“¿A quién vamos a ir?” Lectio Divina del evangelio del Domingo XXI del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

VERDAD – LECTURA

Jn 6,60-69

Versículos antes, Jesús nos ha hablado acerca de la entrega, de la donación, de dar la vida. Lo cual, para los discípulos y para nosotros mismos, resulta de algún modo demasiado pesado, impensable, difícil de llevar a la práctica. Una cosa es creer, compartir, hacer cosas, pero… entregarse a uno mismo, darse, eso es muy difícil, por no decir, casi imposible.

Sus discípulos esperaban otra cosa del seguimiento de Jesús, nosotros esperamos otra cosa, la sociedad nos demanda otra cosa. Estamos inmersos en la vorágine del triunfalismo, del ganador, del que más vale. Y viene Jesús a decirnos que, no sólo hemos de renunciar a todo esto, sino que además tenemos que estar dispuestos a dar nuestra vida por los demás… “Este modo de hablar es insoportable, ¿quién puede hacerle caso?”

Sus discípulos no se dieron cuenta, nosotros aún no nos damos cuenta, entregar la vida por los demás no es el fin, no es la conclusión, no es la último término. La entrega de Jesús y nuestra propia entrega es expresión del amor, de la Vida, de la Resurrección, no sólo de Jesús, sino de la nuestra. Por eso, Jesús volverá a subir a donde estaba antes y nosotros tendremos vida eterna en él.

Llevar a cabo esta entrega, esta donación es imposible con nuestras propias fuerzas, necesitamos la fuerza del Espíritu, la fuerza del Amor. Es el Espíritu quien da vida. El hombre es débil, frágil, quebradizo. El que es vida comunica la vida y nos ayuda asimilarnos, impregnarnos, incorporarnos vitalmente a Jesucristo.

Al no ser conscientes de todo esto, los discípulos entran en crisis, nosotros entramos en crisis, se nos revuelve todo por dentro y “se nos caen los palos del sombrajo”. Aunque Jesús, ya contaba con esto. Estamos demasiado apegados a nuestra libertad que al fin y la postre no deja de ser un modo de esclavitud. Darse, entregarse, donarse, porque uno quiere, nos otorga la mayor libertad que podamos imaginar, nos libera de todas nuestras ataduras, de todo lo que nos esclaviza, de todo lo que no nos deja ser nosotros mismos. Esta donación es un regalo de Dios, por eso debemos pedir continuamente al Padre que nos conceda poder seguir verdaderamente a Jesús, que nos conceda asimilarnos a Jesús, que nos conceda vivir la vida de Jesús. Muchos abandonan a Jesús porque vivir esta vida es difícil, nos parece imposible, porque nos cuesta horrores salir de nuestra “zona de confort”, de nuestra comodidad, queremos evitar los riesgos, lo desconocido, la novedad.

Jesús entonces se dirige a los más cercanos, a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?” Será Simón Pedro quien responda en nombre del grupo: ¡No! No queremos marcharnos, a dónde vamos a ir lejos de Jesús, quién nos colmará esa inquietud, esa desazón, ese desasosiego que nos consume por dentro. Jesús es el consagrado del Padre, Jesús es el ungido por el Espíritu, Jesús es la Vida, y la vida eterna. Y sólo unidos a él alcanzaremos esa plenitud de la vida que el Padre nos regala.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado, especialmente, tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Qué sentimientos se despiertan en ti ante la petición de Jesús de darse a uno mismo, de entregar la vida? También para ti, ¿son escandalosas las palabras de Jesús?
  • ¿Qué te impide dejar que el Espíritu te transforme para asimilarte vitalmente con Jesús?
  • ¿Cuál es tu reacción ante la crisis? Crisis significa cambio, ¿qué es lo que te impide salir de tu “zona de confort”?
  • ¿Eres consciente de que el único que puede colmar tu inquietud, tus ansias de libertad, de emancipación, de trascendencia, de eternidad… es Jesucristo?
  • ¿Qué puedes hacer tú para asimilarte cada vez más vitalmente a Jesús? ¡Ponte manos a la obra!

VIDA – ORACIÓN

  • Te invitamos a mantener un dialogo con Jesús, háblale con tranquilidad, escucha lo que él tiene que decirte.
  • Dile que quieres entregar tu vida, pero que no eres capaz de hacerlo solo, que necesita de él, que necesitas la fuerza del Espíritu.
  • Métete en la escena y escucha como, también a ti, Jesús te dice: “¿También tú quieres marcharte?” Respóndele desde el corazón, desde ese lugar recóndito y profundo al que únicamente el Padre tiene acceso.
  • Déjate modelar por el Espíritu, entrégate sin condiciones.
  • Comprométete a salir de tu “zona de confort”, a soltar lastre, a dejar atrás todo lo que te impide darte a ti mismo, entregarte y donarte por los demás.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s