“Mi Reino no es de este mundo”. Lectio Divina del evangelio del Domingo Solemnidad de Cristo Rey del Universo

VERDAD – LECTURA

Jn 18,33b-37

Hemos llegado al final del año litúrgico. Y la liturgia del día de hoy nos ofrece para nuestra consideración y oración el interrogatorio a Jesús por parte de Pilato, durante su proceso, según la versión ofrecida por el evangelio de Juan. El Maestro de Nazaret ha sido detenido en el Monte de los Olivos y ha sido llevado ante el Procurador romano. Éste debe hacerse una idea clara del delito de Jesús para condenarlo. La acusación es grave: se ha autoproclamado rey de los judíos. Pilato lanza directamente la pregunta a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos? La respuesta de de Jesús no se hace esperar y quiere indagar cuál es el pensamiento de Pilato, quiere indagar si éste piensa que él cree que Jesús es el rey de los judío o, por el contrario, ha sido influenciado por lo que otros han dicho de él. ¿Es Pilato un juez justo? ¿Actúa desde la equidad?

Pilato evade el pronunciarse al respecto; acaso, es él judío. Los acusadores son otros, sus propios conciudadanos son quienes le han entregado, y más en concreto, los gobernantes de su pueblo. Pilato quiere hacer ver a Jesús que ellos, junto a sus paisanos, son los responsables de su arresto.

Por tanto, para Pilato es un problema menor. Es algo que atañe sobre todo a los judíos, no es un problema que pueda afectar al gran Imperio Romano, aunque le pregunte acerca de lo que ha hecho. Sin embargo, Jesús no ha cometido ningún delito censurable.

Jesús continúa aclarándole la primera pregunta que Pilato le ha hecho, afirmando que él es rey, pero no es un rey al uso, su reino no es de este mundo. Si fuera de este mundo su guardia y sus súbditos se hubiesen rebelado para ayudar a su rey.

La realeza de Jesús se fundamenta en el servicio, en la paz, en la misericordia, en la acogida… lo ha ido mostrando y demostrando durante toda su vida pública. Su realeza no se basa en el poder, la violencia, la dureza. Su Reino proviene del Padre, directamente de Dios.

La respuesta sorprende a Pilato. No es para menos. No entiende el significado de las palabras de Jesús. Y Jesús sigue: “He venido al mundo para ser testigo de la verdad”. La verdad es la verdad de Dios, un Dios misericordioso, amable, bondadoso, amoroso, implicado en la vida de los hombres. Y la máxima expresión de ese amor de Dios será, precisamente, la entrega voluntaria de Jesús. Y todo aquel que es de la verdad, escucha la voz de Jesús y pone en práctica sus enseñanzas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Pilato entra en diálogo con Jesús, aunque sea para interrogarlo. En tu propia vida, ¿intentas entrar en diálogo con Jesús? ¿Con qué frecuencia?
  • “¿Dices esto por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?” nos dice el evangelio. ¿Cómo es tu conocimiento de Jesús? ¿Crees que le conoces realmente? ¿Lo conoces de oídas? ¿Parte tu conocimiento de lo que otros han dicho de Él o de tu propia experiencia?
  • ¿Qué sientes al oír a Jesús decir que su Reino no es de este mundo? ¿Qué significa eso para ti? ¿Eres consciente de que el Reino de Jesús es un Reino de servicio, de entrega desinteresada, de amor hasta el extremo?
  • “Todo el que es de la verdad escucha mi voz” ¿Intentas escuchar a Jesús, entender su Palabra, poner en práctica sus enseñanzas?

VIDA – ORACIÓN

            Hoy te proponemos orar con el Padrenuestro. Hazlo despacio, en él está el fundamento del Reino de Dios. Párate especialmente en las palabras “venga a nosotros tu Reino” y repara en los sentimientos, pensamientos y palabras que se va despertando en ti y en lo más profundo de tu corazón.

“SU PODER ES ETERNO Y NUNCA PASARÁ.” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Daniel 7,13-14

13Yo seguía contemplando en mis visiones nocturnas: En las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre; se dirigió hacia el anciano y se presentó ante él. 14Se le dio poder, gloria e imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder era un poder eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.

Un pequeño fragmento del libro del profeta Daniel que para entenderlo bien tenemos que enmarcarlo en el contexto más amplio del capítulo 7. En el que se narra una de las siete visiones de un israelita llamado Daniel, deportado a Babilonia en la época de Nabucodonosor.

Como sabemos este libro pertenece al género apocalíptico, el cual se caracteriza por narrar a través de símbolos la situación de opresión y sufrimiento del pueblo de Israel y su esperanza en la bondad de Dios que le librará de estas circunstancias que están viviendo.

En el capítulo siete del que forman parte estos dos versículos se narra un sueño en el que Daniel va viendo sucederse cuatro reinos diferentes, los cuales están representados por cuatro fieras. Esos cuatros reinos oprimen a Israel, pero no debe perder la esperanza, porque a ellos les sucederá otro reino de esplendor y liberación para el Pueblo elegido.

Cuando esto ocurra aparecerá el “hijo del hombre”. Para nosotros, familiarizados con el Nuevo Testamento, es fácil identificar a este con Jesús de Nazaret y Jesús utilizó en más de una ocasión este título para referirse a su persona. Sin embargo, aquí representa más bien al reino de los santos. Ese reino de Israel prometido como eterno a la dinastía davídica y que parecía haber desaparecido del horizonte. Un “hijo del hombre” o un reino como estamos viendo a quien Dios le dará un poder eterno y que será extensivo a todos los pueblos. Un reino que es a la vez divino y humano y contra el que se levantan, en muchas ocasiones, las fuerzas del mal. Aunque ese reino como afirma el fragmento con el que estamos orando no será destruido jamás.

Me resulta muy oportuna esta lectura en un día como hoy, en el que celebramos a Jesucristo como Rey del Universo, para hacernos caer en la cuenta que el reinado de Jesucristo no es de este mundo, que este reinado está amenazado por la fuerzas del mal, sin embargo, no tenemos que tener miedo y mantener la esperanza, pues Jesús ha vencido a las fuerzas del mal con su resurrección y su reino no tendrá fin. A nosotros nos queda seguir viviendo según la ley del amor, hasta la llegada definitiva de ese Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • En momentos de dificultad, de peligro, de obstáculos, ¿eres capaz de percibir la presencia de Dios? ¿Te diriges a él para pedirle ayuda? ¿Mantienes la esperanza y la confianza en Él?
  • ¿De qué manera transmites esperanza y confianza a los demás en momentos de dificultad o de dolor?
  • ¿Qué acciones realizas para que otras personas perciban la presencia del Reino de Dios entre nosotros?
  • ¿Intentas vivir cada día el mandamiento del amor hasta que se manifieste el Reino de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 62

2Mi alma sólo descansa en Dios, mi salvación viene de él; 3sólo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza; no sucumbiré.

4¿Hasta cuándo atacaréis a un hombre solo todos a una para derribarlo como una pared que se desploma o una tapia a punto de caerse?

5Desde su altura tratan de derrocarme, se complacen en la falsedad; con la boca bendicen y con el corazón maldicen.

6Mi alma sólo descansa en Dios, mi salvación viene de él; 7sólo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza; no sucumbiré.

8Mi gloria y mi salvación están en Dios, en Dios, mi roca de defensa y mi refugio.

9Confiad en él, oh pueblo, en todo tiempo; Dios es nuestro refugio.

10Los hombres del pueblo son un soplo, la gente ilustre, una mentira; cuando se los pone en la balanza, todos juntos pesan menos que un soplo.

11No esperéis nada de la violencia, no os hagáis ilusión con la rapiña; si llegáis a ser ricos, no pongáis vuestro corazón en las riquezas.

12Dios ha dicho una cosa, y luego otra; yo lo he oído; 13esto: que el poder es de Dios; de ti, Señor, es la lealtad; y esto: que tú pagas a cada uno según sus obras.

No tengáis miedo. Lectio Divina del Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario (Cristo Rey)– Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mt 25,31-46

La preocupación de Jesús en estos últimos domingos del tiempo ordinario, es recordarnos que el final está cerca, avisadnos de cómo será el momento «cuando venga en su gloria el Hijo del hombre», porque sabe que ante lo desconocido, sentimos temor.

Tal vez, los primeros versículos del evangelio de este domingo, nos recuerden una escena apocalíptica. El Hijo del hombre llegará «y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones». Una escena digna de cualquier película. Pero la siguiente escena, aún nos produce más pavor, pues «separará a unos de otros».

A lo largo del Evangelio, hay distintos pasajes en los que se nos habla de la izquierda y la derecha como dos lugares contrarios (la madre de los Zebedeo, los ladrones a ambos lados de la cruz, en este texto de hoy,..) y es que, por mucho que queramos intentarlo, no podemos estar al mismo tiempo a la derecha y a la izquierda de un objeto, o una persona, que tomamos como referencia. En la Escritura, la derecha se asocia al lugar de los buenos. También podría haber dicho bien de la izquierda. Sin embargo, el lugar físico no importa. Lo que nos importa son los motivos que llevan al Hijo del hombre a separar a unos de otros, pues si los conocemos, podemos optar a estar en el lugar de los “buenos”, de los «benditos de mi Padre» que heredarán «el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo».

Los motivos los cita Jesús y son muy claros: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme». A fin de cuentas, aquellos que han practicado con Él la caridad. De ahí que podamos preguntarnos lo mismo que le preguntaron «los justos»: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?».

En la respuesta está la clave: «cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis». Éste es el camino para la vida eterna: hacer a los demás, a los más pequeños, aquello que haríamos a Jesús, porque Jesús lo reconoce como hecho a Él mismo. Este es el camino para «la vida eterna».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has pensado alguna vez en ese momento de la venida del Hijo del hombre?
  • ¿Cómo la has imaginado?
  • ¿Te dejas guiar al imaginarla por las películas de ficción que has visto o la imaginabas de este modo?
  • ¿Eres consciente de que lo que haces en tu vida es lo que va a decidir tu puesto a la derecha o a la izquierda?
  • ¿Habías pensado, alguna vez, que el Hijo del hombre “sólo nos examina” del amor a nuestros hermanos?
  • ¿Has sido consciente en algún momento, cuando has ayudado a otra persona, que es a Dios mismo a quien ayudas?
  • ¿Te atreves a pensarlo durante esta semana?
  • ¿Crees que tu forma de actuar con los demás cambiaría, en algo, si pensaras que es a Dios mismo a quien se lo haces?

VIDA – ORACIÓN

Abre mis ojos, Señor, para verte en cada uno de mis hermanos. Es muy fácil pensar que Tú estás en aquellos que queremos, que nos caen bien,.. Pero, ¡qué difícil, Señor, reconocerte en aquellos a los que no soporto, en aquellos que me hacen daño, que me desprecian, que se portan mal conmigo. Dame un corazón generoso, capaz de perdonar a quien me ofende y capaz de amar, incluso a mis enemigos. Gracias, Señor, porque Tú no haces acepciones de personas y también estás en ellos. 

Jesucristo, Rey del Universo Lectio Divina Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 23, 35-43

Todo tiene su principio y su final. Y aquí estamos, al final del año litúrgico. Así es, hoy celebramos la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Una fiesta que, en principio, puede chocarnos, pero que entendida en su contexto concreto tiene mucho sentido.

El texto que nos ofrece la liturgia, sin duda nos sorprende; para una fiesta como la de hoy esperaríamos un relato, lleno de fastuosidad, de pompa, de lujo; sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Nos encontramos con parte del relato de la pasión. El pueblo mirando indiferente; los magistrados, haciendo muecas y burlándose de Jesús; los soldados igualmente. Posiblemente, muchos de los presentes decepcionados, desesperanzados. Habían puesto sus ilusiones, sus esperanzas, sus sueños, en aquel rabino de Nazaret. Y ahora está clavado en una cruz. Esperaban un Mesías poderoso, guerrero, combativo, que les librará del yugo de los romanos.

Para los magistrados, se lo tiene merecido, ha ido en contra de la ley, no cumplía los mandamientos, ha querido poner patas arriba sus tradiciones.

Los soldados, por su parte, nada tienen que ver con aquello, un reo más. Algo habrá hecho cuando ha sido condenado. Las autoridades así lo han prescrito. Alguien que, parece ser se ha autoproclamado rey de los judíos, así consta en la sentencia.

Imagen de James Chan en Pixabay

Incluso uno de los ajusticiados que se encuentran con él, le insulta y le increpa, de manera egoísta, para que haga un milagro y lo salve.

El otro ajusticiado, por el contrario, se da cuenta de la situación y reconoce a Jesús como un inocente. Está allí, digamos, por equivocación, no se lo merece. Es más, le reconoce como el Salvador. Y sí, hoy alcanzará la salvación.

 Pero todo no está acabado, esto es sólo el principio del fin. El sufrimiento, el dolor, la cruz no tienen la última palabra. Sí Jesús morirá en una cruz. Pero dentro de muy poco mostrará toda su gloria, su esplendor, su señorío con la resurrección.

Sí, a pesar de todos esos acontecimientos, Jesús está vivo. Jesús ha resucitado. Jesús está presente en nuestras vidas. Pero, no quiere que le reconozcamos como un rey poderoso, como un rey lleno de esplendor, como un rey opresor, que cambia las tornas para que unos se sigan beneficiando de las desgracias de otros.

El reinado de Dios es de otro estilo, el Reino del que nos habla Jesús es muy diferente a cualquier reino que podamos imaginar. Su reinado es un reinado de paz, de armonía, de amor, de servicio, de verdad, de justicia… Y eso es lo que quiere simbolizarnos el trono de la cruz.

Y ese es el reinado que nosotros hemos de vivir y trasmitir. Hemos de comenzar a vivir al estilo de Jesús, desde el servicio, desde la presencia, desde la escucha, desde la acogida, desde el amor. De esta manera nuestra vida podrá llegar a su plenitud. Viviendo de este modo podremos extender el reinado de Dios para que todos puedan gozar de la vida plena de Jesús.

La cruz no es el final. Pero la cruz nos enseña como vivir: desde la entrega, desde el compromiso, desde el desprendimiento, desde el amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismo.

Feliz día de Cristo Rey.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Qué imagen tienes de Jesús y de su reinado? ¿Tiene que ver con lo que aquí hemos reflexionado?

• ¿Cuál tu actitud ante la cruz de Jesús? ¿La de los magistrados, la del pueblo, la del ladrón que lo increpa, la del ladrón que reconoce su inocencia?

• ¿Qué reino testimonias en tu día a día?

• ¿Vives desde la cruz como final, o desde la resurrección?

• ¿Tendrías que cambiar algo en tu vida para ser un verdadero discípulo de Jesús Resucitado?

Imagen de Free-Photos en Pixabay

VIDA – ORACIÓN

Para orar hoy os propongo hacerlo con una canción de Cesáreo Gabaraín: La muerte no es el final.

Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.

¿Tu eres rey? Lectio Divina Domingo Solemnidad de Cristo Rey del universo – Ciclo B (Jn 18,33b-37)

washing-feet-copy

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Jesús le contestó: “¿Dices esto por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?” Pilato replicó: “¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?”. Jesús le contestó: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí”. Pilato le dijo: “Conque, ¿tú eres rey?”. Jesús le contestó: “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”.
Hemos llegado al final del año litúrgico. Y la liturgia del día de hoy nos ofrece para nuestra consideración y oración el interrogatorio a Jesús por parte de Pilato, durante su proceso, según la versión ofrecida por el evangelio de Juan. El Maestro de Nazaret ha sido detenido en el Monte de los Olivos y ha sido llevado ante el Procurador romano. Éste debe hacerse una idea clara del delito de Jesús para condenarlo. La acusación es grave: se ha autoproclamado rey de los judíos. Pilato lanza directamente la pregunta a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos? La respuesta de de Jesús no se hace esperar y quiere indagar cuál es el pensamiento de Pilato, quiere indagar si éste piensa que él cree que Jesús es el rey de los judío o, por el contrario, ha sido influenciado por lo que otros han dicho de él. ¿Es Pilato un juez justo? ¿Actúa desde la equidad?

Pilato evade el pronunciarse al respecto; acaso, es él judío. Los acusadores son otros, sus propios conciudadanos son quienes le han entregado, y más en concreto, los gobernantes de su pueblo. Pilato quiere hacer ver a Jesús que ellos, junto a sus paisanos, son los responsables de su arresto. Por tanto, para Pilato es un problema menor. Es algo que atañe sobre todo a los judíos, no es un problema que pueda afectar al gran Imperio Romano, aunque le pregunte acerca de lo que ha hecho. Sin embargo, Jesús no ha cometido ningún delito censurable.
Jesús continúa aclarándole la primera pregunta que Pilato le ha hecho, afirmando que él es rey, pero no es un rey al uso, su reino no es de este mundo. Si fuera de este mundo su guardia y sus súbditos se hubiesen rebelado para ayudar a su rey.
La realeza de Jesús se fundamenta en el servicio, en la paz, en la misericordia, en la acogida… lo ha ido mostrando y demostrando durante toda su vida pública. Su realeza no se basa en el poder, la violencia, la dureza. Su Reino proviene del Padre, directamente de Dios.

CRISTO-REY-4

La respuesta sorprende a Pilato. No es para menos. No entiende el significado de las palabras de Jesús. Y Jesús sigue: “He venido al mundo para ser testigo de la verdad”. La verdad es la verdad de Dios, un Dios misericordioso, amable, bondadoso, amoroso, implicado en la vida de los hombres. Y la máxima expresión de ese amor de Dios será, precisamente, la entrega voluntaria de Jesús. Y todo aquel que es de la verdad, escucha la voz de Jesús y pone en práctica sus enseñanzas.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Pilato entra en diálogo con Jesús aunque sea para interrogarlo. En tu propia vida, ¿intentas entrar en diálogo con Jesús? ¿Con qué frecuencia?
  • “¿Dices esto por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?” ¿Cómo es tu conocimiento de Jesús? ¿Crees que le conoces realmente? ¿Lo conoces de oídas? ¿Parte tu conocimiento de lo que otros han dicho de Él o de tu propia experiencia?
  • ¿Qué sientes al oír a Jesús decir que su Reino no es de este mundo? ¿Qué significa eso para ti? ¿Eres consciente de que el Reino de Jesús es un Reino de servicio, de entrega desinteresada, de amor hasta el extremo?
  • “Todo el que es de la verdad escucha mi voz” ¿Intentas escuchar a Jesús, entender su Palabra, poner en práctica sus enseñanzas?

 

VIDA – ORACIÓN

Hoy te propongo orar con el Padrenuestro. Hazlo despacio, en él está el fundamento del Reino de Dios. Párate especialmente en las palabras “venga a nosotros tu Reino” y repara en los sentimientos, pensamientos y palabras que se va despertando en ti y en lo más profundo de tu corazón.

Lectio Divina Solemnidad de Cristo Rey (Mt 25,31-46)

VERDAD – LECTURA sophia111

Celebramos este domingo la solemnidad de Cristo Rey, y la liturgia nos presenta el encuentro con Jesús al final de los tiempos. En él se nos presenta a éste como Rey, sentado sobre su trono, colmado de toda su gloria y esplendor.
El final de los tiempos hace referencia al momento último en el que el evangelio sea conocido en todo el mundo; entonces, será cuando Jesús venga en todo su esplendor, sentado sobre su trono para el juicio.
En aquel momento, todos los pueblos serán llevados a su presencia. Caigamos en la cuenta de la expresión: «serán llevados a su presencia». Esta construcción sintáctica es lo que se llama un pasivo teológico. Es decir, que el verdadero sujeto de la acción es Dios. Dios es quien toma la iniciativa. Pero además se trata de una acción universal; se nos habla de todos los pueblos, por tanto no habrá distinción entre razas, lenguas, nacionalidad…
Ahora, el juez actúa como pastor, separa a las ovejas de las cabras. A las primeras las llama «benditos de mi Padre». Por lo tanto, pertenecientes a la familia de Dios. A ellos los invita a entrar en el Reino preparado desde toda la eternidad; somos llamados por Dios para entrar en comunión con él desde el principio de los tiempos. Nos invita además a tomar posesión, lo cual significa que es nuestro, por lo tanto, más allá de lo que hagamos o no, Dios quiere que tomemos posesión de los que es nuestro, no por nuestros méritos, sino por pura gracia, gratuitamente. A todos los pueblos de una u otra manera se les ha anunciado el evangelio, por lo que todos hemos tenido oportunidad de acogernos a la salvación, todos hemos tenido la oportunidad de poner en practica la Buena Noticia. En nuestra manos está poner en práctica las seis obras de misericordia que se nos indican en el texto:

  • dar de comer al hambriento,
  • dar de beber al sediento,
  • acoger al emigrante,
  • vestir al desnudo,
  • visitar al enfermo,
  • estar junto al preso.

40_clip_image002Al realizar estas obras no solo la estamos realizando con otras personas, sino que las hacemos con el mismo Cristo, puesto que Jesús se identifica con el ser humano. Y sobre todo se identifica con los más pequeños, es decir, con los más necesitados. Acoger a los pequeños es acoger a Jesús, servir a los pequeños es servir a Jesús, estar junto a los pequeños es estar junto a Jesús. Todos los que de alguna manera sufren están totalmente identificados con Jesucristo. Por eso mismo, cuando negamos estas acciones, cuando no realizamos estas obras, cuando pasamos de largo ante las necesidades de los pequeños, a quien le damos la espalda es a Jesucristo. En nuestras manos está.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué frase, palabra, versículo, expresión… de este pasaje me toca especialmente el corazón? ¿Qué me llama la atención? ¿Qué querrá Dios decirme con ello en este momento concreto de mi vida?
  • ¿Me siento como hijo de Dios al que se le tiene preparada una herencia?
  • ¿Me siento bendito de mi Padre, llamado a tomar posesión del Reino preparado para mí desde el principio del mundo?
  • ¿Se reconocer a Jesús en mi prójimo, especialmente en los más pequeños, en los más necesitados?
  • ¿Soy consciente de que cuando no realizo una acción con uno de mis hermanos, no la realizo con Jesús?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por las oportunidades que cada día nos ofrece y por los beneficios que cada día nos regala.
  • Pide perdón por las veces que no actúas con misericordia con los demás.
  • Da gloria da Dios por hacerse presente en todo momento en tu vida.