«Este es mi Hijo amado, escuchadlo» Lectio Divina II Domingo de Cuaresma – Ciclo B (Mc 9,2-10)

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VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Mc 9, 2-10)

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

En este segundo domingo de Cuaresma, la liturgia nos invita a contemplar la experiencia que tienen algunos de los discípulos de Jesús, concretamente Pedro, Santiago y Juan, en el acontecimiento de la Transfiguración. Vamos a intentar comprender mejor este hecho.

«Seis días después». Esta expresión, sin duda, hay que entenderla en sentido cronológico, pero desde la perspectiva de la Pascua. Marcos relee este suceso a la luz de la resurrección. Seis después de la entrada triunfal en Jerusalén, consumada la pasión y muerte de Jesús, tiene lugar la resurrección. Desde aquí hemos de leer este relato, pues no deja de ser un anticipo de la consumación de la gloria de Jesús. En aquel momento, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Hemos de tener en cuenta que estos discípulos son, de alguna manera, los que abiertamente no han comprendido el significado de la pasión y muerte de Jesús. En el capítulo anterior, hemos podido comprobar cómo Pedro se ha enfrentado con Jesús, queriéndole disuadir del cumplimiento de su misión (8,33); en el capítulo posterior, veremos cómo Santiago y Juan pedirán a Jesús el puesto a su derecha y el puesto a su izquierda, es decir, los lugares de máximo honor y poder (10,35-40). Tampoco ellos comprenden verdaderamente el significado de la pasión y muerte de Jesús.

Los lleva a un monte alto. El monte es el lugar de encuentro con la divinidad, recordemos el encuentro de Moisés con Yahveh (Éx 24,15-16) o el de Elías en la misma montaña (1Re 19,8-9). En la montaña Dios entra en relación con el hombre. En aquel monte alto, Jesús se transfigura delante de ellos. El evangelista nos está mostrando el aspecto glorioso que adquiere la persona de Jesús, el cual les acaba de presentar el hecho ineludible de la cruz. Sus vestiduras se volvieron de un blanco resplandeciente. Tan blanco que ningún tintorero del mundo sería capaz de blanquear, con lo cual Marcos nos está indicando un resplandor indescriptible, un color que apunta hacia las realidades celestiales, hacia la luz de Dios.

Se aparecen Elías y Moisés y comienzan a hablar con Jesús, los dos entran en diálogo con él, el cual hace las veces de Yahveh; el primero representa a la profecía, es quien debía de aparecer en el tiempo escatológico para anunciar la llegada inminente del Mesías; el segundo representa a la Ley, es a quien Yahveh le entregó las Tablas de la Ley. Los Profetas y la Ley dan testimonio de Jesús. Ambos encuentran su cumplimiento y su plenitud en Cristo.

Los discípulos presentes en el lugar no saben cómo reaccionar, estaban atemorizados, de alguna forma lo antiguo está dando testimonio de lo nuevo y ceden, de alguna manera, su «puesto» a Jesús; aunque, eso sí, allí se debía estar bien, de tal manera que Pedro quiere parar el tiempo, quiere permanecer en un lugar que no le traiga problemas, no quiere que aquel instante de gloria concluya.

De repente, se ven envueltos en una nube (Éx 24,16). Se hace presente la persona del Espíritu Santo y se oye la voz del Padre: «Este es mi Hijo amado». El Padre se complace en Jesús, el Padre afirma la filiación de Jesús, lo presenta como su Hijo único. El término «amado» acentúa más si cabe la relación afectuosa, amorosa, filial de Jesús con el Padre.

Por último, la voz del Padre les impone escuchar a Jesús; el cual es el único interprete del Padre, el único que nos puede presentar el verdadero rostro de Padre, nuestro único Maestro. Jesús es la voz del Padre.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Cómo vives tu séptimo día, momento de la manifestación de la gloria de Jesús, sobre todo en este tiempo de Cuaresma, que es preparación para el gran acontecimiento pascual?

• Imagínate, que Jesús te toma consigo, te lleva a un monte alto y te muestra de alguna manera su gloria… ¿Qué sientes en este momento? ¿Cuál es tu diálogo con Jesús? ¿Qué conclusión sacas de ello?

• ¿Qué significado puede tener para ti la presencia de Elías y Moisés? ¿Cuáles son tus profetas y tus leyes, que debe acercarte a Jesús para que Él les de su pleno cumplimiento, les de su plenitud? ¿Qué debes ir cambiando en tu vida en este tiempo de Cuaresma?

• ¿Cómo reaccionas ante el imperativo del Padre de escuchar a Jesús? ¿Verdaderamente, te acercas a la Palabra con actitud de escucha?

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VIDA – ORACIÓN

• Adora al Padre y glorifícalo por el misterio de la Santísima Trinidad y por hacerte experimentar su grandeza y plenitud y a la vez su cercanía.

• Da gracias a Jesús por hacerse presente en tu vida y mostrarse como la presencia amorosa del Padre.

• Pide la luz y la sabiduría del Espíritu Santo para poder escuchar la Palabra de Jesús, comprenderla y llevarla a la práctica en tu vida cotidiana.

• Tómate como compromiso de esta Cuaresma esforzarte por acercarte a la Palabra con actitud de escucha y acogida.

«Buscando la felicidad» Lectio Divina del II Domingo del T. O. (Ciclo B)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Jn 1, 35-42)

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, les dijo: «Este es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos que oyeron sus palabras siguieron a Jesús. Él se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:«¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús.

Después, encontró a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

En cualquier período de la historia, en ambientes diversos, en múltiples circunstancias, hombres y mujeres de cualquier raza, condición social o nacionalidad, han reflexionado acerca de sí mismos y se han preguntado: ¿Quién soy?¿De dónde vengo?¿A dónde voy? Estas son las preguntas, que de alguna manera, dan sentido a nuestra vida. La persona humana en el transcurso de su existencia se encuentra en una continua búsqueda. Pero, ¿qué busca el hombre? ¿que buscas amigo lector? ¿Para qué te levantas cada mañana? El ser humano no busca otra cosa mas que la felicidad.

Ahora bien, creo que es importante que, aunque sea de manera breve, aclaremos que significa felicidad. Porque… la felicidad no significa euforia, gritos, saltos, risas… Como bien dice, mi amigo el P. Rafael Navarrete, sj: “la felicidad no se puede definir. […] La felicidad es una experiencia de plenitud.” (El aprendizaje de la serenidad). Así es, la felicidad es un estado de plenitud, de armonía, de compromiso, de estar a gusto con uno mismo, con los demás, con nuestro entorno. Felicidad es haber encontrado sentido a lo que hago; es actuar coherentemente con lo que pienso y siento. El Creador, precisamente, nos creó para esto: para ser felices; y para encontrar la felicidad junto a Él. Por eso, el hombre está en continua búsqueda de la felicidad y de Dios. Ya lo decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti».JesusEnviaASusDiscipulos

En la época de Jesús, también había hombres y mujeres que buscaban la felicidad. Dos de estos buscadores eran aquellos discípulos de Juan que viven una experiencia de encuentro con la Felicidad (así con mayúsculas). Así es, un día cualquiera de la vida de aquellos primeros discípulos, al día siguiente, nos refiere el evangelista Juan. Ese día, alguien, Juan el Bautista, les indica dónde pueden saciar ese deseo de felicidad que toda persona humana lleva dentro. Jesús pasa junto a ellos, lo mismo que pasa junto a ti y junto a mí. Lo ven y Juan les dice: «Este es el Cordero de Dios». Ahí va quien puede colmaros de felicidad. Y aquellos discípulos le siguen. Ha sido el testimonio de Juan, el que ha impulsado a aquellos dos discípulos a seguir a aquel desconocido, que pasaba por allí.

Me parece interesante que nos detengamos, por un instante, en esta expresión: «le siguieron». Seguir a alguien, implica mucho más que, simplemente caminar a su lado o pasear. Seguir a alguien quiere decir, que uno se involucra con la persona a la que sigue; que, de alguna manera, comparte sus mismos sueños, objetivos, metas; cuando seguimos a alguien, en cierta medida, es el otro el que marca la dirección y el ritmo durante el camino; es abandonarse confiadamente en esa persona e ir tras ella. Así es, Juan y Andrés van detrás de Jesús porque quieren vivir la vida a tope. Pero una actitud que poseían aquellos dos discípulos es que estaban abiertos, atentos, en búsqueda… por eso son capaces de acoger la invitación de Juan para seguir a Jesús.

Al darse cuenta Jesús de que le siguen, se vuelve y les interroga: «¿Qué buscáis?». Es la síntesis de los interrogantes anteriores, que nos hacíamos al principio de esta página. ¿Qué buscas? Una pregunta que nos podemos hacer cada uno de nosotros personalmente, y que podemos hacer a cualquiera de nuestro alrededor; nos daremos cuenta de que todos buscamos lo mismo, aunque le llamemos de distinta manera: la felicidad.

HaMAESTRO DONDE VIVES1n percibido que aquel hombre, Jesús, puede colmar su sed de felicidad, que quieren permanecer con él: ¿Dónde vives? Queremos permanecer contigo, queremos vivir contigo, queremos estar junto a ti, queremos vivir tu modo de vivir.

Jesús accede inmediatamente a su petición, pero no les da una dirección concreta. No. Jesús los invita a experimentar su vida: «Venid y lo veréis». Jesús no es información, no es lectura acerca de su vida y milagros, no es lo que han dicho o dicen otros de él, Jesús es experiencia de vida y si quiero conocerlo, lo más acertado es experimentar su propia vida. No importa la información que tenga, lo que haya oído, lo que me hayan dicho, lo importante es experimentar con Jesús. «Solo te conocía de oídas; pero ahora, en cambio, te han visto mis ojos» (Job 42,5).

«Y se quedaron con él aquel día». Comienzan a hacer comunidad. Jesús, seguramente va dialogando con ellos, les va aclarando cosas, les va dando respuestas, les va contando sus deseos, sus ilusiones, sus sentimientos… ellos le escuchan, le interrogan, le hablan de sus anhelos, sus esperanzas, sus inquietudes, sus sueños… Van compartiendo vida entre ellos. Y aquí es donde está el verdadero quid de la cuestión. Compartir la vida, comunicar la vida, experimentar al vida… en definitiva, hacer comunidad.

Un encuentro de tal calibre, una experiencia como la vivida por los dos discípulos, no puede guardarse para una mismo. Ha de comunicarse, ha de compartirse, no se la puede uno guardar para sí mismo. Por eso, Andrés siente la necesidad de contarle a su hermano Simón lo que había acontecido aquel día, tenía que contar lo que había experimentado, sentido, acogido y entregado junto a Jesús. Hemos de contar gozosos, llenos de dicha desbordante, con una alegría inusual, nuestra experiencia de Jesucristo, nuestro encuentro con el Maestro: «Hemos encontrado al Mesías». Fijaos bien, que el evangelista nos dice «Hemos», no dice «he». Y esto, sencillamente, porque la experiencia de Jesús es siempre comunitaria, aunque uno la viva de manera personal, pero siempre media la comunidad.2tob

Al principio, no somos conscientes de la importancia, ni de la trascendencia de este encuentro. Puede parecernos un encuentro más de los muchos que se producen en nuestra vida. Pero cuando nos damos cuenta del proceso de crecimiento que hemos experimentado en él, no podemos menos que manifestarlo, comunicarlo, testimoniarlo a los demás: «Hemos encontrado al Mesías». No hemos encontrado a una persona cualquiera, no hemos encontrado siquiera a una persona excepcional, no hemos encontrado al número uno en tal o cual materia. Nos hemos encontrado con el Mesías, nos hemos encontrado con el Dios vivo, nos hemos encontrado con Dios hecho hombre. Y Él ha colmado nuestros anhelos de libertad, de felicidad, de amar.

Andrés da testimonio, narra, transmite su propia experiencia, pero lo hace con convicción, lo hace con atractivo, lo hace con ganas de contagiar. El papa Pablo VI (hoy ya santo) decía que «hoy día, más que maestros necesitamos testigos», personas que nos transmitan su experiencia de encuentro con Jesús. Eso es lo que debemos hacer nosotros, debemos seguir el mismo itinerario que siguieron estos primeros discípulos: Estar atentos a los signos del paso de Dios por nuestra vida, ¿qué buscáis?, ¿dónde vives?, venid y lo veréis, fueron, vieron y lo contaron a otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón?¿Qué sentimientos despierta en ti?¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

• ¿Estoy atento/a a las señales o a los signos que me indican el camino para encontrarme con el Mesías?

• ¿Soy consciente de la llamada de Dios?¿de todo lo que supone poder encontrarme con Jesús en mi vida cotidiana?¿De la transformación que puede producir en mi mismo, en mi misma dicho encuentro?

• ¿Dónde estás buscando la felicidad? ¿Qué acciones estás emprendiendo en tu vida para encontrar la felicidad? ¿Qué tendrías que cambiar en tu vida para encontrarte con Jesús y de esa manera halla, también, la Felicidad?

VIDA – ORACIÓN

• Alaba a Dios por ser Él, el primero en salir a tu encuentro.

• Dale gracias por las personas que a diario pone en tu camino y te señalan a Jesús como Aquel que puede colmar tu vida de felicidad.

• Ofrécele tu vida para que Él pueda transformarla y convertirte en verdadero testigo de Jesús resucitado que va derrochando por cualquier lugar felicidad.

• Pide que te ayude a ser testigo de las maravillas que continuamente está realizando en la vida de tantas y tantas personas con las que te encuentras a diario.

Minientrada

Te invitamos a las Jornadas Bíblicas «El Pueblo de Dios camina en la historia». Se celebrarán el próximo fin de semana (5-7 de febrero) La Parroquia de San Antonio del Retiro en Madrid. En ellas se desarrollarán diversas actividades, todas ellas son de entrada libre y gratuita. ¡Ven a compartir con nosotros la Palabra! En la imagen adjunta tienes todo el programa. ¡Te esperamos!

Jornadas Bíblicas Madrid 2016

Jornadas Bíblicas en Madrid

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2015

Queridos seguidores de nuestro Blog:SemanaOracionUnidad

Aunque sé que os es posible encontrarlos en otros lugares de la red, os dejo los enlaces correspondientes a los materiales que ha la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales para la celebración del Octavario de oración por la unidad de los cristianos. Todos ellos están en PDF para que podáis descargarlos con facilidad. Espero que os puedan ser de utilidad. Y ya sabéis podéis compartirlos con todo aquel que pueda necesitarlos. Muchas gracias.

Cartel de la Semana de oración por la unidad de los cristianos

Materiales para la celebración de la Semana de oración por la unidad de los cristianos

Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales

El ángel del Señor anunció a María – Lectio Divina del IV domingo de Adviento (Lc 1,26-38)

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El texto que con el que hoy rezaremos nos narra el anuncio a María del nacimiento de Jesucristo. Para ponernos en contexto, podemos decir, que en la época de Jesús, en el siglo I, muchas personas pertenecientes al Pueblo de Israel, especialmente los pobres, esperaban anhelantes la venida del Mesías. También María, José, Isabel, Zacarías… esperaban esta venida.

Nuestro relato comienza haciendo referencia a una fecha concreta: «Al sexto mes» (1,26). Se está refiriendo al sexto mes después del anuncio del nacimiento de Juan a Zacarías. Se trata de un día concreto en la vida de María; un día concreto y a la vez cualquiera.

A ella, Dios le envía al ángel Gabriel, a una ciudad determinada de Galilea, llamada Nazaret; María estaba desposada con José un hombre de la casa de David. Como podemos apreciar, Dios se hace presente en la vida de los seres humanos, en su contexto histórico concreto, en un momento determinado de sus vidas. Gabriel entra donde ella estaba, entra en ella. María siente la presencia de Gabriel, se encuentra con él y en su interior escucha el mensaje de gracia que él le trae. Ante aquel misterio, ante aquellas palabras, María se turba y se pregunta qué podría significar aquel saludo (1,29). ¿Qué significa esa atracción que siente hacia lo divino? ¿Aquella cercanía de Dios? ¿Aquel regalo de Dios? El Ángel le responde tranquilizándola: has hallado gracia delante de Dios (1,30). Dios se ha fijado en ella, para llevar a cabo su proyecto de encarnarse en su seno; ella ha sido la elegida para ser la madre del Salvador, del esperado de los siglos, sobre todo por los pobres, los humildes, los pequeños. Dios le revela su proyecto: concebir, dar a luz y ponerle a la criatura el nombre de Jesús. Un Jesús que es el Hijo del Altísimo, que reinará sobre la casa de David y cuyo Reino no tendrá fin (1,32s).

 María no duda, pero si se pregunta: ¿Cómo aquello será posible? ¿Cómo sucederá aquello? Para Dios no hay nada imposible. María tendrá que acoger la obra de Dios en su ser y en su vida. Lo mismo que, aunque de distinta manera, Isabel ha acogido la obra de Dios en la suya.  María responde no sólo afirmativamente, sino abandonándose totalmente en las manos de Dios. Ella será un instrumento en las manos de Dios para el cumplimiento de la promesa hecha a Israel y a toda la humanidad.

Dios nunca abandona al ser humano; al contrario, quiere hacerse uno como nosotros, excepto en el pecado, para regalarnos la salvación.

 Camino – Meditación

 

  • ¿Qué pasaje, frase, versículo o palabra… te toca especialmente el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Cómo recibo yo los «mensajes» que Dios me envía cada día? ¿Estoy atento/a a su Palabra? ¿Cómo la acojo en mi corazón y en mi vida?
  • ¿Qué temores me embargan cuando Dios me pide alguna misión? ¿Sé acoger en mi vida los regalos que Dios me hace cada día? ¿O pido explicaciones?
  • ¿Acojo en mi la obra que el Espíritu Santo quiere realizar en mi vida?

Vida – Oración

  • Alaba a Dios Padre por todos los regalos y dones que cada día nos entrega.
  • Da gracias porque ha querido que Jesús y su Palabra estén presentes en tu vida.
  • Ofrece tu vida para que el Espíritu Santo te inunde con sus dones y encarnes a Jesús en tu vida.
  • Pide a Dios fortaleza para poder convertirte en su humilde siervo/a.

Lectio Divina de la fiesta de la Exaltación de la Cruz (Jn 3,13-17)

VERDAD – LECTURA exaltacion_santa_cruz02

En este pasaje con el que oramos hoy, fiesta de la Exaltación de la santa Cruz, Jesús, en diálogo con Nicodemo, se nos muestra como el único capaz de revelarnos, de mostrarnos el verdadero rostro del Padre, puesto que es el único que ah estado junto a él desde toda la eternidad. A la gran mayoría de nosotros, así como a los grandes estudiosos, e incluso a los santos, Dios les va revelando sus secretos, nos va mostrando el «secreto» de Dios en la medida, y a medida, que vamos siendo capaces de «comprender». Sin embargo, ninguno de nosotros ha visto a Dios. Jesús, nuestro Maestro, sí. Él ha vivido y convivido junto al Padre, ambos han entrado en comunión desde el principio de los tiempos. Aunque en Dios no exista ni el principio, ni el fin, puesto que él mismo es el principio y el fin.

Por todo ello, Jesús nunca hablará del Padre a la manera que pueda hacerlo ningún hombre, por muy sabio que sea. Él ha experimentado el mismo ser del Padre. Él no es que pronuncie palabras acerca del Padre. Él es la Palabra.

Jesús se autodenomina a sí mismo como Hijo del hombre. Debemos remontarnos al profeta Daniel, para entender bien este término. El Hijo del hombre en la profecía de Daniel (Dan 7,13s), es aquel a quien Dios ha constituido Señor de la historia. Un Señor de la historia que ha de ser crucificado; he aquí la gran contradicción que Nicodemo y la gran mayoría de nosotros somos incapaces de comprender: ¿Cómo la persona más poderosa, aquel que ha sido constituido señor de todo, va a ser crucificado? ¿Cómo es posible que el rey de Israel, el Mesías, tenga que padecer una muerte de cruz considerada por sus compatriotas como señal de la maldición de Dios (Dt 21,22s)? ¿Cómo es esto posible? Escándalo para los judíos y disparate para los griegos. Ante tal acontecimiento, nos quedan dos posturas: o intentar razonarlo, intentar encontrar mil y una explicaciones, intentar justificarlo… o como María guardarlo en nuestro corazón.

Únicamente, desde la contemplación, podemos llegar a vislumbrar un poquito el gran misterio de la cruz. El misterio por el que Dios Padre envía a su propio Hijo, a dar la vida por la salvación del género humano.

Y hasta el momento en el que Jesús se nos revela como enviado del Padre, como Hijo unigénito de Dios, como Salvador, hasta ese momento, la Escritura ha ido ofreciendo un constante anticipo de tan extraordinario acontecimiento: la serpiente de bronce, levantada como estandarte en el desierto (Núm 21,4-9), la muerte del ser esperado de sus entrañas, del hijo de la gran descendencia, del hijo de la promesa: Isaac (Gén 22).

Para «entender» todo esto sólo existe un camino, volver a nacer de nuevo del agua y del espíritu, solo seremos capaces si entramos en comunión con el Maestro, sólo podremos comprenderlo si nos dejamos poco a poco conformar por el Espíritu al modelo que es Jesús. Algo que, seguramente, exigirá esfuerzo por nuestra parte, lo mismo que le ocurrió a Jesús, que «actuando como un hombre cualquiera, se rebajo hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz». Pero, tengamos en cuenta que, «por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el ‘nombre sobre todo nombre’; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre». Es decir, la cruz no tuvo la última palabra, la ultima palabra la tiene la vida, gracias a la Resurrección.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?

  • ¿Cómo es mi vivencia del misterio de la cruz? ¿lo vivo con angustia, con dolor, es escandalo, estupidez…? ¿signo de salvación?

  • ¿Cómo es mi testimonio acerca del misterio de la cruz?

  • ¿Asumo que si me dejo transformar y conformar por el Espíritu según la forma de Jesús puedo acabar sufriendo su misma suerte?

  • ¿Vivo el misterio de la cruz desde el misterio de la Resurrección, aunque no llegue a comprenderlo en toda su intensidad?

VIDA – ORACIÓN

Hoy para el momento de la oración me gustaría evoca y que recitáramos o cantáramos, esta canción: Tuyo soy.

Yo no soy nada y del polvo nací

pero tu me amas y moriste por mi

ante la cruz solo puedo exclamar:

Tuyo soy, tuyo soy…

Toma mis manos, te pido

Toma mis manos, te amo

Toma mi vida, oh Padre tuyo soy (bis)


Cuando de rodillas te miro, Jesús,

veo tu grandeza y mi pequeñez

que puedo darte yo solo mi ser

Tuyo soy, tuyo soy…


Toma mis manos, te pido…

Unos dias de desierto

Desierto2Una espuerta de pan, algunos dátiles, agua, la Biblia. Un día de camino: una gruta. Un sacerdote celebra la santa misa, y después se marcha, dejando en la gruta, sobre un altar de piedras, la eucaristía. Así, durante una semana, quedaremos solos con la eucaristía expuesta día y noche.

Silencio en el desierto, silencio en la gruta, silencio en la Eucaristía. No hay oración tan difícil como la adoración de la Eucaristía. En ella la naturaleza se rebela con todas sus fuerzas.

Ponerse ante lo que tiene el aspecto de pan y decir: «Ahí está Cristo vivo y verdadero», es pura fe.

Pero nada alimenta más que la fe pura; y la oración de la fe es la verdadera oración.

Es el encuentro con Dios más allá de de la sensibilidad, más allá de la fantasía, más allá de la naturaleza.

Y es éste el primer aspecto del despojamiento. Mientras que mi oración permanezca anclada en el gusto, serán fáciles los altibajos; las depresiones seguirán a los entusiasmos efímeros. Será suficiente un dolor de muelas par liquidar todo el fervor religioso debido a un poco de esteticismo o a una emoción sentimental.

«Tienes que despojar tu oración», me dijo el maestro de novicios. «Tienes que simplificar, desintelectualizar. Ponte ante Jesús como un pobre: sin ideas, pero con fe viva. Permanece inmóvil en un acto de amor delante del Padre. No trates de alcanzar a Dios con la inteligencia: no lo conseguirás nunca; alcánzalo con el amor: esto es posible».

La batalla no es fácil […]. Después de algunas horas -o de algunos días- de esta gimnasia, el cuerpo se calma. Al ver que la voluntad rehúsa el placer sensible, ya no lo busca; se hace pasivo. Los sentidos se adormecen. el comer poco, el velar mucho y el orar con humilde insistencia hacen de la casa del alma una morada silenciosa, pacificada. Los sentidos duermen […]. Entonces la oración se convierte en algo serio, aunque doloroso y árido. Tan serio que ya no se puede pasar sin ella.

Carlos Carretto, Cartas del Desierto, Ediciones Paulinas, Madrid 1974.

Lectio Divina del Domingo de Resurrección

 

VERDAD – LECTURAΑΝΑΣΤΑΣΗ 5

¡Aleluya, Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente, ha resucitado, Aleluya! Nos encontramos en el día más importante para cualquier cristiano, tal es así que la Pascua de resurrección dura ocho días. Y, precisamente, para conmemorar y recordar este acontecimiento la Iglesia nos ofrece este pasaje evangélico que nos muestra la nueva creación en Cristo. La muerte no tiene la última palabra. La última palabra la tiene la vida. Con el acontecimiento de la Resurrección de Jesús se inicia una nueva y definitiva etapa de la historia de la Salvación. La comunidad de discípulos, sin embargo, sigue pensando en términos de muerte y que con ella todo ha acabado. El hecho de la muerte de Jesús es inseparable de la Resurrección.

María figura de la comunidad que busca al esposo (en términos nupciales de El Cantar de los Cantares), sigue buscando entre los muertos al que vive. A pesar de encontrarse en la luz, pues es ya por la mañana temprano, continúa estando en tienieblas. Sigue pensando que la muerte ha triunfado. Pero no es así. La losa está quitada del sepulcro.

María estupefacta, corre ha decir a los discípulos que se han llevado al Señor. ¿Cómo sabe ella esto? No lo sabe. Es la interpretación que ella hace del hecho. El dato objetivo, es que la losa está quitada. Busca al Señor, pero lo hace en la dirección equivocada. No lo busca entre los vivos, lo busca entre los muertos. Alguien se ha llevado el cadaver de Jesús.

Pedro y el discípulo predilecto de Jesús corren hacia el sepulcro vacío. Éste último corre más. Descubre la losa quitada y qe los lienzos ya no atan a Jesús. Cede el paso a Pedro. El cual ve, también, los lienzos y el sudario, símbolo de la muerte. Aunque ésta ha sido vencida por Jesús. Pedro a pesar de los signos no reacciona, continúa anclado en la vieja institución judía y en la vieja creencia: Jesús ha muerto.

Sin embargo, el otro discípulo, al ver los mismo signos que Pedro comprende que Jesús está vivo: Cree. No le es necesario nada más. Son dos actitudes distintas ante las mismas señales. Éstas están ahí, la actitud que tomemos ante ellas es cosa nuestra.

A pesar de que Jesús ha muerto, es inutil que le busquemos entre los cadaveres, entre las señales de muerte, en el sepulcro. La historia de Jesús no ha concluido. La historia de Jesús y la historia de la Salvación han comenzado una nueva etapa. La en la que el esposo está presente y quiere celebrar con nosotros el banquete nupcial, en el que Jesús quiere entrar en comunión con nosotros, pero una comunión de vivos no de muertos. La muerte definitivamente ha sido vencida por aquel que es la VIDA.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Quién es Jesús para mí?

  • ¿Es Jeús una persona viva o es alguien que está muerto hace veintiún siglos?

  • ¿Actúo verdaderamente como sí Jesús hubiese resucitad o para mí es simplemente un personaje al que recordar como acontecimiento histórico ocurrido en un momento determinado?

  • ¿Ante los signos de vida, que Dios pone ante mis ojos, reacciono y creo?

  • ¿Está Jesús vivo y presente en todos los ámbitos de mi vida?

  • ¿Llevo a los demás a Cristo vivo y resucitado?

VIDA – ORACIÓN

  • Te invito sobre todo a contemplar y a pasar por el corazón cada uno de los detalles de este acontecimiento narrado en el evangelio según san Juan y a tomar partido. Toma el pulso a tu fe en la resurrección de Jesús.

  • Pide, intercede, da gracias, alaba… acoje lo que en este momento concreto percibes en lo más profundo de tu ser y ofréceselo a Dios. A un Dios que es de vivos, no de muertos. A un Dios que es la vida. Que da vida y la da en abundancia.

 

Lectio Divina Domingo 1º de Cuaresma

VERDAD – LECTURAtentaciones

Este es uno de los relatos que nos encontramos en los tres sinópticos. Y tiene una serie de rasgos en común, a saber: según Mt y Mc, es el Espíritu el que empuja a Jesús al desierto, en el que pasa cuarenta días siendo tentado por Satanás y servido por los ángeles; por su parte, tanto, Mt como Lc se remontan a la experiencia de Israel en el desierto.
El acontecimiento que se nos narra hoy en el evangelio, está contado justo después del relato del bautismo. En el que, Jesús ha tomado su opción fundamental: cumplir la voluntad del Padre; y el Padre, también la ha hecho: «Este es mi hijo amado, a quien he elegido» (Mt 3,17). Y es el Espíritu, el que le lleva al desierto para ser tentado por el diablo. Hemos de tener en cuenta, una cosa, y es que en el evangelio la tentación  no viene de Dios, sino del diablo. Tentación a la que todos nos vemos avocados, en algún momento de nuestra vida y hacia la que hemos de estar preparados. Jesús lo hace ayunando. Pero, ¿qué significado tiene este ayuno como preparación a la tentación? El ayuno en el pueblo de Israel, siempre significaba entrar en relación con Dios, hayarse en búsqueda.
Jesús se mantinen en una unión intima con el Padre, dispuesto, en todo momento, a cumplir su voluntad. En esta situación es en la que el tentador se acerca a Jesús. Sobre todo, en un momento de extrema debilidad: «tenía hambre». Vamos a revivir en las tres tentaciones, las tentaciones del pueblo de Israel en el desierto, pero en esta ocasión, Jesús saldrá vencedor.
La primera tentación es la del hambre. En el desierto, cuando el pueblo de Israel sintió hambre, «murmuró contra Moisés y Aarón», que en realidad era, como murmurar contra Dios (Éx 16,2,7-8). No cayeron en la cuenta de que Dios estaba probando su fidelidad (Éx 16,4). Jesús ante esta tención, que lo que busca es remover la fidelidad de Jesús, haciendole dudar de su filiación divina, no sucumbe. Para Jesús, ser Hijo no tiene nada que ver con demostrar su poder. Ser Hijo es fiarse de Dios y de su Palabra incondicionalmente, saberse amado y en buenas manos. Y responde con la Palabra de la Escritura: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Dt 8,10).
El diablo vuelve a la carga. En esta segunda tentación, se evoca lo sucedido en Masá en el desierto, cuando al pueblo le faltó el agua y protestaron contra Dios, incluso se atrevieron a dudar de la presencia de Dios entre ellos. Nuevamente, el tentador invita a Jesús a probar que es el Hijo de Dios. Jesús expresa su confianza radical hacia el Padre. Y vuelve a responderle con la Palabra de la Escritura: «No tentarás al Señor, tu Dios» (Dt 6,16).
Y el diablo no ceja en su empeño e intenta, buscarle las vueltas a Jesús. Lo lleva a un «monte muy alto». Le muestra toda la gloria y el poder mundanos; le pide que renuncie a Dios y le adore a él. ¡Cuántas veces ha caído Israel en esta tentación! Jesús vuelve a vencer la tentación con la Palabra: «al Señor tu Dios adorarás y sólo a él servirás» (Dt 6,13).
El episodio descansa en un desenlace apacible: el diablo se da por vencido y Jesús es confortado por los ángeles, como confortado y alentado fue Elías en el desierto hasta llegar al Horeb.
Jesús ha vencido al diablo en el desierto y le seguirá venciéndo durante toda su vida rerrena. Y la mayor victoria sobre el mal y sobre el diablo ha sido la Resurrección. Nada, ni nadie tiene poder sobre Jesús. Porque, incluso, ha vencido a la muerte.

CAMINO – MEDITACIÓN

En alguna ocasión hemos de ir al desierto para encontrarnos con Dios y para fortalecer nuestra fe y nuestra filiación divina. ¿Eres consciente de ello? ¿Estas dispuesto a ir? ¿Vas a dejarte guiar en el desierto por el Espíritu?
En las ocasiones en que siento la tentación del diablo, ¿Qué haces? ¿Cómo respondes? ¿Vives la tentación en Dios y en su Espíritu o abandonado a tus fuerzas?
Ante las tentaciones y tribulaciones de la vida, ¿dudas de Dios?, ¿dudas de su amor incondicional y eterno?
Teniendo en cuenta cómo Jesús vence las tentaciones, ¿Qué alimenta tu vida y te hace crecer más como persona y como creyente? ¿Escuchas asiduamente la Palabra de Dios?

VIDA – ORACIÓN

Dale gracias a Jesús por compartir con nosotros nuestra condición humana, nuestras debilidades y tentaciones, por comprendernos. “Él modeló cada corazón y conoce todas sus acciones” (Sal 33,15)
Pídele la gracia, en todo momento pero especialmente en la prueba, de poner tu mirada en el Rostro del Padre y a confiar en Él con absoluto abandono.

IIª Jornadas Bíblicas en Sevilla

Cartel 2as jornadas Sevilla v3Por segundo año consecutivo se celebran en Sevilla unas Jornadas bíblicas organizadas por la Escuela de Animación Bíblica San Pablo en las que colaboran la Escuela de Animación bíblica de Barcelona, la Parroquia de San Sebastián y varios miembros de la Asociación Bíblica Española. Estas se celebrarán del 7 a 9 de marzo en la capital hispalense.
Información de las jornadas:
Tema: Jesús de Nazaret
Organiza: Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo
Coordina: Pepe Pedregosa (Tel.:678 806 822 / bibliaycomunicacion@gmail.com)
Colaboran: Escuela de Animación Bíblica de Barcelona y Parroquia de San Sebastián de Sevilla
Lugar: El viernes y sábado por la mañana en Casa Comunidad Paulinos (Progreso 21 Sevilla) y el sábado por la tarde y el domingo en Parroquia de San Sebastián (San Salvador 1 Sevilla)
Programa:
Viernes 7 de marzo
18:30h Charla “Jesús, Esclavo y Señor” (Álvaro Pereira, biblista y coordinador del Servicio Religioso Universitario de la Diócesis de Sevilla)
20:00h Charla “Y les hablaba en parábolas” (Antonio J. Guerra, biblista y delegado de Pastoral Juvenil de la Diócesis de Sevilla)
Sábado 8 de marzo – mañana
11:00h Charla “Jesús, nosotros y la misericordia” (Ángel Canca, teólogo y vicario de Nuestra Señora de la Salud de Sevilla)
12:30h Charla “El seguimiento de Jesús” (Pepe Pedregosa, coordinador de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo)
Sabado 8 de marzo – tarde
18:00h Charla “La mirada de Jesús” (Quique Fernández, coordinador de la Escuela de Animación Bíblica de Barcelona)
19:30h Charla “Jesús de Nazaret, Dios y hombre” (Javier Velasco-Arias, profesor de Biblia en el ISCREB y el CEP de  Barcelona)
21:00h Concierto/Oración “La alegría del Evangelio, el Evangelio de la alegría (José Manuel Montesinos y Paqui Alonso, música cristiana-católica)
Domingo 9 de marzo
11h Presentación multimedia “Cuando Francisco era Jorge” (José Antonio Medina, director espiritual del seminario de la Diócesis de Cádiz-Ceuta)

Os esperamos a todos aquellos que podáis y además os invitamos a que le deis la máxima difusión para que puedan asistir toda aquella personas que estén interesadas.

La entrada es libre y gratuita.