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Jesús los acogió a todos y se puso a hablarles del Reino de Dios y a curar a los que lo necesitaban. Al caer el día se le acercaron los Doce y le dijeron:

– «Despídelos para que vayan a las aldeas y caseríos del contorno a buscar alojamiento y comida, pues aquí estamos en descampado».

Pero Jesús les dijo:

– «Dadles vosotros de comer».

Ellos le dijeron:

– «No tenemos más que cinco panes y dos peces. A no ser que vayamos a comprar alimentos para toda esta gente».

Pues eran unos cinco mil hombres.

Jesús dijo a sus discípulos:

– «Decidles que se sienten en grupos de cincuenta».

Así lo hicieron, y dijeron que se sentaran todos.

Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, los bendijo y los partió en trozos. Y se los dio a los discípulos para que se los distribuyeran a la gente. Y todos comieron hasta hartarse. Y se recogieron doce canastos llenos de las sobras.

 

VERDAD – LECTURA       

            El texto que hoy nos ofrece la liturgia se encuentra enmarcado dentro del contexto en el que Jesús comienza a extender su predicación por distintas aldeas de Galilea y es un preludio de la eucaristía.

Acaba de enviar a sus discípulos a predicar. Al regresar de su misión, Jesús les invita a acompañarlo a un lugar solitario para estar con él y compartir las vivencias que les han acaecido durante la predicación de la Buena Noticia. Allí les comienza a hablar del Reino de Dios; y, al acercarse la multitud, curó a muchos enfermos.

Cuando el día ya declina, al atardecer, los doce, preocupados por la gente, se acercan a Jesús y le dicen que despida a la gente para que puedan ir a buscar alojamiento y comida, pues se encontraban en descampado.

La respuesta de Jesús les desconcierta: “Dadles vosotros de comer”. ¿Cómo van a hacer esto, si sólo tienen cinco panes y dos peces? ¿Cómo van a recaudar el dinero suficiente para dar de comer a tanta gente? Y en el caso que lo consiguieran, ¿dónde van a comprar tanto alimento? ¿No se ha dado cuenta Jesús de que son más de cinco mil personas?

Jesús pide a los discípulos, que digan a la gente que se recuesten en grupos de cincuenta. Jesús va a solucionar el problema. Jesús será quien les de alimento, al igual que en otro tiempo hizo Moisés con el pueblo de Israel en el desierto (Num 1 – 4), al igual que hizo el profeta Eliseo (2Re 4,42-44). Jesús es el nuevo Moisés, el nuevo libertador de su Pueblo; Jesús es el nuevo profeta; aquel que ha venido a dar el verdadero sentido a la Ley y a los Profetas.

Jesús toma los cinco panes y los peces, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los dio a sus discípulos para que los distribuyeran. Es el preludio de la eucaristía. El mismo gesto que compartían las comunidades lucanas en la celebración eucarística, el mismo gesto que repite el sacerdote en cada eucaristía celebrada y vivida en todas y cada una de nuestras comunidades de fe. Eucaristía, acción de gracias, eucaristía, celebración, eucaristía fiesta; pero eucaristía, también compromiso, acogida y compartir; eucaristía preocupación por las necesidades del otro, eucaristía interés por los problemas del prójimo, eucaristía compartida de la vida de cada uno de los cristianos y de las necesidades del mundo.

Jesús no es un milagrero, Jesús no es un tapagujeros, Jesús no es un mago que por arte de magia hace desaparecer las dificultades, los problemas, los miedos. Jesús necesita de aquellos que han querido compartir su vida y su misión para llevar la felicidad a la humanidad. Jesús necesita de todos nosotros para llevar la Buena Nueva a todos, Jesús necesita que seamos sus manos, sus ojos, sus pies y su corazón para poder seguir acariciando, mirando con ternura, acompañando en el camino, amando sin distinción y gratuitamente. Únicamente de este modo, todos quedaremos saciados y tendremos de sobra: compartiendo nuestros bienes, nuestra persona y nuestra vida. De este modo recogeremos los cestos llenos de los trozos sobrantes.

No negamos el milagro. Para Dios no hay nada imposible. Jesús es quien multiplica nuestras acciones. Jesús es quien toma nuestros viene, quien bendice y da gracias al Padre quien parte, pero nosotros somos quienes debemos de distribuir eso bienes que Dios nos regala cada día, nosotros somos quienes debemos distribuir nuestra pequeñez y la de nuestros hermanos, nosotros somos quienes tenemos que acercar la eucaristía a todos aquellos que están alejados. ¡Claro que hay milagro! Con sólo cinco panes y dos peces, se sació toda una multitud.

 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra de este pasaje te llama especialmente la atención? ¿Cuál te toca, de alguna manera el corazón? ¿Qué querrá Dios decirte con ello en este momento concreto de tu vida?
  • Al igual que los apóstoles, ¿estás atento/a a las necesidades de aquellos hermanos que pasan a tu lado, que están a tu alrededor, de aquellos con los que compartes tu vida?
  • ¿Acercas a todo aquel que pueda estar necesitado a Jesús? ¿pides a Jesús ayuda para poder compartir los problemas, las dificultades, las necesidades de los demás? ¿Estás atento/a a la Palabra de Jesús para poder hacer frente a los momentos difíciles en los que se haya la humanidad?
  • ¿Qué entregas a Jesús para que pueda tomarlo, bendecirlo y partirlo? ¿Estás dispuesto/a a compartir y distribuir entre la gente los dones que el Padre en su infinita bondad te regalado?
  • ¿Cómo vives el misterio de la eucaristía? ¿Cómo la celebras? Además de encuentro con Jesús resucitado, ¿es para ti encuentro con los hermanos?

 

VIDA – ORACIÓN

  • Bendito y alabado seas, Padre, por el gran regalo de la Eucaristía.
  • Gracias, Jesús, por haber querido quedarte entre nosotros en un trozo de pan y un poco de vino, en el sagrario.
  • Ayúdanos, Espíritu Santo, a vivir la eucaristía no sólo como celebración y encuentro individual con Jesús, sino como celebración de la comunidad y encuentro entre los hermanos. Y que cuando acabemos de celebrar la eucaristía, glorifiquemos a Dios con nuestra vida, y acerquemos la Buena Noticia a todos cuantos nos rodean.

“Dales vosotros de comer” Lectio Divina de la Solemnidad del Santímo Cuerpo y Sangre de Cristo (Lc 9,11b-17)

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NO QUIERO SER UNA PERSONA SERIA

EL ARTE DE SER, VIVIR, SENTIR Y DISFRUTAR

Un día preguntaron a Sócrates, para qué le servía aprender a tocar

la lira si iba a morirse. Él respondió: para tocar la lira antes de morir.

¿Para qué? Todo en esta vida tiene que tener una utilidad; todo consiste en hacer, tener y producir, todo tiene que tener un motivo aparente, un antes y un después.

Nos cuesta hacer las cosas por el simple hecho de hacerlas, de compartirlas, de disfrutarlas. Nos cuesta parar y no hacer nada… Nos cuesta mirar, observar, contemplar. Nos cuesta vivir aquí y ahora, permanecer en el presente, vivir conscientemente.

Nuestra sociedad nos ha empujado al la vorágine del activismo, del tener que estar haciendo siempre algo; el no hacer nada está mal visto; el reír, estar contento con uno mismo y con lo demás, la alegría… todo esto lo hemos apartado de nuestra escala de valores. Sobre todo, lo hemos apartado de nuestro mundo laboral: “Por favor, somos personas serias”. No se cansan de repetirnos continuamente. Y la verdad, sonrío y me pregunto qué significado tendrán esas palabras…

Ser una persona seria, ¿significa que no puedo sentarme tranquilamente a peder el tiempo con alguien que lo necesita y escucharlo, mirarle a lo ojos regalarle una sonrisa, una palabra amable, una mirada de ternura…? Si eso es así, yo no quiero ser una persona seria.

Ser una persona seria, ¿significa no parar en ningún momento, no saber lo que siento, lo que experimento, lo que acojo o lo que dejo? Pues, no quiero ser una persona seria.

Me gustaría invitarte a que tú, tampoco, lo seas. Quiero invitarte a parar por un momento y comenzar a sentir. ¿Sentir? Sí, a sentir… A sentir tu cuerpo, a ti mimo, a las demás personas, a la humanidad, al mundo, al universo.

Por favor, amigo mío, párate y simplemente permite que afloren tus sentimientos; escucha tu cuerpo, acógelo, asúmelo, asimílalo. ¿Qué sientes? ¿Miedo, frustración, rabia? No lo rechaces… Acógelo… Pregúntate por qué y reconduce tu vida. ¿Sientes alegría, gozo, felicidad? No lo rechaces, acógelo también y reconduce tu vida hacia allí. Haz lo mismo con las demás personas y ayúdalas a ser ellas mismas. Haz lo mismo con el mundo que te rodea y con el universo que te envuelve. Y ¿por qué no? Haz lo mismo con Dios.

Por favor, no seas una persona seria.

Vive el momento presente, vive el aquí y el ahora, sé tu mismo, tú misma… No te preocupes por el qué dirán, por lo que otros piensen de ti. Ese es su problema, no el tuyo.

Comienza a aceptar al otro tal y como es, no quieras hacerlo a tu imagen y semejanza, eso sólo pudo hacerlo Dios; acepta al otro como diferente y… acógelo. De esa manera, podemos empezar a vivir en armonía. Armonía con uno mismo, con los otros, con el mundo, con el universo y con Dios.

Por favor, no seas una persona seria, que piensa que todo en la vida tiene que tener un para qué. Hazte consciente de que las cosas simplemente son. Y cuando alguien te pregunte: ¿para qué? Responde con tranquilidad: únicamente para tocar la lira antes de morir.

Gracias por tus comentarios y aportaciones, los espero y quiero acogerlos, simplemente porque son tuyos. Hasta pronto.

 

Y, como siempre, si quieres recibir las novedades del blog o las actividades de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo, te invito a rellenar el siguiente formulario. Te incluiremos en nuestra base de datos y, a partir de septiembre, estaremos en contacto.

Lectio Divina VI Domingo de Pascua (Jn 15,9-17)

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VERDAD – LECTURA

Los versículos con los que hoy vamos a orar se encuentran dentro del contexto de la última cena. Concretamente, en el largo discurso que Jesús pronuncia después de haber lavado los pies a sus discípulos (Jn 13,1-15).
Lo mismo que el Padre ha demostrado su amor a Jesús desde toda la eternidad, Jesús demuestra su amor hacia los discípulos, y para ello les ha comunicado su Espíritu. Los discípulos ahora deben vivir en el ámbito de ese mismo amor. La misma relación que mantiene Jesús con el Padre es la que deben vivir los discípulos con Jesús. El criterio por el que se verifica esta comunión es el amor, que debe trascender el espacio individual, ha de mostrarse en la obras. El gozo de Jesús, fruto del amor entre el Padre y el Hijo, será experimentado por los discípulos en la medida en que ellos se encuentren unidos a Jesús.
Jesús les ofrece un nuevo mandamiento, el mandamiento del amor. Este mandamiento será el que identifique a los discípulos y es el fundamento de la misión a la que serán enviados. El culmen de este amor entre Jesús y sus discípulos, y entre ellos mismos, es ser capaz de dar la vida por los demás. La relación de amistad es aquella que no espera nada a cambio de lo que entrega. Muy distinta de la relación entre el amo y el esclavo. El esclavo realiza acciones a favor de su amo porque espera algo a cambio. Y la relación entre el amo y el esclavo es desde la superioridad. No existe una relación de igualdad y de reciprocidad. La relación que se establece entre Jesús y sus discípulos es una relación de amor. Una relación en la que no existen secretos. La relación que se establece entre Jesús y sus seguidores, ya no es siquiera la del Maestro con sus discípulos, es una relación de amistad.
Jesús eligió a sus discípulos, y ahora nos elige a nosotros, para ponernos en camino. Camino de amor y cuya expresión plena es dicho amor. Un camino que es de entrega a los demás que producirá muchos frutos. Esos frutos son los cambios sociales que los cristianos han de propiciar por eso es un fruto duradero, hasta que el Reino sea una realidad en nuestro mundo.
Concluye, Jesús este pasaje, enunciando nuevamente su mandamiento: que os améis los unos a los otros.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Soy consciente del amor que Jesús me profesa sin esperar nada a cambio? ¿Soy consciente de que es el mismo amor que el Padre tiene hacia Jesús?
• Permanecer en el amor de Cristo es amar a los hermanos como Jesús nos ama a nosotros; lo cual implica, si fuera necesario, dar la vida por los demás. ¿Qué implica para mí amar de esa manera?
• Jesús nos llama a cada uno de sus seguidores amigos. ¿Verdaderamente siento que soy amigo de Jesús? ¿Cultivo dicha amistad? ¿De qué manera?
• Jesús nos ha elegido a cada uno para una misión. Reflexiona acerca de esta elección y sobre la misión que Jesús te ha encomendado.

VIDA – ORACIÓN

• Alabo a Dios por el amor incondicional que me tiene desde toda la eternidad. Por amarme tal y como soy.
• Doy gracias a Jesús por llamarme amigo y por lo que eso significa para mi vida.
• Ofrezco mi vida a Jesús para cumplir la misión para la que me tiene elegido, aunque ello implique el dar mi vida por los demás en mi día a día.
• Pido a Dios padre que envíe su espíritu Santo sobre mi para que descubra el verdadero significado del amor que Jesús me tiene y sepa transmitirlo a los demás.
• Asumo el compromiso de intentar amar al estilo de Jesús.

Cometas en el cielo (Para trabajar la amistad)

Sentida adaptación de la popular novela homónima de Khaled Hosseini. Curiosamente, aunque la obra original se escribió en inglés, y el guión de David Benioff también, la mayor parte de los diálogos del film son en dari y pastún, en aras del realismo. En esa línea los pasajes afganos resultan creíbles, no estamos ante un título exótico con decorados de cartón piedra y occidentales maquillados. Y las escenas en que se vuelan las cometas resultan excitantes, y ayudan a acometer (¿o habría que decir “acometar”? la dura trama.

El PDF con la ficha para trabajar la película puedes encontrarlo en nuestra Página de Cineforum. Disfrutadla y Difundidla.

Si alguien estuviera interesado en celebrar algún cineforum o trabajar alguna película o tema concreto en Sevilla, puede ponerse en contacto conmigo; bibliaycomunicacion@gmail.com