Adéntrate en tu propio desierto. Lectio Divina Domingo I de Cuaresma (Mc 1,12-15)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mc 1, 12-15)

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

Hoy la liturgia nos ofrece, para orar, un breve pero sustancioso texto. En él se nos relata el comienzo del ministerio público de Jesús. Dicho comienzo es una síntesis de lo que sería su misión evangelizadora.

Para una mejor comprensión del texto, vamos a dividirlo en dos partes.

1.- Jesús llevado por el Espíritu al desierto (12-13)

Marcos sitúa este pasaje a continuación del bautismo de Jesús. Después de este hecho el Espíritu conduce a Jesús hacia el desierto; de la misma manera, que condujo a su pueblo o a parte de su pueblo en la tradición veterotestamentaria.

El desierto, podemos decir, que no es únicamente, un lugar físico; El desierto está dentro de cada uno de nosotros. Es lugar de soledad, tentación, prueba… pero también es lugar de encuentro con el Dios protector que camina junto a su pueblo. Recordemos algunos de estos casos: Agar e Ismael, a ellos les envía a una misión nueva (Gén 16,7; 21,14), la experiencia del éxodo (Éx 15,22-ss.), Elías se encuentra con Dios (1Re 19). Por tanto, Marcos nos está advirtiendo acerca de las dificultades que Jesús tendrá en su misión, pero también de cómo el Padre nunca le abandonará: vivía entre las fieras, los ángeles le servían (Mc 1,13).

2.- La predicación de Jesús

Después de que Juan sea entregado, Jesús comienza su nuevo ministerio, su misión: el tiempo se ha cumplido (Mc 1,15). El inicio de su misión tendrá lugar en Galilea, un lugar un poco extraño, allí conviven judío y paganos. A ambos se dirigirá Jesús, ya no habrá distinciones. Y lo que les anunciará será la Buena Noticia de Dios, la buena noticia de la bondad de Dios, la buena noticia del amor de Dios.

El Reino de Dios ya se ha hecho presente entre nosotros, Dios ya ha comenzado a reinar. Nosotros hemos de acoger este Reino y adherirnos al mensaje que Jesús nos trae. Pero para ello es indispensable que nos convirtamos. Este proceso de conversión, de cambio de mentalidad y de corazón, es un camino que hemos de recorrer a medida que vamos conociendo e identificándonos más con Jesús.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase o palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el desierto no tienes que hacer nada, simplemente estar, simplemente acompañar a Jesús; esto significa encontrarte con la soledad, encontrarte con tu propio yo y con tus miserias, con tu debilidad, con tus carencias y con todo aquello que no te gusta, con tu no saber qué hacer… Es encontrarte con todo aquello que quieres cambiar en tu vida y que tanto te cuesta; es salir de tu «zona de confort». Hazte consciente de ello, presentáselo a Dios y comienza a trabajar para cambiar todo aquello que en tu vida es un obstáculo para cumplir la voluntad de Dios.

• En un momento dado de la travesía del desierto te darás cuenta que los ángeles te sirven, te darás cuenta que la luz se hace presente, te darás cuenta del camino nuevo que debes emprender… Acoge este nuevo camino y ponte en marcha.

• Todo comenzó en Galilea. Seguramente, tienes tu propia galilea, esos lugares en los que de alguna u otra manera cada te has encontrado con Jesús, has hecho experiencia de Él. Nombra esos lugares. Saca las consecuencias necesarias de estas experiencias para integrarlas dentro de ese nuevo camino que quieres emprender.

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VIDA – ORACIÓN

• Adora a Dios en el desierto de tu propia vida por haberte conducido allí, para purificarte y encaminarte a cambiar tu estilo de vida.

• Da gracias porque en el desierto de tu vida, Dios envía a sus «ángeles» para que te acompañen y te sirvan.

• Ofrécele tu propio desierto y tu galilea para que Él transforme tu manera de estar en el mundo y te ayude a integrar las experiencias vividas.

• Pídele al Espíritu Santo que te ayude a conocer mejor a Jesús y adherirte a su manera de ver la vida desde el punto de vista del Evangelio.

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Acogiendo e incluyendo. Lectio Divina Domingo VI del T.O. (Mc 1,40-45)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mc 1, 40-45)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres,puedes limpiarme». Sintiendo compasión de él, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con gran alegría, a todo el mundo; de tal manera que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

 

El evangelio de hoy nos habla de inclusión, de cercanía, de acogida… Esa es la actitud de Jesús ante las necesidades del ser humano. Una actitud que en muchas ocasiones es incomprensible porque no entraba, ni entra dentro de lo que nosotros llamamos lo «políticamente correcto»; no entraba, ni entra dentro de los parámetros en los que debe moverse una persona de bien, una persona decente; no entraba, ni entra dentro de lo que cabría esperar de un hombre religioso y mucho menos de aquel que se autoproclamaba Hijo de Dios. Así era en aquel tiempo y así es ahora.

Ciñéndonos a la época de Jesús, y más en concreto al Evangelio con el que hoy vamos a orar, nos encontramos con que Marcos nos relata la curación de un leproso; por cierto, relato único en este Evangelio.

Jesús ha ido recorriendo toda Galilea, tal y como se nos ha dicho anteriormente (Mc 1,39), probablemente ha llegado al desierto. Allí, moraban una serie de personas que debían vivir al margen de la sociedad, porque no eran considerados «dignos» de vivir con los demás; entre otros, los leprosos.

Antes que nada, hay que aclarar que el concepto de lepra en la época de Jesús era sinónimo de infinidad de enfermedades de la piel, y no específicamente lo que hoy conocemos como enfermedad de Hansen, o lepra.

En aquel entonces, según la Ley, los leprosos debían vivir apartados de las demás personas, al margen total de la sociedad, no tenían ningún derecho y no debían acercarse a nadie; es más, cuando estuvieran cerca de una persona debían gritar: «¡Impuro, impuro!» para advertir de su presencia (Lev 13,45-46); no debían contaminar a los demás (Núm 5,2-3). Pero, el leproso no sólo era rechazado por la sociedad, se creía que, además, era una persona rechazada por Dios, puesto que desde el punto de vista cultual era impura. Para poder retomar su relación con Dios, y por tanto poder asistir a las celebraciones del Templo o la sinagoga, no bastaba con que dicha persona quedara curada de su enfermedad, sino que el sacerdote debía certificar que había sido purificado.

Jesús rompe con todas las reglas habidas y por haber, porque aunque quien se acerca a él es el leproso y le suplica ser curado, Jesús extendió su mano y le tocó, con este acercamiento se convertía también en un impuro (Núm 19,22; Lev 22,6).

leproso14Todo eso a Jesús no le importaba, lo verdaderamente importante para él era la persona: «Sí, quiero. Queda limpio» (Mc 1,41). No le importa haber incumplido la Ley, porque él ha venido para sanarnos de todas nuestras enfermedades, de todas nuestras limitaciones, de todos nuestros traumas y todas nuestras heridas y nuestras miserias. Jesús se compadece de la persona humana, sobre todo de aquel que más necesitado está de la misericordia de Dios y del amor del Padre. Jesús quiere que sepamos y sintamos que nadie en la sociedad puede ser un marginado, sino que toda persona, por el solo hecho de serlo, es digna de la bondad, del amor y de la cercanía de los demás seres humanos y, por supuesto, es merecedora del amor, de la misericordia y de la cercanía de Dios.

A continuación, le impone silencio: «No se lo digas a nadie» (Mc 1,44). Y aunque lo envía al sacerdote, no es para que le cuente quién le ha curado o cómo se ha producido el hecho, si no para que conste como testimonio, para que pueda volver a reinsertarse oficialmente en el entramado social y cultual de su pueblo. Lo cual no sirvió de nada, pues el leproso en lugar de dirigirse al templo, se retiró y se puso a anunciar con entusiasmo y a divulgar a voces la noticia (Mc 1,45). Se convirtió en predicador y anunciador de la Buena Nueva, del Evangelio. Lo cual provocó que Jesús ya no podía entrar libremente en ninguna ciudad, se queda en lugares solitarios, en el desierto, y hasta allí acudían a él de todas partes. Para Jesús los lugares de marginación y de exclusión no existen.

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CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Quiénes son para ti los leprosos de hoy (excluidos de la sociedad, pobres, parados, personas sin hogar…)?

  • ¿Cómo te comportas tú con los leprosos contemporáneos, los acoges como Jesús o por el contrario los rechazas y excluyes de la sociedad y de tu vida?

  • ¿Te atreves, incluso, a transgredir las leyes injustas de pureza «de tu grupo», «de tu comunidad», «tu asociación»… para acercarte a los leprosos con los que te encuentras en tu vida diaria?

  • ¿Qué acciones emprendes o podrías emprender para reintegrar a los leprosos contemporáneos en la sociedad, en la Iglesia, en tu comunidad?

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VIDA – ORACIÓN

Querido, Padre nuestro:

Seguramente, ninguno de los que estamos participando de esta oración,

somos «leprosos excluidos» de nuestra sociedad;

es por ello que queremos encomendártelos a tu corazón misericordioso.

¡Ayúdales en el camino de la vida!

A todos los excluidos de nuestra sociedad los ponemos hoy en tus manos misericordiosas.

Ellos son hijos e hijas tuyos que no pueden llevar una vida normalizada,

dentro de la sociedad de consumo.

Tú conoces mejor que nadie la historia de cada uno,

tú sabes, mejor que nadie, las circunstancias que les han llevado a su situación actual;

muchas veces, motivada por las estructuras injustas que nos hemos montado,

en el que unos tenemos de todo y a otros les falta también todo.

Su presencia en el mundo nos recuerda el rostro de tu Hijo.

Te damos gracias, Padre, porque tú nunca los abandonas,

te damos gracias por las personas que pones a su lado para ayudarlas.

Danos fuerza a todos nosotros para que sepamos mirar con tu mirada,

para que acariciemos con tus manos

y los acojamos con la misma misericordia con la que Jesús acogió al leproso del evangelio.

Que al encontrarme con ellos sea consciente del amor que tú les tienes

y se convierta en un encuentro entre dos hijos tuyos que, en el camino de la vida,

nos dignificamos mutuamente

y estamos dispuestos a caminar juntos.

¡Vive desde la esperanza! Lectio Divina del Domingo XXXIII del T.O. (Mc 13,24-32)

VERDAD – LECTURA 2464413_orig

24En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, 25las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. 26Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; 27enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. 28Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. 30Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. 31El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, 32aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre”.

 

Estamos llegando al final del año litúrgico y el lenguaje de los textos que se nos ofrecen son de un marcado carácter apocalíptico, con el lenguaje que le es propio en este caso. Pero, esto no debe asustarnos, ni tampoco interpretar los textos al pie de la letra. El estilo literario de este género tiene sus características propias y no conviene imaginarse cosas que no son. Y hay que tener en cuenta, que Marcos utiliza imágenes típicas de este tipo de literatura, como puede ser la alusión al Hijo del hombre, los fenómenos naturales extraordinarios, los resplandores, los ángeles… Una característica importantísima de este género literario es, que su uso por parte de los autores sagrados pretendía ofrecer a los creyentes de su época (año 70 aproximadamente) y, también a nosotros, una serie de claves para poder interpretar de algún modo la situación concreta en la que se encuentran. En el caso de la comunidad de Marcos una situación de persecución. Ante esta situación, la invitación, que nos hace el pasaje evangélico de hoy, es precisamente a vivir poniendo en marcha nuestra capacidad de superación y recuperación, aprovechando todos los recursos que tenemos a nuestro alcance para intentar cambiar la situación, afrontando la adversidad, o al menos viviendo esa situación, no desde la angustia, sino desde la esperanza.
Pero vayamos por partes, pasaje íntimamente unido a los versículos precedentes de este evangelio, después de esa gran angustia, haciendo referencia a los acontecimientos narrados en todo este capítulo 13; pero además lo que se nos narra hoy pone de manifiesto la historicidad de los mismos, en los que Dios está presente y actúa. Todos esos hecho no implican el final de los tiempos, ni la venida definitiva del Reino, ello ocurrirá cuando Dios se haga presente definitivamente en la vida de todos los seres humanos. Por lo que podemos deducir que nosotros no somos los protagonistas de la historia, el verdadero protagonista es Dios; un Dios que está presente en la vida de los hombres y que con mano amorosa acompaña a su pueblo.
Ante la venida del Hijo del hombre al final de los tiempos, todo parece caos y destrucción: El autor del evangelio nos lo quiere hacer notar por medio de un lenguaje y una serie de imágenes a las que los judíos estaban acostumbrados (Is 13,10; 34,4; Jl 2,10; Ez 31,19; Sal 114,7). La conclusión definitiva es que, a pesar de toda la tribulación, del caos, de la destrucción, Dios viene a salvar. El mensaje que quiere transmitirnos el evangelio de hoy es de esperanza. El Hijo de hombre vendrá sobre las nubes con gran poder y majestad; la nube es el signo de la presencia de Dios (Éx 13,15; 2Cro 5,13) y ese gran poder y majestad es signo de la resurrección de Jesús. Y reunirá a todos desde todos los extremos del orbe.
figtreephotoLa pregunta que nos asalta, probablemente a muchos de nosotros, es obvia: ¿Cuándo ocurrirá esto? La respuesta podemos encontrarla en la parábola de la higuera. Lo más importante no es el cuando, sino el modo en que Dios acompaña a la humanidad: estando presentes en su vida, Dios siempre está cerca. Sólo el Padre sabe el momento concreto de la historia, ¡qué importa el cuando! Lo más importante es que Dios nos acompaña, que él está cerca, que él está a las puertas… Sus palabras no pasarán. No vivamos angustiados por cuándo ocurrirán estos o aquellos acontecimientos, vivamos con la esperanza de que Dios siempre nos acompaña por el camino y nos ofrece la salvación, vivamos con la esperanza de que el Reino en su plenitud un día será realidad, vivamos con la esperanza de construir juntos el Reino poniendo cada uno su granito de arena, vivamos sabiendo que el sueño de Dios sobre cada uno de nosotros se cumple, vivamos esperando y experimentando el amor pleno de Dios y los hermanos… Vivamos sabiendo que el Señor viene cada día a nuestras vidas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • Ante momentos de dificultad, tribulación, impedimentos, obstáculos, aprietos… ¿tienes capacidad de superación, recuperación, aprovechas los recursos que tienes a tu alcance? ¿Vives con esperanza?
  • ¿De qué manera crees que Dios se hace presente en tu vida? ¿Eres consciente de esto?
  • ¿Crees, verdaderamente, que Dios es el protagonista de la historia y que te va acompañando con su amor misericordioso?
  • ¿Te preocupas por el cuando ocurrirán estos acontecimientos? ¿Te das cuenta de que eso es lo menos importante? Lo más importante es vivir todos los acontecimientos de nuestra vida con esperanza y sabiendo que Jesús está presente en nuestras vidas.

VIDA – ORACIÓN

Señor, confiamos en Ti, nos abrimos a tu Palabra, caminamos de tu mano. No pasa nada. Desaparecerán muchos paisajes pero nos quedará siempre el cielo nuevo, a estrenar, para gozar de tu presencia y de tu amor. Amén. (Evangelio 2015 – Ciclo B, San Pablo)

Una cosa te falta. Lectio Divina Domingo XXVIII del T.O. (Mc 10,17-30)

VERDAD – LECTURA 1281976839778_f

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. Él replicó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”. A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!”. Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: “Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que aun rico entrar en el reino de Dios”. Ellos se espantaron y comentaban: “Entonces, ¡quién puede salvarse?”. Jesús se les quedó mirando y les dijo: “Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo”. Pedro se puso a decirle: “Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Jesús dijo: “Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en edad futura, vida eterna”.

 

Nos volvemos a encontrar a Jesús itinerante, en camino, según el contexto de los capítulos precedentes, hacia Jerusalén, donde Jesús sufrirá la pasión, se enfrentará a la muerte y, al tercer día, resucitará. Entonces, alguien corre a su encuentro, se arrodilla ante él, reconociendo su dignidad y grandeza, y le pregunta: “¿qué haré para heredar la vida eterna?” Ante esta pregunta podemos entrever como este hombre cree en la vida eterna; aunque, eso sí, por propio esfuerzo personal; el cumple los mandamientos; pero no eso no es suficiente, el cumplimiento de los mandamientos no consiste únicamente en no hacer, sino en hacer: “ vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”. Jesús, mirándolo con amor, lo llama a un seguimiento muy especial y particular: sólo quien es capaz de darlo todo por los demás en el seguimiento de Jesús podrá entrar en el Reino. No quiere decir que entre los seguidores de Jesús no pueda haber personas que tienen riquezas, sino que quien tiene su corazón puesto en esas riquezas no puede ser seguidor de Jesús; las posesiones de cada uno de nosotros tienen que estar al servicio de los otros. Y no pensemos únicamente en la riqueza económica, aunque también; podemos estar apegados a muchos otros bienes: nuestro tiempo, nuestro estatus, nuestro puesto, nuestras relaciones, nuestra compasión… La salvación es puro don, pero requiere un esfuerzo por nuestra parte y ese esfuerzo pasa por el amor incondicional a los hermanos, pasa por hacernos pobres de manera voluntaria y entregarlo todo, incluso la vida, si es necesario, por los demás, al estilo de Jesús.
Sin embargo, aquel hombre tenía muchos bienes, un obstáculo para él prácticamente insalvable: se marchó. De ahí la afirmación de Jesús: “¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero!” Sólo aquel que pone su confianza únicamente en Dios puede llegar a alcanzar el Reino, sólo aquel que pierde la vida por los hermanos, puede alcanzar el Reino. No obstante, la salvación no depende exclusivamente de nosotros mismos, ni de nuestros méritos. La salvación es un don gratuito de Dios, todo es posible para Él.
Ante todo esto, Pedro en nombre de los demás discípulos, pregunta a Jesús qué va a ocurrir con ellos, que lo han dejado todo por seguirlo. Jesús, llamándoles hijos (término entrañable y cariñoso), les enseña que, a pesar de todas las dificultades, los obstáculos y persecuciones, que puedan encontrar en el camino del seguimiento, la recompensa será aún mayor. En el seguimiento de Jesús encontrarán aún más riquezas, fruto de todo lo que se comparte, y una nueva familia, la Iglesia, la familia de los seguidores de Jesús. Y en el futuro, la vida eterna del Reino. Aquel que renuncie a todo por amor a Dios y a los hermanos comenzarán a experimentar el Reino aquí en la tierra. La renuncia se convertirá en plenitud. En la unión con Jesús y en el seguimiento del evangelio se experimentará el amor incondicional del Padre y de la comunidad, la Iglesia.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Te encuentras en camino hacia el seguimiento de Jesús y del evangelio?
  • ¿Te has preguntado alguna vez qué tienes que hacer para heredar la vida eterna? ¿Crees que ésta es puro don, aunque requiere también de tu esfuerzo? ¿Estas dispuesto/a asumir ese esfuerzo?
  • ¿Cuál es tu reacción y cómo asumes las palabras de Jesús cuando te dice a tí personalmente: “vende lo que tienes y da tu riqueza a los pobres? (Recordamos que la riqueza puede referirse no únicamente a lo económico)
    ¿De qué manera comparto mis riquezas con los demás? ¿Estoy dispuesto/a a renunciar a todo por amor y confiar únicamente en Dios, sabiendo que en esa renuncia encontraré una riqueza aún mayor?
  • ¿Reconozco en la Iglesia a mi familia, la familia de los hijos de Dios?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícale por habernos regalado el Reino.
  • Da gracias a Jesús por regalarnos el don de poder gustar, aunque de un modo imperfecto, aquí en la tierra los dones y las alegrías del Reino.
  • Pide al Espíritu que te ayude a entregarlo todo a los hermanos por amor a ellos, a Dios y al seguimiento del Evangelio.
  • Pide perdón a Dios por las ocasiones en las que tu corazón está apegado a tus riquezas y no eres capaz de compartirlas con los demás.
  • Asume algún compromiso en favor de las personas que te rodean.

Lectio Divina Domingo XXVII del T.O. (Mc 10,2-16)

VERDAD – LECTURA Jesus_079-500x375

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?”. Él les replicó: “¿Qué os ha mandado Moisés?”. Contestaron: “Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio”. Jesús les dijo: “Por vuestra terquedad dejo escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne” De modo que a no no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: “Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”. Le acercaban niños para que los tocase, pero los discípulos les regañaba. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

En el evangelio de hoy, Jesús aborda uno de los aspectos de la vida matrimonial de su tiempo: qué capacidad tiene el ser humano de disolver por cuenta propia el vínculo del matrimonio. En la época de Jesús, la ruptura del vínculo matrimonial por parte del marido era de lo más normal y solía argumentarse con textos de la propia Escritura. En Dt 24,1 podemos encontrar la siguiente afirmación: “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le escribirá un acta de divorcio, se la pondrá en su mano y la despedirá de su casa.” Este enunciado era interpretado de forma diversa por las distintas escuelas rabínicas de Israel.
Jesús por su parte, distinguirá entre lo que es la voluntad de Dios y la ley de Moisés. Éste permitió el divorcio a causa de la dureza de corazón del Pueblo de Dios. La dureza de corazón se refiere a no querer aceptar lo bueno, a ser egoísta, a no mostrar amor, ni misericordia, a querer salirme siempre con la mía aunque no lleve razón, a cerrarse sobre uno mismo, es resistirse a acoger el amor de Dios y de los hermanos.
El fundamento y pilar más importante del matrimonio es el amor; y el amor es lo que hace que el hombre y la mujer sean una sola carne; dejan de ser dos para convertirse en uno. El amor entre el hombre y la mujer es expresión del amor de Dios. Y al igual que el amor de Dios es eterno, así debe ser el amor en el matrimonio. Este es la base, la esencia de la cuestión que nos plantea el evangelio de hoy, sin entrar en los problemas de tipo social, convivencial o de relación que puedan surgir y en los que no voy a entrar, pues no me parece el lugar, ni el momento más oportuno. Al igual que Jesús, yo tampoco voy a entrar en la casuística del asunto.
Los discípulos de Jesús, por su parte, quedan sorprendidos de la afirmación de Jesús. Sin embargo, Jesús vuelve a reafirmarse en lo mismo.
A continuación, les acercan a unos niños para que los toque. En el momento en el que están hablado de cosas serias, de asuntos de adultos, de cuestiones importantes, le presentan a Jesús unos niños para que los toque. La reacción de los discípulos, desde la lógica humana, es totalmente normal: se indignan y les regañan. Cuando Jesús se da cuenta de aquello regaña a los discípulos, porque de los que son como niños es el reino de Dios. De los que son bondadosos, inocentes, dependientes, de los que tienen un corazón rebosante de amor, de los que acogen la Palabra, el amor de Dios y de los hermanos, de los que están dispuestos a entregar amor sin esperar nada a cambio, de abandonar sus seguridades, de esos es el reino de los cielos.
Jesús los abraza y los bendice, los acoge, se identifica con ellos, se hace uno con los más pequeños, los más humildes, los más necesitados. Una importante lección para todos nosotros.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Qué significado tiene para tí la palabra amor? ¿Qué entiendes por amor incondicional, gratuito
  • Sin entrar la cuestión matrimonial, tu vida ¿está fundamentada sobre el amor?
  • ¿Cómo acoges a los demás, especialmente a los débiles y más necesitados?
  • ¿Está tu corazón rebosante de amor o al menos, lo intentas?
  • ¿Está tu corazón abierto a la Palabra y a las personas de tu entorno?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por habernos regalado un corazón de carne, semejante al suyo.
  • Da gracias a Jesús por enseñarte a amar a los demás sin esperar nada a cambio, sin condiciones.
  • Pide al Espíritu que te ayude a conservar tu corazón inocente, humilde, sencillo, acogedor.
  • Pide perdón a Dios por las veces en que conviertes tu corazón en un corazón de piedra que no es capaz de amar, acoger y comprender al hermano.

Lectio Divina Domingo XXVI del T.O. (Mc 9,38-43.45.47-48)

VERDAD – LECTURA n178p23

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros”. Jesús respondió: “No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y, además el que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen en el mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

En este domingo, la liturgia nos presenta la actitud que deben tener los discípulos hacia otros creyentes en Jesús. Juan comenta cómo le han impedido a alguien que expulsara demonios en nombre de Jesús porque no lo consideraban de los suyos. Para Jesús esto es inaceptable. El seguimiento de Jesús no puede absolutizarse. Todo aquel que considere que Jesús es el Mesías debe ser considerado como seguidor de éste. Todo aquel que actúe en nombre de Jesús y lleve una vida coherente con su enseñanza debe ser considerado discípulo. Todo aquel que hace el bien, que libera a los demás de sus sufrimientos y opresiones, merece nuestro respeto y hemos de acogerlo sin hacer acepción de personas. El auténtico discípulo no debe impedir hacer el bien. Ni siquiera el menor acto de caridad, como puede ser el dar un vaso de agua, será olvidado.
A reglón seguido, Jesús añade una serie de dichos que van relacionados con el seguimiento y con el Reino.
Todo aquel que impida a los más humildes, a los sencillos, a los débiles el seguimiento y los escandalice encontrará la muerte eterna. Es decir, no disfrutará de la vida del Reino, de la vida en comunión con el Padre. Aquel que impida a otros el seguimiento de Jesús se condena a sí mismo.
A continuación, con la imagen de las distintas partes del cuerpo, Jesús quiere aclararnos que todo aquello que nos impida el seguimiento de Jesús o el que pongamos en práctica la doctrina del evangelio debe ser extirpado de nuestra vida. Todo aquello que pueda resultar un obstáculo para el seguimiento debe ser apartado de nosotros. La decisión depende de cada uno.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Cómo acoges a otras personas que no pertenecen a tu grupo, tu comunidad, tu movimiento, tu parroquia?
  • ¿Estas dispuesto a trabajar con otros en el crecimiento del Reino de Dios?
  • ¿En qué ocasiones impides que otros hagan el bien?
  • ¿Cómo cuidas de los más sencillos, humildes y débiles de la Iglesia?
  • ¿Estas dispuesto, con la ayuda de Dios, a extirpar de tu vida todo aquello que te impida el seguimiento libre de Jesús y el crecimiento del Reino en el mundo?

VIDA – ORACIÓN

  • Adora al Padre y glorifícalo por haberte dado hermanos que comparten contigo el camino de la vida .
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en tu vida y enseñarte cada día como hacer que el Reino sea una realidad en el mundo
  • Pide al Espíritu que te ayude a ser una persona acogedora, que no haga acepción de ninguna clase y sea capaz de colaborar con otros en la implantación del Reino.
  • Tómate como compromiso de esforzarte cada día en eliminar todo aquello que te impida ser verdadero seguidor de Jesucristo.

Y tú, ¿quién dices que soy yo? Lectio Divina Domingo XXIV del T. O. (Mc 8,27-35)

VERDAD – LECTURA Pedro y Pablo-4

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos contestaron: “Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas”. Él les preguntó: “Y vosotros, ¡quién decís que soy yo?”. Pedro le contestó: “Tú eres el Mesías”. Él les prohibió terminantemente decirse lo a nadie. Y empezó a instruirlos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”. Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará”.
El evangelio de hoy vuelve a ofrecernos una situación geográfica: las aldeas de Cesarea de Filipo. Dicha ciudad se encuentra situada al lado del monte Hermón; en el límite entre el territorio judío y el territorio pagano. Jesús está bajando hacia Jerusalén, donde tendrá que enfrentarse a su pasión y muerte, y donde el Padre lo resucitará de entre los muertos.

Al comenzar este camino de descenso, Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?” La respuesta entra dentro de la lógica humana e identifican a Jesús con Juan el Bautista, Elías o cualquiera de los otros profetas. Por tanto, para la gente, Jesús es una continuación del pasado, no reviste ninguna novedad; es el pasado que se ha hecho presente. La Buena Noticia no es algo novedoso, siguen pensando en remendar la vieja tela con una tela nueva, siguen queriendo verter el vino nuevo en odres viejos. No quieren moverse de la situación en que se encuentran, de una u otra manera la novedad les incomoda.

Será Pedro el que pueda arrojar un poco de luz o expresar algo de novedad en su respuesta. Para la gran mayoría Jesús es uno más de los muchos que han ido apareciendo en la historia de Israel y han hablado en nombre de Dios, para nadie es el Mesías. Pedro, como decíamos, parece vislumbrar algo y rápidamente responde: “Tú eres el Mesías” Pero, que significado tiene estas palabras. Desde luego no el significado que quiere darle Jesús. Es otro más bien diferente. Cuando Jesús anuncia a sus discípulos que debe padecer mucho, que será condenado por los dirigentes de Israel, que será ejecutado y resucitado a los tres días, el desconcierto se apodera de los discípulos y Pedro, haciéndose portavoz de los demás le manifestará la negativa para aceptar todos esos sucesos. ¿Cómo va a ocurrirle eso al Mesías? ¿Este hombre desvaría? El Mesías ha de ser alguien grande y poderoso, que de a Israel el triunfo sobre todas las demás naciones, que la convierta en la más poderosa de la tierra… Eso del sufrimiento, de la condena, de la pasión es imposible que pueda sucederle al Mesías.

Jesús les prohíbe terminantemente que difundan esa idea de mesianismo. Jesús es el Mesías pobre, humilde, manso, obediente a la voluntad del Padre. Ese es el verdadero mesianismo, aunque a sus discípulos le cueste asumirlo.

Entonces Jesús comienza a enseñarles. Una enseñanza novedosa: el anuncio de la Pasión y la Resurrección. Lo que le espera al Hijo del hombre es padecer mucho y ser condenado por las autoridades judías. El título Hijo del hombre, en boca de Jesús, equivale a Mesías, pero no en el sentido que le dan los apóstoles, sino en el sentido de identificación con el ser humano llevado a la perfección, a la madurez, al máximo crecimiento. Jesús se identifica totalmente con la humanidad excepto en el pecado, para elevar al ser humano a su máxima categoría y potencial. Después todos los padecimientos de la pasión y después de la muerte, el Padre lo resucitará. Ese es el verdadero sentido del mesianismo de Jesús.

Pedro y los demás discípulos no entiende el mesianismo en ese sentido; esa es la causa por la que, Jesús reprenderá duramente a Pedro, aunque esa reprensión es extensible a todos, por eso los mirá: “Ponte detrás de mí Satanás, porque no gustas las cosas de Dios sino las de los hombres” (esa es la traducción literal). Esta expresión es la forma de decirle a Pedro que si quiere ser verdadero discípulo de Él debe ponerse detrás. Jesús es quien abre camino, quien dirige y guía por el camino, Jesús es el único Camino para llegar al Padre y a alcanzar y vivir el Reino.

jesus-jovenPero no sólo los discípulos tienen una idea equivocada del mesianismo de Jesús, la gente también. Por eso, tiene que explicarle también a ellos el sentido de su verdadero mesianismo y de su seguimiento. Para ser seguidor de Jesús, la primera condición es negarse a uno mismo. Algo que puede chocar en nuestra sociedad actual, pues podría dar a entender que Jesús nos está incitando a tener una baja autoestima. Nada más lejos de su intención. Negarse a sí mismo significa asumir en la nuestra la vida de Jesús, orientar todas nuestras acciones a los criterios del evangelio. La segunda condición es tomar la cruz de cada uno; es decir, asumir, acoger orientar, e intentar superar las dificultades que puedan presentarse en nuestra vida.

Estas son las dos condiciones del seguimiento. Pero además hemos de tener en cuenta, que todo aquel que viva únicamente para sí, desde el egoísmo, sin pensar en los demás, pisoteando a los otros y queriendo estar por encima de todo y de todos, ese perderá su vida. Quien por el contrario se abra a los demás, viva desde la entrega y el compartir, desde la ayuda y ofrecer la mano, ese ganará la vida.

Una gran enseñanza de cómo debe ser nuestro comportamiento en el día a día de nuestra existencia.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos o emociones ha despertado en ti? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Quién dice la gente que es Jesús? ¿Qué piensan nuestros contemporáneos acerca de Jesús? La gente que hay a tu alrededor, ¿qué dice acerca de Jesús?
  • Para ti, ¿quién es Jesús? Siente como es Él quien te lo pregunta. ¿Qué le respondes?
  • ¿Eres capaz de asumir el significado y las consecuencias del mesianismo de Jesús?
  • Asumir el significado y las consecuencias de acoger a Jesús como Mesías conlleva su seguimiento: ¿Estás dispuesto a seguir a Jesús? ¿A ponerte detrás? ¿A que sea Él el protagonista? ¿A qué marque las etapas y el recorrido de tu propio camino?
  • En tu seguimiento de Jesús, ¿estás dispuesto a negarte a tí mismo en el sentido evangélico del término? ¿estás dispuesto a asumir y acoger tu cruz? ¿estás dispuesto a perder tu vida para verdaderamente ganarla?

VIDA – ORACIÓN

  • Al comenzar el curso sería bastante instructivo y constructivo pensar en el verdadero mesianismo de Jesús.
  • Adorar el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
  • Alaba al Padre por el misterio de la Encarnación, porque Jesús se ha hecho exactamente igual a nosotros excepto en el pecado, para llevar al hombre a su plenitud.
  • Da gracias al Espíritu Santo por ayudarte a comprender el verdadero sentido del mesianismo de Jesús.
  • Pide fuerzas para ser verdadero discípulo de Jesús y poderle seguir por el camino, negarte a tí mismo y tomar tu cruz de cada día.

LECTIO DIVINA DEL DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO (Mc 7,31-37)

VERDAD – LECTURA

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá”, esto es: “Ábrete”. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: “Todo lo ha hecho bien; haced oír a los sordos y hablar a los mudos”.

Vamos a situarnos geográficamente en este pasaje del evangelio de Marcos que la liturgia nos ofrece para nuestro alimento en este domingo. Nos encontramos con que Jesús da un gran rodeo para llegar a la parte oriental del Lago de Galilea. Y el autor del evangelio nos ofrece el nombre de distintas ciudades que se encontraba situadas en aquel lugar : Tiro, Sidón y la Decápolis. Por lo que podemos concluir que Jesús se encuentra en territorio pagano. Por lo que podemos concluir, que el relato que ha continuación se nos va a narrar transcurre entre personas gentiles, es decir no judías y por tanto, no pertenecientes al Pueblo de Israel y que no profesaban la religión de éste. Y por tanto, lo que va a acontecer es que la Buena Noticia de un modo, si queremos peculiar, se va a proclamar a paganos.
En este contexto, le presentan un a un sordo, que además tiene dificultades para hablar; y ruegan a Jesús que le imponga las manos. Ante esto, lo primero que hace Éste es apartarlo que la multitud, lo separa del espacio profano, en el que el gesto que va a realizar puede ser mal interpretado, probablemente porque no tienen fe, aún no les ha sido proclamado el mensaje del Reino. Los que le traen sí que tienen fe, sino no le hubiesen llevado ante Jesús, confían totalmente en Él y en su poder.
A continuación, Jesús le introduce los dedos en los oídos, precisamente para que este sentido pueda estar preparado para escuchar la Palabra. Luego, con la saliva le toca la lengua. La lengua, en el contexto en el que nos estamos moviendo, simboliza el aliento en el que se concentra la vitalidad de la persona.
Después levanta los ojos al cielo suspirando. Levantar los ojos al cielo expresa la unión e intimidad de Jesús con el Padre. Y le dijo: “Effetá”, en lengua hebrea o aramea, que Marcos traduce para sus lectores: “Ábrete”. Al instante, se le abrieron los oídos y se le soltó la lengua. A partir de este momento aquel hombre está preparado para escuchar la Palabra y proclamarla. Aunque Jesús ante una posible mal interpretación de este signo ordena guardar silencio. Algo que no se cumple pues cuanto más lo mandaba Jesús con más insistencia proclamaban el hecho.
El relato concluye con la admiración de la gente: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. El evangelio acaba de llegar a los paganos.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué fragmento, palabra, frase versículo… llama especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Por qué te siente identificado con éste? ¿Qué crees que quiere decirte Dios con él en este momento concreto de tu vida?
  • En muchas ocasiones nosotros somos sordos que no escuchamos la Palabra de Jesús, ¿qué haces personalmente para no caer en esta situación o para salir de ella?
  • ¿Me abro de verdad a la Palabra que cada día se me proclama en la liturgia o que puedo leer yo personalmente?
  • En otras ocasiones son otros los sordos, ¿les acerco a Jesús con fe para que les cure de su sordera?
  • En otros momentos, lo que soy es incapaz de anunciar el Evangelio de Jesús, ¿qué hago entonces o qué debería hacer?
  • ¿Qué mensaje es el que transmito a los demás acerca de Jesús?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Mantén un amigable e intimo diálogo con Jesús.
  • Agradece al Padre el don de la fe y a Jesús el que te haya regalado su Palabra.
  • Pide al Espíritu que abra tus oídos para escuchar la Buena Noticia del Evangelio.
  • Comprométete a llevar Jesús a todos con los que te encuentres y anunciales la Buena Nueva del Reino, especialmente a los que más lo necesitan.

Lectio Divina Domingo XXII del Tiempo Ordinario (Mc 7,1-8.14-15.21-23)

VERDAD – LECTURA

 

En aquel tiempo, se acercó Jesús a un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué come tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?”. Él les contestó: “Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a una tradición de los hombres”, Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.

Jesús se encuentra en territorio judío, en el cual las tradiciones se viven de manera intensa. Algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén abordan a Jesús para criticar a sus discípulos y que les explique el motivo por el cual éstos no sigue las tradiciones, concretamente el lavarse las manos antes de comer.
Marco hace un inciso para explicar a sus lectores en qué consiste dicha tradición. Y Jesús va a poner el punto sobre las íes. La purificación no sirve de nada si no va acompañada de la actitud del corazón. Además es muy posible que esta tradición tuviera sus orígenes en medidas higiénicas que no tenían nada que con la Ley de Dios, lo que no quiere decir que no debamos llevarla a cabo. El problema está cuando, en cierto modo, lo que hacemos es “divinizar” dicha práctica.
Por eso, Jesús les responde con un texto del profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos” (Is 29,13). Yahveh ya se quejaba del pueblo de Israel que le daba culto únicamente con los labios, pero su corazón estaba lejos de Dios. Nuestros pensamientos, nuestras actitudes han de estar en consonancia con nuestras acciones, si no nuestros actos estarán vacíos.
Jesús llama de nuevo a la gente, para poner en entredicho la estrechez de la Ley y reconducir las cosas a su verdadero significado. Es lo que sale del corazón, nuestras actitudes, los motivos por los que hacemos las cosas, eso es lo que mancha al hombre. Y nos enumera doce acciones que tienen su origen en el corazón y que se oponen a la voluntad de Dios; y más tarde o más temprano, le hacen infeliz. No son los alimentos, ni las prácticas externas lo que aleja al hombre de Dios, si no nuestra disposición, el por qué hacemos las cosas. Como nos advertirá Pablo en la 1ª Carta a los Corintios: Si no tengo amor no soy nada (1Cor 13,2b).

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado, especialmente, tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Te aferras a tradiciones o costumbres de las que desconoces su verdadero sentido y ni siquiera lo tienen para ti?
  • ¿Te aferras verdaderamente y con la misma intensidad hacia las tradiciones y disposiciones del magisterio de la Iglesia?
  • ¿Acoges e intentas poner en práctica el evangelio y lo que Dios te va pidiendo en cada momento de tu vida?
  • ¿Tratas de que tu vida sea acorde con lo que siente tu corazón y tus acciones brotan de actitudes convencidas?
  • ¿Tratas de conocer en profundidad cual es la voluntad de Dios respecto a ti?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Te adoro Dios mio y te amo de todo corazón por haber puesto en él el deseo por conocerte.
  • Te doy gracias por tu Ley, que es una ley de libertad y se fundamenta en el amor.
  • Te ofrezco todas mis acciones, que todas ellas estén acordes con tu voluntad y cimentadas sobre el amor a Ti y a mi prójimo.
  • Te pido que me ayudes a saber discernir tu voluntad y me des fuerzas para cumplirla desde el amor.

Espero vuestros comentarios. Los podéis hacer rellenando el formulario que se encuentra a continuación, así os incluimos en nuestra base de datos y a partir de septiembre recibiras nuestras noticias y novedades en tu blog o si lo prefieres escribiendo a: bibliaycomunicacion@gmail.com

Lectio Divina del XVI domingo del T. O. (Mc 6,30-34)

VERDAD – LECTURA El-lugar-tranquilo

30En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 31Él les dijo: “Venid vosotros solos a un lugar tranquilo a descansar un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. 32Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. 33Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. 34Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
La semana pasada hemos dejado a los apóstoles siendo enviados a la misión. Trabajo duro y, a veces, poco apreciado. En esta ocasión han vuelto de dicha misión y están relatando al Maestro las vicisitudes que les han acaecido durante el desarrollo de la misma. Es entonces, cuando Jesús les invita a ir a un lugar tranquilo para descansar.
Pero, ¿por qué? Pues, parece ser que como ocurre también nuestros días, la actividad de los apóstoles debía ser vertiginosa, les absorbía de tal manera, que no tenían tiempo, siquiera para comer. Posiblemente, habían tenido éxito en la misión y eso les había engrandecido de tal manera, que no sabían cuando era el momento de parar. Cierto, que Jesús les envía a la misión, cierto que les llama para que difundan la Buena Noticia a los cuatro vientos, pero no menos cierto es que les llamó, también, para que estuvieran con él (Mc 3,14). Y parece que esto lo habían olvidado.
Toda persona que quiera dar de lo que lleva dentro, debe de alguna forma alimentarse adecuadamente. El apóstol no puede dejar su predicación a la improvisación, el apóstol no debe predicar doctrina vacía o una serie de conceptos aprendidos de memoria. El apóstol de dar testimonio de lo que ha visto y oído. El verdadero apóstol ha de ser testigo de las maravillas que Jesús y su Padre Dios, en su infinita misericordia va realizando en el día a día de la humanidad. El verdadero apóstol ha de hablar de su experiencia de Dios; y para ello es necesario precisamente eso, hacer experiencia. La experiencia sólo es posible realizarla con el contacto; si el apóstol no se alimenta de la vida y la misión de Jesús, podrá predicar bonitos discursos; pero ¿acerca de quién o qué está predicando? Para poder anunciar la Buena Noticia es necesario que primero vivamos la experiencia vital de Jesús, que nos relacionemos con él, que él sea nuestro guía, nuestro compañero de camino, nuestro apoyo y nuestro alimento. Si no podremos estar pronunciando bonitos discursos, pero estarán vacíos. Por eso,
Jesús invita a sus discípulos a ir al desierto para descansar y poder reflexionar junto a ellos.
No obstante, la gente no estaba dispuesta a dejarles tranquilos. La gente estaba ávida de aquella nueva doctrina, porque llegaba al corazón, porque les hablaba de la vida cotidiana, porque les traía la misericordia de Dios.
Cuando Jesús contempla la muchedumbre siente compasión de ellos, porque parecen como ovejas sin pastor. Y, entonces se puso a enseñarles con tranquilidad, con calma, sin prisa todas las cosas del Reino.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• Jesús, después de una dura jornada, te invita a acompañarlo a un lugar solitario y descansar un poco, ¿Cómo acoges esa invitación?
• ¿Llevas una vida tan sumamente ajetreada que no te queda tiempo ni para comer? ¿Qué sientes cuando tomas conciencia de ello?
• ¿Qué significa para ti acompañar a Jesús a un lugar tranquilo y descansar junto a él? ¿Crees necesario llenarte, plenificarte, colmarte de Jesús antes de predicar la Buena Noticia? ¿Dedicas tiempo a ello?
• Tómale el pulso a tu relación con Jesús, tanto en la calidad como en la cantidad, pues aunque no nos lo parezca, ambas van de la mano, pues si no dedico tiempo a relacionarme con Jesús, es poco probable que mi relación pueda ser de calidad.
• ¿Eres parte de esa muchedumbre ávida de hacer experiencia de Jesús?
• Ante la situación de infelicidad de muchos de nuestros contemporáneos ¿tienes una actitud de misericordia y compasión? ¿estás dispuesto, después de haberte llenado de Jesús, a gastarte y desgastarte por acercar la gente a Jesús?

 

ORACIÓN – VIDA

• Adora a Dios, por haberte creado con la inquietud de conocerle y amarle.
• Da gracias a Jesús por invitarte a ir con él a un lugar tranquilo.
• Ofrécete a Jesús para llevar la Buena Noticia todas las criaturas que están inquietas y ávidas por conocer tu experiencia de Jesús.
• Pide al Espíritu Santo que te ilumine y te configure poco a poco con Jesús para llevar la Buena Noticia a todos los confines del mundo.