“Id y haced discípulos a todos los pueblos”. Lectio Divina del Domingo VII de Pascua – Ciclo A. Solemnidad de la Ascensión del Señor.

Esta semana, os ofrecemos la Lectio Divina preparada por nuestra colaboradora, Yolanda Muñoz Estepa, de Valencia. Le damos las gracias por su generosidad.

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mateo 28,16-20

Ha llegado la hora en la que el Hijo del Hombre vuelve de nuevo al Padre, como nos viene anunciando en estos últimos días. Estamos celebrando el día de la Ascensión. Y como estamos en el ciclo A, leemos el final del evangelio según san Mateo. El contexto se repite un domingo más: Jesús se despide de los once. Esta despedida tiene lugar en el monte que Jesús había indicado.

Pero si la semana pasada los discípulos aparecían turbados, hoy, los discípulos se postran. Es la actitud que adquieren porque saben que aquel que tienen delante de ellos no es un cualquiera, sino que es Dios y ante Dios, sólo cabe la adoración y la reverencia, aunque sigue diciendo el versículo 17 que «algunos dudaron» y es que no todos comprendían lo que Jesús les quería decir.

Jesús «acercándose a ellos» les dice: «Se me ha dado poder en el cielo y en la tierra» (v.18). ¡Qué grande es la pedagogía del Maestro! Es Jesús quien se acerca a ellos. Y porque ya ha resucitado, se muestra glorioso, con poder en el cielo y en la tierra.

A continuación vienen dos verbos en imperativo: «id y haced» que nos indican mandato. Un mandato que ya había cumplido Jesús, porque Él vino a hacer la voluntad del Padre y que ahora tienen que continuar los once. Se trata de hacer «discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», porque el bautismo nos vincula no sólo con Cristo, sino con toda la obra de la salvación que surge en el seno de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu. Esta es la tarea que tiene la primitiva comunidad. Una tarea universal, porque les envía «a todos los pueblos», a quienes tienen que enseñarles a guardar lo que Jesús les ha mandado.

Una tarea misionera en la que los discípulos no están solos porque Jesús les hace una promesa:«sabed que yo estoy con vosotros todos los días». Y como donde está el Hijo están también el Padre y el Espíritu Santo, tenemos la certeza de que a pesar de su vuelta al Padre, los once no quedaron solos. Estaban habitados por el Espíritu que ilumina y fortalece, que impulsa, que guía, que orienta, que defiende y transforma, y acompaña a los once «hasta el final de los tiempos».

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CAMINO-MEDITACIÓN

  • ¿Qué te ha llamado más la atención del texto? ¿Una palabra, una frase? ¿Por qué esa y no otra?
  • Jesús no les priva a los once de la duda. ¿Has dudado alguna vez de    Jesús?
  • Aunque la duda te embargue en alguna ocasión, ¿te has acercado a Él para contárselo?
  • ¿Has sentido alguna vez que Jesús es quien se acerca a ti? ¿Cuándo y  cómo lo has notado?
  • ¿Has intentado alguna vez hacer discípulos de Jesús? ¿Cómo ha sido tu  experiencia? ¿Te has sentido solo?
  • ¿Eres consciente que el Espíritu Santo te acompaña hasta el último día? ¿Cómo te preparas para acogerlo?

VIDA-ORACIÓN

  • Acércate al Señor, como Él se acercó a los once. Cuéntale todas tus     dudas, tus miedos, las cosas que no entiendes, las que te preocupan.
  •  Dale las gracias porque Él se acerca a ti, porque te ama, porque se ocupa de tus cosas.
  • Escucha cómo te pide que vayas a hacer discípulos a todo el mundo, comenzando siempre por los más cercanos.
  • Ponte en sus manos y pídele al Espíritu Santo que inunde tu corazón y lo transforme.

Yolanda Muñoz Estepa

“Si me amáis, guardaréis mi palabra”. Lectio Divina del Domingo VI de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Juan 14,15-21

Seguimos en el mismo contexto que el domingo pasado: La última cena, el discurso de despedida de Jesús. Los discípulos se encuentran turbados ante el anuncio de la inminente partida de Jesús.

Creo, que en el texto, que la liturgia nos ofrece este domingo, habría que destacar dos de sus versículos: el 15 y el 21. En ellos, se les recuerda a los discípulos la importancia de guardar los mandamientos de Jesús; y recordemos, cuál es el mandamiento principal. Únicamente aquel, que guarde sus mandamientos, estará en disposición de recibir el Espíritu Santo.

Pero, ¿cuáles son esos mandamientos? La clave la encontramos unos versículos más abajo, que no aparecen en el evangelio de este domingo. Concretamente nos estamos refiriendo a los versículos 23 y 24: Aquel que guarda, y por tanto, cumple, la palabra de Jesús es quien verdaderamente le ama. Guardar los mandamientos de Jesús no es precisamente cumplir una serie de normas morales, sino entrar en comunión con él y permanecer en su espacio vital: asumir y vivir las mismas actitudes vitales de Cristo. Amar a Jesús está estrechamente ligado a la vivencia de su palabra, de sus actitudes vitales en nuestra vida cotidiana; es preciso dejarnos conducir por él,  poner en práctica lo que él predicó y vivió. Sólo de esta  manera estaremos unidos a él y conservaremos sus amor; sólo de este modo estaremos preparados para recibir el Espíritu Santo. Recibiremos al Paráclito, el Espíritu consolador, el Espíritu Santo que continuamente viene en nuestra ayuda.

El Espíritu Santo será quien nos enseñe a vivir el mandamiento del amor, quien venga en nuestra ayuda en los momentos difíciles, quien nos sostenga y levante.

Hasta ahora, ha sido Jesús quien ha desempeñado esta misión con sus discípulos, pero ante su inminente marcha, el Padre dará otro consolador, otro apoyo, otro sostén. Ahora el Espíritu Santo permanecerá junto a nosotros para siempre.

Este Espíritu consolador, es el Espíritu de la verdad, el que continuará dando testimonio de Jesús y nos mantendrá en la fidelidad a la Palabra. Será quien nos mantenga alerta ante los falsos maestros, ante aquellos que profesan la mentira, para mermar la capacidad de amar que tiene el ser humano. El mundo al estar contagiado del espíritu de la mentira no está preparado para recibir al Espíritu Santo. Y con el término mundo no se refiere al planeta Tierra o a los seres humanos, sino más bien a las situaciones o estructuras que merman la capacidad de amar de las personas, la capacidad de plenitud del ser humano.

No estemos intranquilos, no permanezcamos inseguros, no vivamos nerviosos y turbados. Jesús en ningún momento nos abandona. Su ausencia no es definitiva. Él está presente, pues ha resucitado.

El Espíritu Santo nos capacitará para experimentar la presencia de Jesucristo en nuestras vidas. El día de su resurrección Jesús comunicó a sus discípulos la vida en el Espíritu, la vida de total identificación con el Padre y el Hijo, la vida de comunión con Dios.

Si obramos según el Espíritu de Jesús, si asumimos sus enseñanzas y las ponemos en práctica, nos encontraremos en la senda del amor a Jesús, ese es quien verdaderamente ama a Jesús. Y quien ama a Jesús es, a su vez, amado por el Padre. Quien viva los valores vividos por Jesús y se comporte de la misma manera como él lo hizo puede decir que ama a Jesús. El Padre y Jesús que son uno le manifestaran su amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es el mandamiento principal de Jesús? ¿Cómo intentas vivirlo?
  • ¿Estas atento a la palabra de Jesús? ¿A lo que Él pueda pedirte u ofrecerte en cada momento?
  • ¿Cuál es la condición indispensable para poder recibir el Espíritu Santo? ¿Intentas tener presente dicha condición y practicarla en tu vida cotidiana?
  • ¿Participas de alguna manera en esas estructuras o situaciones que merman la capacidad de amar de aquellos que te rodean?
  • ¿Como muestras y demuestras tu amor por los demás, sobre todo por aquellos a los que nadie ama, por los pobres más pobres de nuestra sociedad y de nuestras comunidades?
  • ¿De qué manera te dispones para acoger y dejarte hacer por el Espíritu Santo?

VIDA – ORACIÓN

  • Entra en dialogo con el Espíritu Santo, seguramente el gran olvidado.
  • Cuéntale tus temores, tus dificultades, tus oscuridades, tus contrariedades, los obstáculos que encuentras en el camino de tu vida.
  • Dale, también, gracias por todas las luces que pone en tu camino, por la ayuda que te presta, por la fortaleza que te infunde…
  • Déjate atrapar por él, déjale entrar en tu vida y que sea él quien guíe tus pasos y te modele. según el modelo más extraordinario, insuperable y excepcional que es Jesucristo.

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” Lectio Divina del Domingo V de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 14,1-12

Nos encontramos en el contexto de la Última Cena. Los discípulos de Jesús se encuentran inquietos y desconcertados ante la brusca salida de Judás, la predicción de las negaciones de Pedro y el anuncio de la marcha inesperada y misteriosa de Jesús.

Jesús trata de tranquilizar a los discípulos y los invita a tener confianza. Les invita a la superación de la angustia y la inquietud; a permanecer tranquilos y en plena adhesión al Padre y a Jesús, que son uno.

Jesús les descubre el sentido de su partida, que no es otro que el retorno al Padre, la vuelta a la casa del Padre, después de la resurrección. Retorno a la casa del Padre, en la que hay muchas moradas, en la que hay sitio para muchos. La casa del Padre es la comunidad de vida, el lugar de la familia de Dios, la Iglesia; pero es también la persona misma de Jesús y el lugar de comunión entre el Padre y el Hijo.

Los discípulos han de realizar la experiencia de ir a la casa del Padre recorriendo el camino del amor. Cuando sean capaces de donarse a sí mismos por amor alcanzarán la plena comunión con el Padre y el Hijo. Han de entregarse totalmente amando a sus hermanos los hombres. Deberán recorrer el mismo camino que Jesús.

Pero, ¿cómo recorrer este camino? Y, ¿cuál es el verdadero final? ¿La muerte? ¿Hacia dónde deben caminar? Jesús les responde: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Camino que es itinerario que ha de recorrerse para alcanzar la meta. Y esa meta es el Padre. Entrar en su casa, entrar en comunión con él. Jesús ha recorrido su camino y nos lo ha mostrado a los hombres, los cuales seremos capaces de recorrerlo, en la medida en que prestemos nuestra adhesión a Jesús, en la medida en que nos asimilemos a él. Entonces, podremos alcanzar la meta que entrar en comunión con el Padre y el Hijo.

Verdad que es contenido, expresión, palabra. Jesús es la expresión del Padre, su palabra definitiva. Palabra que no afecta únicamente al intelecto humano, sino a todo su ser. Toda la vida de Jesús: sus gestos, sus enseñanzas, sus actitudes, son verdad de Dios. En la medida en que nosotros asumamos y pongamos en práctica las actitudes vitales de Jesús, sus gestos y sus enseñanzas, manifestadas en el amor, estaremos acercándonos a la plena comunión del Padre y el Hijo.

Vida que es existencia, ser, estar, dinamismo y crecimiento. Jesús es la vida porque es el único que la posee en plenitud y puede comunicarla. El discípulo debe experimentar esta plenitud a la luz de la resurrección, para de este modo sentirse plenificado y encontrarse más cerca del Padre y del Hijo.

Para que todo esto se realice en nosotros, debemos prestar nuestra total adhesión a Jesús y dejarnos transformar por el Espíritu en otros Cristos, pues nadie va al Padre sino por él.

Sin embago, tenemos necesidad de ver, o al menos, de sentirnos seguros de lo que hemos visto y experimentado. Es lo que expresa la inquietud de Felipe: «Muéstranos al Padre y nos basta».

No nos damos cuenta que para conocer, para ver, para experimentar al Padre, es suficiente hacer experiencia de Jesús y con Jesús. Cuanto más nos relacionemos con él, cuanto más nos acerquemos a él, cuanta más familiaridad alcancemos con él, mayor será, también, nuestra experiencia del Padre.

Jesús es la presencia de Dios en el mundo. Debería bastarnos nuestra experiencia de Jesús para dejar realizar al Padre su obra en nosotros y en el mundo.

Ahora bien, hemos de estar firmemente persuadidos, no sólo a nivel intelectual, sino vital y existencialmente de la perfecta sintonía entre el Padre y el Hijo, de que el Padre y el Hijo están totalmente identificados el uno con el otro. Todo lo que Jesús ha obrado, ha realizado lo demuestra. La actividad creadora del Padre, se ha manifestado en Jesús. Y la mayor de estas obras es el amor.

Si los discípulos de Jesús (y discípulos somos todos) mantienen su adhesión a él, realizarán sus mismas obras y aún mayores. Porque Jesús está con ellos. Es necesario mantener la comunión con él. El Espíritu Santo iluminará, dará fuerza, sostendrá, inspirará y los asimilará poco a poco a Jesús para alcanzar la meta de ser uno con el Padre y el Hijo; para ello deben recorrer, como comunidad, el camino que recorrió Jesús, el camino del amor, siendo capaces incluso de dar la vida por los demás; teniendo presente que esta entrega es únicamente la puerta para entrar en la vida eterna, porque también el Padre los resucitará.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Qué podemos entrever en este pasaje evangélico acerca de la relación entre el Padre y el Hijo?
  • ¿Cómo debe ser nuestra relación con el Padre y con el Hijo?
  • ¿Qué significado tiene para ti la afirmación de Jesús: Yo soy el camino, la verdad y la vida?
  • ¿Quieres experimentar en tu vida que el Padre y el Hijo son uno? ¿Pones los medios necesarios?
  • En algunos momentos, al igual que Felipe, ¿necesitas signos más extraordinarios que lo que vas experimentando en tu vida al lado de Jesús?
  • Tómale el pulso a tu grado de adhesión a Jesús y cómo te dejas transformar por el Espíritu Santo.

VIDA – ORACIÓN

Jesús Maestro, santifica mi mente y acrecienta mi fe.

Jesús, Maestro en la Iglesia, atrae a todos a tu escuela.

Jesús Maestro, líbrame del error, de los pensamientos vanos y de las tinieblas eternas.

Jesús, camino entre el Padre y nosotros, lo ofrezco todo y todo lo espero de ti.

Jesús, camino de santidad, hazme fiel discípulo tuyo.

Jesús camino, hazme santo como el Padre que está en el cielo.

Jesús vida, vive en mí para que yo viva en ti.

Jesús vida, no permitas que me separe de ti.

Jesús vida, concédeme vivir eternamente el gozo de tu amor.

Jesús verdad, que yo sea luz del mundo.

Jesús camino, que sea ejemplo y modelo para los hombres.

Jesús vida, que mi presencia lleve a todas partes gracia, alegría y paz.

Del Libro de Oraciones de la Familia Paulina.

Verdad, Camino y Vida: Lectura orante con la Palabra de Dios

Aunque no suelo publicar más de una entrada a la semana con la Lectio Divina del evangelio del domingo, algunas personas, me habéis pedido que escribiera alguna cosa acerca del método que se expone en este blog para realizar la Lectio Divina; y que utilizamos cada semana para orar con el evangelio del domingo. Eso me ha movido a colgar esta semana una entrada más tratando este tema.

Dicho método tiene su origen en el pensamiento y la obra del Beato Santiago Alberione, Fundador de la Familia Paulina, aunque hunde sus raíces en la tradición de la Iglesia. No voy aquí a exponer la intensa historia de la Lectio Divina, podríamos dedicar en el futuro una entrada a ello. Pero sí que me vas a permitir, querido internauta, que te explique como comenzó este método de Lectura orante con la Palabra de Dios

En la noche que dividía el siglo XIX del XX, el P. Alberione tuvo la intuición, siendo joven seminarista, de hacer algo por los hombres y mujeres del siglo XX. Se había empapado totalmente de la doctrina del Papa León XIII, que impulsaba a la lectura y al estudio de la Biblia. Conocía perfectamente la preocupación de Pío X acerca de la falta de una base firme entre los creyentes católicos, pues les faltaba el alimento primordial de la eucaristía y la Biblia. Todo esto le llevó a fundar en 1914, la Familia Paulina, que tiene en el centro de su misión la Biblia. Pero no quedó ahí la cosa, en 1924, funda la Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN), con el anhelo y el deseo de que en cada familia hubiese un texto de la Sagrada Escritura.

Aunque su amor por la Biblia no se limitó a su edición y difusión; a sus hijos e hijas nos quiso dejar un gran regalo, enraizado en una honda espiritualidad bíblica, la hora diaria de adoración ante el Santísimo Sacramento, conocida comúnmente en la Familia Paulina como la Visita Eucarística, la cual está articulada en tres partes: lectura bíblica, revisión de vida y dialogo oracional. Al fin y al cabo un método de Lectura orante de la Palabra de Dios.

Hoy desde el Centro Bíblico San Pablo, presente en varios países del mundo, queremos continuar con ese legado que nos dejo el P. Alberione de difundir la Palabra de Dios y acercarla a todas la humanidad, y para ello realizamos diversas actividades, cursos y encuentros a lo largo y ancho de la geografía española.

El método verdad, camino y vida

Después de este mini repaso histórico y de concretar de dónde proviene el método de Lectio Divina que proponemos, habitualmente, en nuestro blog, permíteme que intente explicarte en qué consiste el mismo.

Como ya sabes el método consta de tres partes, que se corresponden a su vez con las tres partes tradicionales de la Lectio Divina: lectura, meditación y oración.

Pero antes de comenzar a orar con la Palabra, me parece que, son necesarios algunos  preparativos.

Preliminares

Busca un lugar tranquilo, donde nadie te moleste. Es importante hacer silencio. También es importante el ambiente. Puedes disponer una Biblia abierta, adornada con flores, acompañada por la luz de una vela, un icono…

Es decir, preparar el lugar de tal modo que te invite y ayude a orar. Tómate tu tiempo, te aconsejo que dediques a la lectura orante una hora, pero si te resulta demasiado, puedes utilizar media hora.

Desde un punto de vista pedagógico y, sobre todo al principio, vamos a dividir cada momento de la Lectura Orante en períodos de tiempo de veinte minutos cada uno, si es que le dedicamos una hora, si no pues la mitad.

El paso de un momento a otro, sobre todo en la Lectura orante comunitaria, lo podemos señalar con un canto, una oración, una invocación…

Nos podemos ayudar de una música de fondo, una canción, una imagen… si lo vemos conveniente.

Comienza por invocar al Espíritu Santo. Que sea Él quien guíe tu itinerario. Recuerda que la Sagrada Escritura es escritura inspirada. El Espíritu Santo es quien abre nuestro oídos, nuestro entendimiento y nuestro corazón a la Palabra, que hoy se cumple ante nosotros. Él es el único que nos puede ayudar a entender mejor el texto sagrado.

a.- Invocación al Espíritu Santo.

Esto puede hacerse de diversas maneras: un canto, una oración, un momento de silencio. Lo importante es hacerse consciente de su presencia y invocarlo, para que Él te ayude a comprender el pasaje que vas a leer y sepas actualizarlo al hoy que estas viviendo, a tus necesidades concretas, a tu vivir cotidiano.

b.- Verdad. Lectura. ¿Qué dice el texto?

La pregunta que has de tener presente, en este primer momento es: ¿qué dice el texto?

Para ello es necesaria la lectura atenta, pausada, sin prisa de la Palabra. Puedes leer el texto en voz alta, de modo que participen más sentidos.

Es el momento de «masticar» lentamente la Palabra, de trillarla, de desmenuzarla.

Una vez que hemos leído el texto tal como hemos indicado anteriormente, lo primero que haremos será enmarcar el texto dentro de su contexto. Para ello, puede resultar muy útil leer la introducción al libro que contiene la lectura con la que estamos orando. La mayoría de las biblias tienen esplendidas introducciones que nos pueden ayudar en este momento. Al leer fíjate, sobre todo, en el ambiente socio cultural en el que se desarrolla: tiempo y lugar en que fue escrito el libro, a qué necesidad concreta del Pueblo de Israel o de la Iglesia hace frente.

Lee, también, las notas a pie de página, te ayudaran a entender mejor el texto, por último lee los texto paralelos. Todo ello, te dará una visión global del pasaje.

Vamos a continuar desmenuzando el texto, sin ninguna otra ayuda, mas que la de nuestra Biblia.

Yo aconsejo a partir de ahora contar con un lápiz, si es posible bicolor para ir señalando o subrayando algunas palabras o frases del pasaje. Aquello, que por lo que sea capta tu atención.

Puedes continuar intentando responder a alguna de estas preguntas:

  • ¿Es posible estructurar o dividir el texto en partes? Inténtalo.
  • Si conoces algo acerca de lo géneros literarios, ¿dentro de que género podemos enmarcarlo?¿De qué modo debemos leerlo? ¿Cómo debemos entenderlo?
  • ¿Hay palabras o expresiones que se repitan? ¿Cuáles?
  • Es posible que no haya palabras que se repitan, pero, ¿encontramos algún sinónimo?
  • Si es que aparecen, ¿qué personajes intervienen? ¿qué hacen? ¿hablan? ¿permanecen callados? ¿son destinatarios de una acción? ¿quién o quiénes son los protagonistas?
  • Intenta relacionar el pasaje con el resto del libro al que pertenece o con el resto de la Sagrada Escritura.
  • Por último, pregúntate ¿cuál es la palabra o palabras fundamentales del texto? Subráyala, acógela, tómala contigo.

c.- Camino. Meditación. ¿Qué me dice el texto?

Pasamos a la segunda parte de nuestro itinerario. Ahora, la pregunta a responder sería: ¿Qué me dice el texto?

En este momento concreto de tu vida, en las circunstancias propias que estás viviendo, en tu propio contexto particular, ¿qué quiere decirte Dios?

Ha llegado la hora de «saborear» la Palabra. Tal vez, alguna de estas preguntas te puedan ayudar en el desarrollo de esta segunda parte.

  • ¿Qué te dice el texto acerca de tu situación actual? ¿Tiene algo que ver con tu vida?
  • ¿Qué quiere decirte Dios con este pasaje?
  • ¿Qué te dice el texto acerca del comportamiento de Jesús?
  • ¿Qué tienes que cambiar en tu vida para que ésta se asemeje más a la de Jesús?
  • ¿Qué te exige, en concreto, esta Palabra? ¿Qué te pide hoy?

Y luego para que la Palabra te acompañe durante todo el día puedes utilizar la llamada «rumia». Es decir, toma esa palabra o frase fundamental del texto que tocó tu corazón, en la primera parte de nuestro itinerario, y ve repitiéndola durante tu jornada: mientras esperas el autobús, cuando vas caminando por la calle, en un atasco, al hacer la fila del pan…

d.- Vida. Oración. ¿Qué le digo a Dios a partir del texto?

Ya hemos llegado a la tercera y última parte de nuestro itinerario. De la escucha y la meditación de la Palabra es muy posible que surja de forma espontánea la oración de petición, súplica, alabanza, acción de gracias, ofrecimiento, adoración… Esa es tu respuesta a Dios desde la experiencia vivida en este momento de oración.

Pero la respuesta a Dios no puede quedarse ahí únicamente, la oración ha de llevarnos al compromiso. Por ello, es necesario que asumas una acción concreta en tu vida a favor de los hermanos y para que el Reino de Dios y su justicia sea cada vez más una realidad en nuestro mundo.

Conclusión

Pues ya hemos llegado al final de nuestro itinerario. Espero que esta entrada del blog Biblia y Comunicación te haya resultado interesante y te ayude a profundizar en tu oración con la Palabra de Dios. Si necesitas más información te invito a dirigirte a: centrobiblico@sanpablo.es Te invito también a visitar la página de Facebook del Centro Bíblico San Pablo: https://www.facebook.com/centrobiblico.es En ella te ofrecemos un acercamiento diario a la Palabra de Dios. Y la página web de la Revista Biblia Viva en la que te ofrecemos, entre otras cosas, artículos y materiales interesantes para acercarte a la Palabra de Dios: https://www.bibliaviva.sanpablo.es/

Como siempre muchas gracias por seguir nuestro blog y por compartir con otras personas nuestras entradas. Dios te bendiga.

“YO SOY EL BUEN PASTOR” Lectio Divina Domingo IV de Pascua – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 10,1-10

Carmine Gallo, en su libro Hable como en TED, nos presenta las características que debe tener una buena presentación para ser estimulante: emocionante, original y memorable. Es decir, las historias que contamos deben tocar el corazón de nuestro interlocutor, deben enseñarle algo nuevo y el público debe ser capaz de recordar dicha historia. No voy aquí a realizar un estudio acerca de los relatos, de las historias o de los procesos comunicativos. Si es el lugar, pero no creo que sea el momento. La causa por la que he traído a colación estas características es porque, desde mi punto de vista, el relato que hoy nos presenta el evangelio de Juan, de adecua perfectamente a las cualidades enunciadas por Carmine Gallo.

La imagen que nos presenta Jesús en este fragmento del evangelio de Juan, posiblemente, a nosotros pueda quedarnos un poco lejos; pero no así con sus contemporáneos, qué seguramente entendían perfectamente las metáforas, comparaciones o paradojas utilizadas en su discurso.

Os invito acercarnos al texto como si fuera la primera vez que lo escuchamos, con la curiosidad del principiante, y con la apertura que solemos adoptar ante la novedad. Os pido que intentemos acercarnos al texto evangélico esforzándonos por comprender la metáfora o la personificación que Jesús utiliza en el relato.

¿A quién se está refiriendo cuando nos habla del Pastor? ¿Quiénes son las ovejas? ¿Quién es el ladrón? ¿Qué significado puede tener la puerta?

Las ovejas, para el autor del cuarto evangelio, representan al pueblo de Israel dominado por sus propios dirigentes, a los cuales dirige este discurso y que, anteriormente, han vivido el episodio del ciego de nacimiento; es decir, está dirigiendo su discurso a los fariseos.

Jesús, por medio de una comparación, va mostrando a sus interlocutores que él es la única alternativa para la salvación. No salva el cumplimiento de unas normas absolutizadas por los fariseos, ni la institución, ni la pertenencia. Salva la persona de Jesús.

El aprisco es la representación de la institución judía, dentro de ella algunos individuos se han arrogado puestos para los que no tenían ningún derecho, por lo que en realidad son ladrones y bandidos que utilizan todas las «armas» a su alcance para someter al pueblo y seguir sumiéndolo en la miseria.

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Sólo existe una manera legítima para acercarse a las ovejas: entrando por la puerta. Todo aquel que no haya entrado por la puerta, se acerca a las ovejas de manera ilegítima, y según Jesús con la clara intención de explotarlas.

A los que no entran por la puerta, ladrones y bandidos, sino que entran en el aprisco saltando la valla, se oponen al pastor, el cual es reconocido por el guarda y las ovejas.

El pastor es Jesús. El personaje del pastor aparece ya como figura mesiánica sobre todo en los Profetas del Antiguo Testamento (p.e. Ez 34,23s). El pastor entra en el aprisco para cuidar de sus ovejas no para explotarlas o sacar algún beneficio de ellas. Por eso ellas reconocen su voz.

Pero, además, el pastor llama a cada una por su nombre, las conoce a todas y a cada una de ellas de forma personal e individual. Jesús llamando a cada una de las ovejas por su nombre, les ofrece la alternativa de salir de la institución judía para entrar en el camino de la libertad y de la vida, aunque este no esté exento de dificultades y obstáculos. Jesús llama a cada una de las ovejas a su seguimiento.

Una vez que las ovejas han reconocido la voz del pastor, es imposible que escuchen la voz de un extraño, lo más lógico es que huyan de él; porque es el pastor quien conduce a su rebaño a verdes pastos y no al matadero.

Ante la cerrazón de los dirigentes judíos, Jesús continúa con otra comparación: la puerta. El único lugar por el que se puede acceder a la salvación es por la puerta que es Jesús. Aquel que se adhiera a Jesús y le siga, aquel que atraviese la puerta, encontrará la salvación. Podrá entrar y salir libremente y encontrará pastos verdes, encontrará la vida.

Los ladrones únicamente vienen a robar y a quitar la vida a las ovejas. Jesús, sin embargo ha venido para dar vida plena y a darla en abundancia.

Espero, querid@ herman@, que, después de este acercamiento, que he intentado hacerte al relato, también para ti, esta narración resulte emocionante, original y memorable.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿En qué momentos de mi situación actual, reconozco la voz del Pastor?
  • ¿Escucho la voz del Pastor, me dejo conducir por ella y le sigo?
  • ¿Facilito a los demás que puedan conocer la voz del Pastor?
  • ¿Soy yo, como Jesús, puerta por la que los demás pueden entrar y salir para encontrar verdes pastos o por el contrario soy muro que nadie puede atravesar?

VIDA – ORACIÓN

Oramos juntos con el Salmo 23:

El Señor es mi pastor;

nada me falta.

En verdes praderas me hace descansar,

a las aguas tranquilas me conduce,

me da nuevas fuerzas

y me lleva por caminos rectos,

haciendo honor a su nombre.

Aunque pase por el más oscuro de los valles,

no temeré peligro alguno,

porque tú, Señor, estás conmigo;

tu vara y tu bastón me inspiran confianza.

Me has preparado un banquete

ante los ojos de mis enemigos;

has vertido perfume en mi cabeza,

y has llenado mi copa a rebosar.

Tu bondad y tu amor me acompañan

a lo largo de mis días,

y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré.

“Encontrarse con Jesús” Lectio Divina III domingo de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Lc 24,13-25

Al orar con este texto del evangelio de Lucas, me asaltó a la mente una pregunta: «¿Cómo ver y reconocer a Jesús resucitado en mi vida? Y, caí en la cuenta de que era necesario experimentar el mismo proceso de fe que vivieron las primeras comunidades cristianas, permitiendo que Jesús se manifieste en la comunidad, para llegar así a la adhesión personal.

Aquel mismo día, es decir, el domingo de la resurrección de Jesús. Dos de los discípulos van de camino. El evangelista nos los presenta totalmente derrumbados después de la muerte del Maestro. Tal es su decepción, que abandonan Jerusalén, dejando allí a sus hermanos reunidos: a la comunidad. Van camino a una aldea, llamada Emaús, de localización incierta; únicamente sabemos que distaba de Jerusalén unos 11 kilómetros. Van desilusionados, sin esperanza ninguna, totalmente decepcionados, encerrados en sus propios pensamientos y su propia idea de cómo tenía que ser el Mesías de Israel. Para ellos todo a concluido. Aquel profeta poderoso en obras y palabras ha muerto. Todo se ha acabado.

Mientras van de camino, Jesús se les aparece como un caminante más. Ellos no le reconocen. Están cerrados por el pesimismo.  Están tristes por los acontecimientos ocurridos en Jerusalén, totalmente desconocidos, al parecer, para este nuevo caminante que ha entrado en escena. Los dos discípulos callan. El caminante toma la iniciativa y les ofrece una relectura de todo el proyecto de Dios a través de la historia del Pueblo Elegido.

El cenit del relato llega cuando le reconocen al partir el pan. Invitan al caminante desconocido a quedarse con ellos, a compartir la mesa, Desean vivamente que se quede con ellos. Será al compartir el pan, cuando se caiga el velo de sus ojos y reconozcan a aquel personaje misterioso. Es en la eucaristía donde se manifiesta Jesús resucitado. Es en la escucha comunitaria de la Palabra y en la fracción del pan donde Cristo resucitado se hace presente.

Al hacer experiencia de Jesús Resucitado retornan a la comunidad para dar testimonio de lo que han visto y oído, de lo que han experimentado. La experiencia de Jesús resucitado sólo puede hacerse en comunidad nunca en solitario, en la celebración como Iglesia reunida. El resto de la comunidad, también, comparte de qué forma han experimentado al Maestro Resucitado. Cristo está vivo en medio de ellos. Cristo está vivo en medio de nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿En algún momento te has sentido decepcionado por Jesús? ¿Por la Iglesia? ¿Cuál ha sido tu reacción?
  • ¿Cuál es tu comportamiento ante los signos que Jesús nos pone delante para que le reconozcamos como Cristo Resucitado?
  • ¿Eres consciente de que la comunidad es lugar imprescindible para hacer experiencia de Jesús Resucitado?
  • Toma el pulso a tu testimonio de Jesús Resucitado.

ORACIÓN – VIDA

  • Pide perdón a Dios, por las veces que has tirado la toalla en los momentos de decepción, de incertidumbre, de aparente oscuridad; por las veces que no estas atento, ni te abres a los signos que te muestra.
  • Da gracias a Dios por estar siempre presente en tu vida y por hacerte experimentar que Jesús está vivo.

¡Que el miedo no te paralice! ¡Jesús ha resucitado! Lectio Divina II Domingo de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 20,19-31

Ufff. Que dicen por ahí, que está vivo. Que algunos comentan que le han visto y les ha hablado. Que otros han sentido no se qué cosas… Y todo esto, con la que está cayendo.

Todos nosotros sabemos cómo murió; algunos incluso lo vieron pendiendo de una cruz; todos estábamos presentes cuando lo apresaron. Y ahora esto.

Seguramente, es una estratagema de los seguidores de Herodes para prendernos a nosotros también, o de los fariseos… O vete tú a saber, igual están involucrados hasta los romanos. No. Lo mejor es permanecer aquí juntos, sin salir, cerremos bien las puertas y asegurémonos bien quién es antes de abrir la puerta a nadie.

En esta situación se encontraban los discípulos de Jesús. Ellos sabían verdaderamente la suerte que había corrido el Maestro. Alguno incluso lo había presenciado. Y, era lógico que pensaran: ¡Y ahora viene María de Magdala a decirnos que está vivo! Si, si… Pedro y algún otro discípulo han ido al sepulcro y allí no había nadie. Dos que iban camino de Emaús, dicen que lo han visto… Pero es tan difícil de creer todo esto.

Ante una comunidad insegura, vacilante, titubeante, paralizada por el miedo, Jesús se hace presente. Posiblemente, una situación, sino similar o parecida, cercana a la que podemos estar viviendo en estos días. Sí, queridos hermanos. Estamos encerrados en nuestras casas. Todos vamos a recordar esta primavera del 2020. Y en diversos momentos, incluso, nos invade el miedo. El miedo, que, en principio, no es ni bueno ni malo. Sirve para defendernos ante los peligros, los ataques, las amenazas. Sin embargo, todo va a depender de cómo gestionamos ese miedo. O nos quedamos inmóviles, quietos, pasivos, sin hacer nada; o, por el contrario, intentamos superar la situación y nos preguntamos: ¿qué puedo yo hacer frente a estas circunstancias que estoy viviendo en este momento?

Porque, precisamente, Jesús es lo que viene a traer a los apóstoles. Viene a zarandearlos, a moverlos de la situación en la que se encuentran y que los tiene inmovilizados. Y lo primero que les trae es la paz. La paz que no quiere decir ausencia de conflictos, ausencia de dificultades, ausencia obstáculos. La paz que trae Jesús es calma, equilibrio, estabilidad; es pararse y observar, es acoger, es ver posibilidades con serenidad. Y todo ello desde el amor. Un amor que se muestra en los signos de la pasión que Jesús lleva en su cuerpo y que muestra a los apóstoles. Signos que, a su vez, son las señales de su victoria, ante lo que más teme el ser humano: la muerte. Así es, Jesús ha vencido al enemigo más peligroso, al mas temido: la muerte. Jesús ha sido el primero en resucitar de entre los muertos y gracias a él, a la misericordia del Padre y a la fuerza del Espíritu Santo todos resucitaremos con Él y en Él. La manera y el momento, sólo el Padre lo sabe.

Ahora sí, ahora la comunidad ha hecho experiencia del Resucitado. Y entonces, cuando la comunidad está preparada, es cuando puede dar testimonio de Jesucristo. Ahora es el momento, después de realizar la experiencia del Resucitado cuando podemos, con la paz que el nos trae, y con la fuerza del Espíritu, preguntarnos: ¿qué voy yo a hacer para dar testimonio de esta experiencia? ¿qué acción voy a emprender, para no quedarme paralizado por el miedo? ¿Qué voy a hacer para que otros puedan tener la misma experiencia? ¿De qué manera puedo salir de esta situación reforzado, fortalecido, con más vitalidad y resistencia?

Posiblemente, ocurra que haya personas como Tomás. Probablemente, incluso, nosotros podamos comportarnos como Tomás. Claro que sí. Es totalmente comprensible. Jesús no reprocha nada a Tomás, al contrario, lo lleva y lo atrae hacia Él para que haga la experiencia. Para que experimente lo mismo que experimentaron los demás discípulos. ¡Ven y haz tu propia experiencia personal! Eso es lo que Jesús le dice con su presencia, con sus actos, con sus gestos.

Y eso, precisamente, es lo que tenemos que hacer cada uno de nosotros, experimentar a Jesús Resucitado en nuestra vida y ayudar a otros a tener esa misma experiencia con sus circunstancias propias, con sus situaciones, con su ambiente propio.

La invitación de Jesús hoy es a no quedarnos paralizados por el miedo; al contrario, que pongamos en marcha todas nuestras capacidades para experimentarle a Él como Resucitado y desde ahí ser testigos de su misericordia y de su amor, emprendiendo acciones en favor de los demás, que puedan acercarles a ellos a realizar esa misma experiencia del Resucitado.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es tu respuesta ante situaciones de dificultad, de inseguridad, de incertidumbre?
  • ¿Ante ciertos acontecimientos que se escapan a tu entendimiento pides a Dios una señal?
  • ¿Estás dispuesto a experimentar la presencia de Jesús Resucitado en tu vida? ¿Qué acciones vas a emprender para ello? ¿De qué manera le experimentas en tu día a día?
  • ¿Vives dicha experiencia en comunidad?
  • ¿Dejas a Jesús que tome la iniciativa en tu vida?

VIDA – ORACIÓN

  • Pide perdón a Dios por las veces que te niegas conscientemente a ver los signos que Él te va mostrando y le pides pruebas personales.
  • Guarda silencio, repasa este fragmento del evangelio, adora.
  • Repite durante la jornada la jaculatoria pronunciada por Tomás, reconociendo que Jesús resucitado es tu único Señor: «Señor mío y Dios mío».

No está aquí. ¡Ha resucitado! Lectio Divina del Domingo de Pascua – Ciclo A

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VERDAD – LECTURA

Evangelio Jn 20,1-9

  • ¿Dónde está?
  • No está aquí. Se lo han llevado. No sabemos dónde lo han puesto.

Resulta que el sepulcro está vacío.  ¡No puede ser! Pero, así es. En el sepulcro no hay nadie. ¿Dónde está el cuerpo de Jesús? Todos han visto cómo le crucificarán. Algunos de sus discípulos han sido quienes lo han metido en aquel sepulcro. Varios pudieron ver el llanto desgarrador de su madre, rota de dolor, por la muerte de su hijo.

El sepulcro está vacío. Es el primer día de la semana. Sí, tal día como hoy, muy temprano. Entre luces y tinieblas. No ha amanecido totalmente. Y, sin embargo, se va abriendo paso la Luz, la Vida. Aunque nosotros no seamos capaces de percibirla; tal y como le ocurría a María Magdalena.

¿A qué iba María al sepulcro? A qué otra cosa podría ir; a llorar por la muerte del Maestro, a encontrarse con la tristeza, la resignación, con el dolor por la pérdida del Esposo.

También nosotros buscamos como Iglesia, como comunidad, como creyentes al Esposo, a Jesús, al Salvador, a aquel que puede traernos la felicidad plena.

Pero, ¿Dónde? ¿Cuándo le buscamos? ¿En las tinieblas? ¿Simplemente para llorar el sufrimiento, el dolor, la culpa? ¿Seguimos creyendo que la muerte ha triunfado?

Pues, sabed que el sepulcro está vacío, que la losa está quitada (20,1). Que la piedra que cerraba las puertas de la vida ha sido desplazada. Ante ese corrimiento de la piedra, de nuestras propias piedras, ¿Cuál es nuestra reacción? La de María Magdalena está clara: ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Han profanado la tumba de Jesús! ¡Se han llevado su cadáver! Ya ha hecho su propia interpretación del acontecimiento. Sigue pensando en parámetros de muerte. El caso es que, sólo sabemos, por ahora, que la piedra está movida.

¿Qué dice esta loca? ¿Qué han movido la piedra del sepulcro? Hay que ir allí y cerciorarse. Jesús está muerto. Bastante revuelo ha suscitado en vida, como para que ahora, encima, después de muerto, sigamos dándonos problemas.

Pedro y el discípulo al que Jesús tanto amaba, corren hacia el huerto en el que estaba excavado el sepulcro. El huerto (el jardín) es lugar de vida y de encuentro con Dios. Allí es donde se encuentra la tumba de Jesús. Pero nadie ha caído en la cuenta. Corren para ver si pueden averiguar quién se ha movido la piedra.

El discípulo incluso se adelanta a Pedro. Y se encuentra, efectivamente, con que la losa está quitada. Se asoma y ve como los lienzos no cubren a Jesús. Están colocados. Como cuando el amado espera a su amada en el lecho nupcial. Sin embargo, no cae en la cuenta. Ha visto las señales de la vida, de la resurrección, pero no lo ha llegado a comprender.

Cede el paso a Pedro. Éste entra y ve también los lienzos de la misma manera, pero además, el símbolo de la muerte que es el sudario está colocado a parte. La muerte ha sido vencida. La muerte está echada a un lado, la muerte ha sido desplazada por la Vida. Pero, Pedro se mantiene dentro de sus parámetro. Ve las señales, pero no es capaz de ir más allá. El discípulo, sin embargo, vio y creyó. El amor ante el menor signo, ya cree, confía, espera.

Ante un mismo hecho dos actitudes totalmente distintas. Pero así es el ser humano. La verdad es que aquel acontecimiento les debió dejar impactados. Cada uno vuelve a su casa. Lo que ocurre que no vuelven de la misma manera. Pedro vuelve igual que antes; impactado, sí; sorprendido, sí; lleno de interrogantes. Sin embargo, el discípulo al que Jesús amaba y es de suponer que él amaba a Jesús, ese vuelve transformado, vuelve cambiado, vuelve diferente: CREYÓ.

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Buscas a Jesús en tu vida? ¿Quieres salir a su encuentro? ¿Deseas ardientemente encontrarte con él?
  • Jesús  te va ofreciendo signos, señales, itinerarios para poder ir a su encuentro; al percibirlos ¿qué haces?
  • En ocasiones, las señales son evidentemente claras, inequívocas ¿Cuál es, entonces, tu actitud? ¿Te marchas con cara de vinagre, pensando que el Dios de Jesús es muy complicado y “vete a saber lo que es aquello”? ¿Acoges esas señales y continuas tu búsqueda con esperanza, con fe, con amor?
  • ¿Qué significa para ti que Jesús ha resucitado?
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VIDA – ORACIÓN

  • Te invito a meterte en la escena, como si fueras un personaje más. Conviértete en María Magdalena, reproduce la narración metiéndote en la piel de este personaje, revive el acontecimiento desde el punto de vista de ella ¿Qué sientes? ¿Qué emociones, qué actitudes se despiertan en ti? Haz lo mismo con el personaje de Pedro y del discípulo al que Jesús ama… Alaba a Dios por permitirte recordar, conmemorar, revivir este acontecimiento.
  • Da gracias a Dios por el regalo de la Resurrección de su Hijo, por el don de tu propia resurrección, por ser un Dios de vivos y no de muertos.
  • Ofrécete para ser testigo de la Resurrección de Jesús, para propagar a los cuatro vientos que Jesús está vivo.
  • Pide que el Espíritu Santo ilumine tu camino, te conduzca por senda llana y te muestre los signos de la Vida, para poder anunciar la Vida a todos los que salen a tu encuentro.

¡¡¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN !!!

¿Cómo vivimos? ¡Vivamos la vida en plenitud! Lectio Divina Solemnidad de Pentecostes – Ciclo C (Jn 20,19-23)

VERDAD – LECTURA

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se pudo en medio de ellos y les dijo:

“Paz a vosotros”.

Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

“Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

Vivimos inmersos en la vorágine de la inmediatez, la rapidez, la urgencia, la prontitud, la prisa…

Somos incapaces de pararnos, aunque sea un instante, para admirar la belleza del mundo que nos rodea, para contemplar la maravillas que afloran de los acontecimientos que están sucediéndose a nuestro alrededor, para disfrutar de una conversación tranquila compartiendo con esa persona que ilusionada nos cuenta como está viviendo en su mundo… ¡Hemos perdido la perspectiva! Los siento mucho, querid@ lector@, pero así es.

Acumulamos datos, informes, cifras, referencias, documentos… Pero estamos muy lejos de vivir experiencias.

Creemos conocernos, pero en realidad somos auténticos desconocidos; incluso nosotros para nosotros mismos.

Creemos dominar el mundo, pero en realidad es el mundo quien nos domina a nosotros.

Y, posiblemente, me dirás: “¡Qué narices tiene esto que ver con la lectura de hoy!”

Pues he de decirte que mucho. Aunque es posible que a primera vista no te lo parezca. Permíteme que te invite, en primer lugar, a dejar de mirar, para comenzar a ver; y posteriormente a contemplar. Sí porque únicamente desde la contemplación podrás llegar a entender de una manera satisfactoria la lectura del evangelio que hoy nos propone la liturgia. O mejor, discúlpame, lo que esa lectura ha hecho florecer en mi corazón.

Tengo que decirte que, al leer y releer este trozo del evangelio de Juan, me di cuenta de que yo estaba un poco como los discípulos: encerrado en la oscuridad de mi casa, con mis miedos.

Sí. Haciendo muchas cosas, por supuesto; yendo de un lado para otro, pero sin un rumbo concreto; cruzándome con una persona y otra, pero sin encontrarme con ellas. Encerrado en mi propia casa con las puertas cerradas, e inmerso en mis miedos.

Entonces, el primer día de la semana aparece Jesús: “Paz a vosotros”.  Porque eso, la paz, es lo que viene a ofrecer, a entregar, a regalar Jesús a sus discípulos. Y en esos discípulos entramos tú y yo.

Así es, Jesús se hace presente en medio de nuestra andadura por la vida, de nuestras circunstancias, de los acontecimientos que nos suceden… para decirnos: “quiero que vivas en paz”, “quiero que en tu vida pueda volver a reinar la esperanza”, “quiero que toda ella rebose de amor”. En definitiva, quiero que vivas la vida de verdad, en plenitud. Y todo eso quiere que lo vivamos con los demás, con las personas que nos rodean, con nuestra familia, nuestros amigos, etc. Quiere que lo vivamos en comunidad.

Les muestra las manos y el costado. Las huellas de la pasión de Jesús, con la resurrección, no se han borrado.  Las dificultades, los obstáculos, los inconvenientes de nuestra vida, a pesar de que la vivamos en plenitud gracias a la Resurrección de Jesús, no desaparecen ni desaparecerán; pero, seremos capaces de vivir todo ello de manera diversa, viviremos desde una perspectiva distinta.

Esta nueva perspectiva, traerá una nueva dimensión a nuestra vida: la alegría. No podemos, si verdaderamente somos seguidores de Jesús Resucitado, seguir viviendo en la oscuridad, en el miedo. A partir de ahora, porque hemos hecho experiencia de Jesús hemos de vivir desde la alegría.

Desde esta situación novedosa, Jesús nos envía a la misión, nos invita a ser sus testigos. Y para ello necesitamos la fuerza del Espíritu Santo.

Entonces, Jesús, lo mismo que Yahveh en la creación del ser humano, les insufló, y nos insufla a nosotros, el hálito de la vida, para que seamos seres nuevos, para que seamos de verdad hombres y mujeres que viven en plenitud.

Y es ahora, cuando estamos preparados para anunciar la Buena Nueva a todas las personas y por todos los confines de la tierra.

Además, Jesús da a los discípulos la potestad de perdonar los pecados. Aquí entiendo por pecado, todo aquel mal que nos impide que podamos tener una relación plena con Dios, todo mal que no nos permite mantenernos en la plena comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Sabiendo que estar en plena comunión con Dios, pasa primero por estar en plena comunión con uno mismo y con el hermano.

La comunidad tiene el poder de reconciliar y de superar las barreras que impiden esa plena comunión con Dios, con uno mismo y con el hermano. La comunidad de los discípulos de Jesús tiene el poder de ayudarnos a vivir la vida en plenitud.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Haz un repaso de tu vida: ¿cómo la estás viviendo? ¿Cuáles son tus miedos?
  • ¿Cuál es tu experiencia de Jesús resucitado?
  • Les insufló el Espíritu Santo. ¿Qué sentimientos despierta este hecho en ti? ¿Cómo es tu relación con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad? ¿Dejas que él trabaje en tu vida?
  • Después de lo leído aquí y de reflexionar: ¿Qué significado tiene para ti la expresión, paz a vosotros?
  • Teniendo en cuenta, que hemos dicho, que la paz es vivir la vida en plenitud ¿De qué forma puedes incrementar la paz en ti mismo y a tu alrededor?
  • Jesús, te envía a la misión. ¿Estás dispuesto a emprenderla y dejarte modelar por el Espíritu para llevarla a cabo?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por el don del Espíritu Santo.
  • Pide a Jesús que insufle en ti su Espíritu Santo.

Lectio Divina Domingo Solemnidad de la Ascensión del Señor – Ciclo C (Lc 24, 46-53)

VERDAD – LECTURA

         En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de l fuerza que viene de lo alto”. Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

         Jesús hoy, quiere invitarnos a ser testigos de su evangelio y a difundirlo por todas las naciones.

         Estaba escrito que el mesías tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos. Es decir, no sólo debía sufrir, para asumir en su propia persona el dolor humano, sino que, además, al tercer día resucitaría. Por tanto, Jesús está vivo entre nosotros. La entrega realizada por Cristo, por amor, no concluye con la muerte, esa entrega comienza nuevamente con la resurrección.

         Y porque está vivo, está presente en la vida de los seres humanos y quiere ofrecerles una vida en plenitud, aunque para ello quiere servirse de sus seguidores, de sus discípulos, ellos son los testigos de su vida, su muerte y su resurrección. Testigo quiere decir que quien habla lo hace desde la experiencia de lo que han vivido al lado del Maestro; de la experiencia que han hecho de Jesús y con Jesús.

Pero para poder experimentar a Jesús, lo primero que hemos de hacer es cambiar de vida, cambiar nuestra perspectiva de las cosas, cambiar nuestro punto de vista, acoger y transmitir el mensaje de Jesús y la vivencia de su persona. A Dios solo se le puede conocer desde la experiencia.

         Para acompañarle e impulsarles a dar testimonio del evangelio, el Padre envía al Espíritu Santo. Él se convierte en nuestro compañero de camino, que nos apoya, ayuda a levantarnos, nos indica el camino…

         Y llega el momento de la despedida, cerca de Betania, lugar de encuentro, de amistad, de dialogo. Se aleja de ellos regalándoles su bendición, regalándoles su presencia para siempre, regalándoles su gracia. Y ante un misterio tan grande, únicamente les queda adorar. Adoran y alegrarse porque a pesar de que todo aquello parece una despedida, en realidad no lo es. Jesús está y estará siempre con nosotros. Por eso vuelven contentos a Jerusalén. Jesús se despide para quedarse.

         Vuelven a Jerusalén y estaban continuamente en el Templo bendiciendo a Dios.

Concluye este evangelio de Lucas en el mismo lugar que empezó con Zacarías: en el Templo. Concluye el evangelio bendiciendo y alabando a Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Jesús, al igual que en el momento de la Ascensión, nos envía a ser testigos de su evangelio en nuestra vida cotidiana, ¿cómo asumes esta llamada en tu vida? ¿Qué acciones pones en práctica?
  • La muerte no ha tenido la última palabra, la última palabra la tiene la resurrección y la vida, precisamente a anunciar y proclamar la vida nos envía Jesús. ¿Eres testigo de la vida?
  • ¿Hacer experiencia quiere decir estar con la persona, relacionarse con ella, escucharla, dialogar con ella…? ¿Cómo es tu experiencia de Jesús? ¿Anuncias esa experiencia a los demás?
  • ¿Eres consciente de la importancia del Espíritu Santo en tu vida? ¿Te relacionas con Él habitualmente?
  • Jesús nos regala su presencia para siempre.

VIDA – ORACIÓN

  • Como los apóstoles, alaba a Dios Padre por los regalos que cada día nos hace.
  • Da gracias a Jesús por haberse quedado entre nosotros, por su presencia. Acoge esa presencia e intenta vivirla con intensidad.
  • Pide al Espíritu Santo que descienda sobre ti con sus dones para que anuncies la Resurrección de Jesucristo a todos lo que te rodean.