“LA VERDADERA FELICIDAD” LECTIO DIVINA DEL DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

Evangelio Lc 6,17.20-26

Nos encontramos hoy con un pasaje del evangelio, cuanto menos, sorprendente: ¿Cómo es posible que Jesús llame felices a los pobres, a los que lloran, a los hambrientos, a los perseguidos? Y, ¿cómo es posible, que llame infelices a los ricos, a los que están hartos, a los que ríen, a aquellos que son admirados y adulados por los hombres? Todo esto choca mucho con lo que puede ser nuestra experiencia diaria. Pero, intentemos profundizar un poco en el texto; y con ello, es posible que entendamos un poco mejor lo que quería decir Jesús.

Por primera vez, en el evangelio de Lucas, éste nos presenta en qué consiste la predicación de Jesús. Esta es la primera enseñanza de Jesús, después de que en la Sinagoga de Nazaret presentara su programa, basándose en el profeta Isaías (Lc 4,16-30). Y este discurso que nos presenta el evangelio con el que estamos orando, resulta algo paradójico. ¿No crees? Jesús es así.

Aunque a mí, rápidamente me asalta una pregunta: ¿hay que estar en la miseria para poder salvarse? ¿Es necesario estar continuamente sufriendo para entrar en el Reino? A mi parecer, lo que Jesús está ofreciendo y nos está ofreciendo es esperanza. Esperanza a todos aquellos que no ponen su ilusión, su confianza, su seguridad en las cosas materiales, en las posesiones, en la felicidad superflua o en lo que los otros dicen acerca de ellos.

Bueno, pues vamos a ver, aunque sea brevemente, cada una de estas llamadas bienaventuranzas y de sus respectivas “maldiciones”.

Felices los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Lo primero a tener en cuenta es que esta declaración de Jesús está en presente, por lo que el pobre no es que sea feliz en una vida futura, el pobre es feliz ahora. ¿Por qué? Porque el reino es suyo, porque ya están disfrutando de él, porque ya está presente en medio de los pequeños, de los sencillos, de los necesitados. Felices a pesar de estar marginados, a pesar de ser degradados, despreciados y considerados impuros por parte de la sociedad… Felices porque no confían en sus propias riquezas, en sus propios medios, en sus propias seguridades. Y esto no es únicamente una condición social. Se puede ser pobre con una mentalidad de rico, se puede ser pobre y estar deseando el lujo, se puede ser pobre y querer oprimir al otro. Y de esa manera por muy pobre que sea uno, nunca podrá ser feliz porque el reino de Dios no está en él. Pero felices todos aquellos que quieren revertir la injusticia en la sociedad, felices los que desean e intentan llevar a cabo un cambio en las condiciones sociales, felices los que buscan una convivencia fraterna, donde los bienes se comparten, de estos es el reino de Dios.

Felices los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis hartos.

Entre los cristianos esta situación es reversible. Es muy posible que mucha gente en la actualidad pase hambre, pero eso no puede ser definitivo. El seguidor de Jesús ha de salir al frente de las necesidades de su hermano, no puede quedarse impasible, no puede mirar hacia otro lado. Al cristiano le toca anunciar y denunciar, al cristiano le toca arrimar el hombro y ayudar al necesitado; por eso esa situación no es definitiva. El cristiano ha de hacer todo lo posible para que el excluido, el rechazado, el despreciado pueda insertarse en el tejido social y cubrir sus necesidades básicas.

Felices los que ahora lloráis, porque reiréis.

Tampoco el sufrimiento, el dolor, la angustia son definitivos. Lo definitivo es la construcción del reino. Un reino que es capaz de acercarse al hermano que sufre y ofrecerle una mano amiga, un abrazo, un estar a su lado, un no estás solo, un vamos a luchar juntos, un vamos a ser compañeros de camino… No, ninguno de nosotros vamos a solucionar los problemas de la humanidad; pero, si que vamos a poner de nuestra parte, vamos a ofrecer recursos, vamos a estimular al hermano caído para que encuentre sus fortalezas, sus potencialidades, sus habilidades, sus capacidades. No vamos a dejar que se hunda en la miseria. Y entonces, podremos reír juntos.

Felices seréis si os odian los hombres, si os excluyen, os insultan y proscriben vuestro nombre como infame por causa del hijo del hombre.

Felices seréis si confiáis en Dios e intentáis experimentar las enseñanzas y la vida del Maestro. Y no tengáis ninguna duda de que esto ocurrirá, si de alguna manera pretendéis poner en práctica en vuestra vida el seguimiento de Jesús. Felices porque estáis en el buen camino, porque estáis construyendo un mundo mejor y colaborando en el establecimiento del reino de Dios, porque estáis actualizando la buena Noticia y haciéndola presente en nuestros día a día.

A continuación, Lucas nos presenta las cuatro maldiciones o amenazas. Las cuales se contraponen a las cuatro bienaventuranzas. No me extenderé mucho en ellas, pues si no está Lectio resultaría excesivamente extensa. Pero si que me gustaría destacar lo siguiente.

Infelices son aquellos que van sobrados por la vida, los que se sienten totalmente satisfechos sobre todo con lo que tienen y no con lo que son, los que no necesitan de nada ni de nadie, los que viven encerrados en su propio egoísmo y dando la espalda al sufrimiento de los demás. Infelices porque intentan contentar a dos señores a la vez, y eso es imposible. Infelices los que intentan agradar a todo el mundo, los que únicamente buscan el prestigio y los primeros puestos. Infelices porque tienen una falsa autoestima y no quieren desarrollarse y crecer como personas.

En definitiva, para alcanzar la verdadera felicidad es imprescindible experimentar la misericordia de Dios, para poder de alguna manera ofrecerla y regalarla a los demás; es imprescindible confiar y poner nuestra esperanza en un Padre que nos ama infinitamente y que acoge a todos sin diferencia; es imprescindible, dejarnos modelar por el Espíritu Santo y poner en práctica las actitudes vitales de Jesús para que nuestro mundo sea un reflejo del Reino de Dios. Un mundo en que el amor incondicional y gratuito sea una realidad.

¡Pongámonos manos a la obra!

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Dónde tienes puesta tus esperanzas, tus aspiraciones, tus sueños?

• ¿De qué tienes “hambre”? ¿Qué deseas verdaderamente en tu día a día?

• Hay más felicidad en dar que en recibir. ¿Qué piensas de esta frase? ¿Cómo se hace palpable en tu vida? ¿Cómo la experimentas en tu día a día?

• ¿Qué estás dispuesto a hacer para que la felicidad sea una realidad en nuestro mundo? ¿Para que el reino de Dios esté cada día más presente en tu vida y en la de los demás?

VIDA – ORACIÓN

• Bendito y alabado seas, Padre, por el gran amor que nos regalas y por querer siempre nuestra felicidad.

• Gracias, Jesús, por ofrecernos los medios necesarios para que la felicidad sea una realidad en nuestro mundo.

• Ayúdanos, Espíritu Santo, a poner en práctica el Evangelio, a ofrecer nuestro amor, nuestra ayuda y nuestra persona para que todos podamos alcanzar la verdadera felicidad.

“BENDITO EL HOMBRE QUE CONFÍA EN EL SEÑOR Y PONE EN ÉL SU ESPERANZA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Jeremías 17,5-8

5Esto dice el Señor: «Maldito el hombre que confía en el hombre, que en el mortal se apoya y su corazón se aparta del Señor. 6Es como un cardo en la estepa, que no siente cuando llega la dicha, porque arraiga en los lugares abrasados del desierto, en tierra salobre y despoblada.

7Bendito el hombre que confía en el Señor, y en el Señor pone su esperanza. 8Es como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor; su follaje se mantiene verde; en año de sequía no se preocupa, ni deja de producir sus frutos.»

Hoy, la liturgia nos ofrece un texto del profeta Jeremías muy relacionado con el evangelio. El profeta, después de poner de manifiesto el pecado de idolatría que el Judá está cometiendo continuamente, recoge una serie de sentencias de carácter sapiencial, cuyo tema de fondo es el de las falsas y verdaderas seguridades: ¿Dónde tenemos puesto nuestro corazón? Todo ello lo hace mediante el recurso al principio de las dos vías: el camino de la vida y la felicidad, y el camino de la muerte y la desgracia.

Jeremías nos indica dónde podemos encontrar la verdadera felicidad.

No es que el primero (hombre que confía en el hombre) esté obrando de manera malvada; el error de éste se encuentra en que confía o pone su seguridad excesivamente en sí mismo, en sus propias fuerzas, habilidades o recursos; su error está en creer que no necesita de nadie. De esta forma, se aleja de los demás, creyéndose indispensable, insustituible, vuelve la espalda a su prójimo y es incapaz de entrar en relación con él, es incapaz de ver las necesidades que pueda tener, es incapaz de salir a su encuentro. Es como el árbol que no da frutos, porque está mal plantado y enraizado.

Sin embargo, aquel que pone su confianza en Dios es consciente de sus debilidades, de su fragilidad, de su necesidad de contar con el prójimo. Ve sus capacidades como regalos de Dios, que necesita poner al servicio de los demás. Es consciente de la necesidad que tiene de los dones, cualidades y aptitudes de su prójimo. De esa manera, es capaz de salir al encuentro del otro y colaborar en la transformación del mundo, para que todos podamos vivir en paz, armonía, contribuyendo y colaborando en la construcción de un mundo mejor. Este es un árbol que, a pesar de las dificultades, produce fruto.

¿En quién o en qué tenemos puesta nuestra confianza?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Ya nos lo preguntábamos en la primera parte de nuestra Lectio, pero es importante que meditemos sobre ello: ¿En quién o en qué tienes puesta tu confianza? ¿Dónde se encuentra tu corazón?
  • ¿Te crees imprescindible en tu vida cotidiana? Es distinto ser imprescindible a ser importante. Piensa en ello.
  • ¿Crees que necesitas de los demás para tu desarrollo personal, para tu crecimiento y para construir un mundo mejor?
  • ¿Pones al servicio de los otros tus habilidades, tus conocimientos, tus cualidades? ¿Acoges el saber, la experiencia y capacidades de los otros? ¿Eres capaz de trabajar con otros por el establecimiento del Reino?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 1

1Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los injustos, ni anda por el camino de los extraviados, ni se sienta en el banco de los cínicos;

2sino que en la ley del Señor pone su amor y en ella medita noche y día.

3Es como un árbol a orillas del arroyo, que da el fruto a su tiempo, cuyas hojas no se marchitan nunca; en todo lo que hace sale bien.

4No así los injustos, no; son como paja que dispersa el viento.

5Los injustos no podrán resistir en el juicio ni los descarriados en la asamblea de los justos.

6Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el de los injustos lleva a la ruina.

«Rema mar adentro y echa tus redes» Lectio Divina del domingo V del tiempo ordinario (Ciclo C)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 5,1-11)

En aquel tiempo, mientras la gente se agolpaba en torno a él para escuchar la palabra de Dios, él estaba junto al lago de Genesaret y vio dos barcas situadas al borde del mismo.

Los pescadores habían bajado a tierra y estaban lavando las redes.

Subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la separase un poco de tierra. Se sentó en ella, y enseñaba a la gente desde allí.

Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Rema mar adentro y echad vuestras redes para pescar”. Simón le respondió: “Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada, pero ya que tú lo dices, echaremos las redes.” Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces que casi se rompían las redes. Hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieran, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.

Al ver esto Simón Pedro, cayó a los pies de Jesús, diciendo: “Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador”. Y es que tanto él como sus compañeros habían quedado pasmados ante la pesca realizada; y lo mismo Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: “No tengas miedo; desde ahora serás pescador de hombres”. Ellos llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y lo siguieron.

Nos encontramos en este relato con la llamada a Simón por parte de Jesús. Al final, se nos mencionará también a Santiago y a Juan.

Lucas es el único autor, de los llamados evangelios sinópticos, que narra el pasaje de la llamada pesca milagrosa. Este relato reemplaza el relato de la vocación de los cuatro primeros discípulos, contado por Mateos y Marcos (Mt 4,18-22; Mc 1,16-20).

Esta llamada se encuentra situada en el centro de las «acciones liberadoras de Jesús» (Lc 4,31-44; 5,1-11; 5,12-6,11), por lo que podemos considerarla como parte del cumplimiento de la profecía de Isaías, proclamada por Lucas, en conexión con el «año de gracia del Señor» (Is 61,1s; Lc 4,16-30).

Los personajes que intervienen en la escena, además de Jesús, son: la gente que está en la orilla y los pescadores, entre los que destacan: Simón, Santiago y Juan.

Vamos por partes. Al parecer, Jesús solía predicar a la orilla del lago y la gente se agolpaba para escuchar la Palabra de Dios.

Como son tantos, Jesús se sube a una barca, cátedra desde la que enseña a la multitud. Había más barcas, pero Jesús sube a la de Simón. Con ello Lucas nos quiere poner de manifiesto la relación personal que guardaba con éste. Subrayando, desde el primer momento, la misión particular que en la Iglesia será encomendada a Pedro. Esto explica, en parte, la anticipación que hizo Lucas del acontecimiento.

Jesús ordena a Pedro internarse en aguas profundas. Es interesante saber, que el verbo utilizado en griego por Lucas es epanágage, que podríamos traducir por lánzate. Por lo que podemos entender que la orden de Jesús es: lánzate a lo profundo. Y aunque el evangelio no lo dice, me gusta imaginar que a continuación le dice: «No tengas miedo por causa alguna, yo estoy contigo.» Jesús está siempre con nosotros y más en momentos de dificultad o incertidumbre.

Es curioso, pero Jesús ordena esto después de una noche infructuosa, aunque de duro trabajo. Y lo hace de día. ¿Pescar de día? Pescar de día es mucho más difícil, pues los peces pueden fácilmente burlar a los pescadores. Simón conocía bien su oficio, sabía que sería inútil, sin embargo, muestra docilidad y obediencia a la orden del Maestro: «Ya que tú lo dices, echaremos las redes». A partir de ahora lo que ocurra es cosa tuya.

Y el signo se produjo. Un signo que nos está manifestando la sobreabundancia de los dones mesiánicos que brotan de la ilimitada generosidad divina. Esta pesca abundante nos está simbolizando la tarea evangelizadora futura. La cual, ante todo, requiere la presencia de Jesús. El protagonista de la evangelización es Él. Nosotros somos únicamente instrumentos. Eso sí, que necesitamos de la colaboración de nuestros compañeros; pues la evangelización debe ser realizada no por francotiradores, sino por la comunidad. De este modo, con la presencia de Jesús y la colaboración de otros, la evangelización será eficaz: «Llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.»

Todos quedan pasmados y Simón no puede menos que caer de rodillas, en actitud de profunda adoración, experimentando la distancia abismal que existe entre la santidad de Dios y la debilidad del ser humano. Se da cuenta que Jesús es el Señor, en el que está presente Dios y se hace consciente de su propia debilidad como pobre criatura.

«No tengas miedo, desde ahora serás pescador de hombres». De este modo, Jesús está anunciando la futura misión de Simón.

Y la pesca abundante es un signo que proclama desde ahora el éxito de su futuro apostolado, gracias «a la palabra de Jesús».

«Lo dejaron todo». Es el radicalismo en el desprendimiento, exigido por la vocación apostólica y por el seguimiento a Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • Introdúcete en la escena y trata de vivirla en carne propia. Hoy Jesús te está enviando a ti a la misión. Deja que aflore lo que vas sintiendo ante las palabras que Jesús te dirige.
  • La gente se agolpaba en torno a él para escuchar la Palabra de Dios. ¿Cuál es tu actitud ante la Palabra?
  • ¿Estás dispuesto a remar mar adentro para proclamar el Reino? ¿Y a hacerlo en comunidad?
  • ¿Confías a pies juntillas en la palabra de Jesús? ¿Estás dispuesto a actuar con docilidad y obediencia, simplemente porque Él lo dice?
  • Al descubrir la santidad de Dios, ¿cuál es tu actitud?
  • ¿Estás dispuesto a dejarlo todo y seguirle?
  • Toma una palabra, una frase, un versículo… que por lo que sea a tocado tu corazón y rúmialo durante tu jornada.

VIDA – ORACIÓN

  • Pide al Espíritu Santo que te ilumine para entender la Palabra de Dios y te ayude para acogerla y ponerla en práctica.
  • Pide a Jesús por las necesidades de nuestra comunidad evangelizadora que cada semana se reúne para orar con la Palabra.
  • Somos débiles, pero con Él todo es posible. Dile que está dispuesto a dejarlo todo y seguirle.

Guarda silencio y adora la santidad de Dios.

“¿A QUIÉN ENVIARÉ?” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Isaías 6,1-2a.3-9a

1El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en su trono elevado y excelso: la orla de su vestido llenaba el templo. 2Estaban de pie serafines por encima de él, 3y se gritaban el uno al otro Santo, santo, santo, Señor todopoderoso; la tierra toda está llena de su gloria. 4Las jambas del dintel retemblaban por la voz de los que gritaban, y el templo se llenó de humo.

5Yo exclamé: ¡Ay de mí, estoy perdido, pues soy hombre de labios impuros; vivo entre un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al rey, al Señor todopoderoso.

6Entonces voló hacia mí uno de los serafines llevando un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas. 7Tocó con él mi boca y dijo: Mira, esto ha tocado tus labios: tu maldad queda borrada, tu pecado está perdonado. 8Y oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? 9Y respondí: Aquí estoy yo, mándame a mí.

«¿A quién enviaré?» «Aquí estoy yo, mándame a mí.» Es la respuesta del profeta Isaías a la llamada de Dios. Una respuesta pronta, directa, sin titubeos.

Dios le manifiesta todo su esplendor e Isaías se siente impuro, se siente indigno, débil, ante la presencia de Dios. Él no actúa directamente, sino que por medio de los serafines, el Profeta es purificado.

Esta llamada ocurre en un momento concreto de la historia del pueblo de Israel y en un lugar específico, como cualquier llamada. Como la llamada que Dios te hace cada día para compartir con Él la vida plena, su propia santidad. Y al igual que Isaías, ante la llamada de Dios, cada uno de nosotros nos sentimos indignos y débiles.

La llamada ocurre dentro del contexto de un encuentro personal con Dios. Y en ese encuentro, Dios es capaz de purificarnos, de limpiarnos, de sanarnos de todas nuestras infidelidades; no debemos dejarnos llevar por nuestras frustraciones diarias, por las dificultades que encontramos, por nuestras preocupaciones cotidianas; de todo eso Dios nos purifica para enviarnos a comunicar al mundo su misericordia y su amor.

Isaías no sabe a dónde va a enviarlo Yahveh. Isaías no sabe qué mensaje ha de transmitir. Sin embargo, se abandona en las manos de Dios y está dispuesto a todo; no pone objeción alguna a la llamada: «Aquí estoy, mándame a mí.». El Profeta tiene una confianza plena, está seguro de que Yahveh está con él, lo acompaña, lo sostiene, lo respalda. Por eso, Isaías puede anunciar la cercanía y la bondad de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Eres capaz de reconocer tus propias deficiencias, miserias, debilidades?  ¿Las pones en las manos de Dios? ¿Te dejas purificar por Él?
  • ¿Estás atento a las llamadas que Dios te hace en tu vida cotidiana?
  • ¿Eres consciente de que Dios te envía a anunciar y llevar su misericordia, su ternura y su amor a todos aquellos que te rodean?
  • ¿Confías plenamente en Dios siendo consciente de que Él te acompaña, te sostiene, te respalda en la misión de anunciar su Reino?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 40

2En el Señor he puesto toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi grito;

3me sacó de la fosa mortal, del fango cenagoso; puso mis pies sobre la roca, aseguró mis pasos;

4puso en mi boca un cantar nuevo, una alabanza para nuestro Dios. Muchos, al verlo, temerán y confiarán en el Señor.

5Dichoso el hombre que en el Señor ha puesto su esperanza y no se ha ido con los arrogantes ni con los que se pierden en engaños.

6¡Qué grandes son, Señor, Dios mío, los proyectos y los milagros que hiciste por nosotros!: eres incomparable. Yo quisiera decirlos, proclamarlos; pero son tantos, que no pueden contarse.

7Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, no pides holocaustos ni sacrificios por el pecado; en cambio, me has abierto el oído,

8por lo que entonces dije: «Aquí estoy, en el libro está escrito de mí:

9Dios mío, yo quiero hacer tu voluntad, tu ley está en el fondo de mi alma».

10Pregoné tu justicia a la gran asamblea, no he cerrado mis labios; tú lo sabes, Señor.

“Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. LECTIO DIVINA DEL DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 4,21-30)

El texto que nos ofrece hoy la liturgia es continuación del pasaje evangélico del domingo pasado. En él hemos dejado a Jesús en la Sinagoga, después de anunciar un año de gracia del Señor.

Al concluir la lectura del profeta Isaías devolvió el rollo al encargado de la sinagoga y se sentó para comentar la lectura.

Es aquí donde arranca el relato con el que hoy oramos: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». ¿De qué manera pronunciaría Jesús estas palabras? El evangelista nos dice que todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca: ¿Cómo es posible que el hijo de José hable así? ¿Cómo es posible que alguien tan humilde, que conocemos de toda la vida, al que hemos visto crecer… hable de esa forma? Sus paisanos comienzan a dudar. Ante esta situación, Jesús sale al paso, citando un refrán, posiblemente conocido por todos ellos: «Médico cúrate a ti mismo». A lo cual añade otro acerca del profetismo que no es acogido en su propia tierra. Comentando y fundamentando estos dichos con dos pasajes de los libros de los Reyes, en los que se compara a Israel con otros pueblos: la historia del profeta Elías (1Re 17-18) y la historia del profeta Eliseo (2Re 5,1-14).

La primera de estas historias se sitúa en el reinado del rey Ajab, el cual no era del agrado de Yahveh; durante su reinado hubo tres años de sequía y el pueblo de Israel sufrió hambre. Todo ello debido a la infidelidad del pueblo y al rechazo al profeta. Esa era la causa por la cual éste no es enviado a ninguna persona de Israel, sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sión.

La segunda de estas historias narra el acontecimiento de la curación de Naamán, el sirio, de su lepra, gracias a que cumplió lo que el Profeta Eliseo le ordenaba.

Jesús les estaba diciendo, en su propia cara, que allí no podrá realizar ningún milagro, debido precisamente a la dureza de sus corazones, a su falta de fe, a su predisposición a no cumplir con la voluntad de Dios, a su incapacidad voluntaria para cambiar… En lugar de abrir sus mentes y sus corazones ante ese mensaje de gracia de Jesús, lo que hacen es permanecer en sus prejuicios, convencionalismos y cerrazón. No tenían intención de cambiar, por lo cual, el rechazo a todo aquello que estaba diciendo Jesús era lógico. Para evitar el cambio, era mejor considerar a Jesús un falso profeta. No puede estar diciendo la verdad. Es mejor, incluso, matarlo. Pero la hora de Jesús aún no había llegado.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Jesús es rechazado por el mensaje que ha proclamado en el evangelio del domingo pasado. Sus paisanos, a pesar de la admiración, no son capaces de acoger y poner en práctica las palabras de Jesús. Y tú ¿estás dispuesto a acoger la palabra de Jesús y ponerla por obra?

• ¿Estás atento a todo aquello que Jesús quiere decirte y transmitirte en tu vida diaria? ¿Dedicas algún tiempo del día para escuchar su Palabra? ¿Abres tu mente y tu corazón para que Jesús pueda transformar tu vida?

• ¿Estás abierto a la novedad del Evangelio o por el contrario continúas anclado en tus propias creencias, convicciones, convencionalismos…?

• ¿Estás dispuesto a realizar cambios en tu vida, aunque estos supongan dificultades, obstáculos, inconvenientes, compromisos…?

VIDA – ORACIÓN

• Bendito y alabado seas, Padre, por habernos enviado a tu Hijo, Jesucristo, para acercarnos más a ti y ofrecernos una vida plena.

• Gracias, Jesús, por presentarnos la novedad del Evangelio que nos transforma y nos conduce a la felicidad

• Ayúdanos, Espíritu Santo, a apropiarnos de las actitudes vitales de Jesús y hacerlas nuestras, para que de esta manera nuestra vida se transforme en vida plena. 

“TE ENVÍO Y ESTARÉ CONTIGO PARA LIBRARTE” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Jeremías 1,4-5.17-19

4En tiempos de Josías, el Señor me dirigió la palabra: 5«Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí; antes que salieras del seno te consagré; como profeta de las gentes te constituí. 17Tú, cíñete la cintura, levántate para decirles todo lo que yo te ordene. No tiembles ante ellos, no sea que te haga yo temblar en su presencia. 18Yo te constituyo en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, como muro de bronce frente a todo el país: frente a los reyes de Judá, sus jefes, sus sacerdotes y el pueblo de la tierra. 19Lucharán contra ti, pero no podrán vencerte, porque yo estoy contigo para librarte, dice el Señor».

En la primera lectura que la liturgia de este domingo nos regala, nos encontramos a Dios tomando la iniciativa para llamar al profeta Jeremías a la misión de transmitir su palabra. Esto ocurre en tiempos del rey Josías. El cual emprendió una reforma religiosa en el territorio por él gobernado, que facilitó la libertad de culto para el Pueblo de Israel, que ya no estaba bajo el yugo de ningún imperio.

Según los estudiosos, Jeremías ejerció su ministerio entre los habitantes del antiguo reino de Israel, llamándolos a la conversión y transmitiéndoles la esperanza de la salvación.

El fragmento con el que hoy oramos, nos narra la vocación del profeta Jeremías. Yahveh, ya desde el seno materno (antes de formarte en el vientre de tu madre), lo eligió para ser su portavoz, su mensajero. Pero, según el texto, su ministerio tiene una dimensión universal pues Dios le constituye como profeta de las gentes, o si preferimos de todas las naciones.

No será una tarea fácil la que Dios encarga a Jeremías, no estará exenta de dificultades, de ahí que, como dice el texto, deba ceñirse la cintura, al igual que lo hacen los soldados antes de entrar en combate; Yahveh le está diciendo: ármate de valor porque la misión será difícil

Jeremías debe preparase para entrar en acción, para inmediatamente (levántate) ir a proclamar la Palabra de Dios, para transmitir un mensaje de amor, misericordia y esperanza a su pueblo.

Diles todo lo que yo te ordene. Jeremías debe estar atento a la voz de Yahveh, debe escuchar activamente lo que Él quiere transmitir al pueblo por medio de su persona. La palabra que Dios le dirija ha de comunicarla a Israel, sin dudar en ningún momento, sin dejarse paralizar por el miedo; Dios le dará su fortaleza en las persecuciones y en el rechazo que sufrirá.

Dios está con Jeremías y nadie podrá vencerle. Dios le hará fuerte y le dará valor. Dios no le librará de las dificultades, pero estará a su lado dándole fuerzas para vencer cualquier obstáculo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Al igual que a Jeremías, Dios te dirige a ti hoy su Palabra. ¿Estás atento para escucharla? ¿Dedicas momentos de tu jornada para estar en silencio y encontrarte con Dios?
  • ¿Qué misión crees que te está encomendando Dios en este momento? ¿Estás dispuesto a llevarla a cabo? ¿Estás dispuesto ser fiel a la Palabra de Dios y trasmitirla a la gente que te rodea?
  • La vida no está exenta de dificultades, pero Dios está contigo, ¿eres consciente de ello? ¿Acudes a Dios en los momentos de adversidad? ¿Acudes a Él cuando crees que estás en peligro?
  • ¿Confías en que Dios está a tu lado dándote fuerzas y valor para vencer cualquier obstáculo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 46

2Dios es nuestro refugio y fortaleza, un socorro seguro en momentos de angustia;

3por eso no tememos aunque la tierra se conmueva y los montes se desplomen en el fondo del mar,

4aunque sus aguas rujan y se encrespen sus olas, aunque ellas se alboroten y los montes retiemblen.

5Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, la más santa morada del altísimo.

6Dios está en medio de ella, no vacilará: Dios la socorrerá al despuntar la aurora.

7Bramaron las naciones, vacilaron los reinos, él levantó su voz y la tierra se deshizo.

8Con nosotros está el Señor omnipotente, el Dios de Jacob es nuestra fortaleza.

9Venid y ved las obras del Señor, sus prodigios, que llenan la tierra de estupor:

10pone fin a la guerra hasta el confín del mundo, rompe el arco, parte la lanza y quema los escudos.

11Dejad las armas, reconoced que yo soy Dios, por encima de las naciones, por encima de la tierra.

12Con nosotros está el Señor omnipotente, el Dios de Jacob es nuestra fortaleza.

“Mi Reino no es de este mundo”. Lectio Divina del evangelio del Domingo Solemnidad de Cristo Rey del Universo

VERDAD – LECTURA

Jn 18,33b-37

Hemos llegado al final del año litúrgico. Y la liturgia del día de hoy nos ofrece para nuestra consideración y oración el interrogatorio a Jesús por parte de Pilato, durante su proceso, según la versión ofrecida por el evangelio de Juan. El Maestro de Nazaret ha sido detenido en el Monte de los Olivos y ha sido llevado ante el Procurador romano. Éste debe hacerse una idea clara del delito de Jesús para condenarlo. La acusación es grave: se ha autoproclamado rey de los judíos. Pilato lanza directamente la pregunta a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos? La respuesta de de Jesús no se hace esperar y quiere indagar cuál es el pensamiento de Pilato, quiere indagar si éste piensa que él cree que Jesús es el rey de los judío o, por el contrario, ha sido influenciado por lo que otros han dicho de él. ¿Es Pilato un juez justo? ¿Actúa desde la equidad?

Pilato evade el pronunciarse al respecto; acaso, es él judío. Los acusadores son otros, sus propios conciudadanos son quienes le han entregado, y más en concreto, los gobernantes de su pueblo. Pilato quiere hacer ver a Jesús que ellos, junto a sus paisanos, son los responsables de su arresto.

Por tanto, para Pilato es un problema menor. Es algo que atañe sobre todo a los judíos, no es un problema que pueda afectar al gran Imperio Romano, aunque le pregunte acerca de lo que ha hecho. Sin embargo, Jesús no ha cometido ningún delito censurable.

Jesús continúa aclarándole la primera pregunta que Pilato le ha hecho, afirmando que él es rey, pero no es un rey al uso, su reino no es de este mundo. Si fuera de este mundo su guardia y sus súbditos se hubiesen rebelado para ayudar a su rey.

La realeza de Jesús se fundamenta en el servicio, en la paz, en la misericordia, en la acogida… lo ha ido mostrando y demostrando durante toda su vida pública. Su realeza no se basa en el poder, la violencia, la dureza. Su Reino proviene del Padre, directamente de Dios.

La respuesta sorprende a Pilato. No es para menos. No entiende el significado de las palabras de Jesús. Y Jesús sigue: “He venido al mundo para ser testigo de la verdad”. La verdad es la verdad de Dios, un Dios misericordioso, amable, bondadoso, amoroso, implicado en la vida de los hombres. Y la máxima expresión de ese amor de Dios será, precisamente, la entrega voluntaria de Jesús. Y todo aquel que es de la verdad, escucha la voz de Jesús y pone en práctica sus enseñanzas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Pilato entra en diálogo con Jesús, aunque sea para interrogarlo. En tu propia vida, ¿intentas entrar en diálogo con Jesús? ¿Con qué frecuencia?
  • “¿Dices esto por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?” nos dice el evangelio. ¿Cómo es tu conocimiento de Jesús? ¿Crees que le conoces realmente? ¿Lo conoces de oídas? ¿Parte tu conocimiento de lo que otros han dicho de Él o de tu propia experiencia?
  • ¿Qué sientes al oír a Jesús decir que su Reino no es de este mundo? ¿Qué significa eso para ti? ¿Eres consciente de que el Reino de Jesús es un Reino de servicio, de entrega desinteresada, de amor hasta el extremo?
  • “Todo el que es de la verdad escucha mi voz” ¿Intentas escuchar a Jesús, entender su Palabra, poner en práctica sus enseñanzas?

VIDA – ORACIÓN

            Hoy te proponemos orar con el Padrenuestro. Hazlo despacio, en él está el fundamento del Reino de Dios. Párate especialmente en las palabras “venga a nosotros tu Reino” y repara en los sentimientos, pensamientos y palabras que se va despertando en ti y en lo más profundo de tu corazón.

“SU PODER ES ETERNO Y NUNCA PASARÁ.” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Daniel 7,13-14

13Yo seguía contemplando en mis visiones nocturnas: En las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre; se dirigió hacia el anciano y se presentó ante él. 14Se le dio poder, gloria e imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder era un poder eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.

Un pequeño fragmento del libro del profeta Daniel que para entenderlo bien tenemos que enmarcarlo en el contexto más amplio del capítulo 7. En el que se narra una de las siete visiones de un israelita llamado Daniel, deportado a Babilonia en la época de Nabucodonosor.

Como sabemos este libro pertenece al género apocalíptico, el cual se caracteriza por narrar a través de símbolos la situación de opresión y sufrimiento del pueblo de Israel y su esperanza en la bondad de Dios que le librará de estas circunstancias que están viviendo.

En el capítulo siete del que forman parte estos dos versículos se narra un sueño en el que Daniel va viendo sucederse cuatro reinos diferentes, los cuales están representados por cuatro fieras. Esos cuatros reinos oprimen a Israel, pero no debe perder la esperanza, porque a ellos les sucederá otro reino de esplendor y liberación para el Pueblo elegido.

Cuando esto ocurra aparecerá el “hijo del hombre”. Para nosotros, familiarizados con el Nuevo Testamento, es fácil identificar a este con Jesús de Nazaret y Jesús utilizó en más de una ocasión este título para referirse a su persona. Sin embargo, aquí representa más bien al reino de los santos. Ese reino de Israel prometido como eterno a la dinastía davídica y que parecía haber desaparecido del horizonte. Un “hijo del hombre” o un reino como estamos viendo a quien Dios le dará un poder eterno y que será extensivo a todos los pueblos. Un reino que es a la vez divino y humano y contra el que se levantan, en muchas ocasiones, las fuerzas del mal. Aunque ese reino como afirma el fragmento con el que estamos orando no será destruido jamás.

Me resulta muy oportuna esta lectura en un día como hoy, en el que celebramos a Jesucristo como Rey del Universo, para hacernos caer en la cuenta que el reinado de Jesucristo no es de este mundo, que este reinado está amenazado por la fuerzas del mal, sin embargo, no tenemos que tener miedo y mantener la esperanza, pues Jesús ha vencido a las fuerzas del mal con su resurrección y su reino no tendrá fin. A nosotros nos queda seguir viviendo según la ley del amor, hasta la llegada definitiva de ese Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • En momentos de dificultad, de peligro, de obstáculos, ¿eres capaz de percibir la presencia de Dios? ¿Te diriges a él para pedirle ayuda? ¿Mantienes la esperanza y la confianza en Él?
  • ¿De qué manera transmites esperanza y confianza a los demás en momentos de dificultad o de dolor?
  • ¿Qué acciones realizas para que otras personas perciban la presencia del Reino de Dios entre nosotros?
  • ¿Intentas vivir cada día el mandamiento del amor hasta que se manifieste el Reino de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 62

2Mi alma sólo descansa en Dios, mi salvación viene de él; 3sólo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza; no sucumbiré.

4¿Hasta cuándo atacaréis a un hombre solo todos a una para derribarlo como una pared que se desploma o una tapia a punto de caerse?

5Desde su altura tratan de derrocarme, se complacen en la falsedad; con la boca bendicen y con el corazón maldicen.

6Mi alma sólo descansa en Dios, mi salvación viene de él; 7sólo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza; no sucumbiré.

8Mi gloria y mi salvación están en Dios, en Dios, mi roca de defensa y mi refugio.

9Confiad en él, oh pueblo, en todo tiempo; Dios es nuestro refugio.

10Los hombres del pueblo son un soplo, la gente ilustre, una mentira; cuando se los pone en la balanza, todos juntos pesan menos que un soplo.

11No esperéis nada de la violencia, no os hagáis ilusión con la rapiña; si llegáis a ser ricos, no pongáis vuestro corazón en las riquezas.

12Dios ha dicho una cosa, y luego otra; yo lo he oído; 13esto: que el poder es de Dios; de ti, Señor, es la lealtad; y esto: que tú pagas a cada uno según sus obras.

“HA HECHADO TODO LO    QUE TENÍA PARA VIVIR”. LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

VERDAD – LECTURA

Jesús se encontraba enseñando en el Templo, mientras la multitud le escuchaba con sumo gusto (cf. Mc 12,35ss). Y entre sus enseñanzas nos encontramos las dos lecciones que la liturgia nos ofrece en el día de hoy: la advertencia acerca de los escribas (12,38-40) y la generosidad de la pobre viuda (12,41-44). El tema de fondo que nos ocupa es la generosidad, el desprendimiento, la entrega: ¿Qué estoy dispuesto a compartir con los demás?

A favor de los escribas, hay que decir que no todos eran así, recordemos que unos versículos antes, acaba de decirle a uno de ellos que no está lejos del reino de Dios (12,34).

¿Qué ocurre, entonces, con algunos escribas? ¿Por qué Jesús nos previene respecto a ellos? Precisamente, porque no viven el mandamiento principal, o más bien los dos mandamientos más importantes de la Ley: Amar a Dios y al prójimo (12,29-31).

Un escriba, en la sociedad israelita del tiempo de Jesús, era una persona importante. No cualquiera podía llegar a tal. Se necesitaban largos años de estudio de la Escritura y una cierta madurez. Eran personas que gozaban de gran autoridad y prestigio ante el pueblo, pues eran quienes estudiaban la Escritura y la interpretaban. Eran miembros del Sanedrín (asamblea, consejo o corte suprema encargada de interpretar la Ley y aplicarla). La mayoría de los escribas pertenecía al movimiento fariseo.

Al parecer, en tiempos de Jesús, a algunos de ellos, les gustaba aparentar y distinguirse de las demás personas; pero desde una posición de poder, de dominio y avaricia.

En contraposición con los escribas, encontramos a la viuda. Jesús sentado, ante la pared externa que daba al atrio de las mujeres, frente al tesoro del Templo, en el que había trece arcas, con forma de trompeta invertida, observa cómo la gente iba depositando sus ofrendas.

Los ricos iban echando grandes cantidades de dinero.

En un momento dado, llegó una viuda. Recordemos que, las viudas en la época de Jesús estaban totalmente desamparadas, no recibían ningún tipo de ayuda económica o protección social, y nadie se ocupaba de ellas, podríamos decir que prácticamente tenían que vivir de la caridad. Pues bien, esta viuda también deposita su ofrenda, una insignificancia, dos monedillas de escaso valor, hemos traducido en el texto (Marcos nos dice que era dos leptones, las monedas de menor valor que existían en aquella época).

Jesús se ha percatado de la acción de esta viuda. Posiblemente, ella no ha hecho ostentación alguna de su acto, como los ricos; con toda probabilidad, ella sienta incluso algo de vergüenza; es demasiado poco, pero es lo que tiene para vivir.

En ese momento, Jesús llama a sus discípulos para enseñarles cómo deben actuar ellos, para educarles acerca de la generosidad: los ricos han dado de lo que les sobraba, ella ha dado todo lo que tenía para vivir. La viuda compartió con los demás todo lo que tenía. Esta viuda ya no tiene otra posibilidad mas que confiarse a la misericordia de Dios, a su providencia. Ella había entendido totalmente en qué consiste el mandamiento principal. Ella hace experiencia del significado que tiene amar a Dios y amar al prójimo.

Una magnífica conclusión del capítulo doce y una sensacional introducción a lo que será la pasión, muerte y resurrección de Jesús que se nos presentará en el capítulo 13.

CAMINO – MEDITACIÓN

  •  ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cuál es la crítica que hace Jesús a los escribas? ¿Crees que Jesús tiene a ti algo que reprocharte? ¿Qué sería ese algo?
  • ¿Por qué crees que Jesús elogia a la viuda? ¿Tiene Jesús algo que elogiarte?
  • ¿Qué puede significar para ti, abandonarte a la misericordia y providencia de Dios?
  • ¿Qué estás dispuesto a compartir para experimentar en tu vida el significado de amar a Dios y al prójimo? ¿Qué acciones has de emprender para ello?

VIDA – ORACIÓN

Hoy para orar lo vamos a hacer con la letra de una canción del grupo Kairoi titulada

Oración del pobre.

Vengo ante Ti, mi Señor,
reconociendo mi culpa.
Con la fe puesta en tu amor,
que Tú me das como a un hijo.
Te abro mi corazón
y te ofrezco mi miseria,
despojado de mis cosas
quiero llenarme de ti.

Que tu Espíritu, Señor,
abrase todo mi ser.
Hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera,
hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera.

Puesto en tus manos, Señor,
siento que soy pobre y débil,
mas Tú me quieres así,
yo te bendigo y te alabo.
Padre, en mi debilidad
Tú me das la fortaleza.
Amas al hombre sencillo,
le das tu Paz y Perdón.

Y déjate transformar por el Espíritu de Dios. Feliz domingo.

“SEGÚN LA PROMESA DEL SEÑOR.” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

1Reyes 17,10-16

10Elías se levantó y se fue a Sarepta. Cuando entraba por las puertas de la ciudad, vio a una mujer viuda, que estaba recogiendo leña. La llamó y le dijo: «Tráeme, por favor, en un vaso un poco de agua para beber».

 11Cuando ella iba por el agua, Elías le gritó: «Tráeme también un pedazo de pan».

 12Ella entonces replicó: «¡Vive el Señor, tu Dios!, que no tengo una sola torta; sólo tengo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la orza. Estaba recogiendo esta leña para prepararlo para mí y mi hijo, comérnoslo y luego morir».

13Elías le dijo: «No temas. Ve a casa y haz lo que has dicho, pero primero hazme a mí una torta pequeña y tráemela. Para ti y para tu hijo, la harás después. 14Porque esto dice el Señor, Dios de Israel: No se vaciará la tinaja de harina, ni la orza del aceite disminuirá hasta el día en que el Señor haga caer la lluvia sobre la faz de la tierra».

15Fue e hizo lo que Elías le había dicho, y tuvieron para comer él, ella y toda su casa durante algún tiempo.

16La tinaja de harina no se vació, ni disminuyó la orza del aceite, según la promesa que el Señor había hecho por medio de Elías.

Hoy vamos a orar con un fragmento del primer libro de los Reyes. Dicho libro era parte de una sola obra junto al segundo de los Reyes en la primitiva biblia hebrea. Dichos libros continúan el hilo histórico de los libros de Samuel. La historia de los libros de los Reyes abarca el periodo histórico que va desde los últimos días del rey David hasta el destierro de Babilonia.

Los protagonistas de estos libros, junto con los reyes, son, sin lugar a dudas, los profetas: Elías, Eliseo e Isaías. Hoy, precisamente, oramos con un fragmento del llamado ciclo del profeta Elías.

Mas que una historia en sentido estricto, los libros de los Reyes contiene una reflexión teológica sobre la historia de Israel y de Judá. En ella se enjuician los diferentes monarcas y los acontecimientos que condujeron al pueblo hasta la perdida de la tierra y el consiguiente destierro a Babilonia. Los reyes no son enjuiciados por sus derrotas o victorias en el terreno político o militar, sino por su fidelidad o infidelidad a la palabra de Dios contenida en la Ley y predicada por los profetas.

El texto con el que hoy oramos, no nos habla directamente acerca de ninguno de los reyes de Israel, sino que más bien quiere poner de manifiesto la confianza en la Palabra de Dios. Una Palabra que estimula a Elías a refugiarse en Sarepta, huyendo de la persecución de la reina Jezabel. Allí se encuentra con una mujer viuda, que no tiene siquiera un trozo de pan para llevarse a la boca.

Elías le pide precisamente que le ayude dándole algo de comer. Sin embargo aquella mujer lo único que tiene es un poco de harina y de aceite con la que se alimentarán or última vez ella y su hijo.

La generosidad de aquella viuda, semejante a la que nos encontramos hoy en el evangelio, es incuestionable. Ella se fía totalmente de la palabra de Elías acerca de la intervención de Dios para que la tinaja de harina, ni la orza de aceite se acaben.

La confianza en la palabra de Elías es confianza en la palabra de Dios y en la promesa de que Él siempre vela por su pueblo, especialmente de los más pequeños, débiles y necesitados: quien confía en el Señor no quedará nunca defraudado.

Mientras el pueblo de Israel es infiel a la Alianza, aquella extranjera de Sarepta muestra una confianza plena y total en la Palabra de Dios. ¡Cuánto tiene que enseñarnos esta pobre viuda a cada uno de nosotros en el día de hoy!

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Eres capaz de percibir el paso de Dios por la historia de tu vida? Intenta evocar momentos concretos
  • ¿Intentas estar atento a la voz de Dios que te habla en los acontecimientos diarios?
  • ¿Cómo es tu confianza en Dios? ¿Confías en Él plenamente hasta el punto de arriesgar lo poco que puedas poseer?
  • ¿Qué enseñanza sacas hoy para tu vida con la actitud y la actuación de esta pobre viuda?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 27

1El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?

2Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben. 3Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.

4Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.

5Él me dará cobijo el día de la desgracia, me esconderá en lo oculto de su tienda, me subirá a lo alto de la roca; 6así mi cabeza dominará a los enemigos que me cercan, en su tienda podré ofrecer sacrificios entre aclamaciones, cantando y ensalzando al Señor.

7Escucha, Señor, mi grito suplicante, ten compasión de mí, respóndeme.

8De ti mi corazón me ha dicho: «Busca su rostro»; es tu rostro, Señor, lo que yo busco; 9no me ocultes tu rostro, no rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio, no me abandones, no me dejes, oh Dios, salvador mío.

10Mi padre y mi madre me han abandonado, y el Señor me ha recogido.

11Enséñame, Señor, tus sendas y guíame por el camino recto, pues me están acechando; 12 no me entregues al capricho de mis perseguidores, pues se han alzado contra mí testigos falsos que respiran violencia.

13Yo estoy seguro que he de ver los bienes del Señor en el mundo de los vivos.

14Espera en el Señor, ten ánimo, sé fuerte, espera en el Señor.