Seguir a Jesús: Pararse, analizar, priorizar y actuar. Lectio Divina Domingo XXIII del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 14,25-33

En aquel tiempo, nos dice la liturgia del día de hoy, mucha gente acompañaba a Jesús. También hoy muchos acompañamos a Jesús, o nos decimos seguidores suyos. Pero, ¿verdaderamente estamos en el camino del seguimiento de Jesús? ¿Verdaderamente hemos entendido el significado de ser discípulo de Jesús? No quiero agobiarte ahora con preguntas. Eso será más tarde, en la segunda parte de nuestra lectio, pero me gustaría que tomaras conciencia del significado que puede tener seguir a Jesús y las consecuencias para tu vida.

No creo, como en muchas ocasiones se ha expresado, que Jesús en este fragmento del evangelio nos está invitando a odiar, despreciar o menospreciar a nuestros padres o a nuestra familia. Eso sería inconcebible. Jesús no nos está pidiendo eso, Dios no nos pide eso. ¿Cómo podría un Padre Misericordioso pedirnos eso? Ahora bien, lo que Jesús sí quiere decirnos es que caigamos en la cuenta de cuál es nuestro orden de prioridades, cuáles son nuestros intereses, cuál es nuestra escala de valores y, sobre todo, ¿qué escusas nos ponemos para no ser fieles en el seguimiento de Jesús?

El seguimiento de Jesús conlleva renuncias, dificultades, obstáculos, esfuerzo… como cualquier otra elección que hagamos en la vida. Decidirnos en este momento a practicar algún deporte, por ejemplo, entrañará para nosotros disciplina, compromiso, esfuerzo, priorizar actividades, etc. Pues lo mismo ocurre con nuestro camino de seguimiento.

Es más cuando uno va a comenzar alguna actividad, algún proyecto, alguna tarea, lo primero que hace es sentarse tranquilamente a planificar, estudiar sus posibilidades, ver las dificultades con las que puede encontrarse, etc. En desarrollo personal, diríamos, que es el momento realizar un análisis FARO (herramienta desarrollada por María Francisca Utard): clarificar nuestras Fortalezas, verificar nuestras Áreas de mejora, analizar los Retos que se nos avecinan y percatarnos las Oportunidades que se nos pueden presentar.

Jesús nos invita, en este preciso instante, a que no paremos por un momento, y clarifiquemos qué queremos en nuestra vida de cristianos. Es muy posible que la meta la tengamos clara: el seguimiento de Jesús. Muy bien. La cuestión ahora está en si te has parado por un momento y te has dado cuenta del significado que eso tiene. ¿Qué estás dispuesto a hacer? ¿Sabes que tendrás que priorizar algunas cosas y renunciar a otra? (como en cualquier elección que hagamos en la vida) ¿Has medido tus fuerzas? ¿Cómo harás frente a los retos que tienes por delante?

Jesús nos invita a que analicemos todo esto; y una vez que, hemos decidido que sí, que vamos a seguirle con todas las consecuencias, ponernos manos a la obra, pasar a la acción y colocar en el centro de nuestra vida a Jesús, nuestro Maestro, dejándonos transformar por el Espíritu: asumiendo, acogiendo y haciendo nuestras las actitudes de Jesús. Siendo un reflejo del amor de Dios para todos aquellos que se crucen en nuestro camino. Es sobre todo un camino de plenitud, un camino de satisfacción personal, de crecimiento y desarrollo pleno.

Todo ello, de la mano de María nuestra Madre, a quien recordamos, también hoy, aunque sea domingo, en la fiesta de su Natividad.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Qué significa para ti seguir a Jesús? ¿Cómo contrasta este significado con las palabras del evangelio?

• ¿Cuál es el orden de tus prioridades? ¿A qué estás dispuesto a renunciar por seguir a Jesús? Vuelve a las preguntas con las que nos encontrábamos más arriba y respóndelas delante de Jesús.

• Realiza un análisis FARO de tu vida cristiana cuando vayas a la oración.

VIDA – ORACIÓN

Da gracias al Padre por haberte llamado al camino del seguimiento de Jesús, por haberte llamado a una vida más plena.

Pide a Jesús que te ayude en este camino de transformación y al Espíritu Santo que te ilumine para saber apreciar los recursos que Dios va poniendo en tu camino de seguimiento. Comprométete a priorizar los valores del evangelio y ponerlos en práctica en tu vida, aprovechando precisamente esos recursos que Dios pone a tu alcance.

LECTIO DIVINA DEL DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO (Mc 7,31-37)

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá”, esto es: “Ábrete”. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: “Todo lo ha hecho bien; haced oír a los sordos y hablar a los mudos”.

Vamos a situarnos geográficamente en este pasaje del evangelio de Marcos que la liturgia nos ofrece para nuestro alimento en este domingo. Nos encontramos con que Jesús da un gran rodeo para llegar a la parte oriental del Lago de Galilea. Y el autor del evangelio nos ofrece el nombre de distintas ciudades que se encontraba situadas en aquel lugar : Tiro, Sidón y la Decápolis. Por lo que podemos concluir que Jesús se encuentra en territorio pagano. Por lo que podemos concluir, que el relato que ha continuación se nos va a narrar transcurre entre personas gentiles, es decir no judías y por tanto, no pertenecientes al Pueblo de Israel y que no profesaban la religión de éste. Y por tanto, lo que va a acontecer es que la Buena Noticia de un modo, si queremos peculiar, se va a proclamar a paganos.
En este contexto, le presentan un a un sordo, que además tiene dificultades para hablar; y ruegan a Jesús que le imponga las manos. Ante esto, lo primero que hace Éste es apartarlo que la multitud, lo separa del espacio profano, en el que el gesto que va a realizar puede ser mal interpretado, probablemente porque no tienen fe, aún no les ha sido proclamado el mensaje del Reino. Los que le traen sí que tienen fe, sino no le hubiesen llevado ante Jesús, confían totalmente en Él y en su poder.
A continuación, Jesús le introduce los dedos en los oídos, precisamente para que este sentido pueda estar preparado para escuchar la Palabra. Luego, con la saliva le toca la lengua. La lengua, en el contexto en el que nos estamos moviendo, simboliza el aliento en el que se concentra la vitalidad de la persona.
Después levanta los ojos al cielo suspirando. Levantar los ojos al cielo expresa la unión e intimidad de Jesús con el Padre. Y le dijo: “Effetá”, en lengua hebrea o aramea, que Marcos traduce para sus lectores: “Ábrete”. Al instante, se le abrieron los oídos y se le soltó la lengua. A partir de este momento aquel hombre está preparado para escuchar la Palabra y proclamarla. Aunque Jesús ante una posible mal interpretación de este signo ordena guardar silencio. Algo que no se cumple pues cuanto más lo mandaba Jesús con más insistencia proclamaban el hecho.
El relato concluye con la admiración de la gente: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. El evangelio acaba de llegar a los paganos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué fragmento, palabra, frase versículo… llama especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Por qué te siente identificado con éste? ¿Qué crees que quiere decirte Dios con él en este momento concreto de tu vida?
  • En muchas ocasiones nosotros somos sordos que no escuchamos la Palabra de Jesús, ¿qué haces personalmente para no caer en esta situación o para salir de ella?
  • ¿Me abro de verdad a la Palabra que cada día se me proclama en la liturgia o que puedo leer yo personalmente?
  • En otras ocasiones son otros los sordos, ¿les acerco a Jesús con fe para que les cure de su sordera?
  • En otros momentos, lo que soy es incapaz de anunciar el Evangelio de Jesús, ¿qué hago entonces o qué debería hacer?
  • ¿Qué mensaje es el que transmito a los demás acerca de Jesús?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Mantén un amigable e intimo diálogo con Jesús.
  • Agradece al Padre el don de la fe y a Jesús el que te haya regalado su Palabra.
  • Pide al Espíritu que abra tus oídos para escuchar la Buena Noticia del Evangelio.
  • Comprométete a llevar Jesús a todos con los que te encuentres y anunciales la Buena Nueva del Reino, especialmente a los que más lo necesitan.