“Perdonar siempre”. Lectio divina del domingo XXIV del tiempo ordinario (Mt 18,21-35)

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VERDAD – LECTURA

  1. En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le dijo: “Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”. 22. Jesús le dijo: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.
  2. “El reino de Dios es semejante a un rey que quiso arreglar sus cuentas con sus empleados.
  3. Al comenzar a tomarlas, le fue presentado uno que le debía millones. 25. No teniendo con qué pagar, el señor mandó que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que le fuera pagada la deuda. 26. El empleado se echó a sus pies y le suplicó: Dame un plazo y te lo pagaré todo. 27. El señor se compadeció de él, lo soltó y le perdonó la deuda.
  4. El empleado, al salir, se encontró con uno de sus compañeros que le debía un poco de dinero; lo agarró por el cuello y le dijo: ¡Paga lo que debes! 29. El compañero se echó a sus pies y le suplicó: ¡Dame un plazo y te pagaré! 30. Pero él no quiso, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara la deuda.
  5. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor todo lo que había pasado. 32. Entonces su señor lo llamó y le dijo: Malvado, te he perdonado toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, como yo me compadecí de ti? 34. Y el señor, irritado, lo entregó a los torturadores, hasta que pagase toda la deuda.
  6. Así hará mi Padre celestial con vosotros si cada uno de vosotros no perdona de corazón a su hermano”.

 

 

El texto con el que oramos hoy, podríamos es una continuación de la temática del evangelio del domingo pasado. Pedro quiere ir a lo concreto: ¿Qué tenemos que hacer ante un pecador reincidente?

Vamos a dividir este texto en 5 partes, para aproximarnos a él de manera más apropiada:

  • Pregunta de Pedro y respuesta de Jesús (18,21-22).
  • Primera parte de la parábola: el amo y el siervo (18,23-26)
  • Segunda parte de la parábola: el siervo y su compañero (18,27-30)
  • Tercera parte de la parábola: el amo hace justicia (18,31-34)
  • Conclusión (18,35)

Pregunta de Pedro y respuesta de Jesús

Como decíamos más arriba, Pedro después de que Jesús, en el evangelio del domingo pasado, nos dijera que debemos perdonar y acoger a nuestros hermanos, y sabiendo que esto no es nada fácil, le pregunta: “¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?” Pedro debía pensar que siete son muchas veces. Sin embargo, Jesús va más allá. Debemos perdonar siempre. La misericordia de Dios para con nosotros no tiene límites, si nos arrepentimos de corazón. Dios siempre que nos acercamos al sacramento de la reconciliación, hace con nosotros borrón y cuenta nueva. Por eso, nosotros debemos comportarnos de la misma manera con aquel que nos pide perdón. Para que eso nos quede todavía más claro y resulte más difícil de olvidar, Jesús nos ilustra este mandato con una parábola.

Primera parte de la parábola: el amo y el siervooração do dia

Esta primera parte de la parábola nos relata el comportamiento de un rey ante uno de sus siervos que le debe una cantidad impresionante de dinero: millones (el texto original dice diez mil talentos; un talento equivalía a 35 quilos de oro). Nadie es capaz de poder reunir esa cantidad de dinero, aunque trabajara toda la vida; con toda probabilidad y así estaba recogido en la ley judía, el siervo y su familia debían ser vendidos como esclavos, de esta manera al menos el amo podría recuperar parte de la deuda. Sin embargo, ante la súplica del siervo, el amo le perdona toda la deuda y le deja marchar.

De esta misma manera se comporta Dios Padre con nosotros. Dios siempre tiene compasión de cada uno de nosotros. Dios ama incondicionalmente al pecador arrepentido. Dios nos perdona siempre, basta que nos arrepintamos y volvamos a la casa del Padre, con la intención de cambiar.

Segunda parte de la parábola: el siervo y su compañero

A reglón seguido, el siervo perdonado se encuentra con un compañero suyo, que le debía una cantidad ínfima, comparada con la que él le debía al amo. Ese compañero, al igual que él al amo, le implora misericordia y paciencia. Pero, él no es capaz de perdonar; al contrario hace que le metan en la cárcel. ¡Qué ingratitud!

Tercera parte de la parábola: el amo hace justicia (18,31-34)

El hecho no puede menos que escandalizar a sus otros compañeros que han presenciado los dos sucesos. Y van a contarle al rey lo ocurrido. No es el rey quien lo condena, sino su propio comportamiento. Dios no nos condena, somos nosotros mismos quienes nos condenamos cuando nos comportamos con los demás con corazón endurecido.

Conclusión (18,35)

De la misma manera actuará Dios con nosotros. El único límite a la misericordia de Dios es nuestra resistencia a perdonar a nuestros hermanos; el único límite a la misericordia de Dios es que nosotros no nos comportamos con los demás con la misma misericordia con la que Él procede con nosotros.

Hemos de perdonar a los demás siempre y “de corazón”; es decir, desde lo más íntimo, desde lo más profundo de nosotros mismos.

 

CAMINO – MEDITACIÓN digital-2021776_640

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Repasa la parábola y cada una de las acciones de los personajes que intervienen. ¿Con cuál de ellos te sientes más identificado/a? ¿Cuál es la causa de ello?
  • Cuando perdono, ¿de verdad lo hago de todo corazón?
  • ¿Cómo puedo comenzar a crear un clima de reconciliación, perdón y misericordia a mi alrededor?

 

VIDA – ORACIÓN

Te invito a que ores de manera muy pausada el Padrenuestro. Degústalo. Detente sobre todo en el momento en el que se dice: perdónanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

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“Con misericordia…” Lectio divina del domingo XXIII del tiempo ordinario (Mt 18,15-20)

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VERDAD – LECTURA

15 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Si tu hermano ha pecado, ve y convéncelo de su error a solas; si te escucha, habrás ganado a tu hermano; 16 pero si no te escucha, toma todavía contigo a uno o dos, para que toda causa sea decidida por la palabra de dos o tres testigos. 17 Si no quiere escucharles, dilo a la asamblea; y si tampoco quiere escuchar a la asamblea, considéralo como pagano y publicano. 18 Os aseguro que todo lo que atéis en la quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

19 También os aseguro que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre la tierra, cualquier cosa que pidan les será concedida por mi Padre celestial. 20 Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

 

 

El texto que hoy nos ofrece la liturgia podemos dividirlo en dos partes. En la primera de ella nos encontramos con el tema de la corrección fraterna (18,15-18); en la segunda con el tema de la oración (18,19s).

¿Cómo reaccionamos ante el error, el fallo, el desacierto, el pecado de nuestros hermanos? ¿Los condenamos sin piedad ninguna o intentamos que se haga consciente de su error? ¿Cómo hemos de comportarnos ante el pecado, que incluso ha dañado a la comunidad? Tengamos en cuenta que todo pecado tiene su repercusión en los otros.

La primera pauta de comportamiento, que nos da Jesús, es que no difundamos a bombo y platillo el error del hermano, que no vayamos acusando sin ton ni son a los demás; el mal nunca debe ser publicado a diestro y siniestro, al menos en un primer momento.

Hemos de intentar recuperar al hermano, ponerle frente a su pecado, hacerle consciente de su error, pero desde la misericordia, desde la caridad, desde el amor. Este recuperar al hermano no consiste en echarle en cara su pecado, sino en ayudarlo a darse cuenta de lo que ha hecho, a entender el sinsentido de su acción y, que a partir de ahí, sienta la necesidad de emprender un camino de conversión. ¡Cuántas veces, cuando intentamos corregir al hermano, le decimos es que eres un tal y un cual! ¿Creemos que esto puede servir para que el hermano pueda reconocer su pecado? ¿No sería más satisfactorio ponerle delante la acción errónea que ha llevado a cabo antes que etiquetarlo? ¿No sería más satisfactorio decirle cómo nos hemos sentido ante esa acción? ¿No sería más satisfactorio hacerle caer en la cuenta de las consecuencias que ha tenido la acción que ha realizado? Lo importante no es hundir al hermano en la miseria porque ha cometido un pecado, lo más importante es que recupere su relación con Dios y con la comunidad.

Únicamente cuando falle este intendisciplesto personal y privado por recuperar al hermano es lícito el que llamemos a dos o tres testigos para que nos ayuden a esta recuperación. Pero, ¿a qué testigos? Testigos sensatos, testigos comedidos, testigos juiciosos, discretos, prudentes. Porque el objetivo, como apuntábamos más arriba no es hundir al hermano en la miseria de su pecado, sino ayudarle a que sea consciente de él y que comience un camino de conversión.

Sólo en el caso de que estos dos intentos fracasen hemos de acudir a la comunidad. Y será la comunidad la que intente, no condenar, sino recuperar al hermano. Y esto siempre desde la oración, el discernimiento y la misericordia.

Es posible que el hermano que peca, tampoco escuche a la comunidad, entonces es cuando se le debe considerar que está fuera de la Iglesia, pero no porque nosotros o la Iglesia lo condene o excluya, es él mismo quien se excluye, puesto que no quiere escuchar a la comunidad, puesto que él no quiere restaurar su relación con Dios y con la Iglesia.

La Iglesia en unión y comunión con Dios, en la caridad, en la misericordia y con dolor y sufrimiento lo que hace es ratificar que aquel hermano no quiere continuar su relación con Dios y con la Iglesia. Aunque siempre tendrá sus brazos de madre abiertos, por si alguna vez aquel hermano quiere volver.

Y, todavía, podemos seguir haciendo algo por este hermano: orar. Puede estar separado de la comunidad; pero, en cualquier momento, Dios puede tocar su corazón, y esa persona acoger ese toque de Dios. Es importante que sigamos acompañando a esta persona con la oración, con la certeza de que vamos a ser escuchados.

En muchas de nuestras actividades pastorales (yo diría que en todas) no basta únicamente con nuestro esfuerzo, con nuestro hacer, con nuestro empeño. Nosotros somos los continuadores del actuar de Jesús, y hemos de continuar su obra con él y desde él. Por eso es importante que estemos en sintonía con Dios, con la convicción de que Dios siempre está con nosotros, siempre está presente en la comunidad.

 

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Puedes recuperar los interrogantes que apuntábamos al principio: ¿Cuál es tu comportamiento ante el pecado del hermano? ¿Te dedicas a difundirlo sin ton ni son o tratas de recuperar a ese hermano? hug-2585455_640
  • ¿Desde dónde te sitúas para corregir al hermano? ¿Desde ti mismo/a? ¿Desde tus parámetros, desde tus prejuicios, desde tu manera de percibir la cosas? ¿O tratas, por el contrario, de intentar comprender al hermano y conocer las causas que le han llevado a pecar, poniéndote en su piel?
  • ¿Cuál es el objetivo que persigues cuando corriges a tu hermano: hundirlo en la miseria, o ayudarlo a que se haga consciente de su pecado y acompañarlo en su proceso de conversión?
  • ¿Qué haces por intentar que un hermano recupere su relación con Dios y con la comunidad? ¿Oras por él, por ella, le acompañas, le sostienes, le potencias?
  • ¿Cómo es tu sintonía con Dios? ¿Intentas preservar la comunión con él, mediante la escucha de su Palabra, mediante tu participación en los sacramentos, mediante la oración? ¿Lo haces de manera consciente?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Hoy te invito a que oremos por aquellos hermanos y hermanas nuestros, que por cualquier causa o circunstancia se han autoexcluido de la Iglesia. Oremos para que Dios toque sus corazones y ellos permanezcan abiertos a la acción del Espíritu.
  • Ora también por ti mismo/a para que Dios te conceda un corazón misericordioso a la hora de corregir de manera fraterna al hermano.
  • Dialoga un ratito con nuestra Madre, la Virgen María, presenta a su corazón de madre a tantas y tantas personas necesitadas de la misericordia de Dios. Pídele que te ayude a ser un/a cristiano/a que acoge, que acompaña, que sostiene y fortalece al hermano caído.
  • Guarda silencio y permanece a la escucha de aquello que Dios, en su infinita misericordia, quiere comunicarte hoy.

“Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme” Lectio divina del Domingo XXII del Tiempo Ordinario (Mt 16,21-27)

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VERDAD – LECTURA

21 Desde entonces, comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que él tenía que ir a Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos del pueblo, de los sumos sacerdotes y de los maestros de la ley, ser matado y resucitar al tercer día. 22 Pedro se lo llevó a parte y se puso a reprenderle: “¡Dios te libre, Señor! ¡No te sucederá eso!” 23 Pero él, volviéndose, le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás!, pues eres un obstáculo para mí, porque tus sentimientos no son los de Dios, sino los de los hombres.”

24 Luego, dijo a sus discípulos: “El que quiera venirse en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 25 Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará. 26 ¿Qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué dará el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras.”

  

 

El pasaje que hoy la liturgia nos ofrece para nuestra vida está enmarcado entre la confesión de fe de Pedro en la que declaraba a Jesús como Mesías, Hijo de Dios (el cual comentamos la semana pasada) y la Transfiguración de Jesús. Pero, como hemos visto el concepto mesiánico que tenían sus contemporáneos no era el correcto, por eso desde entonces, Jesús comienza a explicar a sus discípulos lo que verdaderamente significa ser el Mesías. El cual tendrá que padecer, morir y resucitar. Tres serán los anuncios de su pasión y resurrección que proclamará en su peregrinación hacia Jerusalén: Mt 16,21; 17,22s; 20,17ss. Hoy vamos a orar, precisamente, con este primer anuncio de su pasión, muerte y resurrección.

Este acontecimiento va a suceder en Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas (cf. 1Re 19,10-14; Jer 26,20-23; 2Cro 24,20-22). Allí Jesús será condenado por el Sanedrín. Allí resucitará.

Pedro verdaderamente impresionado por las palabras de Jesús, deja su puesto como discípulo, lo lleva aparte y lo reprende; quiere negar estos hechos, es más quiere que Jesús no afronte la misión que el Padre le ha encomendado de salvar al género humano y que Jesús ha asumido libremente. Por eso, Pedro es un obstáculo parabible-2062202_640 Jesús y por eso lo asemeja con Satanás.

Las palabras que Jesús dirige a Pedro: “¡Apártate de mí!”, habría que traducirlas más bien como: “¡Vuelve a tu sitio detrás de mí!” Este mandato tiene como objetivo hacer volver a Pedro a su puesto de discípulo, detrás del maestro, restableciendo de este modo la verdadera relación Maestro-discípulo. Pedro ha de volver bajo la acción del Padre, bajo esa acción que le ha hecho declarar que Jesús es el Hijo de Dios. El discípulo de Jesús, que se deja moldear por el Espíritu, no tiene por qué reprochar nada a Dios, no tiene que enmendarle la plana, no tiene que poner en tela de juicio sus planes; al contrario, al igual que Jesús, debe acoger, asumir y llevar a cabo la misión que Dios pone delante de él. El discípulo no debe preguntar ¿por qué Dios hace esto o aquello? ¿Por qué Dios tiene este o aquel criterio? ¿Por qué Dios me pide…? El discípulo de Jesús, más bien, debe preguntarse ¿para qué…? ¿Para qué Dios dispone esto o aquello? ¿Para qué Dios me está pidiendo…? Preguntarnos acerca del por qué es pensar como los hombre y no como Dios. Además recordemos, que los pensamientos y los planes de Dios no tienen que coincidir siempre con nuestros planes y pensamientos (Is 55,8).

A continuación Pedro y Jesús vuelven con los discípulos. Jesús entonces se dirige a ellos para mostrarles la implicación que tiene el ser discípulos: “El que quiera seguirme…” Jesús no obliga a nadie al seguimiento; Jesús llama y es el discípulo quien tiene que responder libremente a la llamada.

Pero, ¿cuál es verdadero significado de ese negarse a uno mismo que implica el seguimiento de Jesús? En realidad, significa dejar de pensar únicamente en uno mismo; significa dejar de vernos a nosotros mismos como el centro de todo; significa dejar a un lado nuestro propio egoísmo y pensar también en los demás; significa estar abiertos a Dios y a los hermanos; significa desprendernos de nuestras seguridades para abandonarnos en las manos de Dios; significa centrar nuestra vida en Dios y en su proyecto; significa ser capaces de entregar nuestra vida, perderla en favor de los demás, desde la gratuidad más absoluta, sin esperar nada a cambio. Únicamente aquel que es capaz de no encerrarse en su propio yo puede llegar a vivir la vida en plenitud. De qué nos sirve tenerlo todo, si no vivimos plenamente la vida.

El pasaje concluye con un mensaje de esperanza, el Hijo del hombre vendrá en su gloria, el Reino de Dios será un hecho efectivo, nosotros debemos de seguir construyéndolo con nuestras obras, entregando nuestra vida por los hermanos.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es tu primera reacción ante el anuncio de Jesús que él tiene que padecer, morir y resucitar? ¿Cuál es tu idea de Mesías?
  • Al igual que Pedro, sin mala intención, ¿hay ocasiones en las que intentas enmendar la plana a Dios? ¿En las que sunrise-4400_640pones tus intereses personales por delante de la misión a la que Dios te ha llamado? ¿Intentas suplir al Maestro, sin asumir que tu puesto es el de discípulo? ¿Te dejas moldear por el Espíritu Santo?
  • ¿Caes verdaderamente en la cuenta de las condiciones necesarias para ser discípulo de Jesús?
  • ¿Qué significado tiene para ti: niégate a ti mismo? ¿Te abandonas en las manos de Dios? ¿Vives en apertura a Dios y a los hermanos?
  • ¿Qué acciones tendrías que emprender en tu vida cotidiana para estar más abierto a Dios y a los hermanos? ¿Qué tendrías que hacer para centrar tu vida en Dios y en su proyecto?

 

VIDA – ORACIÓN

Acto de abandono

Padre, ignoro lo que hoy me va a ocurrir.

Pero sé que nada sucederá

sin que tú lo hayas previsto

y dispuesto, desde toda la eternidad,

para que redunde en bien mío.

Y esto me basta.

Adoro tu plan de salvación, aunque sea un misterio para mí,

acojo y acepto, con todo mi corazón, tu llamada a servir a mis hermanos.

En comunión con la celebración de la eucaristía

te ofrezco todo mi ser.

En el nombre de Jesús,

te pido firmeza en las dificultades

y aceptación sin reservas,

para que todo los que dispongas o permitas,

sirva para tu mayor gloria,

para el bien de mis hermanos

y para mi santificación. Amén.

“El Reino de Dios es semejante…” Lectio divina del Domingo XVI del Tiempo Ordinario (Mt 13,24-43)

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VERDAD – LECTURA

24 En aquel tiempo, Jesús les propuso otra parábola:

“El reino de Dios es semejante a un hombre que sembró buena semilla en un campo. 25 Mientras sus hombres dormían, vino su enemigo, esparció cizaña en medio del trigo y se fue. 26 Pero cuando creció la hierba y produjo fruto, apareció también la cizaña. 27 Los criados fueron a decir a su amo: ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? 28 Él les dijo: Un hombre enemigo hizo esto. Los criados dijeron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? 29 Les contestó: ¡No!, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis con ella el trigo. 30 Dejad crecer juntas las dos cosas hasta la siega; en el tiempo de la siega diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en haces para quemarla, pero el trigo recogedlo en mi granero”.

31 Les propuso otra parábola:

“El reino de Dios es como un grano de mostaza que toma un hombre y lo siembra en su campo. 32 Es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece es la mayor de las hortalizas y se hace árbol, de tal suerte que las aves vienen y anidan en sus ramas”.

33 Les dijo otra parábola:

“El reino de Dios es semejante a la levadura que una mujer toma y la mete en tres medidas de harina hasta que fermenta toda la masa”.

 34 Jesús decía a la gente todas estas cosas en parábolas, y no les decía nada sin parábolas, 35 para que se cumpliera lo que había anunciado el profeta: Abriré mi boca para decir parábolas y publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

36 Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña del campo”. 37 Él respondió: “El que siembra la buena semilla es el hijo del hombre. 38 El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno. 39 El enemigo que la siembra es el diablo. La siega es el fin del mundo, y los segadores los ángeles. 40 Como se recoge la cizaña y se quema en el fuego, así también será al fin del mundo. 41 El hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su reino a todos los que son causa de pecado y a todos los agentes de injusticias 42 y los echarán al horno ardiente: allí será el llanto y el crujir de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. ¡El que tenga oídos que oiga!”

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Continuamos este domingo con el llamado discurso parabólico. Después de hablarnos acerca del impacto que tiene el anuncio del Reino en aquellos que escuchan la Palabra, hoy nos acercamos a la descripción de ese Reino, mediante otras tres parábolas: la cizaña y el trigo, el grano de mostaza y la levadura; a continuación nos encontramos con un intermedio y la explicación de la primera parábola.

La parábola de la cizaña y el trigo. Jesús ha sembrado la palabra del Reino, que es la semilla buena de trigo; aunque no crece sola, junto a ella crece la cizaña, que es la mala semilla sembrada por el enemigo. La primera reacción de los siervos es la reacción lógica de cualquiera de nosotros, arrancar esa mala semilla de cuajo, pero eso puede ser peligroso porque junto a ella se puede arrancar también la buena semilla de trigo. Esta misma reacción es la que podemos tener con respecto al Reino de Dios, con respecto a su instauración en el mundo, al establecimiento del mismo en nuestra sociedad; para ello es necesario acabar con todo aquello que lo impida de manera inmediata, e incluso de forma violenta, si fuera necesario; el mundo ha de ser depurado, pensamos, e incluso, en más de una ocasión, actuamos para que así ocurra. La dinámica de Jesús y del Reino es diversa. Nos invita a la paciencia y a esperar al desarrollo de los acontecimientos, porque una eliminación precipitada de la cizaña puede ser contraproducente para la semilla de trigo, para la instauración del Reino. En este mundo nos encontraremos con el bien y con el mal, es inevitable. El mal no viene de Dios, viene del enemigo; es él quien lo deposita en el mundo; pero no debemos de precipitarnos en querer arrancar el mal de cuajo, no debemos precipitarnos en señalar o eliminar a los pecadores. Cosechar es obra de Dios, no obra nuestra; y, a su debido tiempo, será el Señor quien separe el trigo de la cizaña, uno para depositarlo en el granero y la otra para quemarla. Nuestra misión es la de ser fieles a la Palabra y testigos de la misma.

La segunda parábola sobre la descripción del Reino de los cielos es la del grano de mostaza. La semilla de mostaza es la más pequeña, apenas puede percibirse, tan pequeña como la cabeza de un alfiler, pero cuando se desarrolla se convierte en un gran arbusto capaz de albergar entre sus ramas a los pájaros. Lo mismo el Reino, comienza desde lo pequeño, desde lo humilde, desde lo pobre, pero toda la vitalidad que lleva en su interior hará que se transforme en grande, abarcando y acogiendo a todas las personas, a pesar de la oposición que hay podido encontrar.

En la tercera parábola, Jesús compara el Reino con la levadura. No importa la poca que sea la cantidad de la misma. Una mínima cantidad es capaz de fermentar toda la masa. Una palabra, un gesto, una mirada una sonrisa… es capaz de transformar el mundo a nuestro alrededor. A pesar de nuestra pobreza, de nuestras miserias, de nuestras limitaciones con la gracia de Dios es posible que la semilla del Reino, que la pizca de mostaza transforme nuestro mundo.

wheat-field-640960_640Jesús contaba a la gente que se acercaba a él parábolas. Era la mejor forma de explicar las características del Reino. El cual, no podemos llegar a entender en su totalidad, pero al que podemos acercarnos por medio de imágenes, lo que ayuda a todo aquel que escucha la Palabra a profundizar en la realidad del Reino. Hablándonos así Jesús nos revela los misterios del Reino de los Cielos. Pero nosotros hemos de acoger su Palabra e intentar llevarla a la práctica.

El texto concluye con la explicación de la parábola de la cizaña a los discípulos: quien siembra la buena semilla es Jesús (el Hijo del hombre), el campo es el mundo, la buena semilla son los hijos del Reino y la mala los hijos del maligno, el enemigo es el diablo, la siega la consumación de los tiempos, los segadores son los ángeles. El trigo aún inmaduro es débil, quebradizo, frágil por eso, es necesario esperar a que madure, para que pueda ser arrancado junto a la cizaña; mientras debemos continuar transformando el mundo, hasta que el Reino sea una realidad al final de los tiempos. Jesús para ello se sirve de personas sencillas, vulnerables, que cada día se esfuerzan por ser imagen de Jesucristo en medio del mundo, que se esfuerzan por ser luz, por ser sal, por ser levadura que fermenta la masa. Miremos el futuro con esperanza, porque al final de los tiempos la luz resplandecerá en la oscuridad, el bien triunfará sobre el mal, la vida vencerá a la muerte, pero mientras nosotros tenemos que trabajar para que el Reino sea una realidad, esa es nuestra tarea y nuestra misión.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es tu reacción ante el mal en el mundo la de los siervos o la del amo?
  • En tu vida diaria puedes encontrarte con infinidad de imágenes, indicios, huellas del Reino de Dios en el mundo, ¿eres consciente de ello?
  • En ti existe el trigo y la cizaña, pero ¿qué haces para que en tu vida exista más trigo que cizaña? ¿Escuchas la Palabra de Jesús e intentas ponerla en práctica? ¿Frecuentas los sacramentos? ¿Te comprometes en hacer realidad el Reino entre aquellos que te rodean?
  • ¿Eres capaz de esperar el tiempo de Dios para separar la cizaña del trigo, sin juzgar a tu prójimo, pues el único juez es Él e intentas ayudarle a crecer en el amor a Dios y a los demás?
  • ¿Crees que la semilla del Reino, aunque sea pequeña y humilde puede transformar el mundo? ¿Qué haces para que el Reino sea una realidad en nuestro mundo?

 

VIDA – ORACIÓN

Como oración os dejo la letra de una canción titulada: Testigos del Reino

Como semilla pequeña

en manos de los pobres,

como el trigo que germina

en las sombras de la noche.

 

Tu reino en nuestras manos

agita nuestro espíritu,

y nos lleva por caminos

de luchas y esperanzas. (bis)

 

Tu voz es nuestro canto,eat-2096295_640

tu grito es la palabra que palpita,

en el corazón ardiente de tu pueblo

creadores de la historia,

testigos de tu Reino.

 

Danos tus manos duras

y seremos una fuerza,

danos tu voz valiente

y seremos grito viviente.

 

Danos tus pasos firmes

para abrir nuevos caminos,

danos tu amor sincero

para crear un mundo nuevo. (bis)

 

Ven junto a tu pueblo

«Señor con nosotros»,

llevamos tu regalo

en vasos de barro.

 

Porque nada tenemos

estamos esperando

que tus manos nos agarren

para seguir andando.

Osa dejo el enlace para que podáis escuchar la canción: https://www.youtube.com/watch?v=enhlMWlAY2I

“Salió el sembrador…” Lectio divina del Domingo XV del Tiempo Ordinario (Mt 13,1-23)

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VERDAD – LECTURA

1 Aquel día, Jesús salió de su casa y se sentó a la orilla del lago. 2 Acudió a él tanta gente, que subió a sentarse en una barca, y toda la gente quedó en la playa. 3 Y les dijo muchas cosas en parábolas. “Salió el sembrador a sembrar 4 y, al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino; vinieron las aves y se la comieron. 5 Otra parte cayó en un pedregal, donde no había mucha tierra, y brotó en seguida porque la semilla no tenía profundidad en la tierra; 6 pero, al salir el sol la abrasó y, por no tener raíz, se secó. 7 Otra cayó entre zarzas; las zarzas crecieron y la ahogaron. 8 Otra parte cayó en tierra buena, y dio frutos; una ciento, otra sesenta, otra treinta. 9 ¡El que tenga oídos que oiga!

10 Los discípulos se le acercaron y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” 11 Y él les respondió: “A vosotros se os ha dado a conocer los misterios del reino de Dios, pero a ellos no. 12 Pues al que tiene se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 13 Por esto les hablo en parábolas, porque miran y no ven, escuchan y no oyen y no entienden. 14 Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:

Oiréis pero no entenderéis,

miraréis pero no veréis.

15 Porque la mente de este pueblo

está embotada,ear-8732_640

tienen tapados los oídos

y ojos cerrados,

para no ver nada con sus ojos

ni oír con sus oídos,

ni entender con la mente

ni convertirse a mí

para que yo los cure.

 

16 ¡Dichosos vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen! 17 Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

18 Así que vosotros entended el significado de la parábola del sembrador. 19 Si uno oye la palabra del reino y no quiere entenderla, viene el maligno y le arrebata lo sembrado en el corazón. Éste es lo sembrado junto al camino. 20 El pedregal es el que oye la palabra de momento y la acepta con alegría; 21 pero no tiene raíz, es inconstante y, cuando llega la prueba o la persecución a causa de la palabra, inmediatamente se vienen abajo. 22 Lo sembrado entre zarzas es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y la seducción de la riqueza ahogan la palabra y queda sin fruto. 23 Lo sembrado en tierra buena es el que oye la palabra y la entiende y da fruto, ciento, sesenta y treinta por uno.”

 

No encontramos hoy con el comienzo del llamado discurso parabólico. Es el tercero de los cinco discursos de Jesús: El discurso del monte (5,1 – 7,29), el discurso de la misión (10,1-42), el discurso parabólico (13,1-52), el discurso eclesial (18,1-35) y el discurso escatológico (24,1 – 25,46).

Nos vamos a centrar, precisamente, en el tercero de éstos y más concretamente en el principio. El número de parábolas de este tercer discurso son siete: parábola del sembrador, parábola de la cizaña, el grano de mostaza y la levadura, parábola del tesoro escondido, la perla preciosa y la red.

Antes de pasar al texto que hoy la liturgia nos ofrece, creo que podría ser interesante que expliquemos en qué consiste este género literario llamado parábola. La parábola es un relato ficticio, aunque lo que en ella se relata puede ser vivido por los oyentes, pues son acontecimientos reales de la vida cotidiana, estos relatos encierran una enseñanza, revelan una verdad con respecto al Reino y sus características o la manera en que debemos de actuar los discípulos de Jesús.

El texto doubt-1499651_640que nos ocupa comienza con una introducción (13,1-3a). Jesús sale de su casa y a su alrededor se aglomera una gran cantidad de gente. Sube a una barca y se sienta, postura habitual de los maestros, y comienza a enseñarles. Les enseña mediante historias de la vida cotidiana, imágenes y comparaciones, precisamente para que todas aquellas personas que están delante de él puedan entenderle y puedan recordar mejor sus palabras.

Vamos a dividir el texto en tres partes:

  • La parábola del sembrador, propiamente dicha (13,3b-9).
  • El motivo por el que Jesús habla en parábolas (13,10-17).
  • La explicación de la parábola del sembrador (13,18-23).

La parábola del sembrador. En el mundo agrícola el sembrador durante el otoño acudirá a su campo para sembrar, esparciendo las semillas. En las tierras de palestina existían pequeñas explotaciones agrícolas que en cuyas lindes podíamos encontrar piedras y arbustos espinosos, por lo que era muy posible que algunas semillas cayeran allí y se perdieran.

El protagonista del relato no es el sembrador, si no la semilla. Por lo que podemos deducir que, la protagonista de nuestra historia es la palabra que se anuncia, no quien la anuncia. La palabra es el anuncio del Reino, un anuncio que debía ser escuchado y puesto en práctica. Tanto Jesús como los oyentes de su palabra sabían que ya Yahveh en el antiguo Testamento había comparado la palabra con la semilla (Is 55,11).

Jesús, al relatar esta parábola, está pensando en el impacto que el anuncio del Reino puede producir en sus oyentes. Pero, sólo, aquel que esté abierto a la palabra puede ser transformado por ella, de ahí la invitación de Jesús: “¡El que tenga oídos que oiga!”

El motivo por el que Jesús habla en parábolas. Después de la narración de la parábola sus discípulos le interrogan acerca de la motivación de dichas narraciones. Pero la pregunta se refiere a la multitud, no a ellos. Ellos acogen y ponen en práctica la palabra de Jesús, por eso, a ellos se les sigue transmitiendo los misterios del reino y pueden comprenderlos y penetrar en ellos. Quien no esté abierto a la palabra, nunca podrá comprenderla, profundizar en ella, ni ponerla por obra; este es el motivo por el que se les quitará incluso lo que tienen: poder relacionarse con Dios como hijos. Ellos miran y no ven, escuchan y no oyen ni entienden, porque su mente, su corazón y su vida están cerradas a la acción transformadora de la palabra. Jesús ofrece a todos su palabra, pero la persona que escucha es responsable y libre para acogerla o no. Es el cumplimiento de la profecía de Isaías (13,14-15). Al no estar abiertos a acoger la palabra, sus oídos están cerrados aunque puedan oír, sus ojos están ciegos aunque puedan ver, su mente está embotada aunque puedan comprender y el cambio de vida es imposible.

Explicación dfield-2195472_640e la parábola. Las distintas semillas están personificando a los distintos oyentes de la palabra.

Los primeros la oyen pero no quieren escucharla, ni entenderla y se resisten a la acción de Dios, por eso el “maligno” la roba de sus corazones, porque su corazón está endurecido.

Los siguientes acogen la palabra con alegría. La palabra ha sido sembrada en ellos, la acogen y comienza a germinar; sin embargo, debido a su inconstancia no son capaces de enfrentarse a las críticas, al rechazo, a las pruebas, a la persecución, entonces se vienen abajo y son capaces, incluso, de dar la espalda a Jesús.

Los últimos son aquellos que oyen la palabra, pero sus propias preocupaciones, las del mundo y la falta de generosidad hacen que la palabra se ahogue, quede sofocada y no de frutos.

Únicamente, quienes oyen, acogen e intentan poner la palabra en práctica, pueden entender y aceptar el regalo de la revelación de los misterios del reino y de la importancia que la Palabra de Dios puede tener en sus vidas. Estos serán capaces de superar cualquier prueba y anunciar a otros la Palabra. La Palabra echará raíces profundas en su corazón y dará fruto abundante, según las disposiciones de cada persona.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es el “terreno” en el que nosotros estamos hoy llamados a sembrar la Palabra?
  • Los peligros que Jesús indica a quienes le escuchan cuando relata la parábola del sembrados, también nos acechan a nosotros hoy: no querer acoger la palabra para que no nos complique la vida, la inconstancia, las preocupaciones del mundo, la falta de generosidad… ¿En qué momentos de tu vida cotidiana te encuentras con estos peligros? ¿Cómo reaccionas ante ellos?
  • Los discípulos preguntan a Jesús para que les aclare los misterios del Reino. Y tú, ¿pides a Jesús que te ilumine, te enseñe, te ayude a comprender y poner en práctica la Palabra?
  • ¿Estás dispuesto/a para escuchar, acoger y poner en práctica la Palabra de Jesús? ¿Qué estás dispuesto/a a hacer?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 107

Dad gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor.

Que lo digan los que el Señor ha liberado,

los que él ha rescatado de la mano de los opresores,

los que ha reunido de todos los países.

jesus_maestroico

Andaban errantes por el desierto solitario

sin encontrar camino de ciudad habitada;

hambrientos y sedientos,

su vida se agotaba.

Los puso en el camino justo

y llegaron a ciudad habitada.

Dad gracias al Señor por su amor,

por sus milagros en favor de los humanos.

En su angustia gritaron al Señor,

y él los sacó de sus apuros.

Envío su palabra y los curó,

los libró del sepulcro.

Dad gracias al señor por su amor,

por sus milagros en favor de los humanos;

ofreced sacrificios de alabanza

y pregonad sus obras con cantos de alegría.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados” LectioDivina del domingo XIV del tiempo ordinario (Mt 11,25-30)

agobiados

VERDAD – LECTURA

25 En aquel tiempo dijo Jesús: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se lo has manifestado a los sencillos. 26 Sí, Padre, porque así lo has querido. 27 Mi padre me ha confiado todas las cosas; nadie conoce perfectamente al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera manifestar. 28 Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. 29 Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy bondadoso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras vidas. 30 Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.”

 

 Enmarcando este texto dentro del capítulo 11, podemos apreciar que Jesús durante su ministerio público es rechazado, criticado, incomprendido por muchos de sus contemporáneos. A éstos se acaba de dirigir unos versículos más atrás (Mt 11,16-24). Pero no todos han actuado de ese modo; los pequeños, los sencillos, los ignorantes… sí que han acogido su Palabra, los que se encuentran agobiados y cansados por tener que llevar la carga de unas leyes injustas y que los esclavizan. Éstos le escuchan y acogen con alegría su enseñanza, se adhieren a él, quiere compartir su vida, se sienten liberados y, al mismo tiempo, acogidos por un Padre misericordioso, a quien el Hijo conoce bien. Ante este hecho, Jesús eleva espontáneamente una plegaria de alabaza y acción de gracias al Padre.

El texto para una mejor comprensión podemos dividirlo del siguiente modo:

  • Plegaria de alabanza y acción del gracias al Padre (Mt 11,25-26).
  • Jesús se presenta como el verdadero conocedor del Padre (Mt 11,27).
  • Invitación para que vengan a Jesús todos los que se encuentran cansados y agobiados (Mt 11,28-30).Jesus alaba al Padre

El Padre se da a conocer a los sencillos. Jesús se siente rechazado por los sabios y entendidos, aquellos que se creen en posesión de la verdad y que esclavizan al pueblo con leyes, que ni siquiera ellos mismo pueden cumplir. Una serie de leyes creadas por los hombres, sobre todo en torno a la pureza legal, que había que cumplir escrupulosamente, pero que estaban vacías de contenido y que, en ningún momento, mostraban la verdadera imagen de Dios. Para ellos, Dios era un ser vengativo, exigente en extremo, despreocupado del bien de la humanidad. Imagen que contrastaba abiertamente con la que había presentado Jesús del Padre: bondadoso, misericordioso, cercano, amoroso. Los humildes y sencillos son capaces de comprender qué significado tiene y qué consecuencias tiene creer en un Dios como el que nos presenta Jesús. Los pequeños, los humildes y sencillos no cumplen con los mandamientos de Dios por miedo, por conveniencia, por conseguir algo de Dios. No, quien acoge a Jesús y su Palabra, cumple con los mandamientos, con la alianza con Dios por amor, como agradecimiento por lo mucho que el Padre nos regala cada día, porque Dios ha querido hacerse cercano al hombre, es más ha querido hacerse ser humano para comprender plenamente al hombre y ofrecerle la salvación por medio de la pasión, muerte y resurrección de su Hijo. Todo esto, únicamente, puede ser acogido por aquel que se siente necesitado de la misericordia divina, por aquel que es consciente de que no lo sabe todo y necesita que alguien le muestre el camino, por aquel que es dócil a la enseñanza de Jesús, por aquel que es capaz de dejarse transformar por el Espíritu.

Y esta acogida por parte de los pequeños y los humildes hace que Jesús estalle en acción de gracias y alabanza al Padre.

agobiados 2Jesús es el único y verdadero conocedor del Padre. El Padre se ha revelado por medio de Jesús. Y Jesús muestra a un Padre que sólo quiere el bien de sus hijos. La enseñanza de Jesús (su yugo y su carga) es dulce y ligera, siempre que seamos capaces de vivirla como hijos que se sienten amados y que aman, siempre que seamos capaces de vivirla desde la bondad y la humildad. Para ello, es indispensable que hagamos experiencia de un Dios que es amor. Un Dios que conoce nuestra “pasta”, que conoce nuestras debilidades, que sabe de nuestras miserias, que nos sostiene en las dificultades y que nos abraza en nuestro sufrimiento y en nuestro dolor, que está siempre a nuestro lado y quiere levantarnos en nuestra caída, que quiere ofrecernos todo su amor. Y lo único que nos pide a nosotros es que actuemos en consecuencia con amor y desde el amor.

Jesús es el único que conoce verdaderamente al Padre, Jesús es quien le conoce en profundidad, el único que le conoce desde el amor pleno. Por eso, Jesús es el único que puede revelarnos al Padre, el único que puede mostrárnoslo tal cual es.

Jesús invita a ir hacia él a todo el que se sienta y reconozca necesitado de la misericordia de Dios. Los contemporáneos de Jesús se encontraban cansados y agobiados por la multitud de exigencias que los maestros de la ley les imponían; leyes, que en muchas ocasiones, carecían de sentido, leyes a las que Jesús quería dar su verdadero sentido. Jesús dará alivio a todos los cansados y agobiados porque el mandamiento, la tarea, la obligación que nace del amor es llevadera y ligera.

Pero no basta, únicamente con acoger la Palabra; Jesús, además, nos invita a vivir y practicar esa Palabra, nos invita a ser bondadosos, mansos, humildes. Jesús invita a adherirse a su mensaje y a hacerlo vida.

Jesús nos está esperando y nos invita a todos los que sufrimos bajo el peso de las dificultades, de los problemas, de las debilidades a acercarnos a Él. Ir hacia Jesús, emprender su seguimiento nos llena de paz, de sosiego, de seguridad, de vida. Dios quiere acogernos en Jesús con ternura, consolándonos, revitalizándonos, haciéndonos vivir de manera más plena.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué imagen tienes de Dios? ¿La de un Dios vengativo, lejano, que sólo se fija en tus fallos? ¿O la de un Dios bondadoso, misericordioso, Padre que nos ama, que está deseando que des el primer paso para acogerte?
  • Jesús alaba y da gracias al Padre, ¿Qué te motiva a ti, hoy, para dar gracias o alabar al Padre?
  • Conocer a Jesús es conocer al Padre, ¿qué acciones emprendes en tu vida diaria para conocer más a Jesús? ¿Lees, meditas e intentas llevar a la práctica su Palabra? ¿Participas asiduamente de los sacramentos? ¿De qué manera muestras a los demás el amor que Dios te tiene?
  • ¿Cuál es tu yugo pesado, que te es difícil de llevar? ¿Lo entregas a Jesús? ¿Lo pones bajo la mirada amorosa del Padre? ¿Acudes a Jesús para que haga ese yugo llevadero y ligero?
  • ¿Te reconoces como necesitado del amor y de la misericordia divina? ¿Acoges a Dios como Padre y a Jesús como revelador de su verdadero rostro?
  • ¿Acoges y practicas la enseñanza de Jesús desde el amor, desde la libertad, desde la entrega generosa?

 

VIDA – ORACIÓN

Padre, te adoro y te amo de todo corazón, porque me has creado y hecho hijo tuyo.

Te doy gracias, por todos los dones que cada día me regalas, por invitarme a seguir a Jesús y a hacer vida su Palabra.

Te ofrezco mi vida, todas mis acciones, mis alegrías y dificultades para tu mayor gloria, para mi propia santificación y la salvación de la humanidad.

Líbrame del pecado y de todo mal, dame fortaleza en las dificultades, ánimo ante los obstáculos; ayúdame a acoger el yugo de Jesús que es ligero y llevadero.

Concédeme el don de la humildad, la sencillez de corazón, la pobreza de espíritu. Derrama tu gracia sobre mí y sobre todas las personas que entren en contacto conmigo, para que seamos testigos de la misericordia divina y transmisores de la Buena Nueva de Jesús. Amén.

“A mi me recibe” Lectio Divina del Domingo XIII del Tiempo Ordinario (Mt 10,37-42)

VERDAD – LECTURA

37En aquel tiempo dio Jesús a sus apóstoles: “El que quiere al padre o a la madre por encima de mí, no es digno de mí; y el que quiere al hijo o a la hija por encima de mí, no es digno de mí; 38y el que no coge su cruz y sigue detrás de mí, no es digno de mí. 39El que encuentra su vida, la perderá; pero el que pierde su vida por mí, la encontrará.

40El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. 41El que recibe a un profeta a título de profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo a título de justo, recibirá recompensa de justo. 42Y el que dé a beber, aunque sea sólo un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser mi discípulo, os digo de verdad, no perderá su recompensa.”

 

Enmarcamos el texto que hoy nos ofrece la liturgia dentro del llamado Discurso de la Misión (Mt 10,1-42). En el cual se describe la manera en que los discípulos deben anunciar el Reino y las dificultades que dicha misión conlleva. Nuestro texto recoge una serie de recomendaciones que el Maestro les ofrece para iluminar la difícil situación en la que se encuentran sus seguidores en la segunda mitad del siglo I. Dificultades que provienen sobre todo de sus hermanos judíos que no entienden la Buena Nueva. La situación proviene de una fuerte tensión entre la sinagoga y la Iglesia naciente. Jesús quiere animar a sus discípulos, precisamente a no desanimarse, a no caer en el desaliento, a no desmoralizarse, ni desanimarse a pesar de persecución.

Quienes acogen a Jesús y llevan a la práctica sus enseñanzas se encuentran, en más de una ocasión, con que deben abrazar una elección radical, que les lleva incluso a poner patas arriba su propia escala de valores. Quien no sea capaz de invertir su propia escala de valores, poniendo en primer lugar a Jesús y la misión de anunciar el Reino no es digno de llamarse discípulo de Jesús.

El texto podemos dividirlo en dos partes: una primera en la que Jesús parece invitarnos a renunciar a nuestros seres queridos y a nuestra vida y una segunda parte en la que Jesús nos ofrece unas palabras de consuelo, de aliento, de fortaleza para aquellos que anunciamos el Reino de Dios.peter-2199862_640

En la primera parte en la que hemos dividido el texto nos encontramos con dos afirmaciones de Jesús: “El que quiere al padre o a la madre por encima de mí, no es digno de mí, y el que quiere al hijo o a la hija por encima de mí, no es digno de mí.” Pueden parecernos dura, pueden parecernos que va en contra del mandamiento de honrar al padre y a la madre (Ex 20,12), nos pueden parecer que van en contra de la ley natural. Sin embargo, nada más lejos de la intención de Jesús. La intención de Jesús más bien es la de dar un sentido pleno a ese amor. ¿Cómo amamos a nuestro padre y a nuestra madre? ¿Cómo amamos a nuestros hijos? ¿Lo hacemos de manera egoísta? ¿Lo hacemos atendiendo a nuestros intereses? ¿Los ponemos de parapeto para no cumplir con nuestras obligaciones? ¿Los convertimos en escusas para no seguir a Jesús de manera plena, para no adherirnos totalmente a Él? ¿Los utilizamos para no comprometernos con nuestros prójimos? ¿Los transformamos en muros que nos ayuden a no dar la mano a aquellos que lo necesitan? ¿Los manejamos de tal manera que nos excusen para no comprometernos y abrirnos a la comunidad eclesial y universal? Si amamos a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestra esposa, a nuestro esposo, a nuestros amigos en Cristo Jesús e invertimos la escala de valores desde el Reino, lograremos vivir en mayor plenitud nuestra entrega, donación, nuestra dedicación a nuestros padres, hijos, familiares y amigos. En el centro de nuestras relaciones hemos de poner a Jesús, de esa manera tendrán el verdadero sentido y la orientación justa. Jesús no nos pide renunciar a amar a nuestros seres queridos, sino a que los amemos con un amor similar al suyo, con un amor que se entrega, que se hace don, que se hace oblación.

Para llegar a alcanzar un amor de esas características hemos de estar dispuestos a dejarnos transformar por el Espíritu en otros cristos, hemos de acompañarlo y dejarnos acompañar por Él en el camino de nuestra vida cotidiana. Hemos de estar dispuesto como lo estuvo Jesús a entrega la vida por el Reino, a perder nuestra vida por los demás (Mt 10,38s). Es la única manera de vivir ésta en plenitud. Y viviendo la vida en plenitud no abandonamos, renunciamos o renegamos de nuestra familia, al contrario, la situamos en su verdadero lugar, porque la amamos desde Jesús y no desde nosotros mismos.

En la segunda parte del texto, como dijimos más arriba, nos encontramos con unas palabras de esperanza que Jesús dirige a todos aquellos que hemos escogido la senda de ser testigos de su amor.

pantokrator-1486277_640Jesús, el Padre, el Espíritu están siempre junto a aquel que anuncia la Buena Nueva. Podemos decir que son uno con él. De tal manera, que cuando son perseguidos, calumniados, señalados, no lo son ellos mismos, sino que los perseguidos, calumniados, señalados son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Además, en realidad, no son perseguidos por ellos mismos, son perseguidos por lo que son, son perseguidos por causa de Jesús, por causa del evangelio, son perseguidos porque aman de manera incondicional y desprendida. De la misma manera quien acoja a uno de ellos por el simple hecho de ser discípulo de Jesús, está acogiendo al mismo Jesús (Mt 10,40ss).

El seguidor de Jesús es profeta porque ayuda a los demás a vivir plenamente el evangelio, incluso denunciando lo que no está bien. El seguidor de Jesús es justo porque intenta vivir cada día la voluntad del Padre. El seguidor de Jesús es pequeño, porque es humilde, es dócil, se deja transformar, acompañar y ayudar.

Y no pensemos únicamente en nosotros mismos cuando nos acojan a nosotros por ser seguidores de Jesús; si no, también, en cómo acogemos nosotros a los demás.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Subraya las recomendaciones dadas por Jesús ¿Qué te dicen acerca de tu vida? Intenta vivirlas cada día.
  • ¿Cuál es mi escala de valores? ¿Qué valor es el que tengo puesto en primer lugar?
  • ¿Estás dispuesto/a a acoger la cruz, es decir la dificultad, el rechazo, la incomprensión por intentar vivir el Evangelio?
  • ¿De qué manera acojo a aquellos que anuncian el evangelio? ¿De qué manera acojo a los demás en mi vida?

 

VIDA – ORACIÓN

Salmo 45

2 Mi corazón rebosa de palabras bellas, voy a recitar mis versos en honor del rey, mi lengua es como la pluma de un escritor experto.

3 Eres el más hermoso de los hombres, la gracia corre por tus labios, porque Dios te ha bendecido para siempre.

4 Ciñe la espada al flanco, oh poderoso, ella es tu brillo y tu esplendor;

5 avanza victorioso para defender la verdad y la justicia, y hazañas gloriosas realice tu derecha.

6 Caen a tus pies los pueblos, tus flechas puntiagudas se clavan en el corazón de tus enemigos.

7 Tu trono, oh Dios, dura eternamente; el cetro de tu reino es cetro de justicia.

8 Amas la justicia y odias la iniquidad, por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría con preferencia a tus compañeros.

9 Mirra, áloe y acacia rezuman tus vestidos, en el salón de los marfiles música de arpas te recrea.

10 Hijas de reyes hay entre tus elegidas; a tu derecha, una reina adornada con el oro más fino.

11 Escucha, hija mía, atiende, mira, olvida tu pueblo y tu familia:

12 el rey se ha enamorado de tu belleza, él es tu señor, ríndele pleitesía.

13 La hija de Tiro llega con presentes, los ricos del pueblo te rinden vasallaje.

14 Majestuosa está en el interior la hija del rey, engalanada con tejidos de oro;

15 vestida de brocados es llevada hacia el rey, sus damas de honor la siguen y acompañan;

16 en gozoso cortejo entran en la mansión del rey.

17 En lugar de tus padres tendrás hijos, a los que harás príncipes por toda la tierra.

18 Yo haré que tu nombre se recuerde por todas las edades y los pueblos te alaben por los siglos de los siglos.

“No tengáis miedo” Lectio Divina del Domingo XII del Tiempo Ordinario (Mt 10,26-33)

JESUS-TE-ABRAZA

VERDAD – LECTURA

26 En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: No tengáis miedo a los hombres, pues no hay nada encubierto que no se descubra, ni nada escondido que no llegue a saberse. 27Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz del día, y lo que escucháis al oído, pregonadlo desde las azoteas. 28No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden quitaros la vida; temed más bien al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en el fuego. 29¿No se venden dos gorriones por un cuarto? Y, sin embargo, ni uno de ellos cae al suelo sin que lo disponga así vuestro Padre. 30Y en cuanto a vosotros, hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. 31Por eso no tengáis miedo; vosotros valéis más que muchos gorriones.

32 Todo aquel que ante los hombres declare su adhesión a mí, también yo declararé mi adhesión a él ante mi Padre que está en los cielos; 33pero aquel que me niegue a mí ante los hombres, también yo lo negaré a él ante mi Padre que está en los cielos.

 

Una expresión que resuena, porque se repite tres veces, en el texto que hoy la liturgia nos ofrece para nuestra oración es: No tengáis miedo. Creo que es un hecho que no podemos pasar por alto. No únicamente para el tiempo de Jesús, sino también para nuestro tiempo. Dicha frase no aparece sólo en este pasaje; ya en Mt 6,25-34, aparecen estas palabra, u otras similares, siete veces.

Si tenemos fe y confianza absoluta en Jesús, ¿A qué podemos temer? ¿Tememos lo que puedan pensar de nosotros cuando proclamamos el evangelio? ¿Miedo a que nos maten por ser seguidores de Jesús? ¿A qué tenemos miedo, si Dios está con nosotros, si Dios no permitirá que nos ocurra ningún mal? Nosotros valemos más que los lirios del campo y los pájaros del cielo: somos hijos de Dios. ¿Miedo al sufrimiento, a la dificultad, a los problemas, a nuestras debilidades, a la muerte? Cristo padeció, sufrió, murió y resucitó por nosotros. Estamos salvados. Ahora, bien es verdad, que nosotros podemos rechazar esa salvación desde nelitefon.ru_31909uestra libertad.

Si estamos dispuestos a asumir y cumplir la misión que nos ha encomendado Dios, no tenemos motivo para el miedo; pues, si nosotros declaramos nuestra adhesión a Jesucristo ante los hombres, Él declarará nuestra adhesión a nosotros ante el Padre.

El miedo paraliza, nos inmoviliza, nos aísla, distorsiona la realidad. Por tanto, no tengamos miedo. Sí prudencia, sí cautela, sí moderación, sí discernimiento… pero nunca miedo. Nuestra única preocupación debe ser la de testimoniar a Jesús ante todos los hombres.

No tengamos miedo, siquiera de los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitarnos la vida. Siguiendo a Mario Galizzi en su comentario al evangelio de Mateo, hemos traducido vida en lugar de alma. El cuerpo para un judío es el ser humano al completo, el ser que vive su materialidad aquí en la tierra, el ser visible que se relaciona con los demás. Esta realidad visible en su totalidad y en la medida en que manifiesta su relación con Aquel que es la fuente de la vida en hebreo se denomina nefesch, una palabra que en griego se dice psyché y que a nuestra lengua se traduce por alma o vida. Y esa vida que es relación con Dios no puede ser eliminada totalmente ni definitivamente.

Quien mantiene su relación con Dios, quien mantiene su adhesión a Jesús, quien se deja cada día transformar y configurar a Cristo por el Espíritu Santo, podrá morir materialmente, podrán arrebatarle su existencia, pero nadie podrá quitarle la vida, que es su relación con Dios, nadie podrá romper ese vínculo. Ese vínculo será roto únicamente por aquel que no quiera ser amigo de Dios, por aquel que no quiera relacionarse con Él, por aquel que niegue a Jesús ante los ddonde-encontrar-fotos-gratis-libres-de-derechos-de-autor-gratisemás.

Dios está siempre cerca de aquellos que lo invocan con sincero corazón, de aquellos que lo buscan, de aquellos que claman y lo llaman. Dios se preocupa por todos y cada uno de nosotros, sabe nuestras necesidades, conoce nuestras inquietudes, entiende nuestras dificultades. Nuestro padre siempre nos acompaña, siempre nos protege, siempre nos ayuda. Y si de algo hemos de tener miedo, no ha de ser a ser condenados (actitud del esclavo, que diría san Agustín), sino a ofender, a disgustar, a desagradar a nuestro Padre que únicamente nos ofrece amor. Ese es el verdadero temor de Dios. Miedo y temor a perder esa relación vital con Él, que nos amó primero desde toda la eternidad y nos seguirá amando durante toda la eternidad.

Si nosotros hemos reconocido a Jesús ante los demás, Él no reconocerá ante el Padre. Si nosotros hemos dado testimonio de Jesús delante de los hombres, Él dará testimonio de nosotros ante el Padre. Jesús quiere reconocernos como suyos ante el Padre, quiere salvarnos. Dios quiere nuestra salvación, Jesús nos busca para ofrecernos la salvación, el Espíritu Santo nos fortalece para que alcancemos la salvación.

Con esta certeza, en el corazón, en nuestra alma, en nuestro cuerpo incluso, en todo nuestro ser, estamos llamados a vivir nuestra existencia cotidiana; pero, teniendo en cuenta la importancia de ser testigos del amor de Dios, que se hace visible en Jesús, ante todos aquellos que se cruzan en nuestro camino, ante aquellos que conozcan o no a Dios, ante aquellos que acojan nuestras palabras o ante aquellos que las rechacen. Salgamos fuera y transmitamos a todo el mundo la alegría del evangelio.

 

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuáles son tus temores, tus miedos? ¿Qué es aquello que te turba, que te sobresalta, que te paraliza?
  • Reconoce ese temor, afróntalo, ¿Qué es lo peor que te puede pasar ante ese temor? Plántale cara, intenta poner en juego todas tus facultades para vencerlo. Ponlo todo en las manos amorosas de Dios, en el corazón de Jesús, a los pies de María su Madre, tu Madre y nuestra Madre. ¡Abandónate!
  • ¿Eres capaz de arriesgarte por Jesús? (Él se arriesga por ti). ¿Eres capaz de reconocer a Jesús ante los demás? (Él te reconoce ante el Padre) ¿Eres capaz de dar testimonio de Él? (Él da testimonio de ti).

 

 

VIDA – ORACIÓN

Acto de abandono

Padre, ignoro lo que hoy me va a ocurrir.
Pero sé que nada sucederá sin que tú lo hayas previsto y dispuesto,
desde toda la eternidad, para que redunde en bien mío.
Y esto me basta.

Adoro tus designios eternos e inescrutables;
por tu amor los acepto con todo el corazón;
en comunión con el sacrificio de Jesús, mi Salvador,
te ofrezco todo mi ser.

En su nombre y por sus méritos infinitos,
te pido firmeza en las contrariedades y aceptación sin reservas,
para que todo lo que dispongas o permitas,
sirva para tu mayor gloria y para mi santificación.
(Beato Santiago Alberione).

Como último recurso para que nos ayude a nuestra oración de hoy os dejo el enlace a un video estupendo de la Hna. Glenda: ¿Por qué tengo miedo?

Lectio Divina Solemnidad del Santísmo Cuerpo y Sangre de Cristo (Jn 6,51-58)

JESUS PAN Y VINO

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

 

El texto con el que hoy vamos a orar es parte del llamado dicurso del pan de vida pronunciado por Jesús en Cafarnaum, acaba de realizar el signo de la multiplicacion de lo panes (Jn 6,1-15). La gente despùés de este acontecimiento pretende proclamarlo rey  (Jn 6,15). Pero un rey que no tenía nada que ver con el verdadero reinado de Dios, un rey que no tenía nada que ver con el Reino. Un Reino que no es de este mundo, pero que ya se comienza a vivir en él, y dónde lo que prima no es el poder sino el amor, donde no priman los puestos sino el servicio, un Reino en el que todo hombre es liberado del pecado y de la muerte.

Jesús es el pan vivo bajado del cielo. Pan vivo que se encuentra en contraposición con el maná y con la Ley. El primero no consiguió llevar al pueblo de Israel a la Tierra Prometida; el segundo, que no daba vida en plenitud a quien se adhería a ella. Es Jesús quien comunica la verdadera y plena vida. Pan que ha bajado del cielo, es decir que procede del Padre, el cual es fuente de la vida. Aquel que coma de este pan, el que lo haga suyo, tendrá el don de la Vida. Comer el pan de la vida, que es verdadera carne de Jesús, es asimilar el Espíritu manifestado en la realidad humana de Jesús. Comiendo de este pan el hombre llegará a adquirir la vida plena.

Para los judíos estas palabras de Jesús eran inconcebibles. No podían asimilar el hecho de la Encarnación de Dios. No podían asimilar que Dios quisiera entrar en comunión plena con el hombre. No entienden el significado de comer su carne.

Comer la carne de Jesús y beber su sangre es poder llegar a asimilarse con él, es hacer propio el amor incondicional y extremo de Jesús, el cual mediante su pasión muerte y resurrección nos libera definitivamente de la muerte y nos comunica la vida definitiva. Si el hombre no asimila totalmente a Jesús no puede alcanzar la vida plena y definitiva.

El discípulo de Jesús ha de ser capaz de identificarse con él, ha de dejarse modelar por el Espíritu para llegar a ser otro Jesús en sus actitudes vitales y amar a los demás como él ama.

El pan y el vino que en cada eucaristía se nos ofrece como alimento son Jesús mismo. Estas especies nos dan la fuerza necesaria para que las actitudes vitales de Jesús se conviertan en las nuestras y de este modo lograremos que nuestro modo de vivir cambie radicalmente. La asimilación del estilo de vida de Jesús y de su entrega acontece comiendo su carne y bebiendo su sangre.

Esta es la única manera de hacer propia la vida que Jesús nos propone. Es la única manera de entrar en comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

 CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo acoges el don de la vida plena que Jesús te ofrece en cada eucaristía?
  • ¿Cómo vives en tu vida cotidiana la asimilación del cuerpo y la sangre de Jesucristo?
  • ¿Al asimilar el cuerpo y la sangre de Jesucristo eres consciente de que poco a poco se tiene que producir en tu vida un cambio radical?
  • En la celebración eucarística, te alimentas de la doble mesa de la Palabra y la Eucaristía, ¿Eres consciente de ello? ¿Son ambos importantes para ti? ¿Cómo vives estos momentos?
  • ¿Eres consciente de que comer la carne de Jesús y beber su sangre te deben llevar a un compromiso mayor en favor de tus hermanos? ¿Eres consciente de que estás siendo llamado a ser tu también transmisor de vida?

  

VIDA – ORACIÓN

 

Te doy gracias, Maestro y verdad,

por haberte dignado venir a mí,

ignorante y débil.

En unión con María te ofrezco al Padre:

contigo, por ti y en ti,

sea por siempre la alabanza,

la acción de gracias y la súplica

por la paz de los hombres.

Ilumina mi mente,

hazme discípulo fiel de la Iglesia;

que viva de fe;

que comprenda tu palabra;

que sea un auténtico apóstol.

Haz, Maestro divino,

que la luz de tu Evangelio llegue

hasta los últimos confines del mundo.

(Beato Santiago Alberione)

 

“Tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único” Lectio Divina Domingo de la Santísima Trinidad (Jn 3,16-18)

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: 16«tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17Pues Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el hijo único de Dios. 

 

El texto que nos ofrece hoy la liturgia, hemos de enmarcarlo dentro de un contexto algo más amplio como es el llamado diálogo de Jesús con Nicodemo. Por lo que creo que puede ser interesante que presentemos, aunque sea de una manera somera a dicho personaje y el diálogo al que hemos aludido.

Nicodemo, según nos cuenta el evangelista Juan era un fariseo (Jn 3,1). Los fariseos eran un movimiento o corriente dentro de la religión judía que se caracterizaba por una práctica escrupulosa de la Ley y por defender y adherirse a las tradiciones orales vivas del judaísmo. Jesús se enfrentó en diversas ocasiones con ellos porque escudándose en lo legal aniquilaban, precisamente, la Ley de Dios con sus tradiciones de origen humano; no podían mezclarse con los pecadores o las personas consideradas impuras; todo ello los hacía caer en muchas ocasiones en hipocresía. Pues bien, Nicodemo era un hombre importante perteneciente a esta corriente del judaísmo.

Nicodemo va a ver a Jesús, posiblemente siente curiosidad por la nueva doctrina que el joven Maestro de Nazaret está predicando. De hecho, lo llama así: Maestro. Va a verlo de noche, quizás por miedo a que lo puedan vincular con Jesús. Aunque desde el punto de vista teológico podemos interpretarlo, como que no se encuentra en la Luz de Jesús. Reconoce a Jesús como enviado por Dios, porque nadie puede hacer los signos que hace Jesús, si Dios no está con él (Cf. Jn 3,3).Santísima-Trinidad-2

Para que puedan entender todo el diálogo que va a tener con él, Jesús le pide que debe nacer de nuevo. Esto nos sirve a nosotros también de clave para poder profundizar y entender mejor el texto que hoy nos ocupa. Nacer de nuevo requiere una conversión radical, requiere que nos acerquemos a ver el Reino desde una perspectiva nueva, sin prejuicios, sin nuestra propia escala de valores, sin nuestros propios convencionalismos, sin nuestros conceptos previamente aprendidos… Hemos de acercarnos al Reino como niños pequeños, abiertos a su novedad y dispuestos a acoger el anuncio de Jesús como un nuevo descubrimiento que nos abre la puerta hacia la vida eterna. Hemos de acoger y vivir el seguimiento de Jesús con una apertura total. Pero, teniendo en cuenta que ese nuevo nacimiento ha de ser engendrado en el agua y el Espíritu. El agua y el Espíritu son símbolos que con toda probabilidad Nicodemo conocía; el agua puede hacer alusión a las purificaciones que realizaban los judíos y el Espíritu a la nueva creación. Juntos nos pueden estar diciendo que partiendo de nuestras propias tradiciones, hemos de abrirnos a la novedad del evangelio, que representa la nueva creación. Entrar en comunión con Jesús va a suponer un nuevo nacimiento.

Creo que era necesaria esta introducción para comprender de una manera adecuada el texto que hoy la liturgia nos propone. Desde esta nueva perspectiva, podemos entender mejor el significado de las palabras de Jesús: “tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Jesús ha sido enviado y entregado por el Padre para que todo aquel que se una a su persona pueda alcanzar la vida plena. Una vida en la que reinará el amor de Dios, en la que reinará ese Dios que ama con locura al ser humano, que únicamente quiere su bien y su salvación; un amor que vence incluso a la muerte.

Dios no ha enviado a su Hijo para condenar al mundo, sino para que se salve, gracias a la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

En el texto no encontramos una alusión clara al Espíritu Santo; sí aparecen las otras dos Personas de la Santísima Trinidad: el Padre y el Hijo. Sin embargo, quien puede motivar y originar en nosotros la adhesión o unión con Jesús, si no el Espíritu, quien puede hacer nacer en nosotros la fe y mantenerla, si no el Espíritu. Quien puede hacer posible que nazcamos de nuevo y configurarnos con Jesús, si no el Espíritu. Es el Espíritu Santo quien nos modela según la forma de Jesús, y en el origen de todo esto está el Padre.Icono Trinidad 1

Estas tres Personas son un único Dios, son Trinidad. Y esta Trinidad tiene una característica que la constituye esencialmente, sustancialmente: el amor. Y eso es lo que vino a ofrecer Jesús al mundo enviado por el Padre; ahora bien, el hombre es libre de rechazar o acoger esa misericordia de Dios, esa ternura, esa bondad y ese amor de Dios. Por eso Dios no ha enviado a su Hijo para nuestra condena, sino para nuestra salvación. Ahora bien, en nuestras manos está acoger, creer y vivir la novedad de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo es tu vivencia de la Trinidad, aunque no llegues a comprender este misterio?
  • ¿Estás dispuesto/a a dejar actuar al Espíritu Santo en ti para poder llegar a «nacer de nuevo»?
  • ¿Acoges con todo tu ser el amor que Dios te ofrece y te regala incondicionalmente?
  • ¿Qué acciones podría yo emprender para mostrar el amor de Dios en mi propio ambiente?

 VIDA – ORACIÓN

Divina Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
presente y operante en la Iglesia y en lo más profundo de mi ser;
yo te adoro, te doy gracias y te amo.

Por medio de María, Reina de los Apóstoles,
me ofrezco entrego y consagro totalmente a ti
por toda la vida y para la eternidad.

A ti Padre del cielo, me ofrezco, entrego y consagro como hijo.
A ti, Jesús Maestro, me ofrezco, entrego y consagro como hermano y discípulo.
A ti Espíritu Santo, me ofrezco entrego y consagro como “templo vivo”,
para ser consagrado y santificado.

María, madre de la Iglesia y madre mía,
tú que vives en intimidad con la Trinidad Santísima,
enséñame a vivir, por medio de la liturgia y los sacramentos,
en comunión cada vez más profunda con las tres divinas Personas,
para que toda mi vida sea un “Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”. Amén.
(Beato Santiago Alberione).