“Perdonar siempre”. Lectio divina del domingo XXIV del tiempo ordinario (Mt 18,21-35)

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VERDAD – LECTURA

  1. En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le dijo: “Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”. 22. Jesús le dijo: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.
  2. “El reino de Dios es semejante a un rey que quiso arreglar sus cuentas con sus empleados.
  3. Al comenzar a tomarlas, le fue presentado uno que le debía millones. 25. No teniendo con qué pagar, el señor mandó que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que le fuera pagada la deuda. 26. El empleado se echó a sus pies y le suplicó: Dame un plazo y te lo pagaré todo. 27. El señor se compadeció de él, lo soltó y le perdonó la deuda.
  4. El empleado, al salir, se encontró con uno de sus compañeros que le debía un poco de dinero; lo agarró por el cuello y le dijo: ¡Paga lo que debes! 29. El compañero se echó a sus pies y le suplicó: ¡Dame un plazo y te pagaré! 30. Pero él no quiso, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara la deuda.
  5. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor todo lo que había pasado. 32. Entonces su señor lo llamó y le dijo: Malvado, te he perdonado toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, como yo me compadecí de ti? 34. Y el señor, irritado, lo entregó a los torturadores, hasta que pagase toda la deuda.
  6. Así hará mi Padre celestial con vosotros si cada uno de vosotros no perdona de corazón a su hermano”.

 

 

El texto con el que oramos hoy, podríamos es una continuación de la temática del evangelio del domingo pasado. Pedro quiere ir a lo concreto: ¿Qué tenemos que hacer ante un pecador reincidente?

Vamos a dividir este texto en 5 partes, para aproximarnos a él de manera más apropiada:

  • Pregunta de Pedro y respuesta de Jesús (18,21-22).
  • Primera parte de la parábola: el amo y el siervo (18,23-26)
  • Segunda parte de la parábola: el siervo y su compañero (18,27-30)
  • Tercera parte de la parábola: el amo hace justicia (18,31-34)
  • Conclusión (18,35)

Pregunta de Pedro y respuesta de Jesús

Como decíamos más arriba, Pedro después de que Jesús, en el evangelio del domingo pasado, nos dijera que debemos perdonar y acoger a nuestros hermanos, y sabiendo que esto no es nada fácil, le pregunta: “¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?” Pedro debía pensar que siete son muchas veces. Sin embargo, Jesús va más allá. Debemos perdonar siempre. La misericordia de Dios para con nosotros no tiene límites, si nos arrepentimos de corazón. Dios siempre que nos acercamos al sacramento de la reconciliación, hace con nosotros borrón y cuenta nueva. Por eso, nosotros debemos comportarnos de la misma manera con aquel que nos pide perdón. Para que eso nos quede todavía más claro y resulte más difícil de olvidar, Jesús nos ilustra este mandato con una parábola.

Primera parte de la parábola: el amo y el siervooração do dia

Esta primera parte de la parábola nos relata el comportamiento de un rey ante uno de sus siervos que le debe una cantidad impresionante de dinero: millones (el texto original dice diez mil talentos; un talento equivalía a 35 quilos de oro). Nadie es capaz de poder reunir esa cantidad de dinero, aunque trabajara toda la vida; con toda probabilidad y así estaba recogido en la ley judía, el siervo y su familia debían ser vendidos como esclavos, de esta manera al menos el amo podría recuperar parte de la deuda. Sin embargo, ante la súplica del siervo, el amo le perdona toda la deuda y le deja marchar.

De esta misma manera se comporta Dios Padre con nosotros. Dios siempre tiene compasión de cada uno de nosotros. Dios ama incondicionalmente al pecador arrepentido. Dios nos perdona siempre, basta que nos arrepintamos y volvamos a la casa del Padre, con la intención de cambiar.

Segunda parte de la parábola: el siervo y su compañero

A reglón seguido, el siervo perdonado se encuentra con un compañero suyo, que le debía una cantidad ínfima, comparada con la que él le debía al amo. Ese compañero, al igual que él al amo, le implora misericordia y paciencia. Pero, él no es capaz de perdonar; al contrario hace que le metan en la cárcel. ¡Qué ingratitud!

Tercera parte de la parábola: el amo hace justicia (18,31-34)

El hecho no puede menos que escandalizar a sus otros compañeros que han presenciado los dos sucesos. Y van a contarle al rey lo ocurrido. No es el rey quien lo condena, sino su propio comportamiento. Dios no nos condena, somos nosotros mismos quienes nos condenamos cuando nos comportamos con los demás con corazón endurecido.

Conclusión (18,35)

De la misma manera actuará Dios con nosotros. El único límite a la misericordia de Dios es nuestra resistencia a perdonar a nuestros hermanos; el único límite a la misericordia de Dios es que nosotros no nos comportamos con los demás con la misma misericordia con la que Él procede con nosotros.

Hemos de perdonar a los demás siempre y “de corazón”; es decir, desde lo más íntimo, desde lo más profundo de nosotros mismos.

 

CAMINO – MEDITACIÓN digital-2021776_640

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Repasa la parábola y cada una de las acciones de los personajes que intervienen. ¿Con cuál de ellos te sientes más identificado/a? ¿Cuál es la causa de ello?
  • Cuando perdono, ¿de verdad lo hago de todo corazón?
  • ¿Cómo puedo comenzar a crear un clima de reconciliación, perdón y misericordia a mi alrededor?

 

VIDA – ORACIÓN

Te invito a que ores de manera muy pausada el Padrenuestro. Degústalo. Detente sobre todo en el momento en el que se dice: perdónanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

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“Con misericordia…” Lectio divina del domingo XXIII del tiempo ordinario (Mt 18,15-20)

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VERDAD – LECTURA

15 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Si tu hermano ha pecado, ve y convéncelo de su error a solas; si te escucha, habrás ganado a tu hermano; 16 pero si no te escucha, toma todavía contigo a uno o dos, para que toda causa sea decidida por la palabra de dos o tres testigos. 17 Si no quiere escucharles, dilo a la asamblea; y si tampoco quiere escuchar a la asamblea, considéralo como pagano y publicano. 18 Os aseguro que todo lo que atéis en la quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

19 También os aseguro que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre la tierra, cualquier cosa que pidan les será concedida por mi Padre celestial. 20 Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

 

 

El texto que hoy nos ofrece la liturgia podemos dividirlo en dos partes. En la primera de ella nos encontramos con el tema de la corrección fraterna (18,15-18); en la segunda con el tema de la oración (18,19s).

¿Cómo reaccionamos ante el error, el fallo, el desacierto, el pecado de nuestros hermanos? ¿Los condenamos sin piedad ninguna o intentamos que se haga consciente de su error? ¿Cómo hemos de comportarnos ante el pecado, que incluso ha dañado a la comunidad? Tengamos en cuenta que todo pecado tiene su repercusión en los otros.

La primera pauta de comportamiento, que nos da Jesús, es que no difundamos a bombo y platillo el error del hermano, que no vayamos acusando sin ton ni son a los demás; el mal nunca debe ser publicado a diestro y siniestro, al menos en un primer momento.

Hemos de intentar recuperar al hermano, ponerle frente a su pecado, hacerle consciente de su error, pero desde la misericordia, desde la caridad, desde el amor. Este recuperar al hermano no consiste en echarle en cara su pecado, sino en ayudarlo a darse cuenta de lo que ha hecho, a entender el sinsentido de su acción y, que a partir de ahí, sienta la necesidad de emprender un camino de conversión. ¡Cuántas veces, cuando intentamos corregir al hermano, le decimos es que eres un tal y un cual! ¿Creemos que esto puede servir para que el hermano pueda reconocer su pecado? ¿No sería más satisfactorio ponerle delante la acción errónea que ha llevado a cabo antes que etiquetarlo? ¿No sería más satisfactorio decirle cómo nos hemos sentido ante esa acción? ¿No sería más satisfactorio hacerle caer en la cuenta de las consecuencias que ha tenido la acción que ha realizado? Lo importante no es hundir al hermano en la miseria porque ha cometido un pecado, lo más importante es que recupere su relación con Dios y con la comunidad.

Únicamente cuando falle este intendisciplesto personal y privado por recuperar al hermano es lícito el que llamemos a dos o tres testigos para que nos ayuden a esta recuperación. Pero, ¿a qué testigos? Testigos sensatos, testigos comedidos, testigos juiciosos, discretos, prudentes. Porque el objetivo, como apuntábamos más arriba no es hundir al hermano en la miseria de su pecado, sino ayudarle a que sea consciente de él y que comience un camino de conversión.

Sólo en el caso de que estos dos intentos fracasen hemos de acudir a la comunidad. Y será la comunidad la que intente, no condenar, sino recuperar al hermano. Y esto siempre desde la oración, el discernimiento y la misericordia.

Es posible que el hermano que peca, tampoco escuche a la comunidad, entonces es cuando se le debe considerar que está fuera de la Iglesia, pero no porque nosotros o la Iglesia lo condene o excluya, es él mismo quien se excluye, puesto que no quiere escuchar a la comunidad, puesto que él no quiere restaurar su relación con Dios y con la Iglesia.

La Iglesia en unión y comunión con Dios, en la caridad, en la misericordia y con dolor y sufrimiento lo que hace es ratificar que aquel hermano no quiere continuar su relación con Dios y con la Iglesia. Aunque siempre tendrá sus brazos de madre abiertos, por si alguna vez aquel hermano quiere volver.

Y, todavía, podemos seguir haciendo algo por este hermano: orar. Puede estar separado de la comunidad; pero, en cualquier momento, Dios puede tocar su corazón, y esa persona acoger ese toque de Dios. Es importante que sigamos acompañando a esta persona con la oración, con la certeza de que vamos a ser escuchados.

En muchas de nuestras actividades pastorales (yo diría que en todas) no basta únicamente con nuestro esfuerzo, con nuestro hacer, con nuestro empeño. Nosotros somos los continuadores del actuar de Jesús, y hemos de continuar su obra con él y desde él. Por eso es importante que estemos en sintonía con Dios, con la convicción de que Dios siempre está con nosotros, siempre está presente en la comunidad.

 

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Puedes recuperar los interrogantes que apuntábamos al principio: ¿Cuál es tu comportamiento ante el pecado del hermano? ¿Te dedicas a difundirlo sin ton ni son o tratas de recuperar a ese hermano? hug-2585455_640
  • ¿Desde dónde te sitúas para corregir al hermano? ¿Desde ti mismo/a? ¿Desde tus parámetros, desde tus prejuicios, desde tu manera de percibir la cosas? ¿O tratas, por el contrario, de intentar comprender al hermano y conocer las causas que le han llevado a pecar, poniéndote en su piel?
  • ¿Cuál es el objetivo que persigues cuando corriges a tu hermano: hundirlo en la miseria, o ayudarlo a que se haga consciente de su pecado y acompañarlo en su proceso de conversión?
  • ¿Qué haces por intentar que un hermano recupere su relación con Dios y con la comunidad? ¿Oras por él, por ella, le acompañas, le sostienes, le potencias?
  • ¿Cómo es tu sintonía con Dios? ¿Intentas preservar la comunión con él, mediante la escucha de su Palabra, mediante tu participación en los sacramentos, mediante la oración? ¿Lo haces de manera consciente?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Hoy te invito a que oremos por aquellos hermanos y hermanas nuestros, que por cualquier causa o circunstancia se han autoexcluido de la Iglesia. Oremos para que Dios toque sus corazones y ellos permanezcan abiertos a la acción del Espíritu.
  • Ora también por ti mismo/a para que Dios te conceda un corazón misericordioso a la hora de corregir de manera fraterna al hermano.
  • Dialoga un ratito con nuestra Madre, la Virgen María, presenta a su corazón de madre a tantas y tantas personas necesitadas de la misericordia de Dios. Pídele que te ayude a ser un/a cristiano/a que acoge, que acompaña, que sostiene y fortalece al hermano caído.
  • Guarda silencio y permanece a la escucha de aquello que Dios, en su infinita misericordia, quiere comunicarte hoy.

“El Reino de Dios es semejante…” Lectio divina del Domingo XVI del Tiempo Ordinario (Mt 13,24-43)

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VERDAD – LECTURA

24 En aquel tiempo, Jesús les propuso otra parábola:

“El reino de Dios es semejante a un hombre que sembró buena semilla en un campo. 25 Mientras sus hombres dormían, vino su enemigo, esparció cizaña en medio del trigo y se fue. 26 Pero cuando creció la hierba y produjo fruto, apareció también la cizaña. 27 Los criados fueron a decir a su amo: ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? 28 Él les dijo: Un hombre enemigo hizo esto. Los criados dijeron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? 29 Les contestó: ¡No!, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis con ella el trigo. 30 Dejad crecer juntas las dos cosas hasta la siega; en el tiempo de la siega diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en haces para quemarla, pero el trigo recogedlo en mi granero”.

31 Les propuso otra parábola:

“El reino de Dios es como un grano de mostaza que toma un hombre y lo siembra en su campo. 32 Es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece es la mayor de las hortalizas y se hace árbol, de tal suerte que las aves vienen y anidan en sus ramas”.

33 Les dijo otra parábola:

“El reino de Dios es semejante a la levadura que una mujer toma y la mete en tres medidas de harina hasta que fermenta toda la masa”.

 34 Jesús decía a la gente todas estas cosas en parábolas, y no les decía nada sin parábolas, 35 para que se cumpliera lo que había anunciado el profeta: Abriré mi boca para decir parábolas y publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

36 Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña del campo”. 37 Él respondió: “El que siembra la buena semilla es el hijo del hombre. 38 El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno. 39 El enemigo que la siembra es el diablo. La siega es el fin del mundo, y los segadores los ángeles. 40 Como se recoge la cizaña y se quema en el fuego, así también será al fin del mundo. 41 El hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su reino a todos los que son causa de pecado y a todos los agentes de injusticias 42 y los echarán al horno ardiente: allí será el llanto y el crujir de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. ¡El que tenga oídos que oiga!”

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Continuamos este domingo con el llamado discurso parabólico. Después de hablarnos acerca del impacto que tiene el anuncio del Reino en aquellos que escuchan la Palabra, hoy nos acercamos a la descripción de ese Reino, mediante otras tres parábolas: la cizaña y el trigo, el grano de mostaza y la levadura; a continuación nos encontramos con un intermedio y la explicación de la primera parábola.

La parábola de la cizaña y el trigo. Jesús ha sembrado la palabra del Reino, que es la semilla buena de trigo; aunque no crece sola, junto a ella crece la cizaña, que es la mala semilla sembrada por el enemigo. La primera reacción de los siervos es la reacción lógica de cualquiera de nosotros, arrancar esa mala semilla de cuajo, pero eso puede ser peligroso porque junto a ella se puede arrancar también la buena semilla de trigo. Esta misma reacción es la que podemos tener con respecto al Reino de Dios, con respecto a su instauración en el mundo, al establecimiento del mismo en nuestra sociedad; para ello es necesario acabar con todo aquello que lo impida de manera inmediata, e incluso de forma violenta, si fuera necesario; el mundo ha de ser depurado, pensamos, e incluso, en más de una ocasión, actuamos para que así ocurra. La dinámica de Jesús y del Reino es diversa. Nos invita a la paciencia y a esperar al desarrollo de los acontecimientos, porque una eliminación precipitada de la cizaña puede ser contraproducente para la semilla de trigo, para la instauración del Reino. En este mundo nos encontraremos con el bien y con el mal, es inevitable. El mal no viene de Dios, viene del enemigo; es él quien lo deposita en el mundo; pero no debemos de precipitarnos en querer arrancar el mal de cuajo, no debemos precipitarnos en señalar o eliminar a los pecadores. Cosechar es obra de Dios, no obra nuestra; y, a su debido tiempo, será el Señor quien separe el trigo de la cizaña, uno para depositarlo en el granero y la otra para quemarla. Nuestra misión es la de ser fieles a la Palabra y testigos de la misma.

La segunda parábola sobre la descripción del Reino de los cielos es la del grano de mostaza. La semilla de mostaza es la más pequeña, apenas puede percibirse, tan pequeña como la cabeza de un alfiler, pero cuando se desarrolla se convierte en un gran arbusto capaz de albergar entre sus ramas a los pájaros. Lo mismo el Reino, comienza desde lo pequeño, desde lo humilde, desde lo pobre, pero toda la vitalidad que lleva en su interior hará que se transforme en grande, abarcando y acogiendo a todas las personas, a pesar de la oposición que hay podido encontrar.

En la tercera parábola, Jesús compara el Reino con la levadura. No importa la poca que sea la cantidad de la misma. Una mínima cantidad es capaz de fermentar toda la masa. Una palabra, un gesto, una mirada una sonrisa… es capaz de transformar el mundo a nuestro alrededor. A pesar de nuestra pobreza, de nuestras miserias, de nuestras limitaciones con la gracia de Dios es posible que la semilla del Reino, que la pizca de mostaza transforme nuestro mundo.

wheat-field-640960_640Jesús contaba a la gente que se acercaba a él parábolas. Era la mejor forma de explicar las características del Reino. El cual, no podemos llegar a entender en su totalidad, pero al que podemos acercarnos por medio de imágenes, lo que ayuda a todo aquel que escucha la Palabra a profundizar en la realidad del Reino. Hablándonos así Jesús nos revela los misterios del Reino de los Cielos. Pero nosotros hemos de acoger su Palabra e intentar llevarla a la práctica.

El texto concluye con la explicación de la parábola de la cizaña a los discípulos: quien siembra la buena semilla es Jesús (el Hijo del hombre), el campo es el mundo, la buena semilla son los hijos del Reino y la mala los hijos del maligno, el enemigo es el diablo, la siega la consumación de los tiempos, los segadores son los ángeles. El trigo aún inmaduro es débil, quebradizo, frágil por eso, es necesario esperar a que madure, para que pueda ser arrancado junto a la cizaña; mientras debemos continuar transformando el mundo, hasta que el Reino sea una realidad al final de los tiempos. Jesús para ello se sirve de personas sencillas, vulnerables, que cada día se esfuerzan por ser imagen de Jesucristo en medio del mundo, que se esfuerzan por ser luz, por ser sal, por ser levadura que fermenta la masa. Miremos el futuro con esperanza, porque al final de los tiempos la luz resplandecerá en la oscuridad, el bien triunfará sobre el mal, la vida vencerá a la muerte, pero mientras nosotros tenemos que trabajar para que el Reino sea una realidad, esa es nuestra tarea y nuestra misión.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es tu reacción ante el mal en el mundo la de los siervos o la del amo?
  • En tu vida diaria puedes encontrarte con infinidad de imágenes, indicios, huellas del Reino de Dios en el mundo, ¿eres consciente de ello?
  • En ti existe el trigo y la cizaña, pero ¿qué haces para que en tu vida exista más trigo que cizaña? ¿Escuchas la Palabra de Jesús e intentas ponerla en práctica? ¿Frecuentas los sacramentos? ¿Te comprometes en hacer realidad el Reino entre aquellos que te rodean?
  • ¿Eres capaz de esperar el tiempo de Dios para separar la cizaña del trigo, sin juzgar a tu prójimo, pues el único juez es Él e intentas ayudarle a crecer en el amor a Dios y a los demás?
  • ¿Crees que la semilla del Reino, aunque sea pequeña y humilde puede transformar el mundo? ¿Qué haces para que el Reino sea una realidad en nuestro mundo?

 

VIDA – ORACIÓN

Como oración os dejo la letra de una canción titulada: Testigos del Reino

Como semilla pequeña

en manos de los pobres,

como el trigo que germina

en las sombras de la noche.

 

Tu reino en nuestras manos

agita nuestro espíritu,

y nos lleva por caminos

de luchas y esperanzas. (bis)

 

Tu voz es nuestro canto,eat-2096295_640

tu grito es la palabra que palpita,

en el corazón ardiente de tu pueblo

creadores de la historia,

testigos de tu Reino.

 

Danos tus manos duras

y seremos una fuerza,

danos tu voz valiente

y seremos grito viviente.

 

Danos tus pasos firmes

para abrir nuevos caminos,

danos tu amor sincero

para crear un mundo nuevo. (bis)

 

Ven junto a tu pueblo

«Señor con nosotros»,

llevamos tu regalo

en vasos de barro.

 

Porque nada tenemos

estamos esperando

que tus manos nos agarren

para seguir andando.

Osa dejo el enlace para que podáis escuchar la canción: https://www.youtube.com/watch?v=enhlMWlAY2I

El análisis DAFO. Su aplicación a mi vida.

En esta ocasión posteamos un escrito acerca del análisis DAFO. Bastante conocido por todos, pero al que hemos querido darle un enfoque peculiar, ampliando su utilización a todos los ámbitos de nuestra existecia y no circunscreibiendolo únicamente al ámbito empresarial. Espero que os guste. Y, como siempre, espero vuestros comentarios, si queréis aquí en el mismo blog o a mi correo electrónico: bibliaycomunicacion@gmail.com

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Origen

Se cree que el origen del análisis DAFO lo encontramos en una propuesta de Albert S Humphrey que durante la década de los sesenta, setenta, realizó un estudio para el Instituto de Investigaciones de Stanford (EE.UU). Dicho estudio debía poner de relieve porqué fallaba la planificación corporativa de las empresas.

Podéis descargaros la entrada completa en formato PDF, en nuestra sección Espiritulidad, coaching y acompañamiento: https://bibliaycomunicacion.wordpress.com/espiritualidad/ . Muchas gracias por compartir.

NO QUIERO SER UNA PERSONA SERIA

EL ARTE DE SER, VIVIR, SENTIR Y DISFRUTAR

Un día preguntaron a Sócrates, para qué le servía aprender a tocar

la lira si iba a morirse. Él respondió: para tocar la lira antes de morir.

¿Para qué? Todo en esta vida tiene que tener una utilidad; todo consiste en hacer, tener y producir, todo tiene que tener un motivo aparente, un antes y un después.

Nos cuesta hacer las cosas por el simple hecho de hacerlas, de compartirlas, de disfrutarlas. Nos cuesta parar y no hacer nada… Nos cuesta mirar, observar, contemplar. Nos cuesta vivir aquí y ahora, permanecer en el presente, vivir conscientemente.

Nuestra sociedad nos ha empujado al la vorágine del activismo, del tener que estar haciendo siempre algo; el no hacer nada está mal visto; el reír, estar contento con uno mismo y con lo demás, la alegría… todo esto lo hemos apartado de nuestra escala de valores. Sobre todo, lo hemos apartado de nuestro mundo laboral: “Por favor, somos personas serias”. No se cansan de repetirnos continuamente. Y la verdad, sonrío y me pregunto qué significado tendrán esas palabras…

Ser una persona seria, ¿significa que no puedo sentarme tranquilamente a peder el tiempo con alguien que lo necesita y escucharlo, mirarle a lo ojos regalarle una sonrisa, una palabra amable, una mirada de ternura…? Si eso es así, yo no quiero ser una persona seria.

Ser una persona seria, ¿significa no parar en ningún momento, no saber lo que siento, lo que experimento, lo que acojo o lo que dejo? Pues, no quiero ser una persona seria.

Me gustaría invitarte a que tú, tampoco, lo seas. Quiero invitarte a parar por un momento y comenzar a sentir. ¿Sentir? Sí, a sentir… A sentir tu cuerpo, a ti mimo, a las demás personas, a la humanidad, al mundo, al universo.

Por favor, amigo mío, párate y simplemente permite que afloren tus sentimientos; escucha tu cuerpo, acógelo, asúmelo, asimílalo. ¿Qué sientes? ¿Miedo, frustración, rabia? No lo rechaces… Acógelo… Pregúntate por qué y reconduce tu vida. ¿Sientes alegría, gozo, felicidad? No lo rechaces, acógelo también y reconduce tu vida hacia allí. Haz lo mismo con las demás personas y ayúdalas a ser ellas mismas. Haz lo mismo con el mundo que te rodea y con el universo que te envuelve. Y ¿por qué no? Haz lo mismo con Dios.

Por favor, no seas una persona seria.

Vive el momento presente, vive el aquí y el ahora, sé tu mismo, tú misma… No te preocupes por el qué dirán, por lo que otros piensen de ti. Ese es su problema, no el tuyo.

Comienza a aceptar al otro tal y como es, no quieras hacerlo a tu imagen y semejanza, eso sólo pudo hacerlo Dios; acepta al otro como diferente y… acógelo. De esa manera, podemos empezar a vivir en armonía. Armonía con uno mismo, con los otros, con el mundo, con el universo y con Dios.

Por favor, no seas una persona seria, que piensa que todo en la vida tiene que tener un para qué. Hazte consciente de que las cosas simplemente son. Y cuando alguien te pregunte: ¿para qué? Responde con tranquilidad: únicamente para tocar la lira antes de morir.

Gracias por tus comentarios y aportaciones, los espero y quiero acogerlos, simplemente porque son tuyos. Hasta pronto.

 

Y, como siempre, si quieres recibir las novedades del blog o las actividades de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo, te invito a rellenar el siguiente formulario. Te incluiremos en nuestra base de datos y, a partir de septiembre, estaremos en contacto.

Los objetivos en nuestro plan de acción

Algunos de vosotros, a raíz del post Todos quedaron saciados, acerca

de la multiplicación de los panes y los peces, me preguntabais acerca de los objetivos; pues bien, de eso vamos a tratar en esta nueva entrada de nuestro blog.

Cuando cualquiera de nosotros comienza a elaborar un plan de acción, lo primero que se nos aconseja es que nos fijemos un objetivo o una meta.

¿Objetivo y meta son sinónimos? En principio, parecer que sí; sin embargo, cada una de estas palabras tienen sus matices que me parece importante analizar antes de entrar de lleno en el tema que nos ocupa, que es, el de los objetivos.

Me voy a fijar en primer lugar en el significado de cada una de estas palabras. Habitualmente, por meta entendemos el fin al que se dirigen nuestras acciones, es el punto de llegada, el resultado que deseamos alcanzar; objetivo, por su parte, sería más bien el resultado medible o el propósito que queremos alcanzar o lograr. El objetivo sería el estado, lugar, disposición, condición, situación, actitud, sueño al que queremos llegar y hacia él se deben dirigir nuestros deseos y, sobre todo, nuestras acciones; si no nos ponemos “manos a la obra” nunca alcanzaremos la meta.

Permitidme que me sirva de la metáfora del ciclismo para explicar la diferencia que estamos viendo entre meta y objetivo. La ambición, la finalidad de cualquier deportista que participa en una vuelta ciclista es ganar dicho evento deportivo, pero para ello es indispensable que gane el mayor número de etapas posible. En el tema que nos ocupa y siguiendo esta metáfora, la meta sería ganar dicha vuelta ciclista y los objetivos serían ganar las diversas etapas, posiblemente cada una con sus características propias. Por eso, cuando hagamos nuestro plan de acción es importante que definamos bien nuestra meta y nuestros objetivos.

Pongamos un ejemplo del ámbito empresarial. Supongamos que somos el Consejo de Dirección de una empresa editorial y vamos a diseñar nuestro plan de acción para los próximos cinco años. Pues bien, la meta que nos fijamos es convertirnos en la editorial mas importante dentro de nuestro sector. Para alcanzar esta meta es indispensable que vayamos realizando y consiguiendo diversos objetivos que nos ayuden a alcanzar nuestra meta. Como podemos apreciar el objetivo es más, concreto, medible, enfocado, especifico y nos ayudara a tener claras qué acciones, tareas, actividades debemos llevar a cabo. Y para ello, es indispensable que nuestros objetivos cumplan una serie de requisitos o presenten una serie de características o cualidades concretas que veremos a continuación. Todo esto es aplicable no sólo al mundo empresarial, sino a nuestra vida cotidiana o a nuestra vivencia espiritual.

Características o cualidades que deben tener nuestros objetivos

Nuestros objetivos deben ser: inteligentes, puros y claros. Cada una de estas palabras forman un acrónimo en inglés que nos ayudarán a recordar las características de nuestros objetivos.

Para que nuestros objetivos sean inteligentes, es necesario que sean SMART, para que sean puros, deben ser PURE y para que sean claros tienen que ser CLEAR.

Veamos con detenimiento cada uno de estos acrónimos.

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SMART

  • S (Specific): Específico.
  • M (measurable): medible o comprobable.
  • A (agreed): acordado, convenido.
  • R (realistic): realista.
  • T (time): temporalizable.

Específico: al fijar nuestro objetivo no debemos dejar lugar a interpretaciones dudosas, deben ser claros, detallados y concretos. Para verificarlo podemos hacernos las siguientes preguntas: ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde?

Medible o comprobable: hemos de ser capaces de comprobar o medir los pequeños resultados que vamos obteniendo o las pequeñas acciones que vamos realizando. La pregunta sería: ¿Desde dónde a dónde?

Acordado o asignable: debe ser posible encargarlo a alguien y/o concretar las responsabilidades concretas. La pregunta: ¿Quién? ¿De qué manera?

Realista: posible de alcanzar por uno mismo o por alguien de nuestra organización y ajustado a la realidad. La cuestión: ¿qué posibilidades existen?

Temporalizable: Podemos medirlo temporalmente. El interrogante: ¿cuándo?

PURE

  • P (positive): positivo.
  • U (understood): comprendido.
  • R (relevant): relevante.
  • E (ethical): ético.

Positivo: Siempre que sea posible hemos de formular nuestro objetivo en positivo.

Comprendido: expresado de tal manera que pueda ser entendido.

Relevante: que de alguna manera sobresalga por su importancia o significación.

Ético: Respetuoso con las normas, las personas, las instituciones….

CLEAR

  • C (challenging): desafiante.
  • L (legal): legal.
  • E (environment): ecológico.
  • A (appropiate): apropiado.
  • R (recorded): registrado o anotado.

Desafiante: que nos provoque o nos incite al cambio.

Legal: acorde con las leyes establecidas.

Ecológico: respetuoso no solo con el medio ambiente, sino con el ambiente que nos rodea.

Apropiado: adecuado o conveniente para la meta que queremos alcanzar.

Registrado: expresado por escrito.

Como siempre espero vuestros comentarios; y si queréis saber las novedades del blog, por favor, rellenad el formulario que podéis encontrar más abajo.

Gracias a todos aquellos que lo estáis ya completando, os estamos incluyendo en la base de datos de la Escuela y a partir de septiembre comenzaremos a enviaros nuestra novedades.

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Todos quedaron saciados

La mucltiplicación de los panes a la luz del liderazgo y la inteligencia emocional

El texto que nos ocupa es el siguiente:índice

En aquel tiempo, Jesús marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberiades). Lo seguía mucha gete, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: “¿Con qué compraremos panes para que coman estos?”. Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: “Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo”. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?” Jesús dijo: “Decid a la gente que se siente en el suelo”. Había mucha hierba en ese sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil, Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron de pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: “Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie”. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: “Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo”: Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiro otra vez a la montaña él solo. (Jn 6,1-15)

En la transición entre el capítulo cinco del evangelio de Juan al capítulo seis nos encontramos con un cambio brusco de situación geográfica. De Jerusalén, lugar de las instituciones, de la comodidad, del inmovilismo, de las cosas asentadas, de las de siempre, donde los escribas y maestros de la ley imponen sus criterios y quieren que todo permanezca tal y como está; de ahí, Jesús, pasa a la otra orilla, el lugar del cambio, de lo desconocido, de la novedad, de la crisis. Una situación que en nuestra vida cotidiana, al menos respeto, por no decir miedo. En la mayoría de las ocasiones nos cuesta afrontar las situaciones de novedad, de cambio, de dificultad, de crisis. Nos cuesta salir, de lo que llamamos, nuestra zona de confort.
La mejor actitud que podemos adoptar ante cualquier situación es la apertura. Hemos de estar dispuestos a asumir los cambios, los reveses, los vuelcos que puedan depararnos nuestra vida.
En lugar de quedarnos quietos, de pararnos o, lo que es peor, antes de dar un paso atrás, hemos de dar un paso adelante. Hemos de asumir nuestra responsabilidad. Somos libres para poder elegir; ejerzamos nuestro derecho de elegir libremente, sobre todo para asumir y afrontar los nuevos retos que se nos presenten. Hemos de “subir al monte”, escalar la montaña por muy alta que nos pueda parecer, porque desde la cima las cosas se perciben de otra manera; hemos de tomar perspectiva y contemplar las situaciones, circunstancias y realidades desde otro punto de vista.
En el texto evangélico que nos ocupa, nos encontramos precisamente con una dificultad: alimentar a una multitud de cinco mil personas”. Ante esta situación, que hay que afrontar, se dan tres actitudes: la de Felipe, la de Andrés y la de Jesús.
Felipe es aquel que está acomodado en su zona de confort. Se da cuenta de las dificultades que entraña la nueva situación, del desafío, aunque sea por que otros le ayudan a ver: “¿Con qué compraremos panes para que coman estos?” Pero su reacción es no hacer nada e incluso poner trabas: “Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo”.
Andrés, también, se da cuenta de la situación; incluso, se percata de los recursos que tienen para poder hacer frente a la situación de necesidad. Sin embargo, tampoco está dispuesto a hacer nada, a pesar de contar con recursos, no cree que haya solución alguna: “¿Qué es eso para tantos?” No cree que los recursos que tienen a mano sean suficientes para poder cambiar la situación.
Jesús, por su parte, se da cuenta de la situación, conoce los recursos que poseen y pasa a la acción: “Decid a la gente que se siente en el suelo”. A continuación: “Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron de pescado”. Al final, y gracias a la intervención de Jesús, todos quedaron saciados.
Pero además, hay que guardar los recursos por si los volvemos a necesitar. Es decir, aprendemos de lo acontecido, para hacer frente a situaciones similares o para fortalecer nuestra personalidad.
Resumiendo, ante una situación novedosa, ante una situación de crisis, ante un imprevisto la mejor manera de actuar, desde el liderazgo y la inteligencia emocional sería la de realizar un proyecto, una planificación o un plan de acción:
• Mantener una actitud de apertura.
• Cambiar nuestra perspectiva, el prisma desde el que observamos la situación, para darnos cuenta de todas las posibilidades con las que contamos.
• Hacernos conscientes de la situación y las dificultades con las que tendremos que enfrentarnos.
• Fijarnos un objetivo para afrontar satisfactoriamente la realidad que tenemos por delante.
• Definir nuestras líneas de actuación y ver con qué recursos contamos.
• Precisar el tiempo en el que se debe actuar y las personas que se deben involucrar.
• Evaluar.
Y todo esto desde la humildad y el servicio.

Gracias por leer; espero vuestras opiniones y si os parece interesante el post compartidlo.

 

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¿Acompañamiento personal vs Coaching? ¿Existe un coaching cristiano?

Al leer el título de este post, supongo, querido cibernauta, que te han surgido algunas 20101118-aire-puropreguntas, al menos a mi me surgieron: ¿Es lo mismo acompañamiento personal que coaching? ¿En qué se parecen? ¿Qué diferencias existen entre ellos? ¿Qué es eso de coaching cristiano?
Desde una cierta perspectiva no existe, ninguna diferencia; todo va a depender de cómo enfoquemos cada una de estas disciplinas. Personalmente tengo que decir que para mí son términos similares, por no decir equiparables. Pero habrá que explicarse.

1.- ¿A qué nos referimos cuando hablamos de acompañamiento personal?

Acompañar es ir junto a, es estar junto a. Si a esta definición le sumamos el término personal estamos refiriéndonos a algo que tiene que ver con la persona. Es decir el acompañamiento personal sería ir junto a una persona, es estar junto a una persona. Sin embargo, esto, desde mi punto de vista y desde la perspectiva que yo quiero enfocar este tema, sería una definición muy pobre.
El acompañamiento personal sería el estar junto a una persona para ayudarle a hacerse consciente de su vida, profundizar en ella y mejorarla. Ésta podríamos decir que es una definición aséptica. Sin embargo, aquellos que siguen asiduamente este blog, saben que yo tengo una pequeña «deformación profesional», no solo por ser una persona consagrada, sino sobre todo porque soy cristiano, es decir sigo a la persona de Jesucristo. Y esto configura totalmente mi vida, por lo que no puedo, o al menos así lo intento, dejarlo de lado en ningún aspecto de mi vida, ni siquiera cuando actúo como acompañante o como coach.
Por tanto, si el acompañamiento personal lo enfocamos desde una perspectiva cristiana, hemos de tener en cuenta que vamos a partir desde un presupuesto bien concreto, y es que quiero que mi vida se asemeje lo más posible a la vida de Cristo, quiero alcanzar las actitudes vitales de Jesucristo. Por lo que, en el acompañamiento personal tendré muy presente un marco de referencia concreto, que es la vida de Jesús de Nazaret y lo que de él conocemos y hemos recibido a través de la Escritura y la tradición de la Iglesia.
Por lo cual, desde esta perspectiva podríamos definir el acompañamiento personal como el estar o ir junto a una persona para ayudarle a hacerse consciente de su vida, profundizar en ella y mejorarla teniendo como ámbito de referencia la vida de Jesús. Y esto abarcaría todos los aspectos de la vida humana y todas las facultades del ser humano: mente, voluntad y corazón.

2.- ¿Qué es el coaching?

Podemos encontrar infinidad de definiciones de coaching, basta que metamos esta palabra en cualquier buscador de Internet y nos daremos cuenta de ello. Por lo que, me voy a permitir la licencia o voy a tener la osadía de dar mi propia definición de coaching; por supuesto, sin detrimento de lo que otros puedan entender por este concepto y sin oponerme en ningún momento a su propia perspectiva.
12083154-joven-mujer-orando-bajo-el-solComo muchos de vosotros sabéis el término coaching tiene su origen en Hungría para referirse a un pequeño carruaje muy rápido que se utilizaba para el transporte de persona. Este carruaje, coche (coach) no tardó en extenderse por Europa. Al correr del tiempo, en Inglaterra surgió un deporte que consistía en la conducción de este tipo de vehículos y que, como es lógico, los ingleses llamaron coaching. De ahí paso, en el ámbito deportivo, y comenzó a generalizarse su uso para referirse a la persona que entrena a los componentes de un equipo y por semejanza se fue utilizando en el ámbito educativo, sobre todo universitario, para referirse al profesor que orienta a los alumnos en el transcurso de su etapa académica. Aunque hay que tener en cuenta, que hemos de contemplar este entrenamiento u orientación desde una perspectiva holística, es decir que abarque a toda la persona humana en todas sus dimensiones o facultades. Ya en la década de los ochenta, del pasado siglo, se introdujo en el mundo de la empresa.
Pero, ¿qué es, entonces, el coaching? Al igual, que Leonardo Wolk1, a mí me gusta definir el coaching como un arte, o si queréis como la capacidad, facultad, habilidad de acompañar el proceso continuo de una persona o grupo, desde el respeto, durante su camino de cambio hacia una meta concreta, poniendo en juego lo mejor de cada persona, para alcanzar su desarrollo personal.
Cuando vayamos profundizando en este arte, a través de diferentes post, nos daremos cuenta de qué manera se realiza este acompañamiento.

3.- ¿Coaching cristiano?

Por aquello de la «deformación profesional» permitidme, que acerque el coaching a la vivencia cristiana. Desde esta perspectiva, podríamos decir que el coaching sería la habilidad de acompañar el proceso de una persona o grupo, desplegando todas sus facultades, en su camino de cambio hacia la adquisición de su pleno desarrollo personal, teniendo como atmósfera vital la figura de Jesucristo. Algunos podrían decir que es capacidad de acompañar a otros para alcanza la santidad. Pues, sí. Si nuestra meta es la santidad, el coaching puede ayudarnos.
Como hemos podido percibir, el coaching se podría equiparar a lo que habitualmente en la Iglesia se ha llamado el acompañamiento espiritual, lo que ocurre es que en el coaching utilizamos una serie de técnicas concretas y un estilo propio.
Por lo cual, podemos concluir que, acompañamiento personal y coaching no son términos opuestos, ni siquiera desde el punto de vista cristiano. Al contrario, son términos equiparables o equivalentes. Y además concluimos que, puede perfectamente existir, lo que podríamos llamar, un coaching cristiano.

Cometas en el cielo (Para trabajar la amistad)

Sentida adaptación de la popular novela homónima de Khaled Hosseini. Curiosamente, aunque la obra original se escribió en inglés, y el guión de David Benioff también, la mayor parte de los diálogos del film son en dari y pastún, en aras del realismo. En esa línea los pasajes afganos resultan creíbles, no estamos ante un título exótico con decorados de cartón piedra y occidentales maquillados. Y las escenas en que se vuelan las cometas resultan excitantes, y ayudan a acometer (¿o habría que decir “acometar”? la dura trama.

El PDF con la ficha para trabajar la película puedes encontrarlo en nuestra Página de Cineforum. Disfrutadla y Difundidla.

Si alguien estuviera interesado en celebrar algún cineforum o trabajar alguna película o tema concreto en Sevilla, puede ponerse en contacto conmigo; bibliaycomunicacion@gmail.com