LECTIO DIVINA DOMINGO DE PENTECOSTÉS (Jn 20,19-23) – Ciclo B

¡Ven-Espíritu-Santo-a-nuestro-corazón-21

VERDAD – LECTURA

19 En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se pu

so en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”.

20 Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

21 Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”.

22 Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíri

tu Santo.

23 A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.

 

Celebramos hoy, la solemnidad de Pentecostés.

¿Pentecostés? Así es. Pentecostés significa quincuagésimo o cincuentena. Para los cristianos es el día en el que se celebra la donación del E

spíritu Santo a la Iglesia, cincuenta días después de la Pascua.

Sin embargo, el origen de esta fiesta hemos de buscarla en la espiritualidad judía. Cincuenta días después de la Pascua, la pesaj, fiesta en la que se celebraba la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto; cincuenta después de la pascua, como decía, el pueblo judío celebraba la fiesta de Pentecostés (shavuot), en ella se hacía memoria del momento de la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés en el Sinaí. Pero es, además, un día de acción de gracias por los primeros frutos de la tierra cosechados. En es día, Jerusalén se llenaba de peregrinos llegados de diferentes lugares.

En este día los cristianos, como indicábamos más arriba, celebramos la venida, la donación, el regalo del Espíritu Santo a la Iglesia. Y precisamente, la narración de este hecho es el que nos ofrece hoy la liturgia, tanto en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2,1-11), como en el Evangelio (Jn 20,19-23). Vamos a centrarnos precisamente en este último.

Los textos que anteceden a este fragmento del evangelio de

Juan son la narración del sepulcro vacío (Jn 20,1-10) y la manifestación a María Magdalena (20,11-18). Posteriormente, se nos relata la reacción de Tomás (20, 24-29 y la manifestación de Jesús en el lago Tiberiades (Jn 21).

Nos encontramos al atardecer del primer día de la semana,. El domingo, el día más importante para los discípulos puesto que es el día en el que tuvo lugar la resurrección, es el día de la nueva creación. Todos los acontecimientos narrados en el capítulo 20 del evangelio de Juan ocurren el domingo. Para Juan el hecho de la venida del Espíritu Santo no tiene lugar cincuenta días después de la Pascua, sino el mismo día de la resurrección; está interesado en mostrarnos la estrecha vinculación existente entre la resurrección de Jesús y la dona

ción del Espíritu Santo.

Al atardecer de aquel domingo, los discípulos se encuentran encerrados con las puertas bien cerradas porque tiene miedo a los judíos; tiene miedo de aquellos que han matado al Maestro. A pesar de que, Pedro y el otro discípulo han visto la tumba vacía; a pesar de que, María Magdalena ha experimentado que Jesús vive y se lo ha comunicado a los discípulos, todavía están atemorizados.

Jesús ahora se hace presente en medio de la comunidad de los discípulos reunidos. Jesús está en el centro de la misma. ¡Jesús está vivo! ¡Jesús está en medio de nosotros! Por dos veces les dice: ¡La paz esté con vosotros! (Shalom). La tercera vez que les de la paz, signo de plenitud, será

cuando Tomás se encuentre también con ellos.

Les muestra lasJesus apostoles señales de la pasión, les enseña las manos y el costado.

Puesto que, la resurrección no ha borrado esas señales. La pasión, muerte y resurrección siempre van unidas. No podemos quedarnos anclados únicamente en la pasión y muerte de Jesús: ¡Él está vivo en medio de nosotros! Les muestras las manos que representan la fuerza de Jesús, manos libres que son signos de su victoria; el costado que es signo de su amor sin límites (Mateos – Barreto).

Al verlo, los discípulos se llenan de alegría. Y les envía a la misión. Volviéndoles a desear la paz. En hebrero Shalom cuyo significado no es únicamente ausencia de guerra. Shalom es armonía, es caridad, es misericordia, es igualdad, que es felicidad, es unidad.

Pero, para poder llevar a cabo la misión les comunica el Espíritu Santo, nos comunica, también, a todos nosotros el Espíritu Santo. Úni

camente con Él y junto a Él, con su fuerza podemos emprender la misión y llevarla a término.

Pero, ¿a qué envía Jesús a sus discípulos? ¿Cuál es su misión principal? La misión que encomienda Jesús a todos sus discípulos, de todos los tiempos, es la de reconciliar al mundo con Dios, llevar a todas las criaturas la misericordia de Dios, perdonar a todos aquellos que queramos acercarnos a Dios, a pesar de nuestras debilidades, de nuestras fragilidades, de nuestras flaquezas, de nuestro pecado. Porque, “habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15,7). Aunque habrá quienes acojan esa reconciliación y quienes la rech

acen. Pero los discípulos nunca se deben de cansar de ofrecer el perdón y la reconciliación con Dios.

Jesús está vivo, Jesús nos envía, Jesús nos envía el Espíritu Santo para que sea nuestra fortaleza, nuestro acompañante en el camino, nuestro consuelo, nuestra energía, nuestra vitalidad. Abrámonos a su presencia y dejémonos conformar y configurar por Él.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

  • Al igual que los discípulos, es posible, que también tú permanezcas encerrado por miedo. ¿Cuáles son esos miedos? ¿Qué perturba tu vida? ¿Pones esos miedos en las manos de Jesús? ¿Te dejas invadir por el Espíritu? ¿Lo acoges en tu vida?

  • ¿Intento vivir mi vida cotidiana llevando la paz de Jesús a los demás?

  • ¿Reconoces la presencia de Jesús y del E

    spíritu en tu vida?

  • ¿Te dejas iluminar, guiar, acompañar por el Espíritu para ser capaz de interpretar los acontecimientos de la historia desde una perspectiva cristiana?

  • ¿Estas atento/a a las diversas manifestaciones del Espíritu Santo en los acontecimientos que se producen a tu alrededor?

  • ¿Manifiestas y muestras a los demás el amor incondicional y gratuito del Padre? ¿De qué forma? ¿Infundes y ofreces paz y perdón?

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VIDA – ORACIÓN

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndidos. Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas, y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre si tu le faltas por dentro;

mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,

doma al Espíritu indómito, guía el que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

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“Este es mi Hijo amado, escuchadlo” Lectio Divina II Domingo de Cuaresma – Ciclo B (Mc 9,2-10)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 9, 2-10)

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

En este segundo domingo de Cuaresma, la liturgia nos invita a contemplar la experiencia que tienen algunos de los discípulos de Jesús, concretamente Pedro, Santiago y Juan, en el acontecimiento de la Transfiguración. Vamos a intentar comprender mejor este hecho.

«Seis días después». Esta expresión, sin duda, hay que entenderla en sentido cronológico, pero desde la perspectiva de la Pascua. Marcos relee este suceso a la luz de la resurrección. Seis después de la entrada triunfal en Jerusalén, consumada la pasión y muerte de Jesús, tiene lugar la resurrección. Desde aquí hemos de leer este relato, pues no deja de ser un anticipo de la consumación de la gloria de Jesús. En aquel momento, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Hemos de tener en cuenta que estos discípulos son, de alguna manera, los que abiertamente no han comprendido el significado de la pasión y muerte de Jesús. En el capítulo anterior, hemos podido comprobar cómo Pedro se ha enfrentado con Jesús, queriéndole disuadir del cumplimiento de su misión (8,33); en el capítulo posterior, veremos cómo Santiago y Juan pedirán a Jesús el puesto a su derecha y el puesto a su izquierda, es decir, los lugares de máximo honor y poder (10,35-40). Tampoco ellos comprenden verdaderamente el significado de la pasión y muerte de Jesús.

Los lleva a un monte alto. El monte es el lugar de encuentro con la divinidad, recordemos el encuentro de Moisés con Yahveh (Éx 24,15-16) o el de Elías en la misma montaña (1Re 19,8-9). En la montaña Dios entra en relación con el hombre. En aquel monte alto, Jesús se transfigura delante de ellos. El evangelista nos está mostrando el aspecto glorioso que adquiere la persona de Jesús, el cual les acaba de presentar el hecho ineludible de la cruz. Sus vestiduras se volvieron de un blanco resplandeciente. Tan blanco que ningún tintorero del mundo sería capaz de blanquear, con lo cual Marcos nos está indicando un resplandor indescriptible, un color que apunta hacia las realidades celestiales, hacia la luz de Dios.

Se aparecen Elías y Moisés y comienzan a hablar con Jesús, los dos entran en diálogo con él, el cual hace las veces de Yahveh; el primero representa a la profecía, es quien debía de aparecer en el tiempo escatológico para anunciar la llegada inminente del Mesías; el segundo representa a la Ley, es a quien Yahveh le entregó las Tablas de la Ley. Los Profetas y la Ley dan testimonio de Jesús. Ambos encuentran su cumplimiento y su plenitud en Cristo.

Los discípulos presentes en el lugar no saben cómo reaccionar, estaban atemorizados, de alguna forma lo antiguo está dando testimonio de lo nuevo y ceden, de alguna manera, su «puesto» a Jesús; aunque, eso sí, allí se debía estar bien, de tal manera que Pedro quiere parar el tiempo, quiere permanecer en un lugar que no le traiga problemas, no quiere que aquel instante de gloria concluya.

De repente, se ven envueltos en una nube (Éx 24,16). Se hace presente la persona del Espíritu Santo y se oye la voz del Padre: «Este es mi Hijo amado». El Padre se complace en Jesús, el Padre afirma la filiación de Jesús, lo presenta como su Hijo único. El término «amado» acentúa más si cabe la relación afectuosa, amorosa, filial de Jesús con el Padre.

Por último, la voz del Padre les impone escuchar a Jesús; el cual es el único interprete del Padre, el único que nos puede presentar el verdadero rostro de Padre, nuestro único Maestro. Jesús es la voz del Padre.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Cómo vives tu séptimo día, momento de la manifestación de la gloria de Jesús, sobre todo en este tiempo de Cuaresma, que es preparación para el gran acontecimiento pascual?

• Imagínate, que Jesús te toma consigo, te lleva a un monte alto y te muestra de alguna manera su gloria… ¿Qué sientes en este momento? ¿Cuál es tu diálogo con Jesús? ¿Qué conclusión sacas de ello?

• ¿Qué significado puede tener para ti la presencia de Elías y Moisés? ¿Cuáles son tus profetas y tus leyes, que debe acercarte a Jesús para que Él les de su pleno cumplimiento, les de su plenitud? ¿Qué debes ir cambiando en tu vida en este tiempo de Cuaresma?

• ¿Cómo reaccionas ante el imperativo del Padre de escuchar a Jesús? ¿Verdaderamente, te acercas a la Palabra con actitud de escucha?

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VIDA – ORACIÓN

• Adora al Padre y glorifícalo por el misterio de la Santísima Trinidad y por hacerte experimentar su grandeza y plenitud y a la vez su cercanía.

• Da gracias a Jesús por hacerse presente en tu vida y mostrarse como la presencia amorosa del Padre.

• Pide la luz y la sabiduría del Espíritu Santo para poder escuchar la Palabra de Jesús, comprenderla y llevarla a la práctica en tu vida cotidiana.

• Tómate como compromiso de esta Cuaresma esforzarte por acercarte a la Palabra con actitud de escucha y acogida.

“Amarás a tu prójimo…” Lectio divina del Domingo XXX del Tiempo Ordinario (Mt 22,34-40)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo cuando los fariseos oyeron que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron, y uno de ellos, doctor en la ley, le preguntó para tentarlo: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el principal y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se resume toda la ley y los profetas».

 

Volvemos a encontrarnos con un nuevo debate entre Jesús y los fariseos. Después de la polémica tenida con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos. Los fariseos, de nuevo, se reúnen para deliberar y deciden ponerle una trampa a Jesús. En esta ocasión, por medio de uno de ellos, experto en la Ley, el cual le interpela acerca de cuál es el primer mandamiento de la Ley; un tema frecuentemente discutido entre los entendido en ella, los cuales intentaban averiguar si existía algún mandamiento que englobase a los demás, es decir, que observándolo se observara toda la Ley. Respuesta harto complicada, si tenemos en cuenta que, los escribas habían contabilizado 613 normas que debían cumplirse para ser un buen judío: 248 normas positivas, es decir, qué cosas se debían hacer, y 365 negativas, cosas que no se podían hacer. Ante tanta regla, era comprensible que se preocuparán por determinar cuáles tenían más importancia y cuáles menos.

Jesús ante dicha pregunta responde claramente con una cita totalmente conocida por cualquier judío piadoso, se trata del Shemá, que se recitaba por la mañana y por la tarde: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Dt 6,5).

Pero, ¿qué significa amar a Dios? No es un simple sentimiento, no es una simple emoción, no es un simple quedar extasiado o embobado con Dios. Es un acto, es acción, es movimiento… Las tres facultades del hombre, «corazón, alma y mente», es decir su capacidad afectiva, su capacidad de relación con Dios y su capacidad intelectual deben ponerse en juego. En otras palabras, la persona entera es la que debe amar a Dios. Amar a Dios, significa dedicar toda nuestra vida a Él. Toda la Ley puede resumirse en este mandamiento.

Ahora bien, aunque no ha sido preguntado, Jesús da un paso más y les dice: «Y el jesus-1429689_640segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo». También aquí encontramos una cita de la Ley, concretamente Lev 19,18. Cita contenida dentro de una serie de preceptos que regula la relación con los demás. Pero, ¿quién es, en realidad, mi prójimo? Para los judíos, mi prójimo es únicamente el israelita. Aunque en otros ambientes, como el del judaísmo de origen griego, se da a este término un sentido más universal, será Jesús de Nazaret quien verdaderamente defenderá y fundamentará el ser cristiano en esto; ama a tu prójimo como te amas a ti mismo. Primero has de amarte a ti, y después derramar ese amor hacia tu prójimo. Hemos de lograr compaginar armoniosamente nuestros propios derechos con los derechos de los demás, aunque ese otro no nos caiga bien, o nos esté fastidiando. Esto sería yendo a la letra del mandamiento, si vamos al espíritu nos damos cuenta que amar al prójimo para el discípulo de Jesús significa incluso renunciar a mis derechos en favor del otro, aunque este sea mi «enemigo»; aunque el cristiano debería desechar esta palabra de su vocabularios, pues para nosotros todos los hombres son nuestros hermanos, también el que me hostiga, me mira mal o incluso me hace daño.

Nadie ha dicho que ser cristiano fuera fácil, lo más fácil es cumplir una serie de normas que regulen nuestra convivencia en la que se respeten los derechos de unos y de otros. Pero ser cristiano es algo más, es llegar a renunciar a la propia vida, incluso a favor de quien me incomoda o me hace daño. Eso solo sabe hacerlo, plenamente, un discípulo de Jesús de Nazaret. Aunque en este punto, la mayoría de las veces, también nosotros fallemos.

La combinación de estos dos mandamientos no se encuentra en ninguna otra fuente de la antigüedad que no sea el Nuevo Testamento, por eso podemos concluir que esta enseñanza propia de Jesús de Nazaret, de Jesucristo, de la segunda Persona de la Santísima Trinidad, por tanto de Dios, que nos ha dejado a los cristianos como legado, para que lo acojamos, lo realicemos y mostremos con ella en qué consiste el Reino de Dios.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Respondo sinceramente, y sabiendo que estoy en la presencia de Dios, ¿cuál es para mí el mandamiento principal de la Ley? ¿Es verdaderamente el amor de Dios y a los hermanos?
  • ¿A quién o quienes, de verdad, considero mi prójimo?
  • ¿Cómo acojo en mi vida el mandamiento del amor? ¿Amo sinceramente a quien incluso me fastidia, me molesta, me hace daño?

 

VIDA – ORACIÓN

Señor, hazme un reflejo de tu bondad. Que en cada prójimo vea a un hermano.

Que su dolor sea el mío. Dame el don para suavizar sus penas y compartir su espíritu.

Que yo pueda infundirle valor y esperanza, llevándole un mensaje de amor y confianza en Ti.

Haz que todas mis tareas las emprenda con decisión, abnegación y perseverancia.

Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

 

“Tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único” Lectio Divina Domingo de la Santísima Trinidad (Jn 3,16-18)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: 16«tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17Pues Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el hijo único de Dios. 

 

El texto que nos ofrece hoy la liturgia, hemos de enmarcarlo dentro de un contexto algo más amplio como es el llamado diálogo de Jesús con Nicodemo. Por lo que creo que puede ser interesante que presentemos, aunque sea de una manera somera a dicho personaje y el diálogo al que hemos aludido.

Nicodemo, según nos cuenta el evangelista Juan era un fariseo (Jn 3,1). Los fariseos eran un movimiento o corriente dentro de la religión judía que se caracterizaba por una práctica escrupulosa de la Ley y por defender y adherirse a las tradiciones orales vivas del judaísmo. Jesús se enfrentó en diversas ocasiones con ellos porque escudándose en lo legal aniquilaban, precisamente, la Ley de Dios con sus tradiciones de origen humano; no podían mezclarse con los pecadores o las personas consideradas impuras; todo ello los hacía caer en muchas ocasiones en hipocresía. Pues bien, Nicodemo era un hombre importante perteneciente a esta corriente del judaísmo.

Nicodemo va a ver a Jesús, posiblemente siente curiosidad por la nueva doctrina que el joven Maestro de Nazaret está predicando. De hecho, lo llama así: Maestro. Va a verlo de noche, quizás por miedo a que lo puedan vincular con Jesús. Aunque desde el punto de vista teológico podemos interpretarlo, como que no se encuentra en la Luz de Jesús. Reconoce a Jesús como enviado por Dios, porque nadie puede hacer los signos que hace Jesús, si Dios no está con él (Cf. Jn 3,3).Santísima-Trinidad-2

Para que puedan entender todo el diálogo que va a tener con él, Jesús le pide que debe nacer de nuevo. Esto nos sirve a nosotros también de clave para poder profundizar y entender mejor el texto que hoy nos ocupa. Nacer de nuevo requiere una conversión radical, requiere que nos acerquemos a ver el Reino desde una perspectiva nueva, sin prejuicios, sin nuestra propia escala de valores, sin nuestros propios convencionalismos, sin nuestros conceptos previamente aprendidos… Hemos de acercarnos al Reino como niños pequeños, abiertos a su novedad y dispuestos a acoger el anuncio de Jesús como un nuevo descubrimiento que nos abre la puerta hacia la vida eterna. Hemos de acoger y vivir el seguimiento de Jesús con una apertura total. Pero, teniendo en cuenta que ese nuevo nacimiento ha de ser engendrado en el agua y el Espíritu. El agua y el Espíritu son símbolos que con toda probabilidad Nicodemo conocía; el agua puede hacer alusión a las purificaciones que realizaban los judíos y el Espíritu a la nueva creación. Juntos nos pueden estar diciendo que partiendo de nuestras propias tradiciones, hemos de abrirnos a la novedad del evangelio, que representa la nueva creación. Entrar en comunión con Jesús va a suponer un nuevo nacimiento.

Creo que era necesaria esta introducción para comprender de una manera adecuada el texto que hoy la liturgia nos propone. Desde esta nueva perspectiva, podemos entender mejor el significado de las palabras de Jesús: “tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Jesús ha sido enviado y entregado por el Padre para que todo aquel que se una a su persona pueda alcanzar la vida plena. Una vida en la que reinará el amor de Dios, en la que reinará ese Dios que ama con locura al ser humano, que únicamente quiere su bien y su salvación; un amor que vence incluso a la muerte.

Dios no ha enviado a su Hijo para condenar al mundo, sino para que se salve, gracias a la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

En el texto no encontramos una alusión clara al Espíritu Santo; sí aparecen las otras dos Personas de la Santísima Trinidad: el Padre y el Hijo. Sin embargo, quien puede motivar y originar en nosotros la adhesión o unión con Jesús, si no el Espíritu, quien puede hacer nacer en nosotros la fe y mantenerla, si no el Espíritu. Quien puede hacer posible que nazcamos de nuevo y configurarnos con Jesús, si no el Espíritu. Es el Espíritu Santo quien nos modela según la forma de Jesús, y en el origen de todo esto está el Padre.Icono Trinidad 1

Estas tres Personas son un único Dios, son Trinidad. Y esta Trinidad tiene una característica que la constituye esencialmente, sustancialmente: el amor. Y eso es lo que vino a ofrecer Jesús al mundo enviado por el Padre; ahora bien, el hombre es libre de rechazar o acoger esa misericordia de Dios, esa ternura, esa bondad y ese amor de Dios. Por eso Dios no ha enviado a su Hijo para nuestra condena, sino para nuestra salvación. Ahora bien, en nuestras manos está acoger, creer y vivir la novedad de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo es tu vivencia de la Trinidad, aunque no llegues a comprender este misterio?
  • ¿Estás dispuesto/a a dejar actuar al Espíritu Santo en ti para poder llegar a «nacer de nuevo»?
  • ¿Acoges con todo tu ser el amor que Dios te ofrece y te regala incondicionalmente?
  • ¿Qué acciones podría yo emprender para mostrar el amor de Dios en mi propio ambiente?

 VIDA – ORACIÓN

Divina Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
presente y operante en la Iglesia y en lo más profundo de mi ser;
yo te adoro, te doy gracias y te amo.

Por medio de María, Reina de los Apóstoles,
me ofrezco entrego y consagro totalmente a ti
por toda la vida y para la eternidad.

A ti Padre del cielo, me ofrezco, entrego y consagro como hijo.
A ti, Jesús Maestro, me ofrezco, entrego y consagro como hermano y discípulo.
A ti Espíritu Santo, me ofrezco entrego y consagro como “templo vivo”,
para ser consagrado y santificado.

María, madre de la Iglesia y madre mía,
tú que vives en intimidad con la Trinidad Santísima,
enséñame a vivir, por medio de la liturgia y los sacramentos,
en comunión cada vez más profunda con las tres divinas Personas,
para que toda mi vida sea un “Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”. Amén.
(Beato Santiago Alberione).

 

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Muchas cosas tengo que deciros todavía, pero ahora no estáis capacitados para entenderlas. Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará para que podáis entender la verdad completa. Pues no os hablará por su cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído y os anunciará las cosas que han de suceder. Él me honrará a mí, porque todo lo que os dé a conocer lo recibirá de mí. Todo lo que el Padre tiene es también mío; por eso os he dicho que recibe de lo mío y os lo anunciará.

Hemos retomado con nuevas fuerzas el tiempo ordinario, y la primera solemnidad que nos ofrece la liturgia para celebrar es la de la Santísima Trinidad. No vamos a esbozar aquí una teología acerca del la misma, vamos acercarnos al evangelio de hoy e intentar aplicarlo a nuestra vida.

Ante que nada, es importante poner el texto que nos ocupa dentro de su contexto en el llamado discurso de despedida de Jesús. En el cual, Jesús promete la venida del Espíritu Santo, el cual será quien nos haga comprender la verdadera profundidad del evangelio y de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Éste envía a sus discípulos a la misión de proclamar y encarnar la Buena Noticia en el mundo; tarea difícil, pero en la que encontramos con la inestimable ayuda de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Dicha misión debe estar fundamentada en el amor.

Jesús ya ha comunicado a los discípulos la grandeza del evangelio, la cual no podrá ser entendida, ni vivida en profundidad, sin la asistencia del Espíritu Santo. Además, la pasión, muerte y resurrección de Jesús es incomprensible para aquellos, llegarán a entenderla en su plenitud con la llegada del Espíritu Santo. El Espíritu no revelará nada nuevo. Aquello que éste comunicará y hará comprender y vivir, es la misma palabra de Jesús. Él dirá únicamente lo que ha escuchado. Y dará las claves necesarias para entender en su verdadera dimensión el mensaje de Jesús y el por qué de su pasión, muerte y resurrección. Por eso es muy importante que los discípulos estén atentos, no sólo a los “signos de los tiempos”, sino también a la voz del Espíritu. Ya que éste es el verdadero interprete de la historia.

El Padre, el Hijo y el Espíritu lo poseen todo en común. El Padre, el Hijo y el Espíritu son uno. Y entre ellos se da una profunda intercomunicación que redunda en la vida de los discípulos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • ¿Cómo es tu vivencia del Espíritu Santo? ¿Eres consciente de su presencia en tu vida?

  • ¿Te dejas guiar en tu vida cotidiana por el Espíritu Santo?

  • El Dios cristiano no es un dios abstracto o que lejano de la vida de los seres humanos, el Padre se nos hace presente en el día a día en la persona de Jesús, ¿intentas reconocerlo? ¿intentas acogerlo? ¿intentas vivienciarlo?

  • ¿Estás antento/a a la voz del Dios, a aquello que el Padre, el Hijo y el Espíritu quieren comunicarte? ¿Te tomas tiempo para escuchar la Palabra? Y después de escuchar la Palabra, ¿intentas ponerla por obra?

  • ¿Eres consciente, a pesar del misterio, de que el Padre, el Hijo y el Espíritu son uno?

  • La comunidad de creyentes, al igual que la Trinidad, también, deben ser uno. ¿Cómo vives esta dimensión en tu grupo, equipo, comunidad?

VIDA – ORACIÓN

Dios escondido en el misterio,

como luz que apaga estrellas;

Dios que te ocultas a los sabios,

y a los pequeños te revelas.

No es soledad, es compañía,

es un hogar tu vida eterna,

es el amor que se desborda

de un mar inmenso de riberas.

Padre de todos, siempre joven,

al Hijo amado eterno engendras,

y al Santo Espíritu procede

como el Amor que a los dos sella.

Al Padre, al Hijo y al Espíritu,

acorde melodía eterna,

honor y gloria por los siglos,

canten los cielos y la tierra.

(Del himno de Laudes, solemnidad de la Santísima Trinidad).

Lectio Divina Domingo de la Santísima Trinidad (Jn 16,12-15)

Lectio Divina Solemnidad de la Santísima Trinidad

VERDAD – LECTURAtrinidad07

Nos encontramos dentro del contexto del diálogo con Nicodemo, un diálogo que entendido desde la luz pascual, presenta como interlocutores a la comunidad cristiana y al judaísmo; y dónde el evangelista nos explica que la «conversión» del judaísmo al cristianismo, es obra del Espíritu Santo.
Pero además, hemos de entender que quien conoce y revela al Padre es Jesús. Y en este pasaje nos va a mostrar el verdadero rostro del Padre.
El evangelio con el que oramos hoy, a pesar de los pocos versículos que nos ofrece la liturgia, es uno de los textos más ricos y densos acerca del amor de Dios por el ser humano. Dios ama tanto a la humanidad que ha llegado al extremo de entregar a su propio Hijo para que el hombre llegue a obtener la vida plena. ¿Hay una prueba de amor mayor que ésta?
Ahora bien, para que el hombre llegue a obtener y disfrutar de la vida plena, ha de prestar su adhesión a Jesús, ha de unirse a la persona de Jesucristo. De esta forma hombre vivirá todo lo más noble de la condición humana y en su vida reinará el amor. Que al fin y al cabo es el deseo de Dios. Sí, el Dios cristiano no es un Dios vengativo, ni airado, ni sentenciador; el Dios de Jesús es un Dios amor, que ama con locura al ser humano y que su único deseo es ofrecerle la salvación. Una salvación que llega incluso a vencer a la muerte.
Dentro de ámbito de la Solemnidad de la Santísima Trinidad, que hoy celebramos, encontramos en este evangelio aunque de forma un poco velada la alusión a la Trinidad. El Espíritu Santo es el que hace posible que podamos nacer de nuevo, es quien nos puede modelar según el modelo de Jesús, puesto que es la única manera de acoger, aceptar y comprender este misterio del amor de Dios; es, precisamente, Jesús quien nos prepara y habilita para que el Espíritu pueda realizar esta transformación; y en el origen de todo se encuentra el Padre.
Esta Trinidad, que es un Dios único, tiene una característica esencial, sustancial, constitutivo de su propio ser: el amor.
Sin embargo, el hombre es libre para aceptar la salvación o no. El hombre puede rechazar este regalo de Dios. En nuestras manos está.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo es mi vivencia de la Trinidad, aunque no llegue a comprender este misterio?
  • ¿Acojo con todo mi ser el amor que Dios me ofrece y me regala?
  • ¿Estoy dispuesto/a a dejar actuar al Espíritu Santo en mí para llegar a «nacer de nuevo»?
  • ¿Qué acciones podría yo emprender para mostrar el amor de Dios en mi propio ambiente?

VIDA – ORACIÓN

  • Gracias, Señor, por amarme hasta llegar a entregar a tu propio Hijo para que pueda alcanzar la vida plena.
  • Te alabo, Dios Uno y Trino, por hacerte presente en mi vida y transformarla para que llegue a configurarme con Jesucristo.
  • Ayúdame a tener una actitud de servicio y entrega a mis hermanos en la que les muestre el gran amor que nos tienes.

Lectura orante del Evangelio del Domingo de la Santísima Trinidad

Lectura orante del Evangelio: Juan 16,12-15

En lo interior de su alma, en lo muy muy interior, en una cosa muy honda, que no sabe decir cómo es, siente en sí esta divina compañía” (7M 1,7).

Trinidad RublevMuchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora’. Nuestros ojos están puestos en Jesús. No queremos ni tenemos otro camino para ver a Dios. Él nos cuenta una historia de amor inagotable, que llena de alegría al mundo. No todo lo entendemos, porque “si lo entiendes no es Dios” (San Agustín), pero nos hace vivir. ¡Capaces de vivir la comunión con la Trinidad! ¡Saber cómo es Dios para entendernos! ¡Qué alegría! Jesús, quiero pasar la vida escuchándote.

Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena’. Entre Jesús y el Espíritu hay una continuidad total. Jesús hizo presente la verdad, y, ahora, el Espíritu guía a los creyentes a la verdad plena, que es Jesús. En la Trinidad todo es belleza, paz, armonía. ¡Qué consuelo tan grande al oír estas palabras! La verdad plena se experimenta amando sin medida. Sin el amor estamos ciegos, aunque pretendamos ser dioses. Ven, Espíritu. Llévame a la verdad plena de Jesús.

Lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir’. La Trinidad, en éxodo creador, es una fiesta de comunicación, donde todo es de todos. Jesús dice lo que oye al Padre, el Espíritu dice lo que oye a Jesús, la Iglesia dice lo que le susurra el Espíritu, los pobres se alegran cuando oyen a la Iglesia el amor solidario. El Espíritu enciende lámparas de fuego en nuestra interioridad, se asoma en la fiesta de la diversidad, se hace visible en la común armonía. ¡Gracias, contemplativos/as, centinelas del misterio de Dios y del ser humano! ¡Oh Trinidad! Cuanto más te encuentro, más te busco. De ti jamás se puede decir: ¡basta!

El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando’. Donde está el Espíritu siempre hay vida y alegría; su esperanza nunca defrauda. Donde está el Espíritu, siempre está Jesús, está el Padre, están los pequeños de la tierra, levantados y envueltos en gloria. El Espíritu devuelve al ser humano la imagen y semejanza soñadas por el Padre, dibujadas por Jesús en las entrañas y perdidas por los caminos. Ven Espíritu. Haz de mi vida una casa de luz, de vida y amor, donde more la Trinidad.

Todo lo que tiene el Padre es mío’. El Padre se deleita con nosotros. Todo lo de Jesús es para nosotros. Dar es la alegría del Espíritu. ¡Qué abismo de generosidad, donde se renueva toda gratuidad y nuestra vida es amada por completo! Es hora de celebrar con inmenso gozo el misterio de la Trinidad, de sentir su compañía en el alma. Gloria a ti, Padre, mirada de amor con que me miras. Gloria a ti, Jesús, música de amor para mi danza. Gloría a ti, Espíritu, viento que me hace caminar.

¡FELIZ FIESTA DE LA TRINIDAD! Un abrazo. José Antonio – mayo 2013