¿Cómo vivimos? ¡Vivamos la vida en plenitud! Lectio Divina Solemnidad de Pentecostes – Ciclo C (Jn 20,19-23)

VERDAD – LECTURA

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se pudo en medio de ellos y les dijo:

“Paz a vosotros”.

Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

“Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

Vivimos inmersos en la vorágine de la inmediatez, la rapidez, la urgencia, la prontitud, la prisa…

Somos incapaces de pararnos, aunque sea un instante, para admirar la belleza del mundo que nos rodea, para contemplar la maravillas que afloran de los acontecimientos que están sucediéndose a nuestro alrededor, para disfrutar de una conversación tranquila compartiendo con esa persona que ilusionada nos cuenta como está viviendo en su mundo… ¡Hemos perdido la perspectiva! Los siento mucho, querid@ lector@, pero así es.

Acumulamos datos, informes, cifras, referencias, documentos… Pero estamos muy lejos de vivir experiencias.

Creemos conocernos, pero en realidad somos auténticos desconocidos; incluso nosotros para nosotros mismos.

Creemos dominar el mundo, pero en realidad es el mundo quien nos domina a nosotros.

Y, posiblemente, me dirás: “¡Qué narices tiene esto que ver con la lectura de hoy!”

Pues he de decirte que mucho. Aunque es posible que a primera vista no te lo parezca. Permíteme que te invite, en primer lugar, a dejar de mirar, para comenzar a ver; y posteriormente a contemplar. Sí porque únicamente desde la contemplación podrás llegar a entender de una manera satisfactoria la lectura del evangelio que hoy nos propone la liturgia. O mejor, discúlpame, lo que esa lectura ha hecho florecer en mi corazón.

Tengo que decirte que, al leer y releer este trozo del evangelio de Juan, me di cuenta de que yo estaba un poco como los discípulos: encerrado en la oscuridad de mi casa, con mis miedos.

Sí. Haciendo muchas cosas, por supuesto; yendo de un lado para otro, pero sin un rumbo concreto; cruzándome con una persona y otra, pero sin encontrarme con ellas. Encerrado en mi propia casa con las puertas cerradas, e inmerso en mis miedos.

Entonces, el primer día de la semana aparece Jesús: “Paz a vosotros”.  Porque eso, la paz, es lo que viene a ofrecer, a entregar, a regalar Jesús a sus discípulos. Y en esos discípulos entramos tú y yo.

Así es, Jesús se hace presente en medio de nuestra andadura por la vida, de nuestras circunstancias, de los acontecimientos que nos suceden… para decirnos: “quiero que vivas en paz”, “quiero que en tu vida pueda volver a reinar la esperanza”, “quiero que toda ella rebose de amor”. En definitiva, quiero que vivas la vida de verdad, en plenitud. Y todo eso quiere que lo vivamos con los demás, con las personas que nos rodean, con nuestra familia, nuestros amigos, etc. Quiere que lo vivamos en comunidad.

Les muestra las manos y el costado. Las huellas de la pasión de Jesús, con la resurrección, no se han borrado.  Las dificultades, los obstáculos, los inconvenientes de nuestra vida, a pesar de que la vivamos en plenitud gracias a la Resurrección de Jesús, no desaparecen ni desaparecerán; pero, seremos capaces de vivir todo ello de manera diversa, viviremos desde una perspectiva distinta.

Esta nueva perspectiva, traerá una nueva dimensión a nuestra vida: la alegría. No podemos, si verdaderamente somos seguidores de Jesús Resucitado, seguir viviendo en la oscuridad, en el miedo. A partir de ahora, porque hemos hecho experiencia de Jesús hemos de vivir desde la alegría.

Desde esta situación novedosa, Jesús nos envía a la misión, nos invita a ser sus testigos. Y para ello necesitamos la fuerza del Espíritu Santo.

Entonces, Jesús, lo mismo que Yahveh en la creación del ser humano, les insufló, y nos insufla a nosotros, el hálito de la vida, para que seamos seres nuevos, para que seamos de verdad hombres y mujeres que viven en plenitud.

Y es ahora, cuando estamos preparados para anunciar la Buena Nueva a todas las personas y por todos los confines de la tierra.

Además, Jesús da a los discípulos la potestad de perdonar los pecados. Aquí entiendo por pecado, todo aquel mal que nos impide que podamos tener una relación plena con Dios, todo mal que no nos permite mantenernos en la plena comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Sabiendo que estar en plena comunión con Dios, pasa primero por estar en plena comunión con uno mismo y con el hermano.

La comunidad tiene el poder de reconciliar y de superar las barreras que impiden esa plena comunión con Dios, con uno mismo y con el hermano. La comunidad de los discípulos de Jesús tiene el poder de ayudarnos a vivir la vida en plenitud.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Haz un repaso de tu vida: ¿cómo la estás viviendo? ¿Cuáles son tus miedos?
  • ¿Cuál es tu experiencia de Jesús resucitado?
  • Les insufló el Espíritu Santo. ¿Qué sentimientos despierta este hecho en ti? ¿Cómo es tu relación con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad? ¿Dejas que él trabaje en tu vida?
  • Después de lo leído aquí y de reflexionar: ¿Qué significado tiene para ti la expresión, paz a vosotros?
  • Teniendo en cuenta, que hemos dicho, que la paz es vivir la vida en plenitud ¿De qué forma puedes incrementar la paz en ti mismo y a tu alrededor?
  • Jesús, te envía a la misión. ¿Estás dispuesto a emprenderla y dejarte modelar por el Espíritu para llevarla a cabo?

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por el don del Espíritu Santo.
  • Pide a Jesús que insufle en ti su Espíritu Santo.
Anuncios

Lectio Divina Domingo Solemnidad de la Ascensión del Señor – Ciclo C (Lc 24, 46-53)

VERDAD – LECTURA

         En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de l fuerza que viene de lo alto”. Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

         Jesús hoy, quiere invitarnos a ser testigos de su evangelio y a difundirlo por todas las naciones.

         Estaba escrito que el mesías tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos. Es decir, no sólo debía sufrir, para asumir en su propia persona el dolor humano, sino que, además, al tercer día resucitaría. Por tanto, Jesús está vivo entre nosotros. La entrega realizada por Cristo, por amor, no concluye con la muerte, esa entrega comienza nuevamente con la resurrección.

         Y porque está vivo, está presente en la vida de los seres humanos y quiere ofrecerles una vida en plenitud, aunque para ello quiere servirse de sus seguidores, de sus discípulos, ellos son los testigos de su vida, su muerte y su resurrección. Testigo quiere decir que quien habla lo hace desde la experiencia de lo que han vivido al lado del Maestro; de la experiencia que han hecho de Jesús y con Jesús.

Pero para poder experimentar a Jesús, lo primero que hemos de hacer es cambiar de vida, cambiar nuestra perspectiva de las cosas, cambiar nuestro punto de vista, acoger y transmitir el mensaje de Jesús y la vivencia de su persona. A Dios solo se le puede conocer desde la experiencia.

         Para acompañarle e impulsarles a dar testimonio del evangelio, el Padre envía al Espíritu Santo. Él se convierte en nuestro compañero de camino, que nos apoya, ayuda a levantarnos, nos indica el camino…

         Y llega el momento de la despedida, cerca de Betania, lugar de encuentro, de amistad, de dialogo. Se aleja de ellos regalándoles su bendición, regalándoles su presencia para siempre, regalándoles su gracia. Y ante un misterio tan grande, únicamente les queda adorar. Adoran y alegrarse porque a pesar de que todo aquello parece una despedida, en realidad no lo es. Jesús está y estará siempre con nosotros. Por eso vuelven contentos a Jerusalén. Jesús se despide para quedarse.

         Vuelven a Jerusalén y estaban continuamente en el Templo bendiciendo a Dios.

Concluye este evangelio de Lucas en el mismo lugar que empezó con Zacarías: en el Templo. Concluye el evangelio bendiciendo y alabando a Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Jesús, al igual que en el momento de la Ascensión, nos envía a ser testigos de su evangelio en nuestra vida cotidiana, ¿cómo asumes esta llamada en tu vida? ¿Qué acciones pones en práctica?
  • La muerte no ha tenido la última palabra, la última palabra la tiene la resurrección y la vida, precisamente a anunciar y proclamar la vida nos envía Jesús. ¿Eres testigo de la vida?
  • ¿Hacer experiencia quiere decir estar con la persona, relacionarse con ella, escucharla, dialogar con ella…? ¿Cómo es tu experiencia de Jesús? ¿Anuncias esa experiencia a los demás?
  • ¿Eres consciente de la importancia del Espíritu Santo en tu vida? ¿Te relacionas con Él habitualmente?
  • Jesús nos regala su presencia para siempre.

VIDA – ORACIÓN

  • Como los apóstoles, alaba a Dios Padre por los regalos que cada día nos hace.
  • Da gracias a Jesús por haberse quedado entre nosotros, por su presencia. Acoge esa presencia e intenta vivirla con intensidad.
  • Pide al Espíritu Santo que descienda sobre ti con sus dones para que anuncies la Resurrección de Jesucristo a todos lo que te rodean.

“Ama y guarda mi Palabra” Lectio Divina Domingo VI del Tiempo de Pascua – Ciclo C (Jn 14,23-29)

VERDAD – LECTURA

         En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “El que me ama guardará mi palabra, mi Padre lo amará y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él. El que no me ama no guarda mi palabra; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No estéis angustiados ni tengáis miedo. Ya sabéis lo que os he dicho: Me voy, pero volveré a estar con vosotros. Si me amáis, os alegraréis de que me vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

         Jesús habita entre nosotros, Jesús vive en nuestra vida, está presente en nuestro día a día. El Dios cristiano, no es un Dios lejano, apartado de la vida de los seres humanos. Está presente por amor y en el amor que nos profesamos los unos a los otros.

         Dios siempre da el primer paso. Dios nos amó primero y nos ama incondicionalmente. Nosotros tenemos que vivir y mostrar el amor de Dios hacia nosotros, en nuestro amor a los hermanos. Amar al estilo de Jesús es acoger y poner en práctica su Palabra. Amar al estilo de Jesús es acoger al hermano y compartir con él todas sus vicisitudes: alegrías y sufrimientos, fracasos y logros, muerte y vida. Es estar dispuesto a acompañarlo en todos los acontecimientos diarios, ponerse a su servicio, entregarse a él incondicionalmente.

         Nos consiste únicamente en seguir una serie de normas y doctrinas, es necesario que en nuestra vida esté presente el amor. Desde el amor se es fiel a la palabra. Quien no ama a Jesús en el hermano, puede cumplir a la perfección una serie de normas y preceptos, pero no está guardando la palabra de Jesús, no le ama verdaderamente. Y la palabra de Jesús, no es suya, es la palabra del Padre, aquel que continuamente, está amando y donándose al hombre.

         El Espíritu Santo, nos da consuelo, fortaleza, ánimo, comprensión, nos impulsa a amar. Nos hace recordar la palabra de Jesús y llevarla a la práctica, nos modela según el modelo Jesús de Nazaret, nosotros únicamente debemos acoger y dejarnos hacer, para poder estar al servicio del hermano. Él nos ayudará a vivir en paz y a entregar paz. Una paz que nos es tranquilidad, ausencia de problema, falta de dificultades, enfermedades o tropiezos, es armonía, sosiego, esperanza, calma, confianza. Es serenidad de corazón y valentía.

         Jesús vuelve al Padre, a su lugar original, al lugar en el que estaba desde antes de la creación del mundo, el lugar de su plenitud y de su gloria. Por eso tenemos que alegrarnos, porque a pesar de que ya no le veamos de manera física, el continúa y continuará estando entre nosotros. El no verlo puede producir en nosotros, tristeza, pero su presencia está entre nosotros. Él sigue vivo, él está presente en nuestra vida y nos acompaña; sale cada día a nuestro encuentro, no estamos solos. Hemos de sentir su presencia, de una manera distinta a si estuviera presente físicamente, pero no por ello menos vital. Es importante, tener esto presente, sobre todo en los momentos de dificultad, de problemas, de tropiezos, para que nuestra fe no decaiga. Que no se turbe nuestro corazón. Jesús no se ha ido para siempre. Para siempre, está presente entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Dios está siempre presente en nuestras vidas. ¿Sientes su presencia? ¿De qué manera? ¿Cómo experimentas la presencia de Jesús en tu día a día?
  • Para guardar la palabra de Jesús, primeramente, es necesario escucharla y después ponerla por obra amando a los hermanos. ¿Existen espacios en tu vida cotidiana para escuchar la Palabra de Dios? ¿De qué manera, con qué acciones concretas tratas de llevar a la práctica la Palabra de Jesús?
  • Guardar y cumplir la palabra de Jesús es amar al hermano. ¿Cómo resuena esto en tu corazón? ¿Cómo muestras tu amor hacia los demás? Trata de ser lo más concreto posible.
  • ¿Intentas vivir la paz que Jesús te regala cada día? ¿De qué manera? ¿Qué significado tiene en tu vida la palabra paz en el sentido que hemos expuesto en nuestra lectura?
  • El Espíritu Santo nos lo enseña todo y nos recuerda todo. ¿Cómo es la presencia del Espíritu en tu vida? ¿Lo invocas con frecuencia? ¿Lo tienes presente?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 36,23s-24.34.

El Señor asegura los pasos del hombre

cuyo camino es de su agrado;

aunque tropiece, no caerá por tierra,

pues el Señor le lleva de la mano.

Confía en el Señor y sigue su camino; él te ensalzará y te hará heredar la tierra.

“Amaos unos a otros como yo os he amado” Lectio Divina Domingo V del Tiempo de Pascua – Ciclo C (Jn 13,31-35)

VERDAD – LECTURA

         Tan pronto como Judas salió, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el hijo del hombre y Dios en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios lo glorificará a él y lo glorificará enseguida. Hijos mío, voy a estar ya muy poco con vosotros. Me buscaréis, pero os digo lo mismo que dije a los judíos: Adonde yo voy no podéis ir vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. Que os améis como yo os he amado, así también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros”.

         Hoy, nos encontramos con las palabras de despedida dirigidas por Jesús a sus discípulos antes de su pasión, muerte y resurrección. Nos situamos, después que Judás se marche para consumar su traición; es de noche. El sentido de la noche en el evangelio de Juan tiene dos significados, por un lado, es el momento cumbre de la relación esponsal, incluso de encuentro intimo entre Dios y el hombre; por otro lado, es el momento de mayor oscuridad, donde nos invade el miedo, el peligro, la confusión…; es, además, el momento más adecuado para tramar cualquier tipo de acción no lícita, sin ser visto o descubierto. Este momento, también, es en el que Jesús sufrirá su pasión y su muerte. Será el momento en el que Jesús se separa de nosotros, o más bien, nosotros nos separamos de Jesús; el momento en el que no contamos con su presencia y con su luz. Aunque todo nos parezca que pueda estar en penumbra, si estamos unidos a Jesús las tinieblas no significan nada, no tienen ningún poder; a pesar de la oscuridad nosotros podemos ver perfectamente.

         El discurso que estamos considerando hoy en nuestra oración, comienza con las palabras: “Ahora ha sido glorificado el hijo del hombre y Dios en él.” Ese ahora no se refiere al instante preciso en el que Jesús pronuncia esas palabras. El momento al que se está refiriendo es el instante de su muerte en la cruz. Entonces, Jesús será glorificado, porque en ese momento se manifiesta la gran bondad, el amor y la misericordia de Dios. En ese momento se manifestará la gloria del Padre y, por tanto, la gloria de Jesús. Una gloria que consiste en amar al ser humano, hasta entregar por él la vida, para salvarlo del pecado y de la muerte.

         “Adonde yo voy no podéis ir vosotros”. La cruz no podemos asumirla nosotros, al menos no sin Jesús. Es Jesús quien asume todas nuestras miserias, nuestros problemas, nuestras dificultades… Para transformarlas en salvación. Lo cual no implica que nosotros no hagamos nada. La clave nos la da Jesús en los siguientes versículos: “Amaos como yo os he amado”.

         Jesús comienza a dirigirse a sus discípulos con ternura, con cariño, les dice “Hijos míos”. Y en principio, le pone delante la cruda realidad que vivirá con su pasión y muerte: “Voy a estar ya muy poco con vosotros. Me buscaréis, pero adonde yo voy no podéis venir vosotros.”

         Y les deja como testamento, nos deja como legado el mandamiento nuevo, el que tiene que ser nuestro nuevo estilo de vida. Puesto que yo os he amado, también vosotros tenéis que amaros. Es el único mandamiento que Jesús nos ha dejado: amarnos unos a otros, sin distinción, sin hacer acepción de personas, sin juzgar, sin condiciones. Saber ponernos en la piel de nuestros hermanos no sólo para comprenderlo, sino para acogerlo, acompañarlo y amarlo. En eso conocerán que somos discípulos de Jesús.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué significa para ti que Jesús es la luz de tu vida?
  • Nosotros no podemos asumir la cruz de Jesús, pero sí podemos amar a los otros como él nos amó. ¿Qué significa esto para ti?
  • ¿Sabes reconocer a Jesús en la persona del hermano?
  • El amar a los hermanos es consecuencia del amor de Jesús hacia nosotros, ¿eres consciente de ello? ¿Cómo intentas vivir esto en tu día a día?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Padre, por la entrega de tu Hijo para nuestra salvación. Ayúdame a ofrecer mi vida para acoger, acompañar y amar a mis hermanos, sobre todo en los momentos de mayor dificultad. Dame un corazón de carne, que sepa conmoverse ante el dolor del hermano, que sepa compartir sus penas y alegrías. Que muestre a mis hermanos la grandeza de tu cercanía y tu amor. Amén.

“Tú eres una de las ovejas de Jesús” Lectio Divina Domingo IV del Tiempo de Pascua (Jn 10,27-30)

VERDAD – LECTURA

         En aquel tiempo, dijo Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen; yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; no me las arrebatará nadie de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es más que todos; y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. Yo y el Padre somos uno”.

         La liturgia de este IV domingo de Pascua, nos ofrece una parte del discurso de Jesús, durante la fiesta de la dedicación del Templo de Jerusalén. En esta fiesta, se conmemoraba la consagración del Templo, por parte de Judas el Macabeo, después de la profanación realizada por los sirios, en el año 164 a.c.

         Nos muestra la estrecha relación existente entre Jesús, el Pastor, y sus discípulos, las ovejas.

         Si vamos un poco hacia atrás, en este mismo capítulo 10 (Jn 10,22-26), para situar el texto que nos ocupa, nos encontramos con que los judíos, le han pedido a Jesús que les diga claramente si él es el Mesías o no. La respuesta de Jesús es clara: él ya lo ha dicho, pero ellos no le han creído, ni siquiera por las obras que ha realizado y que claramente lo demuestran. Por eso, ellos no pueden mantener una relación con Jesús, como la que mantiene el pastor con sus ovejas. El cual, las cuida, las acompaña, las defiende, le suministra alimento… El pastor conoce a todas y cada una de sus ovejas, las llama por su nombre, sabe de sus habilidades, su carácter, su esencia, sus problemas, dificultades y defectos. Y las ovejas oyen la voz del pastor y le siguen. Lo mismo hace Jesús con su Iglesia y ella sigue la voz de Jesús. Existe un estrecho vínculo entre el pastor y sus ovejas, entre Jesús y su Iglesia, entre Jesús y cada uno de los cristianos. Vinculo que nadie puede romper.

         Las ovejas de Jesús escuchan atentamente su voz, es decir, escuchan su Palabra, pero no sólo eso; sino que, además, la ponen en práctica, puesto que le siguen.

         Las ovejas son de Jesús, le conocen. Conocer en el lenguaje bíblico significa experimentar vitalmente. Por eso, las ovejas de Jesús comparten con él la vida, tienen con él una relación personal y entrañable, entran en comunión con él. Y ya, aquí y ahora, disfrutan de la vida eterna, aunque esa vida en plenitud llegará en el último día.

         Las ovejas han de estar muy atentas a la voz de Jesús, el Pastor, para no desviarse del camino. Para seguir la senda correcta que conduce a la vida eterna.

         Jesús defiende a sus ovejas, las protege, las cuida. Las ovejas de Jesús no perecerán jamás y nadie puede arrebatárselas, pues es el Padre quien se las ha dado. Sus ovejas pueden sufrir ataques, pueden ser perseguidas, pueden andar entre peligros; pero, nadie podrá arrebatarlas de las manos de Jesús que las defiende. Estando con Jesús las ovejas no deben tener ningún temor. El Pastor es capaz de dar, incluso, la vida por salvar a sus ovejas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Las ovejas de Jesús escuchan su voz, están atentas a lo que él les dice. No es un simple oír, es escuchar de manera activa. Implica acoger la palabra de Jesús, dejarse transformar por ella y ponerla en práctica. ¿Dedicas tiempo en tu vida diaria a escuchar la Palabra de Dios? ¿Te dejas transformar por ella? ¿Intentas ponerla en práctica?
  • ¿Procuras entrar en una relación íntima con Jesús cada día? ¿Te dejas guiar por la voz de Jesús?
  • ¿Intentas cada día seguir las huellas de Jesús o, por el contrario, encaminas tus pasos detrás de otras voces?
  • ¿Te abandonas en las manos de Jesús en los momentos de dificultad, con la seguridad de que Él nunca te deja solo?
  • ¿Cómo experimentas la presencia de Jesús en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

Siente como Jesús te acoge junto a sí en este momento de oración. Está aquí y ahora contigo: te cuida, te protege, te habla… Escúchalo y responde a su Palabra y a su amor con este salmo.

Salmo 23

El Señor es mi pastor; nada me falta.

En verdes praderas me hace reposar,
me conduce hacia las aguas del remanso

y conforta mi alma;
me guiá por los senderos de justicia, por amor a su nombre;

aunque vaya por un valle tenebroso,

no tengo miedo a nada, porque tú estás conmigo,

tu voz y tu cayado me sostienen.

Me preparas una mesa ante mis enemigos,

perfumas con un ungüento mi cabeza

y me llenas la copa a rebosar.


Lealtad y dicha me acompañan

todos los días de mi vida; habitaré en la casa del Señor por siempre jamás.

“Hemos visto al Señor”. Lectio Divina II Domingo de Pascua – Domingo de la Divina Misericordia (Jn 20, 19-31)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Jn 20,19-31)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor Mío y Dios Mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.

Nos encontramos ante el acontecimiento más importante de la historia: la resurrección del Señor. Hoy el evangelio nos narra una de las manifestaciones gloriosas de Jesús. Nos situamos en el atardecer del primer día de la semana, es decir, del domingo, del día del Señor. El día más importante para cualquier cristiano, la conmemoración del día de su resurrección; el día en el que la comunidad cristiana en pleno se encuentra para celebrar la eucaristía. También aquel día, los discípulos se encontraban juntos. Sin embargo, tenían las puertas cerradas y estaban aterrados de miedo. En esta situación se presenta Jesús en medio de ellos, deseándoles la paz. Que no se turbe vuestro corazón, no tengáis miedo, yo estoy con vosotros y os traigo paz; Jesús resucitado ha vencido a la muerte y al pecado.

Les muestra las manos y el costado. Ante su temor y estupor, Jesús quiere mostrarles la prueba tangible de su pasión y muerte. Pasión y muerte que ha traído la paz y la salvación al mundo entero. Y «prueba» de que aquel que murió en la cruz ha resucitado, está vivo entre nosotros. Ante tal acontecimiento y descubrimiento no cabe más que la alegría desbordante.

Y Jesús resucitado envía a sus discípulos; los envía a la misión que ya les había encomendado anteriormente: «Id y predicad la alegría del evangelio». Pero, ahora, ya están preparados. Insufló sobre ellos el Espíritu Santo. Este les dará valor, coraje y la fuerza necesaria para llevar a cabo la misión. Les concede el poder de perdonar lo pecados. A partir de entonces serán también representantes y transmisores de la misericordia del Padre, el único que puede perdonar los pecados.

Tomás no se encontraba allí en aquel momento y le relatan el feliz acontecimiento. Él no les cree. Aquello que le están contando no es verosímil, no es lógico es imposible según la razón humana. Necesita pruebas. Y nuevamente Jesús resucitado se hace presente. Ahora sí está Tomas. Aquí están las pruebas. Jesús no le reprocha nada, simplemente se muestra a él. Y posteriormente le invita a creer incluso en lo imposible, cuando esto viene de Dios. Tomás no puede más que realizar su profesión de fe: «¡Señor mío y Dios mío!».

Lo importe no es creer porque uno ha experimentado la manifestación de Dios, porque haya visto pruebas tangibles, porque las dudas se hayan disipado. Dichoso aquel que crea sin haber visto.

Otros signos, realizó Jesús que no están escritos en los evangelios. Otros signos, sigue realizando hoy en nuestro mundo, en tu vida y en mi vida, en nuestro acontecer cotidiano. ¿Seremos capaces de reconocerlos?

CAMINO – MEDITACIÓN

 • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Cada domingo, como aquel primer día de la semana, cada día, Jesús se hace presente, se manifiesta en la comunidad, en el hermano, en la escucha de la Palabra y sobre todo en la eucaristía. ¿Eres consciente de ello? ¿Cómo vives estos acontecimientos? ¿Reconoces a Jesús en estos espacios, lugares y circunstancias?

• Jesús viene a traerte la paz, ¿cómo vives tu día a día, ante las distintas situaciones, circunstancias, acontecimientos…? ¿Vives con angustia, con pesadumbre, con miedo?

• También sobre ti ha descendido el Espíritu Santo para que seas testigo de la misericordia y el amor de Dios entre todos aquellos que entran en contacto contigo. ¿Verdaderamente eres testigo del evangelio? ¿Qué actitudes, conductas, gestos has de cambiar en tu vida?

• ¿Será Tomás tu mellizo? ¿Eres incrédulo o creyente? ¿Necesitas pruebas palpables, empíricas? ¿Necesitas ver y tocar para creer? ¿Has tomado el pulso a tu fe?

• Escucha en lo más profundo de tu persona como Jesús te dice: «¡Dichoso porque crees sin haber visto!». Quédate ahí algunos instantes y dialoga con Jesús

VIDA – ORACIÓN

• Glorifica al Padre y alábale el regalo de la resurrección, la de Jesús y la nuestra.

• Da gracias a Jesús por enviarte a ser testigo del evangelio y por el diálogo que has mantenido con él hace un momento.

• Pide al Espíritu Santo que te otorgue la fuerza necesaria, el vigor y la valentía para anunciar a Cristo Resucitado.

LECTIO DIVINA DOMINGO DE PENTECOSTÉS (Jn 20,19-23) – Ciclo B

¡Ven-Espíritu-Santo-a-nuestro-corazón-21

VERDAD – LECTURA

19 En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se pu

so en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”.

20 Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

21 Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”.

22 Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíri

tu Santo.

23 A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.

 

Celebramos hoy, la solemnidad de Pentecostés.

¿Pentecostés? Así es. Pentecostés significa quincuagésimo o cincuentena. Para los cristianos es el día en el que se celebra la donación del E

spíritu Santo a la Iglesia, cincuenta días después de la Pascua.

Sin embargo, el origen de esta fiesta hemos de buscarla en la espiritualidad judía. Cincuenta días después de la Pascua, la pesaj, fiesta en la que se celebraba la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto; cincuenta después de la pascua, como decía, el pueblo judío celebraba la fiesta de Pentecostés (shavuot), en ella se hacía memoria del momento de la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés en el Sinaí. Pero es, además, un día de acción de gracias por los primeros frutos de la tierra cosechados. En es día, Jerusalén se llenaba de peregrinos llegados de diferentes lugares.

En este día los cristianos, como indicábamos más arriba, celebramos la venida, la donación, el regalo del Espíritu Santo a la Iglesia. Y precisamente, la narración de este hecho es el que nos ofrece hoy la liturgia, tanto en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2,1-11), como en el Evangelio (Jn 20,19-23). Vamos a centrarnos precisamente en este último.

Los textos que anteceden a este fragmento del evangelio de

Juan son la narración del sepulcro vacío (Jn 20,1-10) y la manifestación a María Magdalena (20,11-18). Posteriormente, se nos relata la reacción de Tomás (20, 24-29 y la manifestación de Jesús en el lago Tiberiades (Jn 21).

Nos encontramos al atardecer del primer día de la semana,. El domingo, el día más importante para los discípulos puesto que es el día en el que tuvo lugar la resurrección, es el día de la nueva creación. Todos los acontecimientos narrados en el capítulo 20 del evangelio de Juan ocurren el domingo. Para Juan el hecho de la venida del Espíritu Santo no tiene lugar cincuenta días después de la Pascua, sino el mismo día de la resurrección; está interesado en mostrarnos la estrecha vinculación existente entre la resurrección de Jesús y la dona

ción del Espíritu Santo.

Al atardecer de aquel domingo, los discípulos se encuentran encerrados con las puertas bien cerradas porque tiene miedo a los judíos; tiene miedo de aquellos que han matado al Maestro. A pesar de que, Pedro y el otro discípulo han visto la tumba vacía; a pesar de que, María Magdalena ha experimentado que Jesús vive y se lo ha comunicado a los discípulos, todavía están atemorizados.

Jesús ahora se hace presente en medio de la comunidad de los discípulos reunidos. Jesús está en el centro de la misma. ¡Jesús está vivo! ¡Jesús está en medio de nosotros! Por dos veces les dice: ¡La paz esté con vosotros! (Shalom). La tercera vez que les de la paz, signo de plenitud, será

cuando Tomás se encuentre también con ellos.

Les muestra lasJesus apostoles señales de la pasión, les enseña las manos y el costado.

Puesto que, la resurrección no ha borrado esas señales. La pasión, muerte y resurrección siempre van unidas. No podemos quedarnos anclados únicamente en la pasión y muerte de Jesús: ¡Él está vivo en medio de nosotros! Les muestras las manos que representan la fuerza de Jesús, manos libres que son signos de su victoria; el costado que es signo de su amor sin límites (Mateos – Barreto).

Al verlo, los discípulos se llenan de alegría. Y les envía a la misión. Volviéndoles a desear la paz. En hebrero Shalom cuyo significado no es únicamente ausencia de guerra. Shalom es armonía, es caridad, es misericordia, es igualdad, que es felicidad, es unidad.

Pero, para poder llevar a cabo la misión les comunica el Espíritu Santo, nos comunica, también, a todos nosotros el Espíritu Santo. Úni

camente con Él y junto a Él, con su fuerza podemos emprender la misión y llevarla a término.

Pero, ¿a qué envía Jesús a sus discípulos? ¿Cuál es su misión principal? La misión que encomienda Jesús a todos sus discípulos, de todos los tiempos, es la de reconciliar al mundo con Dios, llevar a todas las criaturas la misericordia de Dios, perdonar a todos aquellos que queramos acercarnos a Dios, a pesar de nuestras debilidades, de nuestras fragilidades, de nuestras flaquezas, de nuestro pecado. Porque, “habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15,7). Aunque habrá quienes acojan esa reconciliación y quienes la rech

acen. Pero los discípulos nunca se deben de cansar de ofrecer el perdón y la reconciliación con Dios.

Jesús está vivo, Jesús nos envía, Jesús nos envía el Espíritu Santo para que sea nuestra fortaleza, nuestro acompañante en el camino, nuestro consuelo, nuestra energía, nuestra vitalidad. Abrámonos a su presencia y dejémonos conformar y configurar por Él.

jesus-appears-to-disciples

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

  • Al igual que los discípulos, es posible, que también tú permanezcas encerrado por miedo. ¿Cuáles son esos miedos? ¿Qué perturba tu vida? ¿Pones esos miedos en las manos de Jesús? ¿Te dejas invadir por el Espíritu? ¿Lo acoges en tu vida?

  • ¿Intento vivir mi vida cotidiana llevando la paz de Jesús a los demás?

  • ¿Reconoces la presencia de Jesús y del E

    spíritu en tu vida?

  • ¿Te dejas iluminar, guiar, acompañar por el Espíritu para ser capaz de interpretar los acontecimientos de la historia desde una perspectiva cristiana?

  • ¿Estas atento/a a las diversas manifestaciones del Espíritu Santo en los acontecimientos que se producen a tu alrededor?

  • ¿Manifiestas y muestras a los demás el amor incondicional y gratuito del Padre? ¿De qué forma? ¿Infundes y ofreces paz y perdón?

pentecostes

VIDA – ORACIÓN

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndidos. Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas, y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre si tu le faltas por dentro;

mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,

doma al Espíritu indómito, guía el que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

Lectio Divina de la Solemnidad de la Ascensión del Señor – Ciclo B (Mc 16,15-20)

LeChuaVeTroi-Phuong

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 16, 15-20)

En aquel tiempo se apareció Jesús a los doce y les dijo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios; hablarán lenguas nuevas; agarrarán las serpientes y, aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán».Jesús, el Señor, después de haber hablado con ellos, subió al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban.

En la celebración de la solemnidad de la Ascensión del Señor, la liturgia nos ofrece la narración de este acontecimiento, según la versión recogida en el evangelio de Marcos. En este pasaje evangélico Jesús, no sólo asciende a los cielos, sino que además envía a los once a la misión. Una misión que consiste en dar a conocer la Buena Nueva a toda la creación. Hemos de notar la universalidad de este hecho, expresada en dicho envío: Id al mundo entero y proclamad la Buena Nueva a toda la creación (16,15). La reacción de los destinatarios de esta misión puede ser de acogida o de rechazo. Acoger el evangelio conlleva el dejarse bautizar, conlleva convertirse en discípulo de Jesús y conlleva la salvación. Y a los que crean les acompañarán una serie de signos: a) expulsarán demonios; b) hablarán nuevas lenguas; c) agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará; d) impondrán las manos a los enfermos y sanarán. Veamos cada uno de estos signos.

a) Expulsarán demonios.

A quienes crean, Jesús les da el poder de combatir el mal. Les da poder para expulsar el mal de sus vidas y de las vida de los demás.

b) Hablarán nuevas lenguas.roma-la-ascensión-del-fresco-del-señor-en-anima-del-dell-de-santa-maria-de-la-iglesia-de-francesco-salviati-partir-del-centavo-53001549

Quienes acojan a Jesús, tendrán la capacidad de de comunicarse con los demás de una forma nueva y distinta. Esa nueva forma de comunicarse es el lenguaje del amor. Un lenguaje que todo el mundo es capaz de entender.

c) Agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará.

La serpiente si te pica, te inocua su veneno y puede conducir a la muerte; lo mismo que ocurre cuando alguien bebe un veneno. Y son muchas las actitudes, las actuaciones, los modos de envenenar las relaciones entre las personas, sobre todo cuando lo que no prima es el amor. Pero quien vive en la dinámica de Jesús, quien vive y hace suyo el mandamiento del amor es capaz de pasar por encima de estos venenos.

d) Impondrán las manos a los enfermos y sanarán.

En cualquier lugar en el que Dios está presente, la persona excluida de la sociedad, la persona desdichada, la persona en dificultades, los últimos de la sociedad son acogidos por la comunidad, son amados y son acompañados. Esta es la mejor manera de sanación.

Una vez, que Jesús envía a los suyos a la misión, una vez que nos envía a nosotros, sólo queda salir a predicar la Palabra, la cual será confirmada por los signos. A través de nosotros, Jesús continúa su misión. Nosotros somos sus pies, sus manos, sus ojos, su corazón. Y hemos de ir preferencialmente, no exclusivamente, a sus preferidos: los pobres.

A todas las criaturas, a todos los confines del mundo ha de llegar la alegría y la esperanza del evangelio.

25

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el día de hoy, también te envía Jesús, ¿Cuál es tu repuesta?

• ¿Eres consciente de que si crees a Jesús y asumes su misión te acompañarán los signos descritos en el evangelio? ¿Se verifican de algún modo en tu vida?

• ¿Has asumido que eres los pies, las manos, la mente, el corazón de Jesús presente en el mundo de hoy? ¿Qué implicaciones tiene esto para ti?

• ¿Qué significado tiene para ti el amor preferencial, que no exclusivo, hacia los pobres?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por llamarme a la misión de de llevar el evangelio a todas las criaturas y a todos los confines de la tierra.

• Doy gracias a Jesús por los signos que me acompañan al  dar Jesús a los demás.

• Le ofrezco mi vida a Dios para entregarme a la difusión universal del evangelio, empezando por las personas que están más cercanas a mí.

• Pido a Dios Padre que me ayude a ver el rostro de Jesús en los excluidos de la sociedad.

• Id al mundo entero y proclamad la Buena Noticia a toda la creación.

“Recibid el Espíritu Santo” Lectio Divina Domingo de Pentecostés (Jn 20,19-23)

pente

VERDAD – LECTURA

19 En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”.

 20 Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

 21 Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”.

 22 Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo.

 23 A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.

 

Nos encontramos al atardecer del primer día de la semana, al atardecer del domingo, los discípulos se encuentran encerrados con las puertas bien cerradas porque tiene miedo a los judíos; tiene miedo de aquellos que han matado al Maestro, a pesar de que Pedro y el otro discípulo han visto la tumba vacía, a pesar de que María Magdalena ha experimentado que Jesús vive y se lo ha comunicado a los discípulos, todavía están atemorizados.

Jesús ahora se hace presente en medio de la comunidad de los discípulos reunidos. Jesús está en medio de ello. ¡Jesús está vivo! ¡Jesús está en medio de nosotros! Por dos veces les dice: ¡La paz esté con vosotros! La tercera vez que les de la paz, signo de plenitud, será cuando Tomás se encuentre también con ellos.

Les muestra las señales de la pasión, les enseña las manos y el costado. A pesar de todo, la resurrección no ha borrado esas señales. La pasión, muerte y resurrección siempre van unidas. No podemos quedarnos anclados únicamente en la pasión y muerte de Jesús: ¡Él está vivo en medio de nosotros! Les muestras las manos que representan la fuerza de Jesús, manos libres que son signos de su victoria; el costado que es signo de su amor sin límites (Mateos – Barreto).

Al verlo los discípulos se llenan de alegría. Y les envía a la misión. Y, como hemos apuntado más arriba les vuelve a desear y a transmitir la paz. Una paz que no es únicamente ausencia de guerra. Una paz que es armonía, que es caridad, que es misericordia, que es igualdad, que es felicidad, que es comunidad. Jesús envía a los discípulos de la misma manera que el PadrNoticia-20160414-Pentecostes-7e le envío a Él, Jesús envía a los discípulos con la misma misión que el Padre le envió a Él.

Para poder llevar a cabo la misión les comunica el Espíritu Santo. Únicamente con Él y junto a Él, con su fuerza podemos emprender la misión y llevarla a término.

Pero, ¿a qué envía Jesús a los discípulos? ¿Cuál es la principal misión de los discípulos? A reconciliar al mundo con Dios, a llevar a todas las criaturas la misericordia de Dios, a perdonar a todos aquellos que queramos acercarnos a Dios, a pesar de nuestras debilidades, de nuestras fragilidades, de nuestras flaquezas, de nuestro pecado. Porque, “habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15,7). Aunque habrá quienes acojan esa reconciliación y quienes la rechacen. Pero los discípulos nunca se deben de cansar de ofrecer el perdón y la reconciliación con Dios.

Jesús está vivo, Jesús nos envía, Jesús nos envía el Espíritu Santo para que sea nuestra fortaleza, nuestro acompañante en el camino, nuestro consuelo, nuestra energía, nuestra vitalidad. Abrámonos a su presencia y dejémonos conformar y configurar por Él.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Al igual que los discípulos, también tú permaneces encerrado por miedo. ¿Cuáles son esos miedos? ¿Qué perturba tu vida? ¿Pones esos miedos en las manos de Jesús? ¿Te dejas invadir por el Espíritu? ¿Lo acoges en tu vida?
  • ¿Intento vivir mi vida cotidiana llevando la paz de Jesús a los demás?
  • ¿Reconoces la presencia de Jesús y del Espíritu en tu vida?
  • ¿Te dejas iluminar, guiar, acompañar por el Espíritu para ser capaz de interpretar los acontecimientos de la historia desde una perspectiva cristiana?
  • ¿Estas atento/a a las diversas manifestaciones del Espíritu Santo en los acontecimientos que se producen a tu alrededor?
  • ¿Manifiestas y muestras a los demás el amor incondicional y gratuito del Padre? ¿De qué forma? ¿Infundes y ofreces paz y perdón?

 

VIDA – ORACIÓN

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.  Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndidos. Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas, y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tu le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento, riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al Espíritu indómito, guía el que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

 

Id y haced discípulos míos. Lectio Divina de la Ascensión del Señor

VERDAD – LECTURA

16En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, 17al verlo, lo adoraron.

Algunos habían dudado hasta entonces. 18Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

 

Después de la resurrección, Jesús se encuentra con sus discípulos en Galilea. Galilea es la tierra de la primera llamada a los discípulos, es el lugar en el cual los discípulos comenzaron el seguimiento de Jesús (Mt 4,18-22).

Pero además, este encuentro acontece en un monte que Jesús había señalado previamente. El monte para el pueblo de Israel, simbólicamente, es el lugar de la manifestación de Dios, del encuentro con Yahveh; en el evangelio de Mato, además, el monte es lugar en el cual, Jesús vence una de las tentaciones; es el lugar en el que él proclama las bienaventuranzas, el lugar en el que se transfiguró, allí donde él subía a orar.

Cuando los discípulos le ven, lo adoran. Una postura que solo adoptamos ante Dios. Aquí vemos como los discípulos reconocen la divinidad de Jesús. Aunque algunos de ellos, todavía, albergara algunas dudas en su corazón. Una vez disipadas esas dudas; los discípulos serán capaces de dar testimonio de Cristo Resucitado. Una vez que el Espíritu Santo venga sobre todos, y cada uno de los apóstoles, serán capaces de dar testimonio de la Buena Noticia, de anunciar que aquel que murió en una cruz ahora, porque así lo ha querido el Padre está vivo.

Entonces Jesús les habla: «Del Padre ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra». Ahora Jesús es glorificado. Sube al cielo y el Padre le otorga el poder absoluto.

En este momento es cuando puede enviar a sus discípulos a la misión: «Id y haced discípulos míos a todas las naciones de la tierra» (Mt 28,19). No solo haDivino%20Maestron de proclamar la doctrina de Jesús, han de conseguir la plena adhesión a Jesús de aquellos con los que se encuentren, han de conseguir que todas las naciones de la tierra sigan al Maestro. En todas las naciones de la Tierra aparecerán nuevos discípulos de Jesús, que lleven la Buena Noticia del evangelio a otros. Es una nueva llamada al discipulado. Una nueva llamada que se hace concreta por medio de sus discípulos, de aquellos que han visto y oído las acciones y las palabras de Jesús. Una llamada que no se hace únicamente al pueblo judío, sino que se abre a todas las naciones de la Tierra

Los nuevos discípulos serán incorporados al camino de seguimiento de Jesús mediante el bautismo, y con ello entrarán en comunión con la Trinidad; se convertirán en propiedad de Dios, en amigos de Dios, en hijos de Dios. Una vez incorporados a Cristo, una vez que han aceptado a Jesús como único Salvador, deberán enseñarles a guardar su Palabra, a vivirla, a ponerla en práctica.

Para realizar esta misión, los apóstoles no estarán solos. No cabe duda que es una difícil misión, pero Jesús estará presente, caminará junto a ellos hasta el final de los tiempos. Él ha venido para ser Emmanuel: Dios con nosotros.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Los discípulos para encontrarse con Jesús vuelven al principio, a las raíces, a la primera llamada. ¿Qué te sugiere este hecho? ¿Cuál fue tu primera “Galilea”? ¿Dónde se produjo tu primera llamada? ¿Cómo fue? ¿A qué te invitó Jesús?
  • Busca en tu vida tus propios montes, aquellos lugares en los cuales Dios se te ha hecho presente, se te ha manifestado. ¿Qué sentimientos se despiertan en ti? ¿Qué te pidió Dios? ¿Qué te pide en este momento en este nuevo lugar de su manifestación, aquí y ahora?
  • Es normal que albergues dudas en tu corazón, ¿cómo se disipan esas dudas? ¿te acercas a la Palabra de Jesús para que sea luz y alimento para tu caminar diario? ¿te acercas a la eucaristía para que sea fuerza y te impulse en tu vivir cotidiano?
  • Hoy, también a ti, Jesús te envía a hacer discípulos suyos por toda la tierra, pero sobre todo a dar testimonio de Cristo resucitado entre los que te rodean. ¿De qué modo das testimonio de tu experiencia de Jesús?
  • ¿De qué forma te está preparando para volver a recordar el envío del Espíritu Santo? ¿Para hacerte consciente de su presencia en tu vida?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios, y sobre todo a Jesús, por acompañarte en todo momento por el camino de la vida.
  • Pide perdón por aquellos momentos en los que no quieres ver la presencia de Dios, la manifestación de Dios en tu vida.
  • Permanece por unos instantes en adoración a Jesús. Háblale de tus dificultades en la misión de anunciar la Buena Nueva. Recuerda sus palabras: “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Jesús está contigo y te acompaña, hace camino junto a ti, te enseña lo que tienes que anunciar.