«Dios no hace acepción de personas», nosotros sí. Lectio Divina del VI Domingo de Pascua – Ciclo B

VERDAD – LECTURA  

Evangelio: Jn 15,9-17

Es habitual entre las personas, que establezcamos relaciones en nuestro trato diario con aquellos que nos rodean. Unas veces, por motivos laborales, otras por vecindario, por parentesco, amistad, etc. Y nadie se sorprende cuando los lazos de afinidad se estrechan más con unas personas que con otras, porque es “lo normal” elegir a quiénes queremos tener por amigos o por pareja. Sin embargo, a la familia y a los compañeros de trabajo no los elegimos. Nos son dados.

Supone una experiencia, también común a todos, que el paso del tiempo nos hace cribar a quién sí y a quién no quiero seguir teniendo a mi lado. Y así, “vamos perdiendo amigos por el camino”; tal vez, nunca lo fueron. El problema es que no llegamos a emplear bien nuestro lenguaje y no distinguimos entre “amigos” y “conocidos”, entre “apreciar”, “querer”, “amar”, etc.

Jesús en el evangelio de este domingo, nos cuenta qué es amar. En primer lugar, podríamos afirmar que es lo que Jesús nos mandó, y así termina el evangelio de este domingo: «Esto os mando: que os améis unos a otros». Por tanto, parece que Jesús, no da lugar a hacer acepción de personas, sino que nos pide que permanezcamos en el amor, para que su alegría esté en nosotros, porque el que ama y se siente amado es feliz y sólo entiende de amor. «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo». Y es que «Dios es amor» (cf. IJn 4,8). Esta es la razón por la que el cristiano ha de permanecer en el amor del Hijo, guardando sus mandamientos. Que realmente sólo es uno: «que os améis unos a otros como yo os he amado».

Jesús nos enseña cómo se ama: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» y nos muestra quiénes son sus amigos: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando», «porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer». Y hay una gran diferencia entre ser amigo de nuestros amigos y ser amigo de Jesús. A “nuestros amigos” los elegimos. En el caso de Jesús, es Él quien nos ha elegido y destinado a una misión: «para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca». Esa tarea, que en ocasiones nos resulta difícil, no es tal si seguimos el consejo de Jesús: «que pidáis al Padre en mi nombre» y el Padre nos lo dará.

Esto es el amor, no se trata de hacer acepción de personas. Se trata de dar la vida por los demás, ese es el fruto que Jesús espera de nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • Piensa qué diferencia hay entre amigo y conocido.
  • ¿Qué diferencia hay entre amar y querer?
  • ¿Tienes amigos o conocidos?
  • ¿A quién amas?
  • ¿A quién quieres?
  • ¿Serías capaz de dar tu vida por esas personas?
  • ¿Eres capaz de dar tu vida por ti mismo?
  • ¿Eres capaz de dar tu vida por Cristo?
  • ¿Qué te lo impide?

VIDA – ORACIÓN

Señor que nos has amado hasta el extremo, enséñanos a querernos más a nosotros mismos y a sentir tu amor, porque sólo se puede dar lo que se tiene. Danos un corazón grande, generoso, capaz de amar a todos. Qué todos quepan en nuestro corazón, que nadie dejemos fuera, como Tú hiciste, que diste tu vida por todos. Haz que, alimentados con tu Palabra, seamos portadores de amor y felicidad para los que nos rodean y en tu nombre, vivamos siempre unidos. Así sea.

“DIOS NO HACE DISTINCIÓN DE PERSONAS”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DE PASCUA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Hechos 10,2-26.34-35.44-48

25Tan pronto como entró Pedro, Cornelio le salió al encuentro, cayó a sus pies y le adoró. 26Pedro lo levantó diciendo: «Levántate, que yo también soy hombre». 34Pedro tomó la palabra y dijo: «Compruebo que Dios no hace distinción de personas, 35que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de la nación que sea. 44Todavía estaba hablando Pedro, cuando descendió el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras. 4Todos los fieles circuncisos que habían venido con Pedro se extrañaban de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los paganos 46pues los oían hablar lenguas extrañas y glorificar a Dios. 47Pedro dijo entonces: «¿Se puede negar el agua del bautismo a éstos, que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?». 48Y ordenó que fuesen bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le suplicaron que se quedara con ellos algunos días.

La primera lectura, que hoy la liturgia nos ofrece, de alguna manera pone patas arriba nuestras creencias acerca de los prejuicios que solemos tener hacia las personas, acerca de nuestras ideas estereotipadas o los prototipos que se han instalado en nuestra cabeza. Nos invita a tener amplitud de miras, apertura de mente y mirada misericordiosa. Y todo esto vivido desde el amor incondicional y gratuito, que es el que nos tiene Jesús a cada uno de nosotros y que nos exhorta a tener nosotros hacia el prójimo, tal y como nos enseña el pasaje del evangelio de hoy.

Cornelio es un pagano, es decir un no creyente judío, y por descontado tampoco creyente cristiano. Unos versículos antes (10,1-8), se nos ha narrado como éste, hombre piadoso y temeroso de Dios ha tenido una visión en la que se le invitaba llamar a Pedro, lo cual hace. Pedro por su parte ha tenido una visión similar, en la que se le urgía a ir al encuentro de Cornelio.

Cuando se produce dicho encuentro, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que se encontraban en la casa de Cornelio.

Pedro, en cierta forma se ve obligado a abrirse a la universalidad de la salvación, a no quedarse anclado en las cuatro paredes de la religión judía. Jesús ha venido para salvar a toda la humanidad y no únicamente al pueblo judío. Tal y como Pedro pudo comprobar, Dios no hace distinción entre las personas. Dios acoge a todos, aunque no lo conozcan todavía.

Cornelio, sin haber tenido experiencia de Jesús Resucitado, vive el amor incondicional a Dios y al prójimo. Lo cual hace que esté en disposición, que esté abierto a acoger la salvación que vino a traernos Jesucristo.

Las lecturas que nos ofrece la liturgia de hoy, nos están invitado a amar sin condiciones y a abrirnos a todas las personas sin distinciones. ¿Seremos capaces de llevarlo a cabo?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuáles son tus creencias, tus prejuicios, tus ideas preconcebidas hacia las personas?
  • ¿Qué puedes hacer para que dichas creencias vayan transformándose en amplitud de miras, en apertura y en acogida con respecto a cualquier persona sin tener en cuenta su origen, raza, condición social, lengua o creencia?
  • ¿Estas atento y, por tanto abierto, a que Dios ponga tu vida patas arriba con respecto a la manera en que acoges a las personas que no son de tu propio círculo?
  • ¿Eres consciente que Jesús ha venido a salvar a toda la humanidad? ¿De qué manera anuncias dicha salvación, anuncias la Buena Nueva del Evangelio y el amor incondicional de Dios?
  • ¿De qué forma puedes ir creciendo en el amor incondicional y gratuito al que nos invitan las lecturas de la liturgia de este domingo?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 136

1Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor;

2dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor;

3dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.

4Sólo él ha hecho grandes maravillas, porque es eterno su amor.

5Él hizo los cielos con sabiduría, porque es eterno su amor.

6Él afirmó la tierra sobre las aguas, porque es eterno su amor.

7Él hizo las lumbreras grandes, porque es eterno su amor:

8el sol para presidir el día, porque es eterno su amor;

9la luna y las estrellas para presidir la noche, porque es eterno su amor.

[…]

23Él se acordó de nosotros en nuestra humillación, porque es eterno su amor;

24y nos libró de nuestros enemigos, porque es eterno su amor.

25Él da de comer a todas las criaturas, porque es eterno su amor.

26Dad gracias al Dios del cielo, porque es eterno su amor.

«Si me amáis, guardaréis mi palabra». Lectio Divina del Domingo VI de Pascua – Ciclo A

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Juan 14,15-21

Seguimos en el mismo contexto que el domingo pasado: La última cena, el discurso de despedida de Jesús. Los discípulos se encuentran turbados ante el anuncio de la inminente partida de Jesús.

Creo, que en el texto, que la liturgia nos ofrece este domingo, habría que destacar dos de sus versículos: el 15 y el 21. En ellos, se les recuerda a los discípulos la importancia de guardar los mandamientos de Jesús; y recordemos, cuál es el mandamiento principal. Únicamente aquel, que guarde sus mandamientos, estará en disposición de recibir el Espíritu Santo.

Pero, ¿cuáles son esos mandamientos? La clave la encontramos unos versículos más abajo, que no aparecen en el evangelio de este domingo. Concretamente nos estamos refiriendo a los versículos 23 y 24: Aquel que guarda, y por tanto, cumple, la palabra de Jesús es quien verdaderamente le ama. Guardar los mandamientos de Jesús no es precisamente cumplir una serie de normas morales, sino entrar en comunión con él y permanecer en su espacio vital: asumir y vivir las mismas actitudes vitales de Cristo. Amar a Jesús está estrechamente ligado a la vivencia de su palabra, de sus actitudes vitales en nuestra vida cotidiana; es preciso dejarnos conducir por él,  poner en práctica lo que él predicó y vivió. Sólo de esta  manera estaremos unidos a él y conservaremos sus amor; sólo de este modo estaremos preparados para recibir el Espíritu Santo. Recibiremos al Paráclito, el Espíritu consolador, el Espíritu Santo que continuamente viene en nuestra ayuda.

El Espíritu Santo será quien nos enseñe a vivir el mandamiento del amor, quien venga en nuestra ayuda en los momentos difíciles, quien nos sostenga y levante.

Hasta ahora, ha sido Jesús quien ha desempeñado esta misión con sus discípulos, pero ante su inminente marcha, el Padre dará otro consolador, otro apoyo, otro sostén. Ahora el Espíritu Santo permanecerá junto a nosotros para siempre.

Este Espíritu consolador, es el Espíritu de la verdad, el que continuará dando testimonio de Jesús y nos mantendrá en la fidelidad a la Palabra. Será quien nos mantenga alerta ante los falsos maestros, ante aquellos que profesan la mentira, para mermar la capacidad de amar que tiene el ser humano. El mundo al estar contagiado del espíritu de la mentira no está preparado para recibir al Espíritu Santo. Y con el término mundo no se refiere al planeta Tierra o a los seres humanos, sino más bien a las situaciones o estructuras que merman la capacidad de amar de las personas, la capacidad de plenitud del ser humano.

No estemos intranquilos, no permanezcamos inseguros, no vivamos nerviosos y turbados. Jesús en ningún momento nos abandona. Su ausencia no es definitiva. Él está presente, pues ha resucitado.

El Espíritu Santo nos capacitará para experimentar la presencia de Jesucristo en nuestras vidas. El día de su resurrección Jesús comunicó a sus discípulos la vida en el Espíritu, la vida de total identificación con el Padre y el Hijo, la vida de comunión con Dios.

Si obramos según el Espíritu de Jesús, si asumimos sus enseñanzas y las ponemos en práctica, nos encontraremos en la senda del amor a Jesús, ese es quien verdaderamente ama a Jesús. Y quien ama a Jesús es, a su vez, amado por el Padre. Quien viva los valores vividos por Jesús y se comporte de la misma manera como él lo hizo puede decir que ama a Jesús. El Padre y Jesús que son uno le manifestaran su amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cuál es el mandamiento principal de Jesús? ¿Cómo intentas vivirlo?
  • ¿Estas atento a la palabra de Jesús? ¿A lo que Él pueda pedirte u ofrecerte en cada momento?
  • ¿Cuál es la condición indispensable para poder recibir el Espíritu Santo? ¿Intentas tener presente dicha condición y practicarla en tu vida cotidiana?
  • ¿Participas de alguna manera en esas estructuras o situaciones que merman la capacidad de amar de aquellos que te rodean?
  • ¿Como muestras y demuestras tu amor por los demás, sobre todo por aquellos a los que nadie ama, por los pobres más pobres de nuestra sociedad y de nuestras comunidades?
  • ¿De qué manera te dispones para acoger y dejarte hacer por el Espíritu Santo?

VIDA – ORACIÓN

  • Entra en dialogo con el Espíritu Santo, seguramente el gran olvidado.
  • Cuéntale tus temores, tus dificultades, tus oscuridades, tus contrariedades, los obstáculos que encuentras en el camino de tu vida.
  • Dale, también, gracias por todas las luces que pone en tu camino, por la ayuda que te presta, por la fortaleza que te infunde…
  • Déjate atrapar por él, déjale entrar en tu vida y que sea él quien guíe tus pasos y te modele. según el modelo más extraordinario, insuperable y excepcional que es Jesucristo.

“Ama y guarda mi Palabra” Lectio Divina Domingo VI del Tiempo de Pascua – Ciclo C (Jn 14,23-29)

VERDAD – LECTURA

         En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “El que me ama guardará mi palabra, mi Padre lo amará y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él. El que no me ama no guarda mi palabra; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No estéis angustiados ni tengáis miedo. Ya sabéis lo que os he dicho: Me voy, pero volveré a estar con vosotros. Si me amáis, os alegraréis de que me vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

         Jesús habita entre nosotros, Jesús vive en nuestra vida, está presente en nuestro día a día. El Dios cristiano, no es un Dios lejano, apartado de la vida de los seres humanos. Está presente por amor y en el amor que nos profesamos los unos a los otros.

         Dios siempre da el primer paso. Dios nos amó primero y nos ama incondicionalmente. Nosotros tenemos que vivir y mostrar el amor de Dios hacia nosotros, en nuestro amor a los hermanos. Amar al estilo de Jesús es acoger y poner en práctica su Palabra. Amar al estilo de Jesús es acoger al hermano y compartir con él todas sus vicisitudes: alegrías y sufrimientos, fracasos y logros, muerte y vida. Es estar dispuesto a acompañarlo en todos los acontecimientos diarios, ponerse a su servicio, entregarse a él incondicionalmente.

         Nos consiste únicamente en seguir una serie de normas y doctrinas, es necesario que en nuestra vida esté presente el amor. Desde el amor se es fiel a la palabra. Quien no ama a Jesús en el hermano, puede cumplir a la perfección una serie de normas y preceptos, pero no está guardando la palabra de Jesús, no le ama verdaderamente. Y la palabra de Jesús, no es suya, es la palabra del Padre, aquel que continuamente, está amando y donándose al hombre.

         El Espíritu Santo, nos da consuelo, fortaleza, ánimo, comprensión, nos impulsa a amar. Nos hace recordar la palabra de Jesús y llevarla a la práctica, nos modela según el modelo Jesús de Nazaret, nosotros únicamente debemos acoger y dejarnos hacer, para poder estar al servicio del hermano. Él nos ayudará a vivir en paz y a entregar paz. Una paz que nos es tranquilidad, ausencia de problema, falta de dificultades, enfermedades o tropiezos, es armonía, sosiego, esperanza, calma, confianza. Es serenidad de corazón y valentía.

         Jesús vuelve al Padre, a su lugar original, al lugar en el que estaba desde antes de la creación del mundo, el lugar de su plenitud y de su gloria. Por eso tenemos que alegrarnos, porque a pesar de que ya no le veamos de manera física, el continúa y continuará estando entre nosotros. El no verlo puede producir en nosotros, tristeza, pero su presencia está entre nosotros. Él sigue vivo, él está presente en nuestra vida y nos acompaña; sale cada día a nuestro encuentro, no estamos solos. Hemos de sentir su presencia, de una manera distinta a si estuviera presente físicamente, pero no por ello menos vital. Es importante, tener esto presente, sobre todo en los momentos de dificultad, de problemas, de tropiezos, para que nuestra fe no decaiga. Que no se turbe nuestro corazón. Jesús no se ha ido para siempre. Para siempre, está presente entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Dios está siempre presente en nuestras vidas. ¿Sientes su presencia? ¿De qué manera? ¿Cómo experimentas la presencia de Jesús en tu día a día?
  • Para guardar la palabra de Jesús, primeramente, es necesario escucharla y después ponerla por obra amando a los hermanos. ¿Existen espacios en tu vida cotidiana para escuchar la Palabra de Dios? ¿De qué manera, con qué acciones concretas tratas de llevar a la práctica la Palabra de Jesús?
  • Guardar y cumplir la palabra de Jesús es amar al hermano. ¿Cómo resuena esto en tu corazón? ¿Cómo muestras tu amor hacia los demás? Trata de ser lo más concreto posible.
  • ¿Intentas vivir la paz que Jesús te regala cada día? ¿De qué manera? ¿Qué significado tiene en tu vida la palabra paz en el sentido que hemos expuesto en nuestra lectura?
  • El Espíritu Santo nos lo enseña todo y nos recuerda todo. ¿Cómo es la presencia del Espíritu en tu vida? ¿Lo invocas con frecuencia? ¿Lo tienes presente?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 36,23s-24.34.

El Señor asegura los pasos del hombre

cuyo camino es de su agrado;

aunque tropiece, no caerá por tierra,

pues el Señor le lleva de la mano.

Confía en el Señor y sigue su camino; él te ensalzará y te hará heredar la tierra.

“Ama y guarda mi palabra” Lectio Divina Domingo VI del Tiempo de Pascua (Jn 14,23-29)

via lucis 11

VERDAD – LECTURA

Jesús le contestó: “El que me ama guardará mi palabra, mi Padre lo amará y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él. El que no me ama no guarda mi palabra; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No estéis angustiados ni tengáis miedo. Ya sabéis lo que os he dicho: Me voy, pero volveré a estar con vosotros. Si me amáis, os alegraréis de que me vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Jesús habita entre nosotros, Jesús vive en nuestra vida, está presente en nuestro día a día. El Dios cristiano, no es un Dios lejano, apartado de la vida de los seres humanos. Está presente por amor y en el amor que nos profesamos los unos a los otros.

Dios siempre da el primer paso. Dios nos amó primero y nos ama incondicionalmente. Nosotros tenemos que vivir y mostrar el amor de Dios hacia nosotros, en nuestro amor a los hermanos. Amar al estilo de Jesús es acoger y poner en práctica su Palabra. Amar al estilo de Jesús es acoger al hermano y compartir con él todas sus vicisitudes: alegrías y sufrimientos, fracasos y logros, muerte y vida. Es estar dispuesto a acompañarlo en todos los acontecimientos diarios, ponerse a su servicio, entregarse a él incondicionalmente.

Nos consiste únicamente en seguir una serie de normas y doctrinas, es necesario que en nuestra vida esté presente el amor. Desde el amor se es fiel a la palabra. Quien no ama a Jesús en el hermano, puede cumplir a la perfección una serie de normas y preceptos, pero no está guardando la palabra de Jesús, no le ama verdaderamente. Y la palabra de Jesús, no es suya, es la palabra del Padre, aquel que continuamente, está amando y donándose al hombre.

El Espíritu Santo, nos da consuelo, fortaleza, ánimo, comprensión, nos impulsa a amar. Nos hace recordar la palabra de Jesús y llevarla a la práctica, nos modela según el modelo Jesús de Nazaret, nosotros únicamente debemos acoger y dejarnos hacer, para poder estar al servicio del hermano. Él nos ayudará a vivir en paz y a entregar paz. Una paz que nos es tranquilidad, ausencia de problema, falta de dificultades, enfermedades o tropiezos, es armonía, sosiego, esperanza, calma, confianza. Es serenidad de corazón y valentía.

Jesús vuelve al Padre, a su lugar original, al lugar en el que estaba desde antes de la creación del mundo, el lugar de su plenitud y de su gloria. Por eso tenemos que alegrarnos, porque a pesar de que ya no le veamos de manera física, el continúa y continuará estando entre nosotros. El no verlo puede producir en nosotros, tristeza, pero su presencia está entre nosotros. Él sigue vivo, el está presente en nuestra vida y nos acompaña; sale cada día nuestro encuentro, no estamos solos. Hemos de sentir su presencia, de una manera distinta a si estuviera presente físicamente, pero no por ello menos vital. Es importante, tener esto presente, sobre todo en los momentos de dificultad, de problemas, de tropiezos, para que nuestra fe no decaiga. Que no se turbe nuestro corazón. Jesús no se ha ido para siempre. Para siempre, esta presente entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

  • Dios está siempre presente en nuestras vida. ¿Sientes su presencia? ¿De qué manera? ¿C´mo experimentas la presencia de Jesús en tu día a día?

  • Para guardar la palabra de Jesús, primeramente, es necesario escucharla y después ponerla por obra amando a los hermanos. ¿Existen espacios en tu vida cotidiana para escuchar la Palabra de Dios? ¿De qué manera, con qué acciones concretas tratas de llevar a la práctica la Palabra de Jesús?

  • Guardar y cumplir la palabra de Jesús es amar al hermano. ¿Cómo resuena esto en tu corazón? ¿Cómo muestras tu amor hacia los demás? Trata de ser lo más concreto posible.

  • ¿Intentas vivir la paz que Jesús te regala cada día? ¿De qué manera? ¿Qué significado tiene en tu vida la palabra paz en el sentido que hemos expuesto en nuestra lectura?

  • El Espíritu Santo nos lo enseña todo y nos recuerda todo. ¿Cómo es la presencia del Espíritu en tu vida? ¿Lo invocas con frecuencia? ¿Lo tienes presente?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 36,23s-24.34.

El Señor asegura los pasos del hombre

cuyo camino es de su agrado;

aunque tropiece, no caerá por tierra,

pues el Señor le lleva de la mano.

Confía en el Señor y sigue su camino;

el te ensalzará y te hará heredar la tierra.