“Convertirse y dar fruto” – Lectio Divina Domingo III de Cuaresma (Ciclo C)

VERDAD – LECTURA

Lc 13,1-9

En aquel momento llegaron algunos anunciándole a Jesús que Pilato había matado a unos galileos, mezclando su sangre con la que las víctimas que ofrecían en sacrificio. Jesús les dijo: “¿Pensáis que esos galileos eran los más pecadores de todos los galileos porque sufrieron eso? Os digo que no y, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. ¿Creéis que aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató eran los únicos culpables entre todos los vecinos de Jerusalén? Os digo que no. Todos pereceréis igualmente si no os arrepentís”.

Les contó esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña; fue a buscar higos en ella, y no los encontró. Dijo al viñador: Hace ya tres años que vengo a buscar higos en ella no los encuentro. Córtala. ¿Por qué va a ocupar un terreno inútilmente? El viñador dijo: Señor, déjala también este año; yo cabaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da higos; si no los da, la cortas”.

El evangelio que nos ofrece la liturgia en este tercer domingo de cuaresma, podemos dividirlo en dos partes. En la primera parte, Jesús comenta dos acontecimiento de la vida cotidiana y aprovecha para invitar a sus contemporáneos, también a nosotros, a la conversión; dichos acontecimientos son la masacre protagonizado Pilato y el accidente acaecido en la torre de Siloé. La segunda parte es la parábola de la higuera estéril.

Para situarnos adecuadamente en el contexto de este pasaje, hemos de decir que nos encontramos camino de Jerusalén. Algunas personas se acercan a Jesús para contarle el acontecimiento acerca de la masacre perpetuada por Pilato en contra de algunos galileos y como éste mezclo la sangre derramada por aquellos con la sangre de los sacrificios, lo cual aprovecha Jesús para comentar el hecho. Para la mentalidad judía de la época, la ausencia de catástrofes, males o incidentes desagradables era señal de la aceptación, aprobación o beneplácito de Dios. Jesús quiere dejar claro que Dios no es un Dios tapa-agujeros, guardián del orden público o adversario del hombre, el Dios cristiano es un Padre misericordioso que ama al ser humano, que quiere lo mejor para él y le otorga libertad para actuar, pensar y ser. Ni aquellos hombres, ni Dios son responsables de la catástrofe acontecida. Ahora bien, como cualquier ser humano puede alejarse de Dios, hecho que no lleva implícito en ningún momento el castigo, pero si lleva implícita la conversión. De ahí, la pregunta de Jesús: “¿Pensáis que esos galileos eran los más pecadores de todos los galileos porque sufrieron eso?” y su respuesta: “ Os digo que no”. E invita a los que lo escuchan a la conversión.

Reforzando esta idea, Jesús cuenta una parábola: la parábola de la higuera estéril. En ella, el dueño de la viña simboliza a Dios, la higuera es el Pueblo de Israel y el viñador es Jesús. Dios “se ha cansado” de las infidelidades del Pueblo; el viñador pide al dueño que le dé un poco más de tiempo y cuidará más y mejor a la viña. Jesús siempre querrá darnos una segunda oportunidad y nuestro Padre Dios siempre nos está esperando. Nuestra conversión, cambio de vida, nos llevará también a dar testimonio.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es la imagen que tienes de Dios? ¿La de un dios lejano, la del dios relojero del universo que interviene en todo momento, la del dios policía que te está vigilando continuamente, la del dios tapa-agujeros al que se acude únicamente en los momentos de dificultad? ¿O por el contrario la imagen del Dios de Jesús y del Evangelio?
  • Jesús invita a sus contemporáneos a leer los signos de los tiempos. Y tú, ¿cómo sigues esta invitación?
  • Jesús nos llama continuamente a la conversión, a cambiar nuestra vida, a cambiar nuestra perspectiva. ¿Cómo acoges esa llamada? ¿Qué acciones pones en práctica?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por mostrarte siempre paciente con nosotros y por regalarnos cada día tu misericordia.
  • Gracias, Jesús, por invitarnos cada día a la conversión.
  • Gracias Espíritu Santo por ayudarme a interpretar los signos de los tiempos.
  • Ayúdame, Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo a purión y a ser testigo de tu misericordia.

“DIOS LO LLAMÓ DESDE LA ZARZA” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO III DE CUARESMA (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Éxodo 3,1-8a.13-15

1Moisés era el pastor del ganado de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián. Llevó el ganado más allá del desierto y llegó al monte de Dios, el Horeb. 2Allí se le apareció el ángel del Señor en llama de fuego, en medio de una zarza. Miró, y vio que la zarza ardía sin consumirse. 3Moisés se dijo: «Voy a acercarme a ver esta gran visión; por qué la zarza no se consume». 4El Señor vio que se acercaba para mirar y lo llamó desde la zarza: «¡Moisés! ¡Moisés!». Y él respondió: «Aquí estoy». 5Dios le dijo: «No te acerques. Descálzate, porque el lugar en que estás es tierra santa». 6Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se tapó la cara, porque temía ver a Dios. 7El Señor continuó: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arranca su opresión y conozco sus angustias. 8Voy a bajar a liberarlo de la mano de los egipcios, sacarlo de aquella tierra y llevarlo a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel. 13Moisés dijo a Dios: «Bien, yo me presentaré a los israelitas y les diré: El Dios de nuestros padres me ha enviado a vosotros. Pero si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?». 14Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy. Así responderás a los israelitas: Yo soy me ha enviado a vosotros». 15Y continuó: «Dirás así a los israelitas: El Señor, Dios de vuestros padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Éste es mi nombre para siempre, éste mi recuerdo por todos los siglos».

El fragmento del libro del Éxodo que hoy nos ofrece la liturgia corresponde a la narración de la vocación de Moisés. Éste ha huido de Egipto, después de haber matado a un egipcio que estaba maltratando a un israelita.

Yahveh se hace presente en su vida cotidiana. Le sorprende un hecho asombroso e insólito: una zarza está ardiendo sin consumirse. Al acercarse para observar este acontecimiento extraordinario, Dios lo llama por su nombre. La respuesta de Moisés es inmediata y de total disponibilidad: “Aquí estoy”. Yahveh, por su parte, le enseña cómo debe uno permanecer en su presencia: Despojándose de todos los prejuicios, de todos nuestros convencionalismos o ideas preconcebidas. Hemos de abrirnos a la presencia de Dios desde el corazón y con una apertura total. Él se nos mostrará tal cual es.

Yahveh se da a conocer a Moisés como el Dios de sus padres y como aquel que está presente en la vida de su pueblo, atento a la opresión que está sufriendo en Egipto y dispuesto a liberarlo de la esclavitud. Una liberación que no quiere realizar sin la cooperación del ser humano. Por lo que, llama a Moisés para que sea su colaborador. Moisés en un principio, por así decir, se siente incapaz, insuficiente y sin la autoridad necesaria para llevar a cabo dicha misión: ¿qué responderá a los Israelitas si éstos le preguntan acerca de quién le envía? Yo soy el que soy. Yo soy el Dios de vuestros antepasados, aquel que ha estado siempre presente en la vida de mi pueblo, aquel que os acompaña desde siempre y para siempre.

Después de esta respuesta de Dios, Moisés acoge la misión.

 CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Eres consciente de cómo Dios se hace presente en tu vida cotidiana?
  • ¿Estás atentos a las señales de la presencia de Dios en tu día a día?
  • ¿A qué misión crees que te esta llamando Dios en este momento concreto de tu vida? ¿Cómo respondes a esta llamada?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 106

2En el Señor he puesto toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi grito;

3me sacó de la fosa mortal, del fango cenagoso; puso mis pies sobre la roca, aseguró mis pasos;

4puso en mi boca un cantar nuevo, una alabanza para nuestro Dios. Muchos, al verlo, temerán y confiarán en el Señor.

5Dichoso el hombre que en el Señor ha puesto su esperanza y no se ha ido con los arrogantes ni con los que se pierden en engaños.

6¡Qué grandes son, Señor, Dios mío, los proyectos y los milagros que hiciste por nosotros!: eres incomparable. Yo quisiera decirlos, proclamarlos; pero son tantos, que no pueden contarse.

7Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, no pides holocaustos ni sacrificios por el pecado; en cambio, me has abierto el oído,

8por lo que entonces dije: «Aquí estoy, en el libro está escrito de mí:

9Dios mío, yo quiero hacer tu voluntad, tu ley está en el fondo de mi alma».

10Pregoné tu justicia a la gran asamblea, no he cerrado mis labios; tú lo sabes, Señor.

“Vieron su gloria” Lectio Divina del II domingo de Cuaresma (Ciclo C)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 9, 28b-36)

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían del sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle. Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

En este segundo domingo de Cuaresma la liturgia nos ofrece, para nuestra meditación y oración, en los tres ciclos litúrgicos, el texto conocido como la transfiguración de Jesús. En este ciclo C, en el que nos encontramos, se nos presenta dicho relato según la versión del evangelio de Lucas.

Estamos encima de una montaña, en una situación temporal imprecisa. Aunque aquí no lo hemos recogido, y tampoco lo recoge la liturgia de la palabra, el texto comienza diciéndonos: «Unos ocho días después…» Y, al menos a mí, inmediatamente, me asalta una pregunta: ¿ocho días después de qué? ¿del regreso de los discípulos una vez que Jesús les enviara a predicar el Reino? ¿Ocho días después de la profesión de fe de Pedro? ¿Ocho días después del primer anuncio de su pasión? Pues probablemente, según nos dicen los estudiosos, después de estos dos últimos acontecimientos.

A partir de lo que conocemos por los otros evangelios sinópticos, los discípulos, especialmente Pedro, no han entendido nada de aquel anuncio. ¿Cómo es posible que el Mesías vaya a padecer todo eso y muera? ¿Y qué es eso de que después va a resucitar? A los discípulos les cuesta entender las palabras de Jesús.

Por eso, Jesús quiere manifestarse a ellos y confirmarles en la fe. Es un intento de que sus discípulos cambien la concepción que tienen acerca del Mesías. La transfiguración es una confirmación de que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías esperado. Es un anticipo de la resurrección. Pero vayamos por partes.

Decíamos más arriba que nos encontramos en una montaña; este lugar es privilegiado para el encuentro con Dios. Basta recordar los encuentros de Moisés con Dios en el monte Sinaí (Éx 19,20; 24,12-15; 34,2-4) o de Elías en el monte Horeb (1Re 19,8). Jesús está allí orando, encontrándose con el Padre; y… en aquel momento, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente.

Inesperadamente, aparecen dos hombres que se ponen a hablar con Jesús. ¿Quiénes son? Moisés y Elías. Pero, ¿quiénes son estos personajes y por qué se aparecen? Moisés representa la Ley, él la había recibido en el Sinaí; y Elías representa a los profetas, éste había sido arrebatado al cielo por un carro de fuego (2Re 2,11) y según la profecía de Malaquías, tiene que volver a preparar el camino al Mesías (Mal 3,23). Por tanto, la Ley y los profetas, el Antiguo Testamento, viene a dar testimonio de Jesús como Hijo de Dios.

Y, ¿acerca de qué dialogan Moisés, Elías y Jesús? Pues según nos dice el texto, precisamente, acerca de la duda que tenían los discípulos: de la muerte de Jesús, la cual iba a tener lugar en Jerusalén.

El Mesías esperado no es un Mesías poderoso, guerrero y aniquilador de enemigos. El verdadero Mesías tendrá que padecer y morir, pero al tercer día será resucitado por el Padre. De este modo, Jesús nos liberará de todas nuestras ataduras y de la más importante, de la atadura de la muerte; puesto que, si él resucitó, nosotros también resucitaremos, a pesar de todos nuestros problemas, de nuestras dificultades, de nuestras miserias.

Aunque los discípulos estaban cargados de sueño, se mantuvieron despiertos y pudieron ver la gloria de Jesús y a los dos personajes que se encontraban junto a él. Y su reacción fue lógica. En aquel instante, no se dan cuenta de la importancia del acontecimiento que están viviendo. Sus mentes están en otra parte, no perciben la realidad de una manera clara, están aturdidos. Y reaccionan, sobre todo Pedro, con aquellas palabras: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a quedarnos». Eso de tener que pasar por una pasión, por la muerte… Todo eso no tiene sentido, vamos a quedarnos aquí, quítate de problemas. Ese es el pensamiento de los discípulos y de Pedro que se hace su portavoz; sin embargo, según, el texto, Pedro no sabe lo que dice.

Mientras Pedro está hablando, una nube del cielo los cubrió. La nube, recordemos, es símbolo de la presencia de Dios (Éx 40,34-38; Núm 10,11s.). Entonces, se oye la voz del Padre que dice: «Este es mi Hijo, el elegido, escuchadle». De este modo, el Padre confirma que Jesús es el Hijo de Dios, y que nosotros lo que debemos hacer es escuchar su Palabra.

Los discípulos guardan silencio y no contaron a nadie lo ocurrido. Tendrán que vivir la experiencia de la Pascua para entender verdaderamente este acontecimiento y comenzar a anunciar a Jesús Resucitado por todos los confines del mundo.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Hoy también a ti, Jesús te invita a subir con él a la montaña para orar. ¿Cuál es tu montaña? ¿Qué sientes? ¿Aceptas la invitación? ¿Cuál es tu experiencia en esta montaña?

• ¿Qué significado tiene en tu vida que Moisés y Elías, es decir, que la ley y los profetas, vengan a confirmar que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Qué significa para ti que Jesús sea el Hijo de Dios? ¿Qué significado adquiere todo esto para tu vida diaria?

• Jesús cada día se manifiesta en tu vida. ¿De qué manera? ¿Cómo lo percibes? ¿Cómo es ese encuentro? ¿Sirve para cambiar tu percepción y tu modo de vivir el día a día?

• ¿Escuchas la Palabra de Jesús? ¿Cambia en algo tu vida?

• No puedes quedarte en la montaña, has de bajar a la vida cotidiana y, desde tu experiencia pascual, contar lo que has visto y oído a todos aquellos que salen a tu encuentro.

VIDA – ORACIÓN

• Bendito y alabado seas, Padre, por revelarnos que Jesús es tu Hijo amado, que puede transformar, desde lo más hondo de nuestro ser, nuestras vidas.

• Gracias, Jesús, porque cada día te muestras y te revelas en los acontecimientos cotidianos de nuestra vida.

• Ayúdanos, Espíritu Santo, a configurarnos cada día más con Jesús y a llevar su Palabra a todos nuestros hermanos.

“LEVANTA TUS OJOS AL CIELO” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO II DE CUARESMA (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Génesis 15,5-12.17-18

5En aquellos días, Dios llevó fuera a Abrán y le dijo: «Levanta tus ojos al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas»; y añadió: «Así será tu descendencia». 6Abrán creyó al Señor, y el Señor le consideró como un hombre justo. 7Y le dijo: «Yo soy el Señor que te sacó de Ur de los caldeos para darte esta tierra en posesión». 8Abrán le preguntó: «Señor Dios, ¿cómo sabré yo que la poseeré?». 9El Señor le dijo: «Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y una paloma». 10Él trajo todos estos animales, los partió por la mitad y puso una mitad frente a la otra; pero las aves no las partió.  11Las aves rapaces revoloteaban sobre los cadáveres, pero Abrán las espantaba. 12Cuando el sol estaba ya para ponerse, cayó sobre Abrán un sueño profundo y le envolvió una oscuridad terrorífica. 17Cuando se puso el sol, apareció entre densísimas tinieblas una hornilla humeante y una llama de fuego, que pasó por entre los animales partidos. 18Aquel día el Señor hizo un pacto con Abrán en estos términos: «A tu descendencia doy esta tierra, desde el torrente de Egipto hasta el gran río, el Éufrates.

En la mayoría de las ocasiones, Dios no actúa de manera inmediata, tal y como nos gustaría a nosotros, Él tiene sus propios tiempos. Eso le ocurre a Abrán; es cierto, que Dios le hace una promesa: tu descendencia será numerosa, tanto como las estrellas del cielo y podrás disfrutar poseyendo la tierra en la que ahora vives como extranjero. Sin embargo, Abrán tendrá que esperar para que ésta se realice. Abrán no se impacienta, ni se desilusiona, al contrario, actualiza su fe en Yahveh y se apoya en Él con total confianza.

Dios acoge esta fe y esta esperanza: “le consideró como un hombre justo”, es decir como aquel que es fiel a la alianza establecida con él. Dios le hace ver a Abrán la manera en la que ha estado presente en su vida, ayudándole, sosteniéndole, siendo su compañero de camino con un objetivo concreto: “Yo te saco de Ur de los caldeos para darte esta tierra en posesión”.

Para ratificar esta promesa y esta alianza, Yahveh le invita a realizar una celebración o ritual de confirmación de la misma, al estilo de los pueblos de la antigüedad. A partir de entonces Dios se une a la vida de Abrán y a la historia de la humanidad con un lazo inseparable e indestructible para caminar junto a ellos ofreciéndoles su amor, su misericordia, su protección y su fidelidad. No le exige ninguna contrapartida al ser humano, pues a Abrán le hace caer en un sueño profundo y es Yahveh quien pasa por entre los animales partidos.

Dios está siempre al lado de su pueblo, siendo fiel a la alianza aunque este la rompa.

 CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Qué piensa acerca de la afirmación de que Dios tiene sus propios tiempos? ¿Te desesperas o te impacientas cuando pides algo a Dios y no te lo concede inmediatamente? ¿Intentas vivir desde la fe y la esperanza en tu día a día?
  • ¿Eres consciente de la presencia de Dios en los acontecimientos diarios de tu vida? ¿De que Dios te sostiene y es tu compañero de camino?
  • ¿Mantienes la esperanza en Dios, sabiendo que Él es fiel a la alianza que ha establecido contigo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 106

1Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor.

2¿Quién podrá contar las proezas del Señor?, ¿quién podrá alabarlo como se merece?

3Dichosos los que guardan el derecho y en todo tiempo practican la justicia.

4Cuando seas propicio con tu pueblo, acuérdate de mí, Señor; cuando vengas a salvarlo, no te olvides de mí;

5para que vea la dicha de tus elegidos, me alegre con la alegría de tu pueblo y me enorgullezca con tu heredad.

“LA PALABRA REVELA EL CORAZÓN DE LA PERSONA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Eclesiástico 27,4-7

4Al zarandear la criba queda la cascarilla; así los defectos del hombre cuando reflexiona. 5El horno prueba los vasos del alfarero; la prueba del hombre está en su conversación. 6El fruto del árbol indica su cultivo, así la conversación de un hombre revela su corazón. 7Antes que haya hablado no alabes a nadie, pues ésta es la piedra de toque del hombre.

La liturgia de hoy nos ofrece un fragmento del libro del Eclesiástico o Sirácida, perteneciente a la llamada literatura sapiencial. La cual se caracteriza por intentar mostrarnos la manera en la que hemos de vivir para ser felices; es, por así decir, el arte de vivir en el mundo; por supuesto desde una perspectiva religiosa, o lo que es lo mismo, teniendo en cuenta la voluntad de Dios y la alianza y el compromiso que éste ha establecido con el ser humano.

En el texto con el que estamos orando, Ben Sirá, autor del libro, quiere ayudarnos a caer en la cuenta de la manera en la que tenemos que conocer a las personas y evaluar su conducta, sin dejar de lado, por supuesto, el autoconocimiento.

Como podemos ver también en el evangelio, el ser humano manifiesta su verdadera naturaleza, lo que lleva en su interior y su sentimiento más profundo, en las acciones que realiza. Todo ello, este pasaje del Sirácida, nos lo ofrece a modo de frases cortas o máximas que nos ayudan incluso a memorizar el texto, acudiendo al lenguaje simbólico, por medio imágenes sacadas de la naturaleza o de la vida cotidiana: la criba, el horno, el fruto del árbol.

De la misma manera, que al zarandear la criba queda la cascarilla, cuando uno reflexiona verdaderamente acerca del comportamiento de los otros, o del suyo propio, se ponen de manifiesto nuestras debilidades, nuestras incoherencias, nuestras flaquezas; también, por supuesto, nuestras virtudes y fortalezas. Tanto una como otras hemos de tenerlas en cuenta para ir creciendo como personas y como seguidores de Jesús.

Del mismo modo, que al comenzar a hornear, el alfarero es capaz de percibir las imperfecciones de una vasija, cuando comenzamos a escuchar hablar a una persona somo capaces de advertir su intenciones más profundas: por la manera de expresarse, por la entonación de su voz, por su lenguaje no verbal, etc.

Por último, de igual forma que la calidad de un árbol de conoce por sus frutos, la categoría del ser humano se conoce por sus palabras y sus acciones.

Por tanto, y en conclusión, para conocer verdaderamente a una persona se hace imprescindible evaluar su modo de pensar, su modo de hablar, su modo de actuar.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿De qué manera sueles tú intentar conocer y evaluar la conducta de las personas? ¿Sigues el modelo que nos ofrece el libro del Sirácida?
  • ¿Eres consciente de que las personas manifestamos nuestro interior en las acciones exteriores que realizamos?.
  • ¿Intentas, de alguna manera, conocerte primero a ti mismo, antes de evaluar el comportamiento de los demás? ¿Eres consciente de tu vulnerabilidad, de tus debilidades, de tus fragilidades? ¿Y también de tus fortalezas, puntos fuertes y talentos? ¿Procuras superarte, como persona y como cristiano, cada día?
  • ¿Te esfuerza por mantener una adecuada coherencia entre lo que piensas, sientes y haces?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 111

1Doy gracias al Señor de todo corazón en la reunión de los hombres justos y en la asamblea general.

2Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

3Su obra resplandece de esplendor y su justicia permanece para siempre.

4Él ha hecho memorables sus milagros, el Señor es misericordioso y lleno de ternura.

5Él da de comer a sus leales y recuerda siempre su alianza.

6Manifiesta a su pueblo el poder de sus obras, dándole la heredad de las naciones.

7Verdad y justicia son las obras de sus manos, todos sus preceptos son estables, 8inmutables por los siglos de los siglos, fundados en el derecho y la verdad.

9Envió a su pueblo la liberación y estableció para siempre la alianza: santo es su nombre y venerable.

10El temor del Señor es el principio de la sabiduría, los que la practican son gente lista: su alabanza permanece eternamente.

“LA VERDADERA FELICIDAD” LECTIO DIVINA DEL DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 6,17.20-26

Nos encontramos hoy con un pasaje del evangelio, cuanto menos, sorprendente: ¿Cómo es posible que Jesús llame felices a los pobres, a los que lloran, a los hambrientos, a los perseguidos? Y, ¿cómo es posible, que llame infelices a los ricos, a los que están hartos, a los que ríen, a aquellos que son admirados y adulados por los hombres? Todo esto choca mucho con lo que puede ser nuestra experiencia diaria. Pero, intentemos profundizar un poco en el texto; y con ello, es posible que entendamos un poco mejor lo que quería decir Jesús.

Por primera vez, en el evangelio de Lucas, éste nos presenta en qué consiste la predicación de Jesús. Esta es la primera enseñanza de Jesús, después de que en la Sinagoga de Nazaret presentara su programa, basándose en el profeta Isaías (Lc 4,16-30). Y este discurso que nos presenta el evangelio con el que estamos orando, resulta algo paradójico. ¿No crees? Jesús es así.

Aunque a mí, rápidamente me asalta una pregunta: ¿hay que estar en la miseria para poder salvarse? ¿Es necesario estar continuamente sufriendo para entrar en el Reino? A mi parecer, lo que Jesús está ofreciendo y nos está ofreciendo es esperanza. Esperanza a todos aquellos que no ponen su ilusión, su confianza, su seguridad en las cosas materiales, en las posesiones, en la felicidad superflua o en lo que los otros dicen acerca de ellos.

Bueno, pues vamos a ver, aunque sea brevemente, cada una de estas llamadas bienaventuranzas y de sus respectivas “maldiciones”.

Felices los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Lo primero a tener en cuenta es que esta declaración de Jesús está en presente, por lo que el pobre no es que sea feliz en una vida futura, el pobre es feliz ahora. ¿Por qué? Porque el reino es suyo, porque ya están disfrutando de él, porque ya está presente en medio de los pequeños, de los sencillos, de los necesitados. Felices a pesar de estar marginados, a pesar de ser degradados, despreciados y considerados impuros por parte de la sociedad… Felices porque no confían en sus propias riquezas, en sus propios medios, en sus propias seguridades. Y esto no es únicamente una condición social. Se puede ser pobre con una mentalidad de rico, se puede ser pobre y estar deseando el lujo, se puede ser pobre y querer oprimir al otro. Y de esa manera por muy pobre que sea uno, nunca podrá ser feliz porque el reino de Dios no está en él. Pero felices todos aquellos que quieren revertir la injusticia en la sociedad, felices los que desean e intentan llevar a cabo un cambio en las condiciones sociales, felices los que buscan una convivencia fraterna, donde los bienes se comparten, de estos es el reino de Dios.

Felices los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis hartos.

Entre los cristianos esta situación es reversible. Es muy posible que mucha gente en la actualidad pase hambre, pero eso no puede ser definitivo. El seguidor de Jesús ha de salir al frente de las necesidades de su hermano, no puede quedarse impasible, no puede mirar hacia otro lado. Al cristiano le toca anunciar y denunciar, al cristiano le toca arrimar el hombro y ayudar al necesitado; por eso esa situación no es definitiva. El cristiano ha de hacer todo lo posible para que el excluido, el rechazado, el despreciado pueda insertarse en el tejido social y cubrir sus necesidades básicas.

Felices los que ahora lloráis, porque reiréis.

Tampoco el sufrimiento, el dolor, la angustia son definitivos. Lo definitivo es la construcción del reino. Un reino que es capaz de acercarse al hermano que sufre y ofrecerle una mano amiga, un abrazo, un estar a su lado, un no estás solo, un vamos a luchar juntos, un vamos a ser compañeros de camino… No, ninguno de nosotros vamos a solucionar los problemas de la humanidad; pero, si que vamos a poner de nuestra parte, vamos a ofrecer recursos, vamos a estimular al hermano caído para que encuentre sus fortalezas, sus potencialidades, sus habilidades, sus capacidades. No vamos a dejar que se hunda en la miseria. Y entonces, podremos reír juntos.

Felices seréis si os odian los hombres, si os excluyen, os insultan y proscriben vuestro nombre como infame por causa del hijo del hombre.

Felices seréis si confiáis en Dios e intentáis experimentar las enseñanzas y la vida del Maestro. Y no tengáis ninguna duda de que esto ocurrirá, si de alguna manera pretendéis poner en práctica en vuestra vida el seguimiento de Jesús. Felices porque estáis en el buen camino, porque estáis construyendo un mundo mejor y colaborando en el establecimiento del reino de Dios, porque estáis actualizando la buena Noticia y haciéndola presente en nuestros día a día.

A continuación, Lucas nos presenta las cuatro maldiciones o amenazas. Las cuales se contraponen a las cuatro bienaventuranzas. No me extenderé mucho en ellas, pues si no está Lectio resultaría excesivamente extensa. Pero si que me gustaría destacar lo siguiente.

Infelices son aquellos que van sobrados por la vida, los que se sienten totalmente satisfechos sobre todo con lo que tienen y no con lo que son, los que no necesitan de nada ni de nadie, los que viven encerrados en su propio egoísmo y dando la espalda al sufrimiento de los demás. Infelices porque intentan contentar a dos señores a la vez, y eso es imposible. Infelices los que intentan agradar a todo el mundo, los que únicamente buscan el prestigio y los primeros puestos. Infelices porque tienen una falsa autoestima y no quieren desarrollarse y crecer como personas.

En definitiva, para alcanzar la verdadera felicidad es imprescindible experimentar la misericordia de Dios, para poder de alguna manera ofrecerla y regalarla a los demás; es imprescindible confiar y poner nuestra esperanza en un Padre que nos ama infinitamente y que acoge a todos sin diferencia; es imprescindible, dejarnos modelar por el Espíritu Santo y poner en práctica las actitudes vitales de Jesús para que nuestro mundo sea un reflejo del Reino de Dios. Un mundo en que el amor incondicional y gratuito sea una realidad.

¡Pongámonos manos a la obra!

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Dónde tienes puesta tus esperanzas, tus aspiraciones, tus sueños?

• ¿De qué tienes “hambre”? ¿Qué deseas verdaderamente en tu día a día?

• Hay más felicidad en dar que en recibir. ¿Qué piensas de esta frase? ¿Cómo se hace palpable en tu vida? ¿Cómo la experimentas en tu día a día?

• ¿Qué estás dispuesto a hacer para que la felicidad sea una realidad en nuestro mundo? ¿Para que el reino de Dios esté cada día más presente en tu vida y en la de los demás?

VIDA – ORACIÓN

• Bendito y alabado seas, Padre, por el gran amor que nos regalas y por querer siempre nuestra felicidad.

• Gracias, Jesús, por ofrecernos los medios necesarios para que la felicidad sea una realidad en nuestro mundo.

• Ayúdanos, Espíritu Santo, a poner en práctica el Evangelio, a ofrecer nuestro amor, nuestra ayuda y nuestra persona para que todos podamos alcanzar la verdadera felicidad.

“SU PODER ES ETERNO Y NUNCA PASARÁ.” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Daniel 7,13-14

13Yo seguía contemplando en mis visiones nocturnas: En las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre; se dirigió hacia el anciano y se presentó ante él. 14Se le dio poder, gloria e imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder era un poder eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.

Un pequeño fragmento del libro del profeta Daniel que para entenderlo bien tenemos que enmarcarlo en el contexto más amplio del capítulo 7. En el que se narra una de las siete visiones de un israelita llamado Daniel, deportado a Babilonia en la época de Nabucodonosor.

Como sabemos este libro pertenece al género apocalíptico, el cual se caracteriza por narrar a través de símbolos la situación de opresión y sufrimiento del pueblo de Israel y su esperanza en la bondad de Dios que le librará de estas circunstancias que están viviendo.

En el capítulo siete del que forman parte estos dos versículos se narra un sueño en el que Daniel va viendo sucederse cuatro reinos diferentes, los cuales están representados por cuatro fieras. Esos cuatros reinos oprimen a Israel, pero no debe perder la esperanza, porque a ellos les sucederá otro reino de esplendor y liberación para el Pueblo elegido.

Cuando esto ocurra aparecerá el “hijo del hombre”. Para nosotros, familiarizados con el Nuevo Testamento, es fácil identificar a este con Jesús de Nazaret y Jesús utilizó en más de una ocasión este título para referirse a su persona. Sin embargo, aquí representa más bien al reino de los santos. Ese reino de Israel prometido como eterno a la dinastía davídica y que parecía haber desaparecido del horizonte. Un “hijo del hombre” o un reino como estamos viendo a quien Dios le dará un poder eterno y que será extensivo a todos los pueblos. Un reino que es a la vez divino y humano y contra el que se levantan, en muchas ocasiones, las fuerzas del mal. Aunque ese reino como afirma el fragmento con el que estamos orando no será destruido jamás.

Me resulta muy oportuna esta lectura en un día como hoy, en el que celebramos a Jesucristo como Rey del Universo, para hacernos caer en la cuenta que el reinado de Jesucristo no es de este mundo, que este reinado está amenazado por la fuerzas del mal, sin embargo, no tenemos que tener miedo y mantener la esperanza, pues Jesús ha vencido a las fuerzas del mal con su resurrección y su reino no tendrá fin. A nosotros nos queda seguir viviendo según la ley del amor, hasta la llegada definitiva de ese Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • En momentos de dificultad, de peligro, de obstáculos, ¿eres capaz de percibir la presencia de Dios? ¿Te diriges a él para pedirle ayuda? ¿Mantienes la esperanza y la confianza en Él?
  • ¿De qué manera transmites esperanza y confianza a los demás en momentos de dificultad o de dolor?
  • ¿Qué acciones realizas para que otras personas perciban la presencia del Reino de Dios entre nosotros?
  • ¿Intentas vivir cada día el mandamiento del amor hasta que se manifieste el Reino de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 62

2Mi alma sólo descansa en Dios, mi salvación viene de él; 3sólo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza; no sucumbiré.

4¿Hasta cuándo atacaréis a un hombre solo todos a una para derribarlo como una pared que se desploma o una tapia a punto de caerse?

5Desde su altura tratan de derrocarme, se complacen en la falsedad; con la boca bendicen y con el corazón maldicen.

6Mi alma sólo descansa en Dios, mi salvación viene de él; 7sólo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza; no sucumbiré.

8Mi gloria y mi salvación están en Dios, en Dios, mi roca de defensa y mi refugio.

9Confiad en él, oh pueblo, en todo tiempo; Dios es nuestro refugio.

10Los hombres del pueblo son un soplo, la gente ilustre, una mentira; cuando se los pone en la balanza, todos juntos pesan menos que un soplo.

11No esperéis nada de la violencia, no os hagáis ilusión con la rapiña; si llegáis a ser ricos, no pongáis vuestro corazón en las riquezas.

12Dios ha dicho una cosa, y luego otra; yo lo he oído; 13esto: que el poder es de Dios; de ti, Señor, es la lealtad; y esto: que tú pagas a cada uno según sus obras.

“HA HECHADO TODO LO    QUE TENÍA PARA VIVIR”. LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

VERDAD – LECTURA

Jesús se encontraba enseñando en el Templo, mientras la multitud le escuchaba con sumo gusto (cf. Mc 12,35ss). Y entre sus enseñanzas nos encontramos las dos lecciones que la liturgia nos ofrece en el día de hoy: la advertencia acerca de los escribas (12,38-40) y la generosidad de la pobre viuda (12,41-44). El tema de fondo que nos ocupa es la generosidad, el desprendimiento, la entrega: ¿Qué estoy dispuesto a compartir con los demás?

A favor de los escribas, hay que decir que no todos eran así, recordemos que unos versículos antes, acaba de decirle a uno de ellos que no está lejos del reino de Dios (12,34).

¿Qué ocurre, entonces, con algunos escribas? ¿Por qué Jesús nos previene respecto a ellos? Precisamente, porque no viven el mandamiento principal, o más bien los dos mandamientos más importantes de la Ley: Amar a Dios y al prójimo (12,29-31).

Un escriba, en la sociedad israelita del tiempo de Jesús, era una persona importante. No cualquiera podía llegar a tal. Se necesitaban largos años de estudio de la Escritura y una cierta madurez. Eran personas que gozaban de gran autoridad y prestigio ante el pueblo, pues eran quienes estudiaban la Escritura y la interpretaban. Eran miembros del Sanedrín (asamblea, consejo o corte suprema encargada de interpretar la Ley y aplicarla). La mayoría de los escribas pertenecía al movimiento fariseo.

Al parecer, en tiempos de Jesús, a algunos de ellos, les gustaba aparentar y distinguirse de las demás personas; pero desde una posición de poder, de dominio y avaricia.

En contraposición con los escribas, encontramos a la viuda. Jesús sentado, ante la pared externa que daba al atrio de las mujeres, frente al tesoro del Templo, en el que había trece arcas, con forma de trompeta invertida, observa cómo la gente iba depositando sus ofrendas.

Los ricos iban echando grandes cantidades de dinero.

En un momento dado, llegó una viuda. Recordemos que, las viudas en la época de Jesús estaban totalmente desamparadas, no recibían ningún tipo de ayuda económica o protección social, y nadie se ocupaba de ellas, podríamos decir que prácticamente tenían que vivir de la caridad. Pues bien, esta viuda también deposita su ofrenda, una insignificancia, dos monedillas de escaso valor, hemos traducido en el texto (Marcos nos dice que era dos leptones, las monedas de menor valor que existían en aquella época).

Jesús se ha percatado de la acción de esta viuda. Posiblemente, ella no ha hecho ostentación alguna de su acto, como los ricos; con toda probabilidad, ella sienta incluso algo de vergüenza; es demasiado poco, pero es lo que tiene para vivir.

En ese momento, Jesús llama a sus discípulos para enseñarles cómo deben actuar ellos, para educarles acerca de la generosidad: los ricos han dado de lo que les sobraba, ella ha dado todo lo que tenía para vivir. La viuda compartió con los demás todo lo que tenía. Esta viuda ya no tiene otra posibilidad mas que confiarse a la misericordia de Dios, a su providencia. Ella había entendido totalmente en qué consiste el mandamiento principal. Ella hace experiencia del significado que tiene amar a Dios y amar al prójimo.

Una magnífica conclusión del capítulo doce y una sensacional introducción a lo que será la pasión, muerte y resurrección de Jesús que se nos presentará en el capítulo 13.

CAMINO – MEDITACIÓN

  •  ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es la crítica que hace Jesús a los escribas? ¿Crees que Jesús tiene a ti algo que reprocharte? ¿Qué sería ese algo?
  • ¿Por qué crees que Jesús elogia a la viuda? ¿Tiene Jesús algo que elogiarte?
  • ¿Qué puede significar para ti, abandonarte a la misericordia y providencia de Dios?
  • ¿Qué estás dispuesto a compartir para experimentar en tu vida el significado de amar a Dios y al prójimo? ¿Qué acciones has de emprender para ello?

VIDA – ORACIÓN

Hoy para orar lo vamos a hacer con la letra de una canción del grupo Kairoi titulada

Oración del pobre.

Vengo ante Ti, mi Señor,
reconociendo mi culpa.
Con la fe puesta en tu amor,
que Tú me das como a un hijo.
Te abro mi corazón
y te ofrezco mi miseria,
despojado de mis cosas
quiero llenarme de ti.

Que tu Espíritu, Señor,
abrase todo mi ser.
Hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera,
hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera.

Puesto en tus manos, Señor,
siento que soy pobre y débil,
mas Tú me quieres así,
yo te bendigo y te alabo.
Padre, en mi debilidad
Tú me das la fortaleza.
Amas al hombre sencillo,
le das tu Paz y Perdón.

Y déjate transformar por el Espíritu de Dios. Feliz domingo.

“¡GRITAD DE GOZO!”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Jeremías 31,7-9

7Esto dice el Señor: ¡Gritad de gozo por Jacob! ¡Aclamad a la primera de las naciones! ¡Publicad, alabad, decid: El Señor ha librado a su pueblo, al resto de Israel!

8Yo los traigo de la tierra del norte y los congrego de los extremos de la tierra; están todos: el cojo y el ciego, la embarazada y la parturienta, una gran multitud que vuelve aquí.

9Entre lágrimas habían partido, entre consuelos los devuelvo junto a los arroyos de las aguas, por un camino llano, donde no dan traspiés. Pues soy un padre para Israel, Efraín es mi primogénito.

Hoy la liturgia nos ofrece para orar un fragmento del llamado “Libro de la consolación” del Profeta Jeremías que abarca los capítulos 30-33.

Un profeta que es modelo de fidelidad y de entrega a la misión recibida de Dios para anunciar la Salvación a su Pueblo. En el pasaje, que hoy nos ocupa, vemos el anuncio de la nueva alianza de Dios con Israel.

Habrá un nuevo éxodo desde la tierra del norte en la que se encontraba el Pueblo elegido. Todos retornarán a su patria incluidos los más marginados de la sociedad: los cojos y los ciegos, la embarazada y la parturienta. Yahveh ha librado al resto de Israel, es decir a aquellos que se han mantenido fieles a la Alianza.

Aunque partieron entre lágrimas regresan llenos de júbilo. Dios se ha mostrado como padre para su Pueblo. Aquel que permitió la dispersión de Israel, ahora lo reúne y los cuida como un padre.

El Señor Dios volverá a reunir a su pueblo y los llevará nuevamente a su tierra. Yahveh  renueva su Alianza.

Mediante la expresión Efraín es mi primogénito el profeta quiere expresar que la salvación que anuncia es para todas las tribus de Israel, para todo su Pueblo. A éste lo único que se le pide es que tenga confianza en Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuántas veces gritas de gozo y te regocijas de alegría ante las maravillas que Dios realiza en tu vida?
  • Jeremías es modelo de fidelidad y entrega a la misión que Dios le ha confiado. Hoy puedes tomarle pulso precisamente a tu fidelidad y entrega personal.
  • En la salvación de Dios están incluidos todos, incluso las personas más desfavorecidas de la sociedad, ¿cómo los acoges en tu vida? ¿en tu grupo? ¿en tu comunidad?
  • Dios se muestra Padre para todos nosotros, ¿eres consciente de ello? ¿percibes como Dios está presente, incluso, en medio de la dificultad?
  • ¿Anuncias únicamente palabras de condena, castigo, rechazos o, al igual que Jeremías, eres también profeta de consolación?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 86

1Escúchame, Señor, atiéndeme, pues soy pobre y desdichado;

2guarda mi vida, pues soy tu amigo; tú eres mi Dios, salva a este siervo tuyo que en ti espera;

3ten piedad de mí, Señor, pues te estoy llamando a todas horas;

4alegra el corazón de este siervo tuyo, pues hacia ti, Señor, levanto mi alma.

5Señor, tú que eres bueno y que perdonas, lleno de piedad para los que te invocan,

6escucha mi plegaria, Señor, atiende a la voz de mi súplica;

7en el día de mi angustia yo te llamo porque tú siempre me escuchas.

8Entre los dioses, Señor, no hay nadie como tú ni hay obras semejantes a las tuyas.

9Todas las naciones que tú hiciste vendrán a ti, Señor, para adorarte y glorificar tu nombre.

10Tú eres grande y haces maravillas, pues tú eres el único Dios.

11Enséñame tus caminos, Señor, para que yo camine en la verdad; haz que mi corazón reverencie tu nombre.

12Te alabaré de todo corazón, Señor, Dios mío, ensalzaré tu nombre eternamente,

13pues tu misericordia conmigo fue muy grande, me has librado del fondo del abismo.

«ESCUCHA, ISRAEL» LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Deuteronomio 4,1-2.6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo:  1«Y ahora, Israel, escucha las leyes y prescripciones que te voy a enseñar y ponlas en práctica, para que tengáis vida y entréis a tomar posesión de la tierra que os da el Señor, el Dios de vuestros padres. 2No añadiréis ni suprimiréis nada de las prescripciones que os doy, sino que guardaréis los mandamientos del Señor, vuestro Dios, tal como yo os los prescribo hoy. 6Guardadlos y ponedlos por obra, pues ello os hará sabios y sensatos ante los pueblos. Cuando éstos tengan conocimiento de todas estas leyes exclamarán: “No hay más que un pueblo sabio y sensato, que es esta gran nación”. 7En efecto, ¿qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos a ella como lo está de nosotros el Señor, nuestro Dios, siempre que le invocamos? 8¿Qué nación hay tan grande que tenga leyes y mandamientos tan justos como esta ley que yo os propongo hoy?»

La primera lectura de hoy está tomada del libro del Deuteronomio. Un libro, cuyos autores, según algunos estudiosos, se encuentran dentro de los llamados círculos levíticos; es decir eran miembros de la tribu de Leví, aquellos que están consagrados para el servicio del Tabernáculo y posteriormente del Templo. El mismo Moisés, pertenecía a esta tribu. Podríamos decir que ellos, de alguna manera debían custodiar, también, la fidelidad a la Alianza por parte del pueblo.

En la actualidad, el libro del Deuteronomio está estructurado en tres grande discursos que Moisés dirige al Pueblo de Israel. El pasaje con el que hoy oramos, se encuentra dentro del primer discurso. Y en él, Moisés anima al pueblo para que sea fiel a la alianza establecida con Yahveh, siendo fiel a la observancia de la ley.

Escucha, Israel, las primeras palabras del Shemá. La plegaria más importante de la piedad judía (Dt 6,4ss), que cada mañana y cada tarde el judío piadoso recita en su oración. Desde los comienzos, el pueblo de Israel es invitado por Dios a escuchar su palabra, a estar atento a ella y a ponerla en práctica. Esta llamada está también presente en la lectura de hoy.

Si Israel se mantiene fiel a la Alianza y la pone en práctica, se convertirá en un pueblo sabio y sensato, de tal manera que será admirado por las demás naciones.

Dios que siempre se mantiene fiel a la Alianza y cercano a su pueblo, estará siempre presente y próximo, pues Él en  ningún momento se aleja. Quien se aleja es Israel cuando incumple la Alianza y se marcha lejos de Dios detrás de otros dioses y siendo injusto con los habitantes de su propia nación.

Moisés, por tanto invitaba a Israel, y nos invita también a nosotros, a ser fieles a la Alianza, a permanecer cerca de Dios y a ser solidarios y caritativos con nuestros hermanos. Y todo ello, desde lo más profundo de nuestro corazón. No únicamente, de manera externa, o por cumplimiento, sino porque estamos firmemente convencidos de que siendo fieles al mandamiento principal, en el que está contenida toda la Ley y la Alianza, estamos siendo fieles a Dios. Y recordemos que el mandamiento principal es: «Amará al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerza (Dt 6,5); y amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv 19,18)».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios en él día de hoy te invita a ser fiel a su Alianza, ¿cómo acoges esta invitación? ¿Qué acciones llevas a cabo para ello?
  • Dios, también te invita a escuchar su Palabra. ¿Dedicas un tiempo cada día a este cometido?
  • Lo importante, no es únicamente, escuchar la Palabra, sino también ponerla en práctica. ¿Cómo vives esto? ¿Intentas cada día llevarlo a cabo?
  • ¿Cómo intentas vivir cada día, en lo cotidiano, el mandamiento principal: amar a Dios y amar al prójimo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 35

6Tu amor, Señor, llega hasta el cielo, y tu lealtad hasta las nubes,

7tu justicia es cual los montes más altos, tus juicios como el inmenso abismo. Tú, Señor, salvas a los hombres y a las bestias;

8oh Dios, ¡qué precioso es tu amor! Los hombres se cobijan a la sombra de tus alas,

9se sacian de los ricos manjares de tu casa, en el torrente de tus delicias los abrevas.

10Pues en ti está la fuente de la vida y en tu luz vemos la luz.

11Guarda tu amor a los que te reconocen y haz justicia a los hombres honrados.

12No dejes que me pisotee el pie del arrogante, ni que la mano del criminal me alcance.