“LA VERDADERA FELICIDAD” LECTIO DIVINA DEL DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 6,17.20-26

Nos encontramos hoy con un pasaje del evangelio, cuanto menos, sorprendente: ¿Cómo es posible que Jesús llame felices a los pobres, a los que lloran, a los hambrientos, a los perseguidos? Y, ¿cómo es posible, que llame infelices a los ricos, a los que están hartos, a los que ríen, a aquellos que son admirados y adulados por los hombres? Todo esto choca mucho con lo que puede ser nuestra experiencia diaria. Pero, intentemos profundizar un poco en el texto; y con ello, es posible que entendamos un poco mejor lo que quería decir Jesús.

Por primera vez, en el evangelio de Lucas, éste nos presenta en qué consiste la predicación de Jesús. Esta es la primera enseñanza de Jesús, después de que en la Sinagoga de Nazaret presentara su programa, basándose en el profeta Isaías (Lc 4,16-30). Y este discurso que nos presenta el evangelio con el que estamos orando, resulta algo paradójico. ¿No crees? Jesús es así.

Aunque a mí, rápidamente me asalta una pregunta: ¿hay que estar en la miseria para poder salvarse? ¿Es necesario estar continuamente sufriendo para entrar en el Reino? A mi parecer, lo que Jesús está ofreciendo y nos está ofreciendo es esperanza. Esperanza a todos aquellos que no ponen su ilusión, su confianza, su seguridad en las cosas materiales, en las posesiones, en la felicidad superflua o en lo que los otros dicen acerca de ellos.

Bueno, pues vamos a ver, aunque sea brevemente, cada una de estas llamadas bienaventuranzas y de sus respectivas “maldiciones”.

Felices los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Lo primero a tener en cuenta es que esta declaración de Jesús está en presente, por lo que el pobre no es que sea feliz en una vida futura, el pobre es feliz ahora. ¿Por qué? Porque el reino es suyo, porque ya están disfrutando de él, porque ya está presente en medio de los pequeños, de los sencillos, de los necesitados. Felices a pesar de estar marginados, a pesar de ser degradados, despreciados y considerados impuros por parte de la sociedad… Felices porque no confían en sus propias riquezas, en sus propios medios, en sus propias seguridades. Y esto no es únicamente una condición social. Se puede ser pobre con una mentalidad de rico, se puede ser pobre y estar deseando el lujo, se puede ser pobre y querer oprimir al otro. Y de esa manera por muy pobre que sea uno, nunca podrá ser feliz porque el reino de Dios no está en él. Pero felices todos aquellos que quieren revertir la injusticia en la sociedad, felices los que desean e intentan llevar a cabo un cambio en las condiciones sociales, felices los que buscan una convivencia fraterna, donde los bienes se comparten, de estos es el reino de Dios.

Felices los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis hartos.

Entre los cristianos esta situación es reversible. Es muy posible que mucha gente en la actualidad pase hambre, pero eso no puede ser definitivo. El seguidor de Jesús ha de salir al frente de las necesidades de su hermano, no puede quedarse impasible, no puede mirar hacia otro lado. Al cristiano le toca anunciar y denunciar, al cristiano le toca arrimar el hombro y ayudar al necesitado; por eso esa situación no es definitiva. El cristiano ha de hacer todo lo posible para que el excluido, el rechazado, el despreciado pueda insertarse en el tejido social y cubrir sus necesidades básicas.

Felices los que ahora lloráis, porque reiréis.

Tampoco el sufrimiento, el dolor, la angustia son definitivos. Lo definitivo es la construcción del reino. Un reino que es capaz de acercarse al hermano que sufre y ofrecerle una mano amiga, un abrazo, un estar a su lado, un no estás solo, un vamos a luchar juntos, un vamos a ser compañeros de camino… No, ninguno de nosotros vamos a solucionar los problemas de la humanidad; pero, si que vamos a poner de nuestra parte, vamos a ofrecer recursos, vamos a estimular al hermano caído para que encuentre sus fortalezas, sus potencialidades, sus habilidades, sus capacidades. No vamos a dejar que se hunda en la miseria. Y entonces, podremos reír juntos.

Felices seréis si os odian los hombres, si os excluyen, os insultan y proscriben vuestro nombre como infame por causa del hijo del hombre.

Felices seréis si confiáis en Dios e intentáis experimentar las enseñanzas y la vida del Maestro. Y no tengáis ninguna duda de que esto ocurrirá, si de alguna manera pretendéis poner en práctica en vuestra vida el seguimiento de Jesús. Felices porque estáis en el buen camino, porque estáis construyendo un mundo mejor y colaborando en el establecimiento del reino de Dios, porque estáis actualizando la buena Noticia y haciéndola presente en nuestros día a día.

A continuación, Lucas nos presenta las cuatro maldiciones o amenazas. Las cuales se contraponen a las cuatro bienaventuranzas. No me extenderé mucho en ellas, pues si no está Lectio resultaría excesivamente extensa. Pero si que me gustaría destacar lo siguiente.

Infelices son aquellos que van sobrados por la vida, los que se sienten totalmente satisfechos sobre todo con lo que tienen y no con lo que son, los que no necesitan de nada ni de nadie, los que viven encerrados en su propio egoísmo y dando la espalda al sufrimiento de los demás. Infelices porque intentan contentar a dos señores a la vez, y eso es imposible. Infelices los que intentan agradar a todo el mundo, los que únicamente buscan el prestigio y los primeros puestos. Infelices porque tienen una falsa autoestima y no quieren desarrollarse y crecer como personas.

En definitiva, para alcanzar la verdadera felicidad es imprescindible experimentar la misericordia de Dios, para poder de alguna manera ofrecerla y regalarla a los demás; es imprescindible confiar y poner nuestra esperanza en un Padre que nos ama infinitamente y que acoge a todos sin diferencia; es imprescindible, dejarnos modelar por el Espíritu Santo y poner en práctica las actitudes vitales de Jesús para que nuestro mundo sea un reflejo del Reino de Dios. Un mundo en que el amor incondicional y gratuito sea una realidad.

¡Pongámonos manos a la obra!

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Dónde tienes puesta tus esperanzas, tus aspiraciones, tus sueños?

• ¿De qué tienes “hambre”? ¿Qué deseas verdaderamente en tu día a día?

• Hay más felicidad en dar que en recibir. ¿Qué piensas de esta frase? ¿Cómo se hace palpable en tu vida? ¿Cómo la experimentas en tu día a día?

• ¿Qué estás dispuesto a hacer para que la felicidad sea una realidad en nuestro mundo? ¿Para que el reino de Dios esté cada día más presente en tu vida y en la de los demás?

VIDA – ORACIÓN

• Bendito y alabado seas, Padre, por el gran amor que nos regalas y por querer siempre nuestra felicidad.

• Gracias, Jesús, por ofrecernos los medios necesarios para que la felicidad sea una realidad en nuestro mundo.

• Ayúdanos, Espíritu Santo, a poner en práctica el Evangelio, a ofrecer nuestro amor, nuestra ayuda y nuestra persona para que todos podamos alcanzar la verdadera felicidad.

“BENDITO EL HOMBRE QUE CONFÍA EN EL SEÑOR Y PONE EN ÉL SU ESPERANZA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Jeremías 17,5-8

5Esto dice el Señor: «Maldito el hombre que confía en el hombre, que en el mortal se apoya y su corazón se aparta del Señor. 6Es como un cardo en la estepa, que no siente cuando llega la dicha, porque arraiga en los lugares abrasados del desierto, en tierra salobre y despoblada.

7Bendito el hombre que confía en el Señor, y en el Señor pone su esperanza. 8Es como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor; su follaje se mantiene verde; en año de sequía no se preocupa, ni deja de producir sus frutos.»

Hoy, la liturgia nos ofrece un texto del profeta Jeremías muy relacionado con el evangelio. El profeta, después de poner de manifiesto el pecado de idolatría que el Judá está cometiendo continuamente, recoge una serie de sentencias de carácter sapiencial, cuyo tema de fondo es el de las falsas y verdaderas seguridades: ¿Dónde tenemos puesto nuestro corazón? Todo ello lo hace mediante el recurso al principio de las dos vías: el camino de la vida y la felicidad, y el camino de la muerte y la desgracia.

Jeremías nos indica dónde podemos encontrar la verdadera felicidad.

No es que el primero (hombre que confía en el hombre) esté obrando de manera malvada; el error de éste se encuentra en que confía o pone su seguridad excesivamente en sí mismo, en sus propias fuerzas, habilidades o recursos; su error está en creer que no necesita de nadie. De esta forma, se aleja de los demás, creyéndose indispensable, insustituible, vuelve la espalda a su prójimo y es incapaz de entrar en relación con él, es incapaz de ver las necesidades que pueda tener, es incapaz de salir a su encuentro. Es como el árbol que no da frutos, porque está mal plantado y enraizado.

Sin embargo, aquel que pone su confianza en Dios es consciente de sus debilidades, de su fragilidad, de su necesidad de contar con el prójimo. Ve sus capacidades como regalos de Dios, que necesita poner al servicio de los demás. Es consciente de la necesidad que tiene de los dones, cualidades y aptitudes de su prójimo. De esa manera, es capaz de salir al encuentro del otro y colaborar en la transformación del mundo, para que todos podamos vivir en paz, armonía, contribuyendo y colaborando en la construcción de un mundo mejor. Este es un árbol que, a pesar de las dificultades, produce fruto.

¿En quién o en qué tenemos puesta nuestra confianza?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Ya nos lo preguntábamos en la primera parte de nuestra Lectio, pero es importante que meditemos sobre ello: ¿En quién o en qué tienes puesta tu confianza? ¿Dónde se encuentra tu corazón?
  • ¿Te crees imprescindible en tu vida cotidiana? Es distinto ser imprescindible a ser importante. Piensa en ello.
  • ¿Crees que necesitas de los demás para tu desarrollo personal, para tu crecimiento y para construir un mundo mejor?
  • ¿Pones al servicio de los otros tus habilidades, tus conocimientos, tus cualidades? ¿Acoges el saber, la experiencia y capacidades de los otros? ¿Eres capaz de trabajar con otros por el establecimiento del Reino?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 1

1Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los injustos, ni anda por el camino de los extraviados, ni se sienta en el banco de los cínicos;

2sino que en la ley del Señor pone su amor y en ella medita noche y día.

3Es como un árbol a orillas del arroyo, que da el fruto a su tiempo, cuyas hojas no se marchitan nunca; en todo lo que hace sale bien.

4No así los injustos, no; son como paja que dispersa el viento.

5Los injustos no podrán resistir en el juicio ni los descarriados en la asamblea de los justos.

6Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el de los injustos lleva a la ruina.

Dichosos – Bienaventurados. Lectio Divina del Domingo de Todos los Santos – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 5,1-42

Aunque en nuestra vida hay cosas que nos hacen sentirnos gozosos, contentos, no hay mayor alegría para un cristiano que gozar de la constante presencia del Señor; por eso, sus discípulos iban tras Él y mucha gente le seguía.

Hoy celebramos la fiesta de “Todos los Santos”, aquellos que siendo como nosotros, hoy están con Él, viéndolo cara a cara, los que forman parte del Reino de los Cielos, los que podemos llamar “bienaventurados” porque en su vida obraron bien, hablaron bien, dijeron bien para los otros, los afortunados, los dichosos. Esos que como la muchedumbre y los discípulos, siguieron a Jesús y se acercaron a Él para aprender de su vida y de sus palabras. Y Jesús, «tomando la Palabra, les enseñaba», lo que de verdad, debe dar alegría a un cristiano.

Una vez más, el evangelio de este domingo, nos viene a decir que nuestras aspiraciones y planes, no son los de Dios. Su plan es que los cristianos nos caractericemos por ser: mansos, hambrientos y sedientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, trabajadores incansables por la paz; aunque ello nos haga objeto de persecuciones e injurias. Sólo viviendo así, podremos alcanzar el Reino de los Cielos, ese lugar del que no sabemos su ubicación física, aunque lo solemos colocar en el cielo. Si bien, más que un lugar es un estado eterno, porque cuando tenemos a Dios delante, el tiempo ni importa ni existe. Sólo Dios es lo importante.

Hoy es la fiesta de todos aquellos que han tomado posesión de la tierra prometida, los que ya disfrutan de la herencia del Señor, porque como hijos del mismo Padre, tenemos cada uno nuestra parte a su lado; donde el llanto, la preocupación, los problemas ya no existen, porque todo es nada ante Dios, su consuelo. Ya no existen el egoísmo, las discordias, las disputas, sólo la paz y la justicia, la misericordia de un Padre que nos espera a todos con los brazos abiertos y nos perdona nuestros fallos cuando hemos querido ver con los ojos de Dios, con un corazón limpio, como el suyo. Esta es nuestra «recompensa», aunque durante nuestra vida terrena hayamos sido injuriados y perseguidos.

Es el día hoy de estar alegres y contentos por todos aquellos, anteriores a nosotros, que disfrutan de la dicha de los hijos de Dios y un día para la esperanza, porque sabemos que si actuamos como Jesús nos dice, tendremos, también, un lugar para nosotros en el Reino.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Sientes devoción especial por algún santo?
  • ¿Has conocido algún santo en tu vida?
  • ¿Sólo son santos los que aparecen en el calendario o hay algún santo más?
  • ¿Sabes qué significa ser santo?
  • ¿Sabes quiénes son los santos canonizados?
  • ¿Cómo definirías tú ser santo a una persona que te preguntara?
  • ¿Podrías decir de ti mismo que eres bienaventurado?
  • ¿Qué bienaventuranza te llama más la atención?
  • ¿Crees que es fácil ser bienaventurado cuando nos injurian y nos persiguen?
  • ¿Qué crees que deberías pedirle al Señor hoy para ser contado entre los bienaventurados?

VIDA – ORACIÓN

Muchos son los santos que hay en nuestros altares, en nuestras estampas; pero muchos más los santos que te han seguido y que no aparecen en el calendario. A todos nos gusta figurar, ocupar los primeros puestos, estar económicamente bien situados, gozar de prestigio.

Te pedimos, por intercesión de aquellos que compartieron su vida con nosotros, y que hoy están contigo en el Reino de los Cielos, que nos concedas la fuerza de voluntad que necesitamos para hacer vida tu evangelio, para poner nuestra mirada en lo que de verdad es importante, en Ti. Así sea.