¿Qué es el Amor sino sentir el alma agitada al saber que ha llegado la hora? Lectio Divina del V Domingo de Cuaresma – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 12,20-33

En los evangelios de estos días, vemos cómo se acercan a Jesús los enfermos, endemoniados, fariseos, escribas, sumos sacerdotes, ancianos, etc. Pero esta noche son los griegos quienes se acercan a un amigo de Jesús: «Felipe, el de Betsaida de Galilea». Ellos habían llegado a celebrar la fiesta de la Pascua y querían ver a Jesús. «Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús».

Al enterarse Jesús les dice: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre». Se acerca su hora, la hora de la muerte. De ahí que se lo explique, como Él acostumbra, con ejemplos, con parábolas: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». Llega la hora de cumplir la voluntad del Padre e invita a Felipe y a Andrés a hacer lo mismo: «El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará», porque «el que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna».

Una invitación que cuesta, que hace que el alma de Jesús esté «agitada», sin embargo dice: «Por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre». Ante la dificultad, Jesús no se achica, se acerca al Padre, le pide, ora. Y el Padre responde con «una voz del cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo», aludiendo a su Resurrección. Pero el Padre no le responde al Hijo, sino que habla a todos los presentes, a «la gente que estaba allí» y que no entendía, por eso, unos decían «que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel».

Jesús es quien tiene que interpretarles la palabra del Padre, porque los presentes no han entendido; y tomando la palabra dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

El Hijo relata lo que va a ocurrir, anuncia «la muerte de que iba a morir» y el juicio al que será sometido el mundo, porque el «príncipe del mundo», el orgullo, la soberbia, la ira, el egoísmo, etc. «va a ser echado fuera». Con Jesús sólo existe el amor, por eso será «elevado sobre la tierra» y todos seremos atraídos hacia Él, porque el amor es quien mueve nuestros corazones. Existimos y nos movemos por el Amor. O… ¿no es cierto que el Amor nos hace sentir el alma agitada cuando sabemos que ha llegado la hora de encontrarnos con el Amado?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué entiendo yo por “la hora”?
  • Jesús compara su muerte con un grano de trigo. ¿Entiendo la muerte como “dar fruto”?
  • ¿Cuál es la voluntad de Dios para su Hijo?
  • ¿Cuál es la voluntad de Dios para mí?
  • ¿Qué es ser “servidor”?
  • ¿No es más cómodo que me sirvan que servir?
  • ¿Alguna vez he sentido mi alma agitada?
  • ¿Qué agita mi alma?
  • ¿Me dejo agitar por el Amor?
  • Este evangelio, ¿me hace cambiar mi vida en algo?

VIDA – ORACIÓN

Qué duro debe ser, humanamente hablando, ver que la muerte llama a mi puerta. Tú mismo sentías tu alma agitada. Sin embargo, tienes claro que lo que has de hacer es cumplir la voluntad del Padre. A mí, como a la gente que te oía aquel día, me cuesta entender la voz del Padre, saber qué quiere decir con sus palabras, porque muchas veces, lo único que oigo son ruidos y no me paro a escucharle. Ayúdame, Señor, a abrir mi corazón al Amor del Padre que me habla, que me pide sólo que le ame, que te ame, que ame a quien me rodea. Enséñame a amar como Tú nos amas. Así sea.

“ESCRIBIRÉ MI ALIANZA EN TU CORAZÓN” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO V DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Jeremías 31,31-34

31 Vienen días -dice el Señor- en que yo haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. 32 No como la alianza que hice con sus padres cuando los tomé de la mano y los saqué del país de Egipto, alianza que ellos violaron, por lo cual los rechacé -dice el Señor-. 33 Ésta es la alianza que haré con la casa de Israel después de aquellos días -dice el Señor-: pondré mi ley en su interior, la escribiré en su corazón, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 34 No tendrán ya que instruirse mutuamente, diciéndose unos a otros: «¡Conoced al Señor!», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor -dice el Señor-, porque perdonaré su crimen y no me acordaré más de sus pecados.

Continuamos en estos domingos de cuaresma reflexionando y orando teniendo como tema principal la Alianza de Dios con su pueblo, que, al fin y al cabo, es la Alianza de Dios con cada uno de nosotros. En esta ocasión oramos con el libro del profeta Jeremías.

Jeremías es el modelo de fidelidad y entrega a la misión que Yahveh le encomienda.

El pasaje que hoy nos ocupa nos sitúa en la época de la deportación de Babilonia. Jerusalén ha sido conquistada por Nabucodonosor y Judá se ha convertido en una provincia más del imperio babilónico. La comunidad judía se ve obligada a huir a Egipto y Jeremías marcha con ella. En estas circunstancias de por si dolorosas, Jeremías transmite un mensaje de esperanza.

Yahveh va a establecer un nuevo pacto con su pueblo. Un pacto que no tendrá que ver nada con la ley, las normas, las reglas. Esta alianza estará basada en una unión esponsal: “pondré mi ley en su interior, la escribiré en su corazón, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.

Allí en Egipto, en el desierto, Yahveh volverá a hablar a su pueblo y establecerá con él una alianza nueva. Una alianza nueva grabada en el corazón del ser humano.

Mediante esta alianza toda  la humanidad conocerá al Señor Dios, pues Él ha mostrado misericordia con su pueblo, lo perdona y no recuerda más la ruptura de la alianza.

No podemos menos que poner nuestra mirada en la definitiva y eterna alianza establecida por Jesús con su pasión, muerte y resurrección. Una nueva alianza que será inscrita en nuestro corazón y que nos traerá la superación del mal, la vida eterna en plenitud, que ya comenzamos a vivir en nuestro desierto y exilio personal.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios continua haciendo su alianza con su pueblo, estableciendo su alianza contigo, una alianza que graba en tu corazón, ¿cómo lo percibes?
  • ¿De qué manera intentas ir conociendo mejor al Señor, para prepararte durante esta cuaresma para la Pascua?
  • ¿Intentas descubrir la misión que Dios tiene para ti y eres fiel a ella?
  • Guarda silencio, siente y acoge la misericordia que Dios derrama para ti y toda la humanidad.

VIDA – ORACIÓN

Salmo 105,1-10

1 Dad gracias al Señor, invocad su nombre, publicad entre los pueblos sus proezas;

2 cantad, entonad himnos en su honor, decid a las gentes sus milagros;

3 estad orgullosos de su santo nombre, alegraos los que buscáis al Señor.

4 Recurrid al Señor y a su poder, buscad siempre su rostro.

5 Recordad los milagros que hizo, sus prodigios y las leyes que salieron de su boca,

6 raza de Abrahán, su siervo, hijos de Jacob, su elegido.

7 El Señor es nuestro Dios, sus leyes rigen en el mundo entero.

8 Él se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones;

9 del pacto que firmó con Abrahán, del juramento que hizo a Isaac,

10 y que erigió en ley para Jacob, y en pacto eterno para Israel.

Hacia la luz – Lectio divina del evangelio del IV domingo de Cuaresma “Laetare” – Ciclo B

(Si queréis saber más acerca del domingo laetare, podéis consultar nuestra entrada sobre la Lectio Divina de la primera lectura de este domingo).

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 3,14-21

Jesús está muy por encima de cualquier otro personaje del Antiguo Testamento, por muy destacado que haya sido su protagonismo en la vida del Pueblo de Israel. ¿Por qué? Sencillamente, porque Jesús es el único que ha bajado del cielo. Nadie ha tenido un trato íntimo con el Padre, nadie ha estado junto a Él, nadie ha contemplado su rostro; nadie excepto el Hijo del Hombre, excepto Jesús,.
A él no se le ha transmitido nada, todo lo que conoce acerca del Padre es por su experiencia propia.
Él es la Palabra Encarnada del Padre. Es aquél que preexistía desde el principio, que existía desde siempre, por el que fueron hechas todas las cosas y nada se hizo sin él.
Pue bien, este Dios es quien tiene que ser crucificado. El Dios de Israel, el Dios creador del cielo y de la tierra; el Dios de toda la humanidad ha de sufrir la pasión y la muerte en la persona de Jesús de Nazaret.
Una pasión y muerte, que según la ley de Moisés, tal como podemos leer en el libro del Deuteronomio, era una maldición: «si un condenado a muerte es ejecutado colgándolo de un árbol, su cadáver no podrá quedar allí durante la noche, sino que lo enterrarás el mismo día, pues el que muere colgado de un árbol es maldito de Dios, y tú no debes manchar la tierra que el Señor, tu Dios, te da en heredad.» (Dt 21,22s).
Este es el Dios cristiano, que «no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.» (Flp 2,6ss).
Dios entrega a su propio Hijo a la muerte. La elevación de la serpiente de bronce en el desierto por Moisés era un anticipo de la acción sanadora de la cruz, que nos librará incluso de la muerte, otorgándonos y regalándonos la vida eterna.
Todo esto era incomprensible, era imposible, era inaudito para la mentalidad de cualquier israelita. No, no podía ser. Para comprender todas estas cosas en su verdadera naturaleza, para entender la actuación amorosa de Dios, para poder asimilar mínimamente la acción salvadora del Hijo, es necesario nacer de nuevo.
Por eso, Nicodemo, prototipo, representante, símbolo del Pueblo judío, debe dejar atrás dicha mentalidad y nacer de nuevo. Debe aprender a mirar la vida con ojos nuevos, desde una perspectiva diferente, con una actitud totalmente nueva. Debe aprender a mirar con los «ojos de la Luz». Entonces se dará cuenta que Dios no es un juez, que Jesús no ha venido para hacer cumplir la Ley, sino para darle su sentido pleno. Que hemos de comenzar a amar la Luz, a hacernos uno con ella, a obrar la verdad para ir hacia la luz y. así se ponga de manifiesto que la obras que hacemos, están hechas según Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos ha suscitado en ti? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo sientes a Dios? ¿Es para ti un Dios alejado de la humanidad, cuya morada está en los cielos, y despreocupado de sus criaturas? ¿o por el contrario es un Dios cercano, que ha bajado del cielo, que se ha hecho hombre y que por librarnos del pecado y de la muerte se ha encarnado, ha sufrido, ha muerto y resucitado para que nosotros tengamos vida eterna?
  • ¿Sientes en lo más profundo de tu ser que Dios te ama? ¿Que Dios únicamente quiere lo mejor para ti? ¿Que está siempre a tu lado, sobre todo en los momentos de dolor, de sufrimiento, de desconcierto?
  • ¿Crees que Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgarlo, sino para salvarlo? ¿Lo crees de verdad?
  • En este camino de cuaresma, debes realizar un cambio en tu vida, sobre todo debes cambiar la perspectiva desde la que contemplas el mundo, debes cambiar el modo de percibir la realidad. Debes comenzar a obrar la verdad, para ir hacia la Luz y que se ponga de manifiesto que tus obras están hechas según Dios, ¿qué vas a comenzar a cambiar en tu vida para ello?

VERDAD – ORACIÓN

Dios nuestro,
tú nos has enviado a tu hijo para salvarnos a través de él.
¡Llena nuestra actividad diaria con el amor que libera!
¡Danos el coraje para transmitir ese amor
a todas las personas que entran en contacto con nosotros,
en nuestro trabajo, en la calle, en nuestra parroquia!
¡Haz, Señor, que amemos con la gratuidad
que hace sentir tu presencia en el mundo!
¡Enciende entre nosotros la llama de la fe que salva
y que nos da la esperanza de sentirnos queridos!
¡Abre las ventanas de nuestros corazones
para observar la realidad con unos ojos llenos de amor
para respirar el aire que alegra nuestro interior!
Buen Jesús,
a ti, que eres la luz del mundo y que has dado la vida por nosotros,
te damos gracias por tu mensaje, porque fortalece nuestra fe.
¡Ayúdanos a avanzar en este tiempo de Cuaresma
para llegar con gozo y madurez hasta la Pascua,
el momento en que los que creemos en ti
vemos reflejada, en tres días,
la victoria de la vida sobre la muerte,
del amor sobre el odio,
de la claridad sobre la oscuridad! Amén.
Ignasi Miranda, Oraciones de tú a tú, Claret, Barcelona 2011.

“EL SEÑOR, DIOS, ES FIEL A SU ALIANZA” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO IV “LAETARE” DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

2Crón 36,14-16.19-23

14 En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y del pueblo multiplicaron las infidelidades, siguiendo las prácticas abominables de las naciones y profanando el templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén.

 15 El Señor, Dios de sus padres, les envió continuos mensajeros, porque quería salvar a su pueblo y a su templo. 16 Pero ellos hacían escarnio de los enviados de Dios, despreciaban sus palabras, se burlaban de sus profetas, hasta el punto que la ira del Señor contra su pueblo se hizo irremediable.

19 El templo del Señor fue pasto de las llamas, las murallas de Jerusalén derribadas, los palacios incendiados y los objetos preciosos destruidos. 20 Nabucodonosor llevó al destierro de Babilonia a todos los que habían escapado de la espada, los cuales pasaron a ser esclavos del rey y de sus hijos hasta el establecimiento del reino persa.

 21 Así se cumplía la palabra del Señor pronunciada por Jeremías: «Hasta que la tierra disfrute de su descanso, descansará durante todos los días de la desolación, hasta que se cumplan setenta años».

 22 El año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de su palabra anunciada por medio de Jeremías, el Señor impulsó a Ciro, rey de Persia, a que proclamara de viva voz y por escrito en todo su reino este edicto: 23 «Esto dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encargado de construirle un templo en Jerusalén, en Judá. El que de vosotros pertenezca a su pueblo, que vaya a Jerusalén, y que el Señor, su Dios, lo ayude».

Hoy vamos a orar con la conclusión del segundo libro de las Crónicas.

Pero, antes de adentrarnos en el comentario del pasaje, quisiera que nos detuviéramos en el significado de este cuarto domingo de cuaresma, llamado Laetare. El nombre proviene de las primeras palabras del Introito o antífona de entrada de la Eucaristía: “Laetare Jerusalem”, es decir, “Alégrate, oh, Jerusalén”. Y en este domingo se nos quiere invitar, dentro del clima de conversión de la cuaresma, a la alegría, a la esperanza; pues el cambiar nuestra manera de ver, nuestra manera de actuar, nuestra manera de amar, no tiene porque ser triste o traumática. Hemos de hacerlo desde la alegría y el gozo que nos da el volvernos hacia nuestro Padre Dios, pudiéndonos reconocer como hijos suyos.

Con respecto a la lectura que hoy nos ocupa hemos de decir que, los libros de las Crónicas nos ofrecen un panorama “histórico” desde los orígenes del ser humano hasta el tiempo del destierro a Babilonia. No obstante, creo más acertado considerarlo como una visión teológica de la historia; es decir una narración del paso de Dios por la vida de su pueblo; aunque durante dicho relato se reflejan diversos datos sobre acontecimientos reales.

En estos libros, se destaca, cómo las desgracias que le ocurren al pueblo de Israel tienen su origen en el alejamiento de éste de Yahveh, tienen su origen en su infidelidad a la Alianza. Es, por tanto, un historia descrita desde un punto de vista religioso. Podemos concluir, que estos libros son una llamada de atención y una llamada para mantener la fidelidad a Dios y su alianza.

En el pasaje con el que hoy oramos se nos presenta cómo el pueblo cae en la infidelidad a Dios durante el reinado de Sedecías, poniendo en práctica costumbres paganas y profanando el templo del Señor. Dios, rico en misericordia y compasivo, les envía mensajeros para que se conviertan de su conducta y esto desde el amor que profesa a su pueblo. Sin embargo, el pueblo se burló de los mensajeros y despreciaron los avisos de Yahveh.

Debido a todo esto, el pueblo de Israel deberá purificarse y convertirse de su conducta. Dicha purificación el autor nos la presenta mediante la devastación del templo y la ciudad, uniéndose al sufrimiento del destierro.

Concluye este pasaje con el Decreto del rey Ciro de Persia. Un edicto que dará esperanza e ilusión al pueblo de Israel pues gracias a él se podrá restaurar no sólo el templo, sino el culto y la vida espiritual de los israelitas.

Como podemos ver Dios siempre está atento a las necesidades de su pueblo, es siempre fiel a la Alianza y la palabra dada, siempre esta buscando la salvación de la humanidad, y sólo espera que nosotros lo acojamos en nuestra vida y colaboremos en la extensión del Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿De qué forma percibes que Dios está presente en tu vida cotidiana? ¿De qué manera le acoges en tu acontecer diario?
  • ¿Te alejas en algún momento de la presencia de Dios? ¿De qué modo?
  • ¿Acoges a los mensajeros que Dios te envía invitándote a la conversión?
  • ¿Qué acciones puedes emprender, desde la alegría y el gozo de la conversión, para acoger la Palabra de Dios y colaborar en la extensión del Reino?
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VIDA – ORACIÓN

Salmo 36,6-11

6 Tu amor, Señor, llega hasta el cielo, y tu lealtad hasta las nubes, 7 tu justicia es cual los montes más altos, tus juicios como el inmenso abismo. Tú, Señor, salvas a los hombres y a las bestias; 8 oh Dios, ¡qué precioso es tu amor! Los hombres se cobijan a la sombra de tus alas, 9 se sacian de los ricos manjares de tu casa, en el torrente de tus delicias los abrevas.

10 Pues en ti está la fuente de la vida y en tu luz vemos la luz.

11 Guarda tu amor a los que te reconocen y haz justicia a los hombres honrados.

Te conozco. Lectio Divina del III Domingo de Cuaresma – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 2,13-25

«Se acercaba la Pascua de los judíos», la Pésaj. Era la gran fiesta del pueblo judío, en la que celebraban su liberación del pueblo egipcio, el paso de la esclavitud a la libertad. Y Jesús, como buen judío, se acercaba a Jerusalén a celebrar la fiesta.

Al llegar al Templo, encontró a «los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados». ¿Qué impresión nos causaría a nosotros si entramos en nuestras parroquias y vemos que dentro están vendiendo y cambiando animales? Jesús reaccionó como nosotros hubiéramos reaccionado: «los echó a todos del templo», porque habían convertido «en un mercado» la casa de su Padre. Al contemplar esa escena, «sus discípulos se acordaron de lo que está escrito» en el Sal 69,10: «El celo de tu casa me devora».

Los judíos no entendían nada y le preguntaron: «Qué signos nos muestras para obrar así?». La contestación de Jesús fue: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré». Se sorprendieron ante su respuesta. No podía ser que en tres días Jesús levantara el templo, porque había costado construirlo «cuarenta y seis años». La cuestión es que no hablaban del mismo “templo”. Jesús «hablaba del templo de su cuerpo», porque Él sabía que se acercaba su pasión.

Los discípulos tampoco entendían nada. Sin embargo, cuando el Maestro resucita «de entre los muertos», es cuando ellos recuerdan aquello que había dicho Jesús a los judíos y «creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús». Parece que a los discípulos les pasa lo que a nosotros. Es necesario que veamos, que experimentemos para que creamos, para que dejemos de ser incrédulos. Aunque para nosotros, debería mucho más fácil creer las Escrituras, porque nosotros conocemos la historia al completo, desde su Encarnación hasta su Resurrección. Sin embargo, ellos tienen que ir descubriendo todo poco a poco, paso a paso. Y el mismo evangelista nos dice que durante aquellas fiestas de Pascua, «muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía». Jesús no convence sólo por sus palabras. También por sus obras.

Por el contrario, Jesús «no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre», «porque los conocía a todos» y «sabía lo que hay dentro de cada hombre». Por eso, es imposible que podamos engañar a Jesús. Con la mentira me engaño yo.  

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has empleado alguna vez el “lugar sagrado”, tu parroquia, para algo que no sea encontrarse con Dios?
  • Cuando entras a la parroquia… ¿procuras guardar silencio para no molestar a los demás?
  • ¿Eres consciente de que Jesús sabe perfectamente lo que hay dentro de ti?
  • ¿Crees que puedes engañar a Jesús?
  • ¿Has pedido a Jesús alguna vez que te dé señales, como hicieron los judíos?
  • ¿Crees en la Escritura?
  • ¿Crees en la palabra de Jesús?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, por tantas oportunidades como me das, por tanto tiempo que gastas conmigo. Me conoces perfectamente, sabes de mi fragilidad, de mis dudas. Muchas veces no termino de creerme todo lo que dices, ni lo que me dicen los demás sobre ti. Muchas veces, tengo miles de dudas y no sé qué hacer. En ocasiones, leo la Escritura y me cuesta entender algunos pasajes. Ayúdame, Señor, aumenta mi fe porque sólo tú me conoces. Tú sabes todo lo que siento, lo que digo, lo que hago. Nadie me conoce más que Tú.

“HOY PRONUNCIO ESTAS PALABRAS” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO III DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Gén 22,1-2.9a.10-13.15-18

1 Dios pronunció todas estas palabras:

 2 «Yo soy el Señor, tu Dios, el que te sacó de Egipto, de la casa de la esclavitud. 3 No tendrás otro Dios fuera de mí. 4 No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, o aquí abajo en la tierra o en el agua bajo tierra. 5 No te postrarás ante ella ni le darás culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad del padre en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 pero demuestro mi fidelidad por mil generaciones a todos los que me aman y guardan mis mandamientos.

7 No tomarás el nombre del Señor en vano, porque el Señor no dejará sin castigo al que toma su nombre en vano.

8 Acuérdate del día del sábado para santificarlo. 9 Seis días trabajarás y en ellos harás todas tus faenas; 10 pero el séptimo día es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. No harás en él trabajo alguno ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que habita contigo. 11 Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, y el séptimo descansó. Por ello bendijo el Señor el día del sábado y lo santificó.

12 Honra a tu padre y a tu madre para que tus días se alarguen sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da.

13 No matarás.

14 No cometerás adulterio.

15 No robarás.

16 No darás falso testimonio contra tu prójimo.

17 No desearás la casa de tu prójimo, ni su mujer, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que a él le pertenezca».

Meditamos y oramos hoy con el comienzo del capítulo 20 del libro del Éxodo. Aquí nos encontramos con los llamados diez mandamientos, que en hebreo se denominan “las diez palabras”.

Con estas “diez palabras” Yahveh quiere sellar la Alianza que establece con su pueblo elegido, con Israel.

Aquí Yahveh se rebela como el Dios de Israel, un Dios que cuida de su pueblo: lo sacó de la casa de la esclavitud; un Dios único; un Dios celoso, pero al mismo tiempo amoroso y fiel, como lo es el esposo con la esposa.

Siempre que me llamado la atención que de estas “diez palabras”, tres están relacionadas con Dios y siete están relacionadas con el prójimo. Por lo que Yahveh no quiere darnos únicamente pautas para relacionarnos con Él, sino también pautas para que nos relacionemos con nuestros hermanos de una manera más satisfactoria y alcancemos así la felicidad.

Estas “diez palabras” ofrecidas al Pueblo de Israel por parte de Dios en el Monte Sinaí, son un resumen de toda la Ley, de todas las normas, de todos los preceptos con los que podamos regular nuestras relaciones, tanto con Dios como con el prójimo.

Sería muy interesante poder comentar cada una de estas “diez palabras”, lo cual nos llevaría algún tiempo, no lo vamos a hacer, porque lo más importante ahora es que oremos con el texto, no que lo desentrañemos en toda su amplitud.

Lo más importante es que estas “diez palabras” son el reflejo del amor que Dios nos tiene a toda la humanidad y nosotros hemos de responder a ese amor de Dios, aceptando, acogiendo y adhiriéndonos a esta Alianza.

El culmen de los Diez Mandamientos, sin duda, se encuentran en Jesucristo, que resumió toda la Ley en el mandamiento del amor: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.

CAMINO – MEDITACIÓN

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  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Qué imagen tienes de Dios? ¿Un Dios vengativo y castigador? ¿Un Dios bonachón y permisivo? ¿Un Dios tapagujeros? ¿O un Dios Padre amoroso y misericordioso, que en ocasiones tiene que mostrarse severo, pero que nos cuida con amor?
  • Medita cada una de las “diez palabras” y tómale el pulso a la respuesta que das a Dios y a tu hermano, respecto a cada una de ellas.
  • ¿Aceptas, acoges y te adhieres a esta Alianza que Dios también hoy quiere establecer contigo?
  • Acoge e intenta llevar a la práctica sobre todo el mandamiento del amor que nos dejó Jesucristo como distintivo del cristiano.
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VIDA – ORACIÓN

Salmo 136

1 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor; 2 dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor; 3 dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.

4 Sólo él ha hecho grandes maravillas, porque es eterno su amor. 5 Él hizo los cielos con sabiduría, porque es eterno su amor. 6 Él afirmó la tierra sobre las aguas, porque es eterno su amor.

7 Él hizo las lumbreras grandes, porque es eterno su amor: 8 el sol para presidir el día, porque es eterno su amor; 9 la luna y las estrellas para presidir la noche, porque es eterno su amor.

10 Él hirió de muerte a los primogénitos de Egipto, porque es eterno su amor: 11 sacó de allí a Israel, porque es eterno su amor; 12 con brazo extendido y mano fuerte porque es eterno su amor. 13 Él dividió en dos partes el mar Rojo, porque es eterno su amor; 14 e hizo que Israel pasara por en medio, porque es eterno su amor; 15 él hundió en el mar Rojo al Faraón y a su ejército, porque es eterno su amor. 16 Él guio a su pueblo a través del desierto, porque es eterno su amor; 17 hirió de muerte a grandes reyes, porque es eterno su amor; 18 quitó la vida a reyes poderosos, porque es eterno su amor; 19 a Sijón, rey de los amorreos, porque es eterno su amor; 20 y a Og, rey de Basán, porque es eterno su amor; 21 y dio sus tierras en herencia, porque es eterno su amor; 22 en herencia a su siervo Israel, porque es eterno su amor.

23 Él se acordó de nosotros en nuestra humillación, porque es eterno su amor; 24 y nos libró de nuestros enemigos, porque es eterno su amor. 25 Él da de comer a todas las criaturas, porque es eterno su amor.

26 Dad gracias al Dios del cielo, porque es eterno su amor.

“Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo” Lectio Divina Domingo II de Cuaresma (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 9,2-10)

             En este segundo domingo de Cuaresma, la liturgia nos invita a contemplar la experiencia que tienen algunos de los discípulos de Jesús, concretamente Pedro, Santiago y Juan, en el acontecimiento de la Transfiguración. Vamos a intentar comprender mejor este hecho.

             Seis días después. Esta expresión, sin duda, hay que entenderla en sentido cronológico, pero desde la perspectiva de la Pascua. Marcos relee este suceso a la luz de la resurrección. Seis días después de la entrada triunfal en Jerusalén,  consumada la pasión y muerte de Jesús, tiene lugar la Resurrección. Desde aquí hemos de leer este relato, pues no deja de ser un anticipo de la consumación de la gloria de Jesús.

             En aquel momento, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Hemos de tener en cuenta que estos discípulos son, de alguna manera, los que abiertamente no han comprendido el significado de la pasión y muerte de Jesús. En el capítulo anterior, hemos podido comprobar como Pedro se ha enfrentado con Jesús, queriéndole disuadir del cumplimiento de su misión (8,33); en el capítulo posterior, veremos como Santiago y Juan pedirán a Jesús el puesto a su derecha y el puesto a su izquierda, es decir, los lugares de máximo honor y poder (10,35-40). Tampoco ellos comprenden verdaderamente el significado de la pasión y muerte de Jesús.

             Los lleva a un monte alto. El monte es el lugar de encuentro con la divinidad, recordemos el encuentro de Moisés con Yahveh (Éx 24,15-16) o el de Elías en la montaña (1Re 19,8-9). En la montaña Dios entra en relación con el hombre.

             En aquel monte alto, Jesús se transfigura delante de ellos. El evangelista nos está mostrando el aspecto glorioso que adquiere la persona de Jesús. El cual, les acaba de presentar el hecho ineludible de la cruz. Sus vestiduras se volvieron de un blanco resplandeciente. Tan blanco que ningún tintorero del mundo sería capaz de blanquear. Con lo cual, Marcos nos está indicando un resplandor indescriptible, un color que apunta hacia las realidades celestiales, hacia la luz de Dios.

             Se aparecen Elías y Moisés y comienzan a hablar con Jesús, los dos entran en diálogo con él, el cual hace las veces de Yahveh.  El primero representa a la profecía, es quien debía de aparecer en el tiempo escatológico para anunciar la llegada inminente del Mesías. El segundo representa a la Ley, es a quien Yahveh le entregó las Tablas de la Ley. Los Profetas y la Ley dan testimonio de Jesús. Ambos encuentran su cumplimiento y su plenitud en Cristo.

             Los discípulos presentes en el lugar no saben cómo reaccionar, estaban atemorizados, de alguna forma lo antiguo está dando testimonio de lo nuevo y ceden, de alguna manera, su “puesto” a Jesús. Aunque, eso sí, allí se debía estar bien, de tal manera que Pedro, quiere parar el tiempo, quiere permanecer en un lugar que no le traiga problemas, no quiere que aquel instante de gloria concluya.

             De repente, se ven envueltos en una nube (Éx 24,16). Se hace presente la persona del Espíritu Santo y se oye la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado”. El Padre se complace en Jesús, el Padre afirma la filiación de Jesús, lo presenta como su Hijo único. El término amado acentúa más si cabe la relación afectuosa, amorosa, filial de Jesús con el Padre.

             Por último, la voz del Padre les impone escuchar a Jesús. El cual, es el único interprete del Padre, el único que nos puede presentar el verdadero rostro de Padre, nuestro único Maestro. Jesús es la voz del Padre.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cómo vivo yo mi séptimo día, momento de la manifestación de la gloria de Jesús, sobre todo en este tiempo de Cuaresma que es preparación para el gran acontecimiento pascual?
  • Imagínate, que Jesús te toma consigo, te lleva a un monte alto y te muestra de alguna manera su gloria… ¿Qué sientes en este momento? ¿Cuál es tu diálogo con Jesús? ¿Qué conclusión sacas de ello?
  • ¿Qué significado puede tener para ti la presencia de Elías y Moisés? ¿Cuáles son tus profetas y tus leyes, que debe acercar a Jesús para que Él les de su pleno cumplimiento, les de su plenitud? ¿Qué debes ir cambiando en tu vida en este tiempo de Cuaresma?
  • ¿Cómo reaccionas ante el imperativo del Padre de escuchar a Jesús? ¿Verdaderamente, te acercas a la Palabra con actitud de escucha?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por el misterio de la Santísima Trinidad y por hacerte experimentar su grandeza y plenitud y a la vez su cercanía.
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en tu vida y mostrarse como la presencia amorosa del Padre.
  • Pide la luz y la sabiduría del Espíritu Santo para poder escuchar la Palabra de Jesús, comprenderla y llevarla a la práctica en tu vida cotidiana.
  • Tómate como compromiso de esta Cuaresma de esforzarte por acercarte a la Palabra con actitud de escucha y acogida.

“TE COLMARÉ DE BENDICIONES” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO II DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

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Gén 22,1-2.9a.10-13.15-18

1 Después de esto, Dios quiso probar a Abrahán, y le llamó: «¡Abrahán! ¡Abrahán!». Éste respondió: «Aquí estoy». Y Dios le dijo:  2 «Toma ahora a tu hijo, al que tanto amas, Isaac, vete al país de Moria, y ofrécemelo allí en holocausto en un monte que yo te indicaré».

9 Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abrahán levantó un altar; preparó la leña. 10 Luego tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo. 11 Entonces el ángel del Señor le llamó desde el cielo y le dijo: «¡Abrahán! ¡Abrahán!». Éste respondió: «Aquí estoy». 12 Y el ángel le dijo: «No lleves tu mano sobre el muchacho, ni le hagas mal alguno. Ya veo que temes a Dios, porque no me has negado a tu hijo, tu hijo único».

 13 Abrahán alzó los ojos y vio a sus espaldas un carnero enredado por los cuernos en un matorral. Tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

15 El ángel del Señor llamó por segunda vez a Abrahán, 16 y le dijo: «Juro por mí mismo, palabra del Señor, que, por haber hecho esto y no haberme negado tu hijo único, 17 te colmaré de bendiciones y multiplicaré tanto tu descendencia, que será como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la otra orilla del mar, y tu descendencia ocupará la puerta de sus enemigos. 18 Por tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra, porque obedeciste mi voz».

La liturgia de hoy nos ofrece en la primera lectura la escena que podemos denominar como la prueba de Abrahán o como se la conoce habitualmente el sacrificio de Isaac.

Una acción, esta del sacrificio de Isaac, que desde nuestro contexto, nos puede parecer horrible, pero que en el mundo semítico antiguo era algo habitual. Teniendo esto en cuenta podemos entender mejor la experiencia que tuvo que vivir Abrahán.

Para él, Isaac es el hijo de la promesa. Para hacerla efectiva Abrahán cambio de vida, dejó su tierra, su casa, su familia. Todo. Con su mirada puesta en la promesa que Dios le hace de que su descendencia será numerosa. De alguna manera, Dios ahora le está pidiendo, que sacrifique incluso la misma promesa.

Abrahán acoge, asume y actúa. Y todo ello desde la fe, desde la confianza plena en Yahveh. Se encamina hacia el monte Moria y está dispuesto a todo. Sin embargo, Dios le vuelve a salir al encuentro. Cuando está a punto de consumar el sacrificio, un ángel del Señor detendrá su mano.  Yahveh le ofrecerá un carnero para el sacrificio. No tiene que sacrificar al hijo de la promesa.

Abrahán ha manifestado su fe y su confianza incondicional en Dios. Y Yahveh renueva su alianza y su promesa de bendición: “te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia”. Promesa y bendición que se extenderá a todas las naciones a lo largo de todos los tiempos: “Por tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra”.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Recuerda la alianza que Dios ha hecho contigo. También a ti te ha hecho una promesa, ha realizado contigo un pacto. Vuelve a pasarlo por tu corazón y sé consciente del mismo.
  • En muchas ocasiones de tu vida, Dios puede pedirte un gran sacrificio. ¿Cómo vives este momento? ¿Qué estás dispuesto a hacer por Dios para entrar en comunión con Él?
  • La fe y confianza en Dios de Abrahán es plena. Toma el pulso a tu fe y confianza en Dios.
  • Acoge la bendición que Dios hoy te regala.

VIDA – ORACIÓN

Salmo 27

1 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?

 2 Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

 3 Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.

 4 Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.

[…]

 14 Espera en el Señor, ten ánimo, sé fuerte, espera en el Señor.

Convertíos y creed. Lectio Divina del I Domingo de Cuaresma – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,12-15

Si por algo se caracteriza la Cuaresma, es por la oración, el ayuno y la limosna. Pero no podemos olvidar que es el tiempo que nos llevará a la Pascua. Prepararnos a participar del misterio de la pasión, muerte y Resurrección de Jesús, conlleva reconocer que no sólo se trata de vestirnos de gala para celebrar la Vigilia Pascual, sino también sacar de nuestro interior aquello que no nos favorece vivir como cristianos, como Cristo vivió.

Desde el inicio de nuestra existencia, desde el mismo instante de la creación, quisimos “ser como dioses”. ¿Por qué nos cuesta tanto “ser como Dios”? Generalmente, solemos decir que es duro actuar como Cristo actuó. Y es duro, ciertamente, vivir «siendo tentando por Satanás» durante cuarenta días y no sucumbir. Sin embargo, si Él ha podido, también nosotros podemos.

Pero, ¿cómo fue capaz de resistir Jesús en el desierto? Porque fue empujado por «el Espíritu». Porque Él sabe que es el mismo Espíritu quien le guía, que lo que está haciendo es lo que Dios quiere que haga y antepone la voluntad de Dios a su antojo; Él tiene la fuerza de voluntad que a nosotros nos falta. De ahí que tengamos que pedir perdón porque no tenemos la suficiente fe para creernos que la voluntad de Dios, por difícil que nos parezca, siempre es lo más acertado. De ahí que Jesús nos llame la atención en este evangelio y nos diga: «Convertíos y creed en el Evangelio».

Pero Jesús tampoco entiende de orgullo y de soberbia, Él no llega “pisoteando”. Espera a que su precursor, Juan, el Bautista, haya sido entregado, para marcharse «a Galilea a proclamar el Evangelio».

Se hace necesario, si nos comparamos con Jesús, que pidamos perdón porque no somos como Él, porque nos falta fe, y vamos sobrados de orgullo y soberbia. Así podemos entender que la Iglesia nos recomiende, de forma especial, en este tiempo de Cuaresma, que nos acerquemos a celebrar el sacramento de la reconciliación. Y así, una vez “limpios” y bien dispuestos, por fuera y por dentro, podamos también, nosotros, proclamar a los demás que «se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué es para mí la Cuarema?
  • ¿Cómo la vivo?
  • ¿Busco ser el protagonista de mi vida o dejo que el Espíritu me guíe?
  • ¿Creo, como Jesús quiere que crea?
  • ¿De qué me tengo que convertir?
  • ¿Cuál es mi mayor tentación?
  • ¿Desde cuándo no me ha acercado al sacramento de la reconciliación?
  • ¿Sólo he de acercarme a la reconciliación en Cuaresma?
  • ¿Qué pasaría si esta Cuaresma recibiera este sacramento?

VIDA – ORACIÓN

Señor Jesús. Tú que no entiendes de orgullos y vanidades, Tú que sólo dedicaste tu vida a hacer la voluntad del Padre, ayúdame a fortalecer mi voluntad. Sabes que meto la pata cada dos por tres, que me dejo llevar de la comodidad, el orgullo, la soberbia,… Convierte mi corazón para que crea, de verdad, en tu Evangelio. Qué nunca aparte mi mirada de la voluntad del Padre. Qué esta Cuaresma sea un tiempo especial para mí, pues siendo así, lo será también para mis hermanos, aquellos que tengo más cerca. Así sea.

“YO ESTABLEZCO MI PACTO CON VOSOTROS” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO I DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Gén 9,8-15

8 Dios dijo a Noé y a sus hijos: 9 «Yo establezco mi pacto con vosotros, con vuestros descendientes después de vosotros 10 y con todos los seres vivientes que hay entre vosotros: aves, ganados, bestias del campo, todos los animales que salieron con vosotros del arca. 11 Éste es mi pacto con vosotros: Ningún ser viviente volverá a ser exterminado por las aguas del diluvio, ni volverá a haber diluvio que arrase la tierra».

 12 Y añadió: «Ésta será la señal del pacto que pongo entre mí y vosotros y todos los seres vivientes que hay entre vosotros, por todas las generaciones futuras. 13 Yo pongo mi arco iris en las nubes, y él será la señal de la alianza entre mí y la tierra.14 Cuando cubra de nubes la tierra, aparecerá el arco iris, 15 me acordaré de mi alianza con vosotros y con todos los vivientes de la tierra, y las aguas no volverán a ser un diluvio que arrase la tierra”.

Nos encontramos hoy en nuestra Lectio con este pasaje del libro del Génesis en el que después del diluvio universal, Dios se dirige a Noé y sus hijos para establecer con  ellos una nueva alianza, a pesar de la infidelidad de los seres humanos: “Ningún ser vivo volverá a ser exterminado”.

Eso sí, hay que hacer notar que esta alianza se extiende a la humanidad de todos los tiempos y a todos los seres vivientes

Una alianza o pacto en el que Dios da el primer paso. La iniciativa parte de Yahveh.

En este pacto Dios se compromete a derramar su bendición sobre todos los seres vivientes y muestra al ser humano su rostro misericordioso. Tal es así, que no pide nada a los seres vivientes al establecer dicha alianza. Es Él quien asume todo el compromiso.

Una alianza en favor de la vida, la paz y la felicidad de toda la creación.

El arcoíris será el signo visible de esta alianza eterna y recuerdo de la fidelidad de Dios a este pacto.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios, también, quiere establecer contigo su propio pacto, ¿de qué manera lo acoges? ¿Estás dispuesto a asumir dicho pacto?
  • En silencio, medita acerca de ese pacto, ¿a qué crees que se está comprometiendo Dios contigo?
  • Y tú, ¿estás dispuesto a comprometerte con Dios?
  • ¿Qué acciones vas a emprender esta cuaresma para ser fiel a ese pacto con Dios?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 91

1 Tú que vives bajo la protección del Dios altísimo y moras a la sombra del Dios omnipotente,

2 di al Señor: «Eres mi fortaleza y mi refugio, eres mi Dios, en quien confío».

3 Pues él te librará de la red del cazador, de la peste mortal;

4 te cobijará bajo sus alas y tú te refugiarás bajo sus plumas; su lealtad será para ti escudo y armadura.

5 No temerás el terror de la noche ni la flecha que vuela por el día,

6 ni la peste que avanza en las tinieblas ni el azote que asola al mediodía.

7 Aunque a tu lado caigan mil, y diez mil a tu diestra, a ti no te alcanzarán.

8 Te bastará abrir los ojos, y verás que los malvados reciben su merecido,

9 ya que has puesto tu refugio en el Señor y tu cobijo en el altísimo.

10 A ti no te alcanzará la desgracia ni la plaga llegará a tu tienda,

11 pues él ordenó a sus santos ángeles que te guardaran en todos tus caminos;

12 te llevarán en sus brazos para que tu pie no tropiece en piedra alguna;

13 andarás sobre el león y la serpiente, pisarás al tigre y al dragón.

14 Porque él se ha unido a mí, yo lo liberaré; lo protegeré, pues conoce mi nombre;

15 si me llama, yo le responderé, estaré con él en la desgracia, lo libraré y lo llenaré de honores;

16 le daré una larga vida, le haré gozar de mi salvación.