“LA JUSTICIA ES INMORTAL” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Sabiduría 1,13-15;2,23-24

13Que no fue Dios quien hizo la muerte, ni se goza con el exterminio de los vivientes. 14Pues todo lo creó para que perdurase, y saludables son las criaturas del mundo; no hay en ellas veneno exterminador, ni el imperio del abismo reina sobre la tierra. 15Porque la justicia es inmortal, pero la injusticia atrae la muerte. 23Porque Dios creó al hombre para la incorrupción y lo hizo a imagen de su propio ser. 24Mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen.

Hoy vamos a orar en la primera lectura con un fragmento del libro de la Sabiduría. Un libro escrito con toda probabilidad, a comienzos del siglo I a.C. en Alejandría. En aquel tiempo, existía un grave conflicto entre la fe tradicional de Israel y la floreciente cultura helenista. El autor quiere hacer una exaltación de la sabiduría y enseñarnos a ordenar nuestra vida de manera recta. Ahora bien, no debemos confundir la sabiduría con conocimiento humano, sino más bien con el conocimiento de Dios y con la practicidad de la vida, vivida ésta en fidelidad a Yahveh.

El mensaje claro que nos quiere dejar para nosotros el pasaje que hoy nos ocupa es que Dios no es el autor de la muerte, ni se alegra por ella. Pues Dios ha creado a las criaturas para la vida precisamente. Aunque esa vida depende de la justicia. Pero, ¿cómo entender la justicia? Como la actitud que el ser humano tiene hacia la vida, la cual hay que entender como don de Dios.

Con lo cual, el justo, o si queremos el que practica la sabiduría, es aquel que se reconoce como ser creado por Dios y que necesita siempre de su presencia, de su compañía, de su ayuda y su misericordia. Por tanto, el hombre justo es aquel que sale al encuentro de Dios que ha salido a buscar al hombre. Por el contrario, el hombre insensato es aquel que confía únicamente en sus propias fuerzas y en sus propios recursos, dando la espalda a Dios y a los demás. La persona que actúa por puro egoísmo es la que está aliada con el diablo y experimenta en su vida la envidia.

Aquellos que permanecen unidos a Dios, que reparten amor allá donde van, tendrán la luz de la vida, tendrán una vida fructífera y plena; sin embargo, los que están aliados con el mal, aunque aparentemente tengan una vida satisfactoria, están viviendo en la muerte. El hombre que vive unido a Dios, que practica la justicia, que es sabio, que es capaz de transmitir el amor de Dios, ese vivirá para siempre.

No podemos dejar de hacer una lectura evangélica de este pasaje, sobre todo comparándolo con la curación de la hija de Jairo. Jairo es un hombre que vive en la luz, que practica la justicia y que es sabio a los ojos de Dios, que busca a Jesús, precisamente, por el gran amor que le tiene a su hija. Por eso, él, desde la fe en Jesucristo, logra para su hija la liberación del mal, de la muerte.

Esta primera lectura es una invitación a no dejarnos amedrantar, ni apesadumbrar por lo negativo de la vida, por los obstáculos, por las dificultades, por la muerte. Ante todo eso, hemos de tener fe y confianza en Jesús y dar el primer paso como Jairo. Ponernos en marcha. Llevar a Jesús hacia nuestras dificultades, afrontarlas, plantarles cara y enfrentarnos a ellas con valentía y con la mirada puesta en el Maestro Divino, confiando en su amor y en su misericordia.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Consideras tu vida como un don de Dios? Si es así, ¿intentas también tú regalar un poco de vida a los que te rodean?
  • Ante situaciones de dificultad, de incertidumbre, ¿confías únicamente en tus propias fuerza o por el contrario, poniendo toda la carne en el asador, acudes a Dios?
  • ¿Intentas vivir unido a Dios en tu vida cotidiana?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 130

1El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?

2Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben. 3Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.

4Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.

5Él me dará cobijo el día de la desgracia, me esconderá en lo oculto de su tienda, me subirá a lo alto de la roca; 6así mi cabeza dominará a los enemigos que me cercan, en su tienda podré ofrecer sacrificios entre aclamaciones, cantando y ensalzando al Señor.

7Escucha, Señor, mi grito suplicante, ten compasión de mí, respóndeme. 8De ti mi corazón me ha dicho: «Busca su rostro»; es tu rostro, Señor, lo que yo busco; 9no me ocultes tu rostro, no rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio, no me abandones, no me dejes, oh Dios, salvador mío.

10Mi padre y mi madre me han abandonado, y el Señor me ha recogido.

11Enséñame, Señor, tus sendas y guíame por el camino recto, pues me están acechando; 12 no me entregues al capricho de mis perseguidores, pues se han alzado contra mí testigos falsos que respiran violencia.

13Yo estoy seguro que he de ver los bienes del Señor en el mundo de los vivos.

14Espera en el Señor, ten ánimo, sé fuerte, espera en el Señor.

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