¿Cuáles son tus talentos? Lectio Divina domingo XXXIII del T.O. (Ciclo A)

Verdad – Lectio

Evangelio: Mt 25,14-30

Oramos hoy con la llamada parábola de los talentos. Estos eran una medida de peso utilizada en la antigüedad. Esta parábola podemos encontrarla junto a otras llamadas de la espera (p.e. la parábola de las vírgenes prudentes) de la venida del Señor. Una venida que no es inminente, tal y como se manifiesta en la frase “después de mucho tiempo” (25,19). El dueño de la hacienda a su vuelta, pide cuenta de los talentos que a cada uno les había entregado “según sus capacidades” (25,15). Algo sumamente importante, pues indica que Dios tiene en cuenta nuestras propias capacidades y no nos va a exigir más allá de nuestras propias fuerza. El trato será el mismo para todos seamos siervos fieles o infieles; es más si queremos, hasta prodiga un trato más que generoso. En ningún momento, pide que se le devuelva lo que había entregado, ni siquiera pide las ganancias, al contrario recompensa a sus siervos, incluso más allá de lo esperado.

            Dicho esto, estamos en condiciones de entender mejor la actuación del último de los siervos y que me parece que es la clave de lectura de toda la parábola. Este último, aún teniendo sus propias capacidades, no se ha preocupado por incrementar su talento, su única preocupación ha sido conservar intacto lo recibido. Es más, incluso intenta justificar por todos los medios su actuación, atacando directamente al dueño de la hacienda, diciéndole prácticamente que es un hombre extremadamente duro y sin escrúpulos. Sin embargo, nosotros que hemos leído el comportamiento que ha tenido con los anteriores siervos, eso nos suena a excusa. Lo acusa de “cosechar donde no ha sembrado y recoger donde no ha esparcido” (25,24). Y a pesar de todo, su actuación ha sido precisamente la contraria, a los primeros no sólo le ha dado lo que han ganado sino que les ha invitado a participar de su propio gozo.

            En el colmo de su desfachatez y encontrándose atrapado, finalmente se justifica diciendo que ha actuado movido por el miedo. En ningún momento, esta persona ha conocido realmente al dueño de la hacienda. La imagen que tiene de él es la de un amo, que trata a sus empleados como esclavos. Es la imagen que tenemos muchos cristianos de Dios, el supremo juez, no vemos a Dios como amor (1Jn 4,8). Ante esta imagen de Dios, a quien así vive, solo le cabe la esperanza de vivir fuera del gozo de su Señor.

            La vida cristiana es estar en camino, es estar en continuo crecimiento, es vivir dejándonos hacer poco a poco por el Espíritu Santo, y Dios nos está continuamente regalando sus dones y su gracia para que podamos ir creciendo en nuestro camino de santidad, pero en nuestras manos está aceptar o no esta gracia y estos dones. El premio de la vida eterna contemplando el rostro de Dios es gratuito e igual para todo el mundo, pero nosotros podemos rechazar ese premio. Todos nosotros vamos a escuchar: “entra en el gozo de tu Señor” (25,21); pero, también podemos decir que no y darnos la vuelta. La respuesta a la invitación de nuestro Padre Dios, Amor y Amante está en nuestras manos.

Camino – Meditación

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál es la imagen que tengo de Dios? ¿La imagen del Juez o la imagen de Dios amor?
  • Dios nos ha regalado a cada uno, según nuestras capacidades, una serie de dones ¿que hago yo para poner estos dones al servicio de mis hermanos, al servicio de la humanidad para la extensión del Reino? ¿pongo a “producir” estos dones o por el contrario los entierro?
  • ¿Cuáles son las excusas que me digo a mi mismo, y por tanto también a Dios, para no asumir mi responsabilidad de extender el Reino?
  • Me detengo por un instante a meditar (pasar por mi corazón) las palabras pronunciadas por el dueño de la hacienda y que Dios me las dirige a mi hoy: “entra a disfrutar del gozo de tu Señor”. Entra a disfrutar de la vida junto a mí ¿Qué sentimientos se despiertan en mi?

Vida – Oración

  • Alabo al Padre porque quiere hacerme entrar en su propio gozo, porque me invita a compartir su propia vida.
  • Pido perdón a Dios y a mis hermanos por las veces que no soy constructor del Reino a mi alrededor y sobre todo, por intentar justificarme con excusas sin sentido.
  • Doy gracias a Dios porque no cesa de agasajarme y de llenar mi vida regalándome sus dones.

Persevera hasta el final Lectio Divina Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario – Ciclo C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 21, 5-19

Nos encontramos junto a Jesús, unos días antes de su pasión, muerte y resurrección, en el atrio del Templo de Jerusalén. Aquel que reconstruyó Zorobabel en el 515 a. C., a su vez reconstruido y ampliado por Herodes.

Jesús se dirige a algunos que admiraban su majestuosidad y belleza, con un lenguaje un poco extraño, con un género literario llamado apocalíptico.

Este género era especialmente popular en los inicios del cristianismo. En el cual, se nos presenta el final de los tiempos de una manera particular: eventos catastróficos, acontecimientos destructivos, peligros que acechan, caos, etc.

Como cualquier otro pasaje de la Sagrada Escritura no hemos de tomarlo al pie de la letra, ni hacer una lectura fundamentalista del mismo (recuerda lo que dice acerca de esto el interesante documento de la Pontifica Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia).

Lo más importante, es descubrir el mensaje que Jesús quería transmitir a sus contemporáneos y el mensaje que nosotros debemos acoger para caminar por la vida como verdaderos discípulos suyos.

Jesús quiere llamar la atención de los que lo escuchan, acerca de la caducidad de las cosas materiales; es por esto, que no hemos de poner en ellas nuestras esperanzas, nuestros anhelos, nuestros sueños. En una época como la nuestra, más si cabe, en la que todo tiene fecha de caducidad, no podemos poner nuestra seguridad en ninguna de estas cosas.

A continuación, Jesús refiere una serie de signos que acompañarán la llegada del fin de los tiempos. Su pretensión no es la de ofrecer, como si fuera un adivino, las señales concretas e inequívocas que se harán presente dicho final; más bien, lo que Él pretende es invitarnos a la vigilancia, a la perseverancia, a estar alerta; y prepararnos para cuando lleguen los momentos difíciles, que vendrán. En esos momentos, no hemos de tener miedo. Lo más importante, es que estemos preparados siempre para dar testimonio del Reino de Dios, de la misericordia del Padre, del amor del Hijo y del consuelo del Espíritu Santo.

Y, la gran pregunta, que se hicieron los contemporáneos de Jesús y que seguramente nos hacemos muchos de nosotros. ¿Cuándo va a ser eso? La verdad, es que no debería importarnos. Lo más importante, no es el cuándo, sino el cómo. ¿Cómo afrontamos nosotros esa situación? Ante todo, viviendo el presente, viviendo el hoy, nuestro día a día; y ahí perseverar, permanecer fieles y mantenernos firmes en nuestra escala de valores, que no es otra que la del evangelio; lo cual, nos hará inmensamente felices, porque seremos coherentes con lo que pensamos y vivimos. Y, además, nos conducirá a la salvación.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Cuál es tu actitud ante las cosas materiales? ¿Dónde tienes puesto el corazón? ¿Por qué cosas te dejas llevar?

• ¿Qué puesto ocupa Jesús y los valores del evangelio en tu vida? ¿Cómo se transparente eso en tu día a día?

• ¿Cómo afrontas los momentos de dificultad que la vida te depara?

• ¿Cómo acoges la invitación de Jesús a la perseverancia, a la vigilancia, a ser fiel al evangelio?

VIDA – ORACIÓN

  • Bendice y alaba al Padre por su infinita misericordia y por la inmensa bondad de todas sus acciones.
  • Da gracias a Jesús por mostrarte el camino de la verdadera felicidad.
  • Pide al Espíritu Santo la fuerza, la perseverancia y la atención necesarias para afrontar las situaciones de dificultad desde las actitudes propias de un discípulo de Jesús.

¡Vive desde la esperanza! Lectio Divina del Domingo XXXIII del T.O. (Mc 13,24-32)

VERDAD – LECTURA 2464413_orig

24En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, 25las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. 26Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; 27enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. 28Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. 30Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. 31El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, 32aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre”.

 

Estamos llegando al final del año litúrgico y el lenguaje de los textos que se nos ofrecen son de un marcado carácter apocalíptico, con el lenguaje que le es propio en este caso. Pero, esto no debe asustarnos, ni tampoco interpretar los textos al pie de la letra. El estilo literario de este género tiene sus características propias y no conviene imaginarse cosas que no son. Y hay que tener en cuenta, que Marcos utiliza imágenes típicas de este tipo de literatura, como puede ser la alusión al Hijo del hombre, los fenómenos naturales extraordinarios, los resplandores, los ángeles… Una característica importantísima de este género literario es, que su uso por parte de los autores sagrados pretendía ofrecer a los creyentes de su época (año 70 aproximadamente) y, también a nosotros, una serie de claves para poder interpretar de algún modo la situación concreta en la que se encuentran. En el caso de la comunidad de Marcos una situación de persecución. Ante esta situación, la invitación, que nos hace el pasaje evangélico de hoy, es precisamente a vivir poniendo en marcha nuestra capacidad de superación y recuperación, aprovechando todos los recursos que tenemos a nuestro alcance para intentar cambiar la situación, afrontando la adversidad, o al menos viviendo esa situación, no desde la angustia, sino desde la esperanza.
Pero vayamos por partes, pasaje íntimamente unido a los versículos precedentes de este evangelio, después de esa gran angustia, haciendo referencia a los acontecimientos narrados en todo este capítulo 13; pero además lo que se nos narra hoy pone de manifiesto la historicidad de los mismos, en los que Dios está presente y actúa. Todos esos hecho no implican el final de los tiempos, ni la venida definitiva del Reino, ello ocurrirá cuando Dios se haga presente definitivamente en la vida de todos los seres humanos. Por lo que podemos deducir que nosotros no somos los protagonistas de la historia, el verdadero protagonista es Dios; un Dios que está presente en la vida de los hombres y que con mano amorosa acompaña a su pueblo.
Ante la venida del Hijo del hombre al final de los tiempos, todo parece caos y destrucción: El autor del evangelio nos lo quiere hacer notar por medio de un lenguaje y una serie de imágenes a las que los judíos estaban acostumbrados (Is 13,10; 34,4; Jl 2,10; Ez 31,19; Sal 114,7). La conclusión definitiva es que, a pesar de toda la tribulación, del caos, de la destrucción, Dios viene a salvar. El mensaje que quiere transmitirnos el evangelio de hoy es de esperanza. El Hijo de hombre vendrá sobre las nubes con gran poder y majestad; la nube es el signo de la presencia de Dios (Éx 13,15; 2Cro 5,13) y ese gran poder y majestad es signo de la resurrección de Jesús. Y reunirá a todos desde todos los extremos del orbe.
figtreephotoLa pregunta que nos asalta, probablemente a muchos de nosotros, es obvia: ¿Cuándo ocurrirá esto? La respuesta podemos encontrarla en la parábola de la higuera. Lo más importante no es el cuando, sino el modo en que Dios acompaña a la humanidad: estando presentes en su vida, Dios siempre está cerca. Sólo el Padre sabe el momento concreto de la historia, ¡qué importa el cuando! Lo más importante es que Dios nos acompaña, que él está cerca, que él está a las puertas… Sus palabras no pasarán. No vivamos angustiados por cuándo ocurrirán estos o aquellos acontecimientos, vivamos con la esperanza de que Dios siempre nos acompaña por el camino y nos ofrece la salvación, vivamos con la esperanza de que el Reino en su plenitud un día será realidad, vivamos con la esperanza de construir juntos el Reino poniendo cada uno su granito de arena, vivamos sabiendo que el sueño de Dios sobre cada uno de nosotros se cumple, vivamos esperando y experimentando el amor pleno de Dios y los hermanos… Vivamos sabiendo que el Señor viene cada día a nuestras vidas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Ante momentos de dificultad, tribulación, impedimentos, obstáculos, aprietos… ¿tienes capacidad de superación, recuperación, aprovechas los recursos que tienes a tu alcance? ¿Vives con esperanza?
  • ¿De qué manera crees que Dios se hace presente en tu vida? ¿Eres consciente de esto?
  • ¿Crees, verdaderamente, que Dios es el protagonista de la historia y que te va acompañando con su amor misericordioso?
  • ¿Te preocupas por el cuando ocurrirán estos acontecimientos? ¿Te das cuenta de que eso es lo menos importante? Lo más importante es vivir todos los acontecimientos de nuestra vida con esperanza y sabiendo que Jesús está presente en nuestras vidas.

VIDA – ORACIÓN

Señor, confiamos en Ti, nos abrimos a tu Palabra, caminamos de tu mano. No pasa nada. Desaparecerán muchos paisajes pero nos quedará siempre el cielo nuevo, a estrenar, para gozar de tu presencia y de tu amor. Amén. (Evangelio 2015 – Ciclo B, San Pablo)