“El Reino de Dios es semejante…” Lectio divina del Domingo XVI del Tiempo Ordinario (Mt 13,24-43)

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VERDAD – LECTURA

24 En aquel tiempo, Jesús les propuso otra parábola:

“El reino de Dios es semejante a un hombre que sembró buena semilla en un campo. 25 Mientras sus hombres dormían, vino su enemigo, esparció cizaña en medio del trigo y se fue. 26 Pero cuando creció la hierba y produjo fruto, apareció también la cizaña. 27 Los criados fueron a decir a su amo: ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? 28 Él les dijo: Un hombre enemigo hizo esto. Los criados dijeron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? 29 Les contestó: ¡No!, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis con ella el trigo. 30 Dejad crecer juntas las dos cosas hasta la siega; en el tiempo de la siega diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en haces para quemarla, pero el trigo recogedlo en mi granero”.

31 Les propuso otra parábola:

“El reino de Dios es como un grano de mostaza que toma un hombre y lo siembra en su campo. 32 Es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece es la mayor de las hortalizas y se hace árbol, de tal suerte que las aves vienen y anidan en sus ramas”.

33 Les dijo otra parábola:

“El reino de Dios es semejante a la levadura que una mujer toma y la mete en tres medidas de harina hasta que fermenta toda la masa”.

 34 Jesús decía a la gente todas estas cosas en parábolas, y no les decía nada sin parábolas, 35 para que se cumpliera lo que había anunciado el profeta: Abriré mi boca para decir parábolas y publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

36 Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña del campo”. 37 Él respondió: “El que siembra la buena semilla es el hijo del hombre. 38 El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno. 39 El enemigo que la siembra es el diablo. La siega es el fin del mundo, y los segadores los ángeles. 40 Como se recoge la cizaña y se quema en el fuego, así también será al fin del mundo. 41 El hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su reino a todos los que son causa de pecado y a todos los agentes de injusticias 42 y los echarán al horno ardiente: allí será el llanto y el crujir de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. ¡El que tenga oídos que oiga!”

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Continuamos este domingo con el llamado discurso parabólico. Después de hablarnos acerca del impacto que tiene el anuncio del Reino en aquellos que escuchan la Palabra, hoy nos acercamos a la descripción de ese Reino, mediante otras tres parábolas: la cizaña y el trigo, el grano de mostaza y la levadura; a continuación nos encontramos con un intermedio y la explicación de la primera parábola.

La parábola de la cizaña y el trigo. Jesús ha sembrado la palabra del Reino, que es la semilla buena de trigo; aunque no crece sola, junto a ella crece la cizaña, que es la mala semilla sembrada por el enemigo. La primera reacción de los siervos es la reacción lógica de cualquiera de nosotros, arrancar esa mala semilla de cuajo, pero eso puede ser peligroso porque junto a ella se puede arrancar también la buena semilla de trigo. Esta misma reacción es la que podemos tener con respecto al Reino de Dios, con respecto a su instauración en el mundo, al establecimiento del mismo en nuestra sociedad; para ello es necesario acabar con todo aquello que lo impida de manera inmediata, e incluso de forma violenta, si fuera necesario; el mundo ha de ser depurado, pensamos, e incluso, en más de una ocasión, actuamos para que así ocurra. La dinámica de Jesús y del Reino es diversa. Nos invita a la paciencia y a esperar al desarrollo de los acontecimientos, porque una eliminación precipitada de la cizaña puede ser contraproducente para la semilla de trigo, para la instauración del Reino. En este mundo nos encontraremos con el bien y con el mal, es inevitable. El mal no viene de Dios, viene del enemigo; es él quien lo deposita en el mundo; pero no debemos de precipitarnos en querer arrancar el mal de cuajo, no debemos precipitarnos en señalar o eliminar a los pecadores. Cosechar es obra de Dios, no obra nuestra; y, a su debido tiempo, será el Señor quien separe el trigo de la cizaña, uno para depositarlo en el granero y la otra para quemarla. Nuestra misión es la de ser fieles a la Palabra y testigos de la misma.

La segunda parábola sobre la descripción del Reino de los cielos es la del grano de mostaza. La semilla de mostaza es la más pequeña, apenas puede percibirse, tan pequeña como la cabeza de un alfiler, pero cuando se desarrolla se convierte en un gran arbusto capaz de albergar entre sus ramas a los pájaros. Lo mismo el Reino, comienza desde lo pequeño, desde lo humilde, desde lo pobre, pero toda la vitalidad que lleva en su interior hará que se transforme en grande, abarcando y acogiendo a todas las personas, a pesar de la oposición que hay podido encontrar.

En la tercera parábola, Jesús compara el Reino con la levadura. No importa la poca que sea la cantidad de la misma. Una mínima cantidad es capaz de fermentar toda la masa. Una palabra, un gesto, una mirada una sonrisa… es capaz de transformar el mundo a nuestro alrededor. A pesar de nuestra pobreza, de nuestras miserias, de nuestras limitaciones con la gracia de Dios es posible que la semilla del Reino, que la pizca de mostaza transforme nuestro mundo.

wheat-field-640960_640Jesús contaba a la gente que se acercaba a él parábolas. Era la mejor forma de explicar las características del Reino. El cual, no podemos llegar a entender en su totalidad, pero al que podemos acercarnos por medio de imágenes, lo que ayuda a todo aquel que escucha la Palabra a profundizar en la realidad del Reino. Hablándonos así Jesús nos revela los misterios del Reino de los Cielos. Pero nosotros hemos de acoger su Palabra e intentar llevarla a la práctica.

El texto concluye con la explicación de la parábola de la cizaña a los discípulos: quien siembra la buena semilla es Jesús (el Hijo del hombre), el campo es el mundo, la buena semilla son los hijos del Reino y la mala los hijos del maligno, el enemigo es el diablo, la siega la consumación de los tiempos, los segadores son los ángeles. El trigo aún inmaduro es débil, quebradizo, frágil por eso, es necesario esperar a que madure, para que pueda ser arrancado junto a la cizaña; mientras debemos continuar transformando el mundo, hasta que el Reino sea una realidad al final de los tiempos. Jesús para ello se sirve de personas sencillas, vulnerables, que cada día se esfuerzan por ser imagen de Jesucristo en medio del mundo, que se esfuerzan por ser luz, por ser sal, por ser levadura que fermenta la masa. Miremos el futuro con esperanza, porque al final de los tiempos la luz resplandecerá en la oscuridad, el bien triunfará sobre el mal, la vida vencerá a la muerte, pero mientras nosotros tenemos que trabajar para que el Reino sea una realidad, esa es nuestra tarea y nuestra misión.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es tu reacción ante el mal en el mundo la de los siervos o la del amo?
  • En tu vida diaria puedes encontrarte con infinidad de imágenes, indicios, huellas del Reino de Dios en el mundo, ¿eres consciente de ello?
  • En ti existe el trigo y la cizaña, pero ¿qué haces para que en tu vida exista más trigo que cizaña? ¿Escuchas la Palabra de Jesús e intentas ponerla en práctica? ¿Frecuentas los sacramentos? ¿Te comprometes en hacer realidad el Reino entre aquellos que te rodean?
  • ¿Eres capaz de esperar el tiempo de Dios para separar la cizaña del trigo, sin juzgar a tu prójimo, pues el único juez es Él e intentas ayudarle a crecer en el amor a Dios y a los demás?
  • ¿Crees que la semilla del Reino, aunque sea pequeña y humilde puede transformar el mundo? ¿Qué haces para que el Reino sea una realidad en nuestro mundo?

 

VIDA – ORACIÓN

Como oración os dejo la letra de una canción titulada: Testigos del Reino

Como semilla pequeña

en manos de los pobres,

como el trigo que germina

en las sombras de la noche.

 

Tu reino en nuestras manos

agita nuestro espíritu,

y nos lleva por caminos

de luchas y esperanzas. (bis)

 

Tu voz es nuestro canto,eat-2096295_640

tu grito es la palabra que palpita,

en el corazón ardiente de tu pueblo

creadores de la historia,

testigos de tu Reino.

 

Danos tus manos duras

y seremos una fuerza,

danos tu voz valiente

y seremos grito viviente.

 

Danos tus pasos firmes

para abrir nuevos caminos,

danos tu amor sincero

para crear un mundo nuevo. (bis)

 

Ven junto a tu pueblo

«Señor con nosotros»,

llevamos tu regalo

en vasos de barro.

 

Porque nada tenemos

estamos esperando

que tus manos nos agarren

para seguir andando.

Osa dejo el enlace para que podáis escuchar la canción: https://www.youtube.com/watch?v=enhlMWlAY2I

“Salió el sembrador…” Lectio divina del Domingo XV del Tiempo Ordinario (Mt 13,1-23)

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VERDAD – LECTURA

1 Aquel día, Jesús salió de su casa y se sentó a la orilla del lago. 2 Acudió a él tanta gente, que subió a sentarse en una barca, y toda la gente quedó en la playa. 3 Y les dijo muchas cosas en parábolas. “Salió el sembrador a sembrar 4 y, al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino; vinieron las aves y se la comieron. 5 Otra parte cayó en un pedregal, donde no había mucha tierra, y brotó en seguida porque la semilla no tenía profundidad en la tierra; 6 pero, al salir el sol la abrasó y, por no tener raíz, se secó. 7 Otra cayó entre zarzas; las zarzas crecieron y la ahogaron. 8 Otra parte cayó en tierra buena, y dio frutos; una ciento, otra sesenta, otra treinta. 9 ¡El que tenga oídos que oiga!

10 Los discípulos se le acercaron y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” 11 Y él les respondió: “A vosotros se os ha dado a conocer los misterios del reino de Dios, pero a ellos no. 12 Pues al que tiene se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 13 Por esto les hablo en parábolas, porque miran y no ven, escuchan y no oyen y no entienden. 14 Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:

Oiréis pero no entenderéis,

miraréis pero no veréis.

15 Porque la mente de este pueblo

está embotada,ear-8732_640

tienen tapados los oídos

y ojos cerrados,

para no ver nada con sus ojos

ni oír con sus oídos,

ni entender con la mente

ni convertirse a mí

para que yo los cure.

 

16 ¡Dichosos vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen! 17 Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

18 Así que vosotros entended el significado de la parábola del sembrador. 19 Si uno oye la palabra del reino y no quiere entenderla, viene el maligno y le arrebata lo sembrado en el corazón. Éste es lo sembrado junto al camino. 20 El pedregal es el que oye la palabra de momento y la acepta con alegría; 21 pero no tiene raíz, es inconstante y, cuando llega la prueba o la persecución a causa de la palabra, inmediatamente se vienen abajo. 22 Lo sembrado entre zarzas es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y la seducción de la riqueza ahogan la palabra y queda sin fruto. 23 Lo sembrado en tierra buena es el que oye la palabra y la entiende y da fruto, ciento, sesenta y treinta por uno.”

 

No encontramos hoy con el comienzo del llamado discurso parabólico. Es el tercero de los cinco discursos de Jesús: El discurso del monte (5,1 – 7,29), el discurso de la misión (10,1-42), el discurso parabólico (13,1-52), el discurso eclesial (18,1-35) y el discurso escatológico (24,1 – 25,46).

Nos vamos a centrar, precisamente, en el tercero de éstos y más concretamente en el principio. El número de parábolas de este tercer discurso son siete: parábola del sembrador, parábola de la cizaña, el grano de mostaza y la levadura, parábola del tesoro escondido, la perla preciosa y la red.

Antes de pasar al texto que hoy la liturgia nos ofrece, creo que podría ser interesante que expliquemos en qué consiste este género literario llamado parábola. La parábola es un relato ficticio, aunque lo que en ella se relata puede ser vivido por los oyentes, pues son acontecimientos reales de la vida cotidiana, estos relatos encierran una enseñanza, revelan una verdad con respecto al Reino y sus características o la manera en que debemos de actuar los discípulos de Jesús.

El texto doubt-1499651_640que nos ocupa comienza con una introducción (13,1-3a). Jesús sale de su casa y a su alrededor se aglomera una gran cantidad de gente. Sube a una barca y se sienta, postura habitual de los maestros, y comienza a enseñarles. Les enseña mediante historias de la vida cotidiana, imágenes y comparaciones, precisamente para que todas aquellas personas que están delante de él puedan entenderle y puedan recordar mejor sus palabras.

Vamos a dividir el texto en tres partes:

  • La parábola del sembrador, propiamente dicha (13,3b-9).
  • El motivo por el que Jesús habla en parábolas (13,10-17).
  • La explicación de la parábola del sembrador (13,18-23).

La parábola del sembrador. En el mundo agrícola el sembrador durante el otoño acudirá a su campo para sembrar, esparciendo las semillas. En las tierras de palestina existían pequeñas explotaciones agrícolas que en cuyas lindes podíamos encontrar piedras y arbustos espinosos, por lo que era muy posible que algunas semillas cayeran allí y se perdieran.

El protagonista del relato no es el sembrador, si no la semilla. Por lo que podemos deducir que, la protagonista de nuestra historia es la palabra que se anuncia, no quien la anuncia. La palabra es el anuncio del Reino, un anuncio que debía ser escuchado y puesto en práctica. Tanto Jesús como los oyentes de su palabra sabían que ya Yahveh en el antiguo Testamento había comparado la palabra con la semilla (Is 55,11).

Jesús, al relatar esta parábola, está pensando en el impacto que el anuncio del Reino puede producir en sus oyentes. Pero, sólo, aquel que esté abierto a la palabra puede ser transformado por ella, de ahí la invitación de Jesús: “¡El que tenga oídos que oiga!”

El motivo por el que Jesús habla en parábolas. Después de la narración de la parábola sus discípulos le interrogan acerca de la motivación de dichas narraciones. Pero la pregunta se refiere a la multitud, no a ellos. Ellos acogen y ponen en práctica la palabra de Jesús, por eso, a ellos se les sigue transmitiendo los misterios del reino y pueden comprenderlos y penetrar en ellos. Quien no esté abierto a la palabra, nunca podrá comprenderla, profundizar en ella, ni ponerla por obra; este es el motivo por el que se les quitará incluso lo que tienen: poder relacionarse con Dios como hijos. Ellos miran y no ven, escuchan y no oyen ni entienden, porque su mente, su corazón y su vida están cerradas a la acción transformadora de la palabra. Jesús ofrece a todos su palabra, pero la persona que escucha es responsable y libre para acogerla o no. Es el cumplimiento de la profecía de Isaías (13,14-15). Al no estar abiertos a acoger la palabra, sus oídos están cerrados aunque puedan oír, sus ojos están ciegos aunque puedan ver, su mente está embotada aunque puedan comprender y el cambio de vida es imposible.

Explicación dfield-2195472_640e la parábola. Las distintas semillas están personificando a los distintos oyentes de la palabra.

Los primeros la oyen pero no quieren escucharla, ni entenderla y se resisten a la acción de Dios, por eso el “maligno” la roba de sus corazones, porque su corazón está endurecido.

Los siguientes acogen la palabra con alegría. La palabra ha sido sembrada en ellos, la acogen y comienza a germinar; sin embargo, debido a su inconstancia no son capaces de enfrentarse a las críticas, al rechazo, a las pruebas, a la persecución, entonces se vienen abajo y son capaces, incluso, de dar la espalda a Jesús.

Los últimos son aquellos que oyen la palabra, pero sus propias preocupaciones, las del mundo y la falta de generosidad hacen que la palabra se ahogue, quede sofocada y no de frutos.

Únicamente, quienes oyen, acogen e intentan poner la palabra en práctica, pueden entender y aceptar el regalo de la revelación de los misterios del reino y de la importancia que la Palabra de Dios puede tener en sus vidas. Estos serán capaces de superar cualquier prueba y anunciar a otros la Palabra. La Palabra echará raíces profundas en su corazón y dará fruto abundante, según las disposiciones de cada persona.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es el “terreno” en el que nosotros estamos hoy llamados a sembrar la Palabra?
  • Los peligros que Jesús indica a quienes le escuchan cuando relata la parábola del sembrados, también nos acechan a nosotros hoy: no querer acoger la palabra para que no nos complique la vida, la inconstancia, las preocupaciones del mundo, la falta de generosidad… ¿En qué momentos de tu vida cotidiana te encuentras con estos peligros? ¿Cómo reaccionas ante ellos?
  • Los discípulos preguntan a Jesús para que les aclare los misterios del Reino. Y tú, ¿pides a Jesús que te ilumine, te enseñe, te ayude a comprender y poner en práctica la Palabra?
  • ¿Estás dispuesto/a para escuchar, acoger y poner en práctica la Palabra de Jesús? ¿Qué estás dispuesto/a a hacer?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 107

Dad gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor.

Que lo digan los que el Señor ha liberado,

los que él ha rescatado de la mano de los opresores,

los que ha reunido de todos los países.

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Andaban errantes por el desierto solitario

sin encontrar camino de ciudad habitada;

hambrientos y sedientos,

su vida se agotaba.

Los puso en el camino justo

y llegaron a ciudad habitada.

Dad gracias al Señor por su amor,

por sus milagros en favor de los humanos.

En su angustia gritaron al Señor,

y él los sacó de sus apuros.

Envío su palabra y los curó,

los libró del sepulcro.

Dad gracias al señor por su amor,

por sus milagros en favor de los humanos;

ofreced sacrificios de alabanza

y pregonad sus obras con cantos de alegría.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados” LectioDivina del domingo XIV del tiempo ordinario (Mt 11,25-30)

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VERDAD – LECTURA

25 En aquel tiempo dijo Jesús: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se lo has manifestado a los sencillos. 26 Sí, Padre, porque así lo has querido. 27 Mi padre me ha confiado todas las cosas; nadie conoce perfectamente al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera manifestar. 28 Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. 29 Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy bondadoso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras vidas. 30 Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.”

 

 Enmarcando este texto dentro del capítulo 11, podemos apreciar que Jesús durante su ministerio público es rechazado, criticado, incomprendido por muchos de sus contemporáneos. A éstos se acaba de dirigir unos versículos más atrás (Mt 11,16-24). Pero no todos han actuado de ese modo; los pequeños, los sencillos, los ignorantes… sí que han acogido su Palabra, los que se encuentran agobiados y cansados por tener que llevar la carga de unas leyes injustas y que los esclavizan. Éstos le escuchan y acogen con alegría su enseñanza, se adhieren a él, quiere compartir su vida, se sienten liberados y, al mismo tiempo, acogidos por un Padre misericordioso, a quien el Hijo conoce bien. Ante este hecho, Jesús eleva espontáneamente una plegaria de alabaza y acción de gracias al Padre.

El texto para una mejor comprensión podemos dividirlo del siguiente modo:

  • Plegaria de alabanza y acción del gracias al Padre (Mt 11,25-26).
  • Jesús se presenta como el verdadero conocedor del Padre (Mt 11,27).
  • Invitación para que vengan a Jesús todos los que se encuentran cansados y agobiados (Mt 11,28-30).Jesus alaba al Padre

El Padre se da a conocer a los sencillos. Jesús se siente rechazado por los sabios y entendidos, aquellos que se creen en posesión de la verdad y que esclavizan al pueblo con leyes, que ni siquiera ellos mismo pueden cumplir. Una serie de leyes creadas por los hombres, sobre todo en torno a la pureza legal, que había que cumplir escrupulosamente, pero que estaban vacías de contenido y que, en ningún momento, mostraban la verdadera imagen de Dios. Para ellos, Dios era un ser vengativo, exigente en extremo, despreocupado del bien de la humanidad. Imagen que contrastaba abiertamente con la que había presentado Jesús del Padre: bondadoso, misericordioso, cercano, amoroso. Los humildes y sencillos son capaces de comprender qué significado tiene y qué consecuencias tiene creer en un Dios como el que nos presenta Jesús. Los pequeños, los humildes y sencillos no cumplen con los mandamientos de Dios por miedo, por conveniencia, por conseguir algo de Dios. No, quien acoge a Jesús y su Palabra, cumple con los mandamientos, con la alianza con Dios por amor, como agradecimiento por lo mucho que el Padre nos regala cada día, porque Dios ha querido hacerse cercano al hombre, es más ha querido hacerse ser humano para comprender plenamente al hombre y ofrecerle la salvación por medio de la pasión, muerte y resurrección de su Hijo. Todo esto, únicamente, puede ser acogido por aquel que se siente necesitado de la misericordia divina, por aquel que es consciente de que no lo sabe todo y necesita que alguien le muestre el camino, por aquel que es dócil a la enseñanza de Jesús, por aquel que es capaz de dejarse transformar por el Espíritu.

Y esta acogida por parte de los pequeños y los humildes hace que Jesús estalle en acción de gracias y alabanza al Padre.

agobiados 2Jesús es el único y verdadero conocedor del Padre. El Padre se ha revelado por medio de Jesús. Y Jesús muestra a un Padre que sólo quiere el bien de sus hijos. La enseñanza de Jesús (su yugo y su carga) es dulce y ligera, siempre que seamos capaces de vivirla como hijos que se sienten amados y que aman, siempre que seamos capaces de vivirla desde la bondad y la humildad. Para ello, es indispensable que hagamos experiencia de un Dios que es amor. Un Dios que conoce nuestra “pasta”, que conoce nuestras debilidades, que sabe de nuestras miserias, que nos sostiene en las dificultades y que nos abraza en nuestro sufrimiento y en nuestro dolor, que está siempre a nuestro lado y quiere levantarnos en nuestra caída, que quiere ofrecernos todo su amor. Y lo único que nos pide a nosotros es que actuemos en consecuencia con amor y desde el amor.

Jesús es el único que conoce verdaderamente al Padre, Jesús es quien le conoce en profundidad, el único que le conoce desde el amor pleno. Por eso, Jesús es el único que puede revelarnos al Padre, el único que puede mostrárnoslo tal cual es.

Jesús invita a ir hacia él a todo el que se sienta y reconozca necesitado de la misericordia de Dios. Los contemporáneos de Jesús se encontraban cansados y agobiados por la multitud de exigencias que los maestros de la ley les imponían; leyes, que en muchas ocasiones, carecían de sentido, leyes a las que Jesús quería dar su verdadero sentido. Jesús dará alivio a todos los cansados y agobiados porque el mandamiento, la tarea, la obligación que nace del amor es llevadera y ligera.

Pero no basta, únicamente con acoger la Palabra; Jesús, además, nos invita a vivir y practicar esa Palabra, nos invita a ser bondadosos, mansos, humildes. Jesús invita a adherirse a su mensaje y a hacerlo vida.

Jesús nos está esperando y nos invita a todos los que sufrimos bajo el peso de las dificultades, de los problemas, de las debilidades a acercarnos a Él. Ir hacia Jesús, emprender su seguimiento nos llena de paz, de sosiego, de seguridad, de vida. Dios quiere acogernos en Jesús con ternura, consolándonos, revitalizándonos, haciéndonos vivir de manera más plena.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué imagen tienes de Dios? ¿La de un Dios vengativo, lejano, que sólo se fija en tus fallos? ¿O la de un Dios bondadoso, misericordioso, Padre que nos ama, que está deseando que des el primer paso para acogerte?
  • Jesús alaba y da gracias al Padre, ¿Qué te motiva a ti, hoy, para dar gracias o alabar al Padre?
  • Conocer a Jesús es conocer al Padre, ¿qué acciones emprendes en tu vida diaria para conocer más a Jesús? ¿Lees, meditas e intentas llevar a la práctica su Palabra? ¿Participas asiduamente de los sacramentos? ¿De qué manera muestras a los demás el amor que Dios te tiene?
  • ¿Cuál es tu yugo pesado, que te es difícil de llevar? ¿Lo entregas a Jesús? ¿Lo pones bajo la mirada amorosa del Padre? ¿Acudes a Jesús para que haga ese yugo llevadero y ligero?
  • ¿Te reconoces como necesitado del amor y de la misericordia divina? ¿Acoges a Dios como Padre y a Jesús como revelador de su verdadero rostro?
  • ¿Acoges y practicas la enseñanza de Jesús desde el amor, desde la libertad, desde la entrega generosa?

 

VIDA – ORACIÓN

Padre, te adoro y te amo de todo corazón, porque me has creado y hecho hijo tuyo.

Te doy gracias, por todos los dones que cada día me regalas, por invitarme a seguir a Jesús y a hacer vida su Palabra.

Te ofrezco mi vida, todas mis acciones, mis alegrías y dificultades para tu mayor gloria, para mi propia santificación y la salvación de la humanidad.

Líbrame del pecado y de todo mal, dame fortaleza en las dificultades, ánimo ante los obstáculos; ayúdame a acoger el yugo de Jesús que es ligero y llevadero.

Concédeme el don de la humildad, la sencillez de corazón, la pobreza de espíritu. Derrama tu gracia sobre mí y sobre todas las personas que entren en contacto conmigo, para que seamos testigos de la misericordia divina y transmisores de la Buena Nueva de Jesús. Amén.

“Tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único” Lectio Divina Domingo de la Santísima Trinidad (Jn 3,16-18)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: 16«tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17Pues Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el hijo único de Dios. 

 

El texto que nos ofrece hoy la liturgia, hemos de enmarcarlo dentro de un contexto algo más amplio como es el llamado diálogo de Jesús con Nicodemo. Por lo que creo que puede ser interesante que presentemos, aunque sea de una manera somera a dicho personaje y el diálogo al que hemos aludido.

Nicodemo, según nos cuenta el evangelista Juan era un fariseo (Jn 3,1). Los fariseos eran un movimiento o corriente dentro de la religión judía que se caracterizaba por una práctica escrupulosa de la Ley y por defender y adherirse a las tradiciones orales vivas del judaísmo. Jesús se enfrentó en diversas ocasiones con ellos porque escudándose en lo legal aniquilaban, precisamente, la Ley de Dios con sus tradiciones de origen humano; no podían mezclarse con los pecadores o las personas consideradas impuras; todo ello los hacía caer en muchas ocasiones en hipocresía. Pues bien, Nicodemo era un hombre importante perteneciente a esta corriente del judaísmo.

Nicodemo va a ver a Jesús, posiblemente siente curiosidad por la nueva doctrina que el joven Maestro de Nazaret está predicando. De hecho, lo llama así: Maestro. Va a verlo de noche, quizás por miedo a que lo puedan vincular con Jesús. Aunque desde el punto de vista teológico podemos interpretarlo, como que no se encuentra en la Luz de Jesús. Reconoce a Jesús como enviado por Dios, porque nadie puede hacer los signos que hace Jesús, si Dios no está con él (Cf. Jn 3,3).Santísima-Trinidad-2

Para que puedan entender todo el diálogo que va a tener con él, Jesús le pide que debe nacer de nuevo. Esto nos sirve a nosotros también de clave para poder profundizar y entender mejor el texto que hoy nos ocupa. Nacer de nuevo requiere una conversión radical, requiere que nos acerquemos a ver el Reino desde una perspectiva nueva, sin prejuicios, sin nuestra propia escala de valores, sin nuestros propios convencionalismos, sin nuestros conceptos previamente aprendidos… Hemos de acercarnos al Reino como niños pequeños, abiertos a su novedad y dispuestos a acoger el anuncio de Jesús como un nuevo descubrimiento que nos abre la puerta hacia la vida eterna. Hemos de acoger y vivir el seguimiento de Jesús con una apertura total. Pero, teniendo en cuenta que ese nuevo nacimiento ha de ser engendrado en el agua y el Espíritu. El agua y el Espíritu son símbolos que con toda probabilidad Nicodemo conocía; el agua puede hacer alusión a las purificaciones que realizaban los judíos y el Espíritu a la nueva creación. Juntos nos pueden estar diciendo que partiendo de nuestras propias tradiciones, hemos de abrirnos a la novedad del evangelio, que representa la nueva creación. Entrar en comunión con Jesús va a suponer un nuevo nacimiento.

Creo que era necesaria esta introducción para comprender de una manera adecuada el texto que hoy la liturgia nos propone. Desde esta nueva perspectiva, podemos entender mejor el significado de las palabras de Jesús: “tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Jesús ha sido enviado y entregado por el Padre para que todo aquel que se una a su persona pueda alcanzar la vida plena. Una vida en la que reinará el amor de Dios, en la que reinará ese Dios que ama con locura al ser humano, que únicamente quiere su bien y su salvación; un amor que vence incluso a la muerte.

Dios no ha enviado a su Hijo para condenar al mundo, sino para que se salve, gracias a la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

En el texto no encontramos una alusión clara al Espíritu Santo; sí aparecen las otras dos Personas de la Santísima Trinidad: el Padre y el Hijo. Sin embargo, quien puede motivar y originar en nosotros la adhesión o unión con Jesús, si no el Espíritu, quien puede hacer nacer en nosotros la fe y mantenerla, si no el Espíritu. Quien puede hacer posible que nazcamos de nuevo y configurarnos con Jesús, si no el Espíritu. Es el Espíritu Santo quien nos modela según la forma de Jesús, y en el origen de todo esto está el Padre.Icono Trinidad 1

Estas tres Personas son un único Dios, son Trinidad. Y esta Trinidad tiene una característica que la constituye esencialmente, sustancialmente: el amor. Y eso es lo que vino a ofrecer Jesús al mundo enviado por el Padre; ahora bien, el hombre es libre de rechazar o acoger esa misericordia de Dios, esa ternura, esa bondad y ese amor de Dios. Por eso Dios no ha enviado a su Hijo para nuestra condena, sino para nuestra salvación. Ahora bien, en nuestras manos está acoger, creer y vivir la novedad de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo es tu vivencia de la Trinidad, aunque no llegues a comprender este misterio?
  • ¿Estás dispuesto/a a dejar actuar al Espíritu Santo en ti para poder llegar a «nacer de nuevo»?
  • ¿Acoges con todo tu ser el amor que Dios te ofrece y te regala incondicionalmente?
  • ¿Qué acciones podría yo emprender para mostrar el amor de Dios en mi propio ambiente?

 VIDA – ORACIÓN

Divina Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
presente y operante en la Iglesia y en lo más profundo de mi ser;
yo te adoro, te doy gracias y te amo.

Por medio de María, Reina de los Apóstoles,
me ofrezco entrego y consagro totalmente a ti
por toda la vida y para la eternidad.

A ti Padre del cielo, me ofrezco, entrego y consagro como hijo.
A ti, Jesús Maestro, me ofrezco, entrego y consagro como hermano y discípulo.
A ti Espíritu Santo, me ofrezco entrego y consagro como “templo vivo”,
para ser consagrado y santificado.

María, madre de la Iglesia y madre mía,
tú que vives en intimidad con la Trinidad Santísima,
enséñame a vivir, por medio de la liturgia y los sacramentos,
en comunión cada vez más profunda con las tres divinas Personas,
para que toda mi vida sea un “Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”. Amén.
(Beato Santiago Alberione).

 

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Jesús los acogió a todos y se puso a hablarles del Reino de Dios y a curar a los que lo necesitaban. Al caer el día se le acercaron los Doce y le dijeron:

– «Despídelos para que vayan a las aldeas y caseríos del contorno a buscar alojamiento y comida, pues aquí estamos en descampado».

Pero Jesús les dijo:

– «Dadles vosotros de comer».

Ellos le dijeron:

– «No tenemos más que cinco panes y dos peces. A no ser que vayamos a comprar alimentos para toda esta gente».

Pues eran unos cinco mil hombres.

Jesús dijo a sus discípulos:

– «Decidles que se sienten en grupos de cincuenta».

Así lo hicieron, y dijeron que se sentaran todos.

Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, los bendijo y los partió en trozos. Y se los dio a los discípulos para que se los distribuyeran a la gente. Y todos comieron hasta hartarse. Y se recogieron doce canastos llenos de las sobras.

 

VERDAD – LECTURA       

            El texto que hoy nos ofrece la liturgia se encuentra enmarcado dentro del contexto en el que Jesús comienza a extender su predicación por distintas aldeas de Galilea y es un preludio de la eucaristía.

Acaba de enviar a sus discípulos a predicar. Al regresar de su misión, Jesús les invita a acompañarlo a un lugar solitario para estar con él y compartir las vivencias que les han acaecido durante la predicación de la Buena Noticia. Allí les comienza a hablar del Reino de Dios; y, al acercarse la multitud, curó a muchos enfermos.

Cuando el día ya declina, al atardecer, los doce, preocupados por la gente, se acercan a Jesús y le dicen que despida a la gente para que puedan ir a buscar alojamiento y comida, pues se encontraban en descampado.

La respuesta de Jesús les desconcierta: “Dadles vosotros de comer”. ¿Cómo van a hacer esto, si sólo tienen cinco panes y dos peces? ¿Cómo van a recaudar el dinero suficiente para dar de comer a tanta gente? Y en el caso que lo consiguieran, ¿dónde van a comprar tanto alimento? ¿No se ha dado cuenta Jesús de que son más de cinco mil personas?

Jesús pide a los discípulos, que digan a la gente que se recuesten en grupos de cincuenta. Jesús va a solucionar el problema. Jesús será quien les de alimento, al igual que en otro tiempo hizo Moisés con el pueblo de Israel en el desierto (Num 1 – 4), al igual que hizo el profeta Eliseo (2Re 4,42-44). Jesús es el nuevo Moisés, el nuevo libertador de su Pueblo; Jesús es el nuevo profeta; aquel que ha venido a dar el verdadero sentido a la Ley y a los Profetas.

Jesús toma los cinco panes y los peces, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los dio a sus discípulos para que los distribuyeran. Es el preludio de la eucaristía. El mismo gesto que compartían las comunidades lucanas en la celebración eucarística, el mismo gesto que repite el sacerdote en cada eucaristía celebrada y vivida en todas y cada una de nuestras comunidades de fe. Eucaristía, acción de gracias, eucaristía, celebración, eucaristía fiesta; pero eucaristía, también compromiso, acogida y compartir; eucaristía preocupación por las necesidades del otro, eucaristía interés por los problemas del prójimo, eucaristía compartida de la vida de cada uno de los cristianos y de las necesidades del mundo.

Jesús no es un milagrero, Jesús no es un tapagujeros, Jesús no es un mago que por arte de magia hace desaparecer las dificultades, los problemas, los miedos. Jesús necesita de aquellos que han querido compartir su vida y su misión para llevar la felicidad a la humanidad. Jesús necesita de todos nosotros para llevar la Buena Nueva a todos, Jesús necesita que seamos sus manos, sus ojos, sus pies y su corazón para poder seguir acariciando, mirando con ternura, acompañando en el camino, amando sin distinción y gratuitamente. Únicamente de este modo, todos quedaremos saciados y tendremos de sobra: compartiendo nuestros bienes, nuestra persona y nuestra vida. De este modo recogeremos los cestos llenos de los trozos sobrantes.

No negamos el milagro. Para Dios no hay nada imposible. Jesús es quien multiplica nuestras acciones. Jesús es quien toma nuestros viene, quien bendice y da gracias al Padre quien parte, pero nosotros somos quienes debemos de distribuir eso bienes que Dios nos regala cada día, nosotros somos quienes debemos distribuir nuestra pequeñez y la de nuestros hermanos, nosotros somos quienes tenemos que acercar la eucaristía a todos aquellos que están alejados. ¡Claro que hay milagro! Con sólo cinco panes y dos peces, se sació toda una multitud.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Al igual que los apóstoles, ¿estás atento/a a las necesidades de aquellos hermanos que pasan a tu lado, que están a tu alrededor, de aquellos con los que compartes tu vida?
  • ¿Acercas a todo aquel que pueda estar necesitado a Jesús? ¿pides a Jesús ayuda para poder compartir los problemas, las dificultades, las necesidades de los demás? ¿Estás atento/a a la Palabra de Jesús para poder hacer frente a los momentos difíciles en los que se haya la humanidad?
  • ¿Qué entregas a Jesús para que pueda tomarlo, bendecirlo y partirlo? ¿Estás dispuesto/a a compartir y distribuir entre la gente los dones que el Padre en su infinita bondad te regalado?
  • ¿Cómo vives el misterio de la eucaristía? ¿Cómo la celebras? Además de encuentro con Jesús resucitado, ¿es para ti encuentro con los hermanos?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por el gran regalo de la Eucaristía.
  • Gracias, Jesús, por haber querido quedarte entre nosotros en un trozo de pan y un poco de vino, en el sagrario.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a vivir la eucaristía no sólo como celebración y encuentro individual con Jesús, sino como celebración de la comunidad y encuentro entre los hermanos. Y que cuando acabemos de celebrar la eucaristía, glorifiquemos a Dios con nuestra vida, y acerquemos la Buena Noticia a todos cuantos nos rodean.

“Dales vosotros de comer” Lectio Divina de la Solemnidad del Santímo Cuerpo y Sangre de Cristo (Lc 9,11b-17)

“Ama y guarda mi palabra” Lectio Divina Domingo VI del Tiempo de Pascua (Jn 14,23-29)

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VERDAD – LECTURA

Jesús le contestó: “El que me ama guardará mi palabra, mi Padre lo amará y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él. El que no me ama no guarda mi palabra; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No estéis angustiados ni tengáis miedo. Ya sabéis lo que os he dicho: Me voy, pero volveré a estar con vosotros. Si me amáis, os alegraréis de que me vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Jesús habita entre nosotros, Jesús vive en nuestra vida, está presente en nuestro día a día. El Dios cristiano, no es un Dios lejano, apartado de la vida de los seres humanos. Está presente por amor y en el amor que nos profesamos los unos a los otros.

Dios siempre da el primer paso. Dios nos amó primero y nos ama incondicionalmente. Nosotros tenemos que vivir y mostrar el amor de Dios hacia nosotros, en nuestro amor a los hermanos. Amar al estilo de Jesús es acoger y poner en práctica su Palabra. Amar al estilo de Jesús es acoger al hermano y compartir con él todas sus vicisitudes: alegrías y sufrimientos, fracasos y logros, muerte y vida. Es estar dispuesto a acompañarlo en todos los acontecimientos diarios, ponerse a su servicio, entregarse a él incondicionalmente.

Nos consiste únicamente en seguir una serie de normas y doctrinas, es necesario que en nuestra vida esté presente el amor. Desde el amor se es fiel a la palabra. Quien no ama a Jesús en el hermano, puede cumplir a la perfección una serie de normas y preceptos, pero no está guardando la palabra de Jesús, no le ama verdaderamente. Y la palabra de Jesús, no es suya, es la palabra del Padre, aquel que continuamente, está amando y donándose al hombre.

El Espíritu Santo, nos da consuelo, fortaleza, ánimo, comprensión, nos impulsa a amar. Nos hace recordar la palabra de Jesús y llevarla a la práctica, nos modela según el modelo Jesús de Nazaret, nosotros únicamente debemos acoger y dejarnos hacer, para poder estar al servicio del hermano. Él nos ayudará a vivir en paz y a entregar paz. Una paz que nos es tranquilidad, ausencia de problema, falta de dificultades, enfermedades o tropiezos, es armonía, sosiego, esperanza, calma, confianza. Es serenidad de corazón y valentía.

Jesús vuelve al Padre, a su lugar original, al lugar en el que estaba desde antes de la creación del mundo, el lugar de su plenitud y de su gloria. Por eso tenemos que alegrarnos, porque a pesar de que ya no le veamos de manera física, el continúa y continuará estando entre nosotros. El no verlo puede producir en nosotros, tristeza, pero su presencia está entre nosotros. Él sigue vivo, el está presente en nuestra vida y nos acompaña; sale cada día nuestro encuentro, no estamos solos. Hemos de sentir su presencia, de una manera distinta a si estuviera presente físicamente, pero no por ello menos vital. Es importante, tener esto presente, sobre todo en los momentos de dificultad, de problemas, de tropiezos, para que nuestra fe no decaiga. Que no se turbe nuestro corazón. Jesús no se ha ido para siempre. Para siempre, esta presente entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Dios está siempre presente en nuestras vida. ¿Sientes su presencia? ¿De qué manera? ¿C´mo experimentas la presencia de Jesús en tu día a día?

  • Para guardar la palabra de Jesús, primeramente, es necesario escucharla y después ponerla por obra amando a los hermanos. ¿Existen espacios en tu vida cotidiana para escuchar la Palabra de Dios? ¿De qué manera, con qué acciones concretas tratas de llevar a la práctica la Palabra de Jesús?

  • Guardar y cumplir la palabra de Jesús es amar al hermano. ¿Cómo resuena esto en tu corazón? ¿Cómo muestras tu amor hacia los demás? Trata de ser lo más concreto posible.

  • ¿Intentas vivir la paz que Jesús te regala cada día? ¿De qué manera? ¿Qué significado tiene en tu vida la palabra paz en el sentido que hemos expuesto en nuestra lectura?

  • El Espíritu Santo nos lo enseña todo y nos recuerda todo. ¿Cómo es la presencia del Espíritu en tu vida? ¿Lo invocas con frecuencia? ¿Lo tienes presente?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 36,23s-24.34.

El Señor asegura los pasos del hombre

cuyo camino es de su agrado;

aunque tropiece, no caerá por tierra,

pues el Señor le lleva de la mano.

Confía en el Señor y sigue su camino;

el te ensalzará y te hará heredar la tierra.

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VERDAD – LECTURA

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a lo judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros”. Después soló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”

Tomás, uno de los doce, a quien llamaban “el Mellizo”, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “Hemos visto al Señor”. Él les dijo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo”.

Ocho días después, estaban nuevamente allí dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no sea incrédulo, sino creyente”. Tomás contestó: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “Has creído porque has visto. Dichosos los que creen si haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el hijo de Dios, y para que tengáis vida en su nombre.

Nos encontramos ante el acontecimiento más importante de la historia: La resurrección del Señor. Hoy el evangelio nos narra una de las manifestaciones gloriosas de Jesús. Nos situamos en el atardecer del primer día de la semana, es decir, del domingo, del día del Señor. El día más importante para cualquier cristiano, la conmemoración del día de su resurrección; el día en el que la comunidad cristiana en pleno se encuentra para celebrar la eucaristía.

También, aquel día, los discípulos se encontraban juntos. Sin embargo, tenían las puertas cerradas y estaban aterrados de miedo. En esta situación, se presenta Jesús en medio de ellos, deseándoles la paz. Que no se turbe vuestro corazón, no tengáis miedo, yo estoy con vosotros y os traigo paz; Jesús resucitado ha vencido a la muerte y al pecado.

Les muestra las manos y el costado. Ante su temor y su estupor, Jesús quiere mostrarles la prueba tangible de su pasión y muerte. Pasión y muerte que ha traído la paz y la salvación al mundo entero. Y “prueba” de que aquel que murió en la cruz, ha resucitado, está vivo entre nosotros. Ante tal acontecimiento y descubrimiento no cabe más que la alegría desbordante.

Y, Jesús resucitado envía a sus discípulos. Le envía a la misión que ya les había encomendado anteriormente: Id y predicad la alegría del evangelio. Pero, ahora, ya están preparados. Sopla sobre ellos El Espíritu Santo. Él les dará el valor, el coraje y la fuerza necesaria para llevar a cabo la misión. Y les concede el poder perdonar lo pecados. A partir de entonces, serán también representantes y transmisores de la misericordia del Padre, el único que puede perdonar los pecados.

Tomás no se encontraba allí en aquel momento. Y le relatan el feliz acontecimiento. Él no les cree. Aquello que le están contando no es verosímil; es imposible según la razón humana. Necesita pruebas. Y nuevamente, Jesús resucitado se hace presente. Ahora, si está Tomas. Aquí están las pruebas. Jesús no le reprocha nada, simplemente se muestra a él. Y posteriormente le invita a creer incluso en lo imposible, cuando esto viene de Dios. Tomás no puede más que realizar su profesión de fe: ¡Señor mío y Dios mío!

Lo importe no es creer porque uno ha experimentado la manifestación de Dios, porque haya visto pruebas tangible, porque las dudas se hayan disipado. Dichoso aquel que crea sin haber visto.

Otros signos realizó Jesús que no está escritos en los evangelios. Otros signos sigue realizando hoy en nuestro mundo, en tu vida y en mi vida, en nuestro acontecer cotidiano. ¿Seremos capaces de reconocer esos signos?

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Cada domingo, incluso cada día, Jesús se hace presente, se manifiesta en la comunidad, en el hermano, en la escucha de la Palabra y, sobre todo en la eucaristía. ¿Eres consciente de ello? ¿Cómo vives estos acontecimientos? ¿Reconoces a Jesús en estos espacios, ámbitos y lugares?

  • Jesús viene a traerte la paz, ¿cómo vives tu día a día, ante las distintas situaciones, circunstancias, acontecimientos…? ¿Vives con angustia, con pesadumbre, con miedo?

  • También sobre ti ha descendido el Espíritu Santo para que seas testigo de la misericordia y el amor de Dios entre todos aquellos que entran en contacto contigo. ¿Verdaderamente eres testigo del evangelio? ¿Qué actitudes, conductas, gestos has de cambiar en tu vida?

  • ¿Será Tomás mellizo contigo? ¿Eres incrédulo o creyente? ¿Necesitas pruebas fehacientes?¿Necesitas ver y tocar para creer? ¿Has tomado el pulso a tu fe?

  • Escucha en lo más profundo de tu persona como Jesús te dice: ¡Dichoso porque crees sin haber visto! Quédate ahí algunos instante al menos y dialoga con Jesús.

 

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale el regalo de la Resurrección; la de Jesús y la nuestra.

  • Da gracias a Jesús por enviarte a ser testigo del evangelio y por el diálogo que has mantenido con él hace un momento.

  • Pide al Espíritu Santo que te otorgue la fuerza necesaria, el vigor y la valentía para anunciar a Cristo Resucitado.

¡La paz esté con vosotros! Lectio Divina Domingo II de Pascua (Jn 20,19-31)

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adulteraVERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, Jesús se fue la monte de los Olivos. Pero, por la mañana estaba de nuevo en el templo. Todo el pueblo acudía a él; y él sentado, les enseñaba. Los maestros de la ley y los fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, la pusieron en medio y le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. En la ley, Moisés mandó apedrear a estas mujeres. ¿Tú que dices?” Decían esto para probarlo y tener de qué acusarlo. Pero Jesús, agachándose, se puso a escribir con el dedo en el suelo. Como insistían en la pregunta, se alzó y les dijo: “El que de vosotros no tenga pecado que tire la primera piedra”. Y, agachándose otra vez, continuó escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, se fueron uno tras otro, comenzando por los más ancianos, y se quedó Jesús sólo, con la mujer allí en medio. Entonces Jesús se alzó y le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?” Y ella contestó: “Ninguno, Señor”. Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete, y no peques más”.

Hoy en nuestra lectura del evangelio nos encontramos con una escena de lo que podríamos llamar la vida corriente de Jesús.

Acaba de estar en el monte de los Olivos, un lugar al que Jesús se retiraba frecuentemente a orar. Al amanecer, lo encontramos, de nuevo, enseñando. La gente esta a su alrededor escuchando su enseñanza. Ignoramos el contenido de dicha enseñanza. El caso es que la gente parece ser que le escuchaba con gusto, pues ya de mañana iban, precisamente al templo para escucharlo.

En esto, se acercan los maestros de la ley y los fariseos llevando con ellos a una mujer, que al parecer, ha sido sorprendida en flagrante adulterio, a la cual ponen en medio, entre Jesús y la gente del pueblo para que todos puedan verla bien. E interpelan a Jesús: según la ley debe ser apedreada (Lev 20,10; Dt 22,22.24: Aunque según estos textos de la ley deben ser ajusticiados ambos, hombre y mujer, puesto que los dos cometen adulterio). Ellos hicieron esto para probar a Jesús y tener de qué acusarlo, dijera lo que dijera, querían coger a Jesús en un renuncio. Jesús no dice ni que se aplique, ni que no se aplique la ley.

Jesús, con suma tranquilidad, se agacha y se pone a escribir en el suelo. Dicho gesto ha recibido innumerables interpretaciones, acerca de las cuales los expertos no se ponen de acuerdo. Algunos interpretan que lo que escribió Jesús fue la respuesta a su interrogante; otros aluden a un pasaje de la profecía de Jeremías, donde dice que los nombres de aquellos que se separan de Yahveh serán escritos en la tierra, con lo cual el viento o la lluvia lo harán desaparecer (cf. Jer 17,13). Según Secundino Castro, en su obra Evangelio de Juan, podría interpretarse como que al igual que la ley entregada a Moisé fue escrita por el dedo de Dios en la piedra, ahora Jesús escribe la suya en la tierra; es una ley que tiene en cuenta la debilidad de la persona; y se le da la oportunidad de borrar su pecado; es una ley para el hombre, que es terreno, frágil. Jesús no ha venido a condenar, sino a salvar (págs. 188s).MujerAdultera_-IsaakAsknaziyDominioPublico_Wikipedia_200315

Ante la insistencia de los acusadores, Jesús se levanta y les dice: “El que de vosotros no tenga pecado que tire la primera piedra”. Ante lo cual, aquellos, comienzan a marcharse, “comenzando por los más ancianos. Es decir, los primeros en marcharse son los que más autoridad tienen, los más respetados, los que se pensaban que eran mejores. Ellos querían utilizar la ley para condenar al hermano. Pero, hay que tener en cuenta, que todos somos pecadores, y, por lo tanto, ninguno estamos en condiciones de condenar a nadie. Nadie ha condenado a la mujer.

Pero, este hecho no quiere decir que Jesús sea un permisivo; el ser humano tiene que hacer un esfuerzo para no pecar, para no quebrantar la ley, cuyo primer mandamiento es el amor a Dios y al prójimo: “Vete, y no peques más”. La ley de Jesús, la ley de Dios, tiene en cuenta la debilidad del ser humano y se basa en el principio de misericordia. Y nosotros tenemos que cumplir la ley, no por cumplimiento, sino por amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Trata de hacerte una idea clara de la escena, imagínatela con todos los detalles posibles. Toma conciencia de cada uno de los personajes, ponte en el lugar de cada uno de ellos, identifícate con los acusadores y con la mujer pecadora, ¿qué sentimientos afloran en ti?

  • ¿En qué momentos de tu vida, te conviertes en acusador/a? ¿De qué manera lo haces? ¿Qué te mueve a hacerlo? ¿el cumplimiento estricto de la ley? ¿ayudar al hermano a cambiar? ¿la misericordia?

  • ¿Acoges a todas las personas, especialmente a los excluidos de nuestra sociedad, sin etiquetarlas, sin juzgarla, tratando de ayudarlas a crecer? ¿Y en tu comunidad, grupo, equipo…?

  • ¿Qué cambios hemos de realizar en tu vida para acoger a los excluidos de nuestra sociedad, de nuestra comunidad?

  • Acoger, no quiere decir, ser permisivos, hemos de mostrar y ofrecer la ley de Jesús lo cual implica esfuerzo, pero desde el amor. ¿Lo tienes en cuenta en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por haber escrito tu ley en nuestro corazón y ofrecernos tu amor y misericordia.
  • Gracias, Jesús, por interpretarnos la ley desde el amor y habernos entregado el mandamiento principal: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a saber perdonar al hermano y a no convertirnos en acusadores intransigentes, que busquemos siempre el bien de la otra persona, presentándole la vida y la vivencia de Jesús de Nazaret, sin algodones, pero con amor y misericordia, poniendo siempre a la persona en el centro.

“Tampoco yo te condeno. Vete, y no peques más” Lectio Divina Domingo V del Tiempo de Cuaresma (Jn 8,1-11)

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VERDAD – LECTURA

Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando estos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía lo que decía. Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y los cubrió. Al entrar en la nube, los discípulos se asustaron. Y una voz desde la nube dijo: “Este es mi hijo, el elegido, escuchadle”. Tan pronto como cesó la voz, Jesús quedó solo. Los discípulos quedaron en silencio, y a nadie contaron por entonces lo que habían visto.

 

En este segundo domingo de cuaresma, la liturgia nos ofrece, para nuestra meditación y oración, en los tres ciclos, el texto conocido como la transfiguración de Jesús. En el ciclo C, nos encontramos con el relato de dicho hecho según el evangelio de Lucas.

Estamos encima de una montaña. En una situación temporal imprecisa. Aunque aquí no lo hemos recogido, y tampoco lo recoge la liturgia de la palabra, el texto comienza diciéndonos: “Unos ocho días después…” Y, al menos a mí, inmediatamente, me asalta una pregunta: ¿Ocho días después de qué? ¿Del regreso de los discípulos después de que Jesús les enviara a predicar el Reino? ¿Ocho días después de la profesión de fe de Pedro? ¿Ocho días después del primer anuncio de su pasión? Pues probablemente, después de estos dos últimos acontecimientos. Según, lo que conocemos por los otros sinópticos, los discípulos, especialmente Pedro, no han entendido nada de aquel anuncio… ¿Cómo es posible que el Mesías vaya a padecer todo eso y muera? ¿Y qué es eso de que después va a resucitar? De alguna forma, Jesús quiere manifestarse a ellos y confirmarles en la fe. Es un intento de que sus discípulos cambien la concepción que tienen acerca del Mesías. La transfiguración es una confirmación de que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías esperado. Es un anticipo de la resurrección. Pero vayamos por partes.

Decíamos más arriba que nos encontramos en una montaña. Este lugar es privilegiado para el encuentro con Dios. Basta recordar los encuentros de Moisés con Dios en el monte Sinaí (Éx 19,20; 24,12-15; 34,2-4) o de Elías en el monte Horeb (1Re 19,8). Jesús se encuentra allí orando, encontrándose con él Padre, y en aquel momento cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente.

Inesperadamente, aparecen dos hombres que se ponen a hablar con Jesús. ¿Quienes son? Moisés y Elías. Pero, ¿quiénes son estos personajes y por qué se aparecen? Moisés representa la Ley, él la había recibido en el Sinaí; y Elías representa a los profetas, éste había sido arrebatado al cielo por un carro de fuego (2Re 2,11) y según la profecía de Malaquías, tiene que volver a preparar el camino al Mesías (Mal 3,23). Por tanto, la ley y los profetas, el Antiguo Testamento, viene a dar testimonio de Jesús como Hijo de Dios.

Y, ¿acerca de qué dialogan Moisés, Elías y Jesús? Precisamente, acerca de la duda que tenían los discípulos: de la muerte de Jesús que iba a tener lugar en Jerusalén. El Mesías esperado no es un Mesías poderoso, guerrero y aniquilador de enemigos. El verdadero Mesías tendrá que padecer y morir… pero al tercer día será resucitado por el Padre. De este modo Jesús nos liberará de todas nuestras ataduras y de la más importante, de las ataduras de la muerte, puesto que si él resucitó, nosotros también resucitaremos, a pesar de todos nuestros problemas, de nuestras dificultades, de nuestras miserias.

Aunque los discípulos estaban cargados de sueño, se mantuvieron despiertos y pudieron ver la gloria de Jesús y a los dos personajes que se encontraban junto a él. Y su reacción fue lógica. En aquel instante no se dan cuenta de la importancia del acontecimiento que están viviendo. Sus mentes están en otra parte, no perciben la realidad de una manera clara, están aturdidos. Y reaccionan, sobre todo Pedro con aquellas palabras: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a quedarnos.” Eso de tener que pasar por una pasión, por la muerte… Todo eso no tiene sentido, vamos a quedarnos, quítate de problemas. Según, el texto, Pedro no sabe lo que dice.

Mientras está hablando, una nube del cielo los cubrió. La nube, recordemos que, es símbolo de la presencia de Dios (Éx 40,34-38; Núm 10,11s.). Entonces, se oye la voz del Padre que dice: “Este es mi Hijo, el elegido, escuchadle”. De este modo, el Padre confirma que Jesús es el Hijo de Dios, y que nosotros lo que debemos hacer es escuchar su Palabra.

Los discípulos guardan silencio y no contaron a nadie lo ocurrido. Tendrán que vivir la experiencia de la Pascua para entender verdaderamente este acontecimiento.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Hoy, también a ti, Jesús te invita a subir con él a la montaña para orar. ¿Cuál es tu montaña? ¿Qué sientes? ¿Aceptas la invitación? ¿Cuál es tu experiencia en esta montaña?
  • ¿Qué significado tiene en tu vida que Moisés y Elías, la ley y los profetas, vengan a confirmar que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Qué significa para tí que Jesús sea el Hijo de Dios?¿Qué significado adquiere todo esto para tu vida diaria?
  • Jesús cada día se manifiesta en tu vida. ¿De qué manera? ¿Cómo lo percibes? ¿Cómo es ese encuentro? ¿Sirve para cambiar tu percepción y tu modo de vivir el día a día?
    ¿Escuchas la Palabra de Jesús? ¿Cambia en algo tu vida?
  • No puedes quedarte en la montaña, has de bajar a la vida cotidiana y, desde tu experiencia pascual, contar lo que has visto y oído a todos aquellos que salen a tu encuentro.

 

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por revelarnos que Jesús es tu Hijo amado, que puede transformar desde lo más hondo nuestras vidas.
  • Gracias, Jesús, porque cada día te muestras y te revelas en los acontecimientos cotidianos de nuestra vida.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a configurarnos cada día más con Jesús y a llevar su Palabra a todos nuestros hermanos.

“Este es mi hijo, escuchadle” Lectio Divina Domingo II de Cuaresma (Lc 9,28b-36)

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Te invitamos a las Jornadas Bíblicas “El Pueblo de Dios camina en la historia”. Se celebrarán el próximo fin de semana (5-7 de febrero) La Parroquia de San Antonio del Retiro en Madrid. En ellas se desarrollarán diversas actividades, todas ellas son de entrada libre y gratuita. ¡Ven a compartir con nosotros la Palabra! En la imagen adjunta tienes todo el programa. ¡Te esperamos!

Jornadas Bíblicas Madrid 2016

Jornadas Bíblicas en Madrid