“EL REINO DE DIOS ES COMO…” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio Mc 4,26-34

Nos encontramos hoy para orar con dos parábolas, que nos intentan ilustrar acerca del Reino de Dios. Las parábolas son narraciones acerca de hechos cotidianos, pero que de alguna manera, pretenden darnos a conocer un misterio. Porque, no cabe duda que, la cuestión del Reino de Dios es un misterio para todos nosotros. Jesús, al contarnos estas y otras parábolas quería de alguna forma revelarnos en que consiste el Reino. En el caso concreto de las dos parábolas de hoy, Jesús quiere que entendamos cómo funciona el desarrollo del Reino de Dios y cómo se extiende.

El crecimiento o desarrollo del Reino de Dios no depende explícitamente de nosotros o de nuestro trabajo; en muchas ocasiones no sabemos siquiera como en este o aquel lugar se ha desarrollado el cristianismo, todo depende de la acogida que se de al anuncio del amor de Dios. Nuestra misión es la de sembrar, el hacer germinar y crecer es cosa de Dios. Si traemos a la memoria la parábola del sembrador, podemos caer en la cuenta de que el crecimiento en realidad depende de la fertilidad de la tierra. En este caso ocurre lo mismo. Sin saber uno cómo, ni por qué, el grano da su fruto y fruto abundante. Por tanto, no nos preocupemos de como hacer germinar o crecer el Reino de Dios, nosotros vayamos sembrando el amor y la misericordia de Dios, la fertilidad de quien nos escucha y la gracia de Dios harán todo lo demás.

Pero además, no hace falta que sembremos grandes obras o estructuras, o desarrollemos grandes proyectos; la semilla de mostaza es minúscula, casi como la cabeza de un alfiler. Y sin embargo, una vez sembrada en la tierra crece y se hace tan alta que hasta los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra.

No es cuestión de eficacia, medios colosales o abultados programas. La cuestión está en escuchar la Palabra de Dios y dejarse transformar por ella. Es estar dispuestos a que este pequeña semilla crezca dentro de nosotros y nos vaya modelando según el pensamiento, los sentimientos y las acciones de Jesús.

Y lo mismo cabría decir con respecto a nuestro testimonio acerca del Reino. Nuestra preocupación principal debe ser precisamente esa: dar testimonio del evangelio en nuestro día a día, aunque sea de manera humilde, con nuestras debilidades, pero intentando ser coherentes. El resto le corresponde a Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo escuchas, acoges y te dejas transformar por la Palabra de Dios?
  • ¿Confías en exceso en tus cualidades, medios o recursos al intentar extender el Reino de Dios entre los que te rodean?
  • ¿De alguna forma quieres estar presente y controlando en todo momento la manera y la forma de crecer del Reino de Dios?
  • ¿Eres consciente de que el crecimiento y la extensión del Reino no depende únicamente de ti, que tú misión es sólo sembrar?
  • ¿Estás dispuesto a mantenerte disponible y crear las condiciones favorables para que la Palabra de Dios sea sembrada y dé abundantes frutos?

VIDA – ORACIÓN

Oración tomada de Oraciones de tú a tú, de Ignasi Miranda

Señor, ¡Ayúdanos a ser conscientes de tu inmenso amor por nosotros!

Tú eres todopoderoso, puedes recortar los árboles altos y hacer crecer los pequeños.

Haces germinar la semilla sin que el hombre sepa cómo.

¡Alabado seas, Señor! ¡Bendito sea tu nombre, Todopoderoso!

¡Nada sucede sin que tú lo hagas posible, Señor!

Eres tú, Señor, quien hacer crecer en nosotros la fe y la confianza.

Queremos ser dóciles y humildes como el grano de mostaza.

Nos ponemos en tus manos, Padre amoroso, para dejarte entrar,

para dejarte que hagas lo que quieras,

para facilitar que nos ames,

para permitir que la semilla crezca y forme un árbol de ramas gruesas.

Gracias a tu poder, una insignificante semilla

puede convertirse en un magnífico árbol.

Queremos sentir el coraje de San Pablo para creer sin verte,

para no tener más ambición que complacerte

y esperar el momento en el que abandonaremos este cuerpo

y no presentaremos ante ti.

Mientras nos encontramos en esta vida,

queremos aportar nuestra humilde colaboración a la construcción de tu Reino.

Esperamos confiados el día en el que te veremos

y nos quedaremos a vivir contigo. Amen.

“PERMANECED UNIDOS A MÍ” – LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO V DE PASCUA (CICLO B)

Foto de David en Pexels

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 15,1-8

El V Domingo de Pascua, la liturgia nos ofrece para orar la parábola de la vid y los sarmientos.

Para aquellos de nosotros que no estemos familiarizados con el mundo campestre, es posible, que esta parábola no nos diga nada. Si embargo, hemos de saber que, para que el sarmiento pueda vivir es imprescindible que esté unido a la vid. El alimento, del cual se nutre el sarmiento, proviene de la vid. Y sin estar unido a ella, es imposible que produzca uvas.

Me llamó especialmente la atención las veces que se repite en tampoco versículos la expresión “permaneced unidos a mí” o similar. Creo que es la frase que nos debe dar la clave para comprender todo el pasaje.

Hemos de tener en cuenta, comentado este fragmento que, en la tradición de Israel, la vid o la viña es el símbolo del Pueblo de Dios. Un pueblo que ha sido cuidado con mimo por parte de Yahveh, de la misma manera que el viñador cuida de su viña. Sin embargo, Israel no ha sido fiel a la Alianza; es decir, no se ha dejado cuidar y, por lo tanto, no ha dado fruto.

Los discípulos de Jesús y también nosotros, al haber respondido a su llamada estamos limpios, gracias a la Palabra que ha pronunciado para cada uno de nosotros. Conforme vamos profundizando y acogiendo el mensaje de Jesús más nos purificamos. En la medida en que permanezcamos fieles a Jesús, el amor de Dios se nos manifestará y nosotros lo manifestaremos a los demás. Y aunque nosotros nos separemos de Dios, Él continuará siendo fiel, pero nosotros nos volveremos estériles.

Pocos versículos después, Jesús vuelve a repetir la afirmación del principio. Pero, en esta ocasión, refiriéndose a sí mismo y a los discípulos, no al Padre: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Es Jesús quien transmite la vida a todos sus discípulos, pero para ello es indispensable permanecer unidos a Él y de esa manera daremos mucho fruto. Pero, si no estamos unidos a él nos secaremos, es decir no tendremos vida.

Jesús se nos presenta como la “vid verdadera”. Aquel, en el que, Yahveh ha restablecido la Alianza. Y los sarmientos son el nuevo pueblo de Dios. El Padre es quien ha plantado la viña y los sarmientos. Jesús viene a decir que el verdadero Pueblo de Dios es aquel que está unido a él. Y, en la medida en que los sarmientos estén unidos a él darán fruto, podrán llevar a cabo su misión, que no es otra que la extensión del Reino.

Estar unidos a Jesús es dejarnos alimentar por él, es estar atentos a su voz, es escuchar su palabra, es intentar llevarla a cabo en nuestro día a día. Es vivir para él y con él, para poder vivir para y con los hermanos.

Cuando el sarmiento se seca, el Padre lo corta porque no pertenece ya a la vid. Cuando cualquiera de nosotros nos separamos de Jesús, nos secamos y somos incapaces de dar fruto. No somos capaces de transmitir el amor de Dios.

La gloria del Padre se manifiesta precisamente en la extensión del Reino por parte de los discípulos, pero para ello es indispensable estar unidos íntimamente a Jesús, asumir sus actitudes vitales y llevarlas a la práctica.

Foto de Magda Ehlers en Pexels

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Sientes que permaneces unido a Jesús? ¿De qué manera?

• ¿De qué forma crees que puedes incrementar ese permanecer unido a Jesús?

• ¿En qué ocasiones de tu vida cotidiana, ere incapaz de dar fruto porque no permaneces unido a Jesús?

• ¿Cómo puedes extender el Reino entre todos aquellos que te rodean, que entran en contacto contigo en tu día a día?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser el viñador que cuida de todos nosotros.

• Da gracias a Jesús porque nos alimenta cada día con su savia.

• Ofrece tu vida para ser insertado como el sarmiento en la vid y permanecer unido a Jesús.

• Pide a Dios Padre que envíe su Espíritu sobre todos los llamados a extender su Reino en el mundo.

• Comprométete a acoger la vida que Jesús nos ofrece y a entregarla a los demás.

“ESTAD ATENTOS” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO I DE ADVIENTO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 13,33-37

“¡Vigilad!” o en todo caso su sinónimo, velad, es la palabra clave de este corto fragmento del evangelio que meditamos hoy en el primer domingo de adviento. Vigilad y estad atentos porque no sabemos cuando vendrá el dueño de la casa. Y vigilar con esperanza, con la confianza puesta en Jesús que viene. A esto nos invita el adviento a velar en la espera gozosa de Jesús, pero con una esperanza activa.

Por medio de esta parábola Jesús nos invita a permanecer vigilante para descubrir la presencia de Dios en nuestras vidas, para detectar los signos del Reino, incluso en medio de la calamidad, de las dificultades, de las miserias. Vigilar y velad con la esperanza en que el dueño de la casa vendrá. Sí. Vendrá a tu corazón y al mío, vendrá a tu vida y a la mía. Está ya. Pero hemos de saber mirar y percibir la presencia de Jesús en medio de nosotros.

No sabemos cuándo. Pero estamos seguros de que vendrá y que ya está presente en nuestro mundo. Y sólo nos queda estar atentos a esos signos que puedan ayudarnos a acoger a la persona de Jesús, que en Navidad recordaremos y contemplaremos como un niño recién nacido, envuelto en pañales, pero que sale al encuentro del ser humano. Esos signos que nos ayuden a salir al encuentro del esposo.

La vigilancia nos ayuda a no desviarnos de nuestro verdadero camino que no es otro que el seguimiento de Jesús, el dejarnos configurar por el Espíritu para convertirnos en verdaderos discípulos del Maestro.

Necesitamos estar despiertos y atentos para recibir a Jesús que viene. A cada uno de nosotros nos ha dejado una tarea, un compromiso, una misión. Hemos de velar y estar atentos para llevar a cabo el encargo que el nos ha encomendado. Hemos de estar siempre en camino para que la Palabra de Dios se vaya difundiendo por todos los confines del mundo. Hemos de estar atentos para anunciar la Palabra a tiempo y a destiempo, para llevar a todos al amor de Dios y a la salvación que nos trajo y nos trae cada día Jesús.

Hemos de tener nuestra mirada puesta en el presente y en el futuro. Algo nuevo está por suceder. Algo nuevo está viniendo, algo nuevo está naciendo. Es la novedad del evangelio que nos trae Jesús y que nosotros hemos de presentar, ofrecer y entregar a todos nuestros contemporáneos.

Vigilar y estar en vela es dar testimonio de Jesús para que el evangelio llegue a todos los confines de la tierra; vigilar y estar en vela es hacer posible el mensaje de las bienaventuranzas en nuestro mundo, es llevar la alegría de la Palabra a toda raza, pueblo o nación. Nuestro objetivo está bien claro: “predicar el evangelio a toda criatura”; hacer posible el reinado de Dios en nuestro mundo. Mientras, Jesús llega en plenitud sólo nos queda estar vigilantes e invocar diciendo: ¡Ven, Señor, Jesús!

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Qué significado tiene para ti, estar atento y esperar?
  • ¿Cómo resuena en ti la invitación a la vigilancia?
  • ¿En qué ocasiones, crees tú que, te encuentras dormido?
  • ¿Cómo vives a la espera del Señor que viene?
  • ¿Cómo te dispones para vivir con intensidad este tiempo de Adviento?
  • ¿Qué acciones concretas llevas a cabo para hacer posible el Reino a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

  • Alabamos a Dios Padre por habernos dado a Jesús y su Palabra.
  • Invocamos al Espíritu para derrame sobre nosotros su gracia y su fuerza para que podamos permanecer en vigilancia.
  • Damos gracias a Jesucristo por estar viniendo continuamente a nuestras vidas.

¿Cuáles son tus talentos? Lectio Divina domingo XXXIII del T.O. (Ciclo A)

Verdad – Lectio

Evangelio: Mt 25,14-30

Oramos hoy con la llamada parábola de los talentos. Estos eran una medida de peso utilizada en la antigüedad. Esta parábola podemos encontrarla junto a otras llamadas de la espera (p.e. la parábola de las vírgenes prudentes) de la venida del Señor. Una venida que no es inminente, tal y como se manifiesta en la frase “después de mucho tiempo” (25,19). El dueño de la hacienda a su vuelta, pide cuenta de los talentos que a cada uno les había entregado “según sus capacidades” (25,15). Algo sumamente importante, pues indica que Dios tiene en cuenta nuestras propias capacidades y no nos va a exigir más allá de nuestras propias fuerza. El trato será el mismo para todos seamos siervos fieles o infieles; es más si queremos, hasta prodiga un trato más que generoso. En ningún momento, pide que se le devuelva lo que había entregado, ni siquiera pide las ganancias, al contrario recompensa a sus siervos, incluso más allá de lo esperado.

            Dicho esto, estamos en condiciones de entender mejor la actuación del último de los siervos y que me parece que es la clave de lectura de toda la parábola. Este último, aún teniendo sus propias capacidades, no se ha preocupado por incrementar su talento, su única preocupación ha sido conservar intacto lo recibido. Es más, incluso intenta justificar por todos los medios su actuación, atacando directamente al dueño de la hacienda, diciéndole prácticamente que es un hombre extremadamente duro y sin escrúpulos. Sin embargo, nosotros que hemos leído el comportamiento que ha tenido con los anteriores siervos, eso nos suena a excusa. Lo acusa de “cosechar donde no ha sembrado y recoger donde no ha esparcido” (25,24). Y a pesar de todo, su actuación ha sido precisamente la contraria, a los primeros no sólo le ha dado lo que han ganado sino que les ha invitado a participar de su propio gozo.

            En el colmo de su desfachatez y encontrándose atrapado, finalmente se justifica diciendo que ha actuado movido por el miedo. En ningún momento, esta persona ha conocido realmente al dueño de la hacienda. La imagen que tiene de él es la de un amo, que trata a sus empleados como esclavos. Es la imagen que tenemos muchos cristianos de Dios, el supremo juez, no vemos a Dios como amor (1Jn 4,8). Ante esta imagen de Dios, a quien así vive, solo le cabe la esperanza de vivir fuera del gozo de su Señor.

            La vida cristiana es estar en camino, es estar en continuo crecimiento, es vivir dejándonos hacer poco a poco por el Espíritu Santo, y Dios nos está continuamente regalando sus dones y su gracia para que podamos ir creciendo en nuestro camino de santidad, pero en nuestras manos está aceptar o no esta gracia y estos dones. El premio de la vida eterna contemplando el rostro de Dios es gratuito e igual para todo el mundo, pero nosotros podemos rechazar ese premio. Todos nosotros vamos a escuchar: “entra en el gozo de tu Señor” (25,21); pero, también podemos decir que no y darnos la vuelta. La respuesta a la invitación de nuestro Padre Dios, Amor y Amante está en nuestras manos.

Camino – Meditación

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál es la imagen que tengo de Dios? ¿La imagen del Juez o la imagen de Dios amor?
  • Dios nos ha regalado a cada uno, según nuestras capacidades, una serie de dones ¿que hago yo para poner estos dones al servicio de mis hermanos, al servicio de la humanidad para la extensión del Reino? ¿pongo a “producir” estos dones o por el contrario los entierro?
  • ¿Cuáles son las excusas que me digo a mi mismo, y por tanto también a Dios, para no asumir mi responsabilidad de extender el Reino?
  • Me detengo por un instante a meditar (pasar por mi corazón) las palabras pronunciadas por el dueño de la hacienda y que Dios me las dirige a mi hoy: “entra a disfrutar del gozo de tu Señor”. Entra a disfrutar de la vida junto a mí ¿Qué sentimientos se despiertan en mi?

Vida – Oración

  • Alabo al Padre porque quiere hacerme entrar en su propio gozo, porque me invita a compartir su propia vida.
  • Pido perdón a Dios y a mis hermanos por las veces que no soy constructor del Reino a mi alrededor y sobre todo, por intentar justificarme con excusas sin sentido.
  • Doy gracias a Dios porque no cesa de agasajarme y de llenar mi vida regalándome sus dones.

¡Estad preparados! Lectio Divina Domingo XXXII del T.O. (Ciclo A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 25,1-3

Nos encontramos dentro del llamado discurso apocalíptico de Mateo, quinto y último de su evangelio, que comprende los capítulos 24 y 25.

Dentro del contexto del “primer evangelio”, los primeros cristianos creían que el fin del mundo era inminente. Aunque, pasaba el tiempo y la parusía (segunda venida de Cristo glorioso al final de los tiempos) no llegaba; con lo que, la comunidad cristiana, tal y como bien apunta José Luis Sicre, tuvo que reinterpretar la idea de la misma, a pesar de las persecuciones que estaban sufriendo.

Sin embargo, el autor del evangelio no se deja llevar por el catastrofismo, la angustia o la tribulación; pues, en realidad “en cuanto al día y la hora, no los conoce nadie, ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solo los conoce el Padre”. Luego, el cristiano lo que tiene que hacer es mantenerse en una actitud de vigilancia, pues la llegada del Reinado de Dios ocurrirá de manera inesperada.

Este es, podríamos decir, el contexto histórico del momento en el que se escribe la parábola, que la liturgia de hoy nos ofrece en la celebración de la eucaristía. Pero profundicemos un poco más en la misma para poder entenderla de una manera más satisfactoria.

Antes de celebrarse la ceremonia de la boda, un grupo de muchachas solía acompañar al novio para recoger a la novia en su casa y llevarla al lugar donde iba a celebrarse la misma. Este hecho da pie a Jesús para anunciar la Buena Nueva por medio de una parábola.

Se encuentran 10 muchachas (vírgenes) esperando la llegada del novio para acompañarle. Pero, éste se retrasa, va anocheciendo y a ellas les entra sueño, el aceite con el que se mantienen encendidas las lámparas se va consumiendo, hasta tal punto que ante la inminente llegada del novio, cinco de estas muchachas que no habían previsto dicha tardanza, deben ir a comprar más aceite.

Lo que se dice velar o vigilar, la verdad es que ninguna de ellas lo ha hecho. Por lo que más que a la vigilancia, Jesús nos esta invitando a ser previsores; lo importante es estar preparados, sin dejarlo todo para el último momento; Jesús nos está invitando a permanecer atentos con respecto al aceite de nuestras lámparas y no permitir que se acabe.

Está claro que el novio es Jesús y las diez vírgenes somo cada uno de nosotros. Pero, ¿qué es el aceite? Mateo nos lo aclarará precisamente a lo largo del capítulo veinticinco de su evangelio con la parábola de los talentos y con el relato sobre el juicio final. Ese aceite son la cualidades, recursos, capacidades, aptitudes, competencias, valores… que Dios nos ha regalado y que nosotros hemos de poner al servicio de los demás por medio de nuestras obras: dar de comer al hambriento, de beber al sediento; acoger al migrante, vestir al desnudo… En una palabra, hacer el bien a nuestro alrededor: al pobre, al pequeño, al más necesitado. Y, teniendo en cuenta que, esas cualidades, capacidades, recursos, esos talentos son individuales, son los que Dios ha dado a cada uno de nosotros, y todo eso no podemos dárselo al otro, pues él tiene los suyos propios, únicamente podemos ponerlos al servicio de los demás.

Por tanto, sigamos la invitación de Jesús a estar atentos para que el aceite de nuestra lámpara no se acabe, a estar preparados ante el retraso del esposo, pues no sabemos ni el día, ni la hora.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • El esposo, Jesús, nos está invitando al banquete de bodas, que es el Reinado de Dios, ¿estás preparado para ello?
  • ¿De qué manera te estás preparando para la venida de Jesucristo? ¿Estás poniendo toda la carne en el asador?
  • ¿Estás atento a las necesidades de las personas que están a tu alrededor?
  • ¿Estás poniendo al servicio de los demás los dones que Dios te ha regalado?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por todos los dones que te regala cada día.
  • Alaba a Jesucristo por invitarte a estar atento a su próxima venida y por acompañarte durante la espera.
  • Pide al Espíritu Santo que te ayude a poner todas tus cualidades, capacidades, facultades al servicio de los demás, especialmente de los más necesitados.
  • Intercede para que la Santísima Trinidad ayude a todos los seres humanos a mantener encendidas sus lámparas.

VEN AL BANQUETE DE BODAS – LECTIO DIVINA DEL DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 22,1-14

El mensaje de la parábola es, aparentemente, bastante claro. Un rey envía a sus criados a llamar a los invitados a la boda de su hijo. Pero estos no quieren asistir a la misma.

Por segunda vez, vuelve a enviar a otros criados a insistir en la invitación. Y, nuevamente, no sólo no les hacen caso, sino que además algunos de ellos marchan a «sus asuntos» y otros maltratan y matan a los criados. El rey se irrita y envía a sus tropas a destruir la ciudad de estos «malvados».

A renglón seguido, viendo que esos invitados no eran dignos; pero, el banquete está preparado, vuelve a enviar a sus criados a buscar comensales. Los cuales salen a los caminos e invitan a todos los que encuentran. La sala del banquete se llena de invitados.

Sin embargo, al entrar el rey a saludarlos se fija que hay una persona que no llevaba el traje adecuado para la boda. Lo recrimina pero él no responde. Por lo cual, es expulsado del banquete.

Hasta aquí, si queremos, una lectura superficial o si queremos literal del relato. Pero, me gustaría profundizar algo más en el mismo; primeramente, desde una lectura del contexto en el que escribe Mateo y luego desde una lectura eclesial.

Recordemos, que Mateo escribe para una comunidad que, eminentemente, procede del judaísmo. Muchos de los lectores o «escuchadores» de esta parábola en la comunidad de Mateo conocen perfectamente la historia del Pueblo de Israel. Toda la historia de Israel ha sido una clara invitación al banquete de bodas mesiánica. Pero, ¿qué ocurre? Que los criados enviados para invitar a dicha boda han sido rechazados, es más han sido maltratados e, incluso, asesinados. No podemos menos, que ver aquí, una clara alusión a los profetas; es más, en tiempos de Jesús, incluso a Juan, el bautista.

¿Qué hace entonces el rey? Envía destruir la ciudad de los invitados, posible alusión a la destrucción de Jerusalén del año 70, y envía a más criados a que salgan a los caminos a invitar a todos los que encuentren, buenos y malos, porque el banquete está preparado. Me detengo un instante, en esta expresión buenos y malos. Traigamos a nuestra memoria la parábola del trigo y la cizaña; ambos crecen juntos hasta la siega. Todos están invitados al banquete, y ninguno de nosotros tiene porqué excluir a nadie; esta función le compete al dueño del campo, en este caso al rey. El cual, percibe como uno de los invitados no lleva puesto el traje adecuado, no lleva traje de boda. En las bodas, en época de Jesús, en ningún sitio estaba prescrito que uno debía vestir un traje especial; bastaba un vestido limpio, luego volveremos sobre ello. Este personaje es expulsado del banquete. Hasta aquí, si queremos, la lectura desde el contexto en el que escribe Mateo.

Profundicemos un poco más, desde una lectura eclesial o si preferimos desde una lectura cristiana actual del texto. Dios ha ido revelándose a la humanidad durante siglos y siglos. Ha ido invitando, en distintos momentos de la historia, al banquete de bodas de su hijo, el novio.

La Iglesia es a su vez, la novia y la invitada a la boda. Al igual que los invitados de la parábola podemos aceptar o rechazar la invitación, es más podemos, incluso, maltratar y matar a los enviados, a los criados, a aquellos que anuncian la Buena Nueva. Es cosa nuestra y nos atendremos a las consecuencias, no porque el rey así lo haya querido, sino porque nosotros lo hemos querido y provocado. Somos nosotros los que no queremos saber nada del rey, su banquete y su hijo, y nos vamos a nuestros asuntos; es más, cómo en muchos momentos de nuestra vida, la mayoría, estos criados-enviados son bastante pesados y nos molestan, optamos por quitarlos de en medio. Así es nuestra actuación en más de una ocasión. Y tenemos que asumir las consecuencias. No tiene porqué extrañarnos que el rey (Dios) envíe a sus mensajeros a invitar a otros que encuentre por los caminos (¿pecadores y prostitutas?).

Es posible, también, que cualquiera de nosotros seamos de los que hemos entrado en el banquete; a ello estamos llamados y además de una manera reiterada. Cuando estamos disfrutando de él o a punto de comenzar el mismo, entrará el rey (el Padre), saludará a cada uno de los comensales y reparará en uno que no lleva puesto el traje adecuado. Es decir, uno que no se ha convertido totalmente y con todo su ser al mensaje del Reino, uno que no ha querido cambiar de estilo de vida, uno que no ha querido asumir la actitudes vitales de Jesús y que además lo ha hecho de manera consciente e intencionada. Sí, quiere beneficiarse del banquete, pero sin arriesgar nada, sin poner nada de su parte; quiere banquetear en el Reino pero seguir llevando la misma vida que hasta ahora; quiere que Dios cumpla su parte del pacto pero él poderla incumplir siempre que le convenga; quiere ser beneficiario de los dones de Dios pero sin amar a Dios.

Desde este punto de vista, hemos de ver además y entender, la última frase de este pasaje: «son muchos los llamados, pero pocos los escogidos». Mas que en sentido cuantitativo, creo que esta expresión habría que leerla en sentido cualitativo, y me explico. Las llamadas por parte de Dios son infinitas, siempre está llamando a entrar en el banquete, y nos está llamando a toda la humanidad, sin distinción alguna, lo hace reiteradamente, en todo momento y cada lugar. Sin embargo, la elección está en nuestra manos, nosotros podemos voluntariamente participar o no en el banquete de bodas. Eso sí, debemos llevar el traje adecuado, debemos vivir como invitados a la boda, no podemos «nadar y guardar la ropa». Hemos de vivir en continua conversión, teniendo presente las actitudes vitales de Jesús y dejando que el Espíritu nos modele según el modelo que es el Hijo. Así seremos uno de esos comensales a los que el rey saludará, se sentará con él, comerán y conversarán como amigos durante el banquete. No es Dios el que escoge, Dios llama, la elección es cosa nuestra.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios te está invitando continuamente a entrar en el banquete del Reino. ¿Cuál es tu repuesta ante esta invitación? ¿También tú tienes otros negocios que atender o incluso, de alguna manera matas a los criados que él te envía?
  • ¿Qué siente al ser invitado a la boda? ¿Está dispuesto a asistir al banquete?
  • Si estás dispuesto, tienes que llevar puesto el traje adecuado, ¿qué debes hacer para despojarte de tus viejos vestidos y vestir el traje nuevo? ¿De qué prendas debes despojarte y qué prendas debes adquirir? ¿A qué tienes que renunciar para entrar en el banquete?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por estar llamándote continuamente a participar en el banquete del Reino junto a todos nuestros hermanos.
  • Pide al Señor que te ayude a despojarte de tus viejos vestido y a vestirte con el traje nuevo de la boda del Reino.
  • Alaba a Dios por todos los beneficios que a diario te regala, todo proviene de Dios.

IMPORTANTE: Esta Lectio Divina puedes encontrarla, también, en audio, el próximo domingo en el muro del perfil de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es

Lo matamos y nos quedamos con la herencia. Lectio Divina del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 21,33-43

Cada uno de nosotros conoce perfectamente las cosas que hay en su casa. Por eso, cuando recibimos la visita de alguien de fuera, lo primero que hacemos es decirle dónde están las distintas estancias, por si necesitan algo. O, cuando dejamos nuestra casa para que vivan otros, les explicamos dónde están las cosas.

En el evangelio de hoy, Jesús presenta una parábola a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, a los “presbíteros”. Ellos son quienes ofrecían los sacrificios a Dios. En la parábola, Jesús les habla del propietario de un terreno que planta una viña, la rodea con una cerca, cava en ella un lagar, construye la casa del guarda, la arrenda a unos labradores y se va de viaje. Pero cuando llega el tiempo de la vendimia, manda a sus sirvientes a recoger la parte del fruto que le correspondía. La respuesta de los labradores fue, por dos veces seguidas, maltratarlos y matarlos para no darle al dueño lo que era suyo.

El dueño de la viña no desiste y le manda a su hijo, creyendo que así le respetarían. Sin embargo, los labradores, hacen con el hijo lo mismo que hicieron con los criados, creyendo que así, al matar al descendiente, se quedarían con la herencia del señor.

A continuación, Jesús pregunta a los ancianos y sumos sacerdotes: «cuando vuelva el dueño de la viña, qué hará con aquellos labradores?». Ellos responden con la “ley del Talión”. Les hará lo mismo. Los matará y entregará su viña a otros labradores «que le entreguen los frutos a su tiempo».

Ahora llega el momento en que Jesús les explica la parábola que no han entendido: «se os quitará el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos»; porque el Reino de Dios es para todos pero ellos lo han rechazado, no han dado los frutos que el Señor desea. Por eso lo compara con «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has dejado alguna vez tu casa para que vivan otros?
  • ¿Cómo la has encontrado a tu vuelta?
  • ¿Con qué personaje del evangelio te identificas más? ¿Los labradores, el dueño de la viña, el hijo, los sumos sacerdotes, los ancianos?
  • ¿Quién es para ti ese dueño de la viña?
  • ¿Quién es para ti el hijo?
  • ¿Quienes son los criados de la primera y la segunda vez?
  • ¿Has rechazado a alguien o a algo pensado que no tenía valor y te has equivocado?
  • ¿Cómo acoges el Reino de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Cuántas veces Señor, desde el origen, los hombres hemos querido ser dioses. Nos enviaste a los patriarcas, a los profetas, a tu Hijo y aún así, nos resistimos. ¿Hasta cuándo, Señor, seguiremos siendo tercos y duros de corazón? Aumenta nuestra fe, danos entrañas de misericordia, un corazón capaz de amar y acoger a Ti, a tu Palabra y a aquellos que Tú nos envías. Así sea.

“¿Quién cumplió la voluntad de su padre?” Lectio divina del domingo XXVI del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 21,28-32

La parábola que hoy nos regala la liturgia para acoger, orar, celebrar y poner en práctica,  está enmarcada dentro de una sección en la que Jesús es rechazado en Jerusalén por parte de los dirigentes judíos (Mt 21,1—23,39).

Jesús ha sido recibido allí, por la multitud, de manera triunfal; y la gente le aclamaba como hijo de David y profeta. Sin embargo, las autoridades judías se en enfrentado abiertamente a él. Precisamente, en este contexto de controversia, Jesús pronuncia esta parábola.

En los versículos precedentes, Jesús se ha enfrentado, en el templo, a los sumos sacerdotes, escribas y ancianos que ponían en entredicho su autoridad: “¿Con qué autoridad haces eso? ¿quién te ha dado tal autoridad?” (21,23). Jesús no les responde a dicha pregunta de manera directa, sino que les lanza otra: “El bautismo de Juan, ¿de dónde procedía? ¿de Dios o de los hombres?” (21,25). Pregunta que sus interlocutores evitan responder.

A renglón seguido, Jesús les propone la parábola de los dos hijos; con la que, de alguna manera, quiere responder a la pregunta a la que ellos no quisieron dar respuesta: el bautismo de Juan, sin duda ninguna, procedía de Dios.

Aunque, curiosamente, quienes habían seguido a Juan el Bautista era “gente de mal vivir”. Pero, ¿quién está realmente más cerca del Reinado de Dios?

El pueblo judío y con él sus dirigentes y autoridades, dieron su sí a Dios aceptando la ley de Moisés. Sin embargo, incumplieron la Alianza con Dios en múltiples ocasiones. La más cercana a la vida de Jesús, al no hacer caso de la invitación de Juan a la conversión. Y, por el contrario, los publicanos y prostitutas, que, en un principio, dijeron no a Dios, al negarse a vivir según los mandamiento, finalmente se arrepintieron y se convirtieron, cumpliendo de esta manera la voluntad del Padre. Por tanto, están más cerca del Reino de Dios.

Ellos reconociendo su infidelidad han dado un cambio radical a su vida acogiendo la invitación de Juan a la conversión y acogiendo a Jesús como su verdadero Salvador, como el Hijo de Dios. Han sido capaces de acoger la propuesta de Jesús de comenzar una nueva forma de vida.

En la comunidad de Mateo, esta parábola, además, iluminaba la situación de la misma en la que los dirigentes israelitas habían rechazado la enseñanza y forma de vida de Jesús y la acogida de la misma por parte de los paganos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Hoy, Jesús te hace las mismas preguntas que le hizo en su tiempo a los dirigentes judíos: ¿Qué te parece? ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?
  • ¿Con cuál de los dos hijos te siente identificado?
  • ¿Cómo respondes a la Alianza de Dios? ¿Al seguimiento de Jesús? ¿Eres de los que dicen sí, con la boca pequeña y luego hace lo que le da la gana o de los que se arrepienten de sus infidelidades?
  • Ante la infidelidad a la Alianza que Dios Padre ha hecho contigo, ¿cómo reaccionas? ¿Te arrepientes y actúas en consecuencia?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios Padre por el don de tu vida. Alábalo por haber realizado contigo una Alianza Nueva, por cuidarte cada día, como su pequeña viña.
  • Pide perdón a Jesús, por las veces en que no eres fiel al evangelio.
  • Acoge la transformación que el Espíritu Santo quiere realizar en tu vida y pídele fuerzas, ciencia y los medios necesarios para anunciar el evangelio a tu alrededor con tu palabra y tu testimonio.

Hoy el dueño de la viña sería denunciado. Lectio Divina del Domingo XXV del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 20,1-16

Según nuestra lógica, el que más trabaja, debe cobrar más y el que menos trabaja, menos; porque entendemos que al trabajador se le debe pagar según las horas trabajadas y su rendimiento. No entendemos que sea justo que todos cobren lo mismo al final de la jornada, cuando unos trabajan más tiempo que otros. Además, recurrimos a los sindicatos con facilidad si en nuestros puestos de trabajo vemos cualquier cuestión que nos parece anómala para asesorarnos y llevar, incluso, a pleito a aquel que nos contrata.

Sin embargo, el evangelio de esta semana, nos desmonta nuestra manera de entender las cosas. El propietario de la viña, no es injusto pagando lo mismo a todos sus trabajadores sin mirar el tiempo que cada uno de ellos ha trabajado o el rendimiento que ha producido. Él paga a cada uno lo que ha acordado con ellos, porque ha establecido un contrato de palabra y la palabra tiene validez legal. Los trabajadores no van a buscar el trabajo, es el propietario quien los busca.

Esta parábola del dueño de la viña, se la cuenta Jesús a sus discípulos para que ellos también entiendan que es Dios quien elige el momento, porque a cada uno lo llama en su momento. Unos «al amanecer», otros «a media mañana», «a medio día», «a media tarde» y «al caer la tarde». Pero al anochecer, llama primero a los últimos y les paga uno a uno hasta llegar a los primeros, que con orgullo pensaban recibir más que aquellos que habían cobrado sin trabajar el mismo tiempo que ellos.

Ahí está el error de los jornaleros, quieren manipular la voluntad del propietario. Por eso, el dueño de la viña les dice: «¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?».

Ahora es cuando el evangelista nos dice cuál es la lógica de Dios: «los últimos serán los primeros y los primeros serán últimos».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Cómo habría reaccionado yo si el propietario me llama a primera hora y me paga igual que al resto?
  • ¿Qué le hubiera dicho?
  • ¿Descubro en mi lugar de trabajo “injusticias” de este tipo?
  • ¿Cómo reacciono?
  • ¿Soy de los que le gusta salir al encuentro o me gusta que me busquen?
  • ¿Cómo ando de orgullo?
  • ¿Me gusta que los demás me reconozcan los méritos de todo cuanto hago?
  • ¿Cómo me sienta cuando los demás me dejan “el último”?

VIDA – ORACIÓN

Dame Señor un corazón humilde para saber colocarme en el último lugar, capaz de doblegar mi orgullo y mi soberbia. Sabes que me cuesta mucho que no me reconozcan mis méritos, disfruto con los halagos y agasajos. Dame un corazón pobre, sencillo, humilde. Un corazón que antes de juzgar, pensando en sí mismo, piense: “¿cuál es la voluntad de Dios?”. Perdóname por las veces que quiero hacer tu voluntad a mi antojo y apetencia. Dame, Señor, un corazón con las dimensiones de tu corazón. Así sea.

“¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Lectio divina del domingo XXIV del Tiempo Ordinario – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 18,21-35

Como muchos de vosotros sabéis, Mateo estructura su evangelio en cinco grandes discursos, a modo de un “nuevo Pentateuco”. Nos encontramos en la conclusión del cuarto discurso que ha ocupado el capítulo 18.

El texto con el que oramos hoy, viene inmediatamente después de que Jesús haya hablado a sus discípulos acerca de la corrección fraterna y cómo debe ser ejercida la misma. A renglón seguido, Pedro le plantea el caso concreto en el que una persona peca “contra mí”: “Si mi hermano me ofende” (Mt 18,21). Pedro ya le ofrece una solución aparentemente generosa desde el punto de vista numérico: “¿Hasta siete veces?” (Mt 18,21). Sin embargo, Jesús va mucho más allá: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.” Es decir: siempre. Para ilustrar este “mandamiento”, Jesús les cuenta una parábola: la parábola de los dos deudores.

Vamos a intentar profundizar en la parábola para que lleguemos a comprenderla de manera más satisfactoria.

Nos encontramos con un rey, al que uno de sus siervos le debe una cantidad enorme de dinero. Y lo de enorme no es una exageración, diez mil talentos, lo cual equivaldría, siguiendo a José Luis Sicre, a 60 millones de jornales. Es decir, ni trabajando toda la vida podría ese individuo saldar su deuda. Siendo así, el rey decide recuperar de alguna manera, al menos una parte de dicha deuda, vendiéndolo a él junto con su familia y sus posesiones. La reacción del siervo no se deja esperar, se echa a sus pies y le suplica que tenga paciencia con él y que le pagará la deuda. El rey, por su parte, se compadeció de él y le perdonó toda la deuda.

Sigamos con la parábola. A continuación, el siervo se encuentra con un compañero suyo, el cual, también le debe dinero; aunque resulta una cantidad ridícula, comparada con la que él debía al rey, y que éste le perdono: 100 denarios. El siervo perdonado agarra violentamente a su compañero por el cuello, gritándole que le pague la deuda que le debe. Y ocurre lo mismo que con el rey; su compañero le pide que tenga paciencia con él, que le pagará la deuda. Sin embargo, lejos de comportarse de la misma manera que el monarca, lo que él hace es meter a su compañero en la cárcel.

Los compañeros de los dos deudores, que han presenciado la escena, se lo cuentan al rey; el cual indignado, toma cartas en el asunto. Y aquí es donde está la clave de la parábola y el versículo que de alguna manera ilumina toda la escena: “¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” (Mt 18,33).

Os decía que la clave está en este versículo, porque por mucho que nos cueste personar una ofensa, cuando ésta la ponemos en la presencia de Dios, y caemos en la cuenta de los mucho que Dios nos perdona cada día, no cabe otra, que perdonar de corazón a quien nos ofende y hacerlo siempre, porque Dios Padre Misericordioso, a nosotros nos perdona siempre. ¿Acaso no somos discípulos de Jesús? Pues apliquémonos el cuento. Perdonar siempre y de corazón es parte del discipulado de Jesucristo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Repasa la parábola y cada una de las acciones de los personajes que intervienen. ¿Con cuál de ellos te sientes más identificado? ¿Cuál es la causa de ello?
  • Cuando perdonas, ¿de verdad lo haces de todo corazón?
  • ¿Cómo puedes comenzar a crear un clima de reconciliación, perdón y misericordia a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

Te invitamos a que ores de manera muy pausada el Padrenuestro. Degústalo. Detente, sobre todo, en el momento en el que se dice: perdónanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

Proponte realizar alguna acción de reconciliación o perdón con aquel hermano que sientas que te ha ofendido.