“Conviérte y sígueme”. Lectio Divina Domingo III del T.O. Ciclo B (Mc 1,14-20)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 1, 14-20)

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertios y creed en el Evangelio». Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Nos encontramos hoy, con el relato que nos narra el inicio de la misión de Jesús; ésta comienza a a desarrollarse en Galilea. La mayoría de los habitantes de esta región son paganos, de formación helenística, y una minoría campesina de origen judío que hablaba arameo. Desde el punto de vista temporal, nos situamos después del arresto de Juan, el Bautista. Es entonces, cuando Jesús comienza a predicar la Buena Nueva de la llegada del Reino.

Se ha cumplido el tiempo. El tiempo de la plenitud se ha hecho presente. ¿En quién? En Jesús. En él están integradas todas las promesas y las profecías, con él todas ellas se han cumplido. La historia ha llegado a su culmen. El momento de la salvación está ya presente. El Reino de Dios ya está aquí. ¿El Reino de Dios? Sí. Un Reino que no es de este mundo y que debemos acoger abriéndonos totalmente a Dios. Dios ya está presente en este mundo y podemos vivirlo en la medida en que nos vayamos dejando hacer por el Espíritu para conformarnos a Jesús. Es decir, para que tengamos los mismos pensamientos de Jesús, actuemos como actúo Jesús y amemos como amaba Jesús. Allí donde se encuentren personas dispuestas a dejarse transformar por la acción del Espíritu en otros cristos, allí está presente el Reino de los Cielos, que comenzó con la predicación de Jesús en Galilea.

1102003033_univ_sqr_xlAhora bien, para que podamos acoger y vivir el Reino de Dios, y para podernos dejar configurar con Cristo, es necesario que nos convirtamos, es necesario que cambiemos nuestro punto de vista, nuestra mentalidad, nuestro modo de ver y de vivir. Es necesario que nos preguntemos, ¿qué debo cambiar en mi vida para poder acoger y vivir el Reino de Dios? Hemos de volvernos hacia Dios con todo nuestro ser, con toda nuestra existencia, a partir de ahora él debe ser quien oriente nuestra vida. “¿Qué haría Jesús si estuviese en mi lugar?” (El Papa Francisco a los jóvenes en el Santuario de Maipú – Chile, parafraseando a san Alberto Hurtado).

Pero además, hemos de creer en el Evangelio. El evangelio, que es el mismo Jesús, que es Dios mismo; que es revelación del Padre, el cual nos ama incondicionalmente y sin esperar nada a cambio; Jesús es quien nos conduce hacia el Padre.

Todo esto, en el relato que nos ocupa, se hace más explícito en la llamada a los primeros discípulos. Dicha llamada, tiene lugar en el mar de Galilea. Allí se encuentra con dos pescadores que están lanzando las redes al mar. Se dirige a ellos y les ordena: «¡Venid conmigo!». La iniciativa parte de Jesús, al contrario de lo que ocurre con el resto de los maestros, que son elegidos por sus discípulos. A partir de ese momento los discípulos comenzarán a ir detrás del maestro y comenzarán a aprender de Jesús sobre todo con su forma de vivir, no solo con su enseñanza. El Maestro será quien marque el itinerario a seguir, el ritmo, la meta.

El objetivo que Jesús tiene con sus discípulos es hacerlos pescadores de hombres. Continuarán con su profesión, con lo que saben hacer; sin embargo, los destinatarios de su pesca serán otro tipo de peces, serán otros seres humanos. Le llama a ser salvadores, por medio de Él, de todas aquellas personas que escuchen y acojan el mensaje del evangelio.

Aquellos primeros discípulos aceptan de inmediato. Al instante abandonan su vida anterior y se disponen a seguir al Maestro. La ruptura con su pasado es radical, no se llevan nada, van con lo puesto, ni siquiera se paran a despedirse de su familia. Desde este momento, ya no se separarán de Jesús, estarán siempre con él.

Comienza el camino de seguimiento y aprendizaje de los discípulos. Comienzan a vivir una nueva vida y un nuevo estilo de vivir, cuyo mandamiento principal es el amor.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• El Reino de Dios continúa estando presente en nuestro mundo y en nuestras vida, ¿estas dispuesto/a a acogerlo?¿De qué manera lo acoges?

• ¿Qué significa para ti convertirte?¿Qué debes cambiar en tu vida para conseguirlo?

• Hoy, Jesús sigue llamando. ¿Estás atento/a a su llamada?¿Estás dispuesto/a a aceptarla?

• Jesús llama a sus discípulos en Galilea. ¿Dónde has recibido tú la llamada?¿Dónde la sigues recibiendo cada día?

• Ellos, inmediatamente, lo dejaron todo y le siguieron. ¿Qué debes dejar tú para seguirle por el camino?¿Cómo puedes contribuir a tu configuración diaria con Cristo?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por el don de la Encarnación de Jesús.

• Da gracias a Jesús por haberte llamado a su seguimiento y a hacerte pescador de hombres.

• Ofrécele tu vida para que el Espíritu Santo pueda transformarla y configurarla con la de Cristo.

• Pídele fuerzas para seguir a Jesús, cada día, por el camino del discipulado y convertirte en pescador de hombres.

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“Buscando la felicidad” Lectio Divina del II Domingo del T. O. (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Jn 1, 35-42)

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, les dijo: «Este es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos que oyeron sus palabras siguieron a Jesús. Él se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:«¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús.

Después, encontró a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

En cualquier período de la historia, en ambientes diversos, en múltiples circunstancias, hombres y mujeres de cualquier raza, condición social o nacionalidad, han reflexionado acerca de sí mismos y se han preguntado: ¿Quién soy?¿De dónde vengo?¿A dónde voy? Estas son las preguntas, que de alguna manera, dan sentido a nuestra vida. La persona humana en el transcurso de su existencia se encuentra en una continua búsqueda. Pero, ¿qué busca el hombre? ¿que buscas amigo lector? ¿Para qué te levantas cada mañana? El ser humano no busca otra cosa mas que la felicidad.

Ahora bien, creo que es importante que, aunque sea de manera breve, aclaremos que significa felicidad. Porque… la felicidad no significa euforia, gritos, saltos, risas… Como bien dice, mi amigo el P. Rafael Navarrete, sj: “la felicidad no se puede definir. […] La felicidad es una experiencia de plenitud.” (El aprendizaje de la serenidad). Así es, la felicidad es un estado de plenitud, de armonía, de compromiso, de estar a gusto con uno mismo, con los demás, con nuestro entorno. Felicidad es haber encontrado sentido a lo que hago; es actuar coherentemente con lo que pienso y siento. El Creador, precisamente, nos creó para esto: para ser felices; y para encontrar la felicidad junto a Él. Por eso, el hombre está en continua búsqueda de la felicidad y de Dios. Ya lo decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti».JesusEnviaASusDiscipulos

En la época de Jesús, también había hombres y mujeres que buscaban la felicidad. Dos de estos buscadores eran aquellos discípulos de Juan que viven una experiencia de encuentro con la Felicidad (así con mayúsculas). Así es, un día cualquiera de la vida de aquellos primeros discípulos, al día siguiente, nos refiere el evangelista Juan. Ese día, alguien, Juan el Bautista, les indica dónde pueden saciar ese deseo de felicidad que toda persona humana lleva dentro. Jesús pasa junto a ellos, lo mismo que pasa junto a ti y junto a mí. Lo ven y Juan les dice: «Este es el Cordero de Dios». Ahí va quien puede colmaros de felicidad. Y aquellos discípulos le siguen. Ha sido el testimonio de Juan, el que ha impulsado a aquellos dos discípulos a seguir a aquel desconocido, que pasaba por allí.

Me parece interesante que nos detengamos, por un instante, en esta expresión: «le siguieron». Seguir a alguien, implica mucho más que, simplemente caminar a su lado o pasear. Seguir a alguien quiere decir, que uno se involucra con la persona a la que sigue; que, de alguna manera, comparte sus mismos sueños, objetivos, metas; cuando seguimos a alguien, en cierta medida, es el otro el que marca la dirección y el ritmo durante el camino; es abandonarse confiadamente en esa persona e ir tras ella. Así es, Juan y Andrés van detrás de Jesús porque quieren vivir la vida a tope. Pero una actitud que poseían aquellos dos discípulos es que estaban abiertos, atentos, en búsqueda… por eso son capaces de acoger la invitación de Juan para seguir a Jesús.

Al darse cuenta Jesús de que le siguen, se vuelve y les interroga: «¿Qué buscáis?». Es la síntesis de los interrogantes anteriores, que nos hacíamos al principio de esta página. ¿Qué buscas? Una pregunta que nos podemos hacer cada uno de nosotros personalmente, y que podemos hacer a cualquiera de nuestro alrededor; nos daremos cuenta de que todos buscamos lo mismo, aunque le llamemos de distinta manera: la felicidad.

HaMAESTRO DONDE VIVES1n percibido que aquel hombre, Jesús, puede colmar su sed de felicidad, que quieren permanecer con él: ¿Dónde vives? Queremos permanecer contigo, queremos vivir contigo, queremos estar junto a ti, queremos vivir tu modo de vivir.

Jesús accede inmediatamente a su petición, pero no les da una dirección concreta. No. Jesús los invita a experimentar su vida: «Venid y lo veréis». Jesús no es información, no es lectura acerca de su vida y milagros, no es lo que han dicho o dicen otros de él, Jesús es experiencia de vida y si quiero conocerlo, lo más acertado es experimentar su propia vida. No importa la información que tenga, lo que haya oído, lo que me hayan dicho, lo importante es experimentar con Jesús. «Solo te conocía de oídas; pero ahora, en cambio, te han visto mis ojos» (Job 42,5).

«Y se quedaron con él aquel día». Comienzan a hacer comunidad. Jesús, seguramente va dialogando con ellos, les va aclarando cosas, les va dando respuestas, les va contando sus deseos, sus ilusiones, sus sentimientos… ellos le escuchan, le interrogan, le hablan de sus anhelos, sus esperanzas, sus inquietudes, sus sueños… Van compartiendo vida entre ellos. Y aquí es donde está el verdadero quid de la cuestión. Compartir la vida, comunicar la vida, experimentar al vida… en definitiva, hacer comunidad.

Un encuentro de tal calibre, una experiencia como la vivida por los dos discípulos, no puede guardarse para una mismo. Ha de comunicarse, ha de compartirse, no se la puede uno guardar para sí mismo. Por eso, Andrés siente la necesidad de contarle a su hermano Simón lo que había acontecido aquel día, tenía que contar lo que había experimentado, sentido, acogido y entregado junto a Jesús. Hemos de contar gozosos, llenos de dicha desbordante, con una alegría inusual, nuestra experiencia de Jesucristo, nuestro encuentro con el Maestro: «Hemos encontrado al Mesías». Fijaos bien, que el evangelista nos dice «Hemos», no dice «he». Y esto, sencillamente, porque la experiencia de Jesús es siempre comunitaria, aunque uno la viva de manera personal, pero siempre media la comunidad.2tob

Al principio, no somos conscientes de la importancia, ni de la trascendencia de este encuentro. Puede parecernos un encuentro más de los muchos que se producen en nuestra vida. Pero cuando nos damos cuenta del proceso de crecimiento que hemos experimentado en él, no podemos menos que manifestarlo, comunicarlo, testimoniarlo a los demás: «Hemos encontrado al Mesías». No hemos encontrado a una persona cualquiera, no hemos encontrado siquiera a una persona excepcional, no hemos encontrado al número uno en tal o cual materia. Nos hemos encontrado con el Mesías, nos hemos encontrado con el Dios vivo, nos hemos encontrado con Dios hecho hombre. Y Él ha colmado nuestros anhelos de libertad, de felicidad, de amar.

Andrés da testimonio, narra, transmite su propia experiencia, pero lo hace con convicción, lo hace con atractivo, lo hace con ganas de contagiar. El papa Pablo VI (hoy ya santo) decía que «hoy día, más que maestros necesitamos testigos», personas que nos transmitan su experiencia de encuentro con Jesús. Eso es lo que debemos hacer nosotros, debemos seguir el mismo itinerario que siguieron estos primeros discípulos: Estar atentos a los signos del paso de Dios por nuestra vida, ¿qué buscáis?, ¿dónde vives?, venid y lo veréis, fueron, vieron y lo contaron a otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• ¿Estoy atento/a a las señales o a los signos que me indican el camino para encontrarme con el Mesías?

• ¿Soy consciente de la llamada de Dios?¿de todo lo que supone poder encontrarme con Jesús en mi vida cotidiana?¿De la transformación que puede producir en mi mismo, en mi misma dicho encuentro?

• ¿Dónde estás buscando la felicidad? ¿Qué acciones estás emprendiendo en tu vida para encontrar la felicidad? ¿Qué tendrías que cambiar en tu vida para encontrarte con Jesús y de esa manera halla, también, la Felicidad?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser Él, el primero en salir a tu encuentro.

• Dale gracias por las personas que a diario pone en tu camino y te señalan a Jesús como Aquel que puede colmar tu vida de felicidad.

• Ofrécele tu vida para que Él pueda transformarla y convertirte en verdadero testigo de Jesús resucitado que va derrochando por cualquier lugar felicidad.

• Pide que te ayude a ser testigo de las maravillas que continuamente está realizando en la vida de tantas y tantas personas con las que te encuentras a diario.

“Ven a trabajar en mi viña” Lectio Divina Domingo XXV del T. O. (Mt 20,1-16)

imagen del dueño de la viña

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de Dios es como un amo que salió muy de mañana a contratar obreros para su viña. Convino con los obreros en un denario al día, y los envió a su viña. Fue también a las nueve de la mañana, vio a otros que estaban parados en la plaza y les dijo: Id también vosotros a la viña, yo os daré lo que sea justo. Y fueron. De nuevo fue hacia el mediodía, y otra vez a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. Volvió por fin hacia las cinco de la tarde, encontró a otros que estaban parados y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día sin hacer nada? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña. Al caer la tarde dijo el dueño de la viña a su administrador: Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros. Vinieron los de las cinco de la tarde y recibieron un denario cada uno. Al llegar los primeros, pensaron que cobrarían más, pero también ellos recibieron un denario cada uno. Y, al tomarlo, murmuraban contra el amo diciendo: Esos últimos han trabajado una sola hora y los has igualado a nosotros, que hemos soportado el peso del día y el calor. Él respondió a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No convinimos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Pero yo quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿No puedo hacer lo que quiera con lo mío? ¿O ves con malos ojos el que yo sea bueno? Así pues, los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos».

 

Hoy oramos con la parábola llamada de los obreros de la viña. Antes de adentrarnos en el corazón de la parábola, me vais a permitir que me detenga, por un instante en contextualizar un poco la misma.

Con toda probabilidad, esta parábola debió dirigirla Jesús a los fariseos y maestros de la ley, los cuales se habían opuesto abiertamente no solo a su doctrina, sino también a su modo de comportarse.

La causa de dicha oposición era sobre todo por el modo en el que Jesús se comportaba con los pecadores. A estos, no sólo los acogía, sino que los consideraba amigos y los aceptaba como seguidores. Hemos de tener en cuenta que, los fariseos rechazaban a los pecadores como impuros; lo cual significaba que no podían relacionarse con Dios y que, por lo tanto, estaban fuera de la comunidad, se les consideraba como no integrantes del Pueblo elegido. Jesús, pasando por encima de cualquiera de las leyes de pureza, no sólo los invita a entrar en su viña, si no que los invita a trabajar en ella.

Recordemos que la viña, según Is 5,7 representa a, pueblo de Israel. De ahí que, ser llamado a trabajar en la viña significa ser llamado a formar parte del Pueblo elegido. Desde el punto de vista de los fariseos y maestros de la ley esto es intolerable. Pero como bien apunta Jesúa al final de la parábola, Él no ha venido a llamar únicamente a los justos, sino a todos, también a los pecadores.

La comunidad de Mateo es una comunidad compuesta principalmente por cristianos de origen judío. Los judíos han sido los primeros en ser llamados a trabajar en la viña de Dios, han sido los primeros llamados formar parte del Reino y a trabajar en él. Sin embargo, el cristianismo se va extendiendo y a la persona de Jesús se van adhiriendo otras personas que no son de origen judío: son paganos (aquellos que no pertenecían a Israel); personas que no cumplian con lo prescrito en la ley y, por lo tanto, eran considerados impuros. También ellos han sido llamados a trabajar en la viña, también ellos han sido llamados a formar parte del Pueblo elegido, también ellos han sido llamados a trabajar en y por el Reino, también sobre ellos ha descendido el Espíritu Santo. Los cristianos de origen judío no deben escandalizarse porque Dios quiera derramar su Espíritu sobre los paganos, llegados a última hora. No deben ofenderse ante la bondad de Dios, que quiere gratificar a todos de la misma manera. Dios llama cuando quiere y lo verdaderamente importante no es el cuándo, sino la respuesta a la llamada. La paga al final es igual para todos y no tiene nada que ver con los méritos, títulos o acciones de cada uno. Laviña bondad de Dios es gratuita.

Pero, adentrémonos un poco en la parábola con la que hoy oramos. Nos encontramos con una escena de la vida cotidiana, que podría darse en cualquiera de nuestros pueblos de la España rural. Un terrateniente, que sale a la plaza del pueblo; en ella se encuentra con algunas personas que están esperando allí a que alguien los contrate para trabajar. Sale primero al alba. Contrata a los que cree necesitar y llega con ellos a un acuerdo con respecto al salario que les va a pagar, concretamente un denario. Después, el terrateniente vuelve a salir a distintas horas durante el día (a las nueve de la mañana, a mediodía, incluso a última hora de la tarde). Lo cual, puede indicarnos que el propietario de la viña tiene necesidad de que el trabajo en la misma se concluya cuanto antes. Con los únicos que se ajusta con respecto al salario es con los primeros; a los demás, simplemente, le promete dar lo que es justo.

Seguramente, Mateo ha conseguido capatar tu atención, al igual que lo hizo Jesús con aquellos que escuchaban su palabra. Es más, posiblemente ha despertado tu curiosidad: ¿cuánto será lo justo? Pues a continuación lo sabremos.

Llega el momento de pagar el jornal. Según lo establecido en Lev 19,13 y en Dt 24,14s no se debe retener el salario del jornalero hasta el día siguiente; por lo que, el dueño de la viña se dispone a pagarles a cada uno lo que le corresponde. Comienza por los últimos, lo cual puede sorprendernos, pero Mateo quiere llamarnos la atención acerca del comportamiento y la reacción de los primeros frente a la actuación del dueño de la viña con los que han llegado al final.

Lo que a continuación ocurre, es para sorprender a cualquiera, los que han trabajado solo una hora reciben el salario de una jornada completa de trabajo; ¿No os parece ilogico? Bueno, según nuestra escala de valores, seguramente los que han trabajado más, recibirán más. Sin embargo,la lógica de Dios no es la lógica humana. Los primeros reciben lo que habían acordado con el dueño de la viña: un denario; exactamente igual que los últimos.

¿Te parece injusto? Pues, detengámonos un wine-2770452_640instante a reflexionar y vayamos al principio de la parábola. ¿Qué había acordado el dueño de la viña dar a los primeros que contrató en la plaza? Justo: un denario. Por lo tanto no está cometiendo ninguna injusticia; está pagando lo acordado, lo que pactaron por una jornada de trabajo. ¿No será que lo que nos molesta es que Doios trate a todos de la misma manera, sin hacer distintción alguna? Porque esa la forma de actuar de Dios. Dios trata a todas las personas de la misma manera. Dios es generoso con todos. Dios no hace acepción de personas. Eso lo hacemos nosotros, cuando tratamos de manera distinta al que más tiene, al que es más influyente socialmente, al que tiene más títulos… No quiero decir con esto que no tengamos en cuenta las convenciones sociales o saltarnos los usos y costumbres de nuestra sociedad. Me gustaría ir más allá de todo esto. Dios derrama su amor a todas las personas; Dios ama incondicionalmente a toda la humanidad. Dios respeta a todo el mundo, acoge a todo el mundo, se muestra misericordioso con todo el mundo… ¿Y nosotros? Le reprochamos a Dios que nos ame a todos por igual.

Desde un punto de vista neutral, no podemos reprochar nada al dueño de la viña. El ha pagado lo que había pactado y con los demás a querido ser generoso. La pregunta que Jesús nos lanza al final de la parábola es para que la tomemos en consideración: ¿Acaso ves con malos ojos el que yo sea bueno?

La parábola no nos cuenta nada acerca de la respuesta de los obreros. Creo que dicha respuesta hemos de darla cada uno de nosotros, pero teniendo en cuenta que el concepto que nosotros tenemos de retribución, no es el de Dios. La generosidad de Dios no tiene límites, el amor de Dios no tiene límites, la misericordia de Dios no tiene límites.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• Recuerda el momento en el que sentiste que Jesús te llamaba a trabajar en su viña, recréate en ese momento, gózalo. Dialoga con Jesús acerca de ello.

• ¿Qué sentimientos ha despertado en ti recordar el momento de la llamada para trabajar por el Reino? ¿Qué significado tiene para ti esa llamada?

• Dentro de la Iglesia, todos somos llamados a trabajar en la viña del Señor, nadie puede ser excluido, excepto el que se excluye a sí mismo ¿Cómo acojo a las otras personas que también han sido llamadas a trabajar por el Reino? ¿Cómo las trato? ¿Trato a un hermano a una hermana de manera distinta porque acaba de llegar, porque no es de mi grupo, porque se mueve en ambientes distintos al mío?

• ¿Que pienso acerca de la bondad y la generosidad de Dios?

 

VIDA – ORACIÓN

• Presenta a Dios tuvida cotidiana con sus alegría y sus penas con tus caidas y tus levantadas. Cae en la cuenta de todos los regalos que te hace cada día y alábalo por ello.

• Pídele perdón por las veces que no respondes con la suficiente generosidad a su llamada, cuando no respondes con la debidad generosidad y agradecimiento a su bondad, sobre todo cuando ésta se derrama en los otros.

• Da gracias a Jesús por haberte llamado a trabajar en su viña y poder compartir con otros los frutos del Reino.

Lectio Divina Domingo XIV del T. O. (Mc 6,7-13)

En aquel tumblr_m7dbw90PPS1qesa9otiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias. Pero no una túnica de repuesto. Y añadió: “Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa”.
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

VERDAD – LECTURA

En este pasaje del evangelio, nos encontramos con el envío a la misión de los Doce. La misión es vocación, llamada, es Jesús quien envía, Jesús es quien llama, la iniciativa no es de los discípulos. No les envía solos, los envía de dos en dos, lo cual hace referencia a la comunidad y a la ayuda mutua que pueden prestarse entre sí.
La misión ha de realizarse en la más absoluta pobreza. Han de llevar lo imprescindible para el camino, un bastón y unas sandalias. Han de ir ligeros de equipaje, confiándose en la providencia y en la hospitalidad de la gente con la que se encuentren. Debían permanecer en la primera casa en la que les acogieran sin tener en cuenta si son judíos o no.
Los Doce han de predicar la conversión y han de sanar a los enfermos con aceite. Le envía a invitar a la gente a que cambien de vida y a aliviar su sufrimiento.
El evangelio ha de ser proclamado a todas las personas, pero no todas están preparadas para acogerlo, es algo que no ha de preocupar al misionero; y ha de saber cuando debe marcharse sin hacerse problema de que el mensaje sea acogido o no.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Jesús, también hoy, te envía a la misión, ¿cómo acoges la llamada de Jesús? ¿Estas dispuesto a asumir dicha misión con todas sus consecuencias? ¿Qué te frena a llevar a cabo el envío de Jesús?
  • La misión has de llevarla a cabo en tu vida cotidiana, ¿Qué cargas innecesarias llevas contigo durante la misión? ¿Qué deberías dejar de lado? Y no pienses, únicamente en cosas materiales, también en actitudes, disposiciones, conductas… ¿De qué tengo que desprenderme?
  • La predicación ha de hacerse no sólo de viva voz, sino con el testimonio, ¿Eres consciente de ello? ¿Qué tendría que cambiar en tu vida? ¿Cómo es tu testimonio de vida cristiana?
  • Jesús te envía, también, a curar las dolencias y aliviar el sufrimiento de las personas, ¿Cuáles son las dolencias y los sufrimientos de las personas que me rodean?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Adoro y alabo al Padre, por la autoridad que nos da para combatir el mal de este mundo.
  • Doy gracias a Jesús, por llamarme de manera personal y particular a la misión.
  • Ofrezco mi vida para llevar a cabo la misión de predicar la conversión y aliviar las dolencias y sufrimientos de nuestros contemporáneos.
  • Pido la asistencia del Espíritu Santo para ser testigo del evangelio de Jesús y configurarme con él.

Unos dias de desierto

Desierto2Una espuerta de pan, algunos dátiles, agua, la Biblia. Un día de camino: una gruta. Un sacerdote celebra la santa misa, y después se marcha, dejando en la gruta, sobre un altar de piedras, la eucaristía. Así, durante una semana, quedaremos solos con la eucaristía expuesta día y noche.

Silencio en el desierto, silencio en la gruta, silencio en la Eucaristía. No hay oración tan difícil como la adoración de la Eucaristía. En ella la naturaleza se rebela con todas sus fuerzas.

Ponerse ante lo que tiene el aspecto de pan y decir: “Ahí está Cristo vivo y verdadero”, es pura fe.

Pero nada alimenta más que la fe pura; y la oración de la fe es la verdadera oración.

Es el encuentro con Dios más allá de de la sensibilidad, más allá de la fantasía, más allá de la naturaleza.

Y es éste el primer aspecto del despojamiento. Mientras que mi oración permanezca anclada en el gusto, serán fáciles los altibajos; las depresiones seguirán a los entusiasmos efímeros. Será suficiente un dolor de muelas par liquidar todo el fervor religioso debido a un poco de esteticismo o a una emoción sentimental.

“Tienes que despojar tu oración”, me dijo el maestro de novicios. “Tienes que simplificar, desintelectualizar. Ponte ante Jesús como un pobre: sin ideas, pero con fe viva. Permanece inmóvil en un acto de amor delante del Padre. No trates de alcanzar a Dios con la inteligencia: no lo conseguirás nunca; alcánzalo con el amor: esto es posible”.

La batalla no es fácil […]. Después de algunas horas -o de algunos días- de esta gimnasia, el cuerpo se calma. Al ver que la voluntad rehúsa el placer sensible, ya no lo busca; se hace pasivo. Los sentidos se adormecen. el comer poco, el velar mucho y el orar con humilde insistencia hacen de la casa del alma una morada silenciosa, pacificada. Los sentidos duermen […]. Entonces la oración se convierte en algo serio, aunque doloroso y árido. Tan serio que ya no se puede pasar sin ella.

Carlos Carretto, Cartas del Desierto, Ediciones Paulinas, Madrid 1974.

Lectio divina Domingo 12º del Tiempo ordinario

jesus_y_los_pescadores 1VERDAD – LECTURA

 Algunas preguntas para ayudarte en la lectura atenta…
¿Para que va Jesús a Jerusalén? ¿Cuál es la reacción de los discípulos ante el rechazo? ¿Cuántas personas quieren ser discípulos de Jesús? ¿Cuántos finalmente le siguen?

 Algunas consideraciones para una lectura provechosa…
Después del ministerio en Galilea, Jesús comienza su subida hacia Jerusalén, sabiendo lo que allí le va a pasar. Este camino llevará gran parte del evangelio desde 9,51 hasta 18,36, allí Jesús sigue formando a sus discípulos.
El texto lo podemos estructurar en tres partes, una introducción en que se hace explícita la voluntad de Jesús de ir a Jerusalén (v.51). Luego viene la escena del pasaje por Samaria y la reacción de Santiago y Juan (vv. 52-56) y al final el episodio que abraza tres propuestas para seguir a Jesús (vv. 57-62).
La decisión de Jesús de subir a Jerusalén está expresada en el texto con una imagen con mucha fuerza; literalmente dice: “Jesús endureció su rostro para ir a Jerusalén” (v.51) lo que indica la voluntad firme de Jesús de llevar a cumplimiento el designio del Padre. Jesús sabe lo que le va a pasar (ya lo vimos en el anuncio de la pasión y resurrección en 9,22), pero sabe también que para eso vino y va a llevar a cabo la obra del que lo envió.
La escena del rechazo en Samaria es de alguna manera una anticipación del rechazo hasta la cruz que sucederá en Jerusalén. En la época, había una rivalidad intensa entre judíos y samaritanos (ver Jn 4,9). Santiago y Juan quieren “mandar fuego” para aniquilarlos, como había hecho Elías con sus enemigos (ver 2 Re 1,9-14) pero Jesús los reprende. El texto dice que Jesús se vuelve para reprenderlos (v.55); es decir Jesús va delante, los discípulos le siguen, pero también tendrán que aprender a seguirlo en el sufrimiento y en la cruz.
La tercera escena, que narra tres propuestas de seguimiento nos da diversas enseñanzas sobre el discipulado que como veíamos, se expresa con frecuencia con la imagen del seguimiento: ser discípulo es seguir a Jesús.
Jesús enseña sobre la disponibilidad absoluta que requiere el seguimiento; que es reflejo de la propia disponibilidad de Jesús al camino que el Padre le propone, “Jesús, -el Hijo del hombre- no tiene donde reclina la cabeza” (v.58). La imagen es una hipérbole, una exageración que muestra el despojo y la respuesta radical que el seguimiento exige.

jesusescogedoceapostolesCAMINO – MEDITACIÓN

El llamado del Señor a ser sus discípulos misioneros es claro, nos pide disponibilidad absoluta, y es la clave para una vida plena. Con esos criterios del Señor ante el llamado meditemos acerca de cómo llevar el evangelio a la vida de manos de nuestro Papa Francisco:
“Evangelizar es la misión de la Iglesia, no sólo de algunos, sino la mía, la tuya, nuestra misión. El apóstol Pablo exclamaba: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9, 16). Cada uno debe ser evangelizador, sobre todo con la vida. Llevar el Evangelio es anunciar y vivir nosotros en primer lugar la reconciliación, el perdón, la paz, la unidad y el amor que el Espíritu Santo nos dona. Recordemos las palabras de Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 35)”2.
Ahora preguntémonos: ¿En qué contextos sientes hoy que rechazan a Jesús? ¿Cómo te sientes cuando hablan mal de Jesús o de tu fe? ¿Cómo pide el Señor que reacciones? ¿Cuál es mi respuesta ante el llamado del Señor? ¿Cuáles son las excusas de hoy ante su llamado?

VIDA – ORACIÓN

También a nosotros nos llama hoy el Señor ¿Qué le respondemos?
Señor,
Gracias por contar conmigo,
por convocar mi vida a tu servicio
y más aún, porque al invitarme a vivir de tu Palabra,
borras mis temores y llenas de gozo mi existencia.
Quiero responderte y permanecer fiel
de aquí en adelante
porque siento que tu amor
me llama a ser parte del plan de salvación.
Que tu Santo Espíritu me ayude ahora
a escuchar tu voz en el Evangelio
y me dé la fuerza para decirte «sí».
Amén.

Hemos tomado como base la Lectio Divina preparada por el P. Daniel Kerber, publicada para la página de Lectionautas: lectionautas.com adaptandolo a nuestro propio método: Verdad, Camino y Vida. Gracias al P. Kerber y a nuestros hermanos de Lectionautas y Discipulitos por la gran labor que hacen en la difusión de la Palabra de Dios.

Lectura orante evangelio del Santisimo Cuerpo de Cristo

VERDAD – LECTIOpanes icono

Hemos de situarnos a la vuelta de los discípulos después de la “aventura” de su misión (Lc 9,1-6).

Jesús, ahora, quiere continuar formándolos y se retiran hacia Betsaida. La multitud les sigue. É se puso a enseñarles acerca del Reino y les curaba.

Cuando se dan cuenta se ha hecho tarde. Los doce, tomando la iniciativa, le dicen a Jesús que despida a la gente para que busquen de comer. Sin embargo, él, sorprendentemente, les dice: “Dadles vosotros de comer”. Imposible, piensan los apóstoles: ¿Dónde vamos a encontrar tal cantidad de alimentos?

Jesús les ordena que se acomoden en grupos de cincuenta. Lo mismo que cuando se organizaban durante la época del desierto al salir de Egipto (Éx 18,21.25; Núm 31,14; Dt 1,15; 1Mac 3,55). Ya Isaías había profetizado cómo Dios en los tiempos futuros invitaría a todos los pueblos a un convite de manjares suculentos (Is 25,6).

Jesús tomó los panes, levanto los ojos al cielo, pronunciando la oración de alabanza y acción de gracias que se realiza en la liturgia judía cuando se parte el pan, recordando los beneficios otorgados por Dios a su pueblo. Parte los panes y los da a sus discípulos para que los distribuyan. A partir de este momento, ellos son no sólo sus seguidores, también colaboradores de Jesús.

Al igual que en el desierto, también aquí comieron hasta saciarse (Éx 16,12; Núm 11,11-23; -Sal 78,24-29). Jesús eucaristía es el único alimento capaz de saciar totalmente la profunda hambre que habita en el corazón del hombre.

Los doce apóstoles, simbolizados en los doce canastos, serán los encargados de presidir la futura celebración eucarística.

Siguiendo a Salvador Carrillo Alday, nos damos cuenta de que la estructura de este relato es la misma que el de nuestra eucaristía:

1. La gente acude a Jesús       =     Ritos iniciales.

2. Jesús predica                         =     Liturgia de la Palabra.

3. Tomó los panes                     =     Ofertorio.

4. Pronunció la bendición     =     Plegaria eucarística.

5. Partió los panes                     =     Fracción del pan.

6. Los distribuyó                        =     Comunión.

7. Despidió a la gente               =     Rito de conclusión.

CAMINO – MEDITATIO

  • ¿Tengo tanta “hambre” de Jesús como la gente que le sigue hasta las afueras de Betsaida?
  • ¿Estoy atento/a a las enseñanzas de Jesús?
  • ¿Qué siento cuando Jesús me pide que colabore con Él? ¿Estoy dispuesto/a?
  • ¿Cómo vivo la eucaristía?
  • Tomo aquella palabra, frase, expresión o versículo que por cualquier circunstancia me haya “tocado” y la voy repitiendo con mis labios, mi mente y mi corazón (rumia).

VIDA – ORATIO

  • Alabo al Padre por habernos otorgado el don de la eucaristía.
  • Doy gracias a Jesús por enseñarme la Buena Noticia en cada celebración eucarística.
  • Pido al Espíritu Santo que me ayude a vivir con intensidad la eucaristía y a poner en práctica las enseñanzas del evangelio.

Lectura orante del Evangelio del Domingo de la Santísima Trinidad

Lectura orante del Evangelio: Juan 16,12-15

En lo interior de su alma, en lo muy muy interior, en una cosa muy honda, que no sabe decir cómo es, siente en sí esta divina compañía” (7M 1,7).

Trinidad RublevMuchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora’. Nuestros ojos están puestos en Jesús. No queremos ni tenemos otro camino para ver a Dios. Él nos cuenta una historia de amor inagotable, que llena de alegría al mundo. No todo lo entendemos, porque “si lo entiendes no es Dios” (San Agustín), pero nos hace vivir. ¡Capaces de vivir la comunión con la Trinidad! ¡Saber cómo es Dios para entendernos! ¡Qué alegría! Jesús, quiero pasar la vida escuchándote.

Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena’. Entre Jesús y el Espíritu hay una continuidad total. Jesús hizo presente la verdad, y, ahora, el Espíritu guía a los creyentes a la verdad plena, que es Jesús. En la Trinidad todo es belleza, paz, armonía. ¡Qué consuelo tan grande al oír estas palabras! La verdad plena se experimenta amando sin medida. Sin el amor estamos ciegos, aunque pretendamos ser dioses. Ven, Espíritu. Llévame a la verdad plena de Jesús.

Lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir’. La Trinidad, en éxodo creador, es una fiesta de comunicación, donde todo es de todos. Jesús dice lo que oye al Padre, el Espíritu dice lo que oye a Jesús, la Iglesia dice lo que le susurra el Espíritu, los pobres se alegran cuando oyen a la Iglesia el amor solidario. El Espíritu enciende lámparas de fuego en nuestra interioridad, se asoma en la fiesta de la diversidad, se hace visible en la común armonía. ¡Gracias, contemplativos/as, centinelas del misterio de Dios y del ser humano! ¡Oh Trinidad! Cuanto más te encuentro, más te busco. De ti jamás se puede decir: ¡basta!

El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando’. Donde está el Espíritu siempre hay vida y alegría; su esperanza nunca defrauda. Donde está el Espíritu, siempre está Jesús, está el Padre, están los pequeños de la tierra, levantados y envueltos en gloria. El Espíritu devuelve al ser humano la imagen y semejanza soñadas por el Padre, dibujadas por Jesús en las entrañas y perdidas por los caminos. Ven Espíritu. Haz de mi vida una casa de luz, de vida y amor, donde more la Trinidad.

Todo lo que tiene el Padre es mío’. El Padre se deleita con nosotros. Todo lo de Jesús es para nosotros. Dar es la alegría del Espíritu. ¡Qué abismo de generosidad, donde se renueva toda gratuidad y nuestra vida es amada por completo! Es hora de celebrar con inmenso gozo el misterio de la Trinidad, de sentir su compañía en el alma. Gloria a ti, Padre, mirada de amor con que me miras. Gloria a ti, Jesús, música de amor para mi danza. Gloría a ti, Espíritu, viento que me hace caminar.

¡FELIZ FIESTA DE LA TRINIDAD! Un abrazo. José Antonio – mayo 2013

El silencio

Tras un largo viaje en solitario desde Saka, el abad Nicolás volvió a su celda del desierto un poco antes de las oraciones vespertinas. Su discípulo Juan el Enano le dio un abrazo de bienvenida y le limpió el desiertopolvo de los pies acumulado en los yermos de Nitria. Entonces comenzaron a recitar los salmos.

Él te librará de la red del cazador,
de la peste mortal;
te cobijará bajo sus alas
y tú te refugiarás bajo sus plumas.
                       (Sal 91,3-4)

Más tarde, Nicolàs comió el pan y los higos que su discípulo le había preparado; pero no dijo una sola palabra. Juan le estuvo sirviendo durante dos días, y salvo sus oraciones, su maestro no dijo nada.

Al amanecer del tercer día llamó a Juan. Le hizo una pregunta:

– Hijo mío, ¿qué es lo que destruye el silencio?

Juan sentado en silencio a sus pies, reflexionó durante unos instantes. Luego respondió:

– Señor, así como la clara brisa de la mañana no se ve hasta que el fuego humeante se ha extinguido, así las malas inclinaciones aniquilan el silencio que permite al corazón acoger la sabiduría sagrada.

Nicolás asintió y Juan continuó:

– El que es santo ha dispuesto multitud de oscuras cavernas en las que reunirse con sus discípulos. el bullicio de sus conocimientos puede alejar el silencio en que habita su gloria.

El abad sonrió levemente y Juan prosiguió:

– Maestro, cuando dos ríos brotan del mismo manantial, el que se ramifica en mil arroyos no posee ningún valor. su escaso causal no aprovecha al agricultor, que encuentra su alegría en el que permanece unido. Así, las mil ataduras de esta vida ahogan el silencio en que reina la unidad de la fe más pura.

(De Derek Webster, El abad y el enano, Ediciones Paulinas).

Francisco me sorprende

francisco1-saluda(1)Es curioso, pero desde que di como primicia la noticia de la elección del Papa Francisco por María Visión, éste no ha dejado de sorprenderme. A cada uno le habrá tocado la fibra según su propia sensibilidad. A mí me la ha tocado desde el punto de vista comunicativo.

En twitter soy seguidor de los tweets que aparece en @Pontifex_es, no todos los días pero cada dos o tres, se ve que no quiere saturarno, el Papa Francisco nos escribe. Conciso, escueto, breve, pero siempre cargado de sabiduría y experiencia. Y esto es lo que me ha llamado poderosamente la atención y me ha sorprendido: en la era digital, en la época de la cultura de la comunicación, Francisco nos pide, sobre todo a los jóvenes, que seamos testigos. Pero de qué forma, primero haciendo experiencia de Jesús y luego dando testimonio de esa experiencia. Dicho de otra manera ser contemplativos en la acción, o como diría san Ignacio: contemplativus in actione. Ir de la oración a la vida y de la vida a la oración. Es la única manera de ser creíbles en el mundo contemporáneo. Ya lo predecía, de alguna manera Karl Rahner:  El cristiano del siglo XXI será un místico o no será cristiano.

El cristiano del siglo XXI, el cristiano que vive en la época del ciberespacio, de la alta tecnología, de la comunicación activa y permanente deberá tener unos rasgos o características muy concretas; y a partir de todo esto que estamos comunicando ha venido a mi memoria unas palabras que el Papa Pablo VI dijo acerca del gran comunicador y fundador de la Familia Paulina, el Beato Santiago Alberione.

índice“Miradlo: humilde, silencioso, incansable, siempre alerta, siempre ensimismado en sus pensamientos que van de la oración a la acción (según la fórmula tradicional: ora et labora, reza y trabaja), siempre atento a escrutar los signos de los tiempos, es decir, las formas más geniales de llegar a las personas…, nuestro P. Alberione ha dado a la Iglesia nuevos instrumentos, nuevos medios, para vigorizar y ampliar su apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez y de la posibilidad de su misión en el mundo moderno y con los medios moderno.”

No sé si el Papa Francisco conoció a Alberione, pero que ha sabido encarnar el ideal que éste quiso inculcarnos a sus hijos e hijas no me cabe la menos duda: a los hechos me remito, o mejor, a los tweets. Aquí os dejo algunos de ellos para que cada uno podamos reflexionarlos y sacar conclusiones.

“Adorar a Dios es aprender a estar con Él, ponerlo en el centro de la vida y despojarnos de nuestros ídolos escondidos.”

“Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de vida.”

“Ser cristianos no se reduce a seguir los mandamientos, sino a dejar que Cristo tome posesión de nuestra vida y la transforme.”

“Estar con Jesús exige salir de nosotros mismos, de un modo de vivir cansino y rutinario.”

Gracias Dios mío porque no dejas de sorprenderme. Hasta pronto.