LECTIO DIVINA DOMINGO DE PENTECOSTÉS (Jn 20,19-23) – Ciclo B

¡Ven-Espíritu-Santo-a-nuestro-corazón-21

VERDAD – LECTURA

19 En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se pu

so en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”.

20 Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

21 Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”.

22 Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíri

tu Santo.

23 A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.

 

Celebramos hoy, la solemnidad de Pentecostés.

¿Pentecostés? Así es. Pentecostés significa quincuagésimo o cincuentena. Para los cristianos es el día en el que se celebra la donación del E

spíritu Santo a la Iglesia, cincuenta días después de la Pascua.

Sin embargo, el origen de esta fiesta hemos de buscarla en la espiritualidad judía. Cincuenta días después de la Pascua, la pesaj, fiesta en la que se celebraba la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto; cincuenta después de la pascua, como decía, el pueblo judío celebraba la fiesta de Pentecostés (shavuot), en ella se hacía memoria del momento de la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés en el Sinaí. Pero es, además, un día de acción de gracias por los primeros frutos de la tierra cosechados. En es día, Jerusalén se llenaba de peregrinos llegados de diferentes lugares.

En este día los cristianos, como indicábamos más arriba, celebramos la venida, la donación, el regalo del Espíritu Santo a la Iglesia. Y precisamente, la narración de este hecho es el que nos ofrece hoy la liturgia, tanto en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2,1-11), como en el Evangelio (Jn 20,19-23). Vamos a centrarnos precisamente en este último.

Los textos que anteceden a este fragmento del evangelio de

Juan son la narración del sepulcro vacío (Jn 20,1-10) y la manifestación a María Magdalena (20,11-18). Posteriormente, se nos relata la reacción de Tomás (20, 24-29 y la manifestación de Jesús en el lago Tiberiades (Jn 21).

Nos encontramos al atardecer del primer día de la semana,. El domingo, el día más importante para los discípulos puesto que es el día en el que tuvo lugar la resurrección, es el día de la nueva creación. Todos los acontecimientos narrados en el capítulo 20 del evangelio de Juan ocurren el domingo. Para Juan el hecho de la venida del Espíritu Santo no tiene lugar cincuenta días después de la Pascua, sino el mismo día de la resurrección; está interesado en mostrarnos la estrecha vinculación existente entre la resurrección de Jesús y la dona

ción del Espíritu Santo.

Al atardecer de aquel domingo, los discípulos se encuentran encerrados con las puertas bien cerradas porque tiene miedo a los judíos; tiene miedo de aquellos que han matado al Maestro. A pesar de que, Pedro y el otro discípulo han visto la tumba vacía; a pesar de que, María Magdalena ha experimentado que Jesús vive y se lo ha comunicado a los discípulos, todavía están atemorizados.

Jesús ahora se hace presente en medio de la comunidad de los discípulos reunidos. Jesús está en el centro de la misma. ¡Jesús está vivo! ¡Jesús está en medio de nosotros! Por dos veces les dice: ¡La paz esté con vosotros! (Shalom). La tercera vez que les de la paz, signo de plenitud, será

cuando Tomás se encuentre también con ellos.

Les muestra lasJesus apostoles señales de la pasión, les enseña las manos y el costado.

Puesto que, la resurrección no ha borrado esas señales. La pasión, muerte y resurrección siempre van unidas. No podemos quedarnos anclados únicamente en la pasión y muerte de Jesús: ¡Él está vivo en medio de nosotros! Les muestras las manos que representan la fuerza de Jesús, manos libres que son signos de su victoria; el costado que es signo de su amor sin límites (Mateos – Barreto).

Al verlo, los discípulos se llenan de alegría. Y les envía a la misión. Volviéndoles a desear la paz. En hebrero Shalom cuyo significado no es únicamente ausencia de guerra. Shalom es armonía, es caridad, es misericordia, es igualdad, que es felicidad, es unidad.

Pero, para poder llevar a cabo la misión les comunica el Espíritu Santo, nos comunica, también, a todos nosotros el Espíritu Santo. Úni

camente con Él y junto a Él, con su fuerza podemos emprender la misión y llevarla a término.

Pero, ¿a qué envía Jesús a sus discípulos? ¿Cuál es su misión principal? La misión que encomienda Jesús a todos sus discípulos, de todos los tiempos, es la de reconciliar al mundo con Dios, llevar a todas las criaturas la misericordia de Dios, perdonar a todos aquellos que queramos acercarnos a Dios, a pesar de nuestras debilidades, de nuestras fragilidades, de nuestras flaquezas, de nuestro pecado. Porque, “habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15,7). Aunque habrá quienes acojan esa reconciliación y quienes la rech

acen. Pero los discípulos nunca se deben de cansar de ofrecer el perdón y la reconciliación con Dios.

Jesús está vivo, Jesús nos envía, Jesús nos envía el Espíritu Santo para que sea nuestra fortaleza, nuestro acompañante en el camino, nuestro consuelo, nuestra energía, nuestra vitalidad. Abrámonos a su presencia y dejémonos conformar y configurar por Él.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

  • Al igual que los discípulos, es posible, que también tú permanezcas encerrado por miedo. ¿Cuáles son esos miedos? ¿Qué perturba tu vida? ¿Pones esos miedos en las manos de Jesús? ¿Te dejas invadir por el Espíritu? ¿Lo acoges en tu vida?

  • ¿Intento vivir mi vida cotidiana llevando la paz de Jesús a los demás?

  • ¿Reconoces la presencia de Jesús y del E

    spíritu en tu vida?

  • ¿Te dejas iluminar, guiar, acompañar por el Espíritu para ser capaz de interpretar los acontecimientos de la historia desde una perspectiva cristiana?

  • ¿Estas atento/a a las diversas manifestaciones del Espíritu Santo en los acontecimientos que se producen a tu alrededor?

  • ¿Manifiestas y muestras a los demás el amor incondicional y gratuito del Padre? ¿De qué forma? ¿Infundes y ofreces paz y perdón?

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VIDA – ORACIÓN

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndidos. Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas, y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre si tu le faltas por dentro;

mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,

doma al Espíritu indómito, guía el que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

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Lectio Divina de la Solemnidad de la Ascensión del Señor – Ciclo B (Mc 16,15-20)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 16, 15-20)

En aquel tiempo se apareció Jesús a los doce y les dijo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios; hablarán lenguas nuevas; agarrarán las serpientes y, aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán».Jesús, el Señor, después de haber hablado con ellos, subió al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban.

En la celebración de la solemnidad de la Ascensión del Señor, la liturgia nos ofrece la narración de este acontecimiento, según la versión recogida en el evangelio de Marcos. En este pasaje evangélico Jesús, no sólo asciende a los cielos, sino que además envía a los once a la misión. Una misión que consiste en dar a conocer la Buena Nueva a toda la creación. Hemos de notar la universalidad de este hecho, expresada en dicho envío: Id al mundo entero y proclamad la Buena Nueva a toda la creación (16,15). La reacción de los destinatarios de esta misión puede ser de acogida o de rechazo. Acoger el evangelio conlleva el dejarse bautizar, conlleva convertirse en discípulo de Jesús y conlleva la salvación. Y a los que crean les acompañarán una serie de signos: a) expulsarán demonios; b) hablarán nuevas lenguas; c) agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará; d) impondrán las manos a los enfermos y sanarán. Veamos cada uno de estos signos.

a) Expulsarán demonios.

A quienes crean, Jesús les da el poder de combatir el mal. Les da poder para expulsar el mal de sus vidas y de las vida de los demás.

b) Hablarán nuevas lenguas.roma-la-ascensión-del-fresco-del-señor-en-anima-del-dell-de-santa-maria-de-la-iglesia-de-francesco-salviati-partir-del-centavo-53001549

Quienes acojan a Jesús, tendrán la capacidad de de comunicarse con los demás de una forma nueva y distinta. Esa nueva forma de comunicarse es el lenguaje del amor. Un lenguaje que todo el mundo es capaz de entender.

c) Agarrarán serpientes con sus manos y aunque beban un veneno no les dañará.

La serpiente si te pica, te inocua su veneno y puede conducir a la muerte; lo mismo que ocurre cuando alguien bebe un veneno. Y son muchas las actitudes, las actuaciones, los modos de envenenar las relaciones entre las personas, sobre todo cuando lo que no prima es el amor. Pero quien vive en la dinámica de Jesús, quien vive y hace suyo el mandamiento del amor es capaz de pasar por encima de estos venenos.

d) Impondrán las manos a los enfermos y sanarán.

En cualquier lugar en el que Dios está presente, la persona excluida de la sociedad, la persona desdichada, la persona en dificultades, los últimos de la sociedad son acogidos por la comunidad, son amados y son acompañados. Esta es la mejor manera de sanación.

Una vez, que Jesús envía a los suyos a la misión, una vez que nos envía a nosotros, sólo queda salir a predicar la Palabra, la cual será confirmada por los signos. A través de nosotros, Jesús continúa su misión. Nosotros somos sus pies, sus manos, sus ojos, su corazón. Y hemos de ir preferencialmente, no exclusivamente, a sus preferidos: los pobres.

A todas las criaturas, a todos los confines del mundo ha de llegar la alegría y la esperanza del evangelio.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el día de hoy, también te envía Jesús, ¿Cuál es tu repuesta?

• ¿Eres consciente de que si crees a Jesús y asumes su misión te acompañarán los signos descritos en el evangelio? ¿Se verifican de algún modo en tu vida?

• ¿Has asumido que eres los pies, las manos, la mente, el corazón de Jesús presente en el mundo de hoy? ¿Qué implicaciones tiene esto para ti?

• ¿Qué significado tiene para ti el amor preferencial, que no exclusivo, hacia los pobres?

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por llamarme a la misión de de llevar el evangelio a todas las criaturas y a todos los confines de la tierra.

• Doy gracias a Jesús por los signos que me acompañan al  dar Jesús a los demás.

• Le ofrezco mi vida a Dios para entregarme a la difusión universal del evangelio, empezando por las personas que están más cercanas a mí.

• Pido a Dios Padre que me ayude a ver el rostro de Jesús en los excluidos de la sociedad.

• Id al mundo entero y proclamad la Buena Noticia a toda la creación.

“Recibid el Espíritu Santo” Lectio Divina Domingo de Pentecostés (Jn 20,19-23)

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VERDAD – LECTURA

19 En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”.

 20 Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

 21 Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”.

 22 Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo.

 23 A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.

 

Nos encontramos al atardecer del primer día de la semana, al atardecer del domingo, los discípulos se encuentran encerrados con las puertas bien cerradas porque tiene miedo a los judíos; tiene miedo de aquellos que han matado al Maestro, a pesar de que Pedro y el otro discípulo han visto la tumba vacía, a pesar de que María Magdalena ha experimentado que Jesús vive y se lo ha comunicado a los discípulos, todavía están atemorizados.

Jesús ahora se hace presente en medio de la comunidad de los discípulos reunidos. Jesús está en medio de ello. ¡Jesús está vivo! ¡Jesús está en medio de nosotros! Por dos veces les dice: ¡La paz esté con vosotros! La tercera vez que les de la paz, signo de plenitud, será cuando Tomás se encuentre también con ellos.

Les muestra las señales de la pasión, les enseña las manos y el costado. A pesar de todo, la resurrección no ha borrado esas señales. La pasión, muerte y resurrección siempre van unidas. No podemos quedarnos anclados únicamente en la pasión y muerte de Jesús: ¡Él está vivo en medio de nosotros! Les muestras las manos que representan la fuerza de Jesús, manos libres que son signos de su victoria; el costado que es signo de su amor sin límites (Mateos – Barreto).

Al verlo los discípulos se llenan de alegría. Y les envía a la misión. Y, como hemos apuntado más arriba les vuelve a desear y a transmitir la paz. Una paz que no es únicamente ausencia de guerra. Una paz que es armonía, que es caridad, que es misericordia, que es igualdad, que es felicidad, que es comunidad. Jesús envía a los discípulos de la misma manera que el PadrNoticia-20160414-Pentecostes-7e le envío a Él, Jesús envía a los discípulos con la misma misión que el Padre le envió a Él.

Para poder llevar a cabo la misión les comunica el Espíritu Santo. Únicamente con Él y junto a Él, con su fuerza podemos emprender la misión y llevarla a término.

Pero, ¿a qué envía Jesús a los discípulos? ¿Cuál es la principal misión de los discípulos? A reconciliar al mundo con Dios, a llevar a todas las criaturas la misericordia de Dios, a perdonar a todos aquellos que queramos acercarnos a Dios, a pesar de nuestras debilidades, de nuestras fragilidades, de nuestras flaquezas, de nuestro pecado. Porque, “habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15,7). Aunque habrá quienes acojan esa reconciliación y quienes la rechacen. Pero los discípulos nunca se deben de cansar de ofrecer el perdón y la reconciliación con Dios.

Jesús está vivo, Jesús nos envía, Jesús nos envía el Espíritu Santo para que sea nuestra fortaleza, nuestro acompañante en el camino, nuestro consuelo, nuestra energía, nuestra vitalidad. Abrámonos a su presencia y dejémonos conformar y configurar por Él.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Al igual que los discípulos, también tú permaneces encerrado por miedo. ¿Cuáles son esos miedos? ¿Qué perturba tu vida? ¿Pones esos miedos en las manos de Jesús? ¿Te dejas invadir por el Espíritu? ¿Lo acoges en tu vida?
  • ¿Intento vivir mi vida cotidiana llevando la paz de Jesús a los demás?
  • ¿Reconoces la presencia de Jesús y del Espíritu en tu vida?
  • ¿Te dejas iluminar, guiar, acompañar por el Espíritu para ser capaz de interpretar los acontecimientos de la historia desde una perspectiva cristiana?
  • ¿Estas atento/a a las diversas manifestaciones del Espíritu Santo en los acontecimientos que se producen a tu alrededor?
  • ¿Manifiestas y muestras a los demás el amor incondicional y gratuito del Padre? ¿De qué forma? ¿Infundes y ofreces paz y perdón?

 

VIDA – ORACIÓN

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.  Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndidos. Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas, y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tu le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento, riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al Espíritu indómito, guía el que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

 

Id y haced discípulos míos. Lectio Divina de la Ascensión del Señor

VERDAD – LECTURA

16En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, 17al verlo, lo adoraron.

Algunos habían dudado hasta entonces. 18Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

 

Después de la resurrección, Jesús se encuentra con sus discípulos en Galilea. Galilea es la tierra de la primera llamada a los discípulos, es el lugar en el cual los discípulos comenzaron el seguimiento de Jesús (Mt 4,18-22).

Pero además, este encuentro acontece en un monte que Jesús había señalado previamente. El monte para el pueblo de Israel, simbólicamente, es el lugar de la manifestación de Dios, del encuentro con Yahveh; en el evangelio de Mato, además, el monte es lugar en el cual, Jesús vence una de las tentaciones; es el lugar en el que él proclama las bienaventuranzas, el lugar en el que se transfiguró, allí donde él subía a orar.

Cuando los discípulos le ven, lo adoran. Una postura que solo adoptamos ante Dios. Aquí vemos como los discípulos reconocen la divinidad de Jesús. Aunque algunos de ellos, todavía, albergara algunas dudas en su corazón. Una vez disipadas esas dudas; los discípulos serán capaces de dar testimonio de Cristo Resucitado. Una vez que el Espíritu Santo venga sobre todos, y cada uno de los apóstoles, serán capaces de dar testimonio de la Buena Noticia, de anunciar que aquel que murió en una cruz ahora, porque así lo ha querido el Padre está vivo.

Entonces Jesús les habla: «Del Padre ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra». Ahora Jesús es glorificado. Sube al cielo y el Padre le otorga el poder absoluto.

En este momento es cuando puede enviar a sus discípulos a la misión: «Id y haced discípulos míos a todas las naciones de la tierra» (Mt 28,19). No solo haDivino%20Maestron de proclamar la doctrina de Jesús, han de conseguir la plena adhesión a Jesús de aquellos con los que se encuentren, han de conseguir que todas las naciones de la tierra sigan al Maestro. En todas las naciones de la Tierra aparecerán nuevos discípulos de Jesús, que lleven la Buena Noticia del evangelio a otros. Es una nueva llamada al discipulado. Una nueva llamada que se hace concreta por medio de sus discípulos, de aquellos que han visto y oído las acciones y las palabras de Jesús. Una llamada que no se hace únicamente al pueblo judío, sino que se abre a todas las naciones de la Tierra

Los nuevos discípulos serán incorporados al camino de seguimiento de Jesús mediante el bautismo, y con ello entrarán en comunión con la Trinidad; se convertirán en propiedad de Dios, en amigos de Dios, en hijos de Dios. Una vez incorporados a Cristo, una vez que han aceptado a Jesús como único Salvador, deberán enseñarles a guardar su Palabra, a vivirla, a ponerla en práctica.

Para realizar esta misión, los apóstoles no estarán solos. No cabe duda que es una difícil misión, pero Jesús estará presente, caminará junto a ellos hasta el final de los tiempos. Él ha venido para ser Emmanuel: Dios con nosotros.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Los discípulos para encontrarse con Jesús vuelven al principio, a las raíces, a la primera llamada. ¿Qué te sugiere este hecho? ¿Cuál fue tu primera “Galilea”? ¿Dónde se produjo tu primera llamada? ¿Cómo fue? ¿A qué te invitó Jesús?
  • Busca en tu vida tus propios montes, aquellos lugares en los cuales Dios se te ha hecho presente, se te ha manifestado. ¿Qué sentimientos se despiertan en ti? ¿Qué te pidió Dios? ¿Qué te pide en este momento en este nuevo lugar de su manifestación, aquí y ahora?
  • Es normal que albergues dudas en tu corazón, ¿cómo se disipan esas dudas? ¿te acercas a la Palabra de Jesús para que sea luz y alimento para tu caminar diario? ¿te acercas a la eucaristía para que sea fuerza y te impulse en tu vivir cotidiano?
  • Hoy, también a ti, Jesús te envía a hacer discípulos suyos por toda la tierra, pero sobre todo a dar testimonio de Cristo resucitado entre los que te rodean. ¿De qué modo das testimonio de tu experiencia de Jesús?
  • ¿De qué forma te está preparando para volver a recordar el envío del Espíritu Santo? ¿Para hacerte consciente de su presencia en tu vida?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios, y sobre todo a Jesús, por acompañarte en todo momento por el camino de la vida.
  • Pide perdón por aquellos momentos en los que no quieres ver la presencia de Dios, la manifestación de Dios en tu vida.
  • Permanece por unos instantes en adoración a Jesús. Háblale de tus dificultades en la misión de anunciar la Buena Nueva. Recuerda sus palabras: “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Jesús está contigo y te acompaña, hace camino junto a ti, te enseña lo que tienes que anunciar.

“Os enviaré otro Defensor” Lectio Divina del VI Domingo de Pascua (Jn 14,15-21)

VERDAD – LECTURA

 15Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Yo le pediré al Padre, que os envíe otro Defensor, para que esté siempre con vosotros, 17 al Espíritu de la Verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis; porque vive con vosotros, y está en vosotros.18 No os dejaré abandonados; volveré a estar con vosotros. 19 Dentro de poco, el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo y vosotros también viviréis. 20 Aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, vosotros en mí, y yo en vosotros. 21 El que conoce mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.

 
El texto que nos ofrece la liturgia de este domingo VI de Pascua, se encuentra situado en el mismo contexto que el domingo pasado: el discurso de despedida de Jesús en la última cena. Jesús acaba de anunciar su partida inminente. Los discípulos se encuentran angustiados, temerosos, triste ante este anuncio, lo hemos visto en los versículos precedentes.

El texto que nos ocupa, está enmarcado por dos versículos, el 15 y el 21 en los que les recuerda a los discípulos la importancia de guardar sus mandamientos; de guardar su alianza, el compromiso que habían adquirido entre ellos. Hemos de tener en cuenta, que el mandamiento principal, el mandamiento nuevo, de Jesús es el amor (Jn 13,34). Únicamente aquel que guarde sus mandamientos, y por tanto el mandamiento principal, estará en disposición de recibir el Espíritu Santo.

Pero, además del mandamiento nuevo, unos versículos más abajo, concretamente en Jn 14,23-24 nos da la clave para poderlo llevar a cabo: “El que me ama guardará mi Palabra… El que no me ama y no guarda mi Palabra…” Aquel que guarda, que hace suya la Palabra de Jesús, ese le ama.

Guardar su Palabra, acogerla, hacerla nuestra, vivirla no es únicamente cumplir una serie de normas establecidas. Vivir la Palabra, y por tanto amar a Jesús es entrar en comunión con él y permanecer en él. Es dejarnos conducir por él, dejarnos transformar por él, asumir las mismas actitudes vitales de Jesús en nuestra vida cotidiana; poner en práctica lo que él vivió; es dejar que Cristo piense, actúe y ame en nosotros y por medio de nosotros. El verdadero amor a Jesús se muestra y se demuestra mediante el seguimiento de su Persona. Únicamente, de esta manera estaremos unidos a él y estaremos preparados para dejarnos transformar por el Espíritu Santo: el Consolador, el Defensor, el Intercesor, el Fortalecedor que continuamente viene en nuestro auxilio.

El Espíritu Santo será quien nos enseñe a vivir el mandamiento del amor, quien venga en nuestra ayuda en los momentos difíciles, quien nos sostenga y levante.

Hasta ahora ha sido Jesús quien ha desempeñado esta misión con sus discípulos, pero ante su inminente marcha, el Padre dará otro consolador, otro apoyo, otro sostén. Ahora, el Espíritu Santo permanecerá junto a nosotros para siempre.

Este Espíritu consolador, es el Espíritu de la verdad, el que continuará dando testimonio de Jesús y nos mantendrá en la fidelidad a la Palabra. Será quien nos mantenga alerta ante los falsos maestros, ante aquellos que profesan la mentira, para mermar la capacidad de amar que tiene el ser humano. El mundo al estar contagiado del espíritu de la mentira no está preparado para recibir al Espíritu Santo. Y con el término mundo no se refiere al planeta Tierra o a los seres humanos, sino más bien a las situaciones o estructuras que merman nuestra capacidad de amar, la capacidad de plenitud del ser humano.

No estemos intranquilos, no permanezcamos inseguros, no vivamos nerviosos, angustiado o turbados. Jesús en ningún momento nos abandona. Su ausencia no es definitiva. Él está presente, él está vivo, porque ha resucitado. El Espíritu Santo nos enseñará y nos hará capaces de experimentar la presencia de Jesucristo en nuestras vidas.

Si obramos según el Espíritu de Jesús, si asumimos su Palabra y la ponemos en práctica,

nos encontraremos en la senda del amor y de la vida en plenitud. Quien asume y pone en práctica su Palabra ama a Jesús. Y quien ama a Jesús es, a su vez, amado por el Padre. Quien viva los valores vividos por Jesús y se comporte de la misma manera como él lo hizo puede decir que ama a Jesús. Y entonces, el Padre y Jesús, que son uno, manifestaran su amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es el mandamiento principal de Jesús? ¿Cómo intento vivirlo?
  • ¿Estoy atento a la palabra de Jesús? ¿a lo que él pueda pedirme u ofrecerme en cada momento?
  • ¿Cuál es la condición indispensable para poder recibir el Espíritu Santo? ¿Intento tenerla presente y practicarla en vida cotidiana?
  • ¿Participo de alguna manera en esas estructuras o situaciones que merman la capacidad de amar de aquellos que me rodean?
  • ¿Cómo muestro y demuestro mi amor por los demás, sobre todo por aquellos a los que nadie ama, por los pobres más pobres de nuestra sociedad y de nuestras comunidades?
  • ¿De qué manera me dispongo para acoger y dejarme hacer por el Espíritu Santo?

 

VIDA – ORACIÓN

  •  Entra en dialogo con el Espíritu Santo, seguramente el gran olvidado de nuestra Iglesia.
  • Cuéntale tus temores, tus dificultades, tus oscuridades, tus contrariedades, los obstáculos que encuentras en el camino de tu vida.
  • Déjate atrapar por él, déjale entrar en tu vida y que sea él quien guíe tus pasos y te modele según el modelo más extraordinario, insuperable y excepcional que es Jesucristo.

“Señor mío y Dios mío” Lectio Divina del II Domingo de Pascua (Jn 20,19-31)

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VERDAD – LECTURA

19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros”. 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21 Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”. 22 Dicho esto, sopló y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan personados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. 25 Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

26 Ocho días después estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: “La paz con vosotros”. 27 Luego dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente”. 28 Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío”. 29 Jesús le dijo: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que crean sin haber visto.”

30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos signos que no están escritos en este libro. 31 Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

 

 

Hemos sentido desconcierto, decepción, temor… Hace poco más de una semana, todas nuestras expectativas cayeron por los suelos. Jesús ha padecido horriblemente y ha muerto. Todo se ha acabado. Lo peor de todo: es posible que también nos busquen a nosotros, a los que estuvimos con él, a los que le acompañamos, a sus discípulos.

Estamos en el atardecer del primer día de la semana, del domingo, del llamado Día del Señor. Debería ser el día más importante para cualquier cristiano. Pero eso será después de ser capaces de experimentar que Jesús está vivo, que Cristo vive, que está en medio de nosotros, que está junto a nosotros. Si tener la experiencia de resurrección, aunque estemos juntos, seguiremos aterrados, casi paralizados por el miedo, porque Jesús ya no está. En esta situación, al igual que hace más de 2000 años, Jesús se presenta delante de nosotros y nos repite: “La paz con vosotros”. Jesús nos dice: que no se turbe vuestro corazón, no tengáis miedo, yo estoy con vosotros y os traigo paz. Sí, Jesús resucitado ha vencido a la muerte y al pecado.resucitado4

También hoy nos muestra las manos y el costado. Ante nuestro temor y estupor, Jesús quiere mostramos la prueba de su pasión y su muerte, pero no para que nos quedemos en ellas. Quiere mostrarnos que está vivo.

Jesús quiere enviarnos a llevar la Buena Nueva del Evangelio a la humanidad. Nos envía a la misión. Pero, ¿cómo? Si el miedo nos paraliza. Sopla sobre nosotros el Espíritu Santo. Acogiendo su Espíritu, éste nos dará valor, fuerza, coraje para poder llevar a cabo esa misión. Concede a la Iglesia el poder de perdonar; perdonar a quien nos hace daño; a quien no se porta bien con nosotros; a quien nos ofende.

Es posible que al igual que Tomás, no te encuentre en la comunidad. Es posible que alguien te cuente su propia experiencia con Jesús Resucitado. Y eso, que nos están contado es inverosímil, es imposible según nuestra razón. No, no es posible, que esté vivo. Hemos visto su pasión, le hemos visto muerto. No, si no lo veo, no lo creo. Necesitamos verlo. Necesitamos hacer la experiencia. Pero esa experiencia hemos de hacerla dentro de la comunidad.

Nuevamente, Jesús se hace presente. No nos reprocha nada, simplemente se nos muestra. Jesús quiere que nosotros experimentemos que está vivo. Y se nos manifiesta en infinidad de acontecimientos de nuestra vida. Sólo hemos de estar unidos a Él, solo tenemos que adherirnos a Él, sólo tenemos que dejarnos encontrar por Él y dejarnos transformar.

No tengo ni idea de cómo será la experiencia de cada uno de Jesús Resucitado, cada uno ha de experimentarlo en sí mismo, en su propia carne, en su propia vida. Pero, lo que sí sé es que ante la experiencia de la Resurrección solo nos queda admirarnos, guardar silencio y adorar. ¿Seremos capaces de reconocer los signos de la Resurrección en nuestra vida?

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Cada domingo, incluso cada día, Jesús se hace presente, se manifiesta en la comunidad, en el hermano, en la escucha de la Palabra y sobre todo en la eucaristía. ¿Eres consciente de ello? ¿Cómo vives estos acontecimientos? ¿Reconoces a Jesús en estos espacios, ámbitos y lugares?
  • Jesús viene a traerte la paz, ¿cómo vives tu día a día, ante las distintas situaciones, circunstancias, acontecimientos…? ¿Vives con angustia, con pesadumbre, con miedo?
  • También sobre ti ha descendido el 290Espíritu Santo para que seas testigo de la misericordia y el amor de Dios entre todos aquellos que entran en contacto contigo. ¿Verdaderamente eres testigo del evangelio? ¿Qué actitudes, conductas, gestos has de cambiar en tu vida?
  • ¿Será Tomás tu mellizo, tu gemelo? ¿Eres incrédulo o creyente? ¿Necesitas pruebas fehacientes? ¿Necesitas ver y tocar para creer? ¿Has tomado el pulso a tu fe?
  • Escucha en lo más profundo de tu persona como Jesús te dice: «¡Dichoso porque crees sin haber visto!». Quédate ahí algunos instantes y dialoga con Jesús.

 

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale el regalo de la resurrección, la de Jesús y la nuestra.
  • Da gracias a Jesús por enviarte a ser testigo del evangelio y por el diálogo que has mantenido con él hace un momento.
  • Pide al Espíritu Santo que te otorgue la fuerza necesaria, el vigor y la valentía para anunciar a Cristo Resucitado.

“Ama y guarda mi palabra” Lectio Divina Domingo VI del Tiempo de Pascua (Jn 14,23-29)

via lucis 11

VERDAD – LECTURA

Jesús le contestó: “El que me ama guardará mi palabra, mi Padre lo amará y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él. El que no me ama no guarda mi palabra; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No estéis angustiados ni tengáis miedo. Ya sabéis lo que os he dicho: Me voy, pero volveré a estar con vosotros. Si me amáis, os alegraréis de que me vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Jesús habita entre nosotros, Jesús vive en nuestra vida, está presente en nuestro día a día. El Dios cristiano, no es un Dios lejano, apartado de la vida de los seres humanos. Está presente por amor y en el amor que nos profesamos los unos a los otros.

Dios siempre da el primer paso. Dios nos amó primero y nos ama incondicionalmente. Nosotros tenemos que vivir y mostrar el amor de Dios hacia nosotros, en nuestro amor a los hermanos. Amar al estilo de Jesús es acoger y poner en práctica su Palabra. Amar al estilo de Jesús es acoger al hermano y compartir con él todas sus vicisitudes: alegrías y sufrimientos, fracasos y logros, muerte y vida. Es estar dispuesto a acompañarlo en todos los acontecimientos diarios, ponerse a su servicio, entregarse a él incondicionalmente.

Nos consiste únicamente en seguir una serie de normas y doctrinas, es necesario que en nuestra vida esté presente el amor. Desde el amor se es fiel a la palabra. Quien no ama a Jesús en el hermano, puede cumplir a la perfección una serie de normas y preceptos, pero no está guardando la palabra de Jesús, no le ama verdaderamente. Y la palabra de Jesús, no es suya, es la palabra del Padre, aquel que continuamente, está amando y donándose al hombre.

El Espíritu Santo, nos da consuelo, fortaleza, ánimo, comprensión, nos impulsa a amar. Nos hace recordar la palabra de Jesús y llevarla a la práctica, nos modela según el modelo Jesús de Nazaret, nosotros únicamente debemos acoger y dejarnos hacer, para poder estar al servicio del hermano. Él nos ayudará a vivir en paz y a entregar paz. Una paz que nos es tranquilidad, ausencia de problema, falta de dificultades, enfermedades o tropiezos, es armonía, sosiego, esperanza, calma, confianza. Es serenidad de corazón y valentía.

Jesús vuelve al Padre, a su lugar original, al lugar en el que estaba desde antes de la creación del mundo, el lugar de su plenitud y de su gloria. Por eso tenemos que alegrarnos, porque a pesar de que ya no le veamos de manera física, el continúa y continuará estando entre nosotros. El no verlo puede producir en nosotros, tristeza, pero su presencia está entre nosotros. Él sigue vivo, el está presente en nuestra vida y nos acompaña; sale cada día nuestro encuentro, no estamos solos. Hemos de sentir su presencia, de una manera distinta a si estuviera presente físicamente, pero no por ello menos vital. Es importante, tener esto presente, sobre todo en los momentos de dificultad, de problemas, de tropiezos, para que nuestra fe no decaiga. Que no se turbe nuestro corazón. Jesús no se ha ido para siempre. Para siempre, esta presente entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Dios está siempre presente en nuestras vida. ¿Sientes su presencia? ¿De qué manera? ¿C´mo experimentas la presencia de Jesús en tu día a día?

  • Para guardar la palabra de Jesús, primeramente, es necesario escucharla y después ponerla por obra amando a los hermanos. ¿Existen espacios en tu vida cotidiana para escuchar la Palabra de Dios? ¿De qué manera, con qué acciones concretas tratas de llevar a la práctica la Palabra de Jesús?

  • Guardar y cumplir la palabra de Jesús es amar al hermano. ¿Cómo resuena esto en tu corazón? ¿Cómo muestras tu amor hacia los demás? Trata de ser lo más concreto posible.

  • ¿Intentas vivir la paz que Jesús te regala cada día? ¿De qué manera? ¿Qué significado tiene en tu vida la palabra paz en el sentido que hemos expuesto en nuestra lectura?

  • El Espíritu Santo nos lo enseña todo y nos recuerda todo. ¿Cómo es la presencia del Espíritu en tu vida? ¿Lo invocas con frecuencia? ¿Lo tienes presente?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 36,23s-24.34.

El Señor asegura los pasos del hombre

cuyo camino es de su agrado;

aunque tropiece, no caerá por tierra,

pues el Señor le lleva de la mano.

Confía en el Señor y sigue su camino;

el te ensalzará y te hará heredar la tierra.

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VERDAD – LECTURA

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a lo judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros”. Después soló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”

Tomás, uno de los doce, a quien llamaban “el Mellizo”, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “Hemos visto al Señor”. Él les dijo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo”.

Ocho días después, estaban nuevamente allí dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no sea incrédulo, sino creyente”. Tomás contestó: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “Has creído porque has visto. Dichosos los que creen si haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el hijo de Dios, y para que tengáis vida en su nombre.

Nos encontramos ante el acontecimiento más importante de la historia: La resurrección del Señor. Hoy el evangelio nos narra una de las manifestaciones gloriosas de Jesús. Nos situamos en el atardecer del primer día de la semana, es decir, del domingo, del día del Señor. El día más importante para cualquier cristiano, la conmemoración del día de su resurrección; el día en el que la comunidad cristiana en pleno se encuentra para celebrar la eucaristía.

También, aquel día, los discípulos se encontraban juntos. Sin embargo, tenían las puertas cerradas y estaban aterrados de miedo. En esta situación, se presenta Jesús en medio de ellos, deseándoles la paz. Que no se turbe vuestro corazón, no tengáis miedo, yo estoy con vosotros y os traigo paz; Jesús resucitado ha vencido a la muerte y al pecado.

Les muestra las manos y el costado. Ante su temor y su estupor, Jesús quiere mostrarles la prueba tangible de su pasión y muerte. Pasión y muerte que ha traído la paz y la salvación al mundo entero. Y “prueba” de que aquel que murió en la cruz, ha resucitado, está vivo entre nosotros. Ante tal acontecimiento y descubrimiento no cabe más que la alegría desbordante.

Y, Jesús resucitado envía a sus discípulos. Le envía a la misión que ya les había encomendado anteriormente: Id y predicad la alegría del evangelio. Pero, ahora, ya están preparados. Sopla sobre ellos El Espíritu Santo. Él les dará el valor, el coraje y la fuerza necesaria para llevar a cabo la misión. Y les concede el poder perdonar lo pecados. A partir de entonces, serán también representantes y transmisores de la misericordia del Padre, el único que puede perdonar los pecados.

Tomás no se encontraba allí en aquel momento. Y le relatan el feliz acontecimiento. Él no les cree. Aquello que le están contando no es verosímil; es imposible según la razón humana. Necesita pruebas. Y nuevamente, Jesús resucitado se hace presente. Ahora, si está Tomas. Aquí están las pruebas. Jesús no le reprocha nada, simplemente se muestra a él. Y posteriormente le invita a creer incluso en lo imposible, cuando esto viene de Dios. Tomás no puede más que realizar su profesión de fe: ¡Señor mío y Dios mío!

Lo importe no es creer porque uno ha experimentado la manifestación de Dios, porque haya visto pruebas tangible, porque las dudas se hayan disipado. Dichoso aquel que crea sin haber visto.

Otros signos realizó Jesús que no está escritos en los evangelios. Otros signos sigue realizando hoy en nuestro mundo, en tu vida y en mi vida, en nuestro acontecer cotidiano. ¿Seremos capaces de reconocer esos signos?

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Cada domingo, incluso cada día, Jesús se hace presente, se manifiesta en la comunidad, en el hermano, en la escucha de la Palabra y, sobre todo en la eucaristía. ¿Eres consciente de ello? ¿Cómo vives estos acontecimientos? ¿Reconoces a Jesús en estos espacios, ámbitos y lugares?

  • Jesús viene a traerte la paz, ¿cómo vives tu día a día, ante las distintas situaciones, circunstancias, acontecimientos…? ¿Vives con angustia, con pesadumbre, con miedo?

  • También sobre ti ha descendido el Espíritu Santo para que seas testigo de la misericordia y el amor de Dios entre todos aquellos que entran en contacto contigo. ¿Verdaderamente eres testigo del evangelio? ¿Qué actitudes, conductas, gestos has de cambiar en tu vida?

  • ¿Será Tomás mellizo contigo? ¿Eres incrédulo o creyente? ¿Necesitas pruebas fehacientes?¿Necesitas ver y tocar para creer? ¿Has tomado el pulso a tu fe?

  • Escucha en lo más profundo de tu persona como Jesús te dice: ¡Dichoso porque crees sin haber visto! Quédate ahí algunos instante al menos y dialoga con Jesús.

 

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale el regalo de la Resurrección; la de Jesús y la nuestra.

  • Da gracias a Jesús por enviarte a ser testigo del evangelio y por el diálogo que has mantenido con él hace un momento.

  • Pide al Espíritu Santo que te otorgue la fuerza necesaria, el vigor y la valentía para anunciar a Cristo Resucitado.

¡La paz esté con vosotros! Lectio Divina Domingo II de Pascua (Jn 20,19-31)

Lectio Divina VI Domingo de Pascua (Jn 15,9-17)

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VERDAD – LECTURA

Los versículos con los que hoy vamos a orar se encuentran dentro del contexto de la última cena. Concretamente, en el largo discurso que Jesús pronuncia después de haber lavado los pies a sus discípulos (Jn 13,1-15).
Lo mismo que el Padre ha demostrado su amor a Jesús desde toda la eternidad, Jesús demuestra su amor hacia los discípulos, y para ello les ha comunicado su Espíritu. Los discípulos ahora deben vivir en el ámbito de ese mismo amor. La misma relación que mantiene Jesús con el Padre es la que deben vivir los discípulos con Jesús. El criterio por el que se verifica esta comunión es el amor, que debe trascender el espacio individual, ha de mostrarse en la obras. El gozo de Jesús, fruto del amor entre el Padre y el Hijo, será experimentado por los discípulos en la medida en que ellos se encuentren unidos a Jesús.
Jesús les ofrece un nuevo mandamiento, el mandamiento del amor. Este mandamiento será el que identifique a los discípulos y es el fundamento de la misión a la que serán enviados. El culmen de este amor entre Jesús y sus discípulos, y entre ellos mismos, es ser capaz de dar la vida por los demás. La relación de amistad es aquella que no espera nada a cambio de lo que entrega. Muy distinta de la relación entre el amo y el esclavo. El esclavo realiza acciones a favor de su amo porque espera algo a cambio. Y la relación entre el amo y el esclavo es desde la superioridad. No existe una relación de igualdad y de reciprocidad. La relación que se establece entre Jesús y sus discípulos es una relación de amor. Una relación en la que no existen secretos. La relación que se establece entre Jesús y sus seguidores, ya no es siquiera la del Maestro con sus discípulos, es una relación de amistad.
Jesús eligió a sus discípulos, y ahora nos elige a nosotros, para ponernos en camino. Camino de amor y cuya expresión plena es dicho amor. Un camino que es de entrega a los demás que producirá muchos frutos. Esos frutos son los cambios sociales que los cristianos han de propiciar por eso es un fruto duradero, hasta que el Reino sea una realidad en nuestro mundo.
Concluye, Jesús este pasaje, enunciando nuevamente su mandamiento: que os améis los unos a los otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Soy consciente del amor que Jesús me profesa sin esperar nada a cambio? ¿Soy consciente de que es el mismo amor que el Padre tiene hacia Jesús?
• Permanecer en el amor de Cristo es amar a los hermanos como Jesús nos ama a nosotros; lo cual implica, si fuera necesario, dar la vida por los demás. ¿Qué implica para mí amar de esa manera?
• Jesús nos llama a cada uno de sus seguidores amigos. ¿Verdaderamente siento que soy amigo de Jesús? ¿Cultivo dicha amistad? ¿De qué manera?
• Jesús nos ha elegido a cada uno para una misión. Reflexiona acerca de esta elección y sobre la misión que Jesús te ha encomendado.

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por el amor incondicional que me tiene desde toda la eternidad. Por amarme tal y como soy.
• Doy gracias a Jesús por llamarme amigo y por lo que eso significa para mi vida.
• Ofrezco mi vida a Jesús para cumplir la misión para la que me tiene elegido, aunque ello implique el dar mi vida por los demás en mi día a día.
• Pido a Dios padre que envíe su espíritu Santo sobre mi para que descubra el verdadero significado del amor que Jesús me tiene y sepa transmitirlo a los demás.
• Asumo el compromiso de intentar amar al estilo de Jesús.

Lectio Divina del V Domingo de Pascua (Jn 15,1-8)

VERDAD – LECTURA vid_sarmientos

El V Domingo de Pascua, la liturgia nos ofrece para orar la parábola de la vid y los sarmientos.
En la tradición de Israel, la vid o la viña es el símbolo del Pueblo de Dios. Jesús viene a decir que el verdadero Pueblo de Dios es aquel que está unido a él. Y el Padre es quien ha plantado y cuida de la misma. La vid verdadera es Jesús y los sarmientos son todos aquellos que permanecen unidos a Él. En la medida en que los sarmientos estén unidos a él darán fruto, podrán llevar a cabo su misión, que no es otra que la extensión del Reino. Cuando el sarmiento se seca, el Padre lo corta porque no pertenece ya a la vid. Cuando cualquiera de nosotros nos separamos de Jesús, nos secamos y somos incapaces de dar fruto. No somos capaces de transmitir el amor de Dios.
Al haber respondido a la llamada de Jesús estamos limpios. Conforme vamos profundizando y acogiendo el mensaje de Jesús más nos purificamos. En la medida en que permanezcamos fieles a Jesús, el amor de Dios se nos manifestará y nosotros lo manifestaremos a los demás. Y aunque nosotros nos separemos de Dios, Él continuará siendo fiel, pero nosotros nos volveremos estériles.
Pocos versículos después, Jesús repite la afirmación del principio. Pero en esta ocasión refiriéndose a sí mismo y a los discípulos, no al Padre. Es Jesús quien transmite la vida a todos sus discípulos, pero para ello es indispensable permanecer unidos a Él y de esa manera daremos mucho fruto. Pero si no estamos unidos a él nos secaremos, es decir no tendremos vida.
La gloria del Padre se manifiesta precisamente en la extensión del Reino por parte de los discípulos, pero para ello es indispensable estar unidos íntimamente a Jesús, asumir sus actitudes vitales y llevarlas a la práctica.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Te sientes unido a Jesús? ¿De qué manera?
• ¿En qué ocasiones de mi vida cotidiana soy incapaz de dar fruto porque no estoy unido a Jesús?
• ¿De qué manera puedo incrementar mi unión con Jesús?
• ¿Cómo puedo extender el Reino entre todos aquellos que me rodean, que entran en contacto con nosotros?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser el viñador que cuida de todos nosotros.
• Da gracias a Jesús porque nos alimenta cada día con su savia.
• Ofrece tu vida para ser insertado como el sarmiento en la vid.
• Pide a Dios Padre que envíe su Espíritu sobre todos los llamados a extender su Reino en el mundo.
• Comprométete a acoger la vida que Jesús nos ofrece y a entregarla a los demás.