“Tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único” Lectio Divina Domingo de la Santísima Trinidad (Jn 3,16-18)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: 16«tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17Pues Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el hijo único de Dios. 

 

El texto que nos ofrece hoy la liturgia, hemos de enmarcarlo dentro de un contexto algo más amplio como es el llamado diálogo de Jesús con Nicodemo. Por lo que creo que puede ser interesante que presentemos, aunque sea de una manera somera a dicho personaje y el diálogo al que hemos aludido.

Nicodemo, según nos cuenta el evangelista Juan era un fariseo (Jn 3,1). Los fariseos eran un movimiento o corriente dentro de la religión judía que se caracterizaba por una práctica escrupulosa de la Ley y por defender y adherirse a las tradiciones orales vivas del judaísmo. Jesús se enfrentó en diversas ocasiones con ellos porque escudándose en lo legal aniquilaban, precisamente, la Ley de Dios con sus tradiciones de origen humano; no podían mezclarse con los pecadores o las personas consideradas impuras; todo ello los hacía caer en muchas ocasiones en hipocresía. Pues bien, Nicodemo era un hombre importante perteneciente a esta corriente del judaísmo.

Nicodemo va a ver a Jesús, posiblemente siente curiosidad por la nueva doctrina que el joven Maestro de Nazaret está predicando. De hecho, lo llama así: Maestro. Va a verlo de noche, quizás por miedo a que lo puedan vincular con Jesús. Aunque desde el punto de vista teológico podemos interpretarlo, como que no se encuentra en la Luz de Jesús. Reconoce a Jesús como enviado por Dios, porque nadie puede hacer los signos que hace Jesús, si Dios no está con él (Cf. Jn 3,3).Santísima-Trinidad-2

Para que puedan entender todo el diálogo que va a tener con él, Jesús le pide que debe nacer de nuevo. Esto nos sirve a nosotros también de clave para poder profundizar y entender mejor el texto que hoy nos ocupa. Nacer de nuevo requiere una conversión radical, requiere que nos acerquemos a ver el Reino desde una perspectiva nueva, sin prejuicios, sin nuestra propia escala de valores, sin nuestros propios convencionalismos, sin nuestros conceptos previamente aprendidos… Hemos de acercarnos al Reino como niños pequeños, abiertos a su novedad y dispuestos a acoger el anuncio de Jesús como un nuevo descubrimiento que nos abre la puerta hacia la vida eterna. Hemos de acoger y vivir el seguimiento de Jesús con una apertura total. Pero, teniendo en cuenta que ese nuevo nacimiento ha de ser engendrado en el agua y el Espíritu. El agua y el Espíritu son símbolos que con toda probabilidad Nicodemo conocía; el agua puede hacer alusión a las purificaciones que realizaban los judíos y el Espíritu a la nueva creación. Juntos nos pueden estar diciendo que partiendo de nuestras propias tradiciones, hemos de abrirnos a la novedad del evangelio, que representa la nueva creación. Entrar en comunión con Jesús va a suponer un nuevo nacimiento.

Creo que era necesaria esta introducción para comprender de una manera adecuada el texto que hoy la liturgia nos propone. Desde esta nueva perspectiva, podemos entender mejor el significado de las palabras de Jesús: “tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Jesús ha sido enviado y entregado por el Padre para que todo aquel que se una a su persona pueda alcanzar la vida plena. Una vida en la que reinará el amor de Dios, en la que reinará ese Dios que ama con locura al ser humano, que únicamente quiere su bien y su salvación; un amor que vence incluso a la muerte.

Dios no ha enviado a su Hijo para condenar al mundo, sino para que se salve, gracias a la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

En el texto no encontramos una alusión clara al Espíritu Santo; sí aparecen las otras dos Personas de la Santísima Trinidad: el Padre y el Hijo. Sin embargo, quien puede motivar y originar en nosotros la adhesión o unión con Jesús, si no el Espíritu, quien puede hacer nacer en nosotros la fe y mantenerla, si no el Espíritu. Quien puede hacer posible que nazcamos de nuevo y configurarnos con Jesús, si no el Espíritu. Es el Espíritu Santo quien nos modela según la forma de Jesús, y en el origen de todo esto está el Padre.Icono Trinidad 1

Estas tres Personas son un único Dios, son Trinidad. Y esta Trinidad tiene una característica que la constituye esencialmente, sustancialmente: el amor. Y eso es lo que vino a ofrecer Jesús al mundo enviado por el Padre; ahora bien, el hombre es libre de rechazar o acoger esa misericordia de Dios, esa ternura, esa bondad y ese amor de Dios. Por eso Dios no ha enviado a su Hijo para nuestra condena, sino para nuestra salvación. Ahora bien, en nuestras manos está acoger, creer y vivir la novedad de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo es tu vivencia de la Trinidad, aunque no llegues a comprender este misterio?
  • ¿Estás dispuesto/a a dejar actuar al Espíritu Santo en ti para poder llegar a «nacer de nuevo»?
  • ¿Acoges con todo tu ser el amor que Dios te ofrece y te regala incondicionalmente?
  • ¿Qué acciones podría yo emprender para mostrar el amor de Dios en mi propio ambiente?

 VIDA – ORACIÓN

Divina Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
presente y operante en la Iglesia y en lo más profundo de mi ser;
yo te adoro, te doy gracias y te amo.

Por medio de María, Reina de los Apóstoles,
me ofrezco entrego y consagro totalmente a ti
por toda la vida y para la eternidad.

A ti Padre del cielo, me ofrezco, entrego y consagro como hijo.
A ti, Jesús Maestro, me ofrezco, entrego y consagro como hermano y discípulo.
A ti Espíritu Santo, me ofrezco entrego y consagro como “templo vivo”,
para ser consagrado y santificado.

María, madre de la Iglesia y madre mía,
tú que vives en intimidad con la Trinidad Santísima,
enséñame a vivir, por medio de la liturgia y los sacramentos,
en comunión cada vez más profunda con las tres divinas Personas,
para que toda mi vida sea un “Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”. Amén.
(Beato Santiago Alberione).

 

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VERDAD – LECTURA

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a lo judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros”. Después soló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”

Tomás, uno de los doce, a quien llamaban “el Mellizo”, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “Hemos visto al Señor”. Él les dijo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo”.

Ocho días después, estaban nuevamente allí dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no sea incrédulo, sino creyente”. Tomás contestó: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “Has creído porque has visto. Dichosos los que creen si haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el hijo de Dios, y para que tengáis vida en su nombre.

Nos encontramos ante el acontecimiento más importante de la historia: La resurrección del Señor. Hoy el evangelio nos narra una de las manifestaciones gloriosas de Jesús. Nos situamos en el atardecer del primer día de la semana, es decir, del domingo, del día del Señor. El día más importante para cualquier cristiano, la conmemoración del día de su resurrección; el día en el que la comunidad cristiana en pleno se encuentra para celebrar la eucaristía.

También, aquel día, los discípulos se encontraban juntos. Sin embargo, tenían las puertas cerradas y estaban aterrados de miedo. En esta situación, se presenta Jesús en medio de ellos, deseándoles la paz. Que no se turbe vuestro corazón, no tengáis miedo, yo estoy con vosotros y os traigo paz; Jesús resucitado ha vencido a la muerte y al pecado.

Les muestra las manos y el costado. Ante su temor y su estupor, Jesús quiere mostrarles la prueba tangible de su pasión y muerte. Pasión y muerte que ha traído la paz y la salvación al mundo entero. Y “prueba” de que aquel que murió en la cruz, ha resucitado, está vivo entre nosotros. Ante tal acontecimiento y descubrimiento no cabe más que la alegría desbordante.

Y, Jesús resucitado envía a sus discípulos. Le envía a la misión que ya les había encomendado anteriormente: Id y predicad la alegría del evangelio. Pero, ahora, ya están preparados. Sopla sobre ellos El Espíritu Santo. Él les dará el valor, el coraje y la fuerza necesaria para llevar a cabo la misión. Y les concede el poder perdonar lo pecados. A partir de entonces, serán también representantes y transmisores de la misericordia del Padre, el único que puede perdonar los pecados.

Tomás no se encontraba allí en aquel momento. Y le relatan el feliz acontecimiento. Él no les cree. Aquello que le están contando no es verosímil; es imposible según la razón humana. Necesita pruebas. Y nuevamente, Jesús resucitado se hace presente. Ahora, si está Tomas. Aquí están las pruebas. Jesús no le reprocha nada, simplemente se muestra a él. Y posteriormente le invita a creer incluso en lo imposible, cuando esto viene de Dios. Tomás no puede más que realizar su profesión de fe: ¡Señor mío y Dios mío!

Lo importe no es creer porque uno ha experimentado la manifestación de Dios, porque haya visto pruebas tangible, porque las dudas se hayan disipado. Dichoso aquel que crea sin haber visto.

Otros signos realizó Jesús que no está escritos en los evangelios. Otros signos sigue realizando hoy en nuestro mundo, en tu vida y en mi vida, en nuestro acontecer cotidiano. ¿Seremos capaces de reconocer esos signos?

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Cada domingo, incluso cada día, Jesús se hace presente, se manifiesta en la comunidad, en el hermano, en la escucha de la Palabra y, sobre todo en la eucaristía. ¿Eres consciente de ello? ¿Cómo vives estos acontecimientos? ¿Reconoces a Jesús en estos espacios, ámbitos y lugares?

  • Jesús viene a traerte la paz, ¿cómo vives tu día a día, ante las distintas situaciones, circunstancias, acontecimientos…? ¿Vives con angustia, con pesadumbre, con miedo?

  • También sobre ti ha descendido el Espíritu Santo para que seas testigo de la misericordia y el amor de Dios entre todos aquellos que entran en contacto contigo. ¿Verdaderamente eres testigo del evangelio? ¿Qué actitudes, conductas, gestos has de cambiar en tu vida?

  • ¿Será Tomás mellizo contigo? ¿Eres incrédulo o creyente? ¿Necesitas pruebas fehacientes?¿Necesitas ver y tocar para creer? ¿Has tomado el pulso a tu fe?

  • Escucha en lo más profundo de tu persona como Jesús te dice: ¡Dichoso porque crees sin haber visto! Quédate ahí algunos instante al menos y dialoga con Jesús.

 

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale el regalo de la Resurrección; la de Jesús y la nuestra.

  • Da gracias a Jesús por enviarte a ser testigo del evangelio y por el diálogo que has mantenido con él hace un momento.

  • Pide al Espíritu Santo que te otorgue la fuerza necesaria, el vigor y la valentía para anunciar a Cristo Resucitado.

¡La paz esté con vosotros! Lectio Divina Domingo II de Pascua (Jn 20,19-31)

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Te invitamos a las Jornadas Bíblicas “El Pueblo de Dios camina en la historia”. Se celebrarán el próximo fin de semana (5-7 de febrero) La Parroquia de San Antonio del Retiro en Madrid. En ellas se desarrollarán diversas actividades, todas ellas son de entrada libre y gratuita. ¡Ven a compartir con nosotros la Palabra! En la imagen adjunta tienes todo el programa. ¡Te esperamos!

Jornadas Bíblicas Madrid 2016

Jornadas Bíblicas en Madrid

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”. Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él os diga”.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sacad ahora y llevádselo al mayordomo”. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirviente sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.
El pasaje evangélico que nos ofrece la liturgia para este II Domingo del Tiempo Ordinario viene cargado de abundante simbolismo y de un gran contenido teológico. Sin negar el contenido histórico que pudiera contener el texto, me vas a permitir que intente desentrañar el mensaje que el autor del Cuarto Evangelio quiere transmitirnos para nuestro propio crecimiento como discípulos de Jesús.
Lo primero que hayamos en el relato es el contexto en el que se desarrolla la acción. Nos encontramos en una boda. La boda en el Antiguo Testamento hace referencia a la unión o alianza entre Yahveh y su Pueblo. En este ambiente, se destacan una serie de personajes que están invitados a la boda: la madre de Jesús, el mismo Jesús y los discípulos. Los primeros son los protagonistas o actores principales del relato.
En un momento determinado, falta el vino. Es decir, la alianza de alguna forma podemos decir que está en peligro, escasea un elemento esencial que es el vino. Quien se da cuenta de ello es María, la madre de Jesús. La Antigua Alianza ya no es efectiva, está llegando la Nueva Alianza. No por incumplimiento por parte de Yahveh, sino porque en repetidas ocasiones el Pueblo ha roto dicha Alianza. Ahora, Dios quiere ofrecernos la Alianza definitiva, que ya no podrá ser rota, porque será el mismo Hijo de Dios el garante de la misma. Jesús nos viene a ofrecer la salvación definitiva. María toma la iniciativa. “No tienen vino”. Jesús le hace ver que todavía no ha llegado su hora de consumar la Nueva Alianza, esta se consumará con la muerte y resurrección de Jesús. María no entiende e insiste: “Haced lo que el os diga”.
El agua simboliza a las instituciones judías, recordemos que Juan bautizaba con agua. Es extraño que estas tinajas estuvieran vacías, por lo que al llenarlas, Jesús dota de contenido a la Antigua Alianza. Estas estaban vacías porque las instituciones judías estaban vacías. Las instituciones judías estaban ancladas en el pasado, en estructuras y leyes que lo que hacían era oprimir y esclavizar al pueblo. Habían sido los propios dirigentes judíos los que habían cargado de normas, en muchas ocasiones inverosímiles, al Pueblo de Israel.
Jesús ordena llenar las tinajas de agua, partiendo del Antiguo Testamento nos trae la Nueva Alianza de la Salvación para todos.
Cuando los sirvientes llevan el contenido de las tinajas al mayordomo, éste se sorprende y le dice al novio: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”. Un vino nuevo que no se acaba, porque la Alianza de Jesús perdurara hasta el fin de los tiempos.
Con este signo Jesús manifiesta su gloria, plenamente se mostrará en la resurrección. La fe de los discípulos crece.
Desde el momento de la Encarnación, María ha sido insertada en la historia de la Salvación definitiva, inaugurada por Jesús. María sigue estando presente en esta historia y sigue intercediendo para que nuestro vino bueno, nunca se acabe.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Recuerda el momento en el que te hiciste consciente de la llamada de Jesús, el momento en el que te hiciste consciente de la alianza que Dios había establecido contigo desde el vientre de tu madre.
  • ¿Qué falta actualmente (el agua) en tu relación con Jesús, en esa que tú has corroborado como cristiano?
  • El agua has de ponerla tú, para que Jesús pueda convertila en vino. Tú debes poner tu pequeñez, tu humildad, tus dificultades, tus problemas, tus acciones… en las manos de Jesús para que el las convierta en el vino nuevo de la Nueva Alianza.
  • Jesús te regala el vino nuevo, te invita a las bodas de su amistad. ¿Quieres acoger este vino nuevo y beberlo junto a Jesús? ¿Quieres acoger la invitación que Jesús te hace hoy encaminada a su seguimiento?
  • Fíjate en papel de María en este relato. Es intercesora. Acógela, también, tú en tu vida para que ella interceda ante Jesús para que convierta tu agua en vino. También, tú tienes que convertirte en intercesor y estar atento a las necesidades de los demás para interceder por ellos ante Jesús.
  • Al igual que los discípulos, ante los signos que cada día te muestra, ¿se intensifica tu fe? ¿crece?

VIDA – ORACIÓN

Haznos, Señor, sensibles y atentos como María a las necesidades de los demás. Devuelve a los cristianos envejecidos y cansados de nuestro tiempo la vitalidad y la alegría que irradia tu presencia y tu acción en la boda de Caná. (Evangelio 2016, Camino Verdad y Vida, San Pablo, 2016).

“El vino nuevo” Lectio Divina Domingo II del Tiempo Ordinario (Jn 2,1-11)

Y tú, ¿quién dices que soy yo? Lectio Divina Domingo XXIV del T. O. (Mc 8,27-35)

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En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos contestaron: “Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas”. Él les preguntó: “Y vosotros, ¡quién decís que soy yo?”. Pedro le contestó: “Tú eres el Mesías”. Él les prohibió terminantemente decirse lo a nadie. Y empezó a instruirlos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”. Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará”.
El evangelio de hoy vuelve a ofrecernos una situación geográfica: las aldeas de Cesarea de Filipo. Dicha ciudad se encuentra situada al lado del monte Hermón; en el límite entre el territorio judío y el territorio pagano. Jesús está bajando hacia Jerusalén, donde tendrá que enfrentarse a su pasión y muerte, y donde el Padre lo resucitará de entre los muertos.

Al comenzar este camino de descenso, Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?” La respuesta entra dentro de la lógica humana e identifican a Jesús con Juan el Bautista, Elías o cualquiera de los otros profetas. Por tanto, para la gente, Jesús es una continuación del pasado, no reviste ninguna novedad; es el pasado que se ha hecho presente. La Buena Noticia no es algo novedoso, siguen pensando en remendar la vieja tela con una tela nueva, siguen queriendo verter el vino nuevo en odres viejos. No quieren moverse de la situación en que se encuentran, de una u otra manera la novedad les incomoda.

Será Pedro el que pueda arrojar un poco de luz o expresar algo de novedad en su respuesta. Para la gran mayoría Jesús es uno más de los muchos que han ido apareciendo en la historia de Israel y han hablado en nombre de Dios, para nadie es el Mesías. Pedro, como decíamos, parece vislumbrar algo y rápidamente responde: “Tú eres el Mesías” Pero, que significado tiene estas palabras. Desde luego no el significado que quiere darle Jesús. Es otro más bien diferente. Cuando Jesús anuncia a sus discípulos que debe padecer mucho, que será condenado por los dirigentes de Israel, que será ejecutado y resucitado a los tres días, el desconcierto se apodera de los discípulos y Pedro, haciéndose portavoz de los demás le manifestará la negativa para aceptar todos esos sucesos. ¿Cómo va a ocurrirle eso al Mesías? ¿Este hombre desvaría? El Mesías ha de ser alguien grande y poderoso, que de a Israel el triunfo sobre todas las demás naciones, que la convierta en la más poderosa de la tierra… Eso del sufrimiento, de la condena, de la pasión es imposible que pueda sucederle al Mesías.

Jesús les prohíbe terminantemente que difundan esa idea de mesianismo. Jesús es el Mesías pobre, humilde, manso, obediente a la voluntad del Padre. Ese es el verdadero mesianismo, aunque a sus discípulos le cueste asumirlo.

Entonces Jesús comienza a enseñarles. Una enseñanza novedosa: el anuncio de la Pasión y la Resurrección. Lo que le espera al Hijo del hombre es padecer mucho y ser condenado por las autoridades judías. El título Hijo del hombre, en boca de Jesús, equivale a Mesías, pero no en el sentido que le dan los apóstoles, sino en el sentido de identificación con el ser humano llevado a la perfección, a la madurez, al máximo crecimiento. Jesús se identifica totalmente con la humanidad excepto en el pecado, para elevar al ser humano a su máxima categoría y potencial. Después todos los padecimientos de la pasión y después de la muerte, el Padre lo resucitará. Ese es el verdadero sentido del mesianismo de Jesús.

Pedro y los demás discípulos no entiende el mesianismo en ese sentido; esa es la causa por la que, Jesús reprenderá duramente a Pedro, aunque esa reprensión es extensible a todos, por eso los mirá: “Ponte detrás de mí Satanás, porque no gustas las cosas de Dios sino las de los hombres” (esa es la traducción literal). Esta expresión es la forma de decirle a Pedro que si quiere ser verdadero discípulo de Él debe ponerse detrás. Jesús es quien abre camino, quien dirige y guía por el camino, Jesús es el único Camino para llegar al Padre y a alcanzar y vivir el Reino.

jesus-jovenPero no sólo los discípulos tienen una idea equivocada del mesianismo de Jesús, la gente también. Por eso, tiene que explicarle también a ellos el sentido de su verdadero mesianismo y de su seguimiento. Para ser seguidor de Jesús, la primera condición es negarse a uno mismo. Algo que puede chocar en nuestra sociedad actual, pues podría dar a entender que Jesús nos está incitando a tener una baja autoestima. Nada más lejos de su intención. Negarse a sí mismo significa asumir en la nuestra la vida de Jesús, orientar todas nuestras acciones a los criterios del evangelio. La segunda condición es tomar la cruz de cada uno; es decir, asumir, acoger orientar, e intentar superar las dificultades que puedan presentarse en nuestra vida.

Estas son las dos condiciones del seguimiento. Pero además hemos de tener en cuenta, que todo aquel que viva únicamente para sí, desde el egoísmo, sin pensar en los demás, pisoteando a los otros y queriendo estar por encima de todo y de todos, ese perderá su vida. Quien por el contrario se abra a los demás, viva desde la entrega y el compartir, desde la ayuda y ofrecer la mano, ese ganará la vida.

Una gran enseñanza de cómo debe ser nuestro comportamiento en el día a día de nuestra existencia.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos o emociones ha despertado en ti? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Quién dice la gente que es Jesús? ¿Qué piensan nuestros contemporáneos acerca de Jesús? La gente que hay a tu alrededor, ¿qué dice acerca de Jesús?
  • Para ti, ¿quién es Jesús? Siente como es Él quien te lo pregunta. ¿Qué le respondes?
  • ¿Eres capaz de asumir el significado y las consecuencias del mesianismo de Jesús?
  • Asumir el significado y las consecuencias de acoger a Jesús como Mesías conlleva su seguimiento: ¿Estás dispuesto a seguir a Jesús? ¿A ponerte detrás? ¿A que sea Él el protagonista? ¿A qué marque las etapas y el recorrido de tu propio camino?
  • En tu seguimiento de Jesús, ¿estás dispuesto a negarte a tí mismo en el sentido evangélico del término? ¿estás dispuesto a asumir y acoger tu cruz? ¿estás dispuesto a perder tu vida para verdaderamente ganarla?

VIDA – ORACIÓN

  • Al comenzar el curso sería bastante instructivo y constructivo pensar en el verdadero mesianismo de Jesús.
  • Adorar el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
  • Alaba al Padre por el misterio de la Encarnación, porque Jesús se ha hecho exactamente igual a nosotros excepto en el pecado, para llevar al hombre a su plenitud.
  • Da gracias al Espíritu Santo por ayudarte a comprender el verdadero sentido del mesianismo de Jesús.
  • Pide fuerzas para ser verdadero discípulo de Jesús y poderle seguir por el camino, negarte a tí mismo y tomar tu cruz de cada día.

LECTIO DIVINA DEL DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO (Mc 7,31-37)

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá”, esto es: “Ábrete”. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: “Todo lo ha hecho bien; haced oír a los sordos y hablar a los mudos”.

Vamos a situarnos geográficamente en este pasaje del evangelio de Marcos que la liturgia nos ofrece para nuestro alimento en este domingo. Nos encontramos con que Jesús da un gran rodeo para llegar a la parte oriental del Lago de Galilea. Y el autor del evangelio nos ofrece el nombre de distintas ciudades que se encontraba situadas en aquel lugar : Tiro, Sidón y la Decápolis. Por lo que podemos concluir que Jesús se encuentra en territorio pagano. Por lo que podemos concluir, que el relato que ha continuación se nos va a narrar transcurre entre personas gentiles, es decir no judías y por tanto, no pertenecientes al Pueblo de Israel y que no profesaban la religión de éste. Y por tanto, lo que va a acontecer es que la Buena Noticia de un modo, si queremos peculiar, se va a proclamar a paganos.
En este contexto, le presentan un a un sordo, que además tiene dificultades para hablar; y ruegan a Jesús que le imponga las manos. Ante esto, lo primero que hace Éste es apartarlo que la multitud, lo separa del espacio profano, en el que el gesto que va a realizar puede ser mal interpretado, probablemente porque no tienen fe, aún no les ha sido proclamado el mensaje del Reino. Los que le traen sí que tienen fe, sino no le hubiesen llevado ante Jesús, confían totalmente en Él y en su poder.
A continuación, Jesús le introduce los dedos en los oídos, precisamente para que este sentido pueda estar preparado para escuchar la Palabra. Luego, con la saliva le toca la lengua. La lengua, en el contexto en el que nos estamos moviendo, simboliza el aliento en el que se concentra la vitalidad de la persona.
Después levanta los ojos al cielo suspirando. Levantar los ojos al cielo expresa la unión e intimidad de Jesús con el Padre. Y le dijo: “Effetá”, en lengua hebrea o aramea, que Marcos traduce para sus lectores: “Ábrete”. Al instante, se le abrieron los oídos y se le soltó la lengua. A partir de este momento aquel hombre está preparado para escuchar la Palabra y proclamarla. Aunque Jesús ante una posible mal interpretación de este signo ordena guardar silencio. Algo que no se cumple pues cuanto más lo mandaba Jesús con más insistencia proclamaban el hecho.
El relato concluye con la admiración de la gente: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. El evangelio acaba de llegar a los paganos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué fragmento, palabra, frase versículo… llama especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Por qué te siente identificado con éste? ¿Qué crees que quiere decirte Dios con él en este momento concreto de tu vida?
  • En muchas ocasiones nosotros somos sordos que no escuchamos la Palabra de Jesús, ¿qué haces personalmente para no caer en esta situación o para salir de ella?
  • ¿Me abro de verdad a la Palabra que cada día se me proclama en la liturgia o que puedo leer yo personalmente?
  • En otras ocasiones son otros los sordos, ¿les acerco a Jesús con fe para que les cure de su sordera?
  • En otros momentos, lo que soy es incapaz de anunciar el Evangelio de Jesús, ¿qué hago entonces o qué debería hacer?
  • ¿Qué mensaje es el que transmito a los demás acerca de Jesús?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Mantén un amigable e intimo diálogo con Jesús.
  • Agradece al Padre el don de la fe y a Jesús el que te haya regalado su Palabra.
  • Pide al Espíritu que abra tus oídos para escuchar la Buena Noticia del Evangelio.
  • Comprométete a llevar Jesús a todos con los que te encuentres y anunciales la Buena Nueva del Reino, especialmente a los que más lo necesitan.

Lectio Divina Domingo XXII del Tiempo Ordinario (Mc 7,1-8.14-15.21-23)

VERDAD – LECTURA

 

En aquel tiempo, se acercó Jesús a un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué come tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?”. Él les contestó: “Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a una tradición de los hombres”, Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.

Jesús se encuentra en territorio judío, en el cual las tradiciones se viven de manera intensa. Algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén abordan a Jesús para criticar a sus discípulos y que les explique el motivo por el cual éstos no sigue las tradiciones, concretamente el lavarse las manos antes de comer.
Marco hace un inciso para explicar a sus lectores en qué consiste dicha tradición. Y Jesús va a poner el punto sobre las íes. La purificación no sirve de nada si no va acompañada de la actitud del corazón. Además es muy posible que esta tradición tuviera sus orígenes en medidas higiénicas que no tenían nada que con la Ley de Dios, lo que no quiere decir que no debamos llevarla a cabo. El problema está cuando, en cierto modo, lo que hacemos es “divinizar” dicha práctica.
Por eso, Jesús les responde con un texto del profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos” (Is 29,13). Yahveh ya se quejaba del pueblo de Israel que le daba culto únicamente con los labios, pero su corazón estaba lejos de Dios. Nuestros pensamientos, nuestras actitudes han de estar en consonancia con nuestras acciones, si no nuestros actos estarán vacíos.
Jesús llama de nuevo a la gente, para poner en entredicho la estrechez de la Ley y reconducir las cosas a su verdadero significado. Es lo que sale del corazón, nuestras actitudes, los motivos por los que hacemos las cosas, eso es lo que mancha al hombre. Y nos enumera doce acciones que tienen su origen en el corazón y que se oponen a la voluntad de Dios; y más tarde o más temprano, le hacen infeliz. No son los alimentos, ni las prácticas externas lo que aleja al hombre de Dios, si no nuestra disposición, el por qué hacemos las cosas. Como nos advertirá Pablo en la 1ª Carta a los Corintios: Si no tengo amor no soy nada (1Cor 13,2b).

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado, especialmente, tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Te aferras a tradiciones o costumbres de las que desconoces su verdadero sentido y ni siquiera lo tienen para ti?
  • ¿Te aferras verdaderamente y con la misma intensidad hacia las tradiciones y disposiciones del magisterio de la Iglesia?
  • ¿Acoges e intentas poner en práctica el evangelio y lo que Dios te va pidiendo en cada momento de tu vida?
  • ¿Tratas de que tu vida sea acorde con lo que siente tu corazón y tus acciones brotan de actitudes convencidas?
  • ¿Tratas de conocer en profundidad cual es la voluntad de Dios respecto a ti?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Te adoro Dios mio y te amo de todo corazón por haber puesto en él el deseo por conocerte.
  • Te doy gracias por tu Ley, que es una ley de libertad y se fundamenta en el amor.
  • Te ofrezco todas mis acciones, que todas ellas estén acordes con tu voluntad y cimentadas sobre el amor a Ti y a mi prójimo.
  • Te pido que me ayudes a saber discernir tu voluntad y me des fuerzas para cumplirla desde el amor.

Espero vuestros comentarios. Los podéis hacer rellenando el formulario que se encuentra a continuación, así os incluimos en nuestra base de datos y a partir de septiembre recibiras nuestras noticias y novedades en tu blog o si lo prefieres escribiendo a: bibliaycomunicacion@gmail.com

El análisis DAFO. Su aplicación a mi vida.

En esta ocasión posteamos un escrito acerca del análisis DAFO. Bastante conocido por todos, pero al que hemos querido darle un enfoque peculiar, ampliando su utilización a todos los ámbitos de nuestra existecia y no circunscreibiendolo únicamente al ámbito empresarial. Espero que os guste. Y, como siempre, espero vuestros comentarios, si queréis aquí en el mismo blog o a mi correo electrónico: bibliaycomunicacion@gmail.com

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Origen

Se cree que el origen del análisis DAFO lo encontramos en una propuesta de Albert S Humphrey que durante la década de los sesenta, setenta, realizó un estudio para el Instituto de Investigaciones de Stanford (EE.UU). Dicho estudio debía poner de relieve porqué fallaba la planificación corporativa de las empresas.

Podéis descargaros la entrada completa en formato PDF, en nuestra sección Espiritulidad, coaching y acompañamiento: https://bibliaycomunicacion.wordpress.com/espiritualidad/ . Muchas gracias por compartir.

Lectio Divina Domingo XXI del Tiempo Ordinario (Jn 6,60-69)

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En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”. Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: “¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen”. Pues Jesús sabía desde el principio quienes no creían y quien lo iba a entregar. Y dijo: “Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. Desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?” Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quien vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”.

Versículos antes, Jesús nos ha hablado acerca de la entrega, de la donación, de dar la vida. Lo cual, para los discípulos y para nosotros mismos, resulta de algún modo demasiado pesado, impensable, difícil de llevar a la práctica. Una cosa es creer, compartir, hacer cosas, pero… entregarse a uno mismo, darse, eso es muy difícil, por no decir, casi imposible. Sus discípulos esperaban otra cosa del seguimiento de Jesús, nosotros esperamos otra cosa, la sociedad nos demanda otra cosa. Estamos inmersos en la vorágine del triunfalismo, del ganador, del que más vale. Y viene Jesús a decirnos que no sólo hemos de renunciar a todo esto, sino que además tenemos que estar dispuestos a dar nuestra vida por los demás… “Este modo de hablar es insoportable, ¿quién puede hacerle caso?”

Sus discípulos no se dieron cuenta, nosotros aún no nos damos cuenta, entregar la vida por los demás no es el fin, no es la conclusión, no es la último término. La entrega de Jesús y nuestra propia entrega es expresión del amor, de la Vida, de la Resurrección, no sólo de Jesús, sino de la nuestra. Por eso, Jesús volverá a subir a donde estaba antes y nosotros tendremos vida eterna en él.

Llevar a cabo esta entrega, esta donación es imposible con nuestras propias fuerzas, necesitamos la fuerza del Espíritu, la fuerza del Amor. Es el Espíritu quien da vida. El hombre es débil, frágil, quebradizo. El que es vida comunica la vida y nos ayuda asimilarnos, impregnarnos, incorporarnos vitalmente a Jesucristo.

Al no ser conscientes de todo esto, los discípulos entran en crisis, nosotros entramos en crisis, se nos revuelve todo por dentro y “se nos caen los palos del sombrajo”. Aunque Jesús, ya contaba con esto. Estamos demasiado apegados a nuestra libertad que al fin y la postre no deja de ser un modo de esclavitud. Darse, entregarse, donarse, porque uno quiere, nos otorga la mayor libertad que podamos imaginar, nos libera de todas nuestras ataduras, de todo lo que nos esclaviza, de todo lo que no nos deja ser nosotros mismos. Esta donación es un regalo de Dios, por eso debemos pedir continuamente al Padre que nos conceda poder seguir verdaderamente a Jesús, que nos conceda asimilarnos a Jesús, que nos conceda vivir la vida de Jesús. Muchos abandonan a Jesús porque vivir esta vida es difícil, nos parece imposible, porque nos cuesta horrores salir de nuestra “zona de confort”, de nuestra comodidad, queremos evitar los riesgos, lo desconocido, la novedad.

Jesús entonces se dirige a los más cercanos, a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?” Será Simón Pedro quien responda en nombre del grupo: ¡No! No queremos marcharnos, a dónde vamos a ir lejos de Jesús, quién nos colmará esa inquietud, esa desazón, ese desasosiego que nos consume por dentro. Jesús es el consagrado del Padre, Jesús es el ungido por el Espíritu, Jesús es la Vida, y la vida eterna. Y sólo unidos a él alcanzaremos esa plenitud de la vida que el Padre nos regala.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado, especialmente, tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Qué sentimientos se despiertan en ti ante la petición de Jesús de darse a uno mismo, de entregar la vida? También para ti, ¿son escandalosas las palabras de Jesús?
  • ¿Qué te impide dejar que el Espíritu te transforme para asimilarte vitalmente con Jesús?
  • ¿Cuál es tu reacción ante la crisis? Crisis significa cambio, ¿qué es lo que te impide salir de tu “zona de confort”?
  • ¿Eres consciente de que el único que puede colmar tu inquietud, tus ansias de libertad, de emancipación, de trascendencia, de eternidad, es Jesucristo?
  • ¿Qué puedes hacer tú para asimilarte cada vez más vitalmente a Jesús? ¡Ponte manos a la obra!

VIDA – ORACIÓN

  • Te invito a mantener un dialogo con Jesús, háblale con tranquilidad, escucha lo que él tiene que decirte.
  • Dile que quieres entregar tu vida, pero que no eres capaz de hacerlo solo, que necesita de él, que necesitas la fuerza del Espíritu.
  • Métete en la escena y escucha como, también a ti, Jesús te dice: “¿También tú quieres marcharte?” Respóndele desde el corazón, desde ese lugar recóndito y profundo al que únicamente el Padre tiene acceso.
  • Déjate modelar por el Espíritu, entrégate sin condiciones.
  • Comprométete a salir de tu “zona de confort”, a soltar lastre, a dejar atrás todo lo que te impide darte a ti mismo, entregarte y donarte por los demás.

 

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