¡TODO ESTÁ POR COMENZAR! LECTIO DIVINA DE LA SOLEMNIDAD DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO C

bautismo

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 3,15-16.21-22)

En aquel tiempo, la gente estaba expectante, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego». En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».

 

– ¿Ya se acabó todo?

– ¿A qué viene esta pregunta?

– Pues en relación a haber comenzado un año civil nuevo, a haber terminado las fiestas navideñas, y a concluir con la solemnidad de hoy, el Bautismo del Señor, el tiempo litúrgico de Navidad.

– Pues no, no ha concluido nada; al contrario, todo está por comenzar. O al menos a eso nos invita la liturgia de hoy. Lo mismo que el pueblo, que la gente de la época de Jesús, también nosotros estamos o deberíamos estar expectante ante la novedad del evangelio.

– Pero, ¿qué significa eso de estar expectantes?

– Estar expectante es mantener la esperanza, es desear, anhelar, aguardar, esperar con intensidad y con una actitud activa.

– Y, ¿qué tenemos que esperar?

– Encbautismo iconoontrarnos con Jesús cada día. Los contemporáneos de Jesús lo deseaban con tanta intensidad que en lo más profundo de su ser se preguntaban, si aquel extraño personaje que había aparecido en el Jordán predicando un cambio de vida, no sería el Mesías esperado, el Salvador del mundo.

Y, es el mismo Juan quien tiene que aclararlo: No, yo no soy el Mesías. Yo estoy preparando su venida. Yo os invito a la conversión, a cambiar vuestro modo de vivir y vuestro modo de ver la vida. Pero, el Mesías es otro.

– Entonces, para esperar a Jesús, hay que convertirse ¿no?

– Pues, no vale únicamente con eso; además, hemos de acoger al Mesías en nuestra vida, al igual que hizo el Bautista y tantas otras personas a lo largo de la historia. Aunque es necesario acogerlo con la misma actitud que Juan: desde la pequeñez, con humildad, con corazón agradecido por el regalo que Dios nos hace.

El Mesías que viene ya no trae un bautismo de conversión, su bautismo es un bautismo de Espíritu Santo y fuego. El bautismo de Jesús símbolo de una vida nueva, nos transformará porque nos dará la fuerza del Espíritu de Dios, sobre nosotros reposará su propia vida. Un bautismo de fuego, del fuego de Dios, que purifica, calienta, nos impulsa, nos anima, nos desarrolla y potencia.

Al ser bautizado Jesús en el Jordán y al descender sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma, aquel es consagrado para llevar a cabo la misión encomendada por el Padre: manifestar a la humanidad y mostrarle la misericordia y el amor de Dios: “Tú eres mi hijo amado, mi predilecto”.

bautismo2

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • El pueblo estaba expectante, y tú ¿estás, también deseoso, a la espera, aguardando impaciente la llegada de Jesús a tu vida? ¿Quieres descubrirlo presente en la misma?
  • ¿Cómo te dispones para acoger a Jesús? ¿para descubrir su presencia en los acontecimientos cotidianos? ¿Estás dispuesto a cambiar de vida?
  • Al igual que Juan el Bautista, tú eres enviado por Dios para anunciar su presencia entre los demás, eres enviado para anunciar que Jesús vive entre nosotros. Juan es capaz de dar el primer puesto a Jesús y, con humildad, pasar a un segundo plano. Y tú, ¿estás dispuesto a ello?
  • ¿Quieres acoger el bautismo que Jesús nos trae, un bautismo que va más allá de un simple cambio de actuar, un bautismo que te transforma y te cambia totalmente, un bautismo que te da, además, la fuerza para ser testigo de la salvación de Dios?

 

VIDA – ORACIÓN

Él es Siervo de Dios, el Hijo amado,

Ungido del Espíritu, Mesías;

su bautismo, de muerte profecía,bautismo3

ya sepulta en el agua los pecados.

Pero sale del agua transformado,

arco iris de paz y de alegría,

verdor de primavera, teofanía,

y un gran himno pascual recién cantado.

Ruiseñor que armoniza la victoria,

los campos, amapola y azucena,

y el árbol con los frutos de la gloria;

el Viento vivifica y oxigena,

el ungido es el centro de la historia,

y la muerte vencida con su pena.

(R. Priero Ramiro, en Jubileo en la tierra, júbilo en el cielo. Adviento y Navidad 1999, Caritas Española, Madrid 1999, pág. 202).

Anuncios

Escucha, encuentro y acogida. Lectio divina del Domingo IV del Tiempo de Adviento – Ciclo C (Lc 1,39-45)

VIS1

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 1,39-45)

En aquellos días, María se puso de camino y fue a prisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».

 

El evangelio que hoy nos regala la liturgia, nos narra el encuentro entre la Virgen María y su prima Isabel. En él se nos habla de escucha, de atención y de acogida. María e Isabel, dos mujeres que saben estar atentas a la voz de Dios, dos mujeres que escuchan la Palabra y la acogen en su corazón para ponerla en práctica. Un encuentro entre dos mujeres que se felicitan, mutuamente, por el gran regalo que han recibido de Dios. La primera el don de engendrar al Salvador del mundo, la segunda la de engendrar al Precursor. Dos mujeres que han sabido acoger el don de Dios en sus vidas. Dos mujeres que han sabido cobijar el amor de Dios y entregarlo de manera gratuita a los demás. Dos mujeres que han sabido interpretar las señales que Dios les va mostrando en su camino. Dos mujeres que desbordan felicidad ante el gran amor y ante la misericordia infinita de Dios.

Visitación de MaríaLucas acentúa la prontitud con la que María acoge y responde a la llamada de Dios, a su Palabra, al mandato amoroso de Dios. Ante el anuncio del ángel, en el momento de la encarnación, de que su pariente Isabel está encinta, se pone en camino y va aprisa a la montaña. María sale al encuentro de las necesidades de Isabel. María, que lleva en su seno al Autor de la vida, se pone en camino para ofrecer y donar su propia vida. Entra en casa de Zacarías y saluda a Isabel. Se pone en sintonía con ella. Entra en su mundo y en su vida; la acoge lo mismo que ha acogido al Salvador; se pone a su disposición.

Isabel, por su parte, también acoge a la Madre del Salvador; acoge la Buena Noticia, acoge el don gratuito de Dios. Y tal es la alegría y el gozo de ese encuentro que el pequeño Juan salta en su vientre. Isabel ha sabido acoger y descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos de la vida: en un encuentro, en una visita, en una casa, en un abrazo, en la sencillez, en el diálogo, en la ayuda mutua. Isabel ha sabido acoger el don de Dios, el don del Espíritu Santo, y llena de él a voz en grito exclama: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!».

«Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». La Palabra de Dios siempre actual, siempre presente, siempre vigente, siempre performativa, es decir que al enunciarse realiza la acción, a la vez que se expresa la acción ocurre, es un hecho constatable y vigente. La Palabra de Dios viva y eficaz se hace acto, acción, creación nueva. El Antiguo Testamento da paso al Nuevo. Las promesas de Dios se cumplen.

visitacion600

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De qué manera vivo atento/a a la Palabra para acogerla y ponerla por obra? ¿En qué medida estoy atento/a a los dones que Dios me regala cada día? ¿En qué medida acojo esos dones de Dios?
  • ¿Con qué prontitud acojo y respondo a la llamada de Dios? ¿Salgo el encuentro de las necesidades de los demás? ¿Se ponerme a su disposición?
  • Al descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos y acoger los dones que él me regala a diario. ¿Desbordo de gozo? ¿Salto de alegría?
  • ¿Considero la Palabra como actual, presente, capaz de transformar mi vida y la de los otros? ¿La Palabra de Dios, para mí, está viva, es eficaz, se hace acción?

 

VIDA – ORACIÓN

Querido Padre Dios, que sales a nuestro encuentro cada día, para mostrarnos y regalarnos tu misericordia, derrama tu Espíritu sobre nosotros, para que cada uno de nuestros encuentros nos conduzcan a la fe y seamos mensajeros del evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

¿Qué tenemos que hacer? Lectio divina del IIIº Domingo de Adviento – Ciclo C (Lc 3,10-18)

bible-1149924_640

VERDAD – LECTURA

Evangelio (Lc 3,10-18)

En aquel tiempo, la gente preguntó a Juan, el Bautista: “¿Qué tenemos que hacer?”. Y él contestó: “El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida que haga lo mismo”.

Vinieron también a bautizarse unos recaudadores de impuestos y le preguntaron: “Maestro, ¿qué tenemos que hacer?” Él les contesto: “No exijáis más de lo que manda la ley”.

Unos soldados igualmente le preguntaban: “Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?” Les contestó: “No intimidéis a nadie, no denunciéis falsamente y contentaos con vuestra paga”.

Como la gente estaba expectante y se preguntaban si no sería Juan el mesías, él declaró delante de todos: “Yo os bautizo con agua; pero ya viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga”. Con estas y otras muchas palabras, anunciaba al pueblo la Buena Noticia.

 

Lo primero que llama la atención, al menos a mí, respecto a la lectura del evangelio que hoy nos ofrece la liturgia es la pregunta con la que se inicia el pasaje: ¿Qué tenemos que hacer? Parece que no es una pregunta insignificante; en poquísimos versículos, el autor del evangelio la recoge por tres veces, como preocupación de distintos tipos de personas. Nos encontramos en primer lugar con la gente en general, después con unos recaudadores de impuestos y por último con unos soldados. Todos ellos están preocupados por lo que tienen que hacer para preparar la llegada del Mesías, que Juan ha anunciado versículos atrás (3,3-9).

Este fragmento de evangelio, como podemos apreciar consta de dos partes: la primera en la que se realizan las preguntas que hemos apuntado más arriba y una segunda en la que Juan quiere dejar claro que él no es el Mesías, sino únicamente aquel que le prepara el camino.

Es un evangelio muy rico y con el que nos podríamos extender todo lo que quisiéramos, pero me vais a permitir que, para nuestra oración de este domingo, me detenga únicamente en la primera parte del mismo; considero que será suficiente para poder realizar satisfactoriamente nuestra lectio divina.

city-731385_640

¿Qué tenemos que hacer? Juan ha anunciado y practica un bautismo de conversión. La palabra griega que se utiliza en el texto de Lucas para aludir a la conversión es: metanoia. Dicha palabra en realidad lo que significa es cambiar la mentalidad, la forma de pensar y de actuar; en otras palabras, reorientar nuestra vida hacia Dios, dejarnos transformar por el Espíritu Santo para que nuestra forma de pensar y de actuar se parezca cada vez más a la forma de pensar y actuar de Jesús.

Pero, ¿cómo abrirnos a esa transformación? ¿cómo preparar nuestra vida para ese cambio? Juan nos hace descender y tocar tierra. La preparación, la conversión, el cambio en nuestra vida consiste, en la práctica, en mirar a nuestro alrededor, hacernos consciente de las necesidades que tienen las personas que nos rodean y atender a las mismas, empezado por lo más básico: el vestido y la comida.

advent-1883820_640Adviento es preparación para recibir a Jesús que nace. Un acontecimiento que ocurrió hace más de dos mil años. Pero que la Iglesia nos lo recuerda cada año. Recordar es volver a pasar por el corazón un acontecimiento. Cada año, la Iglesia nos ofrece un tiempo específico para que no nos olvidemos que Jesús está naciendo continuamente en la vida de los seres humanos y pasarlo por nuestro corazón. Como muchas veces lo olvidamos, pues al menos una vez al año, se nos invita a vivir con mayor intensidad esa preparación. Que mejor manera de preparar la venida del Mesías que, atendiendo a las necesidades de nuestros hermanos, de las personas que tenemos a nuestro alrededor.

La primera “obligación” respecto a atender las necesidades de los demás está más o menos clara: compartir. Pero no sólo debemos quedarnos ahí. El verdadero cambio implica también actuar con honestidad en nuestra vida cotidiana, que no exijamos a los otros más de lo que está dentro de sus posibilidades, que no les engañemos, que no les intimidemos, que nos conformemos con lo que tenemos, sin ser ambiciosos o avariciosos. Lo cual no quiere decir que si tenemos la posibilidad de mejorar en la vida no lo hagamos, sino que nuestra mejora no sea a costa de abusar de los demás.jesus-1429689_640

Y todo esto realizado desde la alegría que es la gran invitación que se nos hace desde la liturgia en este domingo gaudete (domingo de la alegría). Porque si esa transformación la vamos a realizar a regañadientes, la vamos a realizar desde la tristeza, pensando que es únicamente una obligación. No será una verdadera reorientación, un verdadero cambio, una verdadera conversión. ¡Alégrate! Porque Dios está en medio de ti, se alegra y goza contigo, te renueva con su amor (cf. Sof 3,14-18). ¡Alégrate, porque el Señor está cerca! (Cf. Fil 4,4).

Al igual que la multitud mantengámonos expectantes; es decir, en una espera activa, para acoger la venida de Dios hecho niño. Y, al igual que Juan el Bautista anunciemos la Buena Noticia, anunciemos que Dios se hace hombre con nuestras palabras, nuestras actitudes y nuestras acciones.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra de este pasaje evangélico te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos se despiertan en ti al leer este pasaje?
  • Delante de Jesús, presente en su Palabra, hazte la misma pregunta que se hacen los distintos personajes de este evangelio: ¿Qué tengo que hacer?
  • ¿Cómo estás viviendo este Adviento? ¿Cómo te estás preparando para la venida del Niño Jesús?
  • A partir de la respuesta que hayas sentido, prográmate alguna obra, tarea, actividad que puedas realizar durante este Adviento y te ayude a vivir más intensamente la Navidad.
  • Proponte, siempre que puedas mantener la alegría durante este tiempo de Adviento.

person-723557_640

VIDA – ORACIÓN

Hoy os invito a concluir nuestra lectio divina rezando el Salmo 95.

Venid, cantemos al Señor con alegría,

aclamemos a la roca que nos salva;

vayamos ante él a darle gracias

y a cantar himnos en su honor.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

el rey grande sobre todos los dioses.

Tiene en sus manos las profundidades de la tierra

y suyas son las cumbres de los montes;

suyo es el mar porque él mismo lo hizo,

y la tierra firme, que formaron sus manos.

 

Venid a adorarlo, hinquemos las rodillas

Delante del Señor, nuestro creador.

Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo,

las ovejas que él guarda.

¡ALZAD LA CABEZA, SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN! LECTIO DIVINA DOMINGO I DE ADVIENTO – CICLO C

person-1209310_640

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 21,25-28.34-36)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, desfalleciendo los hombres de miedo y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, levantaos y alzad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación. Guardaos de que no se endurezcan vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improvisto sobre vosotros, como un lazo; porque así vendrá ese día sobre todos los habitantes de la tierra. Estad alerta y orad en todo momento para que tengáis fuerza y podáis libraros de todo lo que ha de venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre».

 

¡Un nuevo año! Así es, con el primer domingo de adviento comenzamos el año litúrgico. Durante el cual, las lecturas del evangelio dominical van a ser tomadas del evangelio de Lucas, como la que hoy nos ocupa.

La liturgia vuelve a ofrecernos un fragmento del llamado discurso apocalíptico. Esta lectura puede desconcertarnos un poco, sobre todo si nos la tomamos al pie de la letra. Como su propio nombre indica, la lectura evangélica de hoy está narrada en un género literario llamado apocalíptico.

Un género literario es la manera o forma lingüística utilizada por un autor para comunicar su mensaje. Es decir, que el mensaje que Lucas quería transmitir a su comunidad y, claro está, a todos los cristianos de todos lo tiempo, lo expresa de una manera determinada con una serie de características particulares.

Podemos concluir que el género apocalíptico, en este pasaje lucano, se caracteriza por: narrarnos la situación de sufrimiento y persecución que están sufriendo las comunidades cristianas, y la esperanza que las debe acompañar hasta la segunda venida de Cristo, con el que vendrá la liberación. Todo ello expresado por medio de distintos símbolos y metáforas.

Dicho esto, percibimos como el texto del evangelio a lo primero que nos invita es a la vigilancia, a estar atentos, porque Jesús está en medio de nosotros, Jesús está junto a nosotros (junto a toda la humanidad) en el sufrimiento, en las catástrofes, en las desgracias, en las adversidades… Y, en más de una ocasión no somos conscientes de ello.

jesus-3279880_640

Jesús Resucitado en ningún momento nos abandona; él nos acompaña, nos sostiene, nos abraza. Esto no quiere decir que intervenga a manera de un mago para cambiar los acontecimientos y fulminar inmediatamente y erradicar cualquier tipo de mal. Eso, por parte de Dios sería intervencionismo y tratarnos cuanto menos de manera infantil; por no decir, como marionetas. Si hay algo que Dios respeta es la libertad humana. Ahora bien, eso tampoco significa que podamos hacer lo que nos da la gana; o somos cristiano (seguidores de Jesús) o no lo somos: estad atentos y que vuestro corazón no se endurezca (cf. Lc 21,34).

Muchos de los contemporáneos de Jesús, de los contemporáneos de Lucas y de nuestros propios contemporáneos se encuentran angustiados y deseosos de la llegada del fin del mundo. Muchos seguidores de Jesús estaban agobiados por la opresión romana; muchos cristianos, en la época de Lucas estaban abrumados sobre todo por la situación de persecución que sufrían; tanto unos como otros esperaban, deseaban, anhelaban la pronta liberación de Israel.

Lo que podemos descubrir en el texto es sobre todo una llamada a la tranquilidad, a la calma, a no tener miedo. Sí, sí. Están ocurriendo acontecimientos diversos a nuestro alrededor: muchos desastres, muchas catástrofes, verdaderas tragedias… Todo ello nos hace sufrir y por tanto estamos deseosos de que se acabe y que el Reinado de Dios sea una realidad, en el que la paz y la armonía sea una constante. Pues bien, todo esto no son sino señales, símbolos, signos de todo aquello que nos esclaviza. En la medida en la que vallamos dejándonos transformar por Jesús, en la medida en que seamos portadores de paz, de alegría, de armonía… Jesús estará más cerca. Se acerca nuestra liberación y todo lo que nos esclaviza desaparecerá.

christ-898330_640Ahora bien, tal como nos señala el texto, lo verdaderamente importante no es si la llegada del Reino es inmediata o no, si está más cerca o más lejos. Lo importante es ser consciente del modo en el que yo estoy esperando el triunfo definitivo del bien contra el mal. ¿Cómo estoy yo esperando la venida de Jesús? ¿De qué manera la vivo? ¿Con angustia, con miedo, con agobio, con intranquilidad?

Ante la venida de Jesús, no debemos tener miedo. Hemos de acogerla con esperanza, hemos de alzar nuestra cabeza, no escondernos, porque se acerca nuestra liberación.

La persecución, los peligros, los agobios, la muerte, el pecado no tienen la última palabra, la última palabra es la del amor, la comprensión, la misericordia que nos trae Jesús y que serán definitivas en su segunda venida.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Eres consciente de la presencia de Jesús en los acontecimientos diarios de tu vida? ¿Intentas estar atento a dichos acontecimientos para descubrir su presencia entre nosotros?
  • ¿Cómo vives los momentos de dificultad, de prueba? ¿Con angustia, con miedo, intranquilidad, agobio? ¿O por el contrario con esperanza, confianza, ilusión, optimismo?
  • ¿Cómo estás esperando la llegada del Reino de Dios? ¿Intentas transformar las estructuras de injusticia que aparecen a tu alrededor? ¿Intentas vivir acogiendo a los otros, intentándo llevar una palabra de aliento, una sonrisa, un gesto amable, consuelo? ¿Intentas, por medio de tus acciones, hacer presente el Reino de Dios en nuestro mundo?
  • Para poder llevar a cabo la transformación de nuestro mundo es necesaria la oración para que ella sea el motor que nos impulse. ¿Dedicas momentos concretos para encontrarte con Jesús en su Palabra, en la Eucaristía?

book-1210030_640

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale por su entrañable misericordia.
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en los acontecimientos diarios de nuestra vida.
  • Pide al Espíritu Santo que derrame sus dones sobre todas las personas comunicándoles el don de la esperanza.

“Atento: Está naciendo un mundo nuevo” Lectio Divina del XXXIII Domingo del T.O. (Mc 13,24-32)

file0002134020797

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no alumbrará, las estrellas caerán del cielo y los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y gloria. Él enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y empiezan a brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Pues cuando veáis que esto sucede, sabed que el Hijo del Hombre está cerca, a la puerta. Os aseguro, que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.

 

Querido amigo, es muy probable que, al leer el fragmento del evangelio, que hoy nos ofrece la liturgia, te ocurra un poco como a mí, te sientas asustado, abrumado, angustiado. Pero he de decirte que, éste es uno de esos textos de la Escritura que no hay que leer al pie de la letra. Está escrito en un género literario llamado apocalíptico.

El estilo del mismo, recoge un conjunto de expresiones literarias, símbolos, metáforas, etc., que no tienen nada que ver con el miedo, el temor o el terror; el objetivo de este tipo de texto no es el de asustarnos, si no el de hacernos caer en la cuenta de que el universo, lo que nos rodea, nuestra propia existencia, no son eternos.shot-by-cerqueira-737354-unsplash

El texto nos invita es a mantenernos vigilantes, a estar preparados, a vivir el presente sin olvidar nuestro futuro, que no es otro que el de disfrutar de la presencia de Dios por toda la eternidad. Para ello, nuestro estilo de vida tiene que estar armonía, en relación con el estilo de vida de Jesús. Un estilo de vida, que no es otro, como hemos podido ver en los evangelios proclamados en anteriores domingos, que el de vivenciar el mandamiento principal: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

Pues bien, para explicar esta irrupción del reinado de Dios, el autor evangélico se sirve de todos esos recursos literarios. Y viene a decirnos que Dios vendrá a salvar a la humanidad; que un día el Hijo del Hombre, Jesús, vendrá con gran poder y gloria a llevarnos con él, para compartir con todos nosotros la alegría, el gozo, la felicidad de estar en la presencia de Dios.

Todo ese caos, esa ruina, esa destrucción, no es el final; es el comienzo, el principio, el nacimiento del nuevo mundo de Dios, de su presencia permanente entre nosotros.

Vivir la vida eterna en la presencia de Dios, es un regalo suyo; pero es también, el resultado del anuncio del evangelio y de nuestra conversión, de nuestra transformación en verdaderos seguidores de Jesús que se han dejado dar forma por el Espíritu Santo para asemejarse cada vez más a Jesucristo.

priscilla-du-preez-201731-unsplashPero, ¿Cuándo ocurrirá esto? Nadie lo sabe. Pero, ¿tan necesario es saberlo? Déjame que te haga una pregunta: ¿Cuándo te amarán de manera plena tus padres, tu esposa, tus hijos, tu familia tus amigos…? ¡Qué importa! Lo más importante es ir viviendo y disfrutando de ese amor día a día, instante a instante, momento a momento.

Lo más importante de todo esto es, que es seguro que ocurrirá: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. No se el día, ni la hora, pero es seguro que vendrá y disfrutaremos con Él para siempre de la presencia de Dios.

Y ya, aquí y ahora, podemos percibir señales de su amor, podemos notar, intuir la presencia de Dios y que su Reino está en medio de nosotros: en la sonrisa de un niño, en el beso de una madre, en la mirada de un anciano, en la fortaleza de un joven… En la vida de todo aquel que quiere hacer presente a Jesús en la vida de los otros, prestando su oído y su voz a lo que no tienen voz, tendiendo su mano amiga a aquellos que han caído, mirando amorosamente a aquellos que no sienten el amor de nadie. Estemos atentos a esas señales, porque esa es la verdadera revolución, el verdadero caos, la verdadera tribulación: dejarse amar por Dios y ofrecer ese amor a todos los que nos rodean.

d.php

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Ante momentos de dificultad, de caos, de obstáculos ¿eres capaz de apreciar la presencia de Dios en tu vida y vivirlos con esperanza?
  • ¿De qué manera crees que Dios se hace presente en tu vida? ¿Eres consciente de esto?
  • ¿Crees verdaderamente que Dios es el protagonista de la historia y que te va acompañando con su amor misericordioso?
  • ¿Te preocupas por el cuándo ocurrirán estos acontecimientos? ¿Te das cuenta de que eso es lo menos importante? Lo más importante es vivir todos los acontecimientos de nuestra vida con esperanza y sabiendo que Jesús está presente en nuestras vidas.

 

VIDA – ORACIÓN

Te adoro Dios mío, por el regalo de ese mundo nuevo que nos haces y que quieres que disfrutemos junto a todos los hombres y mujeres que vivimos en este mundo.

Te doy gracias por tu Hijo, Jesucristo, que con su Palabra nos invita y ayuda a construir y visibilizar el Reino de Dios entre nosotros.

Danos la fuerza de tu Espíritu para que sepamos estar atentos a esas señales revolucionarias de amor que la vida nos ofrece y para que nosotros seamos portadores de tu amor para todos aquellos que salen a nuestro encuentro, construyendo el Reino de Dios a nuestro alrededor.

¿Qué estás dispuesto a compartir? Lectio Divina Domingo XXXII del T.O. (Mc 12,38-44)- Ciclo B

viuda-pobre

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, Jesús enseñaba diciendo: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con vestidos ostentosos, y que les saluden de manera respetuosa en las plazas; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; devoran los bienes de las viudas, con la excusa de hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa”.

Jesús sentado frente al tesoro del Templo, observaba a la gente que iba echando dinero en las arcas de las ofrendas. Muchos ricos echaban mucho. Pero se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas de escaso valor. Llamando a sus discípulos, les dijo: “Os aseguro, que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra; pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

 

         Jesús se encontraba enseñando en el Templo, mientras la multitud le escuchaba con sumo gusto (cf. Mc 12,35ss). Y entre sus enseñanzas nos encontramos las dos lecciones que la liturgia nos ofrece en el día de hoy: la advertencia acerca de los escribas (12,38-40) y la generosidad de la pobre viuda (12,41-44). El tema de fondo que nos ocupa es la generosidad, el desprendimiento, la entrega: ¿Qué estoy dispuesto a compartir con los demás?

A favor de los escribas, hay que decir que no todos eran así, recordemos que unos versículos antes, acaba de decirle a uno de ellos que no está lejos del reino de Dios (12,34).

¿Qué ocurre, entonces, con algunos escribas? ¿Por qué Jesús nos previene respecto a ellos? Precisamente, porque no viven el mandamiento principal, o más bien los dos mandamientos más importantes de la Ley: Amar a Dios y al prójimo (12,29-31).oct 19 2017, La hipocresía de los escribas y fariseos

Un escriba, en la sociedad israelita del tiempo de Jesús, era una persona importante. No cualquiera podía llegar a tal. Se necesitaban largos años de estudio de la Escritura y una cierta madurez. Eran personas que gozaban de gran autoridad y prestigio ante el pueblo, pues eran quienes estudiaban la Escritura y la interpretaban. Eran miembros del Sanedrín (asamblea, consejo o corte suprema encargada de interpretar la Ley y aplicarla). La mayoría de los escribas pertenecía al movimiento fariseo.

Al parecer, en tiempos de Jesús, a algunos de ellos, les gustaba aparentar y distinguirse de las demás personas; pero desde una posición de poder, de dominio y avaricia.

En contraposición con los escribas, encontramos a la viuda. Jesús sentado, ante la pared externa que daba al atrio de las mujeres, frente al tesoro del Templo, en el que había trece arcas, con forma de trompeta invertida, observa cómo la gente iba depositando sus ofrendas.

Los ricos iban echando grandes cantidades de dinero.

En un momento dado, llegó una viuda. Recordemos que, las viudas en la época de Jesús estaban totalmente desamparadas, no recibían ningún tipo de ayuda económica o protección social, y nadie se ocupaba de ellas, podríamos decir que prácticamente tenían que vivir de la caridad. Pues bien, esta viuda también deposita su ofrenda, una insignificancia, dos monedillas de escaso valor, hemos traducido en el texto (Marcos nos dice que era dos leptones, las monedas de menor valor que existían en aquella época).

diocesismalaga_20091108Jesús se ha percatado de la acción de esta viuda. Posiblemente, ella no ha hecho ostentación alguna de su acto, como los ricos; con toda probabilidad, ella sienta incluso algo de vergüenza; es demasiado poco, pero es lo que tiene para vivir.

En ese momento, Jesús llama a sus discípulos para enseñarles cómo deben actuar ellos, para educarles acerca de la generosidad: los ricos han dado de lo que les sobraba, ella ha dado todo lo que tenía para vivir. La viuda compartió con los demás todo lo que tenía. Esta viuda ya no tiene otra posibilidad mas que confiarse a la misericordia de Dios, a su providencia. Ella había entendido totalmente en qué consiste el mandamiento principal. Ella hace experiencia del significado que tiene amar a Dios y amar al prójimo.

Una magnífica conclusión del capítulo doce y una sensacional introducción a lo que será la pasión, muerte y resurrección de Jesús que se nos presentará en el capítulo 13.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  •  ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es la crítica que hace Jesús a los escribas? ¿Crees que Jesús tiene a ti algo que reprocharte? ¿Qué sería ese algo?
  • ¿Por qué crees que Jesús elogia a la viuda? ¿Tiene Jesús algo que elogiarte?
  • ¿Qué puede significar para ti, abandonarte a la misericordia y providencia de Dios?
  • ¿Qué estás dispuesto a compartir para experimentar en tu vida el significado de amar a Dios y al prójimo? ¿Qué acciones has de emprender para ello?

 

VIDA – ORACIÓN

Hoy para orar permíteme que te ofrezca la letra de una canción del grupo Kairoi titulada Oración del pobre.

 

Vengo ante Ti, mi Señor,
reconociendo mi culpa.
Con la fe puesta en tu amor,
que Tú me das como a un hijo.
Te abro mi corazón
y te ofrezco mi miseria,
despojado de mis cosas
quiero llenarme de ti.

Que tu Espíritu, Señor,
abrase todo mi ser.
Hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera,
hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera.

Puesto en tus manos, Señor,
siento que soy pobre y débil,
mas Tú me quieres así,
yo te bendigo y te alabo.
Padre, en mi debilidad
Tú me das la fortaleza.
Amas al hombre sencillo,
le das tu Paz y Perdón.

Si quieres escucharla puedes clicar en el siguiente enlace: Oración del pobre.

Y déjate transformar por el Espíritu de Dios. Feliz domingo.

“No se puede amar a Dios sin amar al prójimo” Lectio divina del domingo XXXI del T.O. – Ciclo B (Mc 12, 28-44)

wailing-wall-408313_640

VERDAD – LECTURA

Evangelio Mc 12,28-44

 En aquel tiempo, uno de los escribas, que le había oído y viendo que había respondido muy bien, se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el mandamiento más importante de todos?” Respondió Jesús: “El más importante es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas. El segundo es: Amaras a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos”. El escriba replicó: “Muy bien, Maestro; sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él. Y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

Jesús se encuentra ya en Jerusalén. En los primeros días de su estancia ya ha tenido alguna que otra controversia con los dirigentes judíos: primero expulsando a los comerciantes y vendedores del Templo; luego, con los fariseos respecto a si es lícito o no pagar impuestos; a continuación, con los saduceos a causa de la resurrección de los muertos.

En el pasaje con el que hoy oramos, nos encontramos con un escriba, es decir un especialista en la interpretación de la Escritura, alguien que se dedicaba precisamente a enseñar la Ley e interpretar la manera en que ésta debía aplicarse en situaciones concretas. Dicho escriba, después de ver cómo había Jesús respondido a unos y a otros, le pregunta acerca del mandamiento más importante de la Ley.

A nosotros puede parecernos una pregunta sin importancia. Sin embargo, en la época de Jesús no lo es tanto. Los judíos debían cumplir con 613 mandamientos: 365 prohibiciones (una por cada día del año) y 248 normas; es verdad que los rabinos distinguían entre graves y leves, pero exigían el cumplimiento de todos y cada uno de ellos.

cross-3254876_640Jesús responde con la Ley misma. Primero citando Dt 6,4, el shema, un versículo que los judíos recitaban a diario tres veces al día, por la mañana, a mediodía y por la tarde. Actualmente, todavía se lleva ese texto, junto al de Ex 13,1-10 y Dt 11,13-21, en un estuve atado con cintas de cuero alrededor del brazo izquierdo (el más cercano al corazón) y de la cabeza, es el tefilín, lo que nosotros conocemos como filacteria: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas.” Después cita Lev 19,18: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo.”

Para un cristiano ambos mandamientos van de la mano. Pero unir estos dos mandamientos no se lo ha sacado Jesús de la manga; los profetas ya se lo habían recordado al Pueblo de Israel en más de una ocasión, de nada sirven los sacrificios y holocaustos, si uno se olvida del prójimo.

Pero, ¿quién es mi prójimo? ¿mi pariente, mi vecino, otro cristiano…? Para Jesús el prójimo es cualquier ser humano, sea de la raza que sea, profese la religión que profese, provenga de donde provenga, todo ser humano es prójimo del seguidor de Jesús, especialmente el más necesitado, el más débil, el más abatido, el más descorazonado, el más desanimado… Y, además, amarlo como a uno mismo. De esta homeless-844213_640manera no estaremos lejos del reino de Dios como aquel escriba. Pero, amando así ¿soy verdadero discípulo de Jesús? Pues, yo creo que el seguidor de Jesús debe amar al prójimo no sólo como a sí mismo, sino a la manera de Jesús: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado. No hay amor más grande que el de aquel que es capaz de dar la vida por sus amigos” (Jn 15,12s). Y los amigos de Jesús son toda la humanidad, por toda ella dio la vida y a toda ella vino a traer la salvación.

Yo concluiría con las palabras que Jesús pronunció después de la parábola del buen samaritano: “Anda, ve, pues, y haz tu lo mismo” (Lc 10,37b).

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • La cita de Dt 6,4 con la que Jesús responde al escriba comienza: Escucha, Israel. ¿Están tus oídos atentos a la voz de Dios? ¿Escuchas atentamente su palabra? ¿Estás con tu corazón, tu mente, tu alma, tus fuerzas físicas preparado para escuchar la Palabra?
  • ¿Verdaderamente amas a Dios por encima de cualquier otra cosa? ¿Lo amas con todas las consecuencias?
  • ¿Cómo es tu amor hacia el prójimo? ¿Amas a todos tus hermanos sin distinción, especialmente a los más débiles y necesitados? ¿Los amas al estilo de Jesús? ¿Sin esperar nada a cambio y entregándote totalmente a ellos?
  • ¿Existe algo en tu vida que te impide amar a Dios con todo tu ser y al prójimo al estilo de Jesús? ¿Alguna actitud, alguna conducta, alguna postura que debes desterrar de tu vida?

  begging-1922612_640

VIDA – ORACIÓN

  • Alaba a Dios por ser Él quien te amó primero.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte como tienes que amar a los demás.
  • Pide perdón por las veces que no has amado a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas… y al prójimo al estilo de Jesús.
  • Abandónate totalmente en el Espíritu Santo para que Él inspire tus actos de amor.

Bartimeo dispuesto a salir de su “zona de comodidad”. Lectio Divina del domingo XXX del T.O. (Mc 10,46-52)

Jesus-Sana-a-un-ciego

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO

Después de esto, llegaron a Jericó. Y cuando Jesús salía de la ciudad seguido de sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego llamado Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino. Al oír que pasaba Jesús, el Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Muchos le reprendían para que se callase, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” Jesús se detuvo y dijo: “Llamadlo”. Llamaron al ciego y le dijeron: “Ánimo, levántate, que te llama”. Él arrojando su manto, dando un salto se acercó a Jesús. Éste le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego contesto: “Rabbuní [Maestro], que vuelva a ver.” Jesús, entonces, le dijo: “Vete, tu fe te ha curado”. Al instante recobró la vista y siguió a Jesús por el camino.

 

En los domingos precedentes, la liturgia nos ha ido presentando, cómo Jesús instruía a sus discípulos acerca de lo que verdaderamente significa seguir al Mesías. Los apóstoles están algo desconcertados, pues continúan aferrados al poder, los privilegios, los primeros puestos, etc. (Cf. Mc 10,35ss) No comprenden la novedad del estilo mesiánico de Jesús: pequeñez, humildad, servicio, entrega, amor incondicional… Teniendo en cuenta esto, y como colofón del capítulo 10, podemos ver este pasaje como una llamada para dar el primer paso en el seguimiento de Jesús. Bartimeo, el ciego, el mendigo, el apartado del camino… se convierte en modelo de seguimiento y discipulado para todos aquellos que quieran seguir al Maestro por el camino.

dolomites-2630274_640Pero analicemos un poco a este personaje. ¿Cuál es el primer paso que tenemos que dar en el seguimiento del Maestro? Bartimeo se encuentra al borde del camino, es decir, junto a él, fuera del mismo. Pero, es más, se encuentra quieto, inmóvil, estático… No es que esté caminando, aunque sea fuera del camino. Está sentado, lo cual acentúa más su inmovilidad. Se encuentra, en lo que hoy llamaríamos su “zona de comodidad”. Esa zona en la que uno se encuentra más o menos cómodo, más o menos seguro, dónde va viendo pasar la vida sin pena ni gloria, donde no se arriesga, donde permanece pasivo ante los diversos acontecimientos… Una zona en la que uno no es que sea feliz; pero de la que cuesta salir, porque requiere esfuerzo, compromiso, responsabilidad. Y muchas veces, preferimos quedarnos como estamos, para evitar “problemas”.

Sin embargo, Bartimeo no estaba dispuesto a permanecer en esa situación. A pesar de todas las dificultades, de la marginación que sufre, de la exclusión que padece, no quiere permanecer allí. Quiere ponerse en marcha, quiere crecer, quiere desarrollarse. Aunque la sociedad quiera obligarle a permanecer allí: ¡Cállate!

Nadie había reparado en él hasta que se pone a gritar. Nadie se había percatado de su presencia hasta entonces; hasta que da el primer paso para salir de su “zona de comodidad”. A la gente, a los mismos discípulos probablemente, les molesta esto: ellos, a su manera y con sus circunstancias particulares, también se encuentran en esta zona. Para la gente y para los discípulos era más fácil seguir creyendo en un mesianismo de poder, de privilegios, de autoridad… Es más fácil que alguien venga a solucionar nuestros problemas: el Mesías. A pesar de que Jesús, continuamente, les está diciendo que aquel que quiera seguirle debe implicarse en la construcción del Reino.zona-de-confort-pez

Bartimeo no está dispuesto a rendirse. Todos quieren hacerlo callar. Él, sin embargo, no se da por vencido y grita aún más fuerte: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Trayéndolo a nuestros días podríamos traducirlo por ¡Jesús, ayúdame! ¡Jesús, quiero salir de esta situación! ¡Jesús, no estoy contento con mi vida! ¡Jesús quiero salir de este atasco en el que me encuentro! Quiero desarrollarme humanamente, espiritualmente, cristianamente… Quiero poder seguirte por el camino. Pero solo no puedo salir de esta situación en la que me encuentro. Necesito ayuda. El ciego del camino ha dado el primer paso: Grita. Busca una posibilidad. A base de gritar, obliga a Jesús a detenerse y a llamarlo; obliga a Jesús a prestarle atención: ¿Qué quieres que haga por ti? Ahora bien, antes ha dado un salto, ha arrojado su manto, símbolo de su seguridad, de sus certezas, de sus convicciones… Ha decidido cambiar de vida.

El diálogo entre ambos es brevísimo: «¿Qué quieres que haga por ti?», «Maestro, que vuelva a ver». «Anda, tu fe te ha curado». Bartimeo depositó toda su confianza en Jesús, se abandonó totalmente a él. E, inmediatamente, recobró la vista. Inmediatamente cambio su perspectiva, inmediatamente cambio su modo de mirar, inmediatamente cambio su modo de ver la vida. A partir de ahora ve los acontecimientos, las situaciones, las circunstancia, la vida… con la mirada de Jesús. Cuando demos el primer paso y comencemos a ver con los ojos de Jesús, a sentir de la manera como sentiría Jesús, a pensar como pesaría Jesús, a amar al modo de Jesús… entonces podemos emprender el camino de seguimiento del Maestro.

backpack-1381735_640

CAMINO – MEDITACIÓN 

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Es muy probable, que no te falte el sentido de la vista, pero ¿eres capaz de descubrir el paso de Dios en tu vida? ¿Eres capaz de reconocer la mano de Dios en los acontecimientos diarios? ¿Te fías incondicionalmente de Dios y te abandonas a su amor y misericordia?
  • ¿Te encuentras al borde del camino o en el sendero del seguimiento de Jesús?
  • ¿Sigues posicionado en tu “zona de comodidad”? ¿Sigues aferrado, como los discípulos, a tus seguridades, a tus certezas, a tus convicciones? ¿Qué te impide dejar a un lado tu manto?
  • ¿Eres capaz de gritar desgarradamente, de alzar tu voz por encima de las demás, de hacerte oír, aunque existan circunstancias que te lo quieran impedir? ¿Eres capaz de dar el primer paso para salir de esa “zona de comodidad” y seguir a Jesús por el camino? ¿Cuál tendría que ser este primer paso?
  • ¿Qué necesitarías cambiar en tu vida para emprender verdaderamente el camino del seguimiento de Jesús?

solidarity-929400_640

VIDA – ORACIÓN

La oración del ciego Bartimeo, algo desconocida para nuestro contexto cristiano occidental, es sin embargo muy conocida y apreciada por nuestros hermanos de rito oriental (católicos y ortodoxos): la oración de Jesús u oración del corazón. En la obra El Peregrino ruso podemos descubrir la dulzura, importancia y dimensión de esta oración, con la que muchos de esto hermanos nuestros oran a modo de jaculatoria: «¡Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!». Mi invitación es que profundices en esta oración y en su práctica. Y repitas despacio esta invocación en distintos momentos del día y luego continúes practicándola.

Pero esa oración, en realidad debe ser un estímulo, una motivación, un incentivo para comenzar a salir de tu “zona de comodidad”, con la ayuda de Jesús, de la misma manera que hizo el ciego Bartimeo.

 

“¿Qué tengo que hacer para alcanzar la felicidad?” Lectio Divina del domingo XXVIII del T. O.

joven rico

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 10,17-30)

En aquel tiempo, al salir Jesús de camino, un hombre corrió a preguntarle, arrodillándose ante él: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? El único bueno es Dios. Ya conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». Él dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús lo miró con amor y le dijo: «Te queda una cosa que hacer: Anda, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». Al oír esto, el joven se fue muy triste, porque tenía muchos bienes. Jesús miró alrededor y dijo a sus discípulos: «¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!». Los discípulos se quedaron asombrados ante estas palabras. Pero Jesús les repitió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios». Ellos, más asombrados todavía, se decían: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús los miró y les dijo: «Para los hombres esto es imposible; pero no para Dios, pues para Dios todo es posible». Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Os aseguro que nadie deja casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras por mí o por el evangelio, que no reciba el ciento por uno ya en este mundo, en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, con persecuciones, y en el siglo venidero, la vida eterna.

 

Nos volvemos a encontrar a Jesús itinerante, en camino, según el contexto de los capítulos precedentes, hacia Jerusalén, donde Jesús sufrirá la pasión, se enfrentará a la muerte y, al tercer día, resucitará. Entonces, alguien corre a su encuentro, se arrodilla ante él, y le pregunta: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». Podríamos traducir esta pregunta también por: ¿Qué debo hacer para vivir la vida en plenitud, para desarrollarme totalmente como persona? ¿Qué tengo que hacer para alcanzar la felicidad?

Basta con cumplir simplemente una serie de preceptos, de normas… Basta con parecer que somos buenas personas, cumplidoras de nuestros deberes. Basta únicamente, con cumplir. O además de todo esto, hemos de ser proactivos. Y utilizo este término en el sentido de pasar a la acción, de no esperar pasivamente a que las cosas vayan aconteciendo. Jesús nos pide que no nos centremos únicamente en nosotros mismos; si no que ampliemos nuestra mirada y pongamos los ojos, también en los demás. Jesús nos pide que nos pongamos en marcha. Que nos pongamos en camino, que salgamos al encuentro del otro y desarrollemos todas las potencialidades que tenemos dentro de nosotros en favor de las personas que nos rodean. Jesús nos pide que compartamos nuestras riquezas: “Anda, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo.” Nos mira con amor y nos invita, nos llama a un seguimiento muy especial y particular: Anda, desapégate de todas tus riquezas, de todas tus capacidades, de tus talentos, de tus habilidades, de tus cualidades… No te las guardes únicamente para ti, ponlas al servicio de los demás. Regala a los que te rodean tu tiempo, tu sabiduría, tu experiencia, tus gestos, tu cariño… A veces, tu sola presencia, en la que se manifiesta la presencia de Dios y el amor que nos tiene como Padre. Entrégalo todo en las manos de Jesús y ponlo al servicio de las demás personas.

Pon tu confianza en Dios y en ti mismo, como seguidor de Jesús, no en las “cosas” que posees como aquel hombre que se marchó triste porque era muy rico.

mormon-jesus-christ-6Ante todo esto, Pedro en nombre de los demás discípulos, pregunta a Jesús qué va a ocurrir con ellos, que lo han dejado todo por seguirlo. Jesús, creo que mirando también a los discípulos con amor, les enseña que, a pesar de todas las dificultades, los obstáculos y persecuciones, que puedan encontrar en el camino del seguimiento, la recompensa será aún mayor. En el seguimiento de Jesús encontrarán aún más riquezas, fruto de todo lo que se comparte, y una nueva familia: la Iglesia, la familia de los seguidores de Jesús. Y en el futuro, la vida eterna del Reino. Aquel que renuncie a todo por amor a Dios y a los hermanos comenzará a experimentar el Reino aquí en la tierra. La renuncia se convertirá en plenitud. En la unión con Jesús y en el seguimiento del evangelio se experimentará el amor incondicional del Padre y de la comunidad, la Iglesia.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Te encuentras en camino hacia el seguimiento de Jesús y del evangelio?
  • ¿Te has preguntado alguna vez qué tienes que hacer para heredar la vida eterna, para vivir tu vida de una manera plena? Márcate algunas acciones a realizar para ello.
  • ¿Cuál es tu reacción y cómo asumes las palabras de Jesús cuando te dice a ti personalmente: «Vende lo que tienes y da tu riqueza a los pobres?» (Recordamos que la riqueza no se refiere únicamente a lo económico).
  • ¿De qué manera comparto mis riquezas con los demás? ¿Estoy dispuesto/a a renunciar a todo por amor y confiar únicamente en Dios, sabiendo que en esa renuncia encontraré una riqueza aún mayor?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícale por habernos regalado el Reino y poder comenzar al vivirlo, aunque de manera imperfecta en nuestra vida cotidiana.
  • Da gracias a Jesús por regalarnos el don de poder disfrutar los dones y las alegrías del Reino.
  • Pide al Espíritu que te ayude a entregarlo todo a los hermanos por amor a ellos, a Dios y al seguimiento del Evangelio.
  • Pide perdón a Dios por las ocasiones en las que tu corazón está apegado a tus riquezas y no eres capaz de compartirlas con los demás.
  • Asume algún compromiso en favor de las personas que te rodean.

“TODO CON AMOR Y POR AMOR” LECTIO DIVINA DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO – Ciclo B (Mc 10,2-16)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 10,2-16)

En aquel tiempo se le acercaron unos fariseos y le preguntaron con intención de tentarlo: «¿Le está permitido al hombre separarse de su mujer?». Jesús les respondió: «¿Qué os mandó Moisés?». Ellos dijeron: «Moisés mandó escribir un acta de divorcio y despedirla». Jesús les dijo: «Moisés escribió este precepto por la dureza de vuestros corazones. Pero al principio de la creación Dios los hizo macho y hembra. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

Ya en casa, de nuevo los discípulos le preguntaron acerca de esto; Jesús les dijo: «El que se separe de su mujer y se case con otra comete adulterio contra la primera; y si la mujer se separa de su marido y se casa con otro comete adulterio».

Le presentaron unos niños para que les impusiera las manos. Los discípulos los regañaban. Pero Jesús, al verlo, se indignó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí; no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño no entrará en él». Los tenía en brazos y los bendecía imponiéndoles las manos.

 

En el evangelio de hoy, Jesús se ve abocado, a causa de los fariseos, a abordar un aspecto particular de la vida matrimonial de su época.

Recordemos, para situarnos en el texto, que dentro de la comunidad judía existían distintos grupos, con visiones diversas acerca de su religión. Uno de estos grupos eran los fariseos. Una característica fundamental de este grupo era el cumplimiento escrupuloso de la Ley de Moisés, con los 613 preceptos que desarrollaban la misma.

En esta ocasión, como hemos apuntado más arriba, los fariseos, con una cierta mala intención, según nos hace notar el evangelista, interrogan a Jesús sobre la capacidad del ser humano para disolver, por su propia cuenta, el vínculo matrimonial.

No extrapolemos el texto, y queramos trasladarlo sin más a nuestros días. Jesus y DiscipulosDetengámonos, aunque sea brevemente, en intentar encontrar el significado que podría tener el texto en su época. Tengamos en cuenta, que en aquel momento, la ruptura del vínculo matrimonial, por parte del marido, era de lo más normal; incluso, se solía argumentar y justificar con textos de la propia Escritura. En Dt 24,1, por ejemplo, podemos encontrar la siguiente afirmación: «Si un hombre se casa con una mujer y luego no le gusta por haber encontrado en ella algo indecente, le dará por escrito un certificado de divorcio y la echará de casa». Cuidado, porque este enunciado era interpretado de manera muy diversas por los distintos grupos y por las distintas escuelas rabínicas de Israel.

Aquí es donde nos situamos con respecto al texto. Jesús es interrogado por parte de los fariseos sobre la interpretación que él hace acerca de la potestad que tiene el hombre de rechazar a su esposa y enviarla de vuelta a su casa; que como hemos visto, era un derecho del marido según la Ley de Moisés. Jesús por su parte, la interpreta, distinguiendo entre lo que es la voluntad de Dios, o el proyecto originario del Padre, y dicha Ley: Moisés permitió la separación del hombre y de la mujer a causa de la dureza de corazón del Pueblo de Dios.

La dureza de corazón se refiere a no querer aceptar la bondad y acogerla, a ser egoísta, a no mostrar amor, ni misericordia, a querer salirnos siempre con la nuestra aunque no llevemos razón, a cerrarse sobre nosotros mismo; dureza de corazón es resistirse a recibir el amor de Dios y de los hermanos.

El fundamento y pilar más importante del matrimonio, y yo diría que de la vida cristiana, es el amor; y el amor es lo que hace que el hombre y la mujer sean una sola carne; dejan de ser dos para convertirse en uno. El amor entre el hombre y la mujer es expresión del amor de Dios. Y al igual que el amor de Dios es eterno, así debe ser el amor en el matrimonio. Esta es la base, la esencia de la cuestión, que nos plantea el evangelio de hoy trasladándolo a nuestros días, sin entrar en casuística, como hacían los fariseos; ni en problemas de tipo social, en convencionalismos temporales o modelos culturales, pues no me parece el lugar, ni el momento más oportuno. Al igual que Jesús, yo tampoco voy a entrar en las particularidades del asunto.

Ya en casa, los discípulos, por su parte, vuelven a preguntarle. Y Jesús se reafirma en la respuesta dada a los fariseos.

jesus y los niñosA continuación, alguien le acerca a unos niños para que los toque. Precisamente, en el momento en el que se está hablando de cosas serias, de asuntos de adultos, de cuestiones importantes. La reacción de los discípulos, desde la lógica humana, es totalmente normal: se indignan y les regañan. ¡Mira que venir a molestar justamente ahora! Cuando Jesús se da cuenta de aquello riñe a los discípulos, porque de los que son como niños es el Reino de Dios. El Reino es de los bondadosos, los inocentes, de los que se sienten dependientes de los demás; de los que tienen un corazón rebosante de amor, de los que acogen la Palabra, el amor de Dios y de los hermanos; de los que están dispuestos a entregar amor sin esperar nada a cambio, de aquellos que son capaces de abandonar sus seguridades. De éstos es el Reino de los cielos.

Jesús los abraza y los bendice, los acoge, se identifica con ellos, se hace uno con los más pequeños, los más humildes, los más necesitados. Una importante lección para todos nosotros y una actitud y comportamiento que debemos adoptar con los demás, también en nuestra relación de pareja, así haremos posible el proyecto originario de Dios nuestro Padre.

 

 CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué significado tiene para ti la palabra «amor»? ¿Qué entiendes por amor incondicional, gratuito?
  • Sin entrar en la cuestión matrimonial. Tu vida ¿está fundamentada sobre el amor?
  • ¿Cómo acoges a los demás, especialmente a los débiles y más necesitados?
  • ¿Está tu corazón rebosante de amor o al menos, lo intentas?
  • ¿Está tu corazón abierto a la Palabra y a las personas de tu entorno?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por habernos regalado un corazón de carne, semejante al suyo.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte a amar a los demás sin esperar nada a cambio, sin condiciones.
  • Pide al Espíritu que te ayude a conservar tu corazón inocente, humilde, sencillo, acogedor.
  • Pide perdón a Dios por las veces en que conviertes tu corazón en un corazón de piedra, que no es capaz de amar, acoger y comprender al hermano.