“BENDITO EL HOMBRE QUE CONFÍA EN EL SEÑOR Y PONE EN ÉL SU ESPERANZA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

VERDAD – LECTURA

Jeremías 17,5-8

5Esto dice el Señor: «Maldito el hombre que confía en el hombre, que en el mortal se apoya y su corazón se aparta del Señor. 6Es como un cardo en la estepa, que no siente cuando llega la dicha, porque arraiga en los lugares abrasados del desierto, en tierra salobre y despoblada.

7Bendito el hombre que confía en el Señor, y en el Señor pone su esperanza. 8Es como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor; su follaje se mantiene verde; en año de sequía no se preocupa, ni deja de producir sus frutos.»

Hoy, la liturgia nos ofrece un texto del profeta Jeremías muy relacionado con el evangelio. El profeta, después de poner de manifiesto el pecado de idolatría que el Judá está cometiendo continuamente, recoge una serie de sentencias de carácter sapiencial, cuyo tema de fondo es el de las falsas y verdaderas seguridades: ¿Dónde tenemos puesto nuestro corazón? Todo ello lo hace mediante el recurso al principio de las dos vías: el camino de la vida y la felicidad, y el camino de la muerte y la desgracia.

Jeremías nos indica dónde podemos encontrar la verdadera felicidad.

No es que el primero (hombre que confía en el hombre) esté obrando de manera malvada; el error de éste se encuentra en que confía o pone su seguridad excesivamente en sí mismo, en sus propias fuerzas, habilidades o recursos; su error está en creer que no necesita de nadie. De esta forma, se aleja de los demás, creyéndose indispensable, insustituible, vuelve la espalda a su prójimo y es incapaz de entrar en relación con él, es incapaz de ver las necesidades que pueda tener, es incapaz de salir a su encuentro. Es como el árbol que no da frutos, porque está mal plantado y enraizado.

Sin embargo, aquel que pone su confianza en Dios es consciente de sus debilidades, de su fragilidad, de su necesidad de contar con el prójimo. Ve sus capacidades como regalos de Dios, que necesita poner al servicio de los demás. Es consciente de la necesidad que tiene de los dones, cualidades y aptitudes de su prójimo. De esa manera, es capaz de salir al encuentro del otro y colaborar en la transformación del mundo, para que todos podamos vivir en paz, armonía, contribuyendo y colaborando en la construcción de un mundo mejor. Este es un árbol que, a pesar de las dificultades, produce fruto.

¿En quién o en qué tenemos puesta nuestra confianza?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Ya nos lo preguntábamos en la primera parte de nuestra Lectio, pero es importante que meditemos sobre ello: ¿En quién o en qué tienes puesta tu confianza? ¿Dónde se encuentra tu corazón?
  • ¿Te crees imprescindible en tu vida cotidiana? Es distinto ser imprescindible a ser importante. Piensa en ello.
  • ¿Crees que necesitas de los demás para tu desarrollo personal, para tu crecimiento y para construir un mundo mejor?
  • ¿Pones al servicio de los otros tus habilidades, tus conocimientos, tus cualidades? ¿Acoges el saber, la experiencia y capacidades de los otros? ¿Eres capaz de trabajar con otros por el establecimiento del Reino?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 1

1Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los injustos, ni anda por el camino de los extraviados, ni se sienta en el banco de los cínicos;

2sino que en la ley del Señor pone su amor y en ella medita noche y día.

3Es como un árbol a orillas del arroyo, que da el fruto a su tiempo, cuyas hojas no se marchitan nunca; en todo lo que hace sale bien.

4No así los injustos, no; son como paja que dispersa el viento.

5Los injustos no podrán resistir en el juicio ni los descarriados en la asamblea de los justos.

6Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el de los injustos lleva a la ruina.

Un comentario el ““BENDITO EL HOMBRE QUE CONFÍA EN EL SEÑOR Y PONE EN ÉL SU ESPERANZA”. LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

  1. El texto a examinar tiene su correlativo en el Salmo 1; ambos hacen loas al hombre que confia en Dios y maldicen a quien se apoya en sus fuerzas. El contraste es tan abrumador que a uno le asaltan dudas si se aviene con la realidad que vemos a diario: no es exaltado y aplaudido el hombre mundano y sensual, no triunfa el necio,dice otro salmo, y en cambio es ignorado o condenado al ostracismo el hombre bueno y piadoso?
    —- Lo que aquí se denuncia son actitudes al margen de las circunstancias sean favorables o deplorables. El Rey Acaz se fio más de la ayuda Siria que de la de Yahve que aconsejaba el profeta Isaías y pagó caro las consecuencias. Lázaro por contra confio en Dios en medio de su extrema pobreza y el ludribio a que le sometió el rico y tuvo su premio a su tiempo
    -_–Podemos adentrarnos en otros ámbitos más íntimos, lugares sagrados o titulos religiosos en los cuales depositamos tal confianza que nos hacen olvidar a Dios. No recriminó Jesús a los fariseos su arrogancia de ser»hijos de Abraham» o de ser fieles cumplidores de la Ley de Moisés:» pues aquí hay uno más grande que Abraham y no me creéis». Cierto, estos personajes eran grandes modelo de fe pero no para suplantar la confianza en el que les hablaba, Jesús. San Pablo nos advierte del peligro de confiar en las propias obras que designa como » obras de la carne ( Filo 3,3) que pueden llevar a la muerte
    El símil del árbol en el desierto confirma la idea cabal de la esterilidad de tantas almas que creen sembrar mucho con su actividad desbocada y a la postre nada recogen. En cambio el árbol junto a la acequia no se marchita por muy adverso que sea el temporal, representa a esas almas cuya confianza en Dios es tan fuerte que no se amilanan ante las circunstancias por muy adversas que sean pues saben que les acompaña Dios,Padre bondadoso siempre dispuesto a prestarles su auxilio
    –_- Esta pericopa deja claro que la voluntad del hombre es muy débil fácilmente inclinada a buscar seguridades humanas, empíricas, palpables y oponer resistencia al Dios trascendente, oculto, silencioso

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