicia sea cada vez más una realidad en nuestro mundo.

Conclusión

Pues ya hemos llegado al final de nuestro itinerario. Espero que esta entrada del blog Biblia y Comunicación te haya resultado interesante y te ayude a profundizar en tu oración con la Palabra de Dios. Si necesitas más información te invito a dirigirte a: centrobiblico@sanpablo.es Te invito también a visitar la página de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es En ella te ofrecemos un acercamiento diario a la Palabra de Dios. Y la página web de la Revista Biblia Viva en la que te ofrecemos, entre otras cosas, artículos y materiales interesantes para acercarte a la Palabra de Dios: https://www.bibliaviva.sanpablo.es/

Como siempre muchas gracias por seguir nuestro blog y por compartir con otras personas nuestras entradas. Dios te bendiga.

“YO SOY EL BUEN PASTOR” Lectio Divina Domingo IV de Pascua – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 10,1-10

Carmine Gallo, en su libro Hable como en TED, nos presenta las características que debe tener una buena presentación para ser estimulante: emocionante, original y memorable. Es decir, las historias que contamos deben tocar el corazón de nuestro interlocutor, deben enseñarle algo nuevo y el público debe ser capaz de recordar dicha historia. No voy aquí a realizar un estudio acerca de los relatos, de las historias o de los procesos comunicativos. Si es el lugar, pero no creo que sea el momento. La causa por la que he traído a colación estas características es porque, desde mi punto de vista, el relato que hoy nos presenta el evangelio de Juan, de adecua perfectamente a las cualidades enunciadas por Carmine Gallo.

La imagen que nos presenta Jesús en este fragmento del evangelio de Juan, posiblemente, a nosotros pueda quedarnos un poco lejos; pero no así con sus contemporáneos, qué seguramente entendían perfectamente las metáforas, comparaciones o paradojas utilizadas en su discurso.

Os invito acercarnos al texto como si fuera la primera vez que lo escuchamos, con la curiosidad del principiante, y con la apertura que solemos adoptar ante la novedad. Os pido que intentemos acercarnos al texto evangélico esforzándonos por comprender la metáfora o la personificación que Jesús utiliza en el relato.

¿A quién se está refiriendo cuando nos habla del Pastor? ¿Quiénes son las ovejas? ¿Quién es el ladrón? ¿Qué significado puede tener la puerta?

Las ovejas, para el autor del cuarto evangelio, representan al pueblo de Israel dominado por sus propios dirigentes, a los cuales dirige este discurso y que, anteriormente, han vivido el episodio del ciego de nacimiento; es decir, está dirigiendo su discurso a los fariseos.

Jesús, por medio de una comparación, va mostrando a sus interlocutores que él es la única alternativa para la salvación. No salva el cumplimiento de unas normas absolutizadas por los fariseos, ni la institución, ni la pertenencia. Salva la persona de Jesús.

El aprisco es la representación de la institución judía, dentro de ella algunos individuos se han arrogado puestos para los que no tenían ningún derecho, por lo que en realidad son ladrones y bandidos que utilizan todas las «armas» a su alcance para someter al pueblo y seguir sumiéndolo en la miseria.

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Sólo existe una manera legítima para acercarse a las ovejas: entrando por la puerta. Todo aquel que no haya entrado por la puerta, se acerca a las ovejas de manera ilegítima, y según Jesús con la clara intención de explotarlas.

A los que no entran por la puerta, ladrones y bandidos, sino que entran en el aprisco saltando la valla, se oponen al pastor, el cual es reconocido por el guarda y las ovejas.

El pastor es Jesús. El personaje del pastor aparece ya como figura mesiánica sobre todo en los Profetas del Antiguo Testamento (p.e. Ez 34,23s). El pastor entra en el aprisco para cuidar de sus ovejas no para explotarlas o sacar algún beneficio de ellas. Por eso ellas reconocen su voz.

Pero, además, el pastor llama a cada una por su nombre, las conoce a todas y a cada una de ellas de forma personal e individual. Jesús llamando a cada una de las ovejas por su nombre, les ofrece la alternativa de salir de la institución judía para entrar en el camino de la libertad y de la vida, aunque este no esté exento de dificultades y obstáculos. Jesús llama a cada una de las ovejas a su seguimiento.

Una vez que las ovejas han reconocido la voz del pastor, es imposible que escuchen la voz de un extraño, lo más lógico es que huyan de él; porque es el pastor quien conduce a su rebaño a verdes pastos y no al matadero.

Ante la cerrazón de los dirigentes judíos, Jesús continúa con otra comparación: la puerta. El único lugar por el que se puede acceder a la salvación es por la puerta que es Jesús. Aquel que se adhiera a Jesús y le siga, aquel que atraviese la puerta, encontrará la salvación. Podrá entrar y salir libremente y encontrará pastos verdes, encontrará la vida.

Los ladrones únicamente vienen a robar y a quitar la vida a las ovejas. Jesús, sin embargo ha venido para dar vida plena y a darla en abundancia.

Espero, querid@ herman@, que, después de este acercamiento, que he intentado hacerte al relato, también para ti, esta narración resulte emocionante, original y memorable.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿En qué momentos de mi situación actual, reconozco la voz del Pastor?
  • ¿Escucho la voz del Pastor, me dejo conducir por ella y le sigo?
  • ¿Facilito a los demás que puedan conocer la voz del Pastor?
  • ¿Soy yo, como Jesús, puerta por la que los demás pueden entrar y salir para encontrar verdes pastos o por el contrario soy muro que nadie puede atravesar?

VIDA – ORACIÓN

Oramos juntos con el Salmo 23:

El Señor es mi pastor;

nada me falta.

En verdes praderas me hace descansar,

a las aguas tranquilas me conduce,

me da nuevas fuerzas

y me lleva por caminos rectos,

haciendo honor a su nombre.

Aunque pase por el más oscuro de los valles,

no temeré peligro alguno,

porque tú, Señor, estás conmigo;

tu vara y tu bastón me inspiran confianza.

Me has preparado un banquete

ante los ojos de mis enemigos;

has vertido perfume en mi cabeza,

y has llenado mi copa a rebosar.

Tu bondad y tu amor me acompañan

a lo largo de mis días,

y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré.