“Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. LECTIO DIVINA DEL DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

VERDAD – LECTURA

EVANGELIO (Lc 4,21-30)

El texto que nos ofrece hoy la liturgia es continuación del pasaje evangélico del domingo pasado. En él hemos dejado a Jesús en la Sinagoga, después de anunciar un año de gracia del Señor.

Al concluir la lectura del profeta Isaías devolvió el rollo al encargado de la sinagoga y se sentó para comentar la lectura.

Es aquí donde arranca el relato con el que hoy oramos: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». ¿De qué manera pronunciaría Jesús estas palabras? El evangelista nos dice que todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca: ¿Cómo es posible que el hijo de José hable así? ¿Cómo es posible que alguien tan humilde, que conocemos de toda la vida, al que hemos visto crecer… hable de esa forma? Sus paisanos comienzan a dudar. Ante esta situación, Jesús sale al paso, citando un refrán, posiblemente conocido por todos ellos: «Médico cúrate a ti mismo». A lo cual añade otro acerca del profetismo que no es acogido en su propia tierra. Comentando y fundamentando estos dichos con dos pasajes de los libros de los Reyes, en los que se compara a Israel con otros pueblos: la historia del profeta Elías (1Re 17-18) y la historia del profeta Eliseo (2Re 5,1-14).

La primera de estas historias se sitúa en el reinado del rey Ajab, el cual no era del agrado de Yahveh; durante su reinado hubo tres años de sequía y el pueblo de Israel sufrió hambre. Todo ello debido a la infidelidad del pueblo y al rechazo al profeta. Esa era la causa por la cual éste no es enviado a ninguna persona de Israel, sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sión.

La segunda de estas historias narra el acontecimiento de la curación de Naamán, el sirio, de su lepra, gracias a que cumplió lo que el Profeta Eliseo le ordenaba.

Jesús les estaba diciendo, en su propia cara, que allí no podrá realizar ningún milagro, debido precisamente a la dureza de sus corazones, a su falta de fe, a su predisposición a no cumplir con la voluntad de Dios, a su incapacidad voluntaria para cambiar… En lugar de abrir sus mentes y sus corazones ante ese mensaje de gracia de Jesús, lo que hacen es permanecer en sus prejuicios, convencionalismos y cerrazón. No tenían intención de cambiar, por lo cual, el rechazo a todo aquello que estaba diciendo Jesús era lógico. Para evitar el cambio, era mejor considerar a Jesús un falso profeta. No puede estar diciendo la verdad. Es mejor, incluso, matarlo. Pero la hora de Jesús aún no había llegado.

CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?

• Jesús es rechazado por el mensaje que ha proclamado en el evangelio del domingo pasado. Sus paisanos, a pesar de la admiración, no son capaces de acoger y poner en práctica las palabras de Jesús. Y tú ¿estás dispuesto a acoger la palabra de Jesús y ponerla por obra?

• ¿Estás atento a todo aquello que Jesús quiere decirte y transmitirte en tu vida diaria? ¿Dedicas algún tiempo del día para escuchar su Palabra? ¿Abres tu mente y tu corazón para que Jesús pueda transformar tu vida?

• ¿Estás abierto a la novedad del Evangelio o por el contrario continúas anclado en tus propias creencias, convicciones, convencionalismos…?

• ¿Estás dispuesto a realizar cambios en tu vida, aunque estos supongan dificultades, obstáculos, inconvenientes, compromisos…?

VIDA – ORACIÓN

• Bendito y alabado seas, Padre, por habernos enviado a tu Hijo, Jesucristo, para acercarnos más a ti y ofrecernos una vida plena.

• Gracias, Jesús, por presentarnos la novedad del Evangelio que nos transforma y nos conduce a la felicidad

• Ayúdanos, Espíritu Santo, a apropiarnos de las actitudes vitales de Jesús y hacerlas nuestras, para que de esta manera nuestra vida se transforme en vida plena.