Convertíos y creed. Lectio Divina del I Domingo de Cuaresma – Ciclo B

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,12-15

Si por algo se caracteriza la Cuaresma, es por la oración, el ayuno y la limosna. Pero no podemos olvidar que es el tiempo que nos llevará a la Pascua. Prepararnos a participar del misterio de la pasión, muerte y Resurrección de Jesús, conlleva reconocer que no sólo se trata de vestirnos de gala para celebrar la Vigilia Pascual, sino también sacar de nuestro interior aquello que no nos favorece vivir como cristianos, como Cristo vivió.

Desde el inicio de nuestra existencia, desde el mismo instante de la creación, quisimos “ser como dioses”. ¿Por qué nos cuesta tanto “ser como Dios”? Generalmente, solemos decir que es duro actuar como Cristo actuó. Y es duro, ciertamente, vivir «siendo tentando por Satanás» durante cuarenta días y no sucumbir. Sin embargo, si Él ha podido, también nosotros podemos.

Pero, ¿cómo fue capaz de resistir Jesús en el desierto? Porque fue empujado por «el Espíritu». Porque Él sabe que es el mismo Espíritu quien le guía, que lo que está haciendo es lo que Dios quiere que haga y antepone la voluntad de Dios a su antojo; Él tiene la fuerza de voluntad que a nosotros nos falta. De ahí que tengamos que pedir perdón porque no tenemos la suficiente fe para creernos que la voluntad de Dios, por difícil que nos parezca, siempre es lo más acertado. De ahí que Jesús nos llame la atención en este evangelio y nos diga: «Convertíos y creed en el Evangelio».

Pero Jesús tampoco entiende de orgullo y de soberbia, Él no llega “pisoteando”. Espera a que su precursor, Juan, el Bautista, haya sido entregado, para marcharse «a Galilea a proclamar el Evangelio».

Se hace necesario, si nos comparamos con Jesús, que pidamos perdón porque no somos como Él, porque nos falta fe, y vamos sobrados de orgullo y soberbia. Así podemos entender que la Iglesia nos recomiende, de forma especial, en este tiempo de Cuaresma, que nos acerquemos a celebrar el sacramento de la reconciliación. Y así, una vez “limpios” y bien dispuestos, por fuera y por dentro, podamos también, nosotros, proclamar a los demás que «se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios».

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Qué es para mí la Cuarema?
  • ¿Cómo la vivo?
  • ¿Busco ser el protagonista de mi vida o dejo que el Espíritu me guíe?
  • ¿Creo, como Jesús quiere que crea?
  • ¿De qué me tengo que convertir?
  • ¿Cuál es mi mayor tentación?
  • ¿Desde cuándo no me ha acercado al sacramento de la reconciliación?
  • ¿Sólo he de acercarme a la reconciliación en Cuaresma?
  • ¿Qué pasaría si esta Cuaresma recibiera este sacramento?

VIDA – ORACIÓN

Señor Jesús. Tú que no entiendes de orgullos y vanidades, Tú que sólo dedicaste tu vida a hacer la voluntad del Padre, ayúdame a fortalecer mi voluntad. Sabes que meto la pata cada dos por tres, que me dejo llevar de la comodidad, el orgullo, la soberbia,… Convierte mi corazón para que crea, de verdad, en tu Evangelio. Qué nunca aparte mi mirada de la voluntad del Padre. Qué esta Cuaresma sea un tiempo especial para mí, pues siendo así, lo será también para mis hermanos, aquellos que tengo más cerca. Así sea.

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