“EL REINO DE DIOS ES COMO…” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio Mc 4,26-34

Nos encontramos hoy para orar con dos parábolas, que nos intentan ilustrar acerca del Reino de Dios. Las parábolas son narraciones acerca de hechos cotidianos, pero que de alguna manera, pretenden darnos a conocer un misterio. Porque, no cabe duda que, la cuestión del Reino de Dios es un misterio para todos nosotros. Jesús, al contarnos estas y otras parábolas quería de alguna forma revelarnos en que consiste el Reino. En el caso concreto de las dos parábolas de hoy, Jesús quiere que entendamos cómo funciona el desarrollo del Reino de Dios y cómo se extiende.

El crecimiento o desarrollo del Reino de Dios no depende explícitamente de nosotros o de nuestro trabajo; en muchas ocasiones no sabemos siquiera como en este o aquel lugar se ha desarrollado el cristianismo, todo depende de la acogida que se de al anuncio del amor de Dios. Nuestra misión es la de sembrar, el hacer germinar y crecer es cosa de Dios. Si traemos a la memoria la parábola del sembrador, podemos caer en la cuenta de que el crecimiento en realidad depende de la fertilidad de la tierra. En este caso ocurre lo mismo. Sin saber uno cómo, ni por qué, el grano da su fruto y fruto abundante. Por tanto, no nos preocupemos de como hacer germinar o crecer el Reino de Dios, nosotros vayamos sembrando el amor y la misericordia de Dios, la fertilidad de quien nos escucha y la gracia de Dios harán todo lo demás.

Pero además, no hace falta que sembremos grandes obras o estructuras, o desarrollemos grandes proyectos; la semilla de mostaza es minúscula, casi como la cabeza de un alfiler. Y sin embargo, una vez sembrada en la tierra crece y se hace tan alta que hasta los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra.

No es cuestión de eficacia, medios colosales o abultados programas. La cuestión está en escuchar la Palabra de Dios y dejarse transformar por ella. Es estar dispuestos a que este pequeña semilla crezca dentro de nosotros y nos vaya modelando según el pensamiento, los sentimientos y las acciones de Jesús.

Y lo mismo cabría decir con respecto a nuestro testimonio acerca del Reino. Nuestra preocupación principal debe ser precisamente esa: dar testimonio del evangelio en nuestro día a día, aunque sea de manera humilde, con nuestras debilidades, pero intentando ser coherentes. El resto le corresponde a Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo escuchas, acoges y te dejas transformar por la Palabra de Dios?
  • ¿Confías en exceso en tus cualidades, medios o recursos al intentar extender el Reino de Dios entre los que te rodean?
  • ¿De alguna forma quieres estar presente y controlando en todo momento la manera y la forma de crecer del Reino de Dios?
  • ¿Eres consciente de que el crecimiento y la extensión del Reino no depende únicamente de ti, que tú misión es sólo sembrar?
  • ¿Estás dispuesto a mantenerte disponible y crear las condiciones favorables para que la Palabra de Dios sea sembrada y dé abundantes frutos?

VIDA – ORACIÓN

Oración tomada de Oraciones de tú a tú, de Ignasi Miranda

Señor, ¡Ayúdanos a ser conscientes de tu inmenso amor por nosotros!

Tú eres todopoderoso, puedes recortar los árboles altos y hacer crecer los pequeños.

Haces germinar la semilla sin que el hombre sepa cómo.

¡Alabado seas, Señor! ¡Bendito sea tu nombre, Todopoderoso!

¡Nada sucede sin que tú lo hagas posible, Señor!

Eres tú, Señor, quien hacer crecer en nosotros la fe y la confianza.

Queremos ser dóciles y humildes como el grano de mostaza.

Nos ponemos en tus manos, Padre amoroso, para dejarte entrar,

para dejarte que hagas lo que quieras,

para facilitar que nos ames,

para permitir que la semilla crezca y forme un árbol de ramas gruesas.

Gracias a tu poder, una insignificante semilla

puede convertirse en un magnífico árbol.

Queremos sentir el coraje de San Pablo para creer sin verte,

para no tener más ambición que complacerte

y esperar el momento en el que abandonaremos este cuerpo

y no presentaremos ante ti.

Mientras nos encontramos en esta vida,

queremos aportar nuestra humilde colaboración a la construcción de tu Reino.

Esperamos confiados el día en el que te veremos

y nos quedaremos a vivir contigo. Amen.

“MI ESPERANZA PUESTA EN DIOS ”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

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VERDAD – LECTURA

Ezequiel 17,22-24

22 Esto dice el Señor Dios: “También yo tomaré la copa de un alto cedro y la plantaré; de la punta de sus ramas tomaré un ramo y lo plantaré yo mismo en un monte muy alto, 23 en el monte sublime de Israel lo plantaré; echará ramas y dará frutos y se hará un magnífico cedro. Bajo él habitarán toda clase de pájaros, toda clase de aves morará a la sombra de sus ramas. 24 Y sabrán todos los árboles del bosque que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humilde, hago secarse el árbol verde y reverdecer el árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”.

La liturgia de este domingo nos ofrece un fragmento del libro de la profecía de Ezequiel. Un profeta que siempre nos está invitando a la esperanza, que intenta por todos los medios ilusionar de alguna manera a sus compatriotas que se encuentran deportados en Babilonia. Su mensaje principal es que Dios no abandona nunca a su Pueblo y que en un futuro volverán a pisar la tierra de sus padres.

El acontecimiento de la deportación a Babilonia no tenía por qué ser para los Israelitas para lamentarse y caer en la desesperación, si no más bien un incentivo para volverse a la misericordia y el amor de Dios. Antes de dicha deportación, Israel se había alejado de Dios, dándose a la idolatría y actuando de espaldas a la Alianza que Yahveh había establecido con él.

El verdadero cautiverio es haberse alejado de la bondad y el amor de Dios.

Sería conveniente, dejar claro, antes de continuar, que la figura del profeta no es la de un adivino, pitoniso o futurólogo, sino más bien la de ser intérprete de los acontecimientos que están ocurriendo a su alrededor desde la perspectiva de Dios. El profeta es aquel que es capaz de leer los signos de los tiempos y actuar en consecuencia, adelantándose en muchas ocasiones a los mismos. El profeta es aquel que evidencia y manifiesta la infidelidad del Pueblo para que éste caiga en la cuenta de que se está alejando de Dios.

Centrándonos en el pasaje que hoy nos ocupa, Ezequiel nos presenta la imagen de un árbol, el cual Yahveh plantará en un monte alto de Israel, en el cual crecerá frondosamente y dará abundantes frutos. Como decíamos antes, es una invitación a la esperanza pue, si Israel retorna a encontrarse con Dios que ha salido a su encuentro, es posible la vuelta a Israel, porque Yahveh siempre permanece fiel.

Israel volverá a renacer por la gracia y la misericordia de Dios.

Haciendo un paralelismo con la figura de Jesús, y leyendo este pasaje desde la perspectiva del evangelio, podemos decir que esa rama tierna que Dios arranca precisamente de la copa de un alto cedro y planta en un monte alto hace sin duda alusión a Jesucristo.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿De qué manera y en qué momentos te alejas de Dios?
  • En tus momentos problemáticos, de dificultad, de aprieto, ¿mantienes tu esperanza puesta en Dios? ¿Confías en Él? ¿Intentas volverte a Él que ha salido a tu encuentro?
  • ¿Está dispuesto a dejarte arrancar por la mano amorosa de Dios para ser plantado en un monte distinto al que te encuentras ahora? Es decir, ¿estás dispuesto a salir de tu zona de confort?
  • Manteniendo la esperanza puesta en Dios, ¿qué pasos estás dispuesto a dar para crecer como persona y como cristiano?
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VIDA – ORACIÓN

Salmo 46

1 A ti, Señor, me acojo: que jamás quede yo defraudado;

2 libérame, sálvame, pues tú eres justo; atiéndeme, ven corriendo a liberarme;

3 sé tú mi roca de refugio, la fortaleza de mi salvación; sí, tú eres mi roca y mi fortaleza.

4 Dios mío, líbrame de la mano del malvado, de las garras del criminal y del violento;

5 pues tú eres mi esperanza, Señor, mi confianza desde mi juventud, oh Dios.

6 Desde el seno materno me he apoyado en ti, tú eres mi protector desde el vientre de mi madre; en ti he esperado siempre.

7 He sido un prodigio para muchos, pues tú has sido mi refugio seguro.

8 Mi boca está llena todo el día de tu alabanza y de tu gloria.

[..]

14 yo no dejaré nunca de esperar, y aumentaré todavía tus alabanzas;

15 me paso todo el día publicando tus actos de liberación y de justicia, aunque para mí son incalculables.

16 Proclamaré las proezas del Señor, anunciaré que sólo tú eres justo.

Del cordero al Cordero. Lectio Divina del Domingo del Corpus Christi – Ciclo B

VERDAD – LECTURA  

Evangelio: Mc 14,12-16.22-26

El pueblo judío, tras su experiencia en Egipto, siente muy de cerca la mano de Dios que le acompaña y libera, gracias a la intervención de Moisés que actúa como mediador entre Yahveh y su pueblo. Por eso el pueblo de Israel, se compromete a cumplir «todas las palabras que ha dicho el Señor» y que Moisés ha escrito. El mismo Moisés será quien selle esa alianza inmolando «novillos como sacrificios de comunión» y rociando su sangre (Ex 24, 3-8). Por eso, el pueblo proclama: «¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?» (Sal 115,12-13.15.16bc.17-18). Desde aquel momento, el pueblo inmola novillos, machos cabríos, becerros, cada vez que le ofrece algo al Señor, a través de sus sacerdotes.

Esa alianza fue sellada en medio de la celebración de la pascua judía, el primer día de los Ácimos, cuando el pueblo ofrecía los panes sin levadura, los panes ázimos, los “massot”, que era «cuando se sacrificaba el cordero pascual». Era la fiesta en la que se reunían las familias y Jesús, también, se reúne con los suyos, sus discípulos que le preguntan: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?». El Maestro los manda la ciudad a la casa donde se dirige «un hombre que lleva un cántaro de agua» a preguntarle al dueño: «¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?». Y allí, en la «sala grande en el piso de arriba», los suyos «prepararon la Pascua».

Ese es el día que Jesús firmará la Nueva Alianza tras pronunciar la bendición y la acción de gracias después de haber tomado el pan y el cáliz. «Esto es mi cuerpo». «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos». A partir de ese momento, ya no volverá «a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios» y «salieron para el monte de los Olivos» (Mc 14,12-16. 22-26).

Jesús ha dado el paso definitivo. Ya no hemos de comer el cordero pascual de la antigua alianza. Ahora, Él es el Cordero Pascual que sella la Nueva Alianza y que permanece con nosotros para siempre.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has participado alguna vez de la Eucaristía?
  • ¿Has oído estas palabras que pronuncia Jesús en algún momento de la Eucaristía?
  • ¿Te habías parado a pensar, alguna vez que Cristo da plenitud a la antigua alianza?
  • ¿Qué es para ti la Nueva Alianza?
  • ¿Qué significa para el católico esta Nueva Alianza?
  • ¿Qué necesitas cambiar para hacer vida esta Nueva Alianza?

VIDA – ORACIÓN

Te adoro presente en mí, Palabra encarnada, Hijo Unigénito e imagen del Padre, nacido de María. Te doy gracias, Maestro y Verdad, por haberte dignado venir a mí, ignorante y pecador. En unión con María te ofrezco al Padre: contigo, por ti y en ti, sea por siempre la alabanza, la acción de gracias y la súplica por la paz de los hombres. Ilumina mi mente, hazme discípulo fiel de la Iglesia; que viva de fe; que comprenda tu Palabra; que sea un auténtico apóstol. Haz, Maestro Divino, que la  luz de tu Evangelio llegue hasta los últimos confines del mundo (Santiago Alberione).  

“ESTA ES MI ALIANZA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Éxodo 24,3-8

En aquellos días: 3Moisés vino y comunicó al pueblo todas las palabras del Señor y todas sus leyes relativas a la administración de la justicia. Y todo el pueblo respondió a una voz: “Nosotros cumpliremos todo cuanto ha dicho el Señor”. 4Moisés escribió todas las palabras del Señor, se levantó de madrugada y edificó un altar al pie de la montaña y doce estelas por las doce tribus de Israel. 5Mandó a algunos jóvenes israelitas a ofrecer holocaustos e inmolar novillos como sacrificios de reconciliación en honor del Señor. 6Después tomó la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. 7Tomó luego el libro de la alianza y lo leyó en presencia del pueblo, el cual dijo: “Cumpliremos todo lo que ha dicho el Señor y obedeceremos”.8Moisés tomó la sangre y la derramó sobre el pueblo diciendo: “Ésta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con vosotros mediante todas estas palabras”.

Hoy es un día para meditar y orar en torno al misterio eucarístico. Se nos invita a caer en la cuenta y tomar conciencia de la importancia de la eucaristía en nuestra vida. Alimento que se nos da para nuestra edificación, crecimiento y desarrollo. Participar de la eucaristía, alimentarnos con el cuerpo y la sangre de Jesús, nos lleva a transformarnos como seres humanos en mejores personas, a transformarnos según nuestro modelo que es Jesucristo, a vivir como Él vivió y a darnos a los demás como Él se dio.

Para ayudarnos a todo ello, la liturgia nos ofrece hoy, en la primera lectura, un fragmento del libro del Éxodo. Un libro, en el que el acontecimiento principal que se nos narra, es la salida de los israelitas de la esclavitud de Egipto hacia la libertad que Dios le regalaba en aquel momento y que nos regala a nosotros aquí y ahora. Israel fue descubriendo a Dios en los acontecimientos de la vida cotidiana, en los cuales Dios está presente para mostrarles su amor y su misericordia. En el Sinaí, lugar privilegiado de encuentro con Dios, éste establece una Alianza con el Pueblo de Israel y les regala una ley, que le convertirá en un pueblo libre.

Dios ha tomado la iniciativa estableciendo una alianza con su pueblo. Una alianza de liberación, que el Pueblo de Israel acoge y se compromete a cumplir. Para ratificar dicha Alianza, Moisés construyó un altar al pie del monte y ordenó a varios jóvenes que ofrecieran holocaustos e inmolaran novillos, como sacrificios de reconciliación y de comunión con Dios; es decir, como símbolos de la unión entre Dios y su Pueblo. Moisés rocía en altar de los sacrificios con parte de la sangre. Israel vuelve a ratificar su compromiso de cumplir con la Alianza establecida entre él y Dios. Y el resto de la sangre es rociada sobre el los israelitas, significando que ellos y Dios participan de la misma sangre, la cual es símbolo de vida, y por consiguiente participan de la misma vida.

El culmen de esta Alianza está en Jesucristo que establecerá una nueva, con la institución de la eucaristía, ligada plenamente a la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Él sigue estando en medio de nosotros, nos hace participes de su vida, nos alimenta y gracias, también, a la acción del Espíritu Santo nos convierte en personas nuevas, que difunden, portan y regalan el amor y la misericordia de Dios a todos los que les rodean.

Vivamos intensamente el día del Corpus, acogiendo esta alianza nueva que Dios establece con su Iglesia y con cada uno de nosotros e intentando derramar el amor de Dios por todos los confines de la Tierra.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Eres consciente de que Dios establece una alianza contigo? ¿Estás dispuesto a acogerla? ¿Estás dispuesto a asumirla y cumplirla? ¿Con qué actitud?
  • ¿Eres consciente de la presencia de Dios en tu vida cotidiana mostrándote su amor y su misericordia y te pide que hagas tú lo mismo con los que te rodean?
  • ¿Caes en la cuenta de que participas de la misma vida de Jesucristo cuando celebras la eucaristía y le recibes sacramentalmente?
  • ¿De qué manera muestras y manifiestas a los demás que has acogido e intentas vivir el estrecho vínculo que es la Alianza Nueva y Eterna que Jesús a establecido con su Iglesia y con todos los cristianos?
  • ¿Entregas y derramas el amor de Dios a las personas que te rodean? ¿De que forma podrías hacerlo de manera más plena?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 116

1Yo amo al Señor porque escucha el grito de mi súplica,

2porque me presta oído siempre que lo invoco.

[…]

12¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

13Alzaré la copa de la victoria e invocaré el nombre del Señor;

14cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo.

15Al Señor le cuesta mucho ver morir a sus amigos.

16Sí, Señor, yo soy tu siervo, tu siervo, el hijo de tu esclava: tú rompiste mis cadenas.

17Te ofreceré sacrificios en acción de gracias e invocaré tu nombre, Señor;

18cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo su pueblo,

19en los atrios de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén.

LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DE LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO B

VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mt 28, 16-20)

En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Hoy, celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, y la liturgia nos ofrece para nuestra consideración el final del evangelio de Mateo. En el cual, Jesucristo envía a sus discípulos a la misión, prometiéndoles que estará con ellos para siempre.

En un primer momento, vemos como los discípulos se dirigen a Galilea, según el mandato dado por Jesús Resucitado a las mujeres (Mt 28,10). El encuentro de Jesús con el nuevo Pueblo nacido de la Pascua, con la Iglesia, no es en Jerusalén, la ciudad santa, sino en la Galilea de los gentiles (Mt 4,15), tierra de paganos. La Iglesia ya no puede circunscribirse únicamente a una nación; la Iglesia ha de ser universal, católica, ha de abrirse a todos los pueblos.

Al verlo lo adoran, pero algunos de ellos dudan, es difícil para la mente humana aceptar la Resurrección. Lo cual implica aceptar la realidad de una vida nueva; una vida que les puede llevar a que sus propios hermanos de raza, los judíos, les rechacen; una nueva realidad en la que tienen que abrirse a la universalidad a todos los pueblos. A partir de este momento su misión no queda encerrada únicamente en el anuncio al Pueblo de Israel, su misión es llevar la Buena Noticia todos los pueblos de la tierra.

Jesús ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18). Un poder que viene caracterizado, no por el mesianismo político, poderoso, opresor y glorioso, sino por el servicio, la donación gratuita de su amor y la cercanía a todos los seres humanos. La Resurrección ha estrechado estos vínculos de unión con la humanidad y Jesús estará presente para siempre.

Él les confía el anuncio de la Buena Noticia, el anuncio de la Salvación plena para todos los pueblos, dándoles el poder de enseñar lo que él mismo ha enseñado en su paso por la tierra. Pero además, les manda bautizar a todos con la fórmula trinitaria: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nos encontramos aquí, como desde los primeros tiempos de la Iglesia ya existía esta aceptación y esta fe en la Santísima Trinidad. La conversión y la adhesión a Jesucristo, el pórtico de entrada en la Iglesia como nueva criatura, es sellada con el bautismo.

Para cumplir esta misión es imprescindible conocer la enseñanza de Jesús y además ponerla por obra. Ese será el signo distintivo de los discípulos, no sólo enseñan una doctrina, sino que viven las mismas actitudes vitales que su Maestro, dentro de una comunidad abierta a todos los pueblos y encarnada en la realidad social de su entorno.

Ahora bien, la misión no sólo debe limitarse a enseñar y a vivir las enseñanzas del Maestro; la misión tiene un objetivo claro: haced discípulos míos a todos los pueblos (Mt 28,19). Los discípulos han de conquistar a otras personas y esto únicamente es posible con el testimonio de vida. Y aquellos que acojan ese testimonio no deben limitarse únicamente a escuchar la Buena Noticia y seguir ha Jesús; han de implicarse con el modo de vida de Jesús, pobre, obediente, abierto siempre a los demás y dispuesto a llevar a cabo la voluntad del Padre; han de implicarse en su obra y misión, en entrar en una relación estrecha con el Padre, el Hijo y el Espíritu; han de implicarse en la realización del Reino. Misión siempre nueva y actual que se extiende en el espacio y en el tiempo, hasta que el Reino de Dios sea una realidad presente en todo el mundo, con la confianza de que Jesús no nos abandona, sino que está con nosotros siempre y para siempre.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Buscas poder encontrarte con Jesús que sale a tu encuentro a cada instante? ¿Cuál es tu Galilea, tu lugar de encuentro con Jesús Resucitado? ¿Acudes con frecuencia a este lugar?

• ¿Estás abierto a salir al encuentro de todas las personas, sin importarte su condición social, económica, raza, nacionalidad… para llevarles la Buena Noticia del Reino?

• ¿Aceptas el poder de Jesucristo como servicio, donación de uno mismo y amor incondicional por toda la humanidad?

• ¿Cómo es tu relación con la Santísima Trinidad? Jesús no nos pide entender este Misterio, sino acogerlo ¿qué significado tiene esto para ti?

• ¿Te preocupas por conocer a la persona de Jesús y poner en práctica sus enseñanzas y, sobre todo, su actitudes vitales, su modo de vida?

• ¿De qué manera llevas a cabo, en tu vida cotidiana, la misión que Jesús te ha encomendado de hacer discípulos suyos a todos los pueblos?

VIDA – ORACIÓN

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y un sólo Dios, os adoro en el Misterio de la Santísima Trinidad.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo os alabo por haberme revelado este Misterio incomprensible para mi entendimiento, pero vislumbrado por mi corazón.

• Padre gracias por el gran Amor que nos profesas a todos los hombre y mujeres sin distinción de razas, credo, nación o estamento social. Señor, Jesucristo, gracias, por tus enseñanzas y por tu modo de vivir que me abre a todos mis hermanos. Espíritu Santo, gracias por tus dones que me ayudan a ser testigo de la Trinidad y a sentir que estáis presentes en mi vida diaria.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, ayudadme a llevar a cabo la misión de hacer discípulos de Jesús a todos los pueblos.

“CONFIA SIEMPRE EN DIOS ”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Deuteronomio 4,32-34.39-40

Moisés habló al pueblo diciendo: 32“Pregunta a los tiempos pasados que te han precedido desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra. ¿Desde uno a otro extremo del cielo se ha visto jamás cosa tan grande o se ha oído cosa semejante? 33¿Hay pueblo que haya oído la voz de su Dios hablar en medio del fuego, como la has oído tú, y quede todavía con vida? 34¿Ha habido un dios que haya ido a buscar una nación en medio de otra a fuerza de tantas pruebas, milagros y prodigios, de violencia, con mano fuerte y brazo poderoso, en medio de tremendas hazañas, como las hizo el Señor, vuestro Dios, por vosotros en Egipto, como todos habéis visto? 39Reconócelo y medítalo en tu corazón: el Señor es Dios allá arriba en los cielos y aquí abajo en la tierra; es él, y no hay otro. 40 Guarda sus leyes y mandamientos, que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tus hijos después de ti y vivas largos años en la tierra que te da el Señor, tu Dios”.

Celebramos hoy uno de los misterios, más importantes de nuestra fe. Y como tal, no es posible entenderlo en su totalidad, pues sino ya no sería misterio. Por eso, no vamos a entretenernos aquí en desentrañarlo. Sería mucho más interesante y práctico acercarnos, eso sí, con los pies descalzos como Moisés ante la zarza, a la Palabra de Dios. Una Palabra que se nos hace cercana, que nos acompaña y nos transforma, en la medida en que nos dejemos modelar por el Espíritu según el pensamiento, el actuar y el modo de vivir de Jesús de Nazaret.

Nos encontramos con un fragmento del libro del Deuteronomio. Dicho libro, se nos presenta en su forma actual como las palabras que Moisés dirigió a Israel al otro lado del Jordán, en el umbral de la Tierra Prometida. Cinco son los grandes temas tratados en él: un Dios, un pueblo, una tierra, una ley, un santuario. La idea principal es que Yahveh es el Dios de Israel, y éste, el pueblo elegido por Dios. Yahveh ha elegido a Israel como pueblo de su propiedad, estableciendo una Alianza entre ambos.

El pasaje con el que hoy oramos nos muestra cómo Dios siempre ha sido fiel a su Pueblo. Y para ello, se recuerdan los tiempos pasados. Con ninguna otra nación Dios ha obrado con tanta bondad como con Israel. Ningún otro pueblo ha experimentado el cuidado amoroso que ha experimentado Israel por parte de Dios.

Dios siempre ha estado cercano a Israel y se ha mantenido fiel a sus promesas. De ahí la invitación que hace el autor de reconocer los prodigios que Yahveh a hecho en favor de su pueblo y meditarlos en el corazón. Pero además, si Dios es fiel a la alianza, Israel también debe ser fiel. Únicamente de esta manera, conseguirá vivir en paz y libertad, pues Dios está a su lado. Por el contrario, si se aleja de Dios, experimentará la infelicidad y la muerte.

Este fragmento, por tanto, invita a Israel, y nos invita a nosotros, a tener confianza en Dios, incluso en los momentos de mayor incertidumbre, de peligro, de angustia. Dios nunca nos abandona, si nos mantenemos unidos a él.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Al igual que a Israel también a ti Dios te ha elegido, ¿cómo siente esa elección? ¿cómo la acoges?
  • Dios estableció una Alianza con Israel y se mantuvo siempre fiel a ella, a pesar de la infidelidad de éste. También contigo ha establecido su Alianza, ¿cómo la has recibido? ¿qué haces en tu vida cotidiana para mantenerte fiel a ella?
  • ¿Cómo experimentas el cuidado amoroso de Dios hacia ti en tu vida?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 46

2Dios es nuestro refugio y fortaleza, un socorro seguro en momentos de angustia;

3por eso no tememos aunque la tierra se conmueva y los montes se desplomen en el fondo del mar,

4aunque sus aguas rujan y se encrespen sus olas, aunque ellas se alboroten y los montes retiemblen.

5Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, la más santa morada del altísimo.

6Dios está en medio de ella, no vacilará: Dios la socorrerá al despuntar la aurora.

7Bramaron las naciones, vacilaron los reinos, él levantó su voz y la tierra se deshizo.

8Con nosotros está el Señor omnipotente, el Dios de Jacob es nuestra fortaleza.

9Venid y ved las obras del Señor, sus prodigios, que llenan la tierra de estupor:

10pone fin a la guerra hasta el confín del mundo, rompe el arco, parte la lanza y quema los escudos.

11Dejad las armas, reconoced que yo soy Dios, por encima de las naciones, por encima de la tierra.

12Con nosotros está el Señor omnipotente, el Dios de Jacob es nuestra fortaleza.

“SEÑOR, LÍMPIAME” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mc 1, 40-45)

El evangelio de hoy nos habla de inclusión, de cercanía, de acogida… Esa es la actitud de Jesús ante las necesidades del ser humano. Una actitud que en muchas ocasiones es incomprensible porque no entraba, ni entra dentro de lo que nosotros llamamos lo «políticamente correcto»; no entraba, ni entra dentro de los parámetros en los que debe moverse una persona de bien, una persona decente; no entraba, ni entra dentro de lo que cabría esperar de un hombre religioso y mucho menos de aquel que se autoproclamaba Hijo de Dios. Así era en aquel tiempo y así es ahora.

Ciñéndonos a la época de Jesús, y más en concreto al Evangelio con el que hoy vamos a orar, nos encontramos con que Marcos nos relata la curación de un leproso; por cierto, relato único en este Evangelio.

Jesús ha ido recorriendo toda Galilea, tal y como se nos ha dicho anteriormente (Mc 1,39), probablemente ha llegado al desierto. Allí, moraban una serie de personas que debían vivir al margen de la sociedad, porque no eran considerados «dignos» de vivir con los demás; entre otros, los leprosos.

Antes que nada, hay que aclarar que el concepto de lepra en la época de Jesús era sinónimo de infinidad de enfermedades de la piel, y no específicamente lo que hoy conocemos como enfermedad de Hansen, o lepra.

En aquel entonces, según la Ley, los leprosos debían vivir apartados de las demás personas, al margen total de la sociedad, no tenían ningún derecho y no debían acercarse a nadie; es más, cuando estuvieran cerca de una persona debían gritar: «¡Impuro, impuro!» para advertir de su presencia (Lev 13,45-46); no debían contaminar a los demás (Núm 5,2-3). Pero, el leproso no sólo era rechazado por la sociedad, se creía que, además, era una persona rechazada por Dios, puesto que desde el punto de vista cultual era impura. Para poder retomar su relación con Dios, y por tanto poder asistir a las celebraciones del Templo o la sinagoga, no bastaba con que dicha persona quedara curada de su enfermedad, sino que el sacerdote debía certificar que había sido purificado.

Jesús rompe con todas las reglas habidas y por haber, porque aunque quien se acerca a él es el leproso y le suplica ser curado, Jesús extendió su mano y le tocó, con este acercamiento se convertía también en un impuro (Núm 19,22; Lev 22,6).

Todo eso a Jesús no le importaba, lo verdaderamente importante para él era la persona: «Sí, quiero. Queda limpio» (Mc 1,41). No le importa haber incumplido la Ley, porque él ha venido para sanarnos de todas nuestras enfermedades, de todas nuestras limitaciones, de todos nuestros traumas y todas nuestras heridas y nuestras miserias. Jesús se compadece de la persona humana, sobre todo de aquel que más necesitado está de la misericordia de Dios y del amor del Padre. Jesús quiere que sepamos y sintamos que nadie en la sociedad puede ser un marginado, sino que toda persona, por el solo hecho de serlo, es digna de la bondad, del amor y de la cercanía de los demás seres humanos y, por supuesto, es merecedora del amor, de la misericordia y de la cercanía de Dios.

A continuación, le impone silencio: «No se lo digas a nadie» (Mc 1,44). Y aunque lo envía al sacerdote, no es para que le cuente quién le ha curado o cómo se ha producido el hecho, si no para que conste como testimonio, para que pueda volver a reinsertarse oficialmente en el entramado social y cultual de su pueblo. Lo cual no sirvió de nada, pues el leproso en lugar de dirigirse al templo, se retiró y se puso a anunciar con entusiasmo y a divulgar a voces la noticia (Mc 1,45). Se convirtió en predicador y anunciador de la Buena Nueva, del Evangelio. Lo cual provocó que Jesús ya no podía entrar libremente en ninguna ciudad, se queda en lugares solitarios, en el desierto, y hasta allí acudían a él de todas partes. Para Jesús los lugares de marginación y de exclusión no existen.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Quiénes son para ti los leprosos de hoy (excluidos de la sociedad, pobres, parados, personas sin hogar…)?
  • ¿Cómo te comportas tú con los leprosos contemporáneos, los acoges como Jesús o por el contrario los rechazas y excluyes de la sociedad y de tu vida?
  • ¿Te atreves, incluso, a transgredir las leyes injustas de pureza «de tu grupo», «de tu comunidad», «tu asociación»… para acercarte a los leprosos con los que te encuentras en tu vida diaria?
  • ¿Qué acciones emprendes o podrías emprender para reintegrar a los leprosos contemporáneos en la sociedad, en la Iglesia, en tu comunidad?

VIDA – ORACIÓN

Querido, Padre nuestro:

Seguramente, ninguno de los que estamos participando de esta oración,

somos «leprosos excluidos» de nuestra sociedad;

es por ello que queremos encomendártelos a tu corazón misericordioso.

¡Ayúdales en el camino de la vida!

“CURA, SEÑOR, MI LEPRA” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Lev 13,1-2.44-46

1 El Señor dijo a Moisés y a Aarón: 2 “Cuando alguno tenga sobre la piel una inflamación, una pústula o una mancha reluciente, síntoma de lepra, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos sacerdotes. 44 Ese hombre es un leproso e impuro. El sacerdote lo declarará impuro, pues lleva la llaga de la lepra en su cabeza. 45 El leproso andará harapiento, despeinado, la cara medio tapada y gritando: ¡Impuro, impuro! 46 Mientras le dure la lepra, será impuro y, siendo impuro, vivirá aislado, fuera del campamento”.

Hoy oramos con un fragmento del libro del Levítico. Dicho libro pertenece al llamado Pentateuco, es decir a los primeros 5 libros de la Biblia. En él se recogen las normas que deben regir el culto y que deben guardar las personas que se consagran al mismo.

Los versículos que hoy nos ofrece la liturgia, nos hablan precisamente acerca del ritual que deben seguir aquellas personas que se contagian de lepra.

Para los judío toda persona que contraía esta enfermedad debía ser apartada de la comunidad, pues dicho mal era sinónimo de impureza religiosa y de un castigo por parte de Dios. Al considerarse al leproso como un pecador era separado a fin de preservar la pureza del Pueblo.

En el hipotético caso de que el leproso se curara debía de realizar un sacrificio de expiación para volver a ser admitido a la comunidad.

El sufrimiento del leproso, por así decir era doble, no únicamente desde el punto de vista físico, si no también desde el punto de vista espiritual pues, en cierto modo, desde el punto de vista de la sociedad judía le alejaba de Dios.

Haciéndonos eco del evangelio y poniéndolo en paralelo con este fragmento, nos damos cuenta como Jesús viene a liberarnos de todo mal, tanto físico como espiritual. Acudamos a Él en nuestras necesidades para que nos libere total e integralmente.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuáles son las “lepras” que nos acechan ya sea en nuestro cuerpo o en nuestro espíritu?
  • ¿Cómo afrontamos dicha problemática?
  • ¿Solemos apartar a otra personas a causa de sus propias lepras?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 23

1 El Señor es mi pastor, nada me falta:

2 en verdes praderas me hace reposar, me conduce hacia las aguas del remanso

3 y conforta mi alma; me guía por los senderos de justicia, por amor a su nombre;

4 aunque vaya por un valle tenebroso, no tengo miedo a nada, porque tú estás conmigo, tu voz y tu cayado me sostienen.

5 Me preparas una mesa ante mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar.

6 Lealtad y dicha me acompañan todos los días de mi vida; habitaré en la casa del Señor por siempre jamás.

Unas costumbres, una religión, una familia, una misión. Lectio Divina del evangelio del V Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,29-39

Muchas veces, cuando pensamos en los discípulos, nos los imaginamos como unos “santos” inaccesibles para nosotros. Sin embargo, nada más equivocado. Los discípulos son gente sencilla, elegida por Dios en medio de su pueblo para cumplir una tarea, una misión. ¿O es que pensamos que, hoy, las vocaciones religiosas y sacerdotales son todos santos? Pues lo mismo pasaba con aquella gente, los discípulos. Eran gente que tenían una vida, un trabajo, una familia. Y así nos los presenta el evangelio de este domingo.

Como buenos judíos, los sábados iban a orar a la sinagoga. Era su día sagrado. Y Jesús sale de ella con dos hermanos: Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo. Y se dirigen a casa de Simón y Andrés, otros dos hermanos, que con los anteriores, fueron los cuatro primeros llamados por Jesús. «Venid y os haré pescadores de hombres» (cf. Mc 1,14-20). Una religión: la judía. Un trabajo: eran pescadores.

Pero además, tenían una familia: eran hermanos. Y Pedro estaba casado. Tenía a su suegra enferman, «en cama con fiebre». La familia es importante «e inmediatamente le hablaron de ella». Para Jesús su familia es importante, pero también la familia de sus discípulos, de sus amigos. Porque Él también es hombre y tiene “Corazón”. Por eso, «se acercó, la cogió de la mano y la levantó». A la suegra de Pedro «se le pasó la fiebre y se puso a servirles».

Simplemente, tocándole con su mano, hizo el milagro y la mujer quedo sana. Por eso, al enterarse los vecinos, «le llevaron todos los enfermos y endemoniados». Era el «anochecer, cuando se puso el sol» y «la población entera se agolpaba a la puerta». Jesús «curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar».

Dice el evangelista que Jesús «se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar». Esta es una actitud que Jesús tiene de modo habitual. Siempre ora antes y después de hacer cosas importantes porque sabe que no es su voluntad la que ha venido a hacer, sino la voluntad del Padre.

Cuando «Simón y sus compañeros» se levantaron, «fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca»”. Pero el plan de Dios ahora era otro y por eso les dice: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido». Y «así recorrió toda Galilea».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • Los primeros discípulos de Jesús eran judíos y cumplían con sus costumbres. ¿Qué costumbres debo cumplir yo, como católico?
  • ¿Las cumplo?
  • Ellos tenían una familia y se preocupaban de ella. ¿Me preocupo de mi familia?
  • ¿Le cuento a Jesús cómo se encuentran cada uno de los miembros de mi familia?
  • ¿O sólo recurro a Él cuando hay algún enfermo que necesita un milagro?
  • ¿Oro, como hacía Jesús, antes y después de las cosas importantes de cada día?
  • ¿Oro con frecuencia, aunque no tenga cosas importantes ni problemas?
  • ¿Busco a Jesús, como lo buscaron sus amigos?
  • Jesús tenía que irse a las aldeas cercanas porque para eso había salido. ¿Para qué “he salido” yo? ¿Cuál es mi misión?
  • ¿Está dentro de mis tareas importantes diarias la predicación?
  • ¿En qué debo mejorar?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, porque te preocupas de los nuestros, de nuestra familia, de nuestros amigos y conocidos, de “nuestra gente”. Gracias porque no haces nada a tu antojo, sino que siempre cumples la voluntad de Aquel que te ha enviado. Perdóname porque soy perezoso y me cuesta hacer lo que debo. Ayúdame, Señor, a ser generoso también con todas las personas que me necesitan, sin pensar en mi descanso, como Tú lo hacías. Así sea.

“¡ESCÚCHAME, SEÑOR!” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Job 7,1-4.6-7

Job habló diciendo: 1 ¿No es un servicio la vida del hombre en la tierra? ¿No son sus días, días de jornalero?

 2 Como el esclavo suspira por la sombra, como obrero que espera su salario, 3 así meses de aflicción me han caído en herencia, me han tocado noches de dolor.

 4 Al acostarme, digo: “¿Cuándo llegará el día?”. Y al levantarme: “¿Cuándo será de noche?”. Y, presa de zozobras, doy vueltas hasta el crepúsculo.

6 Mis días huyen más raudos que la lanzadera; se esfuman sin ninguna esperanza.

 7 Recuerda que mi vida es un soplo, que mis huesos no volverán a ver la dicha.

La liturgia de este domingo nos ofrece en la primera lectura un fragmento del libro de Job. Un libro que trata de explicarnos el sufrimiento no merecido. Y en el que su protagonista a pesar de todos los acontecimientos y circunstancias que vive tan adversas, no deja en ningún momento de confiar en Dios. Dios saldrá a su encuentro en el momento oportuno y consolará su aflicción.

Nos encontramos hoy como Job, en una especie de conversación consigo mismo, se dirige a Dios para hacerle ver cómo se siente a causa de la situación de angustia y adversidad que está viviendo.

En esa conversación Job revela de aluna forma el gran sufrimiento que está sintiendo, incluso a nivel físico. Y como, en algún momento, le flaquean las fuerza para continuar la batalla de la vida. Tal es su desesperación que piensa que la dicha no volverá a su existencia.

En estas circunstancias tan adversas es cuando invoca a Dios para que Él venga en su ayuda. Los versículos que hoy estamos meditando dejan la cuestión abierta. Pero sabemos, que al final del libro, las súplicas de Job son escuchadas, y es entonces cuando hace una verdadera experiencia de la misericordia de Dios.

Cuando acudimos a Él, siempre responde a nuestras plegarias, aunque es posible que no lo haga en el momento que nosotros queremos, sino en el momento oportuno.

Así que acudamos a Dios en nuestras necesidades, en nuestras dificultades, en nuestras tristezas. El vendrá en nuestra ayuda.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo afrontas tus momentos de dificultad, de sufrimiento, de incertidumbre, ?
  • ¿En dichos momentos pones tu confianza en Dios?
  • Recuerda los momentos en los que Dios a salido a tu encuentro precisamente para ayudarte en tus dificultades.

VIDA – ORACIÓN

Salmo 86

1 Escúchame, Señor, atiéndeme, pues soy pobre y desdichado;

2 guarda mi vida, pues soy tu amigo; tú eres mi Dios, salva a este siervo tuyo que en ti espera;

3 ten piedad de mí, Señor, pues te estoy llamando a todas horas;

4 alegra el corazón de este siervo tuyo, pues hacia ti, Señor, levanto mi alma.

5 Señor, tú que eres bueno y que perdonas, lleno de piedad para los que te invocan,

6 escucha mi plegaria, Señor, atiende a la voz de mi súplica;

7 en el día de mi angustia yo te llamo porque tú siempre me escuchas.

[…]

15 Tú, Señor, misericordioso y compasivo, paciente y lleno de amor y de lealtad,

16 ven conmigo, ten compasión de mí; da tu fuerza a este tu siervo, salva al hijo de tu sierva,

17 dame una prueba de tu amor, para que mis enemigos lo vean y se avergüencen, pues tú, Señor, me ayudas y consuelas.