“YO OS ENVÍO” LECTIO DIVINA DOMINGO XV DEL T. O. (Mc 6,6b-13)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 6,6b-13)

En aquel tiempo, mientras Jesús recorría las aldeas de alrededor enseñando, llamó a los doce y los envió de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que, aparte de un bastón, no llevasen nada para el camino: ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja; que fueran calzados con sandalias, pero que no llevaran dos túnicas.

También les dijo: «Quedaos en la casa donde entréis hasta que dejéis aquel lugar; y si no os reciben ni os escuchan, al salir de allí sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos».

Ellos se fueron a predicar que se convirtieran; expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

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El evangelista Marcos, a lo largo de estos domingos, nos ha ido mostrando como Jesús ha proclamado la llegada del Reino de Dios; lo cual ha realizado por medio de palabras y signos. Palabras y signos no siempre comprendidos. Los escribas, los fariseos, incluso sus paisanos le han rechazado. También sus discípulos, en algún momento, han encontrado dificultades para entenderle. Continuamos en Galilea. Y allí comienza a estrecharse el vínculo entre Jesús y sus discípulos. Un vínculo que hoy, en este pasaje del evangelio, se expresa con el envío a la misión de los Doce.

La misión es vocación, llamada. Es Jesús quien envía, es Jesús quien llama; la iniciativa no es de los discípulos. La misión de los discípulos es la misma que la de Jesús: predicar la conversión, expulsar demonios y curar a los enfermos. Se trata de proclamar la llegada del Reino al estilo de Jesús: con palabras y signos.

No los envía solos, los envía de dos en dos, lo cual hace referencia a la comunidad y a la ayuda mutua que pueden prestarse entre sí. Pero además, según la mentalidad judía de la época, su testimonio tendrá validez jurídica (Dt 17,6; Núm 35,20).

La misión ha de realizarse en la más absoluta pobreza. Han de llevar lo imprescindible para el camino, un bastón y unas sandalias. Una pobreza que hace libre a enviado. Han de ir ligeros de equipaje, confiándose a la providencia y a la hospitalidad de las personas con las que se encuentren. Debían permanecer en la primera casa en la que les acogieran sin tener en cuenta si son judíos o no.

Los Doce han de predicar la conversión y han de sanar a los enfermos con aceite. Le envía a invitar a la gente a que cambien de vida y a aliviar su sufrimiento.

El evangelio ha de ser proclamado a todas las personas, pero no todas están preparadas para acogerlo, es algo que no ha de preocupar al misionero. Este ha de saber cuándo debe marcharse sin hacerse problema de que el mensaje sea acogido o no; lo cual encontramos simbolizado en el sacudirse el polvo de los pies, gesto que practicaban los judíos de la época cuando volvían de tierras paganas.

El pasaje concluye con un resumen de la misión que están llevando a cabo.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?

• Jesús, también hoy, te envía a la misión, ¿cómo acoges la llamada de Jesús? ¿Estas dispuesto a asumir dicha misión con todas sus consecuencias? ¿Qué te frena a llevar a cabo el envío de Jesús?

• La misión has de llevarla a cabo en tu vida cotidiana, ¿Qué cargas innecesarias llevas contigo durante la misión? ¿Qué deberías dejar de lado? Y no pienses, únicamente en cosas materiales, también en actitudes, disposiciones, conductas… ¿De qué tengo que desprenderme?

• La predicación ha de hacerse no sólo de viva voz, sino con el testimonio, ¿Eres consciente de ello? ¿Qué tendría que cambiar en tu vida? ¿Cómo es tu testimonio de vida cristiana?

• Jesús te envía, también, a curar las dolencias y aliviar el sufrimiento de las personas, ¿Cuáles son las dolencias y los sufrimientos de las personas que me rodean?

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VIDA – ORACIÓN

• Adora y alaba al Padre, por la autoridad que nos ha dado para poder combatir el mal de este mundo.

• Da gracias a Jesús, por llamarte de manera personal y particular a la misión.

• Ofrece tu vida para llevar a cabo la misión de predicar la conversión y aliviar las dolencias y sufrimientos de nuestros contemporáneos.

• Pide la asistencia del Espíritu Santo para ser testigo del evangelio de Jesús y configurarte con él.

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“Quién es este?” Lectio Divina Domingo XIV del T. O. (Mc 6,1-6)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 6,1-6)

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra acompañado de sus discípulos. El sábado, se puso a enseñar en la sinagoga.

La gente, al oírlo, decía asombrada: «¿De dónde le viene a éste todo esto? ¿Cómo tiene tal sabiduría y hace tantos milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros?». Y se escandalizaban de él.

Jesús les dijo: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta». Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se quedó sorprendido de su falta de fe.

Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.

Nos encontramos hoy con un pasaje del evangelio del Marcos en el que Jesús va ha ser rechazado en su propia tierra. En la sinagoga de su pueblo. ¿Qué pueblo? ¿Nazaret? Marcos no lo especifica.

No serán únicamente los dirigentes, los maestros de la ley, los escribas, sino todo el pueblo reunido en la sinagoga quien le rechace. En ella, como en otras ocasiones, Jesús toma la iniciativa y comienza a enseñar. Bien conocen sus paisanos la actividad de Jesús. Al tomar la palabra, sus paisanos se asombran. La enseñanza de Jesús es novedosa; habla, incluso, con sabiduría. Pero se extrañan, también, de los milagros obrados por sus manos. ¿De dónde le viene todo eso? Las ideas preconcebidas, que tienen acerca de Jesús, le impide abrirse a su mensaje y a la gracia de Dios.

La enseñanza de Jesús y los milagros obrados por él son una auténtica novedad. Contrastan totalmente con sus orígenes humildes. ¿De dónde le viene todo eso, si nosotros le conocemos bien? Es el interrogante que surge entre sus paisanos.Jesus en la sinagoga

Y para nosotros surgen otros interrogantes ¿por qué se le denomina hijo de María? ¿por qué no se nombra a José? La multitud, sin saberlo, no hace sino hacerse eco de la concepción virginal de María. Eso, al menos, a mi parecer, es lo que quiere afirmar Marcos. Pero el mayor escándalo para ellos es que esas palabras y esos milagros sean dichas y hechos por el carpintero, alguien que no tiene cultura alguna, alguien que pertenece a una familia corriente… No pueden creer en él.

No voy a entrar en la polémica acerca de los hermanos de Jesús y las dificultades que este texto entraña, creo que no es el momento, ni el lugar, pues para nosotros lo más importante es orar con este texto, no hacer exégesis. No obstante, todos nosotros sabemos lo que afirma la Tradición católica: María no tuvo más hijos.

Ante su incredulidad, Jesús les cita un refrán, al parecer conocido por todos: únicamente en su tierra es despreciado un profeta. Su falta de fe será lo que impida que Jesús pueda realizar allí algún milagro. Una falta de fe tan grande, que hasta Jesús se extraña de ella.

A Jesús no le queda otra, que abandonar la sinagoga y marchar a enseñar a las aldeas de alrededor. Posiblemente, a aquellos que no están en la sinagoga y que no pertenecen al pueblo de Israel.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?

• Jesús va al encuentro de los suyos, toma la iniciativa de enseñarles las cosas del Reino. Hoy también se hace presente entre nosotros en la Eucaristía y en la escucha de la Palabra. ¿Cuál es tu actitud ante este hecho? ¿Acoges a Jesús en tu corazón, en tu vida? O por el contrario, ¿su palabras y sus actos te producen rechazo? ¿Por qué?

• ¿Te dejas llevar por ideas preconcebidas acerca de la vida y la actuación de Jesús? No sólo de los momentos de su vida terrena, ¿sino de cómo Jesús sigue estando presente y actuando en su Iglesia?

• Toma el pulso a tu fe, ¿es consistente, vigorosa, o, por el contrario, débil y dubitativa?

 

VIDA – ORACIÓN

• Adora y alaba al Padre, por habernos revelado su amor incondicional, por medio de su Hijo Jesucristo.

• Da gracias a Jesús, por tomar la iniciativa al revelarnos las cosas del Reino y la bondad de Dios Padre.

• Ofrécele tu vida y tu persona para que las transforme en un reflejo de su vida y su persona. Déjate modelar, hasta que puedas afirmar con san Pablo: “No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi” (Gál 2,20).

• Pide a la Santísima Trinidad, que por medio del Espíritu Santo aumente tu fe para que puedas anunciar y entregar el evangelio, sin miedo alguno, a todas las personas que se cruzan en tu camino.

“Tu fe te ha curado” Lectio Divina Domingo XIII del T. O. – Ciclo B (Mc 5,21-43)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 5,21-43)

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en barca a la otra orilla, se reunió con él mucha gente, y se quedó junto al lago.

Llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y, al ver a Jesús, se echó a sus pies rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a poner tus manos sobre ella para que se cure y viva».

Jesús fue con él. Lo seguía mucha gente, que lo apretujaba. Y una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años, que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado toda su fortuna sin obtener ninguna mejoría, e incluso había empeorado, al oír hablar de Jesús, se acercó a él por detrás entre la gente y le tocó el manto, pues se decía: «Con sólo tocar sus vestidos, me curo». Inmediatamente, la fuente de las hemorragias se secó y sintió que su cuerpo estaba curado de la enfermedad. Jesús, al sentir que había salido de él aquella fuerza, se volvió a la gente y dijo: «¿Quién me ha tocado?». Sus discípulos le contestaron: «Ves que la multitud te apretuja, ¿y dices que quién te ha tocado?». Él seguía mirando alrededor para ver a la que lo había hecho. Entonces l mujer, que sabía lo que había ocurrido en ella, se acercó asustada y temblorosa, se postró ante Jesús y le dijo toda la verdad. Él dijo a la mujer: «Hija, tu fe te ha curado; vete en paz, libre ya de tu enfermedad»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron algunos de casa del jefe de la sinagoga diciendo: «Tu hija ha muerto. No molestes ya al maestro». Pero Jesús, sin hacer caso de ellos, dijo al jefe de la sinagoga: «No tengas miedo; tú ten fe, y basta». Y no dejó que le acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, Jesús vio el alboroto y a la gente que no dejaba de llorar y gritar. Entró y dijo: «¿Por qué lloráis y alborotáis así? La niña no está muerta, está dormida». Y se reían de él. Jesús echó a todos fuera; se quedó sólo con los padres de la niña y los que habían ido con él, y entró donde estaba la niña. La agarró de la mano y le dijo: «Talitha kumi», que significa: «Muchacha, yo te digo: ¡Levántate!». Inmediatamente la niña se levantó y echó a andar, pues tenía doce años. La gente se quedó asombrada. Y Jesús les recomendó vivamente que nadie se enterara. Luego mandó que diesen de comer a la niña.

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Marcos nos ofrece este domingo el relato de dos milagros. Muchos de nosotros cuando pensamos en milagros, vienen a nuestra mente hechos portentosos, fantásticos, espectaculares. Confundimos, en más de una ocasión, el milagro con la “magia”.

En realidad, los milagros, en el contexto de los evangelios, son signos o señales de que el Reino de Dios está entre nosotros y el mal ha sido vencido para siempre, gracias a la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Con esto no estamos negando en ningún momento la veracidad de los milagros, si no de explicar el verdadero sentido de los mismos.

El evangelista mediante la técnica literaria del “bocadillo” o intercalación nos presenta dos curaciones.

La primera, a favor de una mujer considerada impura a causa de una hemorragia que le duraba desde hacía doce años (Lev 15,25-27).

La segunda curación, a favor de una niña de doce años, que acaba de morir; esta niña también considerada impura puesto que era ya cadáver (Núm 19,11).

Tocar a cualquiera de estas personas era, según la mentalidad de la época, contraer impureza, excluirse de la participación en la comunidad.

Jesús acaba de desembarcar desde la otra orilla. Es decir, desde el lugar en el que ha estado encontrándose con los paganos y predicándoles la Buena Noticia.

Por tanto, ha vuelto a la orilla en la que se encuentran los judíos. En este lugar, se encuentra con un gran gentío; la gente está hambrienta de la palabra y la persona de Jesús.

Se acerca el jefe de la sinagoga, institución, por su parte, enferma, a punto de morir; la ley, los sacrificios, el culto debido a Dios están vacíos. Jesús ha venido a comenzar algo nuevo; el Reino está presente en la persona de Jesús, pero los judíos representados por la sinagoga no han creído en él.Hemorroisa

Mientras acompaña a Jairo, una mujer de entre el gentío, se acerca a Jesús y le toca la orla del manto por detrás, con la fe puesta en él y con la esperanza de curarse. Tocar el manto quiere decir adherirse a la persona de Jesús; pues, precisamente el manto es símbolo de la persona misma (cf Lc 19,36; Mc 10,50; Jn 13,12).

Esta mujer, que toca el manto de Jesús, representa al pueblo fiel, ese pueblo que durante años ha seguido las instrucciones que le han ido dando los maestros de la ley, los fariseos y los escribas, ese pueblo que ha gastado toda su fortuna e incluso su vida, intentado cumplir lo establecido por una ley que no es fiel a la Alianza con Yahveh. Pero, a la vez, un pueblo que tiene su confianza y su esperanza puesta en el Dios de la promesa. La fe en Jesús es lo que salva al Pueblo y no la práctica sin sentido. Una fe que después repercute en acciones hacia el hermano. Unicamente desde la fe pueden interpretarse los milagros.

Llegan a casa de Jairo, no a la sinagoga, esta institución como tal está muerta; pero es desde la ley, desde las tradiciones de Israel, desde sus costumbres… desde donde Jesús salva. No ha venido a abolir la ley, si no a darle su verdadero sentido. Por eso será, desde la casa, lugar donde se reúne la comunidad cristiana, desde donde Jesús salvará, levantará y hará revivir a la institución judía.

Jairo y JesusCon claras alusiones al Cantar de los Cantares y al banquete de bodas, Marcos nos relata esta resurrección de la hija de Jairo. La muchedumbre está llorando y gritando de dolor. Pero, ¿cómo llorar cuando el Novio está presente, cuando el Novio ha ido a buscar a la novia a su casa? Ese Novio que en el Antiguo Testamento era Dios y esa novia que era el Pueblo de Israel.

En la nueva y eterna alianza el Novio se hace presente, con los amigos del novio, y al llegar a la casa pide a la madre y al padre que le acompañen para encontrarse con la novia. A partir de este momento, Marcos no se refiere a la hija de Jairo con el término niña, sino muchacha. Es decir, la que ya está en edad casadera. Más adelante nos dirá que tenía doce años, la cifra de la mayoría de edad marcada por la ley.

Jesús la toma de la mano y le dice en arameo talita kumi, que literalmente significa: muchacha, ven a mí. Jesús está invitando a Israel, personificado en esta muchacha, a adherirse a él, a creer en él, a unirse íntimamente a él.

Al final, el pueblo creyente en Jesús, celebra el banquete de bodas, dadle de comer.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• Al igual que en su tiempo, hoy Jesús atraviesa a la otra orilla para encontrarse contigo, piensa en ese encuentro con Jesús ¿qué sientes? ¿Qué dialogas con él? ¿Qué te dice? ¿Qué le dices?

• Es posible que tu fe esté enferma como la hemorroisa o esté dormida como la hija de Jairo, ¿te acercas a Jesús para que él te cure y te resucite?

• En muchas ocasiones, ¿dónde buscas la solución a tus problemas, dónde buscas la curación? ¿En jesús o en otros lugares?

• Escucho como Jesús hoy a mi me dice: «<No tengas miedo, tú solamente ten fe». ¿Qué significado tienen para mí hoy esas palabras?

• Jesús me invita al banquete de bodas, ¿estoy dispuesto/a a celebrarlo con Él?

ORACIÓN – VIDA

• Te adoro Dios mío, porque siempre sales a mi encuentro, tomas la iniciativa y me buscas.

• Padre, te doy gracias porque me invitas diariamente a celebrar junto a tu Hijo, Jesucristo, “mi” banquete de bodas.

• Me ofrezco a ti, Jesús, para ser portador de tu evangelio y para transmitir el mensaje de la vida a todos cuantos me rodean.

• Ayúdame y aumenta mi fe, que sobre mí desciendan los dones del Espíritu Santo, para que crea que tú eres el único y verdadero Salvador del mundo y así pueda dar testimonio de ti a todos mis hermanos, especialmente a los más pobres y marginados de la sociedad.

Os dejo a continuación el enlce de un video del grupo Ain Karem por si os ayuda en la oración:

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mt 28, 16-20)

En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad y la liturgia nos ofrece para nuestra consideración el final del evangelio de Mateo. En el cual Jesucristo envía a sus discípulos a la misión, prometiéndoles que estará con ellos para siempre.

En un primer momento, vemos como los discípulos se dirigen a Galilea, según el mandato dado por Jesús Resucitado a las mujeres (Mt 28,10). El encuentro de Jesús con el nuevo Pueblo nacido de la Pascua, con la Iglesia, no es en Jerusalén, la ciudad santa, sino la Galilea de los gentiles (Mt 4,15), tierra de paganos. La Iglesia ya no puede circunscribirse únicamente a una nación; la Iglesia ha de ser universal, católica, ha de abrirse a todos los pueblos.

Al verlo lo adoran, pero algunos de ellos dudan, es difícil para la mente humana aceptar la Resurrección. Lo cual implica aceptar la realidad de una vida nueva, una vida que les puede llevar a que sus propios hermanos de raza, los judíos, les rechacen; una nueva realidad en la que tienen que abrirse a la universalidad a todos los pueblos. A partir de este momento su misión no queda encerrada únicamente en el anuncio al Pueblo de Israel, su misión es llevar la Buena Noticia todos los pueblos de la tierra.

Jesús ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18). Un poder que viene caracterizado, no por el mesianismo político, poderoso, opresor y glorioso, sino por el servicio, la donación gratuita de su amor y la cercanía a todos los seres humanos. La Resurrección ha estrechado estos vínculos de unión con la humanidad y Jesús estará presente para siempre.

Él les confía el anuncio de la Buena Noticia, el anuncio de la Salvación plena para todos los pueblos, dándoles el poder de enseñar lo que él mismo ha enseñado en su paso por la tierra. Pero además, les manda bautizar a todos con la fórmula trinitaria: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nos encontramos aquí, como desde los primeros tiempos de la Iglesia ya existía esta aceptación y esta fe en la Santísima Trinidad. La conversión y la adhesión a Jesucristo, el pórtico de entrada en la Iglesia como nueva criatura, es sellada con el bautismo.

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Para cumplir esta misión es imprescindible conocer la enseñanza de Jesús y además ponerla por obra. Ese será el signo distintivo de los discípulos, no sólo enseñan una doctrina, sino que viven las mismas actitudes vitales que su Maestro, dentro de una comunidad abierta a todos los pueblos y encarnada en la realidad social de su entorno.

Ahora bien, la misión no sólo debe limitarse a enseñar y a vivir las enseñanzas del Maestro; la misión tiene un objetivo claro: haced discípulos míos a todos los pueblos (Mt 28,19). Los discípulos han de conquistar a otras personas y esto únicamente es posible con el testimonio de vida. Y aquellos que acojan ese testimonio no deben limitarse únicamente a escuchar la Buena Noticia y seguir ha Jesús; han de implicarse con el modo de vida de Jesús, pobre, obediente, abierto siempre a los demás y dispuesto a llevar a cabo la voluntad del Padre; han de implicarse en su obra y misión, en entrar en una relación estrecha con el Padre, el Hijo y el Espíritu; han de implicarse en la realización del Reino. Misión siempre nueva y actual que se extiende en el espacio y en el tiempo, hasta que el Reino de Dios sea una realidad presente en todo el mundo, con la confianza de que Jesús no nos abandona, sino que está con nosotros siempre y para siempre.

CAMINO – MEDITACIÓN

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• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Busco poder encontrarme con Jesús que sale a mi encuentro a cada instante? ¿Cuál es mi Galilea, mi lugar de encuentro con Jesús Resucitado? ¿Acudo con frecuencia a este lugar?

• ¿Estoy abierto/a a salir al encuentro de todas las personas, sin importarme su condición social, económica, raza, nacionalidad… para llevarle la Buena Noticia del Reino?

• ¿Acepto el poder de Jesucristo como servicio, donación de mi mismo/a y amor incondicional por toda la humanidad?

• ¿Cómo es mi relación con la Santísima Trinidad? Jesús no me pide entender este Misterio, sino acogerlo ¿qué significado tiene esto para mí?

• ¿Me preocupo por conocer a la persona de Jesús y poner en práctica sus enseñanzas y, sobre todo, su actitudes vitales, su modo de vida?

• ¿De qué manera llevo a cabo, en mi vida cotidiana, la misión que Jesús me ha encomendado de hacer discípulos suyos a todos los pueblos?

VIDA – ORACIÓN

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y un sólo Dios, os adoro en el Misterio de la Santísima Trinidad.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo os alabo por haberme revelado este Misterio incomprensible para mi entendimiento, pero vislumbrado por mi corazón.

• Padre gracias por el gran Amor que nos profesas a todos los hombre y mujeres sin distinción de razas, credo, nación o estamento social. Señor, Jesucristo, gracias, por tus enseñanzas y por tu modo de vivir que me abre a todos mis hermanos. Espíritu Santo, gracias por tus dones que me ayudan a ser testigo de la Trinidad y a sentir que estáis presentes en mi vida diaria.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, ayudadme a llevar a cabo la misión de hacer discípulos de Jesús a todos los pueblos.

LECTIO DIVINA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (CICLO B)

Acogiendo e incluyendo. Lectio Divina Domingo VI del T.O. (Mc 1,40-45)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mc 1, 40-45)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres,puedes limpiarme». Sintiendo compasión de él, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con gran alegría, a todo el mundo; de tal manera que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

 

El evangelio de hoy nos habla de inclusión, de cercanía, de acogida… Esa es la actitud de Jesús ante las necesidades del ser humano. Una actitud que en muchas ocasiones es incomprensible porque no entraba, ni entra dentro de lo que nosotros llamamos lo «políticamente correcto»; no entraba, ni entra dentro de los parámetros en los que debe moverse una persona de bien, una persona decente; no entraba, ni entra dentro de lo que cabría esperar de un hombre religioso y mucho menos de aquel que se autoproclamaba Hijo de Dios. Así era en aquel tiempo y así es ahora.

Ciñéndonos a la época de Jesús, y más en concreto al Evangelio con el que hoy vamos a orar, nos encontramos con que Marcos nos relata la curación de un leproso; por cierto, relato único en este Evangelio.

Jesús ha ido recorriendo toda Galilea, tal y como se nos ha dicho anteriormente (Mc 1,39), probablemente ha llegado al desierto. Allí, moraban una serie de personas que debían vivir al margen de la sociedad, porque no eran considerados «dignos» de vivir con los demás; entre otros, los leprosos.

Antes que nada, hay que aclarar que el concepto de lepra en la época de Jesús era sinónimo de infinidad de enfermedades de la piel, y no específicamente lo que hoy conocemos como enfermedad de Hansen, o lepra.

En aquel entonces, según la Ley, los leprosos debían vivir apartados de las demás personas, al margen total de la sociedad, no tenían ningún derecho y no debían acercarse a nadie; es más, cuando estuvieran cerca de una persona debían gritar: «¡Impuro, impuro!» para advertir de su presencia (Lev 13,45-46); no debían contaminar a los demás (Núm 5,2-3). Pero, el leproso no sólo era rechazado por la sociedad, se creía que, además, era una persona rechazada por Dios, puesto que desde el punto de vista cultual era impura. Para poder retomar su relación con Dios, y por tanto poder asistir a las celebraciones del Templo o la sinagoga, no bastaba con que dicha persona quedara curada de su enfermedad, sino que el sacerdote debía certificar que había sido purificado.

Jesús rompe con todas las reglas habidas y por haber, porque aunque quien se acerca a él es el leproso y le suplica ser curado, Jesús extendió su mano y le tocó, con este acercamiento se convertía también en un impuro (Núm 19,22; Lev 22,6).

leproso14Todo eso a Jesús no le importaba, lo verdaderamente importante para él era la persona: «Sí, quiero. Queda limpio» (Mc 1,41). No le importa haber incumplido la Ley, porque él ha venido para sanarnos de todas nuestras enfermedades, de todas nuestras limitaciones, de todos nuestros traumas y todas nuestras heridas y nuestras miserias. Jesús se compadece de la persona humana, sobre todo de aquel que más necesitado está de la misericordia de Dios y del amor del Padre. Jesús quiere que sepamos y sintamos que nadie en la sociedad puede ser un marginado, sino que toda persona, por el solo hecho de serlo, es digna de la bondad, del amor y de la cercanía de los demás seres humanos y, por supuesto, es merecedora del amor, de la misericordia y de la cercanía de Dios.

A continuación, le impone silencio: «No se lo digas a nadie» (Mc 1,44). Y aunque lo envía al sacerdote, no es para que le cuente quién le ha curado o cómo se ha producido el hecho, si no para que conste como testimonio, para que pueda volver a reinsertarse oficialmente en el entramado social y cultual de su pueblo. Lo cual no sirvió de nada, pues el leproso en lugar de dirigirse al templo, se retiró y se puso a anunciar con entusiasmo y a divulgar a voces la noticia (Mc 1,45). Se convirtió en predicador y anunciador de la Buena Nueva, del Evangelio. Lo cual provocó que Jesús ya no podía entrar libremente en ninguna ciudad, se queda en lugares solitarios, en el desierto, y hasta allí acudían a él de todas partes. Para Jesús los lugares de marginación y de exclusión no existen.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Quiénes son para ti los leprosos de hoy (excluidos de la sociedad, pobres, parados, personas sin hogar…)?

  • ¿Cómo te comportas tú con los leprosos contemporáneos, los acoges como Jesús o por el contrario los rechazas y excluyes de la sociedad y de tu vida?

  • ¿Te atreves, incluso, a transgredir las leyes injustas de pureza «de tu grupo», «de tu comunidad», «tu asociación»… para acercarte a los leprosos con los que te encuentras en tu vida diaria?

  • ¿Qué acciones emprendes o podrías emprender para reintegrar a los leprosos contemporáneos en la sociedad, en la Iglesia, en tu comunidad?

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VIDA – ORACIÓN

Querido, Padre nuestro:

Seguramente, ninguno de los que estamos participando de esta oración,

somos «leprosos excluidos» de nuestra sociedad;

es por ello que queremos encomendártelos a tu corazón misericordioso.

¡Ayúdales en el camino de la vida!

A todos los excluidos de nuestra sociedad los ponemos hoy en tus manos misericordiosas.

Ellos son hijos e hijas tuyos que no pueden llevar una vida normalizada,

dentro de la sociedad de consumo.

Tú conoces mejor que nadie la historia de cada uno,

tú sabes, mejor que nadie, las circunstancias que les han llevado a su situación actual;

muchas veces, motivada por las estructuras injustas que nos hemos montado,

en el que unos tenemos de todo y a otros les falta también todo.

Su presencia en el mundo nos recuerda el rostro de tu Hijo.

Te damos gracias, Padre, porque tú nunca los abandonas,

te damos gracias por las personas que pones a su lado para ayudarlas.

Danos fuerza a todos nosotros para que sepamos mirar con tu mirada,

para que acariciemos con tus manos

y los acojamos con la misma misericordia con la que Jesús acogió al leproso del evangelio.

Que al encontrarme con ellos sea consciente del amor que tú les tienes

y se convierta en un encuentro entre dos hijos tuyos que, en el camino de la vida,

nos dignificamos mutuamente

y estamos dispuestos a caminar juntos.

“Conviérte y sígueme”. Lectio Divina Domingo III del T.O. Ciclo B (Mc 1,14-20)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 1, 14-20)

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertios y creed en el Evangelio». Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Nos encontramos hoy, con el relato que nos narra el inicio de la misión de Jesús; ésta comienza a a desarrollarse en Galilea. La mayoría de los habitantes de esta región son paganos, de formación helenística, y una minoría campesina de origen judío que hablaba arameo. Desde el punto de vista temporal, nos situamos después del arresto de Juan, el Bautista. Es entonces, cuando Jesús comienza a predicar la Buena Nueva de la llegada del Reino.

Se ha cumplido el tiempo. El tiempo de la plenitud se ha hecho presente. ¿En quién? En Jesús. En él están integradas todas las promesas y las profecías, con él todas ellas se han cumplido. La historia ha llegado a su culmen. El momento de la salvación está ya presente. El Reino de Dios ya está aquí. ¿El Reino de Dios? Sí. Un Reino que no es de este mundo y que debemos acoger abriéndonos totalmente a Dios. Dios ya está presente en este mundo y podemos vivirlo en la medida en que nos vayamos dejando hacer por el Espíritu para conformarnos a Jesús. Es decir, para que tengamos los mismos pensamientos de Jesús, actuemos como actúo Jesús y amemos como amaba Jesús. Allí donde se encuentren personas dispuestas a dejarse transformar por la acción del Espíritu en otros cristos, allí está presente el Reino de los Cielos, que comenzó con la predicación de Jesús en Galilea.

1102003033_univ_sqr_xlAhora bien, para que podamos acoger y vivir el Reino de Dios, y para podernos dejar configurar con Cristo, es necesario que nos convirtamos, es necesario que cambiemos nuestro punto de vista, nuestra mentalidad, nuestro modo de ver y de vivir. Es necesario que nos preguntemos, ¿qué debo cambiar en mi vida para poder acoger y vivir el Reino de Dios? Hemos de volvernos hacia Dios con todo nuestro ser, con toda nuestra existencia, a partir de ahora él debe ser quien oriente nuestra vida. “¿Qué haría Jesús si estuviese en mi lugar?” (El Papa Francisco a los jóvenes en el Santuario de Maipú – Chile, parafraseando a san Alberto Hurtado).

Pero además, hemos de creer en el Evangelio. El evangelio, que es el mismo Jesús, que es Dios mismo; que es revelación del Padre, el cual nos ama incondicionalmente y sin esperar nada a cambio; Jesús es quien nos conduce hacia el Padre.

Todo esto, en el relato que nos ocupa, se hace más explícito en la llamada a los primeros discípulos. Dicha llamada, tiene lugar en el mar de Galilea. Allí se encuentra con dos pescadores que están lanzando las redes al mar. Se dirige a ellos y les ordena: «¡Venid conmigo!». La iniciativa parte de Jesús, al contrario de lo que ocurre con el resto de los maestros, que son elegidos por sus discípulos. A partir de ese momento los discípulos comenzarán a ir detrás del maestro y comenzarán a aprender de Jesús sobre todo con su forma de vivir, no solo con su enseñanza. El Maestro será quien marque el itinerario a seguir, el ritmo, la meta.

El objetivo que Jesús tiene con sus discípulos es hacerlos pescadores de hombres. Continuarán con su profesión, con lo que saben hacer; sin embargo, los destinatarios de su pesca serán otro tipo de peces, serán otros seres humanos. Le llama a ser salvadores, por medio de Él, de todas aquellas personas que escuchen y acojan el mensaje del evangelio.

Aquellos primeros discípulos aceptan de inmediato. Al instante abandonan su vida anterior y se disponen a seguir al Maestro. La ruptura con su pasado es radical, no se llevan nada, van con lo puesto, ni siquiera se paran a despedirse de su familia. Desde este momento, ya no se separarán de Jesús, estarán siempre con él.

Comienza el camino de seguimiento y aprendizaje de los discípulos. Comienzan a vivir una nueva vida y un nuevo estilo de vivir, cuyo mandamiento principal es el amor.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• El Reino de Dios continúa estando presente en nuestro mundo y en nuestras vida, ¿estas dispuesto/a a acogerlo?¿De qué manera lo acoges?

• ¿Qué significa para ti convertirte?¿Qué debes cambiar en tu vida para conseguirlo?

• Hoy, Jesús sigue llamando. ¿Estás atento/a a su llamada?¿Estás dispuesto/a a aceptarla?

• Jesús llama a sus discípulos en Galilea. ¿Dónde has recibido tú la llamada?¿Dónde la sigues recibiendo cada día?

• Ellos, inmediatamente, lo dejaron todo y le siguieron. ¿Qué debes dejar tú para seguirle por el camino?¿Cómo puedes contribuir a tu configuración diaria con Cristo?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por el don de la Encarnación de Jesús.

• Da gracias a Jesús por haberte llamado a su seguimiento y a hacerte pescador de hombres.

• Ofrécele tu vida para que el Espíritu Santo pueda transformarla y configurarla con la de Cristo.

• Pídele fuerzas para seguir a Jesús, cada día, por el camino del discipulado y convertirte en pescador de hombres.

“Buscando la felicidad” Lectio Divina del II Domingo del T. O. (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Jn 1, 35-42)

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, les dijo: «Este es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos que oyeron sus palabras siguieron a Jesús. Él se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:«¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús.

Después, encontró a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

En cualquier período de la historia, en ambientes diversos, en múltiples circunstancias, hombres y mujeres de cualquier raza, condición social o nacionalidad, han reflexionado acerca de sí mismos y se han preguntado: ¿Quién soy?¿De dónde vengo?¿A dónde voy? Estas son las preguntas, que de alguna manera, dan sentido a nuestra vida. La persona humana en el transcurso de su existencia se encuentra en una continua búsqueda. Pero, ¿qué busca el hombre? ¿que buscas amigo lector? ¿Para qué te levantas cada mañana? El ser humano no busca otra cosa mas que la felicidad.

Ahora bien, creo que es importante que, aunque sea de manera breve, aclaremos que significa felicidad. Porque… la felicidad no significa euforia, gritos, saltos, risas… Como bien dice, mi amigo el P. Rafael Navarrete, sj: “la felicidad no se puede definir. […] La felicidad es una experiencia de plenitud.” (El aprendizaje de la serenidad). Así es, la felicidad es un estado de plenitud, de armonía, de compromiso, de estar a gusto con uno mismo, con los demás, con nuestro entorno. Felicidad es haber encontrado sentido a lo que hago; es actuar coherentemente con lo que pienso y siento. El Creador, precisamente, nos creó para esto: para ser felices; y para encontrar la felicidad junto a Él. Por eso, el hombre está en continua búsqueda de la felicidad y de Dios. Ya lo decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti».JesusEnviaASusDiscipulos

En la época de Jesús, también había hombres y mujeres que buscaban la felicidad. Dos de estos buscadores eran aquellos discípulos de Juan que viven una experiencia de encuentro con la Felicidad (así con mayúsculas). Así es, un día cualquiera de la vida de aquellos primeros discípulos, al día siguiente, nos refiere el evangelista Juan. Ese día, alguien, Juan el Bautista, les indica dónde pueden saciar ese deseo de felicidad que toda persona humana lleva dentro. Jesús pasa junto a ellos, lo mismo que pasa junto a ti y junto a mí. Lo ven y Juan les dice: «Este es el Cordero de Dios». Ahí va quien puede colmaros de felicidad. Y aquellos discípulos le siguen. Ha sido el testimonio de Juan, el que ha impulsado a aquellos dos discípulos a seguir a aquel desconocido, que pasaba por allí.

Me parece interesante que nos detengamos, por un instante, en esta expresión: «le siguieron». Seguir a alguien, implica mucho más que, simplemente caminar a su lado o pasear. Seguir a alguien quiere decir, que uno se involucra con la persona a la que sigue; que, de alguna manera, comparte sus mismos sueños, objetivos, metas; cuando seguimos a alguien, en cierta medida, es el otro el que marca la dirección y el ritmo durante el camino; es abandonarse confiadamente en esa persona e ir tras ella. Así es, Juan y Andrés van detrás de Jesús porque quieren vivir la vida a tope. Pero una actitud que poseían aquellos dos discípulos es que estaban abiertos, atentos, en búsqueda… por eso son capaces de acoger la invitación de Juan para seguir a Jesús.

Al darse cuenta Jesús de que le siguen, se vuelve y les interroga: «¿Qué buscáis?». Es la síntesis de los interrogantes anteriores, que nos hacíamos al principio de esta página. ¿Qué buscas? Una pregunta que nos podemos hacer cada uno de nosotros personalmente, y que podemos hacer a cualquiera de nuestro alrededor; nos daremos cuenta de que todos buscamos lo mismo, aunque le llamemos de distinta manera: la felicidad.

HaMAESTRO DONDE VIVES1n percibido que aquel hombre, Jesús, puede colmar su sed de felicidad, que quieren permanecer con él: ¿Dónde vives? Queremos permanecer contigo, queremos vivir contigo, queremos estar junto a ti, queremos vivir tu modo de vivir.

Jesús accede inmediatamente a su petición, pero no les da una dirección concreta. No. Jesús los invita a experimentar su vida: «Venid y lo veréis». Jesús no es información, no es lectura acerca de su vida y milagros, no es lo que han dicho o dicen otros de él, Jesús es experiencia de vida y si quiero conocerlo, lo más acertado es experimentar su propia vida. No importa la información que tenga, lo que haya oído, lo que me hayan dicho, lo importante es experimentar con Jesús. «Solo te conocía de oídas; pero ahora, en cambio, te han visto mis ojos» (Job 42,5).

«Y se quedaron con él aquel día». Comienzan a hacer comunidad. Jesús, seguramente va dialogando con ellos, les va aclarando cosas, les va dando respuestas, les va contando sus deseos, sus ilusiones, sus sentimientos… ellos le escuchan, le interrogan, le hablan de sus anhelos, sus esperanzas, sus inquietudes, sus sueños… Van compartiendo vida entre ellos. Y aquí es donde está el verdadero quid de la cuestión. Compartir la vida, comunicar la vida, experimentar al vida… en definitiva, hacer comunidad.

Un encuentro de tal calibre, una experiencia como la vivida por los dos discípulos, no puede guardarse para una mismo. Ha de comunicarse, ha de compartirse, no se la puede uno guardar para sí mismo. Por eso, Andrés siente la necesidad de contarle a su hermano Simón lo que había acontecido aquel día, tenía que contar lo que había experimentado, sentido, acogido y entregado junto a Jesús. Hemos de contar gozosos, llenos de dicha desbordante, con una alegría inusual, nuestra experiencia de Jesucristo, nuestro encuentro con el Maestro: «Hemos encontrado al Mesías». Fijaos bien, que el evangelista nos dice «Hemos», no dice «he». Y esto, sencillamente, porque la experiencia de Jesús es siempre comunitaria, aunque uno la viva de manera personal, pero siempre media la comunidad.2tob

Al principio, no somos conscientes de la importancia, ni de la trascendencia de este encuentro. Puede parecernos un encuentro más de los muchos que se producen en nuestra vida. Pero cuando nos damos cuenta del proceso de crecimiento que hemos experimentado en él, no podemos menos que manifestarlo, comunicarlo, testimoniarlo a los demás: «Hemos encontrado al Mesías». No hemos encontrado a una persona cualquiera, no hemos encontrado siquiera a una persona excepcional, no hemos encontrado al número uno en tal o cual materia. Nos hemos encontrado con el Mesías, nos hemos encontrado con el Dios vivo, nos hemos encontrado con Dios hecho hombre. Y Él ha colmado nuestros anhelos de libertad, de felicidad, de amar.

Andrés da testimonio, narra, transmite su propia experiencia, pero lo hace con convicción, lo hace con atractivo, lo hace con ganas de contagiar. El papa Pablo VI (hoy ya santo) decía que «hoy día, más que maestros necesitamos testigos», personas que nos transmitan su experiencia de encuentro con Jesús. Eso es lo que debemos hacer nosotros, debemos seguir el mismo itinerario que siguieron estos primeros discípulos: Estar atentos a los signos del paso de Dios por nuestra vida, ¿qué buscáis?, ¿dónde vives?, venid y lo veréis, fueron, vieron y lo contaron a otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• ¿Estoy atento/a a las señales o a los signos que me indican el camino para encontrarme con el Mesías?

• ¿Soy consciente de la llamada de Dios?¿de todo lo que supone poder encontrarme con Jesús en mi vida cotidiana?¿De la transformación que puede producir en mi mismo, en mi misma dicho encuentro?

• ¿Dónde estás buscando la felicidad? ¿Qué acciones estás emprendiendo en tu vida para encontrar la felicidad? ¿Qué tendrías que cambiar en tu vida para encontrarte con Jesús y de esa manera halla, también, la Felicidad?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser Él, el primero en salir a tu encuentro.

• Dale gracias por las personas que a diario pone en tu camino y te señalan a Jesús como Aquel que puede colmar tu vida de felicidad.

• Ofrécele tu vida para que Él pueda transformarla y convertirte en verdadero testigo de Jesús resucitado que va derrochando por cualquier lugar felicidad.

• Pide que te ayude a ser testigo de las maravillas que continuamente está realizando en la vida de tantas y tantas personas con las que te encuentras a diario.

“Amarás a tu prójimo…” Lectio divina del Domingo XXX del Tiempo Ordinario (Mt 22,34-40)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo cuando los fariseos oyeron que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron, y uno de ellos, doctor en la ley, le preguntó para tentarlo: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el principal y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se resume toda la ley y los profetas».

 

Volvemos a encontrarnos con un nuevo debate entre Jesús y los fariseos. Después de la polémica tenida con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos. Los fariseos, de nuevo, se reúnen para deliberar y deciden ponerle una trampa a Jesús. En esta ocasión, por medio de uno de ellos, experto en la Ley, el cual le interpela acerca de cuál es el primer mandamiento de la Ley; un tema frecuentemente discutido entre los entendido en ella, los cuales intentaban averiguar si existía algún mandamiento que englobase a los demás, es decir, que observándolo se observara toda la Ley. Respuesta harto complicada, si tenemos en cuenta que, los escribas habían contabilizado 613 normas que debían cumplirse para ser un buen judío: 248 normas positivas, es decir, qué cosas se debían hacer, y 365 negativas, cosas que no se podían hacer. Ante tanta regla, era comprensible que se preocuparán por determinar cuáles tenían más importancia y cuáles menos.

Jesús ante dicha pregunta responde claramente con una cita totalmente conocida por cualquier judío piadoso, se trata del Shemá, que se recitaba por la mañana y por la tarde: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Dt 6,5).

Pero, ¿qué significa amar a Dios? No es un simple sentimiento, no es una simple emoción, no es un simple quedar extasiado o embobado con Dios. Es un acto, es acción, es movimiento… Las tres facultades del hombre, «corazón, alma y mente», es decir su capacidad afectiva, su capacidad de relación con Dios y su capacidad intelectual deben ponerse en juego. En otras palabras, la persona entera es la que debe amar a Dios. Amar a Dios, significa dedicar toda nuestra vida a Él. Toda la Ley puede resumirse en este mandamiento.

Ahora bien, aunque no ha sido preguntado, Jesús da un paso más y les dice: «Y el jesus-1429689_640segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo». También aquí encontramos una cita de la Ley, concretamente Lev 19,18. Cita contenida dentro de una serie de preceptos que regula la relación con los demás. Pero, ¿quién es, en realidad, mi prójimo? Para los judíos, mi prójimo es únicamente el israelita. Aunque en otros ambientes, como el del judaísmo de origen griego, se da a este término un sentido más universal, será Jesús de Nazaret quien verdaderamente defenderá y fundamentará el ser cristiano en esto; ama a tu prójimo como te amas a ti mismo. Primero has de amarte a ti, y después derramar ese amor hacia tu prójimo. Hemos de lograr compaginar armoniosamente nuestros propios derechos con los derechos de los demás, aunque ese otro no nos caiga bien, o nos esté fastidiando. Esto sería yendo a la letra del mandamiento, si vamos al espíritu nos damos cuenta que amar al prójimo para el discípulo de Jesús significa incluso renunciar a mis derechos en favor del otro, aunque este sea mi «enemigo»; aunque el cristiano debería desechar esta palabra de su vocabularios, pues para nosotros todos los hombres son nuestros hermanos, también el que me hostiga, me mira mal o incluso me hace daño.

Nadie ha dicho que ser cristiano fuera fácil, lo más fácil es cumplir una serie de normas que regulen nuestra convivencia en la que se respeten los derechos de unos y de otros. Pero ser cristiano es algo más, es llegar a renunciar a la propia vida, incluso a favor de quien me incomoda o me hace daño. Eso solo sabe hacerlo, plenamente, un discípulo de Jesús de Nazaret. Aunque en este punto, la mayoría de las veces, también nosotros fallemos.

La combinación de estos dos mandamientos no se encuentra en ninguna otra fuente de la antigüedad que no sea el Nuevo Testamento, por eso podemos concluir que esta enseñanza propia de Jesús de Nazaret, de Jesucristo, de la segunda Persona de la Santísima Trinidad, por tanto de Dios, que nos ha dejado a los cristianos como legado, para que lo acojamos, lo realicemos y mostremos con ella en qué consiste el Reino de Dios.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Respondo sinceramente, y sabiendo que estoy en la presencia de Dios, ¿cuál es para mí el mandamiento principal de la Ley? ¿Es verdaderamente el amor de Dios y a los hermanos?
  • ¿A quién o quienes, de verdad, considero mi prójimo?
  • ¿Cómo acojo en mi vida el mandamiento del amor? ¿Amo sinceramente a quien incluso me fastidia, me molesta, me hace daño?

 

VIDA – ORACIÓN

Señor, hazme un reflejo de tu bondad. Que en cada prójimo vea a un hermano.

Que su dolor sea el mío. Dame el don para suavizar sus penas y compartir su espíritu.

Que yo pueda infundirle valor y esperanza, llevándole un mensaje de amor y confianza en Ti.

Haz que todas mis tareas las emprenda con decisión, abnegación y perseverancia.

Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

 

“Dar a Dios lo que es de Dios” Lectio Divina del domingo XXIX del Tiempo Ordinario (Mt 22,15-22)

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VERDAD – LECTURA

15Los fariseos se fueron a estudiar la manera de acusar a Jesús por algo que dijera. 16Así que le enviaron algunos de sus propios seguidores, junto con otros que pertenecían al partido de Herodes para que le dijeran: «Maestro, sabemos que eres sincero, que enseñas de verdad el camino de Dios y que no te importa nada el qué dirán, porque no tienes respetos humanos. 17Dinos tu parecer: «¿Es lícito pagar el impuesto al césar o no?». 18Jesús, conociendo su malicia, dijo: 19«Enseñadme la moneda del tributo». Ellos le presentaron un denario. 20Jesús les dijo: «¿De quién es la efigie y esta inscripción?». 21Respondieron: «Del césar». Él les dijo: «Pues dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios». 22Al oírlo se asombraron, lo dejaron y se fueron.

 

Han sido reiterados los enfrentamientos, que Jesús ha tenido con los fariseos en el transcurso del evangelio. A pesar de ello, cada vez tiene más seguidores, que van creyendo en su palabra y, que al menos, le consideran un profeta. Por supuesto, los fariseos y maestros de la ley no creen esto; es más, para ellos resulta ser una persona molesta, pues pone en evidencia la hipocresía con la que actúan muchos de los integrantes de estos grupos. Es necesario deshacerse de él. ¿Pero cómo? ¿De qué acusarlo? Para que sea juzgado y encontrado culpable es necesario tener algún motivo, pillarlo en un delito flagrante. Por eso, deben estudiar bien su plan de acción. Es necesario quitarlo de en medio. En esta ocasión, ponen toda la carne en el asador, se alían incluso con los herodianos, que nos es que fueran, por así decir, «santos de su devoción», ya que estos son los partidarios de Herodes Antipas, el cual era un verdadero colaboracionista con el poder romano.

Los fariseos no van ellos mismos a enfrentarse con Jesús; envían a sus discípulos (¿tanto miedo le tenían a Jesús?). Se acercan al Maestro, así lo reconocen ellos mismos, pero no con buenas intenciones. Su intención es hacerle caer en una trampa mediante una pregunta, no buscan dialogar, sino encontrar un motivo para acusarlo: «¿Es lícito pagar el impuesto al césar o no?»

La pregunta tiene su miga, pues todas las provincias del Imperio están obligadas a pagar el impuesto al emperador. Ahora bien, aceptar esto era reconocer la soberanía extranjera sobre la nación judía. Además incitar a no pagar el impuesto puede acarrearle a Jesús muchos problemas, pues le pueden acusar de sedicioso. Recordemos que, desde la revuelta de Judás el Galileo en el año 6 d.C., negarse a pagar el tributo o inducir a ello es un delito considerado grave. Por tanto, Jesús está entre la espada y la pared.denario__tiberio1

Sin embargo, Jesús no se arredra. Les devuelve la pelota. La respuesta la tienen ellos. Les dice: «Enseñadme la moneda del tributo». Dicha moneda era un denario romano. El hecho de que ellos tuvieran esa moneda en su poder es signo inequívoco de que pagan dicho tributo. ¿A qué viene, entonces, la pregunta si ellos tienen clara la respuesta? Pero, Jesús da un paso más, porque la cuestión no está en pagar o no el tributo. Jesús, jamás se opondrá a que cumplamos con nuestros deberes sociales, aunque a veces tengamos que hacer frente a leyes injustas, pero ese es otro capítulo, que aquí no nos ocupa. Hemos de ir más allá, del simple pagar el tributo o no. Jesús, les pregunta acerca de la esfinge y la leyenda de la moneda. El denario de Tiberio en aquella época, en la parte de la cara tenía representada la imagen del emperador y en el reverso podía leerse la inscripción: Tiberio César Augusto Hijo del Divino Augusto. La respuesta es clara: del césar. Pues si esa moneda lleva la esfinge del césar, lleva su nombre, está acuñada por él… devolvédsela al césar. Además si ya pagan el impuesto correspondiente, ¿a qué viene preguntarle a Jesús?

Lo verdaderamente importante del pasaje viene a continuación: «Dad a Dios lo que es de Dios». Dad a Dios lo que le pertenece. Pero… ¡si nadie ha preguntado a este respecto! Nadie, pero esto es lo verdaderamente importante. Dad a Dios lo que es suyo. Y a Dios pertenece todo el orbe y sus habitantes (Sal 24). La obediencia a Dios está por encima de cualquier otra ley. Hemos de ser fieles a la Alianza, hemos de hacer su voluntad, hemos de amarle con todo nuestro ser y hemos de acoger a su enviado Jesucristo.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Los mismos fariseos y herodianos reconocen a Jesús como maestro, ¿Y yo le considero como el único Maestro de mi vida?
  • ¿Qué significa para mí hacer la voluntad de Dios? ¿Qué «deberes» conlleva? ¿Amo a Dios con todo mi ser y acojo a Jesús en mi persona y en mi vida?

 

VIDA – ORACIÓN

Oramos con el Beato Santiago Alberione:

Te amo, Jesús, mi vida,

mi alegría y fuente de todo bien.

Quiero amarte cada día más,

a ti y a los hombres redimidos con tu sangre.

 

Tú eres la vid y yo el sarmiento:

quiero estar siempre unido a ti

para dar fruto abundante.

 

Tú eres la fuente:

dame gracia cada vez más abundante

para mi santificación.

 

Tú eres la cabeza; yo uno de tus miembros:

comunícame tu Espíritu Santo

con todos sus dones.

 

Venga a nosotros tu reino por María.

Conforta y salva a mis hermanos los hombres.

Acoge en tu reino a los difuntos.

Multiplica y santifica

a los que has llamado a difundir la Buena Noticia.

“Ven a trabajar en mi viña” Lectio Divina Domingo XXV del T. O. (Mt 20,1-16)

imagen del dueño de la viña

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de Dios es como un amo que salió muy de mañana a contratar obreros para su viña. Convino con los obreros en un denario al día, y los envió a su viña. Fue también a las nueve de la mañana, vio a otros que estaban parados en la plaza y les dijo: Id también vosotros a la viña, yo os daré lo que sea justo. Y fueron. De nuevo fue hacia el mediodía, y otra vez a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. Volvió por fin hacia las cinco de la tarde, encontró a otros que estaban parados y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día sin hacer nada? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña. Al caer la tarde dijo el dueño de la viña a su administrador: Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros. Vinieron los de las cinco de la tarde y recibieron un denario cada uno. Al llegar los primeros, pensaron que cobrarían más, pero también ellos recibieron un denario cada uno. Y, al tomarlo, murmuraban contra el amo diciendo: Esos últimos han trabajado una sola hora y los has igualado a nosotros, que hemos soportado el peso del día y el calor. Él respondió a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No convinimos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Pero yo quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿No puedo hacer lo que quiera con lo mío? ¿O ves con malos ojos el que yo sea bueno? Así pues, los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos».

 

Hoy oramos con la parábola llamada de los obreros de la viña. Antes de adentrarnos en el corazón de la parábola, me vais a permitir que me detenga, por un instante en contextualizar un poco la misma.

Con toda probabilidad, esta parábola debió dirigirla Jesús a los fariseos y maestros de la ley, los cuales se habían opuesto abiertamente no solo a su doctrina, sino también a su modo de comportarse.

La causa de dicha oposición era sobre todo por el modo en el que Jesús se comportaba con los pecadores. A estos, no sólo los acogía, sino que los consideraba amigos y los aceptaba como seguidores. Hemos de tener en cuenta que, los fariseos rechazaban a los pecadores como impuros; lo cual significaba que no podían relacionarse con Dios y que, por lo tanto, estaban fuera de la comunidad, se les consideraba como no integrantes del Pueblo elegido. Jesús, pasando por encima de cualquiera de las leyes de pureza, no sólo los invita a entrar en su viña, si no que los invita a trabajar en ella.

Recordemos que la viña, según Is 5,7 representa a, pueblo de Israel. De ahí que, ser llamado a trabajar en la viña significa ser llamado a formar parte del Pueblo elegido. Desde el punto de vista de los fariseos y maestros de la ley esto es intolerable. Pero como bien apunta Jesúa al final de la parábola, Él no ha venido a llamar únicamente a los justos, sino a todos, también a los pecadores.

La comunidad de Mateo es una comunidad compuesta principalmente por cristianos de origen judío. Los judíos han sido los primeros en ser llamados a trabajar en la viña de Dios, han sido los primeros llamados formar parte del Reino y a trabajar en él. Sin embargo, el cristianismo se va extendiendo y a la persona de Jesús se van adhiriendo otras personas que no son de origen judío: son paganos (aquellos que no pertenecían a Israel); personas que no cumplian con lo prescrito en la ley y, por lo tanto, eran considerados impuros. También ellos han sido llamados a trabajar en la viña, también ellos han sido llamados a formar parte del Pueblo elegido, también ellos han sido llamados a trabajar en y por el Reino, también sobre ellos ha descendido el Espíritu Santo. Los cristianos de origen judío no deben escandalizarse porque Dios quiera derramar su Espíritu sobre los paganos, llegados a última hora. No deben ofenderse ante la bondad de Dios, que quiere gratificar a todos de la misma manera. Dios llama cuando quiere y lo verdaderamente importante no es el cuándo, sino la respuesta a la llamada. La paga al final es igual para todos y no tiene nada que ver con los méritos, títulos o acciones de cada uno. Laviña bondad de Dios es gratuita.

Pero, adentrémonos un poco en la parábola con la que hoy oramos. Nos encontramos con una escena de la vida cotidiana, que podría darse en cualquiera de nuestros pueblos de la España rural. Un terrateniente, que sale a la plaza del pueblo; en ella se encuentra con algunas personas que están esperando allí a que alguien los contrate para trabajar. Sale primero al alba. Contrata a los que cree necesitar y llega con ellos a un acuerdo con respecto al salario que les va a pagar, concretamente un denario. Después, el terrateniente vuelve a salir a distintas horas durante el día (a las nueve de la mañana, a mediodía, incluso a última hora de la tarde). Lo cual, puede indicarnos que el propietario de la viña tiene necesidad de que el trabajo en la misma se concluya cuanto antes. Con los únicos que se ajusta con respecto al salario es con los primeros; a los demás, simplemente, le promete dar lo que es justo.

Seguramente, Mateo ha conseguido capatar tu atención, al igual que lo hizo Jesús con aquellos que escuchaban su palabra. Es más, posiblemente ha despertado tu curiosidad: ¿cuánto será lo justo? Pues a continuación lo sabremos.

Llega el momento de pagar el jornal. Según lo establecido en Lev 19,13 y en Dt 24,14s no se debe retener el salario del jornalero hasta el día siguiente; por lo que, el dueño de la viña se dispone a pagarles a cada uno lo que le corresponde. Comienza por los últimos, lo cual puede sorprendernos, pero Mateo quiere llamarnos la atención acerca del comportamiento y la reacción de los primeros frente a la actuación del dueño de la viña con los que han llegado al final.

Lo que a continuación ocurre, es para sorprender a cualquiera, los que han trabajado solo una hora reciben el salario de una jornada completa de trabajo; ¿No os parece ilogico? Bueno, según nuestra escala de valores, seguramente los que han trabajado más, recibirán más. Sin embargo,la lógica de Dios no es la lógica humana. Los primeros reciben lo que habían acordado con el dueño de la viña: un denario; exactamente igual que los últimos.

¿Te parece injusto? Pues, detengámonos un wine-2770452_640instante a reflexionar y vayamos al principio de la parábola. ¿Qué había acordado el dueño de la viña dar a los primeros que contrató en la plaza? Justo: un denario. Por lo tanto no está cometiendo ninguna injusticia; está pagando lo acordado, lo que pactaron por una jornada de trabajo. ¿No será que lo que nos molesta es que Doios trate a todos de la misma manera, sin hacer distintción alguna? Porque esa la forma de actuar de Dios. Dios trata a todas las personas de la misma manera. Dios es generoso con todos. Dios no hace acepción de personas. Eso lo hacemos nosotros, cuando tratamos de manera distinta al que más tiene, al que es más influyente socialmente, al que tiene más títulos… No quiero decir con esto que no tengamos en cuenta las convenciones sociales o saltarnos los usos y costumbres de nuestra sociedad. Me gustaría ir más allá de todo esto. Dios derrama su amor a todas las personas; Dios ama incondicionalmente a toda la humanidad. Dios respeta a todo el mundo, acoge a todo el mundo, se muestra misericordioso con todo el mundo… ¿Y nosotros? Le reprochamos a Dios que nos ame a todos por igual.

Desde un punto de vista neutral, no podemos reprochar nada al dueño de la viña. El ha pagado lo que había pactado y con los demás a querido ser generoso. La pregunta que Jesús nos lanza al final de la parábola es para que la tomemos en consideración: ¿Acaso ves con malos ojos el que yo sea bueno?

La parábola no nos cuenta nada acerca de la respuesta de los obreros. Creo que dicha respuesta hemos de darla cada uno de nosotros, pero teniendo en cuenta que el concepto que nosotros tenemos de retribución, no es el de Dios. La generosidad de Dios no tiene límites, el amor de Dios no tiene límites, la misericordia de Dios no tiene límites.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• Recuerda el momento en el que sentiste que Jesús te llamaba a trabajar en su viña, recréate en ese momento, gózalo. Dialoga con Jesús acerca de ello.

• ¿Qué sentimientos ha despertado en ti recordar el momento de la llamada para trabajar por el Reino? ¿Qué significado tiene para ti esa llamada?

• Dentro de la Iglesia, todos somos llamados a trabajar en la viña del Señor, nadie puede ser excluido, excepto el que se excluye a sí mismo ¿Cómo acojo a las otras personas que también han sido llamadas a trabajar por el Reino? ¿Cómo las trato? ¿Trato a un hermano a una hermana de manera distinta porque acaba de llegar, porque no es de mi grupo, porque se mueve en ambientes distintos al mío?

• ¿Que pienso acerca de la bondad y la generosidad de Dios?

 

VIDA – ORACIÓN

• Presenta a Dios tuvida cotidiana con sus alegría y sus penas con tus caidas y tus levantadas. Cae en la cuenta de todos los regalos que te hace cada día y alábalo por ello.

• Pídele perdón por las veces que no respondes con la suficiente generosidad a su llamada, cuando no respondes con la debidad generosidad y agradecimiento a su bondad, sobre todo cuando ésta se derrama en los otros.

• Da gracias a Jesús por haberte llamado a trabajar en su viña y poder compartir con otros los frutos del Reino.