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VERDAD – LECTURA

Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando estos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía lo que decía. Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y los cubrió. Al entrar en la nube, los discípulos se asustaron. Y una voz desde la nube dijo: “Este es mi hijo, el elegido, escuchadle”. Tan pronto como cesó la voz, Jesús quedó solo. Los discípulos quedaron en silencio, y a nadie contaron por entonces lo que habían visto.

 

En este segundo domingo de cuaresma, la liturgia nos ofrece, para nuestra meditación y oración, en los tres ciclos, el texto conocido como la transfiguración de Jesús. En el ciclo C, nos encontramos con el relato de dicho hecho según el evangelio de Lucas.

Estamos encima de una montaña. En una situación temporal imprecisa. Aunque aquí no lo hemos recogido, y tampoco lo recoge la liturgia de la palabra, el texto comienza diciéndonos: “Unos ocho días después…” Y, al menos a mí, inmediatamente, me asalta una pregunta: ¿Ocho días después de qué? ¿Del regreso de los discípulos después de que Jesús les enviara a predicar el Reino? ¿Ocho días después de la profesión de fe de Pedro? ¿Ocho días después del primer anuncio de su pasión? Pues probablemente, después de estos dos últimos acontecimientos. Según, lo que conocemos por los otros sinópticos, los discípulos, especialmente Pedro, no han entendido nada de aquel anuncio… ¿Cómo es posible que el Mesías vaya a padecer todo eso y muera? ¿Y qué es eso de que después va a resucitar? De alguna forma, Jesús quiere manifestarse a ellos y confirmarles en la fe. Es un intento de que sus discípulos cambien la concepción que tienen acerca del Mesías. La transfiguración es una confirmación de que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías esperado. Es un anticipo de la resurrección. Pero vayamos por partes.

Decíamos más arriba que nos encontramos en una montaña. Este lugar es privilegiado para el encuentro con Dios. Basta recordar los encuentros de Moisés con Dios en el monte Sinaí (Éx 19,20; 24,12-15; 34,2-4) o de Elías en el monte Horeb (1Re 19,8). Jesús se encuentra allí orando, encontrándose con él Padre, y en aquel momento cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente.

Inesperadamente, aparecen dos hombres que se ponen a hablar con Jesús. ¿Quienes son? Moisés y Elías. Pero, ¿quiénes son estos personajes y por qué se aparecen? Moisés representa la Ley, él la había recibido en el Sinaí; y Elías representa a los profetas, éste había sido arrebatado al cielo por un carro de fuego (2Re 2,11) y según la profecía de Malaquías, tiene que volver a preparar el camino al Mesías (Mal 3,23). Por tanto, la ley y los profetas, el Antiguo Testamento, viene a dar testimonio de Jesús como Hijo de Dios.

Y, ¿acerca de qué dialogan Moisés, Elías y Jesús? Precisamente, acerca de la duda que tenían los discípulos: de la muerte de Jesús que iba a tener lugar en Jerusalén. El Mesías esperado no es un Mesías poderoso, guerrero y aniquilador de enemigos. El verdadero Mesías tendrá que padecer y morir… pero al tercer día será resucitado por el Padre. De este modo Jesús nos liberará de todas nuestras ataduras y de la más importante, de las ataduras de la muerte, puesto que si él resucitó, nosotros también resucitaremos, a pesar de todos nuestros problemas, de nuestras dificultades, de nuestras miserias.

Aunque los discípulos estaban cargados de sueño, se mantuvieron despiertos y pudieron ver la gloria de Jesús y a los dos personajes que se encontraban junto a él. Y su reacción fue lógica. En aquel instante no se dan cuenta de la importancia del acontecimiento que están viviendo. Sus mentes están en otra parte, no perciben la realidad de una manera clara, están aturdidos. Y reaccionan, sobre todo Pedro con aquellas palabras: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a quedarnos.” Eso de tener que pasar por una pasión, por la muerte… Todo eso no tiene sentido, vamos a quedarnos, quítate de problemas. Según, el texto, Pedro no sabe lo que dice.

Mientras está hablando, una nube del cielo los cubrió. La nube, recordemos que, es símbolo de la presencia de Dios (Éx 40,34-38; Núm 10,11s.). Entonces, se oye la voz del Padre que dice: “Este es mi Hijo, el elegido, escuchadle”. De este modo, el Padre confirma que Jesús es el Hijo de Dios, y que nosotros lo que debemos hacer es escuchar su Palabra.

Los discípulos guardan silencio y no contaron a nadie lo ocurrido. Tendrán que vivir la experiencia de la Pascua para entender verdaderamente este acontecimiento.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Hoy, también a ti, Jesús te invita a subir con él a la montaña para orar. ¿Cuál es tu montaña? ¿Qué sientes? ¿Aceptas la invitación? ¿Cuál es tu experiencia en esta montaña?
  • ¿Qué significado tiene en tu vida que Moisés y Elías, la ley y los profetas, vengan a confirmar que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Qué significa para tí que Jesús sea el Hijo de Dios?¿Qué significado adquiere todo esto para tu vida diaria?
  • Jesús cada día se manifiesta en tu vida. ¿De qué manera? ¿Cómo lo percibes? ¿Cómo es ese encuentro? ¿Sirve para cambiar tu percepción y tu modo de vivir el día a día?
    ¿Escuchas la Palabra de Jesús? ¿Cambia en algo tu vida?
  • No puedes quedarte en la montaña, has de bajar a la vida cotidiana y, desde tu experiencia pascual, contar lo que has visto y oído a todos aquellos que salen a tu encuentro.

 

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por revelarnos que Jesús es tu Hijo amado, que puede transformar desde lo más hondo nuestras vidas.
  • Gracias, Jesús, porque cada día te muestras y te revelas en los acontecimientos cotidianos de nuestra vida.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a configurarnos cada día más con Jesús y a llevar su Palabra a todos nuestros hermanos.

“Este es mi hijo, escuchadle” Lectio Divina Domingo II de Cuaresma (Lc 9,28b-36)

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