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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: “Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir”. Les preguntó: “¿Qué queréis que haga por vosotros?”. Contestaron: “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús replicó: “No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?”. Contestaron: “Lo somos”. Jesús les dijo: “El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado”. Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar la vida en rescate por todos.
¿Qué significa ser discípulo de Jesús? ¿En qué consiste el camino del discipulado? ¿Cómo debemos comportando cuando tenemos un puesto relevante? El evangelio de hoy es claro: tener el primer puesto consiste en servir a los demás, ha de ser entendido como servicio a los demás, incluso hasta dar la propia vida, lo mismo que hizo Jesús.
A pesar de la claridad de Jesús con respecto a su misión en la tierra: padecer, morir y resucitar al tercer día, los discípulos siguen pensando en el poder, en el primer puesto, en que les sirvan en lugar de servir; aunque no sea aquí en la tierra.
Ante aquella propuesta, de los apóstoles, Jesús les pregunta: “¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con el que yo me voy a bautizar?”. Porque en eso consiste precisamente el seguimiento de Jesús beber su mismo cáliz y bautizarse con su mismo bautismo. El cáliz que en el caso de Jesús trae la salvación a pesar de su pasión y muerte, porque al tercer día resucitará; un cáliz que Jesús ha aceptado libremente, para hacer la voluntad del Padre. Pero, ¿están Santiago y Juan a asumir y vivir eso mismo? Así será, después de la resurrección de Jesús y de la venida del Espíritu Santo. Sin embargo, Dios no hace distinciones, no tiene preferencia; cada uno tiene su puesto, el propio, el suyo, el que le está reservado desde toda la eternidad. Y lo más importante es disfrutar de él para siempre. Jesús nos muestra el camino para alcanzarlo.
Los otros diez discípulos se enfadan contra los dos hermanos. A pesar de que no tendría por qué, también ellos ambicionan los primeros puestos, también ellos quieres el poder, también ellos quieren que les sirvan. Hemos de quitarnos esta ambición de nuestra mente y de nuestro corazón. El verdadero discípulo ha de ser siervo, ha de acoger, cuidar y servir a los demás, especialmente a los más pobres, a los que nadie acoge y cuida, a los excluidos. Nuestro primer puesto no puede parecerse a lo que el mundo piensa, ni puedes actuar como actúa el poder terrenal, el que es grande en la Iglesia no puede, en ningún momento, ser opresor, orgulloso o prepotente; ha de ser líder al estilo de Jesús, animando, invitando y sirviendo a todos. Aquel de nosotros que quiera ser el primero, que quiera ser el jefe, que quiera ser el director, debe ser el servidor de todos. Claro, que es actuar contracorriente, claro que es actuar de manera diversa, claro que es ser diferente; pero ese fue y es el camino que Jesús no muestra para todos sus discípulos. Y, tengamos en cuenta que, todos nosotros tenemos nuestro propio ámbito de poder, aunque sea pequeño. Hemos de poner al servicio de los otros, nuestras capacidades, nuestros talentos, nuestros carismas. Y hacerlo de manera consciente y libre, entregando incluso, si es necesario, la propia vida; lo cual no significa literalmente tener que morir; si no dar y darse, para entregar y entregarse, para donar y donarse.
Jesús nos ha mostrado el camino, Jesús nos ha precedido, Jesús nos ha presentado su modo de vida; ahora, recorrer el camino, vivir la vida de Jesús está en nuestras manos: ¿Podremos beber el cáliz que el bebió y bautizarnos con el bautismo con el que él se bautizó?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué pides a Jesús en tu oración? ¿Qué camino le estás pidiendo recorrer? ¿Cuál es tu deseo más profundo?
  • ¿Qué significado tiene para ti ser discípulo de Jesús? ¿Ser cristiano es tener un buen puesto, ser el primero, poder alcanzar el prestigio, poseer un puesto de superioridad? ¿Qué significa para ti tener el primer puesto?
  • ¿Eres capaz de aceptar el primer puesto, sabiendo que éste consiste en estar al servicio de los demás?
  • Ser el primero al estilo de Jesús es acoger, cuidar y servir especialmente a los más pequeños, pobres y oprimidos, ¿eres consciente de ello? ¿Estás dispuesto asumir las consecuencias? ¿Incluso el entregar la vida libremente?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícale porque tiene tu puesto reservado para ti desde toda la eternidad, tu puesto propio y no el de otro.
  • Da gracias a Jesús por haberte mostrado el camino verdadero del poder y el comportamiento que ha de seguir aquel que tiene el primer puesto.
  • Pide al Espíritu que te ayude a poner al servicio de los demás tus cualidades, tus capacidades, tus talentos, tus carismas, tu vida.
  • Asume algún compromiso en favor de las personas que te rodean, especialmente hacia los más pequeños, los olvidados, los excluidos.

¿Podrás beber el cáliz que yo voy a beber? Lectio Divina Domingo XXIX del T.O. (Mc 10,35-45)