Verdad, Camino y Vida: Lectura orante con la Palabra de Dios

Aunque no suelo publicar más de una entrada a la semana con la Lectio Divina del evangelio del domingo, algunas personas, me habéis pedido que escribiera alguna cosa acerca del método que se expone en este blog para realizar la Lectio Divina; y que utilizamos cada semana para orar con el evangelio del domingo. Eso me ha movido a colgar esta semana una entrada más tratando este tema.

Dicho método tiene su origen en el pensamiento y la obra del Beato Santiago Alberione, Fundador de la Familia Paulina, aunque hunde sus raíces en la tradición de la Iglesia. No voy aquí a exponer la intensa historia de la Lectio Divina, podríamos dedicar en el futuro una entrada a ello. Pero sí que me vas a permitir, querido internauta, que te explique como comenzó este método de Lectura orante con la Palabra de Dios

En la noche que dividía el siglo XIX del XX, el P. Alberione tuvo la intuición, siendo joven seminarista, de hacer algo por los hombres y mujeres del siglo XX. Se había empapado totalmente de la doctrina del Papa León XIII, que impulsaba a la lectura y al estudio de la Biblia. Conocía perfectamente la preocupación de Pío X acerca de la falta de una base firme entre los creyentes católicos, pues les faltaba el alimento primordial de la eucaristía y la Biblia. Todo esto le llevó a fundar en 1914, la Familia Paulina, que tiene en el centro de su misión la Biblia. Pero no quedó ahí la cosa, en 1924, funda la Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN), con el anhelo y el deseo de que en cada familia hubiese un texto de la Sagrada Escritura.

Aunque su amor por la Biblia no se limitó a su edición y difusión; a sus hijos e hijas nos quiso dejar un gran regalo, enraizado en una honda espiritualidad bíblica, la hora diaria de adoración ante el Santísimo Sacramento, conocida comúnmente en la Familia Paulina como la Visita Eucarística, la cual está articulada en tres partes: lectura bíblica, revisión de vida y dialogo oracional. Al fin y al cabo un método de Lectura orante de la Palabra de Dios.

Hoy desde el Centro Bíblico San Pablo, presente en varios países del mundo, queremos continuar con ese legado que nos dejo el P. Alberione de difundir la Palabra de Dios y acercarla a todas la humanidad, y para ello realizamos diversas actividades, cursos y encuentros a lo largo y ancho de la geografía española.

El método verdad, camino y vida

Después de este mini repaso histórico y de concretar de dónde proviene el método de Lectio Divina que proponemos, habitualmente, en nuestro blog, permíteme que intente explicarte en qué consiste el mismo.

Como ya sabes el método consta de tres partes, que se corresponden a su vez con las tres partes tradicionales de la Lectio Divina: lectura, meditación y oración.

Pero antes de comenzar a orar con la Palabra, me parece que, son necesarios algunos  preparativos.

Preliminares

Busca un lugar tranquilo, donde nadie te moleste. Es importante hacer silencio. También es importante el ambiente. Puedes disponer una Biblia abierta, adornada con flores, acompañada por la luz de una vela, un icono…

Es decir, preparar el lugar de tal modo que te invite y ayude a orar. Tómate tu tiempo, te aconsejo que dediques a la lectura orante una hora, pero si te resulta demasiado, puedes utilizar media hora.

Desde un punto de vista pedagógico y, sobre todo al principio, vamos a dividir cada momento de la Lectura Orante en períodos de tiempo de veinte minutos cada uno, si es que le dedicamos una hora, si no pues la mitad.

El paso de un momento a otro, sobre todo en la Lectura orante comunitaria, lo podemos señalar con un canto, una oración, una invocación…

Nos podemos ayudar de una música de fondo, una canción, una imagen… si lo vemos conveniente.

Comienza por invocar al Espíritu Santo. Que sea Él quien guíe tu itinerario. Recuerda que la Sagrada Escritura es escritura inspirada. El Espíritu Santo es quien abre nuestro oídos, nuestro entendimiento y nuestro corazón a la Palabra, que hoy se cumple ante nosotros. Él es el único que nos puede ayudar a entender mejor el texto sagrado.

a.- Invocación al Espíritu Santo.

Esto puede hacerse de diversas maneras: un canto, una oración, un momento de silencio. Lo importante es hacerse consciente de su presencia y invocarlo, para que Él te ayude a comprender el pasaje que vas a leer y sepas actualizarlo al hoy que estas viviendo, a tus necesidades concretas, a tu vivir cotidiano.

b.- Verdad. Lectura. ¿Qué dice el texto?

La pregunta que has de tener presente, en este primer momento es: ¿qué dice el texto?

Para ello es necesaria la lectura atenta, pausada, sin prisa de la Palabra. Puedes leer el texto en voz alta, de modo que participen más sentidos.

Es el momento de «masticar» lentamente la Palabra, de trillarla, de desmenuzarla.

Una vez que hemos leído el texto tal como hemos indicado anteriormente, lo primero que haremos será enmarcar el texto dentro de su contexto. Para ello, puede resultar muy útil leer la introducción al libro que contiene la lectura con la que estamos orando. La mayoría de las biblias tienen esplendidas introducciones que nos pueden ayudar en este momento. Al leer fíjate, sobre todo, en el ambiente socio cultural en el que se desarrolla: tiempo y lugar en que fue escrito el libro, a qué necesidad concreta del Pueblo de Israel o de la Iglesia hace frente.

Lee, también, las notas a pie de página, te ayudaran a entender mejor el texto, por último lee los texto paralelos. Todo ello, te dará una visión global del pasaje.

Vamos a continuar desmenuzando el texto, sin ninguna otra ayuda, mas que la de nuestra Biblia.

Yo aconsejo a partir de ahora contar con un lápiz, si es posible bicolor para ir señalando o subrayando algunas palabras o frases del pasaje. Aquello, que por lo que sea capta tu atención.

Puedes continuar intentando responder a alguna de estas preguntas:

  • ¿Es posible estructurar o dividir el texto en partes? Inténtalo.
  • Si conoces algo acerca de lo géneros literarios, ¿dentro de que género podemos enmarcarlo?¿De qué modo debemos leerlo? ¿Cómo debemos entenderlo?
  • ¿Hay palabras o expresiones que se repitan? ¿Cuáles?
  • Es posible que no haya palabras que se repitan, pero, ¿encontramos algún sinónimo?
  • Si es que aparecen, ¿qué personajes intervienen? ¿qué hacen? ¿hablan? ¿permanecen callados? ¿son destinatarios de una acción? ¿quién o quiénes son los protagonistas?
  • Intenta relacionar el pasaje con el resto del libro al que pertenece o con el resto de la Sagrada Escritura.
  • Por último, pregúntate ¿cuál es la palabra o palabras fundamentales del texto? Subráyala, acógela, tómala contigo.

c.- Camino. Meditación. ¿Qué me dice el texto?

Pasamos a la segunda parte de nuestro itinerario. Ahora, la pregunta a responder sería: ¿Qué me dice el texto?

En este momento concreto de tu vida, en las circunstancias propias que estás viviendo, en tu propio contexto particular, ¿qué quiere decirte Dios?

Ha llegado la hora de «saborear» la Palabra. Tal vez, alguna de estas preguntas te puedan ayudar en el desarrollo de esta segunda parte.

  • ¿Qué te dice el texto acerca de tu situación actual? ¿Tiene algo que ver con tu vida?
  • ¿Qué quiere decirte Dios con este pasaje?
  • ¿Qué te dice el texto acerca del comportamiento de Jesús?
  • ¿Qué tienes que cambiar en tu vida para que ésta se asemeje más a la de Jesús?
  • ¿Qué te exige, en concreto, esta Palabra? ¿Qué te pide hoy?

Y luego para que la Palabra te acompañe durante todo el día puedes utilizar la llamada «rumia». Es decir, toma esa palabra o frase fundamental del texto que tocó tu corazón, en la primera parte de nuestro itinerario, y ve repitiéndola durante tu jornada: mientras esperas el autobús, cuando vas caminando por la calle, en un atasco, al hacer la fila del pan…

d.- Vida. Oración. ¿Qué le digo a Dios a partir del texto?

Ya hemos llegado a la tercera y última parte de nuestro itinerario. De la escucha y la meditación de la Palabra es muy posible que surja de forma espontánea la oración de petición, súplica, alabanza, acción de gracias, ofrecimiento, adoración… Esa es tu respuesta a Dios desde la experiencia vivida en este momento de oración.

Pero la respuesta a Dios no puede quedarse ahí únicamente, la oración ha de llevarnos al compromiso. Por ello, es necesario que asumas una acción concreta en tu vida a favor de los hermanos y para que el Reino de Dios y su justicia sea cada vez más una realidad en nuestro mundo.

Conclusión

Pues ya hemos llegado al final de nuestro itinerario. Espero que esta entrada del blog Biblia y Comunicación te haya resultado interesante y te ayude a profundizar en tu oración con la Palabra de Dios. Si necesitas más información te invito a dirigirte a: centrobiblico@sanpablo.es Te invito también a visitar la página de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es En ella te ofrecemos un acercamiento diario a la Palabra de Dios. Y la página web de la Revista Biblia Viva en la que te ofrecemos, entre otras cosas, artículos y materiales interesantes para acercarte a la Palabra de Dios: https://www.bibliaviva.sanpablo.es/

Como siempre muchas gracias por seguir nuestro blog y por compartir con otras personas nuestras entradas. Dios te bendiga.

Perdonando desde el amor. Lectio Divina del VII Domingo del T.O. – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,38-48

Continuamos reflexionando, meditando y orando con el llamado sermón del monte, que Mateo nos ofrece en su capítulo 5. Hoy, la liturgia nos regala un estupendo fragmento, en el que se nos habla del perdón; y que, concluye con las palabras que comentábamos en nuestro anterior post: “Vosotros sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (5,48).

En este momento, sin embargo, me gustaría que para orar con nuestra lectio divina semanal nos centráramos en el tema del perdón, visto desde la perspectiva del amor.

Nadie podrá negar que perdonar es complicado, necesita de un proceso, a veces, largo y difícil.

En muchas ocasiones, ni siquiera sabemos muy bien en qué consiste: “perdono, pero no olvido”; “yo le perdono, pero ojalá…” Es más, nos puede parecer un imposible. Y hay momentos en los que podemos, incluso, llegar a pensar que Jesús nos está pidiendo realizar ese imposible: “no hagas frente a quien te agravia; a quien te pide dale; ama a tu enemigo y reza por quien te persigue”. Aunque, también es muy posible, que Jesús nos esté desafiando a cambiar el mundo. ¿Qué actitud debo tomar ante una ofensa? ¿ante un insulto? ¿ante un menosprecio? ¿Qué hacer cuando alguien me hace daño?

La ley del talión, que era la que estaba vigente para los judíos en tiempos de Jesús, era clara: Si alguien hace daño, lo pagara “vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.” (cf. Ex 21,23ss). Esta ley ya era un adelanto con respecto a otras, para evitar la venganza extrema o desorbitada.

Jesús, sin embargo, está invitando a sus discípulos a ejercer la no violencia; o si preferimos, una cierta resistencia pasiva: no hacer frente a los ataques, no devolver mal por mal. La violencia, dice el dicho, engendra violencia. Pues, precisamente, Jesús quiere que sus discípulos no reaccionemos de manera instintiva, según lo “que nos pide el cuerpo”.

Tampoco es que Jesús esté aconsejando a sus discípulos permanecer impasibles o pasivos. No, al contrario, él nos invita a pasar a la acción, nos invita a ser proactivos, pero de manera distinta: buscando el diálogo; buscando el hacer caer en la cuenta al otro de su error; haciéndole ver su responsabilidad, su incoherencia, su equivocación. De esa manera, es posible que cambie. De la otra, devolviendo mal por mal, es muy posible que entremos en el bucle de la violencia, de la venganza, de la revancha y del ajuste de cuentas.

Para esto es necesario, como veíamos en nuestro anterior post, mucho amor.

Un amor que debe alcanzar, incluso, a quienes consideramos nuestros enemigos. Nuestro prójimo es todo ser humano, sin importar raza, lengua, pueblo, nación, condición social, o actos que haya realizado. Por supuesto, como decíamos más arriba ayudándole a que sea consciente de su error; pero sin juzgarlo, sin condenarlo, sin darlo por perdido.

Devolver amor ante la injusticia, haciéndole frente, denunciándola, pero sin hostilidad, incluso rezando por aquel que nos hizo daño, es la mejor manera enfrentarnos al mal.

El ideal es que nosotros seamos como nuestro Padre celestial que hace salir el sol sobre justos e injustos (Mt 5,45), que seamos santos como nuestro Padre que es santo (cf Lev 19,2).

A nivel práctico, el no perdonar, es adoptar un papel de víctima: “pobre de mí, que fulano me ha hecho esto o aquello”, “yo no me merecía esto” “con todo lo que yo he hecho por él”. Perdonando, adoptamos una actitud proactiva. A partir de este hecho, de esta circunstancia, de la injuria recibida… ¿Qué puedo hacer yo para acercarme a esa persona? ¿Qué puedo hacer yo para que esa persona caiga en la cuenta de su error? ¿qué puedo hacer yo para cambiar la situación?

Imprescindible para todo esto saber gestionar nuestro enfado y nuestra ira y entrar en diálogo con nuestro prójimo. Y, sobre todo, no dar nunca un caso por perdido. Lo que es imposible para el hombre es posible para Dios.

Y en todo caso, si la situación, la circunstancia, el momento o la persona para nosotros está resultando “tóxica”. Es mejor una retirada a tiempo (alejarse) que una venganza desproporcionada.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • Toma el pulso a tu actitud ante una ofensa. ¿Eres de los que perdonas o eres de los que reaccionas de manera impulsiva?
  • Ante una ofensa, ¿eres capaz de entrar en diálogo con la otra persona para que sea consciente de haberte hecho daño? ¿o, por el contrario, buscas cierta “venganza”?
  • Ante una situación o un acto ofensivo, ¿adoptas el papel de víctima o intentas ser proactivo y sacar un aprendizaje de ello?

VIDA – ORACIÓN

Hoy te invito a que oremos con el Padrenuestro, haciendo especial hincapié en las palabras: perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

Pero, yo os digo… Desde el amor. Lectio Divina del VI Domingo del T.O. – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,17-37

¿Para qué vino Jesús a la tierra? ¿Para qué sale Jesús al encuentro del ser humano? Por supuesto, que vino para salvarnos. De eso no nos cabe la menor duda. Pero, yo creo que vino a algo más. Algo más que, por supuesto, está relacionado con nuestra salvación. Y la clave práctica de ese algo más, me parece que, puede dárnosla la lectura del evangelio que hoy nos regala la liturgia: “No penséis que he venido a… He venido a…”

Sin embargo, aunque no lo leemos en la lectura de hoy, lo esencial de todo este extenso discurso contenido en el sermón del monte, lo encontramos al final del mismo en Mt 5,48, según mi parecer: “Vosotros sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

Pero, ¿qué significa ser perfecto? La palabra griega utilizada por Mateo es teleios. Un término bastante raro y que aparece únicamente dos veces en los evangelios. Según podemos encontrar en el Nuevo comentario bíblico san Jerónimo, dicha palabra en el pensamiento griego significaría que la persona es conforme al ideal divino. Y, ¿cuál es el ideal divino en el que se concentran la ley y los profetas? Amar a Dios con todo el corazón con toda el alma y con toda la mente. Y al prójimo como a uno mismo (Cf Mt 22,34-40). Así es, cuando seamos capaces de amar sin condiciones, entonces alcanzaremos la perfección; entonces seremos felices, entonces habremos llegado a la plenitud.

Por eso, Jesús no vino a abolir la ley, si no a darle su verdadero sentido. El verdadero sentido de ser feliz, de ser bienaventurado, de ser dichoso.

Cuando lo que nos mueve a actuar es el amor, vamos más allá de los preceptos, de las normas, de la letra de la ley. Porque el cristiano no puede conformarse con una ley de mínimos: yo no robo, yo no mato, yo no traiciono a mi mujer o a mi marido, yo no blasfemo… Por tanto, estoy cumpliendo la ley, no tengo pecados graves; tengo mis defectillos, pero nada gordo. Jesús no está diciendo: ¡No! Esa es la ley de mínimos.

Aquel que emprende el camino del seguimiento de Jesús debe aspirar a algo más. Debe aspirar al amor incondicional, que no espera nada a cambio y que se entrega sin límites; incluso, dando la propia vida, por amor, en favor del prójimo. Y para dar la vida, como digo muchas veces, no es necesario morir físicamente. Hay muchas formas y maneras de entregar la vida. Ahora bien, dicha entrega se realiza de distinto modo desde el amor.

Contemplemos hoy este pasaje del evangelio desde el amor y encontraremos el verdadero sentido que tienen las palabras de Jesús cuando nos dice: “Pero, yo os digo…”

Emprender el camino de la felicidad, de la plenitud, de la santidad, de la perfección… significa comenzar a vivir desde una dimensión nueva, desde la profundidad del corazón, desde nuestras convicciones profundas, desde nuestra verdadera escala de valores… Toda nuestra vida se redimensiona cuando empezamos a vivirla desde el amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • ¿Qué es lo que está moviendo tu actuar en el mundo?
  • ¿Te conformas con una “ley de mínimos” o tratas de vivir la vida desde el amor?
  • ¿En qué o en quién está fundamentada tu escala de valores? ¿Cuál es tu escala de valores?
  • Desde una nueva visión y desde las convicciones profundas de tu corazón, ¿qué acciones puedes emprender para vivir tu vida desde el amor?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias y alaba a Dios Padre porque Él te amo primero.
  • Pide a Jesús que te ayude a vivir la vida desde el amor y no desde la “ley de mínimos”.
  • Ofrécete, con la fuerza del Espíritu Santo para repartir el amor de Dios a todos los que te rodean.

Eres sal de la tierra y luz del mundo – Lectio Divina del V Domingo del T.O. – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,13-16

Eres sal de la tierra, luz del mundo, ciudad en lo alto, lámpara que alumbra. ¿Quién yo? Sí, tú. Tú, yo y todo cristiano.

Jesús en el evangelio de hoy nos presenta cuatro características del verdadero discípulo, cuatro cualidades que tenemos que fomentar en cada uno de nosotros, cuatro aptitudes que debemos desarrollar.

Aquel que emprende el camino del seguimiento de Cristo ha de potenciar en si mismo y a su alrededor todas sus capacidades, habilidades, destrezas… Hoy diríamos todas sus competencias.

Y, ¿cuáles son precisamente las cualidades, características, capacidades que Jesús nos pide que desarrollemos?

  • Ser sal.
  • Ser luz.
  • Ser ciudad visible.
  • Ser lámpara que alumbra.

Quisiera que cayéramos en la cuenta de lo siguiente, a mi parecer interesante. Jesús no nos pide tener, nos pide ser. No nos ha dicho que debemos tener esto o lo otro, o hacer aquello o lo de más allá para ser discípulos suyos. Nos pide ser.

Creo que la diferencia es notable. El Maestro no nos pide que tengamos tales cualidades o aquellas otras, no nos pide que poseamos cosas, que nos aferremos a propiedades para poder desarrollarnos satisfactoriamente como discípulos. No nos pide que hagamos esto o aquello, que vayamos de un lado para otro sin ton ni son para realizar esta o aquella actividad.

Jesús nos está pidiendo que aprendamos a vivir. No desde lo que tenemos o poseemos, ni desde las muchas actividades que hacemos. Sino que aprendamos a vivir desde lo que nos identifica, desde nuestra esencia, desde la coherencia entre nuestros valores y nuestros actos, desde nuestras aspiraciones más profundas, desde nuestros propósitos. Jesús nos pide que vivíamos desde el evangelio, dejándonos transformar, modelar, dar forma por el Espíritu Santo. Y esto desde la docilidad, la apertura y el abandono. Sin resistencia. Intentando vivir y hacer nuestros los valores que nos fue mostrando Jesús en su vida terrena.

Imagen de David Mark en Pixabay

Cuando empecemos a dejarnos configurar por el Espíritu, al igual que un programador configura un ordenador, comenzaremos a ser sal que da sabor a todo lo que nos rodea y preservar de la corrupción a los que se encuentran a nuestro alrededor. Para ello, la sal se olvida de sí misma y se diluye, pero sin perder su esencia. Cuando pierde su esencia no sirve mas que para ser pisoteada.

Cuando nos dejemos modelar por el Espíritu seremos luz, tampoco la luz existe para sí misma, sino para alumbrar a todos los que se acercan a ella, para iluminar, para clarificar, para dar vida.

Seremos ciudad que se sitúa en lo alto del monte. Empezaremos a no ocultarnos, a no escondernos, a no encerrarnos, sino a ser testigos con nuestros gestos, con nuestra conducta, con nuestro comportamiento.

De esta manera, viviendo desde los valores del evangelio, estaremos encendiendo nuestra lámpara y colocándola sobre el candelero, sobre la repisa, encima y no debajo. Todo aquel que se acerque a nosotros nos verá; es más, seguramente, desde lo lejos otros se percatarán de nuestra presencia.

Y cuando los demás vean nuestras obras, cuando los demás vean nuestro testimonio, cuando los otros vean como se manifiesta la bondad, la misericordia y el amor de Dios en nuestra vida, darán gloria a Dios Padre de quien provine lo que somos, lo que tenemos, lo que hacemos, lo que poseemos y todo cuanto existe.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento concreto de tu vida, con esa palabra, con ese sentimiento que se ha despertado en ti?
  • ¿Desde dónde estás viviendo tu vida? ¿Desde el tener? ¿Desde el hacer? ¿Desde el ser?
  • ¿Cuáles son los valores que fundamenta tu vida?
  • ¿De qué manera estás dejando que el Espíritu transforme tu vida?
  • ¿Qué actitudes, disposiciones, conductas debes potenciar en tu vida para ser sal, luz, ciudad en lo alto, lámpara?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias y alaba a Dios por todas las acciones que Él, como Padre amoroso, va desarrollando en tu vida, para tu propio crecimiento y el de los que te rodean.
  • Pide a Jesús que te ayude a dejarte transformar por el Espíritu en sal, luz, ciudad, lámpara…

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Lc 2,22-40

El relato evangélico con el que hoy oramos, nos lo ofrece la liturgia también en la Fiesta de la Sagrada Familia; en él se nos narra el viaje de ésta a Jerusalén con motivo de la presentación del Niño Jesús en el Templo, fiesta que precisamente hoy celebramos, a este hecho hay que unir la purificación de la Virgen María.

Ambos acontecimientos fueron llevados a cabo por los padres de Jesús para cumplir la Ley de Moisés.

Por una parte, el libro del Levítico ordenaba que, a los cuarenta días del alumbramiento, si la criatura era niño, debía realizarse el rito de purificación de la mujer en el templo; el mismo rito debía cumplirse a los ochenta días si era niña (Lev 12,1-8). Para la realización de dicha ceremonia, los padres de la criatura debían ofrecer un cordero, aunque a las familias pobres les estaba permitido ofrecer dos tórtolas o dos pichones; uno de ellos era ofrecido como holocausto y el otro como sacrificio por el pecado.

Pero, además, el libro del Éxodo ordenaba que todo primogénito del pueblo de Israel debía ser consagrado a Dios (13,2.11-16; 34,20), aunque podía ser rescatado pagando cinco ciclos de plata (Núm 18,15; 1Sam 1,24-28).

El evangelista Lucas, con la narración de estos dos hechos quiere destacar la fidelidad de los padres de Jesús a la Ley. Dichos acontecimientos tendrán lugar en Jerusalén, en el Templo de Dios. La ciudad santa es el lugar central del plan divino de salvación, aunque haya muchos que quieran impedirlo. En Jerusalén murió Jesús, allí resucitó, de allí partió la proclamación del evangelio a todos los confines del mundo.

El relato que nos ocupa continúa con el testimonio de Simeón. A él se refiere el evangelista como un hombre justo, piadoso, que esperaba al Mesías y que el Espíritu Santo estaba con él. Justo y piadoso, en el lenguaje bíblico, significa que era una persona íntegra sobre todo en el campo religioso. La expresión «que esperaba al Mesías» significa que era un hombre de fe que esperaba la salvación prometida por Dios a Israel mediante los profetas. Y que el Espíritu Santo estaba con él quiere decir que, según la tradición bíblica, era profeta (cf. Is 11,2).

Simeón había recibido una revelación por parte de Dios en la que se le prometía que no moriría sin haber visto al Salvador; es por ello que, impulsado por el Espíritu, va al Templo, allí toma al niño en sus brazos y bendice a Dios por haberle dado este regalo. Los padres de Jesús están admirados por las palabras de Simeón. A ellos les refiere que Jesús será signo de contradicción, unos le acogerán y otros lo rechazarán; y a María una espada le atravesará el alma. María participará de la pasión, muerte y resurrección de Jesús por lo que se convertirá en corredentora de la humanidad.

Por otro lado, a continuación, nos encontramos con el testimonio de Ana; el cual sirve para completar la imagen de los profetas, hombres y mujeres que han sido enviados por Dios para ser testigos de la venida del Mesías. Ana estaba totalmente consagrada a Dios, por lo que no se apartaba en ningún momento del Templo, dedicándose al ayuno y la oración. De ella, se nos ofrecen dos notas características: estuvo casada siete años, número que indica la perfección, y al quedar viuda, hasta los ochenta y cuatro años no se apartaba del Templo, que es siete veces doce. También ella esperaba la venida del Mesías.

Después de esto, la familia de Jesús regresa a Nazaret, en la región de Galilea. Allí, «Jesús crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él» (Lc 2,40), con lo cual se iba desarrollando como ser humano; la sabiduría de la que está lleno no es la sabiduría de los hombres, sino la sabiduría de Dios, pues la gracia y el amor de Dios estaba con él.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimiento, emociones, inquietudes… despierta en ti?

• ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Cómo acoges en tu vida a aquellos que dan testimonio del evangelio?

• También tú has sido llamado/a para ser testigo de la presencia de Jesús en el mundo, ¿estás dispuesto/a a serlo, al igual que Simeón y Ana?

• ¿De qué manera estás preparando y aguardando la presencia del Salvador en tu vida?

VIDA – ORACIÓN

Iglesia santa, esposa bella, sal al encuentro del Señor, adorna y limpia tu morada y recibe a tu Salvador.

Abre tus brazos a María, Virgen Madre del Redentor, puerta del cielo siempre abierta por la que vino al mundo Dios.

¿A quién sostienes en tus manos, dinos anciano Simeón, por que te sientes tan alegre? “Porque ya he visto al Salvador.

Este niño será bandera y signo de contradicción, con su muerte, traerá la vida, por la cruz, la resurrección.

Jesús el, hijo de María, es el Hijo eterno de Dios, la luz que alimbra a las naciones los caminos de salvación.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

(Cf. Himno de Laudes, Fiesta de la Presentación del Señor).

Lectio Divina Domingo II del Teiempo Ordinario – Ciclo A (Jn 1, 29-34)

VERDAD – LECTURA

En el Evangelio de Juan historia y símbolo se mezclan. En el texto de hoy, el simbolismo consiste sobre todo en evocaciones de texto conocidos del Antiguo Testamento que revelan algo respecto de la identidad de Jesús. En estos pocos versos (Jn 1,29-34) hay las siguientes expresiones con densidad simbólica: a) Cordero de Dios; b) Quitar el pecado del mundo; c) Existía antes que yo; d) El descenso del Espíritu como paloma; e) Hijo de Dios.

Cordero de Dios. Este título evocaba la memoria del éxodo. En la noche de la primera Pascua, la sangre del Cordero Pascual, con el que se señalaban las puertas de las casas, constituía para la gente señal de liberación (Es 12,13-14). Para los primeros cristianos Jesús es el nuevo Cordero Pascual que libera a su pueblo (1Cor 5,7; 1P 1,19; Ap 5,6.9).

Quitar el pecado del mundo. Evoca la frase tan bonita de la profecía de Jeremías: “Ya no tendrán que enseñarse mutuamente diciéndose el uno al otro: Conozcan a Yavé. Pues me conocerán todos, del más grande al más humilde. Porque yo habré perdonado su culpa y no me acordaré más de su pecado” (Jer 31,34).

Existía antes que yo. Evoca varios textos de los libros sapienciales, en los que se habla de la Sabiduría de Dios que existía antes de todas las demás criaturas y que estaba junto a Dios como maestro de obras en la creación del universo y que, por fin, fue a morar en medio del pueblo de Dios (Prov 8,22-31; Ec 24,1-11).

El descenso del Espíritu como paloma. Evoca la acción creadora en la que se dice que “el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas “ (Gén 1,2). El texto de Génesis 1,2 sugiere la imagen de un pájaro que vuela sobre un nido. Imagen de la nueva creación en movimiento bajo la acción de Dios.

Hijo de Dios: es el título que resume todos los demás. El mejor comentario de este título es la explicación del mismo Jesús: “Las autoridades de los judíos respondieron: No te apedreamos por algún bien que hayas hecho, sino porque siendo hombre, insultas a Dios, haciéndote pasar por Dios.” Jesús dijo:”¿No está escrito en la Ley de ustedes: Yo lo digo: ustedes son dioses? Se llama, pues, dioses a los que reciben la palabra de Dios; y no se puede dudar de la Escritura. Entonces, si el Padre me ha consagrado y enviado al mundo, ¿no puedo decir que soy Hijo de Dios sin insultar a Dios? Si yo no cumplo las obras del Padre, no me crean. Pero si las cumplo, aunque no me crean por mí, crean por las obras que hago y sepan de una vez que el Padre está en mí y yo estoy en el Padre.” (Jn 10,33-39).

CAMINO – MEDITACIÓN

  • Jesús es el único que puede quitar el pecado del mundo, ¿soy consciente del gran regalo del sacramento de la reconciliación?
  • ¿Estoy en un proceso de continua conversión?
  • ¿De qué manera doy yo testimonio de Jesús en mi vida?
  • ¿Me siento animado en todo momento por el Espíritu Santo? ¿De qué modo?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por sentirme amado por él y por el sacramento de la reconciliación.
  • Pido perdón a Dios por las veces en que no me comporto como un verdadero hijo suyo.
  • Pido fuerzas a Dios para dar testimonio de Jesús en todas las circunstancias de mi vida.
  • Invoco al Espíritu Santo para hacerme consciente de su presencia.

Primera parte de la Lectio, Verdad – Lectura, preparada por: Carlos Mester, O.Carm. Más información en: http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-juan-129-34

Jesucristo, Rey del Universo Lectio Divina Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario – Ciclo C

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VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 23, 35-43

Todo tiene su principio y su final. Y aquí estamos, al final del año litúrgico. Así es, hoy celebramos la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Una fiesta que, en principio, puede chocarnos, pero que entendida en su contexto concreto tiene mucho sentido.

El texto que nos ofrece la liturgia, sin duda nos sorprende; para una fiesta como la de hoy esperaríamos un relato, lleno de fastuosidad, de pompa, de lujo; sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Nos encontramos con parte del relato de la pasión. El pueblo mirando indiferente; los magistrados, haciendo muecas y burlándose de Jesús; los soldados igualmente. Posiblemente, muchos de los presentes decepcionados, desesperanzados. Habían puesto sus ilusiones, sus esperanzas, sus sueños, en aquel rabino de Nazaret. Y ahora está clavado en una cruz. Esperaban un Mesías poderoso, guerrero, combativo, que les librará del yugo de los romanos.

Para los magistrados, se lo tiene merecido, ha ido en contra de la ley, no cumplía los mandamientos, ha querido poner patas arriba sus tradiciones.

Los soldados, por su parte, nada tienen que ver con aquello, un reo más. Algo habrá hecho cuando ha sido condenado. Las autoridades así lo han prescrito. Alguien que, parece ser se ha autoproclamado rey de los judíos, así consta en la sentencia.

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Incluso uno de los ajusticiados que se encuentran con él, le insulta y le increpa, de manera egoísta, para que haga un milagro y lo salve.

El otro ajusticiado, por el contrario, se da cuenta de la situación y reconoce a Jesús como un inocente. Está allí, digamos, por equivocación, no se lo merece. Es más, le reconoce como el Salvador. Y sí, hoy alcanzará la salvación.

 Pero todo no está acabado, esto es sólo el principio del fin. El sufrimiento, el dolor, la cruz no tienen la última palabra. Sí Jesús morirá en una cruz. Pero dentro de muy poco mostrará toda su gloria, su esplendor, su señorío con la resurrección.

Sí, a pesar de todos esos acontecimientos, Jesús está vivo. Jesús ha resucitado. Jesús está presente en nuestras vidas. Pero, no quiere que le reconozcamos como un rey poderoso, como un rey lleno de esplendor, como un rey opresor, que cambia las tornas para que unos se sigan beneficiando de las desgracias de otros.

El reinado de Dios es de otro estilo, el Reino del que nos habla Jesús es muy diferente a cualquier reino que podamos imaginar. Su reinado es un reinado de paz, de armonía, de amor, de servicio, de verdad, de justicia… Y eso es lo que quiere simbolizarnos el trono de la cruz.

Y ese es el reinado que nosotros hemos de vivir y trasmitir. Hemos de comenzar a vivir al estilo de Jesús, desde el servicio, desde la presencia, desde la escucha, desde la acogida, desde el amor. De esta manera nuestra vida podrá llegar a su plenitud. Viviendo de este modo podremos extender el reinado de Dios para que todos puedan gozar de la vida plena de Jesús.

La cruz no es el final. Pero la cruz nos enseña como vivir: desde la entrega, desde el compromiso, desde el desprendimiento, desde el amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismo.

Feliz día de Cristo Rey.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Qué imagen tienes de Jesús y de su reinado? ¿Tiene que ver con lo que aquí hemos reflexionado?

• ¿Cuál tu actitud ante la cruz de Jesús? ¿La de los magistrados, la del pueblo, la del ladrón que lo increpa, la del ladrón que reconoce su inocencia?

• ¿Qué reino testimonias en tu día a día?

• ¿Vives desde la cruz como final, o desde la resurrección?

• ¿Tendrías que cambiar algo en tu vida para ser un verdadero discípulo de Jesús Resucitado?

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VIDA – ORACIÓN

Para orar hoy os propongo hacerlo con una canción de Cesáreo Gabaraín: La muerte no es el final.

Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.

Persevera hasta el final Lectio Divina Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 21, 5-19

Nos encontramos junto a Jesús, unos días antes de su pasión, muerte y resurrección, en el atrio del Templo de Jerusalén. Aquel que reconstruyó Zorobabel en el 515 a. C., a su vez reconstruido y ampliado por Herodes.

Jesús se dirige a algunos que admiraban su majestuosidad y belleza, con un lenguaje un poco extraño, con un género literario llamado apocalíptico.

Este género era especialmente popular en los inicios del cristianismo. En el cual, se nos presenta el final de los tiempos de una manera particular: eventos catastróficos, acontecimientos destructivos, peligros que acechan, caos, etc.

Como cualquier otro pasaje de la Sagrada Escritura no hemos de tomarlo al pie de la letra, ni hacer una lectura fundamentalista del mismo (recuerda lo que dice acerca de esto el interesante documento de la Pontifica Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia).

Lo más importante, es descubrir el mensaje que Jesús quería transmitir a sus contemporáneos y el mensaje que nosotros debemos acoger para caminar por la vida como verdaderos discípulos suyos.

Jesús quiere llamar la atención de los que lo escuchan, acerca de la caducidad de las cosas materiales; es por esto, que no hemos de poner en ellas nuestras esperanzas, nuestros anhelos, nuestros sueños. En una época como la nuestra, más si cabe, en la que todo tiene fecha de caducidad, no podemos poner nuestra seguridad en ninguna de estas cosas.

A continuación, Jesús refiere una serie de signos que acompañarán la llegada del fin de los tiempos. Su pretensión no es la de ofrecer, como si fuera un adivino, las señales concretas e inequívocas que se harán presente dicho final; más bien, lo que Él pretende es invitarnos a la vigilancia, a la perseverancia, a estar alerta; y prepararnos para cuando lleguen los momentos difíciles, que vendrán. En esos momentos, no hemos de tener miedo. Lo más importante, es que estemos preparados siempre para dar testimonio del Reino de Dios, de la misericordia del Padre, del amor del Hijo y del consuelo del Espíritu Santo.

Y, la gran pregunta, que se hicieron los contemporáneos de Jesús y que seguramente nos hacemos muchos de nosotros. ¿Cuándo va a ser eso? La verdad, es que no debería importarnos. Lo más importante, no es el cuándo, sino el cómo. ¿Cómo afrontamos nosotros esa situación? Ante todo, viviendo el presente, viviendo el hoy, nuestro día a día; y ahí perseverar, permanecer fieles y mantenernos firmes en nuestra escala de valores, que no es otra que la del evangelio; lo cual, nos hará inmensamente felices, porque seremos coherentes con lo que pensamos y vivimos. Y, además, nos conducirá a la salvación.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Cuál es tu actitud ante las cosas materiales? ¿Dónde tienes puesto el corazón? ¿Por qué cosas te dejas llevar?

• ¿Qué puesto ocupa Jesús y los valores del evangelio en tu vida? ¿Cómo se transparente eso en tu día a día?

• ¿Cómo afrontas los momentos de dificultad que la vida te depara?

• ¿Cómo acoges la invitación de Jesús a la perseverancia, a la vigilancia, a ser fiel al evangelio?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendice y alaba al Padre por su infinita misericordia y por la inmensa bondad de todas sus acciones.
  • Da gracias a Jesús por mostrarte el camino de la verdadera felicidad.
  • Pide al Espíritu Santo la fuerza, la perseverancia y la atención necesarias para afrontar las situaciones de dificultad desde las actitudes propias de un discípulo de Jesús.

¿Quieres encontrarte con Jesús? Lectio Divina Domingo XXX del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 19, 1-10

Nos adentramos hoy en el capítulo 19 del evangelio de Lucas. Anteriormente, este autor nos ha ido exponiendo las actitudes básicas que debería tener alguien que quiere seguir a Jesús. Dichas actitudes: humildad, pequeñez, asombro, gratuidad, agradecimiento, etc., las recoge ahora Zaqueo, para poder encontrarse con Jesús de Nazaret a pesar de ser un pecador público. (Él es publicano, recordemos lo que es un publicano, para ellos podemos recurrir a la Lectio Divina del domingo anterior).

La intención, el objetivo, la finalidad de Zaqueo no es otra que la de encontrarse con Jesús: quiere verlo, quiere saber quién es, quiere conocerlo.

A pesar de tener una posición de prestigio, a pesar de poseer innumerables bienes, a pesar de tener su vida resuelta, hay algo que le inquieta, algo le remueve por dentro: Zaqueo no es plenamente feliz.

Para alcanzar esa plenitud, es capaz de hacer cualquier cosa. No le importa el qué dirán, no le importa superar obstáculos, no le importa hacer frente a dificultades: quiere ver al Maestro.

Para ello, pone en marcha todos los medios a su alcance. Era pequeño de estatura. El gentío no le deja ver a Jesús. ¡Qué más da! Corre, se sube a un árbol, y allí es donde le sorprende Jesús.

Zaqueo ha hecho un gran esfuerzo por conseguir su objetivo, no se ha amedrentado. Y esa valentía por su parte, se ve recompensada: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me hospede en tu casa». Rápidamente bajó del árbol y recibió a Jesús en su casa muy contento.

¿Qué diálogo mantuvo Jesús con Zaqueo? No lo sabemos. Pero la palabra de Jesús le tocó el corazón, le impulsó al cambio, le llevó a la conversión, no ocurrió así con los que murmuraban. No importa lo que Zaqueo hubiera hecho hasta ahora. Acogió la palabra de Jesús y comenzó para él una vida nueva. Era el momento de poner en práctica las palabras escuchadas al Maestro. Ya no le importan los bienes, ni la riqueza, ni la abundancia material; ha encontrado la plenitud. Por eso, se convierte en una persona generosa, desprendida, agradecida. Repartirá sus bienes con quienes más lo necesitan y al que haya defraudado le restituirá cuatro veces más.

Zaqueo ha encontrado la salvación. El encuentro con Jesús le colmará de felicidad, llenará su vida para siempre, pero antes ha tenido que desprenderse de la carga que llevaba.

Jesús nos busca, Jesús te busca, busca a todos y cada uno de nosotros; nos está esperando en el camino. Pero, no podemos quedarnos inmóviles, estáticos, paralizados; hemos de salir al encuentro de Jesús, y para ello es posible que debamos desprendernos de alguna carga; hemos de vencer los obstáculos que aparezcan en nuestro recorrido; hemos de apropiarnos de las actitudes que harán que nuestro encuentro con el Maestro sea más satisfactorio. Y, sobre todo, hemos de mantener nuestro foco fijo en el objetivo que nos hemos marcado: encontrarnos con Jesús, para que él colme nuestra vida con la felicidad plena.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Tienes un deseo fuerte de encontrarte con Jesús? ¿Cultivas las actitudes necesarias para ello?

• ¿Qué estás dispuesto a hacer para salir a encontrarte con Jesús?

• ¿Estás dispuesto a “poner toda la carne en el asador” para que ese encuentro sea fructífero?

• ¿Estás dispuesto a convertirte, y a dejarte modelar por el Espíritu Santo, para alcanzar la felicidad plena? ¿Qué acciones estás dipuesto a emprender?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas Padre por visitar cada día mi casa.
  • Gracias, Jesús, por salir a mi encuentro en el camino de la vida.
  • Dame fuerzas Espíritu Santo para ponerme en camino, sin importarme los obstáculos.

“¿Quién bajó a su casa perdonado?” Lectio Divina Domingo XXX del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 18,1-8

Nada más comenzar a leer el evangelio de este domingo para preparar esta Lectio, me asaltaba una pregunta, que podríamos recuperar después para nuestra meditación: ¿Me considero yo tan justo como para ser capaz de despreciar a los demás? Porque, si así es, esta parábola está totalmente dedicada a mí. Aunque sin ser tan drásticos, creo que todos podemos sacar algún tipo de aprendizaje de la misma.

Nos encontramos en la parábola con dos personajes. Pero, ¿quiénes son en realidad? Porque es muy posible que, en nuestro contexto actual, decir que un publicano y un fariseo suben al templo a orar, no nos sorprenda, es muy posible, incluso que no nos diga nada o no nos afecte significativamente. Por ello, creo necesario que describamos un poco a los dos personajes para una comprensión mayor del texto.

Primer personaje: el fariseo.

¿Quiénes eran los fariseos en tiempos de Jesús? Los fariseos eran un grupo o movimiento dentro de la religión judía que, en tiempos de Jesús, se caracterizaba por ser bastante piadosos y escrupulosos observantes de las normas de pureza ritual incluso fuera del templo; con lo cual, de alguna manera, todas las actividades de la vida cotidiana quedaban sacralizadas.

Segundo personaje: el publicano.

El publicano era la persona encargada de recaudar los impuestos para el Imperio Romano. Era considerado, impuro desde el punto de vista religioso, por ejercer una profesión con la cual colaboraban con los romanos, y de alguna manera los reconocían como una autoridad, la cual, en ningún momento, según el pensamiento judío, había sido otorgada por Yahveh. Y desde el punto de vista social, eran considerados traidores y explotadores hacia sus propios conciudadanos, a los que en más de una ocasión explotaba con más impuestos de la cuenta, pues de ese plus es de donde conseguían sus beneficios.

Después de habernos acercado a estos dos personajes, creo que es más fácil entender la parábola. Veamos ahora la manera de orar que tienen cada uno de ellos.

El fariseo ora de pie, erguido, dando gracias a Dios por no ser como las demás personas; que, según él, son ladrones, injustos, adúlteros… Ni tampoco es como el publicano, que está detrás de él, persona impura y traidora. Continúa dando gracias por las cosas que hace en su vida para agradar a Dios: ayunar y pagar el diezmo.

El publicano, sin embargo, se queda al final del templo. No se atreve siquiera a alzar la mirada, se golpea el pecho en señal de dolor, de arrepentimiento, de aflicción, de abatimiento; no logra decir mas que: «¡Oh Dios! Ten misericordia de este pecador.»

En este punto de la parábola, posiblemente la gran mayoría de nosotros, y también de los contemporáneos de Jesús, pensásemos que quien bajó justificado a su casa fue el fariseo. Sin embargo, no fue así, Jesús nos dice que quien bajó a su casa justificado, disculpado, excusado, en definitiva, perdonado fue el publicano.

Y a renglón seguido, Jesús da la razón de ello. El fariseo no baja personado a su casa por comportarse de manera prepotente, despótica, despreciativa con los otros, creyéndose mejor que nadie. Y además pretendiendo que Dios, lo premie, de alguna manera por los sacrificios, esfuerzos y privaciones que hace por Él. Y es que ante Dios nada de eso tiene importancia, nada de eso vale, si no se hace de manera gratuita, generosa, desprendida. El publicano, por su parte, lo único que sabe hacer y pedir es misericordia, compasión, perdón. No se siente digno de la bondad de Dios. Es consciente de sus muchas miserias, debilidades, flaquezas. Cayendo en la cuenta de que todo lo que recibe de Dios es desde la gratuidad de este y desde el amor que le tiene a la humanidad.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Recuperemos la pregunta con la que iniciábamos esta Lectio: ¿Te consideras tan justo, hasta el punto de despreciar a los demás?
  • Tomando el pulso a mi vida de oración, primeramente: ¿Dedico tiempo suficiente a la oración? ¿La hago de manera consciente, pausada, sin prisa, sabiendo que me encuentro en la presencia de Dios?
  • ¿Cómo es el estilo de mi oración? ¿Por qué cosas le doy gracias, lo alabo?
  • ¿Se incluye entre mis “modos” de oración el ser consciente de mis debilidades, flaquezas, falta de caridad hacia el otro? ¿Me arrepiento? ¿Pido perdón por ello?
  • ¿Soy consciente de la bondad de Dios y le doy gracias por ello?

VIDA – ORACIÓN

Hoy en este momento de oración te propongo que te hagas consciente de la “calidad” de la misma. Pidas perdón a Dios por las veces que no eres fiel a su mandato de amor y des gracias por todos los “regalos” que te hace cada día.