“MI ESPERANZA PUESTA EN DIOS ”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

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VERDAD – LECTURA

Ezequiel 17,22-24

22 Esto dice el Señor Dios: “También yo tomaré la copa de un alto cedro y la plantaré; de la punta de sus ramas tomaré un ramo y lo plantaré yo mismo en un monte muy alto, 23 en el monte sublime de Israel lo plantaré; echará ramas y dará frutos y se hará un magnífico cedro. Bajo él habitarán toda clase de pájaros, toda clase de aves morará a la sombra de sus ramas. 24 Y sabrán todos los árboles del bosque que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humilde, hago secarse el árbol verde y reverdecer el árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”.

La liturgia de este domingo nos ofrece un fragmento del libro de la profecía de Ezequiel. Un profeta que siempre nos está invitando a la esperanza, que intenta por todos los medios ilusionar de alguna manera a sus compatriotas que se encuentran deportados en Babilonia. Su mensaje principal es que Dios no abandona nunca a su Pueblo y que en un futuro volverán a pisar la tierra de sus padres.

El acontecimiento de la deportación a Babilonia no tenía por qué ser para los Israelitas para lamentarse y caer en la desesperación, si no más bien un incentivo para volverse a la misericordia y el amor de Dios. Antes de dicha deportación, Israel se había alejado de Dios, dándose a la idolatría y actuando de espaldas a la Alianza que Yahveh había establecido con él.

El verdadero cautiverio es haberse alejado de la bondad y el amor de Dios.

Sería conveniente, dejar claro, antes de continuar, que la figura del profeta no es la de un adivino, pitoniso o futurólogo, sino más bien la de ser intérprete de los acontecimientos que están ocurriendo a su alrededor desde la perspectiva de Dios. El profeta es aquel que es capaz de leer los signos de los tiempos y actuar en consecuencia, adelantándose en muchas ocasiones a los mismos. El profeta es aquel que evidencia y manifiesta la infidelidad del Pueblo para que éste caiga en la cuenta de que se está alejando de Dios.

Centrándonos en el pasaje que hoy nos ocupa, Ezequiel nos presenta la imagen de un árbol, el cual Yahveh plantará en un monte alto de Israel, en el cual crecerá frondosamente y dará abundantes frutos. Como decíamos antes, es una invitación a la esperanza pue, si Israel retorna a encontrarse con Dios que ha salido a su encuentro, es posible la vuelta a Israel, porque Yahveh siempre permanece fiel.

Israel volverá a renacer por la gracia y la misericordia de Dios.

Haciendo un paralelismo con la figura de Jesús, y leyendo este pasaje desde la perspectiva del evangelio, podemos decir que esa rama tierna que Dios arranca precisamente de la copa de un alto cedro y planta en un monte alto hace sin duda alusión a Jesucristo.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿De qué manera y en qué momentos te alejas de Dios?
  • En tus momentos problemáticos, de dificultad, de aprieto, ¿mantienes tu esperanza puesta en Dios? ¿Confías en Él? ¿Intentas volverte a Él que ha salido a tu encuentro?
  • ¿Está dispuesto a dejarte arrancar por la mano amorosa de Dios para ser plantado en un monte distinto al que te encuentras ahora? Es decir, ¿estás dispuesto a salir de tu zona de confort?
  • Manteniendo la esperanza puesta en Dios, ¿qué pasos estás dispuesto a dar para crecer como persona y como cristiano?
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VIDA – ORACIÓN

Salmo 46

1 A ti, Señor, me acojo: que jamás quede yo defraudado;

2 libérame, sálvame, pues tú eres justo; atiéndeme, ven corriendo a liberarme;

3 sé tú mi roca de refugio, la fortaleza de mi salvación; sí, tú eres mi roca y mi fortaleza.

4 Dios mío, líbrame de la mano del malvado, de las garras del criminal y del violento;

5 pues tú eres mi esperanza, Señor, mi confianza desde mi juventud, oh Dios.

6 Desde el seno materno me he apoyado en ti, tú eres mi protector desde el vientre de mi madre; en ti he esperado siempre.

7 He sido un prodigio para muchos, pues tú has sido mi refugio seguro.

8 Mi boca está llena todo el día de tu alabanza y de tu gloria.

[..]

14 yo no dejaré nunca de esperar, y aumentaré todavía tus alabanzas;

15 me paso todo el día publicando tus actos de liberación y de justicia, aunque para mí son incalculables.

16 Proclamaré las proezas del Señor, anunciaré que sólo tú eres justo.

“DIOS NO HACE DISTINCIÓN DE PERSONAS”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Hechos 10,2-26.34-35.44-48

25Tan pronto como entró Pedro, Cornelio le salió al encuentro, cayó a sus pies y le adoró. 26Pedro lo levantó diciendo: “Levántate, que yo también soy hombre”. 34Pedro tomó la palabra y dijo: “Compruebo que Dios no hace distinción de personas, 35que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de la nación que sea. 44Todavía estaba hablando Pedro, cuando descendió el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras. 4Todos los fieles circuncisos que habían venido con Pedro se extrañaban de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los paganos 46pues los oían hablar lenguas extrañas y glorificar a Dios. 47Pedro dijo entonces: “¿Se puede negar el agua del bautismo a éstos, que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?”. 48Y ordenó que fuesen bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le suplicaron que se quedara con ellos algunos días.

La primera lectura, que hoy la liturgia nos ofrece, de alguna manera pone patas arriba nuestras creencias acerca de los prejuicios que solemos tener hacia las personas, acerca de nuestras ideas estereotipadas o los prototipos que se han instalado en nuestra cabeza. Nos invita a tener amplitud de miras, apertura de mente y mirada misericordiosa. Y todo esto vivido desde el amor incondicional y gratuito, que es el que nos tiene Jesús a cada uno de nosotros y que nos exhorta a tener nosotros hacia el prójimo, tal y como nos enseña el pasaje del evangelio de hoy.

Cornelio es un pagano, es decir un no creyente judío, y por descontado tampoco creyente cristiano. Unos versículos antes (10,1-8), se nos ha narrado como éste, hombre piadoso y temeroso de Dios ha tenido una visión en la que se le invitaba llamar a Pedro, lo cual hace. Pedro por su parte ha tenido una visión similar, en la que se le urgía a ir al encuentro de Cornelio.

Cuando se produce dicho encuentro, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que se encontraban en la casa de Cornelio.

Pedro, en cierta forma se ve obligado a abrirse a la universalidad de la salvación, a no quedarse anclado en las cuatro paredes de la religión judía. Jesús ha venido para salvar a toda la humanidad y no únicamente al pueblo judío. Tal y como Pedro pudo comprobar, Dios no hace distinción entre las personas. Dios acoge a todos, aunque no lo conozcan todavía.

Cornelio, sin haber tenido experiencia de Jesús Resucitado, vive el amor incondicional a Dios y al prójimo. Lo cual hace que esté en disposición, que esté abierto a acoger la salvación que vino a traernos Jesucristo.

Las lecturas que nos ofrece la liturgia de hoy, nos están invitado a amar sin condiciones y a abrirnos a todas las personas sin distinciones. ¿Seremos capaces de llevarlo a cabo?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuáles son tus creencias, tus prejuicios, tus ideas preconcebidas hacia las personas?
  • ¿Qué puedes hacer para que dichas creencias vayan transformándose en amplitud de miras, en apertura y en acogida con respecto a cualquier persona sin tener en cuenta su origen, raza, condición social, lengua o creencia?
  • ¿Estas atento y, por tanto abierto, a que Dios ponga tu vida patas arriba con respecto a la manera en que acoges a las personas que no son de tu propio círculo?
  • ¿Eres consciente que Jesús ha venido a salvar a toda la humanidad? ¿De qué manera anuncias dicha salvación, anuncias la Buena Nueva del Evangelio y el amor incondicional de Dios?
  • ¿De qué forma puedes ir creciendo en el amor incondicional y gratuito al que nos invitan las lecturas de la liturgia de este domingo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 136

1Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor;

2dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor;

3dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.

4Sólo él ha hecho grandes maravillas, porque es eterno su amor.

5Él hizo los cielos con sabiduría, porque es eterno su amor.

6Él afirmó la tierra sobre las aguas, porque es eterno su amor.

7Él hizo las lumbreras grandes, porque es eterno su amor:

8el sol para presidir el día, porque es eterno su amor;

9la luna y las estrellas para presidir la noche, porque es eterno su amor.

[…]

23Él se acordó de nosotros en nuestra humillación, porque es eterno su amor;

24y nos libró de nuestros enemigos, porque es eterno su amor.

25Él da de comer a todas las criaturas, porque es eterno su amor.

26Dad gracias al Dios del cielo, porque es eterno su amor.

“BERNABÉ LO PRESENTO A LOS APÓSTOLES”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO V DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Hechos 9,26-31

26En aquellos días, cuando Pablo llegó a Jerusalén, trató de unirse a los demás discípulos; pero todos lo temían, no creyendo que fuera de verdad discípulo. 27Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les refirió cómo en el camino Saulo había visto al Señor, que le había hablado, y cómo en Damasco había predicado públicamente en el nombre de Jesús. 28Desde entonces se movía libremente en Jerusalén, hablando con libertad en el nombre del Señor. 29Hablaba y discutía con los helenistas, los cuales intentaron matarle. 30Los hermanos, al enterarse, lo llevaron escoltado a Cesarea y le hicieron partir para Tarso. 31La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría; se consolidaba y progresaba en la fidelidad al Señor, y se extendía alentada por el Espíritu Santo.

En el pasaje de los Hechos de los Apóstoles, que hoy la liturgia nos ofrece, en la primera lectura, se nos narra como Pablo es acogido por la comunidad cristiana, después de que Bernabé intercediera a su favor. A continuación puede predicar libremente el evangelio.

Muchos no conoce el acontecimiento ocurrido camino de Damasco y que ha supuesto una total transformación en la vida del apóstol Pablo. Ha sido perseguidor de los cristianos y éstos le tienen miedo, pues no creen que pueda ser un verdadero discípulo de Jesús. Será Bernabé quien le introduzca en la comunidad, será su garantía ante los discípulos.

Es la comunidad quien inserta, es la comunidad quien acoge, es la comunidad quien aprueba y confirma. Es unido a la comunidad como Pablo predica el evangelio.

Pablo anuncia a los judíos que Jesús, el Hijo de Dios, es el Mesías esperado por el Pueblo de Israel, el Mesías esperado por todos y cada uno de nosotros que viene a traernos el amor de Dios y la salvación plena.

Pablo no sólo predica a los judíos israelitas, también a los judíos de origen griego. Y, tal debía ser su ardor y su capacidad de convencimiento, que deciden acabar con su vida. Los hermanos, la comunidad, por su parte, lo protege y lo llevan a Cesarea para enviarlo hacia Tarso.

Para que el apóstol Pablo predicara con ese ardor y convencimiento debía haber tenido una experiencia fuerte de Jesús Resucitado; una experiencia tal, que le mantiene unido a la vid, que es Jesucristo y de esa manera llega a dar mucho fruto.

Permanezcamos, también nosotros, tal y como nos recordará el evangelio de hoy, unidos a la vid. Alimentémonos de la savia que nos ofrece Jesús, acojamos su palabra y pongámosla en práctica, lo mismo que el Apóstol Pablo, de esta manera seremos capaces de anunciar el Reino de Dios y dar mucho fruto.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Crees verdaderamente que la experiencia de Jesús Resucitado puede transformar la vida de una persona?
  • ¿De qué manera acoges a alguien que llega por primera vez a tu comunidad, tu grupo de fe, tu asociación?
  • ¿Sirves de puente entre las personas que se acercan a la Iglesia por primera vez o después de un tiempo sin frecuentarla?
  • ¿Acoges, apoyas y ayudas a aquellos que predican el evangelio aunque no sean del pequeño circulo de tu comunidad, grupo o asociación?
  • ¿De qué manera te unes y ayudas a la Iglesia perseguida?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 23

1El Señor es mi pastor, nada me falta:

2en verdes praderas me hace reposar, me conduce hacia las aguas del remanso

3y conforta mi alma; me guía por los senderos de justicia, por amor a su nombre;

4aunque vaya por un valle tenebroso, no tengo miedo a nada, porque tú estás conmigo, tu voz y tu cayado me sostienen.

5Me preparas una mesa ante mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar.

6Lealtad y dicha me acompañan todos los días de mi vida; habitaré en la casa del Señor por siempre jamás.

Hacia la luz – Lectio divina del evangelio del IV domingo de Cuaresma “Laetare” – Ciclo B

(Si queréis saber más acerca del domingo laetare, podéis consultar nuestra entrada sobre la Lectio Divina de la primera lectura de este domingo).

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 3,14-21

Jesús está muy por encima de cualquier otro personaje del Antiguo Testamento, por muy destacado que haya sido su protagonismo en la vida del Pueblo de Israel. ¿Por qué? Sencillamente, porque Jesús es el único que ha bajado del cielo. Nadie ha tenido un trato íntimo con el Padre, nadie ha estado junto a Él, nadie ha contemplado su rostro; nadie excepto el Hijo del Hombre, excepto Jesús,.
A él no se le ha transmitido nada, todo lo que conoce acerca del Padre es por su experiencia propia.
Él es la Palabra Encarnada del Padre. Es aquél que preexistía desde el principio, que existía desde siempre, por el que fueron hechas todas las cosas y nada se hizo sin él.
Pue bien, este Dios es quien tiene que ser crucificado. El Dios de Israel, el Dios creador del cielo y de la tierra; el Dios de toda la humanidad ha de sufrir la pasión y la muerte en la persona de Jesús de Nazaret.
Una pasión y muerte, que según la ley de Moisés, tal como podemos leer en el libro del Deuteronomio, era una maldición: «si un condenado a muerte es ejecutado colgándolo de un árbol, su cadáver no podrá quedar allí durante la noche, sino que lo enterrarás el mismo día, pues el que muere colgado de un árbol es maldito de Dios, y tú no debes manchar la tierra que el Señor, tu Dios, te da en heredad.» (Dt 21,22s).
Este es el Dios cristiano, que «no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.» (Flp 2,6ss).
Dios entrega a su propio Hijo a la muerte. La elevación de la serpiente de bronce en el desierto por Moisés era un anticipo de la acción sanadora de la cruz, que nos librará incluso de la muerte, otorgándonos y regalándonos la vida eterna.
Todo esto era incomprensible, era imposible, era inaudito para la mentalidad de cualquier israelita. No, no podía ser. Para comprender todas estas cosas en su verdadera naturaleza, para entender la actuación amorosa de Dios, para poder asimilar mínimamente la acción salvadora del Hijo, es necesario nacer de nuevo.
Por eso, Nicodemo, prototipo, representante, símbolo del Pueblo judío, debe dejar atrás dicha mentalidad y nacer de nuevo. Debe aprender a mirar la vida con ojos nuevos, desde una perspectiva diferente, con una actitud totalmente nueva. Debe aprender a mirar con los «ojos de la Luz». Entonces se dará cuenta que Dios no es un juez, que Jesús no ha venido para hacer cumplir la Ley, sino para darle su sentido pleno. Que hemos de comenzar a amar la Luz, a hacernos uno con ella, a obrar la verdad para ir hacia la luz y. así se ponga de manifiesto que la obras que hacemos, están hechas según Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos ha suscitado en ti? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo sientes a Dios? ¿Es para ti un Dios alejado de la humanidad, cuya morada está en los cielos, y despreocupado de sus criaturas? ¿o por el contrario es un Dios cercano, que ha bajado del cielo, que se ha hecho hombre y que por librarnos del pecado y de la muerte se ha encarnado, ha sufrido, ha muerto y resucitado para que nosotros tengamos vida eterna?
  • ¿Sientes en lo más profundo de tu ser que Dios te ama? ¿Que Dios únicamente quiere lo mejor para ti? ¿Que está siempre a tu lado, sobre todo en los momentos de dolor, de sufrimiento, de desconcierto?
  • ¿Crees que Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgarlo, sino para salvarlo? ¿Lo crees de verdad?
  • En este camino de cuaresma, debes realizar un cambio en tu vida, sobre todo debes cambiar la perspectiva desde la que contemplas el mundo, debes cambiar el modo de percibir la realidad. Debes comenzar a obrar la verdad, para ir hacia la Luz y que se ponga de manifiesto que tus obras están hechas según Dios, ¿qué vas a comenzar a cambiar en tu vida para ello?

VERDAD – ORACIÓN

Dios nuestro,
tú nos has enviado a tu hijo para salvarnos a través de él.
¡Llena nuestra actividad diaria con el amor que libera!
¡Danos el coraje para transmitir ese amor
a todas las personas que entran en contacto con nosotros,
en nuestro trabajo, en la calle, en nuestra parroquia!
¡Haz, Señor, que amemos con la gratuidad
que hace sentir tu presencia en el mundo!
¡Enciende entre nosotros la llama de la fe que salva
y que nos da la esperanza de sentirnos queridos!
¡Abre las ventanas de nuestros corazones
para observar la realidad con unos ojos llenos de amor
para respirar el aire que alegra nuestro interior!
Buen Jesús,
a ti, que eres la luz del mundo y que has dado la vida por nosotros,
te damos gracias por tu mensaje, porque fortalece nuestra fe.
¡Ayúdanos a avanzar en este tiempo de Cuaresma
para llegar con gozo y madurez hasta la Pascua,
el momento en que los que creemos en ti
vemos reflejada, en tres días,
la victoria de la vida sobre la muerte,
del amor sobre el odio,
de la claridad sobre la oscuridad! Amén.
Ignasi Miranda, Oraciones de tú a tú, Claret, Barcelona 2011.

“Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo” Lectio Divina Domingo II de Cuaresma (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 9,2-10)

             En este segundo domingo de Cuaresma, la liturgia nos invita a contemplar la experiencia que tienen algunos de los discípulos de Jesús, concretamente Pedro, Santiago y Juan, en el acontecimiento de la Transfiguración. Vamos a intentar comprender mejor este hecho.

             Seis días después. Esta expresión, sin duda, hay que entenderla en sentido cronológico, pero desde la perspectiva de la Pascua. Marcos relee este suceso a la luz de la resurrección. Seis días después de la entrada triunfal en Jerusalén,  consumada la pasión y muerte de Jesús, tiene lugar la Resurrección. Desde aquí hemos de leer este relato, pues no deja de ser un anticipo de la consumación de la gloria de Jesús.

             En aquel momento, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Hemos de tener en cuenta que estos discípulos son, de alguna manera, los que abiertamente no han comprendido el significado de la pasión y muerte de Jesús. En el capítulo anterior, hemos podido comprobar como Pedro se ha enfrentado con Jesús, queriéndole disuadir del cumplimiento de su misión (8,33); en el capítulo posterior, veremos como Santiago y Juan pedirán a Jesús el puesto a su derecha y el puesto a su izquierda, es decir, los lugares de máximo honor y poder (10,35-40). Tampoco ellos comprenden verdaderamente el significado de la pasión y muerte de Jesús.

             Los lleva a un monte alto. El monte es el lugar de encuentro con la divinidad, recordemos el encuentro de Moisés con Yahveh (Éx 24,15-16) o el de Elías en la montaña (1Re 19,8-9). En la montaña Dios entra en relación con el hombre.

             En aquel monte alto, Jesús se transfigura delante de ellos. El evangelista nos está mostrando el aspecto glorioso que adquiere la persona de Jesús. El cual, les acaba de presentar el hecho ineludible de la cruz. Sus vestiduras se volvieron de un blanco resplandeciente. Tan blanco que ningún tintorero del mundo sería capaz de blanquear. Con lo cual, Marcos nos está indicando un resplandor indescriptible, un color que apunta hacia las realidades celestiales, hacia la luz de Dios.

             Se aparecen Elías y Moisés y comienzan a hablar con Jesús, los dos entran en diálogo con él, el cual hace las veces de Yahveh.  El primero representa a la profecía, es quien debía de aparecer en el tiempo escatológico para anunciar la llegada inminente del Mesías. El segundo representa a la Ley, es a quien Yahveh le entregó las Tablas de la Ley. Los Profetas y la Ley dan testimonio de Jesús. Ambos encuentran su cumplimiento y su plenitud en Cristo.

             Los discípulos presentes en el lugar no saben cómo reaccionar, estaban atemorizados, de alguna forma lo antiguo está dando testimonio de lo nuevo y ceden, de alguna manera, su “puesto” a Jesús. Aunque, eso sí, allí se debía estar bien, de tal manera que Pedro, quiere parar el tiempo, quiere permanecer en un lugar que no le traiga problemas, no quiere que aquel instante de gloria concluya.

             De repente, se ven envueltos en una nube (Éx 24,16). Se hace presente la persona del Espíritu Santo y se oye la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado”. El Padre se complace en Jesús, el Padre afirma la filiación de Jesús, lo presenta como su Hijo único. El término amado acentúa más si cabe la relación afectuosa, amorosa, filial de Jesús con el Padre.

             Por último, la voz del Padre les impone escuchar a Jesús. El cual, es el único interprete del Padre, el único que nos puede presentar el verdadero rostro de Padre, nuestro único Maestro. Jesús es la voz del Padre.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cómo vivo yo mi séptimo día, momento de la manifestación de la gloria de Jesús, sobre todo en este tiempo de Cuaresma que es preparación para el gran acontecimiento pascual?
  • Imagínate, que Jesús te toma consigo, te lleva a un monte alto y te muestra de alguna manera su gloria… ¿Qué sientes en este momento? ¿Cuál es tu diálogo con Jesús? ¿Qué conclusión sacas de ello?
  • ¿Qué significado puede tener para ti la presencia de Elías y Moisés? ¿Cuáles son tus profetas y tus leyes, que debe acercar a Jesús para que Él les de su pleno cumplimiento, les de su plenitud? ¿Qué debes ir cambiando en tu vida en este tiempo de Cuaresma?
  • ¿Cómo reaccionas ante el imperativo del Padre de escuchar a Jesús? ¿Verdaderamente, te acercas a la Palabra con actitud de escucha?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por el misterio de la Santísima Trinidad y por hacerte experimentar su grandeza y plenitud y a la vez su cercanía.
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en tu vida y mostrarse como la presencia amorosa del Padre.
  • Pide la luz y la sabiduría del Espíritu Santo para poder escuchar la Palabra de Jesús, comprenderla y llevarla a la práctica en tu vida cotidiana.
  • Tómate como compromiso de esta Cuaresma de esforzarte por acercarte a la Palabra con actitud de escucha y acogida.

Se ha cumplido el tiempo / convertíos y creed / Venid / Se marcharon. Lectio Divina del III Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,14-20

«Después de que Juan fue entregado», decapitado, por el odio de la mujer de Herodes, Jesús se marcha a su región, Galilea, «a proclamar el Evangelio de Dios». La palabra “evangelio” significa “buena noticia”. Jesús vuelve a su tierra a proclamar la Buena Noticia de Dios, que es, ni más ni menos, que «se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios».

Ya en el momento del nacimiento de Juan, podemos leer: «A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo» (Lc 1,57). Parece ser una expresión usada en la época de Jesús. También, Pablo, en su carta a los Gálatas la emplea: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Gal 4,4-6). Cumplirse el tiempo indica que ha llegado otro momento importante para la historia del pueblo judío. Primero fuero fueron los Patriarcas, después los Reyes y Jueces, los Profetas, Juan –el Bautista- y ahora es Jesús quien anuncia la llegada del nuevo tiempo, la proximidad del reino de Dios. Si queremos ser parte de ese Reino, Jesús nos da un mensaje claro: «Convertíos y creed en el Evangelio».

Esta es la misión que tiene Jesús, la que le ha encomendado su Padre. Por eso, no puede poner su morada en una ciudad concreta, porque su misión es el mundo entero. De ahí que pase de un lugar a otro, que lo veamos por distintas ciudades y pueblos. Y hoy, san Marcos dice que estaba «junto al mar de Galilea».

Todos conocemos lo que se hace en el mar, la vida del mar es dura, y la gente del mar lo sabe muy bien. Muchos han perdido su vida. En el mar de Galilea estaban los pescadores haciendo sus faenas. Marcos nos habla de Simón y su hermano Andrés que estaban «echando las redes en el mar» y una vez echadas, tenían que esperar que la red se llenara para recoger la pesca. Jesús los ve y les dice: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». ¿Qué cara se les quedaría a los dos hermanos cuando oyeran que Jesús los quería hacer «pescadores de hombres»? En el mar, los únicos hombres que “se pescan” son aquellos que naufragan, los que andan a la deriva por las tempestades, etc. ¿Qué querría decirles Jesús? Sin embargo, ellos, «inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron».

Más adelante, acompañado de Simón y Andrés, encuentra Jesús a Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo. Ellos estaban repasando las redes, en la barca, con su padre y los jornaleros. A ellos también les llama y ellos «se marcharon en pos de él». El evangelista no nos cuenta que Jesús les dijera nada. Sólo que los llamó. ¿Qué poder de convicción era el que tenía Jesús que los cuatro le siguen?

Ahora ya son cuatro, los cuatro primeros, el primer grupo, la primera comunidad cristiana que se conoce. Son los que acompañarán a Jesús hasta el final, los primeros que con el Maestro, proclaman el Evangelio de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué entiendo yo por el Evangelio de Dios?
  • ¿Qué tiempo vivo yo?
  • Jesús llama a la conversión. ¿De qué me tengo que convertir?
  • ¿Creo en el Evangelio?
  • ¿He intentado, en alguna ocasión, proclamar el Evangelio de Dios?
  • ¿A quién? ¿A gente que conozco o a gente que desconozco?
  • Si es que sí… ¿Alguien ha seguido el Evangelio?
  • Si es que no… ¿Cuándo voy a intentarlo?
  • ¿Evangelizo solo o lo hago con mi comunidad?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, por la generosidad de estos cuatro primeros discípulos. Pero más aún, por habernos anunciado el Evangelio de Dios. Danos los dones que necesitamos para poder hacer nosotros, también, lo que hiciste tú.

LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Eclesiástico 24,1-4.8-12

La sabiduría se alaba a sí misma y se gloría en medio de los suyos. En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría en presencia de su corte celestial. Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una niebla. Habité en las alturas, y mi trono fue columna de nube.

Entonces me ordenó el Creador de todas las cosas, mi Hacedor fijó el lugar de mi morada, y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y en Israel ten tu heredad”. Desde el principio y antes de los siglos me creó, y existiré eternamente. En su santa tienda, en su presencia, ejercí el ministerio, y así en Sión me instalé. En la ciudad amada he hallado descanso, y en Jerusalén tuve la sede de mi imperio. En el pueblo glorioso eché raíces, en la porción del Señor, en su heredad.

La liturgia de este segundo domingo después de navidad nos ofrece una bella lectura sapiencial en la que se nos ensalza la sabiduría divina, que Dios comparte con la humanidad y es capaz de renovarnos totalmente.

La misma sabiduría de Dios, en primera persona, es la que nos revela su verdadera esencia en la presencia de Dios. Ella está totalmente unida a Dios, salió de la boca del Altísimo y cubre toda la tierra.

La sabiduría es la Palabra de Dios, la cual existía antes que todo, pues tenía su morada en Él, y es eterna.

La sabiduría fijó su morada en Israel, se estableció en Sión, se instaló en el mundo y echó en él su raíces, convirtiéndola en la heredad de Dios.

No podemos dejar de establecer un paralelismo entre la sabiduría y Jesús, sobre todo hoy, que en el evangelio escucharemos el prólogo del evangelista Juan. La Sabiduría de Dios, la Palabra, el Verbo se ha hecho carne y habita entre nosotros. Él es la Sabiduría definitiva. Él es quien nos vivifica y salva. Él es la Palabra última y definitiva del Padre.

La Sabiduría, que es Jesús, existía desde el principio y ha establecido su morada entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • La Sabiduría de Dios quiere establecer su morada junto a ti, ¿Cómo estás acogiendo, durante estás fiestas de Navidad, la sabiduría de Dios que es su Palabra y son nuestros hermanos más necesitados?
  • Dios sale a tu encuentro cada día, ¿Estás abierto a descubrir la presencia de Dios a tu alrededor?
  • Dios quiere convertirte en su heredad, quiere que seas hijo en su Hijo Jesucristo, sale a tu encuentro. ¿estás dispuesto para recibir a Dios? ¿Para dejarle actuar en tu vida? ¿Para aceptar la felicidad plena y la salvación total que te trae?

VIDA – ORACIÓN

Nuestro Señor es grande y todopoderoso, su inteligencia es infinita.

El Señor sostiene a los humildes y humilla hasta el polvo a los malvados.

Cantad al Señor la acción de gracias, tocad el arpa para nuestro Dios.

Él cubre de nubes el cielo, prepara la lluvia para la tierra y hace brotar hierba en los montes;

él da el alimento a los ganados y a las crías del cuervo cuando chillan.

No tiene en cuenta el brío del caballo ni se complace en los músculos del hombre;

el Señor se complace en sus amigos, en aquellos que confían en su amor.

 Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión.

[…]

Él anuncia su palabra a Jacob, sus leyes y sus decretos a Israel.

Esto no lo ha hecho con ningún otro pueblo, no les dio a conocer sus mandamientos. ¡Aleluya!

“Yo soy la voz” Lectio Divina del evangelio del Domingo III de Adviento “Gaudete” – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio:  Jn 1,6-8.19-28

            Hoy III Domingo de Adviento la liturgia nos presenta un texto evangélico en dos partes: el primero, la constatación de que Juan el Bautista no era la luz (6-8); el segundo, la misión de Juan (19-28).

            Pero, antes de adentrarnos en el comentario de este evangelio, pongámoslo en contexto. El Evangelio de Juan fue escrito al final del siglo primero. En aquel tiempo, muchos judíos y también los cristianos habían tenido contacto con Juan el Bautista o, probablemente, habían sido bautizados por él. A simple vista el movimiento de Juan y el de Jesús eran bastantes similares. Ambos anunciaban la llegada inminente del Reino y ambos exigían la conversión de los pecadores. Por eso era importante aclarar las cosas.

            En los versículos 6-8, el autor del cuarto evangelio quiere dejarnos claro que el Bautista no es la luz. Únicamente es testigo de la luz. La luz verdadera es Jesús. Juan es el último de los profetas del Antiguo Testamento que abre paso al Nuevo Testamento, a la Buena Noticia.

            El testimonio que Juan estaba dando era tan fuerte que algunos pensaban que él era el Cristo, el Mesías. Sin embargo, Juan es un enviado de Dios, que surge en un momento determinado de la historia, con la misión de dar testimonio de la Luz. Él debe orientar a todos los hombres hacia la Luz.

            Algo que el Bautista tiene claro. Aunque, parece ser que sus contemporáneos no. Los representantes de la institución judías se acercan a Juan para preguntarle: “¿Quién eres tú? (1,19). Parece que éste contaba con una gran fama, por lo que la pregunta es obvia. Su respuesta es clara y contundente: “soy la voz” (1,23). Una voz que únicamente prepara la venida de Jesucristo. De esta manera, declara abiertamente que no es el Mesías. Juan es quien prepara el tiempo nuevo de Jesús.

Juan, además, quiere dejar claro que él no es ni Elías, ni el Profeta. Los judíos pensaban que para la inauguración de los tiempos mesiánicos, Elías debía regresar para restaurar la convivencia humana; el profeta, por su parte, estaba equiparado al Mesías. Y estos dos títulos son rechazados por Juan.

            El bautismo de Juan era precisamente signo de esa preparación. Él bautiza con agua, pero detrás viene quien bautiza con Espíritu Santo.

Juan proclama que con Jesús llegan los tiempos nuevos. Quien viene detrás, ya está aquí, entre nosotros, y en realidad se ha colocado delante.

            El bautismo de Juan representa el paso a través del agua, del mismo modo que en tiempos antiguos el pueblo de Israel pasó a través del Mar Rojo y del Jordán para alcanzar la tierra prometida. Este bautismo pretende inaugurar un tiempo nuevo. El tiempo nuevo de Jesús. Por eso, el bautismo de Juan no es definitivo. No basta con bautizarse con agua, el verdadero bautismo es el de Jesús, Salvador de la humanidad.

            Él ya está presente y Juan no puede usurparle el puesto.

            Todo esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, es decir fuera del territorio de Israel. Lugar de encuentro de la nueva comunidad de Jesús, que rompe con todo lo que significan las instituciones judías.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Nosotros, de alguna manera, somos Juan, el Bautista, ¿qué significa para ti ser testigo de la luz?
  • Antes de testimoniar a Aquel que es la Luz, es necesario acogerla ¿qué estás dispuesto a hacer durante este adviento para ello?
  • ¿De qué manera estás preparando la venida de Jesús? ¿Cómo te preparas durante este tiempo litúrgico para ser testigo de la Luz?
  • ¿Qué testimonio tienes que dar a los que te rodean para acercarles a la Luz verdadera que es Jesús?
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VIDA – ORACIÓN

  • Alaba a Dios por las gracias que continuamente derrama sobre ti y por regalarte el don de la fe.
  • Dale gracias por hacer posible tu encuentro con Aquel que es la Luz verdadera y puede iluminar toda tu vida.
  • Ofrécele tu vida para que te convierta en un testigo de aquel que es la Luz del mundo.
  • Le pido que me ayude a ser testigo de la Luz entre todos aquellos que me rodean.

“ESTAD ATENTOS” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO I DE ADVIENTO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 13,33-37

“¡Vigilad!” o en todo caso su sinónimo, velad, es la palabra clave de este corto fragmento del evangelio que meditamos hoy en el primer domingo de adviento. Vigilad y estad atentos porque no sabemos cuando vendrá el dueño de la casa. Y vigilar con esperanza, con la confianza puesta en Jesús que viene. A esto nos invita el adviento a velar en la espera gozosa de Jesús, pero con una esperanza activa.

Por medio de esta parábola Jesús nos invita a permanecer vigilante para descubrir la presencia de Dios en nuestras vidas, para detectar los signos del Reino, incluso en medio de la calamidad, de las dificultades, de las miserias. Vigilar y velad con la esperanza en que el dueño de la casa vendrá. Sí. Vendrá a tu corazón y al mío, vendrá a tu vida y a la mía. Está ya. Pero hemos de saber mirar y percibir la presencia de Jesús en medio de nosotros.

No sabemos cuándo. Pero estamos seguros de que vendrá y que ya está presente en nuestro mundo. Y sólo nos queda estar atentos a esos signos que puedan ayudarnos a acoger a la persona de Jesús, que en Navidad recordaremos y contemplaremos como un niño recién nacido, envuelto en pañales, pero que sale al encuentro del ser humano. Esos signos que nos ayuden a salir al encuentro del esposo.

La vigilancia nos ayuda a no desviarnos de nuestro verdadero camino que no es otro que el seguimiento de Jesús, el dejarnos configurar por el Espíritu para convertirnos en verdaderos discípulos del Maestro.

Necesitamos estar despiertos y atentos para recibir a Jesús que viene. A cada uno de nosotros nos ha dejado una tarea, un compromiso, una misión. Hemos de velar y estar atentos para llevar a cabo el encargo que el nos ha encomendado. Hemos de estar siempre en camino para que la Palabra de Dios se vaya difundiendo por todos los confines del mundo. Hemos de estar atentos para anunciar la Palabra a tiempo y a destiempo, para llevar a todos al amor de Dios y a la salvación que nos trajo y nos trae cada día Jesús.

Hemos de tener nuestra mirada puesta en el presente y en el futuro. Algo nuevo está por suceder. Algo nuevo está viniendo, algo nuevo está naciendo. Es la novedad del evangelio que nos trae Jesús y que nosotros hemos de presentar, ofrecer y entregar a todos nuestros contemporáneos.

Vigilar y estar en vela es dar testimonio de Jesús para que el evangelio llegue a todos los confines de la tierra; vigilar y estar en vela es hacer posible el mensaje de las bienaventuranzas en nuestro mundo, es llevar la alegría de la Palabra a toda raza, pueblo o nación. Nuestro objetivo está bien claro: “predicar el evangelio a toda criatura”; hacer posible el reinado de Dios en nuestro mundo. Mientras, Jesús llega en plenitud sólo nos queda estar vigilantes e invocar diciendo: ¡Ven, Señor, Jesús!

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Qué significado tiene para ti, estar atento y esperar?
  • ¿Cómo resuena en ti la invitación a la vigilancia?
  • ¿En qué ocasiones, crees tú que, te encuentras dormido?
  • ¿Cómo vives a la espera del Señor que viene?
  • ¿Cómo te dispones para vivir con intensidad este tiempo de Adviento?
  • ¿Qué acciones concretas llevas a cabo para hacer posible el Reino a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

  • Alabamos a Dios Padre por habernos dado a Jesús y su Palabra.
  • Invocamos al Espíritu para derrame sobre nosotros su gracia y su fuerza para que podamos permanecer en vigilancia.
  • Damos gracias a Jesucristo por estar viniendo continuamente a nuestras vidas.

“¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Lectio divina del domingo XXIV del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 18,21-35

Como muchos de vosotros sabéis, Mateo estructura su evangelio en cinco grandes discursos, a modo de un “nuevo Pentateuco”. Nos encontramos en la conclusión del cuarto discurso que ha ocupado el capítulo 18.

El texto con el que oramos hoy, viene inmediatamente después de que Jesús haya hablado a sus discípulos acerca de la corrección fraterna y cómo debe ser ejercida la misma. A renglón seguido, Pedro le plantea el caso concreto en el que una persona peca “contra mí”: “Si mi hermano me ofende” (Mt 18,21). Pedro ya le ofrece una solución aparentemente generosa desde el punto de vista numérico: “¿Hasta siete veces?” (Mt 18,21). Sin embargo, Jesús va mucho más allá: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.” Es decir: siempre. Para ilustrar este “mandamiento”, Jesús les cuenta una parábola: la parábola de los dos deudores.

Vamos a intentar profundizar en la parábola para que lleguemos a comprenderla de manera más satisfactoria.

Nos encontramos con un rey, al que uno de sus siervos le debe una cantidad enorme de dinero. Y lo de enorme no es una exageración, diez mil talentos, lo cual equivaldría, siguiendo a José Luis Sicre, a 60 millones de jornales. Es decir, ni trabajando toda la vida podría ese individuo saldar su deuda. Siendo así, el rey decide recuperar de alguna manera, al menos una parte de dicha deuda, vendiéndolo a él junto con su familia y sus posesiones. La reacción del siervo no se deja esperar, se echa a sus pies y le suplica que tenga paciencia con él y que le pagará la deuda. El rey, por su parte, se compadeció de él y le perdonó toda la deuda.

Sigamos con la parábola. A continuación, el siervo se encuentra con un compañero suyo, el cual, también le debe dinero; aunque resulta una cantidad ridícula, comparada con la que él debía al rey, y que éste le perdono: 100 denarios. El siervo perdonado agarra violentamente a su compañero por el cuello, gritándole que le pague la deuda que le debe. Y ocurre lo mismo que con el rey; su compañero le pide que tenga paciencia con él, que le pagará la deuda. Sin embargo, lejos de comportarse de la misma manera que el monarca, lo que él hace es meter a su compañero en la cárcel.

Los compañeros de los dos deudores, que han presenciado la escena, se lo cuentan al rey; el cual indignado, toma cartas en el asunto. Y aquí es donde está la clave de la parábola y el versículo que de alguna manera ilumina toda la escena: “¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” (Mt 18,33).

Os decía que la clave está en este versículo, porque por mucho que nos cueste personar una ofensa, cuando ésta la ponemos en la presencia de Dios, y caemos en la cuenta de los mucho que Dios nos perdona cada día, no cabe otra, que perdonar de corazón a quien nos ofende y hacerlo siempre, porque Dios Padre Misericordioso, a nosotros nos perdona siempre. ¿Acaso no somos discípulos de Jesús? Pues apliquémonos el cuento. Perdonar siempre y de corazón es parte del discipulado de Jesucristo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Repasa la parábola y cada una de las acciones de los personajes que intervienen. ¿Con cuál de ellos te sientes más identificado? ¿Cuál es la causa de ello?
  • Cuando perdonas, ¿de verdad lo haces de todo corazón?
  • ¿Cómo puedes comenzar a crear un clima de reconciliación, perdón y misericordia a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

Te invitamos a que ores de manera muy pausada el Padrenuestro. Degústalo. Detente, sobre todo, en el momento en el que se dice: perdónanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

Proponte realizar alguna acción de reconciliación o perdón con aquel hermano que sientas que te ha ofendido.