“ALEGRAOS CON JERUSALÉN”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Isaías 66,10-14c

10«Alegraos con Jerusalén, regocijaos por ella todos los que su duelo soportáis, 11a fin de que maméis y os saciéis de su seno de consuelo, a fin de que saboreéis y os recreéis en sus pechos de gloria. 12Pues esto dice el Señor: “Yo haré correr por ella como un río la paz, y como un torrente desbordado la gloria de las naciones. Sus lactantes serán llevados en brazos y acariciados sobre las rodillas. 13Como a un hijo a quien consuela su madre, así yo os consolaré a vosotros; por Jerusalén seréis consolados. 14Cuando veáis esto, vuestro corazón se alegrará y vuestros huesos reverdecerán como la hierba. Sí, la mano del Señor se dará a conocer a sus siervos.”»

El fragmento, que hoy nos ofrece la liturgia en la primera lectura, pertenece a la tercera parte del libro de Isaías o Tritoisaías. El cual fue escrito después de volver del exilio de Babilonia (539 a.C.). Después de que Jerusalén fuera tan humillada por este imperio, Yahveh la levantará y le dará un nuevo esplendor.

El pueblo de Israel se encuentra con muchas dificultades a la vuelta del exilio, no sólo debe reconstruir el templo y la ciudad de Jerusalén, sino que debe reconstruirse como pueblo.

Dios va a cumplir su promesa en Jerusalén. Por eso hay que alegrarse con ella, por eso hay que gozar con ella. Dios ha devuelto a su Pueblo a su patria, a su tierra. Dios continúa estando en medio de su pueblo.

Dios promete a su pueblo alegría y consuelo. Alegría y consuelo que serán permanentes. Dios devolverá a Jerusalén todo su esplendor. Y Yahveh consolará a su Pueblo. Dios se dará a conocer a aquellos que lo aman.

A partir de ahora, Yahveh promete a Israel la paz. Un paz que se derrama abundantemente como un río, una paz que traerá bienestar, prosperidad, tranquilidad. Que será una bendición para el Pueblo elegido. Dios quiere transmitirle esperanza.

Dios promete a Israel que le va a consolar, que le va a cuidar como una madre a sus hijos. Este pasaje de Isaías nos muestra un Dios bondadoso, tierno, misericordioso, atento a las necesidades de los seres humanos.

Sería bueno, que hoy recordáramos a este Dios que con cada uno de nosotros se muestra cercano, que nos cuida, que nos ama y quiere estar a nuestro lado apoyándonos, sosteniéndonos, ayudándonos, siendo nuestro compañero de camino. Dios está con nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios en su cercanía, en su proximidad al ser humano, le ofrece alegría y consuelo, sobre todo en los momentos difíciles, ¿eres consciente de ello? ¿Cómo percibes esa cercanía de Dios en tu día a día?
  • ¿Cómo vives los momentos de dificultad en tu propia vida? ¿Vives desde la esperanza o desde la desesperación? ¿Desde la alegría, desde la confianza, desde la superación, sabiendo que Dios está a tu lado?
  • ¿Eres transmisor de la alegría, de la paz, de la esperanza que Dios te regala?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 122

1¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!

2Ya estamos en tus puertas, oh Jerusalén:

3Jerusalén, la bien edificada, la ciudad bien unida.

4Allí suben las tribus, las tribus del Señor, según la norma de Israel, para alabar el nombre del Señor.

5Allí están los tribunales de justicia, los tribunales de la casa de David.

6Pedid la paz para Jerusalén: «Que vivan tranquilos tus amigos,

7que reine la paz dentro de tus muros y la tranquilidad en tus palacios».

8Por mis hermanos y compañeros, diré: «La paz esté contigo».

9Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo la felicidad.

“TEN EN CUENTA LO QUE HE HECHO CONTIGO”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

1Reyes 19,16b.19-21

En aquellos días. El Señor dijo a Elías en el monte Horeb: 16a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, le ungirás profeta en tu lugar. 19Elías se fue de allí en busca de Eliseo, al que encontró arando. Tenía delante de sí doce yuntas de bueyes, y él araba con la duodécima. Elías pasó junto a él y le echó encima su capa. 20Eliseo, entonces, dejó los bueyes, corrió detrás de Elías y le dijo: «Déjame dar un beso a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré». Elías respondió: «Anda, vuélvete; pero ten en cuenta lo que he hecho contigo». 21Se apartó de Elías, tomó la yunta de bueyes y la inmoló; y con los aperos de los bueyes coció la carne y la repartió a la gente para que la comiera. Luego se levantó, siguió a Elías y fue su servidor.

La liturgia de hoy nos ofrece un fragmento del libro primero de los Reyes, concretamente del llamado “ciclo de Elías”, en el que se nos narran los acontecimientos y experiencias del Profeta. El cual, era oriundo de Galaad, en el Reino del Norte. Parece ser, que vivió alrededor del siglo IX antes de Cristo, cuando reinaba el rey Ajab.

Elías está en el monte Horeb, lugar en el que tuvo una experiencia de encuentro con Yahveh. Allí recibió su llamada y fue enviado a la misión de ofrecer la Palabra de Dios a sus contemporáneos. A punto de concluir su existencia terrena, en este mismo lugar, recibe una nueva llamada por parte de Dios en la que le ordena que elija a su sucesor. Éste será Eliseo, hijo de Safat.

Elías cubre a Eliseo con su manto. Con este gesto, le está diciendo que de ahora en adelante se convierte en profeta de Yahveh. Éste le llama a dejarlo todo y a entregarse totalmente a su nueva misión. Y él lo deja todo, sigue a Elías, para desde este momento convertirse en profeta del Señor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál ha sido tu experiencia de encuentro con Dios? ¿A qué crees que te está llamando? ¿Cómo respondes a esa llamada?
  • ¿Dios te llama a transmitir su palabra y a señalar a tus contemporáneos la presencia de Dios en sus vidas? ¿Estás dispuesto a ello?
  • ¿Estás dispuesto a entregarte totalmente en la difusión de la Palabra de Dios? ¿Sin condiciones?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 139

Señor, tú me has examinado y me conoces;

 2 sabes cuándo me acuesto y cuándo me levanto, desde lejos te das cuenta de mis pensamientos;

 3 tú ves mi caminar y mi descanso, te son familiares todos mis caminos;

 4 no está todavía la palabra en mi lengua y ya, Señor, tú la conoces por entero.

 5 Tú me envuelves por detrás y por delante, y tienes puesta tu mano sobre mí.

 6 Tu sabiduría es un misterio para mí, es tan sublime que no puedo comprenderla.

 7 ¿Adónde podría ir lejos de tu espíritu, adónde podría huir lejos de tu presencia?

 8 Si subo hasta los cielos, allí te encuentras tú; si bajo a los abismos, allí estás presente;

 9 si vuelo hasta el origen de la aurora, si me voy a lo último del mar,

 10 también allí tu mano me retiene y tu diestra me agarra.

 11 Si digo: «Las tinieblas me envuelven y la luz se ha hecho noche en torno a mí»,

 12 tampoco las tinieblas son tinieblas para ti, ante ti la noche brilla como el día.

 13 Porque tú formaste mis entrañas, tú me tejiste en el vientre de mi madre.

 14 Confieso que soy una obra prodigiosa, pues todas tus obras son maravillosas; de ello estoy bien convencido.

 15 Mis huesos no se te ocultaban cuando yo era formado en el secreto, tejido en lo profundo de la tierra;

 16 tú me veías cuando era tan sólo un embrión, todos mis días estaban escritos en tu libro, mis días estaban escritos y contados antes de que ninguno de ellos existiera.

 17 Oh Dios, ¡qué difíciles son para mí tus pensamientos, qué grande es el número de ellos!

 18 Si los cuento, son más numerosos que la arena; si logro terminar, aún estoy contigo.

 19 Oh Dios, ¡ojalá mataras a los criminales; aleja de mí a los asesinos!

 20 Ellos dicen de ti cosas inicuas, pero en vano se levantan contra ti.

 21 Oh Señor, ¿no odio a los que te odian?, ¿no aborrezco a los que se rebelan contra ti?

 22 Los odio con un odio implacable y son mis propios enemigos.

 23 Examíname, Señor, y reconoce mi interior, explórame y conoce mis pensamientos;

 24 mira si voy por mal camino y guíame por el camino eterno.

“TÚ SIGUEME” – LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL  DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 9,51-62

51Al llegar el tiempo de su partida de este mundo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén, 52y envió mensajeros por delante. Éstos entraron en una aldea de samaritanos para prepararle alojamiento. 53Pero los samaritanos no lo recibieron porque iba camino de Jerusalén. 54Al ver esto, los discípulos Santiago y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». 55Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió.

56Y se fueron a otra aldea.

57Mientras iban de camino, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». 58Jesús le dijo: «Las raposas tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». 59Dijo a otro: «Sígueme». Y él respondió: «Señor, déjame antes ir a enterrar a mi padre». 60Y le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ven a anunciar el reino de Dios». 61Un tercero dijo a Jesús: «Yo te seguiré, Señor, pero permíteme que me despida antes de mi familia». 62Y Jesús le dijo: «El que pone la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios».

El pasaje con el que hoy vamos a orar se encuentra enmarcado dentro del llamado último viaje a Jerusalén. Al cual Lucas da bastante importancia, al menos en extensión pues ocupa casi nueve capítulos. Aunque más que un recorrido geográfico, lo que el evangelista quiere mostrarnos es un itinerario espiritual y de crecimiento para los discípulos de Jesús, para que estos lleguen a comprender mejor la enseñanza y el seguimiento del Maestro.

Este evangelio podemos dividirlo en dos partes: en la primera, se nos narra el comienzo del citado viaje, con el rechazo por parte de los samaritanos, y la corrección que Jesús hace a los discípulos; en la segunda parte se nos relatan las exigencias para seguir a Jesús.

Ha llegado el momento de acoger la pasión, muerte y resurrección por parte de Jesús, lo cual hace consiente y libremente; e inicia su viaje. Envía por delante a sus discípulos, para que vayan allanando el camino, anunciando el Reino de Dios.

La ruta que siguen, no deja de ser un poco extraña, pues los judío que, desde Galilea, se desplazaban a la Ciudad Santa, lo hacían dando un gran rodeo, para evitar precisamente la región de Samaría. Y esto sucedía así porque entre los judíos y los samaritanos existía un fuerte enfrentamiento, ya que unos a otros se consideraban herejes e intentaban, por todos los medios, no entrar en contacto entre ellos. Debido a esto, podemos entender también el rechazo que sufrieron los discípulos, por parte de los samaritanos, al darse cuenta de que eran judío y se dirigían a Jerusalén. En parte, también es entendible la reacción de los discípulos, Santiago y Juan, los cuales quieren incitar a Jesús para que envíe sobre ellos el castigo divino. Nada más lejos del pensamiento del Maestro de Nazaret, que lo que ha venido es a reconciliar a todos los pueblos y a perdonar a todas las personas. Aquel que quiera seguir a Jesús tiene que enarbolar la bandera del amor y la misericordia.

Y ahora comienza ese itinerario hacia Jerusalén en el que Jesús quiere preparar a sus discípulos para que sean testigos de su vida, pasión, muerte y resurrección.

En el camino, se encuentran con tres personas que quieren ser seguidores del Maestro. En la respuesta que da a cada uno de ellos nos mostrará las exigencias que tienen que asumir aquel que quiera emprender el seguimiento de Jesús.

El primero, se ofrece para seguirle incondicionalmente: «Te seguiré a donde quiera que vayas». Jesús lo que le presenta a él, y a todo aquel que quiera seguirle es un estilo de vida sin seguridad alguna, de pobreza, de desprendimiento: «Las raposas tiene madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»

El segundo, es llamado por Jesús, el cual le pone la condición de poder enterrar a su padre, es decir de poderlo cuidar hasta la muerte y después le seguirá. Sin embargo, el seguimiento de Jesús no permite ninguna demora, retraso o procrastinación; el seguimiento de Jesús de Jesús ha de ser inmediato.

El tercero, también, se ofrece él mismo para el seguimiento, aunque, al mismo tiempo, pone su condición: «permíteme que me despida antes de mi familia». Sin embargo el seguimiento de Jesús reclama una disponibilidad total y la ruptura, incluso con el pasado: «El que pone la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios».

Sin duda que, son exigencias drásticas. Pero, lo que nos está diciendo Jesús, no es que abandonemos a los nuestros o que no cuidemos de nuestros mayores; lo que nos está diciendo es que nada debe anteponerse a nuestro objetivo principal: el anuncio del reino; que nada debe apartarnos de nuestra meta. Comenzar a seguir a Jesús exige un compromiso serio y responsable, en el cual no caben las excusas.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Jesús también te envía a ti para preparar el camino de la acogida de su Palabra, te envía a anunciar el Reino, ¿cómo acoges esta invitación?

• En el itinerario de anuncio del Reino encontrarás en más de una ocasión oposición y rechazo, ¿cómo crees que reaccionarias ante ello?

• Puedes tomar en el día de hoy, el pulso a tu seguimiento cristiano, ¿qué estás dispuesto a hacer para anunciar la Palabra de Dios? ¿a qué estás dispuesto a renunciar? ¿cuáles son tus prioridades?

• ¿Qué acciones estás dispuesto a poner en marcha para ir construyendo y anunciando el Reino de Dios en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 40

2 En el Señor he puesto toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi grito;

3 me sacó de la fosa mortal, del fango cenagoso; puso mis pies sobre la roca, aseguró mis pasos;

4 puso en mi boca un cantar nuevo, una alabanza para nuestro Dios. Muchos, al verlo, temerán y confiarán en el Señor.

5 Dichoso el hombre que en el Señor ha puesto su esperanza y no se ha ido con los arrogantes ni con los que se pierden en engaños.

6 ¡Qué grandes son, Señor, Dios mío, los proyectos y los milagros que hiciste por nosotros!: eres incomparable. Yo quisiera decirlos, proclamarlos; pero son tantos, que no pueden contarse.

7 Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, no pides holocaustos ni sacrificios por el pecado; en cambio, me has abierto el oído,

8 por lo que entonces dije: «Aquí estoy, en el libro está escrito de mí:

9 Dios mío, yo quiero hacer tu voluntad, tu ley está en el fondo de mi alma».

“DADLES VOSOTROS DE COMER” – LECTIO DIVINA SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Lc 9,11b-17

En aquel tiempo, Jesús hablaba a la gente del Reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación. El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron: “Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado”. Él les contestó: “Dadles vosotros de comer”. Ellos replicaron: “No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente”. Porque eran unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: “Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno”. Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos. Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que le había sobrado: doce cestos llenos de las sobras.

El texto evangélico, con el que hoy se nos invita a orar, hemos de enmarcarlo, como siempre hacemos en nuestra Lectio, dentro de un contexto más amplio. El capítulo 9 del evangelio de Lucas, comienza con el envío de los Doce “anunciando la Buena Nueva y haciendo curaciones por todas partes” (cf. Lc 9,1-6); a continuación, vemos como el virrey Herodes está sorprendido de todo lo que se cuenta acerca de Jesús, pues piensa que es Juan Bautista resucitado, a quien él cortó la cabeza (cf. Lc 9,7-9). Entonces los discípulos regresan de la misión y comienzan a contarle a Jesús todo lo que habían hecho, éste les invita a retirarse juntos a un lugar tranquilo, en dirección a un pueblo llamado Betsaida. La gente al saberlo lo siguió. Aquí es donde arranca nuestro relato.

El texto nos narra uno de los signos realizados por Jesús, el conocido como la multiplicación de los panes y los peces.

A mi parecer, es interesante relacionar este texto con el Antiguo Testamento. Pues los judíos del tiempo de Jesús esperaban impacientes la llegada del Mesías; un Mesías que tenía, por así decir, su modelo en Moisés, el gran liberador del Pueblo de Israel; por lo que dicho Mesías, de alguna manera debía realizar los prodigios que se le atribuían a Moisés: conducir a su pueblo y alimentarlo; de la misma manera que él lo hizo en el desierto.

Sin embargo, nos encontramos dentro de un contexto histórico mucho más amplio: la comunidad de Lucas. Ésta hemos de constatar que no es predominantemente de cultura judía, es una comunidad más bien de origen griego, en la que se comienza a celebrar la eucaristía. Su objetivo, no es tanto la justificación del mesianismo de Jesús, como el de afianzar a su comunidad en la fe en la eucaristía y el significado que para ellos debería tener. Aunque eso no quiere decir que Lucas no enraíce su relato en la tradición de los grandes personajes del Pueblo de Israel.

El relato nos pone en situación con respecto al hecho que posteriormente nos va a contar. La muchedumbre ha venido a escuchar a Jesús y ser curada por él y comienza a anochecer. Están en despoblado. Habría que proveerles de alimento y, bueno, si fuera posible de alojamiento. La única solución, a simple vista, es enviarlos a las aldeas vecinas para, para al menos, tomar algo y recuperar fuerzas, para que puedan continuar camino hacia sus casas.

Jesús, lejos de amedrentarse, les dice a sus discípulos: “Dadles vosotros de comer”. Me imagino la reacción de estos. ¿Cómo? ¿Pero el Maestro está en su sano juicio? ¿Cómo vamos a dar nosotros de comer a tal cantidad de gente con los medios que tenemos? Imposible. Solo tenemos cinco panes y dos peces. La primera reacción de los discípulos es “echar balones fuera”. Que sean otros los que solucionen el problema. La solución del problema está fuera. Pero no. Eso no es cierto. Y no es cierto nunca. La solución está dentro de nosotros mismos y dentro de la comunidad. Lo único que tenemos que hacer es ser conscientes de nuestros recursos, de nuestras fortalezas, de nuestro potencial y ponernos manos a la obra. El resto lo hará Jesús. Como diría San Ignacio de Loyola: Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios. Pero actúa.

Jesús hace que se sienten en grupos de cincuenta personas. Entonces, Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y los dio a sus discípulos para que los distribuyeran. ¿A qué te suena, querido lector? A ti no sé, pero a mí inmediatamente me evoca la eucaristía.

Dejando un poco a parte el milagro, que en ningún momento me atrevería a negar. Lucas le está diciendo a su comunidad y nos dice a nosotros hoy, que la Eucaristía es compartir. La eucaristía nos tiene que llevar a estar atentos a las necesidades de nuestro prójimo, intentar salir al paso de las carencias, de las penurias, de la miseria, de los problemas de todos aquellos con los que nos encontramos a diario. Y no con grandes medios o impresionantes acciones; con nuestra propia pobreza, con lo poquito que podemos tener, pero que estamos dispuestos a aportar y a entregar para que Jesús lo transforme en abundante. Una abundancia tal, que es capaz de saciar a una muchedumbre y llenar doce canastos de sobra.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• ¿Cómo acoges el don de la vida plena que Jesús te ofrece en cada eucaristía?

• ¿Al asimilar el cuerpo y la sangre de Jesucristo eres consciente de que poco a poco se tiene que producir en tu vida un cambio radical?

• En la celebración eucarística, te alimentas de la doble mesa de la Palabra y la Eucaristía, ¿Eres consciente de ello? ¿Son ambos importantes para ti? ¿Cómo vives estos momentos?

• También a ti, Jesús te dice: “Dales tú de comer” ¿Cómo acoges esa invitación? ¿Estás dispuesto a poner en marcha todos los recursos a tu alcance para salir al frente de las necesidades de los que te rodean?

VIDA – ORACIÓN

Te doy gracias, Maestro y verdad,

por haberte dignado venir a mí,

ignorante y débil.

En unión con María te ofrezco al Padre:

contigo, por ti y en ti,

sea por siempre la alabanza,

la acción de gracias y la súplica

por la paz de los hombres.

Ilumina mi mente,

hazme discípulo fiel de la Iglesia;

que viva de fe;

que comprenda tu palabra;

que sea un auténtico apóstol. 

Haz, Maestro divino,

que la luz de tu Evangelio llegue

hasta los últimos confines del mundo.(Beato Santiago Alberione)

“BENDITO SEAS”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Génesis 14,18-20

En aquellos días, 18Melquisedec, rey de Salén, sacó pan y vino; era él sacerdote del Dios altísimo, y 19bendijo a Abrán diciendo: «Bendito seas, Abrán del Dios altísimo, que creó el cielo y la tierra, y 20bendito sea el Dios altísimo, que ha puesto en tus manos a tus enemigos». Y Abrán le dio el diez por ciento de todo.

Hoy es un día para meditar y orar en torno al misterio eucarístico. Se nos invita a caer en la cuenta y tomar conciencia de la importancia de la eucaristía en nuestra vida. Alimento que se nos da para nuestra edificación, crecimiento y desarrollo. Participar de la eucaristía, alimentarnos con el cuerpo y la sangre de Jesús, nos lleva a transformarnos como seres humanos en mejores personas, a transformarnos según nuestro modelo que es Jesucristo, a vivir como Él vivió y a darnos a los demás como Él se dio.

Para ayudarnos a todo ello, la liturgia nos ofrece hoy, en la primera lectura, un fragmento del libro del Génesis. Concretamente, del capítulo 14 en el que nos narra el encuentro de Abrán con Melquisedec, rey de Salén; el cual acoge al Patriarca, lo agasaja y bendice. Con ello, se está uniendo la historia de Abrán con la de los grandes reyes de oriente, pues en este mismo capítulo se hace referencia a estos.

El pasaje con el que oramos hoy comienza con la ofrenda del pan y del vino. Con el que se simboliza la gratitud a Dios por los dones de la tierra y por el alimento que a diario nos regala. Se entra, también, de esta manera en comunión con Dios.

A continuación, Melquisedec bendice a Abrán. Lo cual equivale a desearle todo bien. Pero de quien proviene todo bien es de Dios. Es, por así decir, como desear que Dios le conceda todo aquello que necesita.

Ofrenda y bendición son signo del que la promesa hecha por Dios a Abrán se cumplirán: se convertirá en padre de un gran pueblo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Cada día te encuentras con personas que son signos de la bendición de Dios, ¿eres consciente de ello? ¿Cómo las acoges?
  • ¿Das gracias a Dios por los dones que cada día te regala? ¿Y sobre todo por el mayor don que es la eucaristía?
  • ¿Ofreces palabras de bendición a aquellas personas con las que te encuentras a diario? ¿Palabras de bien decir? ¿Deseas lo mejor para tu prójimo?
  • ¿Entregas y derramas el amor de Dios a las personas que te rodean? ¿De que forma podrías hacerlo de manera más plena?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 116

1Bendito sea el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para la batalla y mis puños para el combate;

2mi amor, mi fortaleza, mi ciudadela y mi libertador, el escudo con el que me protejo, el que somete a los pueblos bajo mi poder.

3Señor, ¿qué es el hombre para que te cuides de él, este mortal para que en él pienses?

4El hombre es como un soplo, sus días como sombra que pasa.

5Señor, despliega los cielos y desciende, toca los montes para que echen humo;

6haz estallar el rayo y dispérsalos, lanza tus saetas y destrúyelos.

7Extiende tu mano desde lo alto y sálvame, líbrame de las aguas torrenciales, de la mano de una raza extranjera,

8cuya boca dice falsedades y cuya diestra jura en falso.

9Oh Dios, voy a cantarte un cantar nuevo, a tocar para ti la lira de diez cuerdas.

10Tú das a los reyes la victoria, tú salvas a tu siervo David de la espada mortal.

11Sálvame y líbrame de las manos de una raza extranjera, cuya boca dice falsedades y cuya diestra jura en falso.

12Que nuestros hijos sean en su juventud como plantas frondosas, y nuestras hijas como cariátides, modelos de palacios;

13que nuestros graneros estén llenos, rebosantes de frutas de todas las especies; que nuestros rebaños se multipliquen a millares, a miles y miles por nuestras praderías;

14que nuestros bueyes vengan bien cargados, que no haya brechas ni fugas, ni gritos de alarma en nuestras plazas.

15Dichoso el pueblo que tiene todo esto, dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

El Espíritu Santo nos guiará hacia la plenitud – Lectio Divina de la Solemnidad de la Santísima Trinidad – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 16, 12-15

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de los mío y os lo anunciará.

No me corresponde a mí, ni creo que sea el objetivo último de la Lectio Divina, explicar el Misterio de la Santísima Trinidad. Es algo que dejamos a los teólogos especializados en dogmática. Nuestro objetivo sí que es, acercar la Palabra de Dios a toda aquella persona que quiera escucharla. De ahí, la importancia de enmarcar bien los textos, intentando desentrañar el significado que podrían tener los mismos en la época en que se escribieron; y, además, intentar actualizarlos a nuestro hoy actual. Y eso es lo que vamos a intentar realizar, con el texto que la liturgia nos regala para celebrar la solemnidad de la Santísima Trinidad.

Primeramente, creo que es importante que enmarquemos un poco el texto dentro de un contexto más amplio. El texto evangélico de hoy se encuentra dentro del llamado discurso de despedida de Jesús. El cual es pronunciado en la última cena. Todo ello forma parte de una gran sección llamada el libro de la revelación (13, 1—17, 26).

Nos encontramos, pues, en un ambiente de intimidad: la última cena. En ella, Jesús pronuncia ese largo discurso, que hemos denominado antes libro de la revelación. Jesús quiere mostrar a sus discípulos lo más íntimo de su ser; es decir, el sentido del seguimiento a su persona y el pilar en el que está asentada la nueva comunidad: el amor.

La misión de llevar el amor de Dios a toda la humanidad no estará exenta de dificultades, pero estando unidos a Jesús, todo será más fácil, el Espíritu de la Verdad irá acompañando a la comunidad guiándola hasta la verdad plena.

Jesús ha ido transmitiendo a sus discípulos lo que el Padre le ha comunicado desde toda la eternidad. Sin embargo, los discípulos no pueden llegar a entender el alcance de este mensaje en su totalidad, ni en toda su riqueza. Nosotros si lo sabemos, pero cuando Jesús pronunció estas palabras, sus discípulos no sabían que iba a morir, ni comprendían el alcance que podría tener la pasión, muerte y resurrección del Maestro, tampoco nosotros llegamos a comprenderlo plenamente. Hacia esa comprensión más o menos plena les guiará el Espíritu y nos guiará a nosotros. Éste será quien ayude a “entender” y a poner en práctica las palabras de Jesús.

A la luz de la resurrección, con la ayuda del Espíritu Santo, la comunidad, los cristianos de todos los tiempos, podrán y podremos vislumbrar de manera más clara el verdadero sentido y el verdadero significado de las palabras y de la vida de Jesús.

Tener los ojos abiertos y los oídos atentos a los acontecimientos cotidianos, así como estar abiertos a la voz del Espíritu nos puede ayudar a encontrar el verdadero sentido de todo aquello que está por venir y que está ocurriendo a nuestro alrededor.

El Espíritu Santo glorificará a Jesús; es decir, pondrá en evidencia el amor que Jesús manifestó durante toda su vida y que le llevó a asumir su muerte y a experimentar la resurrección. Porque la esencia de Dios no es otra, sino el amor; al igual que el verdadero ser del hombre no es otro sino el amor. El Espíritu Santo será, por consiguiente, quien nos comunique en plenitud el amor de Dios manifestado en la entrega incondicional de Jesús.

Estando unidos al Espíritu Santo, encontrándonos en sintonía con Él, podremos lograr nuestra propia transformación personal, nuestro verdadero desarrollo y crecimiento, llegar a ser verdaderos seres humanos, en toda nuestra plenitud. Y para llegar a ser plenamente humanos, el modelo no es otro si no Jesús de Nazaret. El Espíritu nos irá transformando para llevarnos a la plenitud de Jesús, que es la plenitud del ser humano.

Todo lo que tiene el Padre es de Jesús. Pero lo más importante y lo más vital que poseen es el amor. Precisamente desde el dinamismo del amor se realiza esa unión entre las tres personas de la Santísima Trinidad que hacen que a la vez sen sólo uno.

No intentemos resolver este misterio como si se tratase de un problema matemático, va a ser imposible que lleguemos a comprenderlo. Intentemos, sin embargo, vivirlo desde el amor. Intentemos vivir en comunión con cada una de las personas de la Santísima Trinidad. Intentemos relacionarnos entre nosotros, aunque cada uno seamos únicos e irrepetibles, desde el amor, la comunicación, el respeto, el dialogo… Y tal vez, en algún momento, lleguemos a percibir y experimentar el verdadero sentido de la Santísima Trinidad.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• ¿Cómo es tu vivencia de la Trinidad, aunque no llegues a comprender este misterio?

• ¿Acoges con todo tu ser el amor que Dios te ofrece y te regala incondicionalmente?

• ¿Qué acciones podrías emprender para mostrar el amor de Dios en tu propio ambiente?

• ¿De qué manera puedes intentar estar más abierto a los acontecimientos que ocurren a tu alrededor y a la voz del Espíritu?

VIDA – ORACIÓN

Divina Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,

presente y operante en la Iglesia y en lo más profundo de mi ser;

yo te adoro, te doy gracias y te amo.

Por medio de María, Reina de los Apóstoles,

me ofrezco entrego y consagro totalmente a ti

por toda la vida y para la eternidad.

A ti Padre del cielo, me ofrezco, entrego y consagro como hijo.

A ti, Jesús Maestro, me ofrezco, entrego y consagro como hermano y discípulo.

A ti Espíritu Santo, me ofrezco entrego y consagro como “templo vivo”,

para ser consagrado y santificado.

María, madre de la Iglesia y madre mía,

tú que vives en intimidad con la Trinidad Santísima,

enséñame a vivir, por medio de la liturgia y los sacramentos,

en comunión cada vez más profunda con las tres divinas Personas,

para que toda mi vida sea un “Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”. Amén. (Beato Santiago Alberione).

“YO ESTABA AL LADO DE DIOS”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Proverbios 8,22-31

Esto dice la Sabiduría de Dios: 22 El Señor me creó en el comienzo de sus obras, antes que comenzara a crearlo todo. 23 Desde la eternidad fui constituida; desde el comienzo, antes del origen de la tierra. 24 Cuando el abismo no existía, fui yo engendrada; cuando no había fuentes, ricas en aguas. 25 Antes que los montes fueran fundados, antes de las colinas fui yo engendrada;  26 cuando aún no había hecho la tierra y los campos, ni los elementos del polvo del mundo. 27 Cuando estableció los cielos, allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo, 28 cuando condensó las nubes en lo alto, cuando fijó las fuentes del abismo, 29 cuando asignó su límite al mar para que las aguas no salieran de sus límites, cuando echó los cimientos de la tierra, 30 yo estaba a su lado como arquitecto, y yo era cada día sus delicias, recreándome todo el tiempo en su presencia, 31 recreándome en su orbe terrestre y encontrando mis delicias con los hijos de los hombres.

La liturgia de hoy, solemnidad de la Santísima Trinidad, en la primer lectura nos ofrece un fragmente del libro de los Proverbios.

Este libro quiere ofrecernos un conjunto de variadas enseñanzas que cubren todos los aspectos de la vida humana. Su objetivo es encaminar al hombre hacia la felicidad. En el capítulo 8, el autor quiere invitarnos a conocer la presencia de la Sabiduría, precisamente, en la creación, que lo ordena todo y permite la comunicación entre Dios y los hombres.

Para la Sagrada Escritura, sabio no es únicamente aquel que tiene muchos conocimientos, sino aquel que es capaz de descubrir la presencia de Dios a su alrededor y en lo acontecimientos de su vida.

Pero el autor del libro de los Proverbios quiere ir mucho más allá. La Sabiduría es la mirada que Dios dirige hacia su obra creada, es la Palabra que hizo existir todas las cosas, es la belleza que nos acompaña, es la presencia de Dios que está presente en nuestro día a día.

La Sabiduría es el rostro amoroso de Dios. Un Dios que quiere entrar en comunicación con los seres humanos y quiere relacionarse con ellos. Un Dios que acompaña a sus criaturas en el camino de la vida. La alegría de Dios, su delicia es admirar la creación y estar al lado de los hombres.

Creo que es una muy interesante y bonita reflexión la que podemos hacer en esta solemnidad de la Santísima Trinidad, ¿soy consciente de la presencia de Dios en mi vida?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿De qué manera buscas la felicidad? ¿Haces a Dios partícipe de esa búsqueda?
  • ¿Eres capaz de percibir la presencia de Dios a tu alrededor y en los acontecimientos de tu vida? ¿De qué manera está presente Dios en tu existencia?
  • ¿Percibes el rostro amoroso de Dios en tu día a día? ¿Eres consciente de que él quiere comunicarse contigo? Y tú, ¿de qué manera te comunicas con Él?
  • ¿De qué manera muestras la bondad de Dios a los demás?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 119

65 Tú has sido muy bueno con tu siervo, Señor, conforme a tu palabra;

 66 enséñame el buen sentido y el saber, pues yo tengo fe en tus mandamientos;

 67 antes de que me humillaras andaba extraviado, pero ahora guardo tu palabra;

 68 tú eres bueno y bienhechor, haz que aprenda tus decretos;

 69 los orgullosos me acusan falsamente, yo guardo tus preceptos con todo el corazón;

 70 tienen el corazón embrutecido, pero yo me deleito en tu ley;

 71 fue un gran bien para mí ser humillado, para aprender tus decretos;

 72 la ley de tu boca es para mí mejor que millones de oro y plata.

 73 Tus manos me han hecho y me han formado; instrúyeme y aprenderé tus mandamientos.

 74 Tus fieles al verme se llenan de alegría, porque yo espero en el Señor.

 75 Yo sé, Señor, que son justas tus sentencias y que me has humillado con razón;

 76 que tu amor me consuele, conforme a la promesa que me hiciste;

 77 que me alcance tu compasión y viviré, porque tu ley hace mis delicias;

 78 humilla a los soberbios que sin razón me oprimen; yo medito en tus preceptos;

 79 que vuelvan conmigo tus leales, los que conocen tus órdenes;

 80 que yo cumpla perfectamente tus decretos para no tener que avergonzarme.

 81 Mi alma se deshace deseando que me salves, yo espero en tu palabra;

 82 mis ojos se deshacen deseando tu promesa; ¿cuándo me vas a consolar?

 83 Soy como un pellejo puesto al humo, pero no he olvidado tus decretos.

 84 ¿Cuántos serán los días de tu siervo? ¿Cuándo harás justicia con los que me persiguen?

 85 Los soberbios me han cavado fosas, en contra de tu ley;

 86 todos tus mandamientos son verdad; me persiguen sin razón: ¡ayúdame!;

 87 por poco no me han extirpado de la tierra, pero yo no he abandonado tus preceptos;

 88 según tu amor dame la vida, y yo guardaré los decretos de tu boca.

 89 Tu palabra, Señor, permanece eternamente, más estable que los mismos cielos;

 90 tu lealtad perdura por todas las edades, tú fijaste la tierra y ahí está;

“QUEDARON LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Hechos 2,1-11

1Al llegar el día de pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2De repente un ruido del cielo, como de viento impetuoso, llenó toda la casa donde estaban. 3Se les aparecieron como lenguas de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. 4Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse.

5Había en Jerusalén judíos piadosos de todas las naciones que hay bajo el cielo. 6Al oír el ruido, la multitud se reunió y se quedó estupefacta, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. 7Fuera de sí todos por aquella maravilla, decían: «¿No son galileos todos los que hablan? 8Pues, ¿cómo nosotros los oímos cada uno en nuestra lengua materna? 9Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, el Ponto y el Asia, 10Frigia y Panfilia, Egipto y las regiones de Libia y de Cirene, forasteros romanos, 11judíos y prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las grandezas de Dios».

Hoy los apóstoles y María quedaron llenos del Espíritu Santo. Hoy es Pentecostés. Hoy los dones del Espíritu, también, se derraman sobre cada uno de nosotros. Hoy gracias el Espíritu somos transformados para dar testimonio de Cristo Resucitado. El anuncio de la Buena nueva no es algo personal o casual, es el Espíritu Santo quien nos impulsa a ello.

La fiesta de Pentecostés para los judíos era la segunda más importante de su calendario. Concretamente, se celebraba la fiesta de la siega del trigo. Esta se celebraba siete semanas después del corte de las primeras espigas. Y, por tanto cincuenta días después de ofrecer la primera gavilla de trigo a Yahveh. De ahí el nombre de Pentecostés (cincuenta días). La ceremonia consistía en ofrecer dos panes de harina nueva, cocidos con levadura. Aunque con el paso del tiempo, fue adquiriendo un sentido más teológico conmemorado la renovación de la Alianza en el monte Sinaí. Así que de la misma manera que Dios selló su Alianza con su pueblo, ahora, por medio de Jesús, derrama su Espíritu Santo en el nuevo pueblo que es la Iglesia.

El ruido y el viento, que llenan la casa, hacen alusión, precisamente a la presencia del Espíritu Santo. Y la imagen del fuego hace referencia a la presencia de Dios, basta recordar el relato de la zarza ardiente.

Al hablarnos Lucas de esa capacidad que adquirieron los apóstoles de hablar en lenguas extrañas no se refiere a que comenzaron a hablar idiomas desconocidos para ellos, sino que alude a una manera de hablar nueva, diferente. A partir de entonces, comenzaran a hablar de Jesús de otro modo.

Pentecostés, les permite hablar de Jesús como aquel que ha venido a traer la salvación al mundo entero, como aquel que vino a mostrarnos el verdadero rostro misericordioso del Padre, como aquel que vino a mostrarnos el amor de Dios para que todos nosotros seamos capaces, a partir de ahora de transmitirlo a todos los que nos rodean. A partir de ahora el lenguaje de los apóstoles y el lenguaje de los cristianos es el lenguaje del amor

Este acontecimiento fue decisivo en la vida de los discípulos de Jesús y será decisivo en nuestro propio Pentecostés en la medida en la que estemos dispuestos a acoger los dones que el Espíritu Santo nos regala. Acontecimiento que nuestra mente es imposible que comprenda, pero que nuestro corazón entiende a la perfección.

Hoy día de Pentecostés estamos llamados a acoger la gracia del Espíritu Santo y proclamar con el lenguaje del amor que Cristo ha resucitado y nos ha salvado a toda la humanidad.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo te has preparado para la solemnidad de Pentecostés? ¿Para acoger los dones del Espíritu Santo en tu vida’
  • ¿Cómo percibes la presencia del Espíritu Santo en tu vida? ¿Lo invocas con frecuencia?
  • El lenguaje del cristiano es un lenguaje nuevo, el lenguaje del amor, ¿es el que está presente en tus conversaciones, tus reuniones, tus encuentros?
  • ¿Hablas de Jesús a las personas con las que te encuentras en tu vida cotidiana? ¿De qué manera les hablas acerca de Él?
  • ¿Cómo anuncias que Cristo ha resucitado y vino para ofrecernos a todos la salvación?

VIDA – ORACIÓN

Secuencia de Pentecostés

Ven Espíritu Divino,

manda tu luz desde el cielo,

Padre amoroso del pobre;

don en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre

si Tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado

cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus Siete Dones

según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

¿Cómo vivimos? ¡Vivamos la vida en plenitud! – Lectio Divina del evangelio de Pentecostés – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 20,19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se pudo en medio de ellos y les dijo:

“Paz a vosotros”.

Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

“Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

Vivimos inmersos en la vorágine de la inmediatez, la rapidez, la urgencia, la prontitud, la prisa…

Somos incapaces de pararnos, aunque sea un instante, para admirar la belleza del mundo que nos rodea, para contemplar la maravillas que afloran de los acontecimientos que están sucediéndose a nuestro alrededor, para disfrutar de una conversación tranquila compartiendo con esa persona que ilusionada nos cuenta como está viviendo en su mundo… ¡Hemos perdido la perspectiva! Los siento mucho, pero así es.

Acumulamos datos, informes, cifras, referencias, documentos… Pero estamos muy lejos de vivir experiencias.

Creemos conocernos, pero en realidad somos auténticos desconocidos; incluso nosotros para nosotros mismos.

Creemos dominar el mundo, pero en realidad es el mundo quien nos domina a nosotros. Y, posiblemente, me dirás: “¡Qué narices tiene esto que ver con la lectura de hoy!”

Pues he de decirte que mucho. Aunque es posible que a primera vista no te lo parezca. Permíteme que te invite, en primer lugar, a dejar de mirar, para comenzar a ver; y posteriormente a contemplar. Sí porque únicamente desde la contemplación podrás llegar a entender de una manera satisfactoria la lectura del evangelio que hoy nos propone la liturgia.

Tengo que decirte que, al leer y releer este trozo del evangelio de Juan, me di cuenta de que yo estaba un poco como los discípulos: encerrado en la oscuridad de mi casa, con mis miedos.

Sí. Haciendo muchas cosas, por supuesto; yendo de un lado para otro, pero sin un rumbo concreto; cruzándome con una persona y otra, pero sin encontrarme con ellas. Encerrado en mi propia casa con las puertas cerradas, e inmerso en mis miedos.

Entonces, el primer día de la semana aparece Jesús: “Paz a vosotros”.  Porque eso, la paz, es lo que viene a ofrecer, a entregar, a regalar Jesús a sus discípulos. Y en esos discípulos entramos tú y yo.

Así es, Jesús se hace presente en medio de nuestra andadura por la vida, de nuestras circunstancias, de los acontecimientos que nos suceden… para decirnos: “quiero que vivas en paz”, “quiero que en tu vida pueda volver a reinar la esperanza”, “quiero que toda ella rebose de amor”. En definitiva, quiero que vivas la vida de verdad, en plenitud. Y todo eso quiere que lo vivamos con los demás, con las personas que nos rodean, con nuestra familia, nuestros amigos, etc. Quiere que lo vivamos en comunidad.

Les muestra las manos y el costado. Las huellas de la pasión de Jesús, con la resurrección, no se han borrado.  Las dificultades, los obstáculos, los inconvenientes de nuestra vida, a pesar de que la vivamos en plenitud gracias a la Resurrección de Jesús, no desaparecen ni desaparecerán; pero, seremos capaces de vivir todo ello de manera diversa, viviremos desde una perspectiva distinta.

Esta nueva perspectiva, traerá una nueva dimensión a nuestra vida: la alegría. No podemos, si verdaderamente somos seguidores de Jesús Resucitado, seguir viviendo en la oscuridad, en el miedo. A partir de ahora, porque hemos hecho experiencia de Jesús hemos de vivir desde la alegría.

Desde esta situación novedosa, Jesús nos envía a la misión, nos invita a ser sus testigos. Y para ello necesitamos la fuerza del Espíritu Santo.

Entonces, Jesús, lo mismo que Yahveh en la creación del ser humano, les insufló, y nos insufla a nosotros, el hálito de la vida, para que seamos seres nuevos, para que seamos de verdad hombres y mujeres que viven en plenitud.

Y es ahora, cuando estamos preparados para anunciar la Buena Nueva a todas las personas y por todos los confines de la tierra.

Además, Jesús da a los discípulos la potestad de perdonar los pecados. Aquí entiendo por pecado, todo aquel mal que nos impide que podamos tener una relación plena con Dios, todo mal que no nos permite mantenernos en la plena comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Sabiendo que estar en plena comunión con Dios, pasa primero por estar en plena comunión con uno mismo y con el hermano.

La comunidad tiene el poder de reconciliar y de superar las barreras que impiden esa plena comunión con Dios, con uno mismo y con el hermano. La comunidad de los discípulos de Jesús tiene el poder de ayudarnos a vivir la vida en plenitud.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Haz un repaso de tu vida: ¿cómo la estás viviendo? ¿Cuáles son tus miedos?
  • ¿Cuál es tu experiencia de Jesús resucitado?
  • Les insufló el Espíritu Santo. ¿Qué sentimientos despierta este hecho en ti? ¿Cómo es tu relación con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad? ¿Dejas que él trabaje en tu vida?
  • Después de lo leído aquí y de reflexionar: ¿Qué significado tiene para ti la expresión, paz a vosotros?
  • Teniendo en cuenta, que hemos dicho, que la paz es vivir la vida en plenitud ¿De qué forma puedes incrementar la paz en ti mismo y a tu alrededor?
  • Jesús, te envía a la misión. ¿Estás dispuesto a emprenderla y dejarte modelar por el Espíritu para llevarla a cabo?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por el don del Espíritu Santo.
  • Pide a Jesús que insufle en ti el Espíritu Santo.
  • Siente como Jesús te regala su paz, déjate invadir por ella.

“¿QUÉ HACÉIS AHÍ MIRANDO AL CIELO?” – LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – ASCENSIÓN DEL SEÑOR (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Hechos 1,1-11

1 Querido Teófilo: En mi primer libro traté de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio

 2 hasta el día en que subió al cielo después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había elegido bajo la acción del Espíritu Santo.

 3 Después de su pasión se presentó a ellos, dándoles muchas pruebas evidentes de que estaba vivo: se apareció durante cuarenta días y les habló de las cosas del reino de Dios.

 4 Una vez que estaba comiendo con ellos les mandó que no saliesen de Jerusalén, sino que aguardasen la promesa del Padre, de la que os hablé;

 5 porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días.

 6 Los que estaban con él le preguntaron: «Señor, ¿vas a restablecer ya el reino de Israel?».

 7 Les respondió: «No os toca a vosotros saber los tiempos y las circunstancias que el Padre ha fijado con su autoridad;

 8 pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros para que seáis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra».

 9 Dicho esto, lo vieron subir, hasta que una nube lo ocultó a su vista.

 10 Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se iba, cuando se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco,

 11 que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este Jesús que acaba de subir al cielo volverá tal como lo habéis visto irse al cielo».

Hoy oramos con los primeros versículos del prólogo del Libro de los Hechos de los Apóstoles; los cuales hacen, también, de nexo de unión entre éste y el Tercer Evangelio. Aquí se nos ofrece una síntesis del ministerio público de Jesús, además de algunas indicaciones dedicadas a sus discípulos.

Lucas nos relata como Jesús se ha ido apareciendo a sus discípulos para darle pruebas de que estaba vivo. De alguna manera, Jesús quería que sus discípulos hicieran experiencia de su resurrección y que tuvieran la esperanza de que recibirían el Espíritu Santo, el cual les capacitará para anunciar el Reino en todos los confines de la Tierra.

Ahora bien, el Reinado de Dios no tiene nada que ver con el concepto que ellos tenían del reino de Israel. El Reinado de Dios no se fundamenta en el poder, la violencia, la fuerza; éste se fundamenta en el amor, la clemencia, la caridad, la misericordia. Y esto es lo que tendrán que anunciar los discípulos.

Ellos reciben la misión, pero será el Espíritu Santo quien les guiará en la misma. ¿Hacia dónde? Hasta los confines del mundo. Tampoco serán ellos quienes marquen los tiempos o las circunstancias, eso corresponde al Padre. Los discípulos lo que tienen que hacer, a pesar de las dificultades y persecuciones, es proclamar que el Reinado de Dios está presente entre nosotros.

Es muy importante hacernos consciente de las últimas palabras de los dos hombres vestidos de blanco: “¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” Porque es importante que no nos quedemos asombrados y paralizados, ni siquiera ante hechos asombrosos. Con la fuerza del Espíritu Santo, hemos de ponernos en marcha para anunciar que Jesús está vivo y que quiere regalarnos el amor incondicional del Padre. Eso sí, la fuerza del Espíritu Santo hemos de tomarla de la oración y de la contemplación de Jesús; pero es muy importante que no nos quedemos embobados; la espera cristiana no es una espera pasiva, si no activa.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál es tu experiencia de Jesús Resucitado? ¿Cómo le experimentas en tu día a día?
  • ¿Qué concepto del Reino de Dios tienes? ¿Es el Reino del amor, la misericordia y la cercanía de Dios?
  • Tú también has recibido la misión de difundir el Reino de Dios por todos los confines de la tierra, ¿cómo estás llevando a cabo dicha misión?
  • ¿Cómo afrontas los peligros, dificultades y persecuciones a causa del Reino?
  • ¿Cómo mantienes la esperanza en la próxima venida de Jesús? ¿Tú espera es pasiva o activa?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 96

1Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra;

2cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su salvación;

3publicad su gloria entre las gentes, sus portentos entre todos los pueblos.

4Grande es el Señor y digno de alabanza, más temible que todos los dioses.

5Pues los dioses de los otros pueblos no son nada, mientras que el Señor hizo los cielos;

6su presencia está llena de esplendor y majestad, y su santuario, de potencia y hermosura.

7Familias de los pueblos, rendid ante el Señor, rendid ante el Señor la gloria y el poder,

8rendid ante el Señor la gloria de su nombre, presentad vuestra ofrenda y entrad en sus atrios;

9adorad al Señor con ornamentos santos, temblad delante de él, oh tierra toda.

10Decid por las naciones: «El Señor es rey, él afirmó el mundo, y no se moverá; él juzga  los pueblos con justicia».

11Que se alegre el cielo y goce la tierra, que retumbe el mar y todo lo que encierra,

12que sonrían los campos con sus frutos, que griten de alegría los árboles del bosque

13delante del Señor, porque ya viene, porque viene para gobernar la tierra, para implantar en el mundo la justicia, y entre todos los pueblos la lealtad.