“SOY YO EN PERSONA” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO III DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – MEDITACIÓN

Evangelio: Lc 24,35-48

El fragmento del evangelio, que hoy nos ocupa, comienza con el final del relato de los Discípulos de Emaús, en el que se nos cuenta lo que les había ocurrido por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Ellos tienen necesidad de compartir su experiencia, de cómo habían reconocido al Resucitado, precisamente durante una liturgia eucarística. El lugar en el que cada domingo, Jesús se hace presente a la comunidad cristiana en forma de pan y vino.

A continuación, Lucas nos narra el recuerdo de una de las diversas manifestaciones de Jesús, después de su resurrección. La estructura del relato es muy parecida a otros pasajes similares: aparición repentina de Jesús resucitado, los discípulos son incapaces de reconocerlo, la recriminación de Jesús, la alegría y el asombro al reconocerlo.

Los discípulos se encuentran reunidos, posiblemente comentado lo acontecido a los caminantes de Emaús, a las mujeres y a Pedro; entonces, Jesús se coloca en medio de ellos y los saluda el saludo de paz, según la costumbre judía, pero que para Lucas tiene connotaciones mesiánicas. Y, además, es precisamente lo que Jesucristo viene a traernos: Paz.

A pesar de haber escuchado los relatos anteriores de las mujeres, de los dos discípulos de Emaús, de Pedro y del discípulo amado, ellos dudan, se sobresaltan, se sorprenden… creen ver un espíritu. Estamos ante una teofanía, ante una manifestación de Dios. Ya en el AT nos encontramos con que, las manifestaciones de Yahveh producen esos síntomas: sorpresa y duda.

Para ayudarles a superar su turbación, les muestra las señales de la crucifixión… Soy yo… No es fruto de su imaginación. Es alguien real con carne y huesos, aunque glorificados.

No acaban de creérselo. Es imposible. La pregunta y la duda es lógica: ¿Cómo es posible que estemos viendo al mismo que murió en una cruz? Necesitan más pruebas.
Entonces, Jesús les pide algo de comer. Le ofrecen un pescado y comió delante de ellos. Lucas quiere reafirmar la realidad física del Resucitado. Es el mismo Jesús con el que habían convivido por los caminos polvorientos de Galilea, el mismo Jesús que había celebrado con ellos la última cena, el mismo Jesús que habían visto morir en una cruz. El mismo Jesús, sólo que glorificado por Dios Padre.

Concluye el relato, haciéndoles comprender a los discípulos lo que de él estaba escrito en las Sagradas Escrituras. Era necesario llevarlas a su pleno cumplimiento. El Antiguo Testamento sólo es posible comprenderlo y asimilarlo a la luz de la vida y la obra de Jesús. El plan que Dios tenía desde toda la eternidad se ha cumplido en Jesús de Nazaret. Un plan de Dios cuya finalidad era la salvación de todos los hombres.

Concluye el relato con el envío de los discípulos a la misión: anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva para que, al convertirse en personas nuevas obtengan el perdón de los pecados. Ellos ahora tiene que ser testigos de lo que han visto y oído. Tienen que ser testigos de su vida, de su pasión, de su muerte, pero sobre todo de su resurrección. A partir de ahora y hasta el fin de los tiempos tienen que ser testigos de Jesús. Nosotros, aquí y ahora, debemos ser testigos del amor de Dios, del amor de Jesús. Testigos de que él vive entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Sabes reconocer la presencia de Jesús cuando éste se manifiesta en tu vida?

• Cada domingo podemos ver y tocar a Jesús en la celebración de la eucaristía ¿Eres consciente de ello?

• Ante la manifestación real de Jesús, ¿Cuál es tu reacción? ¿Ocurre como con los discípulos, no acabas de creértelo, por la duda, por el miedo, por la alegría?

• Jesús nos envía a todos los que creemos en Él a ser testigos de su vida, de su obra y de su resurrección ¿Te sientes verdaderamente enviado? ¿Estás dispuesto a asumir la misión que Jesús te ha encomendado?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por el gran amor que te tiene y por el regalo de manifestación de Jesús en tu vida

• Da gracias a Jesús por ayudarte e iluminarte en tus dudas, tus miedos y tus dificultades.

• Ofrécele tu vida para ser testigo de la vida, la obra y la resurrección de Jesús.

• Pídele que te ayude a llevar a cabo la misión de ser testigo de la obra, la vida y la resurrección de Jesús.

• Asume el compromiso de ser testigo de Jesús Resucitado.

Lectio Divina del Evangelio de la fiesta de la Sagrada Familia – Ciclo B

Verdad – Lectura

Lc 2,22-40

            El texto del evangelio con el que vamos a orar hoy, podemos dividirlo en dos partes: la presentación de Jesús en el Templo y la subida a Jerusalén, cuando Jesús tenía doce años, con motivo de la pascua.

            La primera parte del relato comienza narrándonos la purificación de María y la consagración de Jesús. Ambos acontecimientos fueron llevados a cabo por los padres de Jesús para cumplir la Ley de Moisé. El libro del Levítico ordenaba que a los cuarenta días del alumbramiento, si la criatura era niño, debía de realizarse el rito de purificación en el templo, a los ochenta días si era niña (Lev 12,1-8). Para dicho rito había que ofrecer un cordero, pero a los pobres les estaba permitido ofrecer dos tórtolas o dos pichones; uno de ellos era ofrecido como holocausto y el otro como sacrificio por el pecado.

            Pero además, el libro del Éxodo ordenaba que todo primogénito del Pueblo de Israel debía ser consagrado a Dios (13,2.11-16; 34,20), aunque podía ser rescatado pagando cinco ciclos de plata (Núm 18,15; 1Sam 1,24-28).

            El evangelista Lucas, con la narración de estos dos hechos quiere destacar la fidelidad de los padres de Jesús a la Ley. Y dichos acontecimientos tendrán lugar en Jerusalén, en el Templo de Dios. La Ciudad Santa es el centro neurálgico del plan divino de salvación, aunque haya muchos que quieran impedirlo: allí murió Jesús, allí resucitó, de allí partió la proclamación del evangelio a todos los confines del mundo.

            El relato continúa con el testimonio de Simeón y Ana.

            A él se refiere el evangelista como un hombre justo, piadoso, que esperaba al Mesías y que el Espíritu Santo estaba con él.

            Justo y piadoso significa que era una persona integra sobre todo en el campo religioso. La expresión «que esperaba al Mesías» significa que era un hombre de fe que esperaba la salvación prometida por Dios a Israel mediante los profetas. Y el que el Espíritu Santo estaba con él quiere decir, que según la tradición bíblica, era profeta (cf. Is 11,2).

            Simeón había recibido la revelación de Dios de que no moriría son haber visto al Salvador; por lo que impulsado por el Espíritu, va al Templo y allí toma al niño en sus brazos y bendice a Dios por haberle dado este regalo. Los padres de Jesús están admirados por las palabras de Simeón. A ellos les refiere que Jesús será signo de contradicción, unos le acogerán y otros lo rechazarán. Y a María una espada le atravesará el alma. María participará de la pasión, muerte y resurrección de Jesús por lo que se convertirá en corredentora de la humanidad.

            Por su parte, el testimonio de Ana, sirve para completar la imagen de los profetas, hombres y mujeres que han sido enviados por Dios para ser testigos de la venida del Mesías. Ana estaba totalmente consgrada a Dios, por lo que no se apartaba en ningún momento del Templo, dedicándose al ayuno y la oración. De ella, se nos ofrecen dos notas características: estuvo casada siete años, número que indica la perfección; y al quedar viuda, hasta los ochenta y cuatro años no se apartaba del Templo, que es siete veces doce. También ella esperaba la venida del Mesías.

            De esta manera, se cumplen las prescripciones recogidas en la Ley. Y entonces, la familia de Jesús regresa a Nazaret, en la región de Galilea. Allí, «Jesús crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él» (Lc 2,40). Con lo cual se iba desarrollando como ser humano, la sabiduría de la que está lleno no es la sabiduría de los hombres, sino la sabiduría de Dios, pues la gracia, el amor de Dios estaba con él.

Camino – meditación

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimiento, emociones, inquietudes… despierta en ti?
  • ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es tu postura ante los testigos del evangelio?
  • También tu has sido llamado para ser testigo de la presencia de Jesús en el mundo, ¿estás  dispuesto, lo mismo que Simeón y Ana?
  • ¿Qué sientes al saber que Jesús era miembro de una familia como cualquier otra persona?
  • ¿Qué puedes hacer para consolidar tus vínculos familiares para que se parezca más a la familia de Nazaret?

Vida – Oración

Oración a María por la familia

Ven, María, entra y habita en esta casa que nosotros te ofrecemos y consagramos a ti.

Sé bienvenida: Te recibimos con alegría de hijos. Nos sentimos, pequeños, humildes e indignos, pero tú eres todo bondad y quieres establecer tu morada y la de la Sagrada Familia de Nazaret con y en tus hijos más necesitados.

Te acogemos a Ti, a José y a Jesús para que viváis entre nosotros. Concédenos las gracias que sabes más necesitamos, tanto materiales como espirituales.

Sé instrumento de luz, gozo y santificación en nuestra familia, como lo fuiste en la Familia de Nazaret,

Aumenta en nuestra familia la fe, la esperanza y el amor. Infúndenos el espíritu de oración.

Que la Sagrada Familia esté siempre presente en la nuestra, concédenos el don de la felicidad plena y que todos podamos reunirnos un día contigo en el cielo.

“Preparad el camino”. Lectio Divina del evangelio del IV Domingo de Adviento – Ciclo B

Foto de Louis en Pexels

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Lc 1,26-38

Estamos ya en el último domingo de Adviento.  El nacimiento es inminente. Ese nacimiento que ya había anunciado el profeta Isaías: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa “Dios-con-nosotros”» (Is 7,14), porque las promesas del Antiguo Testamento, se cumplen en el nuevo: «El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la Virgen era María».

Es importante, para el evangelista Lucas, contarnos que el Mesías es un hombre como nosotros: tiene  un padre, José, y una madre, María; pero también es divino, por eso, el mismo ángel Gabriel, es enviado por Dios y saluda a María, la virgen que anunciaba el profeta Isaías, con estas palabras: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Saludar así a María es reconocerla bendecida por Dios entre todas las mujeres pero ella, una joven sencilla, de Nazaret, no entendía a qué venía aquella visita y«se turbó grandemente», se alteró, estaba confundida, aturdida y«se preguntaba qué saludo era aquel». A fin de cuentas, es lo más natural, porque no todos los días el ángel Gabriel visitaba a las jóvenes de Nazaret y la tuvo que serenar diciendo:«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios». Encontrar «gracia ante Dios» es algo así como decirle: “El Señor te ha elegido”, se ha fijado en ti porque quiere poner en ti su morada. De ahí que el anuncio que le hace el ángel a la Virgen sea: «Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo». Esa será la primera morada que conozca el Hijo: el seno de su madre.

Y si bien, todos los padres eligen para su hijo el nombre que quieren, Dios ya ha pensado en el nombre: «le pondrás por nombre Jesús» porque «será grande, se llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios, le dará el trono de David, su padre». Porque José, es hijo de David, de su estirpe, esa estirpe que san Lucas remonta hasta Adán. Es el anuncio de que Jesús será hombre y Dios. He ahí el misterio. «Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». María no entiende cómo es posible. Por eso pregunta: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». Resulta imposible, para ella, pensar que será madre si no vive aún con José.

La respuesta del ángel fue: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios».  Así le explica Gabriel que el hijo que concebirá será Santo, Grande, Hijo de Dios; porque no es fruto del amor humano, sino del amor divino.

Es difícil entender para una joven nazarena y no sólo entender, también le es difícil creer, como nos resultaría difícil a nosotros en su circunstancia, a los trece o quince años. De ahí que el ángel le tenga que dar una “prueba”: «tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».

Ante la evidencia, María comprende que es la elegida de Dios, por eso, después de resistirse y presentarle al ángel sus dudas ha de responder: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». María se ha sentido escogida y ante tal elección se siente indigna. Pero el ángel, ya ha recibido su respuesta, la que Dios quería que ella diera. Por lo tanto, se acabó su misión de ser mediador entre Dios y la Virgen. Ahora es el momento de hacer lo que debe hacer y se retira.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué pasaría por la mente y el corazón de María en ese momento?
  • ¿Qué pensaría el ángel cuando ve dudar a María?
  • ¿Qué pensarías si siendo sólo una joven de unos trece años recibieras una visita así?
  • ¿Qué sentirías si Dios te envía, a ti, a comunicar una noticia de este tipo?
  • ¿Has recibido alguna noticia de parte de Dios?
  • ¿Cómo has reaccionado?
Foto de David Bartus en Pexels

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, por elegir a María para ser tu madre. Gracias por querer hacerte hombre como nosotros. Gracias por llenarla de gracia, porque así nos demuestras que tu voluntad, desde los orígenes, es que los hombres estemos en gracia, que estemos llenos de Ti. Qué como María, también nosotros sepamos recibir a tus mensajeros, a quienes nos traen el mensaje de amor que tienes para cada uno de nosotros. Así sea.   

Verdad, Camino y Vida: Lectura orante con la Palabra de Dios

Aunque no suelo publicar más de una entrada a la semana con la Lectio Divina del evangelio del domingo, algunas personas, me habéis pedido que escribiera alguna cosa acerca del método que se expone en este blog para realizar la Lectio Divina; y que utilizamos cada semana para orar con el evangelio del domingo. Eso me ha movido a colgar esta semana una entrada más tratando este tema.

Dicho método tiene su origen en el pensamiento y la obra del Beato Santiago Alberione, Fundador de la Familia Paulina, aunque hunde sus raíces en la tradición de la Iglesia. No voy aquí a exponer la intensa historia de la Lectio Divina, podríamos dedicar en el futuro una entrada a ello. Pero sí que me vas a permitir, querido internauta, que te explique como comenzó este método de Lectura orante con la Palabra de Dios

En la noche que dividía el siglo XIX del XX, el P. Alberione tuvo la intuición, siendo joven seminarista, de hacer algo por los hombres y mujeres del siglo XX. Se había empapado totalmente de la doctrina del Papa León XIII, que impulsaba a la lectura y al estudio de la Biblia. Conocía perfectamente la preocupación de Pío X acerca de la falta de una base firme entre los creyentes católicos, pues les faltaba el alimento primordial de la eucaristía y la Biblia. Todo esto le llevó a fundar en 1914, la Familia Paulina, que tiene en el centro de su misión la Biblia. Pero no quedó ahí la cosa, en 1924, funda la Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN), con el anhelo y el deseo de que en cada familia hubiese un texto de la Sagrada Escritura.

Aunque su amor por la Biblia no se limitó a su edición y difusión; a sus hijos e hijas nos quiso dejar un gran regalo, enraizado en una honda espiritualidad bíblica, la hora diaria de adoración ante el Santísimo Sacramento, conocida comúnmente en la Familia Paulina como la Visita Eucarística, la cual está articulada en tres partes: lectura bíblica, revisión de vida y dialogo oracional. Al fin y al cabo un método de Lectura orante de la Palabra de Dios.

Hoy desde el Centro Bíblico San Pablo, presente en varios países del mundo, queremos continuar con ese legado que nos dejo el P. Alberione de difundir la Palabra de Dios y acercarla a todas la humanidad, y para ello realizamos diversas actividades, cursos y encuentros a lo largo y ancho de la geografía española.

El método verdad, camino y vida

Después de este mini repaso histórico y de concretar de dónde proviene el método de Lectio Divina que proponemos, habitualmente, en nuestro blog, permíteme que intente explicarte en qué consiste el mismo.

Como ya sabes el método consta de tres partes, que se corresponden a su vez con las tres partes tradicionales de la Lectio Divina: lectura, meditación y oración.

Pero antes de comenzar a orar con la Palabra, me parece que, son necesarios algunos  preparativos.

Preliminares

Busca un lugar tranquilo, donde nadie te moleste. Es importante hacer silencio. También es importante el ambiente. Puedes disponer una Biblia abierta, adornada con flores, acompañada por la luz de una vela, un icono…

Es decir, preparar el lugar de tal modo que te invite y ayude a orar. Tómate tu tiempo, te aconsejo que dediques a la lectura orante una hora, pero si te resulta demasiado, puedes utilizar media hora.

Desde un punto de vista pedagógico y, sobre todo al principio, vamos a dividir cada momento de la Lectura Orante en períodos de tiempo de veinte minutos cada uno, si es que le dedicamos una hora, si no pues la mitad.

El paso de un momento a otro, sobre todo en la Lectura orante comunitaria, lo podemos señalar con un canto, una oración, una invocación…

Nos podemos ayudar de una música de fondo, una canción, una imagen… si lo vemos conveniente.

Comienza por invocar al Espíritu Santo. Que sea Él quien guíe tu itinerario. Recuerda que la Sagrada Escritura es escritura inspirada. El Espíritu Santo es quien abre nuestro oídos, nuestro entendimiento y nuestro corazón a la Palabra, que hoy se cumple ante nosotros. Él es el único que nos puede ayudar a entender mejor el texto sagrado.

a.- Invocación al Espíritu Santo.

Esto puede hacerse de diversas maneras: un canto, una oración, un momento de silencio. Lo importante es hacerse consciente de su presencia y invocarlo, para que Él te ayude a comprender el pasaje que vas a leer y sepas actualizarlo al hoy que estas viviendo, a tus necesidades concretas, a tu vivir cotidiano.

b.- Verdad. Lectura. ¿Qué dice el texto?

La pregunta que has de tener presente, en este primer momento es: ¿qué dice el texto?

Para ello es necesaria la lectura atenta, pausada, sin prisa de la Palabra. Puedes leer el texto en voz alta, de modo que participen más sentidos.

Es el momento de «masticar» lentamente la Palabra, de trillarla, de desmenuzarla.

Una vez que hemos leído el texto tal como hemos indicado anteriormente, lo primero que haremos será enmarcar el texto dentro de su contexto. Para ello, puede resultar muy útil leer la introducción al libro que contiene la lectura con la que estamos orando. La mayoría de las biblias tienen esplendidas introducciones que nos pueden ayudar en este momento. Al leer fíjate, sobre todo, en el ambiente socio cultural en el que se desarrolla: tiempo y lugar en que fue escrito el libro, a qué necesidad concreta del Pueblo de Israel o de la Iglesia hace frente.

Lee, también, las notas a pie de página, te ayudaran a entender mejor el texto, por último lee los texto paralelos. Todo ello, te dará una visión global del pasaje.

Vamos a continuar desmenuzando el texto, sin ninguna otra ayuda, mas que la de nuestra Biblia.

Yo aconsejo a partir de ahora contar con un lápiz, si es posible bicolor para ir señalando o subrayando algunas palabras o frases del pasaje. Aquello, que por lo que sea capta tu atención.

Puedes continuar intentando responder a alguna de estas preguntas:

  • ¿Es posible estructurar o dividir el texto en partes? Inténtalo.
  • Si conoces algo acerca de lo géneros literarios, ¿dentro de que género podemos enmarcarlo?¿De qué modo debemos leerlo? ¿Cómo debemos entenderlo?
  • ¿Hay palabras o expresiones que se repitan? ¿Cuáles?
  • Es posible que no haya palabras que se repitan, pero, ¿encontramos algún sinónimo?
  • Si es que aparecen, ¿qué personajes intervienen? ¿qué hacen? ¿hablan? ¿permanecen callados? ¿son destinatarios de una acción? ¿quién o quiénes son los protagonistas?
  • Intenta relacionar el pasaje con el resto del libro al que pertenece o con el resto de la Sagrada Escritura.
  • Por último, pregúntate ¿cuál es la palabra o palabras fundamentales del texto? Subráyala, acógela, tómala contigo.

c.- Camino. Meditación. ¿Qué me dice el texto?

Pasamos a la segunda parte de nuestro itinerario. Ahora, la pregunta a responder sería: ¿Qué me dice el texto?

En este momento concreto de tu vida, en las circunstancias propias que estás viviendo, en tu propio contexto particular, ¿qué quiere decirte Dios?

Ha llegado la hora de «saborear» la Palabra. Tal vez, alguna de estas preguntas te puedan ayudar en el desarrollo de esta segunda parte.

  • ¿Qué te dice el texto acerca de tu situación actual? ¿Tiene algo que ver con tu vida?
  • ¿Qué quiere decirte Dios con este pasaje?
  • ¿Qué te dice el texto acerca del comportamiento de Jesús?
  • ¿Qué tienes que cambiar en tu vida para que ésta se asemeje más a la de Jesús?
  • ¿Qué te exige, en concreto, esta Palabra? ¿Qué te pide hoy?

Y luego para que la Palabra te acompañe durante todo el día puedes utilizar la llamada «rumia». Es decir, toma esa palabra o frase fundamental del texto que tocó tu corazón, en la primera parte de nuestro itinerario, y ve repitiéndola durante tu jornada: mientras esperas el autobús, cuando vas caminando por la calle, en un atasco, al hacer la fila del pan…

d.- Vida. Oración. ¿Qué le digo a Dios a partir del texto?

Ya hemos llegado a la tercera y última parte de nuestro itinerario. De la escucha y la meditación de la Palabra es muy posible que surja de forma espontánea la oración de petición, súplica, alabanza, acción de gracias, ofrecimiento, adoración… Esa es tu respuesta a Dios desde la experiencia vivida en este momento de oración.

Pero la respuesta a Dios no puede quedarse ahí únicamente, la oración ha de llevarnos al compromiso. Por ello, es necesario que asumas una acción concreta en tu vida a favor de los hermanos y para que el Reino de Dios y su justicia sea cada vez más una realidad en nuestro mundo.

Conclusión

Pues ya hemos llegado al final de nuestro itinerario. Espero que esta entrada del blog Biblia y Comunicación te haya resultado interesante y te ayude a profundizar en tu oración con la Palabra de Dios. Si necesitas más información te invito a dirigirte a: centrobiblico@sanpablo.es Te invito también a visitar la página de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es En ella te ofrecemos un acercamiento diario a la Palabra de Dios. Y la página web de la Revista Biblia Viva en la que te ofrecemos, entre otras cosas, artículos y materiales interesantes para acercarte a la Palabra de Dios: https://www.bibliaviva.sanpablo.es/

Como siempre muchas gracias por seguir nuestro blog y por compartir con otras personas nuestras entradas. Dios te bendiga.

“Encontrarse con Jesús” Lectio Divina III domingo de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Lc 24,13-25

Al orar con este texto del evangelio de Lucas, me asaltó a la mente una pregunta: «¿Cómo ver y reconocer a Jesús resucitado en mi vida? Y, caí en la cuenta de que era necesario experimentar el mismo proceso de fe que vivieron las primeras comunidades cristianas, permitiendo que Jesús se manifieste en la comunidad, para llegar así a la adhesión personal.

Aquel mismo día, es decir, el domingo de la resurrección de Jesús. Dos de los discípulos van de camino. El evangelista nos los presenta totalmente derrumbados después de la muerte del Maestro. Tal es su decepción, que abandonan Jerusalén, dejando allí a sus hermanos reunidos: a la comunidad. Van camino a una aldea, llamada Emaús, de localización incierta; únicamente sabemos que distaba de Jerusalén unos 11 kilómetros. Van desilusionados, sin esperanza ninguna, totalmente decepcionados, encerrados en sus propios pensamientos y su propia idea de cómo tenía que ser el Mesías de Israel. Para ellos todo a concluido. Aquel profeta poderoso en obras y palabras ha muerto. Todo se ha acabado.

Mientras van de camino, Jesús se les aparece como un caminante más. Ellos no le reconocen. Están cerrados por el pesimismo.  Están tristes por los acontecimientos ocurridos en Jerusalén, totalmente desconocidos, al parecer, para este nuevo caminante que ha entrado en escena. Los dos discípulos callan. El caminante toma la iniciativa y les ofrece una relectura de todo el proyecto de Dios a través de la historia del Pueblo Elegido.

El cenit del relato llega cuando le reconocen al partir el pan. Invitan al caminante desconocido a quedarse con ellos, a compartir la mesa, Desean vivamente que se quede con ellos. Será al compartir el pan, cuando se caiga el velo de sus ojos y reconozcan a aquel personaje misterioso. Es en la eucaristía donde se manifiesta Jesús resucitado. Es en la escucha comunitaria de la Palabra y en la fracción del pan donde Cristo resucitado se hace presente.

Al hacer experiencia de Jesús Resucitado retornan a la comunidad para dar testimonio de lo que han visto y oído, de lo que han experimentado. La experiencia de Jesús resucitado sólo puede hacerse en comunidad nunca en solitario, en la celebración como Iglesia reunida. El resto de la comunidad, también, comparte de qué forma han experimentado al Maestro Resucitado. Cristo está vivo en medio de ellos. Cristo está vivo en medio de nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿En algún momento te has sentido decepcionado por Jesús? ¿Por la Iglesia? ¿Cuál ha sido tu reacción?
  • ¿Cuál es tu comportamiento ante los signos que Jesús nos pone delante para que le reconozcamos como Cristo Resucitado?
  • ¿Eres consciente de que la comunidad es lugar imprescindible para hacer experiencia de Jesús Resucitado?
  • Toma el pulso a tu testimonio de Jesús Resucitado.

ORACIÓN – VIDA

  • Pide perdón a Dios, por las veces que has tirado la toalla en los momentos de decepción, de incertidumbre, de aparente oscuridad; por las veces que no estas atento, ni te abres a los signos que te muestra.
  • Da gracias a Dios por estar siempre presente en tu vida y por hacerte experimentar que Jesús está vivo.

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Lc 2,22-40

El relato evangélico con el que hoy oramos, nos lo ofrece la liturgia también en la Fiesta de la Sagrada Familia; en él se nos narra el viaje de ésta a Jerusalén con motivo de la presentación del Niño Jesús en el Templo, fiesta que precisamente hoy celebramos, a este hecho hay que unir la purificación de la Virgen María.

Ambos acontecimientos fueron llevados a cabo por los padres de Jesús para cumplir la Ley de Moisés.

Por una parte, el libro del Levítico ordenaba que, a los cuarenta días del alumbramiento, si la criatura era niño, debía realizarse el rito de purificación de la mujer en el templo; el mismo rito debía cumplirse a los ochenta días si era niña (Lev 12,1-8). Para la realización de dicha ceremonia, los padres de la criatura debían ofrecer un cordero, aunque a las familias pobres les estaba permitido ofrecer dos tórtolas o dos pichones; uno de ellos era ofrecido como holocausto y el otro como sacrificio por el pecado.

Pero, además, el libro del Éxodo ordenaba que todo primogénito del pueblo de Israel debía ser consagrado a Dios (13,2.11-16; 34,20), aunque podía ser rescatado pagando cinco ciclos de plata (Núm 18,15; 1Sam 1,24-28).

El evangelista Lucas, con la narración de estos dos hechos quiere destacar la fidelidad de los padres de Jesús a la Ley. Dichos acontecimientos tendrán lugar en Jerusalén, en el Templo de Dios. La ciudad santa es el lugar central del plan divino de salvación, aunque haya muchos que quieran impedirlo. En Jerusalén murió Jesús, allí resucitó, de allí partió la proclamación del evangelio a todos los confines del mundo.

El relato que nos ocupa continúa con el testimonio de Simeón. A él se refiere el evangelista como un hombre justo, piadoso, que esperaba al Mesías y que el Espíritu Santo estaba con él. Justo y piadoso, en el lenguaje bíblico, significa que era una persona íntegra sobre todo en el campo religioso. La expresión «que esperaba al Mesías» significa que era un hombre de fe que esperaba la salvación prometida por Dios a Israel mediante los profetas. Y que el Espíritu Santo estaba con él quiere decir que, según la tradición bíblica, era profeta (cf. Is 11,2).

Simeón había recibido una revelación por parte de Dios en la que se le prometía que no moriría sin haber visto al Salvador; es por ello que, impulsado por el Espíritu, va al Templo, allí toma al niño en sus brazos y bendice a Dios por haberle dado este regalo. Los padres de Jesús están admirados por las palabras de Simeón. A ellos les refiere que Jesús será signo de contradicción, unos le acogerán y otros lo rechazarán; y a María una espada le atravesará el alma. María participará de la pasión, muerte y resurrección de Jesús por lo que se convertirá en corredentora de la humanidad.

Por otro lado, a continuación, nos encontramos con el testimonio de Ana; el cual sirve para completar la imagen de los profetas, hombres y mujeres que han sido enviados por Dios para ser testigos de la venida del Mesías. Ana estaba totalmente consagrada a Dios, por lo que no se apartaba en ningún momento del Templo, dedicándose al ayuno y la oración. De ella, se nos ofrecen dos notas características: estuvo casada siete años, número que indica la perfección, y al quedar viuda, hasta los ochenta y cuatro años no se apartaba del Templo, que es siete veces doce. También ella esperaba la venida del Mesías.

Después de esto, la familia de Jesús regresa a Nazaret, en la región de Galilea. Allí, «Jesús crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él» (Lc 2,40), con lo cual se iba desarrollando como ser humano; la sabiduría de la que está lleno no es la sabiduría de los hombres, sino la sabiduría de Dios, pues la gracia y el amor de Dios estaba con él.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimiento, emociones, inquietudes… despierta en ti?

• ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Cómo acoges en tu vida a aquellos que dan testimonio del evangelio?

• También tú has sido llamado/a para ser testigo de la presencia de Jesús en el mundo, ¿estás dispuesto/a a serlo, al igual que Simeón y Ana?

• ¿De qué manera estás preparando y aguardando la presencia del Salvador en tu vida?

VIDA – ORACIÓN

Iglesia santa, esposa bella, sal al encuentro del Señor, adorna y limpia tu morada y recibe a tu Salvador.

Abre tus brazos a María, Virgen Madre del Redentor, puerta del cielo siempre abierta por la que vino al mundo Dios.

¿A quién sostienes en tus manos, dinos anciano Simeón, por que te sientes tan alegre? “Porque ya he visto al Salvador.

Este niño será bandera y signo de contradicción, con su muerte, traerá la vida, por la cruz, la resurrección.

Jesús el, hijo de María, es el Hijo eterno de Dios, la luz que alimbra a las naciones los caminos de salvación.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

(Cf. Himno de Laudes, Fiesta de la Presentación del Señor).

Lectio Divina Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 1, 26-38

Corría el siglo I, eran los tiempos del Rey Herodes, cuando Cirino gobernaba Siria y el emperador Cesar Augusto dominaba el orbe conocido. También Israel estaba sometido al dominio del Imperio Romano. Israel, un pequeño país al oeste del Mediterráneo, en el que se desarrolla nuestra historia. Esa historia que la liturgia hoy nos ofrece para nuestra consideración y oración.

Había muchos en Israel que esperaban su liberación, que esperaban la actuación de Dios para librarlos de la opresión del Imperio Romano. Un resto del pueblo judío esperaba que Dios actuaría en su favor en el tiempo oportuno, para liberarlos de la esclavitud, como hizo en otro momento de su historia, cuando los sacó de Egipto.

Por eso muchos esperaban un Mesías guerrero, poderoso, fuerte. Sin embargo, los planes de Dios no son nuestros planes, y para Él era más importante una liberación integral que parcial. De qué sirve que nos libere de una esclavitud, si después nos sometemos a otra. Nuestro Padre Dios quería liberarnos de todo lo que nos oprime, incluso de la muerte eterna.

Y entre aquellos, que mantenían su esperanza puesta en la actuación bondadosa y liberadora de Yahveh, estaba María, una joven de Nazaret, que un día recibió una visita inesperada. Dios no revela su proyecto en Jerusalén, ni lo hace en el templo, ni tampoco se dirige al sumo sacerdote. Se revela en un pequeño pueblo, dentro de una casa, a una joven virgen, que estaba prometida con un hombre llamado José.

Dios revela su plan de acción a aquellos que son capaces de acogerlo con apertura, con corazón limpio, con confianza, con esperanza. Dios esta presente en medio de su pueblo, continúa acompañándolo y caminando a su lado.

Y uno de aquellos días, María recibe una llamada, una vocación: ser la madre del Salvador. Aquel día, María encontró gracia ante Dios; aquel día el ángel Gabriel le anuncia un acontecimiento inexplicable, inimaginable, incomprensible para cualquier ser humano. No me preguntéis cómo fue; no lo sé. Sólo sé que aquel día, aquella, a la que el Ángel llamó llena de gracia, aquella con la que estaba el Señor, concibió en su seno a Jesús, al Hijo de Dios, al Salvador del mundo, al Rey de Reyes, cuyo reinado no tendrá fin.

No busco entender este misterio, no busco dar una explicación lógica, no busco razones racionales. Para Dios no hay nada imposible. Por eso, sólo me queda actuar de dos maneras: o darme la vuelta e ignorar el hecho; o, por el contrario, guardar silencio, admirar el acontecimiento, alabar, dar gracias y adorar.

Sólo me queda, responder como María y con María, aún si entender nada: ¡Hágase! Sólo me queda, aceptar sin condiciones el amor de Dios, entregarme sin restricciones a Él, como un niño se entrega en los brazos de su madre y permanecer disponible a su voz y a su llamada.

Hoy miramos con ojos nuevos, con ojos de admiración, con ojos de niño a María, la llena de gracia, la que acogió el don gratuito de Dios, la que concibió a Jesús por obra del Espíritu Santo. A ella, le pedimos que nos conceda su misma disponibilidad, su misma apertura y su mismo compromiso en la construcción del Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Existe hoy en nuestro mundo personas que esperan la “liberación” por parte de Dios? ¿Qué tipo de “liberación” crees que esperan? ¿Y tú eres de los que mantienen su esperanza puesta en Dios? ¿Qué “liberación esperas por parte de Dios?

• El tiempo de Adviento es un tiempo de esperanza, en el cual nos preparamos para acoger el gran acontecimiento de la historia de la humanidad: el nacimiento de Jesús. ¿Cómo mantienes esa esperanza? ¿Qué acciones estás emprendiendo para acoger dicho acontecimiento?

• ¿Qué característica o actitudes de María encuentras en la lectura del evangelio de hoy que puedan ayudarte a prepárate mejor a la venida de Jesús?

• ¿Qué piensas de la afirmación del Ángel Gabriel: “Para Dios nada hay imposible? ¿Estás convencido de ella?

• ¿Te mantienes disponible, en apertura, atento a la voz, a la llamada y a la acción de Dios en los acontecimientos cotidianos de tu vida? ¿De qué manera podrías incrementar estas actitudes?

VIDA – ORACIÓN

Hoy te invito a orar con el Ave María, recitándola lentamente, siendo consciente de cada palabra, acogiendo cada una de ellas y saboreándolas con todo tu ser.

Jesucristo, Rey del Universo Lectio Divina Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario – Ciclo C

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VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 23, 35-43

Todo tiene su principio y su final. Y aquí estamos, al final del año litúrgico. Así es, hoy celebramos la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Una fiesta que, en principio, puede chocarnos, pero que entendida en su contexto concreto tiene mucho sentido.

El texto que nos ofrece la liturgia, sin duda nos sorprende; para una fiesta como la de hoy esperaríamos un relato, lleno de fastuosidad, de pompa, de lujo; sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Nos encontramos con parte del relato de la pasión. El pueblo mirando indiferente; los magistrados, haciendo muecas y burlándose de Jesús; los soldados igualmente. Posiblemente, muchos de los presentes decepcionados, desesperanzados. Habían puesto sus ilusiones, sus esperanzas, sus sueños, en aquel rabino de Nazaret. Y ahora está clavado en una cruz. Esperaban un Mesías poderoso, guerrero, combativo, que les librará del yugo de los romanos.

Para los magistrados, se lo tiene merecido, ha ido en contra de la ley, no cumplía los mandamientos, ha querido poner patas arriba sus tradiciones.

Los soldados, por su parte, nada tienen que ver con aquello, un reo más. Algo habrá hecho cuando ha sido condenado. Las autoridades así lo han prescrito. Alguien que, parece ser se ha autoproclamado rey de los judíos, así consta en la sentencia.

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Incluso uno de los ajusticiados que se encuentran con él, le insulta y le increpa, de manera egoísta, para que haga un milagro y lo salve.

El otro ajusticiado, por el contrario, se da cuenta de la situación y reconoce a Jesús como un inocente. Está allí, digamos, por equivocación, no se lo merece. Es más, le reconoce como el Salvador. Y sí, hoy alcanzará la salvación.

 Pero todo no está acabado, esto es sólo el principio del fin. El sufrimiento, el dolor, la cruz no tienen la última palabra. Sí Jesús morirá en una cruz. Pero dentro de muy poco mostrará toda su gloria, su esplendor, su señorío con la resurrección.

Sí, a pesar de todos esos acontecimientos, Jesús está vivo. Jesús ha resucitado. Jesús está presente en nuestras vidas. Pero, no quiere que le reconozcamos como un rey poderoso, como un rey lleno de esplendor, como un rey opresor, que cambia las tornas para que unos se sigan beneficiando de las desgracias de otros.

El reinado de Dios es de otro estilo, el Reino del que nos habla Jesús es muy diferente a cualquier reino que podamos imaginar. Su reinado es un reinado de paz, de armonía, de amor, de servicio, de verdad, de justicia… Y eso es lo que quiere simbolizarnos el trono de la cruz.

Y ese es el reinado que nosotros hemos de vivir y trasmitir. Hemos de comenzar a vivir al estilo de Jesús, desde el servicio, desde la presencia, desde la escucha, desde la acogida, desde el amor. De esta manera nuestra vida podrá llegar a su plenitud. Viviendo de este modo podremos extender el reinado de Dios para que todos puedan gozar de la vida plena de Jesús.

La cruz no es el final. Pero la cruz nos enseña como vivir: desde la entrega, desde el compromiso, desde el desprendimiento, desde el amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismo.

Feliz día de Cristo Rey.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Qué imagen tienes de Jesús y de su reinado? ¿Tiene que ver con lo que aquí hemos reflexionado?

• ¿Cuál tu actitud ante la cruz de Jesús? ¿La de los magistrados, la del pueblo, la del ladrón que lo increpa, la del ladrón que reconoce su inocencia?

• ¿Qué reino testimonias en tu día a día?

• ¿Vives desde la cruz como final, o desde la resurrección?

• ¿Tendrías que cambiar algo en tu vida para ser un verdadero discípulo de Jesús Resucitado?

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VIDA – ORACIÓN

Para orar hoy os propongo hacerlo con una canción de Cesáreo Gabaraín: La muerte no es el final.

Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.

Persevera hasta el final Lectio Divina Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 21, 5-19

Nos encontramos junto a Jesús, unos días antes de su pasión, muerte y resurrección, en el atrio del Templo de Jerusalén. Aquel que reconstruyó Zorobabel en el 515 a. C., a su vez reconstruido y ampliado por Herodes.

Jesús se dirige a algunos que admiraban su majestuosidad y belleza, con un lenguaje un poco extraño, con un género literario llamado apocalíptico.

Este género era especialmente popular en los inicios del cristianismo. En el cual, se nos presenta el final de los tiempos de una manera particular: eventos catastróficos, acontecimientos destructivos, peligros que acechan, caos, etc.

Como cualquier otro pasaje de la Sagrada Escritura no hemos de tomarlo al pie de la letra, ni hacer una lectura fundamentalista del mismo (recuerda lo que dice acerca de esto el interesante documento de la Pontifica Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia).

Lo más importante, es descubrir el mensaje que Jesús quería transmitir a sus contemporáneos y el mensaje que nosotros debemos acoger para caminar por la vida como verdaderos discípulos suyos.

Jesús quiere llamar la atención de los que lo escuchan, acerca de la caducidad de las cosas materiales; es por esto, que no hemos de poner en ellas nuestras esperanzas, nuestros anhelos, nuestros sueños. En una época como la nuestra, más si cabe, en la que todo tiene fecha de caducidad, no podemos poner nuestra seguridad en ninguna de estas cosas.

A continuación, Jesús refiere una serie de signos que acompañarán la llegada del fin de los tiempos. Su pretensión no es la de ofrecer, como si fuera un adivino, las señales concretas e inequívocas que se harán presente dicho final; más bien, lo que Él pretende es invitarnos a la vigilancia, a la perseverancia, a estar alerta; y prepararnos para cuando lleguen los momentos difíciles, que vendrán. En esos momentos, no hemos de tener miedo. Lo más importante, es que estemos preparados siempre para dar testimonio del Reino de Dios, de la misericordia del Padre, del amor del Hijo y del consuelo del Espíritu Santo.

Y, la gran pregunta, que se hicieron los contemporáneos de Jesús y que seguramente nos hacemos muchos de nosotros. ¿Cuándo va a ser eso? La verdad, es que no debería importarnos. Lo más importante, no es el cuándo, sino el cómo. ¿Cómo afrontamos nosotros esa situación? Ante todo, viviendo el presente, viviendo el hoy, nuestro día a día; y ahí perseverar, permanecer fieles y mantenernos firmes en nuestra escala de valores, que no es otra que la del evangelio; lo cual, nos hará inmensamente felices, porque seremos coherentes con lo que pensamos y vivimos. Y, además, nos conducirá a la salvación.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Cuál es tu actitud ante las cosas materiales? ¿Dónde tienes puesto el corazón? ¿Por qué cosas te dejas llevar?

• ¿Qué puesto ocupa Jesús y los valores del evangelio en tu vida? ¿Cómo se transparente eso en tu día a día?

• ¿Cómo afrontas los momentos de dificultad que la vida te depara?

• ¿Cómo acoges la invitación de Jesús a la perseverancia, a la vigilancia, a ser fiel al evangelio?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendice y alaba al Padre por su infinita misericordia y por la inmensa bondad de todas sus acciones.
  • Da gracias a Jesús por mostrarte el camino de la verdadera felicidad.
  • Pide al Espíritu Santo la fuerza, la perseverancia y la atención necesarias para afrontar las situaciones de dificultad desde las actitudes propias de un discípulo de Jesús.

¿Quieres encontrarte con Jesús? Lectio Divina Domingo XXX del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 19, 1-10

Nos adentramos hoy en el capítulo 19 del evangelio de Lucas. Anteriormente, este autor nos ha ido exponiendo las actitudes básicas que debería tener alguien que quiere seguir a Jesús. Dichas actitudes: humildad, pequeñez, asombro, gratuidad, agradecimiento, etc., las recoge ahora Zaqueo, para poder encontrarse con Jesús de Nazaret a pesar de ser un pecador público. (Él es publicano, recordemos lo que es un publicano, para ellos podemos recurrir a la Lectio Divina del domingo anterior).

La intención, el objetivo, la finalidad de Zaqueo no es otra que la de encontrarse con Jesús: quiere verlo, quiere saber quién es, quiere conocerlo.

A pesar de tener una posición de prestigio, a pesar de poseer innumerables bienes, a pesar de tener su vida resuelta, hay algo que le inquieta, algo le remueve por dentro: Zaqueo no es plenamente feliz.

Para alcanzar esa plenitud, es capaz de hacer cualquier cosa. No le importa el qué dirán, no le importa superar obstáculos, no le importa hacer frente a dificultades: quiere ver al Maestro.

Para ello, pone en marcha todos los medios a su alcance. Era pequeño de estatura. El gentío no le deja ver a Jesús. ¡Qué más da! Corre, se sube a un árbol, y allí es donde le sorprende Jesús.

Zaqueo ha hecho un gran esfuerzo por conseguir su objetivo, no se ha amedrentado. Y esa valentía por su parte, se ve recompensada: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me hospede en tu casa». Rápidamente bajó del árbol y recibió a Jesús en su casa muy contento.

¿Qué diálogo mantuvo Jesús con Zaqueo? No lo sabemos. Pero la palabra de Jesús le tocó el corazón, le impulsó al cambio, le llevó a la conversión, no ocurrió así con los que murmuraban. No importa lo que Zaqueo hubiera hecho hasta ahora. Acogió la palabra de Jesús y comenzó para él una vida nueva. Era el momento de poner en práctica las palabras escuchadas al Maestro. Ya no le importan los bienes, ni la riqueza, ni la abundancia material; ha encontrado la plenitud. Por eso, se convierte en una persona generosa, desprendida, agradecida. Repartirá sus bienes con quienes más lo necesitan y al que haya defraudado le restituirá cuatro veces más.

Zaqueo ha encontrado la salvación. El encuentro con Jesús le colmará de felicidad, llenará su vida para siempre, pero antes ha tenido que desprenderse de la carga que llevaba.

Jesús nos busca, Jesús te busca, busca a todos y cada uno de nosotros; nos está esperando en el camino. Pero, no podemos quedarnos inmóviles, estáticos, paralizados; hemos de salir al encuentro de Jesús, y para ello es posible que debamos desprendernos de alguna carga; hemos de vencer los obstáculos que aparezcan en nuestro recorrido; hemos de apropiarnos de las actitudes que harán que nuestro encuentro con el Maestro sea más satisfactorio. Y, sobre todo, hemos de mantener nuestro foco fijo en el objetivo que nos hemos marcado: encontrarnos con Jesús, para que él colme nuestra vida con la felicidad plena.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Tienes un deseo fuerte de encontrarte con Jesús? ¿Cultivas las actitudes necesarias para ello?

• ¿Qué estás dispuesto a hacer para salir a encontrarte con Jesús?

• ¿Estás dispuesto a “poner toda la carne en el asador” para que ese encuentro sea fructífero?

• ¿Estás dispuesto a convertirte, y a dejarte modelar por el Espíritu Santo, para alcanzar la felicidad plena? ¿Qué acciones estás dipuesto a emprender?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas Padre por visitar cada día mi casa.
  • Gracias, Jesús, por salir a mi encuentro en el camino de la vida.
  • Dame fuerzas Espíritu Santo para ponerme en camino, sin importarme los obstáculos.