LECTIO DIVINA DOMINGO DE PENTECOSTÉS (Jn 20,19-23) – Ciclo B

¡Ven-Espíritu-Santo-a-nuestro-corazón-21

VERDAD – LECTURA

19 En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se pu

so en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”.

20 Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

21 Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”.

22 Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíri

tu Santo.

23 A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.

 

Celebramos hoy, la solemnidad de Pentecostés.

¿Pentecostés? Así es. Pentecostés significa quincuagésimo o cincuentena. Para los cristianos es el día en el que se celebra la donación del E

spíritu Santo a la Iglesia, cincuenta días después de la Pascua.

Sin embargo, el origen de esta fiesta hemos de buscarla en la espiritualidad judía. Cincuenta días después de la Pascua, la pesaj, fiesta en la que se celebraba la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto; cincuenta después de la pascua, como decía, el pueblo judío celebraba la fiesta de Pentecostés (shavuot), en ella se hacía memoria del momento de la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés en el Sinaí. Pero es, además, un día de acción de gracias por los primeros frutos de la tierra cosechados. En es día, Jerusalén se llenaba de peregrinos llegados de diferentes lugares.

En este día los cristianos, como indicábamos más arriba, celebramos la venida, la donación, el regalo del Espíritu Santo a la Iglesia. Y precisamente, la narración de este hecho es el que nos ofrece hoy la liturgia, tanto en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2,1-11), como en el Evangelio (Jn 20,19-23). Vamos a centrarnos precisamente en este último.

Los textos que anteceden a este fragmento del evangelio de

Juan son la narración del sepulcro vacío (Jn 20,1-10) y la manifestación a María Magdalena (20,11-18). Posteriormente, se nos relata la reacción de Tomás (20, 24-29 y la manifestación de Jesús en el lago Tiberiades (Jn 21).

Nos encontramos al atardecer del primer día de la semana,. El domingo, el día más importante para los discípulos puesto que es el día en el que tuvo lugar la resurrección, es el día de la nueva creación. Todos los acontecimientos narrados en el capítulo 20 del evangelio de Juan ocurren el domingo. Para Juan el hecho de la venida del Espíritu Santo no tiene lugar cincuenta días después de la Pascua, sino el mismo día de la resurrección; está interesado en mostrarnos la estrecha vinculación existente entre la resurrección de Jesús y la dona

ción del Espíritu Santo.

Al atardecer de aquel domingo, los discípulos se encuentran encerrados con las puertas bien cerradas porque tiene miedo a los judíos; tiene miedo de aquellos que han matado al Maestro. A pesar de que, Pedro y el otro discípulo han visto la tumba vacía; a pesar de que, María Magdalena ha experimentado que Jesús vive y se lo ha comunicado a los discípulos, todavía están atemorizados.

Jesús ahora se hace presente en medio de la comunidad de los discípulos reunidos. Jesús está en el centro de la misma. ¡Jesús está vivo! ¡Jesús está en medio de nosotros! Por dos veces les dice: ¡La paz esté con vosotros! (Shalom). La tercera vez que les de la paz, signo de plenitud, será

cuando Tomás se encuentre también con ellos.

Les muestra lasJesus apostoles señales de la pasión, les enseña las manos y el costado.

Puesto que, la resurrección no ha borrado esas señales. La pasión, muerte y resurrección siempre van unidas. No podemos quedarnos anclados únicamente en la pasión y muerte de Jesús: ¡Él está vivo en medio de nosotros! Les muestras las manos que representan la fuerza de Jesús, manos libres que son signos de su victoria; el costado que es signo de su amor sin límites (Mateos – Barreto).

Al verlo, los discípulos se llenan de alegría. Y les envía a la misión. Volviéndoles a desear la paz. En hebrero Shalom cuyo significado no es únicamente ausencia de guerra. Shalom es armonía, es caridad, es misericordia, es igualdad, que es felicidad, es unidad.

Pero, para poder llevar a cabo la misión les comunica el Espíritu Santo, nos comunica, también, a todos nosotros el Espíritu Santo. Úni

camente con Él y junto a Él, con su fuerza podemos emprender la misión y llevarla a término.

Pero, ¿a qué envía Jesús a sus discípulos? ¿Cuál es su misión principal? La misión que encomienda Jesús a todos sus discípulos, de todos los tiempos, es la de reconciliar al mundo con Dios, llevar a todas las criaturas la misericordia de Dios, perdonar a todos aquellos que queramos acercarnos a Dios, a pesar de nuestras debilidades, de nuestras fragilidades, de nuestras flaquezas, de nuestro pecado. Porque, “habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15,7). Aunque habrá quienes acojan esa reconciliación y quienes la rech

acen. Pero los discípulos nunca se deben de cansar de ofrecer el perdón y la reconciliación con Dios.

Jesús está vivo, Jesús nos envía, Jesús nos envía el Espíritu Santo para que sea nuestra fortaleza, nuestro acompañante en el camino, nuestro consuelo, nuestra energía, nuestra vitalidad. Abrámonos a su presencia y dejémonos conformar y configurar por Él.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

  • Al igual que los discípulos, es posible, que también tú permanezcas encerrado por miedo. ¿Cuáles son esos miedos? ¿Qué perturba tu vida? ¿Pones esos miedos en las manos de Jesús? ¿Te dejas invadir por el Espíritu? ¿Lo acoges en tu vida?

  • ¿Intento vivir mi vida cotidiana llevando la paz de Jesús a los demás?

  • ¿Reconoces la presencia de Jesús y del E

    spíritu en tu vida?

  • ¿Te dejas iluminar, guiar, acompañar por el Espíritu para ser capaz de interpretar los acontecimientos de la historia desde una perspectiva cristiana?

  • ¿Estas atento/a a las diversas manifestaciones del Espíritu Santo en los acontecimientos que se producen a tu alrededor?

  • ¿Manifiestas y muestras a los demás el amor incondicional y gratuito del Padre? ¿De qué forma? ¿Infundes y ofreces paz y perdón?

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VIDA – ORACIÓN

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndidos. Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas, y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre si tu le faltas por dentro;

mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,

doma al Espíritu indómito, guía el que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

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“Recibid el Espíritu Santo” Lectio Divina Domingo de Pentecostés (Jn 20,19-23)

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VERDAD – LECTURA

19 En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”.

 20 Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

 21 Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”.

 22 Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo.

 23 A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.

 

Nos encontramos al atardecer del primer día de la semana, al atardecer del domingo, los discípulos se encuentran encerrados con las puertas bien cerradas porque tiene miedo a los judíos; tiene miedo de aquellos que han matado al Maestro, a pesar de que Pedro y el otro discípulo han visto la tumba vacía, a pesar de que María Magdalena ha experimentado que Jesús vive y se lo ha comunicado a los discípulos, todavía están atemorizados.

Jesús ahora se hace presente en medio de la comunidad de los discípulos reunidos. Jesús está en medio de ello. ¡Jesús está vivo! ¡Jesús está en medio de nosotros! Por dos veces les dice: ¡La paz esté con vosotros! La tercera vez que les de la paz, signo de plenitud, será cuando Tomás se encuentre también con ellos.

Les muestra las señales de la pasión, les enseña las manos y el costado. A pesar de todo, la resurrección no ha borrado esas señales. La pasión, muerte y resurrección siempre van unidas. No podemos quedarnos anclados únicamente en la pasión y muerte de Jesús: ¡Él está vivo en medio de nosotros! Les muestras las manos que representan la fuerza de Jesús, manos libres que son signos de su victoria; el costado que es signo de su amor sin límites (Mateos – Barreto).

Al verlo los discípulos se llenan de alegría. Y les envía a la misión. Y, como hemos apuntado más arriba les vuelve a desear y a transmitir la paz. Una paz que no es únicamente ausencia de guerra. Una paz que es armonía, que es caridad, que es misericordia, que es igualdad, que es felicidad, que es comunidad. Jesús envía a los discípulos de la misma manera que el PadrNoticia-20160414-Pentecostes-7e le envío a Él, Jesús envía a los discípulos con la misma misión que el Padre le envió a Él.

Para poder llevar a cabo la misión les comunica el Espíritu Santo. Únicamente con Él y junto a Él, con su fuerza podemos emprender la misión y llevarla a término.

Pero, ¿a qué envía Jesús a los discípulos? ¿Cuál es la principal misión de los discípulos? A reconciliar al mundo con Dios, a llevar a todas las criaturas la misericordia de Dios, a perdonar a todos aquellos que queramos acercarnos a Dios, a pesar de nuestras debilidades, de nuestras fragilidades, de nuestras flaquezas, de nuestro pecado. Porque, “habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15,7). Aunque habrá quienes acojan esa reconciliación y quienes la rechacen. Pero los discípulos nunca se deben de cansar de ofrecer el perdón y la reconciliación con Dios.

Jesús está vivo, Jesús nos envía, Jesús nos envía el Espíritu Santo para que sea nuestra fortaleza, nuestro acompañante en el camino, nuestro consuelo, nuestra energía, nuestra vitalidad. Abrámonos a su presencia y dejémonos conformar y configurar por Él.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Al igual que los discípulos, también tú permaneces encerrado por miedo. ¿Cuáles son esos miedos? ¿Qué perturba tu vida? ¿Pones esos miedos en las manos de Jesús? ¿Te dejas invadir por el Espíritu? ¿Lo acoges en tu vida?
  • ¿Intento vivir mi vida cotidiana llevando la paz de Jesús a los demás?
  • ¿Reconoces la presencia de Jesús y del Espíritu en tu vida?
  • ¿Te dejas iluminar, guiar, acompañar por el Espíritu para ser capaz de interpretar los acontecimientos de la historia desde una perspectiva cristiana?
  • ¿Estas atento/a a las diversas manifestaciones del Espíritu Santo en los acontecimientos que se producen a tu alrededor?
  • ¿Manifiestas y muestras a los demás el amor incondicional y gratuito del Padre? ¿De qué forma? ¿Infundes y ofreces paz y perdón?

 

VIDA – ORACIÓN

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.  Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndidos. Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas, y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tu le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento, riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al Espíritu indómito, guía el que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

 

Lectio Divina del Domingo de Pentecotés

VERDAD – LECTURA 1301200190780-espiritu-santo

El primer día de la semana, el día de la nueva creación para el autor del evangelio de Juan, el día de la nueva pascua, el día en el que se conmemora la resurrección de Jesús. Ese día, el Maestro resucitado se presenta ante los discípulos; encontrándose éstos en un lugar con las puertas cerradas a cal y canto, debido al miedo que le tenían a las autoridades judías; hasta ahora no han hecho experiencia de Cristo Resucitado, aún no siente su presencia en medio de la comunidad, no perciben su fuerza, se siente decepcionados y abandonados, están aterrorizados.
Jesús se hace presente en medio de la comunidad; por dos veces, les saluda: paz a vosotros. Una tercera vez les saludará de esta manera cuando vuelva a encontrarse con sus discípulos en presencia de Tomás. Al final, con la comunidad al completo, permanecerá con ellos la paz plena y total.
En este encuentro con sus discípulos, Jesús les muestra las manos y el costado. La resurrección no ha borrado las señales de la pasión. Pasión, muerte y resurrección no pueden separarse.
Al ver a Jesús, los discípulos desbordan de alegría. Y en esta nueva situación, Jesús los envía a la misión. Sin embargo, todavía no están preparados para enfrentarse a ella. Necesitan la fuerza del Espíritu. Jesús, lo mismo que Dios en la creación de la persona humana le insuflo el hálito de vida para que fuera un ser viviente, les infunde el Espíritu Santo. Ahora están preparados para la misión: anunciar la Buena Nueva en todos los confines de la tierra y todas las personas.
Los discípulos, además, ahora tienen potestad para perdonar o no los pecados. El pecado es todo aquel mal que nos impide la relación plena con Dios. Estar en plena comunión con Dios, en la mayoría de las ocasiones pasa por estar en plena comunión con el hermano. Al entrar en plena comunión con el hermano el pecado se acaba. La comunidad tiene el poder de reconciliar y superar las barreras que nos impiden entrar en plena comunión con Dios y con el hermano. La comunidad de los discípulos tiene el poder de dar vida divina.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál es mi experiencia de Jesús resucitado?
  • Les insufló el Espíritu Santo. ¿Qué sentimientos despierta es ti? ¿Cómo es tu relación con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad? ¿Dejas que él trabaje en tu vida?
  • ¿Qué significado tiene para ti la expresión, paz a vosotros?
  • ¿De qué forma puedo incrementar la paz a mi alrededor?
  • Jesús, me envía a la misión. ¿Estoy dispuesto/a a emprenderla y dejarme modelar por el Espíritu para llevarla a cabo?

VIDA – ORACIÓN

  • Doy gracias a Dios por el don del Espíritu Santo.
  • Pido a Jesús que insufle en mí el Espíritu Santo.
  • Siente como Jesús te regala su paz, déjate invadir por ella.