“LA PALABRA REVELA EL CORAZÓN DE LA PERSONA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Eclesiástico 27,4-7

4Al zarandear la criba queda la cascarilla; así los defectos del hombre cuando reflexiona. 5El horno prueba los vasos del alfarero; la prueba del hombre está en su conversación. 6El fruto del árbol indica su cultivo, así la conversación de un hombre revela su corazón. 7Antes que haya hablado no alabes a nadie, pues ésta es la piedra de toque del hombre.

La liturgia de hoy nos ofrece un fragmento del libro del Eclesiástico o Sirácida, perteneciente a la llamada literatura sapiencial. La cual se caracteriza por intentar mostrarnos la manera en la que hemos de vivir para ser felices; es, por así decir, el arte de vivir en el mundo; por supuesto desde una perspectiva religiosa, o lo que es lo mismo, teniendo en cuenta la voluntad de Dios y la alianza y el compromiso que éste ha establecido con el ser humano.

En el texto con el que estamos orando, Ben Sirá, autor del libro, quiere ayudarnos a caer en la cuenta de la manera en la que tenemos que conocer a las personas y evaluar su conducta, sin dejar de lado, por supuesto, el autoconocimiento.

Como podemos ver también en el evangelio, el ser humano manifiesta su verdadera naturaleza, lo que lleva en su interior y su sentimiento más profundo, en las acciones que realiza. Todo ello, este pasaje del Sirácida, nos lo ofrece a modo de frases cortas o máximas que nos ayudan incluso a memorizar el texto, acudiendo al lenguaje simbólico, por medio imágenes sacadas de la naturaleza o de la vida cotidiana: la criba, el horno, el fruto del árbol.

De la misma manera, que al zarandear la criba queda la cascarilla, cuando uno reflexiona verdaderamente acerca del comportamiento de los otros, o del suyo propio, se ponen de manifiesto nuestras debilidades, nuestras incoherencias, nuestras flaquezas; también, por supuesto, nuestras virtudes y fortalezas. Tanto una como otras hemos de tenerlas en cuenta para ir creciendo como personas y como seguidores de Jesús.

Del mismo modo, que al comenzar a hornear, el alfarero es capaz de percibir las imperfecciones de una vasija, cuando comenzamos a escuchar hablar a una persona somo capaces de advertir su intenciones más profundas: por la manera de expresarse, por la entonación de su voz, por su lenguaje no verbal, etc.

Por último, de igual forma que la calidad de un árbol de conoce por sus frutos, la categoría del ser humano se conoce por sus palabras y sus acciones.

Por tanto, y en conclusión, para conocer verdaderamente a una persona se hace imprescindible evaluar su modo de pensar, su modo de hablar, su modo de actuar.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿De qué manera sueles tú intentar conocer y evaluar la conducta de las personas? ¿Sigues el modelo que nos ofrece el libro del Sirácida?
  • ¿Eres consciente de que las personas manifestamos nuestro interior en las acciones exteriores que realizamos?.
  • ¿Intentas, de alguna manera, conocerte primero a ti mismo, antes de evaluar el comportamiento de los demás? ¿Eres consciente de tu vulnerabilidad, de tus debilidades, de tus fragilidades? ¿Y también de tus fortalezas, puntos fuertes y talentos? ¿Procuras superarte, como persona y como cristiano, cada día?
  • ¿Te esfuerza por mantener una adecuada coherencia entre lo que piensas, sientes y haces?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 111

1Doy gracias al Señor de todo corazón en la reunión de los hombres justos y en la asamblea general.

2Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

3Su obra resplandece de esplendor y su justicia permanece para siempre.

4Él ha hecho memorables sus milagros, el Señor es misericordioso y lleno de ternura.

5Él da de comer a sus leales y recuerda siempre su alianza.

6Manifiesta a su pueblo el poder de sus obras, dándole la heredad de las naciones.

7Verdad y justicia son las obras de sus manos, todos sus preceptos son estables, 8inmutables por los siglos de los siglos, fundados en el derecho y la verdad.

9Envió a su pueblo la liberación y estableció para siempre la alianza: santo es su nombre y venerable.

10El temor del Señor es el principio de la sabiduría, los que la practican son gente lista: su alabanza permanece eternamente.