«¡Señor mío y Dios mío!» – Lectio Divina del Evangelio del Domingo II de Pascua o de la Divina Misericordia (Ciclo C)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Jn 20,19-31)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor Mío y Dios Mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.

Nos encontramos ante el acontecimiento más importante de la historia: la resurrección del Señor. Hoy el evangelio nos narra una de las manifestaciones gloriosas de Jesús. Nos situamos en el atardecer del primer día de la semana, es decir, del domingo, del día del Señor. El día más importante para cualquier cristiano, la conmemoración del día de su resurrección; el día en el que la comunidad cristiana en pleno se encuentra para celebrar la eucaristía. También aquel día, los discípulos se encontraban juntos. Sin embargo, tenían las puertas cerradas y estaban aterrados de miedo. En esta situación se presenta Jesús en medio de ellos, deseándoles la paz. Que no se turbe vuestro corazón, no tengáis miedo, yo estoy con vosotros y os traigo paz; Jesús resucitado ha vencido a la muerte y al pecado.

Les muestra las manos y el costado. Ante su temor y estupor, Jesús quiere mostrarles la prueba tangible de su pasión y muerte. Pasión y muerte que ha traído la paz y la salvación al mundo entero. Y «prueba» de que aquel que murió en la cruz ha resucitado, está vivo entre nosotros. Ante tal acontecimiento y descubrimiento no cabe más que la alegría desbordante.

Y Jesús resucitado envía a sus discípulos; los envía a la misión que ya les había encomendado anteriormente: «Id y predicad la alegría del evangelio». Pero, ahora, ya están preparados. Insufló sobre ellos el Espíritu Santo. Este les dará valor, coraje y la fuerza necesaria para llevar a cabo la misión. Les concede el poder de perdonar lo pecados. A partir de entonces serán también representantes y transmisores de la misericordia del Padre, el único que puede perdonar los pecados.

Tomás no se encontraba allí en aquel momento y le relatan el feliz acontecimiento. Él no les cree. Aquello que le están contando no es verosímil, no es lógico es imposible según la razón humana. Necesita pruebas. Y nuevamente Jesús resucitado se hace presente. Ahora sí está Tomas. Aquí están las pruebas. Jesús no le reprocha nada, simplemente se muestra a él. Y posteriormente le invita a creer incluso en lo imposible, cuando esto viene de Dios. Tomás no puede más que realizar su profesión de fe: «¡Señor mío y Dios mío!».

Lo importe no es creer porque uno ha experimentado la manifestación de Dios, porque haya visto pruebas tangibles, porque las dudas se hayan disipado. Dichoso aquel que crea sin haber visto.

Otros signos, realizó Jesús que no están escritos en los evangelios. Otros signos, sigue realizando hoy en nuestro mundo, en tu vida y en mi vida, en nuestro acontecer cotidiano. ¿Seremos capaces de reconocerlos?

CAMINO – MEDITACIÓN

 • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Cada domingo, como aquel primer día de la semana, cada día, Jesús se hace presente, se manifiesta en la comunidad, en el hermano, en la escucha de la Palabra y sobre todo en la eucaristía. ¿Eres consciente de ello? ¿Cómo vives estos acontecimientos? ¿Reconoces a Jesús en estos espacios, lugares y circunstancias?

• Jesús viene a traerte la paz, ¿cómo vives tu día a día, ante las distintas situaciones, circunstancias, acontecimientos…? ¿Vives con angustia, con pesadumbre, con miedo?

• También sobre ti ha descendido el Espíritu Santo para que seas testigo de la misericordia y el amor de Dios entre todos aquellos que entran en contacto contigo. ¿Verdaderamente eres testigo del evangelio? ¿Qué actitudes, conductas, gestos has de cambiar en tu vida?

• ¿Será Tomás tu mellizo? ¿Eres incrédulo o creyente? ¿Necesitas pruebas palpables, empíricas? ¿Necesitas ver y tocar para creer? ¿Has tomado el pulso a tu fe?

• Escucha en lo más profundo de tu persona como Jesús te dice: «¡Dichoso porque crees sin haber visto!». Quédate ahí algunos instantes y dialoga con Jesús

VIDA – ORACIÓN

• Glorifica al Padre y alábale el regalo de la resurrección, la de Jesús y la nuestra.

• Da gracias a Jesús por enviarte a ser testigo del evangelio y por el diálogo que has mantenido con él hace un momento.

• Pide al Espíritu Santo que te otorgue la fuerza necesaria, el vigor y la valentía para anunciar a Cristo Resucitado.

LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO II DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Hechos 5,12-16

12Los apóstoles hacían muchos milagros y prodigios en el pueblo; todos se reunían en el pórtico de Salomón. 13Los demás no se atrevían a unirse a ellos; pero el pueblo los tenía en gran estima. 14Y el número de hombres y mujeres que creían en el Señor aumentaba cada vez más; 15y hasta sacaban los enfermos a las plazas y los ponían en camillas y angarillas para que, al pasar Pedro, al menos su sombra tocase alguno de ellos. 16De las aldeas próximas a Jerusalén acudía también mucha gente llevando enfermos y poseídos por espíritus inmundos, y todos eran curados.

Nos encontramos hoy en la primera lectura con uno de los llamados resúmenes del libro de los Hechos de los Apóstoles que sirven de nexo de unión entre distintas secciones. Dichos sumarios, nos muestran la vida cotidiana de la comunidad cristiana.

Se reunían habitualmente, en torno a los apóstoles, en el llamado pórtico de Salomón del Templo de Jerusalén. Los cuales realizaban milagros y prodigios ante el pueblo, signos de la presencia del Reino de Dios. El espíritu de Jesús está presente y actúa por medio de los apóstoles. Ellos dan testimonio de Cristo Resucitado y poco a poco, a pesar del miedo inicial por el rechazo de las autoridades, se le van uniendo cada vez más hombres y mujeres.

No es necesario que nosotros hagamos milagros y prodigios para testimoniar el Reino de Dios. Pero si es necesario que estemos unidos como Iglesia y que mostremos esos signos, mucha veces ordinarios y poco espectaculares, que ocurren a diario a nuestro alrededor y que manifiestan la presencia de Jesús resucitado.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo es tu experiencia de Jesús resucitado? ¿Compartes esta experiencia con los otros miembros de tu comunidad y con aquellos con los que te relacionas a diario?
  • ¿Te impresionan los signos prodigiosos? ¿Te das cuenta que Dios muchas veces actúa en lo pequeño, en lo sencillo, en lo ordinario?
  • ¿Eres consciente de los signos del Reino de Dios que ocurren a tu alrededor? ¿Das testimonio de los mismos ante los demás?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 40

2En el Señor he puesto toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi grito;

3me sacó de la fosa mortal, del fango cenagoso; puso mis pies sobre la roca, aseguró mis pasos;

4puso en mi boca un cantar nuevo, una alabanza para nuestro Dios. Muchos, al verlo, temerán y confiarán en el Señor.

5Dichoso el hombre que en el Señor ha puesto su esperanza y no se ha ido con los arrogantes ni con los que se pierden en engaños.

6¡Qué grandes son, Señor, Dios mío, los proyectos y los milagros que hiciste por nosotros!: eres incomparable. Yo quisiera decirlos, proclamarlos; pero son tantos, que no pueden contarse.

7Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, no pides holocaustos ni sacrificios por el pecado; en cambio, me has abierto el oído,

8por lo que entonces dije: «Aquí estoy, en el libro está escrito de mí:

9Dios mío, yo quiero hacer tu voluntad, tu ley está en el fondo de mi alma».

10Pregoné tu justicia a la gran asamblea, no he cerrado mis labios; tú lo sabes, Señor.

El sepulcro vacío – Lectio Divina Domingo de Pascua de Resurrección (Ciclo C)

VERDAD – LECTURA

Jn 20,1-9

¿Dónde está? No está aquí. Se lo han llevado. No sabemos dónde lo han puesto. El caso es que el sepulcro está vacío. Así es. El primer día de la semana, hoy, muy temprano. Entre luces y tinieblas. No ha amanecido totalmente. Se va abriendo paso la Luz, la Vida. Aunque nosotros no seamos capaces de percibirla; tal y como le ocurría a María Magdalena. ¿A qué iba ella al sepulcro? A llorar por la muerte del Maestro, a encontrarse con la tristeza, la resignación, el dolor por la pérdida del Esposo. También nosotros buscamos como Iglesia, como comunidad, como creyentes al Esposo, a Jesús, al Salvador, a aquel que puede traernos la felicidad plena. Pero, ¿Dónde? ¿Cuándo le buscamos? ¿En las tinieblas? ¿Simplemente para llorar el sufrimiento, el dolor, la culpa? ¿Seguimos creyendo que la muerte ha triunfado? Pues, sabed que el sepulcro está vacío, que la losa está quitada (20,1). Que la piedra que cerraba las puertas de la vida ha sido desplazada. Ante ese corrimiento de la piedra, de nuestras propias piedras, ¿Cuál es nuestra reacción? La de María Magdalena está clara: ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Han profanado la tumba de Jesús! ¡Se han llevado su cadáver! Ya ha hecho su propia interpretación del acontecimiento. Sigue pensando en parámetros de muerte. El caso es que, sólo sabemos, por ahora, que la piedra está movida.

¿Qué dice esta loca? ¿Qué han movido la piedra del sepulcro? Hay que ir allí y cerciorarse. Jesús está muerto. Bastante revuelo ha suscitado en vida, como para que ahora, encima, después de muerto, sigamos teniendo problemas. Pedro y el discípulo al que Jesús tanto amaba, corren hacia el huerto en el que estaba excavado al sepulcro. El huerto (el jardín) lugar de vida y de encuentro con Dios. Allí es donde se encuentra la tumba de Jesús. Pero nadie ha ciado en la cuenta. Corren para ver si pueden averiguar quién se ha movido la piedra.

El discípulo incluso se adelanta a Pedro. Y se encuentra efectivamente con que la losa está quitada. Se asoma y ve como los lienzos no cubren a Jesús. Están colocados. Como cuando el amado espera a su amada en el lecho nupcial. Sin embargo, no cae en la cuenta. Ha visto las señales de la vida, de la resurrección, pero no lo ha llegado a comprender. Cede el paso a Pedro. Éste entra y ve también los lienzos de la misma manera, pero además, el símbolo de la muerte que es el sudario está colocado a parte. La muerte ha sido vencida. La muerte está echada a un lado, la muerte ha sido desplazada por la Vida. Pero, Pedro se mantiene dentro de sus parámetro. Ve las señales, pero no es capaz de ir más allá. El discípulo, sin embargo, vio y creyó. El amor ante el menor signo, ya cree, confía, espera.

Ante un mismo hecho dos actitudes totalmente distintas. Pero así es el ser humano. La verdad es que aquel acontecimiento les debió dejar impactados. Cada uno vuelve a su casa. Lo que ocurre que no vuelven de la misma manera. Pedro vuelve igual que antes; impactado, si; sorprendido, sí; lleno de interrogantes. Sin embargo, el discípulo al que Jesús amaba y es de suponer que él amaba a Jesús, ese vuelve transformado, vuelve cambiado, vuelve diferente: CREYÓ.

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Buscas, verdaderamente, a Jesús en tu vida? ¿Quieres salir a su encuentro? ¿Deseas ardientemente encontrarme con él?
  • Jesús va ofreciéndote signos, señales, itinerarios para poder ir a su encuentro; al percibirlos ¿qué haces?
  • En ocasiones las señales son evidentemente claras, son inequívocas ¿Cuál es, entonces, tu actitud? ¿Te marchas con cara de vinagre, pensando que el Dios de Jesús es muy complicado? ¿Acoges esas señales y continuas tu búsqueda con esperanza, con fe, con amor?
  • ¿Qué significa para ti que Jesús ha resucitado?

VIDA – ORACIÓN

  • Te invito a meterte en la escena, como si fueras un personaje más. Conviértete en María Magdalena, reproduce la narración metiéndote en la piel de este personaje, revive el acontecimiento desde el punto de vista de ella ¿Qué sientes? ¿Qué emociones, qué actitudes se despiertan en ti? Haz lo mismo con el personaje de Pedro y del Discípulo al que Jesús ama… Alaba a Dios por permitirte recordar, conmemorar, revivir este acontecimiento.
  • Da gracias a Dios por el regalo de la Resurrección de su Hijo, por el don de tu propia resurrección, por ser un Dios de vivos y no de muertos.
  • Ofrécete para ser testigo de la Resurrección de Jesús, para propagar a los cuatro vientos que Jesús está vivo.
  • Pide que el Espíritu Santo ilumine tu camino, te conduzca por senda llana y te muestre los signos de la Vida, para poder anunciar la Vida a todos los que salen a tu encuentro.

¡¡¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN !!!

LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Hechos 10,34a.37-43

34En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: 37«Vosotros conocéis lo que ha pasado en Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y llenó de poder a Jesús de Nazaret, el cual pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él. 39Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Ellos lo mataron, colgándolo de un madero. 40Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestase 41no a todo el pueblo, sino a los testigos elegidos de antemano por Dios, a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos; 42y nos encargó predicar al pueblo y proclamar que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. 43Todos los profetas testifican que el que crea en él recibirá, por su nombre, el perdón de los pecados».

Durante el tiempo pascual, vamos a orar con el libro de los Hechos de los Apóstoles en la primera lectura. Así que vamos a hablar un instante sobre él antes de adentrarnos en la lectura que la liturgia nos ofrece.

Como muchos de vosotros sabéis, este libro, junto con el tercer evangelio ha sido atribuido por la tradición a Lucas. Fue escrito en el último tercio del siglo I y es, por así decir, la segunda parte del evangelio antes citado. En él, se nos narra el día a día de las primeras comunidades cristianas. Su autor fue recopilando datos y fuentes diversas que él luego elabora según su estilo y los destinatarios de la obra. Los grandes protagonistas del libro, no cabe duda que, son el Espíritu Santo y la Iglesia naciente.

En el pasaje que hoy nos ofrece la primera lectura, se nos presenta el primer anuncio de la salvación, por parte del apóstol Pedro. En dicho anuncio, el Apóstol hace un recorrido resumido por la vida de Jesús, de la cual él ha sido testigo, junto con los demás discípulos. Por primera vez, el evangelio llega a los paganos, más abiertos y predispuestos a escuchar el mensaje de salvación que los propios judíos.

Pero no sólo anuncia los milagros, curaciones o acciones de Jesús; sino que anuncia que Jesús es el Mesías esperado y que ha sido resucitado de entre los muertos por Dios Padre. Esta experiencia pascual de los discípulos es la que hace que ellos se atrevan a llevar las palabras del Maestro a todos los confines de la Tierra.

Tan intensa fue esa experiencia, tan vital y tan real que han comido y bebido con él y Jesús se ha manifestado a ellos para enviarlos a anunciar la Salvación. Y todo aquel que crea en Él recibirá, por su nombre, el perdón de los pecados.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo es tu experiencia de Jesús resucitado? ¿Estás dispuesto a abrir tu corazón a la Palabra de Dios?
  • ¿Intentas cada día conocer más y mejor a Jesús de Nazaret para poder anunciar su Palabra a todos los que te rodean?
  • Jesús, también, te envía a ti anunciar su Palabra y dar testimonio de su Resurrección, ¿De qué manera intentas anunciarlo en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 118

1¡Aleluya! Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor.

2Diga la casa de Israel: es eterno su amor.

3Diga la casa de Aarón: es eterno su amor.

4Digan los fieles del Señor: es eterno su amor.

5En mi angustia clamé al Señor, él me atendió y me dio respiro.

6El Señor está conmigo; de nada tengo miedo, ¿qué puede hacerme el hombre?

7El Señor está conmigo, él es mi apoyo, yo veré derrotado a mi enemigo.

8Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse del hombre;

9mejor es refugiarse en el Señor que fiarse del jefe.

[…]

21Te doy gracias porque me has escuchado, a ti te debo la victoria.

22La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en piedra angular;

23esto ha sido obra del Señor, una maravilla a nuestros ojos.

24Éste es el día que el Señor ha hecho; sea nuestra alegría y nuestro gozo.

[…]

28Tú eres mi Dios, yo te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

29Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor.

LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Lc 22,14—23,56

La liturgia de este Domingo de Ramos nos ofrece la narración de la Pasión del Señor según la versión del evangelista Lucas. Lo más conveniente es leer y releer el texto para que sea uno con nosotros, meditarlo en nuestro corazón, poner en práctica la enseñanza de Jesús. Por eso, no queremos extendernos mucho en dar una explicación del texto. Él habla por sí sólo. Simplemente algunas pinceladas que nos ayuden a orar con el mismo.

En el relato lucano de la Pasión del Señor podemos apreciar como se consuma todo lo que Jesús ha predicado durante su existencia terrena.

En la última cena, podemos ver como Jesús nos ofrece un ejemplo clarísimo de servicio, y como han de llevarlo a cabo todos aquellos que estén dispuestos a seguirle: “Entre vosotros, no ha de ser así, sino que el mayor entre vosotros será como el más joven, y el que mande como el que sirve.” (Lc 22,26).

En el Monte de los Olivos, nos muestra cómo en las dificultades lo más conveniente es ponerse en las manos del Padre y orar (Lc 22,39-46). El Padre nos confortará, nos dará su fuerza, vendrá en nuestro auxilio. Jesús está orando ante el Padre para que nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro testimonio no decaigan.

La pasión no es otra cosa sino la lucha entre el bien y el mal. Lucha que han de llevar a cabo, también, los discípulos del Maestro. Han de ser valientes, para vencer al mal, lo mismo que Jesús es valiente ante el sanedrín, ante los golpes, ante los azotes, ante el duro camino al calvario.

En la cruz, Jesús se entrega total y conscientemente para la salvación de la humanidad, para librarla de los lazos de la muerte y regalarles la vida eterna. Perdona sin condiciones a aquellos que le están infligiendo sufrimiento y lo están crucificando.

Es muy posible, que algún momento de nuestra vida, también, nosotros seamos perseguidos, Jesús nos da ejemplo de cómo afrontarlo: perseverando en su seguimiento, perdonando a los que nos persiguen y haciendo el bien a todos, hasta nuestro último aliento de vida.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo te comportas con los demás, con las personas que están a tu alrededor, con aquellos con los que convives? ¿Eres el que sirve o el que manda?
  • ¿En momentos de dificultad acudes al Padre para que te conforte, para que te ayude, para que te sostenga?
  • ¿Eres valiente para testimoniar el evangelio, la misericordia del Padre y la bondad de Jesús? ¿Eres consciente de que el Espíritu en esos momentos está viniendo en tu ayuda? ¿Lo invocas?
  • ¿Quieres y asumes ser testigo de Jesús, de su pasión muerte y resurrección? ¿De que manera puedes dar testimonio del Señor en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

Hoy os invitamos a orar con la letra de la canción Antes de ser llevado a la muerte de Tirso Vaquero.

ANTES DE SER LLEVADO A LA MUERTE,

VIENDO JESÚS SU HORA LLEGAR,

MANIFESTÓ SU AMOR A LOS HOMBRES

COMO NO HICIERA NADIE JAMÁS.

Toma en sus manos pan y les dice:

“esto es mi cuerpo, todos comed».

Y levantó la copa de vino:

«esta es mi sangre que os doy a beber».

Cuerpo bendito que se reparte,

por mil caminos hecho manjar:

buscas a todos para sanarlos.

Tú le devuelves al hombre la paz.

«El que se precie de ser mi amigo,

siga mi ejemplo, siga mi amor,

salga al encuentro de mis hermanos,

dando la vida lo mismo que Yo».

Cuerpo de Cristo, cuerpo entregado,

muerto en la cruz por nuestra maldad,

grano de trigo resucitado,

germen de vida de la humanidad.

LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Isaías 50,4-7

4El Señor Dios me ha dado una lengua de experto para que yo sepa responder al cansado. Cada mañana me despierta el oído para escuchar como un discípulo.

5El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no he resistido, no me he echado atrás.

6He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a quienes me mesaban la barba; no he hurtado mi rostro a la afrenta y a los salivazos.

7El Señor Dios viene en mi ayuda; por eso soporto la ignominia, por eso he hecho mi rostro como pedernal y sé que no quedaré defraudado.

Nos encontramos hoy con un fragmento del llamado “tercer cántico del siervo de Yahveh”, que comienza afirmando que la palabra de Dios es la fuente de toda liberación. El siervo de Yahveh recibe un misión por parte de éste, y se mantendrá fiel en todo momento a esta misión, aunque ello le acarree dolor y sufrimiento, incomprensiones y ultrajes. El siervo será maltratado como le ha ocurrido a los profetas anteriores a él.

El siervo es aquel que sabe escuchar antes de transmitir la Palabra, al igual que el discípulo lo hace con el maestro que le enseña; pero esto no lo hace por voluntad propia, puesto que es Dios quien le ha abierto el oído.

Sin duda alguna, y desde una lectura cristiana, prefigura lo que le ocurrirá a Jesucristo en su pasión, muerte y resurrección. Cristo, fiel a la voluntad del Padre, también se entregó voluntariamente al dolor, al sufrimiento y a los ultrajes de los hombres. Llegó a la entrega total ofreciéndose por la salvación de todo el género humano. Pero, ya sabemos, que no se quedó todo en el sufrimiento, el dolor o la muerte, pues Jesucristo resucitó de entre los muertos al tercer día. Con lo cual, nos abrió a todos nosotros la puerta de la vida eterna.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios también da a cada uno de nosotros la misión de transmitir su Palabra. Pero antes es necesario escuchar, ¿De qué manera te estás abriendo para escuchar su palabra durante esta Semana Santa?
  • En muchas ocasiones ser testigos de Jesús nos traerá sufrimientos, dificultades, dolor, ¿estamos dispuestos a afrontar todo esto con la ayuda de Dios?
  • ¿Eres consciente de que el dolor, el sufrimiento o la dificultad no tiene la última palabra? ¿Eres testigo de esperanza y resurrección en tu vida diaria?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 69

2Sálvame, Dios mío, que las aguas me llegan hasta el cuello;

3me hundo en cenagal sin fondo y no puedo hacer pie; he llegado hasta el fondo del agua y me arrastra la corriente.

4Estoy extenuado de gritar y totalmente ronco, mis ojos se han consumido de esperar a mi Dios.

[…]

7Señor omnipotente, que yo no sea la vergüenza de los que en ti confían, que no sea el deshonor de los que a ti te buscan, oh Dios de Israel.

8Por ti soporto los insultos y mi rostro se cubre de vergüenza,

[…]

14Pero yo, Señor, te elevo mi plegaria, ésta es la hora en que me debes ser propicio; escúchame, Dios mío, por tu inmensa bondad, pues tú eres la verdadera salvación.

[…]

17Respóndeme, Señor, pues tú eres todo bondad y amor, con tu inmensa piedad vuelve hacia mí tus ojos;

18no retires el rostro de tu siervo, estoy muy angustiado, respóndeme deprisa.

19Ven junto a mí, defiéndeme, líbrame de mis enemigos.

“Tampoco yo te condeno” Lectio divina para el V Domingo de Cuaresma (Ciclo C)

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Jn 8,1-11)

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer, se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que no tenga pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

Los fariseos y sumos sacerdotes han mandado a los soldados de la guardia del Sanedrín para que prendan a Jesús, pues muchas de las cosas que enseña van en contra de la ley de Moisés. La gente está dividida. Unos piensan que Jesús es un profeta; otros que es el mesías; otros que es un “cantamañanas”, que quiere aprovecharse de la situación. Los soldados vuelven ante los sumos sacerdotes y los fariseos, sin prender a Jesús, pues “nadie habló jamás como ese hombre” (Jn 7,46).

Los fariseos y sumos sacerdotes discuten acerca del origen del artesano de Nazaret.

A continuación, nos encontramos el relato que hoy nos ofrece la liturgia de la Palabra.

Jesús se retiró al Monte de los Olivos. Un lugar al que solía retirarse, con frecuencia, para orar.

Al amanecer vuelve al templo, y continúa enseñando a la gente que se sentaba a su alrededor para escucharle.

En eso, irrumpen en escena los fariseos y los escribas. Llevan con ellos a una mujer que, parece ser, ha sido sorprendida mientras cometía adulterio.

La colocan allí en medio, entre Jesús y la gente, a la vista de todos. Según la ley, esa mujer debe ser apedreada hasta morir (Lev 20,10; Dt 22,22.24). Aunque según estos textos, y con la ley en la mano, debían ser ajusticiados ambos: hombre y mujer.

Preguntan a Jesús, considerados por muchos como maestro, acerca de la aplicación de esta ley. A decir verdad, respondiera lo que respondiera, iban a condenarlo; de una manera u otra, estaba en un aprieto. Si pedía aplicar la ley, podrían decir a la gente que no era tan misericordioso como predicaba que se debía ser. Si pedía no aplicar la ley, tampoco resultaba ser bueno, puesto que se ponía en contra de la ley. La verdad es que la situación era cuanto menos complicada.

Sin embargo, Jesús parece no inmutarse y comienza a escribir en el suelo. Dicho gesto ha recibido innumerables interpretaciones, acerca de las cuales, los expertos no se ponen de acuerdo. Algunos interpretan que lo que escribió Jesús fue la respuesta a su pregunta; otros aluden a un pasaje de la profecía de Jeremías, donde dice que los nombres de aquellos que se separan de Yahvé serán escritos en la tierra, con lo cual el viento o la lluvia lo harán desaparecer (cf. Jer 17,13). Según Secundino Castro, en su obra Evangelio de Juan, podría interpretarse como que, al igual que la Ley entregada a Moisés fue escrita por el dedo de Dios en la piedra, ahora Jesús escribe la suya en la tierra; es una Ley que tiene en cuenta la debilidad de la persona y se le da la oportunidad de borrar su pecado; es una Ley para el hombre, que es terreno frágil. Jesús no ha venido a condenar, sino a salvar (pág. 188s).

Ante la insistencia de los acusadores, Jesús se levanta y les dice: «El que de vosotros no tenga pecado que tire la primera piedra». Y continuó escribiendo en la tierra. Jesús pone el foco de la discusión en otro lugar. Hace que los acusadores se examinen a ellos mismos a la luz de la ley.

Los acusadores se van escabullendo, empezando por los más ancianos. Comienzan a marcharse los que más autoridad tienen, los más respetados, los considerados mejores. Todos somos pecadores; por tanto, ninguno estamos en condiciones de condenar a nadie.

Nadie ha condenado a la mujer. Jesús tampoco. Pero, este hecho no quiere decir que Jesús sea un permisivo; el ser humano tiene que hacer un esfuerzo para no pecar, para no quebrantar la Ley, cuyo primer mandamiento es el amor a Dios y al prójimo.

«Vete, y no peques más». La Ley de Jesús, la Ley de Dios, tiene en cuenta la debilidad del ser humano y se basa en el principio de la misericordia. Condena el pecado, pero tiene misericordia con el pecador. Invita a la mujer a la conversión. La restituye como hija de Dios y la compromete a que no peque más.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• ¿Qué me dice la actitud de los fariseos y de los sumos sacerdotes acerca de mi propia vida?

• Pensar que uno es justo y no comete falta alguna, es un pecado en que cualquiera de nosotros puede caer. Reviso mi vida respecto a este punto.

• ¿En qué momentos de tu vida te conviertes en acusador/a? ¿De qué manera lo haces? ¿Qué te mueve a hacerlo?, ¿el cumplimiento estricto de la Ley?, ¿ayudar al hermano a cambiar?, ¿la misericordia?

• ¿Acoges a todas las personas, especialmente a los excluidos de nuestra sociedad, sin etiquetarlas, sin juzgarlas, tratando de ayudarlas a crecer?

• ¿Qué cambios has de realizar en tu vida para acoger a los excluidos de la sociedad, de la comunidad?

• Acoger no quiere decir ser permisivo; hemos de mostrar y ofrecer la Ley de Jesús, lo cual implica esfuerzo, pero desde el amor. ¿Lo tienes en cuenta en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

• Bendito y alabado seas, Padre, por haber escrito tu Ley en nuestro corazón y ofrecernos tu amor y misericordia.

• Gracias, Jesús, por interpretarnos la Ley desde el amor y habernos entregado el mandamiento principal: «Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo».

• Ayúdanos, Espíritu Santo, a perdonar al hermano y a no convertirnos en acusadores intransigentes. Que busquemos siempre el bien de la otra persona, presentándole la vida y la vivencia de Jesús de Nazaret, “sin algodones”, pero con amor y misericordia, poniendo siempre a la persona en el centro.

“MIRAD QUE REALIZO ALGO NUEVO” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO V DE CUARESMA (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Isaías 43,16-21

16Esto dice el Señor, el que abrió en el mar un camino, un sendero en las caudalosas aguas; 17el que hizo avanzar carros y caballos y un imponente ejército: ahora yacen tendidos para no alzarse más, se apagaron como una mecha que se extingue. 18¡No os acordéis de antaño, de lo pasado no os cuidéis! 19Mirad, yo voy a hacer una cosa nueva; ya despunta, ¿no lo notáis? Sí, en el desierto abriré un camino, y ríos en la tierra seca. 20Las bestias del campo me glorificarán, los chacales y las avestruces, porque yo daré agua en el desierto, y ríos en la tierra seca, para abrevar a mi pueblo, a mi elegido. 21El pueblo que yo he formado celebrará mi gloria.

El Señor nunca deja de sorprendernos. Y así lo hace en este fragmento del libro del profeta Isaías. Este pasaje pertenece al llamado deuteroisaías o segundo Isaías; ya que la autoría del libro se atribuye a un discípulo del Profeta que, con toda probabilidad, vivió la experiencia del destierro en Babilonia, aproximadamente en el siglo VI a.C. Éste pretende transmitir un mensaje de esperanza, estimulando al pueblo para que mantenga la confianza en Dios y en el retorno a la Tierra Prometida.

Y ese es precisamente el mensaje que comunicar en este pequeño fragmento que hoy nos ofrece la liturgia.

Comienza el texto con el recuerdo de la presencia y la ayuda que Yahveh prestó a su Pueblo durante la  liberación de Egipto.

Pero no hay que centrarse en el pasado, ese es el consejo que Dios da a Israel. Hay que mirar el presente para proyectarse en el futuro, porque Él va ha nacer algo nuevo, que ya se puede intuir, ¿no lo notáis?

Nada tiene que ver con los acontecimientos o de con las actuaciones de Dios en el pasado. No podemos anclarnos en él. Si hemos de recordar, pero actualizando la acción salvífica de Dios. Lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir es algo mucho más grandioso; porque todo el universo está involucrado en esta transformación en favor del Pueblo de Israel.

Una vez más, podemos ver la misericordia, el amor y la cercanía de Dios hacia su pueblo y, por supuesto hacia nosotros. Un anticipo de la salvación y la felicidad plena que nos traerá Jesús de Nazaret. Y junto con Israel podemos celebrar la gloria de Dios.

 CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Tratas de mantener la esperanza y la confianza en Dios en tu vida diaria?
  • ¿Intentas transmitir esa esperanza y confianza en Dios a los que te rodean?
  • ¿Anclas tu vida en el pasado, en lugar de proyectar tu futuro teniendo en cuenta el presente que estás viviendo?
  • ¿Crees que Dios está construyendo para ti y para la humanidad un futuro nuevo? ¿Qué señales percibes a tu alrededor?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 122

1El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?

2Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

3Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.

4Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.

5Él me dará cobijo el día de la desgracia, me esconderá en lo oculto de su tienda, me subirá a lo alto de la roca;

6así mi cabeza dominará a los enemigos que me cercan, en su tienda podré ofrecer sacrificios entre aclamaciones, cantando y ensalzando al Señor.

7Escucha, Señor, mi grito suplicante, ten compasión de mí, respóndeme.

8De ti mi corazón me ha dicho: «Busca su rostro»; es tu rostro, Señor, lo que yo busco;

9no me ocultes tu rostro, no rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio, no me abandones, no me dejes, oh Dios, salvador mío.

10Mi padre y mi madre me han abandonado, y el Señor me ha recogido.

11Enséñame, Señor, tus sendas y guíame por el camino recto, pues me están acechando;

12no me entregues al capricho de mis perseguidores, pues se han alzado contra mí testigos falsos que respiran violencia.

13Yo estoy seguro que he de ver los bienes del Señor en el mundo de los vivos.

14Espera en el Señor, ten ánimo, sé fuerte, espera en el Señor.