“YO OS ENVÍO” LECTIO DIVINA DOMINGO XV DEL T. O. (Mc 6,6b-13)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 6,6b-13)

En aquel tiempo, mientras Jesús recorría las aldeas de alrededor enseñando, llamó a los doce y los envió de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que, aparte de un bastón, no llevasen nada para el camino: ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja; que fueran calzados con sandalias, pero que no llevaran dos túnicas.

También les dijo: «Quedaos en la casa donde entréis hasta que dejéis aquel lugar; y si no os reciben ni os escuchan, al salir de allí sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos».

Ellos se fueron a predicar que se convirtieran; expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

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El evangelista Marcos, a lo largo de estos domingos, nos ha ido mostrando como Jesús ha proclamado la llegada del Reino de Dios; lo cual ha realizado por medio de palabras y signos. Palabras y signos no siempre comprendidos. Los escribas, los fariseos, incluso sus paisanos le han rechazado. También sus discípulos, en algún momento, han encontrado dificultades para entenderle. Continuamos en Galilea. Y allí comienza a estrecharse el vínculo entre Jesús y sus discípulos. Un vínculo que hoy, en este pasaje del evangelio, se expresa con el envío a la misión de los Doce.

La misión es vocación, llamada. Es Jesús quien envía, es Jesús quien llama; la iniciativa no es de los discípulos. La misión de los discípulos es la misma que la de Jesús: predicar la conversión, expulsar demonios y curar a los enfermos. Se trata de proclamar la llegada del Reino al estilo de Jesús: con palabras y signos.

No los envía solos, los envía de dos en dos, lo cual hace referencia a la comunidad y a la ayuda mutua que pueden prestarse entre sí. Pero además, según la mentalidad judía de la época, su testimonio tendrá validez jurídica (Dt 17,6; Núm 35,20).

La misión ha de realizarse en la más absoluta pobreza. Han de llevar lo imprescindible para el camino, un bastón y unas sandalias. Una pobreza que hace libre a enviado. Han de ir ligeros de equipaje, confiándose a la providencia y a la hospitalidad de las personas con las que se encuentren. Debían permanecer en la primera casa en la que les acogieran sin tener en cuenta si son judíos o no.

Los Doce han de predicar la conversión y han de sanar a los enfermos con aceite. Le envía a invitar a la gente a que cambien de vida y a aliviar su sufrimiento.

El evangelio ha de ser proclamado a todas las personas, pero no todas están preparadas para acogerlo, es algo que no ha de preocupar al misionero. Este ha de saber cuándo debe marcharse sin hacerse problema de que el mensaje sea acogido o no; lo cual encontramos simbolizado en el sacudirse el polvo de los pies, gesto que practicaban los judíos de la época cuando volvían de tierras paganas.

El pasaje concluye con un resumen de la misión que están llevando a cabo.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?

• Jesús, también hoy, te envía a la misión, ¿cómo acoges la llamada de Jesús? ¿Estas dispuesto a asumir dicha misión con todas sus consecuencias? ¿Qué te frena a llevar a cabo el envío de Jesús?

• La misión has de llevarla a cabo en tu vida cotidiana, ¿Qué cargas innecesarias llevas contigo durante la misión? ¿Qué deberías dejar de lado? Y no pienses, únicamente en cosas materiales, también en actitudes, disposiciones, conductas… ¿De qué tengo que desprenderme?

• La predicación ha de hacerse no sólo de viva voz, sino con el testimonio, ¿Eres consciente de ello? ¿Qué tendría que cambiar en tu vida? ¿Cómo es tu testimonio de vida cristiana?

• Jesús te envía, también, a curar las dolencias y aliviar el sufrimiento de las personas, ¿Cuáles son las dolencias y los sufrimientos de las personas que me rodean?

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VIDA – ORACIÓN

• Adora y alaba al Padre, por la autoridad que nos ha dado para poder combatir el mal de este mundo.

• Da gracias a Jesús, por llamarte de manera personal y particular a la misión.

• Ofrece tu vida para llevar a cabo la misión de predicar la conversión y aliviar las dolencias y sufrimientos de nuestros contemporáneos.

• Pide la asistencia del Espíritu Santo para ser testigo del evangelio de Jesús y configurarte con él.

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“Quién es este?” Lectio Divina Domingo XIV del T. O. (Mc 6,1-6)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 6,1-6)

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra acompañado de sus discípulos. El sábado, se puso a enseñar en la sinagoga.

La gente, al oírlo, decía asombrada: «¿De dónde le viene a éste todo esto? ¿Cómo tiene tal sabiduría y hace tantos milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros?». Y se escandalizaban de él.

Jesús les dijo: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta». Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se quedó sorprendido de su falta de fe.

Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.

Nos encontramos hoy con un pasaje del evangelio del Marcos en el que Jesús va ha ser rechazado en su propia tierra. En la sinagoga de su pueblo. ¿Qué pueblo? ¿Nazaret? Marcos no lo especifica.

No serán únicamente los dirigentes, los maestros de la ley, los escribas, sino todo el pueblo reunido en la sinagoga quien le rechace. En ella, como en otras ocasiones, Jesús toma la iniciativa y comienza a enseñar. Bien conocen sus paisanos la actividad de Jesús. Al tomar la palabra, sus paisanos se asombran. La enseñanza de Jesús es novedosa; habla, incluso, con sabiduría. Pero se extrañan, también, de los milagros obrados por sus manos. ¿De dónde le viene todo eso? Las ideas preconcebidas, que tienen acerca de Jesús, le impide abrirse a su mensaje y a la gracia de Dios.

La enseñanza de Jesús y los milagros obrados por él son una auténtica novedad. Contrastan totalmente con sus orígenes humildes. ¿De dónde le viene todo eso, si nosotros le conocemos bien? Es el interrogante que surge entre sus paisanos.Jesus en la sinagoga

Y para nosotros surgen otros interrogantes ¿por qué se le denomina hijo de María? ¿por qué no se nombra a José? La multitud, sin saberlo, no hace sino hacerse eco de la concepción virginal de María. Eso, al menos, a mi parecer, es lo que quiere afirmar Marcos. Pero el mayor escándalo para ellos es que esas palabras y esos milagros sean dichas y hechos por el carpintero, alguien que no tiene cultura alguna, alguien que pertenece a una familia corriente… No pueden creer en él.

No voy a entrar en la polémica acerca de los hermanos de Jesús y las dificultades que este texto entraña, creo que no es el momento, ni el lugar, pues para nosotros lo más importante es orar con este texto, no hacer exégesis. No obstante, todos nosotros sabemos lo que afirma la Tradición católica: María no tuvo más hijos.

Ante su incredulidad, Jesús les cita un refrán, al parecer conocido por todos: únicamente en su tierra es despreciado un profeta. Su falta de fe será lo que impida que Jesús pueda realizar allí algún milagro. Una falta de fe tan grande, que hasta Jesús se extraña de ella.

A Jesús no le queda otra, que abandonar la sinagoga y marchar a enseñar a las aldeas de alrededor. Posiblemente, a aquellos que no están en la sinagoga y que no pertenecen al pueblo de Israel.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?

• Jesús va al encuentro de los suyos, toma la iniciativa de enseñarles las cosas del Reino. Hoy también se hace presente entre nosotros en la Eucaristía y en la escucha de la Palabra. ¿Cuál es tu actitud ante este hecho? ¿Acoges a Jesús en tu corazón, en tu vida? O por el contrario, ¿su palabras y sus actos te producen rechazo? ¿Por qué?

• ¿Te dejas llevar por ideas preconcebidas acerca de la vida y la actuación de Jesús? No sólo de los momentos de su vida terrena, ¿sino de cómo Jesús sigue estando presente y actuando en su Iglesia?

• Toma el pulso a tu fe, ¿es consistente, vigorosa, o, por el contrario, débil y dubitativa?

 

VIDA – ORACIÓN

• Adora y alaba al Padre, por habernos revelado su amor incondicional, por medio de su Hijo Jesucristo.

• Da gracias a Jesús, por tomar la iniciativa al revelarnos las cosas del Reino y la bondad de Dios Padre.

• Ofrécele tu vida y tu persona para que las transforme en un reflejo de su vida y su persona. Déjate modelar, hasta que puedas afirmar con san Pablo: “No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi” (Gál 2,20).

• Pide a la Santísima Trinidad, que por medio del Espíritu Santo aumente tu fe para que puedas anunciar y entregar el evangelio, sin miedo alguno, a todas las personas que se cruzan en tu camino.

“Tu fe te ha curado” Lectio Divina Domingo XIII del T. O. – Ciclo B (Mc 5,21-43)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 5,21-43)

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en barca a la otra orilla, se reunió con él mucha gente, y se quedó junto al lago.

Llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y, al ver a Jesús, se echó a sus pies rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a poner tus manos sobre ella para que se cure y viva».

Jesús fue con él. Lo seguía mucha gente, que lo apretujaba. Y una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años, que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado toda su fortuna sin obtener ninguna mejoría, e incluso había empeorado, al oír hablar de Jesús, se acercó a él por detrás entre la gente y le tocó el manto, pues se decía: «Con sólo tocar sus vestidos, me curo». Inmediatamente, la fuente de las hemorragias se secó y sintió que su cuerpo estaba curado de la enfermedad. Jesús, al sentir que había salido de él aquella fuerza, se volvió a la gente y dijo: «¿Quién me ha tocado?». Sus discípulos le contestaron: «Ves que la multitud te apretuja, ¿y dices que quién te ha tocado?». Él seguía mirando alrededor para ver a la que lo había hecho. Entonces l mujer, que sabía lo que había ocurrido en ella, se acercó asustada y temblorosa, se postró ante Jesús y le dijo toda la verdad. Él dijo a la mujer: «Hija, tu fe te ha curado; vete en paz, libre ya de tu enfermedad»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron algunos de casa del jefe de la sinagoga diciendo: «Tu hija ha muerto. No molestes ya al maestro». Pero Jesús, sin hacer caso de ellos, dijo al jefe de la sinagoga: «No tengas miedo; tú ten fe, y basta». Y no dejó que le acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, Jesús vio el alboroto y a la gente que no dejaba de llorar y gritar. Entró y dijo: «¿Por qué lloráis y alborotáis así? La niña no está muerta, está dormida». Y se reían de él. Jesús echó a todos fuera; se quedó sólo con los padres de la niña y los que habían ido con él, y entró donde estaba la niña. La agarró de la mano y le dijo: «Talitha kumi», que significa: «Muchacha, yo te digo: ¡Levántate!». Inmediatamente la niña se levantó y echó a andar, pues tenía doce años. La gente se quedó asombrada. Y Jesús les recomendó vivamente que nadie se enterara. Luego mandó que diesen de comer a la niña.

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Marcos nos ofrece este domingo el relato de dos milagros. Muchos de nosotros cuando pensamos en milagros, vienen a nuestra mente hechos portentosos, fantásticos, espectaculares. Confundimos, en más de una ocasión, el milagro con la “magia”.

En realidad, los milagros, en el contexto de los evangelios, son signos o señales de que el Reino de Dios está entre nosotros y el mal ha sido vencido para siempre, gracias a la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Con esto no estamos negando en ningún momento la veracidad de los milagros, si no de explicar el verdadero sentido de los mismos.

El evangelista mediante la técnica literaria del “bocadillo” o intercalación nos presenta dos curaciones.

La primera, a favor de una mujer considerada impura a causa de una hemorragia que le duraba desde hacía doce años (Lev 15,25-27).

La segunda curación, a favor de una niña de doce años, que acaba de morir; esta niña también considerada impura puesto que era ya cadáver (Núm 19,11).

Tocar a cualquiera de estas personas era, según la mentalidad de la época, contraer impureza, excluirse de la participación en la comunidad.

Jesús acaba de desembarcar desde la otra orilla. Es decir, desde el lugar en el que ha estado encontrándose con los paganos y predicándoles la Buena Noticia.

Por tanto, ha vuelto a la orilla en la que se encuentran los judíos. En este lugar, se encuentra con un gran gentío; la gente está hambrienta de la palabra y la persona de Jesús.

Se acerca el jefe de la sinagoga, institución, por su parte, enferma, a punto de morir; la ley, los sacrificios, el culto debido a Dios están vacíos. Jesús ha venido a comenzar algo nuevo; el Reino está presente en la persona de Jesús, pero los judíos representados por la sinagoga no han creído en él.Hemorroisa

Mientras acompaña a Jairo, una mujer de entre el gentío, se acerca a Jesús y le toca la orla del manto por detrás, con la fe puesta en él y con la esperanza de curarse. Tocar el manto quiere decir adherirse a la persona de Jesús; pues, precisamente el manto es símbolo de la persona misma (cf Lc 19,36; Mc 10,50; Jn 13,12).

Esta mujer, que toca el manto de Jesús, representa al pueblo fiel, ese pueblo que durante años ha seguido las instrucciones que le han ido dando los maestros de la ley, los fariseos y los escribas, ese pueblo que ha gastado toda su fortuna e incluso su vida, intentado cumplir lo establecido por una ley que no es fiel a la Alianza con Yahveh. Pero, a la vez, un pueblo que tiene su confianza y su esperanza puesta en el Dios de la promesa. La fe en Jesús es lo que salva al Pueblo y no la práctica sin sentido. Una fe que después repercute en acciones hacia el hermano. Unicamente desde la fe pueden interpretarse los milagros.

Llegan a casa de Jairo, no a la sinagoga, esta institución como tal está muerta; pero es desde la ley, desde las tradiciones de Israel, desde sus costumbres… desde donde Jesús salva. No ha venido a abolir la ley, si no a darle su verdadero sentido. Por eso será, desde la casa, lugar donde se reúne la comunidad cristiana, desde donde Jesús salvará, levantará y hará revivir a la institución judía.

Jairo y JesusCon claras alusiones al Cantar de los Cantares y al banquete de bodas, Marcos nos relata esta resurrección de la hija de Jairo. La muchedumbre está llorando y gritando de dolor. Pero, ¿cómo llorar cuando el Novio está presente, cuando el Novio ha ido a buscar a la novia a su casa? Ese Novio que en el Antiguo Testamento era Dios y esa novia que era el Pueblo de Israel.

En la nueva y eterna alianza el Novio se hace presente, con los amigos del novio, y al llegar a la casa pide a la madre y al padre que le acompañen para encontrarse con la novia. A partir de este momento, Marcos no se refiere a la hija de Jairo con el término niña, sino muchacha. Es decir, la que ya está en edad casadera. Más adelante nos dirá que tenía doce años, la cifra de la mayoría de edad marcada por la ley.

Jesús la toma de la mano y le dice en arameo talita kumi, que literalmente significa: muchacha, ven a mí. Jesús está invitando a Israel, personificado en esta muchacha, a adherirse a él, a creer en él, a unirse íntimamente a él.

Al final, el pueblo creyente en Jesús, celebra el banquete de bodas, dadle de comer.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• Al igual que en su tiempo, hoy Jesús atraviesa a la otra orilla para encontrarse contigo, piensa en ese encuentro con Jesús ¿qué sientes? ¿Qué dialogas con él? ¿Qué te dice? ¿Qué le dices?

• Es posible que tu fe esté enferma como la hemorroisa o esté dormida como la hija de Jairo, ¿te acercas a Jesús para que él te cure y te resucite?

• En muchas ocasiones, ¿dónde buscas la solución a tus problemas, dónde buscas la curación? ¿En jesús o en otros lugares?

• Escucho como Jesús hoy a mi me dice: «<No tengas miedo, tú solamente ten fe». ¿Qué significado tienen para mí hoy esas palabras?

• Jesús me invita al banquete de bodas, ¿estoy dispuesto/a a celebrarlo con Él?

ORACIÓN – VIDA

• Te adoro Dios mío, porque siempre sales a mi encuentro, tomas la iniciativa y me buscas.

• Padre, te doy gracias porque me invitas diariamente a celebrar junto a tu Hijo, Jesucristo, “mi” banquete de bodas.

• Me ofrezco a ti, Jesús, para ser portador de tu evangelio y para transmitir el mensaje de la vida a todos cuantos me rodean.

• Ayúdame y aumenta mi fe, que sobre mí desciendan los dones del Espíritu Santo, para que crea que tú eres el único y verdadero Salvador del mundo y así pueda dar testimonio de ti a todos mis hermanos, especialmente a los más pobres y marginados de la sociedad.

Os dejo a continuación el enlce de un video del grupo Ain Karem por si os ayuda en la oración:

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mt 28, 16-20)

En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad y la liturgia nos ofrece para nuestra consideración el final del evangelio de Mateo. En el cual Jesucristo envía a sus discípulos a la misión, prometiéndoles que estará con ellos para siempre.

En un primer momento, vemos como los discípulos se dirigen a Galilea, según el mandato dado por Jesús Resucitado a las mujeres (Mt 28,10). El encuentro de Jesús con el nuevo Pueblo nacido de la Pascua, con la Iglesia, no es en Jerusalén, la ciudad santa, sino la Galilea de los gentiles (Mt 4,15), tierra de paganos. La Iglesia ya no puede circunscribirse únicamente a una nación; la Iglesia ha de ser universal, católica, ha de abrirse a todos los pueblos.

Al verlo lo adoran, pero algunos de ellos dudan, es difícil para la mente humana aceptar la Resurrección. Lo cual implica aceptar la realidad de una vida nueva, una vida que les puede llevar a que sus propios hermanos de raza, los judíos, les rechacen; una nueva realidad en la que tienen que abrirse a la universalidad a todos los pueblos. A partir de este momento su misión no queda encerrada únicamente en el anuncio al Pueblo de Israel, su misión es llevar la Buena Noticia todos los pueblos de la tierra.

Jesús ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18). Un poder que viene caracterizado, no por el mesianismo político, poderoso, opresor y glorioso, sino por el servicio, la donación gratuita de su amor y la cercanía a todos los seres humanos. La Resurrección ha estrechado estos vínculos de unión con la humanidad y Jesús estará presente para siempre.

Él les confía el anuncio de la Buena Noticia, el anuncio de la Salvación plena para todos los pueblos, dándoles el poder de enseñar lo que él mismo ha enseñado en su paso por la tierra. Pero además, les manda bautizar a todos con la fórmula trinitaria: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nos encontramos aquí, como desde los primeros tiempos de la Iglesia ya existía esta aceptación y esta fe en la Santísima Trinidad. La conversión y la adhesión a Jesucristo, el pórtico de entrada en la Iglesia como nueva criatura, es sellada con el bautismo.

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Para cumplir esta misión es imprescindible conocer la enseñanza de Jesús y además ponerla por obra. Ese será el signo distintivo de los discípulos, no sólo enseñan una doctrina, sino que viven las mismas actitudes vitales que su Maestro, dentro de una comunidad abierta a todos los pueblos y encarnada en la realidad social de su entorno.

Ahora bien, la misión no sólo debe limitarse a enseñar y a vivir las enseñanzas del Maestro; la misión tiene un objetivo claro: haced discípulos míos a todos los pueblos (Mt 28,19). Los discípulos han de conquistar a otras personas y esto únicamente es posible con el testimonio de vida. Y aquellos que acojan ese testimonio no deben limitarse únicamente a escuchar la Buena Noticia y seguir ha Jesús; han de implicarse con el modo de vida de Jesús, pobre, obediente, abierto siempre a los demás y dispuesto a llevar a cabo la voluntad del Padre; han de implicarse en su obra y misión, en entrar en una relación estrecha con el Padre, el Hijo y el Espíritu; han de implicarse en la realización del Reino. Misión siempre nueva y actual que se extiende en el espacio y en el tiempo, hasta que el Reino de Dios sea una realidad presente en todo el mundo, con la confianza de que Jesús no nos abandona, sino que está con nosotros siempre y para siempre.

CAMINO – MEDITACIÓN

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• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Busco poder encontrarme con Jesús que sale a mi encuentro a cada instante? ¿Cuál es mi Galilea, mi lugar de encuentro con Jesús Resucitado? ¿Acudo con frecuencia a este lugar?

• ¿Estoy abierto/a a salir al encuentro de todas las personas, sin importarme su condición social, económica, raza, nacionalidad… para llevarle la Buena Noticia del Reino?

• ¿Acepto el poder de Jesucristo como servicio, donación de mi mismo/a y amor incondicional por toda la humanidad?

• ¿Cómo es mi relación con la Santísima Trinidad? Jesús no me pide entender este Misterio, sino acogerlo ¿qué significado tiene esto para mí?

• ¿Me preocupo por conocer a la persona de Jesús y poner en práctica sus enseñanzas y, sobre todo, su actitudes vitales, su modo de vida?

• ¿De qué manera llevo a cabo, en mi vida cotidiana, la misión que Jesús me ha encomendado de hacer discípulos suyos a todos los pueblos?

VIDA – ORACIÓN

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y un sólo Dios, os adoro en el Misterio de la Santísima Trinidad.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo os alabo por haberme revelado este Misterio incomprensible para mi entendimiento, pero vislumbrado por mi corazón.

• Padre gracias por el gran Amor que nos profesas a todos los hombre y mujeres sin distinción de razas, credo, nación o estamento social. Señor, Jesucristo, gracias, por tus enseñanzas y por tu modo de vivir que me abre a todos mis hermanos. Espíritu Santo, gracias por tus dones que me ayudan a ser testigo de la Trinidad y a sentir que estáis presentes en mi vida diaria.

• Padre, Hijo y Espíritu Santo, ayudadme a llevar a cabo la misión de hacer discípulos de Jesús a todos los pueblos.

LECTIO DIVINA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (CICLO B)

Lectio Divina de la Solemnidad de la Ascensión del Señor – Ciclo B (Mc 16,15-20)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 16, 15-20)

En aquel tiempo se apareció Jesús a los doce y les dijo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios; hablarán lenguas nuevas; agarrarán las serpientes y, aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán».Jesús, el Señor, después de haber hablado con ellos, subió al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban.

En la celebración de la solemnidad de la Ascensión del Señor, la liturgia nos ofrece la narración de este acontecimiento, según la versión recogida en el evangelio de Marcos. En este pasaje evangélico Jesús, no sólo asciende a los cielos, sino que además envía a los once a la misión. Una misión que consiste en dar a conocer la Buena Nueva a toda la creación. Hemos de notar la universalidad de este hecho, expresada en dicho envío: Id al mundo entero y proclamad la Buena Nueva a toda la creación (16,15). La reacción de los destinatarios de esta misión puede ser de acogida o de rechazo. Acoger el evangelio conlleva el dejarse bautizar, conlleva convertirse en discípulo de Jesús y conlleva la salvación. Y a los que crean les acompañarán una serie de signos: a) expulsarán demonios; b) hablarán nuevas lenguas; c) agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará; d) impondrán las manos a los enfermos y sanarán. Veamos cada uno de estos signos.

a) Expulsarán demonios.

A quienes crean, Jesús les da el poder de combatir el mal. Les da poder para expulsar el mal de sus vidas y de las vida de los demás.

b) Hablarán nuevas lenguas.roma-la-ascensión-del-fresco-del-señor-en-anima-del-dell-de-santa-maria-de-la-iglesia-de-francesco-salviati-partir-del-centavo-53001549

Quienes acojan a Jesús, tendrán la capacidad de de comunicarse con los demás de una forma nueva y distinta. Esa nueva forma de comunicarse es el lenguaje del amor. Un lenguaje que todo el mundo es capaz de entender.

c) Agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará.

La serpiente si te pica, te inocua su veneno y puede conducir a la muerte; lo mismo que ocurre cuando alguien bebe un veneno. Y son muchas las actitudes, las actuaciones, los modos de envenenar las relaciones entre las personas, sobre todo cuando lo que no prima es el amor. Pero quien vive en la dinámica de Jesús, quien vive y hace suyo el mandamiento del amor es capaz de pasar por encima de estos venenos.

d) Impondrán las manos a los enfermos y sanarán.

En cualquier lugar en el que Dios está presente, la persona excluida de la sociedad, la persona desdichada, la persona en dificultades, los últimos de la sociedad son acogidos por la comunidad, son amados y son acompañados. Esta es la mejor manera de sanación.

Una vez, que Jesús envía a los suyos a la misión, una vez que nos envía a nosotros, sólo queda salir a predicar la Palabra, la cual será confirmada por los signos. A través de nosotros, Jesús continúa su misión. Nosotros somos sus pies, sus manos, sus ojos, su corazón. Y hemos de ir preferencialmente, no exclusivamente, a sus preferidos: los pobres.

A todas las criaturas, a todos los confines del mundo ha de llegar la alegría y la esperanza del evangelio.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el día de hoy, también te envía Jesús, ¿Cuál es tu repuesta?

• ¿Eres consciente de que si crees a Jesús y asumes su misión te acompañarán los signos descritos en el evangelio? ¿Se verifican de algún modo en tu vida?

• ¿Has asumido que eres los pies, las manos, la mente, el corazón de Jesús presente en el mundo de hoy? ¿Qué implicaciones tiene esto para ti?

• ¿Qué significado tiene para ti el amor preferencial, que no exclusivo, hacia los pobres?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por llamarme a la misión de de llevar el evangelio a todas las criaturas y a todos los confines de la tierra.

• Doy gracias a Jesús por los signos que me acompañan al  dar Jesús a los demás.

• Le ofrezco mi vida a Dios para entregarme a la difusión universal del evangelio, empezando por las personas que están más cercanas a mí.

• Pido a Dios Padre que me ayude a ver el rostro de Jesús en los excluidos de la sociedad.

• Id al mundo entero y proclamad la Buena Noticia a toda la creación.

“Este es mi Hijo amado, escuchadlo” Lectio Divina II Domingo de Cuaresma – Ciclo B (Mc 9,2-10)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 9, 2-10)

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

En este segundo domingo de Cuaresma, la liturgia nos invita a contemplar la experiencia que tienen algunos de los discípulos de Jesús, concretamente Pedro, Santiago y Juan, en el acontecimiento de la Transfiguración. Vamos a intentar comprender mejor este hecho.

«Seis días después». Esta expresión, sin duda, hay que entenderla en sentido cronológico, pero desde la perspectiva de la Pascua. Marcos relee este suceso a la luz de la resurrección. Seis después de la entrada triunfal en Jerusalén, consumada la pasión y muerte de Jesús, tiene lugar la resurrección. Desde aquí hemos de leer este relato, pues no deja de ser un anticipo de la consumación de la gloria de Jesús. En aquel momento, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Hemos de tener en cuenta que estos discípulos son, de alguna manera, los que abiertamente no han comprendido el significado de la pasión y muerte de Jesús. En el capítulo anterior, hemos podido comprobar cómo Pedro se ha enfrentado con Jesús, queriéndole disuadir del cumplimiento de su misión (8,33); en el capítulo posterior, veremos cómo Santiago y Juan pedirán a Jesús el puesto a su derecha y el puesto a su izquierda, es decir, los lugares de máximo honor y poder (10,35-40). Tampoco ellos comprenden verdaderamente el significado de la pasión y muerte de Jesús.

Los lleva a un monte alto. El monte es el lugar de encuentro con la divinidad, recordemos el encuentro de Moisés con Yahveh (Éx 24,15-16) o el de Elías en la misma montaña (1Re 19,8-9). En la montaña Dios entra en relación con el hombre. En aquel monte alto, Jesús se transfigura delante de ellos. El evangelista nos está mostrando el aspecto glorioso que adquiere la persona de Jesús, el cual les acaba de presentar el hecho ineludible de la cruz. Sus vestiduras se volvieron de un blanco resplandeciente. Tan blanco que ningún tintorero del mundo sería capaz de blanquear, con lo cual Marcos nos está indicando un resplandor indescriptible, un color que apunta hacia las realidades celestiales, hacia la luz de Dios.

Se aparecen Elías y Moisés y comienzan a hablar con Jesús, los dos entran en diálogo con él, el cual hace las veces de Yahveh; el primero representa a la profecía, es quien debía de aparecer en el tiempo escatológico para anunciar la llegada inminente del Mesías; el segundo representa a la Ley, es a quien Yahveh le entregó las Tablas de la Ley. Los Profetas y la Ley dan testimonio de Jesús. Ambos encuentran su cumplimiento y su plenitud en Cristo.

Los discípulos presentes en el lugar no saben cómo reaccionar, estaban atemorizados, de alguna forma lo antiguo está dando testimonio de lo nuevo y ceden, de alguna manera, su «puesto» a Jesús; aunque, eso sí, allí se debía estar bien, de tal manera que Pedro quiere parar el tiempo, quiere permanecer en un lugar que no le traiga problemas, no quiere que aquel instante de gloria concluya.

De repente, se ven envueltos en una nube (Éx 24,16). Se hace presente la persona del Espíritu Santo y se oye la voz del Padre: «Este es mi Hijo amado». El Padre se complace en Jesús, el Padre afirma la filiación de Jesús, lo presenta como su Hijo único. El término «amado» acentúa más si cabe la relación afectuosa, amorosa, filial de Jesús con el Padre.

Por último, la voz del Padre les impone escuchar a Jesús; el cual es el único interprete del Padre, el único que nos puede presentar el verdadero rostro de Padre, nuestro único Maestro. Jesús es la voz del Padre.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Cómo vives tu séptimo día, momento de la manifestación de la gloria de Jesús, sobre todo en este tiempo de Cuaresma, que es preparación para el gran acontecimiento pascual?

• Imagínate, que Jesús te toma consigo, te lleva a un monte alto y te muestra de alguna manera su gloria… ¿Qué sientes en este momento? ¿Cuál es tu diálogo con Jesús? ¿Qué conclusión sacas de ello?

• ¿Qué significado puede tener para ti la presencia de Elías y Moisés? ¿Cuáles son tus profetas y tus leyes, que debe acercarte a Jesús para que Él les de su pleno cumplimiento, les de su plenitud? ¿Qué debes ir cambiando en tu vida en este tiempo de Cuaresma?

• ¿Cómo reaccionas ante el imperativo del Padre de escuchar a Jesús? ¿Verdaderamente, te acercas a la Palabra con actitud de escucha?

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VIDA – ORACIÓN

• Adora al Padre y glorifícalo por el misterio de la Santísima Trinidad y por hacerte experimentar su grandeza y plenitud y a la vez su cercanía.

• Da gracias a Jesús por hacerse presente en tu vida y mostrarse como la presencia amorosa del Padre.

• Pide la luz y la sabiduría del Espíritu Santo para poder escuchar la Palabra de Jesús, comprenderla y llevarla a la práctica en tu vida cotidiana.

• Tómate como compromiso de esta Cuaresma esforzarte por acercarte a la Palabra con actitud de escucha y acogida.

Adéntrate en tu propio desierto. Lectio Divina Domingo I de Cuaresma (Mc 1,12-15)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mc 1, 12-15)

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

Hoy la liturgia nos ofrece, para orar, un breve pero sustancioso texto. En él se nos relata el comienzo del ministerio público de Jesús. Dicho comienzo es una síntesis de lo que sería su misión evangelizadora.

Para una mejor comprensión del texto, vamos a dividirlo en dos partes.

1.- Jesús llevado por el Espíritu al desierto (12-13)

Marcos sitúa este pasaje a continuación del bautismo de Jesús. Después de este hecho el Espíritu conduce a Jesús hacia el desierto; de la misma manera, que condujo a su pueblo o a parte de su pueblo en la tradición veterotestamentaria.

El desierto, podemos decir, que no es únicamente, un lugar físico; El desierto está dentro de cada uno de nosotros. Es lugar de soledad, tentación, prueba… pero también es lugar de encuentro con el Dios protector que camina junto a su pueblo. Recordemos algunos de estos casos: Agar e Ismael, a ellos les envía a una misión nueva (Gén 16,7; 21,14), la experiencia del éxodo (Éx 15,22-ss.), Elías se encuentra con Dios (1Re 19). Por tanto, Marcos nos está advirtiendo acerca de las dificultades que Jesús tendrá en su misión, pero también de cómo el Padre nunca le abandonará: vivía entre las fieras, los ángeles le servían (Mc 1,13).

2.- La predicación de Jesús

Después de que Juan sea entregado, Jesús comienza su nuevo ministerio, su misión: el tiempo se ha cumplido (Mc 1,15). El inicio de su misión tendrá lugar en Galilea, un lugar un poco extraño, allí conviven judío y paganos. A ambos se dirigirá Jesús, ya no habrá distinciones. Y lo que les anunciará será la Buena Noticia de Dios, la buena noticia de la bondad de Dios, la buena noticia del amor de Dios.

El Reino de Dios ya se ha hecho presente entre nosotros, Dios ya ha comenzado a reinar. Nosotros hemos de acoger este Reino y adherirnos al mensaje que Jesús nos trae. Pero para ello es indispensable que nos convirtamos. Este proceso de conversión, de cambio de mentalidad y de corazón, es un camino que hemos de recorrer a medida que vamos conociendo e identificándonos más con Jesús.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase o palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el desierto no tienes que hacer nada, simplemente estar, simplemente acompañar a Jesús; esto significa encontrarte con la soledad, encontrarte con tu propio yo y con tus miserias, con tu debilidad, con tus carencias y con todo aquello que no te gusta, con tu no saber qué hacer… Es encontrarte con todo aquello que quieres cambiar en tu vida y que tanto te cuesta; es salir de tu «zona de confort». Hazte consciente de ello, presentáselo a Dios y comienza a trabajar para cambiar todo aquello que en tu vida es un obstáculo para cumplir la voluntad de Dios.

• En un momento dado de la travesía del desierto te darás cuenta que los ángeles te sirven, te darás cuenta que la luz se hace presente, te darás cuenta del camino nuevo que debes emprender… Acoge este nuevo camino y ponte en marcha.

• Todo comenzó en Galilea. Seguramente, tienes tu propia galilea, esos lugares en los que de alguna u otra manera cada te has encontrado con Jesús, has hecho experiencia de Él. Nombra esos lugares. Saca las consecuencias necesarias de estas experiencias para integrarlas dentro de ese nuevo camino que quieres emprender.

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VIDA – ORACIÓN

• Adora a Dios en el desierto de tu propia vida por haberte conducido allí, para purificarte y encaminarte a cambiar tu estilo de vida.

• Da gracias porque en el desierto de tu vida, Dios envía a sus «ángeles» para que te acompañen y te sirvan.

• Ofrécele tu propio desierto y tu galilea para que Él transforme tu manera de estar en el mundo y te ayude a integrar las experiencias vividas.

• Pídele al Espíritu Santo que te ayude a conocer mejor a Jesús y adherirte a su manera de ver la vida desde el punto de vista del Evangelio.

Acogiendo e incluyendo. Lectio Divina Domingo VI del T.O. (Mc 1,40-45)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mc 1, 40-45)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres,puedes limpiarme». Sintiendo compasión de él, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con gran alegría, a todo el mundo; de tal manera que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

 

El evangelio de hoy nos habla de inclusión, de cercanía, de acogida… Esa es la actitud de Jesús ante las necesidades del ser humano. Una actitud que en muchas ocasiones es incomprensible porque no entraba, ni entra dentro de lo que nosotros llamamos lo «políticamente correcto»; no entraba, ni entra dentro de los parámetros en los que debe moverse una persona de bien, una persona decente; no entraba, ni entra dentro de lo que cabría esperar de un hombre religioso y mucho menos de aquel que se autoproclamaba Hijo de Dios. Así era en aquel tiempo y así es ahora.

Ciñéndonos a la época de Jesús, y más en concreto al Evangelio con el que hoy vamos a orar, nos encontramos con que Marcos nos relata la curación de un leproso; por cierto, relato único en este Evangelio.

Jesús ha ido recorriendo toda Galilea, tal y como se nos ha dicho anteriormente (Mc 1,39), probablemente ha llegado al desierto. Allí, moraban una serie de personas que debían vivir al margen de la sociedad, porque no eran considerados «dignos» de vivir con los demás; entre otros, los leprosos.

Antes que nada, hay que aclarar que el concepto de lepra en la época de Jesús era sinónimo de infinidad de enfermedades de la piel, y no específicamente lo que hoy conocemos como enfermedad de Hansen, o lepra.

En aquel entonces, según la Ley, los leprosos debían vivir apartados de las demás personas, al margen total de la sociedad, no tenían ningún derecho y no debían acercarse a nadie; es más, cuando estuvieran cerca de una persona debían gritar: «¡Impuro, impuro!» para advertir de su presencia (Lev 13,45-46); no debían contaminar a los demás (Núm 5,2-3). Pero, el leproso no sólo era rechazado por la sociedad, se creía que, además, era una persona rechazada por Dios, puesto que desde el punto de vista cultual era impura. Para poder retomar su relación con Dios, y por tanto poder asistir a las celebraciones del Templo o la sinagoga, no bastaba con que dicha persona quedara curada de su enfermedad, sino que el sacerdote debía certificar que había sido purificado.

Jesús rompe con todas las reglas habidas y por haber, porque aunque quien se acerca a él es el leproso y le suplica ser curado, Jesús extendió su mano y le tocó, con este acercamiento se convertía también en un impuro (Núm 19,22; Lev 22,6).

leproso14Todo eso a Jesús no le importaba, lo verdaderamente importante para él era la persona: «Sí, quiero. Queda limpio» (Mc 1,41). No le importa haber incumplido la Ley, porque él ha venido para sanarnos de todas nuestras enfermedades, de todas nuestras limitaciones, de todos nuestros traumas y todas nuestras heridas y nuestras miserias. Jesús se compadece de la persona humana, sobre todo de aquel que más necesitado está de la misericordia de Dios y del amor del Padre. Jesús quiere que sepamos y sintamos que nadie en la sociedad puede ser un marginado, sino que toda persona, por el solo hecho de serlo, es digna de la bondad, del amor y de la cercanía de los demás seres humanos y, por supuesto, es merecedora del amor, de la misericordia y de la cercanía de Dios.

A continuación, le impone silencio: «No se lo digas a nadie» (Mc 1,44). Y aunque lo envía al sacerdote, no es para que le cuente quién le ha curado o cómo se ha producido el hecho, si no para que conste como testimonio, para que pueda volver a reinsertarse oficialmente en el entramado social y cultual de su pueblo. Lo cual no sirvió de nada, pues el leproso en lugar de dirigirse al templo, se retiró y se puso a anunciar con entusiasmo y a divulgar a voces la noticia (Mc 1,45). Se convirtió en predicador y anunciador de la Buena Nueva, del Evangelio. Lo cual provocó que Jesús ya no podía entrar libremente en ninguna ciudad, se queda en lugares solitarios, en el desierto, y hasta allí acudían a él de todas partes. Para Jesús los lugares de marginación y de exclusión no existen.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Quiénes son para ti los leprosos de hoy (excluidos de la sociedad, pobres, parados, personas sin hogar…)?

  • ¿Cómo te comportas tú con los leprosos contemporáneos, los acoges como Jesús o por el contrario los rechazas y excluyes de la sociedad y de tu vida?

  • ¿Te atreves, incluso, a transgredir las leyes injustas de pureza «de tu grupo», «de tu comunidad», «tu asociación»… para acercarte a los leprosos con los que te encuentras en tu vida diaria?

  • ¿Qué acciones emprendes o podrías emprender para reintegrar a los leprosos contemporáneos en la sociedad, en la Iglesia, en tu comunidad?

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VIDA – ORACIÓN

Querido, Padre nuestro:

Seguramente, ninguno de los que estamos participando de esta oración,

somos «leprosos excluidos» de nuestra sociedad;

es por ello que queremos encomendártelos a tu corazón misericordioso.

¡Ayúdales en el camino de la vida!

A todos los excluidos de nuestra sociedad los ponemos hoy en tus manos misericordiosas.

Ellos son hijos e hijas tuyos que no pueden llevar una vida normalizada,

dentro de la sociedad de consumo.

Tú conoces mejor que nadie la historia de cada uno,

tú sabes, mejor que nadie, las circunstancias que les han llevado a su situación actual;

muchas veces, motivada por las estructuras injustas que nos hemos montado,

en el que unos tenemos de todo y a otros les falta también todo.

Su presencia en el mundo nos recuerda el rostro de tu Hijo.

Te damos gracias, Padre, porque tú nunca los abandonas,

te damos gracias por las personas que pones a su lado para ayudarlas.

Danos fuerza a todos nosotros para que sepamos mirar con tu mirada,

para que acariciemos con tus manos

y los acojamos con la misma misericordia con la que Jesús acogió al leproso del evangelio.

Que al encontrarme con ellos sea consciente del amor que tú les tienes

y se convierta en un encuentro entre dos hijos tuyos que, en el camino de la vida,

nos dignificamos mutuamente

y estamos dispuestos a caminar juntos.

“Conviérte y sígueme”. Lectio Divina Domingo III del T.O. Ciclo B (Mc 1,14-20)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 1, 14-20)

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertios y creed en el Evangelio». Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Nos encontramos hoy, con el relato que nos narra el inicio de la misión de Jesús; ésta comienza a a desarrollarse en Galilea. La mayoría de los habitantes de esta región son paganos, de formación helenística, y una minoría campesina de origen judío que hablaba arameo. Desde el punto de vista temporal, nos situamos después del arresto de Juan, el Bautista. Es entonces, cuando Jesús comienza a predicar la Buena Nueva de la llegada del Reino.

Se ha cumplido el tiempo. El tiempo de la plenitud se ha hecho presente. ¿En quién? En Jesús. En él están integradas todas las promesas y las profecías, con él todas ellas se han cumplido. La historia ha llegado a su culmen. El momento de la salvación está ya presente. El Reino de Dios ya está aquí. ¿El Reino de Dios? Sí. Un Reino que no es de este mundo y que debemos acoger abriéndonos totalmente a Dios. Dios ya está presente en este mundo y podemos vivirlo en la medida en que nos vayamos dejando hacer por el Espíritu para conformarnos a Jesús. Es decir, para que tengamos los mismos pensamientos de Jesús, actuemos como actúo Jesús y amemos como amaba Jesús. Allí donde se encuentren personas dispuestas a dejarse transformar por la acción del Espíritu en otros cristos, allí está presente el Reino de los Cielos, que comenzó con la predicación de Jesús en Galilea.

1102003033_univ_sqr_xlAhora bien, para que podamos acoger y vivir el Reino de Dios, y para podernos dejar configurar con Cristo, es necesario que nos convirtamos, es necesario que cambiemos nuestro punto de vista, nuestra mentalidad, nuestro modo de ver y de vivir. Es necesario que nos preguntemos, ¿qué debo cambiar en mi vida para poder acoger y vivir el Reino de Dios? Hemos de volvernos hacia Dios con todo nuestro ser, con toda nuestra existencia, a partir de ahora él debe ser quien oriente nuestra vida. “¿Qué haría Jesús si estuviese en mi lugar?” (El Papa Francisco a los jóvenes en el Santuario de Maipú – Chile, parafraseando a san Alberto Hurtado).

Pero además, hemos de creer en el Evangelio. El evangelio, que es el mismo Jesús, que es Dios mismo; que es revelación del Padre, el cual nos ama incondicionalmente y sin esperar nada a cambio; Jesús es quien nos conduce hacia el Padre.

Todo esto, en el relato que nos ocupa, se hace más explícito en la llamada a los primeros discípulos. Dicha llamada, tiene lugar en el mar de Galilea. Allí se encuentra con dos pescadores que están lanzando las redes al mar. Se dirige a ellos y les ordena: «¡Venid conmigo!». La iniciativa parte de Jesús, al contrario de lo que ocurre con el resto de los maestros, que son elegidos por sus discípulos. A partir de ese momento los discípulos comenzarán a ir detrás del maestro y comenzarán a aprender de Jesús sobre todo con su forma de vivir, no solo con su enseñanza. El Maestro será quien marque el itinerario a seguir, el ritmo, la meta.

El objetivo que Jesús tiene con sus discípulos es hacerlos pescadores de hombres. Continuarán con su profesión, con lo que saben hacer; sin embargo, los destinatarios de su pesca serán otro tipo de peces, serán otros seres humanos. Le llama a ser salvadores, por medio de Él, de todas aquellas personas que escuchen y acojan el mensaje del evangelio.

Aquellos primeros discípulos aceptan de inmediato. Al instante abandonan su vida anterior y se disponen a seguir al Maestro. La ruptura con su pasado es radical, no se llevan nada, van con lo puesto, ni siquiera se paran a despedirse de su familia. Desde este momento, ya no se separarán de Jesús, estarán siempre con él.

Comienza el camino de seguimiento y aprendizaje de los discípulos. Comienzan a vivir una nueva vida y un nuevo estilo de vivir, cuyo mandamiento principal es el amor.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• El Reino de Dios continúa estando presente en nuestro mundo y en nuestras vida, ¿estas dispuesto/a a acogerlo?¿De qué manera lo acoges?

• ¿Qué significa para ti convertirte?¿Qué debes cambiar en tu vida para conseguirlo?

• Hoy, Jesús sigue llamando. ¿Estás atento/a a su llamada?¿Estás dispuesto/a a aceptarla?

• Jesús llama a sus discípulos en Galilea. ¿Dónde has recibido tú la llamada?¿Dónde la sigues recibiendo cada día?

• Ellos, inmediatamente, lo dejaron todo y le siguieron. ¿Qué debes dejar tú para seguirle por el camino?¿Cómo puedes contribuir a tu configuración diaria con Cristo?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por el don de la Encarnación de Jesús.

• Da gracias a Jesús por haberte llamado a su seguimiento y a hacerte pescador de hombres.

• Ofrécele tu vida para que el Espíritu Santo pueda transformarla y configurarla con la de Cristo.

• Pídele fuerzas para seguir a Jesús, cada día, por el camino del discipulado y convertirte en pescador de hombres.

“Buscando la felicidad” Lectio Divina del II Domingo del T. O. (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Jn 1, 35-42)

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, les dijo: «Este es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos que oyeron sus palabras siguieron a Jesús. Él se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:«¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús.

Después, encontró a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

En cualquier período de la historia, en ambientes diversos, en múltiples circunstancias, hombres y mujeres de cualquier raza, condición social o nacionalidad, han reflexionado acerca de sí mismos y se han preguntado: ¿Quién soy?¿De dónde vengo?¿A dónde voy? Estas son las preguntas, que de alguna manera, dan sentido a nuestra vida. La persona humana en el transcurso de su existencia se encuentra en una continua búsqueda. Pero, ¿qué busca el hombre? ¿que buscas amigo lector? ¿Para qué te levantas cada mañana? El ser humano no busca otra cosa mas que la felicidad.

Ahora bien, creo que es importante que, aunque sea de manera breve, aclaremos que significa felicidad. Porque… la felicidad no significa euforia, gritos, saltos, risas… Como bien dice, mi amigo el P. Rafael Navarrete, sj: “la felicidad no se puede definir. […] La felicidad es una experiencia de plenitud.” (El aprendizaje de la serenidad). Así es, la felicidad es un estado de plenitud, de armonía, de compromiso, de estar a gusto con uno mismo, con los demás, con nuestro entorno. Felicidad es haber encontrado sentido a lo que hago; es actuar coherentemente con lo que pienso y siento. El Creador, precisamente, nos creó para esto: para ser felices; y para encontrar la felicidad junto a Él. Por eso, el hombre está en continua búsqueda de la felicidad y de Dios. Ya lo decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti».JesusEnviaASusDiscipulos

En la época de Jesús, también había hombres y mujeres que buscaban la felicidad. Dos de estos buscadores eran aquellos discípulos de Juan que viven una experiencia de encuentro con la Felicidad (así con mayúsculas). Así es, un día cualquiera de la vida de aquellos primeros discípulos, al día siguiente, nos refiere el evangelista Juan. Ese día, alguien, Juan el Bautista, les indica dónde pueden saciar ese deseo de felicidad que toda persona humana lleva dentro. Jesús pasa junto a ellos, lo mismo que pasa junto a ti y junto a mí. Lo ven y Juan les dice: «Este es el Cordero de Dios». Ahí va quien puede colmaros de felicidad. Y aquellos discípulos le siguen. Ha sido el testimonio de Juan, el que ha impulsado a aquellos dos discípulos a seguir a aquel desconocido, que pasaba por allí.

Me parece interesante que nos detengamos, por un instante, en esta expresión: «le siguieron». Seguir a alguien, implica mucho más que, simplemente caminar a su lado o pasear. Seguir a alguien quiere decir, que uno se involucra con la persona a la que sigue; que, de alguna manera, comparte sus mismos sueños, objetivos, metas; cuando seguimos a alguien, en cierta medida, es el otro el que marca la dirección y el ritmo durante el camino; es abandonarse confiadamente en esa persona e ir tras ella. Así es, Juan y Andrés van detrás de Jesús porque quieren vivir la vida a tope. Pero una actitud que poseían aquellos dos discípulos es que estaban abiertos, atentos, en búsqueda… por eso son capaces de acoger la invitación de Juan para seguir a Jesús.

Al darse cuenta Jesús de que le siguen, se vuelve y les interroga: «¿Qué buscáis?». Es la síntesis de los interrogantes anteriores, que nos hacíamos al principio de esta página. ¿Qué buscas? Una pregunta que nos podemos hacer cada uno de nosotros personalmente, y que podemos hacer a cualquiera de nuestro alrededor; nos daremos cuenta de que todos buscamos lo mismo, aunque le llamemos de distinta manera: la felicidad.

HaMAESTRO DONDE VIVES1n percibido que aquel hombre, Jesús, puede colmar su sed de felicidad, que quieren permanecer con él: ¿Dónde vives? Queremos permanecer contigo, queremos vivir contigo, queremos estar junto a ti, queremos vivir tu modo de vivir.

Jesús accede inmediatamente a su petición, pero no les da una dirección concreta. No. Jesús los invita a experimentar su vida: «Venid y lo veréis». Jesús no es información, no es lectura acerca de su vida y milagros, no es lo que han dicho o dicen otros de él, Jesús es experiencia de vida y si quiero conocerlo, lo más acertado es experimentar su propia vida. No importa la información que tenga, lo que haya oído, lo que me hayan dicho, lo importante es experimentar con Jesús. «Solo te conocía de oídas; pero ahora, en cambio, te han visto mis ojos» (Job 42,5).

«Y se quedaron con él aquel día». Comienzan a hacer comunidad. Jesús, seguramente va dialogando con ellos, les va aclarando cosas, les va dando respuestas, les va contando sus deseos, sus ilusiones, sus sentimientos… ellos le escuchan, le interrogan, le hablan de sus anhelos, sus esperanzas, sus inquietudes, sus sueños… Van compartiendo vida entre ellos. Y aquí es donde está el verdadero quid de la cuestión. Compartir la vida, comunicar la vida, experimentar al vida… en definitiva, hacer comunidad.

Un encuentro de tal calibre, una experiencia como la vivida por los dos discípulos, no puede guardarse para una mismo. Ha de comunicarse, ha de compartirse, no se la puede uno guardar para sí mismo. Por eso, Andrés siente la necesidad de contarle a su hermano Simón lo que había acontecido aquel día, tenía que contar lo que había experimentado, sentido, acogido y entregado junto a Jesús. Hemos de contar gozosos, llenos de dicha desbordante, con una alegría inusual, nuestra experiencia de Jesucristo, nuestro encuentro con el Maestro: «Hemos encontrado al Mesías». Fijaos bien, que el evangelista nos dice «Hemos», no dice «he». Y esto, sencillamente, porque la experiencia de Jesús es siempre comunitaria, aunque uno la viva de manera personal, pero siempre media la comunidad.2tob

Al principio, no somos conscientes de la importancia, ni de la trascendencia de este encuentro. Puede parecernos un encuentro más de los muchos que se producen en nuestra vida. Pero cuando nos damos cuenta del proceso de crecimiento que hemos experimentado en él, no podemos menos que manifestarlo, comunicarlo, testimoniarlo a los demás: «Hemos encontrado al Mesías». No hemos encontrado a una persona cualquiera, no hemos encontrado siquiera a una persona excepcional, no hemos encontrado al número uno en tal o cual materia. Nos hemos encontrado con el Mesías, nos hemos encontrado con el Dios vivo, nos hemos encontrado con Dios hecho hombre. Y Él ha colmado nuestros anhelos de libertad, de felicidad, de amar.

Andrés da testimonio, narra, transmite su propia experiencia, pero lo hace con convicción, lo hace con atractivo, lo hace con ganas de contagiar. El papa Pablo VI (hoy ya santo) decía que «hoy día, más que maestros necesitamos testigos», personas que nos transmitan su experiencia de encuentro con Jesús. Eso es lo que debemos hacer nosotros, debemos seguir el mismo itinerario que siguieron estos primeros discípulos: Estar atentos a los signos del paso de Dios por nuestra vida, ¿qué buscáis?, ¿dónde vives?, venid y lo veréis, fueron, vieron y lo contaron a otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• ¿Estoy atento/a a las señales o a los signos que me indican el camino para encontrarme con el Mesías?

• ¿Soy consciente de la llamada de Dios?¿de todo lo que supone poder encontrarme con Jesús en mi vida cotidiana?¿De la transformación que puede producir en mi mismo, en mi misma dicho encuentro?

• ¿Dónde estás buscando la felicidad? ¿Qué acciones estás emprendiendo en tu vida para encontrar la felicidad? ¿Qué tendrías que cambiar en tu vida para encontrarte con Jesús y de esa manera halla, también, la Felicidad?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser Él, el primero en salir a tu encuentro.

• Dale gracias por las personas que a diario pone en tu camino y te señalan a Jesús como Aquel que puede colmar tu vida de felicidad.

• Ofrécele tu vida para que Él pueda transformarla y convertirte en verdadero testigo de Jesús resucitado que va derrochando por cualquier lugar felicidad.

• Pide que te ayude a ser testigo de las maravillas que continuamente está realizando en la vida de tantas y tantas personas con las que te encuentras a diario.