¡FELIZ AÑO NUEVO! Lectio Divina del Evangelio del  Domingo I de Adviento

VERDAD – LECTURA

Lc 21,25-28.34-36

¡Feliz año nuevo! Posiblemente a más de una persona os sorprenda este saludo; pero hay que tener en cuenta que hoy comenzamos un nuevo año litúrgico. Un año nuevo en el que continuar profundizando en la Palabra, continuar firmes en nuestro seguimiento de Cristo y continuar haciendo el bien entre todas aquellas personas con las que nos encontramos a diario.

Las lecturas que la liturgia nos ofrece para el día de hoy es probable que nos asombre a algunos por su carácter escatológico. Un género literario éste que no debe ser tomado al pie de la letra.

Más que nada, el texto, en el que se nos refieren los acontecimientos que ocurrirán en la segunda venida de Jesucristo, nos está invitando la vigilancia, a estar atentos a la presencia de Jesús entre nosotros.

Nos invita además a la esperanza en momentos de dificultad o prueba.

Todo ello lo hace por medio de una serie de símbolos, metáforas, visiones dramáticas, comparaciones, etc.; lo cual hay que interpretar de manera adecuada.

El texto comienza diciéndonos que Jesús le refiere a sus discípulos una serie de señales que aparecerán en el cielo, el día de su vuelta gloriosa.

El mensaje del texto es claramente de esperanza, en ningún momento debemos sentirnos abrumados o intranquilos, pues esas señales debe ser signo de alegría pues se acerca nuestra liberación de todas las ataduras que nos esclavizan, aunque en primer término nos parezcan señales catastróficas.

En un futuro, sin especificar, aparecerán una serie de signos cósmicos que nos estarán anunciando el inminente triunfo definitivo del Reino de Dios. Nosotros observaremos dichas señales de la naturaleza, las cuales no nos permiten saber el día, ni la hora. Pues, continuamente, están ocurriendo muchos de estos acontecimientos, por lo cual no podemos hacer cábalas acerca del momento en que la llegada del reinado de Dios se hará presente en nuestras vidas.

Lo importante no es el cuándo, lo verdaderamente importante es: ¿De qué modo estoy esperando yo el Reino de Dios? ¿Cuál es mi actitud diaria con respecto a la venida triunfal de Jesús? ¿Estoy esperando con angustia, agobio, intranquilidad o, por el contrario aguardo con esperanza los acontecimientos? Lo importante, es que el resplandor del Hijo de Dios será la visión más luminosa. El Hijo del hombre vendrá con gran poder y majestad, se manifestará toda su gloria, en una nube, signo de la presencia de Dios en la literatura bíblica.

Ante esta venida, no debemos tener miedo. Hemos de acogerla con esperanza, hemos de alzar nuestra cabeza, no escondernos, porque se acerca nuestra liberación. La persecución, los peligros, los agobios, la muerte, el pecado no tienen la última palabra, la última palabra es la del amor, la comprensión, la misericordia que nos trae Jesús y que serán definitivas en su segunda venida.

Eso sí, hemos de tener en cuenta que nuestra actitud no puede ser pasiva. Hemos de permanecer vigilantes y en oración para que, estos tiempos difíciles, en los que todavía el Reino no está totalmente presente en nuestras vida, se nos haga más fácil de vivir. Hemos de estar continuamente intentando transformar el mundo en el que vivimos; para que en él reine la justicia, el amor, la misericordia, la acogida de nuestros hermanos, la palabra amable, el consuelo… y en el que nosotros, también crezcamos, en autoestima, en valoración de nosotros mismo, en respeto, en ser mejores cada día, transformando lo que sea posible a nuestro alrededor, para que nuestro mundo sea cada vez más habitable.

La fuerza para podernos mantener en esta actitud sólo podemos encontrarla en la oración. De ahí la invitación de Jesús a la vigilancia y a la oración para permanecer de pie ante el Hijo del hombre, cuando venga en todo su honor y majestad.

Dios Padre siempre está a favor del ser humano e intenta que entremos en comunión con Él. Nosotros hemos de poner de nuestra parte y corresponder a este amor de Dios, intentando crear un mundo más humano y más cristiano, en el que la ley principal sea la del amor.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿Eres consciente de la presencia de Jesús en los acontecimientos diarios de tu vida? ¿Intentas estar atento a dichos acontecimientos para descubrir su presencia entre nosotros?
  • ¿Cómo vives los momentos de dificultad, de prueba? ¿Con angustia, con desazón, intranquilidad, pesadumbre? ¿O por el contrario con esperanza, confianza, ilusión, optimismo?
  • ¿Cómo estás esperando la llegada del Reino de Dios? ¿Intentas transformar las estructuras de injusticia que aparecen a tu alrededor? ¿Intentas vivir acogiendo a los otros, intentando llevarles una palabra de aliento, una sonrisa, un gesto amable, consuelo? ¿Intentas, por medio de tus acciones, hacer presente el Reino de Dios en nuestro mundo?
  • Para poder llevar a cabo la transformación de nuestro mundo es necesaria la oración para que ella sea el motor que nos impulse. ¿Dedicas momentos concretos para encontrarte con Jesús en su Palabra, en la Eucaristía?

VIDA – ORACIÓN

  • Glorifica al Padre y alábale por su entrañable misericordia.
  • Da gracias a Jesús por hacerse presente en los acontecimientos diarios de tu vida.
  • Pide al Espíritu Santo que derrame sus dones sobre todas la personas comunicándoles el don de la esperanza.

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