“VINO NUEVO” LECTIO DIVINA DEL II DOMINGO DEL T.O. – CICLO C

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Jn 2,1-11)

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino». Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes si lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora». Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

 

Ya se acabaron las fiestas, se acabaron los villancicos, las zambombas, los adornos, los belenes, etc. Y nos hemos metido de lleno en el tiempo ordinario.

No sé, si a ti te pasa, pero a mucha gente, cuando escucha eso de tiempo ordinario, lo consideran algo corriente, vulgar, e incluso chabacano. Nada más lejos de la realidad. El tiempo litúrgico llamado ordinario no tiene nada que ver con eso. Este tiempo litúrgico, mas bien, tiene que ver con lo cotidiano, con el día a día, con lo que sucede de manera habitual. Es decir, es un tiempo en el que no nos preparamos, ni celebramos ninguna de las dos grandes fiestas de nuestra vivencia cristiana, a saber: el nacimiento de Jesús y la Resurrección.

El tiempo de Navidad es aquel en el que recordamos su nacimiento y nos preparamos para ello con el adviento; y en el tiempo de pascua recordamos y celebramos la resurrección y nos preparamos para ella con el tiempo de cuaresma y de semana santa. Nos preparamos para ello de una manera más intensa, más profunda, más acentuada.

Estar continuamente preparándonos para cualquiera de los dos acontecimientos, manteniendo dicha intensidad, sería prácticamente imposible. Por eso, la Iglesia, que es sabia, nos ofrece el tiempo ordinario. Tiempo por otro lado en el que podemos también gustar y disfrutar de lo que era el día a día de Jesús.

ba9cb00a0795b25c6127e7a859dfe81dHoy, en el segundo domingo del tiempo ordinario, la liturgia nos regala un pasaje del evangelio de Juan cargado de simbolismo, pero que a la vez tiene una gran riqueza teológica. El autor del Cuarto Evangelio nos presenta el primero de los signos realizados por Jesús.

Fíjate que he dicho signo. Efectivamente, la palabra utilizada en griego es shmeiwn (signo) y no qauma (milagro). El signo siempre nos remite a otra realidad que no es la suya; es aquello que nos da señales o indicios de otra cosa, nos manifiestan la presencia de otra realidad.

Sin negar el carácter histórico que pueda contener el texto que nos ocupa, el autor quiere, sirviéndose precisamente de eso, de un signo, transmitirnos un mensaje concreto: el Reino de Dios está ya presente entre nosotros.

Nos encontramos en una boda. Nada tienen que ver aquellas bodas de la época de Jesús, de ambiente semita, con las que se celebran en la actualidad.

Aunque no tenemos muchas referencias concretas con respecto a esta y a otras costumbres de aquel tiempo, lo que sí sabemos es que duraban varios días, por lo que había que tener en cuenta muchas cosas; entre ellas que no faltara la comida y la bebida, y que no faltara gran cantidad de agua para todas las abluciones (lavados, purificaciones rituales) que los judíos solían realizar con ella.

Entre otros, a esta boda están invitados: Jesús, su madre y sus discípulos. Como podemos apreciar, los primeros son los protagonistas o actores principales del signo que se nos va a relatar.

Recordemos, también, que la boda en el Antiguo Testamento hace referencia a la unión o alianza entre Yahveh y su pueblo. A un cierto momento, María, la madre de Jesús, se da cuenta que falta un elemento esencial para que la boda continúe: el vino. Al faltar este, y desde el punto de vista simbólico, del signo, podemos decir que la propia Alianza de Yahveh con su pueblo está en peligro. La Alianza ya no es efectiva; no porque Yahveh la haya roto, ha sido el pueblo el que en repetidas ocasiones la ha incumplido. La nueva y eterna Alianza se está abriendo camino, se está haciendo presente con Jesús de Nazaret, el reinado de Dios ya está aquí. Una nueva alianza que no se podrá romper porque el garante de la misma es Jesucristo, el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es decir Dios mismo. Con Jesús viene la salvación definitiva.las-bodas-de-cana

Y en esta salvación definitiva, María, la madre de Jesús, nuestra madre, hace de intercesora: “no tienen vino” (la alianza está en peligro). Pero todavía no ha llegado la hora de Jesús, todavía la nueva alianza no puede ser efectiva, todavía hay que esperar. ¿Hasta cuándo? Hasta la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Ahí se realizará, se llevará a cabo la nueva y definitiva Alianza. Pero es necesario que los contemporáneos de Jesús se hagan conscientes de ello, es necesario que nosotros nos demos cuenta de que el Reino de Dios está aquí. Por eso, María, casi obliga a su Hijo a que realice un signo: “Haced lo que él os diga”.

El agua simboliza a las instituciones judías, recordemos que Juan bautizaba con agua. Es extraño que estas tinajas estuvieran vacías, por lo que, al llenarlas, Jesús dota de contenido a la Antigua Alianza. Estas estaban vacías porque las instituciones judías estaban vacías. Las instituciones judías estaban ancladas en el pasado, en estructuras y leyes que lo que hacían era oprimir y esclavizar al pueblo. Habían sido los propios dirigentes judíos los que habían cargado de normas, en muchas ocasiones inverosímiles, al pueblo de Israel.

Jesús ordena llenar las tinajas de agua, partiendo del Antiguo Testamento nos trae la Nueva Alianza de la Salvación para todos.

canamariajesus450Cuando los sirvientes llevan el contenido de las tinajas al mayordomo, este se sorprende y le dice al novio: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

Un vino nuevo que no se acaba, porque la Alianza de Jesús perdurará hasta el fin de los tiempos.

Con este signo Jesús manifiesta su gloria, que plenamente se mostrará en la resurrección. La fe de los discípulos crece.

Desde el momento de la encarnación, María ha sido insertada en la historia de la salvación definitiva, inaugurada por Jesús. María sigue estando presente en esta historia y sigue intercediendo para que nuestro vino bueno, nunca se acabe.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Recuerda el momento en el que te hiciste consciente de la llamada de Jesús, de la alianza que Dios había establecido contigo desde el vientre de tu madre.
  • ¿Qué falta actualmente (el agua) en tu relación con Jesús?
  • El agua has de ponerla tú, para que Jesús pueda convertirla en vino. Tú debes poner tu pequeñez, tu humildad, tus dificultades, tus problemas, tus acciones… en las manos de Jesús para que él las convierta en el vino nuevo de la Nueva Alianza.
  • Jesús te regala el vino nuevo, te invita a las bodas de su amistad, ¿quieres acoger este vino nuevo y beberlo junto a Jesús, quieres acoger la invitación que Jesús te hace hoy encaminada a su seguimiento?
  • Fíjate en papel de María en este relato: es intercesora. Acógela también tú en tu vida para que ella interceda ante Jesús para que convierta tu agua en vino. También tú tienes que convertirte en intercesor y estar atento a las necesidades de los demás para interceder por ellos ante Jesús.
  • Al igual que los discípulos, ante los signos que cada día te muestra, ¿se intensifica tu fe, crece?

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 VIDA – ORACIÓN

¡Jesús, ven a mi vida!, como a aquella boda de Caná, para que tú sigas convirtiendo el agua en vino, las penas en alegrías, llenes nuestros corazones. (Evangelio 2019, Camino Verdad y Vida, San Pablo 2019).

 

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“Buscando la felicidad” Lectio Divina del II Domingo del T. O. (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Jn 1, 35-42)

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, les dijo: «Este es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos que oyeron sus palabras siguieron a Jesús. Él se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:«¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús.

Después, encontró a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

En cualquier período de la historia, en ambientes diversos, en múltiples circunstancias, hombres y mujeres de cualquier raza, condición social o nacionalidad, han reflexionado acerca de sí mismos y se han preguntado: ¿Quién soy?¿De dónde vengo?¿A dónde voy? Estas son las preguntas, que de alguna manera, dan sentido a nuestra vida. La persona humana en el transcurso de su existencia se encuentra en una continua búsqueda. Pero, ¿qué busca el hombre? ¿que buscas amigo lector? ¿Para qué te levantas cada mañana? El ser humano no busca otra cosa mas que la felicidad.

Ahora bien, creo que es importante que, aunque sea de manera breve, aclaremos que significa felicidad. Porque… la felicidad no significa euforia, gritos, saltos, risas… Como bien dice, mi amigo el P. Rafael Navarrete, sj: “la felicidad no se puede definir. […] La felicidad es una experiencia de plenitud.” (El aprendizaje de la serenidad). Así es, la felicidad es un estado de plenitud, de armonía, de compromiso, de estar a gusto con uno mismo, con los demás, con nuestro entorno. Felicidad es haber encontrado sentido a lo que hago; es actuar coherentemente con lo que pienso y siento. El Creador, precisamente, nos creó para esto: para ser felices; y para encontrar la felicidad junto a Él. Por eso, el hombre está en continua búsqueda de la felicidad y de Dios. Ya lo decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti».JesusEnviaASusDiscipulos

En la época de Jesús, también había hombres y mujeres que buscaban la felicidad. Dos de estos buscadores eran aquellos discípulos de Juan que viven una experiencia de encuentro con la Felicidad (así con mayúsculas). Así es, un día cualquiera de la vida de aquellos primeros discípulos, al día siguiente, nos refiere el evangelista Juan. Ese día, alguien, Juan el Bautista, les indica dónde pueden saciar ese deseo de felicidad que toda persona humana lleva dentro. Jesús pasa junto a ellos, lo mismo que pasa junto a ti y junto a mí. Lo ven y Juan les dice: «Este es el Cordero de Dios». Ahí va quien puede colmaros de felicidad. Y aquellos discípulos le siguen. Ha sido el testimonio de Juan, el que ha impulsado a aquellos dos discípulos a seguir a aquel desconocido, que pasaba por allí.

Me parece interesante que nos detengamos, por un instante, en esta expresión: «le siguieron». Seguir a alguien, implica mucho más que, simplemente caminar a su lado o pasear. Seguir a alguien quiere decir, que uno se involucra con la persona a la que sigue; que, de alguna manera, comparte sus mismos sueños, objetivos, metas; cuando seguimos a alguien, en cierta medida, es el otro el que marca la dirección y el ritmo durante el camino; es abandonarse confiadamente en esa persona e ir tras ella. Así es, Juan y Andrés van detrás de Jesús porque quieren vivir la vida a tope. Pero una actitud que poseían aquellos dos discípulos es que estaban abiertos, atentos, en búsqueda… por eso son capaces de acoger la invitación de Juan para seguir a Jesús.

Al darse cuenta Jesús de que le siguen, se vuelve y les interroga: «¿Qué buscáis?». Es la síntesis de los interrogantes anteriores, que nos hacíamos al principio de esta página. ¿Qué buscas? Una pregunta que nos podemos hacer cada uno de nosotros personalmente, y que podemos hacer a cualquiera de nuestro alrededor; nos daremos cuenta de que todos buscamos lo mismo, aunque le llamemos de distinta manera: la felicidad.

HaMAESTRO DONDE VIVES1n percibido que aquel hombre, Jesús, puede colmar su sed de felicidad, que quieren permanecer con él: ¿Dónde vives? Queremos permanecer contigo, queremos vivir contigo, queremos estar junto a ti, queremos vivir tu modo de vivir.

Jesús accede inmediatamente a su petición, pero no les da una dirección concreta. No. Jesús los invita a experimentar su vida: «Venid y lo veréis». Jesús no es información, no es lectura acerca de su vida y milagros, no es lo que han dicho o dicen otros de él, Jesús es experiencia de vida y si quiero conocerlo, lo más acertado es experimentar su propia vida. No importa la información que tenga, lo que haya oído, lo que me hayan dicho, lo importante es experimentar con Jesús. «Solo te conocía de oídas; pero ahora, en cambio, te han visto mis ojos» (Job 42,5).

«Y se quedaron con él aquel día». Comienzan a hacer comunidad. Jesús, seguramente va dialogando con ellos, les va aclarando cosas, les va dando respuestas, les va contando sus deseos, sus ilusiones, sus sentimientos… ellos le escuchan, le interrogan, le hablan de sus anhelos, sus esperanzas, sus inquietudes, sus sueños… Van compartiendo vida entre ellos. Y aquí es donde está el verdadero quid de la cuestión. Compartir la vida, comunicar la vida, experimentar al vida… en definitiva, hacer comunidad.

Un encuentro de tal calibre, una experiencia como la vivida por los dos discípulos, no puede guardarse para una mismo. Ha de comunicarse, ha de compartirse, no se la puede uno guardar para sí mismo. Por eso, Andrés siente la necesidad de contarle a su hermano Simón lo que había acontecido aquel día, tenía que contar lo que había experimentado, sentido, acogido y entregado junto a Jesús. Hemos de contar gozosos, llenos de dicha desbordante, con una alegría inusual, nuestra experiencia de Jesucristo, nuestro encuentro con el Maestro: «Hemos encontrado al Mesías». Fijaos bien, que el evangelista nos dice «Hemos», no dice «he». Y esto, sencillamente, porque la experiencia de Jesús es siempre comunitaria, aunque uno la viva de manera personal, pero siempre media la comunidad.2tob

Al principio, no somos conscientes de la importancia, ni de la trascendencia de este encuentro. Puede parecernos un encuentro más de los muchos que se producen en nuestra vida. Pero cuando nos damos cuenta del proceso de crecimiento que hemos experimentado en él, no podemos menos que manifestarlo, comunicarlo, testimoniarlo a los demás: «Hemos encontrado al Mesías». No hemos encontrado a una persona cualquiera, no hemos encontrado siquiera a una persona excepcional, no hemos encontrado al número uno en tal o cual materia. Nos hemos encontrado con el Mesías, nos hemos encontrado con el Dios vivo, nos hemos encontrado con Dios hecho hombre. Y Él ha colmado nuestros anhelos de libertad, de felicidad, de amar.

Andrés da testimonio, narra, transmite su propia experiencia, pero lo hace con convicción, lo hace con atractivo, lo hace con ganas de contagiar. El papa Pablo VI (hoy ya santo) decía que «hoy día, más que maestros necesitamos testigos», personas que nos transmitan su experiencia de encuentro con Jesús. Eso es lo que debemos hacer nosotros, debemos seguir el mismo itinerario que siguieron estos primeros discípulos: Estar atentos a los signos del paso de Dios por nuestra vida, ¿qué buscáis?, ¿dónde vives?, venid y lo veréis, fueron, vieron y lo contaron a otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• ¿Estoy atento/a a las señales o a los signos que me indican el camino para encontrarme con el Mesías?

• ¿Soy consciente de la llamada de Dios?¿de todo lo que supone poder encontrarme con Jesús en mi vida cotidiana?¿De la transformación que puede producir en mi mismo, en mi misma dicho encuentro?

• ¿Dónde estás buscando la felicidad? ¿Qué acciones estás emprendiendo en tu vida para encontrar la felicidad? ¿Qué tendrías que cambiar en tu vida para encontrarte con Jesús y de esa manera halla, también, la Felicidad?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser Él, el primero en salir a tu encuentro.

• Dale gracias por las personas que a diario pone en tu camino y te señalan a Jesús como Aquel que puede colmar tu vida de felicidad.

• Ofrécele tu vida para que Él pueda transformarla y convertirte en verdadero testigo de Jesús resucitado que va derrochando por cualquier lugar felicidad.

• Pide que te ayude a ser testigo de las maravillas que continuamente está realizando en la vida de tantas y tantas personas con las que te encuentras a diario.

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VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”. Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él os diga”.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sacad ahora y llevádselo al mayordomo”. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirviente sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.
El pasaje evangélico que nos ofrece la liturgia para este II Domingo del Tiempo Ordinario viene cargado de abundante simbolismo y de un gran contenido teológico. Sin negar el contenido histórico que pudiera contener el texto, me vas a permitir que intente desentrañar el mensaje que el autor del Cuarto Evangelio quiere transmitirnos para nuestro propio crecimiento como discípulos de Jesús.
Lo primero que hayamos en el relato es el contexto en el que se desarrolla la acción. Nos encontramos en una boda. La boda en el Antiguo Testamento hace referencia a la unión o alianza entre Yahveh y su Pueblo. En este ambiente, se destacan una serie de personajes que están invitados a la boda: la madre de Jesús, el mismo Jesús y los discípulos. Los primeros son los protagonistas o actores principales del relato.
En un momento determinado, falta el vino. Es decir, la alianza de alguna forma podemos decir que está en peligro, escasea un elemento esencial que es el vino. Quien se da cuenta de ello es María, la madre de Jesús. La Antigua Alianza ya no es efectiva, está llegando la Nueva Alianza. No por incumplimiento por parte de Yahveh, sino porque en repetidas ocasiones el Pueblo ha roto dicha Alianza. Ahora, Dios quiere ofrecernos la Alianza definitiva, que ya no podrá ser rota, porque será el mismo Hijo de Dios el garante de la misma. Jesús nos viene a ofrecer la salvación definitiva. María toma la iniciativa. “No tienen vino”. Jesús le hace ver que todavía no ha llegado su hora de consumar la Nueva Alianza, esta se consumará con la muerte y resurrección de Jesús. María no entiende e insiste: “Haced lo que el os diga”.
El agua simboliza a las instituciones judías, recordemos que Juan bautizaba con agua. Es extraño que estas tinajas estuvieran vacías, por lo que al llenarlas, Jesús dota de contenido a la Antigua Alianza. Estas estaban vacías porque las instituciones judías estaban vacías. Las instituciones judías estaban ancladas en el pasado, en estructuras y leyes que lo que hacían era oprimir y esclavizar al pueblo. Habían sido los propios dirigentes judíos los que habían cargado de normas, en muchas ocasiones inverosímiles, al Pueblo de Israel.
Jesús ordena llenar las tinajas de agua, partiendo del Antiguo Testamento nos trae la Nueva Alianza de la Salvación para todos.
Cuando los sirvientes llevan el contenido de las tinajas al mayordomo, éste se sorprende y le dice al novio: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”. Un vino nuevo que no se acaba, porque la Alianza de Jesús perdurara hasta el fin de los tiempos.
Con este signo Jesús manifiesta su gloria, plenamente se mostrará en la resurrección. La fe de los discípulos crece.
Desde el momento de la Encarnación, María ha sido insertada en la historia de la Salvación definitiva, inaugurada por Jesús. María sigue estando presente en esta historia y sigue intercediendo para que nuestro vino bueno, nunca se acabe.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Recuerda el momento en el que te hiciste consciente de la llamada de Jesús, el momento en el que te hiciste consciente de la alianza que Dios había establecido contigo desde el vientre de tu madre.
  • ¿Qué falta actualmente (el agua) en tu relación con Jesús, en esa que tú has corroborado como cristiano?
  • El agua has de ponerla tú, para que Jesús pueda convertila en vino. Tú debes poner tu pequeñez, tu humildad, tus dificultades, tus problemas, tus acciones… en las manos de Jesús para que el las convierta en el vino nuevo de la Nueva Alianza.
  • Jesús te regala el vino nuevo, te invita a las bodas de su amistad. ¿Quieres acoger este vino nuevo y beberlo junto a Jesús? ¿Quieres acoger la invitación que Jesús te hace hoy encaminada a su seguimiento?
  • Fíjate en papel de María en este relato. Es intercesora. Acógela, también, tú en tu vida para que ella interceda ante Jesús para que convierta tu agua en vino. También, tú tienes que convertirte en intercesor y estar atento a las necesidades de los demás para interceder por ellos ante Jesús.
  • Al igual que los discípulos, ante los signos que cada día te muestra, ¿se intensifica tu fe? ¿crece?

VIDA – ORACIÓN

Haznos, Señor, sensibles y atentos como María a las necesidades de los demás. Devuelve a los cristianos envejecidos y cansados de nuestro tiempo la vitalidad y la alegría que irradia tu presencia y tu acción en la boda de Caná. (Evangelio 2016, Camino Verdad y Vida, San Pablo, 2016).

“El vino nuevo” Lectio Divina Domingo II del Tiempo Ordinario (Jn 2,1-11)