“ESCUCHAR COMO UN DISCÍPULO” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO DE RAMOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Isaías 50,4-7

4El Señor Dios me ha dado una lengua de experto para que yo sepa responder al cansado. Cada mañana me despierta el oído para escuchar como un discípulo.

5El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no he resistido, no me he echado atrás.

 6 He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a quienes me mesaban la barba; no he hurtado mi rostro a la afrenta y a los salivazos.

7El Señor Dios viene en mi ayuda; por eso soporto la ignominia, por eso he hecho mi rostro como pedernal y sé que no quedaré defraudado.

Nos encontramos hoy con un fragmento del llamado “tercer cántico del siervo de Yahveh”, que comienza afirmando que la palabra de Dios es la fuente de toda liberación. El siervo de Yahveh recibe un misión por parte de éste, y se mantendrá fiel en todo momento a esta misión, aunque ello le acarree dolor y sufrimiento, incomprensiones y ultrajes. El siervo será maltratado como le ha ocurrido a los profetas anteriores a él.

El siervo es aquel que sabe escuchar antes de transmitir la Palabra, al igual que el discípulo lo hace con el maestro que le enseña; pero esto no lo hace por voluntad propia, puesto que es Dios quien le ha abierto el oído.

Sin duda alguna, y desde una lectura cristiana, prefigura lo que le ocurrirá a Jesucristo en su pasión, muerte y resurrección. Cristo, fiel a la voluntad del Padre, también se entregó voluntariamente al dolor, al sufrimiento y a los ultrajes de los hombres. Llegó a la entrega total ofreciéndose por la salvación de todo el género humano. Pero, ya sabemos, que no se quedó todo en el sufrimiento, el dolor o la muerte, pues Jesucristo resucitó de entre los muertos al tercer día. Con lo cual, nos abrió a todos nosotros la puerta de la vida eterna.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios también da a cada uno de nosotros la misión de transmitir su Palabra. Pero antes es necesario escuchar, ¿De qué manera te estás abriendo para escuchar su palabra durante esta Semana Santa?
  • En muchas ocasiones ser testigos de Jesús nos traerá sufrimientos, dificultades, dolor, ¿estamos dispuestos a afrontar todo esto con la ayuda de Dios?
  • ¿Eres consciente de que el dolor, el sufrimiento o la dificultad no tiene la última palabra? ¿Eres testigo de esperanza y resurrección en tu vida diaria?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 69

2 Sálvame, Dios mío, que las aguas me llegan hasta el cuello;

 3 me hundo en cenagal sin fondo y no puedo hacer pie; he llegado hasta el fondo del agua y me arrastra la corriente.

 4 Estoy extenuado de gritar y totalmente ronco, mis ojos se han consumido de esperar a mi Dios.

[…]

7 Señor omnipotente, que yo no sea la vergüenza de los que en ti confían, que no sea el deshonor de los que a ti te buscan, oh Dios de Israel.

 8 Por ti soporto los insultos y mi rostro se cubre de vergüenza,

[…]

14 Pero yo, Señor, te elevo mi plegaria, ésta es la hora en que me debes ser propicio; escúchame, Dios mío, por tu inmensa bondad, pues tú eres la verdadera salvación.

[…]

17 Respóndeme, Señor, pues tú eres todo bondad y amor, con tu inmensa piedad vuelve hacia mí tus ojos;

 18 no retires el rostro de tu siervo, estoy muy angustiado, respóndeme deprisa.

 19 Ven junto a mí, defiéndeme, líbrame de mis enemigos.

¿Qué es el Amor sino sentir el alma agitada al saber que ha llegado la hora? Lectio Divina del V Domingo de Cuaresma – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 12,20-33

En los evangelios de estos días, vemos cómo se acercan a Jesús los enfermos, endemoniados, fariseos, escribas, sumos sacerdotes, ancianos, etc. Pero esta noche son los griegos quienes se acercan a un amigo de Jesús: «Felipe, el de Betsaida de Galilea». Ellos habían llegado a celebrar la fiesta de la Pascua y querían ver a Jesús. «Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús».

Al enterarse Jesús les dice: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre». Se acerca su hora, la hora de la muerte. De ahí que se lo explique, como Él acostumbra, con ejemplos, con parábolas: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». Llega la hora de cumplir la voluntad del Padre e invita a Felipe y a Andrés a hacer lo mismo: «El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará», porque «el que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna».

Una invitación que cuesta, que hace que el alma de Jesús esté «agitada», sin embargo dice: «Por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre». Ante la dificultad, Jesús no se achica, se acerca al Padre, le pide, ora. Y el Padre responde con «una voz del cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo», aludiendo a su Resurrección. Pero el Padre no le responde al Hijo, sino que habla a todos los presentes, a «la gente que estaba allí» y que no entendía, por eso, unos decían «que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel».

Jesús es quien tiene que interpretarles la palabra del Padre, porque los presentes no han entendido; y tomando la palabra dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

El Hijo relata lo que va a ocurrir, anuncia «la muerte de que iba a morir» y el juicio al que será sometido el mundo, porque el «príncipe del mundo», el orgullo, la soberbia, la ira, el egoísmo, etc. «va a ser echado fuera». Con Jesús sólo existe el amor, por eso será «elevado sobre la tierra» y todos seremos atraídos hacia Él, porque el amor es quien mueve nuestros corazones. Existimos y nos movemos por el Amor. O… ¿no es cierto que el Amor nos hace sentir el alma agitada cuando sabemos que ha llegado la hora de encontrarnos con el Amado?

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué entiendo yo por “la hora”?
  • Jesús compara su muerte con un grano de trigo. ¿Entiendo la muerte como “dar fruto”?
  • ¿Cuál es la voluntad de Dios para su Hijo?
  • ¿Cuál es la voluntad de Dios para mí?
  • ¿Qué es ser “servidor”?
  • ¿No es más cómodo que me sirvan que servir?
  • ¿Alguna vez he sentido mi alma agitada?
  • ¿Qué agita mi alma?
  • ¿Me dejo agitar por el Amor?
  • Este evangelio, ¿me hace cambiar mi vida en algo?

VIDA – ORACIÓN

Qué duro debe ser, humanamente hablando, ver que la muerte llama a mi puerta. Tú mismo sentías tu alma agitada. Sin embargo, tienes claro que lo que has de hacer es cumplir la voluntad del Padre. A mí, como a la gente que te oía aquel día, me cuesta entender la voz del Padre, saber qué quiere decir con sus palabras, porque muchas veces, lo único que oigo son ruidos y no me paro a escucharle. Ayúdame, Señor, a abrir mi corazón al Amor del Padre que me habla, que me pide sólo que le ame, que te ame, que ame a quien me rodea. Enséñame a amar como Tú nos amas. Así sea.

“ESCRIBIRÉ MI ALIANZA EN TU CORAZÓN” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO V DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Jeremías 31,31-34

31 Vienen días -dice el Señor- en que yo haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. 32 No como la alianza que hice con sus padres cuando los tomé de la mano y los saqué del país de Egipto, alianza que ellos violaron, por lo cual los rechacé -dice el Señor-. 33 Ésta es la alianza que haré con la casa de Israel después de aquellos días -dice el Señor-: pondré mi ley en su interior, la escribiré en su corazón, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 34 No tendrán ya que instruirse mutuamente, diciéndose unos a otros: “¡Conoced al Señor!”, pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor -dice el Señor-, porque perdonaré su crimen y no me acordaré más de sus pecados.

Continuamos en estos domingos de cuaresma reflexionando y orando teniendo como tema principal la Alianza de Dios con su pueblo, que, al fin y al cabo, es la Alianza de Dios con cada uno de nosotros. En esta ocasión oramos con el libro del profeta Jeremías.

Jeremías es el modelo de fidelidad y entrega a la misión que Yahveh le encomienda.

El pasaje que hoy nos ocupa nos sitúa en la época de la deportación de Babilonia. Jerusalén ha sido conquistada por Nabucodonosor y Judá se ha convertido en una provincia más del imperio babilónico. La comunidad judía se ve obligada a huir a Egipto y Jeremías marcha con ella. En estas circunstancias de por si dolorosas, Jeremías transmite un mensaje de esperanza.

Yahveh va a establecer un nuevo pacto con su pueblo. Un pacto que no tendrá que ver nada con la ley, las normas, las reglas. Esta alianza estará basada en una unión esponsal: “pondré mi ley en su interior, la escribiré en su corazón, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.

Allí en Egipto, en el desierto, Yahveh volverá a hablar a su pueblo y establecerá con él una alianza nueva. Una alianza nueva grabada en el corazón del ser humano.

Mediante esta alianza toda  la humanidad conocerá al Señor Dios, pues Él ha mostrado misericordia con su pueblo, lo perdona y no recuerda más la ruptura de la alianza.

No podemos menos que poner nuestra mirada en la definitiva y eterna alianza establecida por Jesús con su pasión, muerte y resurrección. Una nueva alianza que será inscrita en nuestro corazón y que nos traerá la superación del mal, la vida eterna en plenitud, que ya comenzamos a vivir en nuestro desierto y exilio personal.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios continua haciendo su alianza con su pueblo, estableciendo su alianza contigo, una alianza que graba en tu corazón, ¿cómo lo percibes?
  • ¿De qué manera intentas ir conociendo mejor al Señor, para prepararte durante esta cuaresma para la Pascua?
  • ¿Intentas descubrir la misión que Dios tiene para ti y eres fiel a ella?
  • Guarda silencio, siente y acoge la misericordia que Dios derrama para ti y toda la humanidad.

VIDA – ORACIÓN

Salmo 105,1-10

1 Dad gracias al Señor, invocad su nombre, publicad entre los pueblos sus proezas;

2 cantad, entonad himnos en su honor, decid a las gentes sus milagros;

3 estad orgullosos de su santo nombre, alegraos los que buscáis al Señor.

4 Recurrid al Señor y a su poder, buscad siempre su rostro.

5 Recordad los milagros que hizo, sus prodigios y las leyes que salieron de su boca,

6 raza de Abrahán, su siervo, hijos de Jacob, su elegido.

7 El Señor es nuestro Dios, sus leyes rigen en el mundo entero.

8 Él se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones;

9 del pacto que firmó con Abrahán, del juramento que hizo a Isaac,

10 y que erigió en ley para Jacob, y en pacto eterno para Israel.

Hacia la luz – Lectio divina del evangelio del IV domingo de Cuaresma “Laetare” – Ciclo B

(Si queréis saber más acerca del domingo laetare, podéis consultar nuestra entrada sobre la Lectio Divina de la primera lectura de este domingo).

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 3,14-21

Jesús está muy por encima de cualquier otro personaje del Antiguo Testamento, por muy destacado que haya sido su protagonismo en la vida del Pueblo de Israel. ¿Por qué? Sencillamente, porque Jesús es el único que ha bajado del cielo. Nadie ha tenido un trato íntimo con el Padre, nadie ha estado junto a Él, nadie ha contemplado su rostro; nadie excepto el Hijo del Hombre, excepto Jesús,.
A él no se le ha transmitido nada, todo lo que conoce acerca del Padre es por su experiencia propia.
Él es la Palabra Encarnada del Padre. Es aquél que preexistía desde el principio, que existía desde siempre, por el que fueron hechas todas las cosas y nada se hizo sin él.
Pue bien, este Dios es quien tiene que ser crucificado. El Dios de Israel, el Dios creador del cielo y de la tierra; el Dios de toda la humanidad ha de sufrir la pasión y la muerte en la persona de Jesús de Nazaret.
Una pasión y muerte, que según la ley de Moisés, tal como podemos leer en el libro del Deuteronomio, era una maldición: «si un condenado a muerte es ejecutado colgándolo de un árbol, su cadáver no podrá quedar allí durante la noche, sino que lo enterrarás el mismo día, pues el que muere colgado de un árbol es maldito de Dios, y tú no debes manchar la tierra que el Señor, tu Dios, te da en heredad.» (Dt 21,22s).
Este es el Dios cristiano, que «no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.» (Flp 2,6ss).
Dios entrega a su propio Hijo a la muerte. La elevación de la serpiente de bronce en el desierto por Moisés era un anticipo de la acción sanadora de la cruz, que nos librará incluso de la muerte, otorgándonos y regalándonos la vida eterna.
Todo esto era incomprensible, era imposible, era inaudito para la mentalidad de cualquier israelita. No, no podía ser. Para comprender todas estas cosas en su verdadera naturaleza, para entender la actuación amorosa de Dios, para poder asimilar mínimamente la acción salvadora del Hijo, es necesario nacer de nuevo.
Por eso, Nicodemo, prototipo, representante, símbolo del Pueblo judío, debe dejar atrás dicha mentalidad y nacer de nuevo. Debe aprender a mirar la vida con ojos nuevos, desde una perspectiva diferente, con una actitud totalmente nueva. Debe aprender a mirar con los «ojos de la Luz». Entonces se dará cuenta que Dios no es un juez, que Jesús no ha venido para hacer cumplir la Ley, sino para darle su sentido pleno. Que hemos de comenzar a amar la Luz, a hacernos uno con ella, a obrar la verdad para ir hacia la luz y. así se ponga de manifiesto que la obras que hacemos, están hechas según Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado especialmente el corazón? ¿Qué sentimientos ha suscitado en ti? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo sientes a Dios? ¿Es para ti un Dios alejado de la humanidad, cuya morada está en los cielos, y despreocupado de sus criaturas? ¿o por el contrario es un Dios cercano, que ha bajado del cielo, que se ha hecho hombre y que por librarnos del pecado y de la muerte se ha encarnado, ha sufrido, ha muerto y resucitado para que nosotros tengamos vida eterna?
  • ¿Sientes en lo más profundo de tu ser que Dios te ama? ¿Que Dios únicamente quiere lo mejor para ti? ¿Que está siempre a tu lado, sobre todo en los momentos de dolor, de sufrimiento, de desconcierto?
  • ¿Crees que Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgarlo, sino para salvarlo? ¿Lo crees de verdad?
  • En este camino de cuaresma, debes realizar un cambio en tu vida, sobre todo debes cambiar la perspectiva desde la que contemplas el mundo, debes cambiar el modo de percibir la realidad. Debes comenzar a obrar la verdad, para ir hacia la Luz y que se ponga de manifiesto que tus obras están hechas según Dios, ¿qué vas a comenzar a cambiar en tu vida para ello?

VERDAD – ORACIÓN

Dios nuestro,
tú nos has enviado a tu hijo para salvarnos a través de él.
¡Llena nuestra actividad diaria con el amor que libera!
¡Danos el coraje para transmitir ese amor
a todas las personas que entran en contacto con nosotros,
en nuestro trabajo, en la calle, en nuestra parroquia!
¡Haz, Señor, que amemos con la gratuidad
que hace sentir tu presencia en el mundo!
¡Enciende entre nosotros la llama de la fe que salva
y que nos da la esperanza de sentirnos queridos!
¡Abre las ventanas de nuestros corazones
para observar la realidad con unos ojos llenos de amor
para respirar el aire que alegra nuestro interior!
Buen Jesús,
a ti, que eres la luz del mundo y que has dado la vida por nosotros,
te damos gracias por tu mensaje, porque fortalece nuestra fe.
¡Ayúdanos a avanzar en este tiempo de Cuaresma
para llegar con gozo y madurez hasta la Pascua,
el momento en que los que creemos en ti
vemos reflejada, en tres días,
la victoria de la vida sobre la muerte,
del amor sobre el odio,
de la claridad sobre la oscuridad! Amén.
Ignasi Miranda, Oraciones de tú a tú, Claret, Barcelona 2011.

“EL SEÑOR, DIOS, ES FIEL A SU ALIANZA” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO IV “LAETARE” DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

2Crón 36,14-16.19-23

14 En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y del pueblo multiplicaron las infidelidades, siguiendo las prácticas abominables de las naciones y profanando el templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén.

 15 El Señor, Dios de sus padres, les envió continuos mensajeros, porque quería salvar a su pueblo y a su templo. 16 Pero ellos hacían escarnio de los enviados de Dios, despreciaban sus palabras, se burlaban de sus profetas, hasta el punto que la ira del Señor contra su pueblo se hizo irremediable.

19 El templo del Señor fue pasto de las llamas, las murallas de Jerusalén derribadas, los palacios incendiados y los objetos preciosos destruidos. 20 Nabucodonosor llevó al destierro de Babilonia a todos los que habían escapado de la espada, los cuales pasaron a ser esclavos del rey y de sus hijos hasta el establecimiento del reino persa.

 21 Así se cumplía la palabra del Señor pronunciada por Jeremías: “Hasta que la tierra disfrute de su descanso, descansará durante todos los días de la desolación, hasta que se cumplan setenta años”.

 22 El año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de su palabra anunciada por medio de Jeremías, el Señor impulsó a Ciro, rey de Persia, a que proclamara de viva voz y por escrito en todo su reino este edicto: 23 “Esto dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encargado de construirle un templo en Jerusalén, en Judá. El que de vosotros pertenezca a su pueblo, que vaya a Jerusalén, y que el Señor, su Dios, lo ayude”.

Hoy vamos a orar con la conclusión del segundo libro de las Crónicas.

Pero, antes de adentrarnos en el comentario del pasaje, quisiera que nos detuviéramos en el significado de este cuarto domingo de cuaresma, llamado Laetare. El nombre proviene de las primeras palabras del Introito o antífona de entrada de la Eucaristía: “Laetare Jerusalem”, es decir, “Alégrate, oh, Jerusalén”. Y en este domingo se nos quiere invitar, dentro del clima de conversión de la cuaresma, a la alegría, a la esperanza; pues el cambiar nuestra manera de ver, nuestra manera de actuar, nuestra manera de amar, no tiene porque ser triste o traumática. Hemos de hacerlo desde la alegría y el gozo que nos da el volvernos hacia nuestro Padre Dios, pudiéndonos reconocer como hijos suyos.

Con respecto a la lectura que hoy nos ocupa hemos de decir que, los libros de las Crónicas nos ofrecen un panorama “histórico” desde los orígenes del ser humano hasta el tiempo del destierro a Babilonia. No obstante, creo más acertado considerarlo como una visión teológica de la historia; es decir una narración del paso de Dios por la vida de su pueblo; aunque durante dicho relato se reflejan diversos datos sobre acontecimientos reales.

En estos libros, se destaca, cómo las desgracias que le ocurren al pueblo de Israel tienen su origen en el alejamiento de éste de Yahveh, tienen su origen en su infidelidad a la Alianza. Es, por tanto, un historia descrita desde un punto de vista religioso. Podemos concluir, que estos libros son una llamada de atención y una llamada para mantener la fidelidad a Dios y su alianza.

En el pasaje con el que hoy oramos se nos presenta cómo el pueblo cae en la infidelidad a Dios durante el reinado de Sedecías, poniendo en práctica costumbres paganas y profanando el templo del Señor. Dios, rico en misericordia y compasivo, les envía mensajeros para que se conviertan de su conducta y esto desde el amor que profesa a su pueblo. Sin embargo, el pueblo se burló de los mensajeros y despreciaron los avisos de Yahveh.

Debido a todo esto, el pueblo de Israel deberá purificarse y convertirse de su conducta. Dicha purificación el autor nos la presenta mediante la devastación del templo y la ciudad, uniéndose al sufrimiento del destierro.

Concluye este pasaje con el Decreto del rey Ciro de Persia. Un edicto que dará esperanza e ilusión al pueblo de Israel pues gracias a él se podrá restaurar no sólo el templo, sino el culto y la vida espiritual de los israelitas.

Como podemos ver Dios siempre está atento a las necesidades de su pueblo, es siempre fiel a la Alianza y la palabra dada, siempre esta buscando la salvación de la humanidad, y sólo espera que nosotros lo acojamos en nuestra vida y colaboremos en la extensión del Reino de Dios.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿De qué forma percibes que Dios está presente en tu vida cotidiana? ¿De qué manera le acoges en tu acontecer diario?
  • ¿Te alejas en algún momento de la presencia de Dios? ¿De qué modo?
  • ¿Acoges a los mensajeros que Dios te envía invitándote a la conversión?
  • ¿Qué acciones puedes emprender, desde la alegría y el gozo de la conversión, para acoger la Palabra de Dios y colaborar en la extensión del Reino?
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VIDA – ORACIÓN

Salmo 36,6-11

6 Tu amor, Señor, llega hasta el cielo, y tu lealtad hasta las nubes, 7 tu justicia es cual los montes más altos, tus juicios como el inmenso abismo. Tú, Señor, salvas a los hombres y a las bestias; 8 oh Dios, ¡qué precioso es tu amor! Los hombres se cobijan a la sombra de tus alas, 9 se sacian de los ricos manjares de tu casa, en el torrente de tus delicias los abrevas.

10 Pues en ti está la fuente de la vida y en tu luz vemos la luz.

11 Guarda tu amor a los que te reconocen y haz justicia a los hombres honrados.

Te conozco. Lectio Divina del III Domingo de Cuaresma – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Jn 2,13-25

«Se acercaba la Pascua de los judíos», la Pésaj. Era la gran fiesta del pueblo judío, en la que celebraban su liberación del pueblo egipcio, el paso de la esclavitud a la libertad. Y Jesús, como buen judío, se acercaba a Jerusalén a celebrar la fiesta.

Al llegar al Templo, encontró a «los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados». ¿Qué impresión nos causaría a nosotros si entramos en nuestras parroquias y vemos que dentro están vendiendo y cambiando animales? Jesús reaccionó como nosotros hubiéramos reaccionado: «los echó a todos del templo», porque habían convertido «en un mercado» la casa de su Padre. Al contemplar esa escena, «sus discípulos se acordaron de lo que está escrito» en el Sal 69,10: «El celo de tu casa me devora».

Los judíos no entendían nada y le preguntaron: «Qué signos nos muestras para obrar así?». La contestación de Jesús fue: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré». Se sorprendieron ante su respuesta. No podía ser que en tres días Jesús levantara el templo, porque había costado construirlo «cuarenta y seis años». La cuestión es que no hablaban del mismo “templo”. Jesús «hablaba del templo de su cuerpo», porque Él sabía que se acercaba su pasión.

Los discípulos tampoco entendían nada. Sin embargo, cuando el Maestro resucita «de entre los muertos», es cuando ellos recuerdan aquello que había dicho Jesús a los judíos y «creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús». Parece que a los discípulos les pasa lo que a nosotros. Es necesario que veamos, que experimentemos para que creamos, para que dejemos de ser incrédulos. Aunque para nosotros, debería mucho más fácil creer las Escrituras, porque nosotros conocemos la historia al completo, desde su Encarnación hasta su Resurrección. Sin embargo, ellos tienen que ir descubriendo todo poco a poco, paso a paso. Y el mismo evangelista nos dice que durante aquellas fiestas de Pascua, «muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía». Jesús no convence sólo por sus palabras. También por sus obras.

Por el contrario, Jesús «no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre», «porque los conocía a todos» y «sabía lo que hay dentro de cada hombre». Por eso, es imposible que podamos engañar a Jesús. Con la mentira me engaño yo.  

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Has empleado alguna vez el “lugar sagrado”, tu parroquia, para algo que no sea encontrarse con Dios?
  • Cuando entras a la parroquia… ¿procuras guardar silencio para no molestar a los demás?
  • ¿Eres consciente de que Jesús sabe perfectamente lo que hay dentro de ti?
  • ¿Crees que puedes engañar a Jesús?
  • ¿Has pedido a Jesús alguna vez que te dé señales, como hicieron los judíos?
  • ¿Crees en la Escritura?
  • ¿Crees en la palabra de Jesús?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, por tantas oportunidades como me das, por tanto tiempo que gastas conmigo. Me conoces perfectamente, sabes de mi fragilidad, de mis dudas. Muchas veces no termino de creerme todo lo que dices, ni lo que me dicen los demás sobre ti. Muchas veces, tengo miles de dudas y no sé qué hacer. En ocasiones, leo la Escritura y me cuesta entender algunos pasajes. Ayúdame, Señor, aumenta mi fe porque sólo tú me conoces. Tú sabes todo lo que siento, lo que digo, lo que hago. Nadie me conoce más que Tú.

“HOY PRONUNCIO ESTAS PALABRAS” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO III DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Gén 22,1-2.9a.10-13.15-18

1 Dios pronunció todas estas palabras:

 2 “Yo soy el Señor, tu Dios, el que te sacó de Egipto, de la casa de la esclavitud. 3 No tendrás otro Dios fuera de mí. 4 No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, o aquí abajo en la tierra o en el agua bajo tierra. 5 No te postrarás ante ella ni le darás culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad del padre en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 pero demuestro mi fidelidad por mil generaciones a todos los que me aman y guardan mis mandamientos.

7 No tomarás el nombre del Señor en vano, porque el Señor no dejará sin castigo al que toma su nombre en vano.

8 Acuérdate del día del sábado para santificarlo. 9 Seis días trabajarás y en ellos harás todas tus faenas; 10 pero el séptimo día es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. No harás en él trabajo alguno ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que habita contigo. 11 Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, y el séptimo descansó. Por ello bendijo el Señor el día del sábado y lo santificó.

12 Honra a tu padre y a tu madre para que tus días se alarguen sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da.

13 No matarás.

14 No cometerás adulterio.

15 No robarás.

16 No darás falso testimonio contra tu prójimo.

17 No desearás la casa de tu prójimo, ni su mujer, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que a él le pertenezca”.

Meditamos y oramos hoy con el comienzo del capítulo 20 del libro del Éxodo. Aquí nos encontramos con los llamados diez mandamientos, que en hebreo se denominan “las diez palabras”.

Con estas “diez palabras” Yahveh quiere sellar la Alianza que establece con su pueblo elegido, con Israel.

Aquí Yahveh se rebela como el Dios de Israel, un Dios que cuida de su pueblo: lo sacó de la casa de la esclavitud; un Dios único; un Dios celoso, pero al mismo tiempo amoroso y fiel, como lo es el esposo con la esposa.

Siempre que me llamado la atención que de estas “diez palabras”, tres están relacionadas con Dios y siete están relacionadas con el prójimo. Por lo que Yahveh no quiere darnos únicamente pautas para relacionarnos con Él, sino también pautas para que nos relacionemos con nuestros hermanos de una manera más satisfactoria y alcancemos así la felicidad.

Estas “diez palabras” ofrecidas al Pueblo de Israel por parte de Dios en el Monte Sinaí, son un resumen de toda la Ley, de todas las normas, de todos los preceptos con los que podamos regular nuestras relaciones, tanto con Dios como con el prójimo.

Sería muy interesante poder comentar cada una de estas “diez palabras”, lo cual nos llevaría algún tiempo, no lo vamos a hacer, porque lo más importante ahora es que oremos con el texto, no que lo desentrañemos en toda su amplitud.

Lo más importante es que estas “diez palabras” son el reflejo del amor que Dios nos tiene a toda la humanidad y nosotros hemos de responder a ese amor de Dios, aceptando, acogiendo y adhiriéndonos a esta Alianza.

El culmen de los Diez Mandamientos, sin duda, se encuentran en Jesucristo, que resumió toda la Ley en el mandamiento del amor: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.

CAMINO – MEDITACIÓN

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  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Qué imagen tienes de Dios? ¿Un Dios vengativo y castigador? ¿Un Dios bonachón y permisivo? ¿Un Dios tapagujeros? ¿O un Dios Padre amoroso y misericordioso, que en ocasiones tiene que mostrarse severo, pero que nos cuida con amor?
  • Medita cada una de las “diez palabras” y tómale el pulso a la respuesta que das a Dios y a tu hermano, respecto a cada una de ellas.
  • ¿Aceptas, acoges y te adhieres a esta Alianza que Dios también hoy quiere establecer contigo?
  • Acoge e intenta llevar a la práctica sobre todo el mandamiento del amor que nos dejó Jesucristo como distintivo del cristiano.
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VIDA – ORACIÓN

Salmo 136

1 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor; 2 dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor; 3 dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.

4 Sólo él ha hecho grandes maravillas, porque es eterno su amor. 5 Él hizo los cielos con sabiduría, porque es eterno su amor. 6 Él afirmó la tierra sobre las aguas, porque es eterno su amor.

7 Él hizo las lumbreras grandes, porque es eterno su amor: 8 el sol para presidir el día, porque es eterno su amor; 9 la luna y las estrellas para presidir la noche, porque es eterno su amor.

10 Él hirió de muerte a los primogénitos de Egipto, porque es eterno su amor: 11 sacó de allí a Israel, porque es eterno su amor; 12 con brazo extendido y mano fuerte porque es eterno su amor. 13 Él dividió en dos partes el mar Rojo, porque es eterno su amor; 14 e hizo que Israel pasara por en medio, porque es eterno su amor; 15 él hundió en el mar Rojo al Faraón y a su ejército, porque es eterno su amor. 16 Él guio a su pueblo a través del desierto, porque es eterno su amor; 17 hirió de muerte a grandes reyes, porque es eterno su amor; 18 quitó la vida a reyes poderosos, porque es eterno su amor; 19 a Sijón, rey de los amorreos, porque es eterno su amor; 20 y a Og, rey de Basán, porque es eterno su amor; 21 y dio sus tierras en herencia, porque es eterno su amor; 22 en herencia a su siervo Israel, porque es eterno su amor.

23 Él se acordó de nosotros en nuestra humillación, porque es eterno su amor; 24 y nos libró de nuestros enemigos, porque es eterno su amor. 25 Él da de comer a todas las criaturas, porque es eterno su amor.

26 Dad gracias al Dios del cielo, porque es eterno su amor.