“MI ESPERANZA PUESTA EN DIOS ”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

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VERDAD – LECTURA

Ezequiel 17,22-24

22 Esto dice el Señor Dios: “También yo tomaré la copa de un alto cedro y la plantaré; de la punta de sus ramas tomaré un ramo y lo plantaré yo mismo en un monte muy alto, 23 en el monte sublime de Israel lo plantaré; echará ramas y dará frutos y se hará un magnífico cedro. Bajo él habitarán toda clase de pájaros, toda clase de aves morará a la sombra de sus ramas. 24 Y sabrán todos los árboles del bosque que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humilde, hago secarse el árbol verde y reverdecer el árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”.

La liturgia de este domingo nos ofrece un fragmento del libro de la profecía de Ezequiel. Un profeta que siempre nos está invitando a la esperanza, que intenta por todos los medios ilusionar de alguna manera a sus compatriotas que se encuentran deportados en Babilonia. Su mensaje principal es que Dios no abandona nunca a su Pueblo y que en un futuro volverán a pisar la tierra de sus padres.

El acontecimiento de la deportación a Babilonia no tenía por qué ser para los Israelitas para lamentarse y caer en la desesperación, si no más bien un incentivo para volverse a la misericordia y el amor de Dios. Antes de dicha deportación, Israel se había alejado de Dios, dándose a la idolatría y actuando de espaldas a la Alianza que Yahveh había establecido con él.

El verdadero cautiverio es haberse alejado de la bondad y el amor de Dios.

Sería conveniente, dejar claro, antes de continuar, que la figura del profeta no es la de un adivino, pitoniso o futurólogo, sino más bien la de ser intérprete de los acontecimientos que están ocurriendo a su alrededor desde la perspectiva de Dios. El profeta es aquel que es capaz de leer los signos de los tiempos y actuar en consecuencia, adelantándose en muchas ocasiones a los mismos. El profeta es aquel que evidencia y manifiesta la infidelidad del Pueblo para que éste caiga en la cuenta de que se está alejando de Dios.

Centrándonos en el pasaje que hoy nos ocupa, Ezequiel nos presenta la imagen de un árbol, el cual Yahveh plantará en un monte alto de Israel, en el cual crecerá frondosamente y dará abundantes frutos. Como decíamos antes, es una invitación a la esperanza pue, si Israel retorna a encontrarse con Dios que ha salido a su encuentro, es posible la vuelta a Israel, porque Yahveh siempre permanece fiel.

Israel volverá a renacer por la gracia y la misericordia de Dios.

Haciendo un paralelismo con la figura de Jesús, y leyendo este pasaje desde la perspectiva del evangelio, podemos decir que esa rama tierna que Dios arranca precisamente de la copa de un alto cedro y planta en un monte alto hace sin duda alusión a Jesucristo.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿De qué manera y en qué momentos te alejas de Dios?
  • En tus momentos problemáticos, de dificultad, de aprieto, ¿mantienes tu esperanza puesta en Dios? ¿Confías en Él? ¿Intentas volverte a Él que ha salido a tu encuentro?
  • ¿Está dispuesto a dejarte arrancar por la mano amorosa de Dios para ser plantado en un monte distinto al que te encuentras ahora? Es decir, ¿estás dispuesto a salir de tu zona de confort?
  • Manteniendo la esperanza puesta en Dios, ¿qué pasos estás dispuesto a dar para crecer como persona y como cristiano?
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VIDA – ORACIÓN

Salmo 46

1 A ti, Señor, me acojo: que jamás quede yo defraudado;

2 libérame, sálvame, pues tú eres justo; atiéndeme, ven corriendo a liberarme;

3 sé tú mi roca de refugio, la fortaleza de mi salvación; sí, tú eres mi roca y mi fortaleza.

4 Dios mío, líbrame de la mano del malvado, de las garras del criminal y del violento;

5 pues tú eres mi esperanza, Señor, mi confianza desde mi juventud, oh Dios.

6 Desde el seno materno me he apoyado en ti, tú eres mi protector desde el vientre de mi madre; en ti he esperado siempre.

7 He sido un prodigio para muchos, pues tú has sido mi refugio seguro.

8 Mi boca está llena todo el día de tu alabanza y de tu gloria.

[..]

14 yo no dejaré nunca de esperar, y aumentaré todavía tus alabanzas;

15 me paso todo el día publicando tus actos de liberación y de justicia, aunque para mí son incalculables.

16 Proclamaré las proezas del Señor, anunciaré que sólo tú eres justo.

“TE COLMARÉ DE BENDICIONES” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO II DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

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Gén 22,1-2.9a.10-13.15-18

1 Después de esto, Dios quiso probar a Abrahán, y le llamó: “¡Abrahán! ¡Abrahán!”. Éste respondió: “Aquí estoy”. Y Dios le dijo:  2 “Toma ahora a tu hijo, al que tanto amas, Isaac, vete al país de Moria, y ofrécemelo allí en holocausto en un monte que yo te indicaré”.

9 Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abrahán levantó un altar; preparó la leña. 10 Luego tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo. 11 Entonces el ángel del Señor le llamó desde el cielo y le dijo: “¡Abrahán! ¡Abrahán!”. Éste respondió: “Aquí estoy”. 12 Y el ángel le dijo: “No lleves tu mano sobre el muchacho, ni le hagas mal alguno. Ya veo que temes a Dios, porque no me has negado a tu hijo, tu hijo único”.

 13 Abrahán alzó los ojos y vio a sus espaldas un carnero enredado por los cuernos en un matorral. Tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

15 El ángel del Señor llamó por segunda vez a Abrahán, 16 y le dijo: “Juro por mí mismo, palabra del Señor, que, por haber hecho esto y no haberme negado tu hijo único, 17 te colmaré de bendiciones y multiplicaré tanto tu descendencia, que será como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la otra orilla del mar, y tu descendencia ocupará la puerta de sus enemigos. 18 Por tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra, porque obedeciste mi voz”.

La liturgia de hoy nos ofrece en la primera lectura la escena que podemos denominar como la prueba de Abrahán o como se la conoce habitualmente el sacrificio de Isaac.

Una acción, esta del sacrificio de Isaac, que desde nuestro contexto, nos puede parecer horrible, pero que en el mundo semítico antiguo era algo habitual. Teniendo esto en cuenta podemos entender mejor la experiencia que tuvo que vivir Abrahán.

Para él, Isaac es el hijo de la promesa. Para hacerla efectiva Abrahán cambio de vida, dejó su tierra, su casa, su familia. Todo. Con su mirada puesta en la promesa que Dios le hace de que su descendencia será numerosa. De alguna manera, Dios ahora le está pidiendo, que sacrifique incluso la misma promesa.

Abrahán acoge, asume y actúa. Y todo ello desde la fe, desde la confianza plena en Yahveh. Se encamina hacia el monte Moria y está dispuesto a todo. Sin embargo, Dios le vuelve a salir al encuentro. Cuando está a punto de consumar el sacrificio, un ángel del Señor detendrá su mano.  Yahveh le ofrecerá un carnero para el sacrificio. No tiene que sacrificar al hijo de la promesa.

Abrahán ha manifestado su fe y su confianza incondicional en Dios. Y Yahveh renueva su alianza y su promesa de bendición: “te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia”. Promesa y bendición que se extenderá a todas las naciones a lo largo de todos los tiempos: “Por tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra”.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Recuerda la alianza que Dios ha hecho contigo. También a ti te ha hecho una promesa, ha realizado contigo un pacto. Vuelve a pasarlo por tu corazón y sé consciente del mismo.
  • En muchas ocasiones de tu vida, Dios puede pedirte un gran sacrificio. ¿Cómo vives este momento? ¿Qué estás dispuesto a hacer por Dios para entrar en comunión con Él?
  • La fe y confianza en Dios de Abrahán es plena. Toma el pulso a tu fe y confianza en Dios.
  • Acoge la bendición que Dios hoy te regala.

VIDA – ORACIÓN

Salmo 27

1 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?

 2 Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

 3 Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.

 4 Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.

[…]

 14 Espera en el Señor, ten ánimo, sé fuerte, espera en el Señor.

“CURA, SEÑOR, MI LEPRA” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Lev 13,1-2.44-46

1 El Señor dijo a Moisés y a Aarón: 2 “Cuando alguno tenga sobre la piel una inflamación, una pústula o una mancha reluciente, síntoma de lepra, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos sacerdotes. 44 Ese hombre es un leproso e impuro. El sacerdote lo declarará impuro, pues lleva la llaga de la lepra en su cabeza. 45 El leproso andará harapiento, despeinado, la cara medio tapada y gritando: ¡Impuro, impuro! 46 Mientras le dure la lepra, será impuro y, siendo impuro, vivirá aislado, fuera del campamento”.

Hoy oramos con un fragmento del libro del Levítico. Dicho libro pertenece al llamado Pentateuco, es decir a los primeros 5 libros de la Biblia. En él se recogen las normas que deben regir el culto y que deben guardar las personas que se consagran al mismo.

Los versículos que hoy nos ofrece la liturgia, nos hablan precisamente acerca del ritual que deben seguir aquellas personas que se contagian de lepra.

Para los judío toda persona que contraía esta enfermedad debía ser apartada de la comunidad, pues dicho mal era sinónimo de impureza religiosa y de un castigo por parte de Dios. Al considerarse al leproso como un pecador era separado a fin de preservar la pureza del Pueblo.

En el hipotético caso de que el leproso se curara debía de realizar un sacrificio de expiación para volver a ser admitido a la comunidad.

El sufrimiento del leproso, por así decir era doble, no únicamente desde el punto de vista físico, si no también desde el punto de vista espiritual pues, en cierto modo, desde el punto de vista de la sociedad judía le alejaba de Dios.

Haciéndonos eco del evangelio y poniéndolo en paralelo con este fragmento, nos damos cuenta como Jesús viene a liberarnos de todo mal, tanto físico como espiritual. Acudamos a Él en nuestras necesidades para que nos libere total e integralmente.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuáles son las “lepras” que nos acechan ya sea en nuestro cuerpo o en nuestro espíritu?
  • ¿Cómo afrontamos dicha problemática?
  • ¿Solemos apartar a otra personas a causa de sus propias lepras?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 23

1 El Señor es mi pastor, nada me falta:

2 en verdes praderas me hace reposar, me conduce hacia las aguas del remanso

3 y conforta mi alma; me guía por los senderos de justicia, por amor a su nombre;

4 aunque vaya por un valle tenebroso, no tengo miedo a nada, porque tú estás conmigo, tu voz y tu cayado me sostienen.

5 Me preparas una mesa ante mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar.

6 Lealtad y dicha me acompañan todos los días de mi vida; habitaré en la casa del Señor por siempre jamás.

LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Isaías 42,1-4.6-7

Esto dije el Señor: “Aquí está mi siervo a quien protejo; mi elegido, en quien mi alma se complace. He puesto en él mi espíritu, para que traiga la justicia a las naciones. No gritará, no alzará el tono, no hará oír por las calles su voz. No romperá la caña cascada, ni apagará la mecha humeante. Traerá con toda seguridad la justicia. No desistirá, no desmayará hasta que implante en la tierra la justicia. En su ley esperan las islas.

Yo el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano y te he formado, te he puesto como alianza del pueblo y luz de las naciones, para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, del calabozo a los que viven en tinieblas”.

Con este cántico, que nos ofrece hoy la liturgia, comienzan los llamados cuatro cánticos del siervo de Yahveh (Is 42,1-9; 49.1-6; 50,4-11; 52,13-53,12). En el que hoy meditamos podemos encontrar la presentación y la vocación o llamada del Siervo de Yahveh. No sabemos, exactamente, quien es el personaje al cual se refiere, aquel que deberá cargar con los pecados de todo el pueblo. Esto al menos en principio. Desde una perspectiva cristiana y visto desde la figura de Jesús, sabemos perfectamente quien es el Siervo del Señor. Pero continuemos con el comentario del fragmento.

Aquí, el siervo viene presentado como un elegido divino al estilo de Moisés, David o Israel. Las funciones que Dios le confía para él son las mismas que tenía reservadas para el gran rey davídico (2Sam 3,18); y cuyo carácter mesiánico nadie se atreve a discutir.

Nos encontramos en la época del rey Ciro de Persia. Éste será quien de la libertad al pueblo judío de la cautividad y el exilio en Babilonia. Sin embargo, el nuevo rey, que vendrá, y que aquí está identificado con el Siervo, implantará la justicia definitiva. Él será quien acabe con toda forma de opresión e instaurará una nueva era de libertad para los presos, de luz para los ciegos y de claridad para los que viven en tinieblas.

A pesar de las dificultades que pueda estar pasando el pueblo de Israel, Dios por medio del profeta quiere infundirle confianza, esperanza, ilusión. Dios sigue guiando los pasos de su pueblo, Dios le sigue acompañando, Dios sigue estando a su lado. Dios  con mimo exquisito guía sus pasos. Pero deja libertad al Pueblo para dejarse encontrar por Dios o no. Si Israel también sale al encuentro de Dios, podrá disfrutar de su compañía.

Esta alianza, que Dios quiere ofrecer a su pueblo, será eterna. Basta que el pueblo abra su corazón al amor de Dios y lo acoja. Basta sentirse necesitado de Dios, abandonarse en él y acogerlo en lo más intimo de nuestro ser para que sea nuestro guía por el camino.

Ahora bien este mesías, este salvador, no vendrá de manera esplendorosa, de manera grandiosa, sino en forma humilde, sencilla; sus armas serán la paz. Y su misión será la de librarnos del mal.

Como decíamos más arriba no podemos dejar de ver, desde una perspectiva cristiana, una clara alusión a Jesús de Nazaret que será quien traiga la paz a la tierra, nos libre de todo mal y nos regale la vida eterna.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios también a ti te está llamando para la misión de llevar amor, esperanza, ilusión a su pueblo, ¿cómo acoges esta llamada?
  • ¿De qué manera, en estos tiempos de incertidumbre, puedes difundir esperanza, ilusión, luz a tu alrededor?
  • ¿Sientes cómo Dios te acompaña en tu caminar diario? ¿Qué señales percibes? ¿De qué forma das testimonio de ello?
  • ¿Cuál es la imagen que tienes de Jesús? ¿Un rey majestuoso, poderoso, esplandoroso, guerrero? O por el contrario, ¿es un niño pequeño envuelto en pañales, alguien que trae la paz, que te acompaña desde la humildad y la mansedumbre?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 91

1Tú que vives bajo la protección del Dios altísimo y moras a la sombra del Dios omnipotente,

2 di al Señor: “Eres mi fortaleza y mi refugio, eres mi Dios, en quien confío”.

3 Pues él te librará de la red del cazador, de la peste mortal;

4 te cobijará bajo sus alas y tú te refugiarás bajo sus plumas; su lealtad será para ti escudo y armadura.

[…]

10 A ti no te alcanzará la desgracia ni la plaga llegará a tu tienda,

11 pues él ordenó a sus santos ángeles que te guardaran en todos tus caminos;

12 te llevarán en sus brazos para que tu pie no tropiece en piedra alguna;

13 andarás sobre el león y la serpiente, pisarás al tigre y al dragón.

14 Porque él se ha unido a mí, yo lo liberaré; lo protegeré, pues conoce mi nombre;

15 si me llama, yo le responderé, estaré con él en la desgracia, lo libraré y lo llenaré de honores;

16 le daré una larga vida, le haré gozar de mi salvación.

“CONSOLAD, CONSOLAD A MI PUEBLO” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA DEL SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO – CICLO B

VERDAD – LECTURA

Is 40,1-5.9-11

“Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-, hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados”. Una voz grita: “En el desierto, preparadle el camino al Señor; allanad en la estepa la calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos -ha hablado la boca del Señor-“. Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: “Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, su brazo lo somete todo. Mirad, viene con él su salario y su recompensa lo precede. Como un pastor apacienta su rebaño, en su brazo recoge a los corderos y los lleva en su regazo; él mismo cuida a las ovejas que crían”.

Nos adentramos con este pasaje, en la segunda parte del libro del profeta Isaías (40—55), llamado segundo Isaías, porque se considera que el autor de esta parte es distinto del de la primera, y conocido además como el libro de la consolación.

La actividad del segundo Isaías se desarrolla durante el destierro de Babilonia (s. VI a. C.).

La liturgia hoy nos ofrece un emotivo y apasionado poema de consolación y esperanza, en el que se anuncia la liberación de Israel por parte de un Dios, que le cuida de la misma forma en que el pastor cuida de su rebaño y de sus ovejas más débiles.

Me parecen muy importante las primeras palabras de esta primera lectura: Consolad, consolad a mi pueblo. Es decir, ofrecedle alivio, descanso de la pena, de la fatiga, del dolor, de la aflicción que le embarga. Animadlo, reconfortadlo, ofrecedle estímulo, sostenedlo. Porque todo ese dolor que ahora siente a causa del destierro no es permanente, no dura para siempre.

Hablad al corazón de mi pueblo y decidle que Dios ha perdonado su pecado. Que Dios lo ha mirado con entrañas de misericordia, que Dios quiere facilitarle la vida, que Dios quiere devolverles la felicidad, de la que él mismo se había apartado al alejarse de la bondad de Dios.

Yahveh liberará a su pueblo del dominio de Babilonia y le hará regresar a la Tierra Prometida. Aunque ese camino de regreso ha de prepararlo Israel. Puede ser un camino duro y escabroso, pero Dios estará al lado de su pueblo, le acompañará, caminará junto a él.

En el desierto, el pueblo de Israel volverá a encontrarse con Yahveh, lo mismo que ocurrió durante el Éxodo. Allí, de alguna manera, el pueblo ha de depurar su actitud, su manera de proceder, de comportarse; ha de volverse a Dios y mirar desde su mirada, desde la perspectiva de Dios, desde el amor de Dios.

Ese reencuentro con Yahveh y ese regreso a Jerusalén, no es para vanagloria del pueblo, si no para que se manifieste la gloria de Dios, la cual será visible a toda criatura.

Anuncia ese consuelo, esa esperanza, esa ilusión a mi pueblo. Esa es la misión que Dios le encomienda al profeta. Anuncia buenas noticias a mi pueblo. Ya bastantes malas noticias se le han anunciado, ya hay muchos pájaros de mal agüero que únicamente ven lo negativo que ocurre a su alrededor.

En medio de tanta oscuridad como muchas veces nos envuelve, existe un poco de luz, posiblemente tenue, débil, pero luz. Una luz que es la presencia de Dios en nuestras vidas. La presencia activa de Dios, que nos recoge, nos alimenta, nos abraza, nos lleva en su regazo y nos hace descansar y sentirnos protegidos y a salvo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Eres capaz de percibir las luces, las señales de esperanza, la positividad que existe a tu alrededor? ¿Cuáles son esas señales?
  • ¿Qué actitudes deberías depurar en tu vida para darte cuenta de esas señales? ¿Dónde deberías poner tu “foco”?
  • ¿Eres anunciador de malas o de buenas noticias? Y sobre todo, ¿eres anunciador de la bondad de Dios?
  • ¿De qué manera puedes vivir este adviento con una mayor esperanza? ¿Cómo transmitir esa esperanza a las personas que están a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

Os invitamos a orar con el Salmo 92.

Salmo 92

Es bueno dar gracias al Señor

y cantar a tu nombre, oh Dios altísimo;

proclamar tu amor por la mañanay tu fidelidad a lo largo de la noche.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

“ESTAD ATENTOS” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO I DE ADVIENTO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 13,33-37

“¡Vigilad!” o en todo caso su sinónimo, velad, es la palabra clave de este corto fragmento del evangelio que meditamos hoy en el primer domingo de adviento. Vigilad y estad atentos porque no sabemos cuando vendrá el dueño de la casa. Y vigilar con esperanza, con la confianza puesta en Jesús que viene. A esto nos invita el adviento a velar en la espera gozosa de Jesús, pero con una esperanza activa.

Por medio de esta parábola Jesús nos invita a permanecer vigilante para descubrir la presencia de Dios en nuestras vidas, para detectar los signos del Reino, incluso en medio de la calamidad, de las dificultades, de las miserias. Vigilar y velad con la esperanza en que el dueño de la casa vendrá. Sí. Vendrá a tu corazón y al mío, vendrá a tu vida y a la mía. Está ya. Pero hemos de saber mirar y percibir la presencia de Jesús en medio de nosotros.

No sabemos cuándo. Pero estamos seguros de que vendrá y que ya está presente en nuestro mundo. Y sólo nos queda estar atentos a esos signos que puedan ayudarnos a acoger a la persona de Jesús, que en Navidad recordaremos y contemplaremos como un niño recién nacido, envuelto en pañales, pero que sale al encuentro del ser humano. Esos signos que nos ayuden a salir al encuentro del esposo.

La vigilancia nos ayuda a no desviarnos de nuestro verdadero camino que no es otro que el seguimiento de Jesús, el dejarnos configurar por el Espíritu para convertirnos en verdaderos discípulos del Maestro.

Necesitamos estar despiertos y atentos para recibir a Jesús que viene. A cada uno de nosotros nos ha dejado una tarea, un compromiso, una misión. Hemos de velar y estar atentos para llevar a cabo el encargo que el nos ha encomendado. Hemos de estar siempre en camino para que la Palabra de Dios se vaya difundiendo por todos los confines del mundo. Hemos de estar atentos para anunciar la Palabra a tiempo y a destiempo, para llevar a todos al amor de Dios y a la salvación que nos trajo y nos trae cada día Jesús.

Hemos de tener nuestra mirada puesta en el presente y en el futuro. Algo nuevo está por suceder. Algo nuevo está viniendo, algo nuevo está naciendo. Es la novedad del evangelio que nos trae Jesús y que nosotros hemos de presentar, ofrecer y entregar a todos nuestros contemporáneos.

Vigilar y estar en vela es dar testimonio de Jesús para que el evangelio llegue a todos los confines de la tierra; vigilar y estar en vela es hacer posible el mensaje de las bienaventuranzas en nuestro mundo, es llevar la alegría de la Palabra a toda raza, pueblo o nación. Nuestro objetivo está bien claro: “predicar el evangelio a toda criatura”; hacer posible el reinado de Dios en nuestro mundo. Mientras, Jesús llega en plenitud sólo nos queda estar vigilantes e invocar diciendo: ¡Ven, Señor, Jesús!

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Qué significado tiene para ti, estar atento y esperar?
  • ¿Cómo resuena en ti la invitación a la vigilancia?
  • ¿En qué ocasiones, crees tú que, te encuentras dormido?
  • ¿Cómo vives a la espera del Señor que viene?
  • ¿Cómo te dispones para vivir con intensidad este tiempo de Adviento?
  • ¿Qué acciones concretas llevas a cabo para hacer posible el Reino a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

  • Alabamos a Dios Padre por habernos dado a Jesús y su Palabra.
  • Invocamos al Espíritu para derrame sobre nosotros su gracia y su fuerza para que podamos permanecer en vigilancia.
  • Damos gracias a Jesucristo por estar viniendo continuamente a nuestras vidas.

¡Estad preparados! Lectio Divina Domingo XXXII del T.O. (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 25,1-3

Nos encontramos dentro del llamado discurso apocalíptico de Mateo, quinto y último de su evangelio, que comprende los capítulos 24 y 25.

Dentro del contexto del “primer evangelio”, los primeros cristianos creían que el fin del mundo era inminente. Aunque, pasaba el tiempo y la parusía (segunda venida de Cristo glorioso al final de los tiempos) no llegaba; con lo que, la comunidad cristiana, tal y como bien apunta José Luis Sicre, tuvo que reinterpretar la idea de la misma, a pesar de las persecuciones que estaban sufriendo.

Sin embargo, el autor del evangelio no se deja llevar por el catastrofismo, la angustia o la tribulación; pues, en realidad “en cuanto al día y la hora, no los conoce nadie, ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solo los conoce el Padre”. Luego, el cristiano lo que tiene que hacer es mantenerse en una actitud de vigilancia, pues la llegada del Reinado de Dios ocurrirá de manera inesperada.

Este es, podríamos decir, el contexto histórico del momento en el que se escribe la parábola, que la liturgia de hoy nos ofrece en la celebración de la eucaristía. Pero profundicemos un poco más en la misma para poder entenderla de una manera más satisfactoria.

Antes de celebrarse la ceremonia de la boda, un grupo de muchachas solía acompañar al novio para recoger a la novia en su casa y llevarla al lugar donde iba a celebrarse la misma. Este hecho da pie a Jesús para anunciar la Buena Nueva por medio de una parábola.

Se encuentran 10 muchachas (vírgenes) esperando la llegada del novio para acompañarle. Pero, éste se retrasa, va anocheciendo y a ellas les entra sueño, el aceite con el que se mantienen encendidas las lámparas se va consumiendo, hasta tal punto que ante la inminente llegada del novio, cinco de estas muchachas que no habían previsto dicha tardanza, deben ir a comprar más aceite.

Lo que se dice velar o vigilar, la verdad es que ninguna de ellas lo ha hecho. Por lo que más que a la vigilancia, Jesús nos esta invitando a ser previsores; lo importante es estar preparados, sin dejarlo todo para el último momento; Jesús nos está invitando a permanecer atentos con respecto al aceite de nuestras lámparas y no permitir que se acabe.

Está claro que el novio es Jesús y las diez vírgenes somo cada uno de nosotros. Pero, ¿qué es el aceite? Mateo nos lo aclarará precisamente a lo largo del capítulo veinticinco de su evangelio con la parábola de los talentos y con el relato sobre el juicio final. Ese aceite son la cualidades, recursos, capacidades, aptitudes, competencias, valores… que Dios nos ha regalado y que nosotros hemos de poner al servicio de los demás por medio de nuestras obras: dar de comer al hambriento, de beber al sediento; acoger al migrante, vestir al desnudo… En una palabra, hacer el bien a nuestro alrededor: al pobre, al pequeño, al más necesitado. Y, teniendo en cuenta que, esas cualidades, capacidades, recursos, esos talentos son individuales, son los que Dios ha dado a cada uno de nosotros, y todo eso no podemos dárselo al otro, pues él tiene los suyos propios, únicamente podemos ponerlos al servicio de los demás.

Por tanto, sigamos la invitación de Jesús a estar atentos para que el aceite de nuestra lámpara no se acabe, a estar preparados ante el retraso del esposo, pues no sabemos ni el día, ni la hora.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • El esposo, Jesús, nos está invitando al banquete de bodas, que es el Reinado de Dios, ¿estás preparado para ello?
  • ¿De qué manera te estás preparando para la venida de Jesucristo? ¿Estás poniendo toda la carne en el asador?
  • ¿Estás atento a las necesidades de las personas que están a tu alrededor?
  • ¿Estás poniendo al servicio de los demás los dones que Dios te ha regalado?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por todos los dones que te regala cada día.
  • Alaba a Jesucristo por invitarte a estar atento a su próxima venida y por acompañarte durante la espera.
  • Pide al Espíritu Santo que te ayude a poner todas tus cualidades, capacidades, facultades al servicio de los demás, especialmente de los más necesitados.
  • Intercede para que la Santísima Trinidad ayude a todos los seres humanos a mantener encendidas sus lámparas.

Verdadero seguimiento de Jesús – Lectio divina del domingo XXII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 16,21-27

Nos encontramos en Cesarea de Filipo, inmediatamente después de la llamada profesión de fe de Pedro, en la cual éste ha reconocido y proclamado a Jesús como Hijo de Dios. Justamente, a continuación, el evangelista nos relata la narración con la que hoy vamos a orar. Para facilitar la acogida, asimilación y puesta en práctica del texto, me parece interesante que lo dividamos en dos partes:

             a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

             b) La exigencia del seguimiento de Jesús.

a) Primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Jesús comienza, poniendo de relieve la obligación que tiene de ir a Jerusalén. Una obligación que debe cumplir, pues esa y no otra es la voluntad del Padre. En su plan de salvación entra, precisamente, el que su Hijo vaya a Jerusalén, sufra la pasión, muera y al tercer día resucite de entre los muertos. Plan salvador, obligación o deber ,que Jesús acepta voluntariamente. Jesús se abandona totalmente en las manos y en la total confianza al Padre, sin oponer resistencia alguna.

Jesús, como ser humano, poco a poco, se había ido haciendo consciente de la situación en la que se encontraba: era totalmente rechazado por las autoridades y por los que se consideraban depositarios de las verdades religiosas y, por tanto, salvíficas para el pueblo. Él sabía que era necesario pasar por una situación de muerte, para después ser glorificado por el Padre. Además por lo que podemos deducir por el contexto del evangelio, este acontecimiento era inminente: Juan había sido ejecutado, Jesús se había enemistado con los dirigentes religiosos de su pueblo, había quebrantado la Ley… Sin embargo, a pesar de todo esto, decide continuar con sus misión. Está firmemente convencido y seguro de la misma. Tal es así, que decide hacer partícipes a sus discípulos de la misión que el Padre le ha encomendado.

Sin embargo, sus discípulos están demasiado lejos de su perspectiva como para aceptar aquello, sin poner pega alguna. Es Pedro quien toma la iniciativa y, en este momento es «piedra de tropiezo» para Jesús en su camino. Es un obstáculo. Pero no sólo eso, se atreve incluso a increparle, a reprocharle por su actitud ante la misión que el Padre le ha confiado.

Jesús reacciona con fuerza: ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Esta fuerte expresión dicha a Pedro tiene por objeto hacerle volver al lugar que le corresponde como discípulo. La finalidad, no es otra, sino la de restablecer la relación entre el Maestro y el discípulo, poniendo a Pedro en su sitio, manteniéndolo en su lugar. Sólo desde la posición de discípulo, de seguidor de Jesús, será Pedro capaz de comprender, aunque sea mínimamente, lo que el Padre está pidiendo a Jesús.

Y mantenerse en el lugar del discípulo tendrá sus consecuencias y sus exigencias. Veámoslas a continuación.

b) Las exigencias del seguimiento de Jesús

La primera consecuencia del seguimiento de Jesús, del discipulado, es que, al igual que Jesús, los discípulos también deben cumplir con su misión. Ellos han sido llamados al seguimiento y deben asumir todas las implicaciones que ello conlleva. No basta con haber recibido la llamada; el discípulo, además, ha de responder a ella, acoger el compromiso que eso supone y ponerla en práctica.

El discípulo tiene que negarse a sí mismo. Lo cual significa, dejar de pensar de manera egoísta, dejar de ser el centro; aunque esto no quiere decir, que uno tiene que dejar de ser como es, o de dejar de ser lo que es o tener una baja autoestima. Jesús lo que está pidiéndonos a todos, los discípulos de entonces y los de ahora, es, simplemente, cambiar el orden de nuestras prioridades; Jesús nos pide que nos mantengamos abiertos a la voluntad de Dios y al servicio de los demás. El verdadero discípulo ha de aprender a vivir entregando la vida, para volver a reencontrarse con ella, ha de aprender a caminar con esperanza, sabiendo que en el servicio y en la entrega a nuestros hermanos más necesitados está la plena felicidad. Ayudar a otros, ponerte al servicio de los demás, defender la justicia, reducir el sufrimiento de los que te rodean… ahí está la verdadera felicidad y el verdadero desarrollo personal.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase te ha tocado el corazón en este momento? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en las circunstancias concretas que actualmente estás viviendo?
  • ¿Qué actitud adoptas ante la misión que Dios te tiene encomendada?
  • ¿Estás dispuesto a llevar a cabo esa misión asumiendo todas las consecuencias?
  • ¿Qué significado y qué consecuencias tiene para ti el negarte a ti mismo desde la perspectiva que hemos visto más arriba?
  • ¿Asumes que la verdadera felicidad se encuentra en hacer la voluntad de Dios y ponerte al servicio de tus hermanos?

VIDA – ORACIÓN

Padre mío

Me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco.

Estoy dispuesto a todo,

Lo acepto todo,

Con tal que tu voluntad se haga en mí

Y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en tus manos.

Te la doy, Dios mío,

Con todo el amor de mi corazón.

Porque te amo

Y porque para mí amarte es darme, 

Entregarme en tus manos sin medida,

Con una infinita confianza, 

Porque tú eres mi Padre.

(Inspirado en Carlos de Foucauld)

“Mujer, grande es tu fe”. Lectio Divina del Domingo XX del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 15,21-28

La liturgia de este domingo continúa con la misma temática del pasado: la fe. Aunque tratando este tema desde una perspectiva diversa.

El relato comienza haciéndonos notar que Jesús, después del enfrentamiento con los fariseos, se retira a las regiones de Tiro y Sidón. Jesús no abandona la misión, simplemente cambia el lugar en el que continuar su obra. Ahora se encuentra en zona pagana. Allí, una mujer cananea sale a su encuentro; es una madre sumida en el sufrimiento debido a la enfermedad de su hija. Y le pide que la cure.

La mujer cananea representa a las poderosas ciudades paganas de Tiro y Sidón; ciudades ricas y poderosas. La mujer quiere y de hecho rompe con su pasado, dirigiéndose a Jesús, un judío. Pero, también, Jesús tiene que romper con sus propias tradiciones judaicas, movido por la fe de esa mujer. Ella, le proclama como Hijo de David, le considera Mesías, le reconoce como Señor. Tiene fe en Jesús.

Jesús, sin embargo, no le presta la más mínima atención. Sus discípulos intervienen a su favor, pero únicamente, porque está molestando; lo que desean, al fin y a la postre es quitársela de encima.  A pesar de todo, Jesús no da su brazo a torcer y explica la razón de ello a sus discípulos: «He sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

La mujer no se achanta, al contrario, persevera en su fe, ante el aparente rechazo de Jesús: «¡Ayúdame!» Tiene la certeza total de que Jesús es capaz de salvar a su hija. Jesús aparentemente, vuelve a rechazarla. Lo lógico hubiese sido que aquella mujer abandonara el lugar, no sólo entristecida, sino llena de rabia. No obstante, persevera en su fe. Su amor de madre está por encima de cualquier dificultad o rechazo. Tal vez, ha presentido una posible cercanía de Jesús, al referirse a ella como perrillo, y no como perro, que era la manera en la que llamaban los judíos a los paganos. La mujer es capaz de abajarse, de humillarse. Jesús ante este hecho no puede quedar indiferente. La fe sencilla, autentica, sincera de aquella madre ha triunfado. Ha sabido perseverar en su fe, sin perder la esperanza. Es más, puede sentirse discípula, pues lo es. Ella forma parte del nuevo pueblo de Dios. Es suficiente la fe en Jesús, adherirse a su persona para pertenecer al círculo los amigos de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN 

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué crees que quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo te comportas con aquellos que no pertenecen a tu “círculo creyente”? ¿Los acoges o por el contrario los rechazas, aunque sea de forma sutil?
  • ¿Cómo es tu confianza y tu fe en Jesús? ¿Ante las dificultades: abandonas, o perseveras al igual que la mujer cananea?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios porque siempre está a tu lado y te salva.
  • Pide por las dificultades de todas aquellas personas que conoces, con las que te encuentras en tu vida cotidiana.
  • Pide a Dios que te conceda la gracia de la oración perseverante, sobre todo en los momentos de mayor dificultad.

“El Reino de Dios es semejante a…”Lectio Divina Domingo XVI del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 13,24-43

Un nuevo y extenso texto, en el que se nos narran diversas parábolas: la llamada parábola de la cizaña, la del grano de mostaza y la de la levadura. Todas ellas, correspondientes a las llamadas parábolas del Reino. Ante la extensión del texto, lo vamos a ir comentado por partes.

            1.- La parábola de la cizaña (13,24-30).

            2.- La parábola del grano de mostaza (13,31-32).

            3.- La parábola de la levadura (13,33).

            4.- Conclusión – bisagra (13,34-36).

            5.- Explicación de la parábola de la cizaña (13,37-43).

1.- La parábola de la cizaña (13,24-30).

            En esta parábola, vemos comola buena semilla sembrada por el agricultor se convertirá en trigo, sin embargo el enemigo del dueño del campo quiere arruinarle la cosecha y junto a aquella buena semilla, dicho enemigo ha sembrado cizaña.

Esta mala hierba puede distinguirse perfectamente del trigo una vez que se han formado las espigas, pero no antes. Incluso, si se intentará arrancar antes, parte del trigo podría perderse.

La buena semilla es la palabra del Reino, la cual va creciendo junto a la cizaña, que son las palabras vacías, dañinas, nocivas, perjudiciales, con las que se busca hacer daño.

Lo mismo ocurre con la Palabra sembrada en nuestro corazón, el enemigo también siembra cizaña. Para que no nos perdamos ninguno de los llamados por Jesús a su seguimiento y a configurarnos con él, la eliminación de la cizaña, Jesús la aplaza hasta el final de los tiempos, pues para nosotros puede ser difícil distinguir una de otra.

2.- La parábola del grano de mostaza (13,31-32).

            Jesús continúa narrándoles otra parábola: el grano de mostaza. Es increíble como de una semilla microscópica pueda nacer una planta casi tan grande como un árbol.

Lo mismo ocurre con la Palabra de Dios. Existe una fuerza extraordinaria en esa pequeñísima semilla, lo mismo que existe en la palabra de Dios. La Palabra es capaz de extenderse a todos los confines de la tierra, aunque quien la siembra es insignificante; es decir, nosotros que somos quienes difundimos la Palabra. Pero el Espíritu Santo será capaz de fecundarla y convertirla en un frondoso árbol.

3.- La parábola de la levadura (13,33).

            A continuación Jesús, les cuenta la parábola de la levadura. Cualquiera que haya visto amasar pan, tendrá clara esta parábola.

            Tres pequeñas pizcas de levadura pueden realizar una gran acción. Lo mismo que ella actúa prácticamente sin hacerse notar, la Palabra lo hace de la misma manera y así fermenta todo lo que se encuentra a su alrededor, siendo capaz de fermentarlo todo. Al final de los tiempos, todo estará empapado del Reino.

4.- Conclusión – bisagra  (13,34-36).

            Concluye esta sección de parábolas con la frase: «les contó muchas parábolas». Pero además nos explica que le hablaba en parábolas y que no les decía nada sin parábolas. Es decir, Jesús explica los misterios del Reino por medio de parábolas. Los misterios, en muchas ocasiones, incomprensible para nuestro entendimiento, pueden llegar a comprenderse por medio de imágenes, comparaciones o similitudes.

            A reglón seguido, Jesús vuelve a la casa y será allí, en la intimidad dónde les explique a los discípulos la parábola de la cizaña.

5.- Explicación de la parábola de parábola de la cizaña (13,37-43).

            El sembrador de la buena semilla es el mismo Jesús; el campo es el mundo; la buena semilla son los discípulos y la palabra que ellos predican; la cizaña, por su parte, son los hijos del maligno y las palabras que ellos difunden.

            Cuando llegue el final de los tiempos se recogerá el trigo y la cizaña y, esta última será quemada en el fuego. Sin embargo hasta que esto llegue, trigo y cizaña han de convivir juntos. Los hijos del Reino tienen que convivir con los hijos del maligno, configurándose cada vez más a Jesús, y transformando este mundo en nuestro día a día.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cómo acoges la Palabra cada día y de qué manera intentas llevarla a la práctica?
  • En tu vida, ¿Qué prevalece? ¿el trigo o la cizaña?
  • ¿Cómo difundes la Palabra entre las personas que te rodean?

VIDA – ORACIÓN

Salmo de la Palabra (Salmo 118)

105Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
106lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
107¡estoy tan afligido! Señor, dame vida según tu promesa.

108Acepta, Señor, los votos que pronuncio, enséñame tus mandatos;
109mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
110los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

111Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
112inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.