“LA PALABRA REVELA EL CORAZÓN DE LA PERSONA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Eclesiástico 27,4-7

4Al zarandear la criba queda la cascarilla; así los defectos del hombre cuando reflexiona. 5El horno prueba los vasos del alfarero; la prueba del hombre está en su conversación. 6El fruto del árbol indica su cultivo, así la conversación de un hombre revela su corazón. 7Antes que haya hablado no alabes a nadie, pues ésta es la piedra de toque del hombre.

La liturgia de hoy nos ofrece un fragmento del libro del Eclesiástico o Sirácida, perteneciente a la llamada literatura sapiencial. La cual se caracteriza por intentar mostrarnos la manera en la que hemos de vivir para ser felices; es, por así decir, el arte de vivir en el mundo; por supuesto desde una perspectiva religiosa, o lo que es lo mismo, teniendo en cuenta la voluntad de Dios y la alianza y el compromiso que éste ha establecido con el ser humano.

En el texto con el que estamos orando, Ben Sirá, autor del libro, quiere ayudarnos a caer en la cuenta de la manera en la que tenemos que conocer a las personas y evaluar su conducta, sin dejar de lado, por supuesto, el autoconocimiento.

Como podemos ver también en el evangelio, el ser humano manifiesta su verdadera naturaleza, lo que lleva en su interior y su sentimiento más profundo, en las acciones que realiza. Todo ello, este pasaje del Sirácida, nos lo ofrece a modo de frases cortas o máximas que nos ayudan incluso a memorizar el texto, acudiendo al lenguaje simbólico, por medio imágenes sacadas de la naturaleza o de la vida cotidiana: la criba, el horno, el fruto del árbol.

De la misma manera, que al zarandear la criba queda la cascarilla, cuando uno reflexiona verdaderamente acerca del comportamiento de los otros, o del suyo propio, se ponen de manifiesto nuestras debilidades, nuestras incoherencias, nuestras flaquezas; también, por supuesto, nuestras virtudes y fortalezas. Tanto una como otras hemos de tenerlas en cuenta para ir creciendo como personas y como seguidores de Jesús.

Del mismo modo, que al comenzar a hornear, el alfarero es capaz de percibir las imperfecciones de una vasija, cuando comenzamos a escuchar hablar a una persona somo capaces de advertir su intenciones más profundas: por la manera de expresarse, por la entonación de su voz, por su lenguaje no verbal, etc.

Por último, de igual forma que la calidad de un árbol de conoce por sus frutos, la categoría del ser humano se conoce por sus palabras y sus acciones.

Por tanto, y en conclusión, para conocer verdaderamente a una persona se hace imprescindible evaluar su modo de pensar, su modo de hablar, su modo de actuar.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿De qué manera sueles tú intentar conocer y evaluar la conducta de las personas? ¿Sigues el modelo que nos ofrece el libro del Sirácida?
  • ¿Eres consciente de que las personas manifestamos nuestro interior en las acciones exteriores que realizamos?.
  • ¿Intentas, de alguna manera, conocerte primero a ti mismo, antes de evaluar el comportamiento de los demás? ¿Eres consciente de tu vulnerabilidad, de tus debilidades, de tus fragilidades? ¿Y también de tus fortalezas, puntos fuertes y talentos? ¿Procuras superarte, como persona y como cristiano, cada día?
  • ¿Te esfuerza por mantener una adecuada coherencia entre lo que piensas, sientes y haces?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 111

1Doy gracias al Señor de todo corazón en la reunión de los hombres justos y en la asamblea general.

2Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

3Su obra resplandece de esplendor y su justicia permanece para siempre.

4Él ha hecho memorables sus milagros, el Señor es misericordioso y lleno de ternura.

5Él da de comer a sus leales y recuerda siempre su alianza.

6Manifiesta a su pueblo el poder de sus obras, dándole la heredad de las naciones.

7Verdad y justicia son las obras de sus manos, todos sus preceptos son estables, 8inmutables por los siglos de los siglos, fundados en el derecho y la verdad.

9Envió a su pueblo la liberación y estableció para siempre la alianza: santo es su nombre y venerable.

10El temor del Señor es el principio de la sabiduría, los que la practican son gente lista: su alabanza permanece eternamente.

“DE LO QUE REBOSA EL CORAZÓN HABLA LA BOCA” – LECTIO DIVINA DEL DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 6,39-45

39En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? 40El discípulo no es superior a su maestro; el discípulo bien formado será como su maestro.

41¿Cómo es que ves la paja en el ojo de tu hermano si no adviertes la viga en el tuyo?  42¿Cómo puedes decir a tu hermano: Deja que saque la paja de tu ojo, tú que no ves la viga en el tuyo? Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces verás para quitar la paja del ojo de tu hermano».

43«No hay ningún árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos. 44El árbol se conoce por sus frutos. Porque no se cosechan higos de los espinos, ni se vendimian uvas de los zarzales. 45El hombre bueno saca el bien de la bondad que atesora en su corazón, y el malo saca el mal de la maldad que tiene, porque de la abundancia del corazón habla la boca».

El pasaje con el que hoy vamos a orar se encuentra enmarcado dentro del llamado “discurso de la llanura”; concretamente, después de que Jesús pasara la noche en oración, eligiera a los Doce y pronunciara las bienaventuranzas.

En el fragmento del evangelio de Lucas, que hoy nos ocupa, el evangelista pone de manifiesto las actitudes que debe tener el auténtico discípulo de Jesús, especialmente la manera en la que se tienen que comportar los líderes de las comunidades, que son quienes las guían. De tal manera que actúen con humildad, siendo consciente de sus limitaciones, de sus debilidades, y poniendo en marcha las acciones necesarias para crecer como seguidores de Jesús, sólo así podrán guiar a otros.

Es más antes de corregir a cualquiera de nuestros hermanos, nosotros hemos de conocer nuestra propia fragilidad e incapacidad y de esta manera poder ser más objetivos y misericordiosos con nuestro prójimo.

A continuación, en su discurso, Jesús, nos ofrece la imagen del árbol que da buenos frutos, para hacernos caer en la cuenta que lo más importante son las actitudes que nosotros tenemos en nuestro corazón. Únicamente partiendo desde la bondad y el amor, podremos dar frutos abundantes y buenos

Finaliza el pasaje que lo más importante es vivir lo que estamos predicando y ser coherentes con aquello que decimos creer y que anunciamos.

De cualquier manera, es necesario que en todo momento estemos vigilantes con respecto a nuestra manera de actuar y ser congruentes con nuestro seguimiento de Jesús. Nuestro actuar exterior debe coincidir con aquello que nosotros albergamos en el corazón.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Todos, de alguna manera, somos líderes o “guías” en nuestra vida diaria, ¿cómo crees que te comportas cuando actúas como tal?

• ¿Eres consciente de tus limitaciones, de tus debilidades antes de ponerte a guiar a otros? ¿Intentas de alguna forma intentar superar esas limitaciones y debilidades con la ayuda de Dios?

• ¿De qué manera corriges a tu hermano? ¿te posicionas desde la misericordia y el amor o por el contrario lo haces desde el juicio y la superioridad?

• ¿Qué actitudes albergas en tu corazón? ¿De qué lo alimentas?

• ¿Intentas estar en continua conversión para poder convertirte cada día más en un auténtico discípulo de Jesús?

VIDA – ORACIÓN

Señor, Jesús, nosotros hemos de corresponder fielmente a tu plan de salvación, tendiendo a nuestra propia santidad y llevando tu evangelio a todos los confines del mundo, especialmente a nuestro propio ambiente, en nuestro quehacer diario. Pero nos sentimos demasiado débiles, incapaces y limitados. Queremos comprometernos contigo, a estar en continua conversión, para poder ser verdaderos “guías” de nuestros hermanos, con tu mismo estilo de Maestro. Multiplica los frutos de nuestro testimonio cristiano para que con nuestras acciones llevemos a todos los que nos rodean tu amor y la misericordia del Padre. Amén.

“AMANDO COMO EL PADRE” – LECTIO DIVINA DEL DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 6,27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Yo os digo a vosotros que me escucháis: amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen; orad por los que os calumnian. Al que te abofetea en una mejilla, ofrécele también la otra; a quien te quita el manto, dale también la túnica. Da a quien te pida y no reclames a quien te roba lo tuyo. Tratad a los hombres como queréis que ellos os traten a vosotros. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis? También los pecadores aman a quienes los aman. Y si hacéis el bien a los que os lo hacen, ¿qué mérito tendréis? Los pecadores también lo hacen. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores para recibir de ellos otro tanto. Pero vosotros amada a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar remuneración; así será grande vuestra recompensa y seréis hijos del altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y con los malvados. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. No juguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; se os dará una buena medida, apretada, rellena, rebosante; porque con la medida con que midáis seréis medidos vosotros.

El evangelio que hoy nos presenta la liturgia, es uno de esos que sacados de contexto puede resultar, al menos, equívoco. ¿Por qué digo esto? Pues si yo, sin ninguna otra explicación, sin colocar el texto en su contexto, le lanzo a cualquier persona, a modo de dardo, la siguiente afirmación: “Al que te abofetea en una mejilla, ofrécele también la otra; a quien te quita el manto, dale también la túnica. Da a quien te pida, y no reclames a quien te roba lo tuyo”. Si yo lanzo semejante afirmación, como decía más arriba, sin explicación alguna, puedo estar dando a entender que Jesús pide a sus seguidores que no se defiendan ante una injusticia, que se dejen quitar los suyo, sin rechistar y que además, si alguien viene a robarme y me pide el reloj, le dé también la cartera.

Esto pasa con cualquier texto que sacamos de su contexto y que pronunciamos de manera aislada.

Creo que este texto debe ser acogido en su conjunto y sobre todo, teniendo en cuenta la afirmación del versículo 16: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso”. Y fijándonos en que hay una afirmación que se repite en tan pocos versículos. Una vez: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen; orad por los que os calumnian” (27b-28). Y otra vez: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar remuneración” (35a).

El texto es continuación del que orábamos el domingo pasado. Por tanto nos encontramos dentro de lo que los especialistas llaman el “sermón de la llanura”. El cual, como veíamos la semana pasada es el discurso programático de Jesús. En él, se dirige a sus discípulos y a toda la multitud que le estaba escuchando (cf. Lc 6,17).

Pero vayamos por partes, ¿Qué es ser misericordioso? Ser misericordioso, es sentir en el corazón las miserias del otro; sentir en mis entrañas las debilidades de mi prójimo; dejarme estremecer por las necesidades, la inconsistencia, la fragilidad de mi hermano. Sentir sus necesidades, su indigencia, su pobreza. De la misma manera que el Padre misericordioso hace conmigo.

Jesús no nos pide que seamos unos pusilánimes, unos apocados, unos cobardes… Nos pide que nos comportemos con nuestro prójimo de la misma manera que el Padre se porta con nosotros.

Pero además, a cualquiera de nosotros nos gusta que nos traten bien, que sean considerados, que nos ayuden… Pues, de la misma manera bebemos tratar nosotros a los demás: “Tratad a los hombres como queréis que ellos os traten a vosotros” (31).

Jesús lo que nos está pidiendo es que demos un paso más, que se nos distinga por nuestras acciones, pero sobre todo por el amor que ponemos en ellas. Un amor como el del Padre, que ama sin condiciones, que ama a pesar de, que ama siempre y sin esperar nada a cambio. Quiere que nuestro amor sea gratuito, independientemente de lo que el otro haya hecho por nosotros, o nos haya dado.

De esta manera, podremos ser capaces de dar y darnos sin medida; pero no por mérito propio, sino dejándonos transformar por el Espíritu en otro Cristo que va mostrando la misericordia del Padre.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Cómo resuenan en ti las palabras del versículo 16: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso”?

• ¿Qué significa para ti, ser misericordioso? ¿Cómo vives la misericordia en tu día a día?

• ¿Cómo es tu trato personal con aquellos que te encuentras cotidianamente? ¿Trasparentas de alguna manera a Jesús?

• ¿Cómo es el amor que sientes y manifiestas a tu prójimo?

• ¿De qué manera dejas trabajar al Espíritu para que vaya transformándote poco a poco, cada día?

VIDA – ORACIÓN

• Bendito y alabado seas, Padre, por la gran misericordia que nos tienes y nos muestras cada día.

• Gracias, Jesús, por mostrarnos el verdadero rostro del Padre y ofrecernos los medios para ser misericordiosos como él.

• Ayúdanos, Espíritu Santo a dejarnos transformar por ti, según nuestro modelo Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.

“QUE EL SEÑOR PAGUE A CADA UNO SEGÚN SU FIDELIDAD”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

1Samuel 26,2.7-9.12-13.22-23

2Saúl se puso en marcha con tres mil hombres elegidos de Israel para buscar a David en el desierto de Zif. 7David y Abisay fueron de noche al campamento; Saúl estaba acostado en el centro del campamento y dormía, con su lanza clavada en la tierra, junto a su cabecera. Abner y la tropa estaban acostados a su alrededor. 8Abisay dijo a David: «Hoy ha puesto Dios a tu enemigo en tus manos. Permíteme que le clave en la tierra con su propia lanza de un solo golpe; no tendré que darle otro». 9David le contestó: «¡No lo mates! Porque ¿quién puso su mano sobre el ungido del Señor y quedó sin castigo?». 12David tomó de la cabecera de Saúl la lanza y el jarro de agua y se fueron. Nadie los vio; nadie se dio cuenta; nadie se despertó, pues todos dormían, porque el Señor había hecho caer sobre ellos un profundo sueño. 13David pasó al extremo opuesto y se detuvo a lo lejos sobre la cumbre de la montaña; había entre ellos un gran trecho. 22David respondió: «Aquí está la lanza del rey. Que uno de los jóvenes atraviese y venga a recogerla. 23El Señor retribuirá a cada uno según su justicia y su fidelidad, porque el Señor te puso hoy en mis manos y no quise poner mi mano sobre el ungido del Señor.

Ya en el capítulo 24 de este mismo libro, nos encontramos con un episodio similar protagonizado por el propio David. En ambos, se destaca su nobleza, bondad y generosidad.

El rey Saúl está buscando al joven David, pues piensa que quiere usurparle el trono y, por tanto, quiere acabar con su vida. Nada más lejos del pensamiento de éste, pues cuando se le presenta la ocasión, como podemos ver en el texto con el que estamos orando, no es capaz de poner su mano sobre él, ni permite que ninguno de sus compañeros lo haga. Saúl es el ungido de Dios, el rey al que Yahveh ha puesto al frente de su pueblo.

Sin embargo, David de alguna forma quiere hacerle ver a Saul que Dios nunca abandona a aquel que confía en él, a aquel que se mantiene fiel a la alianza, a aquel que obra el bien aún en perjuicio propio.

Dicho gesto, además, llegará a conquistar a la persona de Saúl, el cual hasta ahora no se fiaba de David. Sin embargo, ni siquiera este gesto logrará que Saúl se deshaga de la envidia, el orgullo y la sed de venganza que tiene hacia el joven.

Saúl no fue capaz de abrir su corazón a la bondad y misericordia de Dios. No fue capaz de convertirse, de comenzar a ver los acontecimientos de su vida desde una nueva perspectiva, desde la perspectiva de Dios.

David, sin embargo, con su gesto demuestra su capacidad de perdonar, de gestionar sus emociones y acciones, su capacidad de confiar en Dios y en su infinita misericordia.

David es capaz de poner en práctica el mandamiento del amor, que Jesús, siglos más tarde, presentará como modo habitual de actuar para sus seguidores.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Tómale el pulso a tu confianza y fidelidad a Dios. ¿Cómo lo vives en tu día a día?
  • ¿Intentas en cada momento obrar bien, aunque eso pueda traerte consecuencias desfavorables para ti?.
  • Dios te pide que permanentemente estés en continua conversión, ¿cómo estás abriendo tu corazón a la bondad y misericordia de Dios? ¿trasmites esa bondad y misericordia a los demás?
  • ¿De qué manera puedes comenzar a ver las cosas de tu vida cotidiana desde la perspectiva de Dios?
  • ¿Eres capaz de perdonar y acoger a tu prójimo de manera incondicional?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 25

1A ti, Señor, levanto mi alma;

2 en ti espero, Dios mío, no quede defraudado; que no triunfen de mí mis enemigos.

3 No queda defraudado el que en ti espera, que lo quede el que traiciona sin motivo.

4 Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas;

5 guíame en tu verdad, enséñame; tú eres mi Dios y mi salvador, yo siempre espero en ti.

6 Acuérdate, Señor, de tu misericordia y tu bondad, que son eternas;

7 olvídate de los pecados de mi juventud y de mis faltas; acuérdate de mí, Señor, con misericordia y con bondad.

8 El Señor es bueno y recto y enseña el camino a los descarriados,

9 conduce en la justicia a los humildes, enseña a los humildes su camino;

10 los caminos del Señor son amor y lealtad para quien guarda su alianza y sus preceptos.

“LA VERDADERA FELICIDAD” LECTIO DIVINA DEL DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 6,17.20-26

Nos encontramos hoy con un pasaje del evangelio, cuanto menos, sorprendente: ¿Cómo es posible que Jesús llame felices a los pobres, a los que lloran, a los hambrientos, a los perseguidos? Y, ¿cómo es posible, que llame infelices a los ricos, a los que están hartos, a los que ríen, a aquellos que son admirados y adulados por los hombres? Todo esto choca mucho con lo que puede ser nuestra experiencia diaria. Pero, intentemos profundizar un poco en el texto; y con ello, es posible que entendamos un poco mejor lo que quería decir Jesús.

Por primera vez, en el evangelio de Lucas, éste nos presenta en qué consiste la predicación de Jesús. Esta es la primera enseñanza de Jesús, después de que en la Sinagoga de Nazaret presentara su programa, basándose en el profeta Isaías (Lc 4,16-30). Y este discurso que nos presenta el evangelio con el que estamos orando, resulta algo paradójico. ¿No crees? Jesús es así.

Aunque a mí, rápidamente me asalta una pregunta: ¿hay que estar en la miseria para poder salvarse? ¿Es necesario estar continuamente sufriendo para entrar en el Reino? A mi parecer, lo que Jesús está ofreciendo y nos está ofreciendo es esperanza. Esperanza a todos aquellos que no ponen su ilusión, su confianza, su seguridad en las cosas materiales, en las posesiones, en la felicidad superflua o en lo que los otros dicen acerca de ellos.

Bueno, pues vamos a ver, aunque sea brevemente, cada una de estas llamadas bienaventuranzas y de sus respectivas “maldiciones”.

Felices los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Lo primero a tener en cuenta es que esta declaración de Jesús está en presente, por lo que el pobre no es que sea feliz en una vida futura, el pobre es feliz ahora. ¿Por qué? Porque el reino es suyo, porque ya están disfrutando de él, porque ya está presente en medio de los pequeños, de los sencillos, de los necesitados. Felices a pesar de estar marginados, a pesar de ser degradados, despreciados y considerados impuros por parte de la sociedad… Felices porque no confían en sus propias riquezas, en sus propios medios, en sus propias seguridades. Y esto no es únicamente una condición social. Se puede ser pobre con una mentalidad de rico, se puede ser pobre y estar deseando el lujo, se puede ser pobre y querer oprimir al otro. Y de esa manera por muy pobre que sea uno, nunca podrá ser feliz porque el reino de Dios no está en él. Pero felices todos aquellos que quieren revertir la injusticia en la sociedad, felices los que desean e intentan llevar a cabo un cambio en las condiciones sociales, felices los que buscan una convivencia fraterna, donde los bienes se comparten, de estos es el reino de Dios.

Felices los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis hartos.

Entre los cristianos esta situación es reversible. Es muy posible que mucha gente en la actualidad pase hambre, pero eso no puede ser definitivo. El seguidor de Jesús ha de salir al frente de las necesidades de su hermano, no puede quedarse impasible, no puede mirar hacia otro lado. Al cristiano le toca anunciar y denunciar, al cristiano le toca arrimar el hombro y ayudar al necesitado; por eso esa situación no es definitiva. El cristiano ha de hacer todo lo posible para que el excluido, el rechazado, el despreciado pueda insertarse en el tejido social y cubrir sus necesidades básicas.

Felices los que ahora lloráis, porque reiréis.

Tampoco el sufrimiento, el dolor, la angustia son definitivos. Lo definitivo es la construcción del reino. Un reino que es capaz de acercarse al hermano que sufre y ofrecerle una mano amiga, un abrazo, un estar a su lado, un no estás solo, un vamos a luchar juntos, un vamos a ser compañeros de camino… No, ninguno de nosotros vamos a solucionar los problemas de la humanidad; pero, si que vamos a poner de nuestra parte, vamos a ofrecer recursos, vamos a estimular al hermano caído para que encuentre sus fortalezas, sus potencialidades, sus habilidades, sus capacidades. No vamos a dejar que se hunda en la miseria. Y entonces, podremos reír juntos.

Felices seréis si os odian los hombres, si os excluyen, os insultan y proscriben vuestro nombre como infame por causa del hijo del hombre.

Felices seréis si confiáis en Dios e intentáis experimentar las enseñanzas y la vida del Maestro. Y no tengáis ninguna duda de que esto ocurrirá, si de alguna manera pretendéis poner en práctica en vuestra vida el seguimiento de Jesús. Felices porque estáis en el buen camino, porque estáis construyendo un mundo mejor y colaborando en el establecimiento del reino de Dios, porque estáis actualizando la buena Noticia y haciéndola presente en nuestros día a día.

A continuación, Lucas nos presenta las cuatro maldiciones o amenazas. Las cuales se contraponen a las cuatro bienaventuranzas. No me extenderé mucho en ellas, pues si no está Lectio resultaría excesivamente extensa. Pero si que me gustaría destacar lo siguiente.

Infelices son aquellos que van sobrados por la vida, los que se sienten totalmente satisfechos sobre todo con lo que tienen y no con lo que son, los que no necesitan de nada ni de nadie, los que viven encerrados en su propio egoísmo y dando la espalda al sufrimiento de los demás. Infelices porque intentan contentar a dos señores a la vez, y eso es imposible. Infelices los que intentan agradar a todo el mundo, los que únicamente buscan el prestigio y los primeros puestos. Infelices porque tienen una falsa autoestima y no quieren desarrollarse y crecer como personas.

En definitiva, para alcanzar la verdadera felicidad es imprescindible experimentar la misericordia de Dios, para poder de alguna manera ofrecerla y regalarla a los demás; es imprescindible confiar y poner nuestra esperanza en un Padre que nos ama infinitamente y que acoge a todos sin diferencia; es imprescindible, dejarnos modelar por el Espíritu Santo y poner en práctica las actitudes vitales de Jesús para que nuestro mundo sea un reflejo del Reino de Dios. Un mundo en que el amor incondicional y gratuito sea una realidad.

¡Pongámonos manos a la obra!

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Dónde tienes puesta tus esperanzas, tus aspiraciones, tus sueños?

• ¿De qué tienes “hambre”? ¿Qué deseas verdaderamente en tu día a día?

• Hay más felicidad en dar que en recibir. ¿Qué piensas de esta frase? ¿Cómo se hace palpable en tu vida? ¿Cómo la experimentas en tu día a día?

• ¿Qué estás dispuesto a hacer para que la felicidad sea una realidad en nuestro mundo? ¿Para que el reino de Dios esté cada día más presente en tu vida y en la de los demás?

VIDA – ORACIÓN

• Bendito y alabado seas, Padre, por el gran amor que nos regalas y por querer siempre nuestra felicidad.

• Gracias, Jesús, por ofrecernos los medios necesarios para que la felicidad sea una realidad en nuestro mundo.

• Ayúdanos, Espíritu Santo, a poner en práctica el Evangelio, a ofrecer nuestro amor, nuestra ayuda y nuestra persona para que todos podamos alcanzar la verdadera felicidad.

“BENDITO EL HOMBRE QUE CONFÍA EN EL SEÑOR Y PONE EN ÉL SU ESPERANZA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Jeremías 17,5-8

5Esto dice el Señor: «Maldito el hombre que confía en el hombre, que en el mortal se apoya y su corazón se aparta del Señor. 6Es como un cardo en la estepa, que no siente cuando llega la dicha, porque arraiga en los lugares abrasados del desierto, en tierra salobre y despoblada.

7Bendito el hombre que confía en el Señor, y en el Señor pone su esperanza. 8Es como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor; su follaje se mantiene verde; en año de sequía no se preocupa, ni deja de producir sus frutos.»

Hoy, la liturgia nos ofrece un texto del profeta Jeremías muy relacionado con el evangelio. El profeta, después de poner de manifiesto el pecado de idolatría que el Judá está cometiendo continuamente, recoge una serie de sentencias de carácter sapiencial, cuyo tema de fondo es el de las falsas y verdaderas seguridades: ¿Dónde tenemos puesto nuestro corazón? Todo ello lo hace mediante el recurso al principio de las dos vías: el camino de la vida y la felicidad, y el camino de la muerte y la desgracia.

Jeremías nos indica dónde podemos encontrar la verdadera felicidad.

No es que el primero (hombre que confía en el hombre) esté obrando de manera malvada; el error de éste se encuentra en que confía o pone su seguridad excesivamente en sí mismo, en sus propias fuerzas, habilidades o recursos; su error está en creer que no necesita de nadie. De esta forma, se aleja de los demás, creyéndose indispensable, insustituible, vuelve la espalda a su prójimo y es incapaz de entrar en relación con él, es incapaz de ver las necesidades que pueda tener, es incapaz de salir a su encuentro. Es como el árbol que no da frutos, porque está mal plantado y enraizado.

Sin embargo, aquel que pone su confianza en Dios es consciente de sus debilidades, de su fragilidad, de su necesidad de contar con el prójimo. Ve sus capacidades como regalos de Dios, que necesita poner al servicio de los demás. Es consciente de la necesidad que tiene de los dones, cualidades y aptitudes de su prójimo. De esa manera, es capaz de salir al encuentro del otro y colaborar en la transformación del mundo, para que todos podamos vivir en paz, armonía, contribuyendo y colaborando en la construcción de un mundo mejor. Este es un árbol que, a pesar de las dificultades, produce fruto.

¿En quién o en qué tenemos puesta nuestra confianza?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Ya nos lo preguntábamos en la primera parte de nuestra Lectio, pero es importante que meditemos sobre ello: ¿En quién o en qué tienes puesta tu confianza? ¿Dónde se encuentra tu corazón?
  • ¿Te crees imprescindible en tu vida cotidiana? Es distinto ser imprescindible a ser importante. Piensa en ello.
  • ¿Crees que necesitas de los demás para tu desarrollo personal, para tu crecimiento y para construir un mundo mejor?
  • ¿Pones al servicio de los otros tus habilidades, tus conocimientos, tus cualidades? ¿Acoges el saber, la experiencia y capacidades de los otros? ¿Eres capaz de trabajar con otros por el establecimiento del Reino?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 1

1Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los injustos, ni anda por el camino de los extraviados, ni se sienta en el banco de los cínicos;

2sino que en la ley del Señor pone su amor y en ella medita noche y día.

3Es como un árbol a orillas del arroyo, que da el fruto a su tiempo, cuyas hojas no se marchitan nunca; en todo lo que hace sale bien.

4No así los injustos, no; son como paja que dispersa el viento.

5Los injustos no podrán resistir en el juicio ni los descarriados en la asamblea de los justos.

6Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el de los injustos lleva a la ruina.

«Rema mar adentro y echa tus redes» Lectio Divina del domingo V del tiempo ordinario (Ciclo C)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 5,1-11)

En aquel tiempo, mientras la gente se agolpaba en torno a él para escuchar la palabra de Dios, él estaba junto al lago de Genesaret y vio dos barcas situadas al borde del mismo.

Los pescadores habían bajado a tierra y estaban lavando las redes.

Subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la separase un poco de tierra. Se sentó en ella, y enseñaba a la gente desde allí.

Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Rema mar adentro y echad vuestras redes para pescar”. Simón le respondió: “Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada, pero ya que tú lo dices, echaremos las redes.” Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces que casi se rompían las redes. Hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieran, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.

Al ver esto Simón Pedro, cayó a los pies de Jesús, diciendo: “Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador”. Y es que tanto él como sus compañeros habían quedado pasmados ante la pesca realizada; y lo mismo Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: “No tengas miedo; desde ahora serás pescador de hombres”. Ellos llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y lo siguieron.

Nos encontramos en este relato con la llamada a Simón por parte de Jesús. Al final, se nos mencionará también a Santiago y a Juan.

Lucas es el único autor, de los llamados evangelios sinópticos, que narra el pasaje de la llamada pesca milagrosa. Este relato reemplaza el relato de la vocación de los cuatro primeros discípulos, contado por Mateos y Marcos (Mt 4,18-22; Mc 1,16-20).

Esta llamada se encuentra situada en el centro de las «acciones liberadoras de Jesús» (Lc 4,31-44; 5,1-11; 5,12-6,11), por lo que podemos considerarla como parte del cumplimiento de la profecía de Isaías, proclamada por Lucas, en conexión con el «año de gracia del Señor» (Is 61,1s; Lc 4,16-30).

Los personajes que intervienen en la escena, además de Jesús, son: la gente que está en la orilla y los pescadores, entre los que destacan: Simón, Santiago y Juan.

Vamos por partes. Al parecer, Jesús solía predicar a la orilla del lago y la gente se agolpaba para escuchar la Palabra de Dios.

Como son tantos, Jesús se sube a una barca, cátedra desde la que enseña a la multitud. Había más barcas, pero Jesús sube a la de Simón. Con ello Lucas nos quiere poner de manifiesto la relación personal que guardaba con éste. Subrayando, desde el primer momento, la misión particular que en la Iglesia será encomendada a Pedro. Esto explica, en parte, la anticipación que hizo Lucas del acontecimiento.

Jesús ordena a Pedro internarse en aguas profundas. Es interesante saber, que el verbo utilizado en griego por Lucas es epanágage, que podríamos traducir por lánzate. Por lo que podemos entender que la orden de Jesús es: lánzate a lo profundo. Y aunque el evangelio no lo dice, me gusta imaginar que a continuación le dice: «No tengas miedo por causa alguna, yo estoy contigo.» Jesús está siempre con nosotros y más en momentos de dificultad o incertidumbre.

Es curioso, pero Jesús ordena esto después de una noche infructuosa, aunque de duro trabajo. Y lo hace de día. ¿Pescar de día? Pescar de día es mucho más difícil, pues los peces pueden fácilmente burlar a los pescadores. Simón conocía bien su oficio, sabía que sería inútil, sin embargo, muestra docilidad y obediencia a la orden del Maestro: «Ya que tú lo dices, echaremos las redes». A partir de ahora lo que ocurra es cosa tuya.

Y el signo se produjo. Un signo que nos está manifestando la sobreabundancia de los dones mesiánicos que brotan de la ilimitada generosidad divina. Esta pesca abundante nos está simbolizando la tarea evangelizadora futura. La cual, ante todo, requiere la presencia de Jesús. El protagonista de la evangelización es Él. Nosotros somos únicamente instrumentos. Eso sí, que necesitamos de la colaboración de nuestros compañeros; pues la evangelización debe ser realizada no por francotiradores, sino por la comunidad. De este modo, con la presencia de Jesús y la colaboración de otros, la evangelización será eficaz: «Llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.»

Todos quedan pasmados y Simón no puede menos que caer de rodillas, en actitud de profunda adoración, experimentando la distancia abismal que existe entre la santidad de Dios y la debilidad del ser humano. Se da cuenta que Jesús es el Señor, en el que está presente Dios y se hace consciente de su propia debilidad como pobre criatura.

«No tengas miedo, desde ahora serás pescador de hombres». De este modo, Jesús está anunciando la futura misión de Simón.

Y la pesca abundante es un signo que proclama desde ahora el éxito de su futuro apostolado, gracias «a la palabra de Jesús».

«Lo dejaron todo». Es el radicalismo en el desprendimiento, exigido por la vocación apostólica y por el seguimiento a Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • Introdúcete en la escena y trata de vivirla en carne propia. Hoy Jesús te está enviando a ti a la misión. Deja que aflore lo que vas sintiendo ante las palabras que Jesús te dirige.
  • La gente se agolpaba en torno a él para escuchar la Palabra de Dios. ¿Cuál es tu actitud ante la Palabra?
  • ¿Estás dispuesto a remar mar adentro para proclamar el Reino? ¿Y a hacerlo en comunidad?
  • ¿Confías a pies juntillas en la palabra de Jesús? ¿Estás dispuesto a actuar con docilidad y obediencia, simplemente porque Él lo dice?
  • Al descubrir la santidad de Dios, ¿cuál es tu actitud?
  • ¿Estás dispuesto a dejarlo todo y seguirle?
  • Toma una palabra, una frase, un versículo… que por lo que sea a tocado tu corazón y rúmialo durante tu jornada.

VIDA – ORACIÓN

  • Pide al Espíritu Santo que te ilumine para entender la Palabra de Dios y te ayude para acogerla y ponerla en práctica.
  • Pide a Jesús por las necesidades de nuestra comunidad evangelizadora que cada semana se reúne para orar con la Palabra.
  • Somos débiles, pero con Él todo es posible. Dile que está dispuesto a dejarlo todo y seguirle.

Guarda silencio y adora la santidad de Dios.

“¿A QUIÉN ENVIARÉ?” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Isaías 6,1-2a.3-9a

1El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en su trono elevado y excelso: la orla de su vestido llenaba el templo. 2Estaban de pie serafines por encima de él, 3y se gritaban el uno al otro Santo, santo, santo, Señor todopoderoso; la tierra toda está llena de su gloria. 4Las jambas del dintel retemblaban por la voz de los que gritaban, y el templo se llenó de humo.

5Yo exclamé: ¡Ay de mí, estoy perdido, pues soy hombre de labios impuros; vivo entre un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al rey, al Señor todopoderoso.

6Entonces voló hacia mí uno de los serafines llevando un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas. 7Tocó con él mi boca y dijo: Mira, esto ha tocado tus labios: tu maldad queda borrada, tu pecado está perdonado. 8Y oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? 9Y respondí: Aquí estoy yo, mándame a mí.

«¿A quién enviaré?» «Aquí estoy yo, mándame a mí.» Es la respuesta del profeta Isaías a la llamada de Dios. Una respuesta pronta, directa, sin titubeos.

Dios le manifiesta todo su esplendor e Isaías se siente impuro, se siente indigno, débil, ante la presencia de Dios. Él no actúa directamente, sino que por medio de los serafines, el Profeta es purificado.

Esta llamada ocurre en un momento concreto de la historia del pueblo de Israel y en un lugar específico, como cualquier llamada. Como la llamada que Dios te hace cada día para compartir con Él la vida plena, su propia santidad. Y al igual que Isaías, ante la llamada de Dios, cada uno de nosotros nos sentimos indignos y débiles.

La llamada ocurre dentro del contexto de un encuentro personal con Dios. Y en ese encuentro, Dios es capaz de purificarnos, de limpiarnos, de sanarnos de todas nuestras infidelidades; no debemos dejarnos llevar por nuestras frustraciones diarias, por las dificultades que encontramos, por nuestras preocupaciones cotidianas; de todo eso Dios nos purifica para enviarnos a comunicar al mundo su misericordia y su amor.

Isaías no sabe a dónde va a enviarlo Yahveh. Isaías no sabe qué mensaje ha de transmitir. Sin embargo, se abandona en las manos de Dios y está dispuesto a todo; no pone objeción alguna a la llamada: «Aquí estoy, mándame a mí.». El Profeta tiene una confianza plena, está seguro de que Yahveh está con él, lo acompaña, lo sostiene, lo respalda. Por eso, Isaías puede anunciar la cercanía y la bondad de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Eres capaz de reconocer tus propias deficiencias, miserias, debilidades?  ¿Las pones en las manos de Dios? ¿Te dejas purificar por Él?
  • ¿Estás atento a las llamadas que Dios te hace en tu vida cotidiana?
  • ¿Eres consciente de que Dios te envía a anunciar y llevar su misericordia, su ternura y su amor a todos aquellos que te rodean?
  • ¿Confías plenamente en Dios siendo consciente de que Él te acompaña, te sostiene, te respalda en la misión de anunciar su Reino?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 40

2En el Señor he puesto toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi grito;

3me sacó de la fosa mortal, del fango cenagoso; puso mis pies sobre la roca, aseguró mis pasos;

4puso en mi boca un cantar nuevo, una alabanza para nuestro Dios. Muchos, al verlo, temerán y confiarán en el Señor.

5Dichoso el hombre que en el Señor ha puesto su esperanza y no se ha ido con los arrogantes ni con los que se pierden en engaños.

6¡Qué grandes son, Señor, Dios mío, los proyectos y los milagros que hiciste por nosotros!: eres incomparable. Yo quisiera decirlos, proclamarlos; pero son tantos, que no pueden contarse.

7Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, no pides holocaustos ni sacrificios por el pecado; en cambio, me has abierto el oído,

8por lo que entonces dije: «Aquí estoy, en el libro está escrito de mí:

9Dios mío, yo quiero hacer tu voluntad, tu ley está en el fondo de mi alma».

10Pregoné tu justicia a la gran asamblea, no he cerrado mis labios; tú lo sabes, Señor.

“Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. LECTIO DIVINA DEL DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 4,21-30)

El texto que nos ofrece hoy la liturgia es continuación del pasaje evangélico del domingo pasado. En él hemos dejado a Jesús en la Sinagoga, después de anunciar un año de gracia del Señor.

Al concluir la lectura del profeta Isaías devolvió el rollo al encargado de la sinagoga y se sentó para comentar la lectura.

Es aquí donde arranca el relato con el que hoy oramos: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». ¿De qué manera pronunciaría Jesús estas palabras? El evangelista nos dice que todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca: ¿Cómo es posible que el hijo de José hable así? ¿Cómo es posible que alguien tan humilde, que conocemos de toda la vida, al que hemos visto crecer… hable de esa forma? Sus paisanos comienzan a dudar. Ante esta situación, Jesús sale al paso, citando un refrán, posiblemente conocido por todos ellos: «Médico cúrate a ti mismo». A lo cual añade otro acerca del profetismo que no es acogido en su propia tierra. Comentando y fundamentando estos dichos con dos pasajes de los libros de los Reyes, en los que se compara a Israel con otros pueblos: la historia del profeta Elías (1Re 17-18) y la historia del profeta Eliseo (2Re 5,1-14).

La primera de estas historias se sitúa en el reinado del rey Ajab, el cual no era del agrado de Yahveh; durante su reinado hubo tres años de sequía y el pueblo de Israel sufrió hambre. Todo ello debido a la infidelidad del pueblo y al rechazo al profeta. Esa era la causa por la cual éste no es enviado a ninguna persona de Israel, sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sión.

La segunda de estas historias narra el acontecimiento de la curación de Naamán, el sirio, de su lepra, gracias a que cumplió lo que el Profeta Eliseo le ordenaba.

Jesús les estaba diciendo, en su propia cara, que allí no podrá realizar ningún milagro, debido precisamente a la dureza de sus corazones, a su falta de fe, a su predisposición a no cumplir con la voluntad de Dios, a su incapacidad voluntaria para cambiar… En lugar de abrir sus mentes y sus corazones ante ese mensaje de gracia de Jesús, lo que hacen es permanecer en sus prejuicios, convencionalismos y cerrazón. No tenían intención de cambiar, por lo cual, el rechazo a todo aquello que estaba diciendo Jesús era lógico. Para evitar el cambio, era mejor considerar a Jesús un falso profeta. No puede estar diciendo la verdad. Es mejor, incluso, matarlo. Pero la hora de Jesús aún no había llegado.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Jesús es rechazado por el mensaje que ha proclamado en el evangelio del domingo pasado. Sus paisanos, a pesar de la admiración, no son capaces de acoger y poner en práctica las palabras de Jesús. Y tú ¿estás dispuesto a acoger la palabra de Jesús y ponerla por obra?

• ¿Estás atento a todo aquello que Jesús quiere decirte y transmitirte en tu vida diaria? ¿Dedicas algún tiempo del día para escuchar su Palabra? ¿Abres tu mente y tu corazón para que Jesús pueda transformar tu vida?

• ¿Estás abierto a la novedad del Evangelio o por el contrario continúas anclado en tus propias creencias, convicciones, convencionalismos…?

• ¿Estás dispuesto a realizar cambios en tu vida, aunque estos supongan dificultades, obstáculos, inconvenientes, compromisos…?

VIDA – ORACIÓN

• Bendito y alabado seas, Padre, por habernos enviado a tu Hijo, Jesucristo, para acercarnos más a ti y ofrecernos una vida plena.

• Gracias, Jesús, por presentarnos la novedad del Evangelio que nos transforma y nos conduce a la felicidad

• Ayúdanos, Espíritu Santo, a apropiarnos de las actitudes vitales de Jesús y hacerlas nuestras, para que de esta manera nuestra vida se transforme en vida plena. 

“TE ENVÍO Y ESTARÉ CONTIGO PARA LIBRARTE” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Jeremías 1,4-5.17-19

4En tiempos de Josías, el Señor me dirigió la palabra: 5«Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí; antes que salieras del seno te consagré; como profeta de las gentes te constituí. 17Tú, cíñete la cintura, levántate para decirles todo lo que yo te ordene. No tiembles ante ellos, no sea que te haga yo temblar en su presencia. 18Yo te constituyo en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, como muro de bronce frente a todo el país: frente a los reyes de Judá, sus jefes, sus sacerdotes y el pueblo de la tierra. 19Lucharán contra ti, pero no podrán vencerte, porque yo estoy contigo para librarte, dice el Señor».

En la primera lectura que la liturgia de este domingo nos regala, nos encontramos a Dios tomando la iniciativa para llamar al profeta Jeremías a la misión de transmitir su palabra. Esto ocurre en tiempos del rey Josías. El cual emprendió una reforma religiosa en el territorio por él gobernado, que facilitó la libertad de culto para el Pueblo de Israel, que ya no estaba bajo el yugo de ningún imperio.

Según los estudiosos, Jeremías ejerció su ministerio entre los habitantes del antiguo reino de Israel, llamándolos a la conversión y transmitiéndoles la esperanza de la salvación.

El fragmento con el que hoy oramos, nos narra la vocación del profeta Jeremías. Yahveh, ya desde el seno materno (antes de formarte en el vientre de tu madre), lo eligió para ser su portavoz, su mensajero. Pero, según el texto, su ministerio tiene una dimensión universal pues Dios le constituye como profeta de las gentes, o si preferimos de todas las naciones.

No será una tarea fácil la que Dios encarga a Jeremías, no estará exenta de dificultades, de ahí que, como dice el texto, deba ceñirse la cintura, al igual que lo hacen los soldados antes de entrar en combate; Yahveh le está diciendo: ármate de valor porque la misión será difícil

Jeremías debe preparase para entrar en acción, para inmediatamente (levántate) ir a proclamar la Palabra de Dios, para transmitir un mensaje de amor, misericordia y esperanza a su pueblo.

Diles todo lo que yo te ordene. Jeremías debe estar atento a la voz de Yahveh, debe escuchar activamente lo que Él quiere transmitir al pueblo por medio de su persona. La palabra que Dios le dirija ha de comunicarla a Israel, sin dudar en ningún momento, sin dejarse paralizar por el miedo; Dios le dará su fortaleza en las persecuciones y en el rechazo que sufrirá.

Dios está con Jeremías y nadie podrá vencerle. Dios le hará fuerte y le dará valor. Dios no le librará de las dificultades, pero estará a su lado dándole fuerzas para vencer cualquier obstáculo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Al igual que a Jeremías, Dios te dirige a ti hoy su Palabra. ¿Estás atento para escucharla? ¿Dedicas momentos de tu jornada para estar en silencio y encontrarte con Dios?
  • ¿Qué misión crees que te está encomendando Dios en este momento? ¿Estás dispuesto a llevarla a cabo? ¿Estás dispuesto ser fiel a la Palabra de Dios y trasmitirla a la gente que te rodea?
  • La vida no está exenta de dificultades, pero Dios está contigo, ¿eres consciente de ello? ¿Acudes a Dios en los momentos de adversidad? ¿Acudes a Él cuando crees que estás en peligro?
  • ¿Confías en que Dios está a tu lado dándote fuerzas y valor para vencer cualquier obstáculo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 46

2Dios es nuestro refugio y fortaleza, un socorro seguro en momentos de angustia;

3por eso no tememos aunque la tierra se conmueva y los montes se desplomen en el fondo del mar,

4aunque sus aguas rujan y se encrespen sus olas, aunque ellas se alboroten y los montes retiemblen.

5Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, la más santa morada del altísimo.

6Dios está en medio de ella, no vacilará: Dios la socorrerá al despuntar la aurora.

7Bramaron las naciones, vacilaron los reinos, él levantó su voz y la tierra se deshizo.

8Con nosotros está el Señor omnipotente, el Dios de Jacob es nuestra fortaleza.

9Venid y ved las obras del Señor, sus prodigios, que llenan la tierra de estupor:

10pone fin a la guerra hasta el confín del mundo, rompe el arco, parte la lanza y quema los escudos.

11Dejad las armas, reconoced que yo soy Dios, por encima de las naciones, por encima de la tierra.

12Con nosotros está el Señor omnipotente, el Dios de Jacob es nuestra fortaleza.