“Mi Reino no es de este mundo”. Lectio Divina del evangelio del Domingo Solemnidad de Cristo Rey del Universo

VERDAD – LECTURA

Jn 18,33b-37

Hemos llegado al final del año litúrgico. Y la liturgia del día de hoy nos ofrece para nuestra consideración y oración el interrogatorio a Jesús por parte de Pilato, durante su proceso, según la versión ofrecida por el evangelio de Juan. El Maestro de Nazaret ha sido detenido en el Monte de los Olivos y ha sido llevado ante el Procurador romano. Éste debe hacerse una idea clara del delito de Jesús para condenarlo. La acusación es grave: se ha autoproclamado rey de los judíos. Pilato lanza directamente la pregunta a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos? La respuesta de de Jesús no se hace esperar y quiere indagar cuál es el pensamiento de Pilato, quiere indagar si éste piensa que él cree que Jesús es el rey de los judío o, por el contrario, ha sido influenciado por lo que otros han dicho de él. ¿Es Pilato un juez justo? ¿Actúa desde la equidad?

Pilato evade el pronunciarse al respecto; acaso, es él judío. Los acusadores son otros, sus propios conciudadanos son quienes le han entregado, y más en concreto, los gobernantes de su pueblo. Pilato quiere hacer ver a Jesús que ellos, junto a sus paisanos, son los responsables de su arresto.

Por tanto, para Pilato es un problema menor. Es algo que atañe sobre todo a los judíos, no es un problema que pueda afectar al gran Imperio Romano, aunque le pregunte acerca de lo que ha hecho. Sin embargo, Jesús no ha cometido ningún delito censurable.

Jesús continúa aclarándole la primera pregunta que Pilato le ha hecho, afirmando que él es rey, pero no es un rey al uso, su reino no es de este mundo. Si fuera de este mundo su guardia y sus súbditos se hubiesen rebelado para ayudar a su rey.

La realeza de Jesús se fundamenta en el servicio, en la paz, en la misericordia, en la acogida… lo ha ido mostrando y demostrando durante toda su vida pública. Su realeza no se basa en el poder, la violencia, la dureza. Su Reino proviene del Padre, directamente de Dios.

La respuesta sorprende a Pilato. No es para menos. No entiende el significado de las palabras de Jesús. Y Jesús sigue: “He venido al mundo para ser testigo de la verdad”. La verdad es la verdad de Dios, un Dios misericordioso, amable, bondadoso, amoroso, implicado en la vida de los hombres. Y la máxima expresión de ese amor de Dios será, precisamente, la entrega voluntaria de Jesús. Y todo aquel que es de la verdad, escucha la voz de Jesús y pone en práctica sus enseñanzas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Pilato entra en diálogo con Jesús, aunque sea para interrogarlo. En tu propia vida, ¿intentas entrar en diálogo con Jesús? ¿Con qué frecuencia?
  • “¿Dices esto por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?” nos dice el evangelio. ¿Cómo es tu conocimiento de Jesús? ¿Crees que le conoces realmente? ¿Lo conoces de oídas? ¿Parte tu conocimiento de lo que otros han dicho de Él o de tu propia experiencia?
  • ¿Qué sientes al oír a Jesús decir que su Reino no es de este mundo? ¿Qué significa eso para ti? ¿Eres consciente de que el Reino de Jesús es un Reino de servicio, de entrega desinteresada, de amor hasta el extremo?
  • “Todo el que es de la verdad escucha mi voz” ¿Intentas escuchar a Jesús, entender su Palabra, poner en práctica sus enseñanzas?

VIDA – ORACIÓN

            Hoy te proponemos orar con el Padrenuestro. Hazlo despacio, en él está el fundamento del Reino de Dios. Párate especialmente en las palabras “venga a nosotros tu Reino” y repara en los sentimientos, pensamientos y palabras que se va despertando en ti y en lo más profundo de tu corazón.

“SU PODER ES ETERNO Y NUNCA PASARÁ.” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Daniel 7,13-14

13Yo seguía contemplando en mis visiones nocturnas: En las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre; se dirigió hacia el anciano y se presentó ante él. 14Se le dio poder, gloria e imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder era un poder eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.

Un pequeño fragmento del libro del profeta Daniel que para entenderlo bien tenemos que enmarcarlo en el contexto más amplio del capítulo 7. En el que se narra una de las siete visiones de un israelita llamado Daniel, deportado a Babilonia en la época de Nabucodonosor.

Como sabemos este libro pertenece al género apocalíptico, el cual se caracteriza por narrar a través de símbolos la situación de opresión y sufrimiento del pueblo de Israel y su esperanza en la bondad de Dios que le librará de estas circunstancias que están viviendo.

En el capítulo siete del que forman parte estos dos versículos se narra un sueño en el que Daniel va viendo sucederse cuatro reinos diferentes, los cuales están representados por cuatro fieras. Esos cuatros reinos oprimen a Israel, pero no debe perder la esperanza, porque a ellos les sucederá otro reino de esplendor y liberación para el Pueblo elegido.

Cuando esto ocurra aparecerá el “hijo del hombre”. Para nosotros, familiarizados con el Nuevo Testamento, es fácil identificar a este con Jesús de Nazaret y Jesús utilizó en más de una ocasión este título para referirse a su persona. Sin embargo, aquí representa más bien al reino de los santos. Ese reino de Israel prometido como eterno a la dinastía davídica y que parecía haber desaparecido del horizonte. Un “hijo del hombre” o un reino como estamos viendo a quien Dios le dará un poder eterno y que será extensivo a todos los pueblos. Un reino que es a la vez divino y humano y contra el que se levantan, en muchas ocasiones, las fuerzas del mal. Aunque ese reino como afirma el fragmento con el que estamos orando no será destruido jamás.

Me resulta muy oportuna esta lectura en un día como hoy, en el que celebramos a Jesucristo como Rey del Universo, para hacernos caer en la cuenta que el reinado de Jesucristo no es de este mundo, que este reinado está amenazado por la fuerzas del mal, sin embargo, no tenemos que tener miedo y mantener la esperanza, pues Jesús ha vencido a las fuerzas del mal con su resurrección y su reino no tendrá fin. A nosotros nos queda seguir viviendo según la ley del amor, hasta la llegada definitiva de ese Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • En momentos de dificultad, de peligro, de obstáculos, ¿eres capaz de percibir la presencia de Dios? ¿Te diriges a él para pedirle ayuda? ¿Mantienes la esperanza y la confianza en Él?
  • ¿De qué manera transmites esperanza y confianza a los demás en momentos de dificultad o de dolor?
  • ¿Qué acciones realizas para que otras personas perciban la presencia del Reino de Dios entre nosotros?
  • ¿Intentas vivir cada día el mandamiento del amor hasta que se manifieste el Reino de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 62

2Mi alma sólo descansa en Dios, mi salvación viene de él; 3sólo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza; no sucumbiré.

4¿Hasta cuándo atacaréis a un hombre solo todos a una para derribarlo como una pared que se desploma o una tapia a punto de caerse?

5Desde su altura tratan de derrocarme, se complacen en la falsedad; con la boca bendicen y con el corazón maldicen.

6Mi alma sólo descansa en Dios, mi salvación viene de él; 7sólo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza; no sucumbiré.

8Mi gloria y mi salvación están en Dios, en Dios, mi roca de defensa y mi refugio.

9Confiad en él, oh pueblo, en todo tiempo; Dios es nuestro refugio.

10Los hombres del pueblo son un soplo, la gente ilustre, una mentira; cuando se los pone en la balanza, todos juntos pesan menos que un soplo.

11No esperéis nada de la violencia, no os hagáis ilusión con la rapiña; si llegáis a ser ricos, no pongáis vuestro corazón en las riquezas.

12Dios ha dicho una cosa, y luego otra; yo lo he oído; 13esto: que el poder es de Dios; de ti, Señor, es la lealtad; y esto: que tú pagas a cada uno según sus obras.

“SEGÚN LA PROMESA DEL SEÑOR.” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

1Reyes 17,10-16

10Elías se levantó y se fue a Sarepta. Cuando entraba por las puertas de la ciudad, vio a una mujer viuda, que estaba recogiendo leña. La llamó y le dijo: «Tráeme, por favor, en un vaso un poco de agua para beber».

 11Cuando ella iba por el agua, Elías le gritó: «Tráeme también un pedazo de pan».

 12Ella entonces replicó: «¡Vive el Señor, tu Dios!, que no tengo una sola torta; sólo tengo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la orza. Estaba recogiendo esta leña para prepararlo para mí y mi hijo, comérnoslo y luego morir».

13Elías le dijo: «No temas. Ve a casa y haz lo que has dicho, pero primero hazme a mí una torta pequeña y tráemela. Para ti y para tu hijo, la harás después. 14Porque esto dice el Señor, Dios de Israel: No se vaciará la tinaja de harina, ni la orza del aceite disminuirá hasta el día en que el Señor haga caer la lluvia sobre la faz de la tierra».

15Fue e hizo lo que Elías le había dicho, y tuvieron para comer él, ella y toda su casa durante algún tiempo.

16La tinaja de harina no se vació, ni disminuyó la orza del aceite, según la promesa que el Señor había hecho por medio de Elías.

Hoy vamos a orar con un fragmento del primer libro de los Reyes. Dicho libro era parte de una sola obra junto al segundo de los Reyes en la primitiva biblia hebrea. Dichos libros continúan el hilo histórico de los libros de Samuel. La historia de los libros de los Reyes abarca el periodo histórico que va desde los últimos días del rey David hasta el destierro de Babilonia.

Los protagonistas de estos libros, junto con los reyes, son, sin lugar a dudas, los profetas: Elías, Eliseo e Isaías. Hoy, precisamente, oramos con un fragmento del llamado ciclo del profeta Elías.

Mas que una historia en sentido estricto, los libros de los Reyes contiene una reflexión teológica sobre la historia de Israel y de Judá. En ella se enjuician los diferentes monarcas y los acontecimientos que condujeron al pueblo hasta la perdida de la tierra y el consiguiente destierro a Babilonia. Los reyes no son enjuiciados por sus derrotas o victorias en el terreno político o militar, sino por su fidelidad o infidelidad a la palabra de Dios contenida en la Ley y predicada por los profetas.

El texto con el que hoy oramos, no nos habla directamente acerca de ninguno de los reyes de Israel, sino que más bien quiere poner de manifiesto la confianza en la Palabra de Dios. Una Palabra que estimula a Elías a refugiarse en Sarepta, huyendo de la persecución de la reina Jezabel. Allí se encuentra con una mujer viuda, que no tiene siquiera un trozo de pan para llevarse a la boca.

Elías le pide precisamente que le ayude dándole algo de comer. Sin embargo aquella mujer lo único que tiene es un poco de harina y de aceite con la que se alimentarán or última vez ella y su hijo.

La generosidad de aquella viuda, semejante a la que nos encontramos hoy en el evangelio, es incuestionable. Ella se fía totalmente de la palabra de Elías acerca de la intervención de Dios para que la tinaja de harina, ni la orza de aceite se acaben.

La confianza en la palabra de Elías es confianza en la palabra de Dios y en la promesa de que Él siempre vela por su pueblo, especialmente de los más pequeños, débiles y necesitados: quien confía en el Señor no quedará nunca defraudado.

Mientras el pueblo de Israel es infiel a la Alianza, aquella extranjera de Sarepta muestra una confianza plena y total en la Palabra de Dios. ¡Cuánto tiene que enseñarnos esta pobre viuda a cada uno de nosotros en el día de hoy!

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Eres capaz de percibir el paso de Dios por la historia de tu vida? Intenta evocar momentos concretos
  • ¿Intentas estar atento a la voz de Dios que te habla en los acontecimientos diarios?
  • ¿Cómo es tu confianza en Dios? ¿Confías en Él plenamente hasta el punto de arriesgar lo poco que puedas poseer?
  • ¿Qué enseñanza sacas hoy para tu vida con la actitud y la actuación de esta pobre viuda?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 27

1El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?

2Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben. 3Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.

4Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.

5Él me dará cobijo el día de la desgracia, me esconderá en lo oculto de su tienda, me subirá a lo alto de la roca; 6así mi cabeza dominará a los enemigos que me cercan, en su tienda podré ofrecer sacrificios entre aclamaciones, cantando y ensalzando al Señor.

7Escucha, Señor, mi grito suplicante, ten compasión de mí, respóndeme.

8De ti mi corazón me ha dicho: «Busca su rostro»; es tu rostro, Señor, lo que yo busco; 9no me ocultes tu rostro, no rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio, no me abandones, no me dejes, oh Dios, salvador mío.

10Mi padre y mi madre me han abandonado, y el Señor me ha recogido.

11Enséñame, Señor, tus sendas y guíame por el camino recto, pues me están acechando; 12 no me entregues al capricho de mis perseguidores, pues se han alzado contra mí testigos falsos que respiran violencia.

13Yo estoy seguro que he de ver los bienes del Señor en el mundo de los vivos.

14Espera en el Señor, ten ánimo, sé fuerte, espera en el Señor.

“Amarás a Dios y a tu prójimo”. Lectio Divina del domingo XXXI del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 12,28b-34

Jesús se encuentra ya en Jerusalén. En los primeros días de su estancia ya ha tenido alguna que otra controversia con los dirigentes judíos: primero expulsando a los comerciantes y vendedores del Templo; luego, con los fariseos respecto a si es lícito o no pagar impuestos; a continuación, con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos.

En el pasaje con el que hoy oramos, nos encontramos con un escriba, es decir un especialista en la interpretación de la Escritura, alguien que se dedicaba precisamente a enseñar la Ley e interpretar la manera en que ésta debía aplicarse en situaciones concretas. Dicho escriba, después de ver cómo había Jesús respondido a unos y a otros, le pregunta acerca del mandamiento más importante de la Ley.

A nosotros puede parecernos una pregunta sin importancia. Sin embargo, en la época de Jesús no lo es tanto. Los judíos debían cumplir con 613 mandamientos: 365 prohibiciones (una por cada día del año) y 248 normas; es verdad que los rabinos distinguían entre graves y leves, pero exigían el cumplimiento de todos y cada uno de ellos.

Jesús responde con la Ley misma. Primero citando Dt 6,4, el shema, un versículo que los judíos recitaban a diario tres veces al día, por la mañana, a mediodía y por la tarde. Actualmente, todavía se lleva ese texto, junto al de Ex 13,1-10 y Dt 11,13-21, en un estuche atado con cintas de cuero alrededor del brazo izquierdo (el más cercano al corazón) y de la cabeza, es el tefilín, lo que nosotros conocemos como filacteria: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas.” Después cita Lev 19,18: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo.”

Para un cristiano ambos mandamientos van de la mano. Pero, unir estos dos mandamientos no se lo ha sacado Jesús de la manga; los profetas ya se lo habían recordado al Pueblo de Israel en más de una ocasión, de nada sirven los sacrificios y holocaustos, si uno se olvida del prójimo.

Pero, ¿quién es mi prójimo? ¿mi pariente, mi vecino, otro cristiano…? Para Jesús el prójimo es cualquier ser humano, sea de la raza que sea, profese la religión que profese, provenga de donde provenga, todo ser humano es prójimo del seguidor de Jesús, especialmente el más necesitado, el más débil, el más abatido, el más descorazonado, el más desanimado… Y, además, amarlo como a uno mismo. De esta manera no estaremos lejos del reino de Dios como aquel escriba. Pero, amando así ¿soy verdadero discípulo de Jesús? Pues, yo creo que el seguidor de Jesús debe amar al prójimo no sólo como a sí mismo, sino a la manera de Jesús: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado. No hay amor más grande que el de aquel que es capaz de dar la vida por sus amigos” (Jn 15,12s). Y los amigos de Jesús son toda la humanidad, por toda ella dio la vida y a toda ella vino a traer la salvación.

Yo concluiría con las palabras que Jesús pronunció después de la parábola del buen samaritano: “Anda, ve, pues, y haz tu lo mismo” (Lc 10,37b).

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • La cita de Dt 6,4 con la que Jesús responde al escriba comienza: Escucha, Israel. ¿Están tus oídos atentos a la voz de Dios? ¿Escuchas atentamente su palabra? ¿Estás con tu corazón, tu mente, tu alma, tus fuerzas físicas preparado para escuchar la Palabra?
  • ¿Verdaderamente amas a Dios por encima de cualquier otra cosa? ¿Lo amas con todas las consecuencias?
  • ¿Cómo es tu amor hacia el prójimo? ¿Amas a todos tus hermanos sin distinción, especialmente a los más débiles y necesitados? ¿Los amas al estilo de Jesús? ¿Sin esperar nada a cambio y entregándote totalmente a ellos?
  • ¿Existe algo en tu vida que te impide amar a Dios con todo tu ser y al prójimo al estilo de Jesús? ¿Alguna actitud, alguna conducta, alguna postura que debes desterrar de tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • Alaba a Dios por ser Él quien te amó primero.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte como tienes que amar a los demás.
  • Pide perdón por las veces que no has amado a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas… y al prójimo al estilo de Jesús.
  • Abandónate totalmente en el Espíritu Santo para que Él inspire tus actos de amor.

“AMA AL SEÑOR, TU DIOS.” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Deuteronomio 6,2-6

Moisés habló al pueblo diciendo: 2De este modo, respetarás al Señor, tu Dios, tú y tus hijos y tus nietos, guardando todos los días de tu vida todas las leyes y mandamientos que yo te impongo hoy, y de esta manera viváis largos años.

3Escúchalos, Israel, y procura practicarlos, para que seas dichoso y te multipliques según la promesa del Señor, el Dios de tus padres, en esta tierra que mana leche y miel.

4Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor. 5Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

6Graba sobre tu corazón las palabras que yo te dicto hoy.

La liturgia nos invita a orar con un fragmento del libro del Deuteronomio en el que se exhorta al pueblo de Israel a permanecer fiel a la Alianza establecida con Dios en el Monte Sinaí. Los israelitas mientras sean fieles a la misma serán dichosos; es decir, felices. No son simplemente unas normas que hay que cumplir sin más, sino que Dios las pacta con su Pueblo para que sean verdaderamente felices. Ello únicamente han de respetar a Dios, acercándose a él, escuchando su palabra y poniéndola en práctica.

Los versículos 4 y 5 constituyen la oración que todavía a día de hoy todo judío piadoso recita tres veces al día: el Shemá (escucha). Ese es el primer mandamiento que Dios quiere poner en el corazón del ser humano. Escucha las palabras que hoy te digo, escucha aquello que quiero comunicarte para que seas feliz.

Dios le dice a los Israelitas y a nosotros en el día de hoy que quiere establecer una alianza de amor con cada uno de nosotros en particular; lo único que tenemos que hacer es corresponder a ese mismo amor que Dios nos regala, para ello todas nuestras facultades han de estar orientadas hacia el amor de Dios; de ahí que haya que amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

Dios nos ofrece y nos regala su amor de manera gratuita. ¿Corresponderemos nosotros de la misma manera?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios no sólo establece su Alianza con el pueblo de Israel, también la establece contigo, ¿eres consciente de ello?
  • ¿Acoges los mandamientos no como simples normas, sino como un medio para alcanzar la felicidad?
  • ¿Intentas en tu día a día escuchar la voz de Dios? ¿Reservas algún momento para escuchar la Palabra de Dios?
  • ¿De qué manera intentas corresponder al amor gratuito de Dios en tu día a día?
  • Amar a Dios es también amar a los hermanos intenta no olvidarlo en tu vida cotidiana.

VIDA – ORACIÓN

Salmo 143

1Señor, escucha mi oración, presta oídos a mis súplicas; por tu fidelidad y tu justicia, respóndeme.

2No entables juicio contra mí, pues ante ti ningún viviente es justo.

3Mis enemigos me atacan y me arrastran por el suelo, me encierran en estancias tenebrosas, como a aquellos que murieron hace tiempo.

4Se me apaga el aliento y dentro el corazón se me consume.

5 Me acuerdo de los tiempos pasados, medito en tus acciones y reflexiono en las obras de tus manos,

6tiendo mis manos hacia ti; sediento estoy de ti como una tierra seca.

7Date prisa, Señor, respóndeme, que me falta el aliento; no me escondas tu rostro, como a los que bajan a la tumba.

8Hazme sentir tu amor por la mañana, pues confío en ti; enséñame el camino que tengo que seguir, pues me dirijo a ti;

9líbrame, Señor, de mis enemigos, pues me cobijo en ti;

10enséñame a cumplir tu voluntad, pues tú eres mi Dios; tu espíritu bueno me conduzca por una tierra llana.

“¡Señor, Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Lectio Divina del domingo XXX del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 10,46-52

En los pasajes evangélicos de los domingos anteriores, hemos podido comprobar, cómo Jesús iba instruyendo a sus discípulos acerca del verdadero significado de su seguimiento. Los apóstoles no comprenden ese estilo de seguimiento, ni el porqué del estilo de mesianismo de Jesús, que nada tiene que ver con el concepto que ellos tenían. Los discípulos todavía están aferrados al poder, a los privilegios, a los primeros puestos, en los que no tiene cabida el servicio, la entrega, el amor incondicional a Dios y a los hermanos (Recordemos el evangelio del domingo pasado).

En este contexto, podemos ver el fragmento con el que hoy oramos, como una llamada al verdadero seguimiento de Jesús. Bartimeo es el modelo de seguimiento y discipulado de Jesús, y por tanto, ejemplo para todos los seguidores de éste.

Bartimeo se encuentra al borde del camino. Es decir fuera del mismo. No se encuentra haciendo camino. Está estático. No está en el camino del seguimiento de Jesús. Es más aparece sentado. Una postura que acentúa aún más, si cabe, su inmovilidad. Se encuentra estancado en su propia vida. Una vida, posiblemente, aferrada a las antiguas tradiciones del pueblo judío y por tanto al concepto que éste tenía del mesianismo, lo cual viene simbolizado por el manto. El manto de la marginación y de la exclusión, pues a pesar de todo, era una persona que se encontraba fuera de la sociedad, precisamente por su ceguera y que estaba a merced de la caridad de otras personas, para quienes pasa, totalmente, desapercibido. Nadie había reparado en él, hasta que se pone a gritar. Un grito desgarrador, que pretende llamar la atención de Jesús, para que le saque de la situación en la que se encuentra, recurriendo, precisamente a la misericordia del Maestro de Nazaret.

Aquellos que rodean a Bartimeo, y que van siguiendo a Jesús, le reprenden e intentan obligarlo a callar. Él , sin embargo, no se da por vencido, y grita aún más fuerte. Aquella voz estaba repleta de fe en el Mesías prometido. Lo cual obligó a éste a detenerse y hacerlo llamar. El ciego rápidamente, de un salto, dejó el manto, símbolo de su seguridad, de sus certezas, de sus convicciones, y la única manera que tenía para poder sacar el sustento diario y se entrega totalmente en las manos de Jesús. La gente le ayuda a acercarse a Jesús.

El diálogo entre ambos es brevísimo: “¿Qué quieres que haga por ti?” “Maestro, que pueda ver”. “Anda tu fe te ha curado”. E, inmediatamente, vio.

Este magnífico relato de Marcos concluye diciéndonos que aquel que antes era ciego, ahora le sigue por el camino. El camino que está llevando a Jesús hacia Jerusalén. El camino que culminará en la pasión, muerte y resurrección del Maestro. El camino que todo aquel que quiera ser discípulo de Jesús ha de seguir y recorrer. El camino de la unión íntima y total con Jesús y con la suerte que este va a correr. El camino que conduce al Reino y a la vida verdadera.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Es muy probable, que no te falte el sentido de la vista, pero ¿eres capaz de descubrir el paso de Dios en tu vida? ¿eres capaz de reconocer la mano de Dios en los acontecimiento diarios? ¿te fías incondicionalmente de Dios y te abandonas a su amor y misericordia?
  • ¿Te encuentras al borde del camino o en el sendero del seguimiento de Jesús?
  • ¿Sigues aferrado, como los discípulos, a tus seguridades, a tus certezas, a tus convicciones? ¿Sigues pensando que el seguimiento de Jesús consiste en ser el primero, en tener poder y privilegios? ¿Qué te impide dejar a un lado tu manto?
  • ¿Eres capaz de gritar desgarradamente, de alzar tu voz por encima de las demás, de hacerte oír aunque existan circunstancias que te lo quieran impedir?
  • ¿Eres capaz de seguir a Jesús por el camino, por su camino, por la senda que lleva a Jerusalén, con lo que ello conlleva y sabiendo que ese camino puede traerte dificultades, obstáculos, problemas inconvenientes? ¿Qué necesitas hacer para ponerte en camino?

VIDA – ORACIÓN

La oración del ciego Bartimeo, algo desconocida para nuestro contexto cristiano occidental, es, sin embargo, muy conocida y apreciada por nuestros hermanos de rito oriental (católicos y ortodoxos): la oración de Jesús u oración del corazón. En la obra El Peregrino ruso podemos descubrir la dulzura, importancia y dimensión de esta oración, con la que muchos de esto hermanos nuestros oran a modo de jaculatoria: “¡Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” La invitación que queremos hoy hacerte es a profundizar en esta oración y en su práctica. Y repitas despacio esta invocación en distintos momentos del día y luego continúes practicándola: “¡Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”

“El que quiera ser el primero, sea esclavo de todos”. Lectio Divina del domingo XXIX del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 10,35-45

¿Qué significa ser discípulo de Jesús? ¿En qué consiste el camino del discipulado? ¿Cómo debemos comportarnos cuando tenemos un puesto relevante?

El evangelio de hoy es claro: tener el primer puesto consiste en servir a los demás; el primer puesto ha de ser entendido como un servicio al otro, incluso hasta dar la propia vida, lo mismo que hizo Jesús.

A pesar de la claridad de Jesús, con respecto a su misión en la tierra: padecer, morir y resucitar al tercer día; los discípulos siguen pensando en el poder, en el primer puesto, en que les sirvan en lugar de servir; aunque no sea aquí en la tierra.

Ante aquella propuesta, de los apóstoles, Jesús les pregunta: “¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con el que yo me voy a bautizar?”. Porque, en eso consiste precisamente el seguimiento de Jesús: beber su mismo cáliz y bautizarse con su mismo bautismo.

Lo harán después de la resurrección de Jesús. Pero, hemos de tener en cuenta que, Dios no hace distinciones, no tiene preferencia; cada uno de nosotros tenemos nuestro puesto, el propio, el nuestro, el que nos está reservado desde toda la eternidad.

Ante la propuesta de los dos hijos de Zebedeo, los otros diez discípulos se enfadan contra los dos hermanos. A pesar de que no tendría por qué, pues también ellos ambicionan los primeros puestos, también ellos quieres el poder, también ellos quieren que les sirvan.

Como verdaderos discípulos de Jesús, hemos de quitarnos esta ambición de nuestra mente y de nuestro corazón, pues quien se convierte en seguidor del Maestro de Nazaret ha de ser siervo, ha de acoger, cuidar y servir a los demás, especialmente a los más pobres, a los más necesitados, a los que nadie acoge y cuida, a los excluidos.

Nuestro primer puesto no puede parecerse a lo que el mundo piensa, ni podemos actuar como actúa el poder terrenal; el que es grande en la Iglesia no puede, en ningún momento, ser opresor, orgulloso o prepotente; ha de ser líder al estilo de Jesús: animando, invitando y sirviendo a todos. Aquel de nosotros que quiera ser el primero, que quiera ser el jefe, que quiera ser el director, debe ser el servidor de todos. Claro, que es actuar contracorriente, claro que es actuar de manera diversa, claro que es ser diferente; pero ese fue y es el camino que Jesús no muestra para todos sus discípulos. Y, tengamos en cuenta que, todos nosotros tenemos nuestro propio ámbito de poder, aunque sea pequeño.

Hemos de poner al servicio de los otros, nuestras capacidades, nuestros talentos, nuestros carismas. Y hacerlo de manera consciente y libre,  entregando incluso, si es necesario, la propia vida; lo cual no significa literalmente tener que morir; si no dar y darse,  entregar y entregarse, donar y donarse.

Jesús nos ha mostrado el camino, Jesús nos ha precedido, Jesús nos ha presentado su modo de vida; ahora, recorrer el camino, vivir la vida de Jesús está en nuestras manos: ¿Podremos beber el cáliz que él bebió y bautizarnos con el bautismo con que él se bautizó?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué pides a Jesús en tu oración? ¿Qué camino le estás pidiendo recorrer? ¿Cuál es tu deseo más profundo?
  • ¿Qué significado tiene para ti ser discípulo de Jesús? ¿Ser cristiano es tener un buen puesto, ser el primero, poder alcanzar el prestigio, poseer un puesto de superioridad? ¿Qué significa para ti tener el primer puesto?
  • ¿Eres capaz de aceptar el primer puesto, sabiendo que éste consiste en estar al servicio de los demás?
  • Ser el primero al estilo de Jesús es acoger, cuidar y servir especialmente a los más pequeños, pobres y oprimidos, ¿eres consciente de ello? ¿Estás dispuesto asumir las consecuencias? ¿Incluso el entregar la vida libremente?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícale porque tiene tu puesto reservado para ti desde toda la eternidad, tu puesto propio y no el de otro.
  • Da gracias a Jesús por haberte mostrado el camino verdadero del poder y el comportamiento que has de seguir si tienes un puesto de superioridad.
  • Pide al Espíritu que te ayude a poner al servicio de los demás tus cualidades, tus capacidades, tus talentos, tus carismas, tu vida.
  • Asume algún compromiso en favor de las personas que te rodean, especialmente las más necesitadas.

“VERÁ LA LUZ Y QUEDARÁ COLMADO”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Isaías 53,10-11

10El Señor quiso destrozarlo con padecimientos. Si él ofrece su vida por el pecado, verá descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá gracias a él.

11Después de las penas de su alma, verá la luz y quedará colmado. Por sus sufrimientos mi siervo justificará a muchos y cargará sobre sí las iniquidades de ellos.

El pasaje que hoy nos ofrece la liturgia, se encuentra dentro del llamado “libro de la consolación”. Una serie de capítulos del profeta Isaías, en los que el autor quiere transmitir esperanza, consuelo, confianza, ilusión a su Pueblo desterrado en Babilonia.

Nos presenta al Siervo de Yahveh, un personaje algo enigmático, que está llamado a ser instrumento en la obra de la salvación de Dios. Aunque en un principio, pueda parece que su misión está abocada al fracaso, que sufrirá incomprensión, persecución, desdicha, padecimiento, nada de esto tiene la última palabra; pues, ofreciendo su vida tendrá una larga vida y será colmado de bendición; la voluntad de Dios se cumplirá gracias a él.

Dios sobre todo quiere librar al hombre del pecado y de la muerte, que lo alejan de Él. Dios quiere, que el hombre entre en comunión con Él, quiere ser su amigo, su compañero de camino, su apoyo en los momentos de dificultad. Aunque el ser fiel a esta amistad con Dios, puede traerle consecuencias insospechadas: rechazo, calumnias, persecución.

Pero no sólo eso, sino que el amigo de Dios, ha de ser capaz también de cargar con las dolencias, las dificultades, las desdichas, congojas de los demás. Sí, lo mismo que Dios es nuestro compañero de camino, cuando nos encontramos en cualquier aprieto o apuro, quiere que nosotros hagamos lo mismo con aquellas personas que se encuentran en nuestro camino, aunque ello nos acarree problemas o incomprensiones.

Enlazando con el evangelio, se hace imprescindible que nos pongamos al servicio de los demás, sobre todo si tenemos algún puesto de liderazgo, sobre todo para ser apoyo, consuelo, soporte, cimiento del que más lo necesita. El discípulo de Jesús ha de convertirse en siervo, dispuesto a echar una mano en cualquier situación y a cualquier persona, poniendo en juego todas sus potencialidades, recursos y cualidades. Esto hará que sea luz para los demás y sentirá la satisfacción del deber cumplido, aunque nadie se lo agradezca. ¿Estamos dispuestos a hacernos siervos?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Qué significa para ti ser siervo del Señor?
  • ¿Estás dispuesto a ser instrumento de salvación en la manos de Dios? ¿Estás dispuesto a dejarte modelar por Él?
  • ¿Cómo afrontas las dificultades, los fracasos, las incomprensiones que aparecen en tu vida cotidiana, sobre todo por ser fiel a tus principios como seguidor de Jesús?
  • ¿Eres luz, esperanza, consuelo, soporte para aquellos que se encuentran en dificultades?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 17

Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza, mi roca, mi fortaleza, mi libertador, mi Dios, mi roca donde yo me refugio, mi escudo protector, mi salvación, mi asilo.

¡Alabado sea Dios! Yo le invoco y salgo victorioso de mis enemigos.

Las olas de la muerte me envolvían, los torrentes del averno me espantaban, los lazos del abismo me liaban, se tendían ante mí las trampas de la muerte.

Clamé al Señor en mi angustia, alcé mi grito hacia mi Dios, y él escuchó mi voz desde su templo, mi grito llegó hasta sus oídos.

[…]

Oh Dios, tu camino es perfecto, la palabra del Señor se cumple siempre, él es el escudo de los que se refugian en él.

“Vende lo que tienes, luego ven y sígueme”. Lectio Divina del Evangelio del domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 10,17-30

Nos volvemos a encontrar a Jesús itinerante, en camino, según el contexto de los capítulos precedentes, hacia Jerusalén, donde Jesús sufrirá la pasión, se enfrentará a la muerte y, al tercer día, resucitará.

Entonces, alguien corre a su encuentro, se arrodilla ante él, reconociendo su dignidad y grandeza, y le pregunta: “¿qué haré para heredar la vida eterna?” Ante esta pregunta, podemos entrever como este hombre cree en la vida eterna; aunque, eso sí, por su propio esfuerzo personal: ¿Qué tengo que hacer?

Además, hay que tener en cuenta, que él cumple los mandamientos. Pero no. Eso no es suficiente. Jesús, mirándolo con amor, lo llama a un seguimiento muy especial y particular: sólo quien es capaz de darlo todo por los demás en el seguimiento de Jesús podrá entrar en el Reino. No quiere decir que entre los seguidores de Jesús no pueda haber personas que tienen riquezas, sino que quien tiene su corazón puesto en esas riquezas no puede ser seguidor de Jesús; las posesiones de cada uno de nosotros tienen que estar al servicio de los otros. Y no pensemos únicamente en la riqueza económica, aunque también; podemos estar apegados a muchos otros bienes: nuestro tiempo, nuestro estatus, nuestro puesto, nuestras relaciones, nuestra belleza, nuestro talento, nuestras habilidades…

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la salvación es puro don, aunque requiera un cierto esfuerzo por nuestra parte. Ese esfuerzo pasa por el amor incondicional a los hermanos, pasa por hacernos pobres de manera voluntaria y entregarlo todo, incluso la vida, si es necesario, por los demás, al estilo de Jesús.

Aquel hombre tenía muchos bienes, y, al parecer éstos era algo imprescindible en su vida y a lo que no quería renunciar, por lo que opta por marcharse. De ahí la afirmación de Jesús: “¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero!” Pues, únicamente, quien pone su confianza plenamente en Dios puede llegar a alcanzar el Reino, sólo aquel que pierde la vida por los hermanos, puede alcanzar el Reino. No obstante, la salvación no depende exclusivamente de nosotros mismos, ni de nuestros méritos. La salvación es un don gratuito de Dios y para él todo es posible.

Después de esto, Pedro en nombre de los demás discípulos, pregunta a Jesús qué va a ocurrir con ellos, que lo han dejado todo por seguirlo. Jesús, llamándoles hijos (término entrañable y cariñoso), les enseña que, a pesar de todas las dificultades, los obstáculos y persecuciones, que puedan encontrar en el camino del seguimiento, la recompensa será aún mayor. En el seguimiento de Jesús, encontrarán aún más riquezas, fruto de todo lo que se comparte, y una nueva familia, la Iglesia, la familia de los seguidores de Jesús. Y en el futuro, la vida eterna del Reino. Aquel que renuncie a todo por amor a Dios y a los hermanos, comenzará a experimentar el Reino aquí en la tierra. La renuncia se convertirá en plenitud. En la unión con Jesús y en el seguimiento del evangelio se experimentará el amor incondicional del Padre y de la comunidad: la Iglesia.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Te encuentras en camino hacia el seguimiento de Jesús y del evangelio?
  • ¿Te has preguntado alguna vez qué tienes que hacer para heredar la vida eterna? ¿Crees que ésta es puro don, aunque requiere también de tu esfuerzo? ¿Estás dispuesto a asumir ese esfuerzo?
  • ¿Cuál es tu reacción y cómo asumes las palabras de Jesús cuando te dice a ti, personalmente: “vende lo que tienes y da tu riqueza a los pobres? (Recordamos que la riqueza puede referirse no únicamente a lo económico)
  • ¿De qué manera comparto mis riquezas con los demás? ¿Estoy dispuesto a renunciar a todo por amor y confiar únicamente en Dios, sabiendo que en esa renuncia encontraré una riqueza aún mayor?
  • ¿Reconozco en la Iglesia a mi familia, la familia de los hijos de Dios?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícale por habernos regalado el Reino.
  • Da gracias a Jesús por regalarnos el don de poder gustar, aunque de un modo imperfecto, aquí en la tierra, los dones y las alegrías del Reino.
  • Pide al Espíritu, que te ayude a entregarlo todo a los hermanos por amor a ellos, a Dios y al seguimiento del Evangelio.
  • Pide perdón a Dios, por las ocasiones en las que tu corazón está apegado a tus riquezas y no eres capaz de compartirlas con los demás.

«LA SABIDURÍA ES UNA RIQUEZA INCALCULABLE»  LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Sabiduría 7,7-11

7Supliqué, y me fue concedida la prudencia; oré, y vino a mí el espíritu de sabiduría. 8La preferí a los cetros y a los tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza. 9Ni la comparé a piedra inestimable, pues todo el oro en su presencia es un poco de arena, como lodo es reputada la plata ante ella. 10La amé más que a la salud y la belleza y preferí su posesión a la misma luz, porque su resplandor es inextinguible. 11Me vinieron con ella todos los bienes, pues ella tenía en sus manos una riqueza incalculable.

Hoy, la liturgia, en la primera lectura nos vuelve a ofrecer un pasaje del libro de la Sabiduría. Con el cual ya hemos rezado en alguna otra ocasión.

Recordemos que dicho libro se inscribe dentro de la llamada “literatura sapiencial”. La cual, tiene como objetivo ofrecer una guía práctica de hábitos para que la persona pueda desarrollarse satisfactoriamente en su vida cotidiana.

El libro de la Sabiduría quiere salir al paso del conflicto que existía entre la fe tradicional de Israel y la influencia que ejercía la pujante cultura helenista. En él se nos describe cómo la verdadera sabiduría es un don de Dios, que Él mismo comunica.

En el pasaje que hoy nos ocupa, vemos como el autor invoca y suplica a Dios el don de la sabiduría, siendo consciente, como hemos dicho anteriormente, que esta es un don de Dios, que uno no la  obtiene por méritos o esfuerzos propios. Lo cual no quiere decir, que nos tengamos que dormir en los laureles, esperando la intervención de Dios. Hemos de hacer nuestra elección y tener en cuenta nuestras prioridades.

El autor del texto ha preferido la sabiduría y la ha puesto por encima, en su escala de  valores; por encima de los cetros, los tronos, las riquezas, la piedra más inestimable, el oro, la plata, la salud, la belleza y la luz. La sabiduría, o si preferimos el conocimiento, la experiencia, la unión con Dios está por encima de cualquier otra riqueza.

Desde un punto de vista cristiano y teniendo en cuenta el evangelio de hoy podemos reflexionar sobre ¿dónde tenemos puesto nuestro corazón: en nuestras riquezas materiales, en nuestras capacidades o habilidades, en nuestros actos y nuestras propias fuerza…? O por el contrario, ¿nuestro bien más preciado es la verdadera Sabiduría: Jesús de Nazaret?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Tienes en cuenta en tu vida cotidiana cual debe ser tu prioridad principal? ¿Cuál es? ¿Qué es lo que está por encima de cualquier otra cosa?
  • Salomón cuando iba a ser coronado rey, le pidió a Dios el don de la sabiduría, un corazón capaz de discernir, ¿haces tú lo mismo? ¿Eres consciente de que la sabiduría es un don de Dios?
  • ¿En tu vida cotidiana tienes presente las enseñanzas de Jesús y la experiencia que has hecho de Él? ¿Es Él la verdadera sabiduría de tu vida?
  • ¿Qué haces en tu día a día para que, de alguna forma, otros puedan descubrir la Sabiduría de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 111

1¡Aleluya! Doy gracias al Señor de todo corazón en la reunión de los hombres justos y en la asamblea general.

2Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

3Su obra resplandece de esplendor y su justicia permanece para siempre.

4Él ha hecho memorables sus milagros, el Señor es misericordioso y lleno de ternura.

5Él da de comer a sus leales y recuerda siempre su alianza.

6Manifiesta a su pueblo el poder de sus obras, dándole la heredad de las naciones.

7Verdad y justicia son las obras de sus manos, todos sus preceptos son estables,

8inmutables por los siglos de los siglos, fundados en el derecho y la verdad.

9Envió a su pueblo la liberación y estableció para siempre la alianza: santo es su nombre y venerable.

10El temor del Señor es el principio de la sabiduría, los que la practican son gente lista: su alabanza permanece eternamente.