“Mi Reino no es de este mundo”. Lectio Divina del evangelio del Domingo Solemnidad de Cristo Rey del Universo

VERDAD – LECTURA

Jn 18,33b-37

Hemos llegado al final del año litúrgico. Y la liturgia del día de hoy nos ofrece para nuestra consideración y oración el interrogatorio a Jesús por parte de Pilato, durante su proceso, según la versión ofrecida por el evangelio de Juan. El Maestro de Nazaret ha sido detenido en el Monte de los Olivos y ha sido llevado ante el Procurador romano. Éste debe hacerse una idea clara del delito de Jesús para condenarlo. La acusación es grave: se ha autoproclamado rey de los judíos. Pilato lanza directamente la pregunta a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos? La respuesta de de Jesús no se hace esperar y quiere indagar cuál es el pensamiento de Pilato, quiere indagar si éste piensa que él cree que Jesús es el rey de los judío o, por el contrario, ha sido influenciado por lo que otros han dicho de él. ¿Es Pilato un juez justo? ¿Actúa desde la equidad?

Pilato evade el pronunciarse al respecto; acaso, es él judío. Los acusadores son otros, sus propios conciudadanos son quienes le han entregado, y más en concreto, los gobernantes de su pueblo. Pilato quiere hacer ver a Jesús que ellos, junto a sus paisanos, son los responsables de su arresto.

Por tanto, para Pilato es un problema menor. Es algo que atañe sobre todo a los judíos, no es un problema que pueda afectar al gran Imperio Romano, aunque le pregunte acerca de lo que ha hecho. Sin embargo, Jesús no ha cometido ningún delito censurable.

Jesús continúa aclarándole la primera pregunta que Pilato le ha hecho, afirmando que él es rey, pero no es un rey al uso, su reino no es de este mundo. Si fuera de este mundo su guardia y sus súbditos se hubiesen rebelado para ayudar a su rey.

La realeza de Jesús se fundamenta en el servicio, en la paz, en la misericordia, en la acogida… lo ha ido mostrando y demostrando durante toda su vida pública. Su realeza no se basa en el poder, la violencia, la dureza. Su Reino proviene del Padre, directamente de Dios.

La respuesta sorprende a Pilato. No es para menos. No entiende el significado de las palabras de Jesús. Y Jesús sigue: “He venido al mundo para ser testigo de la verdad”. La verdad es la verdad de Dios, un Dios misericordioso, amable, bondadoso, amoroso, implicado en la vida de los hombres. Y la máxima expresión de ese amor de Dios será, precisamente, la entrega voluntaria de Jesús. Y todo aquel que es de la verdad, escucha la voz de Jesús y pone en práctica sus enseñanzas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Pilato entra en diálogo con Jesús, aunque sea para interrogarlo. En tu propia vida, ¿intentas entrar en diálogo con Jesús? ¿Con qué frecuencia?
  • “¿Dices esto por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?” nos dice el evangelio. ¿Cómo es tu conocimiento de Jesús? ¿Crees que le conoces realmente? ¿Lo conoces de oídas? ¿Parte tu conocimiento de lo que otros han dicho de Él o de tu propia experiencia?
  • ¿Qué sientes al oír a Jesús decir que su Reino no es de este mundo? ¿Qué significa eso para ti? ¿Eres consciente de que el Reino de Jesús es un Reino de servicio, de entrega desinteresada, de amor hasta el extremo?
  • “Todo el que es de la verdad escucha mi voz” ¿Intentas escuchar a Jesús, entender su Palabra, poner en práctica sus enseñanzas?

VIDA – ORACIÓN

            Hoy te proponemos orar con el Padrenuestro. Hazlo despacio, en él está el fundamento del Reino de Dios. Párate especialmente en las palabras “venga a nosotros tu Reino” y repara en los sentimientos, pensamientos y palabras que se va despertando en ti y en lo más profundo de tu corazón.

“SU PODER ES ETERNO Y NUNCA PASARÁ.” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Daniel 7,13-14

13Yo seguía contemplando en mis visiones nocturnas: En las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre; se dirigió hacia el anciano y se presentó ante él. 14Se le dio poder, gloria e imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder era un poder eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.

Un pequeño fragmento del libro del profeta Daniel que para entenderlo bien tenemos que enmarcarlo en el contexto más amplio del capítulo 7. En el que se narra una de las siete visiones de un israelita llamado Daniel, deportado a Babilonia en la época de Nabucodonosor.

Como sabemos este libro pertenece al género apocalíptico, el cual se caracteriza por narrar a través de símbolos la situación de opresión y sufrimiento del pueblo de Israel y su esperanza en la bondad de Dios que le librará de estas circunstancias que están viviendo.

En el capítulo siete del que forman parte estos dos versículos se narra un sueño en el que Daniel va viendo sucederse cuatro reinos diferentes, los cuales están representados por cuatro fieras. Esos cuatros reinos oprimen a Israel, pero no debe perder la esperanza, porque a ellos les sucederá otro reino de esplendor y liberación para el Pueblo elegido.

Cuando esto ocurra aparecerá el “hijo del hombre”. Para nosotros, familiarizados con el Nuevo Testamento, es fácil identificar a este con Jesús de Nazaret y Jesús utilizó en más de una ocasión este título para referirse a su persona. Sin embargo, aquí representa más bien al reino de los santos. Ese reino de Israel prometido como eterno a la dinastía davídica y que parecía haber desaparecido del horizonte. Un “hijo del hombre” o un reino como estamos viendo a quien Dios le dará un poder eterno y que será extensivo a todos los pueblos. Un reino que es a la vez divino y humano y contra el que se levantan, en muchas ocasiones, las fuerzas del mal. Aunque ese reino como afirma el fragmento con el que estamos orando no será destruido jamás.

Me resulta muy oportuna esta lectura en un día como hoy, en el que celebramos a Jesucristo como Rey del Universo, para hacernos caer en la cuenta que el reinado de Jesucristo no es de este mundo, que este reinado está amenazado por la fuerzas del mal, sin embargo, no tenemos que tener miedo y mantener la esperanza, pues Jesús ha vencido a las fuerzas del mal con su resurrección y su reino no tendrá fin. A nosotros nos queda seguir viviendo según la ley del amor, hasta la llegada definitiva de ese Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • En momentos de dificultad, de peligro, de obstáculos, ¿eres capaz de percibir la presencia de Dios? ¿Te diriges a él para pedirle ayuda? ¿Mantienes la esperanza y la confianza en Él?
  • ¿De qué manera transmites esperanza y confianza a los demás en momentos de dificultad o de dolor?
  • ¿Qué acciones realizas para que otras personas perciban la presencia del Reino de Dios entre nosotros?
  • ¿Intentas vivir cada día el mandamiento del amor hasta que se manifieste el Reino de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 62

2Mi alma sólo descansa en Dios, mi salvación viene de él; 3sólo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza; no sucumbiré.

4¿Hasta cuándo atacaréis a un hombre solo todos a una para derribarlo como una pared que se desploma o una tapia a punto de caerse?

5Desde su altura tratan de derrocarme, se complacen en la falsedad; con la boca bendicen y con el corazón maldicen.

6Mi alma sólo descansa en Dios, mi salvación viene de él; 7sólo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza; no sucumbiré.

8Mi gloria y mi salvación están en Dios, en Dios, mi roca de defensa y mi refugio.

9Confiad en él, oh pueblo, en todo tiempo; Dios es nuestro refugio.

10Los hombres del pueblo son un soplo, la gente ilustre, una mentira; cuando se los pone en la balanza, todos juntos pesan menos que un soplo.

11No esperéis nada de la violencia, no os hagáis ilusión con la rapiña; si llegáis a ser ricos, no pongáis vuestro corazón en las riquezas.

12Dios ha dicho una cosa, y luego otra; yo lo he oído; 13esto: que el poder es de Dios; de ti, Señor, es la lealtad; y esto: que tú pagas a cada uno según sus obras.

“HA HECHADO TODO LO    QUE TENÍA PARA VIVIR”. LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

VERDAD – LECTURA

Jesús se encontraba enseñando en el Templo, mientras la multitud le escuchaba con sumo gusto (cf. Mc 12,35ss). Y entre sus enseñanzas nos encontramos las dos lecciones que la liturgia nos ofrece en el día de hoy: la advertencia acerca de los escribas (12,38-40) y la generosidad de la pobre viuda (12,41-44). El tema de fondo que nos ocupa es la generosidad, el desprendimiento, la entrega: ¿Qué estoy dispuesto a compartir con los demás?

A favor de los escribas, hay que decir que no todos eran así, recordemos que unos versículos antes, acaba de decirle a uno de ellos que no está lejos del reino de Dios (12,34).

¿Qué ocurre, entonces, con algunos escribas? ¿Por qué Jesús nos previene respecto a ellos? Precisamente, porque no viven el mandamiento principal, o más bien los dos mandamientos más importantes de la Ley: Amar a Dios y al prójimo (12,29-31).

Un escriba, en la sociedad israelita del tiempo de Jesús, era una persona importante. No cualquiera podía llegar a tal. Se necesitaban largos años de estudio de la Escritura y una cierta madurez. Eran personas que gozaban de gran autoridad y prestigio ante el pueblo, pues eran quienes estudiaban la Escritura y la interpretaban. Eran miembros del Sanedrín (asamblea, consejo o corte suprema encargada de interpretar la Ley y aplicarla). La mayoría de los escribas pertenecía al movimiento fariseo.

Al parecer, en tiempos de Jesús, a algunos de ellos, les gustaba aparentar y distinguirse de las demás personas; pero desde una posición de poder, de dominio y avaricia.

En contraposición con los escribas, encontramos a la viuda. Jesús sentado, ante la pared externa que daba al atrio de las mujeres, frente al tesoro del Templo, en el que había trece arcas, con forma de trompeta invertida, observa cómo la gente iba depositando sus ofrendas.

Los ricos iban echando grandes cantidades de dinero.

En un momento dado, llegó una viuda. Recordemos que, las viudas en la época de Jesús estaban totalmente desamparadas, no recibían ningún tipo de ayuda económica o protección social, y nadie se ocupaba de ellas, podríamos decir que prácticamente tenían que vivir de la caridad. Pues bien, esta viuda también deposita su ofrenda, una insignificancia, dos monedillas de escaso valor, hemos traducido en el texto (Marcos nos dice que era dos leptones, las monedas de menor valor que existían en aquella época).

Jesús se ha percatado de la acción de esta viuda. Posiblemente, ella no ha hecho ostentación alguna de su acto, como los ricos; con toda probabilidad, ella sienta incluso algo de vergüenza; es demasiado poco, pero es lo que tiene para vivir.

En ese momento, Jesús llama a sus discípulos para enseñarles cómo deben actuar ellos, para educarles acerca de la generosidad: los ricos han dado de lo que les sobraba, ella ha dado todo lo que tenía para vivir. La viuda compartió con los demás todo lo que tenía. Esta viuda ya no tiene otra posibilidad mas que confiarse a la misericordia de Dios, a su providencia. Ella había entendido totalmente en qué consiste el mandamiento principal. Ella hace experiencia del significado que tiene amar a Dios y amar al prójimo.

Una magnífica conclusión del capítulo doce y una sensacional introducción a lo que será la pasión, muerte y resurrección de Jesús que se nos presentará en el capítulo 13.

CAMINO – MEDITACIÓN

  •  ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es la crítica que hace Jesús a los escribas? ¿Crees que Jesús tiene a ti algo que reprocharte? ¿Qué sería ese algo?
  • ¿Por qué crees que Jesús elogia a la viuda? ¿Tiene Jesús algo que elogiarte?
  • ¿Qué puede significar para ti, abandonarte a la misericordia y providencia de Dios?
  • ¿Qué estás dispuesto a compartir para experimentar en tu vida el significado de amar a Dios y al prójimo? ¿Qué acciones has de emprender para ello?

VIDA – ORACIÓN

Hoy para orar lo vamos a hacer con la letra de una canción del grupo Kairoi titulada

Oración del pobre.

Vengo ante Ti, mi Señor,
reconociendo mi culpa.
Con la fe puesta en tu amor,
que Tú me das como a un hijo.
Te abro mi corazón
y te ofrezco mi miseria,
despojado de mis cosas
quiero llenarme de ti.

Que tu Espíritu, Señor,
abrase todo mi ser.
Hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera,
hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera.

Puesto en tus manos, Señor,
siento que soy pobre y débil,
mas Tú me quieres así,
yo te bendigo y te alabo.
Padre, en mi debilidad
Tú me das la fortaleza.
Amas al hombre sencillo,
le das tu Paz y Perdón.

Y déjate transformar por el Espíritu de Dios. Feliz domingo.

“VERÁ LA LUZ Y QUEDARÁ COLMADO”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Isaías 53,10-11

10El Señor quiso destrozarlo con padecimientos. Si él ofrece su vida por el pecado, verá descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá gracias a él.

11Después de las penas de su alma, verá la luz y quedará colmado. Por sus sufrimientos mi siervo justificará a muchos y cargará sobre sí las iniquidades de ellos.

El pasaje que hoy nos ofrece la liturgia, se encuentra dentro del llamado “libro de la consolación”. Una serie de capítulos del profeta Isaías, en los que el autor quiere transmitir esperanza, consuelo, confianza, ilusión a su Pueblo desterrado en Babilonia.

Nos presenta al Siervo de Yahveh, un personaje algo enigmático, que está llamado a ser instrumento en la obra de la salvación de Dios. Aunque en un principio, pueda parece que su misión está abocada al fracaso, que sufrirá incomprensión, persecución, desdicha, padecimiento, nada de esto tiene la última palabra; pues, ofreciendo su vida tendrá una larga vida y será colmado de bendición; la voluntad de Dios se cumplirá gracias a él.

Dios sobre todo quiere librar al hombre del pecado y de la muerte, que lo alejan de Él. Dios quiere, que el hombre entre en comunión con Él, quiere ser su amigo, su compañero de camino, su apoyo en los momentos de dificultad. Aunque el ser fiel a esta amistad con Dios, puede traerle consecuencias insospechadas: rechazo, calumnias, persecución.

Pero no sólo eso, sino que el amigo de Dios, ha de ser capaz también de cargar con las dolencias, las dificultades, las desdichas, congojas de los demás. Sí, lo mismo que Dios es nuestro compañero de camino, cuando nos encontramos en cualquier aprieto o apuro, quiere que nosotros hagamos lo mismo con aquellas personas que se encuentran en nuestro camino, aunque ello nos acarree problemas o incomprensiones.

Enlazando con el evangelio, se hace imprescindible que nos pongamos al servicio de los demás, sobre todo si tenemos algún puesto de liderazgo, sobre todo para ser apoyo, consuelo, soporte, cimiento del que más lo necesita. El discípulo de Jesús ha de convertirse en siervo, dispuesto a echar una mano en cualquier situación y a cualquier persona, poniendo en juego todas sus potencialidades, recursos y cualidades. Esto hará que sea luz para los demás y sentirá la satisfacción del deber cumplido, aunque nadie se lo agradezca. ¿Estamos dispuestos a hacernos siervos?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Qué significa para ti ser siervo del Señor?
  • ¿Estás dispuesto a ser instrumento de salvación en la manos de Dios? ¿Estás dispuesto a dejarte modelar por Él?
  • ¿Cómo afrontas las dificultades, los fracasos, las incomprensiones que aparecen en tu vida cotidiana, sobre todo por ser fiel a tus principios como seguidor de Jesús?
  • ¿Eres luz, esperanza, consuelo, soporte para aquellos que se encuentran en dificultades?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 17

Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza, mi roca, mi fortaleza, mi libertador, mi Dios, mi roca donde yo me refugio, mi escudo protector, mi salvación, mi asilo.

¡Alabado sea Dios! Yo le invoco y salgo victorioso de mis enemigos.

Las olas de la muerte me envolvían, los torrentes del averno me espantaban, los lazos del abismo me liaban, se tendían ante mí las trampas de la muerte.

Clamé al Señor en mi angustia, alcé mi grito hacia mi Dios, y él escuchó mi voz desde su templo, mi grito llegó hasta sus oídos.

[…]

Oh Dios, tu camino es perfecto, la palabra del Señor se cumple siempre, él es el escudo de los que se refugian en él.

“De los que son como ellos es el Reino de los cielos”. Lectio Divina del domingo XXVII del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 10,2-16

En el evangelio de hoy, Jesús aborda uno de los aspectos de la vida matrimonial de su tiempo: ¿qué capacidad tiene el ser humano de disolver por cuenta propia el vínculo del matrimonio?

En la época de Jesús, la ruptura del vínculo matrimonial por parte del marido era de lo más normal y solía argumentarse con textos de la propia Escritura. En Dt 24,1 podemos encontrar la siguiente afirmación: “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le escribirá un acta de divorcio, se la pondrá en su mano y la despedirá de su casa.” Este enunciado era interpretado de forma diversa por las distintas escuelas rabínicas de Israel.

Jesús por su parte, distinguirá entre lo que es la voluntad de Dios y la ley de Moisés. Éste permitió el divorcio a causa de la dureza de corazón del Pueblo de Dios. La dureza de corazón se refiere a no querer aceptar lo bueno, a ser egoísta, a no mostrar amor, ni misericordia, a querer salirse siempre con la suya aunque no se lleve razón, a cerrarse sobre uno mismo, es resistirse a acoger el amor de Dios y de los hermanos.

El fundamento y pilar más importante del matrimonio es el amor; y el amor es lo que hace que el hombre y la mujer sean una sola carne; dejan de ser dos para convertirse en uno. El amor entre el hombre y la mujer es expresión del amor de Dios. Y al igual que el amor de Dios es eterno, así debe ser el amor en el matrimonio. Este es la base, la esencia de la cuestión que nos plantea el evangelio de hoy, sin entrar en los problemas de tipo social, convivencial o de relación que puedan surgir y en los que no voy a entrar, pues no me parece el lugar, ni el momento más oportuno. Al igual que Jesús, yo tampoco voy a entrar en la casuística del asunto.

Los discípulos de Jesús, por su parte, quedan sorprendidos de la afirmación de Jesús. Sin embargo, Jesús vuelve a reafirmarse en lo mismo.

A continuación, les acercan a unos niños para que los toque. En el momento en el que están hablado de cosas serias, de asuntos de adultos, de cuestiones importantes, le presentan a Jesús unos niños para que los toque. La reacción de los discípulos, desde la lógica humana, es totalmente normal: se indignan y les regañan. Cuando Jesús se da cuenta de aquello regaña a los discípulos, porque de los que son como niños es el reino de Dios. De los que son bondadosos, inocentes, dependientes, de los que tienen un corazón rebosante de amor, de los que acogen la Palabra, el amor de Dios y de los hermanos, de los que están dispuestos a entregar amor sin esperar nada a cambio, de abandonar sus seguridades, de esos es el reino de los cielos.

Jesús los abraza y los bendice, los acoge, se identifica con ellos, se hace uno con los más pequeños, los más humildes, los más necesitados. Una importante lección para todos nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué significado tiene para ti la palabra amor? ¿Qué entiendes por amor incondicional, gratuito?
  • Sin entrar la cuestión matrimonial, tu vida ¿está fundamentada sobre el amor?
  • ¿Cómo acoges a los demás, especialmente a los débiles y más necesitados?
  • ¿Está tu corazón rebosante de amor o al menos, lo intentas?
  • ¿Está tu corazón abierto a la Palabra y a las personas de tu entorno?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por habernos regalado un corazón de carne, semejante al suyo.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte a amar a los demás sin esperar nada a cambio, sin condiciones.
  • Pide al Espíritu que te ayude a conservar tu corazón inocente, humilde, sencillo, acogedor.
  • Pide perdón a Dios por las veces en que conviertes tu corazón en un corazón de piedra que no es capaz de amar, acoger y comprender al hermano.

«ESCUCHA, ISRAEL» LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Deuteronomio 4,1-2.6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo:  1«Y ahora, Israel, escucha las leyes y prescripciones que te voy a enseñar y ponlas en práctica, para que tengáis vida y entréis a tomar posesión de la tierra que os da el Señor, el Dios de vuestros padres. 2No añadiréis ni suprimiréis nada de las prescripciones que os doy, sino que guardaréis los mandamientos del Señor, vuestro Dios, tal como yo os los prescribo hoy. 6Guardadlos y ponedlos por obra, pues ello os hará sabios y sensatos ante los pueblos. Cuando éstos tengan conocimiento de todas estas leyes exclamarán: “No hay más que un pueblo sabio y sensato, que es esta gran nación”. 7En efecto, ¿qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos a ella como lo está de nosotros el Señor, nuestro Dios, siempre que le invocamos? 8¿Qué nación hay tan grande que tenga leyes y mandamientos tan justos como esta ley que yo os propongo hoy?»

La primera lectura de hoy está tomada del libro del Deuteronomio. Un libro, cuyos autores, según algunos estudiosos, se encuentran dentro de los llamados círculos levíticos; es decir eran miembros de la tribu de Leví, aquellos que están consagrados para el servicio del Tabernáculo y posteriormente del Templo. El mismo Moisés, pertenecía a esta tribu. Podríamos decir que ellos, de alguna manera debían custodiar, también, la fidelidad a la Alianza por parte del pueblo.

En la actualidad, el libro del Deuteronomio está estructurado en tres grande discursos que Moisés dirige al Pueblo de Israel. El pasaje con el que hoy oramos, se encuentra dentro del primer discurso. Y en él, Moisés anima al pueblo para que sea fiel a la alianza establecida con Yahveh, siendo fiel a la observancia de la ley.

Escucha, Israel, las primeras palabras del Shemá. La plegaria más importante de la piedad judía (Dt 6,4ss), que cada mañana y cada tarde el judío piadoso recita en su oración. Desde los comienzos, el pueblo de Israel es invitado por Dios a escuchar su palabra, a estar atento a ella y a ponerla en práctica. Esta llamada está también presente en la lectura de hoy.

Si Israel se mantiene fiel a la Alianza y la pone en práctica, se convertirá en un pueblo sabio y sensato, de tal manera que será admirado por las demás naciones.

Dios que siempre se mantiene fiel a la Alianza y cercano a su pueblo, estará siempre presente y próximo, pues Él en  ningún momento se aleja. Quien se aleja es Israel cuando incumple la Alianza y se marcha lejos de Dios detrás de otros dioses y siendo injusto con los habitantes de su propia nación.

Moisés, por tanto invitaba a Israel, y nos invita también a nosotros, a ser fieles a la Alianza, a permanecer cerca de Dios y a ser solidarios y caritativos con nuestros hermanos. Y todo ello, desde lo más profundo de nuestro corazón. No únicamente, de manera externa, o por cumplimiento, sino porque estamos firmemente convencidos de que siendo fieles al mandamiento principal, en el que está contenida toda la Ley y la Alianza, estamos siendo fieles a Dios. Y recordemos que el mandamiento principal es: «Amará al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerza (Dt 6,5); y amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv 19,18)».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios en él día de hoy te invita a ser fiel a su Alianza, ¿cómo acoges esta invitación? ¿Qué acciones llevas a cabo para ello?
  • Dios, también te invita a escuchar su Palabra. ¿Dedicas un tiempo cada día a este cometido?
  • Lo importante, no es únicamente, escuchar la Palabra, sino también ponerla en práctica. ¿Cómo vives esto? ¿Intentas cada día llevarlo a cabo?
  • ¿Cómo intentas vivir cada día, en lo cotidiano, el mandamiento principal: amar a Dios y amar al prójimo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 35

6Tu amor, Señor, llega hasta el cielo, y tu lealtad hasta las nubes,

7tu justicia es cual los montes más altos, tus juicios como el inmenso abismo. Tú, Señor, salvas a los hombres y a las bestias;

8oh Dios, ¡qué precioso es tu amor! Los hombres se cobijan a la sombra de tus alas,

9se sacian de los ricos manjares de tu casa, en el torrente de tus delicias los abrevas.

10Pues en ti está la fuente de la vida y en tu luz vemos la luz.

11Guarda tu amor a los que te reconocen y haz justicia a los hombres honrados.

12No dejes que me pisotee el pie del arrogante, ni que la mano del criminal me alcance.

“¿A quién vamos a ir?” Lectio Divina del evangelio del Domingo XXI del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Jn 6,60-69

Versículos antes, Jesús nos ha hablado acerca de la entrega, de la donación, de dar la vida. Lo cual, para los discípulos y para nosotros mismos, resulta de algún modo demasiado pesado, impensable, difícil de llevar a la práctica. Una cosa es creer, compartir, hacer cosas, pero… entregarse a uno mismo, darse, eso es muy difícil, por no decir, casi imposible.

Sus discípulos esperaban otra cosa del seguimiento de Jesús, nosotros esperamos otra cosa, la sociedad nos demanda otra cosa. Estamos inmersos en la vorágine del triunfalismo, del ganador, del que más vale. Y viene Jesús a decirnos que, no sólo hemos de renunciar a todo esto, sino que además tenemos que estar dispuestos a dar nuestra vida por los demás… “Este modo de hablar es insoportable, ¿quién puede hacerle caso?”

Sus discípulos no se dieron cuenta, nosotros aún no nos damos cuenta, entregar la vida por los demás no es el fin, no es la conclusión, no es la último término. La entrega de Jesús y nuestra propia entrega es expresión del amor, de la Vida, de la Resurrección, no sólo de Jesús, sino de la nuestra. Por eso, Jesús volverá a subir a donde estaba antes y nosotros tendremos vida eterna en él.

Llevar a cabo esta entrega, esta donación es imposible con nuestras propias fuerzas, necesitamos la fuerza del Espíritu, la fuerza del Amor. Es el Espíritu quien da vida. El hombre es débil, frágil, quebradizo. El que es vida comunica la vida y nos ayuda asimilarnos, impregnarnos, incorporarnos vitalmente a Jesucristo.

Al no ser conscientes de todo esto, los discípulos entran en crisis, nosotros entramos en crisis, se nos revuelve todo por dentro y “se nos caen los palos del sombrajo”. Aunque Jesús, ya contaba con esto. Estamos demasiado apegados a nuestra libertad que al fin y la postre no deja de ser un modo de esclavitud. Darse, entregarse, donarse, porque uno quiere, nos otorga la mayor libertad que podamos imaginar, nos libera de todas nuestras ataduras, de todo lo que nos esclaviza, de todo lo que no nos deja ser nosotros mismos. Esta donación es un regalo de Dios, por eso debemos pedir continuamente al Padre que nos conceda poder seguir verdaderamente a Jesús, que nos conceda asimilarnos a Jesús, que nos conceda vivir la vida de Jesús. Muchos abandonan a Jesús porque vivir esta vida es difícil, nos parece imposible, porque nos cuesta horrores salir de nuestra “zona de confort”, de nuestra comodidad, queremos evitar los riesgos, lo desconocido, la novedad.

Jesús entonces se dirige a los más cercanos, a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?” Será Simón Pedro quien responda en nombre del grupo: ¡No! No queremos marcharnos, a dónde vamos a ir lejos de Jesús, quién nos colmará esa inquietud, esa desazón, ese desasosiego que nos consume por dentro. Jesús es el consagrado del Padre, Jesús es el ungido por el Espíritu, Jesús es la Vida, y la vida eterna. Y sólo unidos a él alcanzaremos esa plenitud de la vida que el Padre nos regala.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado, especialmente, tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Qué sentimientos se despiertan en ti ante la petición de Jesús de darse a uno mismo, de entregar la vida? También para ti, ¿son escandalosas las palabras de Jesús?
  • ¿Qué te impide dejar que el Espíritu te transforme para asimilarte vitalmente con Jesús?
  • ¿Cuál es tu reacción ante la crisis? Crisis significa cambio, ¿qué es lo que te impide salir de tu “zona de confort”?
  • ¿Eres consciente de que el único que puede colmar tu inquietud, tus ansias de libertad, de emancipación, de trascendencia, de eternidad… es Jesucristo?
  • ¿Qué puedes hacer tú para asimilarte cada vez más vitalmente a Jesús? ¡Ponte manos a la obra!

VIDA – ORACIÓN

  • Te invitamos a mantener un dialogo con Jesús, háblale con tranquilidad, escucha lo que él tiene que decirte.
  • Dile que quieres entregar tu vida, pero que no eres capaz de hacerlo solo, que necesita de él, que necesitas la fuerza del Espíritu.
  • Métete en la escena y escucha como, también a ti, Jesús te dice: “¿También tú quieres marcharte?” Respóndele desde el corazón, desde ese lugar recóndito y profundo al que únicamente el Padre tiene acceso.
  • Déjate modelar por el Espíritu, entrégate sin condiciones.
  • Comprométete a salir de tu “zona de confort”, a soltar lastre, a dejar atrás todo lo que te impide darte a ti mismo, entregarte y donarte por los demás.

LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, SOLEMNIDAD

VERDAD – LECTURA

Lucas 1, 39-56

El evangelio que hoy nos regala la liturgia, nos narra el encuentro entre la Virgen María y su prima Isabel. En él se nos habla de escucha, de atención y de acogida. María e Isabel, dos mujeres que saben estar atentas a la voz de Dios, dos mujeres que escuchan la Palabra y la acogen en su corazón para ponerla en práctica. Un encuentro entre dos mujeres que se felicitan, mutuamente, por el gran regalo que han recibido de Dios. La primera el don de engendrar al Salvador del mundo, la segunda la de engendrar al Precursor. Dos mujeres que han sabido acoger el don de Dios en sus vidas. Dos mujeres que han sabido cobijar el amor de Dios y entregarlo de manera gratuita a los demás. Dos mujeres que han sabido interpretar las señales que Dios les va mostrando en su camino. Dos mujeres que desbordan felicidad ante el gran amor y ante la misericordia infinita de Dios.

Lucas acentúa la prontitud con la que María acoge y responde a la llamada de Dios, a su Palabra, al mandato amoroso de Dios. Ante el anuncio del ángel, en el momento de la encarnación, de que su pariente Isabel está encinta, se pone en camino y va aprisa a la montaña. María sale al encuentro de las necesidades de Isabel. María, que lleva en su seno al Autor de la vida, se pone en camino para ofrecer y donar su propia vida. Entra en casa de Zacarías y saluda a Isabel. Se pone en sintonía con ella. Entra en su mundo y en su vida; la acoge lo mismo que ha acogido al Salvador; se pone a su disposición.

Isabel, por su parte, también acoge a la Madre del Salvador; acoge la Buena Noticia, acoge el don gratuito de Dios. Y tal es la alegría y el gozo de ese encuentro que el pequeño Juan salta en su vientre. Isabel ha sabido acoger y descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos de la vida: en un encuentro, en una visita, en una casa, en un abrazo, en la sencillez, en el diálogo, en la ayuda mutua. Isabel ha sabido acoger el don de Dios, el don del Espíritu Santo, y llena de él a voz en grito exclama: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!».

«Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». La Palabra de Dios siempre actual, siempre presente, siempre vigente, siempre performativa, es decir que al enunciarse realiza la acción, a la vez que se expresa la acción ocurre, es un hecho constatable y vigente. La Palabra de Dios viva y eficaz se hace acto, acción, creación nueva. El Antiguo Testamento da paso al Nuevo. Las promesas de Dios se cumplen.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De qué manera vivo atento/a a la Palabra para acogerla y ponerla por obra? ¿En qué medida estoy atento/a a los dones que Dios me regala cada día? ¿En qué medida acojo esos dones de Dios?
  • ¿Con qué prontitud acojo y respondo a la llamada de Dios? ¿Salgo el encuentro de las necesidades de los demás? ¿Se ponerme a su disposición?
  • Al descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos y acoger los dones que él me regala a diario. ¿Desbordo de gozo? ¿Salto de alegría?
  • ¿Considero la Palabra como actual, presente, capaz de transformar mi vida y la de los otros? ¿La Palabra de Dios, para mí, está viva, es eficaz, se hace acción?

VIDA – ORACIÓN

Querido Padre Dios, que sales a nuestro encuentro cada día, para mostrarnos y regalarnos tu misericordia, derrama tu Espíritu sobre nosotros, para que cada uno de nuestros encuentros nos conduzcan a la fe y seamos mensajeros del evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

“UNA MUJER VESTIDA DEL SOL, CON LA LUNA BAJO SUS PIES Y UNA CORONA DE DOCE ESTRELLAS EN LA CABEZA.” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Apocalipsis 11,19a;12,1-6a.10a-b

11 19Entonces se abrió el templo de Dios, el que está en el cielo, se vio en su templo el arca de su alianza. 121Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza. 2Estaba encinta, y gritaba con los dolores de parto y las angustias de dar a luz. 3Otra señal apareció en el cielo: un dragón color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos; sobre sus cabezas, siete diademas; 4su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las lanzó sobre la tierra. El dragón se puso delante de la mujer en trance de dar a luz, para devorar al hijo tan pronto como le diera a luz. 5Ella dio a luz un hijo varón, el que debía regir a todas las naciones con una vara de hierro. El hijo fue arrebatado hacia Dios y a su trono. 6Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios. 10Oí una voz potente en el cielo, que decía: Ahora ha llegado la victoria, el poder, el reino de nuestro Dios y la soberanía de su mesías.

La liturgia de hoy, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, en la primera lectura nos ofrece un fragmento del libro del Apocalipsis.

Merece la pena, dedicar un instante a explicar algo acerca de este libro, porque cuanto menos nos resulta misterioso y en muchos casos, algo difícil de entender por su lenguaje, por las imágenes que usa y, también, porque no, por todo aquello que nos han dicho sobre él.

Lo primero que hemos de tener en cuenta, es el nombre del libro: apocalipsis. A muchos de nosotros nos suena como el fin catastrófico y violento del mundo. Sin embargo, esa percepción no tiene nada que ver con su significado bíblico. La palabra apocalipsis es la transcripción del término griego Apokalypsis. Que en realidad significa revelación o manifestación. Por tanto, podemos concluir que el autor del libro lo que pretende es desvelar o comunicarnos alguna cuestión que hasta este momento era desconocida. Y algo muy importante que debemos tener en cuenta cuando leemos este libro es que su contenido no debemos interpretarlo de manera literal, sino de modo simbólico. Por tanto, es imprescindible que se interpreten bien dichos símbolos.

En el pasaje con el que hoy nos invita a orar la liturgia, nos encontramos como la historia humana es representada con imágenes de tipo cósmico: el cielo o señales que en el aparecen.

Por el contexto de la narración e intentando profundizar un poco en ella, podemos deducir que nos está contando la lucha entre el bien y el mal: el dragón y el niño.

Un niño, representando el sumo bien, que se encarna, el Verbo de Dios encarnado y que nace de una mujer.

El arca representando la alianza de Dios con su Pueblo y el arca de la nueva alianza, esa mujer en cinta que está a punto de dar a luz al Salvador del mundo. Este alumbramiento aparece como una gran señal en el cielo que nos traerá la nueva alianza representada en Jesucristo.

La mujer se encuentra en la presencia de Dios, tal y como podemos leer en el texto: “vestida de sol, la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.” Es decir, la mujer aparece toda luminosa e iluminada, está en la presencia plena de Dios. Y Él quiere servirse de ella para traer al mundo la salvación. La luna representa la temporalidad, el cambio; y si la mujer la tiene bajo sus pies, quiere decir que ella no está sometida ni al cambio, ni al tiempo. Las doce estrellas aluden, sin ninguna duda, a las tribus de Israel y a los doce apóstoles (la Iglesia), que tienen la misión de anunciar la salvación.

Esta figura esplendorosa de mujer siente dolores de parto, está a punto de dar a luz; y en este trance se encuentra amenazada por el dragón. En contra del establecimiento de la nueva alianza se levantan las fuerzas del mal, la cuales no podrán hacer ningún daño, pues una vez nacido, el niño es arrebatado junto a Dios y su trono. El dragón no puede dañarle en nada. Jesús está definitivamente al lado de Dios y tampoco nada podrá dañar al pueblo de la nueva alianza, a su Iglesia, aún cuando continuemos en lucha contra las fuerzas del mal.

Esa mujer, es María, de la que hoy celebramos su Asunción al cielo. Es decir, su elevación a la presencia de Dios. María es mujer y madre, una maternidad que no se refiere únicamente a Jesús, sino a cada uno de nosotros y a su Iglesia. Ella tiene la misión, también, de ayudarnos a engendrar en nuestra vida cotidiana a Jesús de Nazaret para que lo anunciemos por todos los confines del mundo.

La mujer, que puede representar también a la Iglesia, huye al desierto, que ha sido preparado por Dios para ella, lugar de soledad y peligro, pero también de encuentro con Dios; en él que encuentra refugio.

El versículo final es un auténtico cántico de victoria y esperanza, pues “ahora ha llegado la victoria, el poder, el reino de nuestro Dios y la soberanía de su mesías”. Las fuerzas del mal nunca podrán prevalecer, ni triunfar frente al bien.

Pidamos hoy, especialmente, a María, que engendro al Salvador y es la mujer vestida de sol, que nos ayude en nuestras luchas y batallas cotidianas para vencer al mal a fuerza de bien.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo acoges las presencia de Jesús en tu vida? ¿Estás dispuesto a engendrarlo cada día, para como María entregarlo a los que te rodean?
  • ¿Cómo reaccionas ante las dificultades, ante los peligros que acechan a la Iglesia y a ti mismo como anunciador del evangelio de Jesucristo?
  • ¿Qué lugar ocupa María, la Mujer vestida de sol, en tu vida? ¿Le pides ayuda en los momentos de dificultad?
  • ¿Eres consciente de que estando en la presencia de Dios no es posible que las fuerzas del mal prevalezcan sobre el bien?
  • Alégrate, con Jesús, con María y con su Iglesia porque Ahora ha llegado la victoria, el poder, el reino de nuestro Dios y la soberanía de su mesías.

VIDA – ORACIÓN

Te invitamos a orar con el Magníficat que escucharemos hoy en el evangelio.

Lc 1,46-55

46«Mi alma glorifica al Señor

47 y mi espíritu se regocija en Dios, mi salvador,

48 porque se ha fijado en la humilde condición de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa/ todas las generaciones,

49 porque el todopoderoso ha hecho conmigo cosas grandes,

su nombre es santo;

50 su misericordia de generación en generación para todos sus fieles.

51 Ha desplegado la fuerza de su brazo,

ha destruido los planes de los soberbios,

52 ha derribado a los poderosos de sus tronos

y ha encumbrado a los humildes;

53 ha colmado de bienes a los hambrientos

y despedido a los ricos con las manos vacías.

54 Ha socorrido a su siervo Israel, acordándose de su misericordia,

55 como había prometido a nuestros padres,

en favor de Abrahán y su descendencia para siempre».

“¿De dónde le viene a éste todo esto?” Lectio Divina del XIV Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

VERDAD – LECTURA  

Evangelio: Mc 6,1-6

Nos encontramos en la sinagoga de Nazaret, Jesús allí con sus discípulos, el sábado, se puso a enseñar. Sus paisanos estaban sorprendidos, se asombraban de su sabiduría. Estamos ante gente que le conocía muy bien, sus familiares, sus amigos de infancia y juventud, aquellos que le habían visto crecer.  Hasta esta pequeña aldea de Galilea ha llegado la fama de Jesús como alguien que realiza prodigios o milagros, como queramos llamarlos.

La primera reacción de sus paisanos, como decíamos antes, es la de admiración u asombro. Sin embargo, inmediatamente les embarga la duda. Todos ellos le conocen bien. No es posible que el hijo del carpintero del pueblo, sea un enviado de Dios. Es el hijo de María. Todos ellos conocen perfectamente la formación que ha tenido, la vida que ha llevado, todos saben de qué familia proviene. Aunque haya marchado hace algún tiempo, y desde un punto de vista humano haya podido adquirir esa sabiduría; no, no puede ser, la gente no cambia tan radicalmente, no deja de ser el hijo de un artesano del pueblo.

Es precisamente esa falta de confianza, esa falta de fe, la que produce que Jesús no pueda hacer ningún signo salvífico, entre los habitantes de su pueblo. Sus paisanos están rechazando la oferta salvífica que Dios Padre quiere regalarles por medio de Jesús. Son precisamente sus prejuicios, sus ideas preconcebidas, su recelo lo que hace no ser capaces de acoger la salvación de Dios.

También Jesús se muestra sorprendido por su falta de fe. Pero es que, únicamente en su tierra es despreciado un profeta.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿En qué momentos te sorprendes a causa de la palabra de Jesús? ¿Te sorprende y asombra el evangelio?
  • ¿Tienes momentos de duda con respecto a la Palabra de Dios? ¿La acoges, la meditas, la guardas en tu corazón e intentas ponerla en práctica?
  • ¿En qué momentos de tu vida la Palabra te escandaliza? ¿Por qué crees que ocurre esto?
  • Algunas personas han recibido la vocación de ser anunciadores de la Palabra de Dios. Cuando te encuentras con ellos y te interpelan, ¿te dejas llevar por tus prejuicios? ¿por tus ideas preconcebidas? ¿Miras si son de esta familia o de esta otra? ¿Si viste de esta o aquella manera? ¿Si, según tu criterio, es persona de cultura o no?
  • ¿Estás dispuesto a acoger la salvación de Dios? ¿Cómo te vas a predisponer para ellos?

VIDA – ORACIÓN

Oración para pedir la gracia del Señor

Señor, somos muy poca cosa,

y te pedimos que alejes las tentaciones de nosotros.

Te pedimos que nos libres del mal,

y tú nos respondes diciéndonos

que ya tenemos suficiente con tu gracia.

¡Danos, Señor, un corazón abierto a tu gracia,

a tu fuerza para vencer el mal,

a tu misericordia y a tu perdón!

¡Haz que seamos capaces de reconocer que somos pecadores,

que no somos nada y no podemos hacer nada sin tu bondad!

Queremos ser humildes y reconocer que eres el Mesías, el Salvador.

¡Danos fe, Señor, para ser testigos tuyos en todo el mundo!

Si te damos la espalda, Señor, no servimos para nada.

Sabemos que tú eres el todo poderoso, que nos amas

y quieres que seamos tus testigos.

Por eso nos atrevemos a movernos por este mundo

poniendo amor en todo lo que hacemos,

poniendo paz en los lugares donde estamos,

siendo la luz que quieres que seamos entre los hombres.

Tú estás a nuestro lado en todo momento.

Esto nos hace fuertes, valientes y comprometidos con tu voluntad.

¡Ven, Espíritu Santo, para mantener y aumentar nuestra fe,

para hacernos perseverantes y pacientes, amorosos y humildes!

AMÉN.

Ignasi Miranda, Oraciones de tú a tú.