¡TODO ESTÁ POR COMENZAR! LECTIO DIVINA DE LA SOLEMNIDAD DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO C

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 3,15-16.21-22)

En aquel tiempo, la gente estaba expectante, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego». En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».

 

– ¿Ya se acabó todo?

– ¿A qué viene esta pregunta?

– Pues en relación a haber comenzado un año civil nuevo, a haber terminado las fiestas navideñas, y a concluir con la solemnidad de hoy, el Bautismo del Señor, el tiempo litúrgico de Navidad.

– Pues no, no ha concluido nada; al contrario, todo está por comenzar. O al menos a eso nos invita la liturgia de hoy. Lo mismo que el pueblo, que la gente de la época de Jesús, también nosotros estamos o deberíamos estar expectante ante la novedad del evangelio.

– Pero, ¿qué significa eso de estar expectantes?

– Estar expectante es mantener la esperanza, es desear, anhelar, aguardar, esperar con intensidad y con una actitud activa.

– Y, ¿qué tenemos que esperar?

– Encbautismo iconoontrarnos con Jesús cada día. Los contemporáneos de Jesús lo deseaban con tanta intensidad que en lo más profundo de su ser se preguntaban, si aquel extraño personaje que había aparecido en el Jordán predicando un cambio de vida, no sería el Mesías esperado, el Salvador del mundo.

Y, es el mismo Juan quien tiene que aclararlo: No, yo no soy el Mesías. Yo estoy preparando su venida. Yo os invito a la conversión, a cambiar vuestro modo de vivir y vuestro modo de ver la vida. Pero, el Mesías es otro.

– Entonces, para esperar a Jesús, hay que convertirse ¿no?

– Pues, no vale únicamente con eso; además, hemos de acoger al Mesías en nuestra vida, al igual que hizo el Bautista y tantas otras personas a lo largo de la historia. Aunque es necesario acogerlo con la misma actitud que Juan: desde la pequeñez, con humildad, con corazón agradecido por el regalo que Dios nos hace.

El Mesías que viene ya no trae un bautismo de conversión, su bautismo es un bautismo de Espíritu Santo y fuego. El bautismo de Jesús símbolo de una vida nueva, nos transformará porque nos dará la fuerza del Espíritu de Dios, sobre nosotros reposará su propia vida. Un bautismo de fuego, del fuego de Dios, que purifica, calienta, nos impulsa, nos anima, nos desarrolla y potencia.

Al ser bautizado Jesús en el Jordán y al descender sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma, aquel es consagrado para llevar a cabo la misión encomendada por el Padre: manifestar a la humanidad y mostrarle la misericordia y el amor de Dios: “Tú eres mi hijo amado, mi predilecto”.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • El pueblo estaba expectante, y tú ¿estás, también deseoso, a la espera, aguardando impaciente la llegada de Jesús a tu vida? ¿Quieres descubrirlo presente en la misma?
  • ¿Cómo te dispones para acoger a Jesús? ¿para descubrir su presencia en los acontecimientos cotidianos? ¿Estás dispuesto a cambiar de vida?
  • Al igual que Juan el Bautista, tú eres enviado por Dios para anunciar su presencia entre los demás, eres enviado para anunciar que Jesús vive entre nosotros. Juan es capaz de dar el primer puesto a Jesús y, con humildad, pasar a un segundo plano. Y tú, ¿estás dispuesto a ello?
  • ¿Quieres acoger el bautismo que Jesús nos trae, un bautismo que va más allá de un simple cambio de actuar, un bautismo que te transforma y te cambia totalmente, un bautismo que te da, además, la fuerza para ser testigo de la salvación de Dios?

 

VIDA – ORACIÓN

Él es Siervo de Dios, el Hijo amado,

Ungido del Espíritu, Mesías;

su bautismo, de muerte profecía,bautismo3

ya sepulta en el agua los pecados.

Pero sale del agua transformado,

arco iris de paz y de alegría,

verdor de primavera, teofanía,

y un gran himno pascual recién cantado.

Ruiseñor que armoniza la victoria,

los campos, amapola y azucena,

y el árbol con los frutos de la gloria;

el Viento vivifica y oxigena,

el ungido es el centro de la historia,

y la muerte vencida con su pena.

(R. Priero Ramiro, en Jubileo en la tierra, júbilo en el cielo. Adviento y Navidad 1999, Caritas Española, Madrid 1999, pág. 202).

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LECTIO DIVINA DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 2, 22-40)

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.

Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Ya ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

El relato evangélico con el que hoy oramos nos narra el viaje de la Sagrada Familia a Jerusalén con motivo de la presentación del Niño Jesús en el Templo y la purificación de María después de dar a luz. Ambos acontecimientos fueron llevados a cabo por los padres de Jesús para cumplir la Ley de Moisés. El libro del Levítico ordenaba que a los cuarenta días del alumbramiento, si la criatura era niño, debía de realizarse el rito de purificación de la mujer en el templo, el mismo rito se debía cumplir a los ochenta días si era niña (Lev 12,1-8). Para dicho rito había que ofrecer un cordero, pero a los pobres les estaba permitido ofrecer dos tórtolas o dos pichones; uno de ellos era ofrecido como holocausto y el otro como sacrificio por el pecado. Pero además, el libro del Éxodo ordenaba que todo primogénito del pueblo de Israel debía ser consagrado a Dios (13,2.11-16; 34,20), aunque podía ser rescatado pagando cinco ciclos de plata (Núm 18,15; 1Sam 1,24-28).B5rdoNNIgAAnFic

El evangelista Lucas, con la narración de estos dos hechos quiere destacar la fidelidad de los padres de Jesús a la Ley. Dichos acontecimientos tendrán lugar en Jerusalén, en el Templo de Dios. La ciudad santa es el lugar central del plan divino de salvación, aunque haya muchos que quieran impedirlo. En Jerusalén murió Jesús, allí resucitó, de allí partió la proclamación del evangelio a todos los confines del mundo.

El relato continúa con el testimonio de Simeón. A él se refiere el evangelista como un hombre justo, piadoso, que esperaba al Mesías y que el Espíritu Santo estaba con él. Justo y piadoso, en el lenguaje bíblico, significa que era una persona íntegra sobre todo en el campo religioso. La expresión «que esperaba al Mesías» significa que era un hombre de fe que esperaba la salvación prometida por Dios a Israel mediante los profetas. Y que el Espíritu Santo estaba con él quiere decir, que según la tradición bíblica, era profeta (cf. Is 11,2).

Simeón había recibido la revelación de Dios de que no moriría sin haber visto al Salvador; por lo que, impulsado por el Espíritu, va al Templo y allí toma al niño en sus brazos y bendice a Dios por haberle dado este regalo. Los padres de Jesús están admirados por las palabras de Simeón. A ellos les refiere que Jesús será signo de contradicción, unos le acogerán y otros lo rechazarán; y a María una espada le atravesará el alma. María participará de la pasión, muerte y resurrección de Jesús por lo que se convertirá en corredentora de la humanidad.

Por otro lado, a continuación, nos encontramos con el testimonio de Ana; el cual sirve para completar la imagen de los profetas, hombres y mujeres que han sido enviados por Dios para ser testigos de la venida del Mesías. Ana estaba totalmente consagrada a Dios, por lo que no se apartaba en ningún momento del Templo, dedicándose al ayuno y la oración. De ella, se nos ofrecen dos notas características: estuvo casada siete años, número que indica la perfección, y al quedar viuda, hasta los ochenta y cuatro años no se apartaba del Templo, que es siete veces doce. También ella esperaba la venida del Mesías.

Después de esto, la familia de Jesús regresa a Nazaret, en la región de Galilea. Allí, «Jesús crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él» (Lc 2,40), con lo cual se iba desarrollando como ser humano; la sabiduría de la que está lleno no es la sabiduría de los hombres, sino la sabiduría de Dios, pues la gracia, el amor de Dios estaba con él.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimiento, emociones, inquietudes… despierta en ti?

• ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• ¿Cómo acoges en tu vida a aquellos que dan testimonio del evangelio?

• También tú has sido llamado/a para ser testigo de la presencia de Jesús en el mundo, ¿estás dispuesto/a a serlo, al igual que Simeón y Ana?

• ¿Qué sientes al saber que Jesús creció al igual que tú en una familia? ¿Qué características destacarías de la familia de Nazaret? ¿Qué pasos te está invitando Dios a dar para consolidar tu vida familiar, haciendo que se parezca cada vez más a la Sagrada Familia?

• ¿De qué manera estás preparando y aguardando la presencia del Salvador en tu vida?

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VIDA – ORACIÓN

Consagración a la Sagrada Familia

Señor Jesucristo, quien con María y José consagraste la vida doméstica con tus inefables virtudes, concede que nosotros, con la asistencia de los dos, podamos aprender con el ejemplo de la Sagrada Familia y podamos atender a su eterna fraternidad. Por quien vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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VERDAD – LECTURA

15Como la gente estaba expectante y se preguntaban, en sus corazones, si no sería Juan el mesías, 16él declaró públicamente: “Yo os bautizo con agua, pero ya viene el que es más fuerte que yo, y a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.
21 Aconteció que cuando Juan estaba bautizando al pueblo, también Jesús fue bautizado; y mientras éste estaba orando, se abrió el cielo, 22descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como una paloma, y se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi hijo amado, mi preferido”.
Este domingo la liturgia nos invita a orar con el relato del bautismo de Jesús contado por el evangelista Lucas. En primer lugar, éste nos pone en situación y nos enmarca el relato. El pueblo de Dios estaba expectante, es decir estaba deseoso, con esperanza, esperando la venida del Mesías, del Salvador. Tal era el profundo anhelo que el pueblo tenía, que en lo más íntimo de su ser, en su corazón, se preguntaban, si aquel extraño personaje que invitaba a un cambio de vida a orillas del Jordán, no sería el Mesías esperado, el Salvador, el Esperado de las naciones.
Pero, Juan no es el Mesías, él es la voz que grita en el desierto, el es el último profeta del Antiguo Testamento, el es quien prepara la venida de Jesús.
En el texto, podemos apreciar como existen dos declaraciones, la primera de Juan. La segunda proviene del cielo. Conviene que nos detengamos precisamente, en estas palabras.
Dentro del contexto apuntado más arriba, Juan declara públicamente: “Yo os bautizo con agua, pero ya viene el que es más fuerte que yo, y a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.
“Yo os bautizo con agua”. Es decir, mi bautismo es un bautismo que invita a la conversión, al cambio de vida, ante la inmediata aparición de otro “que es más fuerte que yo”. Ese otro anunciado por los profetas del Antiguo Testamento. Juan está afirmando que él no es el Mesías. El Mesías está por venir y su llegada es inminente. Por eso es necesaria la conversión.
La fuerza, a la que se refiere el Bautista, es, precisamente, uno de los atributos de Yahveh y de su Mesías: “el Dios fuerte”. Ya Isaías lo anunció: “El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz […] Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; sobre sus hombros el imperio, y su nombre será: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz” (Is 9,1.5). La fuerza que Dios emplea en favor de la humanidad, precisamente para ofrecerles la paz, la prosperidad, la salvación.
Tal es la fuerza y el poder del Mesías, que Juan no es digno siquiera de desatarle la correa de sus sandalias. Desatar las correas de las sandalias era acción propia de los esclavos. Ante aquel, el Bautista se siente tan pequeño, tan humilde, tan indigno, que es incapaz incluso de realizar un gesto que únicamente realizan los esclavos. Con esta actitud hemos de acoger al Salvador. No como esclavos, pero si con disposición humilde y sabiéndonos indignos de tal regalo por parte de Dios.
El Mesías que viene, ya no trae un bautismo de conversión, su bautismo es un bautismo de Espíritu Santo y fuego. El bautismo de Jesús símbolo de una vida nueva, nos transformará porque nos dará la fuerza del Espíritu de Dios, sobre nosotros reposará su propia vida. Un bautismo de fuego, del fuego de Dios, que purifica, calienta, nos impulsa, nos anima, nos desarrolla y potencia.
Ahora detengámonos en las palabras procedentes del cielo: “Tú eres mi hijo amado, mi preferido”. Veamos un poco el entorno en el que se desarrolla la escena. Juan estaba bautizando al pueblo y Jesús, también, es bautizado. En aquel momento, mientras Jesús está orando, el cielo se abrió y “descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como una paloma”. La paloma es el símbolo del Espíritu de Dios y así nos lo apunta el texto, sobre él descendió, en forma corporal, como una paloma. El Espíritu desciende en plenitud sobre Jesús, tal y como había predicho Isaías (11,2). Jesús es consagrado para llevar a cabo la misión encomendada por el Padre: revelar a los hombres la misericordia de Dios.
“Tú eres mi hijo amado, mi preferido”. Estas palabras nos traen los ecos del Antiguo Testamento. El primer eco es del salmo 2: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” (Sal 2,7). El Mesías es Hijo del Padre, el mismo lo ha engendrado. Pero no es únicamente su hijo, es su hijo amado, su predilecto. Todo nosotros somo hijos de Dios en el Hijo. Jesús es su Hijo unigénito, su hijo único. Los demás somos hijos de Dios porque él nos ha creado y porque Jesús nos ha hecho hijos de Dios en plenitud, gracias a que nos ha dado la salvación. El segundo eco del Antiguo Testamento, evocado por estas palabras provienen del profeta Isaías: “Aquí está mi siervo, a quien protejo, mi elegido, en quien mi alma se complace. He puesto sobre él mi espíritu”. Sobre Jesús, el Padre ha puesto su Espíritu, es el elegido por él para la salvación definitiva, es su hijo amado, su preferido. Aquel por el que Dios se ha hecho visible para todos lo hombres, aquel que se ha hecho presente en la vida de la humanidad, para que la humanidad pueda acercarse a Dios y acoger la salvación.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • El pueblo estaba expectante, y tú ¿estás, también deseoso, a la espera, aguardando impaciente la llegada de Jesús a tu vida? ¿Quieres descubrirlo presente en la misma?
  • ¿Cómo te dispones para acoger a Jesús? ¿para descubrir su presencia en los acontecimientos cotidianos? ¿Estás dispuesto a cambiar de vida?
  • Al igual que Juan el Bautista, tú eres enviado por Dios para anunciar su presencia entre los demás, eres enviado para anunciar que Jesús vive entre nosotros. Juan es capaz de dar el primer puesto a Jesús y, con humildad, pasar a un segundo plano. Y tú, ¿estás dispuesto a ello?
  • ¿Quieres acoger el bautismo que Jesús nos trae? ¿Un bautismo que va más allá de un simple cambio de actuar? ¿Un bautismo que te transforma y te cambia totalmente? ¿Un bautismo que te da, además, la fuerza para ser testigo de la salvación de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Él es Siervo de Dios, el Hijo amado,
Ungido del Espíritu, Mesías;
su bautismo, de muerte profecía,
ya sepulta en el agua los pecados.

Pero sale del agua transformado,
arco iris de paz y de alegría,
verdor de primavera, teofanía,
y un gran himno pascual recién cantado.

Ruiseñor que armoniza la victoria,
los campos, amapola y azucena,
y el árbol con los frutos de la gloria;

el Viento vivifica y oxigena,
el ungido es el centro de la historia,
y la muerte vencida con su pena.

(R. Priero Ramiro, en Jubileo en la tierra, júbilo en el cielo. Adviento y Navidad 1999, Caritas Española, Madrid 1999, pág. 202).

“Mi hijo amado, mi preferido”. Lectio Divina Bautismo del Señor (Lc 3,15-16.21-22)

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jperdido4VERDAD – LECTURA

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén a celebrar la fiesta de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las repuesta que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Él les contestó: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.
En la fiesta de hoy, la liturgia nos ofrece uno de los relatos de la infancia de Jesús. La Sagrada Familia se dirige a Jerusalén para celebrar la Pascua. El recuerdo de la liberación del Pueblo judío de la esclavitud de Egipto.
El relato se enmarca en el Templo de Jerusalén, el lugar en el que el se entra en relación con Dios. La familia de Jesús quiere cumplir con los preceptos de la Ley. Después de la diáspora, al menos una vez en la vida los judíos piadosos soñaban con viajar a Jerusalén. Posiblemente, la Sagrada Familia realizarían este viaje una vez al año, pues aunque estaban lejos de Jerusalén, en Nazaret, no se encontraban a tanta distancia como para no poder realizarlo. Habitualmente, dicho viaje se realizaba en grupo.
Cuando regresaban después de la de la celebración, los padres de Jesús se percatan que éste no se encuentra en la caravana. Sus padres se encuentran abrumados, apesadumbrados, angustiados, Jesús se ha perdido. Le buscan entre sus familiares y amigos sin éxito. Al tercer día lo encuentran nuevamente en el Templo, sentado entre los doctores y maestros de la Ley. Él estaba escuchándolos y haciéndoles preguntas. Los que allí se encontraban están admirados por las palabras de sabiduría que salen de su boca.
Sus padres le encuentran. Y María le reprocha su actitud: “¿Por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. La primeras palabras pronunciadas por Jesús en el evangelio no deja de sorprendernos: “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Él debe cumplir la voluntad del Padre, él debe llevar la Buena Nueva a la humanidad, él debe proclamar la misericordia de Dios a todos.
José y María no comprenden sus palabras. No es fácil entender la vida y el mensaje de Jesús, y, mucho menos vivirlo; pero él nos ayuda y muestra el camino para ello. María, también, nos muestra cuál debe ser conducta: Ella conservaba todo esto en su corazón. Lo mismo nos toca hacer a nosotros ante el misterio: mirar, pensar, reflexionar, meditar, adorar, orar…
Después de todo aquello, Jesús vuelve con sus padres a Nazaret. Vuelven a su vida cotidiana, vuelven a sus quehaceres de todos los días, a su ambiente. Y allí, Jesús va creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. Jesús como cualquier otro ser humano crece y se desarrolla nos sólo ha nivel espiritual, también en su cuerpo y en su inteligencia; es decir en todas sus dimensiones como ser humano y como Dios encarnado.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cómo vives tus obligaciones cotidianas? ¿tus obligaciones familiares, como ciudadano, como como cristiano?
  • Y tú, ¿te encuentras perdido en alguna ocasión? ¿Qué ocurre entonces? ¿Cómo afrontas? ¿Sientes, en algún momento, que se te ha perdido o que te has perdido de la presencia de Jesús? ¿Qué haces entonces? ¿Buscas a Jesús, angustiado, con intensidad, con pasión, con brío, vitalmente?
  • Cuando encuentras a Jesús, ¿qué le dices? ¿qué haces? ¿cómo actúas?
  • ¿Cuál es tu actitud ante el misterio? ¿lo rechazas? ¿lo meditas, lo adoras, lo acoges? ¿lo conservas en tu corazón?
  • ¿Intentas día a día crecer, no sólo humanamente, sino también como cristiano?

VIDA – ORACIÓN

Señor, ayúdanos a comprender que el mirarnos profundamente a los ojos no es solo un mirarnos, sino buscar el punto de nuestro encuentro para construir vida, establecer valores y saborear alegrías. (Evangelio 2015, San Pablo)

En la casa de mi Padre. Lectio Divina solemnidad de la Sagrada Familia (Lc 2,41-52)

Lectio Divina del II domingo después de Navidad

VERDAD- LECTURA

Javier Velasco Arias

Javier Velasco Arias

El evangelio de hoy nos presenta el llamado Prologo de san Juan. En realidad, podriamos decir que, nos encontramos ante un resumen cristológico del evangelio. Mientras que otros evangelios nos narran la vivencia histórica  del nacimiento y la infancia de Jesus, el autor del cuarto evangelio nos  muestra el origen de la persona divina de Jesus, la Palabra, y esto ambientado, o en el contexto de la historia de Israel y de la  historia de Salvacion.

Para nuestra mejor compresion podemos dividir nuestro texto en tres partes: Preexistencia de la Palabra, la venida histórica de la Palabra y la encarnación de la Palabra.

La preexistencia de la Palabra (1-5). Jesus, la segunda Persona de la Santisima Trinidad existe desde siempre, y estaba junto a Dios; por eso, puede hablarnos con conocimiento pleno del Padre. Toda la  accion de Jesus en la tierra  ha de ser comprendida e interpretada desde esta perspectiva. Con la expresion Al principio, nos esta enlazando con la creacion del Genesis. Toda esta primera parte nos indiica que la Palabra era Dios y que la creacion es fruto  de  la Palabra, ademas en ella estaba la vida. La luz no es otra cosa que la evidencia de la vida, la  cual se contrapone a las tinieblas.

La venida historica de la Palabra (6-13). Testigo de esta venida historica es Juan, el Bautista, enviado  por Dios, la iniciativa,por tanto, parte de éste. Y aquel vino a dar testimonio de la Luz, que proviene de Dios creador.  El cual, se hace presente para iluminar a  la humanidad. Ella es rechazada. Algunos hombres no quiere entrar en comunion con Dios. Israel no acoge a Jesus, nuevamente rechaza la Alianza con Yahveh. Pero,  hay hombres que acogen y aceptan la Palabra. Quieren vivir en la Luz,  quieren entrar en comunion con Dios, quieren ser sus hijos, participar en la vida de Dios.
La encarnacion de la Palabra (14-17). Llegamos al cenit, al momento mas importante de nuestra lectura: la Palabra se hizo hombre. Dios ya se ha hecho presencia entre los hombres, presencia visible. Ahora podemos hacer experiencia de Dios. Y eso porque él ha puesto su tienda entre nosotros, clara alusion al Tabernaculo, al lugar de la presencia de Dios entre el Pueblo de Israel durante su estancia en el desierto. El amor de Dios se ha hecho visible, porque la gloria de Dios es Dios en aquello que podemos experimentar, y lo que mejor podemos experimentar es el amor de Dios.Y la Gloria del Hijo es la Gloria del Padre. Nosotros, como cristianos, tambien debemos manifestar esta Gloria de Dios a  los demas hombres. Esta posibilidad nos viene de Jesus, no nos viene de la ley. Al amor de Dios hemos de responder con nuestro amor a los hermanos.

Concluye nuestro texto (18) expresándonos que nadie ha visto a  Dios. Si quieres verle fíjate en Jesús, presta atención a su Palabra, contempla sus acciones. Pero, ¿cómo hacer esto, si Jesús ya no esta entre nosotros? Jesús continúa estando presente en la comunidad de los discipulos, en la comunidad  cristiana. Ella es el reflejo de Jesús. Y Jesús es el único que nos puede dar a conocer al Padre.
CAMINO – MEDITACION

  • ¿Sé reconocer la presencia de Dios, la Luz, la Palabra en mi vida cotidiana?
  • ¿Reconozco a los testigos de Jesús?  Por sus obras los reconoceréis. ¿Los acojo? ¿Les presto atención?
  • ¿Quiero acoger la Palabra en mi vida? ¿Estoy dispuesto a que transforme mi vida?
  • La gloria de Dios, su amor, se hace presente en la comunidad cristiana, pero la comunidad no es algo etereo, la comunidad está compuesta de hombres. ¿Cómo manifiesto ese amor de Dios entre aquellos que me rodean?  ¿Entre aquellos que entran en contacto conmigo?
  • Previo a todo lo anterior, es mi experiencia de  Jesús. Le tomo el pulso a dicha experiencia.

VIDA – ORACION
Me gustaría invitarte hoy, a que  contemples la lectura con la que estamos orando. Guarda silencio, mira el texto, lee y relee, déjate mirar por él, y escucha lo que Dios  quiere decirte hoy.

Lectio Divina Domingo de la Sagrada Familia

VERDAD – LECTURA

 

El texto contiene dos escenas estrechamente ligadas. La primera es la huída a Egipto y la segunda la vuelta de Egipto y el establecimiento en Nazaret. Plantea por tanto un importante desplazamiento; la vuelta a un lugar tradicional para la Historia de Israel, Egipto, al comienzo de su existencia como pueblo. Ello se presenta a través de claros paralelismos literarios y constantes repeticiones.

Para Mateo es el último relato acerca de la infancia de Jesús y como en el resto de su evangelio las referencias a la tradición judaica son numerosas. El nacimiento y la vida del Maestro se entiende dentro de esa tradición. Es el cumplimiento a todos los anuncios de un nuevo Mesías. Egipto, el lugar del comienzo del Éxodo, es el marco del nuevo inicio desde donde deben partir José y su familia para regresar a la vida, tal y como hizo el pueblo de Israel. Belén y Nazaret también se insertan en esa tradición. De ahí la insistencia de Mateo en recordar las palabras proféticas

Esa fuerte presencia profética se percibe no sólo en las distintas citas sino también en el modo de comunicación;  a través de los sueños y con la presencia del ángel del Señor (cf. 1Re 19).
José adquiere un protagonismo claro. Es obediente y el mediador para que Jesús pueda llegar a ejercer su ministerio. Para Lucas el personaje determinante en la infancia es María.

La palabra muerte aparece en muchas ocasiones. Con ello se pone de manifiesto que la opción de Dios es por la vida. Cuando todo parece que va a desaparecer, su obrar va encaminado a hacer surgir la vida allí donde las circunstancias son muy adversas. Herodes y Arquelao, con todo su poder y crueldad (mata a los infantes no sólo de Belén sino de los alrededores) no son capaces de impedir la acción de Dios.  Desde la infancia de Jesús hasta la cruz la muerte y su amenaza están estrechamente ligadas a su vida y ministerio.

CAMINO – MEDITACIÓN
Fíjate en el protagonismo de José, un varón justo, cumplidor de la Ley y que tiene un papel determinante; salvaguardar la vida de su familia. Actúa sin dilación, sin tardanza. Su respuesta a Dios es una acción inmediata, que implica un desplazamiento, un cambio radical en su vida y en la de los suyos. La vuelta de Egipto lo lleva a un lugar de mala fama en la región del norte, en Galilea.

La Tradición es un elemento fundamental en este texto. Cada una de los desplazamientos se vive como cumplimiento de la profecía, es decir, como signo de la presencia inequívoca de Dios. Conocer la tradición de Israel ayuda a entender y desvelar la profundidad de los relatos del Nuevo Testamento.

 

VIDA – ORACIÓN

 

  • Recuerda a todas aquellas personas obligadas a realizar desplazamientos no deseados. A aquellos que deben abandonar a sus familias o sus lugares de origen para luchar por la vida.
  • Ruega por las personas, los gobiernos, los sistemas económicos, que crean una sociedad insegura y basada en el temor; el temor a la soledad, a la pobreza, al hambre, a la tortura, al asesinato, a la enfermedad, a la muerte.
  • Escucha el clamor y el llanto de quienes sufren, de quienes no ven posibilidad de vida, de quienes no tienen fuerzas ni ayuda para iniciar un camino nuevo. Siéntete como José responsable de los tuyos.
  • Agradece la presencia de Dios en lo cotidiano y los pequeños cambios que se producen. Su presencia en las ilusiones, en los sueños y en las mediaciones, que poco a poco y de modo sencillo abren cauces de vida. Descubre los signos de vida que marcan un nuevo comienzo, un Nazaret en el día a día, una vida llena de lo cotidiano, pero suficientemente importante como para haber sido ya anunciada por los profetas.
  • Presenta a todas las personas, creyentes fieles y firmes, que de modo casi olvidado, (como José) son capaces de dinamizar tu vida, la de tu comunidad, la de tu parroquia…

Preparada por el Equipo de Lectio Divina del Departamento de Pastoral de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.